Biblioteca de religión o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos. Tomo VII
Abstract
Contiene: T.I 1826 (XLVI, 34 4p.) -- t.II 1826 (392 p.) -- t.III 1827 (VIII, 224 [i.e. 324] p.) -- t.IV 1827 (388 p.) -- t.V 1827 (230 [i.e. 330] p.) -- t.VI 1827 (352 p.) -- t.VII 1827 (400 p.) -- t.VIII 1827 (332 p.) -- t.IX 1827 (318 p.) -- t.X 1827 (XVI, 322 p.) -- t.XI 1827 (330 p.) -- t.XII 1828 (X, 350 p.) -- t.XIII 1828 (374 p.) -- t.XIV 1828 (IV, 327 p.) -- t.XV 1828 (XXIV, 637 [i.e. 376] p.) -- t.XVI 1828 (415 p.) -- t.XVII 1828 (VII, 388 p.) -- t.XVIII 1828 (380 p.) -- t.XIX 1828 (375 p.) -- t.XX 1820 (404 p.) -- t.XXI 1829 (XXXII, [1], 349 p.) -- t.XXII 1829 (410 p.) -- t.XXIII 1829 (350 p.) -- t.XXIV 1829 (371 p.) -- t.XXV 1829 (VII, 267 p.)
Full text
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A BIBLIOTECA , o Jed Coleco de bidi conlaa la icredalodad 4 errores AER Ub tiempos. A A pd] AAA = Comede volumen istud, et vadens loquere. EzECH. 11. Y. 1. PP o a, ci, TOMO VIL Gon orden Leal, MADRID: Imprenta de D. E. Aguado, bajada de santa Cruz. —— o 1827.
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(vu) ADVERTENCIA, RRA no Arrancar, si nos fuese posible, de raiz el gérmen de impiedad que fatiga hoy el mundo, des= pues de haber presentado en el Catecismo de Feller una obra manual y al alcance de todos, para reba= tir los sofismas de los incrédulos , ha parecido opor= tuno ofrecer al público otra donde se profundizasen estas materias y se descubriesen sus monstruosos absur= dos, Cuando el error semejante á una vasta red, de la que parece imposible escapar , estiende por todas partes sus funestas mallas, y enlaza á todas las clases y condiciones: cuando bajo el arrogante pre testo de disipar las preocupaciones antiguas , de es— tender los límites del entendimiento humano, de revelar al hombre el secreto de sus pretendidos dere=. chos, y procurarle su goce inde efinido, ataca, auxiliado de la calumnia y la mentira, á la Religion hasta en sus mismos fundamentos; y su detestable temeridad emprende oponer á las santas Y conservadoras máximas del Evangelio los principios impíos y des= organizadores de sus desolantes doctrinas, era opor= tunísimo subir al origen de esos sistemas de Ateis= mo y de Indiferencia que devastan la Europa , llegar: á sus primeros propagadores, preguntarles por su moral y sus dogmas, y arrancándoles ¿as armas quebrár= selas en las manos, manifestando sus inmensas con= tradicciones y los espantosos absurdos que de ella debian seguirse, y ¡ay! por desgracia hemos esperímen= tado, Esto es lo que creemos realizar con la obra de las Fuentes de la Impiedad del Dominicano Valsechá,
(vu) / Penetrado este sábio teólogo y piadoso escritor con tudos los que tienen algun conocuniento de la fi— liacion de los modernos errores, que la época en que esa fatal Filosofía, mejor Filosofismo, empezó á introducirse en la Europa culta debia datarse desde el impío Bayle, que en sus diversas obras, especialmen= te en el Diccionario, sembró ese cúmulo de dudas que forman la herencia, y como el patrimonio de nues= tros incrédulos, se dirige ú él particularmente , viene. con él á las manos, y contraponiendo á su razon va= cilante, que en nada sabe fijarse, la solidez y fuerza de un exacto raciocinio, lo abate, desarma , humi= lla y confunde; persuadido de que postrado el gefe se ponía en derrota á todos esos incrédulos merce= naríos, que no saben sino repetir sus sofismas. Jus= tamente indignado de que se gloríen todama de pro— didad , de honradez, de virtud hombres sín religiony examina los sistemas de los Deistas y Naturalistas, quita la. máscara á los de Hobbes, Espinosa y Mon= tagne; y sondeando el corazon de los Impios, hace wer en su Corrupcion la impiedad; en el interés y satisfacción de sus pasiones el 'Vrastorno de su razon; y en el Orgullo de esta la ideada independencia de un Dios, á quien lo deben todo, hasta la razon misma. Los sofismas con que han querido envolver la verdad de la Creacion, del orígen del mal, Kc. Gc. todos se hallan aqui disueltos, y aplicados los remedios. No €es esta una lucha de elocuencia; es sé el triunfo del ra= ciocinio exacto con el sofisma, de la inmutable vera dad con las contradicciones continuas de los sectarios, de la verdad con el error, Sobre la version nada nos toca decir: el traductor dá razon de sí en su Nota prévia; los versos son de don Mariano de Rementeria , autor de las Lecciones de' Literatura sagrada. Hemos añadido alguna que otra DA A
(1x) nota histórica; que va señalada “con el asterisco que* distingue. las que hasta aquí hemos puesto en las obras que preceden: la del autor. la reducirémos á pocas palabras. Antonino Valsechi, de Santo Domingo, na sagrado ú Dios en la años, aprendió ticas de la pi lustre religioso de la Orden ció en Verona en 1708; con= Religion desde la edad de 18 , Juntamente con el ejercicio y prác= tud, las ciencias, con las cuales lejos de estar aquella reñida, facilita su inteligencia ; pues sabido es que en la alma malvada no entra la sabi duría, ni quiere habitar en un cuerpo sujeto á los pe— cados, Despues de haber profesado con singular aplauso la fulosofía, su zelo le hizo entrar en otra carrera donde hizo pruebas de sus grandes talentos, Dedica— do á la predicación, segun el instituto de su Orden, se hizo admirar en varias ciudades de Italia con ex. traordinario suceso: llamado despues á enseñar la teología en la universidad de Padua > regentó por el espacio de 33 años su cátedra principal, á la que vió concurrir no solo un grande múmero de discípulos, sino tambien hábiles teólogos y personas de la mayor distincion, Consagrando en medio de sus tareas su Pluma á la defensa de la Religion, dió á luz varias obras, entre las cuales se distinguen la de los Fundamentos de la Religion y Fuentes de la Impiedad: la Religion vencedora, que es relativa á la ante— rior: la verdad de la Iglesia Católica Romana, 6. entre cuyas tareas murió á la edad de 83 años en dicha ciudad el 1791. Dichoso el justo que emplea Sus talentos en defensa de su patria y de su fé. ? Del traductor solo indicarémos su Continuacion - del Orsi, 6 traduccion del Becchetti , con algunas nolas y advertencias; y durante los últimos trastor-= nos la Defensa Católica de la Constitucion, donde
(xm1) epifonema grave y sentencioso, que por el bien de la Religion conviene apartarse de tales, sugetos, porque entrando en cuestion con ellos, podrian acaso poner terror al santuario, y quizas causar su ruina. Este pues mal entendido concepto es el que nos proponemos disipar en este Libro, arrancando la máscara de erudicion con que se cubren, y haciendo comparecer en su semblante natural á estos fingidos monstruos de sabiduría. No es esto decir que reputamos á todos los incrédulos por hombres . sin talentos, sin ingenio ni erudicion; no, confesamos francamente los hay dotados de estas cualidades; y en lo escrito en los antecedentes libros se. habrá podido observar, que hemos hecho repetidas veces esta justicia d algunos de ellos, hablando de sus talentos con la conveniente estimacion. (*) He Pe (*) Siendo tan diversos los pensamientos y miras de los hombres, acaso no habrá sido del agrado de algunos el ver en esta obra citados no pocas veces con elogió escritores libertinos, Ó separados de la comunion católica. A estos tales respondo con franqueza y con verdad lo que san Geróm nimo ú sus censores en la Epístola 41, alias 65, ad Pamac. et Occean. Objiciunt mihi quare Origenem aliquando laudave= rim..... laudavi interpretem, non dogmatistem: ingenium, non fidem: philosophum non Apostolum. Espero que todo mi libro, desde el principio al fin, confirmará esta respuesta. Digo en segundo lugar, que he tenido esta atencion para hacer enteuder á todos los literatos que no es un afecto turbulento, sino solo el amor de la verdad quien ha movido mi pluma; puesto que sabemos discernir el mérito de los escritores, y no tememos elogiar el de vuestros mismos enemigos. Y últimamente confieso, que siempre me ha pa= recido glorioso á nuestra santa Religion el manifestarla triuofante en los ataques, no solo de la hez y turba de los : | $ 3 Mer
(xIm) dicho algunos, porque nadie podrá negar hay entre ellos un gran número demasiado ignorantes de las materias Mismas de que hablan. Lo que deci-. mos, sostenemos Y tratamos de hacer ver es, que esos mismos genios sublimes, esos hombres dotados de ciencia. y erudicion, luego que por desgracia abrazan la profesion y defensa de la impiedad, lejos de imponer á las personas despreocupadas e instruidas, no merecen sino la compasion, y acaso el desprecio. Lo cual, aunque por varios pasages citados en los libros anteriores podria haberse conocido, se hará mas palpable y manifesto en este, donde nos hemos propuesto descubrir y señalar los * Manantiales y Fuentes de la moderna impiedad. Veremos pues en el, que el primer estímulo que impele á los incrédulos 6 libertinos á abandonar la Religion no es 1 a filosofía, la erudicion, la ciencia , sino la corrupcion del corazon: que el apetito de una licencia desenfrenada é impune, es decir , libre de los remordimientos y temores que escita en los malvados la Religion, es la que hace primero que la aborrezcan, y despues que nieguen pertinazmente sus dogmas. Lo cual -probare- mos coplosamente con todo genero de argumentos. Y aun diremos de buena Fé, que el grande abogado de los impíos, Pedro Bayle, nos ha casi obligado á dilatarnos aun mas de lo que en un prin- IES incrédulos, dignos solamente de desprecio, sino de los mas lostruidos, cuya derrota en tal conflicto demuestra clara= mente su mala causa, y no pequeñez de ingenio, pues- to que o... .. 57 Pergama dextra Deffendi possent, etiam hac deffensa fuissent. Í
(xIv) cipio creíamos. En efecto, como el era demasiado sagaz y advertido, notó que el argumento si no mas directo, seguramente el mas sensible y eficaz contra la impiedad era el que se tomaba de la con- -ducta ordinaria de sus secuaces, y el verla siem pre unida con una desenfrenada licencia de costumbres, contraria á la naturaleza, perniciosa á la sociedad y subversiva del Estado; argumento que todo el mundo conoce debia hacer una viva impre - sion en quien no hubiese perdido todos los senti= mientos de humanidad : aplicó por lo mismo todos sus conatos á desvanecerlo, poniendo en armonía la virtud con la impiedad. Historia, Fábula, filosofía, todo lo hizo contribuir á su intento, y no hay cosa de que no se aprovechase para formar sofismas. Para deslumhrar mas bien á los incautos lectores trata la causa bajo todos los aspectos; la presenta de mil maneras, á fin de hacer creer que puede conciliarse la virtud con la irreligion: que pueden efectivamente ser hombres de bien y virtuosos ciudadanos los que no reconocen Religion mi Dios: en fin, que puede subsistir próspera y feliz una sociedad, aunque no se profese en ella mas que el ateismo. Parecería increible que dá un hombre de los talentos y erudicion de Bayle hybiera ocurrido semejante idea; pero ello es asi, y nadie ignora su decidido empeño en acreditarla y persuadirla; y si por fortuna no llegó á conseguirlo, no fue falta de sus esfuerzos, sino de la desesperada causa que defendía. Era pues oportuno salir al encuentro d este gran sofista; disipar sus engaños, examinar y desvanecer sus falacias, hacer patentes sus errores, asi históricos como políticos y lógicos, y establecer en consecuencia las verdades opuestas; y tanto mas, cuanto que en la impura A E Ed A E a e ER AP pa ANO AAN AE RNE
(xv) ) fuente de sus libros es donde van á beber como á porfía los nuevos libertinos, dándonos desleido en sus folletos el veneno que en ellos encuentran como depositado. Por tanto, yy para cortar como de raiz todus sus sofismas, despues de haber probado que la perversidad del corazon es el principal estímulo que incita á los hombres 4 abandonarse á la im=- piedad , pasamos inmediatamente á demostrar que el hombre en llegando ávolver la espalda á la Religion, ya no tiene mas regla de conducta que la fuerza ó el placer; y: si es que acaso reconoce las leyes naturales de:lo justo y de lo recto, estas leyes son para él: unos preceptos ineficaces y sin sancion; es decir, sin motivos que los.puedan inducir á su observancia, pues solamente la Religion es la que puede sugerirlos y enseñarlos. Por con=- siguiente , que un libertino, un incrédulo en virtud de sus principios ó sistema estará siempre pronto a cometer todas las abominaciones y delitos queesten á su alcance y le agraden ó lisongeen. De donde Forzosamente es necesario inferir; que asi como no pueden concebirse unos hombres mas monstruosos y abominables, ási tampoco puede haberlos mas perniciosos á la sociedad; y por lo tanto que los que velan sobre el bien comun-y tienen á su cargo la felicidad de los pueblos , estan estrechamente obligados á destruirlos y esterminarlos. Propo= siciones todas conexas entre sí y directamente con-. trarias á los sofismas de Bayle, cuya verdad nos Proponemos demostrar con todo género de pruebas, en virtud de las cuales quede sólida y firmemente establecido , que la Incredulidad es subversiva de las buenas costumbres, de la moral, de la sociedad, de los Estados. 4 su consecuencia á la luz de tan importantes verdades se descubrirán en su
(xvI) aspecto natural lo que son esos libertinos tenidos y reputados por hombres despreocupados y de probidad, y se disipará ó al menos se disminuirá ese: pánico terror que algunos débiles han concebido de los enemigos de nuestra fé. Por segunda fuente de la impiedad reconocemos el Método perverso y contrario á la razon que siguen los impíos en el importantísimo negocio de Religion, segun el cual se niegan á creer é impugnan los dogmas oponiendo dificultades que cierta— mente todas se disuelven; y al mismo tiempo abraza: unos sistemas envueltos en dificultades no solamente mas graves, sino del. todo repugnantes é indisolubles. Estoes lo que llamamos Trastorno de la razon (*). Vicio y trastorno que haremos palpable con varios egemplos tomados de los mas impor» tantes artículos de la Religion revelada. En lo cual nos será preciso tambien venir de nuevo á las ma-= nos con Bayle, gran defensor del Dualismo y Pirronismo , y podemos decir de todos los errores , los que confutaremos victoriosamente, y nos lisonjeamos confundir mas por la fuerza de la verdad que de nuestra erudicion. E igualmente quedará demostrada y disipada la vanidad de los 'sofismas que Voltaire, el Marques de Argens, y últimamente Rousseau han propalado contra la Religion revelada , y puesta en su verdadera luz la dignidad y hermosura de las verdades opuestas , y las admirables consecuencias que de ellas se deducen. Lo A (*) En efecto lo es, y bien grande, desechar unas ver=. dades en que va nuestra felicidad eterna, por mas que es= ten sólidamente establecidas, y abrazar sistemas que pue= den traer nuestra ruina eterna por unos sofismas miserables, E
(xviL) que ño poco podrá contribuir tambien á tranquiliz zar los espiritus medio aterrados por la nombradía de tales sugetos: a El. sistema de los novadores, que separados de la Iglesia católica, apostólica, romana , maestra infalible de la verdad, han dejado al Juicio prlvado de cada uno por árbitro y juez en las materias de Religion y de la fé, debe considerarse seguramente por otra fuente funesta de la impledad, que hoy por desgracia inunda la Europa (*). Quitadas una. vez las márgenes á un torrente , es consiguiente derramarse por donde quiera. Los mas Juiciosos entre los Protestantes. desengañados por la esperiencia, han llegado á conocerlo; pero al mismo tiempo és necesario confesar que en su sistema este es un mal sin remedio. Y lo haremos ver hasta la evidencia; de donde se vendrá á inferir que no hay otra verdadera Religion en la tierra que la Católica, Apostólica, Romana, de la cual se-. parado una vez el hombre, irremediablemente da en el camino ancho de la imp:edud. Por último manantial y fuente de ella ponemos la Lectura de malos libros, que producidos del otro lado de los montes, se derraman á manos llenas por nuestras provincias , y robándonos nuestro oro nos comunican en cambio su infeccion. En este punto apoyaremos nuestras reflexiones sobre el carácter de los mismos libros, y la disposicion de la mayor parte de los lectores. En aquellos se descu— ¡5 5 rar, (*) ElAb, La-Mennais pone esta como primera raiz de todos los errores, y 4 las demas como consecuencias de ella. Para nuestro intento es lo mismo, pues, consecuencias Ó principios todas son fuentes de impiedad.
(xvmi) brirá'el mas fino artificio para deslumbrar el ena tendimiento y seducir el corazon del que los lea, y en estos que por lo comun no tienen la ciencia bastante para discernir lo cierto de lo falso, ni menos valor y solidez para rechazar el veneno. Reflexiones que unidas á una reiterada y desgracia= da esperiencia , harán ver. patentemente, que no sin razon se tiene ú: esta fatal lectura por una de las mas perniciosas fuentes de la impiedad. La variedad e importancia de las materias nos hacen esperar que la lectura de este Libro ha de ser no menos útil que agradable. Y cuando no otra, siempre será no pequeña ventaja el reconocer por su medio el verdadero carácter de'esa gran turba de incrédulos diseminados por toda la Europa, que con sus doctrinas la agitan y conmueven.. Porque en verdad reconocido el carácter , asi de su corazon eomo de su entendimiento; vistos «los. motivos porque se apartan de la verdad , los monstruosos sistemas que abrazan, las armas miserables de que se valen para hacernos guerra, no se podrá menos de inferir, que en vez de temer de. su erudicion algun daño la Religion santa que profesamos , solo merecen compasion ú horror. q y 3
CINTO IG IO DUIIIIIIAUUEOS DE-LAS FUENTES DE LA IMPIEDAD. PARTE PRIMERA, DE LA PRIMERA FUENTE DE LA IMPIEDAD. K—————> CAPÍTULO 1 Corrupcion del Corazon. | sE E La primera Juente de la impiedad no está en el entendimiento, y sí en la voluntad. So los argumentos con que se prueban las verdades fundamentales de la Religion natural de una evidencia tan patente, que apenas propuestos á un entendimiento medianamente libre de preocupaciones, asiente á ellos, y cuanto mas los examina tanto mas ciertos los encuentra; y que del mismo modo la Religion Cristiana está marcada con
(16) tales caracteres, que la demuestran cierta=" menie revelada, Y por consiguiente verda= dera; parece la cosa mas estraña y asombrosa, haya. hombres en el mundo que puedan poner en cuestion tales materias, dudar de ellas, y aUN negarlas, Por eso nos hemos propuesto investigar las causas y ma- “mantiales de este no menos monstruoso, que frecuente fenómeno. Y no será sin ventaja de la buena causa, ni sin el debido oprobio de los libertinos, cuyo verdadero carácter descubriremos ser bien diverso del que ellos se atribuyen, y con el que pretenden pasar entre «los necios é ignorantes. | No hay hombre alguno que se atreva á negar que hay Dios, sino el que quiere que no le haya. He aquí pués la primera yerdadera fuente de la impiedad; la corrupcion del corazon. Lo mismo debe decirse de los que declaran la guerra á la Religion revelada; mas por ahora hablaremos solo de los Ateistas: ya porque de los Deistas y Naturalistas se hablará despues; y ya tambien porque todos los que se apartan de la Religion revelada, forman despues ideas tán absurdas de la Providencia y de Dios, “y 'se apoyan: sobre principios tan ruinosos, que los llevan al: pozo del Atcismo. Ademas de que, para un eris-
(17), tiano , que abandonó la Religion revelada, --. esa otra Religion natural de Deistas y Na- ERES 2 A . E SAI ARA ralistas no es mas que una quimera, reconociéndose ya por ciertísimo aquel dicho de Fenelon, que hemos mencionado alguna vez: que entre el Catolicismo y el ÁAteismo no hay medio razonable. No hacen, pues, los libertinos la guerra á la Religion, porque sean hombres doctos, sino porque desean ser impunemente criminales. En efecto, aun cuando quisiéramos conceder, que los argumentos que producen y pueden producir contra la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la divina revelacion tuvieran alguna aparente fuerza, todo hombre sensato y jus- to nos deberá igualmente conceder, que comparados esos argumentos con las demostraciones evidentes en contrario, y la universal y vehemente inclinacion que tiene todo hombre de asentir á las verdades especialmente naturales, no podrian tener suspenso ni un instante á un espíritu despreocupado, y mucho menos inclinarle á la parte opuesta de la impiedad. Pues esto que no puede hacer la fuerza de los argumentos, lo hace la de las pasiones: y al modo que los teólogos dicen, que un soberano y saludable afec- to, al que llaman pia aficion de creúulidad, , Lom. VI, 2
(24) quiere persuadir al mundo; que hay en réalidad» una clase de Ateos A hombres “de grivedad (1), agenos de los. delcites y vanidades de la tierra... á quienes una larga serte de meditaciones profundas, turque mal dirigtdas, precipitó en el abismo de la impiedad, ; ¿Mas quién no advierte en esta distincion de Ateos el artificio con que este gran sofista pretende disminuir el justo: horror de todo el género humano á tales monstruos? ¿Luego hombres graves agenos de los deleites y de las vanidades de la tierra, honbres nacidos y educados en el gremio de la Religion, á sangre fria, como se suele decir, pueden sériamente dudar si hay Dios? ¿Luego hombres de juicio, que es lo que parece significar la espresion de hombres graves; hombres no ofuscados ni arrastrados por la tiranía de las pasiones, pueden resistir á aquella evidencia que irresistiblemente ha conducido siempre á todo el mundo 4 la confesion de esta verdad? No sé ciertamente cómo llamar tal pensamiento, si paradoja ó fatuidad. Sin embargo, este es el teorema pre- (1) Dic, crit, artic, Des-barreaux, A ii cd ri A A
| (95) -dilecto» de Bayle: del cual trató largamente en muchas partes, y el que le ha merecido el dictado de Abogado»y defensor delos Ateistas;*que nunca que yo sepa se ha atrbuido'á “otto alguno. No niego que haya grados diferentes de perversidad entre los liber- -tinosy y 'que no todos estan igualmente manchados con todos los vicios; asi como tambien concedo que algunos se encaminan al abismo de la impiedad guiados de raciocinios falaces, en que otros incrédulos comunmente no han pensado. Concedo ademas, “que estos segundos son mas brutales y abo- “minables que: los primeros: mas querernos decir,“ qué aquellos son hombres grayes y agenos de los deleites y vanidades de la tierra ; esto es, hombres de honestas costumbres, sin vanidad y sin orgullo, lo tengo por una paradoja ó una fatuidad. Y aunque la cosa habla por: sí misma, examinémosla en sus principios, y veamos si puede creerse haya hombre que quiera ser Ateista, no siendo muy depravado. Supongamos un hombre de buenas costumbres, nacido y educado con las luces de la Religion: este ciertamente no tiene interes de que la Religion no sea verdadera: él aprueba los: preceptos morales en la especulatiya y en la práctica, y conoce que no
le prohiben, «sino lo. que un buen padre prohibiria á su hijo. Considera los dogmas, tales como la existencia de Dios,.la inmórtalidad del: alma, y el hecho de la divina, revelacion, y advierte tal evidencia y verdad tan elara de ellos, y esperimenta ademas tal fuerza de per- -suasion en el entendimiento, que cuantos sofismas puedan inventar: los. libertinos. le parecen sueños ridículos sin la mas «mínima fuerza. Por otra parte ve y. conoce esta cier- -tísima verdad, á saber; que aun cuando. se engañase en seguir la Religion, no por eso el Ateismo:le amenaza. com. algun verdadero mal por haber seguido tal engaño; ui le promete algun verdadero bien'si:le:adopta abañ- «donando la Religion, como'no ¿ea la libertad de vivir: como animal,:y. «la «persuasion de. morir como” un bruto. Pero si la Religion que sigue y ama es verdadera, ella le da la esperanza y el derecho á un bien eterno € infinito, y le amenaza infaliblemente | con un infinito y eterno mal, si la abandona por seguir el Ateismo. ¿Cómo pues será por sible que un hombre grave y honesto abandone un partido, en el que sin riesgo de algun verdadero mal puede esperar bienes infinitos, y se aplique á otro en que sin esperanza de algun verdadero bien, se espone al peligro
(27) de un infinito y eterno mal? (4) ¿Quiénes capaz de balancear entre tales estremos, Ó Inclinarseá la parte de la impiedad? Seguramente ninguno no siendo un hombre en quien el estímulo de los deleites, y el goce de momentáneos placeres, ó un orgullo escesivo que le haya hecho idólatra de sí propio, sea mas eficaz que la esperanza de infinitos bienes, y el temor de infinitos males. Pues este tal seguramente es un hombre perverso y corrorm- O DO LO DO ODO DO DO aa y (1) Este es el argumento que ilustró Paschal en el cap. 6 de sus Pensamientos sobre la Religion. Las primeras semillas de él se encuentran en el dis curso de Sócrates en la prision poco antes de morir, referido por Platon en el Fedon, t. 1. Lo mismo se halla tambien en Arnobio, lib. 4, ado. Gentes. Es digno de reflexion particular que Bayle en el't, 3 del Diccionario, donde habla de Paschal, espone el mismo argumento, y reconoce su eficacia; y mencionada una impugnacion de él por un cier- to Abate de Villars, dice: que la refutación es débil, y no merece ser examinada, «c. Vambien trató últimamente de impugnar el mismo argumento Mr. Freret (ó el que se oculta bajo este. nombre) en un folleto intitulado: Examen crítico de los Apologistas de la Religion cristiana , cap. 13. Mas toda la cen+ sura se funda en no haber entendido el verdadero uso y valor del argumento que impugna, como, Dios mediante, lo haremos ver en la confutacion completa de aquel pestífero libro,
(28) pido. Luego la corrupcion del corazon: es el principio y manantial de la impiedad. IV. Cuales seúnclos estudios de la mayor parte de los libertinos, y cuáles los libros que aprecian, Pero dejando de hablar por ahora .contra Bayle por lo respectivo á este: su segundo género de Ateos, de los que deberemos hablar especialmente en Otra ocasion, pasemos á otra reflexion, que sino con E universalidad de la anterior, al menos con claridad igual nos hará conocer que no una meditacion seria, sino sola la fuerza de las pasiones es el argumento en favor de la ¡mpiedad en la mayor parte de los libertinos. En efecto, ¿cuántos hay entre ellos que agenos, segun la frase de Bayle, de los deleytos y voñidides de la tierra, se consagren á esta seria profunda tuelitación: y salgan de ella transformados en Atcistas por EStEAtA? Esta meditacion ciertamente deberia ser muy larga y sutil para embotar la evidencia de tátitas verdades opuestas, y derribar de la mente á punta de raciocinio toda idea de teligion. Solo el nombre de meditacion es demasiado triste y austero para una gente
(29) que no piensa: mas queen recreos y diver= siones, que no esperando cosa alguna despues: de la muerte» juzga perdidas las horas que no van endulzadas. con «placeres. ¿Cuándo tendrán éstos comodidad, ni gusto, ni entendimiento- para dedicarse á un estudio de metafísica sublime, cual debiera ser para lisongearse de ateos por convencimiento y no e corazon, viéndolos como: los: vemos pasar los dias y las noches en una ¿serie perenne de juegos, de: diversiones;-y de placeres? ¿Es la mesa, el teatro la academia y escuela de sus especulaciones? ¿Són las bailarinas ó las mancebas las directoras de sus estudios, de quienes aprenden los grandes teoremas para derribar de su trono al Dios eterno? No. obstante se lisongean de erudición y literatura; y los libros que vienen de lacotra parte de los mon- Yes, componen una parte del nuevo adorno de los gabinetes de las mismas damas. Se les oye hablar en las tertulias de un modo altanero y atrevido, y decidir de cuanto hay mas. venerable en la tierra y en los cielos. Sin embargo todo su estudio y sabiduría consiste por lo comun en haber ojeado algun impio y obsceno Diccionario, alguna coleccion de Cartas tan atrevidas é insolentes como sednetoras y escandalosas, ó. alguna otra de Ro- J
(30) mances y Novelas licenciosas y. sacrilegas. Y a. he dicho licenciosas, porque este es el carac= ter ordinario de los libros en que deben sin duda estudiar sus nuevas doctrinas. Esto con= firma á las maravillas nuéstro asunto: esto es, que la corrupcion del corazon, que se apacien= ta en tales prados, es el estímulo y prurito que les mueve á alzar vandera contra la yerdad. En efecto, Pedro Bayle, el mas esperiintentado, y quien mejor conoció el genio de tales personas, tomó sobre sí el particular cuidido de servirles completamente; por manera que siempre me ha parecido poderse decir de este autor, lo que de Petronio Arbitro, poeta epicúreo, escribe Huet: que debe la ma- »yor parte de su fama á sus obscenidades; y » que sería menos leido y menos estimado, si » hubiese sido «mas, honesto (1).? ¿Como á la (1) Huetiana, 5.86, Juicio de Petronió. En órden á la obscenidad de Bayle véase entre otros muchos á J. Bernard. Noticias de la República. Enero 1707. * Pedro Bayle nació en Carlat,, en el Condado de Foix, el 1647. Educado en el Calvinismo sor su mismo padre, que le sirvió de maestro hasta la edad de diez y nueve años, abjuró esta sectas convencido por el Párroco de Puylaurens, donde habia ido á continuar sus estudios en una acade= mia de su secta; pero inconstante volvió á los diez 2 A A a
(36) mitad “del siglo.anteriorshabia precedido al Ad ¿e ) y nueve _meses 4 la Religion reformada, óÓ por me- Jor decir, puso el pie para no tener ninguna, porque este fue su carácter, Precisado á relirarse á la Suiza como relapso, sirvió alli de ayo por algun tiempo; y de alli pasó á Sedan á una cátedra de filosofía: tan infiel amigo como buen sectario, burló la yi— gilancia de Jurieu enredándose en una pasion amorosa con su muger, á la cual siguió á Rolerdan cuando su marido se retiró á Holanda, donde la continuó con una publicidad que llegó á ser escándalo: que la moral de los impíos es siempre la misma. . Sindicado tambien de haber tenido par— te en las maquinaciones políticas del Burgo-maes- tre Halwin, fue despojado de la cátedra de filoso— fía € historia, que sus sectarios habian eri denunciado de nuevo á los Co: seguido de ellos mismos por la Dicciongrio , murió en _Roterda cincuenta y nueve años de su eda quirir por su moral definió, completamente, Ab. Polignac (despues Cardenal) á qué secta per tenecia: Soy Protestante, dijo. Calvinista, Ánglicano, Sc. 2=No, replicó: Soy Protestante, porque protesto contra todo lo que se dice, y se hace. Sus conversaciones eran tan libres, que aun en las concurrencias donde se hallaban personas del otro sexo, tenia su fruicion en hablar de las ma-= terias mas secretas de la anatomía, como pudieran los cirujanos en sus lecciones; y Cuando veia son-- roseadas á las oyentes, fingiéndose como sorpren- EN gido para él: denuncia “onsistorios, y perpublicacion de su m el 1706, á los d. En yano es in su Religion: él mismo sé cuando preguntado por el a = ¿Pero Luterano,
(32) novelista de Roterdan: Francisco de la Mothe: Vayer (*), insigne pirrónico, y por dicho del A dido, preguntaba si se le habia, escapado alguna in=, decencia. Sus principales obras son: Pensamientos” sobre el Cometa que apareció el 1680, don e ¿se ara, roja á tales paradojas y absurdos, que desde luego, se le miró como un impío. Comentario fi (osófico SO. bre aquelias palabras del Evang gelio: Compelle intra=" re; que es un verdadero. tratado de Tolerancia, tan alabado por lo. mismo de los que la necesi au. Las Nouvelles de la: Eepublique des. lettres a "periódico, donde entre buenas erílicas se ven derramadas á manos llenas las. obscenidades. E Diccionario. hist rico y crítico, em cuatro tomos en folio, arsenal de. todas, las impiedades, y del mas absoluto Pirronis=, mo; obra, segun él mismo dice en una de Sus | ra, tas, semejante á un viage de caravana, en e “cual, se andan veinte 6 treínta lez guas Sin encontrar un dro, bol frutal ó una fuente. En 4 defiende, á ca cada paso. el Sí y el No en una misma, materia; Pl con. la malignidad de inclinarse siempre cohtra la” eligion. A y las costumbres 3. y mo. parece sino que “toda, su complacencia, era apoyar. un error. mas bien que la verdad: ni aun las verdades geoméleicas Je; merecian atencion. Esto le hizo dar 7 dictado de Abogado de los filósofos. Su talento, decia él mismo en una carla al b. Tour nemine, es formar dudas; pero no son para mí mas que dudas, ¿Pues por qué las yendia como verdades al género A: * Sinem= bargo este fue uno de los primeros libros que comonian la Biblivteca de Córtes en Cádiz. *) Algunos creen que el Scepticismo de éste nitaba. á las ciencias humanas, se lin
(35) mismo Bayle, torpísimo escritór, y por lo tanto un héroe tambien entre los libertinos. A este habia precedido en el siglo antece= dente Miguel de Montagne (*), cuyos En- A 5) Miguel de Montagne, ó Montaigne, natu— ral de la quinta ó casa de campo de este nombre en el Perigord, de la cual era señor su padre, na ció el 1533. Criado con una delicadeza singular hasta el estremo de no dispertarle cuando niño sino al sonido de instrumentos, porque no se malograse, no sé si podemos decir que desde entonces empezó á contraer el hábito de no contrariar su genio y gustos. Hecha su carrera con rapidez, despues de haber viajado por la ltalia, Alemania y Suiza, fue nom-— brado para una plaza del Parlamento de Burdeos, y despues Corregidor de esta ciudad, en cuyo liempo asistió por cuatro años en la corte, y por fin vino á retirarse al lugar de su nacimiento. No es creible el crédito y elogios que han dado los filósolos á sus Ensayos, obra á que, segun el parecer de Malebranche, solo puede dar estimación la cor— rupcion del corazon humano, como que en ella en— Cuentra cuanto le lisongea. Segun el carácter del autor abunda en contradicciones: la libertad degene- /Ta en licencia: como verdadero cínico nombra to= das las cosas por sus nombres, y todo se lo permitc. Sin sistema fijo confiesa de sí mismo que “unas »YECes es modesto, otras libertino: ya verídico, ya » mentiroso: casto é impúdico: pródigo y avaro; todo »segun el humor le dominaba.” Vacilante en una duda universal no seguia en su moral y conducia Tomo VIL 3
; (40) es un ateo invencible; que Hobbes (**) prueba efectivamente, que la utilidad constítu= ye el derecho: no obstante que ellos ó no hayan vistó tales autores, ó seguramente no hayan encontrado en ellos las pruebas, que puedan conducir á una tranquila y sosegada-im-= piedad. Procuran pues fundar su propia certeza sobre la que suponen en otros, y á fuerza de repetir estas necedades,- llegan á atolondrarse, acalorar la imaginacion, y ahogar la verdad interior: y repitiéndolas despues en las reuniones y tertulias, no tanto pretenden engañar 4 otros, como engañarse á sí mismos; y antes bien solo por engañarse á sí mismos desean engañar á otros (1). El que ha tratado con algunos de estos infelices, y en especial el que ha tenido alguna disputa con ellos, conoce bien esta verdad. Nada temen por eso tanto como un racio- o paciones y disolucion: que estos héroes todos se parecen; y murio á los cincuenta y dos años en Lóndres el 1722. Su estravagancia llegó hasta suponer en Spinosa y Moisés unas raismas ideas. Por aqui se puede venir en conocimiento de las demas. (*) Véase sobre Hobbes y su libertinage la cita de la pág. 113 del t. 1 de la Biblivteca. (1) Véase Mr, Mural, Cartas sobre el espíritu fuerte.
(44) cinio seguido: ceden á las primeras obgeciones, y con una bufonada se salen de la cuestion; ya porque de ordinario, como hemos dicho, no han leido mas que las tésis Ó índices; y ya porque se sabe que el arte de raciocinar no es su prenda característica. Díganos pues ahora todo hombre cuerdo y racional, ¿si unos ateos de esta especie podran ser mirados á otro aspecto, mi tenidos en otro concepto que en el de una gente corrompida, en quien los apetitos desenfrenados son la primera causa de su obcecacion, y les hace cometer la temeridad mas injusta y abominable, cual es renunciar á la Religion, apoyados en la persuasion de otro, á quien no ven, y fiados en algun sofisma, que no entienden ? Sin embargo este es el caracter de la máxima parte de los que tn nuestros dias quieren pasar por incrédulos. Finalmente, si les falta el nervio delos argumentos con que sostener ó defender la impiedad, no por eso les falta la audacia, para sacar á plaza los mas vergonzosos errores, é intentar la _Fuina de las verdades mas importantes. Y asi este atrevimiento es otra de las cosas que aprenden nuestros libertinos en los libros mencionados, en los cuales se deja ver esta audacia como un suplemento necesario para
(42) ” . Orb . llenar el vacio de la razon; advirtiéndose siempre ser mayor, cuando es menor la ciencia; y aumentándose respectivamente por los mismos grados que la ignorancia. VL Idea del carácter y del mérito de las Cartas judías. Las Cartas judías , (*) por egemplo, son uno de los mas miserables escritos que han aparecido contra la Religion en estos últi- e (*) Su autor fue Juan Bautista Boyer, mas co- | nocido por el título de Marques de Argens: nacido en Aix de la Provenza, de un procurador general del Parlamento de aquella ciudad , su padre quiso dedicarlo al foro; pero su inclinacion lo llevó á las armas, en cuya carrera entró á los quince años. De resaltas de una caida de un caballo hubo de de- . .. Y , a Me jar el servicio, y pasó á la Holanda, donde empezó á escribir. Federico Il de Prusia, que trató de re= unir á todos los impíos, lo llamó á. su corte, y 10 hizo su gentil-hombre de Cámara. Casóse alli, y volvió despues á su patria, donde vivió como filós sofo. Bayle era su modelo, y en él bebió sus sofist mas contra la Religion: sus dogmas, por confesioM : propia, dependian de las estaciones; ¡Religion digv? — de un filósofo! y asi no tenia principio fijo como no fuese la licencia en el escribir, y el odio contra | Ministros del Santuario. Sus Romances y sus Me- »
(43) mos tiempos: y sin embargo el escritor se ostenta como uno de los valerosos campeones. Las impiedades, que con profusion en ellas se derraman, solo se defienden llamando en alta voz espíritus bajos y envidiosos á todos los que se atreven á llegar á condenarle, Las calumnias y las sátiras con que son maltratados todos los ministros de la verdadera creencia, son las pruebas mas frecuentes con que la impugna: como si la corrupcion de costumbres de los profesores, que son hombres, pudiese perjudicar á la ver- AS A A O A A morías estan llenas de hechos que no inmortaliza— rán á su autor. Las Cartas judías, las Cartas chiz nas, las Cabalísticas , la Filosofía del Buen Sentido, que pudiera decirse del mal Sentido, ó del Delirio, son las mas nombradas, "Tradujo al frances tambien el Discurso de Juliano contra el Cristianismo , obra como de aquel apóstata. El trato que en su retiro tuvo con dos virtuosos eclesiásticos, el uno de ellos hermano suyo, le hizo entrar en reflexion sobre Sus errores: su conversacion disipó sus dudas, y una enfermedad le decidió enteramente á volver á ios. Hizo una retractacion solemne de todos sus errores: reprobó sus libros; todo lo cual consta del Proceso verbal inserto en las Actas capitulares del cabildo catedral de Tolon , donde la verificó, y don- e murió pedidos y recibidos los Sacramentos el xx de enero de 1771.
(44) dad de una Religion, que se demuestra ser divina. 10 La persuasion ademas de su pao Lió mérito, y del valor de su trabajo, es- en aquel autor cosa tan cierta, que le puso en términos de esclamar desde el principio: y ¿qué importa desagradar á una manada . de ignorantes; de frailes y de falsos: devotos ?- ¿Merece acaso menos lo: que estos condenan? (Tom. 1.2 Pref.) No es necesario, diré yo, ser fraile ó devoto; basta solo un poeo de racionalidad y de honor, para no escribir de esa manera. En efecto, ¿quién puede sufrir 4 un hombre, que nacido y criado en el Cristianismo, sin átomo de razon, sin auxilio de erudicion. docta y ver-- dadera, por solo espíritu (segun aparece) de Aid y de furor pone á cada momento á esta misma Religion, que él llama Nazarena, en-comparacion con la supersticion judáica, y con la ley de los turcos, y despues de haberla ultrajado y escarnecido, la finge «salir de la pendencia batida y afrentada? Una - | A Í Religion respetada por tantos siglos de todo el ltda: autenticada con tantas pruebas; y para omitir ahora lo demas, enseñada por tantos ingenios antiguos y modernos, en cuya comparacion verdaderamente no sé qué figu-
(45) ra podria hacer este autor ? ¿Quién puede sufrir sin indignacion la afectacion maliciosa, con que se disponen muchas Cartas, y se pu= blica en dos lenguas un cuento con-mas blasfemias que palabras contra nuestro divino Legistador, y contra la pureza y el honor de su santa Madre? Es verdad, se dice luego, que este cuento es una impostura de los Rabinos; pero ello es que se publica sin otro motivo que dar gusto á los incautos lectores como sucede ton las otras novelas impuras y mordaces. ¿Quién es capaz de ver hechos objeto ' de los:mas “viles sarcasmos los ritos mas venerables y mas sacrosantos? ¿Quién las yerdades mas importantes de la Religion, hechas el blanco de sofismas mil veces ya disueltos, y esto por un Carazta $ por otro infiel (como se conoce al fin de las citadas cartas), y en la contienda, ó por ignorancia Ó por malicia del. escritor, disimular. las respuestas y. hacer que aquellas sucumban y queden vencidas? ¿Quién puede ver despreciados los mas eminentes ingenios y mas venerables maestros, y pronunciada sentencia de condenacion, y de: censura contra. los mas doctos CONgresos, y aun contra naciones enteras, Y “sto por un escritor que se presenta en el mundo con una docena de cartas pe
(46) das (1) de noticias añejas: y recamadas de reflexiones triviales, de estractos del. Espia Turco, de parafrasis de Rousseau y de otros autores: y que sí hay en ellas alguna. cosa. que algo valga, es lo que está ya cien veces ese tampado en otros libros ?- No se me diga que en estas cartas habla un hebreo, el cual por sostener su carácter, se esplica segun las preocupaciones de su secta. ¡ Miserable y pueril de fensa! Un hombre de honor, si no tiene valor para salir al campo contra la Religion con la cara descubierta, debe avergonzarse de hacerla un obgeto de mofa y de irrision , yde prestar su pluma á un Rabino ó á un Impío, y hacerles decir unas blasfemias, que sabe bien estan mil veces confutadas, y que no es Capaz de sostener (2). (1) Véase la carta dirigida al autor de aquella rapsodia, y que antecede al t. 7 de las Cartas judías de la edicion de Lausana, y de (Grinebra de 1730» 2) Abusaria de la paciencia de mís lectores sÍ hubiese de citar los testimonios de muchos hombre3 doctos y prudentes de todos los siglos, que desaprue” ban fraude semejante. Se sabe cuál ha sido el par recer de todo el mundo sobre el poco ha citado Luciano, el cual siempre vomitaba sus impiedades debajo de la máscara de algun bufon:: se sabe lo que escribe el Nacianceno (Orat. 3.) de Juliano | A : 1 4 l ¡ h E 'Ñ Í ] | » ; ¡ 4 4 Y »
(47) VIL Infiérese de todo esto que la corrupcion del corazon es el manantial ordinario de la impiedad. “Estas son pues las demostraciones de que se arman nuestros libertinos , y que manejan en las concurrencias para aparecer espítitus fuertes, y hacerse formidables. La arrogancia, el desprecio y las sátiras contra la Religion y de quien la profesa, es lo mas lucido y mas fuerte que saben. Es bastante pro- A A AN Apóstata, cuando fingiéndose todavia cristiano, bajo la apariencia de disputar, defendia la idolatría, é impugnaba el Evangelio: se sabe lo que dice Focio Cod. 106 contra Teognosto ), el cual escusaba los errores de cierto libro suyo como enunciados en persona de otro: se sabe (para recordar á nuestro li terato judaizante un egemplo doméstico y muy del caso) lo que escribe Gerson de aquel otro que en Pa— rís en persona de un judío se mofó é impugnó el Cristianismo. Llamado ante el Arzobispo, y convencido por el Canciller, se escusó diciendo, que los habia proferido en persona de un Hebreo. Pues bien, replicó el Canciller, si hablaste entonces como judío, retráctate ahora como Cristiano, Esto debia hacer el arqués de Argens, Mas ya no está acaso en esta— 0 de egecutarlo, * > Efectivamente lo hizo antes de morir. Véase la pág. La,
(48) 3 bable dice Pedro Bayle haciendo el retrato de ) estos, que los que en las concurrencias afectan combatir las verdades mas comunes de la. Religion, hablan mas de lo que piensan. ón sus disputas tiene mas parte la vanidad que la persuasión. Se imaginan que la singularidad y la osadía de los sentimientos que defienden, les adquirirá el concepto de espíritus grandes..... forman poco ú poco cierto hábito de tener discursos impíos, y si la vida viciosa se une á su vanidad, corren mas veloces por este camino. Este hábito perverso contraído bajo los auspicios ya de la soberbia, ó ya de la sensualidad, trastorna las ¿impresiones de la educacion; es decir, adormece el sentimiento de las verdades que aprendieron en la infancia acerca: de la Divinidad, del” Cielo y del Infierno. Y poco despues: aprendieron algunas objeciones; aturden al mundo con ellas ; y hablan como charlatanes (1). ¿Qué mas se quiere para descubrir en este estilo de los libertinos la fuente de corrup=- ¿ cion mas lamentable? Fomentándose ésta, y prometiéndose libertad y tranquilidad en £ el sistema impío, se aplican á éste, no guias | A 'Ñ A + de ! $q€_I A _- _ÁA _ _ - _—_—__ AAA --AA—A (1) Dic, crit, arlic, Dew-barreaus,
(2/5) dos dela fuerza de la razon, sino auxiliados de algun mal.entendido sofisma y armados de osadía y arrogancia. CAPÍTULO IL. - De la misma primera fuente de la impiedad. — o a 1. Caracter que afectan los libertinos. “Nada «por ventura desagrada tanto á los libertinos como el ser tenidos por tales, no por sistema, persuasion y convencimiento, sino á causa de un corazon perverso y corrompido, Paréceles que el primer género de incredulidad puede avenirse con el caracter de hombre de bien, y añade á él la fama de un literato, que se eleva sobre el comun de las gentes por su libre modo de pensar; cuando á la verdad el segundo presenta solo, aun por confesion del mas apasionado entre sus defensores, la idea de un hombre perverso, arrastrado del desórden de las pasionCs mas brutales, que ha Megado al estremo de desear ser, aunque sin podérselo per- Tom, VIT, 4
(56) Sobornar á los Dioses; y que luego - Existiesen, cuando él lo decretaba. . Olvidó” pues su ciencia como un juego: * Y cuando hecha carbon la fauz tenia , La mano alzando en humillado ruego: Salve, Pluton, mil yeces repetia, É e”. ue - He aquí pues. una pintura bastante clara de lo que vemos cada dia en los incrédulos modernos. Cuanto mas atidaces' en burlarse de la Religion cuando las fuerzas del cuerpo corresponden á los furores del espíritu Potro tanto son mas viles, -y abatidos al menor: peligro que se les presenta. En un momento pierden y olvidan su metafísica; mada yalen ya entonces Hobbes; mi Espinosa : las pretendidas demostraciones contra la existencia de Dios desaparecen; y en vada mas piensan que en buscar el perdon, llegando no pocas veces, como se ha dicho, hasta la superstición, y la estravagancia. El mismo Bayle concede voluntariamente, que esta és la escena que presentan ( 1) casí todos los impíos : y entre otras cosas refiere, que un insigne espíritu fuerte se quejaba vivamente, de que ninguno de los de su secta tenia el O E o co E (1) Dic. crit, art, Bion,
(57) “don dé la perseverancia: que 'no: la: hacian honor cuando se veían cercanós á. la muer> te, y que en ella se deshonraban á. sí mismos, y se-desmentian. Em rouchas partes de su grande Diccionario. muestra: verificado to- | do esto con varios egemplos (1). Y no nos sería difícil añadir aquí algunos otros mas, mo> dernos, Mr. de la Metric (*), autor del impió (1) Art. Bion y Des-barreaua , Sc, Véase el t. 2 de la Biblioteca, a: TR (*) Julian La-Mettric, frances, "natural de san Malo, dedicóse 4 la medicina, y estudió bajo la conducta de Boerhave en Holanda. Médico de un regimiento de Guardias francesas, manifestó desde luego sus impiedades én su obra de 14 Tlistoria miz tural del alma, Precisado por este motivo á salir de Francia y de Holanda, donde su libro habia: sido quemado, se acogió al Rey de Prusia, quien lo hizo su lector, y miembro de la academia de Berlin. Tan estravagante en su conducta como en sus . Principios, se le veia á veces en medio de una tertulia desnudarse enteramente, hasta quedar del todo descubierto. Su Hombre maquina y su Hombre planta, su Discurso sobre la felicidad , descubren un €nergúmeno mas que otra cosa. Constituye la felicidad en acallar los remordimientos, y abandonar- Se á todas sus inclinaciones: aconseja al ladron que robe, al disoluto que se revuelque en el cieno de st lascivia , 8c. si su inclinacion es esa: hace salic á los animales de la tierra como brota la hierba de los fampos Kc, En fin, escribió en tales términos
(58) | libro intitulado el Hombre máquina, ha com* parecido en el mundo como uno de los mas empeñados materialistas, y segun la frase de Bayle, deberia llamársele ¿mpío por sistema: sin embargo tambien este perdió la fortaleza | de espírilu, y procuró arrepentirse. Se sabe y cuán precioso ha sido para los libertinos el nom: bre del autor de las Cartas persianas, y con cuánta afectacion le han celebrado. Pues tambien á la hora de la muerte depuso su arrogancia, y procuró morir no como persa, sino como cristiano (*). : que Voltaire mismo decia era un loco, que escribia emborrachado. En medio de este furor anti=religioso - llegó la muerte, y la vista de un. Dios vengado" le desconcertó: maldijo su filosofía , que asi le ha-= bia estraviado: hizo una retractacion de sus erro? res; quiso que constase, por pruebas públicas, deseando doblar la ira de un Dios á quien habia ofen”- dido. Ojalá que lo haya alcanzado. Los filósofos sin — tieron mucho este paso, y uno de ellos decia: Que > La-Mettrie los habia honrado en vida; pero mas en la muerte. Vivamos siempre en la santa Reliz gion en que hemos nacido, para no tener que su” > frir este oprobio en los últimos instantes. El de Ly Meitrie fue el 1751. ( (*) Véase el t, 2, de la Biblivteca , pág. 166. A A as
al mL. ¿Qué se infor 78 esto?. > lan ia casi mar de los espíritus: fuertes, que en los peligros y Cerca= nía de ila:muerte se olvidan del. sistema de la: impiedad, ¿qué ños. da á entender? Sin duda que el orígen: desu. impiedad no es la | razon, sino la: depravacion : la base de. su sistema ño son: argumentos sino ilusiones, las cuales habian Megado 4: turbar' y obscurecer las idéas:de: eternidad y de Dios profundamente impresas en su alma; pero no á borrarlas con una persuasion, efecto de un exacto raciocinio. En efecto; sto comó repiten á cada momento, estan: bica convencidos de que la muerte no es mas que un profundo eterno sueño, libre de toda sensacion; que el Juicio con que el Sober rano Moderado? NOS amenaza despues de la muerte, no es Otra cosa que una invencion poélica, y el infierno un cuento de viejas, y un espantajo de niños (1), ¿por qué al momento que A a. 93% <GIBROA SBTE 00 Sh e (0)--Nam velnti pueri trepidant, atque omnia cacis In tenebris metuunt y sicnos in luce timemus. Interdum nihilo que sunt metuenda mágis quam Que pueri in tencbris pavitant, Finguntque futura. Lucret. Lib. 4. V. 34»
A (60) tinúan riéndose de ellos? ¿por qué entouces no recuerdan sus demostraciones? ¿por qué no salen al encuentro á estos temores col aquel denuedo con que un hombre valero: entra de noche en una estancia, en que, sabe. no hay mas que sombras que puedan es pantar á niños? Por qué antes bien nos. mues? tran renovada la escena que propone Eschilo: en los Persas, cuando acosados de las armas griegas, y batidos por la tempestad “aquellos. feroces soldados de Ecco, en medio de estas: calamidades 9 Quien antes-no haber Dioses opinaba, ntonces ya con lastimeros ruegos A los cielos y tierra importunaba? (1). y Y yE Un pensamiento de Bayle con firmó esto mismo. é Acaso nos responderán que lo hacen asi | para mayor seguridad, sirviéndose entonce* del argumento ab eo quod est tutíus ; es de” y cir, de lo mas seguro, que arriba indicamó (1h cs pes 0.» 0 UNDADS ' Non esse credebant prius , fundebant preces Colum atque terram adorantes. ¿Esquil. in Pers.
(61) bol pat 3 de la Religion, que si es vera dadera: promete un sumo bien; y si fuera falsa, mada daba que temer. ] : Pero este argumento, por sólido que seas por “otra “parte.. no tiene:en: manera. alguna lugar contra la evidencia, Es decir; el partido que parece mas seguro, no puede seguirse, no siendo un hombre estremadamente débil y melancólico, por el que está convencido con evidencia, de que tal partidoes falso y vano, y que el sistema opuesto es cierto y verdadero, ¿Cómo pues podria ser que los libertinos, espíritus fuertes € intrépidos, siguiesen á la hora de la muerte , solo para mayor seguridad, el partido de la Religion, si estuviesen realmente persuadidos de que es una vanidad y demencia, y se hallasen ciertos del Ateismo? Replicárase acaso, que los libertinos á la verdad jamas llegan á te tra la Religion y contra te dudas (4), 1 -cia-dejan lu guridad. As de abogado ner esta certeza con- Dios; sino solamenas cuales por consecuen= gar al partido de la mayor seí puntualmente responde el grande vellos. VOigámosle: casi tots AE (1) Véanse las cartas de Mr, Muralt sobre el espiritu fuerte, y
(62) dos los (1) que viven en la irreligion, ho ti nen mas que dudas: jamas llegan á tentr. certeza. Al verse en el riesgo de und grage en”. fermedad, en que la irreligion ya no les es de. algun uso, se aplican al partido mas seguro; esto'es, al que en caso de ser verdadero, prot mete una eterna felicidad, y no espone ú pelin gro alguno, aunque sea jatso. A A ¿Mas por qué no forman esta resolucioM. en vida? ¿Por qué no abrazan un partido! ciertamente seguro y ventajoso en tanto grado, Sino tienen mas que dudas contra él? No pol: otra causa ciertamente, sino porque en vida Ja irreligion les es de algun provecho. es decir; les deja seguir sin remordimiento lo que les dictan las pasiones, y al tiempo de morirse no estan ya para eso. ln esto cualquiera ve que ellos mismos confiesan lo que al pre? sente deseamos, y €s, que el gran princi pio que los detiene en la impiedad, es la corrupcion del corazon. No tienen contra Religion mas que dudas: en este caso es ev dente que deberian adherirse al partido de? Religion, que es el ventajoso y Seguro, co mo lo hacen á la hora de la muerte; po r (1) Diccion, crit, art, Bion,
bos NE” ÁAleistas por sistema (63) que estar suspensos, decia Pascal, es lo, mismo que ser impíos por escelencia. Luego si mo lo hacen, se declaran dominados de una concupiscencia inmoderadísima , pues: que apoyada en solas y meras detenerlos en la ¡rre]; redugese á una espe duciria otra y brutos; yen un infinito bi dudas basta para gion,, la cual aunque se a especie de sistema, no lés proentaja que dejarlos. vivir: como todo evento los espone: á perder en, yá entrar.en un eterno mal, stros, espíritus fuertes y libertinos . son - tales, porque quie ren, ser. so- A O aa y de: buena Fé son una paradoja de Bayle... Mas aunque, parezca que. Bayle confiesa alguna vez ingenuamente la verdad, con todo eso siempre tiene prontas ciertas das cautelosas, su primera inte sus miras, Concede en muchos lugares: que - la mayor parte «de los libertinos, es decir, todos esos jóvenes disolutos, los políticos imteresados, los. ministros venales,. Jos.charlatanes hinchados, y todo ese cúmulo de personas, que con el carácter de espíritus fuer= retirapor las cuales se «descúbre ncion, y donde habia puesto
(64) tes inficionan la Europa, no son en realidad mas que una turba de gente tan Corrompida como ignorante, ó á lo mas superficialmente efudita, Confiesa que son personas, que aunque en sus academias y reuniones literarias hablan cón tanta osadía contra la Religion, ó no saben lo que dicen, ó dicen mas de lo que piensan: personas en fin, en quienes la violencia de las pasiones suple por la demostracion que los afirme en la impiedad, De estos pues confiesa espontáneamente Bayle, que como gente débil ó héroes de teatro, sienten á la hora de la muerte una mudanza, que es en efecto prueba de que la Religion estaba en ellos sofocada por el humo de las pasiones, mas no apagada con la fuerza de los raciocinios. Pero fuera de esta turba, de cuya proteccion se desdeñía el gran crítico, señala” otros muchos favoritos suyos, á quienes llama (1) hombres graves separados de los placeres y vanidades de la tierra, que en las conversaciones no se empeñan en dogmatizar por la impiedad; y guardan y reservan sus sentimientos (¡preciosísimas joyas!) para sí solos, ó para aquellas personas que no son capaces de abusar de ellos, Y 4 estos aman ateistas O A (1) Dic. crit, art, Des=barreauz,
(65) por sistema, no corrompidos por la disolucion, ni por la vanagloría : á quienes la infelicidad de haber sido demasiado vivamente heridos de un cierto principio, y haberlo seguido con demasiada graduacion de consecuencias, ha conducido á una citrta persuasión. ¿Se podia retratar mas dulcemente á los monstruos del género humano? Y sin embargo, ¿qué es lo que dice Bayle de estos? La gracia de Dios puede en efecto librarlos en la proximidad de la muerte; pero sin este auxilio persisten en su indolencia en medio de la en- Jermedad y del peligro: y. sí acaso convienen en las ceremonias que acostumbra la Iglesia, sola y únicamente es por librar á sus parientes de las vergonzosas consecuencias de negárseles lo que prescribe el Rítual. He ahí lo que son los campeones del Ateismo. He ahí unos hombres llenos de valor para no temer por SÍ- mismos el infierno á la hora de la muerte; con todo eso temer en sus parientes el Sonrojo de que se les niegue la sepultura. Estos son los que merecen el triunfo, segun Bayle, y no aquellos literatos (1) que no han examinado las materias, y. solo han ERA ANA CU (1) En el lugar citado, Tom. VIL a.
(72) ciones como deseára: eso no obstante; era tambien cierto, segun SUS principios, que no por eso sería mas infeliz despues de la muerte, sino solo*que no hubiera podido gloriar- _se por mucho tiempo del honor de ser un espírilu mas fuerte que los otros. Juan Cristobal Wolfio (1) dice algo mas: estando cercano á la muerte no admitió á persona alguna, y prorrumpió muchas veces en estas palabras: O Dios, sed: propicio á este pecador. Francisco Halma en: el prefacio á la vida de Espinosa, dice que lo oyó así de un sugeto muy celebre. De estas relaciones parece bien claro, que este impío lejos de haberse mostrado en aquel estremo firme y constante en el ateismo, reducido por él á sistema, perdió entonces toda su geometría y todos sus sisternas, y al modo de los otros libertinos, ó reprobó en aquel punto sus delirios, ó con una pérfida obstinación no quiso dar oidos á quien podia sacarle del errror. Tambien Jacobo Brukero (2), último escritor de la His- A O A A IL IA (1) Morti proximus nullum admisit, socpeque-ín hac verba prorrupit: 6 Deus, esto mihi peccatori propitius! Wolf. Biblioth. heb. p. x. (2) Jacob. Brucker, t. 4, part, 2, *
(73) toria filosófica, siguiendo la autoridad de Juan Colero, uno de los que dieron á luz la vida de Espinosa, digna á la verdad mas bien de las tinieblas y del olvido, pretende que todo lo que se dijo de sus esclamaciones á Dios, ó de la prohibicion al huesped de admitir ministros á visitarle, 6 de haber tomado la “cicuta, como algunos pretenden, todo es fabuloso. Y. añade, que la muerte de Espinosa, como suele suceder á los éticos (pues esta era la enfermedad que le iba acabando), le sobrecogió de improviso tanto á él como á sus huéspedes; pues el mismo dia habia salido de su habitacion, y en el momento fatal solo se hallaba con él un médico de Ams-= terdam, que habia venido á visitarle. Mas cuando se quiera estar á esta relacion, y la muerte de Espinosa haya sido instantánea é imprevista; ya que no nos muestre la mutacion acostumbrada de los libertinos, tampoco nos deja ver en él intrepidez ni valor, y sí solo el tremendo castigo de aquel Dios que arroja en un momento á sus enemigos blasfemos á esperimentar el rigor eterno de su indignacion , que no habian temido.
(74) N VIIL Brese noticia de la muerte de Bayle. Este igualmente fue, digámoslo de paso, el trágico fin de Pedro Bayle, quien despues de haber representado tantos personages en la república de las letras, no tuvo tiempo para darnos á conocer enla última hora si habia favorecido el pirronismo, el maniqueismo y el ateismo por vana ostentacion, acogiéndose en aquella estremidad al partido mas seguro; ó si habia patrocinado con tanto empeño la impiedad por sistema, y por graduacion de consecuencias, mante niéndose intrépido y constante en el peligro y artículo de la muerte. Porque tambien este murió repentinamente, y sin que se hallase presente alguno de sus amigos; los cuales le hallaron vestido y muerto sobre su cama (1). (1) Véase la vida de Mr. Bayle por Mr, Dex- . maceaux; y el P. Niceron, t. 6,
(75) tx. Opinion. mas verosímil acerca de las disposiciones de Espinosa ú la hora de la muerte. Reflexiones que nacen de aquí en órden á la persuasion de aquel impío. Conclusion de todo lo dicho. Mas volviendo á Espinosa, aunque se quiera decir que su muerte fue repentina, como aseguran Colero y otros; con todo eso no podemos negar lo que refiere Nieuwentyt acerca de las disposiciones y precaucion que . habia tomado; esto es, que para prevenir toda turbacion € inquietud no quiso durante la enfermedad, ni en la proximidad de la muerte, que se le hablase del estado del hombre despues de esta vida, ni sobre la certeza 6 incertidumbre de sus sentimientos. Digo que no podemos contradecir á esta relacion, lo 4.”, porque este autor, que podia saberlo con seguridad, lo refiere como un hecho cierto. Lo 2.* porque la relacion de Nieuwentyt es del todo conforme con lo que dice Pedro Bayle, y supone haberlo sabido de buena parte (4); y finalmente, porque es muy conforme con las disposiciones del ánimo de Espinosa, y que él mismo manifiesta en una a o a LI cnica (1) Pensamientos diversos, $. 181.
(76) . carta á Bliemberg, indicada tambien por Nieuwentyt, en la cual despues de haber confesado que no entendia la Escritura, y por eso en sus opiniones se remitia enteramente á lo que su entendimiento le dictaba, añade: y sí el conocimiento que tengo de mi razon natural fuere falso, no por eso deja de hacerme feliz mientras me gozo y paso la vida, no entre lágrimas y suspiros , síno cun tranquilidad, entre alegrías y placeres (4). De este pasage se infieren muchas cosas dignísimas de reflexion. 1. Guán débil y vacilante era la persuasion que este hombre, á pesar de su metodo geométrico, y del ateísmo en sistema, tenia de su opinion; pues no dudaba que podia ser falsa. 2, Cuán pésima era la disposicion de su alma, puesto que en una cosa de tanta entidad, y sobre la que no podria ignorar los argumentos y las consecuencias infinitas del verdadero sistema, sin pasar mas adelante vivia tranquilo sobre: una monstruosa opinion, que creia podia ser falsa. Y se aquietaba con ella por el único mo-' tivo de que esta opinion.le hacia'feliz mientras gozaba de ella, y le proporcionaba vivir, no entre lágrimas, sino entre placeres. De- A (1) Carta 34.
(017) cidan pues, dice oportunamente Nieuwen= ut (1), las personas de entendimiento, s1 estas palabras muestran ser de un filósofo, que investiga la verdad, ó de un ateo obstinado, que por no turbar sus placeres no quiere oir razonamientos. 3. Guan conforme era á estas disposiciones de la mente y corazon de Espinosa lo que hemos dicho arriba del tiempo de su enfermedad y muerte; esto es, no haber querido oir hablar entonces acerca de sus opiniones, ni de las cosas de la otra vida. Tenia previsto se turbaria su sosiego, Y, como decia aquel de quien habla Horacio (2), le sería arrebatado de la mente el gratísimo error, del cual no tenia certeza sino obstinas cion; y en tal caso habria podido dar aque- Mas señales: de debilidad, que suelen verse en los impíos, y nO convenian á un hombre como él, celebrado no "solo en Holanda, mas tambien en Francia, en Alemania y en Inglaterra por príncipe de los espíritus fuertes (3). 4. Estos sentimientos en vida, y estas cautelas en la enfermedad y cercanias de O (1) Véase el Discurso ya citado. (2) ....... . Pol me occidistis, amici, Won servastis, ait, cui sic extorta voluptas y : -Erdemptus per vim mentis gratissimus error. Lib. 2. EP. 2: (3) Bayl. Dic. crit, art. Espinosa,
(78) la muerte, nos Muestran en el dicho Es» pinosa lo que intentamos probar aqui: esto es, que no la evidencia de las razones, sino la corrupción del corazon, dominado de abominable soberbia, ó el deseo de una vida exenta de lágrimas y de suspiros (que son el fruto de una conciencia totada de Dios ), acompañada de una tranquilidad funestísima, fue el gran principio que le precipitó y fijó en la impiedad. Lo mismo nos parece puede decirse y afirmarse con toda certeza de los otros libertinos (-F) que á vista de los peligros JN ade petite e tos” gras dios (+) Debiera añadirse aqui el desgraciado y escandaloso éxito del famosísimo Voltaire, sin omitir el de D'Alembert y de Diderot, que confirman admirablemente lo que dice el autor en este capítulo. Pero se halla ya publicado en lengua castellana en un tomito intitulado : 41 Del la muerte correspondiente á la vida de los tres supuestos héroes del siz glo XVI, Voltaire, D” Alembert y Diderot, demostrado con la simple y verdadera narracion de su muerte, Trad. 1. * En gracia de los que no hayan lei- - do aquel librito, y como aviso á la juventud, diremos que desterrado de París por su impiedad el Oráculo de los filósofos, éstos no dejaron piedra: por mover para alcanzar se le levantase el destierro: los Ministros de Luis XV] desgraciadamente eran filósofos, y estaban iniciados en la secta, y bajo pretesto de clemencia doblegaron el ánimo del Rey, y se convino en que sin levantar espresamente el destierro el Parlamento callaria, aunque entrase en la capital; ¡con-
(79) y de la muerte abandonan las impías opiniones de que habian hecho ostentacion, y A descendencia infame, y por un impío, que con una actividad incansable estaba minando el trono del Monarca! Entró en París el filósofo octogenario: la filosofía creyó llegado el dia de su triunfo: á la venida de un Monarca no hubiera habido mas sensacion: las academias la celebraron , y la celebraron en el Louvre, palacio donde poco despues se habia de ver preso el mismo Luis XVI, víctima de la conjuracion filosófica, tramada por aquel viejo implo. Las fiestas se sucedian unas á otras : los leatros le coronaron públicamente, y embriagado de vanidad , Quereís, decia á sus discípulos , gozándose en sí mismo, hacerme morir de gloria. No. Debia morir de rabia y de desesperacion, y setenta años de blasfemias tocaban ya las puertas de la eternidad. Dios es paciente porque es eterno. En medio de sus triunfos vióse asaltado de una violenta hemorragia, , que llenó de temor á todos sus discípulos. D' Alembert Diderot , Marmontel( ese Marmontel, cuyas novelas se ofrecen hoy con tam pomposos anuncios á nuestra incauta juventud en los papeles públicos, no sé si para disponerla á la impiedad ), acudieron para Sostener su constancia; pero no lograron sino ser testigos de su ignominia, La muerte á los ojos hace vacilar al maestro: á pesar de todos pide confesar- Se: escribe al Ab, Gaultier: firma que quiere movir en la Santa Iglesia Católica, em que ha nacido; pero al volver el Sacerdote de avistarse con el Cura de san Sulpicio para ver si era bastante aquella retractacion , todas las puertas se le cierran por los Iniciados, Entonces se sutedieron unas á otras aque-
(80) profesando la Religion declaran abiertamente, que no la fuerza del raciocinio de que TRE AA AAA DECIR TETONA TEE ER PAD TR llas escenas de furor y rabia que pusieron espanto hasta en sus mismos confidentes. D'Alembert, Diderot y sus compañeros no podian acercársele sin oir mil imprecaciones. “Retiraos, les decia, yosotros sois »la causa de que yo me vea así..... maldita sea la glo- »ria que me habeis preparado.” En medió de sus maldiciones se notaban los remordimientos de sus blasferias. Lleno de turbacion y sobresaltos se le veia interrumpir un breve instante de sueño ó delirio gritando: No quiero que me entierren á la ori- Na del Sena como á la L.: otras dando vueltas de una parte á otra en el lecho, clamaba: ¡Jesucristo! ¡Jesucristo! La mano, que en otro tiempo escribió en la pared la sentencia á un Rey impío (Balta sar) en medio de un festin, parecia haber puesto “delante de los ojos de Voltaire la execrable fórmula de sus blasfemias: Ecrasez 1” infame. En vano procuraba apartar de sí estos horribles recuerdos: todo se lo traia á la memoria. El féego que devoraba sus entrañas era tal, que por testimonio de los médicos si se le hubiera aplicado una pajuela al vientre se habria encendido, Y Voltaire, el filósofo, el hom-— bre pulcro, que se mudaba tres yeces al dia, al menor descuido metia los dedos en el yaso inmundo, y los llevaba á la boca..... habia mofado del -santo Profeta Ezequiel cuando Dios le mandó ro= ciar el pan con el escremento para denotar el hambre en que se veria Jerusalen, y Dios qui— so hacer sentir aun en esta vida el castigo de su impiedad para escarmiento de otros. En este estado, dejando Oir aquella triste yoz , muero aban-
| (81) io hubiesen estado convencidos, sino el ímpetu de las pasiones que los habian arrastrado, los habia puesto en la-lista de los incrédulos: y en consecuencia no se hicieron ateistas por haber sido sutiles metafísicos, sino por haber sido espíritus perversos y corrompidos. dunado de Dios y de los hombres, espiró el 36 de mayo de 1778. Los médicos. salieron espantados, asegurando que nunca habian visto una Unagen tan terrible de un impío moribundo. ¿Quién quiere morir así...? Huya de la impiedad, y de sus pestiferos libros, nose llegue á contagiar. = Despues de esto sería demas citar la muerte de D'Alembert y Diderot: estos impidieron á Voltaire que se confesára y retractase; otros lo impidieron á ellos. El primero, hijo del pecado de un adulterio sacrílego de una apóstata, filósofa tambien; murió sitiado, por Condorcet, quien se glorió despues de haber combatido su arrepentimiento, y: héchole morir como filósofo iderot, engañado por los sectarios, cuando estaba esperando que viniese Mr. de 'Persac, Cura de san Suipicio, que ya le. habia visitado, se dejó persuadir que no estaba tan de peligro, y solo necesitaba tomar los aires para convalecer; consiente en salir de la ciudad , ellos tie= nen la impía cautela de ocultar su partida, y lo dejan morir sin los auxilios de la Religion. ¡Hasta dónde llega esta impla filosofía, porque no se retractase, y la deshonrára, hasta dejarlo condenar! ¡Y E esta la filantrópica humanidad! Véase tambien el Ab. arruel, Memor. del Jacobinismo, t. 1; y aqui la Biblioteca, 4. 3, p.31y 1. 2, p. 76. Lom, VII, A,
(88) eltercér libro cóntrá los Gentiles. Comuhmenté la abrazan tambien los dóctores «católicos; y el mismo Grocio (1) la enseña en el prefacio á la obra del derecho de lá paz y dela guerra. Samuel Clarke (2) la prueba tambien: y Leibnitz en la Teodicea (3) la “admite como cierta tontra Puffendor£ quién, -SIN' razon, prelende no polerse concebir honestidad 6 torpeza antecedentemente al intrmlato del Soberano legíslador(4): Admitimos, pues, la doctrina mencionada, y aunque sea absolútamenté repugnante la indicada: hipótesi;*por cuantosin Dios 'no solamente nada existitia,; sino que'nada isería posible; y Supuésta'sa existéncia no hay instan + te, en que los preceptos del derecho natural no hayan sido leyos impuestas á la criatura racionál; con todo eso, 6 admitiendo la hipótesi, 6 supuesta” una abstracción; “con la que nos elevémos-4-un instameideal, cen que: Dios nada haya decretado, -cónvénimos en: que'se' halla +? sr 0 3D :9024912 : ) DIGAS A a nro 7 CE <+M>MM225 ñ ES 2 HA ARLUTDOD: Suentadrrogqa: es: Quod. in.actibus, humanis sunt aligua recta secundúm naturam, el non solum, quasi lege posita. Y prueba el Santo esta asercion con siete ¿reámentos. (1) Vide 102232 Otro 4: pS ios _(2) Pruetas de la Religion, asi natural como revelada y cap..3.., 138) 65 19% E "De jure Nat, et Gent, lib, x, Cap. 10, e.” 4 ' (4)
(89) fundada en el órden esencial de las cosas la ho- - nestidad ó la torpeza de lo que con su divina ley ha mandado ó prohibido: Por eso suele decirse oportunamente deslas cosas probibidas por la ley natural, que no'son malas: porque estan' prohibidas, sino que estan prohibidas porque son malas : deótra manera, sí:se concibiesen indiferentes antes de:la intimación de la ley, hubiera podido Dios dar á los hombres una ley contraria al Decálogo: lo que horroriza pensarlo solamente. Infiérase, pues; de aquí, 6'4 lo menos permítase, que aun el ateo, por “medio de su razon natural puede conocer” el órden y la honestidad de las cosas, y'que no está exento de esta ley, sino obligado de algun modo' á la: observancia del derecho natural, como quiere Bayle. | bopa pm 1V. De tal principio no se puede deducir con probabilidad , que un :Áteo se halle :en disposicion de vivir honestamente; 5 0: Todo esto no obstante, Bayle está tan lejos de lo que pretende sentar como tésis Principal, que me parece no podrá jamas arribar á ello. En efecto, ¿quién podrá nunca persuadirse con “alguna verosimilitud, que aquellos que, como hemos demostrado ya, se
(90) han: hecho ateistas para vivir sin ley.ni freno, despues de haber. llegado á este pais del libertinage, se hallen dispuestos á fabricarse á sí mismos, Con una abstraccion metafísica, las cadenas, que han roto'á costa de todos los esfuerzos contra las mas claras luces de la razon? Han cerrado ellos los ojos á los mas claros argumentos, que demuestran la existencia de Dios, para no tener un legislador que ponga freno á sus apetitos; ¿y será probable, -que despues - de obtenida esta victoria contra el tremendo autor. de sus-remordimientos, quieran adherirse al parecer de los que pretenden, que aun en tal estado subsiste todavía una ley de justicia y de honestidad, .que les obliga? Si reconocen esta ley eterna de honestidad. y de. virtud, no pueden menos de esperimentar al yiolarla los gritos y remordimientos de la conciencia. Mas el deseo de que estas furias interiores no les túrben en sus desórdenes, los indujo á pisar las verdades mas sensibles , mas notorias y universales. Será consiguiente pues que se burlen como de vanas sutilezas metafísicas, de todo el sistema que establece tambien para ellos la inmutable y cterna ley de lo recto y de lo honesto. Y si acaso, Ó por hacer ostentacion de ingenio, 6 por apartar de sí la nota de criminales, y pasar por hombres
A — AE (91) de bien, aprueban y alaban este sistema, y "hacen acerca de él brillantes. razonamientos, y ensalzan hasta las' estrellas*á Groció, que lo enseñó, al momento siguiente. se reirán entre sus amigos, muy á su gusto de él hablarán de esta-doctrina como de una Invencion de las bárbaras escuelas monacales; y tendrán: por «héroes 4 Pufendort, y á sus secuaces, que la niegan. Se sabe que eso es puntualmente loque hizo Carneades, aquel escéptico insigne, * que hallándose en Roma embajador de los atenienses, se puso UN dia á perorar en favor del derecho y de la justicia con los mas robustos argumentos, y la mas fina elocuencia; y al dia siguiente trastornó lo que habia dicho con sofismas muy sutiles, -y no menos elocuentes, probando que todo el derecho era locurá, y la' justicia necedad (1). A a a (1) Is (Carneades) quum Legatus ab Athenien— sibus Romam missus essel y disputavit de justitia co= Piosé , audiente Galba , et Catone Censorio, maaimis tunc oratoribus. Sed idem disputationem suam postridie contraria disputatione subvertit, Kc, Lactant, lib. 5, Cap. 14,
(92) Y. El E Bayle titubea sobre la verdad del principio que había. sentado, Yy de est modo quita el freno á los Libertinos, Mas ¿para qué es necesario ir tan lejos en busca de egemplares? El mismo Bayle, reflexiona justamente á otro asunto Leibnitz (1), que díce tan bellas cosas. en prueba de que las reglas de la bondad. y de la jus: ticia, y generalmente las verdades eternas subsisten por.su naturaleza > Y nO por una eleccion arbitraria. de Dios (de donde ¿n-, fiere (2) que los mismos ateos pueden reconocer, y creerse obligados á conformarse con las ideas de la recta razon, como á una regla de bien moral) ; ese mesmo en otra parte ha hablado de un. modo. muy equívoco. Despues de haber referido la opinion de Descártes, y de una parte de sus secuaces, que defienden que Dios es causa libre de las verdades y de las esencias (opinion.en la cual se sigue la ruina del sistema antecedente, por cuanto en este caso ya para el ateo no hay regla de ho- A Far ' Ñ ( . (1) Ensayo de Teodicea, S. 185, (2) En el lugar ya citado,
(93) hestidad y: de justicia), añade (1): “He he= »cho lo que he podido para comprender bien »este dogma, y hallar solucion á las dificul-= »tades que le rodean; mas confieso ingenua- »mente, que no he salido con ello todavía. »Esto no me desanima. Me figuro, como ha »sucedido á otros filósofos en iguales casos, »que el tiempo desenvolverá esta bella para- »doja.” He aquí, pues, el bello é inmuta= ble fundamento de la virtud de los ateos, que habia sentado Bayle, cuando se remontó á la regla eterna de lo justo y de lo hones- to, que podian conocer, y contemplarse obligados á observarla y á dirigir sus costumbres segun ella. Si estos ateos gustan de leer nada mas que las obras de este autor, y declararse discípulos suyos, luego encontrarán con él remedio para librarse del fastidioso sistema , si no reprobándolo como claramente falso, á lo menos para abandonarlo como dudoso, viviendo entre tanto alegremente, asta que el tiempo desenvuelya esta bella paradoja. Y reflexione aquí el sabio lector so-. re el caracter de Bayle, como las verdades Mas claras reconocidas alguna vez por él, y E A A A (1) Contin, de los Pensam, S, 114,
(94) aun enérgicamente probadas despues en otro lugar, mediante su Pirronismo, ó se reducen á nada, ó se hacen dudosas á lo menos. Mas no nos detengamos en congeluras, pues que con los hechos podemos decidir, si los impíos sientan por base de su moral estas leyes inmutables de honestidad y de justicia, ó á cara descubierta las combaten, y miden y arreglan los deberes humanos: por principios enteramente contrarios. Esta cuestion será el obgeto del capítulo siguiente, CAPÍTULO IV. Tdea de.la.moral. de Hobbes, de Espinosa y de Montagne. L Carácter de Hobbes segun Bayle: no con- «cuerda con el verdadero. Demos principio por 'Tomas Hobbes, inglés, á quien Bayle segun su costumbre, hace el panegírico diciendo, que de ¿odas las virtudes morales , ninguna sino la Religion era problemática en el: porque de tallas las otras , sin disputa alguna le supo”
7 (95) ] ne plenamente adornado. Mas en órden á la Religion, aunque cita los pasages del escri= tor, 6 mas bien del afectadísimo panegirista de su vida, que con todo su poderle escluye de la lista de los libertinos, con todo eso la delicada conciencia de Bayle no se aquieta; y por lo tanto insiste en decir, que cuando se lega á conocer bien 4 Hobbes, no es necesario preguntar si estimaba ó amaba la virtud; y solo habia lugar á esta pregunta de Persio (Sat. 2 vers. 17.) (1). Una trivial pregunta solamente : 3 ¿Qué piensas tú de Jove omnipotente? Que pésimamente discurria, le responden todos (2) los que han recorrido ligeramente sus obras, en las cuales con profusion se en: cuentran' sembrados tales principios, que destruyen la Religion revelada, y alterando la nocion de la Divinidad suprema, abren la puerta á la impiedad. Mas cuáles pudiesen | (1) Heus age, responde, minimum est , quod scire laboro: De Jove quid sentís? Dic, crit, art. Hobbes. (2) Se puede ver á Cudwort, Parkero, Ricardo Cumberland, Francisco Budeo, y otros muchos €sScrilores,
(96) ser:las ponderadas virtudes de Hobbes, en virtúd de su sistema, lo podrá por sí mismo inferir un lector adyertido, observando cuáles eran sus reflexiones en órden á aquella regla eterna de honestidad y de, Justicia fundada sobre la naturaleza de las cosas, por cuya noticia, en opinion: del mismo Bayle, hemos de tener por virtuosos aun á los ateos, que es de | lo que ahora tratamos, y IL La base de toda la moral de Hobbes es «que el derecho consiste en la fuerza. Consecuencia contra Bay le, Este filósofo, pues, en su célebre obra. del Ciudadano, considera en el capítulo, primero á los hombres. en un estado puramente natural, y antes que se uniesen en sociedad con lás vínealos delas leyes civiles, Aquí, despues que nos los ha representado. falsa=' mente movidos por inclinacion de la: naturaleza á una guerra y «agresion universal, y despues de varios rodeos de estravagantes doctrinas, concluye últimamente, que el derecho consiste en la fuerza. Oigamos sus palabras: De lo cual, como consecuencia: de lo dicho, se infiere, que en el estado natural del hombre, el poder cierto e irresistible da derecho
(97) ú cada uno de mandar. á los que no púeden resistir. Y de aquí es y» por esta: razon: está anejo esencial é inmediatamente á la omnipotencia el derecho de hacer lo que quiera (1). Esta es la medula y la raiz de la doctrina de Hobbes; doctrina diseminada por toda la obra, y de la cual nacen como yenenosos. retoños las mas horribles consecuencias, que destruyen enteramente toda ley eterna de honestidad y de justicia. Pongamos aquí otro pasage, en que el malicioso viejo enseña mas claramente este mismo principio: JEn el reyno natural, dice (2), tiene Dios el derecho de reinar y de castigar á los que violan sus leyes por su potencia irresistible. Rellexione aquí el lector, que el gobierno natural de Dios, segun acababa de decir, es aquel (3) en que gobierna segun lo que dicta la recta razon. Sigue «despues 'en el lugar «citado reconociendo. este mismo derecho en la potencia de los hombres “considerados segun su estado natural, y dice: sí por la naturaleza todos tuviesen derecho sobre todo, tambien por un derecho cottánto á la naturaleza, cada uno tendría el (0) De Cive, cap. t. (2) bid, cap. 15.5. 5. (3) Mid. <S. 4 y 5, Lom. VII, 7,
(104) tes bárbaras; Ú tambien la poligamia delas mugeres”, que segun César (1) se vió algun tiempo en Inglaterra, se conciliaria muy bien la prohibicion divina natural de la fornicacion con estas varias interpretaciones. Lo mismo enseña este filósofo acerca del homicidio, y del hurto. ¿No es esto, en-verdad, añadir una gran fuerza á los preceptos naturales con la autoridad de la: Escritura? Mas todos sa= ben que en la bocaprofana de Hobbes , el mismo nombre de Escritura, tantas veces repetido, carecia enteramente de la divina autoridad , que este hombre sagaz aparenta atribuirla alguna vez. Fuera de muchos lugares de la obra de Cóve, en los cuales la magestad de aquellos sagrados Libros se ve envilecida, y sujeta á la voluntad del Soberano , basta Jeer un pasage de su Leviathan (2), en el cual afirma que aquel á quien Dios nada ha revelado, no puede. estar cierto de lo que Dios ha revelado á otro: porque ni la santidad, ni los milagros, ni todas las otras señales de la gracia divina, nos pueden certificar, que aquel en quien:se. ven, e a A A (1) Ces. Comment. de Bel, gal, lib, 5, cap. 1/4 (2) Leviathan, cap. 26, *
| | (105) sea testigo veraz. de la divina revelacion. He ahí el peso. de los escritores canónicos segun Hobbes: he ahí la autoridad de las palabras de Dios. Mas ¿qué hay que admirar, si de la misma divinidad soberana tenia este hombre tan erróneas ideas? El niega que haya substancias incorpóreas, y pretende que estas palabras substancia y cuerpo significan una misma cosa ($). Asi pues, si no se quiere que Dios sea cuerpo (2), como aparece que lo afirma alguna vez , debe por consecuencia decirse que no hay Dios; y si se quiere que lo haya, deberá decirse que es cuerpo, como él mismo lo enseña en otra parte (3). He aqui pues una breve idea de las imposturas de Hobbes, quien para esparcir impunemente máximas que á la par destruyan hasta los fundamentos la Religion, la moral y la misma sociedad , ha procurado mezclar Ciertos teoremas que respiran piedad y rectitud. Pero quitándoles el valor en otras partes, solo nos deja las voces para alucinarnos. Mas ¡ay! estas nada valen para corregir el A O (1) 1bid. cap. 34. (2) De Cive, cap. 15. S. 14. (3) In Appendice ad Leviath, cap. 3, '
(106) veneno mortal difundido por toda la obra, que desgraciadamente se insinúa en el espíri= tu de los incautos que llegan á leerla ( 1). 1y. Elogio que sin razon le da Puffendorf. No ignoramos lo que de Hobbes escribe Puffendorf, á saber (2), que le condenan con demasiada altanería los que Jamás le han deido ó no le han entendido. Pero en verdad no podemos comprender cómo el que lo ha leido y entendido puede darle los elogios de que él le colma anteponiéndole á todos cuantos (3) antes de el han escrito de la sociedada humana y civil. ¿Podrá darse adulacion mas injusta y vergonzosa? Mas quizas sería un acto de gratitud por lo mucho que debia á los escritos del libertino inglés, sin los cuales, en sentir de alguno (4), Puffendorf jamás hubiera subido á tan alto grado de estimacion y de honor. Aunque tambien pue- A A e A ta (1) Véanse entre pugnado á Hobbes los Ricardo Cumberland. (2) De jure natura et Sent. in pref. ad lect, (3) 1bid. (4) Biblioth, juris Imperantíum otros escritores que han imdos ingleses Samuel Clarke y , pág. 79.
(407) de decirse que no habria incurrido tampoco en tantas censuras (1), á causa de algunos capitales errores que de él tomó, y siguió, entre los cuales debe contarse aquel en que se opone á las verdades inmutables y eternas, Que es puntualmente lo que hasta ahora ha- —bíamos observado em Hobbes. Esto basta para demostrar contra Bayle, que los libertinos no hacen aprecio alguno, antes bien destruyen enteramente esas leyes inmutables de equidad y de justicia fundadas en la naturaleza de las cosas. NV. Idea de la moral de Espinosa. Sigue las huellas de Hobbes, aunque fundándola en el Panteísmo. Mas dejando á este maestro de la impiedad en las islas del Septentrion, pasemos á hablar de otras pestes que han infestado la Europa con el ateismo, y veamos si han puesdl (1) Véase la Carta de Leibnitz á Molano, que es la 16 del t. 2. de Cartas ad diversos. Puflendorf queria alabando á Hobbes grangcearse el favor del elector Palatino, Cárlos Luis, que era su admira- | dor, y en efecto le mereció la cátedra de Heildel- 1 erg,
(108) to por fundamento de. su moral estas reglas eternas, por cuyo medio ellos y sus discípu= los puedan haber tenido las virtudes tan celebradas “por el escritor de Roterdam. Beni- to Espinosa sigue sobre esta materia las hue- | las de Hobbes, pero esparce mas abierta= mente las máximas impías, apoyándolas sobre otros principios, que son los de el Panteísmo. Veamos pues como razona: Yo no entiendo (1) por derecho natural, sino las reglas de la naturaleza de cada UNO , segun las cuales concebimos que cada individuo es- 1á determinado á existir y á obrar de cier- to modo. Los peces, por egemplo, estan deter-- minados por la naturaleza á nadar, y los grandes á comerse á los pequeños; y por eso por un derecho sumo natural gozan del agua, y los grandes se comen á los pequeños : porque lo cierto es que la naturaleza absolutamente considerada, tiene un derecho soberano sobre todo lo que cae ba jo de su poder; es decir, que este derecho de naturaleza se estiende tanto cuanto se estienden las fuerzas. Por ' que (y he aqui el Panteísmo, fundamento de esta impía moral:) el poder de la natu- A e e e EPR AA (1) Tract, theol, polit, cap. 16,
(109) raleza, es el poder mismo de Dios, que tiene . sumo derecho sobre todo. Mas por cuanto el poder universal de toda la naturaleza no es Otro que el poder de todos los hombres ,. síguese, que cada uno tiene un derecho sumo sobre todo aquello 4 que se estiende su poder: es decir, que el derecho de cada uno se estiende tanto cuanto se estiende su poder determinado. Y supuesto que es ley suprema de la naturaleza, que cada cosa en cuanto pueda se esfuerce por perseverar en su estado; y esto sin atencion á nadie, síno dá: sí misma solamente ;,. se sigue que: cada individuo. tiene un derecho sumo á esto.: el derecho natural pues. de cada hombre no está arreglado por la razon, sino por. los apetitos y el poder. Hasta aquí Espinosa. ¡ Qué apoteosis tan brillante no merecerá un ateo, que dirija sus costumbres á la luz de estos principios! ¿Sabrá Bayle indicarnos en esta doctrina fundamental de Espinosa las reglas eternas de la honestidad y de la justícia? ¿No diremos mas bien que es una confusion de vicios y de virtudes, una aprobacion igual de la conducta moderada y de los mas criminales atentados; y aun una licencia universal para todos los desahogos de las pasiones mas brutales, que pasan á ser un derecho en el que quie-
(110) re y “puede asentir á ellas? Despues de esto, ¿quién podrá tolerar á un Espinosista que habla de equidad, de honestidad, y de virtud? : Él es un hombre, que por sistema niega debe dirigirse el derecho por la razon, que es en lo que consiste la virtud; y en su lugar le da por guia un apetito ciego, y una fuerza - poderosa, que es el estímulo con que las estias se mueven, y se determinan en sus acciones. Y qué hombre particulár en el tra- to privado, ó qué Principe consentirá en sus Estados al. profesor de una secta, que mira como suyo y como lícito todo aquello á que puede echar la 'máno; y que, si'se'le proporciona ocasión, juzga tiene” derecho para trastornar el mismo trono del Sobérano? Estas son legítimas consecuencias de la doctrina citada de Espinosa, cuyos libros corren impuñemente por algunas ciudades, y se leen por sugetos incapaces como no sea de devorar el yeneno y contraer sin repughancia su pestilente infeccion. Todos estos falsos teoremas así de Espinosa coíno de Hobbes, quedan impugnados ámplia y claramente en el libro primero de los Fundamentos de la Re ligion, cuando hablamos del Derecho, y á ellos remitimos al lector, quien podrá ver alli tambien, como de estas mismas reglas
100) primitivas de lo justo y de lo “honesto, en: atencion á las cuales pretende Bayle que puede ser pura la moral de los ateos, se burla el mismo Helvecio en el libro del Esprit, no obstante ser el último protector de la irreligion. VL Se descubre y confuta un fraude de E spinosa. Pero volviendo á Espinosa, dirá por ventura alguno, que él escribe estas tan horrendas doctrinas considerando á los hombres en el estado natural, y antes que cada uno cediese el derecho que tiene por naturaleza, y lo trasladase á todo el cuerpo de la sociedad ó á uno solo que la gobernára: despues de cuya traslación el mismo Espinosa ya reconoce justicia y caridad, fuerza en las leyes, y autoridad en el Gobierno, á lo que todos deben acomodar sus acciones; de. modo que no lo haciendo, son culpables y merecen castigo. Mas este es uno de los acostumbrados fraudes de estos hombres dolosos para seducir á los hombres sencillos, y retener la perversidad toda del sistema. En efecto, la ley eterna de honestidad y de justicia, fundada en la naturaleza de las cosas, segun este filósofo, desaparece enteramente; y las ideas
(112) y nombres de estas reglas de virtud nacen y dependen enteramente del poder civil que las: prescribe (1): lo cual nos basta por ahora para mostrar 4 Bayle que sus ateos no quieren contar para cosa alguna con ésas claras fuentes, de que él pretende deducir su honestidad é inocencia. Pero ¿quién no advierte el fraude? Si antes de la sociedad civil (como antes argiiiamos contra Hobbes) no hay ley alguna de equidad y de justicia, sino que nacen con ella, ¿qué principio'ó fuerza interna obligará á los hombres á observar fielmente las convenciones y ordenanzas de la sociedad? Asi como no tenemos, segun estos, otro principio motor que el propio interés y - gusto, y este fue el que hizo unir á los hombres en sociedad, y ligarse con los víuculos delas leyes; “asi cuando alguno no hallare gusto ni interes en 'acomodarse á tales leyes, con el mismo derecho con que se obli- 86 á ellas, con ese se desobligará: y sino teme el castigo, las atropellará intrépidamente en virtud de su sistema (9). Véase á Ciceron en el libro primero de las Leyes, capítulo 14. i +. : A (1) Tract, theol. polit. cap. 19. me (2) Aunque Espinosa con muchos rodeos de pa” KA
(113) VIL Los libertinos escépticos no conocen. las leyes eternas de la equidad, de que habla Bayle: pruebase con los sentimientos de Montagne, que se impugnan. Conclusion contra Bayle. Podria bastar para nuestro presente de- -signio liaber hablado de estos dos escritores, que pueden llamarse los Coriféos de los. Libertinos. Mas téngase á bien que despues de haber observado cuán lejos estan los Áteos dogmáticos de reconocer leyes eternas de lo justo y de. lo honesto, hagamos reflexignar al léctor, que con mucha mas razon debe creerse, que toda la clase de los ateos escepticos, que son los que hacen profesion labras quiera inculcar especialmente en los últimos Capítulos del Tratado Teológico-político la dependencia de las potestades soberanas , y la observancia de las convenciones con que la sociedad se sostiene, véase no obstante claro su pensamiento conforime á 0 que íbamos diciendo en este otro pasage: Ex quibus concludimus pactum nullam vim habere posse, nisé ralione utilitatis, qua sublata, pactum símul tollitur, el. irritum mane!..... Unusquisque natura jure dolo agere potest , nec pactis stare tenetur , nisi spe majorts boni, vel metu majorís mali. Tract, theol. polit. cap. 6. Zomo VIL, 8
(120) libertinos para inferir que el Ateismo no es pernicioso á la sociedad; entre otros ar= gumentos de que usa, se estiende prolijamenie á probar la tésis que ahora hemos propuesto. Dice, que aunque se quiera con= ceder que los impios conocen la distincion del vicio y de la virtud, como fundada en la naturaleza de las cosas, y conozcan tambien que es cosa digna de la criatura ra= cional el conformarse con la razon ; estos conocimientos no tendrán. actividad alguna sobre ellos; por cuanto el ateo de ningun modo está obligado á proceder segun la recta razon. Lo 1.2, porque la obligacion supone necesariamente un Ser superior que obliga, diferente de aquel que está obligado. Y lo 2., porque la obligacion supone una ley que manda 6 prohibe; y una ley no puede ser impuesta sino por un ser inteligente y superior, que tiene derecho de exigir su observancia, No será fuera de propósito reflexionar aquí, que cuando dice Bayle que el ateo se puede(1) creer obligado ú conformarse con las ideas de la recta razon, como con una regla A ra ca IE AO IÓ (1) Continuacion de los Pensamientos, S. 152,
(191) de bién “moral, €s ciertísimó que no pudo -hablar de una obligación procedente de fuerza esterior que estreche, ni de obligacion que mazca de ley impuesta por un superior que exija la ohservancia, porque todo esto Tepugna en la hipótesi de los ateos. Así es que por nombre de obligacion pudo y debe en- “tender una exigencia ó condecencía fundada sobre la naturaleza misma de las cosas, por cuanto es conforme y propio de la naturaleza racional proceder conforme á la recta razon, asi como es estraño y ageno apartarse de ella. Á este modo las leyes naturales si en el concepto del ateo no tienen la fuerza que se dice coactiva, tienen no obstante la que se llama directiva, á la que debe conformarse; pero sin incurrir en otra pena que la de sufrir la reprension de la razon, que le dicta la regla de operaciones, 4 que no debe mostrarse indiferente (1). Y esto es lo que intenta Bayle, y habian enseñado Grocio y Leibnitz (2), y todos los demas autores - que pretenden que el ateo no se puede decir hombre sin ley (3). Y aun creyera yO a (1) Cie. de Leg. lib. 1, cap. 6. (2) Leibnitius Epist. ad Molanúum y, €. 2. E (3) Véase á Fr. Nicolas Cóncina: Capita Juris natura el gentium; $. 22.
(199) que con esta reflexion, se pudiera termi= nar una cuestion, acaso de palabra solamente, que sobre este asunto se suscitó en Inglaterra, y se refiere en la Biblioteca razo= nada. TIL. Solo los motivos que la Religion sugíere y niega el ateo, prestan sancion suficiente á las leyes naturales. Se prueba con el hecho. Caracter de Bárbara Emperatriz. Nota acerca de Puffendorf. Supuesta pues esta necesaria distincion, formamos de nuevo el argumento y decimos: que ni tampoco esta obligacion ó condecencia de conformarse como hombre racional con las ideas de la recta razon, ni esta ley directora 6 regla eterna de honestidad tendrian fuerza alguna en un hombre sio religion para guiarlo á la virtud y retracrle de todos los escesos mas enormes que le sugiriesen las pasiones. Que en otros términos es decir, que las leyes naturales en el sístema del ateo, carecen de sancion bastante para conducir constantemente 4 los hombres á su o)servancia , y apartarlos de la transgresion, Y he aqui la prueba: la sancion bastanto para conducir á los hombres constante:
A (123) mente 4 Ta observancia de las “leyes “cónsiste en uno d muchos motivos capaces de contrabalancear los estímulos, y todos los incitamentos que puedan tener para violarlas: es asi que los motivos bastantes para coutrabalaucear constantemente todos los estímulos é incentivos, son únicamente los que sugiere y dicta la Religion; esto es, un juez invisible, eterno premiador de buenos y castigador de los malos, que en el sistema de los ateos se escluye absolutamente: luego en el sistema de los-ateos las leyes naturales, aun dado que se admitan, carecen de sancion bastante para 1n=- ducir constantemente á los hombres á observarlas. Lo que diremos en muchos de los capítulos siguientes, examinando la insuficiencia de los motivos que señala Bayle como capaces de inducir á los ateos 4 lá observancia de las leyes naturales, demostrará con evidencia el valor. de este argumento, Por ahora nos basta observar que estos motivos que la Religion ¿suministra y que los libertinos protestan no conocer, por confesion de los mismos libertinos, deben ser los frenos mas fuertes para contener al hombre en su deber, puesto que dicen que la Religion es una invencion de la política, Porque ¿no es decir eso, que los legisladores y todos los Príncipes han reco-
(124) nocido que no.se puede por otro medio poner alguna moderacion á las pasiones del corazon humano, y hacer que los pueblos recíprocamente se hagan privada justicia, y guarden la pública fidelidad á los Soberanos, sino por medio de la persuasion de una vida futura, en donde se castiguen los delitos y se premie la virtud? En efecto, aunque sea falso que esta política haya sido el origen de la Religion, es ciertísimo que es-una utilidad procedente de ella, reconocida por el consenti-= miento unánime de todos los legisladores y de todos los que habiendo estudiado el corazon humano, han pretendido guiarle á la honestidad de la vida y deberes de la sociedad (1): y en verdad, la cosa habla por sí misma. Ima- .ginemos sino unos hombres que piensen que todo se acaba con la vida, que el infierno es una necedad, el paraiso una ilusion, y el Dios examinador de las intenciones y recompensador eterno de nuestras obras, un ente 1maginario. Que se les presente á estos, mientras estan agitados de una hidrópica sed de AI A lA OS do (1) Alque haud scio, an pietate adversus Deos sublata, fides etiam et societas humani generis, et una excelentíssima vírtus justitia tollatur, Cic. 1 de Natur, Deor, n, 2,
-_= - (425) oro, “un modo seguro de robar, ó usurpar lo ageno, Ó estando dominados de la ambicion de reinar, hallen camino cierto y oculto £ para derribar del trono á su rival, y ocuparle. felizmente; y dígasenos de buena fé ¿cuantos habrá entre ellos en quienes la simple consideracion de las leyes ¿nmutables de la “equidad fundadas “en la esencia: de las cosas, sea bastante para vencer la fuerza que tienen sobre sus corazones aquellos objetos tan conformes á las “inclinaciones que son en ellos tan vehementes, y de que estan agitados? ¿Cuántos habrá que prefieran vivir y morir justos, siendo pobres y humillados, á morir honrados y ricos, siendo ocultamente malos, siempre que esten persuadidos que ninguno tendrá conocimiento de ésta su injusticia, que ninguno la castigará, y todo finaliza para ellos con la muerte? Lo mismo debe decirse de: aquella otra, que fastidiada ya y cansada de su marido, se ha unido con un furtivo comercio á un amante, en quien halla todas las complacenciás de la sensualidad y de la vanidad, sin mieédo de infamia ni de otro dañio alguno. Si esta, ó' con: la lectura de alguno de los libros que abundan demasiadamente, ó con-la conversacion de alguno de esos filósofos que
(126) se precian de. ir, diseminando la. impiedad, llegase á punto de borrar en su alma, las máximas de la Religion; como de hecho lo leemos (bien que como-un raro egemplar, porque las mugeres, en sentir de Bayle (1), mo gustan ordiuariamente de hacerse, famosas porel estremo dela impiedad): de Bárbara, muger del Emperador Sigismundo, la cual se burlaba del cielo y del infierno; ¿se podria esperar el convertirla con la reflexion de las leyes de la honestidad y de la justicia, y retraerla .de aquellos:amores que la tienen embriagada y perdida? ¿uo será mas creible que cada vez mas.orgullosa y. brutal quisiese, conforme su impío sistema, perseverar por toda: la vida en la disolucion, como hizo la Emperatriz mencionada, persuadida que todo se acaba con la vida? Mas ya que hemos hecho mencion de esta heroina de la impiedad, quiero insertar aqui integro el elogio que hizo deella Envas Silvio. En él, como en egemplar, se ve qué. máximas de virtud y qué prendas de honestidad. debemos persuadirnos domiñan en Jos libortinos.: Murió en aquel tiempo cerca de Gratz: Bárbaró Emperatriz, la-cual pasando una vida. ig” A AE el 4 _(*)- Pensamientos diversos, S.-142
(127) ñóminiosa entre sus amantes... ni profesaba la Religión cristiana, ni otra alguna, como quien negaba la misma existencia de Dios. Dícese que gritaba muchas yeces d sus críadas, por que hacian oracion 6 ayunaban, mortificando ¿nutilmente su cuerpo , pensando que con la oracion aplacaban' la imaginaria deidad de los cielos. Solía decir que se debia aprovechar el” buen tiempo, 'mientras se 9í- vía, y gozar de los placeres: que esta era la erencia única del hombre, cuya alma moria con el cuerpo; y que soñaban los que se prometen otra vida futura. Sentencia digna de tales costumbres ; porque los que dejando á un lado la piedad se abandonan á los placeres del cuerpo, siguen con agrado aquellos dogmas, a cuya sombra, lejos de enmendar la vida, se confirmen mas en el camino que. han tomado. Ni hay bálsamo mas oportuno para los corazones corrompidos, que el persuadirse que todo el hombre acaba con la muerte. El partido único para quien no espera ir al cielo, es no temer el in- Jierno (1). Hasta aquí Eueas Silvio. Es pues (1) Eneas Silvio, hist. Bohem. cap. 59. Aunque la yida disoluta de esta muger no se concuer de bien con las virtudes que Bayle atribuye á los
(128) evidente, que .el: freno mas poderoso para retraer al hombre de la maldad .y los estímulos mas eficaces para conducirlo á la yirtud, son los que suministran. las verdades de la Religion con respecto á: la otra vida. Roto pues este freno, las reglas especulativas de lo justo y de lo honesto (que no dejaria de conocer la mencionada Emperatriz) no tienen fuerza para domar los apetitos con= trarios del hombre. Ein consecuencia los libertinos, á pesar de estas bellas teorías, en virtud de su sistema práctico serán corrom= pidos y malvados: y.es puntualmente lo que decia Lucrecio en estos versos (1); Pues á saber los hombres con certeza Que hubieran sus castigos de acabarse , Firmes las amenazas rechazaran Que les anuncian los sagrados vales, Mas ya mo les es dado tal recurso, Ni á resistir se atreven; pues se sabe. Que el malo, desde el punto en que fallece, Debe temer suplicios perdurables, A A AA libertinos, sin embargo le ha consagrado un artícu: lo en su Diccionario, adornándole con reflexiones correspondientes á la vida de esta heroina, y 4su autor. (1) Lib, 1, vers. 109,
(129) Se hace aquí tambien oportuno reflexionar, como Leibnitz reprende agriamente á Puffendorf, quien sobre el falso supuesto de no conocerse plenamente con sola la luz de la razon la inmortalidad del alma, y las penas y premios de la otra vida (1), reduce el fin de la disciplina y del derecho natural á los precisos límites de esta vida presente. De ese modo, dice Leibnitz (2), apartando á un lado el temor de la vida venidera, viene á privar á esta disciplina de sus mas sólidos fundamentos, y quita á los hombres los mas poderosos motivos, que los podrian inducir á la observancia de sus deberes. Porque ¿cómo ha de ser (continúa) que ninguno quiera perder los bienes, las dignidades y la vida por amor á sus hijos, á la patria, á la república, á lo justo y ú lo honesto, si con arruinar á otro puede proveerá. sus propios intereses, y pasar la vida entre honores y opulencia ? Porque el posponer los bienes sólidos y reales á la celebridad de su nombre Y de la fama que dejará despues de muer- to, no es verdaderamente otra cosa sino una brillante necedad. Hasta aquí Leibnitz. (1) De Offic. hom. et cio. in prafat, (2) In epist. 16 ad Molanum, t. 2. Lom. VIT, 9
(135) miento, y contra los fuertes motivos que se derivan de ellos para vivir rectamente, nos muestra con evidencia, y confirma que debe ser igual y peor la de un: ateo, en quien los apetitos desenfrenados, lejos de ser contrariados por los principios, antes bien son favorecidos y alentados. Esto es lo que debe decirse para responder al simil de Bayle, considerando la naturaleza de las cosas, y la ordinaria conducta de los hombres. Mas no por eso pretendo que todas las acciones de un ateo hayan de ser criminales, ó que alguna vez, aun cuando se halle agitado por las pasiones, no pueda obrar contra las máximas de su sistema en virtud de algun principio, que entonces se le presenta. Con todo eso no se puede creer que tal principio haya de tener fuerza ordinariamente en los incrédulos, sino rara vez en alguno; y menos puede creerse que haya de tener tanta eficacia en alguno, que le haga vivir virtuosamente contra las máximas del sistema, como quiere Bayle, porque esto significa un constante tenor de probidad : y ésta la conceptuamos totalmente imposible en un ateo, por las razones ya espuestas, y por las que ahora añadiremos.
(137) A CAPÍTULO VI. Se demuestra que son ineficaces al efecto los motivos que, segun Bayle, tienen los Ateos para vivir bien. e L. Se proponen los argumentos de Bayle. _No creemos que el grande abogado de los impios se dé por rendido con lo dicho. Nada es para él mas comun y mas facil que renovar los asaltos para impugnar la verdad, persuadido á que por lo menos en los espíritus ignorantes ó mal inclinados, 4 quiénes especialmente habla en sus inmensos volúmenes, un aparato vario y copioso de argumentos deberá últimamente hacer la impresion que desea, y obtener el triunfo, Se empeña pues en esplicar los manantiales, que poco antes había mencionado en confuso, y donde piensa que pueden beber la honestidad y la virtud los que apostatan de la Religion y de Dios. Referiremos sus palabras tomadas de una //ustracion, que puso en elto-
(138) mo 4.” del Diccionario, en la cual hace una apología de sí mismo por los elogios que habia dado á la virtud de los ateos, y que por lá injusticia, y por la afectacion con que se repiten, habian ofendido y ofenden. toda-" vía á las personas sabias y virtuosas. Dice pues así : 0% “El temor y el amor de la divinidad »no son la única fuente de las acciones hu- » Imanas: hay otros principios que mueven » al hombre. El deseo de ser aplaudido; el te- »mor de la infamia, las disposiciones del » temperamento, las' penas y las recompen- » Sas propuestas por los magistrados tienen » mucha actividad sobre el corazon del hom- : » bre... Siendo esto constante no se debe re- »putar una paradoja escandalosa, sino antes » bien una cosa muy probable, que hombres »sinreligion se inclinen mas fuertemente á »las buenas costumbres por la fuerza del » temperamento, acompañada del amor de »los elogios, y sostenida por el temor de la »infamia, que lo que escila á otros á eso » mismo el estímulo de la conciencia (432 Este es el finísimo artificio del gran so- ' ¿ el (1) Eclaircissement sur les Áthees,
(139) fista: mo proponer jamas un error sino precedido y acompañado de alguna verdad clara y sensible. Que obren fuertemente en el corazon del hombre, no solo el respeto á la Divinidad, sino tambien-el temor del Príncipe, el horror de la infamia, la alabanza y el temperamento, es cosa ciertísima y de que no puede dudarse. Pero que hombres sin réligion, por estos motivos, hayan de inclinarse fuertemente á las buenas costumbres, y vivir virtuosamente, es una proposicion que no: podemos pasar, y que ante los ojos del "4 lector vamos á examinar atentamente. HL. Cuanta fuerza tenga en el ateo: el temor de los magistrados ó de la infamia. Sueño de Lucrecio adoptado por Bayle. Imaginémonos un hombre sin religion tentado de una pasion vehemente, que le in= cita al mal, y que tiene sobre su espíritu tanta mayor fuerza, cuanto que en el sistema que él sigue, en vez del contrapeso de la esperanza Ó temor de bienes ó males eternos, halla un nuevo incitamento en la persuasion de que para él todo finalizará con la muerte. ¿Qué es lo que podrá balancear el ímpetu de esta pasion, y contener al impío? El temor de los
(140) magistrados, y el horror de la infamia, responde Bayle. Pero el miedo á los magistrados no tiene lugár: 4.*, contra innumerables escesos, á que su encargo no se estiende. Tales son las embriagueces, las simples fornicaciones, y otros muchos géneros de obscenidades; tales la contínua ociosidad, la avaricia, la ingratitud, la infidelidad á la palabra dada, el desprecio de los inferiores, y otras semejantes culpas de que no suele cuidar el juez (1). En segundo lugar, ni el temor de los ma= gistrados, miel horror de la infamia tienen fuerza alguna para reprimir las pasiones del impío, cuando sus escesos son internos ó pueden quedar ocultos. Y considéreseaquí, qué série inmensa de iniquidades se podrán cometer sin riesgo alguno por los incrédu-' los siempre que quieran. Porque (comó dice oportunamente Giceron) (2), “ ¿qué no A (1) Obsérvese que Ciceron en el lib. x de Leg. cap. 16, parece que menciona leyes que dan fomento á los delitos. Quod sí populorum jussis, si Principum decretis , sí sententíís judicum jura constituerentur, Jus esset latrocinari, Jus adulterare, Jus ¿estamenta falsa supponere, Bc. (2) Nam quid faciet hic homo in tenebpis , quí
LADOS » hará en las tinieblas un hombre que no te » me olra cosa sino al testigo. y al juez 3 Qué » hará en un desierto hallando á otro hom- » bre débil y solo, á quien pueda quitar el. » dinero?.... lo que tal hombre hará, pienso » que todos lo conoceis.” Hará cuanto malo pueda, dice Prudencio, quien figurando en sí los conocimientos de este libertino que defiende Bayle, canta asi sublimemente (1): X si toda mi vida Al punto de espirar queda destruida , Y fuera del sepulcro nada sobra , - ¿Qué tengo yo que ver con lo que obra El que este mundo hiciera, O que le rige desde la alta esfera? ¿Qué es Dios ya para mi? ¿Qué poderío , rihil timet nisi testem et judicem.....? Vaidetis, credo quid sit acturus. 1bid. cap. 54. (1) Nam si tota mihi cum corpore vita períbit, Nec poterit superesse meum post funera quidquam; - Quis mihi Regnator Coli? Quis Conditor Orbis ? Quis Deus, aut que jam merito metuenda potestas? Ibo per impuros fervente libidine luxus, Incestabo thoros, sacrum calcabo pudorem, Inficiabor habens aliquod sine teste propinqui Depositum , tenues avidus spoliabo clientes, Longevam perimam magico cantamine matrem, Tardat anus dominum dilata morte secundum. Nec formido malum: fa'luntur publica jura: Aut si res pateat, judex corrumpitun auro: Rara reos justa percellit puna securi. Lib. 2, cont. Symach, v. 168,
(142) Podrá temer el apetito mio? En liviandad ardiendo, De placer en placer iré corriendo; Y sin respeto al tálamo sagrado, Por mí el sacro pudor se verá hollado, Siempre que sin testigo Me entregue algun tesoro el mas amigo, Negarélo insolente : Despojando igualmente Al huérfano sencillo que se fie De quien protervo de su fé se rie, Con cancion nigromántica inhumana La vida quitaré á la madre anciana, Porque en sus canos años no se esceda Contra la voluntad del que la hereda. No temo ya la espada de las leyes: Me mofo de los Reyes; Pues aunque armada vele la justicia, Sabe ocultar sus hechos la malicia; Y si alguno por caso se descubre, Soborno al juez, y el oro me lo encubre: Que raras veces el castigo justo Al criminal, si es rico, causó susto. Os engañais (responde Bayle), y es temerario vuestro juicio pensando así de mi querido libertino. Aun dado que él se halle escondido en las mas densas tinieblas, y pueda quedar oculto su delito, todavia no le faltará otro poderoso impulso que reprima su pasion. ¿Cuál es este? Oigamos sus palabras, no sea que piense alguno exageramos
(143) “Si él se creyese (1) á cubierto de todo in=. »dicio y de sospecha, podria no obstante re- »solyerse á soltar la presa Chabla de la res- »titucion de un depósito secreto) temiendo » caer en la desgracia que han tenido otros, » y es el publicar ellos mismos sus delitos, ya »en sueños ó ya en'un delirio ocasionado de »una fiebre, Lucrecio se sirve de este mo-= »tivo, para exortar á la virtud á los que »no tienen religion.” ¡Eficacísimo estímulo capaz de desterrar los vicios y de mover á todo el mundo á una santidad epicúrea! Ve aqui como lo maneja el poeta libertino (2). “Feliz vivir no puede ni sereno Quien los derechos huella mas sagrados ; Pues aunque engañe por de pronto al bueno, Y aun los dioses se den por engañados , "Tema, por mas que en nada se deslice, Que al fin su proceder se patentice, RETIRAR e AS E (1) Pens. divers, $. 179. (2) Nec facile est placidam ac Paccalam degere vitam, Qui uiolat Factis communia federa pacis, Et si fallit enim Divum genus hominumque, Perpetuo tamen id fore clam, diffidere debet : Quippe ubi se multi per somnia sepe loquentes, Aut Morbo delirantes protraxe ferantur, El Celata diu in medium peccata dedisse. Lucret. Lib, 5, V. 1154»
(144) ue cuando el alma descuidada opera En la tranquilidad del sueño leve; O en un delirio que á la mente impera Coñ la violencia de la fiebre aleve, Muchos, segun se cuenta, declararon a Faltas que cuidadosos ocultaron. * Warburton reflexiona sabiamente es una cosa inverosimil que el miedo de un accidente tan poco probable y remoto sea bastante para contener en Un hombre el ímpetu de una pasion que de presente le tienta y estimula.' Nosotros nos contentaremos Con suplicar á Bayle nos diga á fé de caballero, si en realidad él podia inclinarse á creer que desde el tiempo de Lucrecio hasta sus dias, habria habido un solo impío á quien el miedo de manifestar durmiendo ó delirando sus esce= sos, le haya contenido alguna vez para no egecutarlos ? IL Dado que todos los motivos mencionados por Bayle, obrasen sobre los Impíos, no por eso serian virtuosos, Pensamiento de Cardano repetido por Collins, y por Tolando. Pero supongamos finalmente que estos motivos, procedentes del miedo á los magis-
(145) trados, 6 de la infamia ó del honor para con las gentes, tengan lugar en los impíos: ¿pero cuál, pregunto, será Fl efecto que produzcan? Bela, dice Bayle, á la virtud y buenas costumbres. ¿Mas quién deja de conocer que esta sería una virtud de hipócritas, la cual conteniendo á lo mas la mano de egecutar la" mala obra, deja en el. corazón el malicioso afecto y aun lo aumenta y dobla con la vanidad ó el interés? “Es ya reo, dice »san Agustin (1), en la voluntad el que » quiere - RES lo que no debe egecutarse, » y no lo. egecuta porque no puede egecutar- » lo impunemente. Y antes habia dicho Qu »ceron (2): ¿som dignos estos inocentes y » modestos de conciliarse la estimación y me- »recer alabanzas... ¿Mas cómo podremos » llamar púdicos á los que solo'el temor de »la infamia contiene del estupro?.... ¿Cómo » las fealdades del cuerpo serán odiosas é inm- » decentes, y no lo será la deformidad del » alma?” Es pues una locura el argumento con que Gerónimo Cardano, hombre de dudosa 6 ninguna religion, héhclóHada por el O (1) Epístola 145 ad Ánastas, (2) Prim. dé Leg. cap. 19: ; Zom. VIT. 10
(248) nidad le“ gozos: ¿Qué fuerza pues tendrá «tal dóctrina' para” contener ¿4 un libertino en su deber? Mas bien,» ¿qué esfuerzo no! le pres» tará para: cometer: los mas: nefandos desórde= nes cuando se le antoje? ¿¿Qué. impresion hará en ¿él el dolor, com que este: aulor le anténalza, domo consecuencia natural de aquellos escesos, en que al presente halla tanto go: ZO y complacencia? ¿Qué: temor. le causará aquel: infierno ó- «purgatorio. de nueva invencion; 'que no' Tiene otra existencia que en la estrayagante fantasía poética de este ¿autor ; y que si empieza con una escena un poco:trágica, debe ciertamente convertirse. Juego.,:ó bién: presto, en una eterna y alegre comedia? Á un fanático, por egemplo, preocupado de este sistema, ¿qué le podrá detener dé darse la muerte, esceso tan comun, y á que se aban= donan, no por defecto de filtracion de los, su= cos mÉrveos, como pretende el autor, del .Es+ píritu de las leyes, sino por defecto de Religion, muchos de: cierta nacion? Antes bien por el contrario un poeta: pone este sisterna puntualmente en boca de los tales, y los, pinta intrépidos en el enorme atentado, di Pusiada que dicen: El ser que ha de juzgarme En esta obscura noche,
(249) Es el mas tierno amigo 1 2, * De la naturaleza y de los hombres. Su bondad infinita “Wi espíritu conoce; Y en' sús' paternos brazos ¡Se arrojará sin miedo que le asombre. Es pues una impostura 6 una necedad la que nuestro filósofo ostenta en el principlo y en el progreso de sus cartas, pretendiendo persuadir á los espíritus fuertes la Religion «y: la virtud, que en:swssistema se velan arruinadas y destruidas, y nunca bien defen= didas. con regulares argumentos. Las mismas consecuencias que aparenta detestar en ellos, nacen tambien de sus doctrinas: y así como en lo que toca: á la Religion y á las costumbres poco ó mada se diferencia del sistema del Áteo, para quien no hay Dios, el de un Dezs. ta que, aunque lo admita, le niega el régimen del mundo; así tambien respectivamen= te á la Religion y costumbres el sistema de nuestro Naturalista se diferencia muy poco del de los otros. Porque si dice: que Dios existe y atiende á los hombres, niega que le hon= ren óle ultragen; nipretenda otra cosa que “hacerlos completa y eternamente felices, de cualquier modo que vivan. Y así no sabré decir, si es verdadera ilusion, ó serán rasgos
(250) de ironía las palabras de cierto escritor protestante (1), que en el principio de la confutacion de estas cartas, cuyo veneno confiesa y descubre, entre otras cosas dice: “Que » hay en ellas mucho que habla en:su favor... »que en todas partes se muestra sincero ene- »migo del vitio y zeloso por: la «causa de las »'buenas costumbres: que reconoce una Pro- » videncia y: otra vida, y penas y recompen- » Sas despues de la muerte; cosas todas, que » los espíritus fuertes no creen... que en toda » la obra inculca principios de moral pura »y aun seyera.... y que se advierte en-él un »serio designio de conducir á los hombres á »la virtud, y hacerlos mejores de lo que son, » Aunque es verdad (añade) que: los medios » que emplea para este fin, parecen defectuo- » SÍSIMOS. » Digamos. “mejor que no:solo son defectuosísimos, sino directamente: opuestos al fin de la virtud y de la piedad. Diremos mas, que de la pequeña idea quese há dado de dos cartas solamente, y se pudiera am: pliar examinando las otras, Se puede segu ramente inferir, que este escritor ó estaba enteramente ciego, si no veía que Con su sistema (1) Cartas sobre los verdaderos principios de la Religion, Carla 1, pág. 5. A A A A AAA AAA DAA SARA sI DAA 10 Le O
(251) se abria el camino á la: disolucion: mas desenfrenada, que él mismo confiesa nace del sistema de-los deistas; ó era sino un inerédulo: falaz que queria burlarse de los sencillos, y con' la máscara de virtud y religion cubrir la impiedad y el libertinage, que fin= gidamente combate. VIL Ensayo sobre los Principios de filosofía moral de otro autor al parecer naturalista. Fiel esposicion de sus opiniones en órden ú la sancion de las leyes naturales. Otro tanto vale, por lo que respecta á la materia que tratamos, un cierto folleto (1) intitulado: Principios de: filosofía moral, que poco ha: salió de las imprentas de Ginebra. No se debe negar al autor el mérito de un método consiguiente y preciso: que en él se ven ideas muy claras, que las une en muchos lugares exactamente, y siempre se esplica con decencia. Protesta desde el principio (2) “no haber contado con la revelacion en su » moral (*) (lo que por otra parte, dice, le ha 5 5 5 (1). Principios de filosofía moral, en Ginebra, 1754. (a )- Discurso preliminar, (*) Este es uno de los medios mas usados y mas
(259) 5 costado. mucha. pena) siendo: distintísimas. » estas dos ciencias. La revelacion, añade, está » fundada en la autoridad, y la moral es una »cadená de raciocinios:, y he tenido: por con- »veniente esperiméntarhasta: donde: podia: » conducirme la luz ide, la razon sin el auxi= »lio de la autoridad.” Es ciérto que tratán=, dose de la moral, no se pretende deba tra- ; eri ve Ma STA yA > É . A ER . 4 dolosos de nuestros filósofos para inspirar y propalar sus errores sin temor de ser detenidos. En ar— gumentos, en discursos, en escritos y de palabra, hacen siempre la protesta de cristianos (en verdad era necesaria esa, prévia profesion de fé para que no se les tuviese por gentiles); pero, añadiendo despues: prescindamos de: la revelación ,. hablemos' ahu= ra como: filósofos : se. desencadenan en mil dicte= rios contra la Religion y sus dogmas. Un Cristiaho, si verdaderamente lo”es, nO debe prescindir jamas de la Revelación, cuyas verdades sabe no pue= den contrariarse á las ciencias filosóficas; antes por lo que de aquella ciertamente le consta debe acomodar éstas, cuya certeza no puede serle tan segura. Prescindir de la Revelacion UN Cristiano es prescindir de lo que sabe positivamente “que es cierto, para abandonarse á la incertidumbre de las opinio= nes y estravagancias, Hablemos como filósofos, es decir, hablemos como gentiles: olvidemos, ó nada nos importan las verdades dichas por Dios: busquémos algun solisma con que embrollarlas y confundirlas. ¿Qué enfermo, de dos medicinas, de las cuales sabe sx
(953) tarse de. la revelacion: (*), y á nadie se niega el servirse de las luces de la razon al disputar de las costumbres, Pero el hecho es, que un hombre: convencido de la: existencia de la divina revelacion, en la cual estan los * RR que una positivamente Je dará la salud, y de la ótra no le consta, antes tiene fundados recelos que puede empeorarle ó quitar la vida, simplemente por esperimentar dejará la primera y tomará la segunda? De dos caminos, uno de los cuales segura y directamente lleva al puerto, y el otro está lleno de barrancas y precipicios, y es frecuentado de la- Arones, y donde muchos: han sido asesinados, ¿quién únicamente por ver, tomará éste y dejará el pri=. mero? Hablemos pues como filósofos, pero como fi-, lósofos cristianos; y en' vez de prescindir de la Re yelacion:, uniformemos á ella la Razon: la Regla” no se debe acomodar á las cosas para rectificarse;- sino éstas á ella para que sean rectas. ; (*) ¿Pero dónde se han tomado las verdaderas ideas de la moral, sino de las verdaderas prácticas reveladas por Dios? No se nos diga que los filósofos: gentiles, sin revelacion , conocieron ideas de moral : sería necesario para atribuirlas únicamente á su razon, olvidar que habia habido una revelacion primitiva, cuyos vestigios se descubren aun en'medio de los Gultos idolátricos. La Razon, dejada á sí sola , si halla algunas verdades son bien pocas» y éstas mezcladas con muchos errores, ¡y en la práctica COn cuantos desórdenes! Véase el Ensayo de La Mennais , t. 1 y 2 de esta Biblioteca,
(254) mas claros y verdaderos principios de la moral, ni puede ni debe (si busca la verdad) escusarse de tener siempre los ojos fijos sobre ella; y aunque camine por la senda de la razon, no debe negarse á seguir la reve- —lacion divina. Por manera que si sus raciocinios le conducen á alguna proposicion que sea contraria á las verdades reveladas, debe persuadirse (y no es muy dificil) que se estravía y que sus raciocinios son puros paralogismos. Asi procede el que cree la reyelacion divina: pero el que dice que. solo quiere prescindir de ella, y entre tanto establece proposiciones y teoremas contrarios, este se burla de sus lectores, y aunque enmascarado,'es un naturalista verdadero. Con este criterio conoceremos ahora á nuestro autor. | Dice pues, que aunque las leyes naturales, hablando generalmente y en abstrac- to (1), esten apoyadas en motivos capaces de hacerlas observar, con'todo eso “si solo » se considera la estrecha escena de este mun- » do, las consecuencias del vicio Y de la vir- » tud no son tan sensiblemente diversas, que »la mayor parte de los hombres se halle O ( (1) Ibid, cap. 8, $. 125, A A
O AA AAA A AA A (255) » constantemente determinada 4 preferir la A á el otro. Acaso muchos juzgarán (con- » tinúa) que las riquezas ú otro bien parti- » cular podran traer en pos de sí poco me- »nos utilidades que la rígida virtud, y que »su adquisicion y conservacion les costará » mucho menos. ¡Cuántos males resultarán »de aquí á la sociedad humana! Esta refle- »xion, añade (1), recibe un nuevo grado de »fuerza si se considera puede esperarse el » evitar, y se evitan en efecto muchas ve- » ces los malos efectos del vicio, y no se con- »siguen con frecuencia las ventajas que pro- »duce naturalmente la virtud. Añadamos por » último, dice tambien (2), que si un sistema »redugese las cosas á la duracion de esta » vida, él estaria privado de motivos suficien- »tes en el caso en que para cumplir una: » obligacion importante fuese necesario resol- » verse para ello 4 los mas.grandes sacrificios, » como sería el de la vida. En la moral todo- »es cálculo, y toda accion que no puede pro=- >ducir sino algun mal para el que la obra, »es una accion moralmente imposible para » un hombre que calcula bien.” De estas re- 0 A A (1) Ibid, s. 127. (2) 1bid, y. 128,
(9256) flexiones pasa á establecer la existencia de “otra vida, en la cual será el alma inmortal, y dice: “que en ella (1) el estado de los'que » hayan violado-las leyes del órden será mas »ó menos penoso: y la suerte de los que las »hayan observado mas Óó menos feliz, en » proporcion á los progresos y constancia en » aquellos dos estados.” Hasta aqui bien; pero pasemos adelante.: Mas si al autor se le pregunta en que: consiste la felicidad ó miseria de la otra vida, no hallo que sepa responder con claridad. Solamente dice, que la virtud (2) es el camino de la felicidad, y el vicio el de la miseria, provocándonos para persuadirlo á la “esperiencia (3), la cual nos » muestra, que hay una estrecha union en- » tre Ja felicidad del hombre, y una conduc- » ta conforme á la naturaleza y á su condi- » cion. Que son pocos los deberes á cuya trans- » gresion no siga algun mal moral 6 físico; » y cuya observancia no produzca alguna uti- y lidad, aunque no sea mas que el sentimien- »to grato consiguiente á la aprobacion de si A EN] (1) vid. $. 156. (2) Ibid. $. 154. (3) dbid, $. 122,
> A A. A (257) » mismo.” Por lo que sigue diciendo (1): “Supuesta la igualdad en los otros bienes » de esta vida, nada concebimos mas apete- »cible que el estado de un hombre perfec- » tamente virtuoso, y mada mas horroroso que »uno enteramente malvado: la felicidad ó » la miseria se minoran en razon de la dis- » tancia de estos dos estremos.” Este género pues de felicidad ó de miseria, “segun que »se hayan violado (2) ú observado las leyes »de la naturaleza, suple perfectamente, di- »(ce nuestro autor, la sancion física de las »mismas leyes naturales. ¿Y por qué, aña- »de, una accion virtuosa ha de hacerse pe- » nosa á un hombre sabio, esperando de ella » consecuencias felices por toda una eterni- »dad? ¿Y cómo el vicio mo inspirará hor- »ror si á los males que en esta vida oca- »stona, se juntan los que le seguirán en » la futura?” Despues para que ninguno de sus filósofos se arredrase con esta doctrina, al que le pregunta si este mal en la otra yi- a será insoportable y eterno para los viciosos (3) (disposicion que aquí mismo se dice A A O (0) Bid, S. 123, (2) 1bid. $. 158, (3) Id. S. 159. Tom, Y LT, 47
(264) guiente este sistema, segun los mismos prin: cipios del autor, conduce á la corrupcion de las bros y á-la ruina de la sociedad. Lo cual demostrarémos en los capítulos siguientes, CAPÍTULO XI. “El sistema de los Libertinos es per= nicioso á la sociedad. Í; Aunque esta proposicion es una constcuencia natural de lo que queda ya dicho, con todo eso la impugnan algunos, y particularmente Bayle. De: cuanto hemos dicho hasta aquí en órden á la corrupcion de los incrédulos, que - hemos demostrado es el manantial de sus dudas en matería de Religion, y del carácter que singularmente los distingue cuando han llegado á profesar la impiedad, tan facil el inferir que debe ser tambien perniciosísimo su sistema á la sociedad, que parece supérfluo detenerse á demostrarlo,
| (265) Con todo eso, ha llegado á tal estremo la osadía de algunos que no temen representarlo como un problema; y 2UN dándole una apariencia de cuestion obscura y difieil, despues de varios rodeos y sofismas Megan finalmente á decidir que el Ateismo no solo es menos pernicioso á la sociedad que la Supersticion, sino que en modo alguno la perjudica; de manera que puede subsistir felizmente una sociedad aun cuando desterrada toda religion y creencia, todos profesen puramente la impiedad. ¡Estraña en verdad y monstruosa paradoja! Sin embargo, Pedro Bayle no se sonrojó de emplear las mas largas y sutiles meditaciones para presentarla digna de la aprobacion universal, como puede verse en los Pensamientos sobre el Cometa; en la Continuacion á esta obra; en las Respuestas á un provincial, y en varios lugares de su Diccionario. Juan Tolando siguió Sus pasos en la disertación que intituló: Adeísidemon, que es decir: El hombre sín supersticion, y otros frívolos, pero no menos atrevidos, filósofos ó libertinos, que beben de ordinario toda su ciencia en las fuentes del gran sofista de Roterdam,
(266) IL. Se demuestra que el Ateísmo es contrario á la Sociedad. Para venir, pues, al punto de nuestra ilacion, ya que nos provocan á ello bien sea en los libros, bien en conversaciones, no reusaremos esplicarla claramente; tanto mas, cuanto es un nuevo argumento del grande horror con que todo el género humano debe mirar tan estrañía filosofía, y del interés que tienen en exterminarla los que velan sobre el bien comun. Decimos pues, en primer lugar, que el Ateismo es tan pernicioso á la sociedad humana, y en tanto grado, que directamente se opone d su existencía. Para demostrar esta proposición como deducida con la mas clara evidencia de las doctrinas ya sentadas, sea. la base de nuestro raciocinio una máxima que un docto inglés (1) escribiendo á otro propósito, dice A gn] (1) Ditton. La Relig. Crist, demonst. por la re.. sur. p. 2, cap. 7. “Esta máxima, de que la socie »dad no podria subsistir en el mundo si los hom- » bres no se fiasen los unos de los otros..... no es me- »nos evidente que el axioma de geometría que dice, »que si á cosas iguales entre sí se añaden 6 quitan »otras iguales , siempre quedarán iguales.” A O
(267) | éon razon ser tan evidente como pudiera ser un axioma de geometría, á saber: que la sociedad no puede subsistir en el mundo sí los hombres no se fian unos de otros. Esta mútua ó recíproca confianza deben tener entre sí el Príncipe y los vasallos, para que ni aquél sea tirano ni estos otros rebeldes. La misma deben tener despues de sus alianzas los pueblos y reimos vecinos, para que no sean los unos sorprendidos de los otros en tiempo de tregua ó paz. La misma, para abreviar, deben tener los amos en los criados, la muger en el marido, y un ciudadano en el otro, para que viviendo juntamente, ó comerciando, ó prestándose algun auxilio, ó de cualquiera otra manera, ni se escedan, ni se hagan traicion ni fraude, sino se observen los pactos, las promesas y los derechos á la hacienda, al honor y á la vida. Si faltase esta confianza en la sociedad, al momento se turbó el reposo, la paz, el comercio; y en su lugar se introdujo la sospecha, el susto, la guerra doméstica: y vé ahí ya necesaria la separación, y por consecuencia destruida la sociedad. ¿Y cuál: es la causa de esta mútua confianza, en que consiste el apoyo y lazo de la sociedad hu-. mana? A mi parecer no otra que la, per-
(268) suasion que tiene cada unó de que aquel de quien se fia se reconoce en primer lugar obligado por una ley á no engañarle, sino á estar á la promesa dada, y no violar de modo alguno sus derechos: en segundo lugar, que éste tenga fuertes motivos para Observar la misma ley, aun contra su propio interés ó gusto que le escitase á violarla. Segun que concebimos firmes estos dos principios en el corazon y mente de alguno, así crece ó disminuye la confianza que hacemos de él. De modo, que si pen= samos hay alguno que juzga no existe ley alguna que le obligue á estar á la promesa y guardar nuestros derechos; ó si mos persuadiésemos que no tenia motivo alguno que pudiese inclinarle á la observancia de esa ley, no podríamos fiarnos de él; y por consiguiente ninguno podria fiarse de otro si se creyese que en ninguno habia estos dos principios, que son el fundamento de la confianza; y en tal hipótesi no subsistiria la sociedad, que segun el axioma señalado se apoya toda en ella. Establecidas estas evidentísimas verdades, reflexiónese sobre el sistema de estos filósofos libertinos, y yeremos que trastorna y arranca hasta la raiz de toda sociedad. Ellos, como: hemos visto - EEE A A . £ 3 ACA DARA UI A E A A E MER AZ PS E o e ER
r (269) en Epicuro, gefe de los impíos Antiguos, y en Hobbes, Montague y Espinosa, maecstros delos modernos, asientan no. hay cosa alguna. por naturaleza justa y honesta, injusta Ó torpe; sino que la honestidad y la. justicia se miden por la fuerza y utilidad de cada uno; de modo que la primitiva ley que ponen entre los hombres, es puntualmente la que observamos en los peces; es decir, que el que escede á otro en fuerza y Corpulencia pueda tragárselo y lo devore. Quitan, pues, de entre los hombres el primer fundamento de la mútua confianza, que es la persuasion de una ley que obligue á cada uno á no violar los derechos de otro. Verdad es que dicen no enseñan ellos que no haya ley para el hombre, sino cuando no ha entrado todavía á vivir en sociedad con otros; pero que entrado ya en ella, debe estar 4 las promesas y observar las leyes, ¿Pero quien no advierte el dolo de estas palabras vacías enteramente de sentido? Si nada hay por su naturaleza justo Ó injusto ,. ¿por qué será injusto violar las leyes civiles, y no. guardar lo prometido? El derecho positivo se funda en el natural. Quien anula este, destruye tambien el otro en cuanto á la fuerza interna, Pero supongamos lo que en otra
ARO) ocasion hemos concedido á Bayle, á saber: que los incrédulos puedan conocer un órden eterno é inmutable fundado en la naturaleza de las cosas, é independiente de la voluntad de Dios; y que por esto pueden tener ideas de la honestidad y de la justicia. Mas de ese conocimiento pregunto: ¿qué provecho sacará la sociedad humana? Esta será una mera especulacion esteril, debilísima é incapaz de contrabalancear en el Ateo un ímpetu ligero de concupiscencia que le mueva á lo contrario. La razon es clara. Semejante idea de honestidad y de justicia en el Ateo está destituida de los motivos que_son el fundamento universal y bastante para resistir á cualquiera tentacion que pueda haber de violarlos. Porque estos motivos, como se ha visto ya, son solamente los que dicta la Religion, á saber: Un Dios que todo lo. vé, premiador eterno de la virtud, y vindicador eterno del vicio. Los demas mencionados por Epicuro, y despues por Bayle y Otros semejantes libertinos, son absolutamente ineptos para retraer al hombre de in-. numerables maldades, que llegando á efectuarse destruirian la sociedad enteramente. El mas especioso entre todos hemos visto es el temor del castigo del que gobierna. ¿a A NAS A e E
(271) | Mas hemos observado tambien, que ni es universal respecto á las personas; porque muchísimos , y de contado el mismo que tiene las riendas del gobierno, estan se- —guros: MI tampoco universal relativamente á los vicios, porque mo se estiende á muchos que directa ó indirectamente perjudican á la sociedad, cuales son las embriagueces, fornicacion, el desprecio de los inferiores, las discordias en los matrimonios, y otros semejantes pecados esteriores de que no cuida la justicia. Y á todos estos deben añadirse aquellos otros que se consuman in= teriormente ; y que haciendo al hombre realmente malvado, no pueden menos de pasar á lo esterior sus perniciosas consecuencias con turbacion de la sociedad. Tampoco es universal en cuanto á los lugares y á los tiempos, porque la soledad y las tinieblas substraen de la inspeccion y del rigor del Soberano infinitos géneros de infidelidad, de traiciones, de injusticias, de fraudes, y todas aquellas otras maldades que, en pudiendo quedar ocultas, se cometerán con seguri- 2 por quien ño tiene que temer sino la vista y poder de los hombres. Siendo pues este motivo incapaz por sí mismo de indu- ar ála Observancia de una parte máxima /
(272) de sus deberes, no puede conciliar aquella confianza en los otros que €s necesaria en la sociedad. Lo mismo debe decirse, y con mas razon, de los otros. motivos propuestos por los incrédulos y libertinos, y que ya hemos examinado, cuales son el miedo de la infamia, el amor de los aplausos, la bondad del temperamento, 'y otros seme: jantes; los cuales «todos ni separados ni unidos harán jamas: resistencia. 4. las. pasiones de un hombre sin religion. Véase lo que dejamos ya escrito, porque necedades tan palpables no merecen ciertamente confular» se dos veces en un mismo libro, IL. Disuelvese una objecion de Bayle.. No debemos pasar en silencio, aunque sea tambien: débil, otro motivo que Bayle opone en varios lugares, como: capaz de retraer al Ateo de violar los deberes de la sociedad. “Quiero conceder () ), dice, que los » principios de un ateista no le impelen si- » no hácia el interés de sus propias pasiones, » ¿Mas de esto se seguirá que le lleven á la PAPA A o Ara a (1). Respuesta á las cuest, de un Provinc, cap. 17.
(273) » ruina de la sociedad? Pues qué , ¿no ten » drá él cuidado alguno de su tranquilidad » propia, de la conservacion de sus bienes, y »de sus hijos” ¿No tomarásalguna. parte en »lo que pertenece á: la seguridad pública? » Si asesina hoy á un hombre que tiene tres » hijos adultos, ¿no ha de temer que le per- »seguirán por todas partes á fin de vengar »la muerte de su padre? ¿El amor de sí »mismo no le obligará estrechamente - 4 »refrenar una pasion que no puede. salisfa- » Cer sin esponerse á mayores males?” Para conocer la debilidad de esté sofisma no se necesita mas que preguntar á Bayle y á sus partidarios, si en un gravísimo negocio en que les fuese la hacienda ó la vida, se fiarian de un hombre de quien por una parte supiesen podia ser impelido de una vehementísima pasion de lascivia, de interés ó de gloria á hacerles traicion; y por otra creyesen no podria contenerse de dar gus- to á estas pasiones sino por la parte que debia tomar en la seguridad pública que le prohibe semejante traición, ó por:el temor de que sus hijos le buscarian para vengarse? Aun mas: si concibiesen que aquel hombre que no tiene mas que los indicados IMOLIVOS pará refrenar sus pasiones y: podia Lom. VIL, 18
(980) ; TO P ll 7 «CAPÍTULO XIT. Dos Tezisladores han puesto siempre la Religion por base de la sociedad | a que daban leyes. L Se indica en general esta conducta de los Legisladores. Obra de Warburton. en que trata esta materia. Otro argumento fortísimo de que la impiedad es enemiga de la sociedad, que es de lo que al presente tratábamos, se deduce de la perenne y iniversal conducta de todos los Legisladores y de otros políticos sabios, que siempre pusieron la Religion como el primero y necesario fundamento de la conservacion de la república. Acaso na= die se ha dedicado á tratar esta materia tan latamente como Warburton en su obra de la Divina mision de Moises. Y aunque me parece hallar de cuando en cuando, como en otra ocasion hemos dicho, alguna especie de paradoja en varios pensamientos de
(9281) éste autor, lo substancial del punto que ahow ra tratamos, que es la necesidad de la Religion en la sociedad, lo esplica sólidamente, demostrando que el vínculo y base de la sociedad es el dogma de los premios y penas en la otra vida. Asercion que confirma con los testimonios de todos los legisladores, esceptuado Moysés, por los motivos que en otro lugar mencionamos. Produce, pues, con vastísima erudicion cuanto puede recogerse de los antiguos monumentos; y hace ver que todos ellos ponian su principal cuidado en mantener salvo en los pueblos este dogma de la Providencia. Y así lo intimaban desde luego en el mismo prólogo de sus leyes (como se ve en el de Zaléuco y de Carondas, conservados por Diodoro y Stobeo), ó lo inculcaban por medio de varias sagradas ceremonias de Religion, que tenian siempre á la vista los magistrados á ese fin; ó mas que todo, lo hacian sumamente venerable en los misterios. Estos, sigue diciendo, nacidos en Egipto y pasando de alli á la Asia y á la Europa, tenian por último objeto imprimir profundamente en el espíritu de los iniciados la idea de un "ovisor universal, Soberano, premiador de Wenos y castigador de los malos ; juzgando /
(282) aquellos sabios que este era el freno mas poderoso para contener á los hombres ensu deber é inducirlos á la observancia de las leyes que pare la conservacion de: la so=" ciedad habian promulgado. IL. Testimonios ilustres de Plutarco y Ciceron, Bastarános oir al presente á Plutarco y Ciceron, dos grandes y espertos maestros de la antigúedad, cuyo testimonio podrá equivaler á toda otra investigacion. “En el es- » tablecimiento de las leyes (1), dice el uno » de ellos, lo primero y principal es la opi- » nion de los Dioses; por eso Licurgo consa- » gró á ellos los Lacedemonios, Numa los Ro- »manos, el antiguo Jon los Atenienses , » Deucalion á casi todos los Griegos; y con »sacrificios, con votos, con juramentos, con » vaticinios y augurios, por la esperanza y » por el temor se los sometieron. Recórrase » si se quiere, todo el mundo, obsérvese por »do quiera todo él , se hallarán ciudades »sin murallas, sin letras, sin Rey, sin ca- »sas, sin haciendas, sin moneda, sin es- PA A AN A A TRAE II AE rs e a ve] ' (1) Plutarchus ín lib, adversus Colotem,. a Oper.
(283) - y cuelas; sin teatros: mas Una ciudad sin » templos. y sin Dioses, y que no use de pre- » ces, juramento y oráculos; que para 1mpe: » trar favores no ofrezca sacrificios y no se » esfuerce en alejar los desastres por medio de » las cosas sagradas; madie la vió ni la verá »jamas. Mas facil sería á mi entender edifi- » ear una ciudad sin suelo que sin religion, ó »que despues de formada subsistiese sin la » persuasion de la divinidad.” Asi Plutarco. Sin embargo Bayle, 'Folando, Collins, y los otros sus amigos se empeñan en fundar y hacer que subsista esta tal ciudad, en la cual desterrado todo conocimiento de Dios, se profesase por ley fundamental el 4te¿smo: ¡Bella ciudad, ciertamente digna de tener por ciudadanos á los filósofos! Pasemos á oirá Ciceron, queen el libro 2.” de las Leyes, despues de haber manifestado con los mas justos y sublimes pensamientos, que el orígen eterno de ellas es la mente misma del sumo Dios con estas ilustres palabras (1): La verdadera y principal ley apta para mandar y prohibir, es la recta razon del sumo A $ (1) Lib, a de Legib, cap. le
(284) Júpiter; antes de descender á señalar las leyes, que estimó necesarias para la vida tranquila y feliz de los ciudadanos; dice, quiere imitar á Platon, Zaleuco y Carondas, los cuales antepusieron á sus leyes un Proemio donde se: contenia toda la fuerza y espíritu capaz de guiar á los ciudadanos á la observancia de cuanto ellos despues habian preserito. “Grábese pues, dice (1), ante todas »cosas profundamente en-el ánimo de los » ciudadanos, que hay Dioses dueños y go- » bernadores de todo; que cuanto sucede en »el mundo depende de su poder, imperio » y magestad; que son sumamente acreedo- »res al respeto del género humano, y atien- »den á la cualidad y acciones de todos, á lo »que cada uno interiormente siente en su »eorazon, y al espíritu y piedad con que » ejerce los oficios de la Religion; que tienen, »en fin, una razon exacta de buenos y malos, »de pios é impíos. Porque persuadidos los » hombres de esto, ciertamente no se aparta- »rán de los verdaderos y útiles sentimientos. » Porque en verdad, ¿qué cosa mas cierta »que el que no debe haber un hombre tan a . (1) Did, cap. mo
(285) » neciámente arrogante, que piense de sí mis- » mo está dotado de entendimiento y de. ra- »zon, y que luego juzgue no la hay en el » gobierno del cielo y de la tierra? ¿Quién » ereerá que sin la direccion de la razon pue- » da moverse una cosa que él con toda: la »agudeza de su discurso apenas llega 4 en- »tender?..... Ademas quién negará son úti- » les estas opiniones si reflexiona cuántas co- »sas se hacen estables com el juramento; »cuán saludables y religiosos son los ritos » de las alianzas; á cuántos ha retraido de »obrar mal el temor de los divinos castigos, » y cuán santa es una sociedad de ciudada= » nos unidos bajo los auspicios de los dioses » inmortales sentados entre ellos como jueces » y como testigos? Ved aqui, oh Quinto, el » Proemio de la ley, que así le ama Platon.” II. Reflexiones importantes sobre los pasages citados: ilacion á favor de la doctrina establecida. En los testimonios de estos autores deben observarse dos cosas oportunas á nuestro intento. 42 El consentimiento universal de los legisladores y de los que han tratado del gobierno de la república. en estable-
(286) cer la Religion como base de todas las leyes; de lo que parece evidente haber pensado aquellos hombres sábios es una estupidez y aun imposible fundar una república en la impiedad. Y si han creido no haber cosa mas útil á la sociedad que imprimir en el espíritu de los ciudadanos la persuasion de una Providencia necesaria; nada en consecuencia han juzgado que pueda serla mas pernicioso y Coutrario que el pensamiento de losincrédulos y libertinos que procuran disipar semejante persuasion. 2,4 Lo segundo que debemos observar, especialmente en el pasage de Ciceron, es la indicacion que hace de algunos efectos queprovienen de la Religion en la sociedad, Jos cuales demuestran la sabiduría de los legisladores en inculcarla, y la verdad de nuestra asercion sobre la necesidad de ella. ¡Cuántas cosas, dice Tulio, no se hacen estables con el ju- .ramento! Este es el fiador, por decirlo así, de la mútua confianza de los hombres, sin la que no subsiste la sociedad. Con él se pone término á las contiendas, se confirman los tratados, se comercia con los ausentes, se deja la espada á la vista del enemigo, se consagran los oficios públicos para que ejercidos con lealtad y justicia cedan en utili-
(287) dad comun de la república y particular de los ciudadanos. ¿Mas de dónde procede que esta ceremonia establecida entre los hombres tenga una fuerza tan poderosa, que crean ser mucho mas segura que las cadenas y la espada? (1) No de otro principio ciertamente sino de interponerse en el juramento el nombre de Dios, como testigo y juez de las palabras y promesas, y cuya omnipotente indignacion llama contra sí el que jura, si faltase á lo jurado. Esta persuasion hizo que los Cartagineses (para señalar entre infinitos un egemplo) dejasen que M. Atilio Régulo, su prisionero, partiese á los suyos despues de haber recibido de él el juramento, de que volveria; y este juramento hizo en efecto que aquel héroe romano volviese á Cartago aunque supiese la fiereza de los enemigos á quienes se entregaba, y la” desapiadada muerte que le esperaba entre ellos (1). Supongamos por un momento que por medio de alguna nueva sociedad (*) se esparce en un A 10) Cicero de Officiis, lib. 3, cap. 31. Nullum vinculum ad adstringendam fidem majores nostri ju= rejurando Arctius esse voluerunt, (0 Val. Max. lib. 1, cap. Tr. (E) ¿Podrá temerse esto de las sociedades secre-
(288) reino el ateismo, y que el Príncipe pueda «creer que la guardia de su persona es de esa escuela; que lo son los jueces que tiene puestos para. hacer justicia á sus súbditos, y los ministros á quienes ha cometido los mas importantes negocios del Estado, y los oficiales á cuya disposicion estan la milicia y las plazas. Si reflexiona que todos estos por sistema no reconocen otro derecho que la propia fuerza, otra regla de las acciones que su propio interés, ¿qué confianza podrá tener en ellos, aun despues de haberles recibido el mas solemne juramento, que no harán escrúpulo de prestarle? ¿Qué confianza podrá hacer de ellos en. órden al justo gobierno de los súbditos, á la defensa del Estado, á la fidelidad de los tratados, y á la seguridad de su misma persona?” Tolando responde que en realidad un libertino “no »cree que haya un Dios, juez vengador del tas? Por largo tiempo ellas quisieron deslumbrar con la voz de inocentes reuniones; pero la toleran- “ cia general religiosa que Isa la base de todas, no nos permite dudar de ello. Los espantosos trastornos en ambos mundos, obra toda suya, hablan bien alto para que ya ninguno se deje seducir de sus alhagiieñas voces de beneficencia,
(289) >crímen, ni téme las llamás del infierno, »ni se contempla obligado por la sagrada re- » ligion del juramento; pero lo está por cier- »to respeto civil á las promesas (1). ” ¡O maravilloso respeto civil, que tanto puede en el corazon de un hombre que por sistema profesa no reyerenciar ni aun al mismo Dios! Pero de buena fé, ¿quién podria fiarse de una persona que no tuviese otro freno de dia ni de noche que este? La otra indicacion de Ciceron acerca de las ventajas y utilidades de la Religion, inculcada por los Legisladores, es mas general: ¿Cuántos son, dice, 4 cuántos no ha retraido de obrar mal el temor de los divinos castigos? Los fundadores de la república veian que la espada del Príncipe mo podia alcanzar á muchísimas especies de transgresiones y de transgresores; pero sabian mu | bien estar ya profundamente grabada en el corazon de los hombres la idea de un Dios que todo lo vé, y cuyas venganzas se estienden á todos. Por eso se servian de este temor para Conseguir la observancia de aquellas leyes, que unen y conservan la sociedad. Por eso a AA (1) Adeisidamon, $. 23, Tomo ReBres >>. A /
(296) 5to no suplanta á otros con cabalas y en- »redos; y tan lejos está de engañar y de » usurpar los bienes agenos, que prefiere re- »nunciar su mismo derecho á litigar con » un hombre á quien parece ve resuelto á per- » jurar. Mas un perverso es el primero en » servirse del fraude y del perjurio, y no se > detiene en trastornar con todo género de »iniquidades los designios de sus competido= »res. De manera que á un ateo que desea » hacer fortuna, le interesa mucho que no » haya sino almas buenas en la tierra; y » Vanini desbarraba enteramente cuando pa- »ra adelantar la: suya queria establecer el » Ateismo. Le hubiera sido mejor trabajar » por hacer al mundo devoto....... ¿Y á él » qué le importaba que un verdadero “cris- »tiano se privase de los placeres del mun- »do? Si esto le movia á compasion, ya no »procedia segun su sistema, el cual á nada » empeña jamas en favor de otro (1). Cónstanos pues, por el mismo Bayle, que el carácter de los Ateos es el de unos malvados criminales, dispuestos al fraude y al perjurio, que emprenderán todo género II E o (1) Pens, divers, $. 182, a ol
(297) - de iniquidades por trastornar los designios de los otros, y levantar su fortuna sobre las rúiñasde ela agena: hombres, en fin, por sistema amantes solo de sí mismos, que ni toman interés alguno en las utilidades de los demas, ni se compadecen de las desgracias agenas, Por el contrario, tenemos tambien .que el sistema de Religion, que hace á los hombres verdaderamente devotos, los inclina á proceder de' un modo enteramente opuesto; por manera que el que quiera adelantar su fortuna en el mundo, debe desear que todos sean verdaderamente piadosos. Esto supuesto, si Bayle se hallase en estado de confesar la verdad, le suplicaria yo nos digese hasta qué punto llegaria el perjuicio que podria esperimentar la sociedad «si se: com= pusiese de hombres del primer: caracter; y. hasta dónde se estenderian sus ventajas: si desterrados aquellos se introdugese el siste ma de los segundos? ¿Tendria valor para decir friamente que el sístema de los primeros. parece solo menos oportuno para facilitar el gobierno de la sociedad ; y el segundo parece mas oportuno al mismo fin? ¿Quién mo advierte que una sociedad com- Puesta solo de impíos sería una sociedad de ladrones y de ficras crueles, que se de-
(298) vorarian los unos á los otros? Luego el sistema de aquellos comparado con el que se ordena á desterrar estos males, no se debe llamar menos á propósito para el gobierno de la sociedad, sino enteramente contrario á ella. Luego la buena política introduciendo la Religion en la sociedad, introduce un medio, no como quiera mas facil y masá propósito para su gobierno, sino absolutamente necesario para su subsistencia. y. ones sobre el pirronismo de Bayle. Hasta qué punto juzgaron los antiguos necesaria la Religion en la Sociedad. Tal yez-se admirará alguno de ver tan poca consecuencia en los escritos de Bayle; y que despues:de haber hecho una pintura tan horrible de los-Ateistas, se estienda luego á querer probar que el Ateismo no tiene influjo alguno en la corrupcion delas costumres; y aun que “los Ateos estan llenos de » ideas de virtud, y pueden tener motivos bas- » tantes para la observancia de las leyes eter- » nas , y ser escelentes ciudadanos; por ma- » nera que puede subsistir una sociedad com-. »puesta de ellos solos.” La asercion prime” ra, ¿no destruye las siguientes? Asi es cierta- —AA
AAA AN E RIA (299) mente; pero no es 054 sola la contradiccion | que se halla en sus escritos. El que: lucha contra! la verdad por. precision debe luchar alguna vez contra sí mismo. Bayle no tuvo mas que un solo fin en todas sus obras; pero los medios que empleó para conseguirlo se destruyen los unos á los otros. El £in general era hacér triunfar al Ateismo de la Religion; y mada le pareció mas á propósi> to para ello que ensalzar de todos modos la moral. de los. Ateistas; y esto es lo que hace en tantos lugares de los Pensamientos, de la Continuacion de ellos, y en otras partes. Pero ún mártir, un apóstol del Ateismo era sobre todo una brillante imagen que: debia grabarse en la fantasía de los ¡iniciados en la escuela de la impiedad. Pintola pues. con vivísimos colores en la persona de Vanini, aunque todos ellos falsos, como contrarios á la historia. Para que resaltase mas el heroismo de su héroe, por contornos de este cuas dro puso, entre una especie de claro obscuro, á los prosélitos que debia hacer predicando el Ateismo, como gentes entregadas, en virtud de aquel sistema, á todos los vicios, y ene: migas del bien de los prógimos, para que así apareciese que no el interés, sino la idea sola de gloria, era lo que le habia
(300) movido 4 tal empresa. Y asi es que al mismo tiempo que presenta á Vanini como un héroe, hace comparecer como monstruos á sus prosélitos y” semejantes. =Pero antes de terminar este capítulo, quisiera se reflexionase que el pensamiento que Bayle pone en boca de los impíos, á saber: que los Legisladores se habian valido de la Religion no como de un medio absolutamente necesario, sino simplemente mas útil para la subsistencia de la Sociedad; ademas de las confutaciones ya espuestas, se refuta por sí mismo, sin mas que atender á las espresiones de Plutarco y de Ciceron en órden al ¡consentimiento general de los Legisladores y sábios en inculcar álos pueblos el egercicio de la Religion. En efecto, Plutarco, despues de haber citado en comprobacion y egemplo de esta verdad á las mas ilustres repúblicas, concluye: creia mas facil. edificar una ciudad sin suelo, que el que pudiese subsistir sín la persuasión de los Dioses. Ci-: ceron indicándonos como frutos de la Religion los medios indispensables y necesarios para asegurar entre los hombres la confianza: mútua (sin la cual no puede haber So”. ciedad), é inclinarlos á la observancia de las leyes, que son el inmediato vínculo de
(301) ella; demuestra en el hecho que reconoica en la Religion Una fuerza indispensable para la subsistencia de la República ó del Estado. CAPÍTULO XIII. Reflexiones sobre la casa de Epicuro, Letrados Chinos, y algunas otras Naciones que se dice no ties nen Religion, —PI 17 riunfo vano de Bayle sobre un pasagé de Ciceron en órden ú la amistad de la : casa de Epicuro, Aunque por lo dicho en los dos capitu: los anteriores puede el lector estar ya plenamente convencido de que el Ateismo es sumamente pernicioso á la sociedad , y que ésta no puede subsistir sin Religion; con todo eso no debemos disimular algunos argumentos de hecho, que Bayle y sus prosélitos ; R0S oponen, para hacernos creer puede subsistir un Estado que no tenga mas fun-
(302) 'damento que la impiedad. El primero lo toman de los Epicúreos, de los cuales h£ aquí, dice Bayle, un hermoso pasage de Ciceron (1): “Epicuro, hablando de la Amis- »tad se espresaba asi: Entre todas las cosas » que la sabiduría humana ha inventado pa- »ra vivir felizmente, no hay otra mayor, ni » mas útil, ni mas deleitable que la amis- » tad. Ni solo esto lo demostraba 'con pala= » bras, sino mucho mejor con las obras y en » sus costumbres, ¡Oh y cuán grande, cuán »escelente cosa es esta! Las fábulas de los » antiguos, retrocediendo hasta la mas remo- »ta antigiiedad, apenas nos ofrecen tres pa- | »res de amigos, aunque tomando el princi » pio en Teseo se venga á parar hasta Ores- » tes. Y Epicuro en una sola casa, y esta pe- » queña , tenia grandes juntas de amigos »unidos entre sí con los. vínculos del mas » estrecho amor; y lo mismo se observa aun »entre los Epicúreos.” Despues de lo cual con un aire de triunfo esclama Bayle: “Vén- »'gannos ahora á decir que los que niegan la Providencia, y ponen su último fin en el de- »leite y satisfaccion de sus apetitos, no 5 k (1) Lib, 1. de Finib, cap. 20,
(303) | » posible que vivan en sociedad; que deben » por necesidad ser traidores, maléficos, la= »drones, Sc. Todas esas hermosas palabras » y doctrinas están desmentidas con este so- » lo pasage de Ciceron. Una verdad de hecho, »como la que Cicéron atestigua aqui, vale » por cien volúmenes de raciocinios especu- » lativos (12 A. este tono dictatorio y aire de triunfo del gran sofista de Roterdam se dan por rendidos los jóvenes libertimos. Tiene razon Bayle, dicen: no se le puede responder. ¿Mas si se les hiciese ver que la jactancia de Bayle es vana; que aquella pretendida verdad de hecho mo está en realidad afirmada por Ciceron: que aquel pasage, aunque se halle en los libros del Orador romano, no se puede decir verdadera y proplamente suyo ¿qué dirian? ¿quedarian toda= via desvanecidos los cien volúmenes de raciocinios especulativos , y desmentidas nuestras doctrinas antes demostradas? Pues bien, sea cada uno juez de este hecho, despues que se nos haya permitido poner á la vista esta á mi parecer, no despreciable observacion. En el libro primero De Finibus, ó sea del Fin A (1) Dicción, crit, art, Epicurus,
(304) de buenos y malos, refiere Ciceron un Diálogo tenido en Cumas acerca de la filosofía de Epicuro. Sus interlocutores eran Ciceron y L. Torcuato, con los cuales se hallaba tambien presente un sabio y erudito joven llamado Triario. Torcuato muy versado en la filosofía. epicúrea, la espone y defiende amliamente; Ciceron por el contrario, rebate en el L. 2? con muchos argumentos desde el principio al fin todo su discurso. Asi que, la sentencia que refiere Bayle es toda enteramente del defensor de Epicuro, L. Torcuato, quien la pronunció hácia el fin de su ora= cion, que es al capítulo 20 del libro 4.” Diré: aún mas: si Bayle hubiera copiado el pasage entero, y no hubiese omitido las tres primeras cláusulas, la cosa se descubria por sí misma. Véase aqui como principia el periodo (4): Bástanos tocar un punto sumamente necesario en la presente disputa; y es el de la amistad , la cual vosotros, oh Ciceron y Triario, decís que no puede verificarse de modo alguno sí se coloca el sumo bien en el deleite. Val es el principio del período de Torcuato, á que si- e 5 AA (1) Cicer. vid.
(305) uen inmediatamente las palabras copiadas por Bayle. ¿Se podrá creer en manera alguna que este no hubiese visto aquel principio, que AUN á los lectores menos versados en las obras de Ciceron manifiesta que allí se trata de una disputa, en que la cosa está puesta en cuestion; que aquella asercion es de un epicúreo, que coloca el sumo bien en el deleite; y que las personas á quienes hablaba, es decir, Ciceron y Triario, eran de diverso parecer? Verdaderamente á quien conoce á Bayle se hace muy duro suponer en él tan grande ignorancia. El hecho es que sin omitir aquellas tres cláusulas no podia producir la autoridad de Ciceron para dar por “tierra con los cien volúmenes de raciocinios especulativos, Y mofarse con una verdad de hecho atestiguada por tan grande hombre, de las doctrinas con que se trata= ha de probar que los impíos (segun sus espresiones) son criminales , maléficos, tratdores, ladrones, Sc. y por tanto que no puede subsistir una sociedad compuesta de ellos. e y E 90
(312) Religion, evanuerunt in cogitationibus suis, -y han formado un monstruoso fantasma, con el cual, si no llegan á borrar enteramente las primeras ideas-de Religion, por lo menos fomentan su vanidad, y desahogan sin recelo. sus depravados apetitos. En efecto, aquella virtud y honestidad que Bayle atri- ES »faltan razones para dudar si son de este carácter »todos los Chimos modernos. Porque es notorio que »muchos por' un juicio precipitado del ingenio é »índole de los primerós con quienes trataron, for- »maron este juicio de todos. De ahí por ventura »nació la opinion de los PP. Longobardi y Santa » María, que nos dan por ateos á todos los Chinos. » Por lo menos es cierto que los Chinos modernos, »igualmente que los antiguos, no quieren parecer ateos, pues que reconocen á Xam-Ti por sumo » Emperador del Cielo, á quien adoran y ofrecen sacrificios. Omito que no todas sino solo algunas »de las espresiones que refieren el P. Longobardi » y Santa María son sospechosas de ateismo, habien- »do otras que se pueden y deben escusar, como » observó juiciosamente Leibnitz. Ni nos faltan otros » testimonios con que probar, que entre los moder- »nos Letrados Chinos los hay que Creen en Dios » y la Providencia divina. Para cuya imteligencia » pueden verse el Musaum Sinicum de Beyero, y el » Icon Regia Monarchice Sinarum del Y. Bonyet, Je- »suita.? Hasta aqui Kortholt. * Véase tambien en el Catecismo Filosófico el núm, 21, l. 4 de esta Biblioteca,
(313) buye á los Letrados Chinos, y que tanto exagera Tolando, es una ficcion. El autor de la Parrhasiana nos dice: “Que las rela- »ciones (1) que testifican que los Chinos > de condicion elevada no creen la existen- »eja de un Dios que lo gobierna todo, »ni la inmortalidad del alma, dicen tam- » bien que toda la virtud de los Chinos con- » siste solo en un profundo disimulo de sus » vicios. Esto mismo es lo que se halla en varios lugares de las Memorias de la China (2) citadas. por el mismo autor. Y así lo demuestra plenamente la historia del Cardenal Tournon, el Diario de Monseñor Me-. vabarba, y otros monumentos sobre la misma materia, en los cuales se manifiestan las injusticias, demasías. Y escesos, la avaricia, la crueldad, la torcida y perversa política de aquellos Letrados, á cuya fé. y arbitrio comele el Emperador todos los negocios civiles, A 5 (1) Vide la nota anterior. (2). Memorias de la China, t, 1, lib, 5. /
(314) IV. El comportamiento de los Letrados Chinos es un argumento contra Bayle. Descúbrese otra superchería de Tolando. Mas qué nos cansamos: esos mismos Letrados Chinos, citados con tanto entusiasmo por los incrédulos, nos prestan en su tenor de vida un argumento irresistible contra lo mismo que pretenden y solicitan. Porqué áun cuando diésemos que aquellos mandarines sean ateistas, no se puede negar que ellos sostienen y conservan ilesa en el pueblo la Religion del pais. De donde se forma este ivrecusable dilema: O aquellos Letrados tienen por mas perniciosa á la sociedad la keligion que la impiedad, ó no. Si la tienen por mas perniciosa, ¿cómo puede dárseles el dictado de hombres de virtud, dejando gravitar sobre el pueblo un yugo tan duro y tan perjudicial, pudiendo y siéndoles facil con la autoridad de que gozan en el gobierno aliviarle de él? ¿Cómo es que no introducen el sistema de la impiedad, que tienen por mas ventajoso, y antes por el contrario promueven con todas sus fuerzas la supersticion” ¿No vimos á Bayle engrandecer en Vanini como: heróicas las ideas de probi-
(315) dad y de virtud, por haber puesto todo conato y diligencia en librar á los: hombres del temor: del infierno de que los.creia injustamente agoviados, y tuvo por punto de honra trabajar en beneficio de sus semejantes, aun con peligro de su vida? ¿Qué se deberá pues decir de los Letrados Chinos, si siendo ellos efectivamente ateístas, quieren al pueblo supérsticioso ? Esta, lejos de ser una politicacsábia, sería una hipocresía vergonzosa, contraria á los principios de la honradez. Por el contrario, y es la otra parte del dilema, si aquellos Letrados no tienen por mas nociva á la sociedad la Religion del pais que la impiedad, luego ellos prácticamente desmienten la tésis favorita de Bayle (sólida= mente confatada por Mr. Bernard), sobre la que ha empleado tantas páginas, y que con el citado egemplo nos queria persuadir; á saber, que la superstición es mas perniciosa á la sociedad que el Áteismo. No se nos diga, segun el imprudente pensamiento de 'Tolando en el principio de su Adeisidemon, que en realidad la supersticion es mas pernicio- Sa, pero que sin embargo los gobiernos deben tolerarla, y no el Ateismo; por consiguiente, que podian muy bien sin descrédi- to suyo, ni faltar 4 su honor, sufrir los Chi- /
(316) nos la Religion dominante del pais, aunque ellos la tuviesen por mas perjudicial que el Atcismo. No. Este pensamiento, por confesion del mismo Tolando,-es una paradoja; y yo diria mas bien, es una contradiccion manifiesta; porque entre dos verdaderos males no. puede ser política sábia preferir el que trae consecuencias mas funestas al Estado. La suya es bien conocida. Queria ¡el impío! que todos pensasen como él, y por eso. despues de haberse ocupado en todo su libro en persuadir que es mas dañosa á la sociedad la Supersticion (por cuyo nombre entiende la Religion) que la Impiedad, deja-do- losamente á cada uno el inferir despues, como consecuencia necesaria de sus doctrinas, el destierro universal del Estado dela: primera, y la tolerancia de la segunda. Y como esta ilacion horrorizaria aun á los mas perversos si la profiwriese claramente, no la espresa desde luego, antes con una figura pueril dice lo contrario, llamándola friamente paradoja. Mas volviendo á los Letrados Chinos, para concluir este punto concederemos á Bayle, que algunos de ellos son impíos; pero jamas que sean virtuosos, y mucho menos los únicos hombres virtuosos del mundo, como locamente pretende Tolando,
(317) sino á lo mas sagaces y astiutos en disimu= lar ciertos infames y Vergonzosos escosos. Y Bayle, Tolando, y cuantos piensan como ellos nos deberán á nosotros conceder , que procurando los Letrados Chinos conservar viva y subsistente la Religion del pais, cuyos ritos solemnes observan ellos mismos con la mayor escrupulosidad , en el hecho mismo vienen á confesar que es necesaria, y que sin ella ni podrian contener á los pueblos en sus deberes, ni ellos gozar de los honores, preeminencias, riquezas y dignidades que disfrutan. Que es decir, que el Ateismo da testimonio en favor de la necesidad de la Religion en los Estados; y los: mismos egemplos que los incrédulos han buscado para negar dicha necesidad , se convierten contra ellos, y son otros tantos argumentos para comprobarla. V. Respóndese á la objecion tomada de otras Naciones; que se pretende viven sin Religion. Reflexiones sobre las costumbres de los ea Groelandeses. Despues de la China esponen nuestros incrédulos como un pais de su jurisdiccion las ochenta y siete Islas situadas entre las /
(318) Molucas y las antiguas Filipinas; y 'ademas otras regiones desiertas, y varias costas del África y de la América, en las cuales, segun ellos, reina el' icismo; y donde sin embargo, dicen, viven los pueblos en sociedad. Mas por cuanto en otra ocasion hemos mostrado ya el poco crédito que se debe dar á las relaciones en que se funda la pretendida impiedad de aquellos Isleños , y los mas doctos, despues de las mas AtebdS investigaciones hechas con este objeto, tienen por cosa cierta que en ninguna region del mundo reina el Ateismo, no nos detendremos ahora sobre este particular. Nos bastará reflexionar que si bien en pueblo ninguno se puede establecer un Ateismo perfecto, . que! es decir, una absoluta ignorancia de Dios, sin'embargo en muchos infelices esta idea se halla, digámoslo así, obscurecida, y no se observan sino pocas ó ninguna señal externa de Religion. ¿Pero qué se infiere de aquí? Nada mas sino que en el grado en que falta la Religion, falta entre ellos la sociedad , y viyen en pequeñas hordas, ó esparcidos casi. al modo de las fieras por los montes, sin lazos firmes de leyes, tratados, Comercio, Xc. que los una, -y-los adhiera los unos á los otros. Nueyo y sólido argumento de que la
(319) base de la sociedad es la Religion, y que al paso que: ésta florece ó se pierde, aquélla tambien se sostiene ó viene á menos, sino. se arruina. Permíitasenos para ilustrar mas este pensamiento, y todo nuestro sistema en órden al influjo dela Religion sobre la sociedad, detenernos un tanto sobre algunas particulares cireunstancias que refiere Anderson de los :Grroelandeses, de quienes habíamos hecho singular mencion tratando de la: Religion universal de las naciones. Si hemos de dar crédito al autor citado, entre aquellos infelices Isleños está muy obscurecida la idea de la Divinidad, y no se ve egercicio algu= no de Religion; y sin embargo nos dice el mismo (14): “Que entre ellos no hay envi-. » dia, odio, enemistad , traiciones ni calum- »mias. Nose ven riñas, asesinatos ni guer- »ras con los vecinos. Jamas se oyen disolu= » ciones entre los dos sexos, ni infidelidades »en los. matrimonios: conocen la propiedad »de los bienes, y cada uno deja al otro lo » que tiene ó toma para sí. No hay puertas ni A (1) Historia natural de la Islandia, de la Groelandia ¿ Ke, t, 2, pág. 236,
| (320) » cerraduras en las casas; todo está abierto en »el pais, y ninguno toca á lo que. pertene- »ce á otro: mo se engañan ni se perjudican » mútuamente en el pequeño comercio que » pueden tener entre sí En fin, los Groelan- »deses viven, dice el autor, en la union: y » amistad mas perfecta.” Y en otro lugar: “Los » Groelandeses no estan ligados con vinculo al- »guno de sociedad, y sin embargo son socia- » bles, pacíficos, y se socorren mútuamente » en las necesidades.” : Parece á primera vista que esta relacion destruye cuanto hemos enseñado en órden: 4 las malas costumbres de los ateos, y al dañio que del ateismo resulta en la sociedad: y no dudo que un Baylista al leerlo se veria inclinado: á. repetir la frase de su maestro, que este hecho de los Groelandeses vale por cien volúmenes de raciocinios especulativas. Con todo eso, aun estando 4 la fe de este solo autor (1), veremos desaparecer esta aparente virtud; y que el egemplo de aquellos A e (1) Juan Blaeu en el grande 4tlas los pinta asi en pocas palabras: Barbari hi cum dolosi sunt, tunc feri adeo, ut nec blanditiis , nec donis cicurari valeant..... fectidi sunt fadique ac salaces..... nec obs coeenum illis putatur , quod caleris pudori esset,
(321) Isleños mo prueba de modo alguno deje: de ser pernicioso el ateismo á la sociedad, que es sobre lo que disputamos con Bari Anderson, en efecto, nos asegura: “Que » examinando de cerca las acciones de aque- » llos salvages se advierte facilmente no tie- » nen sino una falsa vistumbre de virtud, pues »las circunstancias en que viven son tales, » que á su pesar les inducen á practicarlas, ó » mas bien á abstenerse de los vicios contra- »rios. La escasa noticia que tienen de lo ma- »lo, la falta de alicientes y aun de malos »egemplos hace permanezcan en su simpli- » cidad natural. La aspereza del clima, la es- »casez, la dificultad de adquirir lo necesario »los obliga á contentarse con una medianía. » Asi como uno no sabe mas que otro, asi » no tiene motivo “para ensalzarse sobre él, » ni este tampoco tiene razon para ceder al » otro. Como uno solo no es bastante para »ocurrir á todas las necesidades de la vida, »está por consiguiente obligado á conser- » var la amistad con los demas, Es necesario »que les preste auxilio para que ellos se lo » presten á él. Conviene igualmente se diyi- » dan lo que cogen en la caza y en la pesca, » (en que consistén sus rentas y sus riquezas) » habiendo contribuido todos igualmente á Tomo VIT, 21
(328) oposicion 3 distancia del bien, el Ateismo que se aleja de la Religion en el grado sumo de oposicion, es mayor mal que la Supersticion, que dista menos de ella. He aqui un argumento á que no responderán jamas, á pesar de sus sofismas, Bayle ni todos sus partidarios. IL. La Supersticion es menos dañosa á la sociedad que el Ateísmo. Pirronismo de Bayle para eludir la fuerza de este argumento. Confútasele con claras autoridades de los antiguos. Mas ya es necesario venir á un punto mas especial, y considerar los males de la supersticion y del ateismo en órden á la sociedad. Decimos pues que la Religion, cualquiera que ella sea, es decir, aunque sea ¿dolátrica y supersáiciosa , es menos perniciosa dé la sociedad que el Ateismo. Y pues que la confesion de los contrarios tiene tanta fuerza en esta especie de controversias, la base de nuestra demostracion será una proposición de Bayle. “Todas las religiones del mun- »do, dice en el Diccionario, ast la verdade- » ra como las falsas, giran sobre este punto; »á saber, que hay un Juez invisible, el cual » despues de esta vida castiga y premia las ac-
(329) > ciones, tanto esternas como internas del hom: - » bre. Y de aqui es de donde se supone proce- » de la principal utilidad de la Religion.” | Pues bien: este gran principio, que en otra parte hemos claramente demostrado ser el estímulo mas poderoso para inclinar á los hombres á la virtud, como la verdadera y sólida base de la mútua confianza sobre que la sociedad se apoya: este principio, pues, que se ha- Ma en toda Religion, no'le hay en el Ateismo. Luego el ateismo es mas pernicioso á la sociedad, que cualquiera Religion, aunque sea idolátrica y supersticiosa. El mismo Bayle conoció la fuerza de este argumento en las Respuestas á un provincial; y mo encontró otro medio para defenderse, que acogerse al pirronismo. No es cierto, dice, que los sacerdotes del gentilismo hayan enseñado al pueblo, que bay en la otra vida recompensas y castigos para los observadores Ó transgresores de los deberes morales; sino para los que quebrantaban Ú observaban las ceremonias de la Religion. ¿Y no basta ver que un ingenio como el de Bayle se ve reducido á este miserable efugio para conocer que él mismo creia perdida la causa que sostenia y defendia? No nos detendremos á poner en la consideracion de los lectores, que la aser- ! /
(330) cion“general de Bayle, en la cual ha: con= fesado ser el ege de toda Religion, un juez invisible de todas las acciones internas y. esternas del hombre (y mucho mas lo que sigue), no deja lugar á esta escepcion ó duda escéptica. Los defensores de la impiedad se han contemplado siempre con derecho de afirmar y negar á su placer una misma cosa. Diremos solamente que basta tener una ligera tintura de la antigiiedad pagana, para reirse de semejante problema. ¿Sería necesario acaso, como parece querria Bayle,: examinar los catecismos y los sermones de los sacerdotes idólatras, para saber en qué términos predicaban al pueblo las recompensas y penas de la otra vida? ¿Por ventura no sabemos que la mira principal de todos los legisladores fue el imprimir altamente en el espíritu de los pueblos esta creencia, como arriba hemos probado, y el cuidado de los magistrados el mantenerla, como latamente lo muestra Warburton, quien trata igualmente de los varios medios de que los Príncipes se sirvieron á. este fin? Ahora bien, es evidente que el fin primero de los soberanos en inculcar este dogma, no era estimular á los pueblos á la observancia de las ceremomias de la Religion, sino á la. obediencia de
(331) Jas leyes, de la «cual nace la felicidad de los Estados, y el bien de la sociedad: luego es indudable que estas máximas de un juez invisible, justo remunerador de buenos y malos se enunciaron al pueblo en toda su estension. En. efecto sabemos por innumerables monumentos de la antigiiedad, cuán universalmente persuadidos estaban de esta verdad los idólatras. Ciceron (como ya se ha dicho) despues de haber, mencionado la doctrina de la existencia y de la providencia de Dios, ¿quién negard, dice, la utilidad de esta opinion; si reflexiona..... cuántas son las personas ú quienes el temor de los divinos castigos ha retraido del crimen; y cuán santa sea una sociedad de ciudadanos, donde los Dioses inmortales son jueces y testigos á un mismo tiempo? ¿Quién no ve aquí el dogma de la providencia, el de los premios y penas estendido no como quiera á las ceremonias de la Religion, sino á los delitos en comun, y á cuanto dice relacion á la sociedad? Los poetas trágicos, especialmente los griegos, abundan en gravísimas sentencias 'á este propósito, Eurípides en Jano, vers. 44. dice asi: Seguid pues la virtud: que las deidades Nunca dejan impunes las maldades, /
(332) Sofocles en el OEdipo hace hablar al Coro en el acto tercero de este modo: ¡Oh, quiera el cielo que siempre Tan feliz sea en mí mismo, Que la pureza resalte ¿En mis hechos y en mis dichos! Que me penetre tan solo De los preceptos divinos, - No en el mundo miserable, Sino en el cielo nacidos. Jamas á olvidarlosllegue; Sino que en ellos sumiso , Mire á su autor que no deja Se envejezcan con los siglos, En la tierra la injusticia Tiranos ha producido, Acumulando en sus obras Dolos , injurias , delitos, Pero cuando mas sublima A sus secuaces malignos, Bajo sus plantas les abre Un horrendo precipicio. En él caen los que dejaron Del bien el recto camino; Y entre miserias estremas Sufren alli su castigo. Á- estos precedieron los dos mas antiguos maestros de la teología gentil, Homero y Hesiodo. Aquel en la Odisea hace hablar asi á Ulises: Como aquel justo Rey que 4 Dios honrando,
(838) A vasallos sin número gobierna ,' Y en todo la equidad fiel observando, Hace la fama de su nombre eterna. Sus terrenos producen abundantes Las mieses mas feraces y lozanas: Sus árboles dan frutos redundantes; Y leche sus ganados, carne y lanas: Y al ver que con su egemplo los escita, En la virtud el pueblo se egercita. Pero mas claro y célebre es el pasage de Hesiodo tomado de la obra intitulada: Las obras y los días. Atendedme tambien vosotros , Reyes, Y sabed que los mismos inmortales Entre los hombres invisibles vagan, “Y observan sus acciones vigilantes. Ellos ven las astucias y perfidias Con que unos á otros quieren engañarse, Sin contar con las próvidas miradas Que tienden á do quiera las deidades, Bien treinta mil espíritus supremos, ue en la corte de Jove sobresalen, A espiar á los hombres destinados, Giran á donde quiera por el aire De mil diversas formas revestidos, Y cuanto piensan y obran luego saben, La Justicia tambien , hija de Jove, Que se merece un justo vasallage A cuantos moran el celeste Olimpo, Sentada al lado del augusto padre, Cuando alguno la ofende y menosprecia, /
(334) Levanta al punto el grito lamentable Contra los vicios de la humana gente, Que osa infringir sus leyes celestiales: Y obtiene que las-culpas de los Reyes Sobre los pueblos el castigo carguen, Mientras ellos vendiendo la justicia Siguen dando sentencias criminales, Sabedlo y corregíos , Soberanos , Y del público bien haced alarde, Renunciando por siempre el torcimiento De la santa Justicia: quien se place Labrando el mal ageño, el propio labra : Ni hay mal consejo que á su aulor no dañe, De Júpiter los ojos lo ven todo E Tan solo con querer, y no es bastante Toda la humana astucia que estudiosa Procure en sus intentos ocultarse, Nos sería facil llenar muchas páginas de otros pasages semejantes de los antiguos escritores, que manifiestan la universal persuasion de todas las gentes acerca de los premios y castigos que reparte Dios á los que observan ó violan los derechos naturales, Por lo que debe mirarse, no como una ficcion poética, sino como doctrina comun de Religion lo que escribe Virgilio de los suplicios con que son castigados los delitos en el infierno, aunque mezcle con la verdad imágenes fabulosas. En aquel profundo calabozo es donde ademas de los Gigantes y de Salmonco, los cuales son eternamente ator”
(335) mentados como impíos y enemigos de toda * Religion, nos hace observar la Sibila: Los que con sus hermanos rencorosos Fueron en esta vida: los protervos Que contra los autores de sus dias Alzar un brazo impío se atrevieron: Los que al triste cliente defraudáran : Los que de sus riquezas avarientos, Para sí solamente las juntaron: (Turba copiosa de atigrado pecho ) Los que en lorpe adulterio sorprendidos Exalaron sus últimos alientos: Los traidores, en fin, los desleales Que perjuraron á sus propios dueños , En este hórrido abismo encarcelados, La pena han de sufrir que merecieron; . n . . . . . . . . . . . » a . * . e . e s e . + . Y el mísero Flegías va gritando En medio de las sombras del Averno: Escarmentad en mi; que nunca impunes Quedan los que á los Dioses ofendieron, Aqui tambien el que á su patria aleve La vendió por vil oro, y en su cuello De un tirano cruel impuso el yugo: El que las leyes sujetára á precio : El que de su hija el lecho mancillára; Y cuantos con osado desenfreno El crímen intentaron solamente, cometido , en él se complacieron. q. qe A » ES Hasta aqui Virgilio (Libro 6, ¿Eneid.). Otra elegantísima pintura de Jos suplicios de los delincuentes «en el infierno tenémos tam- /
(336) bien en Séneca en su Hercules furioso, cuando en el acto tercero introduce á Anfitrion preguntando á Teseo: ¿Pero es verdad acaso lo que cuentan De los infiernos, donde hacerse tiene La debida justicia, y el malvado Sus ya olvidadas culpas pagar debe? Y Teseo responde: Sufre allí cada cual segun lo que hizo: Y el mal que obró contra su autor se vuelve, Y sigue despues Teseo haciendo la enumeracion de los varios castigos que allá en el abismo da el eterno Juez á los malos, que quebrantaron las leyes de la naturaleza. Del imismó modo Séneca en el lugar citado, como Virgilio en el octavo de la Eneida, describen los premios de los Elíseos y del Cielo reservados para los que observan dichas leyes. Predicasen pues los sacerdotes idólatras la doctrina de los premios y de los castigos en toda su amplitud, ó bien la restringiesen á la violacion ú observancia de las obligaciones de la Religion (lo que. nunca probará Bayle); lo cierto es que el pueblo estaba generalmente persuadido de esta gran verdad, á saber; que la violacion de las leyes de naturaleza, es decir, la crueldad, el
(337) adulterio, el hurto, los: perjurios, las traiciones eran delitos; y á estos se debia el castigo del cielo: asi como-á la piedad, al socorro de los miserables, á la honestidad, á la justicia daria su premio «el Provisor. soberano. Esto - tenian entendido los hijos por la tradicion de sus padres, los nietos de sus mayores; esto veian inculcado los ciudadanos en las leyes de sus Soberanos; esto se representaba en los teatros, y lo miraban tambien en los mismos ritos ,de la Keligion. ¿Qué otra cosa eran por la mayor parte tantos dioses inferiores, sino hombres ¿que por algunas acciones ilustres en beneficio de la Patria y de la Sociedad se creia habian subido al ciclo á obtener el premio de ellas? Con este objeto, dice Ciceron, se " erigian altares y templos, para que viendo los pueblos premiada la virtud se esforzasen á imitarlos. Quede pues firme é inconcuso lo que arriba habíamos afirmado; á saber: que el dogma de un juez invisible, justo remunerador de malos y buenos, estaba comunmente creido y protegido en las religiones sypersticiosas € idolátricas, aunque envuelto entre las sombras de yarios errores. Tom. VIT, 292
(341) Las 'inicuas sentencias rectifica, Y en mas enormes costas le condena Que las que el tribunal falló á la vista, En otra tabla consignados tiene Los nombres de los" justos, cuya vida En seguir la virtud se emplea toda :A pesar de las públicas perfidias, En yano los malvados se figuran Que el justiciero Jove se apacigua Con ofrendas y dones, y malogran El tiempo en tan gratuitas fantasías; Porque nada le agrada en los perjuros:. Y solo grato á las plegarias pias Del justo, bondadoso le perdona, En halagos trocándose las iras. Seguid, pues, por las sendas de lo recto En pos de la piedad, segura guia; Y la piedad y paz, que son sus dones, Os colmarán por siempre de delicias. Podríamos copiar.otros semejantes testimonios de los escritores antiguos (1), por los cuales se ve que los idólatras conocian y se burlaban de la vanidad 'é impostura. de las ceremonias y espiaciones inventadas para borrarlas culpas que ofenden á la ley' de la naturaleza y á su soberano autor. Véase lo que á este propósito hemos escrito en el libro segundo de los Fundamentos de la Re- (1 An nimium faciles, quí tristia crimina cadis Eluminea tolli posse putatis aqua, Ovid, Fast, a.
(345) ligion. Basten aqui los ensayos propuestos; y quede inconcusamente establecido contra Bayle, ).” que entre los idólatras el dogma de ún juez invisible, justo, remunerador de buenos y malos, era Un dogma universal. 9.” que las relaciones de los sucesos escandalosos de sus Dioses, y las espiaciones infinitas para borrar todo, realo de culpa cran comunmente, sino por todos, á lo menos por los sabios refutadas y escarnecidas. 3. que aun cuando concedamos que á pesar de todo esto fueron infinitas y enormísimas €nire los idólatras las maldades de todo género; con todo eso, ni Bayle ni otro alguno podrá jamás negar que el citado dogma, ya que ño en todas, al menos en muchísimas ocasiones sirvió mucho: para contenerlas, y dado que no Jlevase hasta las verdaderas vir= tudes, por lo menos contuvo é impidió muchos.escesos y escitó á la-observancia de yarias obligaciones que cedian en bien de la sociedad. Lo cual no pudiendo de modo alguno esperarse del ateismo, siguese lo que desde úun principio nos propusimos probar; á saber, que el Ateismo es mas nocivo á la sociedad, que la Religion supersticiosa; Y por consiguiente, que de haberse conservas do tantas sociedades idólatras, no se puede
(346) inferir en manera alguna, que tambien una sociedad de ateos pudiera subsistir y conservarse. .. z CAPÍTULO Xy. Los desórdenes atribuidos 4 la Supersticion no prueban que deba anteponérsela el Ateismo, L Ob )jecion de los incrédulos y Nbertinos No debemos tampoco pasar en silencio un sofisma que para hacer odiosa la Religion, y persuadir á los ignorantes que es peor y mas nociva á la sociedad que el ateismo, han propalado desde antiguo los ]ibertinos, y repiten cada dia asi en los libros como en: las conversaciones los falsos filósofos. ¿Á qué crueldades tan perversas, dicen, no ha movido la Religion á los hombres en todos los tiempos? Bárbaros sacrificios de víctimas humanas han ensangrentado los altares de los idólatras: persecuciones cruelísimas contra el nombre cristiano han bañado.
(347) en sangre las ciudades: un celo intolerante ha corrido á sangre, y fuego las provincias y reinos, armando á los ciudadanos contra los conciudadanos, y á.los parientes contra los parientes á pelear por causa de Religion. Añádase á esto la hipocresía, la avaricia, el ocio, la crápula y la holgazanería, que se ven, se sufren y casi se respetan en tantos * ociosos y malvados porque son maestros de la Religion. Este gran conjunto de males tan sumamente nocivo á la sociedad jamas na= ceria del Ateismo.. Luego Ja Religion debe reputarse por mas nociva que él. Este miserable sofisma está pintado con todos los colores de la elocuencia en Bayle (1) y en To= lando (2), y puede decirse uno de los lugares mas favoritos de los otros maestros de la impiedad, que á boca llena lo han bebido en aquellas fuenteso El autor de Jas Cartas judías y Voltaire hacen 4. cada paso uso de él; apenas se les cae de la pluma, y lo repiten con la mayor amargura, especialmente contra la Religion cristiana. Pero el benemérito precursor de todos, y como -el Qe (1) Respuesta á un Provincial, 3 part. cap. 19 (2) Adeisidemon, pág. 68, /
(348) porta-estandarte en esta lid fue Lucrecio (1), cuando al describir el cruel sacrificio de 1f- genia, desangrada por su propio padre sobre el altar de Diana, concluye con aquel célebre dístico: Tan graves males La Religion indujo á los mortales, Tl. Los efectos de la Supersticion son pésimos, porque ella lo es: mas no por eso es : peor que el Ateismo. Pero es bien facil hacer desaparecer este espectro, y no de una sino de mil maneras. 1. Concedemos que .los hombres han sido inducidos de la falsa religion ó supersticion á: impías y criminales empresas, pues que ella es mala enssícmisma, y por consiguiente raiz de malos y pésimos frutos;-mas no es esto de lo que disputamos con los Libertinos. Lo que se debe examinar es si la Supersticion es un manantial de nras funestas consecuencias que lo sería el (1) Tantum religio potuit suadere malorum, Lib, > Y. 102, / AAA ii
| (349) Ateismo, si fuese dominante, Y esto es lo que negamos. Es cierto que la Supersticion puede “aducir á los hombres á algunos escesos; pero tambien lo es que los retrae de otros. Mas el Ateismo por su naturale- “za y por sistema autoriza y promueve 10- dos cuantos pucde apetecer el corazon corrompido, y de ninguno le aparta: de manera que no hay delito que no esté pronto: á cometer un ateo, como pueda hacerlo impunemente. Compárese, pues, una sociedad de tales hombres con otra de supersticiosos, y dígasenos cuál de ellas será peor y mas funesta? 11. Bajo del velo de la Religion se encubren las pasiones que el Ateísmo favorece. Respuesta dá un pensamiento de Bayle. Qué hubiera pensado Espinosa si hubiese sido consejero de Neron. En los escesos cometidos por los supersticiosos casi siempre se ven mezcladas las pasiones corrompidas del corazon humano que abusan del pretesto de la Religion, y se cubren con la apariencia de celo para desahogarse impunemente. El primero y mas cruel perseguidor de Jos cristianos seguramente fue /
(350) - Neron:'y qué ¿fue el espíritu de Religion y celo por la gloria de sus falsos dioses,' lo que le movió á derramar tánta sangre? No; el evitar la justa nota de incendiario de Roma fue lo que le hizo calumniar á los inocentes cristianos: y la crueldad, que era su pasion dominante, se desahogó haciendo en ellos la mas bárbara carnicería. Por apartar de sí, dice Tácito (1), el rumor comun de que habia incendiado la ciudad, “procesó y » castigó con los mas esquisitos tormentos es- »traordinariamente á aquellos hombres abor= »recidos que el vulgo llamaba cristianos...... » De modo que aunque merecedores del úl. » timo suplicio se les tenia compasion, por- »que no se les quitaba la vida por respeto »al bien público, sino por satisfacer la fe- »rocidad de Neron.” Obsérvese primeramente en este pasage, que el ódio comun de los gentiles á los cristianos no siempre nacia del celo por su propia religion, sino de tenerlos falsamente por hombres perversos y maleficos, como los llama Suetouio (2); y con= taminados con crueles cenas y nefandos con- O E A OS (1) Tácito Annal. lib, 5, cap. 44. (2) Sueton. in Neron, cap. x6.
(351) gresos, como puede verse tambien en nues= tros apologistas Tertuliano, Atenágoras y otros, que los vindican de tales delitos. Infiérese ademas claramente del citado pasage que las brutales pasiones de Neron sin utilidad alguna pública, cual habria sido la de sostener la Religion de la patria, eran el principio de la persecución contra los imo- * centes. Y esto mismo se puede ver facilmente en otros muchos de los perseguidores de los cristianos, en quienes la avaricia, la crueldad, la lujuria, y especialmente la ausia y ambicion de dominar (4), eran los verdaderos principios que los escitaban á perseguir á los fieles; cubriendo despues sus injustí-. simos intentos y continuándolos con la capa de Religion (2). Aunque no por eso. deja- (1) En un consejo que daba Mecenas á Augus»> to, y refiere largamente Dion en el lib. 52, entre otras cosas le decia: “Los que introducen nuevos » Dioses arrastran á muchos á vivir conforme á le= »yes peregrinas, y de ahí nacen conjuraciones, unio- »nes y conventículos, cosas todas contrarias á la mo- »narquía.?? He ahí uno de los grandes principios de la persecucion contra el cristianismo; pero politico Solamente, y en que poco ó nada iniluia la supersticion, ' (2) Véase á Teodorico Ruinart en el Prefacía á las Actas de los Mártires.
$4 (352) mos de confesar que esta tambien sirvicse en muchos de estímulo para perseguirlos. Diga, pues, Bayle (1): “que la Religion »animaba á los paganos á cometer las cruel- »dades, y que no animaria á los ateos... » que si los paganos, que tantas injusticias » cometian contra los cristianos, no hubiesen » consultado sino las luces naturales que hu- » biera seguido Espinosa, sí hubiese sido juez »de una de aquellas causas, no habrian » quitado la vida, ni aprisionado, ni menos » atormentado, desterrado ó arruinado con »otras penas á infinitos inocentes.” Estas son meras palabras, que se desvanecen por sí mismas (*). Si Neron hubiera sido espimosista, habria hecho por sistema lo que hizo por justigacion de sus pasiones. Sí, las luces que hubiera seguido Espinosa constituido juez de una de aquellas Causas, serian: o (1) Bayle, Respuesta á un Provincial, part. 3, cap. 19. (*) La revolucion francesa , donde dominó el ateismo, nos ha dado la mejor prueba de ello, Los ensayos de furor y de atrocidad bárbara y refinada que hizo, deben hacer enmudecer á todos los incrédulos y sofistas. Véanse en la Biblioteca , t. 21 p. 189, 190) 199» 212 y sig.
(353) ¿que el “derecho (1) consiste en la fuerza; » y asi como los peces grandes estan por Ja. » naturaleza inclinados :4 comerse á los: pe » queños, y tienen derecho «de: hacerlo; asi: »el derecho de todohombre «en particular »se estiende sobre los otros cuanto se estien= » den sus fuerzas y la industria que la na- » turaleza le ha dado: en fm, queno perte- »nece á la razon arreglar “el derecho' sino. »al'apetito' y fuerzas de) cada uno.” Ahora pues, pregunto yo: “¿con «tales principios: nor deberia' Espinosa aprobar la:conducta de Neron, el cual para eximirse de la infamia de incendiario” de Roma,: y «evitar las perniciosas consecuencias que de aqui podrian seguírsele, imputó esta accion á los inocentes cris tianos; y como quien tenia la fuerza en la mano los sacrificó 4 su: propio interés y á-sus pasiones? ¿Pregunto mas: *en- virtud de estos principios ,v¿no. deberia: Espinosa-animar (4 10dos los! sacrificadores idólatras; y estimular á los 'Príticipes contra una. religion, dé cu= ya introduccion iban á iiórarse sus intereses, disminuirse su : «autoridad, quedar, de- A O (1) Véase lo dicho cobre la moral de Espinosa en el cap. 4. Lom. VIT, 23
(360) absolutamente sin leyes; :sincespecie determi: “nada de gobierno;-sin Jueces en los. litigios, sin comercio mútuo entre los pueblos, sin vínculo matrimonial, sin.union alguna entre sí; porque ese Estado no admite aquellos desórdenes que en: la vida civil y política suceden con frecuencia: ¿quién no conoce la necedad de semejante raciocinio? (1) Pues de-la misma especie es” el de nuestros libertinos, del cual sin embargo se lisongean, acinando en sus libros cuanto puede fingir la maledicencia contra los Ministros de la Religion; 4 fin de hacerla odiosa á los incautos; y que ensu comparacion la profesion del Ateismo, del Deismo y del Naturalismo aparezca poco menos que el estado de la inocencia. Sean enhorabuena gravísimos los desórdenes de algunos. ministros de la Religion, cómo lo son tambien en todos.los estados, y mayores en los que profesan la impiedad; mas siempre habrá esta diferencia; que enre los primeros, aunque haya algunos ma- AA A A A RO o IRA en (1) Cuando yo escribia esto no pensaba que semejante raciocinio enpiese en un hombre de juicio; pero despues lo he visto con todo el adorno de la celócuencia en Rousseau en su famoso Discurso sobre da desigualdad entre los hombres,
(361) los, hay tambien otros muchos virtuosos y santos; y los mismos malos ó se ven condenados, 6 en parte contenidos por la Religion misma que profesan. Mas los impíos en general todos son perversos, y su mismo sistema los justifica y los fomenta. Pero de los ministros de la Religion, que con tanto encono motejan los Libertinos, tratarémos en otra parte de propósito. CAPÍTULO XVI. “Los que tienen ú su cargo el bien comun de la Sociedad no deben tolerar, á los enemigos de la Religion. e » L Parecer de los mas celebres Protestantes sobre este punto. Decíamos en el capítulo anterior ser muy justo contener la osadía de los que intentan - arruinar toda Religion, y que todos los Príncipes debian seguir el consejo de Mecenas á Augusto de no tolerar en manera alguna al Ateo ni al Encantador. Ahora añadimos /
(362) que esto, que á nuestro parecer es evidente, “lo ha parecido tal 4 muchos de los defensores acalorados de la Tolerancia, cuales son puntualmente los heterodoxos de estos últimos tiempos, para quienes el zelo de los Católicos en prohibir y castigar, si es necesario, á todo el que siembra errores contrarios á nuestros dogmas, se tiene. por crueldad y tranía. Sí, estos mismos enseñan abiertamente no se debe estender la tolerancia á los 'Ateos ni á los Deistas, antes bien se les dehe reprimir por todos medios, y aun desterrarlos y castigarlos. Juan Alberto Fabricio, célebre luterano, trata este punto en dos de sus obras (1), y en ellas declara, que no solo es lícito, sino necesario á la República armarse contra los enemigos de toda Religion, separarlos y en muchas ocasiones castigarlos. ' De este parecer es tambien el célebré Cristiano Wolfio, de quien el mismo Fabricio copia un larguísimo pasage en su lengua original (2); y otros muchos asi teólogos como ROT SU 200 ir o CIA 0 ( La primera de estas obras se intitula : Delectus argumentorum,.et syllabus Scriptorum, qui veritatem Relig. Christ, asseruerunt; cap. 14. Y la seunda : Selutarís lux Evangelii, cap. 26, (2) En la primera obra ya citada,
(363) jurisconsultos que cita (1). Grocio (2) y Puffendorf, dos insignes maestros tambien de derecho, siguen la misma opinion; y Cspecialmente este último quiere que los impios sean castigados con penas gravísimas. Clerc “en el tomo 15 de la Biblioteca universal, “nserta una carta sobre la tolerancia, y la cita tambien Barbeirac en las notas á Puffendorf (3), de la que se dá por autor á Locke; en la cual se ve la misma doctrina, y se niega á los Príncipes la facultad de tolerar á los impíos, y á éstos el derecho de pretender se les tolere (4). IL. Castigos que los antiguos establecieron contra los que pervierten la. Religion. Que este haya sido el modo de pensar de los antiguos, asi griegos como romanos, se deja ver en los muchos egemplos que hemos producido en diversas partes. Hemos visto el destierro de Protágoras por los Ate- A A a (1) Tales son Cristiano Tomasio, Juan Hennigio, Bohemero, «Kc. (2) De Jur, bel. et pac. lib. 2, cap. 20: (3) De offic. hom. el cio. cap. 5. (4) Derecho de naturaleza) Sec. lib. 7, cap. 4 /
(364) nienses, y de los Epicúreos por los Romanos y los Mesenios. Y por lo que toca á los Epi- _cúreos, la misma pena les imtimaron, segun Suidas (4), ciertos pueblos de la isla de Candía, llamados Lzctos; con la circunstancia de que si desterrados una vez volvian á la ciudad de nuevo, por espacio de veinte dias se les atase desnudos cerca del Pretorio, y rociados alli con leche y miel se los abandonase á las picaduras de las abispas, tábamos y moscas; y si aun sobreviviesen á este castigo, vestidos de muger fuesen conducidos sobre una roca, y desde alli precipitados. Es digno de leerse enteramente el libro 40 de las Leyes de Platon, donde despues de describirse la impiedad de los Ateos y de los Deistas, y confutarse con razones, se prescriben varias penas severísimas adaptadas á su locura y perversidad; y aun se impone la nota y castiga como prevaricadores de su ministerio y enemigos del bien comun á los Magistrados, que no cuidaren de egecutar dichas leyes: la misma opinion sigue tambien Aristóteles (2); y en Séneca vemos (3) A el (1) Suidas, ». Epícurus. (2) Topicorum , lib. 1. (3) De beneficiis, lib, 3, cap. 6,
(365) que aunque hayan sido varias segun: diver= sos paises, en todos se estableció siempre alguna pena contra los violadores de la Re- -lígion. Ni solamente aquellos sábios antiguos se declararon contra los autores, sino tam= bien contra las mismas obras. En otra parte indicamos ya con el testimonio de Tulio, que los libros de Protágoras, en que se sembraban dudas sobre la existencia de Dios, fueron quemados públicamente: por decreto de los Atenienses. Valerio Máximo escribe (1) “* que habiéndose hallado en Roma en una » caja enterrada al pie del monte Janículo » siete libros griegos sobre la Disciplina de »la sabiduría, que se estimaron de algun »modo capaces de destruir la Religion, tue- »ron arrojados á las llamas por Petilio, Pre- »tor urbano, con autoridad del Senado, y á »presencia del pueblo. No queriendo en » modo alguno, dice Valerio, aquellos hom- »bres antiguos que quedase alguna cosa en »la ciudad que pudiese alejar del culto de »los dioses los ánimos de los mortales.” Por eso no es de admirar que los emperadores cristianos Constantino (2) y Yeo- A O a (1) Lib. x, cap. Y (2) 4Apud Socrat. lib. 1, cap. 9- /
(366) dosio el Grande (1) condenasen á las llamas las obras del impío Porfirio, y otras semejantes contrarias á la Religion; y Teodosio el Jóven, ademas de la confiscacion de los bienes, fulminase sentencia de muerte contra el que ó á la fuerza, Ó con persuasiones malignas hubiese apartado á algun -cristia- no de su Religion. Ley que renovada despues por Justiniano (2), ha sido ilustrada poco ha con un doctísimo comentario por Domingo Carlini, uno de los jurisconsultos mas eruditos de nuestros tiempos, que á la vasta erudicion supo unir una amabilísima pureza de costumbres (3). UL Parecer opuesto de algunos modernos hereges. Asombra pues que se hallen: escritores, y mo como quiera del número de los impíos (pues estos necesariamente deben .solicitar indulgencia del género humano, del A 1) - In actis Sinodi Ephesinc, t. X, Colec. Harduin, (2) Lib. 5. C. Justin. de Apostat. Ut, 7. 3) Disert, nomica,. seu commentar, ad Novell. Imper, Theod, Junior, 11, 3,
(367) que saben som reputados como enemigos), sis no aun de los que profesan una religion (*), los cuáles pretendan se use de tolerancia, y no se castiguen los Ateos, Deistas y Naturalistas. Gerardo Ticio (1) en las Observacio= nes al citado lugar de Puftendorf, se aparta de su autor, y dice: Es ciertamente detestáble el Ateísmo; pero no se sigue de ahi se le deba contener con penas graves. , Juaú Jacobo Zimmerman, profesor protestante en: Zurich, en la 12.* parte de sus Meditaciones sobre las causas de la moderna incredulidad, trata de propósito este punto (2), á saber: “St los impíos que no solo en al= » guna secreta reunion de amigos, sino libre » y públicamente profesan y defienden la im- » piedad de: palabra y con escritos, deben: ser » castigados con penas civiles, y hasta con: el » último suplicio.” Y aunque protesta presentará los argumentos por una y otra parte, dejando al juicio del lector resolver el problema, con todo eso se nota claramente A (*) Muchos protestantes, si es que hoy no han parado ya todos en él Deismo, (1) Observac, 95. (2) Núm, 7
(368) sú propension á la tolerancia; viendo su cuidado en responder, aunque miserablemente, á/las razones Contrarias, y terminar la controversia con largos. trozos de Flescher y de Sackio que la defienden. IV. Demuéstrase nuestra proposición. Mas por lo que queda' ya establecido y robado en esta.obra,: nos persuadimos:- se hallará el lector en estado de decidir con se: guridad la controversia. Nada: hay, mas preciso 6, importante. en la: sociedad «que la Religion.verdadera, ya se mire á su objeto;-que es Dios, y en cuyo culto consiste la primera obligacion dela criatura; Ó: ya. por respecto al hombre, 4 quien de «su observancia ó desprecio de esta Religion resultan bienes ó males infinitos, como que son, eternos. La verdad de la Religion: natural «y «revelada, cual es la cristiana, está ya demostrada; y como tal se reconoce y confiesa en las socie dades que tienen la felicidad de-profesarla. Es constante que los Ateos, Deistas y Naturalistas esparciendo sus errores no hacen otra cosa que arrebatar” á los hombres este grande bien; apartándolos de tributar á Dios el
(369 ) culto con que quiere ser reverenciado, y lle: vándolos á los males eternos que se siguen al abandono de la Religion: luego son los mayores' enemigos que puede tener la sociedad. Luego el que vela sobre el bien comun, si ama la sociedad no puede tolerarlos, antes bien si no se arrepienten debe contenerlos y castigarlos. ) Pero hagamos aun, como suele decirse, esta verdad todavía mas palpable. El sistema de los Ateos y de los Deistas, que no establecen mas regla de equidad que la fuerza y el placer; ó si reconoce alguna otra, niega los motivos universales y eficaces de observarla, cuales son los de la Religion; éste sistema, al que se reduce tambien el Naturalismo, es directamente contrario á la socie= dad, como que destruye aquella mútua confianza en que consiste-su vínculo, y abre la puerta á los mas enormes escesos, fraudes y delitos siempre y cuando que el que lo profesa pueda egecutarlos impunemente. Si puede pues, y debe castigar el Príncipe al que con algun delito particular perturba la: sociedad, ¿no podrá y deberá con mayor razon hacerio con los que tiran á trastorriarla enteramente, introduciendo un sistema, en el cual no hay delito que no pueda echar ral- Tom. VIT, 24
(376) »y. ha venido á. ser como. el emporio, «ina »plaza pública de la irreligion, donde se »compra á precio de oro el execrable arte »de corromper las costumbres.” Y con todo eso un católico, como queria parecer Voltaire, no duda la ¡Oh de la Enropa esemplo! ¡Oh yenturoso Lóndres! Pero oigamos como oportunamente á nuestro propósito prosigue el reverendo Obispo: No es necesaria una grande penetra- »cion para preveer las funestas consecuen- » cias que deben originarse de los artificios » que se usan para niquils todo principio »de Religion. La impiedad y la relajacion »de costumbres estan muy próximas para » que dejen de unirse prontamente entre sí, » Dejemos á los pretendidos Espíritus fuer- »fes los sentimientos que les sugiere la cor- » rupcion de su corazon. La esperiencia, su- »perior á todo razonamiento, nos demuestra » claramente que los que viven sin el temor de ' »otra vida, se abandonan sin remordimiento »á las mas criminales pasiones; que no hay »respeto á los hombres desde el momento »en que se aprendió á-no temer á Dios, Por »lo que se ye y entiende, y por lo que se
(377) » debe ver y entender, juzgue cada uno si no » es éste puntualmente el estado en que se » encuentra esta isla desgraciada...... Sin du- » da no os admirareis; hermanos mios, que » personas tan abandonadas se hallen dispues- » tas á cometer todo género de escesos Y vio- »lencias que pueden turbar la tranquilidad » pública. ¿Pudo jamas una ciudad sin Re- » ligionser asilo de la Sociedad ?......... Hasta » ahora nuestra malicia no habia llegado to- - »davia á su colmo: parece que la naturale- » za era demasiado débil para satisfacer toda » la depravacion de nuestros corazones. Mas » ya se legó hasta el estremo;.por nuestros » delitos nos igualamos á las bestias...... Per- »donad á mi dolor una relacion mas cit- » cuustanciada de unos delitos inauditos, que » nos cubren de oprobio: bastante han dicho » los papeles públicos..... Continuemos. » No contentarse con corromperse á si » mismo, sino ocuparse en corromper á los »otros, es obrar con una malicia la mas » decidida y vergonzosa... Y qué, ¿no es es- » to lo que hemos visto? Apelo al testimonio » de vosotros mismos. ¿Ha habido siquiera » pudor en esponer á la vista del pueblo las » abominaciones de los baños públicos por » medio de las pinturas las mas lúbricas y /
(378) »lascivas? ¿No se han publicado las historias »de' las ciudades mas abandonadas, les de » las 1mas viles prostitutas, y las escenas mas »execrables de la“incontinencia?..... Traspasar » los límites del pudor, insultar la razon, > mofarse insolentemente de las leyes y de la » constitucion del Estado; ¡gran Dios! ¿son » estas las máximas que deben formar los ciu- »dadanos? (*) ¿Qué despacho no han teni- »do esos libros y estas pinturas entre hom- » bres que se llaman Cristianos? ¡Qué ejem- » plo mas triste de la situacion deplorable »en que nos hallamos, y de las disposiciones »corrompidas de nuestros corazones!” (1). He querido copiar aqui este largo pasa- (*) Estos eran los que usaban los revolucionarios de nuestros dias. ¡Qué rasgos de lubricidad! ¡qué anecdotas tan vergonzosas, y por lo comun falsas, no estamparon en los papeles públicos! ¡qué obras no propagaron! La Biblioteca de Venus, el Citador, el Hijo del Carnaval Sc, he ahí los códigos de su moral y de su virtud: ¿qué ciudadanos se podria prometer la sociedad de hombres empapados desde la niñez en tales abominaciones? ¡y estos se querian llamar justos y benéficos! (Qué oprobio, que un pro= testante se lamente de lo'que se gloriaban nuestros esparciatas reformadores! (1) Carta pastoral de M. el Obispo de Londres sobre la causa moral de los temblores de tierra.
(379) ge (al que se podrian añadir otros: muchos semejantes), nO para insultar á nuestros hermanos, aunque enemigos encarnizados de la Iolesia madre de que se han separado, sino para confirmar con esta verdad de hecho (que para servirme de las palabras de Bayle supone por cien volúmenes de raciocinios especulativos), que la impiedad y la corrupcion del corazon van siempre de acuerdo, y se dan mútuamente las manos, como hemos demostrado en este libro; y por los escesos á que conduce la Irreligion tolerada, probar sensiblemente que es una obligacion estrecha en los que tienen á su cargo la conservacion del bien público, reprimir vigorosamente á los que traten de sembrarla en el Estado, ó de palabra; ó con escritos. Confúndase, pues, ese poeta libertino que tan injustamente se: queja del rigor y de la intolerancia católica; y con una especie de envidia fanática de la licencia anglicana (*), contenido por: la censura de su pais, esclamaba: ¡Oh de la Europa egemplo! ¡Oh venturoso Lóndres! e - GA IA IN RO NC (*) Looró este infeliz sus deseos: la Francia imitó el egemplo de Lóndres abrazando la libertad de /
(380) Si, ella: por ventura lo podrá ser de los desórdenes que deberán temerse, si no se contiene á los libertinos; desórdenes, que aunque tambien se vean en nuestras ciudades, serian infinitamente entonces mayores; porque si hasta ahora se cometen con recelo, con remordimiento y arrastrados del ímpetu de las pasiones, á lo cual puede aplicarse algun remedio; en dominando la irreligion, se cometerian con descaro, pública, y solemnemente; en fin, por principios y por sistema , lo que no admite remedio alguno. VII. Disuelvense los argumentos de Zimmerman á fayor de la tolerancia con los. Ateos. A vista, pues, de pruebas tan convincentes, tanto de razon como de hecho, se desvanecen los sutiles argumentos que opone Zimmerman á favor de la tolerancia con los impíos. “El Ateo, dice (1), no debe ser cas- »tigado ni refrenado por los que gobiernan, “» pues que publicando sus pensamientos ni imprenta; pero la siguió tambien en degollar á sus Reyes. Véase el t. 1 de la Bibl. p. 118. (1) Zimmerm. Meditat, de Causís 1ncredulil. part, 12,
(381) » turba la República wi 4 los ciudadanos; » no hace mas que proponer sus razones, y »á niuguno puede hacer fuerza á que siga » su dictamen y sus opiniones; estando en la: » mano de cada uno asentir ó no asentir, »rendirse ó despreciar sus argumentos... Si » algunos los aprueban, éstos ya estaban an- > tes inclinados á la impiedad, y su asenso » no tanto debe atribuirse á la fuerza de sus » raciocinios, como á su perversa inclinacion.” ¡Argumento futil, razonamiento debilísimo! ¿Qué significa todo esto? ¿Quién ha dicho hasta ahora que el Ateo se valga de sogas y cadenas para atraer á la fuerza y á su pesar á los hombres á su Ateismo? (*). Mas por eso se le deberá dejar obrar impunemente? = El no hace mas que proponer sus razones, y está en el arbitrio de cada uno asentir 6 no asentir á ellas, abrazar 0 despreciar su dictámen. =Es cierto: ¿mas no se le deberá mirar por eso como perjudicial á la República y á los ciudadanos? ¿No deberá con- A 5 a 5 5 an ano nn FP, (*) Se habla de un ateo privado 6 particular: de los impíos que han tenido en su mano la auto= ridad podrian señalarse muchísimos: Juliano Apóstata y los perseguidores en la antigiiedad, y los revolucionarios constitucionales de nuestros dias, YA
(382) tenerle el que tiene á su cargo la conservacion del bien comun y de la felicidad pública? ¿Si un padre de familias advirtiese que su muger y Sus hijas eran visitadas frecuentemente de alguno de esos literatos del dia, el cual. no solo las entretuviese con la lectura del Decameron, ó con otras novelas sernejantes, sino que á vista de tales modelos se empeñase en probarles que las leyes de la fidelidad, del pudor y de la honestidad eran una preocupacion, y bastaba ser cautas para estar exentas de ellas; y de ahí pasase á inclinarlas sagazmente á su voluntad y á. condescender con sus apetitos, ¿aquel padre de familias deberia permitir continuase en su casa tal enseñanza, ni podria hacerlo sin incurtir en la nota infame de prevaricador ? ¿Permitiria tan perverso entretenimiento con el pretesto frivolo de que aquel literato no hacia mas que proponer sus razones sin usar de violencia con su muger y sus hijas, dejando á su arbitrio quedar Ó no persuadidas de tales doctrinas? ¡Ah! ¿Será preciso ponernos de propósito á demostrar á Zimerman, Óá aquellos cuyo partido sostiene, como si fuera cosa mueva y obscura, que las malas conversaciones corrompen las. buenas costumbres? ¿que las palabras son un lazo
(383) fortísimo , que de ordinario arrastra Á los hombres donde se quiere? ¿que aun las paradojas mas estrañas, si van envueltas en sofísticas sutilezas y alhagan á los sentidos, deben casi con certeza moral hacer estragos grandísimos en el espíritu de la multitud?/= Sea enhorabuena , dice Zimerman, pero este triste efecto mas bien deberá atribuirse á la corrupcion de los que oyen, que no á los argumentos del que persuade. = Concedemos de buena fé que esta corrupcion es en efecto la disposicion que regularmente precede en los que se rinden y abandonan á la impiedad; pero tambien él deberá conyenir con nosotros en que estos perversos propagandistas , estos diseminadores del Ateismo dan el impulso ó impelen á los que estaban al borde del precipicio para que caigan en él, quitándoles con sus discursos el freno con que los contenia la Religion. De modo que si antes cometian los delitos con cierta. reserva y timidez, despues impresionados de sus ideas, los cometeran Con osadía; si antes obraban con remordimiento, despues los cometerán traoquilamente; si antes se deja. ban arrastrar á algunos escesos llevados de las pasiones, despues se juzgaran con derechp á cometerlos todos por principios y por
(384) sistema. ¿Y qué, un delito semejante no deberá ser castigado severamente por quien tiene á:su cargo la conservacion, de la sociedad, contribuyendo como tan directamente Ccontribuye á su ruina? = “Ls falso , repli- »ea Zimmerman (1); el Ateismo no con- »duce á la deprabacion de costumbres; pues »es constante que los hombres no siempre »obran segun las máximas de su sistema: »ademas de que los Ateos, aun despues de » haber negado las leyes divinas, pueden ser »contenidos en su deber por la fuerza del » temperamento, por el amor de la propia »tranquilidad, y por el temor de las penas »civiles. Si ofenden. al prógimo y quebran- »tan las leyes, sean enhorabuena entonces » castigados como los otros ciudadanos cul- »pables, pero nada mas.” No creo necesario detenernos á confuatar de nuévo un sofisma que tomó de Bayle el autor suizo, habiéndolo ya desvanecido en otra parte, en donde demostramos cuando se podrá creer que el hombre se halla en disposicion de obrar ó no en conformidad á sus principios, y cuán insuficientes son: los indicados molivos para: PP (1) Pd.
A A (385) contener en su deber á los que niegan la eternidad, la providencia y Dios. Y 'en cuan- to 4 deber ser castigados ó contenidos: los impíos que ofenden al prógimo con sus acciones, ó violan las leyes del Estado, es necesario en verdad ser muy ciego para no conocer que ellos hacen al prógimo la mayor de las ofensas conduciéndole á la impredad, y causan al Estado el último de los males, pretendiendo arrancar de él la Religion, que es la. base mas firme del 'Prono. y de las leyes. Si se debe, pues, castigar al ue hace á otro una injuria, ó habla mal de su Soberano, ¿por qué se ha de tolerar 4 unos hombres de quienes se puede afirmar lo que de Epicuro decia Ciceron, á saber: que no con las manos (4) como Xerges, stno con las palabras derriban los: templos y los altares de los Dioses? Es decir, que causan con su lengua aquellos grandes males que pueden comeler de obra los mayores delincuentes ? “Pero el Ateismo, sigue Zimmerman (2), »aunque sea un error gravísimo, siempre »es, “de cualquiera principio que proceda, € (1) De natura Deor, lib, 1, cap. 41. (2) Ubi supra. Tomo VIH, 95
(392) úilio, Bion y otros, ibid, Noticia de La-Mettrie, 57. Pensamiento de Bayle que confirma esto mismo, 60. La apatía y obstinacion de algunos impios á la hora de la muerte no es prueba de su persuasion, 67. Muérie de Espinosa diversamente “referida, 70- Opinion mas. verosimil sobre sus disposiciones en aquella hora, 75. Muerte de Bay- “le, yo. 1d. de Voltaire, D' Alembert y Diderot, 78. Conclusion de lo dicho, 75, 3 CAPÍTULO 111. De los fundamentos de la moral de los incrédulos. .uuomeon. 8% Carácter de un ateo en virtud de su sistema, ¿bid, En vanó se empeña Bayle en presentar unida la virtud con el Ateismo, 83. Juicio de la obra de . Crousaz contra Bayle, ¿bid, El ateo puede cono= cer, segun Bayle, que las verdades morales estan fundadas en la naturaleza de las cosas, Desbarra Puffendorf en negarlo, 86. Mas no por eso se sigue que el ateo se mueva á vivir hones- “tamente, 89. Incertidumbre de Bayle sobre la -yerdad del principio sentado, con que quita el freno á los libertinos, 92, CAPÍTULO 17. Idea de la mbrbl de Hobbes, Espinosa y MonlagWt.usmmmwm DA Carácter que falsamente atribuye Bayle á Hobbes» ibid. La base de toda la moral de éste es que todo derecho consiste en la fuerza, 96. Perniciosas consecuencias de este principio, y sus perpetuas contradicciones, 100. Sin embargo Puflendorf le elo— gia, 106. Moral de Espinosa conforme á las máximas de Hobbes, añadida la cstravagancia
(393) del Panteismo, 107. Dolo y fraude de este im-. pío), 1LI: Sentimientos de Montagne: prueban que los implos escépticos Ó dogmáticos no cono— cenlas leyes eternas de la equidad, 113, Con- - clusion, ¿bid, CAPÍTULO Y. En el sistema de los ateos falta á las leyes naturales la sancion. 117 La mayor parte de los incrédulos no atiende á las leyes eternas de lo justo y honesto, ibid. Aun dado que las conocieran, no las observarian, 118. Solo los motivos que dicta la Religion prestan “ sancion suficiente á las leyes naturales, 122. Ca- —rácter de la Emperatriz Bárbara , 126, Disúelyese un sofisma de Bayle, 130. CAPÍTULO PI. Demuestrase que son ineficaces los motivos que, segun Bayle, tienen los ateos para vivir bien.. 137 Propónense los motivos que da Bayle á los impios para vivir virtuosamente, ¿bid. Qué fuerza ten= - ga para ello el temor de los magistrados y de la infamia, 139. Aun cuando todos ellos obrasen sobre el incrédulo, no por eso sería virtuoso, 144. Pensamiento de Cardano y de Collins sobre esto, ibid. El temperamento, que puede influir para la virtud en los incrédulos, 148. Conclusion en apoyo de la sana doctrina , 151. Capíruzo VIT. Examen de otros argumentos de Bayle á favor de la imaginaria virtud de los incrédulos....... 153 Paradoja de Pomponacio sobre el amor desinteresa- /
(394) - do de los que no creen que el alma esinmortal, « 1bid, Noticia de este autor, 157. Bayle niega este - motivo, fundado en los hechos, ¿bid. Solución gene- - ral á este sofisma, 160. Reflexiones sobre un pa= sage de Clemente Alejandrino acerca de Diágo— ras, Teodoro y Evemero, ateos antiguos, 103. CAPÍTULO VIH. Historia y moral de MR A IAE 7O - Bayle propone á Epicuro como egemplar de virtud, ibid, Concepto en que fue tenido aquel filósofo hasta Gassendo, 171. Qué piensa de él el Car- _denal de Polignac, 175. En qué constituia él la felicidad, ¿bid. Esposicion mas verosimil de aquel sistema , 177. Costumbres corrompidas de Epicuro, 186. Conducta de sus discípulos Horacio, Petronio y Lucrecio, y de los demas virtuosos á la Epicúrea, 195. > CAPÍTULO IX. Carácter de los Sadu- _ceos. Sucesos de VadiMi mmm 202 El carácter que dan los antiguos á los Saduceos, es - Contrario al que les atribuye Bayle, ibid. ; pero aun admitido que fuese como él se imagina, nada probaria á favor de los impíos de nuestros tiempos, 207. Disúelvense todos sus argumentos so— bre esta materia, 209. Costumbres perdidas de Vanini, héroe de Bayle, 213. Noticia sobre aquel . imipio fanático, 214. Qué pudo moverle á esparcir la impiedad, 223, Ultima escena trágica suya, 22%. Reflexiones sobre la condenacion de aquel
(395) impo, 228; y epilogo en confirmacion de los - Capítulos anteriores, 229. CAPÍTULO Xx. Moral de los Deistas Y Nataralistas ii vision A La moral de los deistas debe ser corrompidísima, atendido su sistema, 2bíd. Confírmase con el testimonio de las Cartas sobre la Religion esencial al hombre, 235. Insubsistencia del sistema de este aulor, 240. Continúase su refutacion, 243. Per- “ niciosas consecuencias que de él se seguirian, 246. Principios de filosofía de otro naturalista, 251. - Precision sofística y fraudulenta que se hace de la revelacion al tratar de estas materias; abuso de la fórmula: hablamos como filósofos, ibid. WMuéstrase que todos estos sistemas fomentan la cor— rupcion de costumbres, y son sumamente nociyos á la sociedad, ibid, CapítuLO XI. El sistema de los incre” dulos es sumamente pernicioso ú la sociedad... ..... , A ESOO DUO TO 964 Demuéstrase la verdad de esta proposicion , ibid. Disuélvense los sofismas que Bayle opone contra ella, 272. Confirma esto mismo un lugar importante de Puffendorf, 274. Observación sobre los deistas y naturalistas, ¿vid, : CAPÍTULO X1IL, Los legisladores han puesto siempre la Religion por base delas sotiedad comisión 280 Indícase sucintamente esta verdad , 280. Testimo= /
(396) “nios ilustres de Plutarco y de Cicerón que la confirman, 282. Bayle la impugna; pero es convencido por sus mismos principios, 292. Hasta que punto creyeron los antiguos necesaria la Religion á los pueblos , 298. CAPÍTULO XII. Reflexiones sobre. la escuela de Epicuro, Letrados Chinos y otras naciones que se dice no tie=' en AO ted? Pasage de Ciceron sobre Epicuro: Bayle, segun su costumbre, abusa de él: convéncese su impostura, 2bid, Aun cuando fuese de Ciceron, nada probaria al intento, 306. Letrados Chinos: qué han pensado los escritores de su ateismo, 307. Nota importante sobre ellos, 310. Su conducta convence de falsa la aseveracion de Bayle y de Tolando, 314. Groelandeses y pueblos salvages: qué hemos de pensar de sus costumbres, 317. CAPÍTULO XIV. La supersticion ni es peor ní mas perniciosa á la sociedad que el AlteisMO..ccmmomorrss 325 Fin que se proponen los impíos en declamar contra la supersticion, y posponerla al ateismo, ibid, No es mas perniciosa á la sociedad que éste, 328, Objeciones de Bayle tomadas de los escandalosos egemplos de las divinidades paganas, y de las espiaciones supersticiosas que en ellas se hacian, nada prueban, 338. Conclusion de todo lo di- «cho, 346. |
(397) Capíruo xv. Los desórdenes atribuidos á la Supersticion no prueban que deba anteponersela el. ALCiSsMO..oooor IAB Por pésima que sea la superstición y Sus efectos, es peor aún el Ateismo, 20d. El cual favorece todas las pasiones, 348. ¿Qué habria pensado líspinosa si hubiera sido consejero de Neron? 349. Injusticia de Voltaire en llamar á las guerras de Religion furor particular de los Cristianos, 355. Los desórdenes de algunos de sus Ministros no prueba que se la deba preferir el Ateismo, 359. CAPITULO XVI. Los que tienen 4 su cargo el bien comun de la Sociedad no deben tolerar á “los enemigos de ** la Religi0N.... mciciinisimmmrmmammm SÓ) Parecer de los mas célebres Protestantes sobre este punto, ¿bid, Castigos que los antiguos establecieron contra los que peryierten la Religion, 363. Dictámen opuesto de algunos hereges, 366. De= muéstrase'su injusticia, 368, Voltaire elogia descaradamente la libertad de pensar de la Inglaterra, 370. Funestas consecuencias de esta libertad, previstas por el Obispo de Lóndres, 372. Disuélvense los argumentos de Zimmerman á favor de la tolerancia, 380. Reflexiones sobre lo que in— dujo á Zimmerman hácia la tolerancia, 387. Pasage hermoso de Papin, 389.
(398) ERRATAS DEL TOMO VII, Pdg. Lin. Dice. * Léase. 44 16 docta sólida 45 17 Carazta: Caraita 1 6 de que del que 78 22 Yodo do traduct. -88* 2 doctores los demas doctores 157 Lv] corpóreos corporales 174 20 exterterit _everterit 215 10 que censurados + los cuales censu- : rados 220 I inciertamente indiscretamente 268 13 ley alguna ley 1bid. 20 .. queen ninguno haqueno existian , bia 274 1 lisongear - lisongearse 280 4% 19 * me DOS o 29gL : 23 saber; proporciosaber proporcio-=- . -narse narse S 301 L reconoica reconocia, IDEM DEL VI. Página 83 en la nota; salieron equivocados los guarismos; y asi en vez de 3 por 5, léase 3 por 3=95 es el múmero: cuadrado : el y anterior multiplicado por 3 su raiz, de 27, este es el número cúbico. - eel ( Tb. En la plana, 210 línea antepenúltima, s rio'el título de Venerable, léase Beato. 7 k e dá á Ligo-
( 399 ) CONTINÚA LA LISTA DE LOS SEÑORES SUBSCRIPTORES, Ei Liimo. señor Obispo de Balbastro. El Real colegio del Burgo de Osma. : R. P. Fr. Antonio Florez ,: predicador general en san Francisco de Guadix. : R. P. Fr. Manuel de la Concepcion, prior de carmelitas descalzos en Segovia. AA R. P. Fr, Victor de san Juan de la Cruz, lector “en idem de idem. E R. P. Fr. Felipe Rivas, difinidor en los PP, descalzos de Peñaranda. R. P. Er; Luis Solis, abad del monasterio de Moxeruela, del órden de san Bernardo, — R. P. Fr. Sebastian García, en Sevilla. R. P. Fr. Buenaventura Tavares, en idem. R. P. Er. Francisco Cordero, ministro de los terceros de idem. j A R. P. Presentado Fr. José Collantes, maestro dé novicios en Predicadores de Valencia. - R. P. Fr. Miguel Olucha , presentado en el Carmen calzado, pi R. P. Fr. Lorenzo de Valencia; guardian en Castellon de la Plana. me a R. P. Prior y comunidad de carmelitas descalzos de Nules. E ¿rol R, P. Er. Mariano Blonquer, lector jubilado y'bibliotecario en san Francisco. e 518 gon R. P. Fr. Don N. religioso descalzo de la provincia de Valencia. Er, Domingo Diaz , monge geróñimo. : Fr. Francisco Perez Forte, maestro de estudiantes de santo Tomás, ” Er, José“del Quintanar, guardian de Brihuega. Fr. Leandro Bruno Cantero, benedictino.
(400) . R. P. Lector de teología Fr. Sandalio ea de Chana. R. P, Fr. Agustin Sanz, abad de BEiN Fr. Damian Rodriguez, monge de san Isidro de Dueñas, Fr. José de san Elias, carmelita descalzo. R. P. Er. Benito Gala, monge benedictino. R. P. Fr. Vicente Flores, monge de san Lorenzo del Escorial. ¡Di Fr. Francisco Vicente. R. P. Er. José de la Soledad, cion en el colegio del Angel de Sevilla. P. Gonzalo de la Virgen del Carmen, de las escuelas Pías. P, Fr. José Canteli, dominico en Tordesillas, Don José María Fernandez, presbítero en idem. Don Antonio María Cha, presbítero en idem. Dr. Don Francisco Luis Prieto, vicario y cura. de Tijola. Licenciado don Pedro José Alvariño, abad das san Pedro de Villar, arzobispado de Santiago. Don José Basso y Mozo, cura ecónomo de san Lorenzo de Valladolid. Don José María Tenorio, clérigo de menores en Guadix. Don Vicente Presencio, cura párroco en Adalia. Don Ramon Lopez, abad de santa María de Bóbeda de Simia , obispado de Orense. Don Joaquin Alejo y Somoza, abad de san Juan > Callobre. Don Antonio Valcarcel , cura de Pruna, Don. Gabriel García Martinez, cura de santa E en Triana. Don Diego Lerma, presbítero. Don Juan Menduiña, presbítero en Jerez de la Frontera. Dr, Don Juan Francisco Muñoz y Giron, cura de Santiago, (Se continuarán. )