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La forma fantástica del conocer: La poesía y el lenguaje

Croce, Benedetto

Abstract

Con esta entrega se continúa la traducción de La filosofia di G.B. Vico de Benedetto Croce. Se trata, en esta ocasión, del cuarto capítulo de la monografía: La forma fantastica del conoscere (La poesia e il linguaggio). Croce retoma su tesis de que Vico fue el descubridor de la estética, entendida como ciencia de la expresión y lingüística general, es decir, como ciencia de la primera forma de conocimiento, de la primera operación de la mente humana. Es más, Croce sostiene que la preponderancia que este tema tiene en la Ciencia nueva, hace que la obra pueda definirse como «una filosofía del espíritu con particular atención a la filosofía de la fantasía, es decir, a la Estética». Para los detalles bibliográficos de las ediciones italianas se remite a la Nota del traductor.

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La forma fantástica de conocer (La poesía y el lenguaje) – The fantastic Way of Knowing (Poetry and Language ) – La forma fantastica del conoscere (La poesia e il linguaggio) – D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2022.i36.13 © Cuadernos sobre Vico 36 (2022) [153] Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 e-ISSN 2697-0732 © Herederos de Benedetto Croce © de la traducción: José Manuel Sevilla Fernández – D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2022.i36.13 LA FORMA FANTÁSTICA DE CONOCER (LA POESÍA Y EL LENGUAJE) Benedetto Croce (1866-1952) RESUMEN: Con esta entrega se continúa la traducción de La filosofia di G.B. Vico de Benedetto Croce. Se trata, en esta ocasión, del cuarto capítulo de la monografía: La forma fantastica del conoscere (La poesia e il linguaggio). Croce retoma su tesis de que Vico fue el descubridor de la estética, entendida como ciencia de la expresión y lingüística general, es decir, como ciencia de la primera forma de conocimiento, de la primera operación de la mente humana. Es más, Croce sostiene que la preponderancia que este tema tiene en la Ciencia nueva, hace que la obra pueda definirse como «una filosofía del espíritu con particular atención a la filosofía de la fantasía, es decir, a la Estética». Para los detalles bibliográficos de las ediciones italianas se remite a la Nota del traductor. PALABRAS CLAVE: Giambattista Vico, Benedetto Croce, Ciencia nueva, Estética, idealismo italiano, José M. Sevilla [trad.]. ABSCTRACT: In this installment, we continue the translation of La filosofia di G.B. Vico, by Benedetto Croce. On this occasion, we explore the fourth chapter of the monograph: La forma fantastica del conoscere (La poesia e il linguaggio). Croce revisits his thesis that Vico was the discoverer of aesthetics, understood as the science of expression and general linguistics, in other words, as the science of the primary form of knowledge, the primary operation of the human mind. Furthermore, Croce argues that the predominance of this theme in the New Science allows the work to be defined as “a philosophy of the spirit with particular attention to the philosophy of fantasy, that is, Aesthetics.” For bibliographic details of the Italian editions, please refer to the Translator’s Note. KEYWORDS: Vico, Benedetto Croce, New Science, Aesthetics, Italian idealism, José M. Sevilla [transl.] PUBLICACIÓN ORIGINAL: BENEDETTO CROCE, La forma fantastica del conoscere (La poesia e il linguaggio), en La filosofía di Giambattista Vico, Gius. Laterza & Figli, Bari 1911, cap. IV. Benedetto Croce Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 154 e las formas del espíritu, Vico estudió en la Ciencia nueva principalmente, y podría decirse que exclusivamente, aquellas inferiores o individualizantes, a las que él designaba todas juntas con el nombre de «cierto»: en el espíritu teorético, la fantasía; en el espíritu práctico, la fuerza o el arbitrio; y en la ciencia empírica correspondiente a la filosofía del espíritu, la civilización bárbara o sabiduría poética, cuya investigación constituye (como él mismo dice) «casi todo el cuerpo de la obra». Por qué y cómo prendieron en él tan fuerte interés por estas formas inferiores de las sociedades primitivas y las historias bárbaras que las representaban, está también explicado aquí, en el aspecto extrínseco, por los estudios que hubo de realizar Vico sobre el derecho romano y sobre los tropos y las figuras retóricas, de la tradición humanista aún viva en Italia, del culto revigorizado por entonces gracias a las ciencias arqueológicas, de la curiosidad que incitaba a indagar la antiquísima civilización italiana, de la lectura de Lucrecio y especialmente de su libro quinto 1 , etcétera. Pero, en su misma época y en su mismo país, otros no pocos trataron de las mismas materias sin adquirir la predilección y la penetración de lo fantástico, de lo ingenuo, de lo violento: cosas [2ª 46] por las que Vico tenía predilección, aunque no aún la preferencia, cuando compuso el De antiquissima. Si bien la plena razón de ese interés se aprecia cuando se considera el origen del Vico filósofo y se tiene presente el carácter de su mente, antitética al espíritu cartesiano. El cartesianismo, todo redirigido hacia las formas universalizantes y abstrayentes [49], descuidaba las [formas] individualizantes; por las que Vico debió de sentirse tan atraído como por un misterio. El cartesianismo rehuía con horror la selva salvaje de la historia; y Vico se internaba ávido justamente en esa parte de la historia, en la que, por decirlo así, es más fuerte el aroma de la historicidad: en la historia más lejana y diferente de la psicología de las edades cultas. El cartesianismo generalizaba esta psicología a todos los tiempos y a todos los pueblos, mientras que Vico se inclinaba a indagar en sus profundas diferencias y oposiciones los modos de sentir y de pensar de las diversas épocas. El gran esfuerzo que necesitaba hacer, y que él mismo hizo, por retomar, atravesando el intelectualismo moderno, la conciencia de la psicología primitiva, viene expresado por Vico allí donde habla de las «duras dificultades», que le habían costado «la investigación durante veinte años completos», para –––––––––– 1 . Esta frase referida a Lucrecio no se encuentra en la 2ª ed. de 1922. [N. T.] [2ª 46] [49] La forma fantástica de conocer (La poesía y el lenguaje) Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 155 «descender desde estas nuestras refinadas naturalezas humanas a aquellas completamente feroces y gigantescas, las cuales nos está por completo negado imaginar y solo con gran esfuerzo nos está permitido comprender»; o, algo distinto, cuando insiste en la posibilidad –ahora que las mentes humanas están demasiado separadas de los sentidos incluso por el vulgo, acostumbradas a tantos vocablos abstractos, refinadas con el arte de escribir, casi espiritualizadas por la práctica de los números– de penetrar en la vasta imaginación de los primeros hombres, «cuyas mentes para nada eran abstractas, en nada refinadas, ni de modo alguno espiritualizadas, todas en cambio hundidas en los sentidos, refrenadas por las pasiones, enterradas en los cuerpos», y de formar [2ª 47] la idea, por ejemplo, de la «naturaleza simpática». Y ese doloroso pero a la vez triunfante esfuerzo que había tenido que hacer fue otra de las razones por las que él sentía como “nueva” su Ciencia. De hecho, esta, o sea la investigación sobre la forma ideal y sobre la época histórica de lo cierto, le faltó (dice él) a toda la filosofía griega. Platón lo había intentado en vano en el Crátilo, porque le había permanecido desconocida la lengua de los primeros legisladores, de los poetas heroicos, engañado por las fórmulas enmendadas y modernizadas que las leyes habían venido gradualmente revistiendo en Atenas. En un error análogo habrían caído entre los modernos Julio César Escalígero, Francisco Sánchez y [50] Gaspar Schopp, que empezaron a explicar las lenguas mediante los principios de la lógica, y de la lógica aristotélica, surgida muchos siglos después de las lenguas. Y Grocio, Selden, Pufendorf y otros escritores del derecho natural también meditaron sobre la naturaleza humana refinada por la religión y por las leyes, de manera que retrataron el curso histórico empezando de la mitad para abajo; parándose en el intelecto e ignorando la fantasía, deteniéndose en la voluntad moralmente disciplinada descuidaron la pasión salvaje. El mismo Vico, si al tomar como indagación a la antiquísima sabiduría italiana había dado signo de su interés por aquel problema, se había, por otro lado, desviado de la investigación, siguiendo las huellas del autor de Crátilo. Bajo el aspecto filosófico, la Ciencia nueva, debido a esa preponderancia que tiene la indagación de las formas individualizantes y en especial de la fantasía (la doctrina de los primeros pueblos como poetas y de su pensar mediante caracteres poéticos es, según Vico, «la llave maestra» de la obra), se podría no demasiado paradójicamente definir una filosofía del espíritu con particular atención a la filosofía de la fantasía, es decir, a la Estética. [2ª 47] [50] Benedetto Croce Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 156 La Estética hay que considerarla, verdaderamente, un descubrimiento de Vico: si bien con las reservas que se entiende circundan siempre [2ª 48] todas las determinaciones de descubrimientos y de descubridores, y aunque él no la tratase en un libro especial, ni le diese el afortunado nombre con que la bautizó Baumgarten algunas décadas más tarde. Por otra parte, conviene señalar que en la terminología de la Ciencia nueva se halla un nombre similar a alguno que Baumgarten revisó de los equivalentes para Estética: el de Lógica poética. Pero en el fondo el nombre importa poco, y en cambio mucho la cosa; y la cosa es que Vico expuso una idea de la poesía que era en aquella época, e iba a continuar siéndolo durante mucho más tiempo, una audaz y revolucionaria novedad. Persistía por entonces la vieja idea practicista o pedagógica, que desde la tardoantigüedad y a través del Medievo había sido trasplantada y arraigada en el Renacimiento, de la poesía como ingenioso revestimiento popular de los sublimes conceptos filosóficos y teológicos; y al lado de esta, aunque en menor medida [51], la otra idea que la consideraba como producto o instrumento de entretenimiento y voluptuosidad. Estas concepciones habían alterado incluso el sentido original del tratado aristotélico de la Poética, en el que vinieron introducidas y luego leídas como si efectivamente Aristóteles las hubiese pensado y escrito. Tampoco el cartesianismo las rectificó, sino que más bien (como era de esperar, dada su tendencia general) atenuó y anuló el objeto mismo de esas definiciones, como cosa de nadie o de escaso valor. En un tiempo en el que se trataba de reducir a forma matemática la metafísica y la ética, y en la que se despreciaba la intuición de lo concreto, se ideaban una literatura y una poesía aptas para difundir la ciencia entre el vulgo o en el hermoso mundo, se iniciaban intentos por construir lenguas artificiales lógicas más perfectas que las históricas y vivientes, e incluso se llegó a considerar la posibilidad de establecer reglas para componer arias musicales sin ser músicos y poemas sin ser poetas. En este descuidado ambiente, gélido, hostil, insolente, solo un milagro parece que hubiese podido despertar [2ª 49] una distinta y opuesta conciencia, una conciencia cálida y vehemente de lo que la poesía verdaderamente sea y de su función original; y este milagro fue llevado a cabo por el espíritu atormentado, agitado y escrutador de Giambattista Vico. Él criticó en conjunto las tres doctrinas de la poesía: como exornadora y mediadora de verdades intelectuales, como cosa meramente placentera, y como ejercicio engañoso del cual puede prescindirse sin pena. La poesía no es [2ª 48] [51] [2ª 49] La forma fantástica de conocer (La poesía y el lenguaje) Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 157 sabiduría profunda, no presupone la lógica intelectual, no contiene filosofemas: los filósofos, que hallan estas cosas en la poesía es porque las han introducido ellos mismos, sin darse cuenta de ello. La poesía no ha nacido por capricho ni por placer, sino por necesidad de naturaleza. Tampoco es la poesía superflua y eliminable, pues sin ella no surge el pensamiento: es la primera operación de la mente humana. El hombre, antes de ser capaz de formar universales, forma fantasmas; antes de reflexionar con mente pura, advierte con ánimo perturbado y conmovido; antes de articular, canta; antes de hablar en prosa, habla en verso; antes de adoptar términos técnicos, metaforea, y en su hablar mediante [52] metáforas es tan propio como lo que se dice “propio”. La poesía, lejos de ser una manera de divulgar la metafísica, es distinta y opuesta a la metafísica: una purga la mente de los sentidos, la otra se sumerge y se derrama dentro; una es tanto más perfecta cuanto más se eleva a los universales; la otra cuanto más se apropia de los particulares; la una debilita la fantasía, la otra la requiere robusta; aquella nos conmina a no hacer del espíritu cuerpo, esta se deleita dando cuerpo al espíritu; las sentencias poéticas están compuestas de sentidos y pasiones, en cambio las filosóficas de reflexiones, que, usadas en la poesía, la convierten en falsa y fría: nunca, en toda la extensión de los tiempos, un mismo hombre fue a la vez gran metafísico y gran poeta. Poetas y filósofos pueden llamarse unos el sentido y los otros el intelecto [2ª 50] de la humanidad; y en tal sentido ha de tenerse por verdadero el dicho de la escolástica de que «nada hay en el intelecto que antes no esté en el sentido». Y sin el sentido, no se da el intelecto; sin poesía, no se da filosofía ni civilización alguna. Casi más milagroso que esta concepción de la poesía es que Vico vislumbrara la genuina cualidad del lenguaje: problema no mejor resuelto, ni mucho menos planteado e investigado, tanto por la filosofía antigua como por la nueva, hasta ese momento. Una y otra vez el lenguaje solía ser confundido con la logicidad o rebajado a simple signo extrínseco y convencional o, por desesperación, declarado de origen divino. Vico entiende que el origen divino era, en este caso, un refugio para los vagos, y que el lenguaje no es ni logicidad ni arbitrariedad, y, lo mismo que la poesía, no es producto ni de la sabiduría oculta ni de consentimiento o convención. El lenguaje surge naturalmente: en su primera forma, los hombres se explicaban «con actos mudos», o sea, por signos, y «con cuerpos que tenían relaciones naturales con las ideas que querían significar», es decir, por objetos simbólicos. Pero, también para los lenguajes hablados de las lenguajes vulgares, «con demasiada buena fe» –es [52] [2ª 50] Benedetto Croce Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 158 decir, con escasa precaución–, ha sido recogido por todos los filólogos que los significan por consenso; donde, debido a los orígenes ya indicados, debieron significar naturalmente, y cada palabra vulgar debió comenzar, ciertamente, por un solo individuo de una nación y provenir [53] del lenguaje primitivo por signos y por objetos. Como en otras lenguas, en latín se observa que casi todas las voces están formadas por propiedades naturales o por translaciones; y el mayor cuerpo de todas las lenguas, en todas las naciones, está constituido por la metáfora. La opinión diferente se deriva de la ignorancia de los gramáticos, los cuales, abatidos ante el gran número de vocablos que ofrecen ideas confusas e indistintas, desconociendo los orígenes donde un día fueron luminosas y distintas, pensaron, para apaciguarse, en la doctrina [2ª 51] de la convención, y apartaron de ella a Aristóteles y Galeno, armándolos contra Platón y Jámblico. La grave dificultad que se suele emplear y argüir contra el origen natural del lenguaje y a favor de la convención, la diversidad de las lenguas vulgares según los pueblos, se disuelve al considerar que los pueblos, por la diversidad de climas, temperamentos y costumbres, miraban bajo aspectos diferentes a las mismas utilidades o necesidades de la vida, y por ese motivo produjeron diferentes lenguas; como se comprueba también con los proverbios, que son máximas de la vida humana sustancialmente idénticas, sin embargo explicadas de tantos modos diferentes como han sido y son las naciones. Singularmente importante resulta entonces la insistencia donde Vico profesa que ha hallado los verdaderos orígenes de las lenguas «en los principios de la poesía»: con lo que, por una parte, viene asumido el origen espontáneo y fantástico del lenguaje, y, por otra parte, aunque no explícitamente sí de modo implícito, se tiende a suprimir la dualidad de poesía y lenguaje. En tales principios de la poesía halla Vico no solo el origen de las lenguas, sino también el de las letras o escrituras, achacando a un error de los gramáticos la separación entre los dos orígenes, unidos por naturaleza y que, como una única cosa, están presentes en la primitiva lengua muda, mediante señales y por objetos. La sabiduría oculta y la convención no han lugar ni siquiera aquí: los jeroglíficos no fueron un descubrimiento de filósofos para esconder dentro de ellos los misterios de sus grandes ideas, sino que fueron las necesidades comunes y naturales de todos los primeros pueblos; y solo entre los pueblos ya civilizados nacieron las escrituras alfabéticas por efecto de la libre convención. En otros términos, en las denominadas escrituras Vico [53] viene a distinguir, aunque de manera confusa, aquella parte que propiamente es [53] [2ª 51] [53] La forma fantástica de conocer (La poesía y el lenguaje) Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 159 escritura, y por tanto convención, de aquella otra que en cambio es expresión directa, y por tanto lenguaje, fábula, poesía, pintura. Característica de estas escrituras expresivas o lenguajes es la inseparabilidad [2ª 52] del contenido y la forma; su razón poética está toda aquí: que la fábula y la expresión son una misma cosa, es decir, una metáfora común a poetas y pintores, de manera que un mudo sin expresión verbal puede pintarlo. Vico trae a colación como ejemplo algunas anécdotas tradicionales, como la de las cinco «palabras reales» (la rana, el ratón, el pájaro, el diente de arado y el arco de flechar), que Idantura rey de los escitas mandó a Darío en respuesta a su demanda de guerra; y la apología de las altas amapolas que el rey Tarquino presentó ante los ojos del embajador de su hijo Sexto acerca del modo de domar a Gabi: –procedimientos expresivos no distintos de las costumbres que aún se observan entre poblaciones salvajes y entre el vulgo; –y luego, también, las empresas, las banderas, los emblemas de las medallas y las monedas. Una frívola fabulita, que menosprecia y calumnia el verdadero oficio de las empresas [o hazañas], relata cómo estas fueron inventadas en los torneos de Alemania, como costumbre de galantería por los muchachos que competían para merecer el amor de las nobles doncellas. Sin embargo, las empresas, en la Edad Media, fueron una cosa seria, como si se dijera la escritura jeroglífica de aquella edad: un hablar mudo, que suplía la pobreza de las hablas convenidas o de las escrituras alfabéticas; y solo más tarde, en los tiempos cultos, se convirtieron en empresas galantes y eruditas, se convirtieron en juego y placer, las cuales necesitan ser animadas con lemas, porque ahora solamente tienen significados análogos, mientras que aquellas primitivas y naturales eran mudas y sin embargo hablaban sin necesidad de intérpretes. En esta franca naturalidad perduran en los tiempos cultos algunas de tales formas expresivas; por ejemplo, las enseñas o banderas, que son una cierta lengua armada, con la que las naciones, como si carecieran de habla, se hicieran entender entre sí acerca de los asuntos mayores del derecho natural de gentes, en las guerras, alianzas y comercios. [54] Así, a la luz del concepto estético pensado por Vico, [2ª 53] poesía, palabras, metáforas, escrituras, símbolos figurados, todo se ilumina con destellos y expande ondas de vida: tanto las cosas grandes como las pequeñas, tanto la epopeya como la heráldica. La doctrina de las formas fantásticas recibe todo un nuevo arranque en la historia de las ideas; porque si con sus conceptos Vico se opone a las escuelas de su tiempo, y en especial a la cartesiana, ni siquiera entonces se vincula y retoma otra escuela o tradición más o menos remota. Él [2ª 52] [54] [2ª 53] Benedetto Croce Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 160 mismo siente que su propia oposición no se dirige contra ninguna escuela en particular, sino contra todas aquellas que a lo largo de los siglos habían formulado doctrinas acerca de estos temas. Sobre la poesía dice que él «invalida» todo aquello que sobre esta había sido pensado desde Platón y luego Aristóteles gradualmente hasta los recientes Patrizzi, Escalígero y Castelvetro, los cuales se perdieron en tales bagatelas «que da vergüenza hasta el mencionarlas» (¡Patrizzi hacía nacer la poesía a partir de los cantos de los pájaros y del silbido del viento!). En cuanto a las lenguas, ni Platón ni los modernos Volfango Lacio, Escalígero y Sánchez habían satisfecho su comprensión de las mismas. En lo que se refiere a las letras, refutado el origen divino que había sido sostenido por Mallinkrot y por Ingevaldo Elingio 2 , o –lo que era lo mismo– interpretado a su manera, ensaya en discrepancia con las opiniones vanas, inciertas, ligeras, obscenas, presuntuosas y risibles, que las hacían provenir de los Godos y para ellos de Adán y por la comunicación personal de Dios, o más directamente del paraíso terrenal, o de un gótico Mercurio inventor. Por último, acerca de las empresas observa que, de los muchos que habían compuesto tratados sobre ellas, de estas nada habían comprendido y, solamente por casualidad y adivinando, dejaban filtrarse un indicio de verdad al llamarlas «heroicas». En realidad, resultaría difícil asignar verdaderos y reales precedentes a los conceptos estéticos viquianos, y a todo lo más se podría encontrar vagas sugerencias de estos en ciertas sentencias dispersas y que él mismo recoge; un estímulo más próximo en las disputas del XVII sobre las diferencias entre intelecto e ingenio, razón e imaginación, [2ª 54] dialéctica y retórica 3 ; otros tantos, en ciertas fugaces observaciones que casualmente hizo –––––––––– 2 .Cfr. SN44 § 384. Francesco Patrizi (1529-1597); Ludovico Castelvetro (1505-1571); Wolfgang Latius (1514-1565); Giulio C. Scaligero (1484-1558); Francisco Sánchez “el Brocense” (1523- 1600); Bernard von Mallinckrot (†1654 o 1644); L. Ingewald Elingius, citados por Vico en su SN44: p.e., §§ 300, 384, 428, 455, etc. [N. T.] 3 .En la segunda edición Croce escribe a continuación una nota a pie de página donde reenvía a que «se vea el capítulo 3º de la parte histórica de mi Estética» (p. 54, n.1). Y en el texto, a continuación, dice: «e qualche riscontro di particolari estrinseci, come nei ravvicinamenti fatti da qualche retore di quel tempo (il Tesauro) delle arguzie rettoriche parlate con le arguzie figurate» (Ibidem). [«y algunas coincidencias particularmente extrínsecas, como en las aproximaciones realizadas por algún rétor de la época (Tesauro) entre las argucias retóricas habladas y las argucias figurativas».] En la cuarta edición revisada por el autor (1946), y corregida por los editores en la sexta (1962), el texto italiano se corresponde al aquí traducido al español a continuación hasta el punto y aparte. Cfr. el Apparato delle varianti en p. 382 de la citada Edizione Nazionale delle Opere, con el texto asentado en p. 58 líneas 2 a 6. [N. T.] [2ª 54] La forma fantástica de conocer (La poesía y el lenguaje) Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 161 Bacon en torno a las lenguas y las letras, y quizás también en bizarras teorías barrocas, como [55] aquella de las agudezas habladas y de las figuradas, que leyó en un tratadista bien conocido por él, Tesauro. No obstante, esos conceptos, nacidos de tan potente impulso de originalidad, se ven como perturbados, balancearse, tambalearse apenas tan pronto se pasa de sus líneas generales a las determinaciones particulares, de la idea o inspiración originaria a los despliegues efectivos. Dejamos aparte las diversas opiniones que tiene Vico, ligadas al proceso histórico de su espíritu, acerca de la poesía, sobre la lengua o sobre la metáfora, –desde las oraciones académicas y luego desde el De ratione y el De antiquissima al Diritto Universale, y ahora desde este a la primera, y de la primera a la segunda Ciencia nueva: indagación que podría proporcionar el argumento para una disertación especial la cual no entra en el marco de nuestra exposición. Pero, incluso en la forma última de su pensamiento estético, coexisten doctrinas contradictorias. Él no se contenta con decir, como ha dicho, que la forma poética es la primera operación de la mente, que está constituida por los sentidos pasionales, es toda fantástica, y privada de conceptos y de reflexiones; sino que añadirá que, a diferencia de la historia, la poesía representa la verdad en su idea óptima, y cumple por tanto esa justicia y atribuye ese premio y ese castigo que espera a cada uno y que no siempre se obtiene en la historia, dominada muchas veces por el capricho, por la necesidad y por la fortuna. También se dirá que la poesía tiene por finalidad la animación de lo inanimado, estando dirigido su más sublime trabajo a otorgar vida y sentido a las cosas sin sentido. Dirá que la poesía no es otra cosa que imitación, y que los niños, tan diestros en imitar, son poetas, y que los pueblos primitivos, niños del género humano, fueron [2ª 55] a la vez sublimes poetas. Dirá que la poesía tiene por materia propia lo imposible creíble, como es imposible que los cuerpos sean mentes y sin embargo fue creído que el cielo atronador fuera Júpiter, por lo que los poetas no se ejercitaron en otra cosa mayor que cantar los prodigios realizados por las hechiceras mediante encantamientos. Dirá que la poesía ha nacido de la inopia, o sea, que es un efecto de enfermedad del espíritu; porque el hombre rudo y de cerebro débil, no pudiendo satisfacer la necesidad [57] que experimenta de lo general y de lo universal, moldea en su lugar los géneros fantásticos, los universales o caracteres poéticos; y que, en consecuencia, la verdad de los poetas y la verdad de los filósofos son lo mismo, esta abstracta y eaqulla revestida de imágenes, esta una metafísica razonada y aquella una metafísica [55]