El papel de los "itálicos" en la amonedación hispana
Abstract
The text investigates the area of coinage emissions of Southem Iberia from the point of view of the influence that was possibly exerted from those who came from Italy for an unknown period of time or tose who settled permanently. Studied the characteristics of those coins— typology, methology, use, and especially, production areas and circulation— a certain amount of influence may be detected in those coinage emissions but, if it is not definate, it does hold interest in order to improve our knowledge of the social relationships between the inhabitants of Hispania and the recení newcomers.
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El papel de los «itálicos» en la amonedación hispana * Francisca CHAVES TRISTÁN Universidad de Sevilla SUMMARY Thetext investigates the area of coinage emissions of Southem Iberia from the point of view of the influence that was possibly exerted fromthose who came from Italy for an unknown period of time or tose who settled permanently. Stu - died the characteristics of those coins— typology, methology, use, and especially, production areas and circulation— a certain amount of influence may be detected in those coinage emissions but, if it is not definate, it does hold interest in order to improve ourknowledge of the social relationships between the inhabitants of Hispania and the recení newcomers. En repetidas ocasiones y por caminos diversos, se ha tratado de detec - tar la presencia de elementos itálicos en la Península Ibérica ~, llegando a Este trabajo fue presentado por encargo expreso en Italia y España en la crisis de la Repáblica, III Congreso Hispano-Italiano, Toledo, 1993, pero por un equívoco en la Imprenta no apareció en las Actas. Se ha respetado el texto original añadiendo sólo algu - na ampliación bibliográfica en las notas. Fue realizado dentro de un Proyecto financiado por el II Plan Andaluz de Investigación (Junta de Andalucía). ¡ Como precedente, R. MenéndezPidal«Colonización suritálica de España según los testimonios toponímicos e inscripcionales»,ELH 1, Madrid,1960, pp. LIX-LXVIII. Un estudio clave es el de A. Marín, «Laemigración itálica a Hispania en el s. 1 a.C», Studia Historica 1V-y, 1 1986-87, Pp. 53-63. C.; González Román, A. Marín Diaz, «Prosopo - grafía de la Hispania meridional en ¿poca republicana» en C. González Romún cd. La sociedad de la Bética. Contribuciones para su estudio, Granada,1994, PP. 242-3 18; 1. Siles, «Iberismo y latinización: nombres latinos en epígrafes ibéricos», Faventia 3-1, 1981, pp. lO6ss.; M.UJ. Pena, «Algunas observaciones sobre los nombres de los magis - trados monetales en época republicana» en La moneda hispánica. Ciudad y territorio, Cerión, n? II, 1999, Servicio de Publicaciones, Universidad Complutense. Madrid.
296 Francisca Chaves Tristón constatarse su actividad en sectores variados 2 Precisar su origen exacto y el grado de su expansiónson tareas difíciles con los datos disponibles, por - que a los matices culturales que les son propios de suorigenespecificose superpone la mismacultura romana de la que también son participes y que, a suvez,llevanconsigo. La epigrafía es una de las fuentes más significati - vas en este tema3 y las leyendas monetales queaparecenescritassobre las piezas emitidas por las ciudades hispanas,hanmostrado algunas zonas ita - lianas como puntos de origen más frecuentes de las personas que se des - plazan ‘~. Con respecto a ello debemos aclarar que empleamos aquí el tér - mino «itálico»en un sentido amplio y no étnico, referible por extensión a los habitantes de la Península itálica. En el desplazamiento hacia el exte - rior se ven también involucrados aquellos descendientes de griegos que habitan en loque fue la Magna Grecia y muy en especial se detecta,como luego veremos, la presencia de gentes de la región campana. En el caso que nos ocupa debemospreguntarnos si las amonedaciones locales del Sur peninsular se deben exclusivamente a los ambientes indí - genas o en algún momento son deudoras, o al menos están influidas, por estos elementos foráneos. Pero, ¿hasta qué punto las monedas son expresivas de realidades socío-culturales y dónde está la fronteraque, por la misma índole del fenómeno monetario, puedaenmascarar ciertos elementos de la sociedad qu~ losprodujo? ~. Anejos AEspA XIV, 1994, Pp. 275-279. Alusiones a tradiciones y formas de origen itáli - co trasplantadas a Hispania, por ejemplo en A. U. Stylow, «Dece,nviri. Em Beitrag zur Vermatung peregriner gemeinden in der HispaniaUlterior» en La cité et la co>nmunau - té civique en Hispania au lléme a Illémesiécles a¡. J. C., Madrid, 1993, pp. 37-46: ibid., «Más hermas», Anas 2-3 (1990-92), pp. 195-205. 2 Sobre su presencia en la gestión de minas, C. Domergue, Les mines de la Péninsule Ibérique dans lAntiquité romaine, Roma, 1990, pp. 321 Ss.; ibid. «Production et commerce des métaux dans le monderomain: L’example des métaux hispaniques d’aprés l’epigraphie des lingots>~, Epigrafia della Produzione e della Distribuzione, Roma, 1994, Pp. 62 Ss. Con respecto a ciertas terracotas se les ha relacionado con la agricultura, en concreto con la oli - vicultura: M. C. Marín, E Chaves, M. L. de la Bandera, «Bustos de Atenea Minerva en la Bética». Actas II Con gr Andaluz de Est. Clásicos, Málaga. 1987, pp. 305-320. 3 A. U. Stylow, op. ch. n. 1; C. Domergue, op. cff n. 2.; M. 1. Pena, op. ch. n. 1. 4A. Marín, op. cit. n. 1 y C. González Román yA. Marín op. cit. n. 1; ibid., op. cit. n. 1.; C. Domergue, op. cit. n. 2, 1994. Aun cuando se copia otro tipo por la belleza o prestigio de éste, se puede a su vez solapar un elemento propio, caso de las efigies tipo Arerusa que en Cartago representan a Tanit o en Emporion a Artemis. En todo caso se refleja un contacto y relación directa, o a través de terceros,entre las áreas que utilizan tipología similar: es lo que ocurre con las Aleneas y lechuzas atenienses copiadas en las satrapías persas por su reconocido pres - tigio en ambientes comunes.
El papel de los «itálicos» en la amonedación hispana 297 La puesta en marcha de unaemisiónmonetaria, por pequeña queella sea, implica un entramado en el que son decisorios varios factores y de ellos es lógicamente reflejo y consecuencia dicha emisión: la autoridad que decide cómo, qué y cuándo amonedar, los receptores inmediatos dc las monedas y la finalidad pretendida al poner en circulación las piezas 6• Es evidente que la autoridad emisora realizauna labor selectiva entre la amplia gama de posibilidades tipológicas, metrológicas. etc., influida por sus propios criterios culturales, pero tambiénpensando en la facilidad de ser aceptada por los receptores y en el grado en que se adecuan a la fun - ción originaria para la que se han previsto. Con estos supuestos es interesante hacer unas reflexiones en tomo a las amonedaciones en bronce del Sur peninsular, deteniéndonos en los aspectos más significativos como metrología, tipología, inscripciones monetales y ubicación de las cecas. El ideal para la mayor fiabilidad de los planteamientosque siguen es un estudio interno y detenido ceca a ceca. Obviamente eso aquí es imposible pero, sin pretender generalizar en exceso, si hayelementosque nos parecen lo bastante indicativos como para ser tenidos en cuenta. METROLOGíA El estudio detenido de los patrones metrológicos empleados para el bronce producido en la Península Ibérica durante la II Guerra Pánica7 ha hecho replantear en los últimos años la seriación y cronología de algunos talleres indígenas. De este modo se ha propuesto para las series más anti - guas de Canuto ~, Obulco9 y probablemente Carbula lO una adopción del sistema 8-9 grs., ya que acuñan duplos de unos 18 grs. Ciertamente los cartagineses lo habían introducido y utilizado en las acuñaciones aquí rea - lizadas, pero en su origen es un patrón itálico-siciliano que, como otras tantascosas, toman los púnicos del mundo del Sur de Italia. 6 F. Chaves, «Moneda y ciudad en el sur de la Península Ibérica durante la Repúbli - ca romana», ConvegnoLAfrica Romana (Oristano, 1992), Sassari, 1994, Pp. 1.305-1.3 18. A partir de L. Villaronga, Las monedas hispano-cartaginesas, Barcelona, 1973, pp. 95 ss. Mt P. García-Bellido, Las monedas de C’ásrulo con escritura indígena, Barcelona, 1982, pp. 167 ss. ‘A. Arévalo,«Las monedas de Obulco», Arqueología 74, 1987, p. 31; ibid. «Las monedasmeridionales y de Salacia en la Hispania Ulterior», en AAVV, Historia Mone - taria de Hispania Antigua, J. Vico cd., Madrid, 1997, p. 208. ‘“L. Villaronga, Numismática antigua de Hispania, Barcelona, 1979, p. 149. L. Villaronga, op. ciÉ n. 7, pp. 103-106.
298 Francisca Chaves Tristán En tal época y hasta entrado el s. II a.C., el patrón monetal utiliza - do en Roma es el sextantal con ases teóricos de 54 grs. ¡2, que se irá reduciendo progresivamente. Por ello las emisiones de Obulco y Fío - rentia con unos pesos entre 47 y 48 grs. que pasan los 50 en ocasiones, se acercanbastante a las medias vigentes en la ceca oficial romana Hay por tanto un claro intento de aproximación de modo que el circu - lante emitido sea más o menosequivalente. Al imponerse en 170 a. C. el sistema uncial con ases de 28-27 grs., que en teoría debiera seguirse buena parte del s. II a.C., las irregularida - des en los pesos de las emisiones producidas en la ceca de Roma son sin embargo continuas,descendiendo y elevándose los pesos, parareducirse al fin como preludio del sistema semiuncialcon un as teórico de aproxI - madamente 18 grs. I4~ Esamisma situación se detecta en la Península Ibé - rica. En la Ulterior las cecas en funcionamiento no homogeneizan sus sis - temas de una manera rígida y de acuerdo con las premisas teóricas de la amonedación romana. Es sintomático que se puedan hacer grupos de emisiones producidas por ciudades distintas pero que tienen pesos símí - lares 1~. Se observa a la vez una probable voluntad de que el numerario emitido pudiera evaluarsepor su semejanza en tamaño y peso con la moneda romana circulante que, como decimos, se iba moviendo también dentro de unos márgenes amplios. Las sucesivas emisiones de Romasirven como un punto de referen - cia, pero interesa básicamente a cada ceca acoplarse con la amoneda - ción de un entornodeterminado en el cual debiera moverse su mone - da I6~ Las mencionadas oscilaciones de peso en series que a veces tienen un volumen apreciable e incluso se acompañan de divisores, no pueden ser arbitrarias ni caprichosas y deben obedecer a líneas de aplicación del uso de la moneda y a la previa selección de éstas por parte de las autoridadesemisoras. Incluso se observa un uso de uno u otro sistema dentro de una mismaciudad, explicable por el cauce que se pensara dar a cada emisión. 2 M. Crawford, RomanRepublican Coinage, Cambridge, 1974, p. 596 (citado en adelante RRC). L. Villaronga, op. ciÉ n. lo, p. 121 y A. Arévalo op. ciÉ n. 9, 1997, pp. 199, 204, 208 y 209. M. Crawford. RRC. p. 596. ‘> Vide E Chaves, «La amonedación de Caura», Arqueología de Coria del Río y su entorno, Azotea 11-12, Coria del Río. 1993, pp. 68, 69; ibid. «Amonedación de las cecas latinas de la HispaniaUlterior» en Historia Monetaria de Hispania Antigua, cit. n. 9, Pp. 297-299. ¡6 Ibid. 993. Pp. 68-72; ibid. 1997, p. 295.
El papel de los «itálicos» en la amonedación hispana 299 Frente a una gran parte de cecas del Sur que siguen patrones próxi - mos a Roma, otras con relaciones más intimas con el mundo pánico siguen el que se utiliza en Gades 17 y otros establecimientos costeros, con la unidad 10-11 grs. Se observa un empleo consciente de este patrón en conjuntos de cecas con interesescomunes probablemente muy concretos y que se mueven en un mundo afín IB. En el s. 1 a.C., la teórica imposición en Roma del semiuncial con 13,50 grs. produce en la ceca oficial pocas amonedaciones desde 91 a.C. Sin embargo este descenso teórico de pesos sí se encuentra en la Ulterior, donde muchas cecas producenunidades en tomo a 7-10 grs. ‘~, e incluso ciudades donde se utilizaba el patrón púnico de 10-II bajan a 6-7 grs. 20 En lineas generales se observaque muchos gobiernos locales ordenan un sistema de pesos adaptable al de Roma segán el momento, al menos de una forma teórica, y esa voluntad se expresa en la aparición ocasional de marcas de valor típicamente romanas como la 5 de semis o los tres puntos del cuadrante21. Conlíeva a su vez un claro conocimiento del sis - tema romano de valores por parte de emisores y recipiendarios y una cir - culación real, aunque no sea mayoritaria, del bronce oficial de Roma, como los hallazgosrecientes dejan entrever 22~ TIPOLOGíA La tipología de las amonedaciones del Sur de la Península se presen - ta a simple vista como variada y no exenta de personalidad propia. La interpretación de los motivos que pudieron dar lugar a la selección de ‘7 C. Alfaro, Las monedas de Gadir/Gades. Madrid, 1988, pp. 76ss; ibid. «Las em¡ - siones feno-púnicas» en Historia Monetaria de HispaniaAntigua, ciÉ n. 9, pp. 90, 98. ~ F. Chaves, E. García Vargas, «Reflexiones en torno al área comercial de Gades: estudio numismático y económico», en Alimenta. Homenaje al Dr M. Ponsich, Madrid, 1991,pp. 139-168. “> F. Chaves, op. cit. n. 15, 1997, p. 298. Hay unaconsideración oportuna al hilo de estos comentarios acerca de los pesos: cuando nos referimos a medias «en torno a ¡3 grs.» se debe recordar que pueden incluirse igual si oscilan hacia 12 grs. que si lo hacen a 14 grs. En realidad lo más indicativo es su modelo o tamaño, que al ser aproximado pro - ducía una impresión semejante al que lo tomaba y por tanto, al Iratarse de un metal no noble, la aceptación llegaba a ser la misma sin considerarse estas diferencias de peso. 21> C. Alfaro, op. ciÉ, n. 17, 1997. p. 101. 2¡ Así enItuci, Carmo. Acinipo, Searo. Cilpe, Ilipa, Mirtilis, (‘orduba, Cumbaria, Carteia. 22 F. Chaves,«Consideraciones sobre los tesorillos de monedas de bronce en Hispa - nia. República e inicios del Imperio Romano II». Homenatge al Dr L. Villaronga, Acta Numismática 21-22-23, 1991-93, Pp. 267-284.
300 Francisca Chaves Tristán cada tipo tiene el peligro de verse lastradaconuna cierta carga de subje - tividad difícil de evitar totalmente. Sin embargo merece la pena repasar algunos de los tipos que servirán de ejemplo para comprender la proba - bledinámica del resto. Observaremos la ceca de Obulco ya que es una de las pocas que ha recI - bido un estadio monográfico y, por otra parte, de las más prolíficas de la zona en cuestión 23~ De los tipos utilizados el más repetido es una cabeza femenina con trenzado alrededor del óvalo de la cara y pequeño moño atrás 24~ La personalidad de los rasgos de esta figura, que se adorna nor - malmente con un collar de cuentas de una o más vueltas, es tan acusada, que nos hace pensar en la posibilidad de una esculturaindígena existente y cuyos rasgos esenciales se repitiesen a pesar de la mayor o menor pericia de los entalladores a lo largo del tiempo 25• Debió ser tan conocida que la misma imagen se copiaría en las cecas de Ulla y Carbula (V. XCIX, 1-5; CXIII, 2, 4, 5). Su asociación en alguna serie —V. XCIV, 5— a un creciente que también la acompaña en la mayor parte de las emisiones de Ulla, sugie - re unaposible divinidad astral, más concretamente lunar. El elemento vege - tal —no es claro si palma o espiga— situado en esta última ceca ante el ros - tro femenino, la reviste de un carácter frugífero. Hemos propuesto hace tiempo que esa figura exprese una divinidad indígena con un culto pnncí - pal en la Alta Andalucíaextendido por la cabecera y el Valle Medio del Guadalquivir 26~ Ciertamente el mencionado carácter astral y frugífero que parece serle propio entra en las acepciones de otras diosas, por ejemplo Tanit, cuya interpretación podría tambien esconder, pero creemos que ni los que seleccionaron el tipo ni la mayoría de los usuarios veían más que la divinidad adorada desde la cabecera del Betis. La personalidad estilística de los anversos se refuerza con la singularidad del tipo de reversos, donde la espiga, tan repetida en todo el Mediterráneo, cobra un sabor especial al combinarla en original composición con yugo o arado. En la serie 1127 la cabeza femenina se rodea de unacorona de peque - ñas hojas, que se utiliza también en la primera serie con nombres de magistrados indígenas (y. XCIV, 7) e incluso en anversos y reversos de 23 A. Arévalo. op. ciÉ n. 9,1987. 24 A. Vives y Escudero, Lo moneda hispánica, Madrid, 1923, XCIV-XCVI (citado en adelante en el lexto comoy). 25 Un análisis del estilo de estas cabezas en W. Trillmich, «Zwei Fundmtinzen von Morro de Mezquitilla>’, MM 18, 1997. pp. 72 Ss. 26 F. Chaves. MY C. Marín, «El elemento religioso en la amonedación hispana anti - gua», IX CiA!, Luxemburgo, 1982, pp. 669-670, 27 A. Arévalo, op. cii. n. 9, 1987, pp. 31. 32.
El papel de los «itálicos,> en la amonedación hispana 301 divisores con jinete(y. XCIV, 3, 4). Este recurso de sustituir la gráfila de puntos por unacoronaserá empleado en repetidasocasiones por cecas del Sur peninsular y sin embargo no había aparecido ni en amonedaciones cartaginesas —bárcidas o no— ni en las emisiones romanas hasta 131 a.C., donde en los denarios de Cii. Gelius de 138 a. C., unacorona de hojas de laurel rodea la cabeza de Roma 28• Sin embargo, las coronas enmarcando el tipo principal ya se habían utilizado en el Sur de Italia y en Sicilia 29, siguiendo una tradición griega frecuente además en el mundo helenístico. Como vemos, la ceca obulconenseutiliza el mencionado jinete lance - ro, que recuerda sin duda la amonedaciónibérica, pero también la figura del caballero, en sus más distintas acepciones, se había utilizado con gran éxito en Italia meridional y Sicilia 30• La misma idea del «caballero» reviste un sentido aristocrático de clase o élite aprehensible fácilmente por la sociedad indígena 31~ Una polivalencia interpretativa similar se encuentra en otro tipo, el jabalí (V. XCVII, 8, 9), que aparece asimismo en representaciones varia - das y sobre soportesdistintos —cerámica, metal, piedra etc.— en el mundo ibérico y es a su vez uno de los tipos utilizados en divisores de gran tira - da en la ceca de Castulo (y. LXVIII, 10; LXIX, 7, 9; LXX, 4; LXXI, 3, 5), que sería la másimportante de toda Andalucía. También el jabalí gozó de éxito entre los pueblositálicos y en monedas se utilizó reiteradamen - te en Apulia (Arpi, Ausculwn, Salapia), en Lucania (Paestum ), Campa - nia (Capua) y Sicilia (Agrigentum, Abacaenum) 32• 28 M. Crawford, RRC, n. 12, 232,1. 29 A partir de aquícitaremos ejemplos similares al tema mencionado en el texto pero en ningun caso tratan de ser exhaustivos. Laúrea puede verse en Italia ya en el siglo V en Terina o Region. llegando al siglo III a. C. en Rubi (Apulia): F. Catalli, Monete dell’Italia Antica, Roma, 1995, n.0 40, 50, 429. En Siracusa R. Calciatti, Corpus Nummorum Siculo - rum, 1983, vol. Il,p. 271-272, n.0 133 y 134, aunque en realidad es un tema helenístico muy repetido; a modo de ejemplovide las acuñaciones del siglo 11 a. C. en O. K. Jenkins, Mon - naies Grecques, Friburgo. 1972, Pp. 291-94, n.0 659,664,670,672,674,676. 30 Sin embargo es una tipología no empleada en el mundo púnico cartaginés ni en su etapa bárcida. En el norte de África sólo se dio con gran éxito en Numidia: 1. Mazard, Corpus Nummorum Numidiae Mauritaniae que, París, 1955, pp. 17 Ss. 3’ R. Olmos, «El surgimiento de la imagen en la sociedad ibérica», La sociedad ibéri - ca a través de la imagen,Madrid, 1992, p. 24; E Chaves y M.~ C. Marín, op. ch., n. 26, Pp. 668-669; M. Almagro Gorbea «Iconografíanumismática hispánica: jinete y cabeza varo - nil» en Lo Moneda Hispánica. Ciudad y territorio, AnejosAEspA, XIV, 1994, Pp. 53-64. 32 Arpi, Ausculum, Salapia. Capua, Paestum, Agrigentum (Ae s. III a. CÚ: R. Thompsen, Early Roman Comage, Copenhagen, 1957-61, p. 164. En monedas etruscas del siglo Va. C. segun F. Catalli, op. ch. n. 29, p. 18, insistiendo el autor en su tradición jónica, aunque esto último quedaría para esta época fuera de relación con nuestra zona.
302 Francisca Chaves Tristán Existentambien divisores con jabalí en Obulco cuyo anverso lo ocupa un prótomo de caballo,recordando este último las abundantes monedas his - pano-bércidas en bronce 33, sin embargo en la ceca indígena constituye una emisión corta. Series más copiosas serán las que llevan en el reverso un toro (y. XCVII, 1-6; XCVIII, 1-5), tipo que, de nuevo, vuelve a ser significativo en ambientes amplios 34. En Obulco sus anversos tienen un águila con las alas explayadasque utilizará también la ceca de Mirtilis (y. CXVI) ~ y que se había dado en repetidasocasiones en el mundo suritálico y sicilia - no: Capua, Locri, Velia (Lucania), Aretium (Apulia), en la amonedación de los Bretil de 208 a 205 a.C., en Sicilia (Agrigento y Siracusa) y tam - bién en Umbría (Tuder) y entre los etruscos 36, así como en el oro romano de fin del s. III a.C. ~ En series tardías obulconenses aparecen cabezas de Apolo (V. XCVII, 12-15; XCVIII, 1-5) sustituyendo a las figuras femeninas de corte indíge - na que veníamoscomentando más arriba y adoptan una iconografía muy puntual que se hará extensiva a otras cecas —Carbula (y. CXIII, 1, 3), Salpesa (y. CXIV, 1)— y que se caracteriza por un peinado de tirabuzones que Si es de notar la coincidencia entre Arpi, Ausculum y Celle donde se asocian jabalí y punta de lanza, como veremos más adelante. Abacaenum (Ag): Svlloge Nummorum Graecorum (citado en adelante SNG), Fitzwilliam (Sicily), Lám. XV, 383-385. También en sextantes de Roma (Aes grave) 280 a. C.: C. H. V. Sutherland, Monnaies Romaines, Friburgo, 1974, p. 27. Aparecen en el Norte de Africa en Macomada (J. Mazard, op. cii. n. 30, n.0 520,521) y en Cirta en una breve emisión realizada, precisamente cuando tras la derrota de Juba II, César había dejado la zona a merced de los soldados hispanos e itá - licos que mandaba P Sinius: ibid n. 30, p. 154, 158 n.’ 531. ~ L. Villaronga, op. cit. n. 7, p. 62. Pero no olvidemos que en el s. III nC. C. Taren - to utiliza el mismo tipo en sus bronces, como recuerda PP. Ripollés, «Les hérmidracmes d’Arse», BSFN, 1999 n 2, p. 19. ~‘ op. cit. n. 26, Pp. 666-667; ibid., «L’influence phénico-punique surl’icono - graphie des frappes locales de la Péninsule lbérique». Numismatique el histoire écono - mique phéniciennes el puniques(Louvain la Neuve, 1970). Studia Phoenicia IX, 1992, p. 191. 35 Mal atribuida por Vives a Murgis (en Almería),mientras que lecturas de monedas más completas indican que pertenece a Murrilis, la Mértola portuguesa. A. M. de Faria. «Moedas da epoca romana cunhadas no actual territorio portugués», Historia de Poru, - gal dirigida por JoaoMedina, vol. II, 1993, Pp. 192-196. 36 Por ejemplo, Capua. Velia, amonedación de los bretii, Agrigenro, Locri, Panormo, Etruria: R.Thompsen, p. 147;Areíium: R, Garrucci, Le,nonetedell Italia Antica, Roma, 1885 (reed. anast. Bologna. 1967), XCV, 3; Siracusa: SNG. Miinchen (Sikelia), Berlín 1981, n.0 1288 ; Tuder: SNG. C. Lewis, Cambridge, 1972, n.0 49. El éxito de! águila se debió en gran parte a la amonedación Ptolemaica. 37 C. H. V. Sutherland, op. cii. n. 32, n.0 34.
El papel de los «itálicos» en la amonedación hispana 303 popularizaría la abundante amonedación de L Calpunnius Piso en 90 a.C. 38, aunque ya se encontraba en series del 96 a.C. ~. Pero Apolo laure - ado era un tipo con antigua y larga tradición en el mundo monetario grie - go y, por ejemplo se había repetido en el s. III a.C. en bronces itálicos y sicilianos de Beneventum, Salapia, Lucena, Tyndaris, Siracusa etc. 40• Estas cabezas masculinas en Obulco continúan en otras emisiones con arado, espiga y yugo pero en Carbula y Salpesa se acompañan al rever - so de lira4’ e incluso arco y aljaba con lo que tienen unaprimera e indu - dable lectura iconográfica como Apolo. Si tras ellos se ha querido solapar otra divinidad, es siempre posible, pero no fácilmente aprehensible en estos últimos casos. Como vemos, en Obulco se utilizan tanto tipos de marcado corte indígena, como otros cuya iconografía tiene en principio una lectura clara dentro del lenguajereligioso clásico pero no se puede descartar alguna reinterpretación, y esa dualidad es una característica de muchas cecas del Sur Por citar algún ejemplo, recordemos que la piña es exclu - siva de Olontigi (y. LXXXIX, 2, 3, 6, II), el palmito de Laelia (y. CII,4, 6. 7) y la bellota de Ostur (y. CII. 1-6), pero frente a ello encon - tramos una iconografía de Mercurio, de corte greco-romano, en Carmo (V. C, 1, 7) o Halos (V. CXVI). Si bien Mercurio aparece ya caracteri - zado en los sextantesromanosdesde el inicio del últimocuarto del s. III a.C. 42, seria también popular en amonedaciones de Etruria (Populo - fha), Campania (Teanum Sidicinuun ), Lucania (Metaponto), Larinum o entre las oscas de los Frentani, apareciendo en sus bronces de hacia 280 a.C. ~El caduceo solo se encuentratambién en amonedaciones hispanas como en Carmo (y. C, 7). Este gozaba asimismo de largatradición y se había utilizado en Populonia, Cales, Metaponto,Hipponium y en Sicilia tras la conquista romana, en Aluntium, Calacte Cefalodium,Menaeutn, 38 M. Crawford, RRC, n.0 340. 3~ Ibid. n.’ 335, 1,2. 40 Tyndaris. Beneventum. Salapia, Lucena, Siracusa: R. Thompsen, op. ciÉ n. 32, pp. 142-143. También en didracmas romanas de 260-240 a. C. y ases de 260 a. C.: C. H. V. Sutherland, op. ciÉ, n. 32, n.0 17 y 37. “ Encontramos la lira como reverso en Umbría (Tuder), en Apulia (Canusium), en Campania (Rubi), etc. Tuder (Umbría): Catalogne of Creek Coins, Londres, (citado en adelante CCC), Italy, Tuder n.0 1; Rubi(Campania), Canusium (Apulia):SNG American Numismatic Sociery (citado en adelante ANS), Etruria-Calabria, lám. XVII, n.0 692-693. 42 M. Crawford. RRC, n.0 34, 5. ~ Populonia: CCC, Iraly, Etruria n.0 1; Teanum Sidicinum: CGC, Italy, p.1399, 1; Metaponto: R. Garrucci, op. ciÉ n. 36, CVI, 2; Frentani: E. Catalli, op. ciÉ n. 29, n.0 381 y en !-Jipponium. id. n.’ 142-143.
310 Francisca Chaves Tristán negocios privados e inclusoaprovecharse de forma más o menos direc - ta de la administración romana. Las clases superiores no se desplazan con esta finalidad durante la República ni explotandirectamente negocios en Hispania,pero hay otra clase más modesta de la queforman parte tanto soldados —a menudo excampesinos— como negociantes de diversa índole y ellos sí se arriesgan a permanecer fuera de Italia, sin queeste movimiento se realice necesa - riamente a través de una «colonización» oficial que, salvo excepción, tendría lugar para la Península Ibérica en el s. 1 a.C. Ese mundo interme - dio se irá introduciendo a nivel particular en las estructuras indígenas locales, e inclusopodrían gozar en estos ambientes de una consideración especial, ya que en su mayoría poseen al menos el ¡us latil, a diferencia de los hispanos que permanecen peregruni. Una de las actividades en que se ha probado con claridad que inter - viene este grupo es la relacionadacon la producción y comercialización del sector minero y los centros de abastecimiento y mantenimiento del mismo. Con respecto a ello no es importante durante la Repáblica solo la zona de Castulo sino que, en otra escala, se potencian también minas extremeñas hoy mejor conocidas <7, Estudios recientes atestiguan que frente a explotaciones de tipo muy local y reducido, existen societates como la societas baetica arsensis o la societas fonnacensis baetica 68 Lugares como Onuba,Ituci, lupIa, Caura etc. desempeñan su papel en la salida del mineral de la zona de Huelva y Aznalcóllar 69, Excavaciones recientes como la de M. Belén en lupIa (Niebla) lo ponen de manifiesto ~<>. En otro lugar hemos analizado el problema de uso que plantean estas monedas de bronce, que sólo pueden aplicarse a una función muy concreta y limitada para pagos puntuales, que flexibilicen un sistema de cambios 71, 67 Sobre la presencia temprana de itálicos en esas minas, A. U. Stylow. «El Municipiu~n Flavium y.. de Azuaga (Badajoz) y la municipalización de la Baeturia Turdulorum», las Lotti y derechos indígenas en Hispania, HistoriaAntigua,Studia Histo rica IX. 1991, p. 25. 68 F. J. Jiménez Avila, «Notas sobre la minería romano-republicana bajoextremefla: las explotaciones de plomo en laSiena de Hornachos (Badajoz)»,Anas 2-3. 1989-90, Pp. 124, 126. 69 F. Chaves y E. García Vargas, «Gadir y el comercioatlántico a través de las cecas occidentales de la Ulterior», Arqueología en el entorno del Bajo Guadiana, 1 Encuentro internacional de Arqueólogos del Suroeste, Huelva, 1994, Pp. 375-392. ‘~ M. Belén y 1. L. Escacena, «Niebla (Huelva). Excavaciones junto a la Puerta de Sevilla (1978-1982). La cata 8», Huelva ArqueológicaXIII, 1990, p. 233 y n. 9, p. 234. “ E.. Chaves, op. cit. n. 6; ibid. «The Iberian and Early Roman Coinage of Hispania Ulterior Baetica» en 5. Keay (cd.), The Archaeology of Early Roman Baetica, Joumal of Ronían Archaeology. Supplemcntary series,Rhode Island, 1998, Pp. 167-169.
El papel de los «itálicos» en la amonedación hispana 311 Las amonedaciones de cecas emplazadas en esas zonas, con un fuerte movi - miento económico que implica además servicios —y pagos menores—, podrían ser una respuestapara solventar situaciones de necesidad de numerario en un ambiente que ya apreciaba y usaba al menos de forma parcial, una eco - nomía monetaria. Involucrados en élestarían lógicamente los gestores, o en todocaso mediadores, de esta explotación de recursos que, según indicios, debían ser los paniculares llegados del mundo itálico. A este respecto no se entienda que negamos la posibilidad de un control de estos recursos por el mundo de las aristocracias indígenas, al menos durante un cierto tiempo y en lugares determinados. Pero tampoco puede olvidarse que Roma era, según su derecho, la propietaria de toda esta riqueza en explotación y su pre - sencia, aunque en muchos casos estuviese canalizada a través de elementos privados, tuvo que hacerse notar en seguida 72• HALLAZGOS De esa situación en que la moneda de bronce juega un papel real en los intercambios del Sur de Hispania durante la República, nos da una idea el conjunto de tesorillos que hoy vienen sistematizándose. De los siete cono - cidos conocultaciónque no rebasa los inicios del s. 1 a.C., en tres la mone - da oficial de la ceca de Roma se guarda en compañía del numerario pro - cedente de las cecas indígenas que, como veíamos líneas arriba, tiende a homogeneizar su tamaño con la moneda romana, de manera que el canje entre ambas sea más fácilmente aceptable ~. En el s. 1 a.C., cuando apenas hay bronces de la ceca de Roma, se tesau - riza sólo moneda peninsular, pero es interesante la frecuente inclusión de piezas fraccionarias que indican una economía monetal más avanzada. Esta circulación de numerario de la que es un pálido reflejo el con - junto de tesorillos mencionados, tiene quizás mejor expresión en un hallazgo reciente ~ Se trata de un pequeño lote desenterrado a orillas del Guadalete en la zona de Jerez de la Frontera, compuesto por 15 monedas de las cuales, dos pertenecen a la ceca de Cartela conunacronologíaque 72 E Chaves, Tesoros en el sur de Hispania. Conjuntos de denarios y objetos de plata durante los siglos uy la. C., Sevilla, 1996, pp. 569-600. ‘3 E. Chaves, op. cit. n. 22. passin. “ Ibid., «Hallazgo de un conjunto monetal a orillas del Guadalete (Cádiz)», Studia Paleohispanicas Unterrnann ab amicis Hispanicis oblata. Aura Saecula, Barcelona, 1993. pp. 117-118.
312 Francisca Chaves Tristán no rebasa el 70 a.C. y las otras pertenecen todas al grupo de imitaciones de moneda oficial romana, cuya ejecución puede atribuirse al Sur de la Península Ibérica. En principio no parece fácil asignarías a estableci - mientosindígenas que tienenposibilidad de emitir con su propio nombre y una tipología de su elección. Al utilizarse tipos romanospero a su vez introducirse algunos elementos diferenciadores —uso de la grafía más antigua de la A, posición diferente de la 5, leyendas retrógradas—, se advierte una voluntad de no hacer pasar esas piezas por monedaoficial. es decir existe la intención de acercarse a ella pero sin ánimo de falsifi - caría. Se podría pensar en grupos de inmigrantes venidos de Italia que no fonnabanparte de una ciudad indígena que amonedase, pero que en determinadas circunstancias necesitaban un numerario menor para algu - nos pago de poca altura y recurrían a esta sencillaamonedación. CONCLUSIONES Con todo lo dicho hasta aquí, se observa que explicar las cecas locales de la Ulterior como resultado de un proceso lineal de aculturación es demasiado simple. El estudio directo de las monedas revela una serie de factores de procedencia diversa en la historia del funcionamiento de cada ceca, e ilustra a su vez alguno de los mecanismos que ponen en marcha el mencionadoproceso. Antes de la II Guerra Pánica, en el Sur de la Península Ibérica ningu - na comunidad había necesitado numerario al no estar insertas en un sis - tema de economía monetaria. La únicaexcepción fue Garles, donde ni el material acuñado ni su usoalcanzaron un volumenconsiderable, limitán - doseprobablemente a pagos puntualesrelacionados conla manipulación de sus conservas y pesquerías. Es obvio que el fenómeno monetario se produjo prácticamente en paralelo con la presencia de Roma, pero el problema es conocer por qué cauces. Para ello interesa observar el inicio del funcionamiento de las cecas y en especial de las más antiguas. Las únicas que debían estar amo - nedando antes de la conquista definitivaeran Garles y en todo caso Cas - tulo. Ambas,tras la derrota cartaginesa, siguieron con sus inscripciones en escritura local. Sin embargo, es muy significativo que las primeras amo - nedaciones de Obulco y, si se prueba su antiguedad, de Florentia, que más adelante emplearían alfabetos indígenas, utilizaran primero el latín. Es un indicio que las presenta como promovidas por personas que hablaban latín y no 1:1 lengua local. Pero no parece razonable que el Estado romano, en
El papel de los «itálicos» en la amonedación hispana 313 un momento tan incipiente de la conquista, cuandoaún ni se había reali - zado la organizacióncatoniana de 195 a.C. interviniese en un tema tan secundario como unas cortas amonedaciones locales en bronce. Como en tantos otros casos, la política de laissezfaire debió ser la practicada a este respecto. Se ha repetido en múltiples ocasiones la cita de Diodoro (5, 36, 1-3) en la que se menciona a los «itálicos» lanzándosecon avidez a negociar en la Península. También se ha insistido reiteradamente en que fueron ciertosgrupos de habitantes de la PenínsulaItálica y aun los de Sicilia75 quienes llegaron a establecerse o probar fortuna, mientras los romanos y en especial los de clases más acomodadas aguardarían a épocas posterio - res y más pacíficaspara invertir en Hispania 76• Fueron en su mayoría comerciantes medios o pequeños y soldados licenciadosque permanecían a título privado, aprovechando las relacio - nes establecidas aquí77y probablemente invirtiendo de algunamanera su ganancia lii sim, concentrados en puntos estratégicos donde se pudiera acceder mejor a la manipulación de bienes, y así iban adquiriendo una influencia real sobre esos centros. Cierto que en los momentos iniciales y probablementedurante buena parte de la República, Roma dejó en manos indígenas la explotación y canalización de aquellosrecursos que no podía controlardirectamente sin hacer un esfuerzo notable. Pero, ateniéndonos al estricto derecho roma - no, los habitantes de la Ulterior en su inmensamayoría, como peregrini, no podían ser possesores de los bienes,que eran en realidad propiedad del Estado. Resultaba así una puerta abierta a la presencia e intervención más o menos justificada de los soldados-campesinos y negociantesque podían encontrar fórmulas directas paraintroducirse en el manejo de los recursos78. No es aventurado pensar quepromocionasen ante los gobier - nos indígenas locales la puesta en marcha de emisiones monetales. ‘~ Ni el origen ni la clase social eran óbice para formar parte de los negotiato res. Sólo la riqueza establecía unajerarqufa entre ellos: C. Delpíace, «Publicans, traf¡quants et finan - ciersdans les provinces d’Asie Mineure sous la Republique»,Ktema 2. 1977, p. 241. ~6 J~ Muñiz, El sistema fiscal en la Hispania mmana, Zaragoza, 1982, p. 108. ~ No olvidemos que una concentración de familias de soldados que actuaron en la Península dio lugar en 171 a. C. a la colonia latina libe rtinorwn de Cartela (Liv. XLIII, 3). 78 Cieno que en época imperial, latifundio y magistratura local, difícilmente coinci - den, como se adviene estudiando la biografía de senadores y caballeros béticos: J. E.. Rodríguez Neila, Sociedad y administración local en la Bética romana, Córdoba, 1981, 173-174. Sin embargo el panorama debió razonablemente ser distinto en los primeros tiempos y durante buena pane de la República: el binomio «dinero»-poder, dicho en acti - va o en pasiva, debió favorecer la aproximaciónentre los recién llegados —cuyo origen
314 Francisca Chaves Tristán De hecho, un análisis de los emplazamientos geográficos de los luga - res que amonedaron durante la República en el Sur de la Península, mues - tra como no coinciden en muchos casos con los núcleos importantes pre - rromanos, sino que se sitúan en puntos donde la explotación, canalización o comercialización de los recursos naturales estaba garantizada, es decir, donde se concentraba el negocio. Las inscripciones monetales presentan unaaristocracia indígena en el poder, con la que poco a poco se mezclarían aquellos venidos de Italia, originariamente de clase social inferior,pero enriquecidos en Hispania y avalados siempre por el hecho de acompañar a los dominadores. La selección de los tipos hace ver que, si bien en ocasiones existió la idea expresa de plasmar elementos relacionados con el carácter ciu - dadano, en tantas otras se escogióuna tipología con un significado adap - table a ambientes culturales diversos y con cierta frecuencia se utilizan iconografias ambivalentes, con un origen helenísticoque según la ópti - ca cultural del usuario, pueden adquirir significado de carácter clásico, local o pánico. Es cierto que en buen número de cecas que amonedaron en el s. II a.C. se observa cómo a medida que las comunidades locales fueron aceptan - do la moneda de bronce como «valor», parece que se produjo un intento de «indigenización» de la misma, acentuado en el uso de alfabetos no latinos. Es un fenómeno temporal que en el áltimo tercio del siglo se iría apagando: nombres de magistradosindígenas latinizados, e incluso nom - bres latinos que no parecen pertenecer a indígenas que los hubiesen toma - do mediante las clientelas, sino que tienen un origen claramente itálico, como itálico seria quizá el magistradoque hubiese ordenado la emisión. La metrología cada vez sigue más de cerca a la romana incluso en el caso del s. 1 a.C., cuando se utiliza el patrón teórico semiuncial por ser el ofi - cial, a pesar de que la propia Roma no emitía entonces en bronce. En los tipos se acrecientauna aproximación a la canteraclásica, pero no nece - sariamente —aunque en algán caso puede ocurrir— poniendo los ojos en las emisiones de la ceca romana. Repetidas veces se recurre a iconogra - fías o tipos muy bien conocidos en la zona de procedencia de los InmI - grados, entre las que parecedesempeñar un papelimportante Campania. Ello no es óbice para que el tipo o iconografía escogida se pueda —o no— asimilar en la ciudad hispana con una divinidad o tradición local. no solía ser muy elevado pero tenían fim~es posibilidades de enriquecimiento— y los nobles locales, ávidos de aliarse con quien pudiera apoyarles en el mantenimiento de su status.
El papel de los «itálicos>’ en la amonedación hispana 315 Con estas claves hay que leer el papel desempeñado por los itálicos tnmigrantes, quienes, cuando no eran suficientemente numerosos para establecerse con categoría de «grupo», irían modelando de forma parti - cular los gobiernos locales. En nuestra opinión, no debieron dejar pasar la oportunidad de inmiscuirse en las oligarquiasdominantes en las ciu - dades, pero con la habilidad de no intentar anularlas, por el contrario, de integrarse mutuamente. Actuarían como auténticos catalizadores en el proceso de aculturación y la intensidad de su influencia vendría dada por la resistencia que ofreciese la base indígena, que sería distinta segán zonas y circunstancias. Así, desde su posiciónpudieron influir impulsan - do y canalizando las amonedaciones locales. El tesorillo del Guadalete, y en general estas imitaciones,muestran que en el Sur se podía necesitar en ciertos momentos un numerario de urgencia para la organización de algunos pagos o negocios que requerían moneda fiduciaria. Pero siempreque fuera posible, el mejor camino sería unaamonedaciónciudadana ordenada por el gobierno local. En definitiva, en las ciudades o establecimientos del Sur peninsular parecedetectarse unapluralidad de influencias, capaces de producir esas emisiones monetales que incardinan factores en apariencia mixtos, pero explicables teniendo en cuenta que la organización ciudadana, y la socie - dad en general de ese momento, no pueden definirse unilateralmente.