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Ideales y actitudes para la Universidad de hoy: lección inaugural leída en la Solemne Apertura del Curso Académico 2012-2013 en la Universidad de Sevilla

León-Castro Alonso, Pilar

Abstract

El título es un claro resumen de la reflexión que se lleva a cabo sobre los ideales y las actitudes que han constituido el eje de la vida universitaria. Se examinan los precedentes y se analizan los fenómenos históricos y culturales que han promovido la evolución, hasta llegar a nuestro tiempo. Por su propia naturaleza la Universidad es una institución abierta, crítica y evolutiva, sensible a los cambios y receptiva respecto a la innovación. El momento actual es paradigmático de una Universidad que vive la incertidumbre, que busca nueva definición y adaptación a la sociedad en la que está inserta. Sin perder la brújula que siempre la ha guiado, debe innovar soluciones eficaces, convincentes y formativas para una juventud nueva y expectante.

Full text

PILAR LEÓN-CASTRO ALONSO IDEALES Y ACTITUDES PARA LA UNIVERSIDAD DE HOY Lección Inaugural leída en la Solemne Apertura del Curso Académico 2012-2013 en la Universidad de Sevilla EDITORIAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA Índice colección PILAR LEÓN-CASTRO ALONSO Departamento de Prehistoria y Arqueología Facultad de Geografía e Historia IDEALES Y ACTITUDES PARA LA UNIVERSIDAD DE HOY Lección Inaugural leída en la Solemne Apertura del Curso Académico 2012-2013 en la Universidad de Sevilla Sevilla 2015 Portada Índice colección © EDITORIAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA 2015 © C/ Porvenir, 27 - 41013 Sevilla Tfnos.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443 Correo electrónico: [email protected] Web: http://www.editorial.us.es © Pilar León-Castro Alonso 2015 ISBNe: 978-84-472-1668-0 Edición digital: Dosgraphic, s. l. < www.dosgraphic.es > Colección Textos Institucionales Núm.: 58 Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito de la Editorial Universidad de Sevilla. Comité editorial: Antonio Caballos Rufino (Director de la Editorial Universidad de Sevilla) Eduardo Ferrer Albelda (Subdirector) Manuel Espejo y Lerdo de Tejada Juan José Iglesias Rodríguez Juan Jiménez-Castellanos Ballesteros Isabel López Calderón Juan Montero Delgado Lourdes Munduate Jaca Jaime Navarro Casas Mª del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Adoración Rueda Rueda Rosario Villegas Sánchez Edición digital de la primera edición impresa de 2012 Portada Índice Índice Introducción ................................................................ 11 1. Retrospectiva histórica ......................................... 15 a) Los albores de la enseñanza grecorromana .. 15 b) La Universitas medieval ................................ 25 c) La utopía del saber renacentista ................. 30 d) Ciencia Nueva y Ciencia Utilitaria ............. 34 e) La Universidad moderna ............................. 39 2. La encrucijada actual ........................................... 46 3. Perspectiva de futuro ........................................... 58 a) Lo previsible .................................................. 59 b) Lo incierto ..................................................... 63 c) Lo cierto ......................................................... 67 Final ............................................................................. 71 Para ir a página pulsar en la línea ☞ • 9 • Portada Índice Sr. Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla, Autoridades, Claustro de Profesorado, Personal de Administración y Servicios, Alumnado, Señoras y Señores: Una vez más se abre ante nosotros la página en blanco de un nuevo Curso Académico. El alto honor de escribir en ella la primera línea sólo puede ser correspondido con agradecimiento profundo y sincero al Sr. Rector Mgfco. de nuestra Universidad, Prof. Dr. D. Antonio Ramírez de Arellano López y al que fuera su antecesor, Prof. Dr. D.Joaquín Luque Rodríguez, mentor mío en esta Universidad. La confianza y deferencia que ambos me muestran son motivo de reafirmación de un compromiso con la Universidad, que mantengo incólume desde que entré en ella. La solemnidad de la ceremonia inaugural reviste en esta ocasión características especiales, propias de la situación crucial que atraviesa la Universidad. Si, como es nuestra obligación • 10 • Portada Índice en cuanto universitarios, abrimos el punto de mira para enfocarla, nos percataremos de que la Universidad no es más que una de las piezas que chirrían en el engranaje reseco de nuestro mundo. Occidente, Europa, España adolecen del mismo mal, cuya naturaleza está determinada por dos factores primordiales; el primero es la pérdida de los valores esenciales, causa de la desorientación y de la revocación injusta del orden moral; el segundo es la intolerancia hacia componentes nuevos que buscan su acoplamiento y a los que los viejos oponen resistencia. Los tratamientos intentados han resultado inocuos, porque el mal no se ataja de raíz; pero hemos llegado a un punto en el que es menester tomar conciencia de la necesidad de atajarlo, de hacerlo con eficacia y de propiciar una mejoría equilibrada, evolutiva y dinámica. Por eso considero esta ocasión propicia para que reflexionemos juntos y, por mi parte, para afrontar la responsabilidad de abrir cauce a la reflexión. No es tarea fácil, aunque su dificultad no me coge de nuevas ni me encuentro desvalida ante ella, pues afortunadamente dispongo de recursos preciadísimos para mí, a los que hago alusión por no ser méritos míos. En primer lugar, he tenido la fortuna inmensa de realizar el aprendizaje del oficio desde abajo, desde niña, gracias a la preparación ex cepcional para la vida, que recibí de mis padres, y al modelo más que excepcional para la vida universitaria que tuve siempre en mi padre. En segundo lugar, pertenezco a una generación –la del Mayo del 68 por designarla en términos universitarios–, • 11 • Portada Índice que es la última con conocimiento y experiencia directa de la gran Universidad europea y española, la vieja y querida Universidad. De lo uno y de lo otro emanan las reflexiones que ahora siguen, ensambladas en larga y continua meditación y dialogadas con quien conmigo heredó los mismos ideales y aprendió las mismas actitudes. introducción A mbos conceptos, ideales y actitudes, han movido a la humanidad a lo largo de la Historia, han sido su faro y su asidero y su debilitamiento ha traído siempre periodos de declive. Mueven, por tanto, cualquier aspecto de la existencia humana y en especial los de orden superior, es decir, espiritual, moral, intelectual, social, cultural, todos los cuales confluyen en la Universidad. De aquí el interés de preguntarnos qué ideales y actitudes la han caracterizado a lo largo de su historia, cuáles se deben man - tener hoy y cuáles hay que innovar. Conviene tener en cuenta que la Universidad es una Institución vieja, con una historia de siglos y con una trayectoria efervescente y agitada por su propia naturaleza. Ha vivido situaciones críticas, de las que ha salido transformada, pero ha seguido adelante aferrada al talismán de su nombre, Universitas, que es conjunto, totalidad, negación de particularismo. Si desde esta perspectiva lanzamos una ojeada a la Universidad • 12 • Portada Índice actual, observaremos que problemas de ahora lo fueron también otrora y que no siempre se ha avanzado en la obtención de soluciones, aunque no haya cesado la búsqueda. Detengámonos en algunas situaciones, que pueden ser consideradas paradigmáticas. Con frecuencia tendemos a creer que nuestras experiencias, las que nos ha tocado vivir, suceden por primera vez; tal es la sorpresa que nos causan y la sensación de desamparo con que las afrontamos. Sin embargo, el análisis objetivo demuestra que no siempre es así, sino que existen precedentes. Así, por ejemplo, nos abruma la agitación reinante en nuestra época, que tanto afecta a la Universidad; esto nos exaspera, pero olvidamos que el origen de la Universidad está en otra época convulsa, amenazante y crítica, como fue la sobrevenida a la caída del Imperio Romano de Occidente y a las invasiones de pueblos bárbaros. En el caos de la Europa medieval y en la vorágine que engulló a la educación clásica y a las escuelas altomedievales, continuadoras de aquella tradición, nació la Universidad. Pronto empezaron a surgir situaciones dificultosas evocadoras de las de hoy, entre las cuales, proliferación de Universidades, masificación, endogamia, reformas de programas, por no hablar del conflicto entre saber humanístico y científico. Estas situaciones demuestran que la trayectoria de la Universidad no es mansamente uniforme, sino que está sometida a transformaciones, concatena ciclos, vive en tensión • 13 • Portada Índice continua, en medio de la cual se han abierto paso valores como la amplitud de miras, la ejemplaridad, el anticonformismo y, sobre todo, el vínculo con la esperanza y el futuro personificado en la juventud. Nuestras vivencias de zozobra e inestabilidad han sido vividas por otros y a nosotros nos incumbe sacar consecuencias. Así lo expresaba en 1930 José Ortega y Gasset en su conocido ensayo Misión de la Universidad, en el que pasaba revista a problemas universitarios graves –reforma de la enseñanza, profesiones, investigación, cultura y ciencia–, problemas que vienen a ser los mismos que habían denunciado a comienzos del siglo XX los representantes de la Educación Libre de Enseñanza y antes que ellos en 1875 los responsables de la llamada “cuestión universitaria”1. Curiosamente en ninguno de aquellos ilustres predecesores hay atisbos de un determinismo irreversible o de una predestinación atávica, a pesar de la reiteración de los problemas. Tal vez porque entonces el canon del mundo y de la vida en general siguieron las mismas pautas, aquellos antecesores no necesitaron posicionarse ante lo que para nosotros es una realidad meridianamente clara: el mundo es otro, la vida escribe una partitura nueva y la Universidad no puede reformarse; tiene que redefinirse. El anquilosamiento de los 1 J. Ortega y Gasset, “Misión de la Universidad”, Obras completas IV, Madrid 1947, 311 ss.; A. Jiménez Fraud, Historia de la Universidad española, Madrid 1971, 354 ss. y caps. 7-11. • 20 • Portada Índice tanto por ser el representante más conspicuo de la escuela socrática como por su predilección por el tema de lo ideal y de los ideales. Profundamente conmovido y alterado por la muerte de Sócrates, siguió su senda y sus enseñanzas e incluso logró superarlo. De hecho, Sócrates se había mantenido atento a lo concreto, a lo que él decía conveniente para el hombre y nosotros diríamos práctico. Platón dio un paso más y, en palabras de Eduard Schwartz, poetizó a un Sócrates nuevo, para lo cual puso por encima del frío raciocinio del conocer “el sublime canto del amor, que ya no es pasión insana sino ansia de belleza eterna, renovadora del ser íntegro; aquel canto que después de Platón sólo se han atrevido a entonar Dante y Goethe” 9. El tema de lo ideal y del amor platónico ha ocupado largamente a helenistas y a filósofos, por lo que aquí sintetizaremos diciendo que para Platón la búsqueda de la verdad confluye en el ideal de lo bueno y lo bello; de esta forma “reservó la sabiduría absoluta a los dioses, no dejando a los hombres sino la aspiración a la sabiduría, esto es, a la filosofía”, por decirlo con palabras de Schwartz10. Y aún debemos retornar a ellas para ver configurada una situación referida a su Academia, que se diría premonitoria: Jurado, que pueden aportar nuevas referencias. E. Ramos Jurado, De Platón a los neoplátónicos, Madrid 2007; id., comentarios en Apología de Sócrates. Fedón, Madrid 2009. 9 Schwartz, Figuras…, 71 ss. 10 Ibíd. 73. • 21 • Portada Índice “Dos propósitos, contenidos ya en el bosquejo del Estado ideal, realizó Platón con esta creación suya: la comunidad de trabajo entre el maestro y los discípulos y el cultivo de la ciencia infinita. Esto tuvo como primera consecuencia que la ciencia dejó de ser una cosa que –como entre los grandes jonios– nacía y moría con el individuo; convirtióse en un patrimonio que se transmite de generación en generación. En segundo lugar, tuvo también este otro resultado: en una época en que, habiéndose arruinado el libre Estado de ciudadanía, faltaba el fundamento de toda la moralidad, los mejores y más nobles espíritus hallaron en la ocupación científica una base que fue fecundísima para ellos y, por ellos, para su tiempo”11. El desengaño del Estado ateniense llevó a Platón a crear y a refugiarse en el que Schwartz llama “un Estado científico”12, su célebre Academia, una asociación o comunidad de amigos, que venera, festeja y cultiva a las Musas y que se interesa por todas las ramas del saber. La herencia de Sócrates fue transmitida por Platón a numerosos discípulos y el más relevante de ellos, Aristóteles, dará idénticos pasos y creará el Liceo13. Ambos maestros y ambas instituciones revivirán en la Universitas medieval y en cierto modo perviven imperecederos, porque el arquetipo ético-intelectual representado por Platón, su altruismo y su moderación representaron un canon 11 Ibíd. 74. 12 Ibíd. 75. 13 P. León, Los espacios del saber y del pensamiento en el mundo griego, Sevilla 2008, 20 ss. • 22 • Portada Índice perpetuo para sus continuadores en la Antigüedad y para los que en la Modernidad propugnamos la grandeza y la utilidad de sus ideales y actitudes. “El logos griego y el realismo romano se abrazan en una simbiosis que ya no se perderá para la cultura occidental”, afirma Alberto Díaz Tejera a propósito de quien mejor representa esa simbiosis, el gran escritor Panecio14. El legado educativo griego fue adoptado por Roma15, atraída por la fuerza del logos y de sus variaciones –diálogo, dialéctica, analogía–, fundamentales para la actividad intelectual romana por excelencia, la elocuencia. Los romanos la adaptaron y transformaron en retórica, término que enlaza semánticamente y que se desdobla en verbum y veritas, como recuerda Alberto Díaz Tejera16. Pero los romanos hicieron mucho más y más trascendental, por cierto, en relación con nuestro tema. Comprendieron la necesidad de sistematizar el cuadro de enseñanzas constituido desde época helenística por un programa, digamos, literario y otro científico, los muy conocidos trivium y quadrivium, cuya suma son las artes liberales. Por otra parte, adoptaron actitudes más abiertas y dinámicas, que se dirían muy de actualidad, como por ejemplo el bilingüismo griego y latino, la orientación práctica de la enseñanza, la 14 A. Díaz Tejera, Encrucijada de lo político y lo humano, Sevilla 1972, 88. 15 Ampliamente tratado por H.-I. Marrou, Historia de la educación, 3ª parte. 16 A. Díaz Tejera, Seis lecciones en torno al hombre, Sevilla 1976, 92 ss. • 23 • Portada Índice potenciación del estudio del Derecho; en definitiva, la implantación de una mentalidad nueva y de un tipo humano nuevo: el hombre que hace, conoce y aplica el Derecho y que, en consecuencia, gestiona una sociedad nueva protegida por la ley17. Claro debe quedar, que no fue la incapacidad o la falta de originalidad lo que indujo a los romanos a tomar el modelo griego, sino que fueron el reconocimiento y la admiración por la superioridad griega, actitud noble, sensata y práctica, que les reportó grandes beneficios. No todo fue fácil, pero curiosamente, pese a su conservadurismo, los romanos mostraron siempre amplitud de miras en materia de actitudes. Les tocó vivir durante la época de la República el proceso simbiótico grecorromano y posteriormente pusieron las bases para que se produjera un nuevo sincretismo, al que es ineludible hacer mención no sólo porque es pórtico de la Universitas medieval, sino por lo que puede enseñar todavía hoy. Me refiero al sincretismo de paganismo –la simbiosis grecorromana– y cristianismo, un fenómeno nuevo que se mostraba pleno de contradicciones, tensiones y complejidad dialéctica. No podemos detenernos en pormenores, por más que se trata de un proceso muy aleccionador, en el que ambas partes hubieron de hacer concesiones y 17 La bibliografía al respecto es amplia. Un buen compendio siguen siendo los comentarios de H.-I. Marrou, Historia de la educación, 299 ss.; 330 ss.; 369 ss. y 383 ss. Cf., además, R.R. Bolgar, “El legado griego”, en M.I. Finley (ed.), El legado de Grecia, Barcelona 1983, 435 ss. • 24 • Portada Índice sacrificios. A decir verdad, el cristianismo estaba desde un principio en síntesis con el paganismo, en el sentido de que vivía inmerso en el mundo clásico y había integrado el humanismo helenístico-romano; pero es que además traía el injerto del judaísmo. Todo ello representaba una vorágine turbulenta, en medio de la cual el cristianismo tuvo la clarividencia de comprender que por la vía impositiva no avanzaría, y, ante la necesidad de tener que valerse en campo ajeno, aceptó la escuela clásica y empezó a actuar en catequesis, a desarrollar escuelas, a promover la patrística. Un auténtico prodigio de habilidad, hondura y fluidez de pensamiento, en cuyo análisis no nos concierne ahora entrar, aunque sea obligado resaltar la grandeza del fenómeno originario de la cultura cristiana18. Progresivamente la escuela antigua se diluye y desaparece. Renace en época carolingia, pero por entonces las escuelas monásticas y episcopales alzaban la antorcha que ilumina los ideales y las actitudes, de los que surgirá la Universidad19. Los ideales creados y las actitudes mantenidas por el mundo antiguo en el plano educacional podrían concretarse en búsqueda inagotable de la verdad, capacidad dialéctica y receptiva y disposición a transformar al hombre y a la sociedad. 18 Muy ilustrativo el capítulo que le dedica H.-I. Marrou, Historia de la educación, 402 ss. 19 Ibíd. 421 ss. y 434 ss. • 25 • Portada Índice b) La Universitas medieval En el caos generado por las invasiones bárbaras la Iglesia se mantuvo como único reducto firme, organizado y seguro y en él se refugió el saber. Desde los precedentes de época visigoda las escuelas episcopales y monásticas, antes mencionadas, cobran importancia vital, de la que nos haremos idea si pensamos que en la de la Catedral de Sevilla, fundada por San Leandro, se formó San Isidoro. El saber enciclopédico de San Isidoro prepara el Renacimiento, dice Gonzague de Reynolds y añade: “dando a la cultura medieval el carácter de una reconstrucción intelectual fundamentada sobre la sabiduría antigua”20. Pese a su marcado carácter religioso, esas escuelas enlazaron con las antiguas paganas y enseñaron lo que entonces se podía enseñar, que eran los textos del saber antiguo. El papel jugado por la Iglesia y el mantenimiento de la síntesis grecorromana-cristiana son, por tanto, los dos factores clave en el origen de la Universitas en Occidente. Oriente se escinde, pero no pierde el enraizamiento en lo clásico, antes bien lo enriquece gracias al interés de los árabes por el saber griego, por la medicina griega especialmente, y gracias al contacto con Bizancio21. 20 G. de Reynold, La formación de Europa. III. El Helenismo y el genio europeo, Madrid 1950, 159 ss. Cf. además A. Jiménez Fraud, Historia de la Universidad española, Madrid 1971, 16. 21 Ibíd. 17 ss.; H.-I. Marrou, Historia de la educación, 434 ss. • 26 • Portada Índice Al llegar el siglo XII las escuelas adjuntas a obispados y monasterios adquieren nuevo status, el de Studium Generale, embrión de la Universidad. En él encuentran acogida grandes maestros –Abelardo, Alcuino, Ramón Llull, Alberto Magno, su discípulo Tomás de Aquino –doctor angelicus– y en torno a ellos se agrupan numerosos estudiantes llegados a los focos más vivos de enseñanza, Bolonia y París a la cabeza. Y para proteger los derechos de maestros y estudiantes se crean corporaciones o gremios conocidos como Universitas magistrorum, Universitas discipulorum, Universitas magistrorum et scholarum. Se empieza a hablar sencillamente de Universitas y así lo hace la Mater et magistra bonnoniensis. Desde los días de su creación la Universidad hubo de salvar escollos para lograr su propia configuración hecha a base de rasgos y características, que es necesario recordar y relacionar con los ideales y las actitudes. Éstas quedaron pronto de manifiesto, pues, al poco de nacer, la Universidad quiso ser libre e independiente tanto de la Iglesia, a la que se mantuvo cercana, como del poder regio o imperial, dispensadores de cartas, privilegios y bulas fundacionales. Quiso también optar por un espíritu de renovación con el que reforzar el viejo ideal de síntesis y en este sentido, aunque la Teología conservara primacía, se introdujeron nuevas materias con métodos pedagógicos diferentes. Una tercera actitud claramente definida desde el origen fue la competitividad entre Universidades, representada por las pugnas sonadas entre estudiantes y doctores de Bolonia, París, Oxford, Salamanca, una caja de • 27 • Portada Índice resonancia sensacional, que les reportaba fama y celebridad. Una cuarta actitud firme y principalísima fue la búsqueda de especialización, de suerte que Bolonia se reservó el Derecho Romano y la enseñanza jurídica en general; París hizo lo mismo con la Teología, la Filosofía y la Dialéctica; Oxford con las Humanidades; Salerno con la Medicina; Salamanca con las leyes canónicas y civiles y con la Teología22. Aunque en rápido esbozo, he aquí el cuadro de actitudes de la Universidad medieval. El método de enseñanza se basaba en el criterio de autoridad y el principal instrumento intelectual era el debate, por lo que la dialéctica conservó su importancia. Tanto es así, que se hicieron célebres las disputas escolásticas entre dominicos aristotélicos y franciscanos platónicos, disputas que consagraban a los grandes maestros. En estrecha relación con el aspecto concerniente al método se ha de poner otro muy significativo, que es la búsqueda de los grandes maestros, a los que se considera depositarios del saber. El deseo de acercarse a ellos, de aproximarse a las mentes más preclaras, causó una notable movilidad estudiantil, fomentada también por el desplazamiento de los maestros a los grandes focos intelectuales. Las interrelaciones, las conexiones, las influencias y la 22 A. Jiménez Fraud, Historia de la Universidad española, 43 ss. Para la historia de la Universidad cf. J.Verger, Les Universités au Moyen Âge, París 1973. Ch. Charle y J. Verger, Histoire des Universités, París 1994. Agradezco a Concepción Quintanilla sus opiniones al respecto y la indicación de esta bibliografía. • 28 • Portada Índice competencia entre escuelas fue el motor de aquella Universidad, a lo que se ha de añadir que entre maestros y estudiantes hubiera también dificultades, como por ejemplo el boicot de los estudiantes a los maestros a causa de unos honorarios que aquéllos consideraban excesivos23. Esta serie de actitudes encuentran complemento en unos ideales, de los que destacan la modestia y la vocación docente. Pues, en efecto, los más finos cultivadores de la enseñanza descubrieron pronto algo que está asimismo en el origen de la Universidad, que definirá un estilo de vida y que se convierte en un claro ideal. Alberto Jiménez lo resume con palabras certeras así: “No había que buscar el saber en el clamor popular de las controversias dialécticas, sino en un largo y paciente pensamiento, en un cuidadoso comercio con las grandes mentes y en una vida tranquila y apartada”24. Quiere esto decir vocación, retiro, discreción, estudio. Quien desee tener una imagen de esos ideales, observe el retrato de Maese Rodrigo Fernández de Santaella en el cuadro que nos acompaña en este Paraninfo y verá al fundador de la Universidad de Sevilla postrado ante una imagen de la 23 Ibíd. Para todos estos aspectos sigue siendo de gran utilidad el trabajo de J.W. Adamson, “Enseñanza”, en C.G. Crump y E.F. Jacob (eds.), El legado de la Edad Media, 1950, 323 ss., 354 ss. 24 A. Jiménez Fraud, Historia de la Universidad española, 41. • 29 • Portada Índice Virgen de la Antigua. Pero aún más emocionante es verlo en el retablo maravilloso de Alejo Fernández en la Capillita de la Puerta de Jerez, único testimonio pervivido del Colegio Universitario de Sta. María de Jesús, fundado por Maese Rodrigo25. Tal vez porque se trata de una representación idealizada, llaman más la atención los rasgos vulgares del hombre sencillo, la apariencia humilde, el semblante ingenuo de Maese Rodrigo, arrodillado ante la Virgen de la Antigua, a la que en actitud de fundador y donante ofrece la maqueta del Colegio de Santa María de Jesús, sede fundacional de la Universidad de Sevilla26. No hay que olvidar que, al fundarla, Maese Rodrigo la quiso para pobres e independiente, prueba clara de que a comienzos del siglo XVI los ideales dichos estaban vivos y encontraban eco. Cuatro puntos o aspectos esenciales merecen ser resaltados en la trayectoria de la Universitas medieval: a) saber orientarse y desenvolverse en tiempos difíciles; b) adaptar la tradición del saber antiguo al tiempo nuevo; c) implantar nuevos saberes; d) búsqueda y valoración de los maestros. Recordar dichos aspectos equivale a proponerlos como ejemplo y a tenerlos presentes en cuanto espejo de ideales y actitudes. 25 Sobre la fundación de la Universidad de Sevilla F. Aguilar Piñal, Historia de la Universidad de Sevilla, Sevilla 1991, 19 ss. y 27 ss. 26 Sobre el cuadro del Paraninfo cf. la opinión de E. Valdivieso, “La colección pictórica”, en T. Falcón y otros, Universidad de Sevilla. Patrimonio monumental y artístico, Sevilla 1986, 140; fotografía en Aguilar Piñal, 25, 29. • 36 • Portada Índice la ciencia nueva se alía con la utilidad que aquéllos proporcionan a todos los niveles, es decir, a los estados, a la sociedad, al comercio, a la geografía35. La primacía otorgada desde el siglo XVI a la experimentación y a la indagación de toda clase de fenómenos naturales produjo durante este siglo y durante el siguiente una proliferación de inventos y un desarrollo científico sin precedentes. Los más excelsos representantes son Copérnico, Kepler y Galileo, trío portentoso que se hará cuarteto, al añadirse más adelante Newton. Sin entrar en apreciaciones propias de la Historia de la Ciencia, merece la pena que apreciemos la actitud específicamente científica de estas grandes mentes involucradas en la evolución de los métodos científicos. Éste es el punto de intersección con la vía reformadora de inspiración erasmista, uno de cuyos representantes más eximios es Luis Vives36. Humanista y erasmista de pro, ideó una reforma de la enseñanza destinada tanto a las artes liberales como a las ciencias, y así su obra de 1531 De Disciplinis se erigió en catálogo de las materias o disciplinas constitutivas del saber de aquel tiempo. De la amplitud y modernidad de su pensamiento da idea el hecho de que desde su posición de humanista exhorte a los humanistas a interesarse por 35 Ibíd. 24 ss. y 33 ss. 36 Cf. el trabajo clásico de A. Bonilla y San Martín, Luis Vives y la filosofía del Renacimiento (1903), Madrid 1929; y la biografía de J. Ríos Sarmiento, Juan Luis Vives, Barcelona 1940. • 37 • Portada Índice las técnicas útiles para la vida, así como exhorta tanto a humanistas como a hombres de ciencia a superar la dicotomía creada entre artes liberales y artes mecánicas o técnicas, por considerar que se trata de un prejuicio elitista e injustificado. Sobre esa base pero desde vías distintas avanzan Bacon y Descartes, los dos grandes propulsores de la renovación del método científico por medio del razonamiento inductivo y de la duda crítica respectivamente, como es de todos conocido. No se piense, sin embargo, en una conjunción fácil de ideales y actitudes, pues la nueva ciencia tropezó con enemistades de escuela, rechazo por parte de una Universidad anclada en la tradición y circunstancias adversas, a partir de las que Manuel Zamora ha trazado un cuadro de pinceladas claras, para definir una situación contradictoria, decidida a avanzar pero lastrada37. Sobre estos cimientos se alzan la superestructura de nuevos conocimientos científicos y el desarrollo de nuevas técnicas en el siglo XVIII. Sea cual fuere el ámbito de acción, la actitud intelectual del siglo XVIII fue la osadía, la ambición, el saltar impedimentos para progresar, así como los nuevos ideales son el pensamiento práctico y la moral social. Quien mejor representa el espíritu de los tiempos es el filósofo Emmanuel Kant, cuyo célebre imperativo categórico recoge el guante arrojado por los educadores del Humanismo tardío. 37 Zamora, Las motivaciones…, cit., 30 ss. • 38 • Portada Índice En este sentido su no menos célebre “Sapere aude!” es una incitación al lanzamiento de la voluntad y a la liberación del conocimiento. En cuanto al pensamiento práctico, la cima suprema es la Enciclopedia de Diderot y D’Alambert, concebida como diccionario razonado o compilación del conocimiento humano sometido a orden alfabético. El ideal predominante es el progreso de la inteligencia y la actitud más difundida es el pragmatismo filosófico, en virtud del cual el saber está al servicio de la utilidad. A partir de estos presupuestos la ciencia aplicada avanza movida por la necesidad de crear ingenios, máquinas y toda clase de inventos útiles a los estados, todo lo cual prepara la entrada en escena de un nuevo factor, el beneficio económico, cuya importancia subraya Manuel Zamora como motor del desarrollo de la investigación científica38. En la agitación inherente a tantos cambios evolutivos la Universidad mantuvo una actitud retraída, cuando no contraria a ellos; basta recordar las invectivas contra la Enciclopedia y la cerrazón frente a pensamiento práctico y moral social. Fue un enclaustramiento perjudicial, porque tanto el pensamiento filosófico como, sobre todo, la investigación científica hubieron de buscar cobijo en otros medios y ambientes39 y así se mantuvieron, al menos, hasta comienzos de la centuria siguiente. 38 Ibíd. 36 ss. 39 Ibíd. 32 ss. • 39 • Portada Índice e) La Universidad moderna La llegada del siglo XIX insufla aires nuevos a la Universidad, origina un nuevo desplazamiento del foco principal, esta vez hacia Alemania, y configura un nuevo modelo. Todo ello se resume y condensa en la fundación de la Universidad de Berlín por Wilhelm von Humboldt a comienzos de la nueva centuria, en 1810. A decir verdad el Alma Mater berolinensis surgía como un replanteamiento o renovación del saber y de la Universidad en cuanto institución. El nuevo concepto de Universidad desarrollado por Wilhelm von Humboldt se basaba en la fusión de enseñanza e investigación y tenía por objetivo prioritario posibilitar una formación integral, humanística y científica. El Derecho, la Medicina, la Filosofía y la Teología eran los pilares de la enseñanza, a los que pronto se anexionaron como refuerzo por influencia de Alexander von Humboldt, el famoso naturalista hermano menor del fundador, las ciencias naturales, las experimentales, las exactas. El éxito y la difusión del nuevo modelo universitario no se hicieron esperar y de hecho la expansión alcanzó a toda Europa y a América. Es el modelo de Universidad que se ha mantenido hasta hace poco, en el que hemos fraguado muchos de nosotros como universitarios y es el modelo que se esfuma. Analizados estos hechos en perspectiva histórica, concitan dos pensamientos, que merece la pena explicitar por representativos de un devenir periódicamente cambiante, como es • 40 • Portada Índice el que rige a una institución entitativamente dinámica, como es la Universidad. Pensemos, en primer lugar, quién reconocería a los ancestrales trivium y cuadrivium en la sistematización de materias y disciplinas científicas implantadas en la nueva y pujante Universidad, que desde de Berlín irradiaba a todo el Occidente, por más que sean su eterna fuente inspiradora; en segundo lugar pensemos que también esa sistematización tan innovadora y sorprendente en su momento entraría con el tiempo en el venerable rincón conocido como decimonónico. El ideal máximo de esa nueva era universitaria y científica fue la integración de las ciencias del espíritu y de las ciencias naturales. La paideia había pasado a ser pedagogía aupada por el conocimiento práctico de las ciencias aplicadas, prácticas, útiles y rentables. La actitud generalizada es el pragmatismo científico, en cuya ayuda acudió el Positivismo encabezado por Auguste Comte. Mucho le debe el progreso en materia de observación sagaz de los fenómenos, de sus mecanismos y comprobación, como también en la clasificación de las ciencias, en la instauración de ciencias nuevas y en la correlación entre todas ellas. El conocimiento evolucionó considerablemente y obtuvo éxitos deslumbrantes, sobre todo en el campo de las ciencias biológicas. Todos estos progresos originaron la aparición de centros especializados de investigación, en los que crece un nuevo tipo de estudioso o profesional formado para la investigación. Son los nuevos expertos o investigadores científicos protegidos por el Estado. • 41 • Portada Índice Consecuentemente las Universidades se especializan, el conocimiento se sectoriza y los grandes éxitos científicos traen progreso humanitario. A este panorama tan vibrante le faltó el equilibrio de una actitud compensada, hasta el punto que la vieja idea de sabiduría, tan humana, cayó del pedestal sobre el que la habían alzado los siglos a causa de la presión arrolladora ejercida por el pragmatismo científico y por el conocimiento técnico. La discordia zigzagueaba en un reino otrora avenido, en el que convivieron sophía, epistéme, techné. No faltaron voces denunciantes de la amenaza y del peligro, la más autorizada, tal vez, la del filósofo Edmund Husserl. Con toda lucidez Husserl advirtió cuán perniciosa era esa discordia para el genio europeo, cuyo origen es la filosofía, zarandeada en medio del enfrentamiento entre ciencias naturales y ciencias del espíritu, porque mientras aquéllas se habían dotado de un método científico suprasubjetivo, éstas seguían aferradas a la reflexión teórica sobre cuestiones espirituales. De especial interés en relación con nuestro tema es el punto del análisis en el que Husserl demuestra que ese antagonismo es tan viejo como el pensamiento griego, cuando en los albores del estudio de los fenómenos naturales –physis– éstos quisieron gobernar a la reflexión filosófica, que se resistió sin doblegarse. Para los unos el hombre es objeto de estudio como un elemento más de los que componen el mundo; para los otros es además y, sobre todo, un • 42 • Portada Índice ser que crea normas, valores, y busca conocer la verdad40. La modernidad se ha decantado por la opción matemáticanaturaleza y la ha impuesto a cualquier otra y de esa forma amenazaba con convertirse en una aporía desesperanzadora; sin embargo Husserl en una reacción, que recuerda a la de Luis Vives, busca salida y acorde con las bases de su Fenomenología prueba que los aspectos naturales de la vida tienen cabida en las ciencias del espíritu y que, a su vez, hay un fundamento humano en las ciencias naturales. Era una llamada sabia al entendimiento que, desgraciadamente, no fue oída por todos. En efecto, corregidos y aumentados, los mismos parámetros asimétricos e impositivos tomaron carta de naturaleza en el siglo XX y se puede decir que en lo que lleva transcurrido el siglo XXI y así lo han dejado de manifiesto análisis claros y desapasionados realizados a través de la óptica del pensamiento científico, como vimos anteriormente en el citado estudio de Manuel Zamora, a cuyo rigor me atengo, para apurar al máximo la objetividad41. A tenor de la línea argumental enfocada hacia los ideales y actitudes en la trayectoria de la Universidad, considero de interés prestar atención 40 Sobre estos aspectos cf. los trabajos reunidos en E. Husserl, Invitación a la Fenomenología, Barcelona 1992, y la Introducción a esta obra por M. Reyes Mate. 41 Cf. la opinión de M. Zamora Carranza, Las motivaciones de la investigación científica, Sevilla 2007, 35-68. • 43 • Portada Índice a algunos hechos relevantes de esta nueva etapa histórica que directamente nos concierne. Empezaremos así por detectar un nuevo desplazamiento del centro de gravedad universitario, trasladado ahora hacia los EE.UU. Europa prosigue su andadura, pero el nuevo modelo a escala mundial, ya no sólo para Occidente, es el estadounidense. Las consecuencias de esta dislocación son sobradamente conocidas por próximas a nosotros, lo que nos permite quedarnos con las derivadas principales, la primera de las cuales es que la investigación científica va por delante, antecede a cualquier otra actividad universitaria y se ve fuertemente potenciada por el crecimiento y el desarrollo económicos. Agencias espaciales, laboratorios, centros de investigación experimental avanzada, por sólo citar algunos agentes primordiales, son el estandarte de las Universidades de élite, cobijadas bajo exigencias imperiosas de productividad y de marketing. Este hecho va unido a otro no menos conocido, que es la internacionalización del conocimiento y de la ciencia –grupos, equipos, lobbies–, paso previo a la globalización. Al igual que había ocurrido en otros periodos históricos, el espectro de materias o enseñanzas se ha ensanchado en la Universidad del siglo XX y, como más reseñables por el ímpetu de su desarrollo, basta recordar la Economía, la Ecología o la Electrónica. Los beneficios logrados gracias a ellas y a otras están en la mente de todos y no necesitan • 44 • Portada Índice ser explicitados, aunque sí debemos pararnos a reflexionar ante otro hecho igualmente conocido, como es la metamorfosis de la investigación científica en instrumento de poder, en termómetro único para marcar el grado de potencia y modernización de los países. Naturalmente el desarrollo, el bienestar, la educación, el ocio, entre otros factores vitales, se han visto consolidados, pero también las desigualdades. A este respecto resulta curioso que en nuestro tiempo, para ostentar vitola de vanguardismo, dichos factores deban ir precintados o etiquetados con los predicados archisabidos de “sostenible” o “renovable”, una heráldica utilitaria y mediática, de la que participa igualmente el concepto de sociedad, desguarnecido hoy, si no es “de la información”, para ser mañana “del conocimiento”, “del espectáculo”, o de cualquier otro adhesivo efímero. Favorecidas por la corriente poderosa de una demanda exigente, la voracidad y la avidez del absolutismo científico se mostraron irrefrenables, aunque no dejaron de salirles al paso mentes críticas y voces discrepantes en la línea de los grandes educadores conocidos desde la Antigüedad. Dos testimonios reveladores son dignos de ser recordados, ambos de la primera mitad del siglo XX. Oiremos primero el de Bertrand Russell, cuya opinión sobre la educación en Grecia comentábamos al principio, quien sobre la de nuestro tiempo se expresaba así: “La tendencia de la cultura en nuestro tiempo es, y probablemente seguirá siendo, acercarse a la ciencia, alejándose del arte y de la literatura. Esto se debe a la inmensa utilidad de la ciencia. …Esto es un • 45 • Portada Índice bien, pero resulta lamentable que la ciencia gane terreno eliminando conocimientos de otra clase. …. Creo que dentro de cien años cualquier persona medianamente educada sabrá una buena cantidad de matemáticas, algo de biología y mucho sobre la construcción mecánica. La educación se volverá para todos, salvo algunas excepciones, lo que se llama dinámica, es decir, enseñará a hacer y no a pensar o a sentir. Se harán muy diversas tareas con gran habilidad, pero nadie será capaz de considerar racionalmente si vale la pena hacerlas” 42. El segundo testimonio proviene de Max Scheler, el gran representante de la Axiología o filosofía de los valores, partidario decidido del entendimiento entre la filosofía y las ciencias, a sabiendas de la contraposición existente entre ellas. En opinión de Scheler el error cometido por Occidente en la Modernidad ha consistido en cultivar sistemática y casi exclusivamente un saber de dominio o pragmatismo, relegadas otras formas de saber, lo cual ha reportado desequilibrio en cuanto a cultivo del saber espiritual, dominio de la voluntad y conocimiento del pensamiento. En tal sentido considera Scheler que no es extraña la preponderancia que ha ganado Oriente, los países asiáticos, no sólo por haber cultivado esta última faceta, sino porque además han logrado un gran avance en el terreno tecnológico43. Se deduce de este 42 B. Russell, Ensayos de un escéptico, Madrid 1931, 278 ss. 43 M. Scheler, El saber y la cultura, Buenos Aires 1939, 66 ss. • 52 • Portada Índice generadora de acercamiento y cohesión en cuanto a planteamientos, recursos, métodos, tendencias igualitarias, en fin, entre los diversos campos científicos imantados por dicha fuerza en función de sus afinidades. El hecho más relevante es la metamorfosis vertiginosa que experimenta la creatividad, cuando impacta en la vertiente electrónica de la tecnología. Manifestaciones de este fenómeno se conocen en ámbitos tan habituales de la vida cotidiana como los medios audiovisuales o los videojuegos; sin embargo, las que más nos interesan aquí son las que enlazan con la cultura universitaria y ante todo con su símbolo por antonomasia, el libro. Es éste un asunto primordial, merecedor de más tiempo del que ya nos queda, motivo por el que remito a un trabajo muy sugerente de Roger Chartier y Antonio Rodríguez de la Heras, del que extraigo algunas ideas fundamentales46. El planteamiento adoptado por ambos autores abre dos interrogantes principales: qué porvenir aguarda al libro y qué alternativas se ofrecen a la lectura, una vez puesta bajo los auspicios de la tecnología electrónica. Punto de partida, antes de iniciar la búsqueda de respuestas, es un hecho evidente para todos: hoy existen nuevos instrumentos de lectura, tales como la pantalla electrónica o el e-book. Esta posición requiere 46 R. Chartier y A. Rodríguez de las Heras, “El futuro del libro y el libro del futuro”, Litterae. Cuadernos sobre Cultura Escrita, 1, 2001, 11 ss. • 53 • Portada Índice una definición del libro nuevo, que es una muestra más de virtualidad, puesto que en opinión de los autores citados “el libro nuevo existirá más allá del ordenador, tendrá su lugar en el espacio digital”47. Lo más interesante de la serie de respuestas y opiniones vertidas por Chartier y Rodríguez de las Heras es la idea de “colonización y ocupación de un territorio” nuevo por la tecnología48, en el que ésta se afianza. Respecto a la cuestión del porvenir que aguarda al libro, se debe subrayar, por un lado, la respuesta a favor de la aparición de un nuevo tipo de lector y de un nuevo tipo de autor; por otro lado, la respuesta tendente a la participación colectiva, interactiva, en la creación del texto y del libro. Se trata, por tanto, de un lector que, al poder intervenir en el texto plasmado en la pantalla, se convierte en lector-coautor; mientras que el autor, en vez de escribir o crear varios libros o varios textos, puede ser autor de un solo libro creado en una actividad continua y progresiva. Que todo esto es realidad hoy día, lo confirma la existencia de libros-foro, o sea, el libro convertido en espacio de encuentro o debate entre el autor y los lectores simultáneos49. Naturalmente un fenómeno cultural todavía joven, por más que poderoso, implica riesgos, peligros, problemas de diversa índole, entre los que los primeros en ser vislumbrados por Chartier y Rodríguez de las Heras 47 Ibíd. 13 ss. 48 Ibíd. 15. 49 Ibíd. 20 ss. • 54 • Portada Índice son los jurídicos; pero es que además el mencionado fenómeno comporta también desigualdades nuevas, detectadas ya a nivel de posibilidades de acceso a la información50. Este último vector sociocultural apunta hacia la segunda gran interrogante planteada por Chartier y Rodríguez de las Heras sobre las alternativas que se ofrecen a la lectura en una coyuntura tan inquietante. La proyección educativa y universitaria de la cuestión prestan especial interés a las reflexiones y opiniones vertidas al respecto, si bien en relación con el tema que aquí tenemos planteado son de reseñar, ante todo, las que confluyen en la coexistencia de las formas tradicionales del libro con las nuevas modalidades electrónicas. Se promueve así una “cultura dual basada en la permanencia de los espacios seculares de transmisión de los conocimientos –el aula y la página– y en la emergencia del nuevo espacio de la pantalla electrónica”51. En consonancia con esta primera opinión una segunda expone, que el segmento tradicional, representado por el aula y la página, decrecerá con el tiempo, a diferencia de las actividades trasladadas al espacio de la pantalla electrónica –bibliotecas virtuales, libros electrónicos y digitales–, que crecerán52. En esta misma línea Chartier y Rodríguez de las Heras crean un parangón entre actividades socioculturales de nuestro tiempo, que puede resultar irritante o banal, pero que merece ser 50 Ibíd. 21 ss. y 29 ss. 51 Ibíd. 36. 52 Ibíd. • 55 • Portada Índice notado como punto de inflexión tanto para la Universidad de hoy como para nuestro tema de ideales y actitudes. Dicho parangón queda establecido en estos términos exactos: “Y el acontecimiento de una conferencia o la impartición de unas lecciones en el aula seguirá valorándose, como sigue siendo atrayente asistir a un concierto o a un espectáculo deportivo, aunque dispongamos de discos o de transmisiones televisivas”53. Por muy estrafalario que pueda parecer este concepto de la llamada clase presencial en cuanto valedora de la enseñanza y de la transmisión del conocimiento, más allá del plano concerniente al libro y a la lectura, lo que aflora en esas palabras son dos realidades flagrantes en el mundo y en la civilización actuales, a las que no podemos dar la espalda. Una es la fuerza transformadora de la electrónica y de la tecnología, hasta ser capaz de provocar una sociedad nueva, con nuevas formas de ocupación del tiempo, con nuevos horarios y adecuación a los lugares de trabajo, con nuevas formas de ocio, etc.; otra es el panorama muy distinto que se vislumbrará según se tenga o no se tenga cultura electrónica, de donde la importancia de la educación y de la formación como instrumento nivelador y difusor de las nuevas posibilidades54. Si desde este punto retornamos a la posición que habíamos fijado entes de emprender estas últimas consideraciones, 53 Ibíd. 54 Ibíd. 37 ss. • 56 • Portada Índice enlazaremos con la posibilidad de superar viejas rencillas o desigualdades científico-culturales vehiculada por la tecnología y por su inserción en la nueva cultura universitaria. Prueba elocuente de ello es un trabajo de Joaquín Luque Rodríguez, que bien podría ser considerado premonitorio respecto de esa cultura que fusiona procesos de pensamiento tecnológico y humanístico. El título del trabajo, “Soneto al Ícaro digital”, es la primera prueba de armonía entre literatura, mitología y tecnología, a la que suceden otras igualmente expresivas de la mentalidad del autor55. Así queda de manifiesto, en primer lugar, en el planteamiento del trabajo, que es un análisis de la naturaleza intrínseca de los sistemas informáticos, así como de los límites del conocimiento tecnológico y de sus consecuencias éticas56; en segundo lugar, en la estructura del texto, que es una secuencia cuaternaria a la manera del soneto. Por atípica que pueda parecer la envoltura para un trabajo de esta clase, en nada perjudica al contenido, sino que marca los estadios temáticos y agiliza el ritmo de la lectura. Al tiempo que se inicia ésta, se advierte otra singularidad y es que el montaje del trabajo arranca con toda naturalidad de la referencia a fallos y errores57, acerca de los que Joaquín Luque reflexiona para demostrar que la Historia es un proceso que ha buscado librarse de aquéllos y privarlos de un margen, 55 J. Luque Rodríguez, Soneto al Ícaro digital, Sevilla 2001, 9 ss. 56 Ibíd. 20 y 33 ss. 57 Ibíd. 20 ss. • 57 • Portada Índice que ni la filosofía ni la ciencia han conseguido anular. Hasta que llega el siglo XXI y dice: “eureka: la Tecnología”58. Se diría que con motivo, por ser la carta de identidad de la nueva civilización; pero es interesante que un especialista en la materia, como es Joaquín Luque, no otorgue pleno crédito a ese “eureka” y se lance a indagar si continúa la amenaza de error o fallo, para concluir que sí y que el origen está en “una limitación intrínseca del conocimiento tecnológico”59. La proyección actual del tema no puede pasar desapercibida, por cuanto la conciencia del error y el reconocimiento de la mente humana como instrumento capaz de convertir el error en fuente de conocimiento y avances nuevos han llevado a otros expertos a preguntarse si es posible programar ordenadores para que lleven a cabo esa prodigiosa reconversión60. Dentro de la especificidad propia del problema concerniente a las limitaciones de los sistemas y de los materiales, el estudio de Joaquín Luque es claro e inteligible; como también lo es el cariz filosófico que adquiere el trabajo, al incurrir en preguntas sobre la naturaleza del saber peculiar de la Tecnología y sobre los límites inherentes al saber hacer, o sea, al conocimiento tecnológico. Cual nuevo Dédalo el experto 58 Ibíd. 29 ss. 59 Ibíd. 33 ss. 60 R. Foreman, “Tortitas humanas o ‘Los dioses me están machacando el cerebro’”, en J. Brockman (ed.), Cultura. Fronteras del conocimiento, Barcelona 2012, 267. • 58 • Portada Índice descubre que “tampoco la Tecnología puede darnos un conocimiento seguro, ni siquiera de tipo práctico” 61. De esta forma la lección tecnológica de Joaquín Luque acaba humanizada y humanística con una metáfora de Schopenhauer, que invita a la acción cautelosa y confiada en busca de nuevos progresos, que ofrecer a la sociedad62. Las consideraciones de Joaquín Luque nos devuelven al plano de los ideales y actitudes y ayudan a comprender que, por instinto de supervivencia, queremos crear cosas nuevas reproduciendo las antiguas, parcheándolas a lo sumo. Sin embargo, adaptar exige cambios, crear más, innovar más. No prestar oídos a cantos de sirenas es fundamental, pues la realidad y la experiencia enseñan que estos procesos no se consuman de un día para otro ni están exentos de dificultades o frustraciones; pero también enseñan que la acción y el compromiso son más fructíferos que el recelo y el escepticismo. 3. perspectiva de futuro Temas y problemas relacionados con la educación y la formación en general y con la Universidad en particular a nadie dejan indiferente. Son materia frecuente de 61 Luque, Soneto al Ícaro…, cit., 42. 62 Ibíd. • 59 • Portada Índice conversación, de discusión, de debate. Los medios de comunicación, las bibliotecas, las librerías, la crítica y el espectáculo ofrecen muestras innumerables del interés que suscita el que ya es leitmotiv de nuestros días. Los comentarios, las opiniones, los juicios, las propuestas proliferan desde los más diversos puntos de vista, pero raramente se adentran por la senda de los ideales y las actitudes que nosotros hemos emprendido y por la que vamos a vislumbrar el final en busca de perspectivas futuras. Con criterio realista podemos enfocarlas con el punto de mira dirigido hacia tres planos superpuestos: lo previsible, lo incierto y lo cierto, que delinearemos en un breve apunte. a) Lo previsible La coyuntura que vivimos nos tiene sumidos en la decepción y en el desencanto. No es sólo consecuencia de un ejercicio nostálgico, puesto que afecta también a los jóvenes y a los estudiantes, lo que desgraciadamente lleva a la conclusión de que hay razones objetivas para aquella actitud. Los análisis y reflexiones que hoy se tienen sobre la actualidad universitaria suelen adoptar un tono lastimero, de queja, cuando no abiertamente pesimista. Es previsible que esta actitud dure y ante ella debemos tener claro, tanto los inconvenientes de una visión apocalíptica, como los de otra velada por la nostalgia y la pesadumbre ante el alejamiento de un tiempo irremisiblemente en fuga. Esta clase de análisis y reflexiones son sumamente • 60 • Portada Índice aleccionadores, pues tienen la virtud de poner el dedo en la llaga; requieren no obstante réplicas serenas y críticas, que permitan estratificar y sedimentar los juicios, antes de llegar a una síntesis clara. Un ejemplo excelente y de plena actualidad en este sentido es el que ofrece Jordi Llovet en su libro Adiós a la Universidad63. El carácter autobiográfico es casi una confesión pública, de ahí que la lectura más que una moraleja promueva una catarsis. Tanto el subtítulo, El eclipse de las Humanidades, como la dedicatoria a sus alumnos son pruebas de la valentía de la denuncia y del vínculo creado con la Universidad, factores que se ven reforzados a lo largo de capítulos sucesivos, en los que el autor desgrana, paso a paso, una trayectoria universitaria extensa y densa. Por su especial incidencia sobre las cuestiones que aquí nos incumben, llamo la atención de las que atañen a aspectos tan típicos como la transmisión del saber, las relaciones entre profesorado y alumnado o el trabajo de investigación64, aunque con intención de ganar tiempo me centraré en algunas aún más concretas. El capítulo dedicado al Plan Bolonia es revelador65, no sólo por la disección pulcra y crítica de sus aspectos fundamentales, 63 J. Llovet, Adiós a la Universidad. El eclipse de las Humanidades, Barcelona 2011. Agradezco a Arsenio Moreno que me llamara la atención sobre el libro. 64 Ibíd. 130 ss., 150 ss. y 157 ss. 65 Ibíd. 181 ss. • 61 • Portada Índice en los que no nos detendremos por ser materia a la orden del día, sino por la radiografía severa y justa realizada al estudiantado, que recuerda las observaciones similares, antes mencionadas, de Jean Christophe Bas66. La pesadumbre ante el revulsivo confusionista que ha supuesto el Plan Bolonia, hace mella inevitablemente en el ánimo de Llovet, a pesar de lo cual intenta abrir un resquicio al diálogo67. Sin embargo, la cuestión de más trascendencia es la que enfoca a la Universidad en dos vertientes importantes, la que mira a la sociedad y la que mira a la tecnología. En el primer caso nada se puede objetar a un análisis culto y documentado a fondo68, antes bien es muy loable un planteamiento fiel a la perspectiva de Universidad pensante, creadora de pensamiento y defensora de su vieja cuna filosófica y humanística. Esta posición sirve de engarce con la segunda vertiente o aspecto de la cuestión, en el que se describe el eclipse de las Humanidades por interposición de las nuevas tecnologías69. Además de adoptar una posición abiertamente contraria a la situación creada a causa de este fenómeno en todo el ámbito de la enseñanza, augura Jordi Llovet un porvenir aún más funesto. Las causas aducidas son, en primer lugar, las formas de transmisión del conocimiento que se generarán por efecto 66 J.Ch. Bas, L’Europe à la carte, París 2009, 49 ss. 67 Llovet, Adiós a la Universidad…, cit., 207. 68 Ibíd. 210 ss. 69 Ibíd. 300 ss. • 68 • Portada Índice Ontological-Hysteric Theater. Desde esa atalaya original y libre de prejuicios Foreman reflexiona sobre lo que él llama su “propio dilema filosófico”, que es el de un hombre perteneciente a una tradición cultural sólida, como es la occidental, pero vapuleada por sus beneficiarios84. A partir de ese hecho constata otro más penoso por más próximo, que es la pérdida de sustancia interior en “un género nuevo de ser que evoluciona bajo la presión de lo ‘disponible al instante’”85. Es la llamada cultura del ahora, aspecto de la cuestión no menos interesante, pero que dejo sólo enunciada por cuestión de tiempo86. La pérdida de sustancia o densidad personal interior es expresada por Foreman con una metáfora demoledora y gráfica, la de “tortita humana”, esto es: “Un ser que cada vez necesita contener menos del repertorio interior de denso patrimonio cultural que poseía, y que se hace más extenso y más delgado, convertido en ‘tortita humana’ a medida que nos conectamos con esa vasta red de información, a la que se nos permite acceder con sólo pulsar un botón”87. Planteado en estos términos, el tema enlaza con otro no menos fundamental para la Universidad y para el ser humano: 84 R. Foreman, “Tortitas humanas, o ‘Los dioses me están machacando el cerebro’”, cit., 265 ss. 85 Ibíd. 266. 86 Cf. Gelernter, “Va siendo hora…”, cit., 114. 87 Foreman, op. cit., 266. • 69 • Portada Índice cómo se diseñará en adelante el pensamiento, o lo que viene a ser análogo, si la mente humana encontrará rivalidad en la máquina88. El hombre universal renacentista se encontraría aquí en su elemento y nosotros con él, porque de hecho las consideraciones precedentes llevan a comprender que el ensamblaje entre aquél, nosotros y los que nos seguirán es la solidaridad ante un panorama que a veces se reviste de pesimismo o, por lo menos, se muestra inquietante. Nada más cierto a este respecto que el mensaje de confianza lanzado rotundamente por Foreman: “Sin embargo, a la postre, renace siempre, eterna, la espe ranza”89. Ella es el ideal y la actitud que estamos necesitados de reponer. Insuflará savia nueva a los ideales universitarios de siempre, esto es, actuar movidos por la vocación de enseñar y de buscar la verdad; tener como objetivo la dedicación a formar la mente, a crear pensamiento y a enseñar a crearlo; proclamar la rectitud como ideal. En estos días más que nunca tendríamos que recordar el ideal de Universidad de Maese Rodrigo: para pobres e independiente. Busquemos y transmitamos a los jóvenes el desapego a la idea de que los bienes materiales, la economía, la diversión son todo y lo primero. Contra esa ideología vacua clama Mario Vargas Llosa en una crítica fina 88 Cf. F. Schirrmacher, “La era de los informívoros”, cit., 275 ss. 89 Foreman, op. cit., 266. • 70 • Portada Índice y brillante de las manifestaciones culturales de nuestro tiempo90. Con miras interesadas por parte de quienes propugnan esa ideología, a los valores superiores, a los ideales altruistas, a las actitudes críticas, se los ha confinado en perenne año sabático. Con independencia de criterio la Universidad debe mantenerse firme y testimoniar el absurdo y el error de semejante confinamiento. Cierto es que habrá cambios –lo hemos visto– y debemos darles acogida, si se demuestran válidos. Conviene predicar así con el ejemplo y demostrar, que junto a ellos tienen también cabida formas y usos universitarios imperecederos. Tal vez todos éstos quepan o puedan quedar resumidos en aquel, por el que merece la pena romper una lanza: la transmisión del conocimiento con la presencia y con la palabra. Nunca desaparecerá, aun cuando vengan otras formas, y nunca será un evento más de performance, como se ha sugerido alguna vez91. El viejo método socrático permanecerá como manifestación prodigiosa del mito del eterno retorno, porque también lo es del de la eterna juventud. 90 M. Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, Madrid 2012, 33ss., 65 ss., 129 ss. y 199 ss. Agradezco a Arsenio Moreno que me llamara la atención sobre el libro. 91 Supra 55. • 71 • Portada Índice finaL “De todas las fuerzas humanas son las fuerzas espirituales las únicas eficaces”, decía el gran escritor francés André Maurois. Pues bien, con la vista puesta en ideales elevados, en valores superiores y en metas altruistas la Universidad tiene que adoptar actitudes claras, justas, prácticas e independientes, que la lleven a ejercer de auténtico líder ante una juventud, que pide liderazgo, y ante una sociedad, que lo necesita. La Universidad debe inspirarse en la sintonía inicial entre maestros y estudiantes, cosa que en lenguaje de hoy equivale a crear química, a perder masa de lastres desfasados para liberar energía de ideas fructíferas. Que el Curso Académico, que hoy inauguramos, marque el comienzo. Con este deseo concluyo y con la venia del Excmo. Sr. Rector Magnífico. Muchas gracias. Paradojas del desarrollo humano Curso Académico 2011-2012 Jesús Palacios González Viaje a los confines de la tabla periódica. Átomos ligeros, átomos pesados y energía nuclear Curso Académico 2010-2011 ernesto carmona Guzmán La universidad del siglo XXI en la sociedad de la comunicación y del conocimiento Curso Académico 2009-2010 manuel ánGel Vázquez medel Concepto de Botánica. Consideraciones sobre los reinos Curso Académico 2008-2009 Benito Valdés castrillón Las motivaciones de la investigación científica Curso Académico 2007-2008 manuel zamora carranza Palabras y silencios Curso Académico 2006-2007 Francisco García tortosa Ruptura vanguardista, desintegración y nostalgia del Arte Curso Académico 2005-2006 emilio Gómez Piñol Globalización y orden internacional Curso Académico 2004-2005 Juan antonio carrillo salcedo El proceso de integración de España en la Unión Europea y en la Unión Económica y Monetaria Europea (UEME) Curso Académico 2003-2004 camilo leBón Fernández La ingeniería aeronáutica en la Universidad de Sevilla Curso Académico 2002-2003 antonio Barrero riPoll Cambios y conocimiento Curso Académico 2001-2002 raFael lóPez Polanco La imagen médica del cuerpo humano Curso Académico 2000-2001 Juan ramón zaraGoza ruriBa De nuevo, la lección primera. Sobre el concepto de la asignatura Curso académico 1999-2000 manuel oliVencia ruiz La ruptura educativa. De la mundialización a la localización en la acción educativa Curso académico 1998-1999 luis núñez cuBero Elogio de la radicalidad Curso académico 1997-1998 José VillaloBos Las emociones cotidianas: De la biología a la psicología social Curso académico 1996-1997 silVerio BarriGa Jiménez La insulina: De la biología a la patología molecular Curso académico 1995-1996 raimundo GoBerna ortiz Un problema clásico. El número Π Curso académico 1994-1995 José cortés GalleGo La litografía, ayer y hoy Curso académico 1993-1994 miGuel Gutiérrez Fernández LECCIONES INAUGURALES DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA Para ir al libro pulsar en la línea ☞ Catálogo completo de nuestras publicaciones en la página web <http://www.publius.us.es> Portada Índice