La epidermis de la arquitectura sanluqueña
Abstract
En este artículo se localiza y estudia un centenar de ejemplos de inmuebles de arquitectura doméstica, religiosa y militar con decoración externa de esgrafiados y policromía, que se hicieron en Sanlúcar de Barrameda durante los siglos XVII y XVIII. Sus fuentes de inspiración son identificadas y se establece catálogo de trabajo con los motivos conservados.
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LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 LA EPIDERMIS DE LA ARQUITECTURA SANLUQUEÑA THE SKIN OF ARCHITECTURE SANLUQUEÑA fernando Cruz isidoro Universidad de Sevilla. España cruzisidor[email protected].es En este artículo se localiza y estudia un centenar de ejemplos de inmuebles de arquitectura doméstica, religiosa y militar con decoración externa de esgrafiados y policromía, que se hicieron en Sanlúcar de Barrameda durante los siglos XVII y XVIII. Sus fuentes de inspiración son identificadas y se establece catálogo de trabajo con los motivos conservados. Palabras clave: Esgrafiados y policromía arquitectónica externa. Sanlúcar de Barrameda. This article locates and studies a hundred examples of housings, religious and military buildings with externa decoration for sgraffito and polychromed, which were made in Sanlucar de Barrameda in the seventeenth and eighteenth centuries. His sources of inspiration are identified and a catalog is established with the conserved motifs Keywords: the skin of architecture, externa decoration for sgraffito and polychromed, Sanlúcar de Barrameda. Desde el mundo antiguo, en la arquitectura occidental, y hasta la época moderna, cuando el aparejo de una fábrica era considerado pobre o de escaso valor monumental o decorativo, ha sido habitual recurrir a recubrimientos que ocultasen esa carencia y a la par favoreciesen su conservación, al preservarlo de los agentes de erosión. En la arquitectura romana y, por inercia en la medieval y moderna que mantuvieron su influencia en mayor o menor medida, cuando se disponía del suficiente poder económico y de material, fue habitual el uso de placados marmóreos o pétreos, dependiendo de los recursos de la región (canteras o de acarreo), e incluso de mosaicos de materiales de alto valor, caso del arte románico, gótico y renacentista italiano. Pero cuando esos elementos escaseaban o eran pobres los caudales, no suelen faltar, ocultando las fábricas de ladrillo, tapial, mampostería e incluso de piedra, las imprescindibles capas a la cal, yeso o estuco que, tras recibir esgrafiados y policromía, igual imitaban labores de sillares
Fernando Cruz Isidoro126 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 o latericias, placados, o las más variadas y complejas tramas geométricas, emulando las alfombras de mosaicos de suntuosas solerías, alfarjes de madera, los sofitos de las viejas glorias del mundo clásico, difundidas por la tratadística italiana, o las más cercanas labores pictóricas o de yeserías del mundo musulmán y del estilo mudéjar. Sin olvidar, tampoco, las efectistas y vistosas figuraciones religiosas o mitológicas, dependiendo del carácter sacro o profano del inmueble. Ese engaño visual y decorativo, propio de las tramoyas teatrales, que desea ocultar la pobreza de materiales o intenta la articulación de un paramento, cuenta en los últimos años con numerosas investigaciones, que no vienen al caso sintetizar, más desde finales de la década de 1980 para el ámbito geográfico que nos ocupa, cuando se empezaron a efectuar propuestas de restauración y divulgación de la arquitectura pintada andaluza, como en las I Jornadas de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, celebradas en Cádiz en 1990 bajo el lema “El color en la arquitectura”, repetidas en años posteriores1, y que tuvieron un fuerte revulsivo con la inyección económica de los proyectos de restauración acometidos en Sevilla para la Expo del 92, caso de la iglesia de Sta. María la Blanca2. Esa epidermis, a la escala apropiada, nos viene interesando desde hace más de una década en nuestro reiterado estudio de la arquitectura sanluqueña, por ciertas restauraciones que dejaron al descubierto retazos de esa piel, como en la parroquia de Ntra. Sra. de la O y en el baluarte de San Salvador3. Unas primeras consideraciones ya las dimos a conocer en una conferencia celebrada en mayo de 2005 a instancias de la Asociación Cultural “Luis de Eguílaz” de Amigos del Libro y las Bibliotecas, que llevó por título “Sobre la ciudad ideal y la arquitectura dieciochesca del color: cuando Sanlúcar no era blanca”, donde 1 Véase como obras generales: FERRER MORALES, Ascensión: La pintura mural: su soporte, conservación, restauración y las técnicas modernas. Sevilla, Universidad, 1995 y MALTESE, Conrado: Las técnicas artísticas, Madrid, Cátedra, 1990. O, a modo de ejemplo, FERRER MORALES, Ascensión: “Decoración de muros en castillos califales de Andalucía occidental”, Atrio, 8/9, 1996, pp. 3-18; CAMACHO MARTÍNEZ, Rosario: “Málaga pintada. La arquitectura barroca como soporte de una nueva imagen”, ibídem. pp. 19-36; OLLERO LOBATO, Francisco: “Sobre el color en la arquitectura del arzobispado hispalense durante la segunda mitad del siglo XVIII”, ibídem, pp. 53-75; BENITO ARTIGAS, Juan: “La piel del barroco”, ibídem, pp. 77-87. 2 AGUILAR GUTIÉRREZ, Juan y ARENILLAS, Juan Antonio: “Las pinturas murales de la fachada de la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla y su restauración”, Atrio, 8/9, 1996, pp. 37-51. 3 RODRÍGUEZ DUARTE, María del Carmen: “Hallazgos de pinturas y relieves en la iglesia de Ntra. Sra. de la O”, Sanlúcar de Barrameda, 27, 1991, s./p.; “Hallazgos de pinturas góticas en la parroquia de Ntra. Sra. de la O de Sanlúcar de Barrameda”, El Color en la Arquitectura, Cádiz, 1991. FERRER MORALES, Ascensión: “Decoración de los muros del fuerte de San Salvador. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)”, Sanlúcar de Barrameda, 31, 1995, s/p.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 127 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 recogimos un catálogo inicial de edificios religiosos, civiles y militares y los temas representados, que devino en un artículo, de igual título, publicado ese verano en la revista Sanlúcar de Barrameda donde hacíamos relación de todos los inmuebles que mostraban esos elementos, algunos ya desaparecidos4. Ambas intervenciones tuvieron cierto eco en la ciudad, pues algunos dueños de viviendas empezaron a sacar esgrafiados y policromías de debajo de las múltiples capas de cal que los ocultaban, como marchamo de su antigüedad. Y esa línea de investigación tuvo proyección en varios discípulos, que presentaron ponencias en las I y II Jornadas de Investigación Sanluqueña, que venimos dirigiendo en la localidad, en mayo de 2011 y 20125, e incluso esa temática formó parte sustancial del trabajo de investigación de uno de ellos6. No obstante, en la labor de recuperación y divulgación en los medios audiovisuales, es de justicia dejar por escrito que la parte más importante la llevó a cabo, y sigue de forma incansable, el artesano sanluqueño don José María Sánchez Muñoz7, experto en labores decorativas y estuco que, con su incansable trabajo, ha sido quien personalmente ha sacado a la luz casi el cien por cien de todas las muestras de decoración de esgrafiados y policromías externas que se conservan en la ciudad, efectuando desinteresadamente labores de restauración y reintegración de los motivos, lo que le ha permitido sacar plantillas a escala real y reproducciones que han sido utilizadas en este artículo. De ahí que el trabajo que ahora presentamos se sostenga, fundamentalmente, en la labor de campo, con la minuciosa inspección del caserío sanluqueño durante todo este tiempo, lo que nos ha permitido la identificación de los motivos decorativos (a veces no fáciles de ver) y su clara localización en el viario, estableciendo un catálogo con los conservados y perdidos durante este ciclo, que se podrá ampliar en un futuro, sistematizando las decoraciones, medidas, técnicas, y 4 CRUZ ISIDORO, Fernando: “Sobre la ciudad ideal y la arquitectura dieciochesca del color: cuando Sanlúcar no era blanca”, Sanlúcar de Barrameda, 41, 2005, pp. 79-90. Ese artículo, muy abreviado, bajo el título “La mirada perdida del color”, se difundió de forma masiva en Magazine cultural de Sanlúcar, nº III, ese verano-otoño de 2005. 5 POLO SERRANO, Carmen: “La epidermis de la arquitectura sanluqueña: esgrafiado y pintura mural exterior”, Sanlúcar Señorial y Atlántica. I y II Jornadas de Patrimonio Histórico-Artístico 2011-2012, Sanlúcar de Barrameda, 2014, pp. 191-210; ALPRESA LEÓN, Manuel: “Artes aplicadas al muro, un arte singular”, ibídem, pp. 221-244. No fue recogida en esta publicación, por su carácter práctico, la comunicación de José María Sánchez Muñoz titulada: “Sobre esgrafiados y pintura decorativa: técnicas y restauración”, efectuada en esas Jornadas de 2011. 6 Trabajo de Licenciatura de Carmen Polo Serrano, titulado La epidermis del color en las fachadas barrocas andaluzas, defendido el 26 de septiembre de 2013, con la calificación de sobresaliente. 7 CRUZ ISIDORO, Fernando: “José María Sánchez Muñoz “Pericache”, un artesano sanluqueño”, Sanlúcar de Barrameda, 47, 2011, pp. 101-108.
Fernando Cruz Isidoro128 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 posibles fuentes de inspiración. Y es que, año tras año, a pesar de los lamentables menoscabos por desidia o ignorancia de los propietarios de los edificios y de los poderes públicos, que los pican y recubren con dañinas intrusiones de cemento hidráulico para no dejar siquiera testimonio de su existencia, nuevos ejemplos se nos vienen a la vista tras los periodos de lluvias, que dejan al descubierto las capas más internas de la corteza del caserío, fundamentalmente a una cierta altura, menos afectada por retoques, pues las gruesas capas de cal acumuladas durante años se craquelan y desprenden como las hojas en otoño y, en otras ocasiones, son los propios paramentos los que rechazan las modernas e intranspirables pinturas plásticas, por las diferentes tensiones que provocan. Por ello, la Sanlúcar de época medieval y moderna, se nos antoja muy diferente de la actual, pues son ya más de un centenar los ejemplos recogidos de ficticias decoraciones en casas, bodegas y edificios religiosos y militares, lo que nos permite poder imaginar su aspecto cuando “no era blanca”. Para elaborar este trabajo, aparte de la labor de campo, se ha hecho difícil acudir a fuentes primarias distintas de los propios edificios, pues los censos, padrones y encuestas emitidos durante el siglo XVIII, momento álgido de esas decoraciones, no dan noticias al respecto, y tampoco los historiadores y cronistas coetáneos reflejan ese aspecto, quizás por obvio. Nada aparece en el texto redactado en marzo de 1752, a instancias de la Ciudad, por el regidor e historiador Juan Pedro Velázquez Gaztelu para las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, pero al menos nos informa como existían unas 1.800 casas8. Y el mismo autor, en un manuscrito de julio de ese año, destaca la monumentalidad de sus casas: “por lo general, son de alegre aspecto, las más de ellas dobles con balcones y rejería de hierro, y algunas tan espaciosas, elegantes y bien labradas, que se duda, a excepción de Cádiz, las aya mejores en ninguna otra población del reino”9. Cabría esperar más en cuanto a la descripción de esas decoraciones, en sus manuscritos Fundaciones de todas las iglesias, conventos y ermitas e, Historia Antigua y Moderna de Sanlúcar, de hacia 1758 y 1760 respectivamente, que hoy en día son la piedra angular de la historiografía sanluqueña, donde para nada trata de los exteriores de edificios religiosos y públicos que, sin embargo, estudia concienzudamente. Se limita a señalar: “Las casas de los vecinos hacen justa correspondencia con los edificios públicos, pues son por lo general hermosas, alegres y esparcidas en lo interior y exterior, guardando las más, regular simetría en la correspondencia de puertas y ventanas, adornadas todas, de espaciosos balcones y rejerías de hierro; muchas pasarían por palacios en las cortes de los príncipes, y añadidos a esto 8 SANLÚCAR DE BARRAMEDA 1752. SEGÚN LAS RESPUESTAS GENERALES DEL CATASTRO DE ENSENADA. Introd. de Jesús Campos Delgado y Concepción Camarero Bullón. Madrid, Tabapress, 1995, p. 240. 9 CRUZ ISIDORO, Fernando: “La Sanlúcar de 1752 según un texto de Juan Pedro Velázquez Gaztelu”, Sanlúcar de Barrameda, 47, 2011, pp. 42-51.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 129 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 la anchura y poca tortuosa rectitud de las calles, su regular aseo y comodidad de los empedrados, hacen nuestra Sanlúcar en concepto de cuantos la pisan, una de las más hermosas, alegres y risueñas ciudades de esta monarquía”10. Más interesante resulta un apunte sobre los aspectos técnicos del proceso de construcción de esas viviendas: “Para que estas fábricas fuesen siempre en mayor aumento, las ha fomentado el ayuntamiento con todas las facultades que le competen en esta parte, ya dando licencias de sacar y servirse de la piedra del puntal del Espíritu Santo, ya arreglando la calidad y tiempo de fabricar la cal, el yeso y ladrillo, señalándoles igualmente los precios a que deban vender o ya prescribiendo a los maniobreros los justos jornales que debían llevar por su trabajo. A cuyo beneficio conducía también la Ordenanza hecha el año de 1622 sobre la venta de vigas y tablas, y el cuidado de precaver las ruinas”11. Ratifica cómo las fábricas de la ciudad han sido históricamente de ladrillo y de mampostería mixta (ladrillo, tapia y piedra), reservándose la sillería para enmarque de vanos, lo que se comprueba con una simple inspección ocular y hemos documentado en cuanto a coste, procedencia y manipulación al hilo de los edificios estudiados. Debemos puntualizar que fueron dos las canteras básicas de extracción, pues la de la sierra de San Cristóbal, labrada con regularidad, se usó para la construcción de iglesias monumentales, como la del convento de Santo Domingo, y para elementos mimados como portadas y ventanas, bóvedas, impostas y cornisas, ángulos y ciertos detalles decorativos (castillo de Santiago, iglesias de la Caridad, Merced, Madre de Dios...), mientras que la piedra del puntal del Espíritu Santo, que es la que cita ese texto, más tosca por hostionera, sólo se empleó, por la baratura de su obtención, en obras civiles descuidadas, zócalos y vanos de casas de tipo popular pero con ciertas pretensiones, y para la arquitectura militar que exigiese bajo coste (castillo de San Salvador), pues en las casonas nobles se utilizó la de la cantera jerezana-portuense. De sus palabras se infiere el uso de forjados de madera, con alfajías para cubriciones planas y a un agua, cuyo simple tamaño determina el ancho de las cajas de muros de carga de las viviendas, muy uniforme en la localidad (unos cuatro metros y medio), y armaduras de progenie mudéjar, de par e hilera e incluso más complejas, al exterior tejadas, utilizando como materia prima el pino de Segura, viajero por el Guadalquivir hasta el muelle de Bonanza y, en ocasiones, el más afamado de Flandes, asequible en Sanlúcar por el excelso comercio de su puerto. Sin olvidar la cal y el yeso como materiales constructivos y de decoración. Por el padrón de 1777, con motivo de marcar con azulejos numéricos las casas, comprobamos como seguían siendo 1.801 las viviendas, de ellas 710 en el Barrio Alto y 1.091 en el Barrio Bajo, cifra que se mantiene en los censos de Aranda, 10 VELÁZQUEZ GAZTELU, Juan Pedro: Historia antigua y moderna de la muy noble y muy leal ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Año de 1760, Vol. II, est. prelim. y transc. de Manuel Romero Tallafigo, pp. 398-399. 11 Ibídem, p. 399.
Fernando Cruz Isidoro130 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 de 1778, y de Floridablanca de 1787, que cifra en 14.844 los vecinos de la ciudad12. Tampoco comenta nada Antonio Ponz tras la visita que efectuó a finales de siglo, pues se limita a decir: “ha mejorado mucho de diez y siete o diez y ochos años a esta parte, que fue la primera vez que la vi, así en sus calles como en el caserío”, aunque ofrece un dato muy interesante, la reducción drástica de la población a 3.000 vecinos13. El conde de Maule no aporta nada en su escrito de 1821; ni Pascual Madoz a mediados del XIX, sólo que sus calles eran anchas y alineadas, especialmente en el Barrio Bajo, que contaba con los “mejores edificios”, y que la población era de 4.215 vecinos14. De las 1.800 casas censadas en el XVIII, se conservan, aproximadamente, la mitad, muchas reconstruidas o falseadas, con la sustitución de las cubiertas de madera tejada por azoteas, por lo que los más de 100 ejemplares estudiados representarían no el 6, sino el 12 % o más de las mismas. Hemos comprobado, que estas decoraciones se limitan al casco histórico reconocido, en el Barrio Alto, con puntos extremos en las calles Mesón del Duque, Sebastián Elcano y Sevilla, y en el Barrio Bajo, hasta las calles Plata, Banda Playa y Trasbolsa, pues hasta allí llegaba el arenal de la playa, hoy alejado. Respecto a la consulta de fuentes documentales, que pudieran darnos datos fehacientes sobre el arranque, evolución y cronología local de estas decoraciones, autores y costes económicos, los resultados han sido hasta el momento prácticamente infructuosos. Pero hemos de aclarar, que la investigación en los archivos Municipal, Ducal y de otras instituciones de Sanlúcar, la hemos efectuado de forma secundaria a la realizada desde 1993 para documentar los edificios religiosos y militares sobre los que hemos escrito y, por tanto, aún admite una búsqueda de mayor profundidad. No obstante, contamos con algunas inscripciones, noticias documentales de artesanos y, por supuesto, con los trabajos de campo efectuados que nos permiten su datación. En cuanto a fuentes visuales, los dibujos y grabados del caserío de la ciudad, escasos para la época que estudiamos (ss. XVI-XVIII), resultan decepcionantes. El del pintor flamenco Anton Van den Wyngaerde, más conocido como Antonio de las Viñas, sufragado por el VII duque de Medina Sidonia Don Alonso Pérez 12 SANLÚCAR DE BARRAMEDA 1752... op. cit., p. 84. DE LA CRUZ, Nicolás, conde de Maule: Viaje por El Puerto de Santa María a Sanlúcar de Barrameda. 1821, reimp. Sanlúcar, Bodegas Barbadillo, 1996, p. 19 13 PONZ, Antonio: Viage de España, t. XVIII, Madrid, 1794, reed. Madrid, 1972, pp. 119-121. 14 DE LA CRUZ, Nicolás, conde de Maule: Viaje por El Puerto de Santa María a Sanlúcar..., op. cit. MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Cádiz. Madrid, 1845-50, reimp. Cádiz, Ámbito ediciones, 1986, pp. 282-286.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 131 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 de Guzmán en 156715, que resulta tan emblemático para la iconografía sanluqueña, pues nos permite conocer el urbanismo de esos momentos, cuando la ciudad crece, e incluso el aspecto de varios de sus inmuebles monumentales, obvia esas decoraciones, quizás por anteriores a su puesta de moda. E igualmente negativa resulta la representación de la ciudad, realizada por Francisco Díaz Pinto, en 1789, para el margen superior izquierdo del mapa topográfico que hizo del Coto de Doñana, pues se inspiró en la de Antonio de las Viñas16. Por el contrario, sí que resulta útil el plano de un sector de la ciudad que acompaña un pleito entre regidores sanluqueños, de 1715, pues se completa en la parte superior con un trozo de papel superpuesto y pegado con la representación de la parroquia de la O y el palacio de los Guzmanes, donde comprobamos como toda la fachada de esta casa, que mira a la barranca, de tapia y ladrillo, presentaba paramento imitando sillares a soga17. Pasemos a su estudio. Lo primero será establecer una cronología aproximada de esta epidermis. Que sepamos, la pintura mural externa de carácter decorativa más antigua localizada hasta el momento es la mudéjar, de la primera mitad del XVI, que encontramos en la hornacina dispuesta entre el segundo arco, tapiado, y el tercero, ya practicable, de las antiguas Covachas, que son un conjunto de enmarques de piedra de las antigua doce tiendas de propiedad ducal llamadas en la documentación “de las sierpes”, por la presencia de esos míticos seres marinos, de estilo hispano-flamenco y que recuerdan el manuelino, ubicadas en la Cuesta de Belén, en el muro de contención de los jardines del palacio de los Guzmanes, posiblemente mandadas realizar por el II duque don Enrique a finales de la década de 147018. La pintura, de tipo vegetal, representa un conjunto de esquemáticas ramas de color almagra, que parecen un matorral, quizás el Árbol de la Vida que en la leyenda mesopotámica de Gilgamesh, buscó el héroe en el fondo del mar, entre monstruos marinos, como los que aquí se tallaron en piedra. Se completa con algunos semicírculos y su estado de conservación es pésimo. Las segundas, con cierta seguridad de datación, principios del siglo XVII, en concreto posterior a 1604, son las figuraciones religiosas que Hernán Maldonado 15 CRUZ ISIDORO, Fernando: “Antonio de las Viñas y los Pérez de Guzmán. Sobre la ejecución y pinturas de ciertos lugares de España en 1567: ¿las vistas de Tarifa, Zahara de los Atunes y Sanlúcar de Barrameda?” Archivo Español de Arte, LXXXVII, 346, 2014, pp. 163-170 16 CRUZ ISIDORO, Fernando: “Un mapa topográfico del Coto de Doñana, de 1789, del arquitecto Francisco Díaz Pinto”. Laboratorio de Arte, 17, 2004, pp. 501-508. 17 Sobre este pleito y plano véase, RODRÍGUEZ DUARTE, María del Carmen: “La construcción del cabildo sanluqueño en la plaza de la Ribera y su problemática”, Sanlúcar de Barrameda, 45, 2009, pp. 64-74. 18 CRUZ ISIDORO, Fernando: “Arte y Arquitectura en la Sanlúcar del Siglo XVI”, Sanlúcar, la Puerta de América. Estudios históricos y artísticos, coord. y edic. de Fernando Cruz Isidoro, Sanlúcar de Barrameda, Fundación Puerta de América, 2012, p. 238.
Fernando Cruz Isidoro132 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 realizó en las hornacinas de la parte superior de la caña de la torre-campanario de la parroquia mayor de Ntra. Sra. de la O, descubiertas en la restauración de 1996, en tonos ocres y grisallas, de marcados perfiles y acusados volúmenes miguelangelescos para ser alcanzadas por la vista, dada su altura, donde se representan a San Pedro, San Pablo, San Lucas, San Félix de Valois y, posiblemente, a San Leandro19. De 1626, es el recubrimiento exterior del baluarte de San Salvador de Bonanza, trazado por el arquitecto gaditano Jusepe Gómez de Mendoza, maestro mayor de las fortificaciones de Cádiz, en este caso al servicio del VIII duque de Medina Sidonia don Manuel Pérez de Guzmán para defender la desembocadura del Guadalquivir, obra mixta de cantería y albañilería que contrataron los albañiles Diego de Triana Ortiz y Francisco de Escalada. El muro, de mampostería de cantos de ripios y sillería hostionera extraída en Chipiona para ángulos, zapatas del arranque del parapeto, exterior de los merlones y garitas, se recubre con una gruesa capa o torta de cal para protegerlo de la humedad de la costa, que resulta imposible rayar una vez seca, como podemos constatar, con la que además se sellaron, formando una gruesa cinta, las uniones de los sillares, e incluso se recubrieron esos elementos, como atestiguan algunas zonas, empleándose para toda la obra 1.500 cahíces de cal, dado que es aglutinante básico en su aparejo mixto20. Aún se conservan paños de ese mortero, que debieron realizar los citados albañiles, que son testimonio de autoría, con un interesante ornamento de esgrafiados geométricos de círculos, triángulos de lados rectos o curvos al modo de enjutas entre piedras, juegos de círculos dentro de rombos y luego en cuadrados, sillares almohadillados sencillos de forma cuadrada con un doble esgrafiado, pirámides herrerianas (como los remates de la portada del atrio de Santo Domingo), o rellenos entre piedras, en las coqueras, que adoptan formas caprichosas, siempre con un esgrafiado de fuerte trazo21. El resto de las decoraciones que vamos a estudiar podemos encuadrarlas, las menos, en la segunda mitad del siglo XVII, y el resto en el XVIII. De gran interés para datarlas resulta la que se conserva en la casa-palacio de los marqueses de Casa Arizón22, actualmente reconvertida en hotel tras su restauración y 19 Ibídem, pp. 292-293. 20 CRUZ ISIDORO, Fernando: “Una defensa del Guadalquivir en su desembocadura: el castillo de San Salvador, en Bonanza”, El emperador Carlos y su tiempo, Actas de las IX Jornadas Nacionales de Historia Militar, Sevilla: Cátedra General Castaños / Región Militar Sur, 1999, pp. 427-447. 21 FERRER MORALES, Ascensión: “Decoración de los muros del fuerte de San Salvador..., op. cit., s/p. 22 ANDALUCÍA AMERICANA. EDIFICIOS VINCULADOS CON EL DESCUBRIMIENTO Y LA CARRERA DE INDIAS. Sevilla, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1989, pp. 255-257.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 133 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 remodelación, pues al presentar una superposición de motivos, en concreto en el paramento de la fachada de la calle Banda Playa, nos permite discernir una posible evolución en cuanto al uso de modelos, a lo que se añade el aliciente de incluir una fecha en su torre mirador, entre las ménsulas de su cornisa, “AÑO DE 1721”, momento de construcción del inmueble, al que parece responder el revestimiento más interno de su dieciochesca decoración. De su estudio se infiere cómo los motivos de su capa más profunda y antigua resultan austeros y sencillos, al usar una simple imitación de sillares dispuestos a soga con tendel, siendo más ricos, por sus decorativos sillares almohadillados a soga trabados con listeles y calles que representan el tendel de mezcla, los que los cubren, jugando con la habitual bicromía ocre/blanco, que podrían responder al tercer cuarto del XVIII, cuando regentó la finca el II marqués y vizconde del Carrascal, Salvador Arizón, que heredó en 1755 y falleció en 177423. Además, la decoración se completa, a la altura del cierre de un supuesto zócalo, con una cinta de meandro en S ligeramente tendida, donde se emplean hasta cuatro colores: blanco y ocre en el meandro para darle volumen, dorado en el círculo central y almagra en las enjutas. El esgrafiado resulta muy visible. Esa interpretación estética en la evolución de los motivos parece refrendarla el conocimiento que tenemos de la cronología constructiva de varios edificios en los que aparecen. Por ejemplo los mismos sillares sencillos a soga, de masa de tono ocre y de tendel blanco, que decoran la fachada del convento de las carmelitas descalzas, en la calle de su nombre, que podemos fechar hacia 1675, momento en que para la consagración del templo se hizo una suntuosa fiesta24. También resulta difícil fijar la época en la que estas epidermis dejaron de estar de moda y empezaron, poco a poco, a cubrirse de cal, hasta perder conciencia sus dueños y la sociedad de su existencia y valor, probablemente a lo largo del siglo XIX y definitivamente durante el XX. Una dinámica que quizás se aceleró por las sucesivas epidemias que asolaron Sanlúcar, al igual que otras ciudades andaluzas, en la primera mitad del ochocientos, que aconsejaron, como profilaxis sanitaria, el blanqueo de los paramentos con cal. Tenemos constancia documental de brotes de enfermedad, como el del mes de agosto de 1800, de fiebre amarilla25 por el que perecieron 2.310 sanluqueños, un tanto por ciento muy elevado de la población 23 VELÁZQUEZ GAZTELU, Juan Pedro: Catálogo de todas las personas ilustres y notables de esta ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Desde la mayor antigüedad que se ha podido encontrar en lo escrito hasta este año de 1760. Estud. prelim., transcrip. y edic. de Fernando Cruz Isidoro. Sanlúcar de Barrameda, A.S.E.H.A, 1996, p. 84. 24 VELÁZQUEZ GAZTELU, Juan Pedro: Fundaciones de todas las iglesias, conventos y ermitas de Sanlúcar de Barrameda. Año de 1758. Estud. prelim. y transcrip. de Manuel Romero Tallafigo. Sanlúcar de Barrameda, A.S.E.H.A., 1995, p. 478. 25 CRUZ, Nicolás de la, conde de Maule: Viaje por El Puerto de Santa María a Sanlúcar..., op. cit., pp. 57-58.
Fernando Cruz Isidoro140 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 2.8. Red de cajas cuadradas enlazadas por pequeños cuadrados. De bordes formados por un listel de doble línea, aparece en la planta superior de las casas principales de Ganado nº 10 esquina a San Miguel, de hermosa portada barroca de orejeta y flanqueo de pilastras, soportando dentículos un balcón de hierro. Recuerda la trama anterior. 2.9. Red de cajas achaflanadas entre círculos de dos tamaños. Jugando con círculos de dos tamaños rellenos con puntos alargados en almagra, aparece en la planta superior de Sebastián Elcano nº 36-38. 2.10. Red de listeles a la que se sobrepone una gruesa malla aspada. En calle Plata nº 26. 2.11. Malla de eslabones de óvalos verticales. Reproduce el dibujo 1º de la lám. XIII vta. del Tercero Libro de Serlio, donde representa ornamentos pétreos del templo romano de Baco. Como si se tratara de una cota de armas de hierro, se suceden los hilos de metal trenzando entre sí óvalos y círculos. La encontramos en el piso superior de Baños nº 13-15 esquina a Ganado, sobre un planta baja con imitación de sillares almohadillados sencillos. Como enmarques inferior y superior se utiliza una cinta en almagra. 2.12. Círculos tangentes ente listeles horizontales. En la planta superior de la casa de Don Claudio nº 15 esquina a Fariñas nº 32. Forman dobles líneas de esgrafiados. 2.13. Cuadrilóbulo inscrito en un cuadrado. Recuerda el dibujo cuarto de la lám. LXXV y el 21 de la lám. LXXVI vta. del Orden compuesto del Quarto Libro de Serlio. *Con estrella central de ocho puntas. Lo vemos en la planta 3ª de la casa principal de la calle Benegil nº 2; y ha desaparecido, hace muy pocos años, de la de Ancha nº 42 esquina a Cervantes, que tenía policromado en ocre el motivo y en almagra la estrella. *Entre eslabones lobulados En la segunda planta de la casa de San Juan nº 60; y en el ático de Santiago nº 24. 2.14. Múltiples motivos y formas caprichosas al azar Círculos, triángulos de lados rectos y curvos, juegos complejos de círculos en el interior de rombos y luego en cuadrados, sillares almohadillados sencillos de forma cuadrada, pirámides como las usadas en edificios herrerianos y formas caprichosas que surgen en las coqueras o intersticios entre piedras, en el baluarte de San Salvador, realizados en 1627.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 141 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 2.15. Formas no identificadas –¿Encintado en aspas con centros en círculos? Apenas visible por las capas de pintura, se advierte parte de este motivo inmediato al puntal de apeo de hierro dispuesto a la izquierda de la portada de la casa principal de los Gutiérrez Ñudi de la calle Barrameda nº 2, de la que sólo se conserva la fachada. –¿Aspas? En la planta segunda de Torno nº 8. –¿Motivos estrellados con círculo central? Apenas se advierten, entre simuladas pilastras, en la planta 3ª, de Bretones nº 24. b) Motivos de articulación del espacio. 1. Pilastras de cajas. Con perfilados en almagra, calles en blanco y cajas centrales en ocre, como elemento articulador, encajándose entre la imposta y la cornisa superior de la tercera planta de la casa principal de mercaderes, de origen seiscentista y reformas dieciochescas, de Bretones nº 24. 2. Pilastras de rectángulos de lados menores curvos entrelazados. Eslabones en alternancia de ocre y almagra, con interiores de rombo centrado por círculo o de elipse con losange interior, alternando ambas policromías, las encontramos articulando el piso superior de la casa de Caballeros nº 9. 3. Pilastras con ferronerías Recuerdan labores de ferronerías y parecen reproducir las de la lám. LXVI del Orden compuesto del Quarto Libro de Serlio. Se encontraban en el ático de la casa de San Agustín nº 14-18, desaparecidas tras la reciente restauración del inmueble. La labor de ferronería se policroma en ocre, los enmarques de listel en almagra y los fondos eran blancos. Variante de la anterior, las encontramos, restauradas, en el ático de la casa nº 19 de Regina esquina a Cristóbal Colón. 4. Pilastra con eslabones entrelazados dobles. Repitiendo el dibujo 3º de la lám. LXXVI del Orden compuesto del Quarto Libro de Serlio, la encontramos en el fuste de las pilastras toscanas de la capilla abierta del Cristo de las Aguas, esquinera en chaflán, entre la calle de ese nombre y Santiago. Utiliza la almagra como fondo, interiores claros, centros circulares en azul, y doble esgrafiado. 5. Orejera de doble cinta. Jugando con la bicromía de ocre y almagra, enmarca el balcón principal de la planta segunda de la casa noble de Caballeros nº 9, que presenta en la clave una
Fernando Cruz Isidoro142 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 cruz de malta de brazos flordelisados ocre sobre almagra; y en los balcones del tercer piso de Santiago nº 24. 6. Orejera ancha. Enmarcando el vano de la torre de la Puerta de Jerez; y los balcones del ático o tercera planta de la casa de San Agustín nº 14-18, desaparecida. 7. Orejera fina. Enmarca los ojos de buey abocinados del piso superior de Monte de Piedad nº 11. 8. Friso con eslabones entrelazados sencillos. Repitiendo el dibujo 4º de la lám. LXXVI del Orden compuesto del Quarto Libro de Serlio, lo encontramos en la capilla abierta del Cristo de las Aguas, entre la calle de ese nombre y Santiago; en el friso bajo la cornisa de la Casa Arizón a calle Divina Pastora, desaparecido hace poco, así como por debajo del ático serliano, que se conserva parcialmente en la fachada al callejón de Arizón; y bajo la cornisa del nº 15 de la calle Plata 9. Friso con S tendidas. Lo encontramos, restaurado, en el ático de la casa de Regina nº 19 esquina a Cristóbal Colón. 10. Friso de ondas en S tendida. Reproduce el esquema del friso de la lám. LXXIII del Tercero Libro y las ondas de la lám. LXXVI del Quarto Libro de Serlio. Lo encontramos como elemento separador del zócalo y el paño superior de sillares almohadillados de la fachada a Banda Playa de la Casa Arizón. Utiliza almagra para los fondos, ocre para los círculos, y tono claro para las S. 11. Friso en doble cinta de entrelazos curvos. Elemento horizontal que cierra, finalmente, la decoración de la planta superior, de la citada casa de Caballeros nº 9, repitiendo policromía. 12. Friso con losanges con flores de cuatro pétalos en alternancia con figuras de pájaros. Aparecía cerrando el panel de decoración de sillares almohadillados de la casa de Santo Domingo nº 56 en la fachada que da a la calle Siete Revueltas, lamentablemente desaparecida, pero de la que subsiste testimonio fotográfico.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 143 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 13. Formas no claras. –Listel con doble línea de esgrafiado para enmarcar los balcones de la tercera planta de la casa nº 2 de Benegil. –Listel doble enmarcando formas En el piñón de la pila de refuerzo de una bodega de la calle Cristo de las Aguas a Cruz del Pasaje. –Arcos de medio punto esgrafiados, formados por dos listeles concéntricos. Enmarcan el balcón derecho de la casa nº 16 de Ancha. Fecha de recepción: 30 de septiembre de 2015. Fecha de aceptación: 20 de noviembre de 2015.
Fernando Cruz Isidoro144 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 Figura 1. Motivos de sillares. Serlio, Tercero y Quarto Libro de Architectura, trad. de Francisco de Villalpando, Toledo, Juan de Ayala, 1552, fol. XVIII vto.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 145 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 Figura 2. Motivos geométricos de entrelazos, eslabones, cintas, ondas y meandros. Ibídem fol. LXXVI. Figura 3. Baluarte de San Salvador de Bonanza. Esgrafiados de Diego de Triana Ortiz y Francisco de Escalada, 1626.
Fernando Cruz Isidoro146 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 Figura 4. Casa de los marqueses de Arizón. Calle Banda Playa. Superposición de sillares simples y almohadillados. 1712 y posterior. Figura 5. Casa en c/ Ganado nº 10 esquina a Baños. Sillares almohadillados en punta de diamante “de tabla llana”.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 147 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 Figura 6. Casa en c/ Plata nº 1. Red de lacería de a ocho. Figura 7. Casa en c/ Baños nº 13-15 esquina a Ganado. Malla de eslabones de óvalos verticales.
Fernando Cruz Isidoro148 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 Figura 8. Casa en c/ Fariñas nº 43. Red de cajas cuadradas y rectangulares enlazadas por pequeñas peltas. Figura 9. Casa en c/ Caballeros nº 9 “Posada de Palacio”. Ejemplo temprano de restauración de motivos de decoración externa.
La epidermis de la arquitectura sanluqueña 149 LABORATORIO DE ARTE 28 (2016), pp. 125-149, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2006.i.01.07 Figura 10. Capilla de la c/ Cristo de las Aguas. Pilastra y friso con eslabones entrelazados dobles.