El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII
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31 V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII Jesús Montoya Martínez Profesor Emérito, Universidad de Granada. “(El rey Fernando) era muy sabidor de caçar toda caça; otrosi de jugar tablas e ascaques e otros juegos buenos de muchas maneras; e pagándose de omnes cantadores e sabiendolo él ffazer; et otrosi pagandose de omnes de corte que sabian bien de trobar e cantar, e de joglares… “ (Setenario. VII: 2) LEY LVI; Corte y Palacio En España hay dos términos que el uso ha equiparado, pero que en la legislación española del siglo XIII fueron objeto de dos leyes distintas: corte y palacio (Part. segunda, tít. IX, leyes 27-29)1. No parece si no que el segundo sea el continente del primero y así parece darlo a entender Covarrubias al definirlo como “casa del Emperador o del Rey, latine Palatium”2, para más tarde precisar y dar la definición que nos aporta la Partida Segunda (título IX, ley 29) donde se 1 Alfonso X, Partida Segunda, Ms 12794 de la Biblioteca Nacional, Editado por Aurora Juárez Blanquer y Antonio F. Rubio Flores, Granada, Adhara, 1993. 2 Sebastián Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, edición de Martín de Riquer, Barcelona, Altafulla, 1989, s. v. palacio. Alcanate V [2006-2007], [31 - 47]
32 Jesús Montoya Martínez Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES dice: “palacio es dicho qualquier lugar do el rey se ayunta paladinamente para hablar con omes”. En el caso de Corte la definición es casi la misma, restringiendo el ámbito personal de la función, porque se trata de hablar con “sus vasallos e sus oficiales”, “que lo han de aconsejar, e servir e de los omes del Reyno, que se llegan ý, o por onrra dél, o por alcanzar derecho o por fazerlo o por recabdar las otras cosas que han de ver con él” (Part. Segunda, tít. IX, ley 27). Lo que ocurrió en los reinos hispánicos –Aragón había optado en este particular por esta legislación castellana3– fue que, una vez que el rey se hizo sedentario, las prestaciones tanto de “consilium et auxilium”, como la “magnanimitas” y la diversión se reunieron en un mismo lugar, el llamado por los medievales “casa del rey” y denominado “corte” en la Partida Segunda; y no palacio, acepción que prevaleció en el lenguaje áulico, sobre todo a partir de los siglos renacentistas. Lo que vamos a tratar durante la “Semana V de Estudios alfonsíes” puede agruparse como juegos, esparcimientos o ‘deportes’ (‘solaz’, ‘entretenimiento’; acepción del “deportar e reir” en Berceo Mil, IV, 128b), aceptados como ‘alegrías’ de la corte, según la Partida Segunda, tít. IX, ley 21. La “caza”, por tanto, es un ‘deporte’ o ‘diversión’ que alejaba al rey de sus ocupaciones habituales administrativas y de defensa de la tierra, aunque no semejante al juego de dados, tablas o ajedrez, pues, como se reconoce en los prólogos de los libros dedicados a ellos, hay dos formas de practicar los “deportes”: los que se hacen sentados y aquellos que se hacen estando de pie o cabalgando. La caza entra dentro de esta segunda acepción. Más todavía, hay que considerarla como una de esas “alegrías” a las que el rey acudía de cuando en cuando. Remedio psicológico que fue recomendado con más o menos ahínco por los moralistas o politólogos del tiempo. Lo lúdico en las cortes europeas (ss. XI-XII, los Plantagênet) Uno de estos moralistas cortesanos, Juan de Salisbury, que fue obispo de Chartres y que estuvo vinculado anteriormente a la Sede primada de Canterbury de cuyo arzobispo Tomás Becket fue colaborador y amigo, y, aún más, testigo excepcional de su martirio4, trató de este asunto en su obra Policraticus, 3 La Partida Segunda fue traducida al catalán el título IX en tiempos de Pedro III, el Grande, I de Valencia y II Conde de Barcelona; (V de. Traducció de part de la segona Partida d’ Alfons el Savi, en Tractat de caballeria. Barcelona, Edició Barcino, 1947) 4 Egbert Türk, Nugae crialium. Le régne d’Henri II Plantagenét (1145-1189) et l’éthique politique. Genéve. Librairie Droz. 1977, 84-94.
33 El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES obra que dedicó al arzobispo cuando era Canciller de Enrique II Plantagênet (1145-1189). En ella encontramos un artículo dedicado a la caza (Lb I, art. 4) y otro al juego (Lb I, art. 5)5. A la primera, porque siendo, según él, propia de los habitantes de los arrabales, “si ésta se ejerce lícitamente, es habilidad u oficio; mientras que en caso contrario, frivolidad o acción indebida” (Lib. IV, art. 3) y al segundo, el juego, del que no fue tan condescendiente el buen salisburense. Dentro de su doctrina moderada del poder y de su ejercicio hace un breve excursus por la historia y señala cuales fueron los primeros pueblos civilizados que practicaron la caza: “Tebanos, frigios, lacedemonios y atenienses […]” (ob. citada, p. 116); así como nos brinda un repaso de la Biblia y de sus casos de cazadores, terminando con una afirmación un tanto paradójica al decir: “Pregunte el lector a sus progenitores y mayores y le dirán que nunca leyeron de ningún cazador que fuese santo […]” ; Más aún, se pregunta a sí mismo, “ ¿Lo hicieron los filósofos o los considerados sabios del pueblo?...” (ob. cit., p. 118)” y la respuesta es negativa. Estima por tanto que, siendo la práctica de la caza una cosa en sí deleznable, para que no parezca, con todo que su pluma persigue a la caza y demás frivolidades de los cortesanos con odio más que con sereno juicio, admite fácilmente con gusto que es cosa que podría considerarse indiferente …” (ob. cit., Ibídem) “Puede, por tanto, el arte de la caza ser útil y honesto, pero ello depende del lugar, tiempo, modo, persona y causa…” (ob cit, p. 120) Analiza sucesivamente cada uno de estos lugares comunes, y cuando llega al modo cómo se puede practicar este deporte dice: El modo de cazar es, en cambio, laudable si se realiza prudentemente con la debida moderación y –si es posible– con utilidad, de forma que se cumpla la advertencia del cómico: “No te excedas en nada” (Terencio, Andria I, 1, 34)… En el artículo del juego dice sin embargo: Tolomeo, Alejandro, César, Catón y el mismo Pitágoras, según leemos, aliviaron –con el entretenimiento de estos certámenes– ocupaciones más arduas y procuraron con el juego hacerse más aptos para los problemas filosóficos6 5 Citamos siempre por la versión en castellano: Juan de Salisbury, Policraticus. Edición preparada por Miguel Ángel Ladero, Matías García y Tomás Zamarriego, Madrid, Editora Nacional, 1984. 6 Policraticus, Art. 5 “Del juego: su uso y abuso”.
34 Jesús Montoya Martínez Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Hasta tal extremo que “se dan casos en que, desde ciertos puntos de vista se puede admitir el juego de azar. Como, cuando, lejos del vicio y sin dispendio de la virtud, alivia el peso de las grandes preocupaciones y las interrumpe con alegre entretenimiento.” [ob. cit., p. 123] Ahora, por el contrario, se considera que los nobles son cultos, si conocen el arte de la caza, si han sido instruidos –lo que todavía es más nocivo– en los juegos de azar, si debilitan el vigor de la propia naturaleza con cadencias de voz afeminada y si, renunciando a su virilidad con cantos e instrumentos músicos, olvidan la alcurnia de su nacimiento… [ob cit, , p. 124] Admite, por tanto que, sí. Son admisibles el juego, la caza y las diversiones en general, pero con ciertas limitaciones, no exentas de alguna reticencia, dado que ninguno de ellos conduce a la santidad. La caza en las cortes castellana y aragonesa (ss. XII y XIII) Tres reyes españoles recopilan la doctrina del moralista inglés sobre el juego, así como de todos aquellos que les habían precedido: Fernando III de León y de Castilla, en su Libro de la Nobleza; Alfonso X, de Castilla y de León, en la Partida Segunda y Pedro III, el Grande, de Aragón en su Tractat de caballería. Así, por ejemplo, el “aliviar con el entretenimiento” de la caza las “ocupaciones más arduas y … con el juego, hacerse más aptos para los problemas filosóficos” la vemos recogida ya en El libro de los doce sabios o Libro de la Nobleza7 escrito por orden de Fernando III, donde, en su Cap. XIII, al hablar sobre la “escasez” (‘poco trato’) con que el rey debe relacionarse con personas y lugares de los que no se puede esperar virtud. En este capítulo se dice que: a los truhanes e juglares e alvardanes en sus tiempos e logares conbenientes deven fazer alguna gracia e merçed, porque devido es al prínçipe de entremeter a sus cordiales pensamientos algund entretenimiento. Onde diçe Catón: “Ynterpone tuys interdum gaudia curis8 El entretenimiento y diversión sólo tienen, como se ve, un objetivo: aliviar los graves empeños que llevaban consigo “los cordiales pensamientos” de 7 El libro de los doce sabios o Ltractado de la Nobleza y Lealtad. [ca. 1237] Estudio y Edición por John K. Walsh. Madrid, Anejos del Boletín de la Real Academia Española, Anejo XXIX, 1975. 8 Ob. cit., 89.
35 El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES los reyes. O lo que es lo mismo, descargar la tensión que proporcionaban aquellas graves preocupaciones que el gobierno del reino llevaba consigo, y lograr de este modo un equilibrio entre los gaudia (´las alegrías´) y las curae (‘los afanes que llevaba consigo la administración’) que ya propugnaba Catón, el viejo. En la Partida Segunda, tít. V, ley XX, Alfonso X es también explícito cuando trata de “Commo el Rey deve ser mannoso en caçar”, uno de los alivios que deben tornarse: “en sabor e en alegria para poder mejor sofrir los grandes trabajos e pesares quando el rey los oviere.”. “Sabor y alegría” que hay que conciliar con los gaudia y los grandes trabajos e pesares con las curae del dístico latino: que todo omne deve a las vegadas bolver entre sus cuidados alegria e plazer, ca la cosa que alguna vegada non fuelga non puede mucho durar 9 (Partida Segunda, V, IXX). Una de estas “alegrías”, por tanto, es “la caça, de qual manera quier que sea”, es decir, la caza de las aves o cetrería y la caza de animales salvajes o montería. “Alegría” que en Berceo se la denomina con una voz que procede del provenzal “depuerto” (Berceo, Mil, XV, 337 a) Voz qu genera el frecuentaivo “deportar” (Berceo, Mil. IV, 128b) que curiosamente se acompaña del verbo “reyr”, originando una geminacion que se consolidara en “jugar y reir”. Y que en Cantigas de Santa María se expresa bajo la geminación “riss’e jogo” (Cantigas de Santa María, 214,5) El motivo que justifica la práctica de este “deporte”, esta diversión, es, como venimos diciendo, proporcionar un alivio psicológico pues, como dice la ley, “ayuda a menguar mucho los pensamientos e la sanna, lo que es mas menester a Rey que a otro omne” y de otra, una ayuda a la salud e integridad del cuerpo, pues en cualquier caso “aquesto da salud (al cuerpo), ca el trabajo que en ella toma, sy es con mesura, faze comer e dormir bien, que es la mayor parte de la vida del omne; e el plazer que en ella rreçibe es otrosy grant alegria commo apoderar se de las aves e de las bestias bravas, e fazerlas que algunas los obedes can e les sirvan, aduziendol las otras a su mano. (Partida Segunda, tit. V, ley XX) 9 Aunque no encontramos la cita de este dístico de Catón en el Policráticus, podemos entreverla en el párrafo siguiente: “Se dan casos, sin embargo, en que, desde ciertos puntos de vista se puede admitir el juego de azar. Como, cuando, lejos del vicio y sin dispendio de la virtud, alivia el peso de las grandes preocupaciones y las interrumpe con alegre entretenimiento.” [ed. cit., 123]
36 Jesús Montoya Martínez Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Con reiteración machacona el legislador aduce más adelante estos dos motivos, anímico y corporal, sobre todo al aplicar esto a los reyes, quienes deben practicar este deporte por tres razones: a) la primera “por alongar su vida e su salud, e acresçentar su entendimiento, rredrando de sy los cuydados e los pesares, que son cosas que enbargan muy mucho el seso, e todos los omnes de buen sentido deven esto fazer para poder mejor venir a acabamiento de sus fechos: e sobresto dixo Catón el sabio, que todo omne deve a las vegadas bolver entre sus cuidados alegria e plazer, ca la cosa que alguna vegada non fuelga non puede mucho durar. b) la segunda porque “es arte e sabidoria de guerrear e de vençer, de lo que devrien los Reyes ser mucho sabidores”; c) la tercera porque es un arte que “mas abondada miente la pueden mantener los Reyes que los otros omnes”: La “vida”, sagrada en todos y para todos, lo era de modo especial para los reyes, quienes deben procurar alargarla lo que pudieren; así como acrecentar el entendimiento de cuantas cosas tuvieren que hacer, procurando cumplir con perfección (¨acabar las cosas) lo que se hubieran propuesto, de ahí que traiga aquí de nuevo el adagio de Catón “interpone tuys interdum gaudia curis”, que viene repitiéndose de modo más o menos explícito, en todos los moralistas del siglo VI a nuestros días, ya aludido en Policraticus (s. XII) y de modo expreso en Libro de la nobleza (s. XIII). Por último la Partida Segunda recomienda la caza a los reyes porque son los que únicamente pueden mantenerla, dado su coste económico. Y con él los ricos hombres y los caballeros. No obstante les advierte sobre el exceso y aconseja que: non deven ý meter tanta costa (gasto) por que mengue en lo que a de conplir, nin otrosy non deven tanto usar della que le enbargue los otros fechos que a de fazer (Part. Segunda, V, 2 0 ) . La ley termina con una advertencia moral y dice: E los Reyes que de otra guysa usasen de la caça sy non commo dicho avemos, mostrarse íen por desenten dudos, desanparando por ella los otros grandes fechos que oviesen de fazer: e syn todo esto el alegria que della rreíbieren por fuerça se les averia de tornar en pesar, onde les avernien grandes enfermedades en lugar de salud,
37 El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES e demas avrie Dios de tomar dellos vengança con grant derecho, porque usaron commo non devien de las cosas que el fizo en este mundo (Part. Segunda, V, 20). Exaltación de la guerra: El medieval se vio envuelto en numerosas guerras. Guerras territoriales y guerras de religión a las que solía acudir el vasallo, bien como prestación de servicio al señor que le había entregado la tierra de la que vivía, bien como asalariado, buscando la compensación económica (mercenarios). Los juglares se encargaban de proclamar las guerras y de entusiasmar a sus oyentes para que se inscribiesen en las filas de soldados que formaban el ejército. Ese entusiasmo lo basaban en los fines trascendentales de la salvación, cuando las guerras eran de religión, como las cruzadas, bien en la cuantiosa soldada o el botín deseado10. El género lírico con que solían suscitar este entusiasmado seguimiento era el sirventés, entre franceses y provenzales, y cantigas d’escarnio entre los hispanos. Composiciones líricas efímeras que solía incluir –en el caso de los provenzales– una descripción entusiasta del lugar del encuentro o de la batalla. Bertran de Born, trovador que se declaró partidario de Enrique, el Joven, hijo primogénito de Enrique II de Bretaña cantó a la guerra y al campo de batalla con un entusiasmo épico insospechado. Su partidismo hizo que animase a sus oyentes, a quienes convocaba para que se personasen en el campo de batalla alistándose entre los seguidores del rey joven, o de sus hermanos para hacerle la guerra a Enrique II. Las banderas del ejército sajón, según él, se derramaban por el campo y lo cubrían de color rojo, azul, índigo y amarillo para saludar al rey Ricardo, Corazón de León. De igual modo el relinchar de los caballos que iban de un lugar a otro, arrastrando, a veces, a su señor muerto o exánime; como también nos hace ver las grandes estacas de la empalizada que enarbolaban los cuerpos sanguinolentos de los enemigos. Quan vei pels vergiers desleiar Los cendatz grocs, indise blaus M’adoussa la votz dels chevaus E·lh soner que fan li joglar 10 Maurice Keen, La caballería. Prólogo de Martín de Riquer. Barcelona, Ariel, 289. 312.
38 Jesús Montoya Martínez Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Que viulan de trap en tenda, Trombas e corn e graile clar. (Cuando veo desplegar por los vergeles las banderas amarillas, índigas y azules, me alegran los relinchos de los caballos y las melodías que hacen los juglares que van tocando la vihuela de pabellón en tienda y trompas, cuernos y agudos clarines. Entonces quiero componer un sirventés para que lo oiga el conde Ricardo11. E desse que serem vengut, Mesclar s’a·l torneis pel cambo, E·lh catala e·lh d’Arago Tombar ar soven e menut, Que no·los sosteran arzo; Tan grans colps los ferem nos drut. [Y así que habremos llegado tendrá lugar la refriega del torneo por el campo, y los catalanes y los de Aragón caerán a menudo y de prisa, pues no los sostendrán los arzones; tan grandes serán los golpes que nosotros, los vigorossos, les asestaremos12). No encontramos igual entusiasmo épico en la literatura española del XIII. Antes al contrario, las cantigas de escarnio critican el miedo que sienten muchos ante el enemigo (O genete, pois remete, Cancioneiro da Biblioteca Nacional, 491), así como censuran la deserción y abandono de las armas (O que foi passar a serra, CBN 494) No obstante, en el párrafo de la Partida Segunda que venimos comentando se califica el guerrear como “arte y sabiduría”: “Que es arte e sabidoria de guerrear e de vencer, de lo que devrien los Reyes ser mucho sabidores; (Partida Segunda, tít. V, ley 20) Porque como dice más adelante el guerrear lleva como consecuencia la paz, de la que se derivan sosiego, holgura y amistad: ca el guerrear maguer aya en sy manera de destroyr e de meter departimiento e enemistad entre los omnes, pero con todo eso quando es fecho commo se debe, aduze después paz, de que viene asosegamiento, e folgura e amistad, Part. II, 23, Intr. 11 Martín de Riquer, Los trovadores. Historia literaria y textosw, Barcelona, Planeta, 1975, II, 717-721. 12 Martín de Riquer, Los trovadores…, II, 691-692.
39 El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES La caza entrenamiento para la guerra En la división trifaria de la sociedad medieval13 al caballero le correspondía el evitar que el enemigo arrebatase el territorio, así como el de ganar el territorio perdido: “defensores son uno de los tres estados porque Dios quiso que se mantuviese el mundo” (Part. Segunda, tít. XXI, Pról.) Por eso los antiguos les decían defensores, lo primero porque son nobles, lo otro porque están establecidos para defender la iglesia, los reyes y todos los demás (Part. Segunda, XXI, 1) y acrecentar la tierra (“guardar su tierra e apoderarse de la de sus enemigos, Pat. Segunda, XX. Pról) Pues si pertenece a todos –labradores, en especial– defender y acrecentar la tierra engendrando hijos y cuidando y labrando la misma y por consiguiente aportando el producto de su esfuerzo, mucho más corresponde a éstos. Esta misión hizo que los caballeros fueran considerados como miembros cualificados de la sociedad medieval. El propio nombre estada unido precisamente al animal más noble: el caballo. El miles de los siglos XI y XII sa había convertido en caballero por esta razón. Ya no era la elección del individuo –uno entre mil– que definiría Isidoro. La etimología más acertada era porque montaba un caballo14 que non cavalgasen synon en cavallos quien los podiese aver: e esto fezieron porque van en ellos mas onrrados que en ninguna otra cavalgadura; e otrosy porque usasen el cavalgar que es cosa que pertenesçe mucho a los cavalleros, e porque andan en los cavallos mas lozanos e mas alegres, e afeytanlos por ende mejor e mas a su guysa (Part. Segunda, XXI, ley 17) La Partida Segunda dedica todo un título (tit. XXI) para hablar de los caballeros, de su entendimiento, de las virtudes que debe practicar, sobre quienes deben ser armados caballeros y cómo habrían de ser, de modo especial en su persona, y aun de su fisonomía e integridad física: no puede ser cavallero el que fuese menguado de su persona o de sus miembros, de manera que no se podiese en guerra ayudarse de las armas (Part. Segunda, XXI, ley .12) 13 G. Duby. Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo. Barcelona, 1983. 14 G. Duby, “Los orígenes de la caballería”, en Hombres y estructuras de la Edad Media. Madrid, 1978, 221.
46 Jesús Montoya Martínez Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES La caza del oso en la Garganta de Santa María
47 El deporte de la caza en la Europa del XII-XIII Alcanate V [2006-2007], [31 - 47] V SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES monteros cada una y manda que pregunten a algunos pastores (escena del centro); a la hora de maitines dos de los monteros “señalan” con sus cuernos que lo habían encontrado; pero no pudieran darle muerte hasta la hora de medio día. Para cerciorarse van hasta el oso y observan la herida hecha el día anterior. La miniatura, compleja como venimos diciendo, narra el momento en que el Rey llega a la confluencia de la Sierra de Guisando y manda a un montero, vestido de azul, que pregunte a algunos pastores, en este caso un pastor que vuelve la cabeza al verse interrogado por el susodicho montero, lado izquierdo. El sequito del rey es heterogéneo, pues lleva dos damas y algún caballero vestido a la morisca. Grupo de la derecha del Rey. A su izquierda algunos de los señores y que según el libro le dejaron sus perros. En la parte superior: monteros que han avistado “la cama” donde están los osos. La escena se culmina con tres montículos y castillos al fondo. De uno de los montículos se ve salir un ciervo. Bibliografía Alfonso X, Partida Segunda, Ms 12794 de la Biblioteca Nacional, Editado por Aurora Juárez Blanquer y Antonio F. Rubio Flores, Granada, Adhara, 1993. Alfonso XI. Libro de la Montería. Estudio y edición crítica por María Isabel Montoya Ramírez, Granada, Publicaciones de la Cátedra de Historia de la Lengua, Granada, 1992. “Traducció de part de la segona Partida” d’ Alfons el Savi, en Tractat de caballeria. Barcelona, Edició Barcino, 1947. Fradejas Rueda, José Manuel, Antiguos tratados de cetrería castellanos. Edición y vocabulario de … Ilustraciones de Martina Arespacochaga. Madrid, Cairel Ediciones, 1985. Llull, Ramón, Llebre de l’Orde de Cavallería. A cura de D. Albertr Soler y Llompar, Barcelona, Barcino, 1988. Comez, Rafael, « La chasse dans la miniature gothique castillane du xiiie sècle », Actes duColloque du Centre d’Études Médiévales de Nice, Niche, 22-23 juin 1979. Seniff, Dennis P., (†), Noble Porsuits : Literature and the Hunt. Selectes articles by … Edited by Diane M. Writh and Connie Scarborough. Juan dela Cuestra Newark, Dela ware.