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Antropología y participación pública: el caso de la masa de agua subterránea Osuna-Lantejuela

Acosta Naranjo, Rufino; Zamora Acosta, Elías

Abstract

La participación pública emerge como uno de los asuntos relevantes en las directrices de la Unión europea sobre la acción de gobierno. En el caso concreto del agua, la Directiva Marco del Agua lo establece explícitamente a la hora de llevar a cabo la planificación hidrológica. En ese campo de la participación, cada día más amplio y necesitado de fundamentación y desarrollo, la Antropología, en este caso aplicada, dispone de recursos teóricos, metodológicos y técnicos para afrontar los retos que se plantean. Para apoyar esta pretensión de la Antropología, se da cuenta en el presente artículo de la gestión del proyecto piloto de participación pública en la masa de agua Osuna-Lantejuela.

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· 47 · ANTROPOLOGÍA Y PARTICIPACIÓN PÚBLICA. EL CASO DE LA MASA DE AGUA SUBTERRÁNEA OSUNA-LANTEJUELA Rufino Acosta y Elías Zamora (Universidad de Sevilla) 1. Introducción La participación ciudadana en los procesos de toma de decisión de las administraciones públicas se está convirtiendo en los últimos años en una de las cuestiones centrales en la discusión acerca de cómo deben gestionarse los asuntos colectivos. La aparición de esta forma de abordar la cosa pública, que supone la conversión de la democracia representativa en democracia participativa, implica no sólo un cambio radical en la forma en que los responsables de la Administración deben tomar sus decisiones, sino también una transformación en la actitud de los ciudadanos hacia lo colectivo y en el modo en que deben ocuparse –y preocuparse– de ello. Los sistemas democráticos pueden experimentar en este sentido un ResUMeN La participación pública emerge como uno de los asuntos relevantes en las directrices de la Unión europea sobre la acción de gobierno. en el caso concreto del agua, la Directiva Marco del Agua lo establece explícitamente a la hora de llevar a cabo la planificación hidrológica. en ese campo de la participación, cada día más amplio y necesitado de fundamentación y desarrollo, la Antropología, en este caso aplicada, dispone de recursos teóricos, metodológicos y técnicos para afrontar los retos que se plantean. Para apoyar esta pretensión de la Antropología, se da cuenta en el presente artículo de la gestión del proyecto piloto de participación pública en la masa de agua Osuna-Lantejuela. PALABRAs cLAVe: Antropología. Participación pública. Planificación hidrológica. ABsTRAcT Public participation rises as one of the main issues in european guidelines for governance. in this sense, water resources management is directly affected by the eU Water Frame Directive, which establishes public involvement for hydrological planning. Participation becomes a growing research field, with its grounding and developing necessities, and applied Anthropology offers theoretical, methodological and technical resources to assume this emerging challenge. To underpin this aim in Anthropology, this article yields results of the public participation pilot project management related to the so called “water mass of Osuna-Lantejuela”. KeY WORDs: Anthropology, public participation, hydrological planning. Anduli, 8 (2009), 47-66 Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 8 – 2009 · 48 · considerable avance, y eso es especialmente interesante para el caso de España, donde sólo hace treinta años que nos dotamos de un sistema democrático y de una Constitución que garantiza los derechos y libertades de los ciudadanos, entre otros el derecho a la participación política. Este proceso se ha desarrollado de forma paralela a la visualización de las carencias del modelo de democracia representativa, que se evidencian en una progresiva desafección de los ciudadanos de los procesos electorales, convertidos en gran parte en rituales con una enorme dimensión mediática, en un distanciamiento de los partidos y los políticos y, en general, de la intervención en asuntos que estén más allá de la vida privada y familiar. Esta falta de participación no refiere sólo al ámbito de lo político, circunscrito desde un léxico perverso al mundo de la arena política y las administraciones, sino al de lo político en tanto que social, que se manifiesta en un gran desapego respecto de la discusión y gestión en ámbitos inmediatos, como el pueblo, el barrio, la escuela o el centro de trabajo. No sólo hay lejanía de las instituciones sino falta de implicación en los ámbitos más cercanos de interacción y sociabilidad donde, sin necesidad de delegación de la representación, se podría intervenir. Esta falta de consideración de lo público como algo también propio es generalizada en España, aunque con diferencias notables entre regiones, y se manifiesta tanto en la cultura (in)cívica como en la falta de interés e implicación personal en las responsabilidades colectivas o en la desconfianza o valoración negativa de las instituciones. Una historia de autoritarismo, de control político desde unas élites antidemocráticas y opresivas, además de la propia estructura de clases en algunos territorios, ha tenido sin duda que ver con ese elemento central de nuestra cultura. En cualquier caso, tanto en España como en el resto de Europa se plantea desde los movimientos sociales –y también desde algunos sectores de la política (formal) y de la Academia– la necesidad del ejercicio efectivo de la ciudadanía y la implicación de los ciudadanos en la cosa pública. La idea de que esta participación ciudadana resulta una condición ineludible de las sociedades avanzadas se ha introducido de tal modo que el término gobernanza, elaborado en la ciencia política en parte desde la idea de modernización reflexiva (Giddens et al., 2008) y, con el contenido específico de participación pública en la gestión de los asuntos comunes como sinónimo de buen gobierno, ha pasado a ser de uso común en gobiernos y gabinetes técnicos. A su vez, en distintos ámbitos se enfatiza la diferencia entre democracia representativa y participativa, o se habla de democracia radical (Calle, 2007). Esta nueva orientación de la acción política plantea a los responsables políticos varios problemas, entre los que no es menor el que implica la creación de una estructura específica para hacer efectiva la gobernanza de la que se habla –lo que en la práctica significa incremento de burocracia y más plazas de empleados públicos– y la formación de expertos en la conducción de esta nueva práctica política. También nos enfrenta a la resolución del dilema que se plantea entre optar por asumir el proceso desde las estructuras administrativas o delegarlo en la sociedad civil –para lo que hay que dotarla de recursos suficienteslo que supone en definitiva dar mayor espacio a la sociedad y también perder poder y control sobre los procesos y las decisiones. · 49 · Artículos · Rufino Acosta y Elías Zamora Se desarrolla aquí un nuevo campo, y con un doble sentido. Por un lado, tenemos una nueva área de trabajo, un nuevo espacio, que hasta ahora no existía, una nueva temática, La otra acepción de la palabra campo, en términos de Bourdieu, refiere a un espacio de lucha entre distintos actores. Este campo de disputa lo es a su vez para diversos tipos de intereses. De un lado está la arena donde pugnan por hacer prevalecer su punto de vista los agentes sociales con intereses en las decisiones sobre el asunto que es objeto del proceso participativo. De otro lado está la lucha entre profesionales de distintas disciplinas que aspiran a tener un lugar en el diseño y gestión de dichos procesos. Es en esta última cuestión en la que centramos las páginas que siguen, al efecto de mostrar las credenciales de la Antropología al respecto. 2. El papel de la Antropología en los procesos de participación A diferencia de lo que sucede en otros lugares, en España –por causas que podrían ser imputadas tanto a los académicos como al general desconocimiento de la sociedad sobre lo que la disciplina puede aportar– la Antropología ha estado durante mucho tiempo enrocada en los cantones académicos y dedicada -con algunas excepciones- a la sola elaboración teórica, a la investigación básica, imprescindible pero no suficiente para una disciplina que dice querer estar presente y ser visible en la sociedad, en la vida de las gentes. La delectación en la soledad reflexiva, muchas veces forzada; la exquisitez intelectualista; el autoatribuido papel prometeico de héroes intelectuales, desveladores de fantasmagóricas pantallas culturales mistificadoras de la realidad para los ignorantes ciudadanos; el interés principal en la reproducción ampliada del staff académico –a menudo a través de la endogamia en los departamentos–; y la idea de pureza ideológica que conlleva no implicarse en transacciones con la realidad y con la gestión de la misma, so pena de ser vistos como sicarios del poder por los guardianes de fatuas llamas sagradas, ha llevado a la actual situación de crisis de la Antropología en España en un momento en el que la universidad debe afrontar inaplazables reformas, entre las que no aparece como un asunto menor la idea de que la universidad debe centrarse –al menos en la primera etapa curricular de los estudiantes– en la formación para la práctica profesional en aquellos ámbitos que sean reconocidos y demandados por la sociedad. En estas condiciones, la Antropología no ha mostrado suficientemente a la sociedad española todo lo que es ni para todo lo que sirve1, y nada tiene esto que ver con una supuesta esencia impugnadora y rebelde, tan falsa como se demuestra sólo con ver que casi ni ha sido capaz de objetivarse a sí misma en el desempeño de su ejercicio durante décadas y mostrar sus miserias, que no son pocas. Tiene que ver sobre todo con la incapacidad de los antropólogos para implicarse en los problemas reales de la sociedad en la que viven y en su solución, en la inoperancia 1 En este sentido son interesantes los parráfos que M. Edelman y A. Haugerud dedican en la introducción a la obra The Anthropolology of Development and Globalization (Edelman y Haugerud, 2005: 46-49) a las posibilidades de la Antropología en la resolución de problemas sociales y a cuál ha sido la actitud de muchos de los antropólogos académicos hacia esta orientación práctica de la disciplina. Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 8 – 2009 · 50 · para dar cumplida cuenta de sus aptitudes, capacidad de mirada antropológica y competencias, que no son pocas. Y es precisamente con la intención de contribuir a hacer visible a Antropología en la sociedad que exponemos el caso del proceso de participación pública sobre la masa de agua de Osuna-Lantejuela que hemos promovido y gestionado desde el grupo de investigación «cultura, ecología y desarrollo de pequeños territorios» de la Universidad de Sevilla. En efecto, en el ámbito de las especializaciones de la Antropología, uno de los campos que más desarrollo está experimentando en las dos últimas décadas es el de la Antropología Ambiental o Ecológica, fenómeno auspiciado precisamente por la magnitud que los problemas ambientales están alcanzando y por la preocupación pública por ellos. La dimensión planetaria que tiene la crisis ecológica y la necesidad de implicación transnacional y transcultural que requiere –porque en esa escala y con esas interrelaciones se manifiesta–, nos pone ante la naturaleza misma de los problemas que afronta el mundo actual, con la dificultad añadida de que para este tipo de asuntos de la sociedad del riesgo no sirven los medios y los instrumentos hasta ahora existentes porque son propios de una época ya periclitada (Beck, 2006). Afectar a países, pueblos y culturas distintas es una dificultad más que mediana y en ella, en la definición transcultural de los problemas y en el arbitrio consensuado de sus soluciones, tiene un papel singular la Antropología, precisamente por ser la disciplina más preparada para tratar las perspectivas interculturales (Milton, 1997). Se alcanza así una nueva dimensión de las ideas que Habermas desarrolló en torno a la razón comunicativa (Habermas, 1981; Leff, 2004) acerca de la búsqueda de consensos sobre fines en la que habrían de trabajar las Ciencias Sociales, en este caso posibilitando medios de conocimiento y códigos para el acuerdo entre individuos dentro de la sociedad, pero también entre sociedades de un mundo cada vez más estrechamente interconectado, interrelacionado. La dimensión de los asuntos, las grandes escalas con las que se ha de trabajar, suponen un problema adicional para la Antropología, circunscrita por voluntad propia hasta hace no demasiado tiempo al estudio de las pequeñas comunidades y con metodologías y técnicas exclusivamente cualitativas. No obstante, ya en otros campos los antropólogos han empezado a romper tabúes y avanzar en el manejo de las nuevas realidades culturales, a través de etnografías multisituadas, de metodologías de análisis de redes, de adaptación de métodos como el biográfico a grandes colectivos, de utilización del «grupo de discusión» como manera de aprehender los discursos de conjuntos sociales en las sociedades urbano-industriales, del estudio de la sociedad red y la cultura de masas y los medios de comunicación, para crear nuevas condiciones de posibilidad del trabajo de campo en los actuales contextos, frente a realidades sociales a veces inestables y delicuescentes (Marcus, 2001; Molina; 2001; Pujadas, 1992; Cruces, 2003; Bauman, 1999; Ganuza, 2007). Eso sin dejar de considerar que hasta los hechos más globales finalmente son plasmados, reformulados, redefinidos, apropiados y creados a escala local. Y ahí vuelve a ser posible poner el conocimiento antropológico a trabajar (Edelman y Haugerud, 2005: 46), desplegar el acervo de saberes y habilidades que la Antropología desarrolló en los estudios microsociales, aunados ahora a los aprendidos en el desafío de las grandes escalas, en · 51 · Artículos · Rufino Acosta y Elías Zamora una lógica de resiliencia que es también aplicable a las disciplinas como sistemas dinámicos, en este caso expertos. En la actualidad, dentro de cada sociedad, dentro de cada localidad, por pequeña que sea, siempre hay diferencias culturales, perspectivas disímiles sobre los mismos hechos, diferente relación con el medio y sus elementos –por no llamarles recursos y mercantilizar su naturaleza de partes del ecosistema–. Por supuesto, existen diferentes intereses que germinan en conflictos, en disputas por ellos, pero el conflicto, si bien no es intrínseco al sistema social, no necesariamente ha de verse como negativo, incluso tiene una dimensión estructurante y creativa. Se trata de gestionarlo, no de sublimarlo o magnificarlo, pues todo equilibrio es encuentro y nivelación de tensiones –como desde la poesía nos enseñó el cordobés Mario López en su universo de pueblo–, sin caer en la ingenuidad de la inexistencia de desigualdades, estructuras de poder y violencia, aunque sea simbólica. En esta circunstancias, frente al constructivismo y al relativismo extremos que han marcado una buena parte de la producción antropológica en el último decenio, en parte como reacción a los excesos cometidos desde algunas posiciones objetivistas, y que impiden la comunicación entre culturas –o incluso niegan tal posibilidad–, es preciso adoptar posiciones próximas al «constructivismo cauto» (Dunlap, 1997) o al estructuralismo constructivista propuesto por Pierre Bourdieu en su teoría de las prácticas sociales (Bourdieu, 1991) que permiten comprender las dimensiones estructurales de los fenómenos, al tiempo que no se obvian los esquemas a partir de los cuales los individuos y los grupos que comparten historias y posiciones sociales, orientan su acción, llevan a cabo elaboraciones culturales sobre una base objetiva, teniendo en cuenta que, de cualquier manera, la comunicación existe y es un hecho cotidiano (Milton, 1997). El problema que se plantea entonces es el de sobre qué bases se produce la comunicación, con qué reglas y entre quiénes. Esa posibilidad de diálogo es más evidente dentro de una misma sociedad, entre grupos que mantienen distinta relación con los recursos, diferentes intereses, distintas posiciones de clase, género o incluso etnia, pero con unos códigos en cierta medida compartidos y con una experiencia histórica básica común. Es en este ámbito donde vamos a movernos a través de nuestro caso de estudio. Y aquí volvemos a encontrar las ventajas de la Antropología, como disciplina avezada en el estudio de la diferencia, del entendimiento de las diversas producciones culturales, entrenada para entender las diferentes visiones de la realidad y los distintos discursos sobre ella, estudiándolos en su contexto más allá de las valoraciones que éstos merezcan a unos u otros, haciendo un ejercicio de extrañeza cuando se trata de nuestras propias realidades culturales, de nuestra sociedad, y buscando constantes y diferencias a través de la comparación de lo que sucede en lugares diversos. Eso habilita singularmente a la Antropología y a los antropólogos para desempeñar tareas de mediación, de catalización de procesos de participación, haciendo uso previamente de métodos y técnicas con que indagar en el entorno sociocultural en el que se sitúa el problema acerca del que se trata. Puede así conocer las distintas posiciones de las partes implicadas, sus argumentaciones, intereses, situaciones y discursos, sus lógicas comunicativas, los factores que inhiben y favorecen la participación y la negociación y, en su caso, Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 8 – 2009 · 52 · la consecución de acuerdos. La Antropología está especialmente versada en la aprehensión y análisis de los saberes locales, del conocimiento de los distintos grupos, el de los sistemas expertos y el de la gente corriente, las lógicas lógicas y las lógicas prácticas (Bourdieu, 1991), permitiendo plantear el diálogo de saberes y la definición compartida de las reglas del juego. Para llevar a cabo estos trabajos, la Antropología tiene que afrontar ciertos retos, alguno de los cuales suponen incluso redefinir cierta forma de hacer que parece haber sido uno de sus rasgos diacríticos, una de sus señas de identidad como una disciplina. Es necesario conseguir que los antropólogos que trabajen en estos espacios y problemas adquieran las capacidades necesarias para la realización de estudios previos a los procesos participativos que no necesiten de los largos, larguísimos tiempos a los que históricamente ha estado acostumbrada la Antropología. Los requerimientos de la sociedad, las demandas de las agencias que precisan de la información para tomar decisiones y alcanzar sus objetivos, como suele suceder, y lo apremiante a veces de la toma de decisiones, es algo tan acuciante y galopante como las manifestaciones de la crisis ecológica y no permiten investigaciones artesanales de una morosidad proustiana, asociadas a la idea de antropólogos solitarios y meditabundos. Otro desafío es el del trabajo con nuevas tecnologías y fuentes de información, como los Sistemas de Información Geográfica. Relacionado con esto está el asunto de la colaboración o asociación con otras disciplinas y el entendimiento con otros profesionales, como geógrafos, ingenieros, hidrogeólogos, agrónomos, economistas, ecólogos, ambientólogos, sociólogos, pedagogos u otros, según sean los casos. Los hechos demuestran que esto es posible (Edelman y Haugerud, 2005: 47) y que los antropólogos pueden gestionar, y de hecho lo hacen, procesos de participación en que se cuenta con estos profesionales y que pueden tener este papel de coordinación habida cuenta de su mirada de extrañamiento y acercamiento sucesivamente a los grupos, sus intereses y discursos, y de su aproximación holística a los hechos humanos, lo que permite integrar las distintas especializaciones, habilidades y conocimientos. El caso que vamos a presentar y discutir en las páginas que siguen es un intento de mostrar el potencial que tiene la aplicación de los conocimientos de la Antropología en la generación de procesos participativos y cómo es posible afrontar los retos a los que hemos aludido en los párrafos anteriores. 3. LaparticipaciónpúblicaenlagestióndelaMasadeAgua 05-69 (Osuna-Lantejuela) En octubre del año 2000, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión aprobaron la Directiva 2000/60/CE2, también conocida como Directiva Marco del Agua, por la que se fija un ámbito comunitario de actuación en lo que tiene que ver con la política de aguas. Por medio de esta Directiva, la Unión Europea determinó un marco para la protección y la gestión de las aguas que, sobre todo, establece 2 Diario Oficial n° L 327 de 22/12/2000 p. 1-73. · 53 · Artículos · Rufino Acosta y Elías Zamora una normativa básica y común en la definición de las aguas europeas y de sus características, por cuencas y demarcaciones hidrográficas, así como la obligación de establecer de planes de gestión y programas de medidas apropiados para cada masa de agua. En lo que nos interesa a los efectos de este trabajo, la norma europea dispone que “los Estados miembros fomentarán la participación activa de todas las partes interesadas en la aplicación de la presente Directiva, en particular en la elaboración, revisión y actualización de los planes hidrológicos de cuenca”3. Este énfasis en la participación de todas las partes interesadas en el estado de las aguas es uno de los aspectos más novedosos de la norma y uno de los que más problemas plantea a la hora de la implementación de los nuevos Planes Hidrológicos. De los cuatro niveles de participación que comúnmente se distinguen –información, consulta, concertación y adopción de decisiones (Colino y del Pino, 2003)– la normativa comunitaria obliga a los dos primeros, lo que está suponiendo no pocos problemas a los equipos técnicos encargados de redactar los planes, habida cuenta su falta de experiencia en este ámbito. Hay que tener en consideración, además, la fuerte inercia tecnocrática de los gestores de un área en la que han sido habituales las grandes infraestructuras, las enormes escalas, la magnitud y trascendencia de las actuaciones en el tiempo y el espacio, la necesidad de formación técnica muy especializada para ello y el poder y la capacidad de decisión de los ingenieros de obras públicas al respecto. Se ha tratado por tanto de una participación que a los gestores tradicionales les ha venido en gran parte impuesta y a la que han tenido que hacer frente con distinta disposición y ganas. Fue ésta una realidad que nos resultó posible conocer a lo largo de nuestra experiencia en la que, junto a las inercias derivadas de la situación anterior, también pudimos percibir el enorme interés de los gestores por conocer el tema y poder diseñar y ejecutar las acciones participativas en las distintas Confederaciones Hidrográficas del país, superando el desconcierto y las incertidumbres iniciales de trabajar en un tema para el que no se había preparado previamente a buena parte de ellos. En este contexto, el entonces denominado Ministerio de Medio Ambiente, en un primer momento, y posteriormente de CENTA (Centro de las Nuevas Tecnologías del Agua), y siempre bajo al supervisión de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, encargó al Grupo de Investigación «cultura, ecología y desarrollo de pequeños territorios», del que formamos parte, la conducción de una experiencia de participación pública para la planificación y gestión de la Masa de Agua 05-69 Osuna-Lantejuela que debería servir como experiencia piloto para el posterior desarrollo de la normativa sobre participación contenida en la Directiva Marco. La idea era empezar a trabajar en la escala de masas de agua subterráneas en un caso en el que, aun considerando que podía estar cerca de un problema de sobreexplotación, todavía quedara margen de maniobra y negociación y no hubiera cristalizado un conflicto por el recurso que dificultara el diálogo entre las partes. Se podía empezar así a contar con experiencias e información para el posterior diseño de procesos de participación en la línea marcada por la Directiva. 3 Directiva 2000/60/CE, Artículo 14, 1. Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 8 – 2009 · 54 · Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. La masa de agua subterránea 05-69 no fue definida como tal hasta el año 2001. Abarca una superficie de algo más de 66.000 m2 en los términos municipales de Osuna, Lantejuela, El Rubio, Marchena, Puebla de Cazalla y écija. Sus límites parecen en cierta manera arbitrarios, trazados con tiralíneas. Algunos de los municipios mencionados sólo tienen una parte mínima de su término sobre esta masa. Se trata de un territorio de campiña en el que conviven tanto latifundios, que ocupan buena parte del territorio, como pequeñas y medianas explotaciones, sobre todo en el municipio de Lantejuela. Históricamente ésta había sido tierra de secano, un espacio cerealístico y, en parte, de olivar. La modernización agraria llevó a la rotación de cereal y girasol y, sobre todo en la zona de Lantejuela, al cultivo del algodón en regadío. La implantación de este cultivo sólo fue posible porque la existencia de la masa subterránea de la que tratamos permitía suministrarle la gran cantidad de agua que demanda para su desarrollo. Fue entonces la introducción de este cultivo la causa de que en el territorio se perforara un gran número de pozos y se comenzara una explotación sistemática e intensiva del acuífero. Actualmente, el algodón está en franco retroceso en la zona como consecuencia de las directrices de la política agraria de la Unión Europea, y con ello la demanda de agua para su cultivo. La superficie de riego, no obstante, se ha ido ampliando con la expansión del olivar regado por goteo. Aparte de esto, una de las posibles demandas adicionales de agua en la zona es la que tiene que ver con las iniciativas del Ayuntamiento de Osuna, que pretende promover la construcción de un campo del golf con viviendas asociadas y la cesión a este mismo municipio de · 55 · Artículos · Rufino Acosta y Elías Zamora la finca Las Turquillas, propiedad del Ministerio de Defensa, para su puesta en explotación intensiva con regadío. Por su parte la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha dado por cerrada la posibilidad de permitir nuevos pozos para riego al considerar que la masa de agua está sobreexplotada. Ahora bien, un hecho digno de destacar en este asunto es la existencia en la zona de un complejo endorreico importante, con una serie de lagunas que han sobrevivido al proceso de desecación y drenaje de las mismas llevado a cabo en los años sesenta del pasado siglo. Estamos hablando de las lagunas de Las Turquillas, la Ballestera, Calderón Grande, Calderón Chica, Verde de La Sal, Consuegra, Ruiz Sánchez, La Escalera, El Gobierno y Pedro López. Las más grandes de ellas acogen a una interesante avifauna, sobre todo de flamencos, y una de éstas, la del Gobierno, ha sido recuperada por el Ayuntamiento de Lantejuela a través de un sistema de depuración de las aguas por decantación. Desde el punto de vista de la Antropología aplicada, un proyecto como éste permite ver y desarrollar de manera completa y acabada las tres perspectivas de la investigación social de las que habla Jesús Ibáñez (1986): la distributiva, la estructural y la dialéctica. En efecto, es necesario abordar el asunto de la gestión del agua desde la perspectiva distributiva, desde los datos cuantitativos de que se dispone para poder medir los parámetros que dan idea del estado de los recursos. La perspectiva estructural nos acerca a los significados, las posiciones y relaciones entre actores sociales y a los distintos discursos que se construyen sobre el mismo problema desde las diversas lógicas asociadas a cada una de esas posiciones. Finalmente, en la perspectiva dialéctica, el final del proceso de investigación sustanciado en participación debería hacer que se borrase la distancia entre sujeto investigador y objeto investigado, ya que el científico pasaría a ser un instrumento de la sociedad, un catalizador del proceso dialéctico para llegar a un diagnóstico de su situación que lleve a la toma de decisiones sobre su propia realidad. De acuerdo con las instituciones que nos encargaron la gestión del proceso, que se debía sustanciar en la realización de tres talleres de participación en la zona, el equipo de investigación diseñó un proyecto con cinco fases: a) una primera fase de indagación antropológica sobre el territorio que precede al diseño y la realización de las reuniones y sirve de base para las mismas; b) la elaboración de un Documento de Consulta que supone el punto de partida para la discusión en los espacios participativos; c) la caracterización y selección de los participantes de acuerdo con el conocimiento obtenido en el trabajo de campo; d) el desarrollo de las acciones participativas de acuerdo con los intereses finales del proceso, y e) la realización de un foro de debate entre todos los participantes en el proceso que sirviera de fundamento para la elaboración de una propuesta definitiva. Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 8 – 2009 · 62 · intereses y las medidas. Eso no quiere decir que no aparezcan discrepancias, cual fue el caso del taller dedicado a representantes de las administraciones públicas y, en parte, el de los trabajadores. Por tanto, tuvo efectos de dinamización social y preparación para la participación. No obstante, los talleres funcionaron de manera desigual. Así, el de las administraciones públicas, quizás por ser el primero, no pudo contar con la presencia de varias de ellas. No obstante, los contenidos resultaron muy reveladores: aparecieron claramente cristalizados los discursos de las partes y, sobre todo, fue un primer paso, un punto de encuentro y de acuerdo previo sobre el procedimiento entre la agencia pública encargada de la gestión de los recursos y los ayuntamientos. El taller en el que participaron los agricultores y empresarios de la zona fue el que mejores resultados produjo, habida cuenta del buen número de asistentes y la cristalización del discurso. El problema más importante de los detectados en esta acción fue quizás el de la infrarrepresentación de los propietarios más modestos y el del acallamiento de su voz en la dinámica de la reunión, y ello por razones de tipo cultural: autopercepción de inferioridad frente a grandes propietarios, técnicos e intervinientes con gran formación. El taller de los trabajadores no funcionó muy bien, habida cuenta de la escasa asistencia de los convocados y de que gran parte de los que finalmente concurrieron no se acomodaban al perfil general deseado, ya que los arrendatarios estaban más cerca de los empresarios agrícolas, los representantes de sindicatos eran cargos políticos y el único trabajador fijo apenas intervino. En cuanto a las asociaciones, el resultado volvió a ser muy positivo, aflorando un discurso general del que únicamente no participaba el representante de la asociación de empresarios. Aportó gran cantidad de información y detalles precisos desde el conocimiento local. 4. La segunda parte del proceso: el foro de debate Como acabamos de ver, la primera fase de la acción participativa tenía como objetivo recabar información respecto a la situación de la masa de agua y elucidar el discurso y las posiciones de los distintos actores sociales mediante talleres en los que personas con posiciones similares dialogaran entre sí. Al mismo tiempo suponía establecer un mecanismo que informase del proceso y habilitase para la participación pública. Tras ello, la segunda fase tenía como objetivo la contrastación, la discusión, el debate y la posible consecución de acuerdos sobre la planificación y gestión de la masa. Ahora bien, gran parte de lo avanzado en ese proceso de información, habilitación y motivación se perdió en el camino debido a que, por razones de diverso tipo relativas al funcionamiento del proceso de implantación de la Directiva Marco en toda la cuenca del Guadalquivir, transcurrieron dos años entre los dos momentos. El escepticismo y la desconfianza sobre las actividades de participación crecieron en la zona, dado el relativo olvido en que todo había quedado. Hay que tener en cuenta que, pese al interés mostrado por algunas de las personas y organizaciones participantes, no se había producido la necesaria devolución de la información · 63 · Artículos · Rufino Acosta y Elías Zamora que suponía entregar a los participantes los documentos en los que se recogía lo tratado en cada uno de los talleres. En efecto, retomar el proceso suponía, en primer lugar, proceder a esa devolución del trabajo. Se volvió a contactar una por una con las personas que estuvieron presentes en los talleres de la primera fase, así como con aquellas personas o entidades que, aun no habiendo asistido a los primeros talleres, fueron convocadas. Se les entregó la documentación y se les dio a conocer la dinámica de la nueva fase, emplazándoles a asistir al foro, del que se les haría llegar en las siguientes semanas la convocatoria y el programa de trabajo. Se prefirió proceder de esta manera y no cerrar la cita en una sola vez para asegurar la asistencia. En efecto, una sola comunicación con mucho tiempo de antelación podría haber favorecido el olvido del tema y la convocatoria misma y, de ser muy cercana a la realización del acto, podría no haber permitido la asistencia por problemas de agenda y falta de preparación en su caso. Para fijar la fecha y hora de la convocatoria se hizo un sondeo previo tras una nueva estancia en la zona. Finalmente se citó a los participantes en el lugar que reunía mejores condiciones, la Escuela Universitaria de Osuna, considerada neutral por todas las partes y que disponía de las instalaciones más adecuadas. La acción en este caso se planteó como un foro estructurado en dos partes. En la primera se debatirían las conclusiones de los talleres celebrados en la primera fase en tres pequeños grupos formados por personas de cada uno de los sectores contemplados en aquella primera fase. En cada grupo se debería llegar a algunas conclusiones acerca de las líneas prioritarias a seguir en la gestión futura de la masa de agua y del complejo endorreico. Tras un descanso se pasaría a discutir en plenario sobre las propuestas de cada uno de los grupos. Habida cuenta de que la inasistencia de un número significativo de los convocados reducía el total de personas presentes para el debate, se decidió por acuerdo de todos los asistentes no realizar talleres por grupos sino un único foro donde todos pudieran debatir con todos. De esta forma se trabajaron los dos aspectos –contenido de los talleres anteriores y medidas– siguiendo el guión elaborado por el grupo de investigación, que no era otra cosa que un esquema de los temas tratados y de las propuestas de medidas que surgieron en la primera fase. El esquema fue similar al de los talleres sectoriales: exposición de la dinámica del taller por parte del moderador; ronda de exposición de cada uno de los participantes durante unos diez minutos como máximo; y debate libre. Esto sucedió en ambas sesiones, separadas por una pausa para descanso y organización de materiales por parte de los responsables de la conducción de la acción. Dada la ausencia de bastantes de los convocados y, lo que es más, de representantes de sectores significativos, este foro no dio todos los resultados esperados. En efecto, hubo una asistencia muy relevante de agricultores, estuvieron presentes algunos representantes de las administraciones pero, a última hora, comunicaron su ausencia los miembros de las asociaciones ecologistas y de otras organizaciones de la sociedad civil, además de dos instituciones significativas, el Ministerio de Medio Ambiente y la Agencia Andaluza del Agua, inminente responsable de la gestión de la masa de agua. Del mismo modo se notó la ausencia de más representantes de los sindicatos. Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 8 – 2009 · 64 · A resultas de todo ello fueron expresadas las posiciones de los agricultores de manera muy clara y extensa, al igual que la de la administración de aguas, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, así como de los representantes de la Universidad. Ahora bien, no hubo quien defendiera los planteamientos de las entidades sociales que sí fueron ampliamente expuestos en la primera fase, habida cuenta de la inasistencia casi total de ellas. El menor número de personas encuadradas en asociaciones, la lejanía de la primera fase del proceso que pudo derivar en escepticismo y, quizás, la sensación de poder sentirse en un entorno hostil y de enfrentamiento con los agricultores y empresarios posiblemente tuvieron algo que ver en todo ello. 5. A modo de conclusión En el momento de redactar este artículo nos encontramos en el trance de devolución de los resultados a todos los participantes, en un documento que no es otra cosa que la síntesis de las intervenciones de todos ellos. Dicha síntesis está sujeta a las posibles modificaciones que se sugieran por parte de los que intervinieron en el foro. El trabajo realizado en este caso ha servido para mostrar que la Antropología dispone de recursos teóricos, metodológicos y técnicos suficientes para afrontar retos como el de gestionar procesos participativos tales como éste. La capacidad para entender los procesos socioculturales le proporciona la posibilidad de comprender los distintos modos en que los miembros de una sociedad entienden y afrontan los problemas que les atañen. La experiencia en el manejo de las situaciones de contacto intercultural supone un recurso extraordinario para comprender y confrontar los discursos –y los imaginarios a los que responden– de los distintos grupos que conforman las sociedades. Y finalmente, el ser los discursos materia de trabajo de la etnografía, hace que los antropólogos se encuentren en una situación privilegiada para comprender las distintas posiciones en las que se sitúan los actores de los procesos participativos, pudiendo a partir de ellos elaborar síntesis que resultan en un valioso instrumento para los gestores públicos a la hora de tomar sus decisiones, cuando éstas se adoptan atendiendo a las poblaciones que tienen el compromiso de administrar y no sólo desde planteamientos ilustrados o técnicos o, incluso, desde posicionamientos políticos con intereses partidarios. Los materiales resultantes de todo el proceso de participación llevado a cabo entre los hombres y mujeres interesados en el uso y mantenimiento de la masa de agua 05-69 Osuna-Lantejuela pueden ser un instrumento muy valioso para la administración responsable de la gestión de los recursos hídricos a la hora de llevar a cabo su planificación y gestión. Igualmente, se ha desatado una dinámica de participación que, con sus problemas y defectos, es un activo, un capital social de la zona. Lo ideal, según nuestra posición de equipo gestor de la experiencia, es que el diálogo entre las partes continúe más allá de esta fase, sobre todo para decidir acerca de las medidas propuestas y poder llegar a consensos, habida cuenta de que un buen número de ellas fue aceptada, explícita o tácitamente, por las partes. Para el resto queda todo un camino por recorrer. Lo que la Administración decida al respecto escapa por supuesto a nuestro ámbito · 65 · Artículos · Rufino Acosta y Elías Zamora de competencia, pero desoír lo expuesto supone, entre otras cosas, quemar el terreno y desandar lo andado. Bibliografía Bauman, z. (1999), Modernidad líquida, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Beck, U. (2006), La sociedad del riesgo, Madrid: Siglo XXI. Bourdieu, P. (1991), el sentido práctico, Madrid: Taurus. La Calle, A. 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