scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Una sincronía insoportable: Funes el Memorioso

Pizarro Suescum, José Pedro

Abstract

Sin Ánimo De Imponer Finalismo A Su Lectura, Este Trabajo Posiblemente Estéabocado A La Aporía. El Objetivo, Acaso Pretencioso, Es Reconstruir El Textoborgeano Seleccionando Una Serie De Claves Hermenéuticas, Y Sintetizandocontenidos Que Adjuntaremos A Éstas. Puesto Que No Existe Lectura Neutra, Enocasiones Nos Posicionaremos Fuera Del Texto, Tergiversando Su Contenido Quizá,Pero Añadiendo (Posibles) Convergencias Y Divergencias Con Otros Autores.

Full text

Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 343 ] UNA SINCRONÍA INSOPORTABLE: FUNES EL MEMORIOSO José Pedro Pizarro Suescum, Universidad de Sevilla. Resumen: Sin ánimo de imponer finalismo a su lectura, este trabajo posiblemente esté abocado a la aporía. El objetivo, acaso pretencioso, es reconstruir el texto borgeano seleccionando una serie de claves hermenéuticas, y sintetizando contenidos que adjuntaremos a éstas. Puesto que no existe lectura neutra, en ocasiones nos posicionaremos fuera del texto, tergiversando su contenido quizá, pero añadiendo (posibles) convergencias y divergencias con otros autores. Abstract: Without wishing toimposefinalityto his reading, this paper maybedoomed toaporia.The purpose, perhaps pretentious,is to reconstructthe text ofBorgesselecting a serie ofhermeneutical keys, and synthesizing content thatwill attachto them.Since there is noneutral reading, we´ll sometimes set outside thetext, distorting itscontent may, but adding (possible)convergences and divergenceswith other authors. Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere Baruch Spinoza Todo se penetra. La lectura de los clásicos que no distinguen los ocasos me ha vuelto inteligibles muchos ocasos en todos sus colores. Hay una relación entre la competencia sintáctica por la que se distinguen los valores de los seres, de los sonidos y de las formas y la capacidad de comprender cuando el azul del cielo es realmente verde y qué parte del amarillo existe en el verde azul del cielo. En el fondo es lo mismo: la capacidad de distinguir y de sutilizar. Sin sintaxis no hay emoción duradera. La inmortalidad es una función de los gramáticos. Bernardo Soares 1. Recuerdos útiles Sin saber si ha lugar, no hace mucho tuve la suerte de asistir a una conferencia en la que se trataban las relaciones entre filosofía y literatura en Borges 1 . Desde un primer momento, y no por ser adicto a sus textos, no por tener sus Obras Completas, pensé que sacar conclusiones sobre esa cuestión era una tarea sin fin, una búsqueda sin término, que diría Popper. Y pensé eso porque a poco que se lean sus párrafos, por escasa que sea nuestra información sobre sus fuentes, sobre sus infinitas lecturas, creo que se impone considerar a Borges un ecléctico. En efecto, un individuo cuya vida ha sido esencialmente lectura y  Quisiera expresar mi agradecimiento al profesor Juan Arana por brindarme la oportunidad de publicar este trabajo, y también a los profesores César Moreno y Federico Rodríguez, que, en el contexto de sus clases, mucho me hicieron pensar. 1 La conferencia se tituló: “Provocaciones filosóficas de Jorge Luis Borges”. En adelante, usaremos como expresión parte del título. Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 344 ] escritura, que ha leído tanto, que se figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca, no podía ser otra cosa. Esto último (pienso) pudiera ser una buena idea regulativa a la hora de leer e interpretar sus textos, que no su obra. Interpretar sus textos, en plural. Pero son muchos los textos, cuentos, poemas, ficciones: caute. En este trabajo nos vamos a centrar en uno de sus bellísimos cuentos, acaso la categorización estética sea la menos pretenciosa, la menos constrictora. Nos centraremos en Funes el memorioso, recogido en el volumen Ficciones. Según nos cuenta el propio Borges, es una larga metáfora sobre el insomnio 2 , por ello podemos pensar que sería recomendable tener en cuenta esta brevísima sinopsis, exenta de autocomplacencias, o al menos siendo éstas voluntarias. Obviamente, resulta razonable que un escritor sepa qué está escribiendo. Por lo demás, esa sinopsis no tiene por qué considerarse falsa o verdadera; la literatura no entiende de valores de verdad: aquí evitaremos caer en refutaciones, pero sí conjeturaremos ciertas cosas. Qua filósofo, entramos en arenas movedizas, no puedo decir sino que este cuento es muy filosófico. Por dos simples razones: se mencionan varios filósofos, y se tratan temas muy caros a la filosofía (la memoria, la Mathesis Universalis, los nombres propios, los sistemas categoriales, etc) 2. Polifonía Existe, dice Nietzsche, una inocencia de la admiración: la tiene aquel a quien todavía no se le ha ocurrido que también él podría ser admirado alguna vez 3 . Pensemos, casi por juego dialéctico, en los dos sujetos que intervienen implícitamente en el aforismo: el admirador inocente, y, en el caso que nos interesa, el individuo admirado. Tal es la relación entre el narrador (Borges) y Funes. Entre ambos, por tanto, se establece una relación afectiva, el maestro Funes es admirado por sus cualidades: lo cual no le desagrada, porque nadie es maestro si no es reconocido como tal, en vida o en muerte. Por otro lado, el aprendiz, que no sabe hasta dónde puede dar de sí, puede llegar a ser maestro: no sabe que algún día podría ser objeto de admiración. En las relaciones hay distancias, nunca hay fusión entre dos individuos, es decir: hay un resquicio de intimidad siempre opaco al otro. No hay que ver aquí una suerte de lenguaje o vocabulario privado, antes bien se trata de una subjetividad intransferible. Del mismo modo, no puede haber sincronía entre dos individuos, los cuales responden a distintas vivencias articuladas de diferentes 2 BORGES, J. L.: “Prólogo”; en Artificios, recogido en: Ficciones, Madrid, Planeta de Agostini, 1985, p.119 3 NIETZSCHE, F.: Más allá del Bien y el mal, trad. y notas de Andrés Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 1972, 118, p.101 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 345 ] modos. No hay, pues, homeostasis entre individuos, y es bueno que así sea, ya que una cosa que queda explicada deja de interesarnos 4 . Esta distancia que conjeturamos, se palpa en el texto mismo: Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera 5 Inmediatamente después: Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo 6 Acto seguido: Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador 7 Hasta el primer punto y aparte, encontramos tres oraciones más con el verbo “recordar”, como las primeras: con el sujeto omitido y en primera persona del singular. Sin embargo, es curioso que éstas últimas, en contraposición con las tres primeras, no incluyen “aclaraciones”. Al usar este término, hago referencia a la noción de distancia que venimos usando. Nótese cómo los paréntesis que acompañan al verbo “recordar”, imprimen una distancia entre el narrador y lo narrado: estilo indirecto, explicitado. Empezamos a ver más cosas, ahora ya no sólo aparecen Funes y el narrador (Borges), lo que antes explicitaba el afuera de la palabra “narrador”, ahora se ha 4 Íbid. 80, p.94. Este aforismo continúa: -¿Qué quería decir aquel dios que aconsejaba:"¡Conócete a ti mismo!"? ¿Acaso esto significaba:"¡Deja de interesarte a ti mismo! ¡Vuélvete objetivo!"? - ¿Y Sócrates?- ¿Y el "hombre científico"?- Creemos que Nietzsche se inspira en Goethe: ¡Conócete a ti mismo! ¿Qué quiere decir eso? Significa ¡sé tu mismo!, o acaso ¡no lo seas! No es más que un lema de los buenos sabios contradictorio en su brevedad ¡Conócete a ti mismo! ¿Qué saco yo con eso? Si logro conocerme, al punto debo irme Es como si, no habiendo llegado a un baile de disfraces, me quitara enseguida el antifaz (Citado en: SCHOPENHAUER, A.: El arte de conocerse a sí mismo, ed. & intro. & notas de Franco Volpi, trad. de Fabio Morales, Madrid, Alianza, 2008, Introducción, p.14) 5 BORGES, J. L.: “Funes el memorioso”, en Artificios, recogido en: Ficciones, Madrid, Planeta de Agostini, 1985, p.121 6 Íbid. p.121 7 Íbid. p.121 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 346 ] desligado: es el mismo Borges, como personaje, inmerso en los hechos referidos. Pero hay más, parece como si Borges nos invitase a escribir la lectura: Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes 8 Considero interesante la expresión el volumen que editarán ustedes. A primera vista, podemos decir que converge con la expresión de R. Barthes, y es que las lecturas (atentas) comportan subrayados, anotaciones (también artículos, libros, capítulos en éstos). Pero esto último, quizá nos llevara a considerar aquél texto como éxito autoproclamado, si bien de modo débil, pues editar es algo más que leer. Aunque, fuera de estas tentativas maliciosas, también podemos entender esos capítulos que editaremos como inscripciones que quedarán en nuestra memoria, como recuerdos; lo cual nos convierte también en testigos del texto: testigos cuyos testimonios serán, también, imparciales. De momento, seríamos Borges, el narrador, nosotros (yo), y Funes; por si fuera humilde el cuadrado, ahora añadimos un nuevo lado: el Funes que rememora Borges (el Funes referido) se bifurca, aparece también el Funes interlocutor. Como si no fueran bastante éstos cinco ángulos de visión, ahora aparece también el primo del narrador: un tal Bernardo Haedo. Por lo pronto, Funes no había empezado a hablar, Borges y el narrador le habían evitado la tarea; pero la cortesía tiene sus límites. Después de haber como insinuado su aparición, no sin elipsis tal vez, Funes hace acto de presencia: Bernardo le gritó imprevisiblemente:¿Qué horas son, Ireneo?Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro minutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona 9 Tras un punto y aparte, como quien despierta, interviene Borges: Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro 10 De nuevo la aclaración, de nuevo el paréntesis que se interpone entre lo sucedido y lo contado. Merece la pena destacarse que el primo del narrador, interviene como conciencia subsidiaria de éste: es quien recalcó los hechos, phármakon de la memoria. Así, una vez estimulada su atención: Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. 8 p.122 9 p.123. En el texto, cursivas y normales se muestran antitéticas respecto a nuestra cita. Invertimos su relación con el fin de no romper la continuidad de nuestra grafía 10 p.123 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 347 ] Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles 11 Este fármaco más bien parece inútil remedio, mejor no haber preguntado. No parece existir común acuerdo en quién sea Funes, no vale, con él, el sentido común. No se da con nadie, pero qué importa si siempre sabe la hora: estamos ante un individuo atento; aquéllos que hablen de él, incluso por experiencia propia, parecen condenarle a ser lo que no ha sido 12 . Aunque esta “conclusión” estaba implícita en la advertencia del narrador 13 , lo cual nos hace incurrir en circularidad. Por lo demás, estas condenas se hacen calvario y Bernardo vuelve a usar la técnica del anacronismo, esta vez acaso involuntario (o inconsciente 14 ): Los años ochenta y cinco y ochenta y seis veraneamos en la ciudad de Montevideo. El ochenta y siete volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el “cronométrico Funes”. Me contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores 15 Con Nietzsche de nuevo, recordamos que no existen hechos sino interpretaciones de hechos. Este tolerante aforismo no le habría gustado mucho a Funes, porque sus interpretaciones, como iremos desvelando, no son tales. Este señor no profesa el democrático arte de la pregunta, si acaso la petición cortés (que parodia los signos de interrogación). De vuelta al círculo, notemos cómo nuevamente se malinterpreta a Funes; Borges no vacila en decirnos que el hecho, en boca de su primo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Es bien sabido, que en los pueblos pequeños todo el mundo se conoce. Este dicho, en tanto tópico, no es del todo correcto, a menos que sólo seamos rumores. Lo cierto es que Funes, parece que verificó un rumor, supo que Borges había iniciado el estudio del latín. Anteriormente hemos insistido en que el hablar sobre Funes, no era sino tergiversarlo, ya se nos avisaba de que recordar es un 11 Íbid. p.123 12 Décadas antes, Nietzsche decía: Hablar mucho de sí mismo es también una forma de ocultarse. (NIETZSCHE, F.: 1972, 169, p.110) Asimismo, Pessoa, no en vano mucho más nihilista, escribe que hablar es tener demasiadas consideraciones con los demás (PESSOA, F.: Libro del desasosiego, trad. de Ángel Crespo, Barcelona, Seix Barral, 1986, p.65) Insinuamos una tríada de soledades, únicamente convergentes en el texto, el tertium quid sería Funes. 13 Ver texto citado (nota 7) 14 Parafraseamos aquí una expresión de Borges presente en “Pierre Menard, autor del Quijote” (BORGES, J. L.: p.59) 15 Íbid. p.124 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 348 ] verbo sagrado. Pero Funes es un nombre propio, exclusivo, tiene autoridad para referir hechos. Máxime si fue él mismo quién participó: No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, “del día siete de febrero del año ochenta y cuatro”, ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo año, “había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingó”, y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario “para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín”. Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, j por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo 16 . Obviamente, esta memoria anómala, no podía tener sino un anómalo sentido del tiempo: las expresiones “todavía ignoro el latín” (entrecomillada) y la promesa (sagrada) de devolverlos en buen estado e inmediatamente, denotan que el sentido del tiempo es, en Funes, distinto. De nuevo la distancia, de nuevo la sincronía (desde fuera) insoportable: No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat, y la obra de Plinio 17 Sin duda, para ojos comunes la tarea de Funes requeriría lo propio de las cosas valiosas: tiempo y esfuerzo. Ambas cosas serán desmentidas, y Funes se librará del pretendido desengaño, implícito en el envío… Aproximadamente una semana después, accidentalmente, el narrador (Borges) tuvo que pedirle que le devolviera los libros. Al llegar a su casa, no sin ciertas mediaciones debidas al recibimiento de la madre de Funes, y la (casi) absoluta falta de iluminación, el narrador terminó por descifrar (sólo después de la infinita conversación) las palabras de Plinio: ut nihil non iisdem verbis redderetur auditum. Como justificando su prematura e inesperada visita (así como la narración de la misma), se nos dice: Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al más difícil punto de mi relato. Este (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo 16 Íbid. p.124-5 17 Íbid. p.125 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 349 ] de hace ya medio siglo. No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche 18 Nuevamente la distancia, explicitada claro está. Ahora, se nos alerta del argumento del relato, ya antes se nos dijo su ser. El texto de Plinio ya aparecía como auctoritas para las posteriores tergiversaciones, las cuales van a identificarse como tales: de ahí las preferencias que nos advierte nuestro autor, de ahí que se nos invite, se nos anime, en una suerte de petición débil, a participar en el relato. Esto último, no tiene nada que ver con una orden o una súplica. 3. Complicada amistad Quien es radicalmente maestro, dice Nietzsche, no toma ninguna cosa en serio más que en relación con sus discípulos, - ni siquiera a sí mismo 19 . Por el momento, la figura de Funes no parece acomodarse a este aforismo. En efecto, se nos ha presentado a un Funes más bien huraño, cimarrón (según Pedro Leandro Ipuche). No obstante, el maestro, ahora fuera del aforismo, no siempre es fácilmente digerible, ni como persona, ni como docente (asociado o no a parámetros institucionales). Hay, quizá, una cierta conciencia iluminada en la figura del maestro, parece ser una denominación que otorga respeto, una etiqueta que es algo más que etiqueta. El maestro, por tanto, pudiera verse casi como una figura un tanto sagrada, que sólo se desacraliza allá dónde el discípulo comete el parricidio. Y esto último, que debiera ser inevitable, es precisamente imposible con Funes, como veremos. Ya hemos venido insinuando la polifonía inmanente, quizá, al texto. En uno de sus poemas, Borges ensaya esta polifonía. En el individuo, por ejemplo, valgan estos versos: (…)¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema? 20 En un soneto, de los dos dedicados a Spinoza, se dice: 18 Íbid. pp.126-7 19 NIETZSCHE, F.: 1972, 63, p.91 20 http://www.youtube.com/watch?v=RVF6t_hLWpg (12.5.2011) Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 350 ] (…)No lo turba la fama, ese reflejo de sueños en el sueño de otro espejo, ni el temeroso amor de las doncellas 21 Si aunamos ambos versos, creo que puede decirse el presente relato se juega dentro de una sola sombra (un solo espacio), pero con una pluralidad de yoes, de voces. Reducir la sinfonía al director (a la batuta) habría sido empobrecedor, cruel para con Funes. Respecto al soneto Spinoza, cabe tergiversarlo y decir que sugiere la idea de un tiempo circular (eternidad), no obstante, huelga decir que la representación temporal de esa eternidad es la simultaneidad de la expresión de Dios 22 . Pasando, de nuevo, a nuestro análisis, creemos que éste no inserta una concepción lineal del tiempo. Antes bien, se trataría de un tiempo circular: nada que ver, por tanto, con sucesiones temporales. Si hasta ahora, el narrador ha jugado con el tiempo (con los tiempos), en adelante el juego linda con la parodia. Sin duda, existe humor intelectual en Borges, textos dadivosos los suyos. Tendríamos que volver allá por el momento en que se accidentó Funes. Casi por una grata ironía, la minusvalía que hubiera de tocarle, le convirtió en el más válido, en el más agradecido contemplador. Funes, aun siéndolo potencialmente, devino en la antítesis encarnada del epíteto, en virtud del cual, nihil novum sub solem 23 . Obviamente, con ello no pretendo defender la virtud de la minusvalía, lo cual sería ya una broma macabra. Pero sí es interesante señalar, la paradoja que supone que el quedarse minusválido suponga un aumento de potencia consciente, una atención desmedida al acontecer, una, por qué no, declaración de amor a los fenómenos. 4. Análisis y sinopsis Refiriéndose a lo que años antes había llamado estilo barroco 24 , Borges comenta que sólo las palabras que pertenecen al idioma oral son las que tienen 21 http://www.youtube.com/watch?v=hB4sDgiz9CY (12.5.2011) 22 La anterioridad en Spinoza no apunta hacia un sentido temporal del tiempo, no se trata de que la Substancia aparezca antes que el modo. Se trata de una anterioridad ontológica, del mismo modo que la premisa es anterior a la conclusión, pero ésta está contenida en aquélla. 23 Íbid. p.124: Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en .la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la contemplación de un oloroso gajo de santonina 24 Yo diría que Barroco es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que colinda con su propia caricatura (…) yo diría que es barroca la etapa final de todo arte, cuando éste exhibe y dilapida sus medios. El barroquismo es intelectual y Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 351 ] eficacia, sería, por tanto, un error suponer que todas las palabras del diccionario pueden usarse. Más tarde, añade que (también) es un error escribir con el diccionario. Ahora bien, continúa, posiblemente hay palabras que son comunes para mí y no lo son para otros: cada grupo humano tiene su dialecto (…), pero en fin [repite el mismo argumento], pero en fin… 25 . No obstante, aun no usándose, esto es: a pesar de que haya palabras y expresiones en des-uso, siguen en el registro de la historia, bien sean, por ejemplo, arcaísmos (o ciertas formas de pedantería consentida). La cuestión es que la comunidad lingüística no es homogénea. Qué duda cabe, si coexisten varias generaciones, diversas ciudades, inconmensurables barrios 26 . Apliquemos un ejemplo que considero revelador. El te quiero del sexagenario tiene (casi) nada que ver con el te quiero emitido por el adolescente. Para éste, aquélla expresión es demasiado seria; para aquél, probablemente comporte un uso frívolo del lenguaje: ¡Deben tener mucha prisa estos legos! Perdóneles, gramática, no saben lo que dicen. Recuperamos la noción de distancia, sería conveniente, a estas alturas, señalar que tal instancia opera meta-teóricamente; las demás instancias hermenéuticas son deudoras de ésta. Tras reproducir Funes, con perfecta exactitud y traducir al español todos los casos de memoria prodigiosa citados por Plinio, nos dice el narrador: Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles 27 . Bernard Shaw ha declarado que toda labor intelectual es humorística (BORGES, J. L.: Historia universal de la infamia, Madrid, Alianza, 1981, p.9) 25 http://www.youtube.com/watch?v=VwhLrAq0Z3c ; (14.5.2011) 26 Nadie cometa la imprudencia de confundir al cabeza del barrio x con el cabeza del barrio y. Aquí cada uno busca su singularidad, y no tolera la falta de finura analítica… 27 Íbid. p.127. Subrayamos, especialmente el primer enunciado. Creo detectar dos convergencias: Camus por un lado, Pessoa por otro. Respecto al francés, en un brevísimo texto, nos dice: El ciego que sale de noche entre la una y las cuatro con otro amigo ciego, porque están seguros de no encontrar a nadie en las calles. Si encuentran un farol pueden oír a sus anchas. Ríen. Mientras que de día está la piedad de los otros que les impide reír (CAMUS, A.: Carnets. Mayo de 1935- Febrero de 1942, trad. de Eduardo Paz Leston, Buenos Aires, Losada, 1963, p.76) Por su parte, el portugués polifacético comenta que: Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, me he quedado, como otros de la orilla de las gentes, en esa distancia de todo a que comúnmente se llama la Decadencia. La Decadencia es