El antiguo retablo mayor del convento de San Francisco de Écija: obra del pintor flamenco Giraldo de Hel (1563-1566?)
Abstract
El 20 de marzo de 1563, Fr. Juan de Belalcázar, guardián del convento de San Francisco de Écija, contrata con el pintor flamenco Giraldo de Hel la hechura del retablo mayor del citado cenobio astigitano. La conservación del concierto de obra, en la Sección de Protocolos del Archivo Histórico Provincial de Córdoba, nos permite conocer, desde el punto de vista morfológico e iconográfico, tan importante pieza artística, sustituida en el primer cuarto del siglo XVII.
Full text
El antiguo retablo mayor del Convento de San Francisco de Écija, obra del pintor flamenco... 201 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 EL ANTIGUO RETABLO MAYOR DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE ÉCIJA, OBRA DEL PINTOR FLAMENCO GIRALDO DE HEL (1563-1566?)* THE ANCIENT MAIN ALTARPIECE OF THE SAINT FRANCIS MONASTERY IN ÉCIJA, WORK OF THE FLEMISH PAINTER GIRALDO DE HEL (1563-1566?) Por Jesús Rojas-Marcos González Universidad de Sevilla, España El 20 de marzo de 1563, Fr. Juan de Belalcázar, guardián del convento de San Francisco de Écija, contrata con el pintor flamenco Giraldo de Hel la hechura del retablo mayor del citado cenobio astigitano. La conservación del concierto de obra, en la Sección de Protocolos del Archivo Histórico Provincial de Córdoba, nos permite conocer, desde el punto de vista morfológico e iconográfico, tan importante pieza artística, sustituida en el primer cuarto del siglo XVIII. Palabras clave: Renacimiento, Siglo XVI, Pintura Flamenca, Giraldo de Hel, Écija, Convento de San Francisco. On March 20, 1563, Fr. Juan de Belalcázar, guardian of the Saint Francis monastery in Écija contract with the Flemish painter Giraldo de Hel the construction of the main altarpiece of that friary. The conservation of the contract, in the Protocols section of the Provincial Historical Archive in Córdoba, enables us to learn morphologically and iconographically so important artistic piece, replaced in the first quarter of the eighteenth century. Keywords: The Renaissance, Sixteenth century, Flemish painting, Giraldo de Hel, Écija, Saint Francis monastery. Écija es una de las poblaciones más importantes de la Baja Andalucía. Sabido es que a principios del siglo XV, el 31 de marzo de 1402, revalidó su carácter de ciudad1. * La elaboración de este trabajo no hubiera sido posible sin la inestimable colaboración del Dr. D. Gerardo García León, historiador del arte, quien nos comunicó la existencia del documento; el Dr. D. Manuel Romero Tallafigo, catedrático de Paleografía de la Universidad de Sevilla, que nos ayudó en la transcripción del mismo; y el arquitecto D. Joaquín Giner Calzada, autor gráfico de la reconstrucción ideal del antiguo retablo mayor del convento de San Francisco de Écija. 1 (A)rchivo (M)unicipal de (É)cija: Legajo 18, doc. 24.
Jesús Rojas-Marcos González 202 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 Esta localidad, también llamada del sol y de las torres, se enclava a medio camino entre Córdoba y Sevilla. Razón por la que su patrimonio artístico se nutre fundamentalmente de ambas capitales andaluzas, sin olvidar las aportaciones granadinas. Entre los edificios artísticos del casco histórico destaca la antigua iglesia del extinguido convento de San Antonio de Padua, vulgo de San Francisco. Documentalmente consta que, autorizada la fundación, la comunidad de Frailes Menores se estableció en la ermita de San Gregorio, extramuros de la ciudad. Elegido el emplazamiento del nuevo recinto, en la collación de Santa María, dio comienzo su edificación. No obstante, la abierta oposición del pueblo astigitano impidió su ejecución, pues en tres ocasiones llegó a derribar lo construido. El Concejo municipal, ante tal conducta, hubo de revocar la licencia concedida. Pero, gracias a la decisiva intervención de D. Fadrique Manrique, D. Fernando de Aguilar y D. Juan Fernández Galindo, pudieron continuar las obras del referido convento ecijano. Por fin, en 1473, los franciscanos lograron tomar posesión de su nueva casa. En tan honrados caballeros recayó, respectivamente, el patronato de la capilla mayor y las colaterales del evangelio y la epístola2. El templo, compuesto de tres naves y crucero, se ornó de inmediato con retablos y objetos litúrgicos. En este sentido, se sabe que, en 1490, el pintor Pedro Fernández, vecino de Córdoba, realizaba un retablo encargado por el caballero D. Tello de Aguilar.3 Del interior de su primitiva fábrica permanecen hoy la bóveda sexpartita y las estrelladas del crucero y transepto, fechables en el último cuarto del siglo XV. Sin embargo, la capilla mayor, que en origen tendría también bóveda de crucería4, no se labró hasta comienzos de la centuria siguiente. Para ello, en 1507, D.ª Beatriz de Figueroa, esposa del citado D. Fadrique Manrique, lega en su codicilo diversas cantidades5. Ultimada la fábrica de la capilla mayor se prevé dotarla de mobiliario litúrgico. Con este objetivo, en 1527, la hija de D. Fadrique Manrique y D.ª Beatriz de Figueroa, D.ª María Manrique, esposa del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, destina 200 ducados por legado testamentario para el retablo mayor6. Esta información plantea, ipso facto, una serie de interrogantes, todas ellas de gran interés histórico-artístico, pues, hasta el momento, no se ha podido dilucidar si en aquellas fechas se estaba realizando el mencionado retablo. 2 HERNÁNDEZ DÍAZ, José, SANCHO CORBACHO, Antonio y COLLANTES DE TERÁN, Francisco: Catálogo Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla, Patronato de Cultura de la Diputación de Sevilla, Sevilla, tomo III, 1951, p. 167. 3 (A)rchivo (H)istórico (P)rovinvial de (C)órdoba. Sección de Protocolos Notariales. Sig. 15304P. Oficio de Pedro González Ruiz (n.º 14). Tomo 3, f. 909. 4 ANGULO ÍÑIGUEZ, Diego: Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV, Sevilla, 1932, pp. 119-120 (se cita por la edición facsímil de Editorial Maxtor, Valladolid, 2006). 5 FLORINDO, Andrés: Grandezas de Écija. Adiciones al libro de Écija y sus santos, Sevilla, 1631, reeditado en Écija, entre 1893-1895, pp. 179-183. 6 Ibídem.
El antiguo retablo mayor del Convento de San Francisco de Écija, obra del pintor flamenco... 203 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 Por consiguiente, a falta de una confirmación documental, es posible establecer dos presumibles supuestos. En primer lugar, que se acometiera el encargo de construir el retablo, quizás en el refinado estilo del Gótico tardío; y que, ultimado o no, fuera sustituido a partir de 1563 por otro de corte renacentista, objeto del presente estudio. En cambio, existe la posibilidad de que la comunidad franciscana no emprendiera la ejecución de dicha máquina lignaria, conservando la citada cantidad económica hasta la erección del ejemplar que nos ocupa. Apoyan la primera tesis dos aspectos importantes. El primero, de carácter general para toda la archidiócesis de Sevilla, la renovación artística sufrida por los edificios de las órdenes religiosas durante la segunda mitad del siglo XVI. Dichas transformaciones vienen auspiciadas por el nuevo espíritu devocional emanado del concilio de Trento, cuyo año de finalización, 1563, coincide precisamente con la fecha del concierto del nuevo retablo para la iglesia de San Francisco de Écija. Hay que tener en cuenta, además, que las comunidades afincadas en monasterios y conventos medievales sustituyeron sus antiguos retablos góticos por otros de estilo renacentista, siguiendo las directrices de los realizados en sus casas de nueva fundación. Tal medida fue puesta en práctica emulando la tendencia marcada por el clero regular en las parroquias urbanas y rurales del territorio hispalense7. El segundo aspecto, de carácter particular, es el hecho de que, durante el Quinientos, otros linajes de la urbe ecijana, a imitación de la familia Manrique, levantaran capillas en el templo que estudiamos. En este sentido, se sabe documentalmente que Alfonso de Melgar, el 8 de marzo de 1507, lega 1.000 maravedís en su testamento para contribuir en la obra del retablo de la capilla del convento en que pide ser sepultado. Dicha capilla fue construida por él por mandado de su suegra María Díaz, viuda de Ruy González de la Barrera. Más tarde, D. Lope de Hinestrosa, en testamento otorgado el 12 de marzo de 1550, manda que se inhumen sus restos en la capilla de los Ángeles del referido cenobio, que le pertenecía. Y, por último, el corregidor D. Pedro de Ribera Arce, fallecido el 24 de junio de 1580, fue enterrado en la capilla del linaje de los Escaleras de este recinto franciscano8. De cualquier manera, lo interesante es que, a partir de la documentación manejada en la Sección de Protocolos del Archivo Histórico Provincial de Córdoba, podemos reconstruir el antiguo retablo mayor del convento ecijano de San Francisco. Y, un dato no menos importante, es posible fijar con toda precisión la autoría del mismo a un desconocido pintor flamenco: Giraldo de Hel, maestro activo en Córdoba en la década de los sesenta del siglo XVI. Según el documento, el 20 de marzo de 1563, el citado Giraldo de Hel concierta con Fr. Juan de Belalcázar, guardián del convento de San Francisco de Écija, la hechura 7 PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel: El retablo sevillano del Renacimiento: análisis y evolución (1560-1629), Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla, 1983, p. 15. 8 HERNÁNDEZ DÍAZ, José, SANCHO CORBACHO, Antonio y COLLANTES DE TERÁN, Francisco: Ob. cit., p. 313, nota 389.
Jesús Rojas-Marcos González 204 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 de un retablo para el altar mayor de la iglesia de dicho cenobio astigitano9. En la contratación, firmada en Córdoba ante el escribano público Juan Damas, actuaron de testigos Alejandro Romero, conocido del artista; Andrés López, mayordomo del convento; y Juan del Alba Díez e hijo, vecinos de la ciudad califal. El precio total de la obra debía ser tasado a su costa por el referido maestro. En un plazo máximo de tres días desde la firma del contrato, el artista se obligaba a establecer las fianzas y la cuantía total del conjunto. No obstante, una vez acabado el retablo sería apreciado por tasadores de ambas partes, con objeto de verificar si el pintor había cumplido las condiciones expuestas en el concierto del mismo. Por otro lado, se sabe que, comenzado el trabajo, se le abonaron 100 ducados, en función de unos “dineros que se le deben al dicho maestre Giraldo por parte del dicho conbento por quenta de la dicha probincia al señor Francisco de Heali, mayordomo del señor obispo de Córdova”. En lo que atañe a los plazos temporales, únicamente se precisa que Giraldo de Hel debía “comenzar a hazer desde oy dicho día sin partir mano dél hasta lo acabar”. El contratante le exige, como era habitual, que durante el periodo de realización de dicha máquina lignaria no emprendiera obra alguna hasta su finalización. Terminado el conjunto, el maestro debía preparar las diferentes piezas del mismo para su transporte en carretas desde su taller, en la capital cordobesa, hasta su definitivo emplazamiento, en la ciudad de las torres. Los gastos por el maderamen del andamiaje, las herramientas y “lo que fuere menester” para ensamblar, fijar y asentar el retablo, así como los jornales de los carpinteros y oficiales, correrían por cuenta de la comunidad franciscana. El pintor, al que se confía el retablo mayor, se compromete por su parte a ejecutarlo en su totalidad, es decir, en “madera y pintura”. Razón por la que debió subarrendar la arquitectura y las imágenes de bulto a un entallador. O bien, pudo estar asociado, quizás por vínculo familiar, con un maestro con el título de escultor, entallador del romano y arquitecto, formando así una compañía laboral. De este modo se operó la contratación retablística en Sevilla hasta 1560, aproximadamente10. El encargo, pues, sólo recayó en Giraldo de Hel, pero fueron varios los obradores que abordaron tanto la realización de las pinturas y las labores de dorado, estofado y policromía, como la ejecución de las esculturas, la talla y el ensamblaje. La documentación es exhaustiva en lo concerniente a los materiales empleados, ya que especifica un tipo de madera distinto para cada una de las partes. La del retablo habrá de ser de pino, casi con toda certeza de la sierra de Segura, pues era ideal para los elementos de mayor tamaño. Éstos, con posterioridad, serán dorados en oro de fina calidad, estofados y policromados. Las tablas pictóricas, en cambio, serán de madera de castaño, con intención de que, por su resistencia, no se hiendan o curven, evitando así su vencimiento. 9 A.H.P.C.: Sección de Protocolos Notariales. Sig. 15302P. Oficio de Juan Damas (nº 7). Tomo 27, ff. 394-396 (véase apéndice documental). La referencia al documento aparece en TORRE Y DEL CERRO, José de la: Registro documental de pintores cordobeses, Diputación Provincial de Córdoba, Córdoba, 1988, n.º 613, p. 153. 10 PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel: Ob. cit., pp. 30-34 y 113.
El antiguo retablo mayor del Convento de San Francisco de Écija, obra del pintor flamenco... 205 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 En cuanto a su tamaño, el retablo hubo de subordinarse a la dimensiones de la capilla mayor, teniéndose que acoplar al espacio limitado por el presbiterio de la iglesia franciscana. La altura se fija, pues, en diez varas de alto, desde el suelo del altar mayor hasta el remate de la bóveda. Dicha medida, mutatis mutandis, se traduce en algo más de ocho metros (8,35 m). Para la anchura se acuerda que “entre las pinturas principales de la yglesia de ambas partes aya espacio e distancia de media bara de cada parte.” Por lo tanto, entre la estructura del retablo y las paredes laterales del ábside distaría algo menos de medio metro (0,41 m). Respecto a su morfología arquitectónica, el documento no alude al tipo de planta del retablo. Sin embargo, se deduce que, al tratarse de un conjunto destinado al altar mayor, debía ser ochavada, pues se amoldaría a la cabecera primitiva del templo franciscano, que originariamente tendría nervios.11 La traza, según la documentación manejada, dispondrá de banco o predela. Dicho pedestal se organizará mediante cuatro esculturas. Entre los espacios laterales figurarán dos tablas pintadas y, en el central, el sagrario (Figura 1). Sobre tal basamento se asentarán tres cuerpos o pisos horizontales divididos, a su vez, en tres calles verticales, pues el documento dice que habrá de “thener tres tableros principales en ancho e alto”. Los cuerpos quedarán compartimentados por medias columnas, fijadas sobre pilares traseros, que serán de “talla dorada y estofada y grafiada de muy buenas colores”. Los pisos estarán rematados por dos tondos, uno sobre cada moldura de las calles laterales. Por último, encima del friso superior, como prolongación de la calle central, el retablo culminará en el habitual ático. Esta cabecera, como fue imprescindible en la etapa romanista, se coronaría, quizás, con un frontón triangular. Por consiguiente, a tenor de las dimensiones y de la traza de la obra es posible estimar tanto la duración del trabajo, como el precio final del conjunto, no especificados en la contratación. El tiempo necesario para entregar el retablo ultimado y asentado se pudo prolongar hasta un plazo de tres años, aproximadamente. Y el presupuesto global de una pieza de estas características se elevaría, más o menos, a los 3.000 ducados12. Desde el punto de vista estilístico, suponemos que, por las fechas de ejecución, el cuerpo lignario del retablo se ornamentaría siguiendo el vocabulario plateresco dominante, de fuerte presencia decorativa. Razón por la que los soportes estructurales, así como frisos, dinteles y caja central, estarían adornados siguiendo los motivos que los grabadores italianos y flamencos realizaban del grutesco. Por ello, además de candelieri, roleos y elementos vegetales, figurarían mascarones, esfinges y otros personajes quiméricos. No obstante, dada la cronología, tampoco hay que descartar la inclusión de algunas novedades procedentes de las Medidas del Romano, expuestas por Diego de Sagredo, como niños, serafines, animalillos, frutas o flores13. 11 ANGULO ÍÑIGUEZ, Diego: Ob. cit., pp. 119-120. 12 PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel: Ob. cit., p. 72. 13 GARCÍA GAÍNZA, María Concepción: “Escultura del Renacimiento”, en El Renacimiento, Historia del Arte Hispánico III, Alhambra, Madrid, 1980, p. 95.
Jesús Rojas-Marcos González 206 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 En cualquier caso, la elección de la columna en vez del balaústre, como elemento sustentante, es un claro síntoma de la adopción de los modelos italianos de progenie renacentista, inspirados en los cánones clásicos. Dicho recurso estético se inscribe de pleno en el proceso de depuración formal al que tendió la retablística sevillana del último tercio del siglo XVI. Por esta razón, a tenor de los años en que se erigió este retablo ecijano, las columnas pudieron ser retalladas, o bien, estriadas. Es decir, sus fustes estarían tallados con representaciones vegetales o, sencillamente, acanalados. Por último, los capiteles, por influencia de los preceptistas italianos, siguieron, tal vez, la superposición de órdenes clásicos14. En lo que se refiere al contenido iconográfico del retablo mayor, el documento explicita que en los pilares de la predella irán tallados “quatro cuentos de la orden de bulto” de cuatro santos relacionados con el franciscanismo. No se especifica el lugar exacto que debían ocupar. Únicamente se apunta que “an de ser Santa Clara y Santa Ysabel y San Vernardino e San Luis”. Entre ellas se pintarán las escenas de la Oración en el Huerto y el Lavatorio de los pies en dos tablas de pequeño tamaño. En el centro se ubicará un sagrario de madera, en cuyas puertas y zonas laterales habrá “unas ymágines de pinzel que sean los santos evangelistas”. El resto del conjunto sigue una clara división tripartita. En los tres cuerpos, separados por dinteles, se albergan tres tableros de formato vertical, a excepción del central. En él se incluye una caja con la imagen del santo titular, que tendría forma rectangular con el perfil superior curvo, en forma de venera. Tanto las tablas como la hornacina debieron seguir una proporción sesquiáltera o diapente, es decir, proporción de dos a tres. Cada compartimento hubo de estar coronado por frisos con relieves y molduras. En el primer cuerpo figurarán, de izquierda a derecha, la Encarnación, la Sagrada Cena y el Nacimiento de Jesús, que, como fue usual en la época, incluiría la Adoración de los pastores. En el piso central, la Adoración de los Magos, una escultura de San Francisco de Asís y la Asunción de María. En el tercer cuerpo se representarán el Descendimiento, el Calvario, incluyendo a la Magdalena junto a la Virgen y San Juan; y la escena de la Resurrección. En los dos tondos que rematan las calles laterales aparecerán San Buenaventura, a la izquierda; y San Antonio de Padua, a la derecha. Y, por último, el ático se coronará con la figura del Padre Eterno. En sentido trascendente, el antiguo retablo mayor de la iglesia del convento ecijano de San Francisco revela una sugestiva interpretación iconográfica. Supone un canto, una loa y una alabanza al mensaje divulgado por la orden del Poverello de Asís. Nada se ha dejado al azar. Todo nace de un concienzudo estudio teologal, puesto al servicio de un exquisito mensaje iconológico. Responde al deseo de expresar, de manera plástica, la profunda espiritualidad franciscana, cuyos dos grandes hitos se apoyan en el nacimiento y en la muerte de Jesucristo. Tan hermoso concepto se sostiene gracias a la base escrita, representada en el sagrario del retablo por las pinturas de los Cuatro Evangelistas, auténtico soporte de la 14 PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel: Ob. cit., pp. 89-92.
El antiguo retablo mayor del Convento de San Francisco de Écija, obra del pintor flamenco... 207 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 verdad revelada, del mensaje salvífico de Cristo. A su vez, dicho receptáculo es soporte de todo el retablo no sólo desde el punto de vista físico, sino también teológico, pues en él se deposita y custodia a Jesús sacramentado, que se hace presente a través de la Eucaristía. Ni que decir tiene que esta es la causa de que, sobre el tabernáculo, figure la Sagrada Cena. En ella, el Mesías instituye el rito central de la Iglesia al consagrar el pan y el vino, ofreciéndose como víctima incruenta para el santo sacrificio de la Misa: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros” (Lc. 22,19); “esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt. 26,28). En el misterio de la Encarnación, signo distintivo de la fe cristiana, se origina el primer pilar del franciscanismo: “Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn. 1,14). Cristo se unió a todos los hombres por medio de la Encarnación. El Hijo de Dios asumió la naturaleza humana para, de esa forma, llevar a cabo la redención definitiva de los pecados. El Verbo se encarnó porque Dios amó tanto al mundo “que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3,17). Supone, por consiguiente, el comienzo de la historia universal de la salvación. El Nacimiento de Jesús (Lc. 2,7) es consecuencia de lo anterior. En general, tan importante pasaje en la religión cristiana implica, también, la aparición del Jesús histórico. En concreto, la orden franciscana fue especialmente sensible a la Natividad del Señor. San Francisco, intensamente seducido por la humanidad de Cristo, fue el primero en representar en vivo el natalicio divino. La escenificación tuvo lugar cerca de Greccio, el día de Navidad de 1223. Según Tomás de Celano, su primer biógrafo, el seráfico padre dijo al respecto: “Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno”15. Los primeros en conocer el nacimiento del Mesías fueron unos pastores de humilde condición (Lc. 2,8-20). Estas gentes, curtidas por el trabajo y el sacrificio diario, eran los mejor preparados para conocer al Salvador. Por eso se les considera los primeros apóstoles de Cristo. Son, por tanto, la representación del pueblo judío. Del mismo modo, el pasaje de la Adoración de los Magos revela que aquellos sabios de oriente también fueron guiados ante el divino Infante para rendirle homenaje (Mt. 2,1-12). Tan ilustres viajeros, poseedores de una fe heroica, representan a los paganos. La Epifanía es, por consiguiente, la manifestación de Dios a los gentiles.16 De todo ello se desprende un mensaje totalizador: Jesús ha nacido para salvación del género humano, sin distinción de clase, etnia o religión. 15 CELANO, Tomás de: Vida primera, Cap. XXX, n.º 84, en AA.VV.: San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época, Edición preparada por José Antonio Guerra, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), Madrid, 1978, p. 192. 16 FERGUSON, George: Signos y símbolos en el arte cristiano, Emecé Editores, Buenos Aires, 1956, p. 105.
Jesús Rojas-Marcos González 208 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 Por otra parte, desde el preciso instante en que Jesucristo nace de María, la Virgen se convierte en Madre de Dios. De ese modo, la predestinada a ser la segunda Eva es colmada de gracias y virtudes por el Altísimo. La Corredentora del género humano se asocia así al triunfo del Mesías, pues compartió el Misterio Pascual de Cristo en su kénosis y apoteosis. Razón por la que María, inmune de la culpa original, es asunta al cielo tras la ascensión de su Hijo, donde es coronada por la Trinidad Beatísima como Reina y Señora de todo lo creado. Desde allí ejerce su Maternidad Espiritual sobre toda la Iglesia hasta el fin de los tiempos17. Éste y no otro es el motivo de que, entre el Nacimiento y la Resurrección de la calle derecha del retablo ecijano, figurase el tema iconográfico de la Asunción. El otro gran hito de la orden franciscana se basa en la muerte del Señor. Cristo muere en el Calvario para la redención de la humanidad, para liberarla del pecado original y devolverle así la comunión con Dios. Su entrega, por tanto, supone la salvación definitiva del hombre (1Co. 5,7), quien se reconcilia con el Padre a través de la sangre de su divino Hijo (Mc. 14,24). Jesús, que vino a dar cumplimiento a la Sagrada Escritura, es, en definitiva, el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1,29). El carácter único de su sacrificio lo convierte, pues, en “autor de salvación eterna” (Heb. 5,9). María Magdalena, tan importante en el ciclo de la pasión y muerte de Jesús, figuraba en esta escena del Calvario por expreso deseo de la comunidad franciscana. Ella, según los evangelios, acompañó a María al pie de la cruz, participó activamente en la deposición y entierro del Maestro, encontró el sepulcro vacío cuando fue a embalsamar su cuerpo y fue la primera a quien se le apareció Cristo resucitado. Su presencia está sobradamente justificada para la orden de San Francisco. Máxime teniendo en cuenta que, desde el concilio de Trento, esta santa encarna el sacramento de la penitencia. Porque, a ella, que tanto amó, “sus muchos pecados le fueron perdonados” (Lc. 7,47). Tan profundo mensaje iconográfico expresa, ad pedem litterae, la intensa espiritualidad devocional de San Francisco de Asís, quien tenía “tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa”18. La imagen del Poverello, de bulto redondo, debía ocupar el centro del centro del retablo mayor del convento astigitano. Se entiende así que su presencia en dicha máquina lignaria se inscriba entre el Cristo eucarístico de la Sagrada Cena, donde está implícito el Jesús resucitado; y el Cristo crucificado del Calvario, el Jesús histórico. De igual forma, el retablo que nos ocupa constituye un encendido homenaje a los santos más populares de la orden franciscana, que la difundieron con sus propios testimonios. Así como Jesús se rodeó de sus doce apóstoles, San Francisco estuvo acompañado por sus doce amados discípulos, como recoge Bartolomeo da Pisa. Razón por la que el Santo de Asís, en su exacerbado amor por Jesucristo, se convierte en el 17 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Antonio Castillo Lastrucci, Ediciones Tartessos, Sevilla, 2009, tomo I, pp. 302-303. 18 CELANO, Tomás de: Vida primera, Cap. XXX, n.º 84, en Ob. cit., p. 192.
El antiguo retablo mayor del Convento de San Francisco de Écija, obra del pintor flamenco... 209 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 alter Christus, en el imitator Christi. Ello justifica que, junto al Padre Eterno del ático, que da sentido teológico al conjunto, aparecieran en lo alto San Buenaventura, en el tondo de la calle izquierda; y San Antonio de Padua, en el de la derecha. San Buenaventura (1221-1274) es conocido como el Doctor Seráfico, por ser el mayor teólogo del franciscanismo. Se vincula con San Francisco desde los cuatro años de edad. Él mismo lo recuerda en su Leyenda menor (1263): “estando muy gravemente enfermo cuando aún era niño pequeño, mi madre hizo una promesa en favor mío al bienaventurado padre Francisco, y me libré de las fauces de la muerte, quedando completamente restablecido”.19 La promesa consistió, precisamente, en consagrar al hijo a la orden franciscana. Tras ingresar en la comunidad de los Frati Minori, fue nombrado Ministro General en el capítulo de 1257. Pero, sobre todo, San Buenaventura llegó a ser biógrafo e intérprete del Santo de Asís cuando, en 1262, escribió la Leyenda Mayor, única interpretación oficial de su vida y su pensamiento20. San Antonio de Padua (1195-1231), presbítero y doctor de la Iglesia, es, en la actualidad, el más célebre y popular de los santos franciscanos después del seráfico padre. Intelectual profundo y magnífico orador, ingresó en la orden de Hermanos Menores en 1221, después de haber tomado el hábito de los canónigos reglares de San Agustín en su Lisboa natal. Fue gran amigo de San Francisco, que lo dignificó como su discípulo dilecto. Il Poverello, después de oír sus sermones, reconoció sus dotes oratorias. Lo nombró lector de teología, confiándole buena parte de la labor educativa de la orden. En 1563, cuando se concibe el retablo que nos ocupa, su leyenda ya se había formado y propagado, gracias a las persuasivas prédicas de San Bernardino de Siena21. San Francisco aunó en el mismo ideal evangélico a los Hermanos Menores, en primer lugar (1209); a las Damas Pobres o Clarisas, a continuación (1212); y, por último, a los Hermanos de Penitencia u Orden Tercera, formada por seglares (1221). De esta forma, el santo, gran devoto de la Santísima Trinidad, renovó la Iglesia de Dios por medio de estas tres órdenes, triunfando “las tres milicias de los llamados a la salvación”22, tal como reparó con anterioridad las iglesias de San Damián, San Pedro y Santa María de la Porciúncula. En este sentido, San Buenaventura y San Antonio de Padua pertenecen a la primera orden franciscana. Las dos restantes están presentes en el banco del retablo, en cuyos pilares se tallaron cuatro esculturas con cuatro santos vinculados con esta institución mendicante. Dos femeninos, Santa Clara de Asís y Santa Isabel de Hungría o Santa Isabel de Portugal. Y dos masculinos, San Luis de Francia y San Bernardino de Siena. Este último, además, es fundador de la congregación de los hermanos de la observancia, 19 SAN BUENAVENTURA: Leyenda menor, Cap. VII, n.º 8, en AA.VV.: San Francisco de Asís: escritos, biografías, documentos de la época, Edición preparada por José Antonio Guerra, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), Madrid, 1978, p. 526. 20 Ibídem, pp. 377-379. 21 RÉAU, Louis: Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. De la A a la F, Ediciones del Serbal, Barcelona, tomo 2, volumen 3, 1997 (2.ª edición de 2000), pp. 123-131. 22 SAN BUENAVENTURA: Leyenda mayor, Cap. II, n.º 8, en Ob. cit., p. 392.
Jesús Rojas-Marcos González 216 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 Yten que el dicho maestro a de asentar el dicho retablo a su costa salvo que la madera de los andamios y lo que fuere menester para fixallo y las demás herramientas y materiales de clabos, yerro y todas la otras cosas que fuere menester para lo asentar a de ser a costa del dicho conbento. [xornales de carpinteros y oficiales a de ser a costa del dicho conbento] Yten que el dicho maestre Geraldo a de ser obligado dentro de tres días a dar fianzas e contías para que cumplirá lo conthenido en este contracto o el tal fiador a su costa lo cumplirá. // Yten que los dineros que se le deven al dicho maestre Geraldo por parte del dicho conbento por quenta de la dicha probincia al señor Francisco de Heali, mayordomo del señor obispo de Córdova, e con condición que luego se le den para comenzar la dicha obra cien ducados y los demás que cobre fuere en acabándose el anno, pagando y entregando al dicho Francisco de Heali, y acabado de tasar se le acabe pagar. Y otorgó el dicho maestre Giraldo de Hel cunplir este contracto e lo en él conthenido e obligóse por cuenta dél so pena que el dicho señor guardián pueda coxer otros oficiales que hagan la dicha obra. E por lo que más costare e por los maravedís que oviere rescibido le puedan executar al dicho maestre Giraldo o a sus fiadores por la declaración del dicho señor guardián. Y para lo ansí cunplir e pagar, el dicho maestre Giraldo de Hel obligó su persona e bienes avidos e por aver. E por esta carta da su poder a qualesquier jueces de su magestad ante quien fuere presentada, e pedido execución e cunplimiento della le compelan e apremien a lo ansí cunplir como por cosa sobre que oviese avido sentencia difinitiba de juez conphetente aquella fuese consentida por las partes en juicio. Testigos que fueron presentes: Alejandro Romero, que conoció al dicho maestre Giraldo de Hel; y Andrés López, mayordomo; y Juan del Alba Díez, vecino de Córdova, e hijo mozo. El dicho señor guardián y el dicho maestre Giraldo de Hel reconocieron. Va testado o diz nen e o diz // esta e o diz tus: Y el dicho maestre Giraldo de Hel dixo ser de hedad de veinte e dos años, que para mayor validación de este contracto juró por Dios e por Santa María e por las palabras de los Santos Evangelios e por una señal de cruz a tal como ésta (cruz), que hizo de su mano derecha, de haber por firme esta escriptura y de no yr contra ella ni alegar minoría en este caxo so pena de perjurio. Testigos los dichos. Fray Juan Belalcáçar (rúbrica) Gerreyt ver Hell (rúbrica) Juan Damas, Escribano público (signo) Trasladado”. Fecha de recepción: 20 de septiembre de 2012 Fecha de aceptación: 18 de noviembre de 2012
El antiguo retablo mayor del Convento de San Francisco de Écija, obra del pintor flamenco... 217 Laboratorio de arte 25 (2013), pp. 201-217, iSSN 1130-5762 Figura 1. Giraldo de Hel. Retablo mayor de San Francisco de Asís (reconstrucción ideal). Convento de San Antonio de Padua, vulgo de San Francisco. Écija (Sevilla).