scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Fauna del río Guadalete

Encina Encina, Lourdes; Rodríguez Ruiz, Amadora

Full text

98 Río Guadalete El pronunciado desnivel en la cabecera del río hace que la fuerza del caudal del tramo alto, comprendido entre su nacimiento y aguas abajo de Grazalema, sea muy intensa; por otro lado la variabilidad del régimen hidrológico tanto en el ciclo estacional como interanualmente confieren a este tramo una estabilidad ambiental muy baja. Ambos factores hacen que la diversidad de organismos en este sector sea muy baja. Pasado este primer tramo, la pendiente del río se suaviza y el río comienza a cobrar todo su esplendor de riqueza de ambientes y especies, con alternancia de pozas y rápidos y orillas bien desarrolladas. A medida que descendemos en el río, la estabilidad se va incrementando, al ir amortiguando el propio sistema la variabilidad e impredecibilidad ambiental. A partir de Puerto Serrano el río ofrece a sus habitantes grandes pozas de elevado volumen y ambientes idóneos y más estables, con mayor capacidad para amortiguar las fluctuaciones de caudal. Desde la Junta de los Ríos hasta El Portal se abre la vega del río, que discurre hasta la sierra de San Cristóbal, a partir de la cual comienza el estuario y da lugar a una gran marisma por la que el río discurre hasta su desembo- Un ambiente difícil El «río del Deleite», según traducción del árabe, o río Guadalete, que desde siempre ha dado vida a la provincia de Cádiz «bañando sus fértiles vegas y campiñas», es un río de régimen fluvial mediterráneo, caracterizado por su torrencialidad en otoño e invierno y su extremado estiaje de verano, lo que da lugar a fuertes y en muchos casos impredecibles fluctuaciones del caudal, tanto intranuales como interanuales. El efecto que la irregularidad de las precipitaciones y, por ende, del caudal del río tiene en las características estructurales de cada uno de sus diferentes tramos, con sus peculiaridades geomorfológicas, y en la permanencia de agua en los mismos, determina la biodiversidad y estructura de la fauna acuática que vive en su seno. Desde las zonas más fluctuantes de la cabecera hacia las menos variables de los tramos inferiores, la sucesión de ambientes lleva asociada un gradiente de estabilidad que marcará la historia evolutiva de los organismos que constituyen sus comunidades y asociaciones típicas, fruto del ajuste de éstos al medio, y que otorga a los mismos su persistencia en el escenario evolutivo de este río. Fauna del río Guadalete Lourdes Encina Encina y Dora Rodríguez Ruiz Tramo medio del cauce del río Guadalete. Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz.Tramo del curso alto del río Guadalete. Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. 99 Naturalezas especies que encontramos en los diferentes tramos y, dentro de ellos, en cada uno de sus hábitats. Cuanto mayor número de hábitats, mayores serán las posibilidades de colonización, y por lo tanto, de la diversidad de especies. Del mismo modo que en la sociedad humana, cuanto más desarrollada es ésta, mayor es el número de especialidades laborales posibles de mantener, y en la naturaleza ocurre algo parecido; cuanto más desarrollado es el ecosistema, mayor es la diversificación de grupos funcionales que trabajan en el mismo: filtradores, raspadores, organismos que comen otros organismos y éstos a su vez son comidos por otros y así sucesivamente, de tal manera que cada elemento tiene su cometido y nada se desaprovecha, otorgando en su conjunto a la cuenca su máxima eficacia biológica. La riqueza ecológica que caracteriza la fauna acuática del Guadalete es enorme. Numerosas especies de insectos, moluscos, crustáceos, anfibios, reptiles, peces e incluso nutrias pueblan sus aguas, ricas en endemismos y de elevado valor biogeográfico. La comunidad de organismos que caracteriza los tramos alto y medio del río es típicamente béntica (asociada al lecho del cauce). Los productores primarios, cuando llegan a desarrollarse, son algas adheridas a las rocas (el perifiton), que acompañadas de la vegetación riparia de las orillas y de la materia orgánica alóctona que abastece las aguas, sostienen la cadena trófica que se desarrolla a partir de la energía que éstos proporcionan. El segundo nivel trófico está dominado por los macroinvertebrados acuáticos. Estos son un grupo heterogéneo de animales, cuyo tamaño en sus últimos estados de desarrollo oscila entre los 2 y los 5 mm, y que incluye lombrices de agua, cadura en la bahía de Cádiz, de incalculable valor ecológico por su riqueza de ecosistemas y la gran abundancia y diversidad de especies, entre moluscos, crustáceos, peces y aves acuáticas. La punta del Boquerón, lengua de dunas y marismas que se adentran en el océano Atlántico, constituye el final del estuario, confluencia entre río, mar y tierra que despide al río con una gran abundancia de vida, conformando el Parque Natural Bahía de Cádiz, un gran humedal compuesto básicamente por las marismas transformadas en salinas, muchas de las cuales están dedicadas a la acuicultura. Una fauna rica y diversa El río Guadalete alberga una fauna de excepcional valor ecológico. El aislamiento de la cuenca ha dado lugar al aislamiento de las poblaciones de organismos que viven confinadas en sus aguas, principalmente especies de macroinvertebrados cuyos ciclos de vida se desarrollan en su totalidad en el agua dulce y las especies de peces estrictamente continentales. Estas poblaciones aisladas constituyen lo que en ecología se conoce como «Unidades Evolutivas Significativas», es decir, poblaciones que forman un linaje independiente, sometidas a un devenir evolutivo exclusivo, en este caso el del río Guadalete. Esta isla hidrográfica para la fauna acuática continental que es el Guadalete es, por otro lado, ambientalmente muy heterogénea desde la cabecera a la desembocadura, lo que marcará a su vez la distribución, diversificación y coexistencia de las Muestras de la diversidad de macroinvertebrados acuáticos del Guadalete: plecópteros y frigáneas o tricópteros. Fotos: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. 100 caracoles, moluscos, y muchos grupos de insectos: efímeras, moscas de las piedras o plecópteros, frigáneas o tricópteros, chinches y escarabajos acuáticos, libélulas, etc. Estos organismos están adaptados a vivir en ambientes en los que la corriente puede ser muy elevada, aunque muchas de las especies también necesitan aguas oxigenadas, de ahí que los encontramos en estas zonas altas del río. Habitan sobre todo en el fondo, adheridos al sustrato, entre los espacios intersticiales de las rocas o semienterrados en los sedimentos blandos; otros construyen «casas» con piedrecitas, ramitas u otros materiales, donde viven a resguardo de la corriente; pero también, aunque en menor medida, se distribuyen por la columna del agua e incluso por la película superficial de la misma. Sólo en el tramo alto del río Guadalete se han identificado casi 250 taxa de macroinvertebrados, algunos como nuevas especies para la ciencia y otros primeras citas para España y el continente europeo. A partir del tramo medio la diversidad de especies de macroinvertebrados desciende, desapareciendo muchos grupos o reduciendo sus efectivos poblacionales (moluscos, plecópteros, frigáneas y odonatos). Por el contrario otros se hacen dominantes, como las larvas de determinados insectos, entre las que destacan las de los dípteros, entre ellos los molestos mosquitos. Frente a la gran diversidad de macroinvertebrados que habitan las aguas del Guadalete, la fauna piscícola es muy poco diversa, especialmente si tenemos en cuenta sólo las especies netamente continentales (dulceacuícolas). Además de los peces, el escalón de los depredadores secundarios en la cadena trófica ripícola está compartido por varias especies de anfibios (salamandra, sapo común y rana común), reptiles (culebras y el galápago leproso) y la nutria. Los peces son, dada su posición en la cadena trófica del río y su gran movilidad, los elementos clave en el funcionamiento ecológico del Guadalete. Interactúan con el resto de organismos con los que coexisten a escalas espaciales y temporales más amplias, lo que les otorga un papel integra- Río Guadalete Especies de anfibios y reptiles del Guadalete: rana común, culebra y galápago leproso. Fotos: J. M. Escapa García; L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. La nutria Las nutrias son los grandes depredadores del río Guadalete y aún viven en los tramos alto y medio. Estos mustélidos presentan un comportamiento parcialmente territorial, una dieta basada casi exclusivamente en presas acuáticas, principalmente peces y cangrejos, y suelen ocupar largos tramos de río. Como la mayor parte de los carnívoros tienden a marcar sus territorios con excrementos y otras señales, que depositan en lugares característicos, lo que les permiten ser identificados por otros individuos que transiten por su espacio vital. En el río Guadalete la podemos encontrar desde el tramo alto al medio-bajo, incrementando la densidad en las zonas en las que la vegetación de orillas está dominada por tarajes y adelfas, y en los que la biomasa íctica es mayor y los peces de mayor tamaño. El hábitat típico de la nutria en la cuenca del Guadalete consiste en un curso de agua estrecho, con una corriente moderada o baja, leve pendiente, con orillas cubiertas en más del 50% por vegetación de ribera y situados a una altitud normalmente por debajo de los 300 m sobre el nivel del mar. Nutria, que se encuentra desde los tramos alto al medio-bajo del Guadalete. 101 cambia drásticamente, pasando a ser los cachuelos la especie menos abundante, y aumentando la talla media de barbos y bogas. Tampoco dentro de cada tramo los peces se distribuyen homogéneamente, sino que tienden a agregarse en función de sus preferencias de hábitat. Mientras que en determinados lugares del río encontramos gran cantidad de peces, en otros apenas hay. En los tramos más altos los peces se suelen concentrar en las zonas de pozas, pese a ofrecer estos hábitats menor diversidad de recursos alimenticios, pues en ellas encuentran refugio frente a la corriente y especialmente frente a la depredación, ya que en las zonas más someras de los rápidos son fácilmente detectables, mientras que en la sombría profundidad de las pozas son menos visibles. Por el contrario, en los tramos en los que el agua ya es más remansada y turbia encontramos los peces en zonas de profundidad media, tras los rápidos o incluso en los mismos rápidos, donde el alimento es abundante. El barbo es la especie más abundante del Guadalete. Se distribuye en todo el eje longitudinal de la cuenca, desde la cabecera a la desembocadura. Este pez de aspecto hidrodinámico, caracterizado por sus barbillones bucales, órganos táctiles que usa para detectar sus presas en el lecho del río, es el que alcanza las mayores tallas y el que aporta la mayor biomasa de peces al río; es por ello que se puede considerar una especie clave en el ecosistema, ya que su disminución o desaparición tendría consecuencias relevantes en el funcionamiento ecológico del río, afectando a otras especies que integran su fauna acuática y, en definitiva, a la biodiversidad fluvial. La boga es una especie con tendencias gregarias, especialmente durante la reproducción. Se caracteriza por dor en el funcionamiento y estructuración del medio acuático. La pobreza de especies de peces del río Guadalete se debe tanto a factores históricos y biogeográficos, entre los que destaca el pequeño tamaño de la cuenca y su aislamien- to, como a las características hidrológicas y ambientales del río. A esta pobreza natural originaria de la cuenca hay que sumar la pérdida histórica de especies debida a las diferentes actuaciones del hombre sobre el río y que han llevado a que en la actualidad la diversidad de especies nativas de la cuenca sea aún menor en todos sus tramos. En los tramos alto y medio subsisten aún cuatro especies nativas, todas de la familia de los ciprínidos: barbo gitano (Luciobarbus sclateri), boga (Pseudochondrostoma willkommii), cachuelo o bordallo (Scualius pyrenaicus) y colmilleja (Cobitis taenia). A ellas se sumaban hasta la década de los 80 del siglo pasado anguilas (Anguilla anguilla) y pejerreyes (llamados también peje o pez de rey, Atherina boyeri), la primera una especie migradora que comparte su ciclo de vida entre el mar, donde se reproduce, y el río, donde crece, y la segunda una especie marina de las que penetran habitualmente en los ríos y que quedó atrapada tras la construcción de los embalses. La distribución de estas especies en el río no es homogénea, sino que presentan un marcado gradiente desde la cabecera a la desembocadura. En los tramos situados a mayor altitud predominan los cachuelos, de pequeño tamaño pero muy abundantes, seguidos de bogas y barbos, en general con dominio de ejemplares jóvenes, igualmente pequeños. En el mismo tramo alto, inmediatamente tras el descenso de la altitud del río, la pendiente ya no es tan brusca y el medio se hace más estable, la dominancia de especies Naturalezas Poza y rápidos en el curso del río Guadalete. Fotos: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. 102 El cachuelo o bordallo se distribuye casi exclusivamente en los tramos de cabeceras. Este pequeño pez, de no más de 30 cm, es el más depredador de los cuatro; se alimenta de macroinvertebrados y es muy voraz, llegando incluso los más grandes a consumir larvas de peces. Al igual que la boga está catalogada como vulnerable debido a su precaria situación actual. La colmilleja presenta una distribución irregular a lo largo del tramo medio. Estos pequeños peces de cuerpo alargado viven asociados al fondo del lecho fluvial y se distribuye preferentemente en zonas arenosas y con abundantes algas, hábitats comunes en las zonas medias y bajas su peculiar labio inferior córneo, que utiliza para raspar las algas adheridas en los sustratos del río. Su abundancia tiende a disminuir desde la cabecera a la desembocadura, debido a ser ésta una especie con requerimientos de calidad ambiental mucho más exigente que el barbo. Actualmente está catalogada como vulnerable, a consecuencia de la progresiva pérdida de sus poblaciones en el río. La presencia cada vez mayor del alburno (Alburnus alburnus), especie exótica invasiva recientemente introducida de forma ilegal, está poniendo en peligro incluso la población de bogas del tramo más alto del río, en pleno Parque Natural Sierra de Grazalema. Río Guadalete Barbo gitano (Luciobarbus sclateri). Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. Cachuelo (Scualius pyrenaicus). Boga (Pseudochondrostoma willkommii). Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. Colmilleja (Cobitis taenia). Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. Trucha arcoíris (Onchorrincus mykiss).Trucha común (Salmo trutta). 103 vida entre el río y el mar) hace que la diversidad de peces aumente en relación a los tramos alto y medio. A este tramo final han quedado en la actualidad confinadas las especies migradoras que no pueden remontar las barreras creadas por el hombre (azudes y presas), como la anguila, así como las especies típicamente estuarinas, que han visto igualmente reducida su distribución hasta la que es la última barrera del río, el azud de El Portal. De las especies del Guadalete. Ha sido citada desde el tramo de Algodonales en el Guadalete hasta la Junta de los Ríos, confluencia con el Majaceite, su principal tributario, así como en tramos más bajos. Esta especie también está catalogada como vulnerable, aunque su situación es mucho peor que la de bogas y cachuelos, lo que la situaría en un estado de conservación más acorde con su inclusión entre las especies en peligro de extinción. Parece ser que hasta el siglo xix hubo truchas (Salmo trutta) en la cuenca del Guadalete; así, en un libro de de Abel Chapman y Walter J. Buck de finales del siglo xix podemos leer: «Después de atravesar los picos gemelos de las Dos Hermanas, seguimos el curso del Majaceite, cuyas rápidas aguas, rodeadas de espléndidas adelfas, daban la sensación de contener más truchas que cualquier otra de estas sierras». Algunos años antes también Joaquín Portillo hablaba en sus crónicas de la existencia de truchas en el río, en este caso en tramos mucho más bajos: «Tan antiguo río abunda en grandes sábalos o trisas, cogiéndose un año con otro 6.000 con velos y zarampañas y con el tablonazo, que ponen en el molino del Puente de la Cartuja: a más, cría la delicada y sabrosa trucha; la cabezuda lisa; el gustoso aunque espinoso barbo; la larga, ligera y delgada anguila; el suave, sano y sumamente blanco albur; y la poca espinosa boga, con que, infinitas ocasiones, suplen la falta de pescados, que niega el mar, en sus grandes alteraciones y temporales». Actualmente no existen poblaciones naturales de esta especie, sino que se mantienen mediante introducciones periódicas con fines piscícolas, especialmente con su equivalente foráneo, la trucha arcoíris (Onchorrincus mykiss). En los arroyos y caños del tramo bajo y el estuario del río sobrevive la que sin duda es la especie más amenazada de la cuenca, el salinete (Aphanius baeticus). Este pequeño pez, de menos de 5 cm, que hasta hace poco se citaba como fartet (Aphanius iberus) y que los estudios genéticos confirmaron como una nueva especie, se halla en peligro crítico de extinción. Pese a estar adaptado a vivir tanto en aguas dulces como salobres requiere de hábitats muy específicos, con unos requerimientos ecológicos muy estrictos que le obligan a ocupar ambientes muy precisos y escasos. Al parecer entre las razones de su distribución marginal está el hecho de que esta especie no tolera bien la presencia de otros peces, especialmente de aquellos de tamaño medio y grande, potenciales depredadores, y a sus competidores. La incorporación de las especies estuarinas en el tramo final del río, tanto especies de tolerancia salobre como especies diadromas (aquéllas que comparten su ciclo de Naturalezas El salinete El salinete o fartet andaluz toma su nombre, Aphanius baeticus, de Baetis, nombre del río Guadalquivir durante el Imperio romano. Como la mayoría de los Ciprinodóntidos, tiene un acusado dimorfismo sexual. Los machos son azulados, con gran cantidad de bandas transversales plateadas. Las hembras son de color grisáceo, con grandes manchas negras de forma irregular a lo largo y a ambos lados de la línea lateral. Es un pez típicamente eurihalino. Aguas someras, generalmente con elevada cobertura de vegetación acuática, alta salinidad e incluso valores extremos de pH y temperatura, además de ausencia o escasa abundancia de otras especies de peces, son las características más distintivas de su hábitat preferente, lo que explica lo reducido de su distribución. Aunque su distribución es típicamente estuarina, en ocasiones se desplaza más al interior, alejado de las zonas que le son más acordes en función de la presencia de otras especies de peces. Salinete (Aphanius baeticus), ejemplares macho y hembra. Fotos: Doadrio, Carmona y Fernández-Delgado; L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. 104 gambusia (Gambussia holbrooki), introducciones habituales en la mayoría de las aguas epicontinentales españolas en las últimas décadas del siglo xx. A éstas se suman alburnos, la de aparición más reciente como ya se ha comentado. La gran capacidad de dispersión y crecimiento poblacional de esta última especie hace de ella una auténtica plaga invasiva en los ecosistemas acuáticos en los que aparece. Tampoco el tramo bajo se ha librado de la invasión de especies foráneas, como es el caso de la especie conocida localmente como piraña (Fundulus heteroclitus), que ha tenido un marcado efecto negativo sobre las poblaciones de salinete. No sólo peces, sino también otras especies exóticas invasivas, como el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), el galápago de Florida, con dos subespecies (Trachemys scripta elegans y T. s. scripta) y la tortuga del Misisipi (Graptemys kohnii) han sido introducidas en la cuenca, causando un perjuicio irreparable en la fauna nativa. Estrategias de vida «hechas a medida» del río El carácter fluctuante del río, especialmente en los tramos alto y medio, configura las características principales del ciclo de vida de sus principales especies, así como el de las asociaciones que forman. Lo primero que habría que destípicas de este tramo, lampreas (Petromyzon marinus), sábalos (Alosa alosa), sabogas (Alosa fallax), anguilas y pejerreyes están catalogadas como vulnerables. A estas acompañan otras especies, en su mayoría marino-depen- dientes, que pasan algunas fases de su ciclo vital en la marisma, pero que retornan al mar para la vida adulta. Se reproducen cerca de la costa y utilizan los caños y esteros de la marisma como zona de cría de sus juveniles. Al menos 48 especies de peces constituyen la ictiofauna natural de estados juveniles presente en los caños, esteros y salinas del estuario; entre ellas doradas (Sparus aurata), robalos (Dicentrarchus labrax), bailas (Dicentrarchus punctatus), lenguados (Solea senegalensis) y las varias englobadas bajo el nombre de albures, y que comprende diversas especies de liza (alburejo, Liza aurata; alburillo, Liza ramada; zorreja, Liza saliens), serranillos (Mugil cephalus), y lisetas (Chelon labrosus), que en conjunto constituyen casi el 100% de la abundancia y biomasa de peces del estuario. Junto con las especies nativas, el Guadalete está poblado por especies de peces exóticos, introducidos por motivos diversos y que principalmente, a excepción de la trucha (trucha arcoíris, Oncorhynchus mykiss), ocupan las aguas embalsadas y los tramos bajos, más remansados y con escasa o nula corriente. Entre éstas tenemos carpas (Cyprinus carpio), la de aparición más antigua de todas; black bass (Micropterus salmoides), pez sol (Lepomis gibbosus) y Río Guadalete Anguila (Anguilla anguilla). Ilustración: A. M. Arias García. Pejerrey, o peje o pez de rey (Atherina boyeri). Ilustración: A. M. Arias García. Carpas (Cyprinus Carpio), la especie exótica de más temprana introducción en el Guadalete. Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. Cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes) y cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), especie exótica invasora. Fotos: Archivo CMAOT. 105 cias de alguna de ellas, variable en función de las características hidrológicas de cada tramo. A nivel de organismo, las especies muestran una llamativa convergencia en los aspectos fundamentales de su ciclo de vida (crecimiento, reproducción y alimentación), caracterizado por estrategias de tipo oportunista, desarrolladas evolutivamente como única opción de persistir en un ambiente tan cambiante como es el Guadalete. Son especies de vida corta, elevada fecundidad, temprana edad de maduración sexual, con periodos de reproducción dilatados en el tiempo y reproducciones múltiples; con ello maximiza el número de reproductores, así como el número de descendientes con el que recolonizar el río tras las perturbaciones. La alimentación es muy generalista, lo que les permite ajustarse a la variabilidad de los recursos del medio. Además, crecimiento y reproducción se sincronizan en el tiempo con los periodos de mayor producción y estabilidad ambiental, la primavera y el verano, optimizando tacar es que la asociación de peces que encontramos en las distintas zonas es mucho más simple que la que se puede desarrollar en ambientes más estables; sin embargo, ésta es mucho más resistente, entendiendo por resistencia su capacidad de volver a su estado original tras las perturbaciones, en este caso debidas fundamentalmente a las fluctuaciones de caudal. Durante las riadas la elevada velocidad de la corriente desorganiza las asociaciones, que se vuelven a estructurar durante los periodos de estabilidad. De esta forma las poblaciones de peces y sus asociaciones están constantemente organizándose y desorganizándose en función del régimen hidrológico estacional (riadas vs. sequías). Otras características distintivas de estas asociaciones, además de su baja diversidad, es la escasa interacción, como competencia o depredación, entre las especies que la conforman, así como formar cadenas tróficas cortas y poco eficientes pero muy robustas. La baja biodiversidad de especies se acompaña además con marcadas dominan- Naturalezas Especies foráneas Entre las especies foráneas que viven en el río, las carpas, de origen asiático, son las de introducción más antigua, de época romana. Las restantes son introducciones más recientes, de mediados del siglo pasado y principios de éste; unas con fines claramente piscícolas, como la trucha arcoíris o el black bass, especies muy codiciadas para la pesca deportiva; otras como pez-pasto para las especies exóticas depredadoras de interés para la pesca deportiva, como es el caso del alburno; y otras por otros motivos o simplemente por un mal entendido sentido de la conservación animal, como ocurre con las especies procedentes de la acuariofilia, como por ejemplo el pez sol. Black bass, pez sol y trucha arco iris, las tres de origen norteamericano, son especies depredadoras, muy voraces, y constituyen una gran amenaza para las especies nativas, especialmente para las especies pequeñas, como colmillejas y cachuelos, e igualmente para las etapas alevines y juveniles de otras que parecen menos vulnerables, si solo consideramos su porte adulto, como barbos y bogas. También son depredadoras la gambusia y la piraña, igualmente de origen norteamericano, especies que por su distribución más asociada al curso bajo del río, se cuentan entre las razones de la actual situación del salinete, con la que podría haber mantenido una severa competencia por el hábitat que comparten. La de más reciente aparición, el alburno, conocido como «sardina de agua dulce» y oriundo de Europa, se caracteriza por el crecimiento explosivo de sus poblaciones; catalogada como especie exótica invasora, podríamos considerarla por su abundancia como una plaga en los ecosistemas acuáticos donde se introduce, como es el caso del Guadalete, donde ya ha alcanzado la cabecera del río, en pleno corazón de Grazalema. Black bass (Micropterus salmoides). Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. Alburno (Alburnus alburnus), conocido también como «sardina de agua dulce». Piraña (Fundulus heteroclitus). Ilustración: A. M. Arias García. 106 recorren mayores distancias (potamodromía), si bien la acusada fragmentación del río, con barreras infranqueables, ha dado lugar a que las poblaciones de los distintos tramos entre barreras se comporten independientemente, perdiéndose la conectividad y por tanto el flujo genético entre las mismas. En la primavera barbos y bogas inician el ascenso a las zonas altas del río para frezar. Remontan buscando la cabecera del río, con hábitats más idóneos para el alevinaje, y tras la freza retornan río abajo. A veces, en años secos, los individuos que llegan para reproducirse mas tardíamente encuentran que el cauce se ha secado mucho impidiendo su retorno, quedando atrapados en las pozas estivales que jalonan como un rosario la cabecera durante el periodo estival, donde sobreviven —o no, dependiendo de lo severo que sea el estío— hasta el siguiente periodo de lluvias, que normalmente acontece a principios de otoño. de este modo la explotación temporal de producción del ecosistema e incrementando así la probabilidad de supervivencia frente a la fluctuación ambiental. En general, las poblaciones de peces del río suelen ser bastante sedentarias, es decir, tienden a ocupar una determinada zona del río, desplazándose por ella en labores de alimentación y para buscar refugio. Existe sin embargo un patrón de desplazamiento de vaivén en el eje longitudinal del río asociado a los periodos de grandes avenidas, en el que los individuos son arrastrados aguas abajo y se van refugiando en aquellas zonas donde pueden encontrar cobijo, en pozas y remansos. Una vez pasados estos episodios y cuando el río recupera su normalidad, los peces remontan el curso del río y acontece una recolonización de los tramos superiores. Estacionalmente barbos y bogas presentan, además de estos movimientos de recolonización del río, desplazamientos con fines reproductivos en los que Río Guadalete Migración reproductiva, Bornos y Zahara Como en la mayoría de los peces teleósteos, los ciclos reproductivos de barbos y bogas están basados en una periodicidad anual. Este fenómeno es típico de los peces de agua dulce de zonas templadas, donde los hábitats están dominados por ciclos anuales de variables ambientales tales como longitud del día, la temperatura y la disponibilidad de alimento. Muchas especies realizan durante el periodo reproductivo desplazamientos en el río, generalmente aguas arriba, buscando zonas adecuadas para la freza. Estas migraciones reproductivas están muy bien documentadas para el barbo y la boga en el río Guadalete. Como en la actualidad el río está completamente fragmentado por azudes y embalses, la migración tiene lugar entre cada tramo aislado, hasta encontrar la siguiente barrera. Así, por ejemplo, los peces del embalse de Bornos ascienden por el río hasta el azud de El Indiano, 20 km aguas arriba; mientras que los que salen del embalse de Zahara, el más alto en la cuenca, remontan el último tramo natural del Guadalete, su cabecera, en pleno Parque Natural Sierra de Grazalema. Desde febrero a junio, dependiendo de la especie y el embalse, los peces suben cada uno de estos tramos en busca de zonas de aguas claras, bien oxigenadas y de fondos con arena, grava, o con vegetación abundante donde realizan las puestas. La variable ambiental que actúa como detonador del proceso es la temperatura. Lo más destacable es que este movimiento migratorio de barbos y bogas no está solapado ni en el espacio ni en el tiempo, sino que es un proceso escalonado de forma que existe una segregación entre las especies en el uso del medio, lo que les otorga ventajas adaptativas frente a la explotación de los recursos y evita al máximo la posibilidad de competencia y de hibridación. Tras el desove, los peces retornan a los embalses, siempre que el año hidrológico lo permita. Barbos remontando el río. Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz. 113 Naturalezas implica conservar la calidad química de los medios acuáticos, sino la conectancia de los pasillos de intercambio entre áreas; restaurar las zonas degradadas y sumideros de poblaciones, así como defender los cauces y los caudales naturales del río. La exclusividad de la fauna del Guadalete, columna vertebral de la provincia de Cádiz, debería ser razón más que suficiente para que su conservación y total recuperación siguiera siendo objetivo prioritario de científicos, políticos, gestores y usuarios de sus parajes y rincones, únicos en Andalucía. El buen estado ecológico, tal como indica la dma, es una expresión del funcionamiento integral del sistema fluvial en cuanto a la calidad de las aguas, del ecosistema y de su hidromorfología. El problema, por tanto, no está enfocado sólo a los peces, es el ecosistema en conjunto el que sigue amenazado y el que debe ser objeto de conservación y protección. De nada valdría invertir en programas de recuperación de especies nativas, o en programas de erradicación de las exóticas, si previamente no existen otros de recuperación integral del hábitat. Esto no sólo Paraje en el tramo medio del Guadalete. Foto: L. Encina, D. Rodríguez Ruiz.