scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Dora d'istria y los gitanos rumanos

Piasere, Leonardo

Abstract

Autores de diversas áreas, especialmente del sector de estudios sobre la mujer, recientemente han redescubierto la obra de Dora d’Istria , alias Elena Ghica, una erudita rumana del siglo XIX que escribió considerables informes comparativos sobre las condiciones de la mujer en Europa Occidental y Oriental. También fue la primera mujer en la historia en hablar de las condiciones de las mujeres Gitanas y este artículo trata de analizar la forma en que estas mujeres fueron descritas. En particular, se reconstruye la situación histórico-política de Valaquia en la primera mitad del siglo XIX, ubicando a Elena en la genealogía de los príncipes Ghica, una familia noble del principado, y reexamina la situación de esclavitud a la cual los gitanos en la región fueron sometidos. Por tanto, el artículo analiza la situación personal y contradictoria de Dora d’Istria, una lideresa por la emancipación femenina, quien describió a los Gitanos con dulzura y expurgó la existencia de mujeres Gitanas esclavas con las cuales habría tenido contacto en su juventud.

Full text

REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA. NÚMERO 7: GITANOS/ROMA: AUTO-PRODUCCIÓN CULTURAL Y CONSTRUCCIÓN HISTÓRICO-POLÍTICA SEPTIEMBRE DE 2014 ISSN 2174-6796 [pp. 23-43] http://dx.doi.org/10.12795/RAA.2014.i07.02 Fecha de Recepción: 18-01-2014 Fecha de Aceptación: 25-04-2014 DORA D’ISTRIA Y LOS GITANOS RUMANOS1 Leonardo Piasere Universidad de Verona Resumen. Autores de diversas áreas, especialmente del sector de estudios sobre la mujer, recientemente han redescubierto la obra de Dora d’Istria , alias Elena Ghica, una erudita rumana del siglo XIX que escribió considerables informes comparativos sobre las condiciones de la mujer en Europa Occidental y Oriental. También fue la primera mujer en la historia en hablar de las condiciones de las mujeres Gitanas y este artículo trata de analizar la forma en que estas mujeres fueron descritas. En particular, se reconstruye la situación histórico-política de Valaquia en la primera mitad del siglo XIX, ubicando a Elena en la genealogía de los príncipes Ghica, una familia noble del principado, y reexamina la situación de esclavitud a la cual los gitanos en la región fueron sometidos. Por tanto, el artículo analiza la situación personal y contradictoria de Dora d’Istria, una lideresa por la emancipación femenina, quien describió a los Gitanos con dulzura y expurgó la existencia de mujeres Gitanas esclavas con las cuales habría tenido contacto en su juventud. Palabras clave. Gitanos, Valaquia, esclavitud, mujeres. 1. Una version ampliada de este artículo fue el tema de la comunicación «Karl Marx, Dora d’Istria y gitanos rumanos», que leí en el Instituto de Etnología mediterránea, europea y comparativa en Aix-en- Provence el 9 de octubre 2013, como parte de mis actividades como investigador invitado en el Labex Med (Laboratorio de excelencia en la Maison Méditerranéenne des Sciences de l’Homme). Doy las gracias de nuevo a Marc Bordigoni, Dionigi Albera y Brigitte Marin por el apoyo recibido durante mi estancia en Provenza. [Traducción del original de David Lagunas]. 2424 Abstract. Authors from various areas, especially the women’s studies sector, have recently been rediscovering the work of Dora d’Istria, alias Elena Ghica, a nineteenth century Rumanian scholar who wrote considerable comparative accounts of the conditions of woman in Western and Eastern Europe. She was also the first woman in history to speak about the conditions of Gypsy women and this article attempts to analyse the way in which these women were described. In particular, it reconstructs the historical-political situation of Wallachia in the first half of the nineteenth century, placing Elena in the genealogy of the Ghica princes, a noble family within the principality, and re-discusses the slavery situation that Gypsies in the region were then subject to. The article therefore analyses the personal and contradictory situation of Dora d’Istria who, a champion for female emancipation, described the Gypsies sweetly and expurgated the existence of female Gypsy slaves with whom she would have had contact in her youth. Key words. Gypsies, Wallachia, slavery, women. Recientemente, un artículo se encuentra en proceso de adquirir su pleno valor: se trata de aquel que el gran historiador de la literatura, Fernand Baldensperger, había dedicado en 1938 a lo que denominó “La entrada patética de los Gitanos en las letras occidentales”. Siguiendo la huella de Baldensperger, Asseo (2008) y Coquio (2011) muestran que entre los siglos XVIII y XX, grandes escritores y filósofos de Europa continuaron relegando a los Gitanos a los márgenes del horizonte de la civilización europea, aunque su presencia ha sido atestiguada después de los siglos en el seno de las otras poblaciones del continente. Quiero continuar esta discusión a partir de aquí y hablar de lo que podemos definir como “la entrada patética de los Gitanos en los relatos de emancipación de la mujer en Europa”. En particular, voy a tomar en consideración las obras de Dora d’Istria, una de las iniciadoras de estos discursos. Aunque hoy en día es menos conocida, en el siglo XIX gozó de un gran renombre a nivel mundial. A pesar de conocerla bastante bien, nunca se refirió en sus publicaciones a la esclavitud de los Gitanos habida cuenta de lo que ocurría en ese momento en los principados de Valaquia y Moldavia: las mujeres rom ingresan en los discursos emancipadores de las mujeres a través de esta censura patética. En el siglo XVIII, varios autores ya habían dado a conocer en Occidente la situación de esclavitud de los gitanos en los Principados. Podríamos citar libros en italiano, en alemán, en francés, que describen de manera más o menos detallada la situación de los esclavos, y que fueron escritos por diplomáticos, académicos, viajeros, aventureros, y también por gobernantes locales como Dimitrie Cantemir, príncipe de Moldavia en 1693 y en 1710-1711, quien escribió en latín el célebre Descriptio Moldaviae de 1714, 25 publicado en alemán en 1771. A través de esta obra, descubrimos que no existe ningún noble en el país que no sea propietario de varias familias de Gitanos. En estos tiempos las buenas relaciones entre los otomanos y Francia permiten a los Príncipes Fanariotas (Griegos de Estambul nombrados por los sultanes otomanos desde 1715 como gobernantes de los dos principados) estar rodeados de intelectuales franceses quienes ocupan las funciones de secretarios, tutores, médicos, enseñantes. Por otra parte, el afrancesamiento cultural de las élites locales de la época se desarrollará de forma paralela enviando a los jóvenes a estudiar a Francia, en un contexto general en que el francés era la lengua de la diplomacia y del cosmopolitismo nobiliario. Es así precisamente como en los años cuarenta del siglo XIX la Societatea Studenţilor Români (Sociedad de los estudiantes rumanos) ve la luz en París. En las primeras décadas del siglo XIX, una especie de estela transnacional se forma y une a Iaşi y Bucarest a París, con los Moldo-Valacos afrancesados y los Franceses rumanófilos, al interior de la cual se produce un intercambio y un flujo continuo de ideas, información, viajes, y a veces conspiraciones. Esta estela se desarrollará a lo largo del siglo, tanto es así que George Bengesco, en 1895, reunirá 952 obras escritas en francés, por los franceses o los rumanos, referidas a Rumania. Se comprende entonces el porqué, en la primera mitad del siglo XIX, son primeramente los autores liberales franceses rumanófilos y los autores rumanos afrancesados los que ejercen de portavoces a nivel europeo de la situación de los Gitanos esclavos. Al mismo tiempo que el movimiento contra la esclavitud se desarrolla en su conjunto, especialmente en Inglaterra y Francia, y surgen las sociedades contra la trata y la emancipación de todos los esclavos en las colonias, la presencia de la esclavitud en los países cristianos y europeos como Valaquia y Moldavia comienza a parecer cada vez más insoportable a los ojos de las potencias occidentales de la época. Paulatinamente, la liberación de la dominación otomana –sin caer bajo la dominación rusa o de los Habsburgo– y la unificación política de los dos principados avanzan a la par en las informaciones de Occidente de la primera mitad del siglo XIX, de manera coincidente con la denuncia sobre la condición de los campesinos víctimas de abusos por parte de los boyardos (nobles locales) y la esclavitud de los Gitanos. Es muy raro encontrar un libro sobre los principados de la época que no se refiera indistintamente a su variada composición étnica y a la presencia de la esclavitud gitana. Georges Bengesco hace hincapié en que los primeros libros sobre los principados escritos por autores locales aparecen en 1837. Es significativo que dos de estos libros sean de Mihail Kogălniceanu (Kogalnitchan 1837a, 1837b), quien se convertirá en uno de los fundadores de la actual Rumania, y que se abordeen uno la historia de los dos principados, y en el otro la situación de los Gitanos! Este segundo libro contribuirá a la divulgación definitiva, en Europa, de la situación de la esclavitud gitana: la independencia rumana y la esclavitud gitana estarán siempre asociadas. 26 Cuando Kogălniceanu escribe, nos encontramos en un período particular de la lucha histórica en los principados, que tan bien describirá Henry H. Stahl (1969), entre los campesinos y los señores territoriales. La servidumbre de la gleba había sido instaurada oficialmente en el siglo XVII, fijando al campesino a una propiedad, pero en el siglo XVIII, con la entrada gradual de los Principados en el comercio internacional de trigo, la servidumbre de la gleba es abolida oficialmente y reemplazada por el sistema de corbeas: los campesinos poseen la tierra que pueden trabajar por sí mismos, pero también deben trabajar para el terrateniente (al que también tienen que dar el diezmo). A cambio, los boyardos obtendrán la formalización de la esclavitud gitana. En 1831, después de la enésima invasión de los Principados por Rusia, el Reglamento orgánico (Reglement organic) fue adoptado: se trataba de un conjunto de leyes, que con el pretexto de la modernización de los dos principados, decretaba la victoria de los boyardos sobre los campesinos y garantizaba al mismo tiempo la soberanía de Turquía sobre los principados y la “protección” de Rusia. Sin embargo, el Reglamento orgánico mantiene la esclavitud de los Gitanos. Se centra, en particular, en los esclavos del Estado, puesto que determina los impuestos que deben pagar, y manifiesta un interés particular en la sedentarización de los nómadas, convirtiéndolos en granjeros corbeables (Regulamentele organiceale Valahieişi Moldovei, 1944: 257-260; Achim, 1994: 90-91; 2004). Los Gitanos eran distribuidos desde hacía mucho tiempo en tres categorías de amos: el Estado, el clero y los boyardos. En el trascurso de los siglos, los príncipes habían dilapidado abundantemente la reserva de Gitanos del Estado por medio de fuertes donaciones unas veces a los monasterios, otras a los boyardos (Piasere, 2012), pero los Gitanos del Estado permanecieron en un número considerable: ahora que los boyardos tenían más necesidades de mano de obra para sus grandes propiedades, el Reglamento orgánico les permitía tratar de convertirlos en granjeros corbeables, sobre todo los nómadas, y mantener los que ya poseían –nómadas o sedentarios– en un estado de esclavitud. Por ejemplo, en Valaquia, de los 2,5 millones de habitantes, 2 millones eran campesinos, de los cuales el 25% vivía en los pueblos libres y el 75 % en los pueblos sometidos a las corbeas en las tierras de los boyardos. Estos a su vez representaban una pequeña minoría, en torno a 15.500 personas, pero sus propiedades feudales representaban casi el 80% del área rural del país (Stan, 1971: 14-15). Los esclavos Gitanos representaban alrededor del 7% de la población. A pesar de haber sufrido varios cambios a lo largo de los siglos, y a veces variaciones en el nombre (Mircea, 1951), la robie, como se designaba en rumano a la esclavitud gitana, podría ser catalogada como una forma intermedia entre la “esclavitud total” y la “esclavitud atenuada”, de acuerdo con la tipología de Moulier Boutang (2002: 646), pero más desplazada hacia este segundo extremo. De acuerdo con los códigos civiles promulgados a principios del siglo XIX, del lado de la esclavitud total encontramos la alienabilidad (incluyendo la separación de los miembros de la familia), la prohibición de casarse con los no-esclavos, la condición de los niños (que eran esclavos 27 o libres de acuerdo con la situación jurídica de la madre, no del padre), la prohibición de la posesión de la tierra, los casos raros de liberación. Del lado de la esclavitud atenuada, nos topamos con la cuestión quizás más importante de la existencia de ciertos derechos, como el derecho a la vida (en teoría, el amo no tenía el derecho de vida y de muerte sobre los esclavos), el derecho parcial a la propiedad (propiedad personal, no la tierra) y lo más importante, la posibilidad de vender los productos que los Gitanos fabricaban en calidad de artesanos. Remito a otros estudios recientes en lo que respecta a otras características de la situación de los esclavos gitanos moldo-valacos (Achim, 1998; Petcuţ, 2007; Piasere, 2012: 81- 121), pero este contexto es el que organiza nuestro punto de partida para leer las páginas de Dora d’Istria. Debemos por tanto retomar ciertos hechos que tuvieron lugar entre 1828 (año de la enésima guerra ruso-turca) y 1848 en Bucarest, en aquel tiempo la capital de Valaquia. La ciudad entonces gozaba de una situación cultural híbrida, con multitud de intelectuales franceses establecidos como profesores o preceptores de la nobleza local, con jóvenes nobles que viajaban entre Francia y Valaquia, con los gobernantes, que aun cuando alimentaban secretamente ideas independentistas y nacionalistas, debían hacer acrobacias políticas entre Estambul y Moscú, y en el interior, afrontar los embates del ala liberal de boyardos y del ala conservadora compuesta de grandes terratenientes. En el seno de estas familias de boyardos, existía a menudo una división entre los liberales nacionalistas y los conservadores rusófilos y/o turcófilos. Entre las figuras de esta presencia franco-valaca que cobra importancia en esta situación social, Jean Alexandre Vaillant es quien nos interesa. Vaillant está hoy prácticamente ausente en los estudios romológicos, pero su figura debe ser reconsiderada. En 1829 es llamado para enseñar en una escuela prestigiosa de Bucarest, que se consolidaba como un lugar de transmisión de ideas francófilas, nacionalistas y liberales. Al mismo tiempo, sirve como tutor de los hijos de boyardos y príncipes, incluidos los príncipes reinantes de la época, los Ghica. Sin embargo, parece mostrar excesivo celo en su propaganda como francmasón liberal y se inmiscuye demasiado en las relaciones entre familias de boyardos, hasta el punto que en 1834, el príncipe de Valaquia, Alexandru II Ghica, se ve obligado a relevarlo de sus funciones. Permanece en Bucarest, donde publica unos años más tarde una gramática y un diccionario de rumano. Los rusos, dueños de la política local, preocupados por el aumento del nacionalismo que se extiende a través de la valorización de la lengua local, lo consideran un obstáculo en todos los sentidos. Alexandru II Ghica es un príncipe débil, totalmente en manos de su hermano Mihai Ghica, quien ocupa el cargo de mare ban (la segunda función del Estado, que corresponde grosso modo a la de Primer Ministro). Alexandru se ve obligado a hacer juegos de malabares entre los rusos (que lo han escogido) y los turcos (con quienes mantiene un contencioso histórico de orden familiar) y tiene un don para mezclarse una y otra vez 28 con los boyardos, sosteniendo a los rusos y a los campesinos, con los rusos, apoyando a los boyardos y los intereses nacionales, o con los liberales radicales, combatiéndolos directamente. Vaillant participa en un complot en 1839 junto con otros intelectuales y jóvenes boyardos afrancesados , y es expulsado definitivamente de los Principados en 1841. De vuelta a París, Vaillant frecuenta los ambientes rumanos de la ciudad y se convierte en miembro de la Société Orientale, una institución, nos dice Nicolae Iorga (1918), que aspiraba en algún momento a desarrollar investigaciones sobre los Gitanos en Rumania, las cuales nunca se llevaron a cabo. En 1844, Vaillant publica los tres volúmenes de Romanie. Partidario de la unificación de todos los pueblos rumanófonos (incluyendo los de Transilvania, Besarabia y Banatde Timisoara), parece que fue él quien designó a todos estos pueblos con el nombre de “Rumania”, el cual se impondrá a partir de entonces, cuando en ese momento solo estaba reservado para Valaquia (Iorga, 1918). En 1862 regresó para realizar una estancia corta en Rumania, cuando finalmente los dos Principados se unieron definitivamente, y fue naturalizado como rumano en 1864. En 1854, Vaillant publica en la l’Illustration (el famoso semanario parisino) una serie de artículos sobre los Gitanos. Estos artículos completarán el libro Les Rômes. Histoirevraie des vraisbohémiens, que se publicará en 18572. El libro es ahora poco digerible por todas las etimologías que ya no se sostienen por sí mismas y que el autor se obstina en proponer, y también debido a sus argumentos extravagantes sobre los vínculos de los Roms con los diversos pueblos de la tierra; pero la parte en que narra los eventos autobiográficos y la situación de los Roms en los dos Principados es interesante. Observamos entre otras cosas que, incluso años más tarde, continúa participando en el juego político del principado. Por ejemplo, bendijo a los Ghica como adalides de la emancipación de los Gitanos esclavos en Valaquia, mientras que los príncipes que los habían liberado eran sus enemigos, los hermanos Bibescu, representantes del ala conservadora, como se muestra en la Tabla 1 que resume el proceso de emancipación3. FECHA EMANCIPACIÓN PRÍNCIPE/AUTORIDAD VALAQUIA 22 marzo 1843 Gitanos del Estado GheorgheBibescu 11 febrero 1847 Gitanos del clero GheorgheBibescu Junio 1848 Gitanos de los boyardos (no aplicado) Gobierno provisional 20 febrero 1856 Gitanos de los boyardos BarbuŞtirbei 2. En 1868, Vaillant publicará también una recopilación sobre la lengua de los Roms rumanos. Es interesante señalar que numerosas frases recogidas en los diálogos (p. 51-89) tienen como objeto el cuidado del cuerpo y de la casa, lo cual nos hace sospechar que el enseñante o los enseñantes de Vaillant fueron vatraşi, los Gitanos esclavos reservados para el trabajo doméstico. Una frase dice: “samrob, ouray“, que Vaillant traduce como “Señor, yo soy su siervo” (p. 55). La palabra rob del diccionario es traducida como “esclavo, paciente, resignado” y el verbo robimpor “yo soporto” (p. 124). 3. A pesar de tener un nombre diferente, Gheorghe Bibescu (o Bibesco) y Barbu Ştirbei eran hermanos. 29 FECHA EMANCIPACIÓN PRÍNCIPE/AUTORIDAD MOLDAVIA 14 febrero 1844 Gitanos del Estado MihailSturdza Agosto 1848 Gitanos de los boyardos (no aplicado) Comité revolucionario 22 diciembre 1855 Gitanos de los boyardos Grigore A. Ghica Tabla 1 – Cronología de la liberación oficial de los Gitanos esclavos. En realidad, en 1838, Alexandru II Ghica no había hecho sino aplicar ciertas disposiciones previstas del Règlement organique, cuyo objetivo era transformar a los Gitanos en campesinos corbeables por medio de complicadísimos mecanismos, combinando modalidades de reembolso y los impuestos a pagar; gracias a una hábil campaña publicitaria en periódicos extranjeros, había hecho creer que estos cambios suponían la emancipación de los esclavos, cuando en verdad no dejó rastro alguno de emancipación. Algunos liberales morderán el anzuelo, como Vaillant, quien aplaudirá a Alexandru II, mientras otros no, como Colson (1839), quienes denunciarán la confusión. El príncipe sucesor, el rusófilo Bibescu (Bibesco, 1894), dispondrá de buenas cartas para demostrar que él estuvo en el origen del proceso de emancipación. Esto es innegable, desde el punto de vista jurídico, pero nos equivocaríamos desde un inicio si tomáramos como ciertas las supuestas aperturas liberales: Adolphe Etienne Billecocq, cónsul de Francia en Bucarest desde 1839 hasta 1846, explica bien que los esclavos del clero, recién liberados, se preparaban para llevar una vida de miseria aún peor que antes, privados como estaban de apoyos sociales. Todo ello, ironizaba, “para otorgar a Hospodar Bibesko la única gloria que le faltaba aún, la de trabajar por el bien de la humanidad.” (B. A. 1847:183). La esclavitud gitana se vio afectada directamente por esta pelea hipócrita, es decir, el saber a quién correspondía el mérito de ser el primero en haber emancipado a los Roms... Si me detengo en los detalles de estos eventos y en las personas, es porque nos ayuda a comprendermejor la posición de nuestro personaje. Así, es bajo el nombre de Dora d’Istria que la princesa rusa Elena Mikhailovna Koltzova-Masalskaya firmaba sus escritos, pero en realidad era el nombre que había adquirido por su matrimonio con el conde Alesandre Koltzoff-Masalski, mientras que su nombre de soltera era Elena Ghica. Y Elena Ghica no es otra que la primogénita de Mihai Ghica, el mare bande Valaquia durante el reinado de Alexandru II Ghica, su hermano, el enemigo de los conspiradores de 1839. Elena había nacido en 1828, cuando reinaba otro hermano de su padre, Grigore IV Ghica. Mihai Ghica es el “Michel Ghika” que censura Vaillant por condenar a tantos liberales y, probablemente, por haber jugado un papel incluso en su expulsión... Sin embargo, Mihai Ghica es también el fundador del Museo Arqueológico en Bucarest, el que ama el clasicismo y la cultura alemana, y el que procuraba tutores extranjeros para sus hijos. Vaillant, según algunas fuentes, fue uno de los tutores de su hija Elena. Vaillant y Mihai Ghica comparten la misma suerte, en el sentido de que han partido de Bucarest 30 con un intervalo de pocos meses de diferencia, el primero habiendo sido expulsado y el segundo relevado de sus funciones. Mihai lleva entonces a su familia de viaje por Europa, durante unos años. Así, en Sajonia, Elena, muy estudiosa y muy preparada, logra los favores de Alexander von Humboldt; en Venecia, donde la familia permanece en 1848, goza de la oportunidad de asistir a la revuelta de y Daniele Manin se convierte en uno de sus héroes. Elena es una aristócrata, pero pertenece a una dinastía que durante mucho tiempo ha tratado de anteponer los intereses nacionales frente a los de los imperios de los cuales los Principados dependían; también pertenece a una familia de las menos tradicionalistas de los Ghica, y está evidentemente impregnada de las ideas liberales que Vaillant y compañía pregonaban en Bucarest. En 1849, Elena se encuentra de nuevo en la capital de Valaquia, donde se encuentra con un militar, el conde ruso Koltzoff-Masalski, con quien se casará ese mismo año. Parte con destino a San Petersburgo, donde frecuenta la corte de los zares; pero su matrimonio no va bien, el ambiente político reaccionario en el que se encuentra tampoco le favorece, y después de la enésima invasión de los Rusos en los Principados, expresa públicamente su protesta y recibe por ello varias advertencias. Abandona Rusia y se va a vivir a Suiza, pero nunca se divorciará de su marido, quien no regresará con ella jamás, y mantendrá para siempre la nacionalidad rusa. Cuando el primer libro de Dora d’Istria aparece en 1855, descubrimos a una autora completamente original; alternará la creación literaria con los relatos de viajes, y su renombre mundial crecerá sin cesar, hasta su muerte, que se producirá en 1888 en Florencia, la ciudad donde se había instalado en 1870. Elena Ghica no regresará nunca a Rumania, cuyo recuerdo permanecerá siempre en su seudónimo, Dora d’Istria, el cual no se relaciona con la región de Istria y que parece significar “Nostalgia del Danubio”. Ella ejercerá una actividad frenética como escritora, siempre y únicamente en francés, y le llevará a publicar seis obras solo entre 1855 y 1865, con un total de quince volúmenes, algunos de los cuales fueron rápidamente reimpresos con adiciones o traducidos a otros idiomas. Durante este periodo, comienza a colaborar con revistas importantes en Francia, en Italia, en Rumania, en Estados Unidos, etc.; con asiduidad, los artículos son reeditados, y algunos son recopilados como parte de otros volúmenes autónomos. El primer intento de recopilación bibliográfica de sus obras se remonta a 1868, pero la reconstrucción de su bibliografía se encuentra al día de hoy todavía incompleta. Al igual que fue célebre durante su vida, fue olvidada o casi olvidada durante un siglo. Apenas se le prestó atención en el trascurso del siglo XX en Rumania, y esta falta de interés ha creado un serio compromiso de estudio, pero solo en las últimas décadas, sobre todo por parte de autores rumanos (Bodea, 1998; Bordas, 2005) e italianos (Rossi, 2005: 232- 253; D’Alessandri, 2007). Experta en tradiciones albanesas, convencida de que este fue el origen de su familia, su herencia es ahora invocada desde los ambientes intelectuales albaneses, provocando el escándalo de los descendientes actuales de los Ghica: la grafía de su nombre es “re-albanizada” como Gijka, en Tirana le dedican calles, fundaciones, 31 publicaciones (por ejemplo Sauku-Bruci, 2004). En este tiempo, algunas de sus obras son reeditadas, no solo en Albania, sino también en Serbia, en Grecia, en Turquía; su figura empieza a ser objeto de congresos especiales (como los que tuvieron lugar en Florencia en 2008, en Tirana y Bucarest en 2012) y comienza a ser citada en las revistas de estudios feministas (Dibra, 2006), y a ser objeto de comunicaciones en los congresos de los genderstudies. Es imposible aquí esbozar las líneas complejas de su pensamiento, pero si seguimos a Antonio Alessandri, en la monografía quizás más completa y más imparcial que lo analiza, podemos resumir los tres centros principales de sus intereses: 1) la dialéctica entre religión y política después de la Revolución Francesa; 2) las asuntos nacionales de las poblaciones balcánicas, especialmente Rumania, Grecia y Albania, pero también Serbia, Bulgaria, Hungría; 3) la condición femenina en Europa occidental y oriental (2007: 13). Muchos otros temas se expresan a través de su pluma, pero en general, también podríamos resumir su pensamiento diciendo que Elena, impregnada de un nacionalismo romántico, se posiciona como una aristócrata liberal favorable a la independencia de muchos “pequeños pueblos” frente a todos los autoritarismos imperiales, de ahí su interés respecto a las nacionalidades “ocultas” de la época como la nacionalidad albanesa, posiblemente también en vías de reivindicaciones reales; fue cristiana pero anticlerical, opuesta a la tiranía de la Iglesia Católica, crítica respecto a la Iglesia ortodoxa atrasada y confinada en los conventos, y atenta a las innovaciones introducidas por la Reforma; convencida de la misión civilizadora de los Europeos, considerando a la civilización cristiana como superior a todas las demás, manifestaba un etnocentrismo radical, sobre todo contra los “asiáticos”, y al mismo tiempo una especie de relativismo, inspirador, si alguna vez lo fue, del diálogo entre los Europeos del Este y del Oeste; partidaria convencida del Estado nacional regido por una monarquía constitucional, divisó el progreso en el desarrollo del capitalismo y, por encima de todo, en la implicación de las mujeres en la emancipación nacional. De ahí la importancia constante que Dora d’Istria ha tenido en la educación de las mujeres. Como destaca D’Alessandri, Dora d’Istria siempre se opuso a las teorías socialistas, “ella subrayó la necesidad de garantizar la seguridad femenina y los derechos de los capitalistas de todos los países, y es en este contexto que la princesa confería a las mujeres ‘una importante función regenerativa de la sociedad a partir de la idea de que la mujer es la correa de transmisión de los cambios sociales más profundos’”; las mujeres, en opinión de Dora d’Istria, debían trabajar enérgicamente para civilizar al país: así la patria, apreciando sus capacidades, no ofrecería ninguna prueba de ingratitud bajo esta consideración” (2007: 173). Ella postulaba la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres. La regeneración de la humanidad requiere por tanto de la libertad de los países frente a las tiranías y del compromiso que las mujeres sabrán adoptar en el seno de su propio país. Su implicación en este combate fue siempre exclusivamente intelectual, y siempre se mantuvo alejada de “todas las formas de activismo político y radicalismo” 38 Si usted admira el sanitario de una mujer, se acuerda del dineral que cuesta, y está tentado de huir de horror (1839:147). Veinte años antes, en un libro que será traducido al francés en 1831, William Wilkinson, cónsul británico en los principados, explicaba a los lectores la violencia que sufrían los Gitanos así como su papel de nodrizas: Casi en todas las casas los castigos están instituidos para ellos, el más severo de los cuales es el bastinado aplicado a las plantas desnudas de los pies: es ejecutado por otro gitano, bajo la inspección del superintendente, y frecuentemente del dueño o la dueña. Las damas de categoría, no obstante jóvenes y bellas, no muestran la más mínima delicada reticencia en casos similares de autoridad. [ ... ] Los propietarios privados no tienen el poder de muerte sobre ellos; pero ha sucedido alguna vez, que algún infortunado ha sido golpeado hasta la muerte, y ni el gobierno ni lapoblación se enteraron de las circunstancias. Es bajo los cuidados de estos depravados sirvientes, que los hijos de los Boyardos han crecido. Las mujeres de rango más alto que no están habituadas al cuidado de sus hijos, los dejan en manos de las amas de leche gitanas, cuyo modo de vida los expone incesantemente a enfermedades acreditadas como las más perjudiciales para la calidad de su leche, y cuya mala alimentación y sucios hábitos, deben afectar de otras maneras a la constitución de los niños (1820: 174-175). En un pasaje, Dora d’Istria, censurando las posiciones bajo su punto de vista radicales de la emancipación femenina de su época, criticando el uso del propio término “emancipación” parece re-evocar la vida de Elena Ghica: La palabra “emancipación” que tantas veces se ha repetido y de la que se han reído tanto, es por desgracia muy oscura. ¿Se entiende que la mujer seguía siendo “esclava” o al menos “sierva”? Si Fourier y las mujeres que han adoptado sus ideas hubieran visto, como yo, “siervos” de cerca, se cuidarían mucho de aplicar una palabra tan fuerte sobre la condición de la mujer occidental. A ella se la trata como “menor”, nada es más cierto, y se llama emancipación al acto por el cual un menor de edad es liberado de la tutela. Pero el uso de una palabra que puede tener tres significados diferentes ¿no está plagado de inconvenientes? (1865, vol I: 69). No obstante, en 1859 la “domesticidad” de los Gitanos se transforma como mucho en un mérito que debe ser perfeccionado con el tiempo: El príncipe Alexander Ghika ha estado felizmente inspirado al intentar incorporarlos a la vida social. [ ... ] puesto que una parte de este pueblo es predominantemente nómada, y, en todas partes, tienen pavor a la mínima 39 sujeción, y se han amoldado, en Rumania, a la domesticidad, ¿por qué no se habituaron con el tiempo a la agricultura que los moralizaría transformándolos? Sin embargo, la “domesticidad” puede ser peligrosa: sabemos que en todas partes, dice, retomando las palabras de Esquiros sin citarlo, las mujeres gitanas “tienen una invencible repugnancia a todo hombre que no sea de su raza”, pero esto no existe en los Principados, “donde permanecen como domésticas en el seno de relaciones mucho más habituales –a menudo demasiado íntimas– con la población cristiana” (p. 107). Estas son consideraciones que ponen de relieve tanto el deseo de mantener la distancia entre cristianos y “asiáticos”, y la crítica de una mujer frente a las relaciones sexuales entre amos y esclavos, apenas esbozada aquí. En cambio, Colson subrayaba: Las muchachas gitanas en los hogares sirven todas para los caprichos de sus amos; ved la bella moral de esta ley que declara esclavo a todo hijo de esclavo (1839: 147). Como escribe Antonio d’Alessandri, “Dora d’Istria, quien apoyaba en principio reformas graduales y moderadas, era todavía una aristócrata tanto por nacimiento como por matrimonio” (2007: 155-156) y, podemos añadir, al guardar silencio sobre los esclavos Gitanos, se comportaba como los boyardos que hacían reír de lástima a Felix Colson cuando “hablaban de la abolición de la trata de negros y del progreso de la civilización en Europa” (1838: 147). Dora d’Istria criticaba también la esclavitud de los Negros en América, y sostenía que una doctrina cristiana, al igual que no puede pensar en poder conciliar “la esclavitud con la democracia”, como fue el caso en Estados Unidos, igualmente a ella no se le ocurre pensar en mantener la desigualdad entre hombres y mujeres, así que entonó las alabanzas a la Francia libre que había “abierto la ciudad a los negros y mulatos” (1865, vol I: 163-164). Lo que se revela increíble, para nosotros, es que ella era muy consciente de las similitudes entre las situaciones de esclavitud de los Negros y la servidumbre rusa: Cuarenta millones de rusos viven en la servidumbre [ ... ] ¡qué extraño! El más poderoso Estado autocrático del continente europeo y la gran democracia americana se han puesto de acuerdo hasta el presente para preservar la esclavitud. Añade en una nota al pie: Sabemos que el emperador Alejandro II decretó, en principio, la abolición de la servidumbre. En Estados Unidos no es la servidumbre, sino la esclavitud que persiste y parece inalterable (1860, vol II: 143). Y alaba a la autora de La cabaña del tío Tom: 40 Madame Beecher Stowe tiene razón al insistir sobre este punto de vista en su polémica contra los numerosos partidarios con que cuenta la servidumbre entre los republicanos de Estados Unidos. Si ella hubiera estudiado a los siervos de Rusia, este examen le habría proporcionado nuevos argumentos (ibid.: 144). Al mismo tiempo, criticó las reformas agrarias que tendían a redistribuir la tierra: es justo que los pobres vivan mejor, pero sin quitarle los bienes a los nobles –¡escribe varias veces! Aunque el gobierno obviamente debe ocuparse sin descanso de la abolición de la servidumbre, es también su obligación rigurosa que tome, como hicieron los reyes de la Inglaterra liberal, todas las precauciones necesarias para que esta medida indispensable no se convierta jamás y bajo ningún pretexto en una causa de ruina para las clases superiores. Este deber es aún más ineludible para él [el emperador], la aristocracia rusa personificando, hasta hoy, la civilización nacional. Alexander I está convencido de emancipar a los siervos de las provincias bálticas sin arruinar a la nobleza (ibidem). Más tarde, emprende la crítica de las reformas agrarias que comenzaron a ver la luz en la Rumania unificada de 1864, y posteriormente la más radical de 1868, precisamente las que introdujeron el capitalismo moderno en el campo (Stahl, 1969). Se ha dicho con razón que “el liberalismo exaltado de la princesa rumana aparece significativamente redimensionado en estas afirmaciones las cuales la ubican, desde el punto de vista social, en posiciones rígidamente conservadoras” (D’Alessandri, 2007: 155): las nacionalidades cristianas de Europa deben tener la misma dignidad entre ellas, y en su seno la mujer debe ser igual al hombre, pero los nobles son nobles y los campesinos son campesinos... No tenemos información precisa, pero sabemos que después de su matrimonio en 1849 con el conde ruso, Elena Mikhailovna Koltzova-Masalskaya había conservado propiedades en Rumania. Ella recibe el usufructo de anualidades hasta su muerte en 1888, lo cual le garantiza la independencia económica de por vida, y en su testamento, cede estas propiedades al municipio de Bucarest (Alessandri, 2007: 233). Sería interesante, aunque no es esencial para nuestra reconstrucción, saber si ella también habría conservado como dote esclavos gitanos y, en caso afirmativo, si, en el momento de la liberación en 1856, los habría emancipado mediante una indemnización o no. Sería interesante también saber si, como tantos hijos de los boyardos, habría lactado de una nodriza gitana. El hecho es que la educación de Vaillant, gracias a la cual la situación de los Roms rumanos podría haber inspirado a Elena Ghica reflexiones trascendentes sobre los vínculos de dependencia que se establecieron históricamente en Europa, finalmente cayó en saco roto: la historia de familia de la aristocrática Elena bloqueó y censuró las nostalgias de Dora. 41 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Achim, Viorel (1998) Ţiganii în istoria României. Bucureşti: Editura Enciclopedică. Achim, Viorel (2004) “The Gypsies in the Romanian Principalities: The Emancipation Laws, 1831-1856”. Historical Yearbook, I: 93-120. Analele Parlamentare ale Romaniei (1898) “Pentru Catagrafia Țiganilor”. Tomul IX, Partea I, Obicinuita Obştanească Adunare a Țĕrei Româneşti, Legislatura II, Sesiunea III (VIII), 1839-1840, Bucuresci: Imprimeria Statului. pp. 1163-1166. Asséo, Henriette (2008) “Un cosmopolitisme inavouable. Les Bohémiens dans le préromantisme européen”. En Sarga Moussa (coord.): Le Mythe des Bohémiens dans la littérature et les arts en Europe. Paris: L’Harmattan. pp. 83-104. B. A. [Billecocq, Adolphe] (1847) La principauté de Valachie sous le hospodar Bibesko. Bruxelles: Wouter. Baldensperger Fernand (1938) “L’entrée pathétique des Tziganes dans les lettres occidentales”. Revue de Littérature comparée. XVIII: 587-603. Bataillard, Paul (1849) Nouvelles recherches sur l’apparition et la dispersion des Bohémiens en Europe. Extrait de la Bibliothèque de l’École des Chartes, 3e série, vol. I. Paris: Franck. Bengesco, Georges (1895) Bibliographie franco-roumaine du XIXe siècle. Bruxelles: Lacombler. Bibesco, Georges (1894) Règne de Bibesco. Paris: Plon. Bodea, Cornelia (1998) “Dora d’Istria through American eyes “. Revista Româno- Americană, 1: 24-42. Bordaş, Liviu (2005) “Etnologia e orientalistica nei nuovi stati Italia e Romania: Angelo De Gubernatis, Dora d’Istria e gli studiosi romeni nella seconda metà dell ’XIXe siècle”. Annali. Università degli Studi di Napoli “L’Orientale”, 65: 103-119. Cantemir, Dimitrie (1997) Descrirea Moldovei. Chişinău: Litera [escrito en 1714, edición alemana de 1769]. Colson, Félix (1839) De l’état présent et de l’avenir des principautés de Moldavie et de Valachie. Paris: Pougin. Coquio, Catherine (2011) “Être ou ne pas être ‘européen’”. Communication présentée au colloque Tsiganes, nomades, un malentendu européen. Paris, 7 octubre. D’Alessandri, Antonio (2007) Il pensiero e l’opera di Dora d’Istriafra oriente europeo e Italia, Roma: Gangemi. De Gérando, Auguste (1845) La Transylvanie et ses habitants. Paris: Au comptoir des Imprimeurs-Unis. Dibra, Zenepe (2006) “Elena Gjika (Dora d’Istria)”, in Francisca De Haan, Krassimira Daskalova, Anna Loutfi (coords.) A Biographical Dictionary of Women’s Movements and Feminisms. Central, Eastern, and South Eastern Europe. Budapest: Central European University Press. pp. 158-161. 42 Dora d’Istria (1858) La vie monastique dans l’Église orientale, Séconde édition refondue et très-augmentée. Genève: Cherbulier. Dora d’Istria (1859-1860) Les femmes en Orient. Zurich: Meyer &Zeller. Dora d’Istria (1865) Des femmes par une femmes. Paris: Librairie Internationale. Esquiros, Alphonse (1858) “Les Gyspsies et la vie errante”. Revue des Deux Mondes, 15: 721-771. F. G. L. [F. G. Laurençon] (1822) Nouvelles observations sur la Valachie. Paris: Egron et Ponthieu. Ferrari, Florencia (2012) “La ‘bonne aventure’ par les Calons de São Paulo: entre tromperie, syncrétisme et efficacité”. Brésil(s), 2: 83-106. Iorga, Nicolae (1918) Histoire des relations entre la France et les Roumains. Paris: Payot. Kogalnitchan, Michel [Kogălniceanu Mihail] (1837a) Histoire de la Valachie, de la Moldavie et des Valaques Transdanubiens. Tome premier. Berlin: Behr. Kogalnitchan, Michel [Kogălniceanu Mihail] (1837b) Esquisse sur l’histoire, les mœurs et la langue des Cigains. Berlin: Behr. Mircea, Ion Radu (1951) “Termenii rob, şerb, şiholopîn documentele slave şi române”, Studii şi cercetari ştiintifice. I (2). pp. 857-873. Moulier Boutan, Yann (2002) Dalla schiavitù al lavoro salariato. Roma: Manifesto libri. Okely, Judith (1996) Ownor Other Culture. London: Routledge. Papacostea, Şerban (1971) “Il regime fanariota in Moldavia e in Valacchia. L’assolutismo asburgico in Transilvania (1711-1820)”. In Andrei Oţetea (coord.), Storia del popolo romeno. Roma: Editori Riuniti. pp. 209-231. Petcuţ, Petre (2007) “L’apparition des Rroms dans les Prinipautés roumaines et les origines de l’esclavage en Moldavie et Munténie”. Étudestsiganes, n. 29. pp. 38-47. Petcuţ, Petre (2009) Rromiidin România. Documente. Clij-Napoca: Editura Institutu luipentrustudierea problemi lorminorităţilor naţionale. Piasere, Leonardo (2004) I romd’Europa. Una storia moderna. Roma e Bari: Laterza. Piasere, Leonardo (2012) La stirpe di Cus. Storie e costruzioni di un’alterità. Roma: CISU. Raichevich, I. S. [Ignazio Stefano] (1788) Osservazioni storiche, naturali, e politiche in torno la Valachia e Moldavia. Napoli: Raimondo. Regulamentele organiceale Valahieiş i Moldovei (1944), vol. I, coord. Paul Negulescu, George Alexianu. Bucureşti: Biblioteca Institutului de ŞtinţeAdministrative al României. Rossi, Luisa (2005) L’altramappa. Esploratrici, viaggiatrici, geografe. Reggio Emilia: Diabasis. Sauku-Bruci, Merita (2004) Elena Ghika a Girolamo De Rada. Lettere di una principessa, Tirana: Bargjini. 43 Stahl, Henri Henri (1969) Anciennes communautés villageoises roumaines. Asservissement et pénétration capitaliste. Paris: CNRS. Stan, Apostol (1971) Le problème agraire pendant la révolution de 1848 en Valachie. Bucarest: Éditions de l’Académie de la République Socialiste de Roumanie. Vaillant, Jean Alexandre (1844) La Romanie, ou histoire, langue, littérature, orographie, statistique des peuples de la langued’or, Ardialiens, Vallaques et Moldaves, résuméssous le nom de Romans. Paris: Arthus Bertrand. Vaillant, Jean Alexandre (1868) Grammaire, dialogues et vocabulaire de la langue des Bohémiensou Cigains. Paris: Maison neuve. Vaillant, Jean Alexandre (1979 [1857]), Les Rômes. Histoire vraie des vrais bohémiens. Pantin: Les Textes Essentiells. Wilkinson, William (1820) An account of the principalities of Wallachia and. London: Longman.