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La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las Ejecutorias de Hidalguía

Marchena Hidalgo, Rosario

Abstract

En la fototeca del Laboratorio de Arte hay una serie de fotografías de Ejecutorias de Hidalguía que abarcan desde el siglo XVI hasta los primeros años del XVIII. A través de sus imágenes se puede seguir el desarrollo del estilo y de la temática de la iluminación de este tipo de documentos.

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La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 125 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 LA ILUMINACIÓN AL SERVICIO DEL ESTAMENTO PRIVILEGIADO: LAS EJECUTORIAS DE HIDALGUÍA THE ILUMINATION IN THE SERVICE OF PRIVILEGED CLASS: THE TITLES OF NOBILITY Por rosario marCHena Hidalgo Universidad de Sevilla, España En la fototeca del Laboratorio de Arte hay una serie de fotografías de Ejecutorias de Hidalguía que abarcan desde el siglo XVI hasta los primeros años del XVIII. A través de sus imágenes se puede seguir el desarrollo del estilo y de la temática de la iluminación de este tipo de documentos. palabras clave: iluminación, Ejecutorias de Hidalguía, escudos nobiliarios, Santiago Matamoros, retratos reales. The Picture Library of the Department of Art History of the Universiy of Seville has a series of Titles of Nobility from the XVIth century to the first years of the XVIIIth century. Through its images you can follow the devolepment of the style and the subjects of the illumination of these documents. Keywords: Ilumination, Titles of Nobility, coats of arms, Santiago Matamoros, Royal Portraits. Las ejecutorias de hidalguía son documentos públicos emitidos por las chancillerías de Valladolid o Granada, en las que se centraliza la actividad burocrática de Castilla, a petición de alguien que pretende que se le reconozca su condición de hidalgo. Esta petición viene forzada, con bastante frecuencia, porque el cabildo municipal en el que reside pretende cobrarle impuestos. El pretendido hidalgo reacciona llevando su caso ante los tribunales competentes, las Salas de los Hijosdalgo, ante la que declara sus apellidos, los de sus padres y abuelos y los solares familiares, presentado testigos que dan fe de la veracidad de estos datos. No siempre los datos que se aportan son reales ni los testigos dicen la verdad pero es un trámite obligado para obtener este documen- to cuya venta fue relativamente frecuente a partir de la segunda mitad del siglo XVI. Efectivamente, todo el proceso descrito supone la defensa de unos intereses económicos que afectan, en primer lugar al pretendido hidalgo que defiende el reconocimiento de su grado de nobleza pero, sobre todo, el beneficio de no pagar pechos el resto de su vida y las de sus descendientes. Afectados también desde el punto de vista económico están los municipios que dejan de percibir los impuestos de una parte de los habitantes de la Rosario Marchena Hidalgo 126 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 ciudad y los pecheros sobre los que caen las cargas fiscales de las que se ha eximido a los hidalgos. Por último, las arcas reales, alivian su desfallecida situación económica vendiendo algunas hidalguías y los burócratas de las chancillerías de Valladolid y Granada ven incrementados sus ingresos con los pleitos que conducen a la obtención de estos documentos. Tradicionalmente las ejecutorias de hidalguía han sido miradas con desinterés y hasta con desprecio pues el mismo Domínguez Bordona emplea durísimas palabras negando su valor artístico y diciendo que se puede prescindir de ellas1 aun admitiendo su corrección y valor histórico2. A la escasa valoración que se ha hecho de estos documentos se suma la dificultad de un estudio de conjunto debido, por una parte, a su altísimo número y, por otra, al hecho de que se encuentren repartidos no solo por organismos públicos como museos, archivos y bibliotecas sino por colecciones privadas de difícil acceso. Por ello los únicos estudios llevados a cabo hasta la fecha han incidido solo en focos locales o regionales, o han estado basados en el análisis de colecciones concretas. Los más importantes han sido los de Martín González a partir de los archivos vallisoletanos, los de Juana Hidalgo sobre los fondos existentes en la provincia de Jaén y en la Biblioteca Lázaro Galdiano y los de Rosario Marchena sobre Sevilla3. Pese a todo lo dicho, lentamente se van abriendo camino algunos estudios sobre estos documentos iluminados y más lentamente todavía empiezan a aparecer en algunas exposiciones. En este sentido fue verdaderamente importante el esfuerzo realizado durante la Exposición Iberoamericana de 1929 en la que se mostraron en el Museo del Libro, situado en la Plaza de España, en el Palacio de Bellas Artes y, principalmente, en el Palacio Mudéjar, un gran número de ejecutorias de hidalguía, títulos de nobleza y algunos otros documentos iluminados como libros de coro o privilegios rodados. Fue una buena ocasión para dar a conocer la abundancia, la riqueza y el valor artístico de sus miniaturas, de difícil consulta al estar buena parte de ellas en manos de particulares. Desgraciadamente los catálogos de estas exposiciones de Arte Antiguo4 no siempre recogen los datos relativos a estos documentos como el lugar de expedición, el año y el nombre del peticionario aunque sí el del expositor. Por fortuna esta oportunidad, única porque no se volvió a repetir, fue aprovechada por el Laboratorio de Arte de la Facultad de Geografía e Historia para fotografíar un buen número de ellos. Nunca más se volvieron a mostrar en Sevilla tan gran número de documentos iluminados pero un par de ellos se vieron en la exposición Sevilla en el siglo XVII celebrada entre 1 DOMÍNGUEZ BORDONA, Jesús: Códices miniados españoles. Madrid, 1929, pág. 141. 2 IDEM: Miniatura, tomo XVIII de Ars Hispaniae. Madrid, 1962, pág. 241. 3 DOCAMPO, Javier: “Arte para una sociedad estamental: La iluminación de documentos en la España de los Austria” en El documento pintado. Cinco siglos de arte en manuscritos. Madrid, 2000, págs. 45-66. 4 Exposición Ibero-americana. Sevilla 1929-1930. El Libro español a través de los siglos. Barcelona, 1929. Exposición Ibero-americana 1929-1930. Catálogo de la Sección de Arte Antiguo. Palacio Mudéjar, s/l, s/f. Exposición Ibero-americana.Catálogo del Palacio de Bellas Artes. Arte Antiguo. Sevilla, 1930 La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 127 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 diciembre de 1983 y enero de 19845. El gran esfuerzo para dar a conocer las ejecutorias de hidalguía junto a otros tipos de documentos iluminados se realizó en Madrid en el año 2000 en una exposición, El documento pintado. Cinco siglos de arte en manuscritos, del Museo del Prado. En ella quedó de manifiesto el número, la variedad, tipología y riqueza de estas joyas sobre pergamino. En 1929 no fue la primera vez que el Laboratorio de Arte se interesó por recoger imágenes de ejecutorias de hidalguía pues los fotógrafos C. Sanz Arismendi en 1917 y José María González Nandín y Paul en 1924 ya habían captado las que eran propiedad de Miguel Bago y quintanilla. Gracias a estas actuaciones que muestran la gran sensibilidad de quienes, comandados por Murillo Herrera, formaban parte de la institución hoy sus fondos se engrosan con fotografías inéditas que pueden aportar mucho al estudio de la iluminación de estos documentos porque, junto a las imágenes, aparecen, no con toda la frecuencia deseada, los años de emisión, los nombres de los peticionarios y los de los propietarios expositores. Las ejecutorias de Luis de quintanilla, Alonso Moreno de Alba de 1600, Alonso de Cotrina y su hijo Juan Alonso de 1604, Rodrigo Bernabé de quintanilla de 1612, Antonio Calderón y Juan González Francisco propiedad todas ellas de Miguel Bago y quintanilla, investigador ligado al Laboratorio de Arte, fueron fotografiadas en 1917 y 1924. Las Ejecutorias de Pedro Muñoz de 1549 (propiedad el Conde de Cenete), de Hernando de Vallarroel de 1552 (propiedad de Isidoro de la Barrera Caro), de Álvaro de Salazar de 1569 (propiedad de Carlos Salazar), de Miguel Martínez de Jaúregui de 1581, de Alonso Fernández de Valdespino de 1587, de Pedro López Maldonado Moreno de 1591, de Rodrigo de la Torre de 1599 ( las cuatro propiedad del Marqués de Gandul) y de Juan de Frías Marmolejo de 1605 (propiedad de José Luis Charlo) fueron fotografiadas por Salas en 1929. Entre todas cubren los siglos XVI y XVII llegando hasta el principio del XVIII con la de Juan González Francisco y permiten ejemplificar la evolución, la temática y la iconografía de estos documentos durante el tiempo en el que fueron más abundantes. De los expedientes de estos procesos para obtener el reconocimiento de la hidalguía se envía copia al litigante que con frecuencia lo hace iluminar con el fin de exhibirlo y mostrar de esa forma el derecho que le asiste a disfrutar del beneficio otorgado. Los documentos se debían iluminar en el sitio de recepción. Hidalgo Ogáyar mantiene que en la chancillería de Granada no existen rastros de talleres de iluminación6. Parece darle la razón el hecho de que haya ejecutorias a medio iluminar, como esperando su terminación. Además, hay documentos que prueban que las ejecutorias de Hidalguía procedentes de la chancillería de Granada, donde se ventilaban los pleitos de las habitantes de Sevilla, se miniaban aquí. Francisco Pacheco iluminó en 1595, por 200 reales7, 5 Ejecutoria de hidalguía de Don Francisco Antonio de Peralta, vecino de Sevilla y de Bormujos (Granada, 7-III-1680) y Privilegio de Carlos II a la ciudad de Sevilla (Madrid, 24-V-1696). 6 HIDALGO OGÁYAR, Juana: Miniatura del Renacimiento en la Alta Andalucía. Provincia de Jaén. Madrid, 1982, pág. 229. 7 PACHECO, Francisco: Arte de la Pintura. Madrid, 1956. Tomo II, capítulo III, pág. 37. Rosario Marchena Hidalgo 128 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 la ejecutoria de Pedro López de Verástegui8, el pintor sevillano Diego Gómez9 la de Arias Pardo de Cela10 y Francisco de Herrera “el Viejo” ilumina tres ejecutorias, una en 1618 para Antonio Pérez de Álvarez por 200 reales y otras dos en 1619 para Pedro de Ávila Alvarado por 50 ducados11. Otro argumento que prueba que las ejecutorias se miniaban en el lugar de recepción y por parte de los destinatarios es la certificación que aparece en la Ejecutoria de Hidalguía a favor de Bartolomé de San Martín, vecino de Sevilla12 que tiene 40 folios: Yo Juan de Çamora, escribano Real y Público de la dicha ciudad de Salamanca y secretario de ella lo fice escribir en estas 39 hojas con ésta que va con mi rúbrica. queda así certificado, de la mano de un escribano público, que el folio 1 donde va la iluminación, no existía cuando se escribió el documento13. Por si los argumentos expuestos no fueran suficientes para dejar claro que los documentos emanados de la Chancillería de Granada fueron iluminados en el lugar de destino, en este caso Sevilla, las semejanzas de los temas y la similitud de los estilos con otras miniaturas locales lo remarcan. Pero el sitio de recepción no tiene necesariamente que ser aquel del que es vecino el peticionario por lo que la ejecutoria emitida en Granada se podría miniar en otro lugar. Este caso se plantea con la de Diego de Almonte, vecino de Sevilla, pero cuya ejecutoria, así como la de su hermano Hernando, tiene claras conexiones estilísticas con algunas de las emanadas de la Chancillería de Valladolid. El número de ejecutorias de hidalguía fue muy elevado durante el siglo XVI y primera mitad del siguiente pero a partir de la segunda mitad del siglo XVII empieza a decrecer mientras aumenta el de títulos de nobleza o grandeza de España y de privilegios. El cambio se produce tanto en la cantidad de la iluminación a toda página, pues en este momento se reduce a un folio inicial que lleva generalmente un retrato del monarca acompañado de alegorías o de alguna imagen religiosa, como a la técnica pues el temple anterior es sustituido por dibujos a plumilla en sepia14. Estas dos circunstancias alteran sustancialmente el aspecto brillante y colorista, más próximo a la pintura sobre otros soportes, de los documentos pintados de la primera mitad de siglo, acercando a los de la segunda más a lo que son artes gráficas, grabado básicamente. Estos ejemplares poco o nada tienen que ver con la miniatura que, también más escasa, se está haciendo en Sevilla en esos momentos, puesto que generalmente estos documentos emanan de la corte. La iluminación de las ejecutorias se sitúa preferentemente en los primeros folios ocupándolos de forma íntegra. Los temas, religiosos o profanos, alusivos al litigante o 8 Granada, 20-II-1596. 9 HIDALGO OGÁYAR, Juana: “Diego Gómez, pintor-iluminador del siglo XVII” en Velázquez y su tiempo. Madrid, 1991, págs. 339-346. 10 Granada, 14-IV-1601. 11 MARTÍNEZ RIPOLL, Antonio: Francisco de Herrera el Viejo. Sevilla, 1978, págs. 20 y 66. 12 Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Salamanca, 31-X-1585. 13 MARCHENA HIDALGO, Rosario: “La iluminación de privilegios y ejecutorias: entre el arte cortesano y el arte local” en El arte en las cortes de Carlos V y Felipe II. Madrid, 1999, págs. 127-140. 14 DOCAMPO, Javier: Op. Cit. Pág. 63. La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 129 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 marginales, están bastante repetidos y sus formas de representación son relativamente homogéneas lo mismo que ocurre con el tamaño15, el material, pergamino, o la distribución de la iluminación a lo largo de todo el escrito. El texto se inicia con el nombre del rey, Don Felipe, Don Carlos, en el primer folio, continúa Por la gracia de Dios en el siguiente, generalmente junto a miniaturas de gran tamaño, y sigue desgranando cada uno de los títulos que posee, Rey de Castilla, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén…Estos escritos aportan un toque de color, y a veces de oro, a la página donde se encuentran colaborando a darle riqueza al texto, a lo largo del cual aparecen, de nuevo, otros rótulos igualmente coloristas como el que, ya al final del documento y con frecuencia acompañado de un retrato real, dice: Por la qual vos mandamos… Además, salpicadas a lo largo de todo el escrito, aparecen unas letras capitales, de distinto tamaño, complicación y riqueza, que suelen encabezar el nombre de cada uno de los testigos que el litigante presenta para avalar su derecho al reconocimiento de la hidalguía. Así las vemos en la ejecutoria de Francisco Vallejo16, 11 letras azules sobre fondo de oro, en la de Francisco de Cuenca Utrera17, 15 letras doradas sobre fondo granate, rojo o azul con finos dibujos vegetales, en la de Juan Pérez de Valdés18, 20 letras doradas sobre fondo granate con rasgueos en plata, en la de Pedro Fernández Carrera19, 25 letras de oro sobre recuadro rojo con dibujos claros, o en la de Francisco Antonio de Peralta20, 43, doradas unas, plateadas otras. Rótulos y letras capitales colaboran a darle color y brillo al texto pero la verdadera riqueza se la aportan las miniaturas. Unas veces, toda la página está ocupada por un tema único, religioso o profano, pero otras el espacio está compartido. En cualquier caso este folio suele llevar unas orlas, a veces en los lados interior y exterior, más frecuentemente a cuatro lados. En ellas pueden aparecer algunos temas religiosos, Dios Padre, santos, evangelistas, virtudes, escenas del Nuevo Testamento, metidos en clípeos u hornacinas y alusivos al tema principal, pero generalmente solo se representan elementos marginales puramente decorativos. De entre los distintos tipos de orlas sobresale la que emplea temas de la escuela de miniaturistas de Brujas y Gante, todavía vigentes a principios del siglo XVII como consecuencia del gran prestigio que gozó por su brillo, detallismo y colorido que permitió su empleo ininterrumpido desde finales del siglo XV. Flores, clavellinas, lirios, rosas, pentapétalas, aves diversas, gilgueros, perdices, mariposas y mariquitas proyectan sombra sobre un fondo que puede ser dorado. Así los vemos con toda su pureza, con los mismos elementos tratados de igual forma en que aparecían en los libros de horas de finales del siglo XV, en las orlas de muchos documentos iluminados del siglo XVI,como las 15 Muy frecuente es el tamaño 310 x 213 mm. aunque las hay algo mayores, 326 x 220 de la ejecutoria de Arias Pardo de Cela, y menores, 303 x 210 de la de Pedro Fernández Carrera. 16 Museo de Bellas Artes de Sevilla. Valladolid, 26-I-1516. 17 M.B.A.S. Granada, 24-XII-1602. 18 M.B.A.S. Granada, 21-VI-1607. 19 M.B.A.S. Granada, 3-X-1619. 20 M.B.A.S. Granada, 7-III-1680. Rosario Marchena Hidalgo 130 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 ejecutorias de Francisco Vallejo de 1516 o Juan Ruiz de Navalmuel de 1545, e incluso del siglo XVII como las ejecutorias de Arias Pardo de Cela de 160121, de Francisco de Cuenca Utrera de 160222, de Fernando de Barnuevo Amaya de 160423 y de Alonso de Cotrina y su hijo Juan Alonso, (Fig. 1) también de 160424. Bien avanzado el siglo XVII los elementos procedentes de la escuela flamenca, si no ocupan las orlas íntegramente, se mantienen alternando con otros, guirnaldas de frutos, putti, angelitos, seres de cuerpos vegetales, jarrones y tarjas en ordenación de candelieri que supone el triunfo del renacimiento. Un buen ejemplo de ello es la ejecutoria de Diego de Almonte, ya de 162625, vecino de Sevilla, en la que aparecen, intercalados entre los elementos citados, pájaros, mariposas, flores, orugas y mariquitas. Pero esta ejecutoria no ha debido ser miniada en Sevilla porque, por una parte, su estilo no coincide con lo que se está haciendo en la ciudad en este momento y por otro, no hay constancia de que su posible autor, Jerónimo Rodríguez de Espinosa26, estuviera en ella. Además, la orla que envuelve el folio donde se alojan la Inmaculada, el litigante Diego de Almonte, y su mujer, la que hemos descrito, es igual, con los mismos elementos y el mismo color y tratamiento a la de su hermano, Hernando de Almonte, y a otras dos ejecutorias emitidas por la chancillería de Valladolid, la del Doctor Juan Gutiérrez de Solórzano, vecino de las villas de Madrid y Cienfuentes, de 1611 y la de Alonso Gonçalez, vecino de las villas de Madrid y El Cardosso, de 1613. Luego a pesar de haber sido emitida por la Chancillería de Granada, a un vecino de Sevilla, ha sido miniada en un foco miniaturista próximo a Valladolid por la mano de un magnífico iluminador. Sin embargo estas orlas en las que se mantienen aunque de forma parcial los elementos de la miniatura flamenca se dan también en Sevilla como se ve en la ejecutoria de Juan de Frías Marmolejo de 1605. La miniatura de la segunda mitad del siglo XVI emplea para sus orlas vegetales, bustos o cabezas que emergen de cálices florales, perlas colgantes, dragones cuyo cuerpo termina en hojarasca, seres alados, esfinges… todo ello en ordenación de candelieri, que van a perdurar también durante buena parte de la centuria siguiente, como aparecen en la ejecutoria de Juan Pérez de Valdés de 160727 o en la de Rodrigo Bernabé de quintanilla (Fig. 2) de 161228. A fines del siglo XVI empiezan a aparecer en este tipo de orlas y en otros lugares unas hojas trilobuladas cuyo elemento central se curva, según muestran las ejecutorias de Juan de Orive Apallúa29, Gonzalo Navarrete30 21 M.B.A.S. Granada, 14-IV-1601, folio 2 vuelto. 22 M.B.A.S. Granada, 24-XII-1602, folio 2 vuelto. 23 M.B.A.S. Granada, 23-X-1604, folio 1 vuelto. 24 Granada, 1604. folio 4. 25 Granada, 22-I-1626, folio 1 vuelto. 26 El documento pintado. Cinco siglos de arte en manuscritos. Madrid, 2000. Ficha de catálogo 46, Javier DOCAMPO CAPILLA. 27 M.B.A.S. Granada, 21-VI-1607, folio 2 vuelto. 28 Folios 6 vuelto y 7. 29 Granada, 14-IV-1590. 30 M.B.A.S. Granada, 28-VIII-1592. La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 131 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 y Pedro López de Verástegui31, y más adelante se afila como un gancho que va a ser un tema distintivo de la miniatura de la primera mitad del siglo XVII. Otro tipo de orla es la que está formada por un abigarrado montón de banderas, cañones, cascos y lanzas envolviendo el escudo del litigante y en alusión directa al origen militar de su hidalguía como aparece en la ejecutoria de Juan González Francisco (Fig. 3). A veces alguno de estos elementos se cuela en el segundo tipo de orla citada como ocurre en la de Rodrigo Bernabé de quintanilla32. La combinación de los elementos citados, el uso de otros tipos de orlas diferentes, la inclusión en ellas de clípeos u hornacinas donde se alojen personajes o escenas crean una gran variedad de posibilidades. En los últimos años del siglo XVII es habitual, y así se ve en distintos documentos de Carlos II, que las orlas se realicen a plumilla y se coloreen levemente Las que suelen encabezar los documentos ocupando varias páginas completas tienen como tema específico los escudos de armas de los litigantes, a veces los de sus antepasados y en pocas ocasiones los reales como ocurre en la ejecutoria de Francisco Vallejo de 1516. No hay ejecutoria en la que no aparezca al menos un escudo pues es el argumento gráfico que representa la hidalguía del litigante. Tanto si ocupan el folio entero como si lo comparten con un tema religioso su efecto se potencia por el yelmo que lo corona y los elementos vegetales, cartelas rizadas, putti o seres híbridos que lo enmarcan (Fig. 4). Algunas veces estos escudos llevan coronas nobiliarias como es el caso del de la ejecutoria de Francisco Antonio de Peralta que fue primer marqués de Yscar33. Pero son los temas religiosos los más abundantes. En este caso debió ser la devoción de los hidalgos la que impuso este aspecto al iluminador como se refleja en los documentos: Francisco de Herrera “el Viejo”, además de los escudos de armas imprescindibles, tiene que iluminar la ejecutoria de Antonio Pérez de Álvarez en 1618 con una Inmaculada y las dos de Pedro de Ávila Alvarado en 1619 con un Santiago Matamoros, un Bautismo de Cristo y un Cristo con la cruz a cuestas y San Pedro. Otras veces son los patronos de los hidalgos los que aparecen representados en los documentos como una seña de identidad más. Bartolomé de San Martín hizo incluir en un tondo del lado inferior de la orla a San Martín partiendo su capa34. De la misma forma, en la ejecutoria de Pedro Fernández Carrera, de 1619, aparece San Pedro en el lado superior de la orla del folio 3, en la de Alonso Bustamante y Pedro del Pozo, de 165235, se representa, a la izquierda del folio 1, a la Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso y a la derecha a San Pedro y en la de Francisco Antonio de Peralta, de 1680, a San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. 31 Granada, 20-II-1596. 32 Orla del folio 7 que envuelve a San Atanasio y el escudo familiar. 33 M.B.A.S. Granada, 7-III-1680. folio 8. 34 A.H.P.S. Sección Audiencia, legajo 143-L. Salamanca, 31-X-1585. 35 Madrid, 8-XII-1652. Rosario Marchena Hidalgo 132 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 De todos los temas religiosos el más repetido es Santiago Matamoros muy apropiado a las ejecutorias por cuanto el apóstol es el emblema de la lucha medieval contra el islam en la que, presumiblemente, se ha obtenido la condición de hidalgo. En el siglo XVI se emplea mucho pues, aunque ya había terminado la reconquista, todavía en ese momento no se había conjurado el peligro islámico representado en el interior por los moriscos y en el exterior por el imperio turco y los piratas berberiscos. En el siglo XVII, aliviado en parte el problema con la expulsión de los moriscos y el inicio del declive del imperio otomano, Santiago Matamoros sigue siendo enormemente adecuado en un documento que proclama la condición de hidalgo del peticionario. Por ello a veces comparte el folio con el escudo: el santo representa el origen de esa nobleza, el escudo es el emblema de ella. Las fórmulas son todas muy parecidas no existiendo más diferencias que las impuestas por la habilidad del miniaturista y el número de personajes representados. El santo, a veces con casco y armadura, espada en la mano derecha y cruz astada en la izquierda, arrolla al ejército musulmán que yace en tierra. Santiago monta un caballo blanco, en corveta, que mira hacia la izquierda… un cavallo blanco tan brioso que con los pies y las manos está ayudando a matar a los Moros que el glorioso Apóstol derriba con su espada en la mano36. Esta iconografía, típicamente hispánica, se divulgó a través de un grabado de Schongauer de 1470 y se repitió, caballo en corveta, espada en la mano derecha, en un grabado de Marcantonio Raimondi de hacia 1510. Así lo vemos, compartiendo el folio con el escudo, en las ejecutorias de Miguel Martínez de Jaúregui de 1581, de Alonso Fernández de Valdés de 1589, de Pedro Fernández Maldonado de 1591, de Fernando de Barnuevo Amaya de 1604 y de Juan Pérez de Valdés de 1607, y ocupándolo de forma íntegra en las de Arias Pardo de Cela de 1601, de Francisco de Cuenca Utrera de 1602, de Alonso de Cotrina y su hijo Juan Alonso de 1604 (Fig. 5) y de Pedro Fernández Carrera de 1619. Además del tema específico de este tipo de documentos, el escudo nobiliario, y el más repetido por su idoneidad, Santiago Matamoros, el resto de las miniaturas que aparecen en las ejecutorias son casi todas religiosas. El Crucificado o el Calvario, como otros muchos temas y motivos, se ve ya en ejecutorias de muy finales del siglo XVI como las de Pedro López Maldonado Moreno de 1591, de Francisco Salido de Alcoba y Bernabé Salido Trujillo de 1592 y de Pedro López de Verástegui de 1596 que enlazan con el mismo tema de los primeros años del siglo XVII como el de las ejecutorias de Arias Pardo de Cela de 1601, de Fernando de Barnuevo Amaya de 1604, de Juan de Frías Marmolejo de 1605 o de Rodrigo Bernabé de quintanilla (Fig. 2) de 1612 . Todas ellas responden al mismo esquema y siguen más o menos de cerca un conocido grabado de Schongauer: el Crucificado con la Virgen a su derecha y San Juan a su izquierda. Solo en la última de las ejecutorias citadas se agrega a Santa María Magdalena a los pies de la cruz. La parte inferior del folio está ocupada por los donantes, 36 ESPINOSA DE LOS MONTEROS, Pablo: Historia, Antigüedades y Grandezas de la muy Noble y muy Leal ciudad de Sevilla. Sevilla, 1635, pág. 197. La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 133 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 arrodillados, con las manos juntas en actitud de oración, los caballeros y los niños a la derecha y las damas y las niñas a la izquierda. Únicamente Francisco Pacheco en la ejecutoria de Pedro López de Verástegui ha concebido el folio como un retablo cuya tabla central está ocupada por el Calvario ante el cual se encuentran los donantes. El resto de las ejecutorias tratan el tema de forma más acorde a lo que es una miniatura: rodeando total o parcialmente la escena con una de las orlas de los tipos descritos. Podría parecer que este tema del Calvario es más adecuado a misales y libros de coro, donde ciertamente existen ejemplos de todos los momentos, pero en las ejecutorias se repite con una cierta frecuencia. Una variante de este tema será la representación del Crucificado solo como aparece en la ejecutoria de Francisco Salido de Alcoba de 1592. La reducción del número de personajes en la parte superior del folio se ha compensado aquí colocando bajo él a seis donantes: el peticionario, su hijo Bartolomé Salido Trujillo y cuatro mujeres. Menos frecuente es mostrar a Cristo Resucitado. La iconografía ya estaba fijada en el primer tercio del siglo XVI en que Andrés Gutiérrez lo representa de pie sobre el sepulcro, rodeado por cuatro soldados, en el libro de coro 6537 de la Catedral de Sevilla, de la misma forma que el Concilio de Trento impondría después como la más adecuada. En la ejecutoria de Alonso de Cotrina y su hijo Juan Alonso, (Fig. 1) de 1604, envuelto en una espléndida orla flamenca, aparece con las mismas características, mostrando las llagas que aluden a su muerte, imprescindible para que exista resurrección, bendiciendo con la mano derecha mientras sostiene la cruz en la izquierda. Básicamente la diferencia radica en que aquí Cristo aparece flotando sobre una nube lo que facilita la confusión con la Ascensión por lo que esta fórmula iconográfica se desestimó sobre todo a partir de 1730 en que Juan de Ayala publica su Pictor Christus eruditus. Completan el sentido de la miniatura dos escenas alojadas en la orla que continúan en el tiempo lo que se narra en la principal: las mujeres myróforas ante el sepulcro vacío y el noli me tangere. También se suele figurar a Dios Padre, siempre en la parte superior del folio, de medio cuerpo, bendiciendo a la manera bizantina con la mano derecha y sosteniendo el globo terráqueo con la izquierda. Así lo hace Pacheco colocándolo en el tímpano del fingido retablo, justamente encima del Crucificado como también aparece en la ejecutoria de Rodrigo Bernabé de quintanilla (Fig. 2)38. En la de Juan Pérez de Valdés la figura de Dios Padre, complementada con la de la tercera persona de la Santísima Trinidad en forma de paloma, está sobre la cabeza de la Virgen con el Niño para crear una Trinidad vertical. El protagonismo de Dios Padre lo ocupa el Espíritu Santo en la ejecutoria de Pedro Fernández Carrera, siempre en la parte más alta del folio. La Virgen es objeto de representaciones bajo distintas formas y advocaciones. Un tema relativamente repetido en las ejecutorias es el de la Anunciación pues estos documentos lo que hacen es recoger el anuncio público de la hidalguía del peticionario. La escena cuenta con los tres personajes que encarnan los tres momentos distintos y 37 Folio 26 vuelto. 38 Folio 5 vuelto. Rosario Marchena Hidalgo 140 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 menta, se persigue y se resuelve en el documento. Se argumenta que el peticionario tiene derecho a las prebendas más importantes que acarreaban la condición de hidalgo, aquellas que no eran puramente honoríficas sino que estaban fuertemente relacionadas con la economía: el desempeño de cargos públicos y la exención de impuestos. Para demostrarlo declara sus apellidos, los de sus antepasados, aporta testigos. Este aspecto se refuerza con el escudo o más raramente con el árbol genealógico. El origen de esta hidalguía es, presumiblemente, la guerra medieval contra el islam, de la que es adalid y emblema Santiago Matamoros. Por eso se encuentra repetido en las ejecutorias, no como un tema religioso sino como garante de la condición de hidalgo del litigante. Lo que se persigue es que se reconozca la pertenencia de peticionario a un estamento privilegiado que tiene como referencia obligada el estricto cumplimiento de las normas religiosas, sin desviación alguna, y la manifestación pública de su devoción. De ahí que las más numerosas de las miniaturas empleadas sean religiosas y que abunde la representación del donante, que arrodillado ante la imagen sagrada, manifiesta de esa manera su contacto con el mundo espiritual, de cuyo prestigio se rodea. Fuera de estos temas obligados que amarran el sentido del documento apenas queda sitio, como no sea en las orlas, en las letras capitales o en los rótulos, para algún elemento decorativo. Algunas de esta ejecutorias citadas tienen unas similitudes tan fuertes que obligan a pensar en un mismo autor o, al menos, en un mismo taller dirigido por una persona concreta, sistema de trabajo que debió ser usual en el tema de la iluminación del siglo XVII. Únicamente aparecen firmadas y fechadas las ejecutorias de Pedro López de Verástegui y la de Arias Pardo de Cela por Francisco Pacheco y Diego Gómez respectivamente pero el paralelismo existente entre esta última y varias de las que, procedentes del legado González Abreu, se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Sevilla75 es evidente. Con la de Francisco de Cuenca Utrera, solo un año posterior a la de Arias Pardo de Cela, enlaza a través de flores, fresas y pájaros al estilo flamenco que envuelven la imagen de la Inmaculada alternando con clípeos y óvalos que alojan escenas bíblicas. Con la de Fernando de Barnuevo Amaya enlaza a través del Calvario y del mismo tipo de orla flamenca citada. Con la de Juan Pérez de Valdés, que es de la misma mano que la anterior, enlaza, por una parte, a través de la orla que envuelve el Calvario que es del tipo de elementos vegetales ordenados en candelieri en donde, además de clípeos y óvalos, aparecen seres híbridos que participan de características humanas, animales y vegetales, y por otra, a través del retrato de Felipe III. Con la de Pedro Fernández Carrera coincide sobre todo en la escena que representa la batalla de Clavijo, mucho más completa en la de Arias Pardo, tanto por el número de personajes, entre los que destaca, en medio del ejército cristiano que sigue a Santiago, un pequeño retrato del hidalgo receptor del documento, como por el simbolismo, especialmente recogido en las banderas, en el caso del ejército musulmán con un dragón, emblema inequívoco 75 MARCHENA HIDALGO, Rosario: “Los manuscritos miniados de la colección González Abreu” en Archivo Hispalense 250. Sevilla 1999, págs. 195- 220. La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 141 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 del mal. Los sarracenos de la ejecutoria de Pedro Fernández Carrera, caras, posturas y empuñaduras de las espadas, son auténticas copias de dos de los que aparecen en la de Arias Pardo, si bien cambiados de lugar. Otros elementos como pueden ser los rótulos o las cartelas que los contienen conectan estas cuatro ejecutorias del Museo de Bellas Artes de Sevilla con la de Arias Pardo de Cela del Museo Lázaro Galdiano. También está relacionada esta última ejecutoria con la de Alonso de Cotrina y su hijo Juan Alonso, aparte de por las orlas de raigambre flamenca, por el Santiago Matamoros que es de una calidad excepcional tanto por la fisonomía del ejército musulmán que reproduce fielmente el aspecto de un turco, como por el bien resuelto escorzo de la figura que aparece en el ángulo inferior (Fig. 5). Los parecidos no se quedan únicamente en lo citado sino que la ejecutoria de Alonso de Cotrina coincide con la de Fernando de Barnuevo Amaya y la de Juan de Frías Marmolejo a través de los donantes que van debajo del Calvario en donde se dan las mismas actitudes, los mismos vestidos, los mismos peinados, muy elevados en lo alto de la cabeza en las mujeres, y los mismos rasgos. Además, en las orlas flamencas, junto a las tan repetidas flores, fresas y pájaros, aparecen libélulas, ciempiés y mariquitas. Estos últimos coleópteros, muy poco frecuentes, se ven en las ejecutorias de Francisco de Cuenca Utrera, Fernando de Barnuevo y Alonso de Cotrina. Sin embargo, coincidiendo todas las ejecutorias citadas en bastantes aspectos con la de Arias Pardo de Cela no llegan a manifestar la soltura que se aprecia en la iluminada por Diego Gómez que quizás minió otras muchas más pues este trabajo estaba tan bien pagado como cualquier otro que pudiera realizar un pintor. Fecha de recepción: 30 de septiembre de 2010. Fecha de aceptación: 21 de enero de 2011. Rosario Marchena Hidalgo 142 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 Figura 1. Ejecutoria de Alonso de Cotrina, folio 4. Figura 2. Ejecutoria de Rodrigo Barnabé de quintanilla, folio 3 vuelto. La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 143 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 Figura 3. Ejecutoria de Juan González Francisco, folio 3 vuelto. Figura 4. Ejecutoria de Alonso de Cotrina, folio 5. Rosario Marchena Hidalgo 144 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 Figura 5. Ejecutoria de Alonso de Cotrina, folio 4 vuelto. Figura 6. Ejecutoria de Juan de Frías Marmolejo. La iluminación al servicio del estamento privilegiado: las ejecutorias de hidalguía 145 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 Figura 7. Ejecutoria de Pedro López Maldonado Moreno. Figura 8. Ejecutoria de Juan de Frías Marmolejo. Rosario Marchena Hidalgo 146 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 125-146, ISSN 1130-5762 Figura 9. Ejecutoria de Rodrigo Bernabé de quintanilla, folio 38. Figura 10. Ejecutoria de Hidalguía de Juan González Francisco.