Full text
LA EMPATÍA, LA BRUJERÍA Y LA RELACIÓN MADREHIJO EN EL COLOQUIO DE LOS PERROS DE MIGUEL DE CERVANTES Ofek Kehila Universidad Hebrea de Jerusalén [email protected] RESUMEN: Este artículo explora la conexión entre la empatía, la brujería y la relación madre-hijo en la novela ejemplar El coloquio de los perros (1613) de Miguel de Cervantes, poniendo especial atención en el episodio de la bruja Cañizares. Partiendo de una perspectiva hermenéutico-literaria e histórica, a la que acompañan los aportes de la psicología en torno a la noción de empatía, el presente análisis se propone desentrañar las relaciones emocionales entre el perro Berganza, su serie de amos y la bruja. De esta forma, se ofrecerá una revaluación de la reescritura cervantina del género de la picaresca, así como de los dilemas emocionales de los personajes y los lectores, y de la ejemplaridad latente de la obra en el contexto de la brujería en la España aurisecular. Palabras claves: El coloquio de los perros, Miguel de Cervantes, empatía, brujería, relación madre-hijo. Empathy, Witchcraft, and the Mother-Son Relationship in El Coloquio de los perros by Miguel de Cervantes ABSTRACT: This article explores the connection between empathy, witchcraft, and the mother-son relationship in the exemplary novel El coloquio de los perros (1613) by Miguel de Cervantes, paying special attention to the episode of the witch Cañizares. Employing a hermeneutical and historical perspective and utilizing contributions from the field of psychology on the concept of empathy, the analysis seeks to examine the emotional relationships between the dog Berganza, his series of masters, and the witch. Thus, the study re-evaluates Cervantes’s rewriting of the picaresque genre, the emotional dilemmas of the characters and readers, and the underlying exemplarity of the work in the context of witchcraft in early modern Spain. Keywords: El coloquio de los perros, Miguel de Cervantes, Empathy, Witchcraft, Mother-Son Relationship. ISSN: 2340-1176 Atalanta 2025, 13/1: 83-110
Ofek Kehila 84
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 85 l coloquio de los perros (Novelas ejemplares, 1613, CP) de Miguel de Cervantes presenta el diálogo inverosímil entre los perros Cipión y Berganza, y el periplo vital de este último 1 . El lector que «bien lo mira» podrá reconocer en el relato del perro los rasgos definitorios de la novela picaresca: la historia de un ser marginado que sirve a una serie de amos, muchos de ellos malintencionados, siendo testigo y a veces víctima de su crueldad y engaños. No obstante, y es aquí donde Cervantes transgrede abiertamente las normas del género, uno de los momentos culminantes de la novela es un episodio ambiguo en el que el vapuleado Berganza parece ser recibido con mucho afecto y hasta con amor maternal por una bruja. El presente estudio busca explorar la conexión entre la empatía, la brujería y la relación madre-hijo en el Coloquio de los perros, prestando especial atención al episodio de la bruja Cañizares. En él, analizaré la obra desde una perspectiva hermenéutico-literaria e histórica, a la que sumaré la aportación de los últimos avances de la psicología en torno a la noción de empatía. Considero que el concepto de empatía permite desentrañar las relaciones emocionales entre los personajes de la obra literaria, y a través de ello revaluar el significado e intencionalidad de la misma. Por lo tanto, la lectura atenta del texto cervantino a través del prisma teórico planteado podrá arrojar una nueva luz sobre la relación entre el perro Berganza y su «madre adoptiva», la bruja Cañizares, así como sobre la complejidad de la recepción del fenómeno de las brujas en el período y, finalmente, sobre la empatía en el amplio marco de la literatura y cultura del Siglo de Oro español 2 . La crítica cervantina estima que CP puede ser leída como una novela picaresca, o bien como una reescritura del canon picaresco, que incluye obras fundamentales como el anónimo Lazarillo de Tormes (1554), Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán y La vida del Buscón (1626) de Francisco de Quevedo 3 . Según Sobejano, CP se inscribe dentro del género de la picaresca a partir de múltiples rasgos esenciales: la narración en primera persona de Berganza, su servicio de varios amos (Sobejano cuenta entre nueve y 1 Miguel de Cervantes, Novelas ejemplares, ed. Harry Sieber, Madrid, Cátedra, 2001, 2 vols. Para una edición más reciente la obra, véase Miguel de Cervantes, Novelas ejemplares, ed. Jorge García López, Madrid, Real Academia Española, 2013. 2 La presente investigación ha sido posible gracias al generoso patrocinio del Observatorio Permanente del Hispanismo, constituido por la Fundación Duques de Soria de Ciencia y Cultura Hispánica. 3 Anónimo, Lazarillo de Tormes, ed. Francisco Rico, Madrid, Cátedra, 2022; Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache I, ed. José María Micó, Madrid, Cátedra, 2005; Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache II, ed. José María Micó, Madrid, Cátedra, 2006; Francisco de Quevedo, La vida del Buscón, ed. Domingo Ynduráin, Madrid, Cátedra, 2006. E
Ofek Kehila 86 once), el estado final de deshonor, el proceso de crecimiento de niño a adulto, o de cachorro a mastín, el ser hijo de padres viles, la perspectiva limitada del narrador, la condición de «pícaro», fortuna pendular, la crítica moral de la sociedad, y más 4 . Blanco Aguinaga y Rey Hazas, por su parte, coinciden en que el relato de Berganza contiene muchos de los ingredientes de la picaresca, pero insisten en la transformación cervantina de aquellos elementos genéricos a través de la inclusión de una serie de aspectos provocadores de imprecisión y ambigüedad, todo lo cual relativiza tanto el realismo como la manifestación de una verdad absoluta 5 . Ejemplos de tales aspectos son los constituidos por las intervenciones de Cipión y las historias de Campuzano y la Cañizares, que truecan el punto de vista único de la picaresca por un multiperspectivismo de narradores y lectores 6 . En el marco del presente análisis, me importa señalar, en primer lugar, cuatro aspectos esenciales e interrelacionados que la historia vital de Berganza comparte con el género picaresco: la violencia, el engaño, la traición de los centinelas y el trato instrumental. «Paréceme», comienza relatando Berganza, «que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla, y en su Matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne» 7 . A partir de este momento inicial y a lo largo de casi toda su narración, la vida de Berganza está signada por hechos violentos: la violencia de los jiferos del matadero, quienes «con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca», la de los pastores, que degollaban ovejas y carneros, la violencia verbal de los rufianes de la compañía militar, las maldiciones del público en el espectáculo del «perro sabio», la violencia general en los entremeses, y más 8 . A menudo, Berganza no solo es testigo sino también víctima de la violencia que lo 4 Gonzalo Sobejano, «El Coloquio de los perros en la picaresca y otros apuntes», Hispanic Review, 43:1, 1975, pp. 25-41. 5 Carlos Blanco Aguinaga, «Cervantes y la picaresca: notas sobre dos tipos de realismo», Nueva Revista de Filología Hispánica, 11, 1957, pp. 313-342; Antonio Rey Hazas, «Género y estructura de El coloquio de los perros, o cómo se hace una novela», en Lenguaje, ideología y organización textual de las «Novelas ejemplares», ed. José Jesús de Bustos Tovar, Madrid, Universidad Complutense de Madrid y Université de Toulouse Le Mirail, 1983, pp. 119-143. 6 Entre los estudios que han examinado los paralelismos y contrastes entre CP y la picaresca, véase Mark J. Mascia, «Cervantes and the Reinvention of the Picaresque Narrative in the Novelas Ejemplares», Atenea, 21:1-2, 2001, pp. 33-47; William H. Clamurro, «Cervantes lee la picaresca, la picaresca lee a Quevedo», en Memoria de la palabra. Actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro, eds. Francisco Domínguez Matito y María Luisa Lobato López, Madrid, Iberoamericana y Fundación San Millán de la Cogolla, 2002, pp. 549-558, y David Mañero Lozano, «Diálogo y picaresca en el Coloquio de los perros», Bulletin Hispanique, 106:2, 2004, pp. 497-520. 7 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 302. 8 Ibíd., pp. 303, 311, 332-333, 336 y 354.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 87 rodea: su primer amo, Nicolás el Romo, estuvo a punto de matarlo de una puñalada que el perro esquivó a último momento; los pastores, por su parte, lo castigan con golpes una y otra vez; en uno de los entremeses recibe una herida mortal que casi le quita la vida; y el criado del corregidor le pega con una cantimplora de cobre a causa de sus ladridos 9 . Finalmente, hay momentos en que es Berganza quien ejerce la violencia sobre otros: muerde las orejas de los toros en el matadero, ataca a la criada del mercader y acomete por error a su propio amo, el alguacil, en el barrio de San Julián de Sevilla 10 . Es posible argumentar que la vida de Berganza es más violenta que la de otros protagonistas de la picaresca, como Lazarillo y Pablos. En cierta medida, este exceso significa una exacerbación del código picaresco. Otro elemento típico de la picaresca que caracteriza la historia de Berganza es el engaño. Dicho elemento aparece ya al principio de la narración en la forma de los hurtos de carne y el engaño del chapín en el episodio del matadero, en el marco del cual una joven hermosa se llevó la carne que Berganza traía en su espuerta, trocándola por un chapín viejo 11 . Los engaños continúan en el episodio de los pastores, quienes mataban los mejores carneros del rebaño para disfrutar su carne, culpando a un lobo inexistente 12 . Así también, cabe agregar las estafas de la criada del mercader, las trampas amorosas que el alguacil tendía a los extranjeros mediante la Colindres, la manera en que el mismo alguacil engañó a los ciudadanos de Sevilla en la pendencia con los rufianes, siendo él engañado a su turno por los ladrones que le vendieron el caballo robado, los falsos conjuros del atambor, y el engaño del asno rabón 13 . Para muchos de los personajes de la obra, los hurtos y los engaños, más que un imperativo de supervivencia, constituyen un modo deseable de vivir. Como puede apreciarse, la violencia y el engaño se complementan en la mayoría de los episodios picarescos de la vida de Berganza. Ahora bien, cuando los autores de estas conductas deplorables las ejercen contra aquellos que deberían proteger, aparece en la obra el tercer elemento relacionado con la picaresca: la traición de los centinelas. Ello se manifiesta de modo contundente en el episodio de los pastores y en el del alguacil: en el primero, los pastores degollaban en secreto las ovejas y carneros que debían cuidar; en el 9 Ibíd., pp. 305, 310-311, 354 y 358. 10 Ibíd., pp. 302, 322-323 y 331. 11 Ibíd., pp. 302-305. 12 Ibíd., pp. 310-311. 13 Ibíd., pp. 320, 324-327, 328-330, 330-331, 334-335 y 348-349.
Ofek Kehila 88 segundo, el alguacil, representante de la justicia, abusaba de su poder para enriquecerse a costa de los forasteros, que son el grupo más débil de la sociedad, aquel que la justicia debería proteger. Incluso Berganza podría ser considerado un centinela que ha cometido una traición, por ejemplo, cuando guarda silencio a cambio de la comida que le da la criada del mercader, en lugar de denunciar los hurtos de esta con sus ladridos 14 . El elemento en cuestión es uno de los más emblemáticos en la obra, poniéndose de manifiesto no solo en los casos mencionados anteriormente sino también en las palabras enigmáticas de la Camacha y en los reiterados comentarios de Cipión y Berganza acerca de la necesidad de defender a los humildes y abatidos de los poderosos y los soberbios 15 . Así queda patentizado en la siguiente exclamación de Berganza: «¡Válame Dios! […] ¿Quién podrá remediar esta maldad? ¿Quién será poderoso a dar a entender que la defensa ofende, que los centinelas duermen, que la confianza roba y el que os guarda os mata?» 16 . Al parecer, junto con estos aspectos negativos es posible encontrar en la obra momentos de apego y hasta muestras de cariño en la interacción entre Berganza y sus amos. No obstante, una lectura atenta del texto revela que en varios de los casos se trata más bien de un cariño superficial e instrumental que sirve para fines interesados. Por ejemplo, cuando el señor del ganado se entera de las virtudes de Berganza, el mismo ordena a los pastores que lo acaricien, no a raíz de un afecto genuino sino para que el perro «tome cariño al hato y se quede en él» 17 . Del mismo modo, cuando el alguacil explica a sus corchetes que Berganza es un «perro de ayuda», estos se alegran porque entienden que podrán utilizarlo para su provecho 18 . Finalmente, las muestras de afecto del atambor hacia Berganza, desinteresadas al principio, revelan rápidamente sus fines lucrativos, traduciéndose en una fortuna gracias a los saltos y corvetas del «perro sabio» 19 . En estos casos, los gestos de cariño son un medio más que un fin en sí mismo. Una de las pruebas fehacientes del trato instrumental y de la insustancialidad del afecto en las relaciones entre Berganza y sus amos es el hecho de que cuando se produce una crisis en 14 Ibíd., p. 320. 15 Las referencias abundantes a la humildad en CP tienen un claro trasfondo bíblico, patente en especial en los Libros Sapienciales. Véase Ruth Fine, Reescrituras bíblicas cervantinas, Madrid-Frankfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2014. 16 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 311. 17 Ibíd., p. 306. 18 Ibíd., p. 323. 19 Ibíd., pp. 332-333.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 89 estas relaciones, el perro no tiene el menor inconveniente en abandonar a sus amos sin siquiera despedirse. Dicho desapego es explícito en varios de los episodios picarescos 20 . Los cuatro elementos aquí señalados aparecen con frecuencia en la picaresca. En el Lazarillo, por ejemplo, la violencia y el engaño confluyen en el episodio del toro de piedra, en el que el primer amo de Lazarillo, el ciego, le hace creer que dentro de la estatua hay gran ruido y cuando el niño acerca su oído, el viejo, maliciosamente, golpea su cabeza en la piedra 21 . Lazarillo, a su vez, engaña al ciego en numerosas ocasiones, como con las medias blancas, el jarro de vino y la longaniza, pagando caro por ello con más violencia y maltrato 22 . Por su parte, la traición de los centinelas se pone de manifiesto en la sofisticada burla elaborada por el buldero (el quinto amo de Lazarillo) y el alguacil, quienes colaboran para engañar a los habitantes de un pueblo en los alrededores de Toledo 23 . Finalmente, el tercer amo, el escudero, aunque no tan perverso como los otros, trata a Lazarillo con cariño instrumental cuando alaba la gracia con la que el niño come para que este comparta con él los pocos alimentos que tiene 24 . Luego de una serie de aventuras picarescas, en las que Berganza sirve a —y sufre con— sus muchos amos, el perro se encuentra con una figura que, por su ocupación, presumiblemente debería ser la más malvada de todos: la bruja Cañizares. El fenómeno de la brujería suscitó una gran inquietud en la sociedad europea de la Edad Moderna, y la España aurisecular no fue una excepción: dicha práctica había sido considerada una plaga social aun antes del establecimiento de la Inquisición española, y la actividad de la misma junto con las autoridades civiles contra las brujas culminó con múltiples causas, procesos y autos de fe, siendo uno de los más destacados el de Logroño de noviembre de 1610, unos tres años antes de la publicación de las Novelas ejemplares 25 . Los recuerdos de este proceso reciente y otros más tempranos (como el de Montilla de diciembre de 1572, que mencionaré más adelante), debieron haber influido para configurar una recepción altamente negativa del personaje de la Cañizares por parte de los lectores de la época, ya 20 Ibíd., pp. 323, 332. 21 Anónimo, op. cit., pp. 22-23. 22 Ibíd., pp. 29-30, 31-32 y 38-40. 23 Ibíd., pp. 112-125. 24 Ibíd., pp. 89-90. 25 Para estudios sobre la brujería, en general, y la brujería española en la Edad Moderna y el Siglo de Oro, en particular, véase Caro Baroja, Las brujas y su mundo, Madrid, Alianza, 1966; Jules Michelet, La bruja: Un estudio de las supersticiones en la Edad Media, Madrid, Akal, 1987, y Eva Lara Alberola, Hechiceras y brujas en la literatura española de los Siglos de Oro, Valencia, Publicaciones de la Universitat de València, 2010.
Ofek Kehila 90 desde su primera aparición en el texto. Sin embargo, creando un efecto sorprendente y desautomatizante no solo para el público contemporáneo de Cervantes sino también para los lectores venideros, un cotejo de los episodios picarescos y la historia de la bruja según los elementos señalados anteriormente pone en evidencia que la conducta de la Cañizares hacia Berganza es mucho más benévola que la de Nicolás el Romo, los pastores, el alguacil y otros. En primer lugar, mientras que las relaciones entre Berganza y sus amos se hallan caracterizadas por la violencia, la bruja Cañizares lo trata de forma pacífica a lo largo de casi todo el episodio: aunque su primera aparición en la obra demuestra que no es extraña a los insultos, ella casi nunca agrede a Berganza ni verbal ni físicamente. La única excepción a ello tiene lugar al final del episodio y constituye una reacción a la traición significativa que el perro comete contra la bruja. En segundo lugar, mientras que los amos se definen por sus engaños y mentiras, la Cañizares confiesa ante Berganza con una sinceridad singular en el marco de la obra lo que ha negado durante toda su vida; y en su confesión pone al descubierto uno de los peores hechos que una persona puede admitir en la España aurisecular: «Soy bruja, y cubro con la capa de la hipocresía todas mis muchas faltas» 26 . En su largo discurso, la Cañizares confiesa que practica furtivamente la brujería y la hechicería, admite que sirve al diablo e incluso relata varias conversaciones que ha mantenido con él, brinda una descripción detallada tanto de los aquelarres en los que ha participado como de las prácticas de las unturas y, asimismo, reconoce que quiere pero no puede dejar el camino del mal 27 . El acceso a la interioridad de la Cañizares es tan hondo, que ella no solo presenta ante Berganza una exposición de su vida de bruja, sus costumbres y prácticas, y sus pensamientos y sentimientos, sino que aporta también una descripción pormenorizada de su propia alma 28 . ¿Cómo interpretar esta confesión tan sincera y vulnerable por parte de la bruja Cañizares? Es aquí, precisamente, donde la noción de empatía puede ofrecer una dimensión antes no vista de estos pasajes de la obra de Cervantes. 26 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 342. 27 Ibíd., pp. 339-342; sobre las posibles diferencias entre la brujería y la hechicería, véase Luis Miguel Vicente García, «La Cañizares en el Coloquio de los perros: ¿bruja o hechicera?», Mester, 18:1, 1989, pp. 1-7; Eva Lara Alberola, «Hechiceras y brujas: algunos encantos cervantinos», Anales Cervantinos, 40, 2008, pp. 145-179; y Eva Lara Alberola y Alberto Montaner, Señales, Portentos y Demonios. La magia en la literatura y la cultura españolas del Renacimiento, Salamanca, SEMYR, 2014. 28 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 342.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 91 La empatía puede ser definida como la capacidad para percibir y compartir el estado mental y anímico del otro. Según Jean Decety y colegas: «We consider empathy as an induction process that reflects an innate ability to perceive and be sensitive to the emotional states of others, which can be, but not necessarily is, coupled with a motivation to care for their well-being» 29 . A partir del modelo de Preston y De Waal, el proceso empático puede ser descrito, en rasgos generales, de la siguiente manera: cuando una persona («el sujeto empático») percibe las señales de angustia de otra persona («el objeto de la empatía»), es posible que la misma experimente una sensación análoga de angustia. Dicha sensación puede llevar al sujeto empático a preocuparse por el bienestar del objeto de la empatía y hasta actuar para beneficiarlo 30 . En este sentido, la capacidad del sujeto empático para percibir y experimentar la angustia ajena es crucial para el éxito de la empatía: sin estas dos acciones, el sujeto empático reaccionará con indiferencia ante el objeto de la empatía. Estas nociones pueden ser aplicadas con el fin de comprender la interacción emocional entre Berganza y la bruja Cañizares. En vista del modelo de Preston y De Waal, es posible asignar a cada uno de los personajes su papel correspondiente en el proceso empático: mientras que el perro actúa como «sujeto empático», o sea el que percibe la angustia del otro, la bruja se desempeña como objeto de la empatía 31 . No obstante, la Cañizares no espera pasivamente a que Berganza sienta empatía por ella sino que trabaja activamente para «despertar» o provocar esta empatía a través de su confesión. De acuerdo con la definición de Decety, la empatía consiste en la capacidad para percibir y experimentar la angustia ajena. Por lo tanto, es posible argumentar que la persona que quisiera suscitar la empatía en sus prójimos intentaría darle a su estado anímico angustioso una índole más perceptible y fácil de compartir, y esto es exactamente lo que la bruja hace: para que el perro pueda percibir su angustia, ella la expone explícita y detalladamente; para que el mismo llegue a experimentar esta angustia en sus propias carnes, ella se esfuerza especialmente por enfatizarla. De este modo, a lo largo de su confesión la bruja Cañizares destaca los sucesos trágicos de su vida, entre ellos: la muerte 29 Jean Decety, Inbal Ben-Ami Bartal, Florina Uzefovsky y Ariel Knafo-Noam, «Empathy as a driver of prosocial behaviour: highly conserved neurobehavioural mechanisms across species», Phil. Trans. R. Soc. B, 371, 2016, p. 2. 30 Stephanie D. Preston y Frans B. M. De Waal, «Empathy: Its ultimate and proximate bases», Behavioral and Brain Sciences, 25, 2002, pp. 1-71. 31 En algunos momentos, la Cañizares se revela también como sujeto empático, como mostraré más adelante.
Ofek Kehila 98 yo en el cielo que antes que estos mis ojos se cerrasen con el último sueño te había de ver, hijo mío, y ya que te he visto, venga la muerte y lléveme desta cansada vida» 51 . Según se aprecia, la bruja emplea tanto la exposición de su lamentable estado físico y anímico como el discurso maternal para provocar la reacción empática del perro. Más adelante, en uno de los momentos más patéticos de su relato, la Cañizares utiliza la misma combinación, pero en lugar de ser ella el objeto de la empatía, redirige el foco de atención hacia la Montiela: Tres días antes que [la Montiela] muriese habíamos estado las dos en un valle de los montes Perineos en una gran jira; y con todo eso, cuando murió fue con tal sosiego y reposo, que si no fueron algunos visajes que hizo un cuarto de hora antes que rindiese el alma, no parecía sino que estaba en aquella [hora] como en un tálamo de flores. Llevaba atravesados en el corazón sus dos hijos, y nunca quiso, aun en el artículo de la muerte, perdonar a la Camacha 52 . Puesto que la Cañizares se había designado ya como la doble de la Montiela, en este pasaje ella busca suscitar la empatía de Berganza hacia ambas: tanto hacia la Montiela como hacia sí misma. Otro detalle significativo en este contexto es el hecho de que la Cañizares llame a Berganza con el nombre de su madre biológica, «Montiel» por «la Montiela». Aunque la bruja explica que lo hace nada más que para observar la reacción de los perros que encuentra al ser llamados con un nombre tan peculiar, considero que el empleo del nombre de la madre biológica para llamar a Berganza es otra estrategia en la que confluyen la empatía y el discurso maternal 53 . A lo largo de la obra, aparecen comentarios supuestamente generales sobre la relación padres-hijos. No obstante, un examen atento revela que algunos de estos comentarios aluden al triángulo particular de Berganza-los amos-la Cañizares/la Montiela. Por ejemplo, en un punto determinado de su relato, Berganza dice a Cipión: El hacer y decir mal lo heredamos de nuestros primeros padres y lo mamamos en la leche. Vése claro en que apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas cuando levanta 51 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 336. 52 Ibíd., pp. 340-341. 53 Ibíd., p. 339.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 99 la mano con muestras de querer vengarse de quien, a su parecer, le ofende; y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre 54 . Este comentario general del perro atañe implícitamente a las relaciones con sus amos-padres y también con su bruja-madre. En primer lugar, el hecho de heredar la conducta perversa de los padres se hace patente a lo largo de la vida de Berganza. El ejemplo más obvio de ello es que cuando era un cachorro, su primer amo Nicolás el Romo, un padre adoptivo maligno por excelencia, le enseñaba a morder las orejas de los toros en el matadero 55 . El resto de la frase alude a un evento futuro en el que Berganza atacará violentamente a la Cañizares. En otro momento, la Cañizares afirma que el diablo ordena a las brujas matar a las criaturas inocentes «por la pesadumbre que da a sus padres matándoles los hijos, que es la mayor que se puede imaginar» 56 . Con ello, la bruja no solo enlaza la relación padres-hijos con la angustia universal de ver morir a quien uno ha dado vida, sino que alude también a la muerte de la Montiela, que ocurrió no a raíz de una enfermedad sino a causa del dolor extremo producido por saber que la Camacha había transformado a sus hijos recién nacidos en perros, llevándolos consigo para que su madre no los viera nunca más 57 . Una comparación entre los eventos de la vida de Berganza y el episodio de la bruja Cañizares a base de los elementos de la violencia, el engaño, la traición de los centinelas y el trato instrumental, demuestra que una de las más significativas transgresiones cervantinas del género picaresco en CP consiste no solo en la introducción de los temas de la empatía, el altruismo y el afecto maternal, sino en la adjudicación de estas emociones y conductas positivas a una figura percibida como diabólica y repugnante, tanto por los personajes de la obra como por los lectores de la misma: una bruja. Más aún: en lo que respecta a su relación con Berganza, la bruja Cañizares, denominada por Forcione «el monstruo en el centro del laberinto», se revela no solo como la figura más cariñosa, empática y altruista de CP sino también como uno de los personajes más empáticos de la obra cervantina en su totalidad: como sujeto empático, ella trata al perro con cariño, intenta beneficiarlo de manera desinteresada, experimenta una preocupación empática y 54 Ibíd., p. 315. 55 Ibíd., p. 302. 56 Ibíd., p. 341. 57 Ibíd., p. 338.
Ofek Kehila 100 pretende actuar como su madre adoptiva; como objeto de empatía, ella se esfuerza por exponer su deteriorado estado físico y anímico a través de una serie de procedimientos narrativos y poéticos, intenta suscitar la empatía de Berganza valiéndose de la familiaridad y el trato maternal y, en general, hace todo lo posible para que el perro sienta por ella lo que ella siente por él: una preocupación empática enmarcada en las relaciones de afecto entre una madre y un hijo 58 . Retomando, ahora, la pregunta planteada anteriormente, ¿es que la Cañizares logra suscitar la empatía de Berganza? Examinando el episodio de la bruja a través de la perspectiva de Berganza, el primer encuentro con ella parece suscitar en él, lejos de empatía alguna, una fuerte sensación de repulsión: pese a que ella lo llama «hijo» y lo abraza repetidamente, el perro siente asco ante la vieja y rechaza sus besos. Sin embargo, el rechazo no es absoluto ya que Berganza acepta la invitación de la bruja de reunirse por la noche en su aposento, y es allí donde se queda hasta la madrugada escuchando su largo relato. Después de que la Cañizares le cuenta largamente sobre las tres brujas, el parto de los perros, la adivinanza de la Camacha y la muerte de la Montiela, se produce una pausa en el relato y los lectores pueden observar la reacción del perro, que confiesa: «Cada cosa destas que la vieja me decía en alabanza de la que decía ser mi madre era una lanzada que me atravesaba el corazón, y quisiera arremeter a ella y hacerla pedazos entre los dientes; y si lo dejé de hacer fue porque no le tomase la muerte en tan mal estado» 59 . Considero que la reacción de Berganza es pronunciadamente emotiva pero polarizada en dos sensaciones opuestas: al principio, enfurecido por la posibilidad de que su madre biológica no sea otra que una bruja, el perro desea tomar la vía de la violencia —la que ha heredado desde pequeño de todos sus amos— y atacar a la bruja Cañizares como si fuera un toro en el matadero; pero acto seguido se abstiene de ello porque no quiere que la muerte la encuentre en tan mal estado. Esta sensación, que consiste en el deseo de evitar la violencia a raíz de una 58 Alban K. Forcione, Cervantes and the Mystery of Lawlessness, Princeton, Princeton UP, 1984, p. 59. En vista de esta conclusión, es imperante mencionar la perspectiva crítica que percibe a la Cañizares como una imagen maternal de lo abyecto. Por ejemplo, Garcés considera que la figura de la Cañizares representa en el texto de Cervantes una inversión horrorosa de la maternidad ideal y hasta una profanación de la misma (María Antonia Garcés, «Berganza and the Abject: The Desecration of the Mother», en Quixotic Desire: Psychoanalytic Perspectives on Cervantes, eds. Ruth Anthony El Saffar y Diana de Armas Wilson. Ithaca, NY, Cornell University Press, 1993, pp. 292-314). Para leer más sobre la representación de la Cañizares, véase Ruth El Saffar, Cervantes: El casamiento engañoso and El coloquio de los perros, Londres, Támesis, 1976; y Mary S. Gossy, The Untold Story: Women and Theory in Golden Age Texts, Ann Arbor, Michigan UP, 1989. 59 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 341.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 101 preocupación por el bienestar del afectado, merece ser considerada como una preocupación empática, y es la que determina la conducta de Berganza. Es hasta posible aventurar la hipótesis de que Berganza siente por la Cañizares ya no una preocupación empática sino incluso una «empatía por excelencia». En efecto, al definir la empatía, los estudiosos insisten en la similitud o correspondencia emotiva producida en el encuentro entre el sujeto empático y el objeto de la empatía: según Hoffman, la empatía es «an affective response more appropriate to another’s situation than one’s own», y para Decety y Jackson, «empathy denotes, at a phenomenological level of description, a sense of similarity between the feelings one experiences and those expressed by others» 60 . Cuando Berganza describe su reacción emotiva ante la narración de la Cañizares, diciendo: «Cada cosa destas que la vieja me decía en alabanza de la que decía ser mi madre era una lanzada que me atravesaba el corazón», él utiliza palabras muy similares a las que la Cañizares había pronunciado al describir el estado anímico de la Montiela antes de su muerte: «Llevaba atravesados en el corazón sus dos hijos, y nunca quiso, aun en el artículo de la muerte, perdonar a la Camacha» 61 . Propongo que la evidente correspondencia verbal entre el «atravesados en el corazón» de la bruja y la «lanzada que me atravesaba el corazón» del perro puede denotar en un nivel más profundo una correspondencia emotiva entre los dos personajes, y por lo tanto, empatía. Si bien estas frases tienen contextos y sentidos distintos, las dos hacen uso de la misma metáfora para expresar un dolor emocional. De este modo, el dolor sufrido por la Montiela ante la transformación inexplicable y la pérdida de sus hijos se conjuga con la perturbación experimentada por Berganza, y el paralelismo verbal parece sugerir la existencia de un vínculo causal entre las angustias. Luego de este intervalo la bruja reanuda su narración, describiendo la práctica de las unturas, las limitaciones de Satanás ante el Todopoderoso, la relación entre el pecado y el mal y la ya referida descripción de su alma. Terminado su discurso, ella se unta y entra en trance para conversar con el diablo sobre el porvenir de Berganza. Es en este momento cuando Berganza hace una de las acciones más decisivas e inexplicables de toda la obra: a pesar de que la bruja, antes de entrar en trance, le pide que espere en el cuarto hasta la madrugada, el perro saca su cuerpo inerte fuera del aposento, arrastrándolo al 60 Martin L. Hoffman, Empathy and Moral Development: Implications for Caring and Justice, Cambridge, Cambridge University Press, 2000, p. 4; Jean Decety y Philip L. Jackson, «The Functional Architecture of Human Empathy», Behavioral and Cognitive Neuroscience Reviews, 3:2, 2004, p. 71. 61 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 341.
Ofek Kehila 102 centro del patio del hospital. Al llegar la mañana, cuando la bruja no ha despertado aún de su sopor, los inquilinos del hospital empiezan a salir de sus habitaciones y encuentran su cuerpo inmóvil y untado y, junto a este, a Berganza. Mientras que algunos creen que la Cañizares ha muerto, otros comprenden que está en éxtasis siniestro y comienzan a actuar con crueldad, clavando alfileres en su cuerpo. Una vez que la bruja se despierta y comprende la traición de Berganza, ella echa las manos a su garganta, pero ahora no para abrazarlo cariñosamente como antes sino para estrangularlo, maldiciendo y gritando: «¡Oh bellaco, desagradecido, ignorante y malicioso! Y ¿es éste el pago que merecen las buenas obras que a tu madre hice y de las que te pensaba hacer a ti?» 62 . Lo que sigue es una exposición de escándalo y violencia: la Cañizares estrangula a Berganza, Berganza por su parte la sujeta entre sus dientes y la arrastra por el patio, y todos los concurrentes, creyendo que se trata de un demonio en la forma de un perro, comienzan a pegarle con garrotes hasta que Berganza suelta a la bruja y huye de la villa sin mirar atrás. Examinado el episodio de la bruja tanto a partir de la perspectiva de la Cañizares como de la de Berganza, es posible afirmar que con la excepción de sus momentos finales, la interacción entre los dos se caracteriza por una empatía mutua: la bruja Cañizares es la primera y única persona en el marco de la obra que trata a Berganza con cariño incondicional, una conducta pro-social, una preocupación empática y un amor maternal; Berganza, por su parte, se revela como capaz de sentir una preocupación empática y hasta una empatía en su forma esencial por la bruja pese a otros sentimientos negativos que ella también provoca en él, como la ira y el asco. En este sentido, es posible dar por logrado el objetivo de la bruja de despertar la empatía del perro. Sin embargo, con todo, la historia termina de una forma sumamente violenta, con la furiosa Cañizares intentando estrangular a Berganza mientras que este la arrastra por todo el patio a la vista de un público escandalizado. Asimismo, mientras que la Cañizares tuvo un éxito inicial en lo que atañe a la empatía, ella fracasó totalmente en su intento de formar con el perro la relación afectiva de una madre y un hijo. Lo prueba aquella violencia desenfrenada del final del episodio y la huida de Berganza sin volver atrás, como también el rechazo de Cipión de todo lo que la Cañizares ha dicho y la afirmación de que no quiere a la Montiela (y por extensión a la Cañizares) como su madre: «La Camacha fue burladora falsa, y la Cañizares embustera, y la Montiela tonta, maliciosa y bellaca, con perdón sea dicho, si 62 Ibíd., p. 345.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 103 acaso es nuestra madre, de entrambos o tuya, que yo no la quiero tener por madre» 63 . La pregunta que se impone es: ¿cómo interpretar este desenlace tan negativo de un suceso caracterizado por la empatía y la prosocialidad? A base del análisis de la empatía, la brujería y la relación madre-hijo en CP, me gustaría ofrecer una lectura de la novela ejemplar que ponga en diálogo dichos elementos. Estimo que al diseñar el personaje de la bruja Cañizares, quien por un lado representa la máxima antagonista tanto para Cipión y Berganza como para los lectores de la obra, y quien por el otro constituye el paradigma de la empatía en tanto sujeto empático, objeto activo de empatía, una figura sumamente altruista y una incipiente madre adoptiva, Cervantes presenta ante sus personajes y lectores un dilema difícil de resolver: en un universo literario repleto de amos violentos, protectores corruptos, ladrones y embusteros de todo tipo, ¿será posible sentir empatía y compasión por el único personaje que lo suscita y lo merece aunque se trate de una bruja declarada? 64 El autor español acentúa este dilema al darle a la bruja literaria una dimensión histórica a través de su asociación con «La Camacha» de Montilla. Según Johnson, Gerber y Alamillos Álvarez, el trío de brujas de CP se relaciona con la figura histórica de Leonor Rodríguez, apodada «La Camacha», una habitante de la villa de Montilla que fue procesada junto con otras mujeres bajo la acusación de «hechicera invocadora de demonios» y condenada en el auto de fe del 8 de diciembre de 1572. Su pena consistió en recibir cientos de azotes, pagar una multa de 150 ducados y ser desterrada de Montilla por diez años, sirviendo durante los dos primeros en un hospital de Córdoba 65 . En primer lugar, las brujas literarias y la hechicera histórica se relacionan en virtud del nombre de la villa como también de sus propios nombres: Cervantes no solo designa a la bruja principal del trío con el apodo de Leonor Rodríguez, «la Camacha», sino que también asigna el apellido de la misma a aquel supuesto amante de la Montiela, Rodríguez el ganapán 66 . Además del paralelismo de nombres, existen otras analogías. En lo que 63 Ibíd., p. 347. 64 «As the embodiment of a profoundly disturbing vision of evil, Cañizares has no parallel in Cervantes’ other works» (Alban K. Forcione, op. cit., p. 62); «The overflowing tendencies of the narrative, with its congestion of images and experiences, turn the “Colloquy” into a metaphor for uncontrollable and chaotic fertility. This terrifying fertility, epitomized by the invading tentacles of the octopus, is also incarnated by the greatest monstrosity of all, one lying at the imaginative vortex of the tale: the witch Cañizares» (María Antonia Garcés, art. cit., p. 294). 65 La causa de Leonor Rodríguez, como las de otras habitantes de Montilla acusadas de hechicería, puede ser consultada en el libro de Rafael García Boix, Autos de fe y causas de la inquisición de Córdoba, Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba, 1983, pp. 94-96. 66 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 338.
Ofek Kehila 104 respecta a la relación entre la Camacha literaria y Leonor Rodríguez, Alamillos Álvarez afirma que Leonor «fue maestra de otras hechiceras dando sus propias lecciones a quienes quisieron remunerarlas de alguna forma», y que «su carácter no sólo de instructora sino de recelosa de los mejores conocimientos para sí misma, aparece en el Coloquio de los perros» 67 . Asimismo, Johnson y Gerber observan que tanto la Cañizares literaria como la Leonor histórica terminaron luego de su juicio como hospitaleras 68 . Por mi parte, quisiera señalar que en su testimonio, Leonor Rodríguez habla de la aparición de 35 diablos en forma de galguillos, dato que posiblemente alude a las denominaciones reiteradas de Berganza como «demonio en forma de perro» 69 . Considero que al otorgar a sus brujas un antecedente histórico particular que comparte con ellas tantos aspectos, Cervantes busca y logra acentuar máximamente el dilema empático en torno a la Cañizares para los lectores de su época, muchos de los cuales probablemente conocían la infame historia de Leonor Rodríguez y sus discípulas. Por cierto, al otorgarle a su pícaro protagonista una madre bruja, Cervantes sigue fielmente los preceptos de la literatura picaresca 70 . Al mismo tiempo, el autor transgrede esas reglas no solo con la introducción de una bruja empática sino también a través de un sofisticado desplazamiento: en lugar de que la ascendencia envilecida de Berganza aparezca plena y llanamente en el íncipit de su narración, sirviendo para caracterizarlo desde el principio como un pícaro (como es el caso del Lazarillo, Guzmán de Alfarache, el Buscón y otros), Cervantes la sitúa más cerca del final de la obra, revelándola en el momento más decisivo y dramático a la manera de una anagnórisis sorprendente 71 . Con 67 Rocío Alamillos Álvarez, «Las hechiceras de Montilla: saber marginal y transmisión oral en el siglo XVI», Investigaciones Históricas, 34, 2014, pp. 19-20. 68 Véase Carroll B. Johnson, «Of Witches and Bitches: Gender, Marginality and Discourse in El casamiento engañoso y Coloquio de los perros», Bulletin of the Cervantes Society of America, 11:2, 1991, pp. 14-15; y Clea Gerber, «Deleites imaginados: ficción y sugestión demoníaca en El Coloquio de los perros de Miguel de Cervantes», Anuario brasileño de estudios hispánicos, 23, 2013, p. 73. 69 Véase Rafael García Boix, op. cit., p. 94 y Miguel de Cervantes, op. cit., pp. 333, 345. 70 Con respecto al paralelismo entre CP y La vida del Buscón, afirma Sobejano: «A primera vista la vileza de los padres parece faltar en el caso de Berganza. Pero no es así: el motivo aparece […] cuando la Cañizares quiere identificarle como hijo de la bruja Montiela y del “ganapán” Rodríguez, de donde resulta que, hipotéticamente, Berganza descendería de un pícaro y de una hechicera, igualándose en esto último a Pablos de Segovia» (Gonzalo Sobejano, art. cit., p. 36). 71 La ascendencia envilecida del pícaro sirve también para caracterizar su vida por un marcado determinismo. Escribe Blanco Aguinaga acerca del niño Guzmán: «Concebido libremente en pecado por un padre alevoso y una madre mentirosa, está determinado a una vida que, por su mismo origen, tiene que ser como es y llevarlo, incluso, al latrocinio» (Carlos Blanco Aguinaga, art. cit., p. 320). Siguen más panorámicamente Imperiale y Brioso: «De hecho, gran parte de la “poca sangre” del pícaro la debe éste a su ascendencia materna: madres brujas (Pármeno, Pablos, Cipión y Berganza…), ladronas (Justina, Moll Flanders), alcahuetas o estafadoras (Celestina, Elena) son el contrapunto adecuado a padres o tíos verdugos,
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 105 dicha modificación, Cervantes logra maximizar el efecto del dilema empático, ya que de este modo la bruja Cañizares y su historia aparecen luego de aquella galería de amospadres siniestros y otras muchas personas nefastas que habitan CP, contrastándolos intensamente. Es interesante notar cómo Cervantes, que estaba consciente de su transformación del código picaresco, plantó el siguiente indicio justamente en el lugar donde deberían aparecen los orígenes picarescos de Berganza si se hubiera tratado de una novela picaresca tradicional. Dice Berganza al principio de su discurso: Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla, y en su Matadero, que está fuera de la puerta de la Carne; por donde imaginara (si no fuera por lo que después te diré) que mis padres debieron de ser alanos de aquellos que crían los ministros de aquella confusión, a quien llaman jiferos 72 . Según Forcione, si observáramos la revelación de la Cañizares a través del género del «romance», descubriríamos que se trata de una parodia —y hasta de una inversión— de la anagnórisis tradicional de dicho género, ya que en lugar de resolver el conflicto central de la trama y restituir al protagonista su identidad verdadera, solo aumenta la ambigüedad y la inestabilidad de este y también las de los lectores de la obra 73 . No obstante, estimo que al introducir la anagnórisis en el contexto picaresco de CP, género en el que dicho elemento simplemente no existe, Cervantes manipula conscientemente su intencionalidad: la revelación de la identidad, en lugar de constituir la solución del conflicto, se convierte aquí en su principal promotora. Por otra parte, mientras que la anagnórisis de CP, en tanto catalizadora emotiva, se aleja del «romance», se acerca inesperadamente a la concepción aristotélica del término, pronunciada en la Poética: «El reconocimiento es, como su nombre indica, el paso de la ignorancia al conocimiento, y por tanto a la amistad o al odio, por parte de quienes están destinados a la felicidad o la desdicha […] semejante reconocimiento y peripecia conllevarán compasión o temor» 74 . molineros (Lázaro), ladrones o barberos (Pablos), cirujanos (Guadaña), padrastros negros como el del Lazarillo, etc. […] Si ese principio son unos padres delincuentes y villanos, el resultado será un ser picaresco anómico» (Luis Imperiale y Héctor Brioso, «Inquietudes maternas como primer móvil en la prosa picaresca», en La palabra y el hombre, Veracruz, Universidad Veracruzana, 1999, p. 42). 72 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 302. 73 «The aborted anagnorisis of the Colloquy of the Dogs should be seen as an inversion of the traditional conclusion of romance, where plot generally develop through conflict and disorder toward some climatic struggle or revelation, which restores all usurped identities, resolves all tensions, and establishes an order that is pleasurable to the reader» (Alban K. Forcione, op. cit., p. 43). 74 Aristóteles, Poética. Magna Moralia, Madrid, Gredos, 2011, pp. 53-54.
Ofek Kehila 106 En el nivel de los personajes, el dilema empático en torno a la Cañizares se resuelve de manera ambigua: el rechazo inicial de Berganza hacia la bruja no anula el hecho de que más adelante el perro sienta empatía por ella, luego del punto más trágico de su relato; esta empatía, a su vez, no logra evitar la escena violenta con la que el episodio termina. Dicho final es producido cuando Berganza saca a la bruja dormida al patio del hospital. En su narración, Berganza explica que lo que motivó aquel acto fue el miedo que él había sentido al estar encerrado con el cuerpo inerte de la bruja 75 . Esa explicación, sin embargo, es a mi juicio poco convincente, ya que el perro hubiera podido salir simplemente del cuarto y continuar hacia otra aventura picaresca. En vista de una motivación intratextual poco verosímil, creo que es posible aventurar una explicación de la traición de Berganza a través de una hipótesis que involucre al autor: pareciera como si Cervantes hubiera intuido que la empatía no podía producir en su contexto cultural un desenlace feliz en una historia protagonizada por una bruja. A mi juicio, cada dilema empático presentado ante los personajes en una obra literaria se presenta simultáneamente ante el lector, y pide su resolución. De allí surge la pregunta: ¿cómo reaccionarían los lectores y lectoras de la obra ante la bruja empática? La reacción de Cipión y Berganza parece comprender un espectro de posibilidades emotivas, desde el asco y la agresión hasta la preocupación empática y la empatía. Análogamente, así como cada uno de nosotros experimenta la empatía en distintos niveles y en diferentes contextos, considero que la reacción empática de los receptores de la obra variaría de lector en lector. Lo cierto es que, fuera cual fuera su reacción, los lectores de la obra deberán enfrentarse a los sentimientos provocados: los que han sentido empatía tendrán que vivir con el hecho de que han empatizado con una bruja; los que no han sentido empatía tendrán que admitir que han negado el trato empático al único personaje de la obra que realmente lo había merecido 76 . El presente artículo ha querido poner de manifiesto las diversas aportaciones que la teoría de la empatía, en conjunción con el análisis hermenéutico-literario, puede brindar al estudio de la obra de Cervantes y, en general, a la investigación de los textos literarios. 75 Miguel de Cervantes, op. cit., p. 344. 76 Para leer más sobre la empatía de los lectores de obras literarias, véase Suzanne Keen, Empathy and the Novel, Oxford, Oxford University Press, 2007. Para leer más sobre la empatía negativa en los textos literarios, véase Stefano Ercolino, «Negative Empathy: History, Theory, Criticism», ORBIS LITTERARUM, 73, 2018, pp. 243-262, y Stefano Ercolino y Massimo Fusillo, Empatia negativa. Il punto di vista del male, Milano, Bompiani, 2022.
La empatía, la brujería y la relación madre-hijo en El coloquio de los perros 107 En primer lugar, así como, según Decety y otros, la empatía moldea el panorama de nuestra vida social, el examen del fenómeno empático en obras como el Coloquio de los perros permite comprender en su plenitud la hondura y la complejidad de las relaciones emocionales entre los personajes. Una vez esclarecida esta dimensión fundamental del texto, es posible ofrecer una revaluación de la intencionalidad de este y hasta conjeturar sobre las posibles reacciones de los lectores. De este modo, el examen de CP ha permitido vislumbrar aspectos antes no vistos tanto de las relaciones entre Berganza y la bruja Cañizares como de la peculiar reescritura cervantina de la novela picaresca. Asimismo, la indagación de la figura de la bruja literaria y su antecedente histórico ha mostrado cómo Cervantes se ha valido de la empatía para invitar a sus lectores a reexaminar su percepción del fenómeno de la brujería a través de la escenificación de un dilema emocional, en el centro del cual la Cañizares se revela como un monstruo paradójico: por un lado, su aspecto físico y sus prácticas provocan el miedo y la repulsión; por el otro, su naturaleza empática la transforma en el personaje más humanizado de la obra. Con ello, el autor español parece insinuar que si la máxima representante del diablo puede sentir la empatía y suscitarla en el otro, sería oportuno que tanto el público de su época como nosotros, sus lectores venideros, revisáramos la manera en que percibimos y tratamos al otro. Esta, tal vez, sea una de las ejemplaridades más importantes de la obra cervantina. Bibliografía citada Alamillos Álvarez, Rocío, «Las hechiceras de Montilla: saber marginal y transmisión oral en el siglo XVI», Investigaciones Históricas, 34, 2014, pp. 13-26. Alemán, Mateo, Guzmán de Alfarache I, ed. José María Micó, Madrid, Cátedra, 2005. Alemán, Mateo, Guzmán de Alfarache II, ed. José María Micó, Madrid, Cátedra, 2006. Anónimo, Lazarillo de Tormes, ed. Francisco Rico, Madrid, Cátedra, 2022. Aristóteles, Poética. Magna Moralia, Madrid, Gredos, 2011. Baroja, Caro, Las brujas y su mundo, Madrid, Alianza, 1966. Blanco Aguinaga, Carlos, «Cervantes y la picaresca: notas sobre dos tipos de realismo», Nueva Revista de Filología Hispánica, 11, 1957, pp. 313-342.