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Cultura de la aporofobia y el postureo. Revisión y vigencia de la "Ética protestante y el Espítiru del Capitalismo" de Max Weber a la luz de ambos fenómenos sociales.

López Pérez, Mario

Abstract

Los conceptos aporofobia y postureo han sido dos de los más popularizados y utilizados en los últimos años, tanto en el ámbito académico como social. Al reparar en la actitud de alarde propia del postureo, observamos que un gran número de estos comportamientos van dirigidos a hacer ostentación de la posesión de riqueza y de pertenecer a un estatus económico y social privilegiados, o al menos aparentarlos. Parece de este modo que nos encontramos ante una serie de comportamientos que podrían guardar algún tipo de relación con las actitudes aporófobas descritas por Cortina en su obra Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia como comportamientos dirigidos a la invisibilización de la pobreza y del pobre, como elementos cuya presencia molesta a la sociedad. De este modo, comportamientos de postureo y comportamientos aporófobos estarían en apariencia diametralmente opuestos en cuanto a sus fines: uno haría visible la riqueza, lo contrario a aquello que el otro pretende ocultar, la pobreza. Desde esta perspectiva, el presente trabajo buscará indagar en el posible enraizamiento cultural de nuestra predisposición biológica hacia comportamientos de invisibilización, y también de maltrato, a las personas pobres, por un lado, y la relación de dicha tendencia y predisposición biológica con los comportamientos sociales de exaltación de la riqueza, de querer mostrar pertenecer a un estatus económico y social privilegiados, que engloban el fenómeno del postureo, por otro lado. Ambos comportamientos opuestos entre sí podrían ser, sin embargo, las dos caras de una misma moneda: la necesidad de mostrar una buena conciencia en la posesión de riqueza. Esta necesidad tendría su origen como consecuencia de impulsos psicológicos producidos por la doctrina de la predestinación protestante en el escenario ascético mundano aparecido como resultado de la Reforma y analizado por Weber en su célebre obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Nos detendremos por ello en la exposición que Weber realiza del sistema económico y social devenido de tal ética, el capitalismo, para comprobar qué refiere acerca del papel representado por pobres y ricos en dicho escenario. Referencia que podría arrojar luz sobre los actuales fenómenos aporófobo y, por contraposición, del postureo. Más tarde compararemos algunas de las principales tesis de Weber con las obtenidas por el doctorado en Psicología Social, Mario Sainz, en su tesis doctoral Consecuencias de la animalización de los pobres y la mecanización de los ricos en el mantenimiento de las diferencias socioeconómicas, pues podrían poner de manifiesto la deuda que los actuales comportamientos aporófobos guardarían con las tesis de Weber respecto al capitalismo y a la ética que este despierta en todos los individuos nacidos dentro de él. De este modo nos sería posible quizás hallar desde las tesis del filósofo alemán un marco conceptual y teórico que ofrezca explicación a ambos fenómenos contemporáneos arraigados en nuestros sistemas, erigidos sobre el capitalismo, a través de la eventual e ininterrumpida operatividad de los impulsos psicológicos que la ética y el sistema económico y social, expuestos por Weber en su obra, generaron. Las obras de Cortina y Sainz podrían ser el punto de partida hacia una comprensión en profundidad del problema al que ambas refieren y buscan con su aportación poner medios para superar. Una comprensión, y por qué no superación, a las que este trabajo pretende sumar esfuerzos gracias a la lectura de la original obra de Weber, sin olvidar la dimensión, realizando para ello una suerte de genealogía de ambas, de nuestra ética y nuestra moral, a fin de mostrar qué grado de implicación podrían guardar respecto a tales fenómenos.

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1 Universidad de Sevilla Facultad de Filosofía Máster en Filosofía y Cultura Moderna Trabajo Fin de Máster La Cultura de la Aporofobia y el Postureo. Revisión y Vigencia de la Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo de Max Weber a la Luz de Ambos Fenómenos Sociales Alumno: Mario López Pérez Tutor: Dr. José Ordóñez García Cotutor: D. Juan José Garrido Periñán Curso: 2020/2021 Convocatoria de Septiembre 2 Índice Resumen .................................................................................................................................... 3 1. El postureo, genealogía del término y su escenario preferente de mostración en las redes sociales como mundo de fantasía ................................................................................... 7 2. Aporofobia: la invisibilización y maltrato al pobre en la sociedad .............................. 10 3. Capitalismo y enraizamiento cultural de la predisposición biológica aporófoba ....... 15 3.1. Genealogía del capitalismo en la obra de Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo ........................................................................................................... 16 3.2. Consecuencias de la doctrina de la predestinación protestante, y su halo en el sistema capitalista, en la representación del pobre en tal escenario como posible enraizamiento cultural de la aporofobia en este sistema económico y social. El testimonio clave de Weber........................................................................................................................ 24 4. Las Consecuencias de la animalización de los pobres y la mecanización de los ricos en el mantenimiento de las diferencias socioeconómicas de Mario Sainz. Aporofobia, animalización del pobre y humanización del rico como indicios de la ininterrumpida operatividad de los prejuicios iniciados por el protestantismo ascético a través de la pervivencia de los impulsos psicológicos que generó............................................................. 30 4.1. Relación entre la deshumanizadora animalización de las clases sociales de bajo perfil socieconómico analizado por Sainz, desde la persepectiva del protestantismo ascético descrito por Weber ................................................................................................................. 31 4.2. Deshumanización y redistribución de la riqueza: la justificación del mantenimiento de las desigualdades sociales y el amasamiento de riqueza en manos de unos pocos mediante las conclusiones de Sainz y las tesis de Weber al respecto .................................... 39 5. Implicaciones de la pervivencia de los impulsos psicológicos del protestantismo ascético: sociedad aporófoba, sociedad del postureo ............................................................ 46 5.1. Del santo contencioso en el gasto en el capitalismo heroico, al consumista, hedonista y posturero en la sociedad del consumo ................................................................................ 47 5.2. Aporofobia y postureo, dos caras de una misma moneda: la mala conciencia en la pobreza como consecuencia de exaltar la buena conciencia en la riqueza al ser señalada como deber con Dios y principal indicio de la predestinación ............................................... 49 6. Conclusiones. Aporofobia y postureo: demonización y animalización del pobre y la santificación e idolatría del rico en la sociedad de consumo. La aporofobia también es cultural, el postureo también es aporófobo ........................................................................... 58 Bibliografía y webgrafía ........................................................................................................... 62 3 Resumen Los conceptos aporofobia y postureo han sido dos de los más popularizados y utilizados en los últimos años, tanto en el ámbito académico como social. Al reparar en la actitud de alarde propia del postureo, observamos que un gran número de estos comportamientos van dirigidos a hacer ostentación de la posesión de riqueza y de pertenecer a un estatus económico y social privilegiados, o al menos aparentarlos. Parece de este modo que nos encontramos ante una serie de comportamientos que podrían guardar algún tipo de relación con las actitudes aporófobas descritas por Cortina en su obra Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia como comportamientos dirigidos a la invisibilización de la pobreza y del pobre, como elementos cuya presencia molesta a la sociedad. De este modo, comportamientos de postureo y comportamientos aporófobos estarían en apariencia diametralmente opuestos en cuanto a sus fines: uno haría visible la riqueza, lo contrario a aquello que el otro pretende ocultar, la pobreza. Desde esta perspectiva, el presente trabajo buscará indagar en el posible enraizamiento cultural de nuestra predisposición biológica hacia comportamientos de invisibilización, y también de maltrato, a las personas pobres, por un lado, y la relación de dicha tendencia y predisposición biológica con los comportamientos sociales de exaltación de la riqueza, de querer mostrar pertenecer a un estatus económico y social privilegiados, que engloban el fenómeno del postureo, por otro lado. Ambos comportamientos opuestos entre sí podrían ser, sin embargo, las dos caras de una misma moneda: la necesidad de mostrar una buena conciencia en la posesión de riqueza. Esta necesidad tendría su origen como consecuencia de impulsos psicológicos producidos por la doctrina de la predestinación protestante en el escenario ascético mundano aparecido como resultado de la Reforma y analizado por Weber en su célebre obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Nos detendremos por ello en la exposición que Weber realiza del sistema económico y social devenido de tal ética, el capitalismo, para comprobar qué refiere acerca del papel representado por pobres y ricos en 4 dicho escenario. Referencia que podría arrojar luz sobre los actuales fenómenos aporófobo y, por contraposición, del postureo. Más tarde compararemos algunas de las principales tesis de Weber con las obtenidas por el doctorado en Psicología Social, Mario Sainz, en su tesis doctoral Consecuencias de la animalización de los pobres y la mecanización de los ricos en el mantenimiento de las diferencias socioeconómicas, pues podrían poner de manifiesto la deuda que los actuales comportamientos aporófobos guardarían con las tesis de Weber respecto al capitalismo y a la ética que este despierta en todos los individuos nacidos dentro de él. De este modo nos sería posible quizás hallar desde las tesis del filósofo alemán un marco conceptual y teórico que ofrezca explicación a ambos fenómenos contemporáneos arraigados en nuestros sistemas, erigidos sobre el capitalismo, a través de la eventual e ininterrumpida operatividad de los impulsos psicológicos que la ética y el sistema económico y social, expuestos por Weber en su obra, generaron. Las obras de Cortina y Sainz podrían ser el punto de partida hacia una comprensión en profundidad del problema al que ambas refieren y buscan con su aportación poner medios para superar. Una comprensión, y por qué no superación, a las que este trabajo pretende sumar esfuerzos gracias a la lectura de la original obra de Weber, sin olvidar la dimensión, realizando para ello una suerte de genealogía de ambas, de nuestra ética y nuestra moral, a fin de mostrar qué grado de implicación podrían guardar respecto a tales fenómenos. Palabras clave: Aporofobia, postureo, capitalismo, redes sociales, protestantismo, animalización. 5 Resumo La konceptoj aporofobio kaj pozigo estis du el la plej popularigitaj kaj uzataj en la lastaj jaroj, ambaŭ en la akademia kaj socia kampoj. Kiam ni rimarkas la sintenon montri tipan sintenon, ni konstatas, ke granda nombro de ĉi tiuj kondutoj celas montri la posedon de riĉeco kaj aparteni al privilegia ekonomia kaj socia statuso, aŭ almenaŭ ŝajnas ĝin. Tiel, ŝajnas, ke ni estas antaŭ serio de kondutoj, kiuj povus esti rilataj al ia rilato kun la aporofobiaj sintenoj priskribitaj de Cortina en lia verko Aporofobia, la malakcepto de la malriĉuloj: defio por demokratio kiel kondutoj celantaj la nevideblecon de malriĉeco kaj de malriĉuloj, kiel elementoj, kies ĉeesto ĝenas la socion. Tiel, pozigitaj kondutoj kaj aporofobiaj kondutoj ŝajnus esti diametre kontraŭaj laŭ iliaj celoj: unu vidigus riĉecon, la malon de tio, kion la alia celas kaŝi, malriĉeco. De ĉi tiu perspektivo, la nuna laboro serĉos esplori la eblajn kulturajn radikojn de nia biologia dispozicio al kondutoj de nevidebleco, kaj ankaŭ misuzo, de malriĉuloj, unuflanke, kaj la rilato de menciita tendenco kaj biologia dispozicio kun sociaj kondutoj de altiga riĉeco, voli montri apartenon al privilegia ekonomia kaj socia statuso, kiu ampleksas la fenomenon de pozado, aliflanke. Ambaŭ kontraŭaj kondutoj povus esti tamen la du flankoj de la sama monero: la bezono montri bonan konsciencon en posedo de riĉeco. Ĉi tiu bezono havus sian originon kiel konsekvenco de psikologiaj impulsoj produktitaj de la doktrino pri protestanta antaŭdestino en la monda asketa sceno, aperinta rezulte de la reformado kaj analizita de Weber en sia fama verko La protestanta etiko kaj la spirito de kapitalismo. Ni do haltos ĉe la ekspozicio, kiun Weber faras pri la ekonomia kaj socia sistemo, kiu fariĝis tia etiko, kapitalismo, por vidi, al kio li aludas pri la rolo ludita de malriĉuloj kaj riĉuloj en tiu scenaro. Referenco, kiu povus lumigi aktualajn aporofobajn fenomenojn kaj, male, sintenon. Poste ni komparos iujn el la ĉefaj tezoj de Weber kun tiuj akiritaj de Mario Sainz, doktoro pri socia psikologio, en lia doktora tezo Konsekvencoj de la animaligo de malriĉuloj kaj la meizationanizado de riĉuloj pri la konservado de sociekonomiaj diferencoj, ĉar ili povus reliefigi la ŝuldon, kiun la nunaj aporofobiaj kondutoj havus kun la tezo de Weber pri kapitalismo kaj la etiko, kiun tio vekas ĉe ĉiuj individuoj naskita en ĝi. Tiamaniere eble eblus al ni trovi el la tezoj de la germana filozofo konceptan kaj teorian kadron, kiu ofertas klarigon al ambaŭ nuntempaj 6 fenomenoj enradikiĝintaj en niaj sistemoj, starigitaj sur kapitalismo, per la eventuala kaj senĉesa funkciado de la psikologiaj impulsoj, kiuj konsistigas ĝin, generis etikon kaj la ekonomian kaj socian sistemon, elmontritajn de Weber en sia laboro. La verkoj de Cortina kaj Sainz povus esti la deirpunkto al profunda kompreno de la problemo, al kiu ambaŭ rilatas kaj serĉas per sia kontribuo meti rimedojn por venki. Kompreno, kaj kial ne superado, al kiu ĉi tiu verko celas aldoni penojn danke al la legado de la originala verko de Weber, sen forgesi la dimension, farante specon de genealogio de ambaŭ, de nia etiko kaj nia moralo, por montri, kion grado de implico, kiun ili povus havi pri tiaj fenomenoj. Gravaj vortoj: Aporofobio, pozigo, kapitalismo, sociaj retoj, protestantismo, bestigo. 7 1. El postureo, genealogía del término y su escenario preferente de mostración en las redes sociales como mundo de fantasía “Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción”, esta es la definición que la RAE da a la palabra postureo desde su registro por el mismo organismo en el año 2017. Así mismo, la RAE señala sobre los orígenes del término que proviene del coloq. posturear 'actuar con postureo', y este de postura y -ear. No obstante, ya en el año 2014 la Fundéu BBVA, organismo asesorado por la RAE, le dedicó una entrada en su web bajo el título Postureo y posturear, neologismos válidos. En dicho artículo se definen estos vocablos como “la adopción de ciertos hábitos, poses y actitudes más por apariencia que por convicción, son neologismos bien formados que siguen el paradigma de ningunear/ninguneo, flirtear/flirteo, menear/meneo y muchos otros”. También sugiere que “la expresión postureo surge en el ámbito de las redes sociales para calificar actitudes impostadas”, recordando que, “desde el punto de vista del significado está emparentada con postura y sobre todo con pose (postura poco natural, y, por extensión, afectación en la manera de hablar y comportarse)”. Esta entrada en la Fundéu BBVA dedicada al término postureo en el año 2014 demuestra que el término se había hecho un importante hueco dentro del imaginario social incluso antes de su registro en el diccionario de la Real Academia Española. También aparecía ya, con anterioridad a tal registro, en el ámbito periodístico e investigador. El artículo periodístico La epidemia del postureo, publicado en la web del periódico La Vanguardia en el año 2015, es buena prueba de ello. En él se recogen las opiniones de distintos expertos en comunicación y redes sociales que dan su visión respecto al fenómeno del postureo. El profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, José Luís Orihuela, sostiene en dicho artículo que son las redes sociales las que nos han movido a “compartir fragmentos de nuestra vida que acaban construyendo un personaje basado en retazos que son nuestra identidad virtual”, siendo por eso que: “las redes sociales son lo que probablemente han consolidado el postureo como tendencia”. La redactora del 8 artículo periodístico, Margarita Puig, destaca que “hay un montón de gente que hace las cosas no porque les apetezca sino porque toca” por lo que el postureo implica “vivir de cara a la galería, siempre, en todo lugar y a todas horas. Todos juegan hoy en día al postureo. No escapa nadie. Ese es el poder de las redes sociales. No es un tema para famosos y gente guapa, aunque los reyes del postureo sean ellos.” Dentro del artículo se extrae además la confirmación de que el comportamiento social designado bajo el término postureo hace alusión a actitudes de alarde, demostración y apariencia forzada o antinatural sobre todo en el ámbito de las redes sociales. A este respecto Micky Ribera, CEO en BeRepublic, expone que “subir fotos a Instagram con tu mejor cara (mejor si te has hecho una veintena, has escogido un par, las has retocado y al final la has colgado con la inscripción de <<lo que importa es ser natural>>) en un día en que te has levantado del peor humor, ir a un evento con una gran sonrisa cuando estás pensando en la rabia de haberte perdido el entrenamiento de la tarde… todo eso es posturear”. A este respecto, el profesor Orihuela profundiza sobre el escenario principal donde tiene lugar el postureo, las redes sociales, y también indaga en sus efectos sobre quienes se adentran en él. En su entrada de blog Instagram como mundo de fantasía, Orihuela reflexiona sobre cómo en Instagram en particular definimos nuestra imagen, pues las fotos que se muestran en cualquier perfil de esta red “conforman una máscara o un disfraz con el que de forma intencional nos presentamos socialmente”. Esta selección de imágenes sumada a la “cuidadosa selección de objetos, vestuarios, localizaciones y personajes que se enmarcan en un frame cuadrado y sobre el que se aplican todo tipo de filtros, hace de Instagram un mundo hiperdiseñado, construido para ser mostrado.” Al reparar Orihuela sobre los efectos que provoca la construcción de este mundo hiperdiseñado para el constructor/usuario de dichas redes sociales, el autor señala que dicha red social llega incluso a modificar nuestras experiencias vitales. En este sentido, podemos ver cómo “espectadores de un torneo que han decidido intermediar su presencia mediante la cámara de un 9 teléfono, en lugar de disfrutar en directo del arte o el deporte que tienen delante”. En este entorno red “la ejecución del registro digital sustituye al disfrute de la vivencia personal”. Es por ello que Orihuela señala los peligros que comportan estos elementos necesarios para conformar el escenario primordial para el postureo que son las redes sociales, dando lugar así a un “mundo ideal, de momentos perfectos y de belleza diseñada” por lo que Orihuela advierte que ello “no debería convertirse en el baremo de felicidad de una vida lograda”. Y el autor apostilla: “Instagram es un mundo de fantasía armado con imágenes aspiracionales que convierten a la realidad en un parque temático para la vista”. De este modo, Instagram sería una suerte de mundo del postureo. Postureo que estaría reñido con la naturalidad, la espontaneidad y el disfrute real del momento como hemos visto. Estas ansias de mostrarnos en un mundo idealizado, e idealizadamente por ello nosotros mismos dentro de él, incita a hacer gala en las redes sociales de todo tipo de viajes exóticos, paseos en barco, disfrute de espectáculos exclusivos, literales brindis al sol, mostrarse en posesión de vestuario de caras marcas, acudiendo a sesiones de tratamientos de belleza y estética, entre otros. Se trataría, en estos casos expuestos, de mostrarse como poseedor de un status social y económico privilegiado que sustenten estas experiencias de los que aquellos serían condición de posibilidad, ¿qué mecanismo o naturaleza podría poner en construcción el mundo de fantasía propio del postureo? El comportamiento propio de este postureo choca frontalmente con aquello que queremos esconder en, y de, nuestra sociedad y que sería la cara opuesta de estos comportamientos en ella, el rechazo al fenómeno contrario de este opulento postureo, que sería la pobreza y sus protagonistas, las personas pobres, recogido bajo el término de Adela Cortina aporofobia. A continuación repararemos en este fenómeno de invisibilización de la pobreza y de quienes la padecen, contrapuesto al de exhibición de su contrario que tiene lugar en el postureo. Pasemos ahora a hablar sobre el fenómeno aporófobo a fin de mostrar su naturaleza. 16 3.1. Genealogía del capitalismo en la obra de Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo Si hemos de examinar nuestra sociedad, habremos de reparar en sus rasgos característicos, aquellos que más influyen en nuestra percepción y vivencia del mundo que nos rodea, esto es, en su estructura misma. En este horizonte aparece nuestro sistema del bienestar económico y consumista actual, erigido a partir del capitalismo como sistema económico que sostiene nuestros sistemas sociales y que en buena parte dictamina nuestra ética e interfiere en nuestros deseos. Para iluminar la naturaleza del sistema capitalista sobre el que se erigió nuestro sistema de consumo tomaremos como obra de referencia la clásica obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber, pues en ella se expone la génesis del capitalismo para, de este modo, comprender el contexto de su origen y la ética que en virtud a él se habilita. Max Weber busca en dicha obra la relación entre ambos sistemas de creencias que le dan título. Procede Weber en el primer capítulo, Sobre el espíritu del capitalismo, a la definición de lo que el autor denomina como espíritu capitalista, que adquiere la posición de una máxima ética, y que aparece plasmado en el pensamiento de Benjamin Franklin, explicitado este en su Autobiografía. A esta última recurre Weber para mostrar las características del espíritu capitalista. En ella, Franklin nos habla de cosas como “ganar dinero por ganar dinero (…) piensa que el tiempo es dinero” (Weber, 2004, p. 58) y del deber del individuo de aumentar su propio patrimonio como fin en sí mismo. Weber valora a este ganar dinero por sí mismo como “algo totalmente trascendente y realmente irracional respecto a la utilidad o felicidad del individuo” (Weber, 2004, p. 62) y ensalza esta práctica como “leiv motiv del espíritu del capitalismo” (Weber, 2004, p. 62). El ganar dinero como fruto del esfuerzo y del trabajo profesional es para el filósofo alemán “el Alpha y el Omega en la actividad moral” (Weber, 2004, p.62) desde la que Franklin habla. Franklin habla insuflado por el denominado por Weber como espíritu capitalista, poseído por él. El modelo del nuevo empresario, imbuido de este moderno espíritu, posee para Weber “cualidades 17 éticas que le permiten una gran capacidad de trabajo (…) su motivación es su negocio, su trabajo continuo se ha convertido en imprescindible para la vida” (Weber, 2004, pp. 77-78) lo que para él pone en evidencia “lo irracional de este modo de vida, pues es el hombre el que está para su negocio y no al revés” (Weber, 2004, p.78). Aquella capacidad de sacrificio para el trabajo que posee ese nuevo modelo de empresario propio del capitalismo llama la atención de Weber, pues presenta en su opinión “rasgos ascéticos” (Weber, 2004, p.79). Como también lo presenta su ideal de vida, caracterizado por el filósofo alemán por “la idea de bajar a la tumba, en su momento, cargado de dinero y bienes” (Weber, 2004, p.79). Guarda pues relación esta mentalidad con lo trascendente, con el más allá (Weber, 2004). Para ver con más claridad lo novedoso que aporta el espíritu capitalista en su modo de ver y hacer mundo respecto a lo habido previamente a él, y la valoración positiva que hace del lucro individual que estimula, Weber recurre a Sombart, quien distingue dos sistemas económicos antagónicos que coexistieron, al menos por un tiempo. Por un lado estaría el sistema tradicionalista, que estaría basado en la satisfacción de las necesidades. Por el otro el sistema capitalista, basado por el contrario en el ánimo de lucro. En la mentalidad que propicia el primero, la mentalidad tradicionalista, se censura el ánimo de lucro, institucionalizado en la prohibición eclesiástica de la usura. Sólo se trabajaba para cubrir las necesidades básicas. En caso de trabajar dejándose llevar por el ánimo de lucro esta actividad “ponía en riesgo la salvación misma” (Weber, 2004, p. 80). La mentalidad que propicia el segundo se halla en las antípodas de aquel. El capitalista ansía ante todo la ganancia económica por medio del trabajo profesional, del negocio, siendo deplorable su contrario, la falta de riqueza. Vemos que ambos sistemas están contrapuestos entre sí. El tradicionalista estaba basado en la moral religiosa, que reprendía el lucro como egoísmo y olvido de Dios por parte del hombre (Weber, 2004). Veamos ahora, siguiendo las investigaciones de Weber, de dónde proviene el ánimo de lucro individual impulsado por el sistema capitalista, contrapuesto al tradicionalista. En el segundo capítulo de su libro, La idea de profesión en el protestantismo ascético, Weber se propone averiguar de dónde provenían los 18 impulsos psicológicos que movieron al espíritu capitalista, que lo impulsaron al lucro y a la sed de riqueza y de trabajo que se lo garantizara, y apunta a que estos proceden de ideas puramente religiosas, “en una época en que el más allá lo era todo” (Weber, 2004, p.194). Para ello expone la fe incipiente en los siglos XVI y XVII en plena reforma religiosa, contexto previo para el autor al auge del capitalismo, y se centra en exponer la doctrina del calvinismo, primer esbozo del protestantismo. Del calvinismo destaca una doctrina particular, la doctrina de la predestinación, que continuará presente en el protestantismo. Según esta doctrina, “Dios ha predestinado con su designio a algunos hombres para la vida eterna” (Weber, 2004, p.115). De este modo, según la doctrina de la predestinación, Dios decide desde la eternidad condenar a una parte de la humanidad y salvar a la otra, sin que los hombres puedan hacer nada para cambiar tal designio. Sobre ella afirma Weber: Esta doctrina, con su patética inhumanidad, tuvo que tener sobre todo una consecuencia para el ánimo de la generación que se rindió ante su lógica: el sentimiento de una extraña soledad interior del individuo (…) el hombre quedaba condenado a caminar él sólo su camino, frente a un destino establecido desde la eternidad (Weber, 2004, pp.119-120). Algunos se salvan, pero no todos. Si sólo algunos están predestinados por Dios para la vida eterna nos surge la pregunta de quiénes serán estos predestinados. En el creyente surgía de esta manera una duda existencial que le llevaba a la inseguridad, a la angustia, de saberse salvado y predestinado por Dios o reprobado por él, privándole con tal reprobación de la vida en el más allá. Para ello el calvinismo sugiere que los elegidos han de encontrarse en el estado de gracia, favorecido por Dios (Weber, 2004). Al preguntarse si era uno de los elegidos por Dios, el creyente, encontraba según Weber dos tipos de consejos para salir de la angustia, para paliarla y saberse poseedor del estado de gracia. El primero de esos consejos sería tenerse a sí mismo por uno de los elegidos como deber, pues “una certeza deficiente es una fe insuficiente, rasgo de la falta del estado de gracia” (Weber, 2004, p.130). El segundo consejo, y el más importante, es que se recomienda como el mejor medio para conseguir la 19 certeza de saberse elegido y estando en el estado de gracia un trabajo profesional, infatigable, que disipa cualquier duda religiosa al respecto. Si a esta segunda recomendación para saberse elegido por Dios añadimos que en el calvinismo, el mundo está para servir a la Gloria de Dios, siendo el trabajo el medio para aumentar esta Gloria, podemos imaginarnos las consecuencias que esta mentalidad supuso para la actividad económica. El deber de tenerse por predestinado para la vida en el más allá, de este modo, predispuso a los hombres voluntariamente para un trabajo racionalizado que influyó en la aparición del sistema económico capitalista promovido por ese sentimiento ascético de servir a Dios por el trabajo como medio de racionalización del mundo que sirve a su vez para el aumento de su Gloria. Es dentro de estos rasgos religiosos donde sitúa Weber los impulsos psicológicos que favorecieron la aparición del sistema capitalista y la expansión de su espíritu (Weber, 2004). Nos encontramos con una mentalidad religiosa que ve en el trabajo profesional “el medio ascético por excelencia” (Weber, 2004, pp.163-164). Es importante destacar cómo Weber brinda a esta excelencia en el medio para la acreditación del estado de gracia por el trabajo profesional del que el calvinismo hace gala para poner de relieve una diferencia fundamental respecto al cristianismo previo a la Reforma. En aquel cristianismo previo a la reforma protestante el método ascético por excelencia era la vida entre muros del monje. Era el monje quien, por medio del alejamiento del mundo y la vida monacal, purificaba su alma del estado de naturaleza, llevando a cabo un ascetismo extramundano. Esto se acaba con la religiosidad resultante tras la Reforma. Tras ella será el quehacer en el mundo, la vida profesional mundana, lo que tome la consideración de excelencia para la salvación. “Es un ascetismo en el mundo” (Weber, 2004, p.132) afirma el filósofo alemán al respecto. Esto llevó a una racionalización ascética de la vida en el mundo, de la vida profana, convirtiendo así de este modo al ascetismo cristiano de los conventos al ascetismo cristiano profesional, bajo el imperativo de aumentar la Gloria de Dios por una vida santa y de, por ello, saberse elegido por este para la vida eterna, para el más allá (Weber, 2004). 20 El mundo profesional tras la Reforma sería esencialmente religioso por ello. La palabra profesión misma alberga rasgos religiosos desde su introducción, por Lutero, en sus traducciones bíblicas de modo que “la profesión es lo que el hombre tiene que aceptar como disposición divina” (Weber, 2004, p. 100). Los ascetas hubieron de buscar tras la Reforma en la vida profesional profana su salvación. Como dice Joaquín Abellán en el estudio introductorio a la obra de Weber, en el protestantismo “el mundo es el campo de pruebas para aumentar la Gloria de Dios (…) lugar de acreditación del creyente que busca la certidumbre de su salvación” (Weber, 2004, p.30). Siendo el trabajo el medio ascético por excelencia para distinguir a sus predestinados, el trabajo mismo adquirió así tintes de ser un don acreditador de la gracia divina por el que Dios distinguía a sus elegidos. El creyente adquiere con Dios el deber de aumentar su Gloria en el mundo por medio del trabajo profesional y, al cumplir con este deber, el creyente se libera de la angustia de saberse salvado para la eternidad con la que Dios gratifica a los suyos de participar en su Gloria, que consigue de estos una vida santa, plena de sentido trascendental dentro de su significación mundanal (Weber, 2004). En el capítulo Ascetismo y Capitalismo, Weber repara en el fenómeno de la acumulación de riqueza y la relación de esta acumulación con la doctrina de la predestinación. En primera instancia, al hablar sobre la riqueza, señala que es peligrosa para la salvación. Este peligro que tiene la riqueza es que puede llevar a quien la posee a la recreación en ella, pudiéndolo desviar de la vida santa que el calvinista requiere, pues es “la actividad la que sirve para aumentar la Gloria de Dios” (Weber, 2004, p.197) y es esta la que hace al creyente “estar seguro de su estado de gracia” (Weber, 2004, p.197) la actividad que certifica su salvación. Es por ello que Weber revela como uno de los más graves pecados el desaprovechamiento del tiempo “porque cada hora perdida se la sustrae al trabajo para la Gloria de Dios” (Weber, 2004, p.198). La riqueza tiene por tanto la perjudicial habilidad de seducir a su poseedor para que se recree en ella, pudiendo hacerle olvidar su deber de glorificar a Dios por el trabajo, que este reclama como acreditador de la gracia divina (Weber, 2004). 21 Pero la riqueza no es solamente perjudicial, sino que por contra es la señal más importante para saber que el trabajo profesional y racional llevado a cabo por el creyente en el mundo para aumentar la Gloria de Dios le es grato a éste. Esto lo afirma Baxter un pastor anglicano a quien Weber recurre para la exposición del valor de la riqueza para el protestantismo. Baxter recuerda al rico que “tampoco puede comer sin trabajar, pues aunque no necesite trabajar para cubrir sus necesidades sigue existiendo el mandato divino de Dios en favor de su mayor Gloria” (Weber, 2004, p.203) lo que se consigue, recordemos, por el trabajo. Baxter incide en el ejercicio de una vida profesional como ejercicio de las virtudes ascéticas, “una acreditación del estado de gracia” (Weber, 2004, p.206). En su elogio a la riqueza como medio de garantía más importante para asegurar que el trabajo profesional realizado por el creyente le es grato a Dios, Baxter valora positivamente el cambio de una profesión a otra por el hecho de reportar el ejercicio de la nueva profesión mayor beneficio económico privado al creyente respecto a la antigua, e incluso eleva este cambio de profesión al rango de deber: Si Dios os muestra un camino en el que podéis ganar legalmente más que por otro camino sin daño para vuestra alma ni para la de los otros y lo rechazáis y seguís el camino que reporta menos ganancias, os estáis oponiendo a uno de los fines de vuestra profesión, os estáis negando a ser administradores de Dios y a aceptar sus dones, para poder utilizarlos para él cuando él lo exija. (Baxter, 2004, pp. 208-209) El hombre tiene el deber, sacrosanto, de ser administrador en la tierra de los bienes de Dios, de la riqueza, que es señal de su bendición y confianza en la predestinación de quien la posee y a quien se la confía. A su vez, Baxter recurre al Antiguo Testamento, al libro de Job más concretamente como señala Weber, para reafirmar su postura respecto al valor de la riqueza, al rescatar de aquél la célebre frase: “Dios suele bendecir a los suyos también en esta vida y también en este sentido material” (Weber, 2004, p.212). Como señaló Abellán en su estudio introductorio, “el mundo es el campo de pruebas para aumentar la Gloria de Dios (…) lugar de acreditación del 22 creyente que busca la certidumbre de su salvación” (Weber, 2004, p.30). El mundo es el escenario en el que Dios distingue a sus elegidos por sus obras en una vida santificada por sistema. Saberse elegido por Dios, disfrutando de un trabajo profesional que sirva al aumento de la Gloria de este cuyo ejercicio garantice el lucro individual que el ejercicio de tal profesión depare como señal de serle grato, es el objeto principal de la existencia en el mundo protestante. La bendición de Dios en la que Baxter repara por la riqueza como señal de serle un trabajo grato a éste es una obligación del hombre para con su voluntad. La riqueza “como ejercicio del deber profesional no sólo es lícita desde el punto de vista moral, sino que es una obligación” (Weber, 2004, p.208). Weber define esta obligación en los siguientes términos: Una obligación del hombre respecto a la riqueza que le ha sido confiada por Dios, a la que está supeditado como fiel administrador o como máquina de aumentarla (…) si la actitud ascética supera la pruebade no recrearse en ella y olvidar su obligación de aumentar la Gloria divinacuanto mayor sea la riqueza más fuerte será el sentimiento de responsabilidad de tener que conservarla para mayor Gloria de Dios y aumentarla con un trabajo sin descanso (Weber, 2004, pp.221-222). Como fiel administrador, el hombre al que Dios confía la riqueza como designio divino de haber cumplido su mandato de glorificarlo por un trabajo grato, “tiene que rendir cuentas ante cada céntimo gastado a Dios” (Weber, 2004, 221). Esto propició una mentalidad de contención en el gasto por parte de quien posee la riqueza que, unida al deber de aumentarla en mayor Gloria de Dios, supone el núcleo central mismo de la ética capitalista: acumulación de capitales, en base al máximo beneficio, y una mentalidad ahorrativa que posibilita tal acumulación (Weber, 2004). Weber concluye su investigación de la relación entre la ética capitalista y la protestante en que esta es la condición de posibilidad de aquella: Generó una buena conciencia en la riqueza, que posibilitó el nacimiento de una ética profesional burguesa con la conciencia de estar en la gracia 23 de Dios y de estar visiblemente bendecido por él, el empresario burgués puede perseguir el lucro y debe hacerlo. (Weber, 2004, p.228) Así, el capitalismo es el resultado de la racionalización de la vida en clave económica, y no menos religiosa, pues tal es querida por Dios para aumentar su Gloria por medio del trabajo profesional de cada uno de sus elegidos para ello como promulga el protestantismo. Es el capitalismo el escenario en el que los elegidos vienen a mostrar su buena conciencia en la persecución y consecución de la riqueza, como consecuencia, su tenencia, de su predestinación divina (Weber, 2004). Por tanto, a mayor riqueza y éxito en el trabajo, mayor confianza de Dios hacia quien ha confiado estos dones, como indicio, aquí y ahora, de la predestinación desde y para la eternidad. Es lógico, podemos pensar, los efectos que la posesión y el ansia de riqueza despertaron en las almas de los creyentes para sentirse en paz con Dios en los países donde se erigió la ética protestante. Sentirse uno de sus elegidos tenía la senda clara y distinta de la consecución de riqueza toda vez que la salvación por excelencia pasa de la vida monacal a la vida profana en la que el asceta ha de demostrarse en estado de gracia divina. Si el designio invariable de Dios desde la eternidad era la confianza de la riqueza en sus elegidos, una bendición de Dios para los suyos en este mundo, como señal a su vez de acceso al otro. Es consecuente con ello que se naturalice el ansia de la obtención del lucro en el creyente que podemos ver en Franklin y Bentham como personalidades destacadas. En una cultura que bebe del cristianismo desde más de mil años antes de la aparición de la reforma protestante como es la cultura occidental, podemos imaginarnos, como Weber hace, la influencia de los poderes religiosos para moldear la conciencia social en tales épocas. Si estar en paz con Dios para ascender a la vida en el más allá lo era todo para el cristiano, vemos en Weber con cuanta potencia irrumpió la garantía de la certitudo salutis, la certeza de salvación, por el trabajo y el lucro, en la mentalidad de aquellos. Quien es rico lo es por la gracia divina, porque Dios así lo quiere indefectiblemente, pues “los eligió para su gobierno eterno antes de que se 24 pusieran los cimientos del mundo según su designio eterno e inamovible y (…) el arbitrio de su voluntad” (Weber, 2004, p.115). Esto confiere dotes santas, en una vida santificada por el lucro y el trabajo como designios de Dios para sus elegidos, para quien posea estos designios divinos, pues son indicios de la predestinación. Además el creyente tiene el deber de tenerse por uno de los elegidos por Dios, pues de lo contrario tendría una fe insuficiente, síntoma de falta de gracia divina. De este modo, el lucro se erige como máxima en su vida, como imperativo, generando consigo un elemento fundamental del espíritu del capitalismo, que es la buena conciencia en la riqueza (Weber, 2004). Veamos qué consecuencias pueden tener esta santificación de la riqueza y la buena conciencia en ella, dentro de la posición social que se ocupe en los sistemas capitalistas y el significado de estar en una posición elevada, o baja, en la representación, dentro de una jerarquía social ordenada por el factor económico privado elevado al rango de dote santa, de cada uno de los personajes alojados en dicha jerarquía, toda vez que hemos sido testigos del ascetismo cristiano que posibilitó tales sistemas capitalistas en su apego al trabajo y la riqueza individual. Max Weber hace una cristalina referencia en su obra en este sentido que a continuación pasaremos a analizar con detalle. 3.2. Consecuencias de la doctrina de la predestinación protestante, y su halo en el sistema capitalista, en la representación del pobre en tal escenario como posible enraizamiento cultural de la aporofobia en este sistema económico y social. El testimonio clave de Weber. Que la devoción por la riqueza y el trabajo propició una mentalidad depurada racionalmente, por esta razón económica de raíz religiosa que hemos visto, es algo probado en los estudios de Weber: Esto es lo que pretendía mostrar esta exposición, que el modo de vida racional sobre la base de la idea de profesión nació del espíritu del ascetismo cristiano. Ahora vemos que lo tratado en el texto de Franklin en que vemos los elementos fundamentales de la mentalidad capitalista 25 son precisamente los que hemos obtenido como el contenido del ascetismo-profesional puritano (…) el puritano quiere ser un hombre profesional, nosotros hoy tenemos que serlo. Pues el ascetismo, al trasladarse desde las celdas monacales a la vida profesional y a comenzar a dominar la vida intramundana, ayudó a construir ese poderoso mundo del sistema económico moderno que determina el estilo de vida de todos los individuos que nacen dentro de él (Weber, 2004, p.232). Los impulsos psicológicos de los que hablábamos al comienzo del apartado anterior, el apego al lucro y la entrega hacia el trabajo profesional, parecen efectivamente proceder, del modo expuesto por Weber, del ascetismo religioso cristiano como consecuencia de la Reforma. Con ellos se hace de la ética economía, pero también de la economía se hace ética por la fundamentación religiosa de las máximas de esta. La economía moderna toma su leiv motiv de la religiosidad calvinista, definido como “ganar dinero por ganar dinero” (Weber, 2004, p. 62) haciendo suyas también las máximas religiosas propias de esta en tal interrelación, a través de la selección de Dios, quien se erige como valor que rige todo lo que acontece en el sistema capitalista, pues el trabajo y la riqueza apuntan al aumento de su Gloria en el mundo. Todo el sistema económico resultante de la nueva religiosidad se pliega de este modo ante el deber de glorificar a Dios por el trabajo y el lucro, de tenerse cada trabajador que participa de esta glorificación por un elegido divino. Un predestinado por Dios desde la eternidad para la salvación eterna que vive en buena conciencia en el trabajo infatigable y la riqueza que este debe depararle (Weber, 2004). A su vez, la riqueza es un indicador de la confianza que Dios deposita en quien se la administra, pues es él desde la eternidad quien ha previsto los designios de la existencia de los hombres y ha separado a sus elegidos por tales indicios como ya hemos visto. Ha previsto también entonces en la figura de los ricos a quienes serán los encargados de aumentar en mayor medida su Gloria, por ser más dignos de su predestinación. Pues es así como Dios bendice en el Antiguo Testamento la mentalidad amparada por Baxter y recogida por Weber, a los suyos, aquí y ahora. En este mundo, escenario de 32 afirma que “a diferencia de estudios previos, la utilización de esta perspectiva ha permitido identificar la animalización de las clases bajas y la mecanización de las altas” y que esta perspectiva “ha permitido también explorar las consecuencias específicas que derivan de ambas formas de deshumanización en el mantenimiento de las desigualdades de ingresos”. Para llegar a esas afirmaciones, Sainz articula su trabajo en 4 objetivos. En los denominados objetivos 1 y 2, el autor busca identificar la animalización de los grupos de status socioeconómico bajo y la mecanización de los grupos de status socioeconómico alto. De este modo, el autor observa en base a los datos empíricos obtenidos en su trabajo que existe “una atribución complementaria de humanidad entre la clase baja y la alta, ya que la dimensión que es negada a los grupos de clase baja (bajo UH y alto NH) es atribuida al grupo de clase alta (bajo NH y alto UH) y viceversa” (Sainz, 2018, p. 266). Siendo de este modo que hay correlación entre la atribución de los rasgos UH a las clases altas lo que “sirve como elemento para distribuir a los grupos de forma jerárquica (grupos con pocos rasgos UH, se sitúan en la parte inferior de la jerarquía)” (Sainz, 2018, p.368). Sin embargo, es el tercer objetivo de su trabajo aquel que más interés posee para nuestros objetivos, pues en él Sainz pasa a analizar las consecuencias de la animalización de los grupos de status socioeconómico bajo en el mantenimiento de la desigualdad económica. En este sentido, destaca que “el rechazo a las ayudas sociales destinadas a los grupos de bajo ESE (status socioeconómico) viene determinado por la creencia de que dichos grupos son irracionales, impulsivos e incívicos” (Sainz, 2018, p.275). Dentro de las consecuencias de este rechazo a tomar medidas sociales que distribuyan la riqueza, Sainz señala que “la animalización de las clases bajas sirve para naturalizar las diferencias en ESE de tal forma que se considera que la posición desfavorecida de los grupos de clase baja se justifica al ser considerados como animales” (Sainz, 2018, p.275) Sobre esta animalización de las clases sociales de bajo perfil socioeconómico, Sainz concluye en el apartado Implicaciones de la (des)humanización de las clases bajas y altas en el mantenimiento de la 33 desigualdad económica, que tal animalización actúa como un “sesgo previo que determina la percepción de la sociedad” (Sainz, 2018, p.279) y que “una visión animalizada de estos grupos da lugar a que las personas consideren que estos grupos merecen su posición desventajada” (Sainz, 2018, p.279). Estas conclusiones de Sainz, respaldadas por la fundamentación empírica sobre la que se sustenta su trabajo, parecen encaminarse a amparar las tesis y conclusiones de Cortina acerca de la aporofobia, pues muestran cómo los prejuicios hacia las persona pobres apuntan a culparlas de su situación, desatendiendo posibles causas externas a ellas. Pero no sólo iría Sainz en la misma línea que Cortina al tratar la animalización y sus efectos en la consideración de merecida desventaja social para el resto de grupos hacia aquellos de bajo perfil socioeconómico que padecen de tal animalización como un claro ejemplo de actitudes aporófobas hasta tal punto que, como Cortina, Sainz observa que “se pone de relieve que el ESE bajo es un rasgo compartido entre muchos grupos desaventajados socialmente (...) por lo que existe la posibilidad de que estén motivados por un rechazo a la pobreza en general” (Sainz, 2018, p.279). De tal modo, ese rechazo a la pobreza en general al que hace alusión Sainz, vendría a constatar el fenómeno de la aporofobia, concepto que recoge todos los factores que son causas de la desventaja social padecida por las personas pobres en nuestra sociedad y en nuestro tiempo. Además, no sólo guardarían las observaciones de Sainz relación con las tesis de Cortina acerca de la aporofobia. Hay un elemento de las observaciones realizadas por Sainz que nos conduce a la obra de Weber a su vez. Aquella animalización de los grupos sociales de bajo ESE que constata en su tesis nos lleva a un punto fundamental de las tesis de Weber. Concretamente a las ideas que Weber expone al hablar del paso de un ascetismo extramundano a uno mundano, producto de la nueva religiosidad protestante, ya expuesto con anterioridad en el capítulo precedente, y sobre el que ahora profundizaremos para ver la concepción del trabajo profesional y el ascetismo en el protestantismo, y la relación que esa revisión realizada por Weber guarda con la animalización del pobre de la que habla Sainz en nuestros días, cuya actualidad podría ser un nuevo y fundamental indicador de 34 la vigencia del uso de las tesis del filósofo alemán para comprender nuestra sociedad. Comencemos señalando que dentro de la ética social que aparece con Lutero, y que arraiga en el protestantismo, Weber destaca el acentuado compromiso ético de aquel mediante la realización de los deberes mundanos como el camino único de glorificación grata a Dios. El trabajo mundano adquirió así un significado nuevo, muy diferente del que se le daba en el catolicismo, pues los seguidores de Lutero tomaron del calvinismo la relación fundamental establecida entre la acción terrenal y la vida religiosa (Weber, 2004). En esta nueva visión del mundo aparecida con la reforma protestante, el trabajo social, y también profesional, “es un trabajo in majoren Glorian dei” (Weber, 2004, p.102) y por tal motivo, el mundo está única y exclusivamente para servir a la glorificación de Dios por medio de estos (Weber, 2004). Otro factor importante del cambio que supone la Reforma respecto a la visión del mundo habida hasta su irrupción, era la visión que el catolicismo tenía de la vida de intramuros del monje y la misión en el mundo de este. En este sentido, Weber afirma que “el modo de vida monacal se convirtió en un modo de vida racional con el objetivo de superar el status naturalis, sustraer al hombre de los instintos irracionales y la dependencia de la Naturaleza y someter el mundo a la supremacía de una voluntad planificada, someter sus acciones a un autocontrol constante asegurándose así la salvación de su alma” (Weber, 2004, p.139). La reflexión, la oración y el apartamiento del mundo que suponía la retirada a la vida de intramuros del monje tenían por fin depurar al hombre del estado de naturaleza, un estado en el que proliferan los “instintos irracionales” (Weber, 2004, p. 139), un estado propio, pues, del animal no racional. Sin embargo, es en otra de las principales características de la nueva religiosidad que supone la Reforma donde parece encontrarse, en relación con tal depuración racional ascética propia del monje, un posible marco teórico y conceptual de la actual animalización sufrida por los pobres que es percibida por Sainz en su tesis. Se encontraría, esta posible explicación teórica, en el cambio del escenario donde se practica ese ascetismo mostrado por Weber, 35 siendo el lugar para la acreditación por excelencia de encontrarse en el estado de gracia que Dios exige a sus elegidos como pago para la garantía del acceso a la vida ultraterrenal, y también en el cambio del personaje encargado de practicar ese ascetismo. En la religiosidad católica, previa a la reforma protestante, hemos visto que era el monje quien, en su vida extramundana, se encargaba del ejercicio de la ascética cristiana de depuración del status naturalis y acreditaba por este ejercicio, como medio por excelencia para ello, hallarse en el estado de gracia. Y es que en el catolicismo existe una diferencia esencial entre el mundo sagrado, de cuyo ejercicio por excelencia se encargaba exclusivamente el monje en su vida extramundana de depuración ascética, y la vida profana del resto de personas ajenas a tal modo de vida ascético. Esta diferenciación en la doctrina católica venía plasmada, como hemos señalado ya en el tercer capítulo de este trabajo, por la diferenciación entre el ámbito de los “praeceptacomo el conjunto de normas para lograr la perfección cristiana a todo cristiano en general- y los concilia evangelicaconjunto de normas para lograr la perfección cristiana sólo exigible a los monjes-” (Weber, 2004, p.23). Siendo la vida monacal sobre la que recaía “el máximo nivel de la excelencia cristiana” (Weber, 2004, p.23). Por el contrario, en la religiosidad resultante tras la Reforma, dicho nivel máximo de excelencia cristiana recae, no en el monje ni en la vida extramundana de este, sino en el trabajador profesional y la profesión mundana misma. Weber concluye al respecto que “la diferencia entre ascetismo calvinista y el monacal católico consiste en el abandono de los concilia evangelica y la consiguiente transformación del ascetismo en un ascetismo en el mundo” (Weber, 2004, p.142). Esta transformación del ascetismo en un ascetismo en el mundo supone la aparición de un trabajador que perseguía el lucro, querido por Dios como indicio de salvación preferente, y que, dadas estas condiciones de excelencia cristiana en la profesión mundana, “ponía a disposición del empresario burgués obreros muy capaces y apegados al trabajo como fin de la vida querido por Dios” (Weber, 2004, p.230), lo que deparó en “el nacimiento del hombre económico moderno” (Weber, 2004, p.227). 36 De este modo, la superación del status naturalis impregna el modo de vida, hasta entonces profano, del trabajo profesional que pasa así a ser escenario principal del ascetismo “con la tarea de transformarla en una vida racional” (Weber, 2004, p.193). Para ello, la vida es dotada de una santificación, metodización y sistematicidad total: El dios del calvinismo exige de los suyos una vida santa por ello, una vida santa elevada a sistema a la práctica moral del hombre ordinario se le despoja de su falta de sistema y planificación y se la configura como un método del modo de vida entero sólo una vida así dirigida por una reflexión constante puede valer como superación del status naturalis (Weber, 2004, p. 139). Por este motivo a su vez, la vida de quien no participa de este ascetismo mundano, escenario preferente de la excelencia en la certitudo salutis que desde entonces pasaría a ser el mundo profesional laboral, carecería de esa sistematicidad que requiere una racionalización continuada, pues “a la vida del hombre sin profesión le falta el carácter sistemático y metódico que exige el ascetismo intramundano. La vida profesional del hombre tiene que ser un ejercicio coherente de las virtudes ascéticas, una acreditación de su estado de gracia. Lo que Dios exige de él es el trabajo profesional racional” (Weber, 2004, pp. 206-207). Por todo ello expone Weber: Tenemos que investigar los efectos de la fundamentación religiosa de la idea puritana de la profesión sobre la vida productiva. Tales efectos han estado siempre activos y presentes en toda comunidad religiosaascética. Lo decisivo para nuestras investigaciones es la doctrina de que el estado de gracia religioso es un estado que separa al hombre del mundo y cuya posesión sólo puede garantizarse mediante la acreditación de una conducta concreta diferente del estilo de vida del hombre natural de donde se deriva para el individuo el control metódico de su estado de gracia en su modo de vida y para que este último fuera penetrado ascéticamente, una organización racional de toda la vida guiada por la voluntad de Dios, este ascetismo es una actividad que se 37 exige a quien quiera estar seguro de su salvación. Esta racionalización del modo de vida profano con miras al más allá es la idea de profesión del protestantismo ascético (Weber, 204, pp. 192-193). En este marco de la valoración protestante de la profesión mundana vemos que el ascetismo, depurador del status naturalis o estado de naturaleza, pasa de las celdas monacales para penetrar en el ámbito laboral profesional mundano, haciendo de la riqueza un indicio de salvación, de confianza de Dios en quien la posee como su elegido para aumentarla y administrarla como deber. Parece razonable afirmar en consecuencia que las personas pobres, al no participar de la depuración racional del status naturalis cuyo ejercicio sólo es posible a través del trabajo profesional en el nuevo escenario ascético por excelencia tras la Reforma, que es el laboral, son por ello mantenidos en tal estado de naturaleza propio de los animales. La visión ascética del trabajo, que es un ascetismo en el mundo, y la no participación del pobre en tales deberes, podrían estar detrás de la animalización del pobre que define Sainz en sus conclusiones, en nuestros sistemas de alma capitalista. Podemos concluir este apartado sugiriendo que aquellos impulsos psicológicos, iniciados por ideas y prejuicios ascético-religiosos con la reforma protestante, y los prejuicios que estos generaron, seguirían actuando aún hoy como muestran las actitudes aporófobas, recogidas por Cortina, en general y en la animalización de los pobres, afirmada por Sainz, en particular. La no extinción de estos impulsos psicológicos de origen estrictamente ascéticoreligiosos del protestantismo en su producto, el capitalismo, podrían estar aún actuando y estar detrás de aquellos comportamientos analizados por Cortina y Sainz en nuestra cultura. De ser así, la raíz aporófoba biológica expuesta por Cortina podría haber estado presente en la constitución misma de nuestra cultura, capitalista en sus mismos orígenes, explicitada tal raíz biológica en la doctrina de la predestinación protestante y su visión del pobre como “enemigo de Dios” (Weber, 2004, p.191), consecuencia de señalar la riqueza como principal indicio de predestinación en el nuevo escenario ascético preeminente, que es el mercado laboral profesional, de cuya no participación el pobre aparecería animalizado en consecuencia. 38 De este modo, el paso de la excelencia ascética a través de un ascetismo extramundano, existente en el catolicismo y que sólo incluye el modo de vida monacal y al propio monje como protagonistas, a uno mundano profesional, comportado por la reforma protestante, que incluye a la totalidad de los trabajadores profesionales y la penetración ascética del modo de vida profano, supondría la animalización del pobre señalada por Sainz en tanto que el pobre no participa, o no suficientemente, en el desarrollo de la actividad laboral profesional y la riqueza que depara, nuevas vías ascéticas por excelencia que sacan al hombre del estado de naturaleza y le hacen alcanzar la vida sistemática racional, la cual supone el origen del capitalismo y en cuya no participación de la depuración racional que le es propia, el pobre quedaría clausurado en tal estado natural propio del animal no racional. Nuestra sociedad, esencialmente capitalista, y este capitalismo a su vez fundamentalmente ascético-religioso, sería radicalmente aporófoba, por lo que comportaría e impulsaría, a través de la pervivencia de aquellos impulsos psicológicos devenidos de ideas puramente religiosas, tanto a la animalización del pobre como indican los estudios de Sainz, como su invisibilización y demás actitudes aporófobas mostradas por Cortina en su obra como producto de nuestra propia naturaleza. Estas consecuencias están contenidas en las tesis de Weber como productos de esos impulsos psicológicos devenidos de ideas puramente religiosas del protestantismo ascético, cuyos efectos podemos seguir viendo en nuestra sociedad actual a través del fenómeno aporófobo en ella observado y recogido en las obras de Cortina y Sainz, lo que podría ser claro indicio de la operatividad de estos impulsos psicológicos y los prejuicios a los que dio forma, como trata de mostrar el presente trabajo, que reivindicaría la vigencia de las tesis del filósofo alemán como extrapolables y aplicables por ello a nuestro tiempo. 39 4.2. Deshumanización y redistribución de la riqueza: la justificación del mantenimiento de las desigualdades sociales y el amasamiento de riqueza en manos de unos pocos mediante las conclusiones de Sainz y las tesis de Weber al respecto Hemos visto de qué manera la animalización, una actitud profundamente aporófoba, padecida por los grupos sociales de bajo perfil socioeconómico en la actualidad confirmada por los estudios de Sainz, podría encontrar explicación en los marcos teóricos que ofrece Weber en su análisis sobre los orígenes del capitalismo desde los impulsos psicológicos iniciados con el protestantismo ascético. De este modo, los impulsos psicológicos propios del ascetismo en el mundo laboral profesional resultante tras la reforma protestante podrían haber llegado hasta nuestros días, mostrando con ello un claro indicio de la actualidad y vigencia de los análisis realizados por Weber en sus estudios, de los que la animalización y demás actitudes aporófobas serían indicios unívocos de su operatividad en la actualidad. Sin embargo, en el escenario originado por el protestantismo ascético no quedaría sólo explicitada la inferioridad y reprobación del pobre, que movería a su marginación, maltrato y animalización –cuando no demonizaciónsino que también recoge la evidencia de la superioridad de los grupos de alto perfil socioeconómico, de los ricos, por el mero hecho de serlo, y señalados como santos por Weber, contrapuestamente a aquellos que sufren de pobreza y que por el mero hecho de ser pobres son repudiados y animalizados. Veamos si también sobre este punto podría arrojar luz el trabajo de Sainz, pues de ser así reforzaría nuestra tesis acerca de la actualidad de las tesis de Weber mediante la confirmación en su testimonio de la total separación de uno y otro polo socioeconómico, que mueve a la santificación y exaltación de uno y la demonización e invisibilización del otro. Los estudios de Sainz no sólo señalan la deshumanización de los pobres en tanto que se les animaliza. También el polo socioeconómicamente opuesto, compuesto por los ricos, puede ser deshumanizado, siendo de este modo mecanizados. En este sentido, “sería la negación de los rasgos propios de la 40 NH a los grupos que se encuentran en la parte alta de la jerarquía parece indicar que dicho factor también puede utilizarse como una dimensión de organización jerárquica de los grupos” (Sainz, 2018, p.268). Por ello señala seguidamente que “una menor distribución de rasgos propios de la NH podría relacionarse con un mayor status social” (Sainz, 2018, p.269). Es interesante para los objetivos que persigue este trabajo observar cómo esta mecanización del rico podría, como ya vimos en el apartado anterior en relación al pobre y su animalización, relacionarse a su vez con el ascetismo mundano resultante tras la reforma protestante que dio origen al capitalismo. Lo referido a ese ascetismo en el mundo que implica el protestantismo ascético y su influencia en el capitalismo tiene como resultado a un trabajador plenamente racional hasta el extremo de ser caracterizado por Weber “como máquina de ganar” (Weber, 2004, p. 222) -dinero o riqueza se entiende- en su labor de administrador de la riqueza, garantía de salvación ofrecida por Dios a sus elegidos, siendo el trabajo profesional el medio ascético por excelencia por ello (Weber, 2004). El cumplimiento de este ascetismo sistemático y racionalizador de la vida del trabajador profesional cuyo cumplimiento por medio de una labor profesional que depare riqueza monetaria, mientras más acaudalada mejor, llevaría a considerarlo como máquina para Weber. No parece arbitrario de este modo la elección del concepto de mecanización para hablar de la deshumanización que padecerían los grupos de un status socioeconómico elevado empleado por Haslam y recogido por Sainz en su investigación, pues al igual que el no cumplimiento del ascetismo en el mundo laboral, o su cumplimento deficitario, comportarían la no depuración racional de las personas y como consecuencia su mantenimiento en el status naturalis y su consecuente animalización anunciada por Sainz, el rico es de modo análogo, y en dirección opuesta, racionalizado hasta el extremo de ser considerado como máquina, lo que conllevaría su deshumanización en clave de mecanización. Si bien en Weber esta caracterización sería positiva al ser la encarnación del designio de Dios y en Sainz esta conceptualización de los ricos, a priori negativa, tiene puntualizaciones al respecto. En este sentido, 41 Sainz concluye sus investigaciones afirmando sobre este punto que la mecanización de los grupos de status socioeconómico alto supone un mayor apoyo del resto de grupos socioeconómicos al reparto de la riqueza de los primeros a través de políticas de redistribución de esa riqueza pues su procedencia “es considerada más ilegítima y proveniente de causas externas (corrupción, influencia política) (Sainz, 2018, p.276). Es decir, es ante esta visión de una riqueza considerada ilegítima al ser conseguida por medios de dudosa licitud la que conllevaría a mecanizar al grupo de alto perfil socioeconómico. Así, la deshumanización padecida por ambos grupos socioeconómicamente opuestos vendría a ser a su vez fundamental en el reparto de la riqueza como apunta Sainz. Pues si, como hemos visto, la deshumanización de los grupos de alto perfil socioeconómico supone un apoyo a políticas de redistribución de la riqueza por la visión que esta condición comporta, por el contrario, el efecto que tiene la deshumanización de los grupos de nivel socioeconómico bajo, por medio de su animalización, sería un freno para la aceptación de esas políticas de redistribución de la riqueza (Sainz, 2018). A este respecto Sainz señala que “la animalización de las clases bajas influye en un menor apoyo a la redistribución de ingresos como consecuencia de culpar a los pobres por su situación” (Sainz, 2018, p.272). Este rechazo sería debido para Sainz a que se les atribuye características que conllevan su animalización como lo serían la irracionalidad, la impulsividad y el incivismo (Sainz, 2018). Existe además de la animalización, que sirve como hemos visto con Sainz para naturalizar y justificar la desfavorecida posición de los pobres en la jerarquía social (Sainz, 2018), otro factor clave que influye en el rechazo de la aplicación de políticas de redistribución de la riqueza y en el mantenimiento, por tanto, de las desigualdades económicas. Este factor sería, según muestran los estudios de Sainz, la humanización de los grupos de alto status socioeconómico: Una visión humanizada de los ricos podría servir para legitimar la jerarquía social al considerar que las clases altas humanizadas merecen 48 hemos señalado a su vez la apreciable extinción de la contención en el gasto, de inspiración metafísica, que posibilitaba la aparición del capitalismo, pero ¿supondrá a su vez el fin de esa mentalidad de contención en el gasto, provocada por el ascetismo protestante y provocadora de la aparición del capitalismo, el fin a su vez de aquellos impulsos psicológicos de fundamentación ascético-religiosa que moldeó la moral, en el sistema utilitarista y posteriormente consumista actuales? Weber sostiene al respecto: Aquellos potentes movimientos religiosos, cuya significación para el desarrollo económico residía ante todo en la educación ascética que producían. Desarrollaron todos sus efectos económicos tan sólo después de que ya se hubiera superado el punto álgido del entusiasmo puramente religioso, después de que la tensa búsqueda del Reino de Dios hubiera comenzado a diluirse en la autoridad de la virtud profesional, después de que se extinguieran poco a poco las raíces religiosas y se dejara sitio a un utilitarismo en el mundo del más acá (Weber, 2004, p.228). Parece clara, pues, la postura de Weber acerca de la disolución de las máximas religiosas en el puro utilitarismo. Sin embargo, Weber no tenía en su contexto la posibilidad de observar una sociedad que, aun teniendo sobrados elementos para combatir materialmente el fenómeno de la pobreza como defiende Cortina, ve las actitudes aporófobas aumentar cada año y en la que el pobre es animalizado siguiendo las conclusiones de Sainz. Actitudes que parecen guardar estrecha relación con la no participación del pobre del ascetismo mundano que conllevan con su práctica el protestantismo ascético y el capitalismo que se erige sobre sus cimientos, a raíz del cual aparece el utilitarismo, y el consumismo tras este. La constatación de la actualidad de los fenómenos sociales vistos y analizados en este trabajo hasta ahora, la aporofobia y la animalización del pobre, podrían quizá ser indicadores, como se viene mostrando, de la vigencia de los diagnósticos de Weber, los cuales podrían ser válidos aún para nuestra sociedad y nuestro tiempo. Las máximas del protestantismo ascético podrían 49 seguir actuando hoy bajo los impulsos psicológicos que generó y podrían seguir alcanzando sus fines intactos, por otros medios. Con el paso del capitalismo al utilitarismo, y de este último al consumismo, podrían haber traspasado, a través de las máximas de la economía, los impulsos psicológicos desarrollados bajo las máximas religiosas del protestantismo ascético que posibilitaron la aparición del capitalismo. De este modo, ya hemos visto en el segundo punto del tercer capítulo la representación aporófoba del pobre dentro de una sociedad en la que la animación de las ideas religiosas del protestantismo ascético era evidente como indicaba el testimonio de Weber al respecto y hemos apuntado también a su vez al posible enraizamiento cultural y social de nuestra predisposición biológica hacia la aporofobia que desde aquel punto inicial descrito por Weber podrían haber llegado hasta nuestros días. Veamos en qué términos. 5.2. Aporofobia y postureo, dos caras de una misma moneda: la mala conciencia en la pobreza como consecuencia de exaltar la buena conciencia en la riqueza al ser señalada como deber con Dios y principal indicio de la predestinación Desde la perspectiva mostrada en este trabajo acerca de la vigencia de las tesis de Weber a través de las investigaciones sobre la aporofobia en nuestra sociedad detectada por Cortina y también Sainz, ¿qué relación guardarían actitudes connaturales al postureo de estar aún operando las máximas psicológicas detectadas por Weber, de fundamentación ascéticoreligiosa, en nuestra sociedad? ¿Cabe realizar algún paralelismo entre actitudes aporófobas y actitudes de postureo en un escenario que mantuviera vivas aquellas animaciones a través de los impulsos psicológicos que deparó? Ya hemos visto de qué manera, una parte sustancial de los comportamientos propios del postureo, apuntan hacia la mostración de pertenencia a un status económico privilegiado. Inicialmente este hecho podría llevarnos a pensar que nada más lejano habría entre la ascética contención en el gasto del creyente protestante en los albores del capitalismo y la suntuosa 50 rémora consumista y del postureo actual por lo que no sería posible establecer continuidad alguna entre los impulsos psicológicos ascético-religiosos de la ética protestante y nuestra ética consumista actual. No debemos olvidar, sin embargo, que la máxima ética ascético-religiosa caminaba, en profunda interrelación las máximas económicas y a la vez divina, hacia la extensión de la riqueza como principal indicio del deber para con Dios de sus elegidos. Tampoco, que quien posea una riqueza mayor, será esta un indicio proporcional al grado de certidumbre de la predestinación. La eliminación de la contención ascética en el gasto no descartaría la transformación a través de la misma máxima ascética en otro modelo económico en vistas a satisfacer dichas máximas económico-trascendentales, al sustentar toda ética en el crecimiento ascético-religioso de la economía y la riqueza. Dentro de los comportamientos propios del postureo, tan habituales en el ámbito de las redes sociales hoy, nos referimos a algunos de los más comunes expuestos en tal ámbito, como pueden ser los viajes exóticos, los paseos en barco, el disfrute de espectáculos exclusivos, los brindis al sol en alguna playa paradisiaca, la posesión de un vestuario de caras marcas, los tratamientos de belleza y estética, por resaltar sólo algunos. De esta manera, la vida expuesta en las redes sociales, y que lleva a término estos comportamientos de exaltación de un status socioeconómico elevado, es una vida que requiere de un buen nivel económico, una vida a priori reservada a aquellos que poseen la riqueza necesaria que se la pueda garantizar. El factor económico sería en este escenario el fundamental para llevar a término la vida exaltada como modélica por el postureo en las redes sociales. También hemos visto con anterioridad en las tesis de Weber cómo el factor económico era igualmente el factor clave para la confirmación de la certitudo salutis, el estado de gracia acreditado por el lucro y la tenencia de riqueza que posibilitaba el cumplimiento del ascetismo mundano para los predestinados, lo que posibilitó a su vez ambas actividades. Del mismo modo que la contención en el gasto, como medio para extender la economía, provenía de una justificación esencialmente religiosa, hoy podríamos ser testigos de cómo el medio para extender la economía y la generación de riqueza en una sociedad consumista como la nuestra puede comportar de igual 51 modo la raíz de la necesidad primordial económica de entonces y con ello la pervivencia de los impulsos psicológicos que movieron al lucro y la buena conciencia en la riqueza, de origen preeminentemente ascético-religiosos al obtener la certitudo salutis por ellos. La necesidad económica y la necesidad metafísica serían las dos caras de la misma moneda desde la irrupción del protestantismo ascético y con él de la aparición del sistema económico y social que generan. De este modo, y desde la perspectiva mostrada, el postureo tendría por fin ser la nueva forma de agradar a Dios, esto es, de mostrar el privilegio que sólo él puede atribuir: mostrarse en la buena conciencia en la riqueza como deber, factor clave para la salvación como vimos por medio de la certitudo salutis resultante del protestantismo ascético mundano y que posibilita la aparición del “hombre económico moderno” (Weber, 2004, p.227) y puede que también actual, tendente al postureo como consecuencia de transformarse la contención en el gasto en su disfrute, pues ambas actitudes tienen por fin la meta común de generar la máxima riqueza. La vida exuberante de la celebridad, y el gasto en lo superfluo que este nuevo modo de vida exige y que permite una mayor fluctuación económica haciendo que la riqueza pase de manos con el incremento de la misma que esto supone, tendría por este fin mismo la misma raíz religiosa, que redundaría en la máxima, a su vez económica, de glorificar a Dios y la necesidad metafísica de mostrarse y saberse cada uno como predestinado por la gracia divina mediante la buena conciencia en la riqueza como deber. La mostración de un alto nivel de vida, sólo posibilitado por la posesión de la riqueza económica necesaria para llevarla a término, seguiría sustentada por la operatividad de máximas ascético-religiosas. El designio divino haría partícipe del modo de vida del postureo, pues tendría en la buena conciencia en la riqueza, máxima proveniente del protestantismo ascético como muestra Weber, como condición de posibilidad. Consecuentemente con lo expuesto, no es de extrañar la observación realizada por la periodista Margarita Puig en el artículo recogido en el primer capítulo de este trabajo, quien apunta que son los famosos quienes serían los 52 protagonistas destacados de estos comportamientos pero que todos participamos, en mayor o menor medida, de ellos. La vida exuberante, posibilitada y erigida sobre la buena conciencia en la riqueza elevada al rango de deber que permite la fluctuación económica y que es a su vez, esta creación de riqueza, la máxima vía de realización de la glorificación de Dios en el capitalismo extendiendo los impulsos psicológicos provocados por el ascetismo dentro del cual el desempeño profesional depara, es una vida inicialmente reservada a quien posee la riqueza necesaria para llevarla a término. Esta vida elevada a la categoría de paradigma de excelencia es a la vez imitada por todos los demás, manteniendo viva la pretérita irrupción de los impulsos psicológicos basados en ideas ascético-religiosas y derivados de las necesidades económicas animadas y justificadas a través de la glorificación de Dios tras la Reforma. De este modo, hoy seguiríamos siendo objeto de tales impulsos psicológicos que posibilitaron la contención en el gasto para la consecución de riqueza en un primer momento tras su irrupción, riqueza que es condición de posibilidad del disfrute cultural que se muestra hoy en las redes sociales y de la vida exuberante que este disfrute promueve, como su paradigma. Cultura a su vez erigida sobre la égida de la predisposición biológica hacia la aporofobia que le dio forma a través de los preceptos de la doctrina de la predestinación, doctrina profundamente aporófoba como hemos expuesto. La vida exuberante propia del postureo mantendría en sí misma las máximas, de origen metafísico, de la buena conciencia en la riqueza elevada al rango de deber que es su condición de posibilidad. Contención en el gasto y propensión al mismo con la vida exuberante de las celebridades como paradigma coincidirían, pues incidirían en lo mismo sustancialmente, esto es, en la fundamentación en la buena conciencia en la riqueza económica posibilitado, al elevarse como deber, como principal indicio de la certitudo salutis, de la predestinación y la salvación, metodizada desde la irrupción del protestantismo ascético por esa misma posesión de riqueza que trajo consigo la separación de los concilia y los praecepta evangelica. Pues recordemos una de las principales tesis de Weber: que son los impulsos religiosos del 53 ascetismo protestante los que estarían detrás del surgimiento del espíritu del capitalismo y no al revés como sostendría Marx. De este modo, los impulsos psicológicos de vocación ascético-religiosos que provocaron una buena conciencia en la riqueza del protestante en los inicios del capitalismo como su producto, seguirían operando hoy a través del postureo y la vida exuberante que anima en gran parte a este postureo, por un lado, y la invisibilización y maltrato al pobre, por otro lado. Sólo habría cambiado por ello el modo de la mostración de esa buena conciencia, en grado de deber, en consonancia a las necesidades de índole económica: en el capitalismo la contención en el gasto, en el consumismo el gasto, principalmente en lo superfluo, que anima a su vez a llevar una vida exuberante. Ambos modos de vida redundarían, sin embargo, en un factor económico común: la buena conciencia en la riqueza erigida como deber, cuyo origen sitúa Weber en motivaciones ascético-religiosas, pues sería, junto a un trabajo racional infatigable y la riqueza que genera, el principal indicio de la predestinación. El ideal del postureo sería la vida de la celebridad, imitada luego por todos aquellos que de tal modo, a través de la imitación del modo de vida de aquellos que supondría a su vez la continuidad de los impulsos psicológicos nacidos de la angustia de saberse o no salvado mediante la participación de la buena conciencia en la posesión de riqueza demostrada hoy por una vida propensa al gasto en lo superfluo, serían partícipes del indicio de posesión de tal riqueza necesaria para la salvación. En las redes sociales podemos observar esta mostración en personas de clases sociales diversas, bajo la máxima de la mostración de la participación en la buena conciencia en la riqueza y el modo de vida exuberante del que es condición de posibilidad. Además, la fundamentación en la buena conciencia como deber derivada de la posesión de riqueza del modo de vida exuberante propio del postureo, iniciado por las celebridades y personalidades e imitado por los demás a fin de parecerlo, como producto devenido de ser esta buena conciencia en la riqueza la principal garantía de la certitudo salutis, hay otros elementos de aquellos impulsos psicológicos observados como productos de 54 ideas ascético-religiosas devenidos de esta buena conciencia en la riqueza que posibilitaron el capitalismo y que podrían seguir operando como animadores de no pocos modos de actuación hoy. Uno de los más llamativos podría ser consecuencia de la santificación de la totalidad de la vida, de todo el tiempo, por su metodización racional a través del trabajo profesional, y que busca el aumento de la posesión de riqueza como síntoma principal de la predestinación desde el protestantismo ascético. Desde esta perspectiva, defendida en este trabajo, de la continuidad de los profundos impulsos psicológicos procedentes de ideas ascético-religiosas identificados por Weber que moldearon la cultura moderna desde sus mismos cimientos, esta santificación y metodización de la totalidad de la existencia y de la totalidad del tiempo que esta comporta por su racionalización profesional, podría arrojar luz sobre la incipiente profesionalización del tiempo de ocio. En esta esfera de profesionalización del ocio encontraríamos a los denominados youtubers e influencers, cuyos oficios están basados en el, a priori, tiempo de ocio, ya que esta profesionalización del tiempo de ocio implica, sin embargo, su aniquilación por definición, pues el ocio es la negación del oficio y donde se sitúa el oficio, con su depuración metódica y racional, no pueden coexistir ambas esferas contrapuestas de la existencia. Asistimos hoy en consecuencia a la conversión del ocio en oficio, esto es, al fin del ocio en cuanto tal por su metodización racional exigida en su proceso de profesionalización. Jugar a videojuegos, comentar videos, realizar desafíos, pero también mostrar el modo de vida resuelto que deparan los beneficios económicos obtenidos por estas prácticas, mostrar el rutinario y antaño íntimo día a día constituirían de este modo la absorción del tiempo de ocio por el tiempo de oficio al deparar aquel beneficio económico y transformarse así en profesión. El paso de la certitudo salutis y la ascética cristiana desde las celdas monacales a la vida mundana iniciada por el protestantismo ascético que menciona Weber no sólo llevaría a la depuración racional mediante un trabajo profesional infatigable y la buena conciencia en la riqueza que este, como resultado del ejercicio de las virtudes de la Gracia ofrecían, sino también la 55 gradual desaparición del tiempo de ocio para deparar sólo tiempo de oficio en cumplimiento con el deber de glorificar a Dios como también indica el filósofo alemán, deber que conlleva el aprovechamiento de cada hora de la existencia a tal fin, diluido en el ejercicio del aumento del beneficio económico del tiempo (Weber, 2004). Si bien en el modo de vida de los youtubers podemos observar nítidamente la total absorción del tiempo del ocio por el de oficio que acontece a través de la profesionalización de este tiempo tradicionalmente designado como de ocio, en el modo de vida de los denominados influencers se puede observar la total entrega del tiempo de vida en clave económica, como producto de la sistematización total de la existencia que requería el protestantismo ascético en su propensión a la persecución de la riqueza y el sistema económico y social que genera en el que el tiempo es donado por Dios para glorificarlo a través de tal obtención de riqueza por lo que “cada hora perdida se la sustrae al trabajo para la Gloria de Dios” (Weber, 2004, p.198). Por ello, como producto de esta profesionalización del tiempo de ocio, en los perfiles de los usuarios en las principales redes sociales se puede observar cómo incluso la rutina diaria es presentada, y aprovechada, en clave de producto económico -pues la reproducción de tales contenidos por sus seguidores reportan contratos de patrocinio y por tanto beneficio económicolo que vendría a ser la manifestación de esa percepción y vivencia de toda la existencia en clave económica, propia de aquel ánimo de fines ascéticoreligiosos confundidos desde su génesis con los fines económicos, llevada al extremo hoy. Por lo expuesto, la sociedad de la aporofobia, aquella sociedad que trata de ocultar la pobreza sistematizando la marginación, maltrato y animalización del pobre como recogen las investigaciones de Cortina y Sainz, tendría sus orígenes al situarse en la potenciación de la predisposición biológica que se hace desde el capitalismo y sus fundamentos ascético-religiosos al elevar al rango de deber la buena conciencia en la riqueza al ser señalada como principal indicio de salvación, provocando la consecuente demonización de quienes no participan de ella, es la misma sociedad del postureo, que busca la 56 mostración de ese deber en mostrarse en la buena conciencia en la riqueza y cuyo modelo de vida hoy es la celebridad, situando en el gasto en lo superfluor la máxima ascética de la obtención máximo beneficio económico y riqueza como modo de glorificar a Dios, antaño alcanzada por la contención en el gasto. Esta sociedad es a su vez la sociedad de la aniquilación del tiempo de ocio, con la conversión de este tiempo en oficio en el modo de vida de los youtubers, y la sistematización en clave económica de toda la existencia, observada en el modo de vida de los influencers, que vendría posibilitada por la santificación de la totalidad del tiempo de vida, metodizado por ello racionalmente en clave de máximo beneficio económico que el modo de vida ascético requiere desde su irrupción y su continuidad por medio de la continuada actuación de los impulsos psicológicos que este modo de vida originó, al mantenerse aún hoy sus máximas ético-económicas, pues ambas serían indiscernibles desde el protestantismo ascético y el modelo socioeconómico que genera. Estos fenómenos sociales serían, pues, síntomas y a la vez productos, de la operatividad en la actualidad de los impulsos psicológicos producidos por ideas puramente religiosas impulsadas por el protestantismo ascético que, como señala Weber en su obra y hemos visto en este trabajo, pasaron desde sus comienzos a la esfera económica. La expansión de estas máximas a través de dicha esfera, que dictamina en buena parte nuestra ética personal y social, implicaría la pervivencia de tales impulsos ascético-religiosos hasta nuestros días. En la exposición paradigmática a través de las redes sociales de la vida de la celebridad, esta, independientemente de dónde provenga su status socioeconómico, podría a su vez ayudar a su humanización en el sentido expuesto por Sainz, al exponer sus inquietudes, reflexiones, dudas existenciales, pasiones y demás facetas personales a través de dicho medio. Esta humanización supondría a su vez un freno para la aceptación de la aplicación de políticas de redistribución de riqueza y conllevaría la justificación del desigual reparto de esta misma riqueza, naturalizando ambos polos de 57 status socioeconómicos. Pues la continuada ejecución de las máximas ascético-religiosas del deber de la buena conciencia en la riqueza ya era síntoma de la ética protestante en el primer momento del capitalismo heroico donde “ese ascetismo le daba también la seguridad tranquilizadora de que el reparto desigual de los bienes de este mundo es obra de la providencia divina, así como la concesión particular de la Gracia” (Weber, 2004, p. 230). De este modo expuesto, los fenómenos aporófobos y del postureo tendrían una misma raíz social y cultural en el capitalismo, producto de germinar en él la predisposición biológica a la aporofobia en lugar de combatirla, al situar la buena conciencia en la riqueza como deber con Dios y como máxima ética, en una sociedad moldeada desde los impulsos psicológicos producidos al colocar dicha máxima como deber, lo que propició la aparición del capitalismo desde la ética protestante. En la pervivencia de esta buena conciencia en la riqueza, e incluso en su extensión, por las actitudes aporófobas y también del postureo, las actitudes aporófobas son comportamientos que hunden sus raíces del modo descrito en la continuidad de la lógica de la salvación protestante mediante su supervivencia en el paso de una sociedad capitalista a una consumista, perviviendo en la continuidad de la idéntica máxima económica entre ambas: la divinizada máxima ética de la generación de riqueza.