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A propósito del pilar-estela ibérico de Monforte del Cid (Alicante). Elementos para una discusión

Prados Martínez, Fernando

Abstract

En el presente trabajo vamos a analizar los rasgos arquitectónicos y religiosos del llamado pilar-estela ibérico procedente del Arenero del Vinalopó (Monforte del Cid, Alicante) conservado en el Museo Arqueológico de Elche. En particular, vamos a observar la presencia de varios elementos que nos hacen proponer una cronología más reciente a la establecida y que demuestran la fuerte influencia de la cultura y la religión púnica en el área del sureste de la Península Ibérica desde el siglo IV a.C. hasta más allá de la conquista romana.

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79 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO DE MONFORTE DEL CID (ALICANTE). ELEMENTOS PARA UNA DISCUSIÓN1 Fernando Prados Martínez Université de Toulouse II-Le Mirail En el presente trabajo vamos a analizar los rasgos arquitectónicos y religiosos del llamado pilar-estela ibérico procedente del Arenero del Vinalopó (Monforte del Cid, Alicante) conservado en el Museo Arqueológico de Elche. En particular, vamos a observar la presencia de varios elementos que nos hacen proponer una cronología más reciente a la establecida y que demuestran la fuerte influencia de la cultura y la religión púnica en el área del sureste de la Península Ibérica desde el siglo IV a.C. hasta más allá de la conquista romana. In this work, we analyse the architectonics and religious aspects of the Iberian “pilar estela” of Arenero del Vinalopó in Monforte del Cid (Alicante, Spain) conserved into the new Archaeological Museum of Elche. In this example, we observe some Punics culturals references usuals in the southeastern of Iberian Peninsula from the IV century BC to the Roman conquest. We propose a new chronology too. INTRODUCCIÓN A lo largo de este trabajo nos vamos a aproximar a uno de los monumentos más conocidos del ámbito contestano. Se trata de uno de los modelos arquitectónicos que han sido definidos como pilares-estela vinculados, generalmente, con los espacios funerarios ibéricos y especialmente relacionados con las deposiciones 1 El trabajo se enmarca dentro de un proyecto de investigación postdoctoral financiado por la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación del Ministerio de Educación y Ciencia. HABIS 38 (2007) 79-98 80 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ funerarias de las clases aristocráticas. El pilar-estela de Monforte del Cid (Alicante) es, para los especialistas, uno de los mejor documentados, desde el punto de vista de los elementos recuperados y su buen estado de conservación2. A partir de la realización del estudio que supuso nuestra tesis doctoral3 hemos comenzado a trabajar sobre algunos modelos arquitectónicos ibéricos de carácter monumental que presentaban rasgos inequívocos de una influencia cultural púnica, tanto en los aspectos arquitectónicos y funcionales como en los religiosos e ideológicos. Estos aspectos son los que hemos tratado de recoger en estas líneas con la intención de aportar una nueva visión interpretativa sobre el célebre monumento de Monforte del Cid (Fig. 1) y, a la vez, llamar la atención sobre la realización de una necesaria revisión cronológica de algunos de los ejemplos conocidos de arquitectura monumental ibérica y proponer, asimismo, una nueva lectura que se apoye en el estudio de esos ejemplos dentro del contex- to del arte púnico-helenístico, como ya hemos propuesto en otros trabajos4. ANÁLISIS SUCINTO DE LA PRESENCIA PÚNICA EN EL ÁMBITO CONTESTANO Antes de entrar en materia, no queríamos dejar pasar la ocasión de referir, con brevedad, la importancia que tuvo la presencia púnica en el ámbito del sureste, tanto en su formación como en su desarrollo posterior. No es este el momento de abordar de forma desarrollada el controvertido tema de las “influencias” o de la interacción del mundo púnico con las poblaciones indígenas del ámbito contestano5; simplemente hemos querido incluir en este breve apartado unas líneas que recojan las referencias bibliográficas que están abordando este tema y que están presentando abundantes e interesantes novedades que están ayudando a redibujar un nuevo panorama sobre la presencia púnica en la zona de estudio, fundamentalmente a partir del siglo IV a.C., concretamente una fecha en la que, por encima del consabido sustrato de matriz orientalizante, comienza a destacar un panorama cultural púnico similar al que se desarrolla en el marco geográfico norteafricano. 2 I. Izquierdo Peraile, Monumentos funerarios ibéricos: Los pilares-estela. Serie de Investigación Prehistórica (Valencia 2000) 24. 3 F. Prados Martínez, Aproximación al estudio de la arquitectura púnica a través del análisis arqueológico de los monumentos funerarios (Tesis Doctoral inédita, U.A.M.) (Madrid 2005). 4 F. Prados Martínez, “Memoria del Poder. Los monumentos funerarios ibéricos en el contexto de la arquitectura púnico-helenística”, CuPAUAM 28-29 (2002-2003) 203-226. 5 E. Llobregat Conesa, “Tradición religiosa fenicio-púnica en Contestania”, El mundo púnico. Historia, Sociedad y Cultura (Murcia 1994) 169-175. 81 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO Los trabajos de A. Oliver6 y los más recientes de F. Sala7, M. Bendala8, así como las novedades aportadas a partir de las investigaciones de M. Olcina en el yacimiento alicantino del Tossal de Manises, la posterior Lucentum romana9, son buena muestra de que la presencia cultural y la influencia púnica en el territorio del Sureste se están valorando hoy en gran medida gracias a la existencia de nuevos datos10 y a la reinterpretación de otros ya expuestos en obras clásicas que vuelven hoy a tomar fuerza –con maticescomo los recogidos en las antiguas publicaciones de L. Lafuente11 y de F. Figueras12. Sólo a partir del estudio de la intensidad política y cultural de la presencia púnica en la región se podría comprender el abandono de numerosos núcleos ibéricos a finales del siglo III a.C., y la 6 A. Oliver Foix, “La presencia púnica en los asentamientos ibéricos: una aproximación a su problemática”, Actes du III Congrès International des Études Phéniciennes et Puniques (Tunis 1995) 282-296. 7 F. Sala Sellés, “Para una revisión de las relaciones púnicas en la costa ibérica alicantina: nuevas perspectivas sobre unos viejos problemas”, Anales de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Murcia 17-18 (2002) 283-300; Idem, “La influencia del mundo fenicio y púnico en las sociedades autóctonas del sureste peninsular”, Colonialismo e interacción cultural: el impacto feniciopúnico en las sociedades autóctonas de occidente. XVIII Jornadas de Arqueología Fenicio-Púnica (Ibiza 2003) 57-102; Idem, “Consideraciones en torno a la arquitectura y el urbanismo de la Contestania Ibérica”, La Contestania Ibérica, treinta años después (Alicante 2005) 119-146. 8 M. Bendala Galán, “La influencia feniciopúnica en Alicante y su ámbito geográfico y cultural”, Las ciudades y los campos de Alicante en Época Romana, Canelobre 48 (Alicante 2003) 21- 33; Idem, “La Contestania Ibérica y el Mundo Púnico”, La Contestania Ibérica, treinta años después (Alicante 2005) 37-52. 9 M. Olcina y R. Pérez, La ciudad ibero-romana de Lucentum (El Tossal de Manises, Alicante). Introducción a la investigación del yacimiento arqueológico y su recuperación como espacio público (Alicante 1998); Idem, “Lucentum: la ciudad y su territorio”, Las ciudades y los campos de Alicante en Época Romana. Canelobre 48 (Alicante 2003) 91-119; M. Olcina, “La Illeta dels Banyets, El Tossal de Manises y La Serreta”. La Contestania Ibérica, treinta años después (Alicante 2005) 147-178. 10 Recientemente, es el yacimiento ibérico del Tossal de Manises (Alicante) el que está ofreciendo nuevos datos sobre lo que pudo ser una fase de ocupación púnica o, al menos, un periodo de grandes influencias arquitectónicas y culturales (tales como la fortificación dotada de elementos defensivos sin parangón en la Contestania o la existencia de cisternas para almacenar agua del tipo “bagnarola” de corte púnico) que podemos fechar también en la segunda mitad del siglo III a.C. Según los excavadores, fue a finales del siglo III, en plena II Guerra Púnica, cuando la ciudad recibió su forma urbana definitiva con una intervención directa de los Barca (vid. M. Olcina y R. Pérez, La ciudad ibero-romana…, 38; Idem, “Lucentum…”, 93) centrada en la construcción de una potente muralla realizada, al igual que en los ejemplos que acabamos de mencionar, con patrones púnicos (destacando la existencia de un proteichisma y torres huecas o divididas en tres). También la ciudad padeció una violenta destrucción en los momentos finales del II conflicto romano-cartaginés. En ese momento también se destruyeron otros enclaves próximos como la Serreta de Alcoy y La Escuera, también cabezas de sus respectivos territorios (Cf. F. Sala, “La influencia del mundo….”, 86) y centros urbanos de una clara influencia púnica. 11 L. Lafuente Vidal, “Influencias de los cultos religiosos cartagineses en los motivos artísticos del SE español”, Archivo de Prehistoria Levantina 3 (1953) 159-177. 12 F. Figueras Pacheco, “Los cartagineses en el iberismo del Sudeste”, II Congreso Nacional de Arqueología, Madrid, 1951 (Zaragoza 1952) 421-433; Idem, La necrópolis iberopúnica de la Albufereta de Alicante (Valencia 1956). 82 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ concentración de población en algunos lugares como La Alcudia de Elche debido al vacío de poder que dejó en la zona la derrota de las tropas cartaginesas al final de la II Guerra Púnica. Se trata de una presencia e influencia asentada sobre un viejo sustrato orientalizante del que se cuenta hoy con abundantes vestigios, tanto en los ambientes indígenas, como en el caso del yacimiento de la Peña Negra de Crevillente13, como en los propios asentamientos de corte más mediterráneo como La Fonteta, ubicado junto a la Rábita de Guardamar del Segura14. Una incidencia cultural no menor a la que se encuentra en otros territorios ibéricos del mediodía peninsular como la Turdetania o la Bastetania o, más al norte, en la Oretania, de enormes consecuencias para su posterior desarrollo como recientemente ha señalado M. Bendala15. El propio poblado de El Oral (San Fulgencio, Alicante) uno de los principales centros de estudio de la cultura ibérica en sus fases iniciales, muestra abundantes referencias arquitectónicas púnicas16. Mencionar la fuerza e intensidad de la influencia púnica no significa que se pueda enmarcar la totalidad del territorio contestano dentro de una única entidad política y económica ubicada bajo la hegemonía de Cartago. Hay que pensar más en un conjunto de asentamientos urbanos con sus territorios circundantes bajo control directo y con ciertas áreas de influencia. Además, se ha de distinguir entre el sur de la Contestania, en torno a las cuencas bajas del Segura y el Vinalopó, donde es mucho más fácil encontrar rasgos mediterráneos en la arquitectura y en la articulación del poblamiento, que la zona norte, mucho más abrupta y aislada17. Es bien conocido que, desde el siglo VI a.C., en el momento del declive de la estructura sociopolítica tartésica, un buen número de territorios ubicados en el tercio sur peninsular dependieron políticamente de Cartago, de tal manera que la metrópolis africana se reservó el derecho de legislar sobre las cuestiones relacionadas con estas regiones del extremo occidente. Desde la fecha comentada hasta el siglo IV a.C. el territorio púnico de Iberia bascularía históricamente entre dos zonas hegemónicas; la del círculo del Estrecho con Gadir a la cabeza y la región del sureste con Mastia al frente. A partir del siglo IV a.C. fue cuando se hizo mucho más directo el control de Cartago, posiblemente mediante una política de ligas o tratados. 13 A. González Prats, Estudio arqueológico del poblamiento antiguo de la sierra de Crevillente (Alicante 1983). 14 R. Azuar et alii, “L’établissement orientalisant et ibérique ancien de “La Rabita” (Guardamar, Alicante)”, TP 55, 2 (1998) 111-126; A. González Prats, La Fonteta (1996-1998), el emporio fenicio de la desembocadura del río Segura (catálogo de la exposición) (Guardamar del Segura 1999); A. González Prats, A. García Menárguez, “El conjunto fenicio de la desembocadura del río Segura (Guardamar, Alicante), IV Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos (Cádiz 2000) IV, 1527-1537. 15 M. Bendala, “La Contestania ibérica…”, 40. 16 L. Abad Casal, F. Sala Sellés, El poblado ibérico de El Oral (San Fulgencio, Alicante) (Valencia 1993) 161 y 191. 17 I. Grau Mira, “El territorio septentrional de la Contestania”, La Contestania Ibérica, treinta años después (Alicante 2005) 73-90. 83 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO A partir de ese momento las antiguas ciudades fenicias costeras mantuvieron una superposición de estructuras políticas que ha sido bien analizada por J. L. López Castro: por una parte, la estructura fenicia tradicional y por otra, la estructura imperialista apoyada en la imposición de las nuevas leyes de la metrópolis púnica18. Esta política imperialista y los trasvases de población19 es lo que incidió con más fuerza en los núcleos indígenas del sur y del sureste. A la presencia directa de elementos humanos en las zonas costeras, hemos de sumar la existencia de testimonios de una influencia púnica – de menor intensidad, claro está- en las regiones del interior desde décadas atrás. Existen algunos indicios muy llamativos como en el caso de algunos materiales exhumados en El Amarejo (Bonete, Albacete) donde destaca una placa de cinturón de plata de 5,5 x 4,7 cm (conservada en el Museo de Albacete, nº Inv. 9194) fechada a principios del siglo III a.C.20 y que se amortizó en el interior de la favissa del yacimiento junto con otros materiales en pleno siglo III a.C.21 o los materiales de algunas necrópolis ibéricas del interior contestano (como, por ejemplo, la de Zama junto al Tolmo de Minateda) En este mismo panorama cultural que se acaba de definir brevemente se enmarcan otros rasgos inequívocos de la incidencia púnica: basta con recordar la existencia de templos y santuarios de época ibérica avanzada22 (ss. IV-III a.C.) como los de Campello23, la Alcudia24, la Escuera25 o incluso el de San Miquel de Lliria, ubicado en la vecina Edetania26. En ese entorno geográfico y cultural aparecen las edificaciones monumentales de corte funerario del Parque 18 J. L. López Castro, Hispania Poena. Los fenicios en la Hispania romana (Barcelona 1995) 85. 19 F. López Pardo y J. Suárez Padilla, “Traslados de población entre el Norte de África y el sur de la Península Ibérica en los contextos coloniales fenicio y púnico”, Gerión 20, 1 (2002) 113-152. 20 S. Broncano, J. J. Blánquez, El depósito votivo ibérico de El Amarejo, Bonete (Albacete) (Madrid 1989) 84. 21 Dicha placa consta de una decoración que presenta una clásica escena con un caballero que de pie sostiene por las riendas a un caballo en una escena propia de la iconografía púnica, con una palmera en segundo plano. 22 Que comienzan a aparecer, además, a partir del siglo IV a.C. con unas connotaciones arquitectónicas y religiosas que recuerdan a los templos y santuarios púnicos. Al respecto, véase S. F. Ramallo, “La realidad arqueológica de la ‘influencia’ púnica en el desarrollo de los santuarios ibéricos del sureste de la Península Ibérica”, Santuarios fenicio-púnicos en Iberia y su influencia en los cultos ibéricos. XIV Jornadas de Arqueología Fenicio-Púnica (Ibiza 2000) 185-217. 23 Cf. M. Olcina, “La Illeta dels Banyets…”, passim. 24 R. Ramos Fernández, El templo ibérico de la Alcudia. La Dama de Elche (Alicante 1995); Idem, “Áreas de culto en la Alcudia ibérica”, Anales de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Murcia 17-18 (Murcia 2002) 117-126. 25 L. Abad Casal, F. Sala Sellés, Poblamiento ibérico en el Bajo Segura. El Oral (II) y La Escuera, (Madrid 2001). 26 H. Bonet Rosado, El Tossal de Sant Miquel de Lliria. La antigua Edeta y su territorio (Valencia 1995). 84 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ de Elche27, con su esfinge cargada de rasgos punicizantes28 o de Monforte del Cid, la que nos interesa en este trabajo, presentando también rasgos inequívocos de una influencia arquitectónica e ideológica púnica. También en ese mismo proceso evolutivo de la sociedad ibérica se explica la generalización del culto a Tanit, tan arraigado en todo el sureste y bien representado gráficamente en los vasos ibéricos del estilo Elche-Archena29 y de Démeter-Koré (desde, al menos, finales del siglo IV a.C. y no antes) como otra influencia más de ese mundo púnico helenizado de los siglos IV y III a.C. Esta transición se puede explicar por la sustitución de la antigua monarquía sacra de origen orientalizante por unas aristocracias de carácter guerrero30 que adoptaron el culto a Tanit, la diosa mayor del panteón púnico así como el de Démeter-Koré, que queda reflejado en la abundancia de pebeteros en forma de cabeza femenina que se reparten por los santuarios y necrópolis ibéricas, representaciones que, según parece, tuvieron su origen en la Sicilia greco-púnica del siglo IV a.C.31 con gran desarrollo a lo largo del siglo III a.C. tanto en el norte de África como en la propia Península Ibérica. La progresiva concentración del poder y la propiedad en esos mismos grupos provocó la emergencia de los grandes oppida ibéricos y generó también una estructuración social de carácter gentilicio que se advierte en las diferencias sociales que se observan en las necrópolis y en la construcción de los monumentos funerarios (sean túmulos monumentalizados, turriformes o pilares-estela). Fue en estos estamentos sociales donde la llegada de influjos culturales y religiosos mediterráneos tuvo una importante incidencia y es ahí donde hemos de encontrar la explicación a la construcción de edificios como el pilar de Monforte, cargado de simbolismo de tipo púnico pero concebido para responder a unas necesidades ideológicas de las que no se puede discutir su autoctonía. EL PILAR-ESTELA IBÉRICO. DEFINICIÓN DE UN MODELO ARQUITECTÓNICO MEDITERRÁNEO El llamado pilar-estela es uno de los monumentos funerarios ibéricos sobre los que más se ha investigado y, por esta razón, es el más conocido de todos. 27 R. Ramos Fernández, A. Ramos Molina, El Monumento y el Temenos ibéricos del Parque de Elche (Elche 1992). 28 Destaca la figura femenina que guía la esfinge, que se puede identificar con Astarté y que presenta las alas plegadas sobre el cuerpo en una disposición similar a la del llamado “sarcófago de Isis” conservado en el Museo Nacional de Cartago y a algunas terracotas de Es Cuieram (Ibiza). Asimismo, presenta la mano derecha desproporcionada, en un gesto típico que se representa en numerosas estelas púnicas: F. Prados Martínez, “Memoria del poder…”, 218. 29 F. Sala, “La influencia del mundo…”, 86. 30 M. Almagro Gorbea, T. Moneo, Santuarios urbanos en el mundo ibérico (Madrid 2000) 117; T. Moneo, Religio Iberica. Santuarios, ritos y divinidades (ss. VII-I a.C.) (Madrid 2003) 431. 31 M. C. Marín Ceballos, “¿Tanit en España?, Lucentum 6 (1987) 43-79; J. Ruiz de Arbulo, “Los cernos figurados con cabeza de Coré. Nuevas propuestas en torno a su denominación, función y origen”, Saguntum 27 (1994) 155-171. 85 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO El propio avanzado estado del conocimiento sobre este modelo arquitectónico ha provocado que, en ocasiones, se traten de considerar como pertenecientes a éste cualquier resto arquitectónico ibérico de cierta monumentalidad, sean fragmentos de golas u otro tipo de cornisas o simples sillares con mortaja. El término con el que se conoce a esta construcción fue acuñado desde la década de los setenta del pasado siglo a partir de los trabajos de M. Almagro sobre el mundo funerario ibérico32. Entre las cinco categorías diferentes de la propuesta metodológica del profesor Almagro Gorbea (sepulturas turriformes, empedrados tumulares principescos, empedrados tumulares y tumbas de cámara) estaban los pilares-estela como uno de los más destacados, debido fundamentalmente a dos cuestiones; por una parte, su monumentalidad y su composición estructural propicia como soporte escultórico y, por otra, su amplia difusión y número. Básicamente, el pilar-estela se compone de dos elementos arquitectónicos; un pilar de sección cuadrada que puede apoyarse en un basamento escalonado y un remate monolítico decorado con una cornisa moldurada que suele centrar, por lo general, la mayor parte de la decoración. Por encima de este remate se pudieron colocar esculturas exentas zoomorfas representando generalmente bóvidos y felinos (asociación de animales que recuerda a los que representan al dios semita Baal) y, en algún caso, animales fantásticos tales como sirenas o esfinges. El principal problema de la identificación de los pilares es que la mayor parte de ellos han aparecido descontextualizados y reutilizados en estructuras posteriores. Además, en la mayoría de las ocasiones se han analizado desde una perspectiva griega, a partir de algunos de los modelos conocidos en los cementerios del Ática. Ésta es una de las razones por las que estos modelos arquitectónicos, que han sido localizados fundamentalmente en el sureste peninsular (provincias de Jaén, Murcia, Albacete, Alicante y sur de Valencia), han sido enmarcados cronológicamente desde las primeras décadas del siglo V a.C. hasta mediados del siglo IV a.C.33 En algún caso los restos monumentales han aparecido asociados a enterramientos, como en el caso del pilar de El Prado (Jumilla, Murcia), donde el sepulcro ha sido fechado a finales del siglo III a.C. siendo esta fecha tomada como terminus ante quem de la construcción del edificio, llevándose el levantamiento de éste, de nuevo por el análisis estilístico de los restos, a la segunda mitad del siglo V o a principios del IV a.C. Los restos monumentales de este edificio (dos fragmentos de gola decorada y un fragmento del pilar) fueron hallados en una estructura que ha sido interpretada como estanque ritual. En la necrópolis de Los Nietos (Murcia), un yacimiento que presenta una ubicación singular, apartada y 32 M. Almagro Gorbea, “Pozo Moro y el origen del arte ibérico”, XIII Congreso Nacional de Arqueología (Zaragoza 1975) 671-686; Idem, “El monumento de Alcoy. Aportación preliminar a la arquitectura funeraria ibérica”, TP 39 (1982) 161-210. 33 I. Izquierdo Peraile, Monumentos funerarios ibéricos…, 67. 86 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ absolutamente descentrada del eje viario Complutum-Carthago Noua que vertebra el poblamiento ibérico de la región en el siglo IV a.C., se documentaron varios sillares de gola, volutas y restos escultóricos de dos posibles monumentos asociados a una necrópolis. Los fragmentos escultóricos han sido fechados en un momento impreciso entre los siglos V-IV a.C.34, aunque las decoraciones arquitectónicas de los diferentes elementos bien podrían enmarcase en el último tercio del siglo IV o en las primeras décadas del III a.C. como veremos más adelante35. EL CASO DEL PILAR DE MONFORTE DEL CID (ALICANTE): ASPECTOS ARQUITECTÓNICOS El pilar de Monforte del Cid fue hallado de forma casual en 1972 y atribuido por Almagro y Ramos a un escultor local formado en el ambiente artístico greco-oriental en un momento posterior al 500 a.C. El principal problema es que la cronología propuesta por estos investigadores para el edificio (525-475 a.C.) se apoya, principalmente, en el análisis estilístico e iconográfico del bóvido (ver la reconstrucción en Fig. 1) que pudo rematar el pilar36 comparándolo con los que se conocen de la plástica griega, un hecho ya de por sí criticado por los especialistas37. Es complicado realizar este tipo de comparaciones sobre todo en el campo del arte funerario, donde sabemos que el conservadurismo de las formas y las decoraciones es una de las principales peculiaridades. Un buen ejemplo se observa en los monumentos funerarios púnico-helenísticos, caso del llamado “mausoleo” B de Sabratha, edificado en el siglo II a.C. y que presenta unas tallas tanto en bulto redondo como en relieve tremendamente arcaicas38 (que de analizarse por separado bien podrían fecharse en el siglo VI a.C.). Del pilar fueron encontrados tres elementos arquitectónicos realizados en roca calcárea arenosa junto con las esculturas de bóvidos, todas éstas descontextualizadas, aunque una de ellas fue interpretada como el remate del monumento. Los tres elementos son un sillar de gola de gran tamaño (46 cm de altura, 1,70 cm 34 M. Almagro Gorbea, M. Cruz Pérez, “Los monumentos funerarios ibéricos de Los Nietos (Murcia)”, Saguntum 16 (1981) 137-148; M. Almagro Gorbea, “Pilares-estela ibéricos”, Homenaje al Prof. Martín Almagro Basch (Madrid 1983) III, 7-20. 35 No hay que olvidar además que los restos monumentales de Los Nietos aparecieron en las proximidades del poblado de la Loma del Escorial, fechado en el siglo III a.C. (Cf. C. García Cano, E. Ruiz Valderas, “El poblado ibérico de La Loma del Escorial (Los Nietos) durante el s. III a.C.”, Anales de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Murcia 11-12 [1995-1996] 129-149). Este dato, unido a que de datarse en época Ibérica Plena quedaría alejado del núcleo de ocupación de la Contestania puede significar que el edificio fuese posterior a la cronología planteada. 36 A. Almagro Gorbea, R. Ramos, “El monumento ibérico de Monforte del Cid”, Lucentum 5 (1986) 61. 37 Vid. P. León Alonso, “La escultura”, Los Iberos, príncipes de Occidente (Barcelona 1997) 156; I. Izquierdo Peraile, Monumentos funerarios ibéricos…, 140. 38 A. Di Vita, “Il mausoleo punico-ellenistico B di Sabratha”, RM 83 (1976) 273-285. 87 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO de anchura y 82 cm de profundidad) un sillar de pilar cuadrado con una decoración de “falsas puertas” en dos de sus caras conservadas (74 x 88 x 44 cm) y un pequeño fragmento del plinto. Uno de los elementos que primero llaman la atención de esta construcción es su cornisa, que presenta una estructuración en forma de gola egipcia, un modelo bastante habitual en la arquitectura fenopúnica, resultado del proceso de inclusión de los esquemas arquitectónicos y decorativos egiptizantes en Fenicia desde época arcaica (siglos IX-VIII a.C.). Las golas egipcias más arcaicas presentan unas nacelas con poca profundidad y arranque vertical que sólo se abren hacia el exterior en su último tercio. Son muchos los edificios egipcios (templos, palacios y sepulcros fundamentalmente) que emplearon este tipo de cornisa, si bien los mejores ejemplos los tenemos en las tumbas y relieves de la necrópolis tebana del s. XIV a.C., buenos antecedentes de la arquitectura monumental fenicia y púnica de tipo turriforme. Además, en el caso de la necrópolis tebana, las golas aparecen representadas en estructuras rematadas con pirámides, separando estos cuerpos superiores de los cuerpos inferiores de tipo cúbico, que suelen estar decorados con una sucesión de molduras que han sido interpretadas por la historiografía tradicional como “falsas puertas”39 idénticas a las que decoran las estelas púnicas de Cartago y las caras del pilar de Monforte, objeto de nuestro estudio. En el ámbito cultural semita se emplearon estas cornisas con nacela vertical también en las arquitecturas áureas y funerarias. Por otro lado, este mismo modelo arquitectónico es el que se puede observar en el caso del monumento ibérico de Pozo Moro (Albacete) conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. El perfil de la cornisa del edificio albaceteño se enmarcaría, por su sección, dentro del grupo de los modelos orientales arcaicos, similares a los de las golas de Biblos y a los modelos egipcios. Este hecho, unido a otros señalados por varios investigadores como el estilo y temática de los relieves40 en relación a la cronología del edificio, apoyaría la versión planteada por éstos que defiende que el monumento de Pozo Moro sería más antiguo de lo que indicó la deposición funeraria que apareció por debajo durante su excavación41, fechada en torno al 500 a.C. La gola de Pozo Moro muestra, además, la representación esculpida de unas manos, otro ejemplo de la temática sagrada semita, tan recurrente en el campo de las estelas votivas y funerarias halladas en diversos lugares de la órbita feniciopúnica42 relacionadas 39 S.F. Bondì, “Un tipo di inquadramento architettonico fenicio”, Atti del 1º Convegno Italiano sul Vicino Oriente Antico (Roma 1978) 147-156. 40 Véase, por ejemplo, M. Bendala, “Reflexiones sobre la Dama de Elche”, ReIb 1 (1994) 85- 105. 41 M. Almagro Gorbea, “Pozo Moro y el origen…”; Idem, “Pozo Moro y el influjo fenicio en el periodo orientalizante de la Península Ibérica”, RSF 10 (1982) 231-272. 42 F. Prados Martínez, “La iconografía del nefesh en la plástica púnica: a propósito de las representaciones del monumento funerario y su significado”, AEspA 79 (2006) 13-28. 94 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ Otra cuestión radica en la importancia de analizar, desde el punto de vista metrológico, muchos de los elementos arquitectónicos depositados en los fondos de los museos para tratar de observar si pertenecen a pilares-estela o a algún otro tipo de soporte arquitectónico monumental. Sólo con una investigación pormenorizada de estos materiales se podrían observar otros elementos tratando así, de este modo, de salvar las dificultades que entraña para su estudio el hecho de que hayan aparecido descontextualizados, en hallazgos casuales o reutilizados como materiales constructivos de edificaciones posteriores. También consideramos que para el estudio de los pilares-estela debemos de ser muy cautos a la hora de establecer la relación de éstos con las esculturas que aparecen en el entorno. En relación con la escultura monumental ibérica, además, es necesario ir con especial cuidado y no buscar, por sistema, las influencias de la escultura focense en la escultura ibérica, tal y como reclama acertadamente P. León, ya que se trata en general de rasgos estilísticos muy genéricos que no pueden desestimar la confluencia de estilos que supone la génesis del arte ibérico, cimentado en una base orientalizante creada por largos e intensos contactos con fenicios y púnicos a la que después se superpuso una aportación helenizante debido a la difusión que de los productos griegos hicieron fenicios y púnicos. Para esta autora, pues, es distintivo el elemento oriental en la base y el fenómeno púnico-helenístico en el desarrollo posterior de la plástica ibérica64. En el caso de Monforte y en relación con lo anteriormente comentado hay que tener en cuenta también el hallazgo de varias esculturas fuera de contexto junto al lugar donde fue encontrado el pilar. A partir de la presencia de dos esculturas más en bulto redondo, R. Castelo comenta que posiblemente existieron dos basamentos monumentales más de los que formaron parte esas esculturas, ya que no fueron encontrados allí más elementos arquitectónicos pertenecientes a algún pilar-estela más que el conocido65. Estas aportaciones resaltan el nivel de destrucción y posterior reutilización de los elementos encontrados en la margen izquierda del río Vinalopó, que dificultan, en gran medida, encontrar indicios para dotarlos de una cronología precisa. Por su parte, T. Chapa menciona que los tres fragmentos escultóricos, el que se relaciona con el pilar, otro de bulto redondo y otro semiexento, serían bóvidos66. I. Izquierdo, por otro lado, señala que es imposible, en el caso de Monforte, concretar si todas estas piezas pertenecen a monumentos en forma de pilares o de otro tipo67. Todas estas cuestiones señaladas por diferentes especialistas dibujan un panorama bastante confuso sobre la naturaleza del hallazgo de Monforte e impiden aportar una valoración de conjunto que pueda ser, en modo alguno, definitiva. Nuestra contribución en estas páginas sólo pretende añadir una serie de referentes arquitectónicos y religiosos de tipo púnico 64 P. León, “La escultura”, 156. 65 R. Castelo Ruano, Monumentos funerarios…, 324. 66 T. Chapa Brunet, Escultura ibérica zoomorfa (Madrid 1985). 67 I. Izquierdo Peraile, Monumentos funerarios ibéricos…, 141. 95 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO que se han de tener en cuenta también, así como plantear la dificultad de aceptar una cronología tan antigua para el edificio. Por último y de manera general, se ha querido subrayar los problemas de identificación de la escultura en relación con los pilares y su cronología basada principalmente en criterios estilísticos. Se trata de un inconveniente sobre todo teniendo en cuenta que es en la escultura donde se ha apoyado la investigación en muchas ocasiones para fechar muchos de los modelos arquitectónicos68. Sobre la tendencia de relacionar los pilares con el arte griego hay que asumir que la caída del comercio fenicio a lo largo del siglo VI a.C. ha servido, durante décadas, de base para explicar un supuesto crecimiento de la influencia griega en la Contestania, fundamentada a partir de los hallazgos de materiales foceos en la región69. Dentro de esa misma influencia entrarían los aspectos arquitectónicos y artísticos mencionados anteriormente en relación con la escultura. A pesar de esta cuestión, hay que tener en cuenta que muchos de los materiales griegos que alcanzaron las costas peninsulares vinieron de la mano de comerciantes cartagineses (como se pone de manifiesto en el pecio de El Sec o como se detecta en la presencia de grafitos y numerales en lengua púnica sobre cerámicas griegas empleadas en ritos funerarios ibéricos). Por último, queríamos hacer mención al controvertido tema de las destrucciones de los pilares. La decoración arquitectónica del monumento, que ya ha sido analizada y el grabado del Nefesh sobre una de las caras conservadas decoradas con falsas puertas supone, ya de entrada, que no haya podido realizarse antes del 375 a.C., fecha ésta tomada por varios autores como límite más reciente de las destrucciones70. F. Quesada, en su estudio sobre la necrópolis del Cabecico del Tesoro (Verdolay, Murcia) menciona la posible existencia de una segunda fase de destrucciones a finales del siglo III a.C.71 y otros autores abogan por la causa bélica como el motivo principal de la destrucción72 que bien podría encajar en el contexto 68 Esta cuestión presenta problemas: por ejemplo, en el yacimiento del Tossal de la Cala (Benidorm) aparecieron esculturas zoomorfas (un toro y una cabeza de león) en un contexto urbano bien documentado del siglo III a.C. que presenta un urbanismo de casas en enfilada, con bancos corridos, pasillos distribuidores y escaleras de acceso a plantas superiores similar a las de los ámbitos domésticos púnicos. La aparición de la escultura (que se presume más antigua) hizo suponer al excavador del yacimiento que el poblado ya existía con anterioridad, aunque no hay material alguno que lo acredite (cf. M. Tarradell, “El poblat ibèric del Tossal de la Cala de Benidorm”, Fonaments 5 [1985] 119). 69 A este respecto hay que añadir que, según recientes estudios, los dos únicos focos importantes para el comercio jonio en Iberia se encontrarían en la zona de Ampurias y en Huelva (cf. P. Cabrera, “El comercio jonio arcaico en la Península Ibérica”, Ceràmiques jonies d’època arcaica: centres de producció i comercialització al Mediterrani Occidental [Barcelona 2000] 174). 70 Sobre este tema, una buena síntesis con crítica bibliográfica en I. Izquierdo Peraile, Monumentos funerarios ibéricos…, 26 ss. 71 F. Quesada, Armamento, guerra y sociedad en la necrópolis ibérica del Cabecico del Tesoro (Verdolay, Murcia) (Oxford 1989) 124. 72 J. Talavera Costa, “Las destrucciones de la estatuaria ibérica en el Levante peninsular”, Lucentum 17-18 (2001) 120. 96 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ de la II Guerra Púnica. De esta forma quizás podamos incluir la destrucción del pilar de Monforte en esta misma secuencia cronológica-histórica. Si tenemos en cuenta las particulares supersticiones púnicas73, no podemos culpar de este tipo de ataques contra monumentos funerarios a los cartagineses, ya que contamos con numerosos ejemplos que nos muestran acciones no poco curiosas a la hora de entrar en contacto con ciertos aspectos relacionados con el mundo de la muerte. Por ejemplo, durante el asedio de la ciudad de Agrigento, cuenta Diodoro de Sicilia, los soldados cartagineses destruyeron una necrópolis y, por esta causa, padecieron una plaga de peste entre las tropas. Algunos de los centinelas que vigilaban el campamento afirmaban aterrados haber visto los fantasmas de las tumbas que habían sido violadas. Por esta razón, el general que se encontraba al mando del asedio ordenó poner fin al ataque y, para aplacar la ira de aquellos que habían sido molestados en su sueño, sacrificó un niño74. Otra referencia no menos interesante que la que acabamos de reseñar es la que recoge Orosio75, que narra el retorno de Aníbal a Cartago tras haber fracasado en su campaña italiana y tras ser requerido por el senado de su ciudad: ...habiendo recibido la orden de volver a África para acudir en ayuda de los cartagineses, Aníbal dejó Italia llorando, después de haber hecho ejecutar a todos los soldados de origen itálico que no quisieron seguirle. Cuando se aproximaba a la orilla africana, uno de sus marineros, que tenía la orden de permanecer subido en el mástil del barco y observar desde allí la costa, le comentó que había visto a lo lejos una tumba saqueada; así, Aníbal, ante el mal presagio, varió la ruta y desembarcó con sus tropas en las proximidades de Leptis… Para concluir, cabe resaltar que el pilar de Monforte reúne y yuxtapone elementos arquitectónicos foráneos y se mantiene fiel al uso de decoraciones clásicas. Se trata de un proceso similar al que se observa en la arquitectura púnica norteafricana a partir del siglo IV a.C. En este caso, el proceso se complica aún más ya que el modelo arquitectónico que soporta esta mezcla de elementos –el pilar estelase adscribe perfectamente al arte ibérico, aunque presenta, como se ha ido viendo, elementos como la gola de perfil curvo, la decoración vegetal de las molduras y la falsa puerta del sillar del pilar, que en conjunto, presentan un aspecto similar a los edificios y estelas púnicas. A estas cuestiones hay que sumar, además, el grabado del Nefesh en una de sus caras, un símbolo sagrado semita que proviene de la arquitectonización de la idea oriental de salvación y que toma fuerza por sí mismo decorando un monumento de las características del de Monforte del Cid. Todos 73 Que se pone de manifiesto en las abundantes fórmulas de maldición que aparecen reflejadas en los epitafios de las tumbas. Al respecto ver F. Mazza, “Le formule di Maledizione nelle iscrizioni funerarie e votive fenicie e puniche”, RSF 3 (1975) 19-30. 74 D.S. 13.86.1-3 75 Oros. 4.19.1. 97 A PROPÓSITO DEL PILAR-ESTELA IBÉRICO FIG.1. Propuesta de reconstrucción del pilar de Monforte del Cid en el MAHE de Elche (Alicante). FIG. 2. Molduras con decoración vegetal del pilar de Monforte. Arriba, detalle de las ovas y flechas del filete, debajo, las ovas del baquetón. FIG. 3. Detalle de la cornisa “punicizante” del monumento de La Alcudia (Museo Monográfico de La Alcudia, Elche). estos elementos conformaron una realización arquitectónica propia de una cultura en la que no sólo interactuaron distintos aportes indígenas y foráneos, sino que reflejó un fenómeno de mestizaje similar al que se desarrolló en el norte de África a partir de la mezcla del elemento indígena original (líbico) y el colonial (púnico) ya casi indistinguibles en la segunda mitad del siglo III a.C. 98 FERNANDO PRADOS MARTÍNEZ FIG. 4. Detalle del grabado del Nefesh sobre la moldura en forma de “falsa puerta” del pilar. En pequeño, la reconstrucción del grabado según Ramos y Ramos, 1992 FIG. 5. Algunos Nefesh grabados en sepulcros púnicos del entorno de Cartago (El Guetma, El Mansourah y los dos del sepulcro VIII de Jebel Mlezza) según Longerstay, 1995; Prados, 2005 y Fantar, 1970.