Ubrique, de origen romano y tradición marroquinera: Reportaje
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REPORTAJE Ubrique De origen romano y tradición marroquinera Por: Tere Martín Tutorizado por: Mariano Belenguer Grado en periodismo
Ubrique de origen romano y tradición marroquinera Panorámica del municipio de Ubrique visto desde el mirador.
Una de las calles de Ubrique repleta de flores.
Plaza del Ayuntamiento de Ubrique. Antiguas tenerías, donde se curtía y preparaba la piel.
Yacimiento Romano de Ocuri situado en el Salto de la Mora.
En plena Ruta de los Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz se encuentra Ubrique. A su derecha, el Parque Natural Sierra de Grazalema, y a su izquierda, el Parque Natural de los Alcornocales. Dos de los más importantes Parques Naturales de Andalucía. Inmenso agujero de características casas blancas en mitad de las cumbres, entre rocas calizas, así es este municipio gaditano de tradiciones marroquineras. 17.000 habitantes componen a la que se conoce como la capital de la piel. lor a sierra y a aire fresco, un aroma a pueblo difícil de olvidar. Eso se siente al llegar a la puerta de Ubrique, pintoresca ciudad en la Sierra de Cádiz, con una población de casi 20.000 habitantes. Imponente mirador a su llegada, desde lo más alto. Hay que recrearse, y vivir las espectaculares vistas que ofrece. Al entrar, se pueden bajar las cuestas y sumergirse entre las montañas. Sus siluetas limitan el horizonte geográfico de la ciudad, y colonias de buitres Leonado asoman desde lo más alto. Pura naturaleza. Subiendo las empinadas rampas que componen la ciudad, se pueden colocar al otro lado del hoyo, bajo la Cruz del Tajo. Ubrique está custodiada por tres cruces: La Cruz de Benalfí, la Cruz de la Viñuela y la Cruz del Tajo. Aunque la última es la más importante, ya que siempre ha permanecido intacta, las tres son fundamentales, pues así lo cuenta la leyenda. En la primera mitad del Siglo XVIII hubo una noche de tormenta, relámpagos, truenos y lluvia caían como si del fin del mundo se tratase. Todo el pueblo estaba atemorizado, pues las piedras de las montañas que lo rodean podrían caer y enterrar a toda la población. Los ubriqueños, te- Texto y fotos, Tere Martín O 7 Dos ubriqueñas sentadas en la Avenida de los Callejones, la calle principal de la piel en Ubrique.
Ermita de San Antonio, el emblema del pueblo, situado bajo la Cruz del Tajo.
empieza a sobrar. Lo adecuado es una vestimenta veraniega y mucha agua. Mientras la guía hace paradas para contar algo, los visitantes aprovechan para descansar e hidratarse, y los que se han quedado atrás por la dificultad del camino, consiguen ponerse a la par. Cuando se llega al yacimiento, la calzada empeora. Es un camino romano de piedra, con escaleras y cuestas. Cada vez el paisaje va siendo más bonito. Se pueden contemplar las espectaculares vistas de la sierra. Todo es montaña y naturaleza. Entre los restos de la ciudad de Ocuri, destaca el Mausoleo. Cuando los visitantes llegan a este se hace una parada especial, para entrar a verlo y echar fotos. La guía cuenta la historia del Mausoleo, que se utilizaba para sepultar a los ciudadanos “importantes” en la época. Hay algunos pequeños nichos, donde ponían las cenizas y los ataúdes de los difuntos. Este no tiene puerta, entraban por un pequeño orificio ubicado en el techo. Actualmente cuenta con una, pues en una época más reciente lo utilizaban para meter al ganado, y vieron la necesidad de abrirla. Desde el Mausoleo se pueden sentar a contemplar las vistas, una extensión de sierra infinita. La guía deja unos minutos para fotografiarlo, y aprovecha para informar de que cada año se celebra un concurso de fotografía de la ciudad de Ocuri, con tres premios. A partir de este momento todos los visitantes empiezan a echar fotos sin parar, fotografiando cada rincón encontrado. Otro monumento destacado de la ciudad de Ocuri es la muralla ciclópea, de origen ibérico, y modificada en varias ocasiones. En el siglo I o II d.C. se reformó la entrada para darle un carácter monumental. La ciudad sigue cuesta arriba. Cada vez requiere más esfuerzo físico, pero merece la pena. Por orden de abajo a arriba, el siguiente yacimiento es la casa de Juan Vegazo, el Las termas romanas de la Ciudad de Ocuri son las únicas identificadas hasta ahora en la sierra de Cádiz. Termas de la antigua ciudad de Ocuri.
ubriqueño que descubrió la Ciudad Romana de Ocuri. Cuando se encontró con algún resto romano, decidió comprar el monte entero e irse a vivir allí. Así pudo escavar y encontrar lo que sigue a día de hoy. Este anotó y detalló todos sus descubrimientos en el “Diario de excavaciones”. Sin embargo, toda su obra fue silenciada tras su muerte. Hoy en día nadie sabría nada de él si no hubiera sido porque sus escritos se trataron como una rareza, y partes de este fueron publicadas por Fray Sebastián de Ubrique en su monografía sobre la historia de esta villa, en el año 1944. La ciudad romana es más grande, pero no todo está excavado. No tiene medios económicos suficientes para profundizar. En cada visita se pueden hacer donaciones a la ciudad de Ocuri para mantenerla, o si es posible para seguir excavando algún día. La guía explica cada parte de la casa de Juan Vegazo, la cual está custodiada por un acebuche gigante, que se calcula que tiene más de 1.000 años. Continúa la visita, y cada vez el sol pega más fuerte. Por último, se llega a las termas romanas, de gran valor histórico, son las únicas identificadas hasta ahora en la sierra de Cádiz. 460 metros de termas. Algunas están llenas de agua, pero agua estancada, con algún que otro renacuajo y varios insectos, debido a la escasez de lluvias que no permite la renovación de este agua. Uno de los visitantes lleva un perro, está tan acalorado que quiere meterse en las 16 Cisterna de la ciudad de Ouri.
termas para beber agua y refrescarse. Estas termas eran utilizadas para el aseo en la época romana, y se llenaban con agua de lluvia. Gracias al material con el que estaba recubierto el interior de las termas era imposible la filtración de agua. Se llenaba con la lluvia y se evaporaba cuando hacía mucho sol. La ruta sigue montaña arriba, y cada vez la panorámica de la sierra es mayor. Desde lo más alto de la ciudad romana, se puede contemplar el paisaje. A lo lejos se puede ver el pueblo vecino de Benaocaz, que está aún más alto que Ubrique. Entre medio de las montañas asoma un edificio casi en ruinas, esto estropea la panorámica. La guía cuenta que se construyó con la idea de ser un hotel de cinco estrellas, pero finalmente no le dieron el permiso de apertura, por lo que quedó abandonado y nunca lo derribaron. Si hubiera llegado a abrirse, las vistas desde el hotel serían un lujo, y la estancia sería espléndida. Ya no hay nada más que ver, ya que solo un 10% de la ciudad ha salido a la luz. El camino de vuelta es mucho más ameno. Los visitantes bajan más a gusto y el sol no molesta tanto. Para finalizar la visita una proyección sobre cómo habría sido la ciudad Romana de Ocuri antaño. En Ocuri suelen hacer visitas teatralizadas una vez al mes, se disfrazan de romanos y hacen la guía de esta forma. Esto resulta mucho más dinámico y divertido, sobre todo para que los más pequeños se interesen y aprendan la historia de una forma placentera. En el Centro de la Interpretación de la historia de Ubrique “San Juan de Letrán” se encuentran todos los restos arqueológicos encontrados en Ocuri, piezas de cerámica y monedas. En este centro se cuenta la historia detalladamente a través de carteles informativos. Una vez acabada la visita a Ocuri, hay que volver al pueblo, ya que está en las afueras. De regreso se pueden encontrar dos miradores que forman parte de la Ruta de los miradores de Ubrique. El primero es el mirador “Las Cumbres”. Este se encuentra en lo más alto del 17 Una planta de gamón, de fondo el municipio de Ubrique.
18 Plaza de la verdura. Palomas refrescándose en la fuente “Carlos III”.
pueblo, por lo que las vistas son espectaculares, se ve todo el pueblo blanco. Son siete los miradores que rodean al pueblo por sus cuatro puntos cardinales, la mayoría se encuentra en el casco antiguo. Una fiesta que se vive en Ubrique es la de La Crujía de Gamones, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía. Un festejo creado por el pueblo y único en el mundo. Esta se celebra junto a las cruces de mayo, el cielo se cubre con un manto de humo y suena el sonido de las explosiones como banda sonora de una noche inigualable. Una fiesta que reúne varias generaciones, ya que atrae tanto a los más pequeños como a los más mayores. En cada barriada está presente una cruz adornada con flores, al pie de esta se estallan los gamones. Estos son una especie de juncos, que al calentarse con el fuego y golpearlos sobre una piedra, producen un sonido similar a la explosión de un arma. Cuenta la leyenda que esto viene del S.XIX, cuando un destacamento francés intentó ocupar la zona. Los lugareños no tenían armas para combatirlos, por lo que utilizaron esta planta para hacerles creer que sí. Los enemigos creyeron que estaban fuertemente armados y decidieron huir. Desde entonces, los ubriqueños celebran la fiesta de la Crujía de los Gamones. Antiguamente junto a las candelas se colgaba un columpio. Cuentan los vecinos del pueblo que así era como los jóvenes cortejaban a las chicas. Las “mocitas” eran columpiadas por los muchachos, al son de las cancioncillas populares, y así se conocían y entablaban relaciones. A lo largo del año los jóvenes esperaban ansiosos esta noche de gamones. Crujía de gamones Niño de Ubrique recolectándo gamones para la fiesta tradicional “Crujía de gamones”.
PLATOS TRADICIONALES El gañote es el dulce típico del municipio de Ubrique, un sabor característico de la época de semana santa. Se preparan en el tiempo de cuaresma y en semana santa. Es un dulce único, una especie de rosquilla marrón en forma de espiral, parece un muelle. Cualquier ubriqueño puede proporcionar la receta de este dulce. Se elaboran a base de harina, huevos, aceite de oliva, canela, ralladura de limón y ajonjolí. Y se preparan enrollando tiras de masa en cañas de madera, por último se fríen en aceite. Es un dulce digno de probar cuando se visita el pueblo de Ubrique. Desde hace algunos años, se celebra el concurso de gañotes. Se suele hacer el viernes de dolores, este año el 12 de abril. En este, los vecinos de Ubrique hacen este plato de repostería típico de la localidad, y concursan por el mejor. De todos los participantes, solo tres pueden optar a los premios. Gañote, dulce tradicional de Ubrique. Se dice que en Ubrique se come mucho y bien, su cocina tiene varios platos para degustar y que se consideran manjares para sus ciudadanos, se pueden llamar comidas autóctonas de este pueblo. Uno de ellos, y de los más conocidos es el “salmorejo ubriqueño”, este está hecho a base de rodajas de patatas cocidas frías, aliñadas con perejil, cebolla, sal, vinagre de vino, aceite de oliva, huevo duro y una pizca de atún en conservas. Este es el plato que se prepara para la fiesta que da fin al carnaval de Ubrique. También se le llama “papas aliñás”, y el último fin de semana de carnaval, los lugareños salen a los bares para degustar este plato mientras cantan sus chirigotas para el concurso del año. Otro plato típico de Ubrique que se cocina en Semana Santa y en Cuaresma son las “habas con alcachofas”. Al igual que los gañotes, los lugareños esperan a esta época del año para cocinar y saborear este plato tradicional que tan en casa les hace sentir.