scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Viajes y residencias de Alfonso X. Tipología de desplazamientos y centros de acción política

Carmona Ruiz, María Antonia

Full text

1. INTRODUCCIÓN Coincidiendo con el creciente interés que en los últimos años ha habido por el estudio de los itinerarios regios1, en el año 2012, el profesor D. Manuel González Jiménez y yo misma publicamos el libro titulado Documentación e Itinerario de Alfonso. En él, después de un arduo trabajo de varias décadas, se reunían los registros de la documentación producida por la cancillería alfonsí conocida hasta ese momento. Gracias a ello, pudimos reconstruir buena parte de los movimientos que el monarca castellano efectuó a lo largo de su reinado. De hecho, la datación de esos diplomas nos permitió trazar los movimientos del rey a través de las localidades por las que debió de transitar en sus diferentes desplazamientos, y conocer de una manera muy somera el tiempo de estancia en cada uno de los lugares a los que se trasladó y las razones por la que realizó esos viajes. Todo ello se plasmó en una serie de mapas en los que se esbozaron los movimientos alfonsíes a lo largo de su reinado2. Sin embargo, la información que esta documentación aporta nos permite una mayor profundización en el estudio de los movimientos del monarca, por lo que en este trabajo lo que pretendemos es completar la información incidiendo en algunos aspectos que no se trataron, como la tipología de viajes, las distancias que pudo recorrer o las localidades preferentes en sus desplazamientos. A la hora de reconstruir el itinerario alfonsí, uno de los principales problemas con el que nos encontramos fue el de poder fijar con precisión el recorrido del monarca, la trayectoria de sus movimientos, los tiempos de estancia, la duración de los recorridos y las localidades en las que pudo haber hecho algún tipo de parada, ya que las fuentes documentales disponibles son bastante 1. Este interés se manifiesta, además de en la publicación de numerosos trabajos vinculados con esta temática, en la organización de un Congreso en Burdeos Martin y Lainé 2009. 2. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012. VIAJES Y RESIDENCIAS DE ALFONSO X. TIPOLOGÍA DE DESPLAZAMIENTOS Y CENTROS DE ACCIÓN POLÍTICA María antonia carMona ruiz MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 178 parcas en noticias de esa índole y a veces pueden llevar a equivocaciones. Así, la Crónica de Alfonso X, escrita varias décadas después del reinado de este monarca, nos ofrece una información muy escueta sobre sus desplazamientos, limitándose a dar la fecha de salida o de llegada a un lugar determinado, y, además, comete notables errores a la hora de datar los sucesos, como pudo comprobar González Jiménez al editarla3. Solo contamos con más información del periplo que el rey hizo por territorio aragonés en su viaje al Imperio gracias a la detallada descripción que de su itinerario hizo el cronista catalán Ramon Muntaner4. Por consiguiente, buena parte de las referencias que tenemos proceden directamente de la documentación emitida por la cancillería regia. No obstante, el uso de esta también provoca algunos problemas. En primer lugar, no se conserva la totalidad de documentos que emitió la cancillería alfonsí, ya que se han perdido bastantes, de ahí que haya ciertas lagunas y por lo tanto dificultades para saber exactamente los días que el rey debió de permanecer en algunas localidades, cuántas veces las pudo visitar o si alguna vez las visitó. Por otro lado, en determinados casos en fechas relativamente cercanas, e incluso en la misma fecha, se conserva documentación que ubica a Alfonso X en lugares diferentes y a veces muy alejados entre sí. Aunque habitualmente los órganos de gobierno y administración viajaban con el rey5, no siempre fue así y, de hecho, en estos casos esta discrepancia solo se puede explicar entendiendo que la cancillería estuviera en un lugar y el monarca en otro. Así, por ejemplo, cuando Alfonso X firmó el acuerdo de Alcalá de Abenzaide con Muhammad I, en agosto o septiembre de 1265, parte de la cancillería permaneció en Córdoba y parte se trasladó con el rey, como la documentación de ese periodo refleja6. Sin embargo, en otras ocasiones, no sabemos exactamente si se produjo esa separación entre Alfonso X y la cancillería, lo que hemos intentado solventar aplicando la lógica a los posibles movimientos del rey, entendiendo que la cancillería no siempre se trasladó totalmente con él. Asimismo, considerando que las distancias que podía recorrer un caballo en un día era aproximadamente de unos 30-45 kilómetros, y que las jornadas estaban muy condicionadas por la orografía, los pertrechos, los estados de los caminos y el clima, así como por el tipo de transporte, el séquito o la compañía que pudiera llevar el monarca, o incluso su estado de salud, las localidades en las que el rey debió de hacer parada y estancia fueron muchas más de las que tenemos constancia, ya que, como hemos indicado, muchas las conocemos tan 3. Crónica de Alfonso X 1998. 4. Muntaner 1971, pp. 686-687. 5. Arias Guillén 2013, p. 459. 6. Así, a la par que se emitieron algunos privilegios desde la Vega de Granada, se estaban redactando documentos en Córdoba. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012, p. 47. LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 179 solo porque en ellas expidió algún tipo de documentación. Tampoco sabemos exactamente cuáles fueron los caminos que pudo haber empleado en cada uno de los desplazamientos. Sin embargo, teniendo en cuenta los que tradicionalmente se utilizaban en esa época, y que en muchas ocasiones hubiera preferido trayectos más largos para poder realizar estancias en determinadas localidades, a la hora de elaborar el itinerario y la cartografía que se publicó en 2012 intentamos aproximarnos lo máximo posible a los recorridos que pudo haber seguido7. En cualquier caso, y aún a sabiendas de que los datos ofrecidos son meramente aproximativos, la documentación nos permite hacernos una idea de la tipología de desplazamientos que el rey efectuó, los lugares de preferencia, y las distancias que pudo haber recorrido a lo largo de su reinado. 2. TIPOLOGÍA DE VIAJES Si nos atenemos a las diferentes razones por las que habitualmente los monarcas medievales realizaban desplazamientos (viajes de carácter espiritual, de placer o de carácter político), en el caso de Alfonso X casi todos los desplazamientos que efectuó a lo largo de su reinado fueron motivados por cuestiones políticas, lo que no quita que a lo largo de los mismos visitara algunos centros religiosos cercanos o realizara actividades de carácter lúdico aprovechando los momentos de asueto. Por lo tanto, y como era habitual en la época, la principal razón que movió al rey por su reino era de carácter político, puesto que los monarcas castellanos se desplazaron principalmente para ejercer la justicia, con una clara asociación entre movilidad y buen gobierno, al entenderse que la justicia se impartía donde se encontraba el monarca, por lo que la corte debía de estar en constante movimiento8. Pero, además, hay razones muy específicas de carácter político que explican los desplazamientos del rey castellano. En primer lugar, podemos destacar las entrevistas con el resto de los monarcas peninsulares, principalmente Aragón y Portugal, a fin de establecer acuerdos diplomáticos. En numerosas ocasiones fueron estos los que se desplazaron a la corte para entrevistarse con Alfonso X, pero también fue habitual que este fuera a determinados lugares para reunirse con sus homólogos. Así, en el caso de Portugal, Alfonso X se trasladó a Badajoz en tres ocasiones para entrevistarse con el monarca portugués. En los dos primeros casos (1252 y 1267) se reunió con Alfonso III, con quien estableció sendos acuerdos. En el tratado que se firmó en Badajoz en noviembre de 1252 se resolvió el problema de la jurisdicción 7. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012, pp. 773-779. 8. Arias Guillén 2013, p. 461. MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 180 del Algarbe que había enfrentado a ambos reinos desde 1246, debido a la ayuda que Alfonso X había brindado a Sancho II Capelo. En ese acuerdo, el monarca luso reconoció la jurisdicción castellana del Algarbe durante su vida, y se concertó su matrimonio con la infanta doña Beatriz, hija ilegítima del rey castellano9. También en Badajoz, el 17 febrero de 1267, los monarcas firmaron otro tratado en el que se estableció el río Guadiana como frontera desde Badajoz a Ayamonte, renunciando Alfonso X al Algarbe10. Finalmente, el monarca castellano se desplazó a la ciudad extremeña en febrero de 1280 con el fin entrevistarse con su nieto, el rey Don Dionís, poco después de su ascenso al trono. Sin embargo, la reunión no llegó a efectuarse, debido a las malas relaciones del rey portugués con su madre, la infanta doña Beatriz, y al recelo de que su abuelo intentara que se reconciliara con ella11. Más numerosas fueron las entrevistas con el rey de Aragón y además se produjeron en diferentes localidades. Las razones para estas reuniones fueron muy diversas. Así, el encuentro de mediados de marzo de 1256 en Soria estuvo dirigido a firmar un acuerdo de paz con Jaime I. Después de un periodo de desencuentros, con él se iniciaba una etapa de buenas relaciones entre ambos monarcas, que se puso de manifiesto con la renovación de los acuerdos de paz en varias ocasiones. En esa reunión además se concertó el matrimonio entre el infante don Manuel, hermano de Alfonso X, y doña Constanza, hija del rey aragonés12. Por otro lado, la reunión de ambos monarcas en Ágreda en 1260, además de renovar los acuerdos de 1256, tuvo como finalidad principal la solicitud de ayuda militar por parte de Alfonso X para la cruzada contra Ceuta13. Asimismo, en diciembre de 1268 el monarca aragonés se trasladó a Toledo para asistir a la consagración de su hijo Sancho como arzobispo, por lo que Alfonso X lo acompañó hasta allí desde Santa María de Huertas para asistir también a la ceremonia14. Ambos monarcas presenciaron también la boda que el 30 de noviembre de 1269 se celebró en Burgos entre el infante don Fernando de la Cerda y Blanca de Francia15. Tras este enlace, el rey castellano se trasladó a Tarazona a pasar la Navidad con su suegro, quien aprovechó las largas conversaciones que mantuvieron durante la semana de convivencia para aconsejar a su yerno16. 9. González Jiménez 2009a, pp. 109-112. 10. Ibid., pp. 114-117. 11. Crónica de Alfonso X 1998, pp. 205-206. 12. González Jiménez 2009c, p. 234. 13. Ibid., p. 236. 14. Libro de los hechos del rey don Jaime (2003, caps. 473-474). 15. Carmona Ruiz 2018-2019, p. 155. 16. Vid. los consejos que Jaime I dio a Alfonso X en González Jiménez 2009c, pp. 243-245. LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 181 En febrero de 1271 celebraron una nueva reunión en Valencia, aunque previamente el monarca aragonés fue a recoger a Alfonso X en un punto entre Utiel y Buñol, para acompañarle desde allí hasta la ciudad del Turia, donde permanecieron varios días. Una nueva entrevista se produjo al año siguiente en Alicante, que fue organizada ante la insistencia de Alfonso X, ya que quería avisar a su suegro de una posible alianza y conjura urdida por algunos nobles aragoneses contra él, en connivencia con el rey de Granada y varios nobles castellanos. A cambio, el monarca aragonés aconsejó a Alfonso X sobre la política que debía de seguir con respecto al reino de Granada17. A principios del mes de agosto de 1273 tuvieron otro encuentro, esta vez en Requena18, y el viaje de Alfonso X al Imperio iniciado en octubre de 1274 en Alicante y que atravesó tierras valencianas y catalanas, permitió la reunión de ambos monarcas, que en Valencia asistieron durante 15 días a grandes festejos en honor a la comitiva castellana. Asimismo, durante la estancia en Barcelona desde la Navidad a finales de enero de 1275 Jaime I y Alfonso X mantuvieron largas conversaciones19. Finalmente, hay que destacar la entrevista que Alfonso X mantuvo con su cuñado Pedro III de Aragón en Campillo y Ágreda en marzo de 1281, donde se firmó un acuerdo de paz y ayuda mutua. El monarca aragonés custodiaba a los hijos del infante don Fernando de la Cerda, por lo que monarca castellano tenía especial interés en mantener buenas relaciones con él. Sin embargo, sus sesiones fueron aprovechadas por el infante don Sancho para acercarse al monarca aragonés, con el que firmó un tratado de perpetua amistad20. Anteriormente, se había programado una reunión entre ambos monarcas entre Ariza y Huerta para junio de 1280, pero no llegó a realizarse debido a la campaña militar de Alfonso X contra Granada21. Es muy probable que se reuniera en varias ocasiones con el rey Muhammad I de Granada, aunque solo tenemos constancia de algunos de sus encuentros. Así, la firma de la tregua solicitada por el emir nazarí que suponía la finalización de la revuelta mudéjar supuso el encuentro entre ambos monarcas en Alcalá de Abenzaide (hoy Alcalá la Real) en una fecha desconocida entre el 26 de agosto y 24 de septiembre de 126522. La ruptura de esta tregua supuso la reanudación de la guerra en Andalucía, hasta que entre mayo y junio de 1267, posiblemente de nuevo en Alcalá de Abenzaide, renovaron el acuerdo de paz, 17. Así, Alfonso X había recibido solicitud de ayuda tanto de Muhammad I como de sus enemigos los Ashqilula, por lo que Jaime I le aconsejó que ayudase a quién primero le pidió su apoyo. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012, p. 67. 18. Ibid., p. 71. 19. González Jiménez 2009c, pp. 247-249. 20. González Jiménez 2004, pp. 340-341. 21. Ibid., p. 336. 22. Un detallado análisis del acuerdo en González Jiménez 2004, pp. 181-183. MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 182 en el que se preveía la renovación del pago de parias y la colaboración del rey de Granada en la represión de la revuelta de los mudéjares murcianos. Cumplido el año de esta tregua, Muhammad I se entrevistó en Murcia con Alfonso X para negociar un nuevo acuerdo, en el que el rey de Granada intentaba impedir que el monarca castellano apoyara a los Ashqilula23. También el rey de Castilla tenía previsto reunirse con el emir granadino en Alcaraz en junio de 1272, sin embargo, este encuentro no se llegó a producir debido a que tanto el infante don Fernando de la Cerda como el infante don Manuel avisaron al monarca castellano de la entrada de un importante contingente de tropas benimerines24 a las que tuvo que hacer frente el granadino. Aprovechando el viaje que en 1256 realizó al señorío de Vizcaya con el fin de acabar con los partidarios del infante don Enrique, don Alfonso se entrevistó con Teobaldo II de Navarra en Vitoria, con la intención de establecer buenas relaciones con Navarra25. Allí se reuniría también con los embajadores de Felipe III de Francia que le presentaron las exigencias del rey francés en relación con la sucesión en el trono castellano. Consecuencia de las entrevistas serían la firma de un acuerdo el 7 de noviembre de 1276, en el que, entre otras cosas, se establecía una tregua entre ambos soberanos y la devolución mutua de los castillos conquistados26. Otro motivo para acudir a determinados lugares fue el de solventar asuntos de carácter local. La presencia física del rey tenía un notable valor político y era algo habitual que los monarcas se movieran por su reino con el fin de erradicar cualquier foco de oposición a su autoridad27, aunque también se desplazó para organizar o reorganizar algún territorio. En relación con esto último, se puede ver que, parte de los desplazamientos que realizó a diferentes zonas del sur peninsular estuvieron vinculados a la organización de sus repoblaciones, caso de Sevilla en 1253, donde estuvo controlando la finalización de los repartimientos de Sevilla y Carmona28. Viajó al reino de Murcia en 1257 con la misma intención, buscando consolidar la presencia cristiana en la región y facilitar la llegada de nuevos pobladores. Igualmente, la presencia del rey en Jerez de la Frontera en 1267 y 1268, estuvo vinculado a la repoblación 23. Sobre las relaciones de Alfonso X con esta facción rebelde de Granada vid. García Fitz 1997. 24. Crónica de Alfonso X 1998, p. 70. 25. Como signo de amistad, Alfonso X entregó al rey navarro a título vitalicio las villas de San Sebastián y Fuenterrabía. 1256, enero, 1. Vitoria. Archivo General de Navarra, Comptos, c.3, n.3. 26. Hernández (2004-2005: 205, y doc. V: 232-235). 27. Arias Guillén 2013, p. 465. 28. Sobre el repartimiento de Sevilla vid. González Jiménez 2004, pp. 60-67. Para el de Carmona vid. González Jiménez 1981, pp. 59-84. LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 183 de la comarca jerezana y la bahía de Cádiz, que contaba con muy escasa población tras la revuelta mudéjar29. También se desplazó a algunas localidades para resolver cuestiones más específicas, como el puntual desplazamiento que hizo en noviembre de 1258 desde Segovia a Navas de Oro para solucionar el pleito de términos entre esta ciudad y los concejos de Coca y Cuéllar. Esto respondía a la idea de que el principal deber del rey era impartir justicia, asociado a la idea de buen gobierno, por lo que, aprovechando su estancia en Segovia, se desplazó a esa villa con la intención de solucionar el conflicto, que resolvió finalmente al día siguiente desde Segovia con el deslinde de la zona de Contienda30. Otro viaje que podemos destacar es el ya referido a Vitoria en diciembre de 1256, con la intención de aplastar a los partidarios del infante don Enrique, quien estaba apoyado por los vasallos de Diego López de Haro. Igualmente, el conflicto con la nobleza castellana en 1272 le obligó a trasladarse desde Murcia a Burgos, donde convocó Cortes. En un movimiento lento, dejó la capital murciana a mediados de junio, llegando a Roa a finales de agosto, donde permaneció varios días. Acompañado de la reina, el infante don Fadrique, varios obispos y algunos nobles, continuó tranquilamente su camino, practicando incluso la caza. Cerca de Lerma le salieron al paso los nobles rebeldes, con una actitud bastante amenazante. Finalmente llegó a Burgos en torno al 6 de septiembre, entrevistándose a continuación con los nobles conjurados. El fracaso de las conversaciones supuso que en diciembre estos iniciaran su marcha hacia Granada. Por ello, y a fin de controlar sus movimientos, el rey decidió seguirles en su marcha hacia el sur, deteniéndose en Toledo31. Como acabamos de ver, la celebración de Cortes supuso igualmente el desplazamiento del rey, ya que su presencia era imprescindible. De hecho, se puede considerar que el reinado de Alfonso X fue fundamental para la historia de las Cortes castellanoleonesas, no solo por la frecuencia en que se convocaron estas asambleas generales o algunas reuniones más parciales, sino también por la trascendencia de los asuntos que se trataron y por su contribución en el desarrollo de la ideología corporativa del poder32. Las ciudades elegidas fueron Toledo (1254 y 1259), Valladolid (1258), Segovia (posiblemente se celebraron unas cortes en 1258), Sevilla (1261 y 1281) y principalmente Burgos, donde se reunieron en cinco ocasiones (1272, 1274, 1276, 1277 y 1278). Además, hubo «ayuntamientos», reuniones parciales en Sevilla (1252-53, 1264), 29. Sobre la actividad repobladora de Alfonso X vid. González Jiménez (2009b). 30. Así, el 7 de noviembre de 1258 estaba en Navas de Oro, mientras que el documento definitivo de amojonamiento lo emitió el 8 de noviembre ya en Segovia. Cfr. González Jiménez; Carmona Ruiz (2012, docs. 1447 y 1448: 298). 31. Un análisis detallado de todo esto en González Jiménez (2004:. 239-257). 32. Sobre el desarrollo de las cortes, vid. Procter 1980; O’Callaghan 1989; Valdeón Baruque 1997. MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 184 (Palencia (1255), Segovia (1256) Jerez de la Frontera (1268), Almagro (1273), Ávila (1273), Alcalá de Henares (1275), Valladolid (1275), Salamanca (1279) y Badajoz (1279)33. La convocatoria y realización de campañas militares obligaron igualmente a Alfonso X a desplazarse, y dadas las circunstancias políticas de su reinado, fue el sur peninsular donde se produjeron buena parte de los conflictos bélicos, y es allí donde el monarca acudió. Así, la larga estancia del rey en Sevilla en 1253 estuvo motivada en parte por la campaña contra Jerez y la zona del Guadalete, que desde la muerte de Fernando III había dejado de pagar tributos. Así, el propio Alfonso X se encargó de asediar la ciudad de Jerez, mientras que su hermano, el infante don Enrique atacaba Arcos y Lebrija, consiguiendo de este modo que los musulmanes cumplieran sus compromisos34. Por otro lado, la sublevación mudéjar contra Jaime I en 1254 obligó a Alfonso X a alterar sus planes, ya que, aunque tenía previsto ir a Sevilla, cambió el recorrido marchando a Murcia ante el temor de una reacción de la población musulmana de este reino. En 1264 se produjo la temida revuelta mudéjar en Andalucía y Murcia, por lo que el rey estuvo en Córdoba y en la Vega de Granada35. Por otro lado, en 1279 estuvo en Sevilla desde donde siguió atentamente el sitio de Algeciras, en manos meriníes. Desde la capital hispalense también programó ese año la expedición contra Granada, acudiendo posteriormente a Córdoba, donde las mesnadas concejiles sevillanas se sumaron a las que reunió el infante don Sancho, que fue quien finalmente realizó la campaña ya que su padre cayó enfermo36. También fue entre Sevilla y Córdoba en 1260 donde organizó la Cruzada a África37. Otro motivo de viaje fue la celebración de bodas y otros actos lúdicos. Así, en septiembre de 1254 Alfonso X fue a Burgos, donde se celebró el matrimonio del príncipe Eduardo de Inglaterra con la infanta Leonor38. Allí también se produjo en noviembre de 1269 el enlace de Fernando de la Cerda con Blanca de Francia, después de que se casaran en Toledo, en una ceremonia a la que la novia no asistió. Las fiestas en Burgos duraron varios días, en las que Alfonso X recibió una coz de un caballo en la cabeza, de la que nunca se repuso39. Esto explica que, después de la boda, el monarca castellano pasara la navidad en Tarazona con su suegro Jaime I, y que, durante su regreso, enfermara a causa de esta 33. González Jiménez 2004, pp. 387-392. 34. Crónica de Alfonso X 1998, pp. 12-14. 35. Entre la amplia bibliografía dedicada al conflicto, podemos destacar, Ayala Martínez 2016, pp. 59-98. 36. O’Callaghan 2011, pp. 75-80. 37. González Jiménez 2004, pp. 107-111. 38. Un estudio de estas nupcias en Hernández 2004-2005, pp. 183-187. 39. Vid. Carmona Ruiz 2018-19, p. 185 y Hernández 2004-2005, p. 197. LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 185 lesión, por lo que tuvo que detenerse en Fitero donde se recuperó en parte40. De hecho, durante el año 1270 hizo desplazamientos cortos hasta llegar a Burgos donde permaneció cinco meses, lo que puede ser indicio de que no se repusiera totalmente. Ese mismo año realizó un viaje de carácter privado: se trasladó a Guadalajara para pasar las fiestas de Navidad con su hija doña Berenguela41. Pero de todos los viajes que el rey Sabio realizó, el que más trascendencia política tuvo y que le obligó a realizar un largo viaje, en tiempo y espacio, es el relacionado con la elección imperial y su entrevista con el papa. La bibliografía sobre este acontecimiento es amplia, por lo que no vamos a detenernos en él42. En su recorrido visitó a Jaime I en Barcelona, con quien pasó la Navidad de 1274 y le intentó convencer de que no hiciera ese viaje. En mayo de 1275 llegó a Beaucaire, donde a lo largo de los meses de mayo, junio y julio tuvo varias entrevistas con Gregorio X. Inició su regreso en el mes de agosto, aunque enfermo tuvo que detenerse en Narbona, para ya algo repuesto, continuar su camino hasta llegar a Alcalá de Henares, donde llegó a mediados de diciembre43. Desde el punto de vista de la estacionalidad no hay ninguna preferencia por ninguna época del año para los desplazamientos del monarca. Dado que buena parte se realizaron por cuestiones políticas, estas eran las que dirigían la movilidad del monarca, quien acudía a un lugar en el momento en que era precisa su presencia. Por ello, y en general, tampoco se observa una preferencia por una localidad u otra para desplazarse o permanecer en ella en determinadas épocas del año. 3. DISTANCIAS RECORRIDAS A través de la documentación conservada, podemos acercarnos a las distancias que pudo haber recorrido Alfonso X durante los años de su reinado, que vamos a simplificar en la tabla 1 y el gráfico 1: Como se puede ver, a excepción de siete años en que no realizó desplazamientos, si los hizo, no nos han quedado registrados, el resto de los años realizó viajes. Considerando esto, y analizando los viajes que tenemos registrados, a lo largo de su reinado realizó 35 650 km con una media de 1370 km cada año (eliminando los años en que no realizó ningún movimiento). Entre ellos hay que destacar los años 1254, 1257 y 1274, en que recorrió casi 2500 km anuales. 40. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012, p. 61. 41. Ibid., pp. 63-65. 42. Podemos destacar, entre otros, los trabajos de Ayala Martínez 1987, pp. 5-30; Valdeón Baruque 2004-2005, pp. 243-255; Estepa Díez 1984, pp. 43-54. 43. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012, p. 78. MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 192 Localidad N.º días Localidad N.º días Localidad N.º días Palencia 60 Medina del Campo 26 Olmedo 12 Jaén 46 Logroño 25 Uclés 11 Sto Domingo de la Calzada 44 Aguilar de Campóo 23 Sigüenza 10 Como se puede observar, la ciudad en que permaneció más tiempo y fue más veces es Sevilla, en la que se constata su presencia durante 3791 días, equivalente a más de diez años, una tercera parte de su reinado, y a donde se desplazó al menos en 24 ocasiones. A ella le seguiría Burgos (con 1149 días, equivalentes a algo más de tres años), donde estuvo al menos en 19 ocasiones y Toledo (869 días, equivalentes a dos años y medio) a la que fue al menos en 13 momentos. Por otro lado, frente a otros monarcas castellanos que prefirieron la meseta norte para sus estancias49, en el caso de Alfonso X, podemos observar cómo visitó con bastante frecuencia ciudades como Murcia, donde permaneció al menos 525 días (equivalente a casi dos años) y estuvo en 7 49. F. Arias Guillén («A kingdom without a capital…»: 465). Gráfico 3. Número de días de estancia (más de 1 día constatado) LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 193 ocasiones; Córdoba, donde estuvo al menos 256 días (equivalente a casi un año) y fue en 11 ocasiones; o Jerez de la Frontera, que visitó al menos 6 veces con 255 días de estancia. Precisamente, y como hemos visto, son en esas ciudades donde más tiempo estuvo en las que se celebraron las diferentes Cortes de su reinado (Sevilla, Burgos, Toledo, Valladolid y Segovia). Aunque es Sevilla la que más tiempo sirvió de residencia real, fue en Burgos donde se produjeron algunos de los acontecimientos del reinado. Así, fue la ciudad elegida para la celebración de Cortes en más ocasiones, pero además fue la ciudad elegida para la celebración de dos fastuosas bodas, la de Leonor de Inglaterra con el futuro Eduardo I, y la de Fernando de la Cerda con Blanca de Francia. Como ya pudimos constatar cuando publicamos el Itinerario de Alfonso X, tan solo una vez se desplazó a los territorios del reino de León, en 1274, con motivo de la celebración de las Cortes de zamora, previas a su ida al Imperio, que, junto a las que realizó ese mismo año en Burgos, tenían como finalidad justificar su proyecto y recabar apoyos por todo el reino. Esto contrasta con su época como infante, en que residió con bastante asiduidad en tierras leonesas50. Aunque no tenemos constancia de todas las residencias de Alfonso X, generalmente el monarca se debió alojar en los alcázares regios de las localidades que visitó, aunque también en la residencia de algunos nobles o en conventos. Durante las largas estancias que pasó en Sevilla se hospedó en el alcázar, al que sometió a una importante transformación, puesto que no solo era residencia del rey, su familia y algunos altos dignatarios de la corte, sino que también era el centro de gobierno del soberano. Por esto último necesitaba un lugar con estancias amplias y sin recovecos, algo totalmente alejado del concepto espacial de un palacio islámico. Así, transformó uno de los sectores del alcázar, posiblemente el palacio del rey almohade Abu Yacub Yusuf, construyendo en él una serie de estancias de estilo gótico francés, según la moda que dominaba en ese momento en Castilla, y adaptando el patio de crucero también a ese estilo. Por lo tanto, el palacio alfonsí estaba constituido por cuatro grandes salones con bóvedas de crucería que se comunicaban entre sí, entorno a un gran patio. En el salón situado al suroeste se construyó la capilla de San Clemente, mientras que el salón principal conectaba con un Patio de Crucero gótico, tras la modificación del que existía anteriormente. Este patio era un gran jardín rectangular de dos niveles de altura, uno superior para pasear en primavera e invierno, y otro inferior para tomar el fresco en verano. Debido a los destrozos que el terremoto de Lisboa de 1755 provocó en él, se cubrió parte de este jardín, convirtiendo en un sótano el nivel inferior51. 50. González Jiménez; Carmona Ruiz 2012, p. 18. 51. Cómez Ramos 2013. MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 194 En el caso de Burgos, donde también pasó largas jornadas, lo más probable es que se alojara en el castillo-palacio ubicado en la parte alta de la ciudad, que sirvió de residencia real hasta el reinado de Alfonso XI52, donde además se ajustició en 1277 su hermano, el infante don Fadrique53. En Toledo, su lugar de alojamiento debió de ser habitualmente el real alcázar, que Alfonso X reformó casi completamente, creando un edificio de planta cuadrada y torres en los ángulos54. En sus desplazamientos a Murcia Alfonso X utilizó como residencia el cercano castillo de Monteagudo, de ahí que haya documentación firmada desde este enclave, aunque es muy probable que se instalara en el alcázar de Murcia durante sus estancias en la capital murciana entre los años 1271 y 127355. En otras localidades como Segovia, Valladolid, Córdoba o Jerez, utilizó como lugar de residencia las fortalezas de esas ciudades. Respecto a sus largas estancias en la capital hispalense, hay que destacar que, además de participar en su conquista, posteriormente fueron muy numerosas las ocasiones en que residió en esta ciudad, como ya hemos indicado y 52. Lampérez y Romea 1915-1916, p. 76. 53. González Jiménez 1985, pp. 477 y 479. 54. Mayoral 1987. 55. González Cavero 2013, pp. 445-454. Gráfico 4. Días de estancia en Sevilla a lo largo del reinado LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 195 fue de tal importancia la presencia del rey en esta ciudad, que, siguiendo las palabras del profesor González Jiménez, «consideró a Sevilla como la capital de facto de un reino sin capital»56. Aquí se desplazó en numerosas ocasiones, no solo para resolver diferentes asuntos políticos, sino que también convirtió la ciudad en el centro de operaciones desde el que se desplazaba a los distintos lugares donde había algún tipo de problemas, además de utilizarla para descansar y distraerse. La eligió por la gran admiración que le profesaba. Reflejo de ello es el elogio que le dedicó en la Primera Crónica General de España: Es la meior çercada que ninguna otra allen mar ni aquen mar que fallada nin vista podiese ser, que tan llana estodiese; et los muros de ella son altos sobeiamiente et fuertes et muy anchos... Si quier la Torre del Oro, de commo esta fundada en la mar et tan igualmente conpuesta et fecha a obra tan sotil et tan marauillosa… Et pues de la torre de Sancta María todas las sus noblezas, et de quan grant la beltad et el alteza et la su grant nobleza es… Et a otras noblezas muchas et grandes sin todas estas que dicho auemos; villa tan bien sentada et tan llana non la a en el mundo… ¿Pues commo non puede ser muy buena et muy preciada çipdat tan acabada et tan conplida et o tantos abondamientos de bienes a, commo en esta son?57 De hecho, después de ausentarse un año tras la conquista de Sevilla, regresó a principios de 1250 a fin de ocuparse de los asuntos de gobierno, dada la mala salud de Fernando III. Tras la muerte de este, aquí fue proclamado rey, con una ceremonia bastante sencilla, una simple aclamación sobre la tumba de su padre. A principios de 1254 dejó la ciudad, donde, poco antes de su partida, el 6 de diciembre de 1253, nació su primogénita, Berenguela, momento de júbilo para el monarca, por lo que debió de celebrarse con sus correspondientes festejos. Posteriormente, y a lo largo de su reinado cuestiones principalmente políticas le obligaron a regresar a Sevilla en varias ocasiones. Así, entre 1261 y 1267 permaneció prácticamente todo el tiempo aquí. En ese momento, desde el punto de vista militar, se produjeron varios hitos, como las campañas contra Jerez y su conquista definitiva, o el cerco y conquista de Niebla. Asimismo, desde Sevilla dirigió las operaciones que se llevaron a cabo para atajar la revuelta mudéjar que se inició en Andalucía y Murcia en la primavera de 1264. Más corta, pero también significativa fue la estancia que tuvo entre 1279 y 1280, trasladándose en el verano de 1279 a esta ciudad a fin de seguir atentamente el desastroso sitio de Algeciras, que estaba en manos de los benimerines. El siguiente año estuvo también en varias ocasiones en Sevilla, donde programó una expedición contra Granada, aunque quien finalmente realizó la 56. González Jiménez 2004, p. 153. 57. Primera Crónica General (1977, vol. ii, cap. 1128: 768). MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 196 campaña fue su hijo, el infante don Sancho, ya que Alfonso X cayó enfermo. Finalmente, permaneció otra larga temporada durante sus dos últimos años de vida, desde otoño de 1281 hasta el 4 de abril de 1284. Vivió prácticamente recluido debido a la frágil salud, que le impedía moverse pese a la complicada situación política que se estaba viviendo en el reino, debido a la rebelión de su hijo, el infante don Sancho. 5. A MODO DE CONCLUSIÓN Los datos que nos ofrecen las crónicas y la documentación conservada nos permiten reconstruir de forma muy somera los movimientos realizados por Alfonso X a lo largo de su reinado. De hecho, la falta de descripciones nos obliga a utilizar las dataciones de los diplomas reales, con todos los problemas que esto conlleva. En cualquier caso, se puede comprobar cómo la corte de Alfonso X, al igual que las de otros reyes bajomedievales, se caracterizó por su itinerancia, dentro del discurso ideológico que vinculaba la movilidad de los reyes con el gobierno58. Su presencia física en un lugar era un acto simbólico representado en las fastuosas entradas reales que, aunque apenas describen las crónicas, se debían de producir. De hecho, la mayor parte de los desplazamientos que realizó estuvieron vinculados a cuestiones políticas, y su presencia física en determinados lugares estuvo a veces relacionada con su intención de mostrar su autoridad y evitar cualquier foco de oposición. Al igual que otros monarcas, en los viajes de Alfonso X se puede comprobar la preferencia por unos lugares frente a otros, y una mayor presencia en determinadas ciudades. Destaca especialmente sus largas estancias en Sevilla, en parte debido a las cuestiones políticas que le obligaron a desplazarse allí, como la organización de los territorios conquistados o la prosecución de la guerra en Andalucía, pero también a su predilección por esta ciudad donde pasó largas temporadas, de tal manera que una tercera parte de su reinado transcurrió en ella. Su especial vinculación con esta ciudad queda de manifiesto en la gran cantidad de privilegios que dio tanto al concejo como a la Iglesia hispalense, o en las importantes transformaciones que realizó en el alcázar sevillano. La importancia de Sevilla como corte real decaería algo durante los reinados de Sancho IV y Fernando IV, aunque se volvió a recuperar a finales del reinado de Alfonso XI y durante el reinado de Pedro I. Del mismo modo, la presencia del rey en Murcia, ciudad especialmente querida, al haberla conquistado siendo aún heredero, decayó tras la muerte del Rey Sabio. También Toledo fue quedando relegada tras el reinado de Sancho IV, mientras 58. Arias Guillén 2013, p. 459. LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN TIEMPOS DE ALFONSO X DE CASTILLA 197 que la importancia de Valladolid fue en aumento a lo largo de esa centuria, y Burgos mantuvo su importancia relativa59. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Arias Guillén, Fernando (2013): «A kingdom without a capital. Itineration and spaces of royal power in Castile, c. 1252-1350». Journal of Medieval History, vol. 39, 4, pp. 456-476. DOI: https://doi.org/10.1080/03044181.2013.830981 Carmona Ruiz, María Antonia (2018-2019): «La sucesión de Alfonso X: Fernando de la Cerda y Sancho IV», Alcanate: Revista de Estudios Alfonsíes, 21, pp. 151- 186. Crónica de Alfonso X (1998): González Jiménez, Manuel (ed.). Murcia. De Ayala Martínez, Carlos (1987): «Alfonso X: Beaucaire y el fin de la pretensión imperial», Hispania, 47, 165, pp. 5-30. De Ayala Martínez, Carlos (2016): «El levantamiento de 1264: factores explicativos y desarrollo’’, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus», Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330). UCA, Sevilla, pp. 59-98. Estepa Díez, Carlos (1984): «Alfonso X y el “fecho del Imperio”», Revista de Occidente, 43, pp. 43-54. García Fitz, Francisco (1997): «Alfonso X, el reino de Granada y los BanuAsqilula. Estrategias políticas de disolución durante la segunda mitad del siglo XIII», Anuario de Estudios Medievales, 27, pp. 215-237. González Cavero, Ignacio (2013): «El antiguo alcázar de Murcia: ámbito de poder y reflejo de la soberanía castellana durante los siglos xiii y xiV», Anales de Historia del Arte, 23, pp. 445-454. DOI: https://doi.org/10.5209/rev_ANHA.2013. v23.42846 González Jiménez, Manuel (1981): «Repartimiento de Carmona. Estudio y edición», Historia. Instituciones. Documentos, 8, pp. 59-84. DOI: https://doi.org/10.12795/ hid.1981.i08.02 González Jiménez, Manuel (1985): «Unos Anales del reinado de Alfonso X». Boletín de la Real Academia de la Historia, 192, cuaderno 3, pp. 461-492. González Jiménez, Manuel (2004): Alfonso X. Barcelona. González Jiménez, Manuel (2009a): «Las relaciones entre Portugal y Castilla en el siglo XIII», Estudios alfonsíes. Granada, pp. 105-124 González Jiménez, Manuel (2009b): «Alfonso X, repoblador», Estudios alfonsíes. Granada, pp. 205-223. González Jiménez, Manuel (2009c): «Jaime I el conquistador y Alfonso X el sabio: una compleja relación de encuentros y desencuentros», Estudios alfonsíes. Granada, pp. 225-250 González Jiménez, Manuel y María Antonia Carmona Ruiz (2012): Documentación e Itinerario de Alfonso X el Sabio. Sevilla. 59. Ibid., pp. 465-466. MARÍA ANTONIA CARMONA RUIz 198 Hernández, Francisco J. (2004-05): «“Relaciones de Alfonso X con Inglaterra y Francia», Alcanate: Revista de Estudios Alfonsíes, 4, pp. 167-242. Lampérez y Romea, Vicente (1915-16): «Los palacios de los reyes de España en la Edad Media», Boletín de la Sociedad Castellana de excursiones, 7. Libro de los hechos del rey Don Jaime (2003): Traducción y notas de Julia Butiñá Jiménez. Madrid. Martin, Georges y Fraçois Lainé (eds.) (2009): «L’itinérance des cours (fin XIe sièclemilieu XVe siècle): un modèle ibérique?», e-Spania, 8. https://doi.org/10.4000/espania.18545. Mayoral, Juana Aurora (1987): «Alcázar de Toledo». Patronato de Conservación del Alcázar de Toledo, 1. Toledo. Muntaner, Ramón (1971): «Crónica de Ramón Muntaner», en F. Soldevilla, Les Quatregrans cróniques: Jaume I, Bernat Desclot, Ramon Muntaner, Pere III. Barcelona. O’Callaghan, Joseph F. (1989): Las Cortes de Castilla y León, 1188-1350. Valladolid. O’Callaghan, Joseph F. (2011): The Gibraltar crusade: Castile and the battle for the Strait. Filadelfia. Primera Crónica General de España (1977): en Ramón Menéndez Pidal (ed.). Madrid. Procter, Evelyn S. (1980): Curia y Cortes in León and Castille, 1072-1295. Cambridge. Valdeón Baruque, Julio (1997): «Alfonso X y las Cortes de Castilla», en M. Rodríguez Llopis (coord.), Alfonso X. Aportaciones de un rey castellano a la construcción de Europa. Murcia, pp. 55-70. Valdeón Baruque, Julio (2004-2005): «Alfonso X y el Imperio», Alcanate: Revista de Estudios Alfonsíes, 4, pp. 243-255.