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© SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 LA EDUCACIÓN A LO LARGO DE TODA LA VIDA. LA FORMACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES The education during all the life. The formation of the elderly people José Manuel CAMACHO HERRERA* Universidad de Sevilla RESUMEN: En la actualidad la población esta envejeciendo de forma acelerada debido al descenso de la natalidad y al aumento progresivo de la esperanza de vida. Se le podría añadir a estos factores el hecho de la reducción en la vida laboral, lo que provoca que la persona entre, en la mayoría de los casos, en un periodo de inactividad prolongado. Nuestra sociedad ha de estar preparada para estos cambios y actuar en consecuencia mediante una intervención integral haciendo hincapié en el aspecto socioeducativo. Se deben dar respuestas a estas necesidades desde iniciativas públicas y privadas a través de la integración, el aprovechamiento del tiempo libre, el mantenimiento físico, la animación sociocultural, la asistencia personalizada, la educación para la salud, etc. Por ello, la acción formativa con las personas mayores ha de convertirse en el motor que transforme sus vidas y, también, la sociedad en general. Palabras clave: Personas mayores, educación permanente, formación, animación sociocultural, trabajo comunitario. SUMMARY: In the actuality the population is getting age very quickly due to the decrease of the birthrate and the progressive increase of the life expectancy. Morever, we can add at these elements the reduction of the worklife, generating in the person to begin, in the majority of cases, a long period without activity. Our society must be prepared for this changes and acting by means of a complete intervention, specially in the socioeducative aspect. We have to give answers at these necessities from public and private intiatives through the integration, making good use to the free time, maintenance of the body, education for the health, etc. For these reasons, the formative action with elderly people have became in the motor for transforming their lifes and the society. Keywords: Elderly people, permanent education, formation, sociocultural animation, community work. *Autor para correspondencia: José Manuel Camacho Herrera. Licenciado en Pedagogía. Departamento de Teoría e Historia de la Educación y Pedagogía Social. Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. C/ Camilo José Cela s/n 41018 Sevilla (España). E-mail: [email protected]
José Manuel Camacho Herrera © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 240 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 Introducción La educación es un proceso que dura toda la vida, iniciándose en la más tierna infancia y finalizando cuando el ser humano culmina sus días. Pero, existe una etapa de la vida en la que las personas disponen de bastante tiempo que podrían dedicar a la formación y a la capacitación. Este periodo de la vida en el que el tiempo libre configura gran parte de la existencia y que permite la realización de toda una serie de actividades que se han venido postergando para cuando hubiese tiempo, es lo que conocemos con diferentes términos tales como vejez, ancianidad, tercera edad, etc. Las personas que están en esta etapa de la vida, también reciben diferentes apelativos, tales como viejos, ancianos o personas mayores, que precisamente es el término que más se está utilizando en estos momentos con mayor asiduidad. Ha sido la UNESCO la que en diferentes conferencias internacionales ha ido profundizando sobre las diferentes conceptualizaciones que debe tener una educación que se prolongue a lo largo de toda la vida de las personas. Desde la denominación de educación permanente, que abarca todas las facetas y ámbitos de la educación, hasta la denominación más actual de educación para toda la vida y que se ha consolidado con el Informe Delors de 1997. Es evidente, que con el paso del tiempo, la educación ha ido transformando sus perspectivas y ha dejado de ser una función destinada a preparar a los individuos para la vida y ha pasado a ser una constante en la evolución de las personas durante toda su existencia. Las personas mayores disponen de mucho tiempo, el cual pueden dedicar en gran medida a la formación y a llevar a cabo tareas o actividades gratificantes que les compensen humana y espiritualmente. Si entendemos la educación, como indican García y Sánchez (1998), como inversión y como consumo, podemos ver que en el ámbito de los mayores ésta se escora hacia el consumo. Desde el punto de vista de la inversión, la educación prepara a los individuos para entrar en la población activa y dotarle de aquellas capacidades que necesita para tal propósito. Pero, desde el enfoque del consumo, la educación no tiene una finalidad productiva, sino sólo el objeto de proporcionar una satisfacción a las necesidades y carencias superiores del ser humano, como las ansias de conocer, la contemplación estética... En estos últimos años, como comenta Del Campo (2000), estamos asistiendo a fenómenos formativos en los que las personas mayores participan con gran entusiasmo. Desde los centros de educación de personas adultas, en los que una gran parte del alumnado está compuesto por personas mayores, hasta iniciativas universitarias como el aula de la experiencia que acoge a un nutrido grupo de personas mayores de cincuenta y cinco años. Todos trabajan por mejorar su formación y por incrementar sus conocimientos, en la tarea inacabada de la perfección humana que se va configurando, en la medida en la que contribuimos a la misma con aportaciones educativas que engrandecen la mente y el espíritu. En palabras de Del Riego y González (2002), las personas mayores que participan en actividades formativas, ya sean regladas o insertas en el marco de la educación no formal, van descubriendo cada día que existen multitud de cosas que merece la pena aprender y conocer y, sobre todo reflexionar sobre las mismas
La educación a lo largo de toda la vida… © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 241 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 y sobre la propia existencia. Porque las personas mayores mediante estas actividades olvidan, en cierta medida, esa relativa comodidad que algunas les embarga y ese achacar a determinadas dolencias la inactividad física o académica. Superar estas situaciones convierte en sujetos alegres y vitales a estas personas mayores que ya empiezan a redescubrir el sentido de este periodo de sus vidas y darle el valor que tiene, alejándose de los prototipos que defiende una cultura excesivamente dominada por diferentes mitos entre ellos el de la productividad y el de la fuerza física y la juventud. I. La vejez a lo largo de la historia Las personas mayores a lo largo de la historia han tenido diferentes papeles sociales, dependiendo de los pueblos a los que hayan pertenecido. En relación con culturas primitivas que han coexistido con las civilizaciones más avanzadas, hasta casi nuestros días, los únicos datos que tenemos son los que han aportado los antropólogos, en los estudios que han venido realizando durante los últimos cien años. Pero, en cualquier caso, los medios de subsistencia, los alimentos y la capacidad para el trabajo han sido elementos fundamentales para un determinado comportamiento respecto a las personas mayores, por parte de los grupos más jóvenes. Por poner varios ejemplos, y siguiendo las aportaciones de Casals (1982: 8), podemos señalar que los yakutas de Siberia tenían gran respeto hacia los mayores y éstos poseían todas las riquezas y propiedades, ejerciendo sobre los hijos un control absoluto y una autoridad sin discusión alguna, pero en cuanto empezaban a tener signos de debilidad, eran los hijos los que se apropiaban de todo y, en ocasiones, los dejaban morir o, bien, los convertían en esclavos. Para evitar esta ignominia, los propios ancianos solicitaban la muerte a través de arma blanca. Los fang de Gabón, eran un pueblo migratorio y durante sus periplos de trashumancia abandonaban a su suerte a los ancianos, los cuales aceptaban su destino o pedían ser quemados vivos. En otras culturas se hacían ceremoniales, a través de los cuales los más viejos abandonaban este mundo mediante su consentimiento o fingiendo que lo otorgaban. En este sentido los chunkees de la zona litoral de Siberia celebraban una fiesta de despedida con sus ancianos, con un gran ceremonial y profusión de diferentes ritos. En el transcurso de este acto el hijo mayor del anciano lo estrangulaba con una espina de foca. También el pueblo ojibwas de América del Norte consideraba que los ancianos tenían grandes poderes y que estaban en posesión de saberes mágicos, pero cuando la salud se deterioraba o por cualquier circunstancia eran repudiados por su familia o por la tribu, se les asesinaba con un golpe de tomahawk. En otras culturas, en las que los medios de subsistencia también eran muy escasos los ancianos eran muy respetados y valorados y no se les abandonaba en sus últimos días. En este sentido, los yaganes de la Tierra del Fuego constituían un pueblo muy arcaico, pero tenían un gran amor hacia los mayores, a los cuales se les trataba con gran respeto y se les entregaban los mejores alimentos que había en
José Manuel Camacho Herrera © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 242 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 la tribu. Situaciones parecidas se producían entre los aleutianos que tenían una población anciana muy favorecida. Una de las sociedades que más respetaba la vejez y en la que ser anciano era un privilegio, era la antigua china. Según las normas dictadas por Confucio el varón más viejo era el que dictaminaba en el seno familiar y la mujer anciana vivía su mejor edad, porque era en ese momento cuando mandaba sobre todas las mujeres de la casa. Incluso muchas personas intentaban aparentar más edad de la que tenían para ser más respetados y honrados por los demás. Entre el antiguo pueblo hebreo se respetaba mucho la vejez públicamente, pero después en la vida cotidiana no era una etapa de la vida a la que se quisiera llegar, e incluso en el libro del Eclesiastés, capítulo 12, versículos del 1-8, se realza la juventud y se humilla la vejez. En el antiguo mundo heleno se le daba un tratamiento muy favorecedor a los ancianos de manera oficial, pero realmente esto no era así y la vejez era una etapa de la vida que se aborrecía, porque durante la misma las personas perdían la posibilidad de acceder a los placeres de la vida, el amor, el vino... Aunque Platón consideraba que el cuerpo era sólo una apariencia y lo importante era el alma, con lo cual le otorgaba una gran relevancia a la vejez, ya que durante la misma las personas tenían más conocimientos y se podían acercar a la verdad. En Roma, a medida que se consolidaban sus instituciones, se le fue otorgando mayor poder y reconocimiento a los ancianos. Por ejemplo, el pater familias tenía un gran poder y en la familia, como en el Senado, los viejos eran los primeros. Pero, en la cultura y costumbres populares la vejez era denostada y mancillada, al igual que en Grecia. Las mujeres cuando llegaban a viejas tenían muy poca relevancia en la sociedad romana. Durante la Edad Media, la situación de la vejez empeoró en Occidente, porque los diferentes pueblos que invadieron Europa eran guerreros y como tales despreciaban la vejez. Además, las difíciles condiciones de vida permitían a muy pocos llegar a viejos. Los viejos estaban excluidos de la vida pública, eran los jóvenes los que mandaban y controlaban la sociedad. En el período de la Alta Edad Media, se dieron excepciones en este terreno, puesto que personajes como Carlomagno, que vivió setenta y dos años, acumuló mucho poder hasta su muerte, pero incluso los papas solían ser jóvenes como los casos de Benito IX que accedió al papado con doce años o Juan XII que lo hizo con dieciséis años. Durante la Baja Edad Media, el padre de familia no conservaba la autoridad al envejecer, el poder familiar pasaba al hijo mayor que lo desplazaba. En muchas ocasiones los hijos dejaban los hogares paternos y se trasladaban a los burgos, con lo cual los padres quedaban abandonados, porque ya no tenían fuerzas para trabajar y eran socorridos por los señores feudales o instalados en los asilos y en las ciudades los atendían su gremio o su cofradía religiosa, en cualquier caso, las ayudas que se les otorgaban eran míseras y los viejos se convertían prácticamente en mendigos, que casi siempre morían en la más absoluta pobreza y abandono. En el Renacimiento y los albores de la Edad Moderna, se produce un incremento de la burguesía y la aparición de un capitalismo emergente que otorga más relevancia a los contratos y a las escrituras comerciales que a las armas, con lo
La educación a lo largo de toda la vida… © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 243 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 cual las personas mayores adquieren relevancia y poder, pero claro está, siempre que tuvieran dinero o posesiones. Pero, poco a poco, se fueron imponiendo algunas normas y directrices que favorecían el respeto a los mayores. En este sentido, empezaba a considerarse que una vida juiciosa y llevada con talento, permitía llegar a una apacible vejez. Incluso el papado, empujado por la contrarreforma empezó a adoptar costumbres más austeras y se empezaron a elegir papas ancianos que llevaran adelante los designios de la Iglesia. Sin embargo, las personas mayores que disponían de escasos medios económicos, aunque se las respetaba un poco más, vivían de forma mísera y acababan sus días de forma muy triste. A partir de la Revolución Industrial, durante los siglos XVIII y XIX, se incrementan las medidas sanitarias, higiénicas y se mejora la alimentación con lo cual la vida se va alargando progresivamente y la población mundial aumenta. Pero, estas incipientes ventajas de los nuevos tiempos no afectan a todos por igual, sobre todo benefician a las clases más adineradas, puesto que los viejos de las clases populares siguen en un ostracismo y una miseria que no se atenúa con el paso del tiempo. En el ámbito burgués la experiencia era un valor y por tanto, la vejez constituía una etapa reconocida y valorada. El enemigo no estaba en la familia, sino en otras clases sociales, con lo cual todos los miembros de la casa se unían y las figuras de los abuelos ocupaban un lugar preeminente. Respecto a la clase obrera, las condiciones de vida y trabajo eran muy rudas, por lo cual, los jóvenes y adultos proletarios trabajaban durante jornadas interminables y muchos de ellos morían prematuramente. Por este motivo, había pocos viejos entre los miembros de las clases sociales más desfavorecidas, pero los que había vivían míseramente y su subsistencia dependía de los escasísimos recursos que podían aportarles su propia familia y de la beneficencia que obtenían de las clases adineradas, que mediante estas obras de caridad acallaban sus conciencias y trabajaban para ocupar un lugar de privilegio en el más allá debido a sus actos caritativos con los pobres. Más tarde, fue el propio Estado, como benefactor, el que se hizo cargo de las personas mayores de las clases desfavorecidas, no sin antes haberse producido enormes movilizaciones y luchas por parte de los trabajadores, para intentar consolidar unos derechos sociales que en los primeros tiempos de la Revolución Industrial no tenían. Durante el siglo XX las condiciones de vida de las personas mayores han ido mejorando ostensiblemente en el mundo occidental y en las demás culturas han ido evolucionando hacia formas más cercanas a este modelo globalizado que se expande desde la óptica desarrollada. No obstante, todavía quedan muchos lugares en el mundo en los que las personas mayores están totalmente abandonadas y viven en la misería más extrema. En los países desarrollados esto no es así, es decir no existe un abandono absoluto de las personas mayores, pero en las estadísticas de la pobreza, una parte muy significativa de las personas mayores se encuentra en el umbral de la misma y bastantes por debajo de los índices de subsistencia. En la actualidad y siguiendo a Gil (2003), es preciso resolver diferentes problemas que afectan a las condiciones de vida mínimas para poder sobrevivir. En este sentido, el poder adquisitivo de las pensiones cada vez es menor, porque la carestía de los precios impide que las pensiones se adapten al
José Manuel Camacho Herrera © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 244 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 ritmo de incremento de los mismos. En otro orden de cosas, muchas personas mayores están viviendo en grados de pobreza considerables, porque con sus pensiones están manteniendo a hijos o nietos que se encuentran desempleados y que utilizan la pensión de la abuela como único ingreso económico que permite la subsistencia familiar. Además, en los inicios de este nuevo milenio se nos está diciendo a los adultos, desde todas las instancias financieras y económicas, que con las aportaciones que podamos recibir durante nuestra jubilación por parte de la seguridad social, no vamos a poder subsistir, con lo cual es necesario prever nuestra situación futura mediante la contratación de planes de pensiones, que por cierto, nos van descontando partes relevantes de nuestros sueldos actuales, para una hipotética mejora en nuestra jubilación. Respecto a la consideración de la vejez en nuestros días como dice Hesse (2001), nos encontramos con una sociedad en la que se valora la juventud, la fuerza y el vigor y en la que todos queremos parecer más jóvenes y más fuertes y saludables. Los valores de la vejez no son tenidos en cuenta, sino en gran parte de los casos olvidados y hasta denostados. Pero, debido a los avances en la nutrición y en las ciencias de la salud, la vida se ha alargado considerablemente, con lo cual la esperanza de vida en nuestro país supera con creces los setenta años para los hombres y algunos más para las mujeres. Este nuevo período prolongado en el que se va ubicando una gran parte de la población, está planteando problemas de diferente signo a la sociedad, uno de ellos es la necesidad de formarse en esta etapa que en algunos casos puede ser bastante prolongada. Con este artículo trataremos de ofrecer algunas respuestas a los problemas y necesidades de la formación de las personas mayores. II. Situación sociológica de las personas mayores En muchas ocasiones, a la sociedad no le interesa conocer la situación o el destino de las personas mayores y, a veces, hasta trata de separarlas de ella, intentando, de este modo, aislar sus problemas de los del resto de la misma, pero estos intentos son baldíos, porque todos estamos dentro del mismo barco y la singladura hay que llevarla a cabo conjuntamente. Si como ciudadanos entendemos que todos estamos inmersos en una problemática que abarca a todos los sectores sociales, sólo que a unos les afectan los problemas de una manera y a otros de otra, habremos adelantado bastante camino en el entendimiento intergeneracional y estas reflexiones nos conducirán inexorablemente a plantearnos las carencias y necesidades de los diferentes sectores sociales de forma coherente y a tener un sentido crítico de todo el devenir de nuestra sociedad. Sin embargo, es evidente también que la etapa de la vejez se tiende a olvidar y a solapar, porque es en esos momentos cuando los seres humanos tienen que enfrentarse más claramente con problemas vitales, los cuales se pueden presentar en cualquier período de la vida, pero son más claros y acuciantes
La educación a lo largo de toda la vida… © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 245 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 durante la vejez y estas situaciones angustian a los sujetos y, en muchas ocasiones, no queremos enfrentarnos a las mismas, sino dejarlas pasar y olvidarlas. Una de las primeras acciones que ha realizado la sociedad para con sus mayores ha sido otorgarles el nombre de ancianos o viejos. Pero, como indica Hesse (2001), la vejez constituye un hecho social y no sólo biológico. Pertenecen a este grupo los sujetos que la sociedad denomina de este modo, independientemente de que tengan cuarenta, cincuenta, sesenta o más años y este estigma está más claro en la actualidad que nunca antes a través del tiempo. Además, mediante el sistema de producción capitalista se ha conformado la situación de jubilación y a través de ésta la división de las personas adultas en dos colectivos claramente diferenciados, los que tienen una actividad productiva y los que no la ejercen. De este modo, las personas productivas parece que son más útiles que los que no lo son, lo cual demuestra que nos seguimos encontrando en un sistema social muy maniqueo. Como hemos mencionado en el apartado anterior los valores de la juventud, la fuerza, la agresividad, la productividad, la celeridad, constituyen los valores que están en la cima de la escala de valores y, por tanto, las personas mayores ya no tienen espacio en una sociedad como esta, puesto que lo que pueden ofrecer es madurez, experiencia y estos valores no se encuentran actualmente en alza. Las sociedades occidentales están envejeciendo rápidamente, pero son los propios sectores sociales los que están relegando al ostracismo a una gran parte de la población, los mayores. Según Iborra (2005), los adultos que dirigen la sociedad están marginando a las personas mayores, sin considerar siquiera que ellos mismos van a ser mayores pasados veinte años. Pero, esto no es más que la medida de que la sociedad se desarrolla en base a unos intereses y valores que favorecen sólo a los sectores dominantes y, evidentemente, a los mismos no les afectan los problemas de jubilación o de la pensión mínima. Ante esta situación se van desarrollando en diferentes países servicios sociales especializados destinados a las personas mayores que están cubiertos por el Estado. Pero, en nuestro país estos servicios aún no se encuentran muy desarrollados y las personas que viven solas o están incapacitadas para desenvolverse en su propia casa, no se encuentran atendidas convenientemente. Una opción es el ingreso en residencias asistidas, pero son de mejor o peor calidad en su funcionamiento, asistencia y coberturas en relación al poder adquisitivo de sus miembros, en la medida que esta capacidad económica es escasa, estos centros ofrecen múltiples problemas para su ingreso. Por otro lado, como señala Belando (2000), existen grupos de personas muy avispadas que han visto en este sector de la población una forma de realizar negocios muy lucrativos y fundan residencias o centros de asistencia de dudosa legalidad y escasa credibilidad en cuanto a la atención que prestan a estos ciudadanos, a los cuales les han controlado sus cuentas corrientes o les han obligado sibilinamente, y a veces por la fuerza, a entregar unos fondos económicos para su mantenimiento. Una propuesta que desde hace años se viene desarrollando en países del norte de Europa y que en el nuestro todavía no ha calado suficientemente, es la ayuda a domicilio. Cuando la misma se realiza a través de los servicios sociales comunitarios municipales, el grado de atención varía dependiendo del interés que
José Manuel Camacho Herrera © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 246 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 otorgue el ayuntamiento en cuestión al trabajo con las personas mayores, pero, en general, estos servicios suelen ser muy deficitarios. A menos que intervenga la iniciativa privada y sea la propia familia la que, a cargo de su economía, ponga los medios necesarios para la atención de sus mayores. En este sentido, también hay que ser críticos con los servicios que presta el sistema social. Porque al igual que está normalizado el servicio de asistencia sanitaria, lo tendría que estar el servicio social dedicado a las personas mayores que, generalmente, brilla por su ausencia. Las personas mayores de nuestro país están cargando con las consecuencias negativas de la vejez, ya que las vidas de las mismas han sido muy duras al tener que soportar interminables jornadas de trabajo para tratar de levantar a un país que había sido devastado por la guerra, unas condiciones de vida terribles y una posguerra extremadamente larga y penosa. Además, y como argumenta Gil (2003), ahora llegan al último tramo de sus vidas y lo que se encuentran es con marginación social y una penuria económica galopante. Estamos en un contexto social en el que las personas mayores no han creado la jubilación, ni la pensión mínima, ni la marginación, ni el ostracismo, pero es precisamente eso lo que están recibiendo. Por otro lado, la articulación asociativa de las personas mayores todavía es muy escasa, debido sobre todo a los largos años de sometimiento y a no detentar una cultura asociativa, sino todo lo contrario que es lo que vivieron. Ahora bien, el día que las personas mayores sean capaces de articular un movimiento social de envergadura, podrán decidir muchas cuestiones que ahora se les niegan, porque el colectivo humano al que representarían sería de varios millones de personas y eso tiene mucha fuerza, sobre todo electoral y puede incidir de forma radical en la orientación del partido que gobierne en el país. En otros aspectos sociológicos las personas mayores han tenido que soportar duros embates a sus formas de pensar, de sentir, a sus costumbres, a su estilo de organización familiar y, todo ello, debido a los cambios que se van generando constantemente en la sociedad. Casi nadie valora el tremendo esfuerzo de adaptación que han realizado durante los últimos decenios del siglo XX, ante una sociedad en continuo cambio y evolución y las renuncias que han tenido que hacer de todo su estilo de vida y sus tradiciones. Desde el punto de vista sociológico, todos los ciudadanos que configuran la realidad son miembros de la misma y, en este caso, las personas mayores también. Pero, los jóvenes y adultos deben reflexionar sobre la situación de las personas mayores y articular mecanismos, en los que también participen éstos últimos, para que las condiciones de vida de este numeroso colectivo de ciudadanos sea aceptable y la propia sociedad se vertebre, de forma que la madurez y la experiencia constituyan soportes básicos de la misma y no sólo el vigor y la juventud. Todos podemos aportar bastante al devenir de nuestra sociedad, cada uno desde sus potencialidades y con sus acciones y reflexiones, sin marginar a ningún colectivo humano en razón de su edad, ni por supuesto, por otras razones, género, color de la piel, etc.
La educación a lo largo de toda la vida… © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 247 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 III. La acción socioeducativa en las personas mayores Los programas de acción socioeducativa con personas mayores implican la distribución y el diseño de experiencia y del propio sistema educativo durante esta etapa de la vida, pero, a la vez, supone la redistribución de la educación a lo largo de toda la existencia del individuo. Sólo, de este modo, será eficaz para aquellas personas que lleguen a este momento de la vida. Por otro lado, los beneficiarios de un determinado programa no es necesario que sean sólo aquellos a los que va dirigido, sino que otros miembros de la comunidad también se pueden beneficiar del mismo. Esta acción socioeducativa con las personas mayores pretende posibilitar la participación de este colectivo en las diversas instituciones, organismos y entidades que no sólo afecten a su problemática, sino también a todos aquellos que incrementen la democratización de la sociedad. Además, a través de estos procesos educativos se ponen en marcha mecanismos que favorecen el desarrollo social y cultural de este colectivo que es cada vez más amplio y significativo. Es necesario considerar que la preocupación y las acciones sociales dirigidas hacia determinados colectivos conllevan una lógica histórica y social bastante concreta y determinada. De este modo, en nuestro país la programación de acciones tendentes a mejorar las condiciones de vida de las personas mayores, se inició a partir de 1960, puesto que el despegue económico favoreció la institucionalización progresiva del sistema de pensiones. Sin embargo, una segunda fase de acciones concretas hacia este colectivo se produjo con la aprobación de la Constitución en 1978 y, sobre todo, con la configuración, a partir de 1979, de los ayuntamientos democráticos y de las comunidades autónomas. A partir de 1980 se inicia el trabajo de conformación de los servicios sociales que generan diferentes programas de atención y promoción social, como el de ayuda a domicilio, se construyen centros de día, se reconvierten las grandes residencias para personas mayores tradicionales y se inicia una política de apertura de centros culturales y recreativos destinados a este colectivo social. Además, a todo esto hay que añadir el inicio del camino para generalizar las pensiones no contributivas. Una tercera fase de acciones tendentes a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores se inicia en 1990 con la implantación de los planes gerontológicos a nivel nacional y autonómico que tienen un carácter global e integrador y que poco a poco van posibilitando una nueva política y actitud hacia este grupo social. Se ponen en marcha acciones que propicien una mayor proyección social de este segmento de la población, impidiendo la exclusión del mismo de la dinámica social y facilitando su inclusión comunitaria de una manera activa y participativa. Se trata como comenta Grande (2002), de que las personas mayores se sientan inmersas dentro de su comunidad, en el tejido social de la misma y que sean protagonistas de su presente y de su futuro en todos aquellos apartados que la vida social, cultural y recreativa les ofrece. La formación en esta etapa de la vida constituye un elemento básico para el desarrollo de la misma. Pero, la puesta en marcha de programas de formación requiere de un personal muy profesionalizado y bien formado, para trabajar en este ámbito. Sería preciso poner en marcha programas dirigidos a toda la
José Manuel Camacho Herrera © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 254 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 que repercutirá de importante manera en el activo papel que ocupará la educación informal, que será el perfecto complemento del ámbito escolar en la formación integral del individuo y más concretamente del adulto. El ocio ha de convertirse en el campo de cultivo, donde se lleven a cabo todo tipo de actividades dirigidas a la formación con las personas mayores, ya que es la mejor variable espacio-temporal donde se puede desenvolver un aprendizaje funcional en estas edades. El componente pedagógico que contiene la educación permanente la convierte en el mejor exponente para comprender la situación de este colectivo y las acciones que con ellos se realizan. El diálogo entre los educadores y los mayores en esta intervención socioeducativa, constituye el inicio de una auténtica simbiosis entre ambas partes. El grupo junto con el educador acordarán la elaboración del programa formativo, eligiendo los contenidos que se deben tratar y a las metas a las que se quiere llegar. Bajo estas consignas el proceso educativo se convertirá en un “juego útil”, donde el divertimento tendrá el trasfondo de la formación continua y permanente. Dejemos que los mayores expriman al máximo su tiempo, no tirándolo por la borda en una simple partida de dominó o petanca. Bibliografía Ander-Egg, E. (1988). Metodología del trabajo social. México: Ateneo. Amoss, P.T. y Harrel, S. (1981). Other ways of growing old antropological perspectives. California: Stanford University Press. Belando, M. (2000). Educación y vejez social: ámbitos y propuestas de intervención. Barcelona: Promociones y publicaciones universitarias. Casals, I. (1982). Sociología de la ancianidad. Madrid: Mezquita. Del Campo, Mª. E. (2000). Dificultades de aprendizaje y tercera edad. Madrid: UNED. Del Riego, Mª.L. y González, B. (2002). El mantenimiento físico de las personas mayores: diversos planteamientos. Sevilla: Inde. García, J. y Sánchez, A. (1998). Un modelo de educación en los mayores: la interactividad. Madrid: Dykinson. Gil, E. (2003). El poder gris: una nueva forma de entender la vejez. Barcelona: Mondadori. Grande, I. (2002). El consumo de la tercera edad. Madrid: ESIC Hesse, H. (2001). Elogio a la vejez. Barcelona: Muchnik. Iborra, I. (2005). Violencia contra personas mayores. Barcelona: Ariel. Justel, M. (1983). Los viejos y la política. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas. King, A. y Schneider, B. (1992). La primera revolución global. Barcelona: Círculo de lectores. Lara, R.M. (1991). Voluntariado de ayuda a domicilio. Documentación Social, 86, 45- 58. March, M. X. y Orte, C. (1995). Una propuesta de intervención socioeducativa de carácter territorial para la tercera edad. Pedagogía Social, 12, 55-68. Marchioni, M. (1988). Del sistema educativo tradicional a la animación sociocultural: lecciones de la experiencia internacional. En VV.AA., Una
La educación a lo largo de toda la vida… © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE SEVILLA 255 Cuestiones Pedagógicas, 18, 2006/2007, pp 239-255 educación para el desarrollo: la animación sociocultural (pp.128-143). Madrid: Fundación Banco Exterior. Rappaport, D. (1977). The theory of the ego autonomy: a generalization. Bulletin of the menninger clinic, 13, 35. Reese, H.W. y Overton, W.F. (1980). Models methods and ethics of intervention. En Turner, R.R. y Reese, H.W. (Eds.), Life-span developmental psychology: intervention (pp.72-93). New York: Academic Press. Sáez, J. (1997). La tercera edad y animación sociocultural. Madrid: Dykinson.