Picasso: corridas de toros 1924
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Revista de Estudios Taurinos N.º 9, Sevilla, 1999, págs. 187-192 Llorens, Tomás (Com.): Picasso: Corrida de toros, 1934, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, con la colaboración de Fundación Caja Madrid. La muestra organizada por el Museo Thyssen- Bornemisza dentro de las exposiciones que realiza periódicamente bajo el título Contextos de la Colección Permanente pretende un acercamiento a la obra de Picasso mediante un análisis de la evolución del tema taurino y de las corridas de toros –presente a lo largo de su dilatada trayectoria artística– entre los años 1933 y 1935. Desde mediados de la década de Fig. n.º 43.– Picasso: Corrida de toros, 1934, óleo sobre lienzo, 54 x53cm. (Apud Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid).
los veinte y hasta la realización del Guernica en 1937, el pintor malagueño trató el tema de la tauromaquia de forma más intensa potenciado por sus contactos con el grupo surrealista y por su personal interpretación de la figura del Minotauro. Picasso conoció a André Breton en 1925 a quién hizo un retrato en ese mismo año. Apartir de entonces los surrealistas lo nombran “su” pintor. Breton le dedicará el primer número de la revista El Minotaurocuya portada sería obra del propio Picasso. Posteriormente, otros amigos del pintor entre los que se encontraba el polifacético Jean Cocteau, el poeta Paul Eluard, el pintor catalán Joan Miró o el filósofo Georges Bataille participaron de los postulados surrealistas. Todos estos artistas valoraron la autoliberación hasta el extremo de inclinarse hacia ciertas conductas que creían ser fruto del juego inconsciente del pensamiento. La importancia de estas influencias es fundamental a la hora de comprender gran parte de la actividad intelectual, emocional y artística de la obra de Picasso en esos años. La relación existente entre la tauromaquia y la obra de Picasso es incuestionable. Pablo Picasso sintió la corrida, la presencia del toro desde niño. La casa paterna de Málaga era frecuentada por un torero “a la antigua” llamado Cara-Ancha, quién sentándolo en sus rodillas le iba contando los avatares de la lidia. La fascinación que le produjo la fiesta nacional no se reducía a su propio sentido sino también a las posibilidades plásticas de la corrida: toreros, cabezas de toros, hocicos de caballos, estoques y muletas aferrados en manos poderosas, color, violencia o dramatismo que Picasso traspasaba al lienzo en imágenes desconcertantes del sacrificio táurico. El toro picassiano aparece en su pintura cargado de simbolismo, aunque con significados ambiguos. Puede ser Fátima Halcón Álvarez-Ossorio 188
tanto una metáfora de los comportamientos humanos y de la violencia, o del erotismo y del amor, violento asesino o pobre víctima. En otras ocasiones, Picasso lo identifica con el Minotauro, el ser quimérico que tenía cuerpo de hombre ycabeza de toro, nacido en Creta de los amores de la bella Pasiphae y del espléndido toro blanco, hijo de Zeus y de Europa. Los dibujos y grabados que Picasso le dedicó al Minotauro forman parte de la serie conocida como la Suite Vollardformada por cien grabados que incluyen además de tres retratos de Ambroise Vollard –coleccionista y marchante de Picasso-, estampas de diversos temas y otros organizados Picasso: Corrida de toros, 1934 189 Fig. n.º 44.– Picasso: Corrida, 1934/ Bullfight, óleo sobre lienzo, 50 x 61 cm. (Apud Galería Jan Krugier, Ginebra) .
en torno a cuatro monográficos: “La batalla del amor”, “El taller del escultor”, “Rembrant” y “El Minotauro”. Apesar de su diversidad temática, la Suite Vollard mantiene un eje fundamental que vertebra la totalidad de la serie: la difícil relación entre el creador y el objeto de su invención. La dimensión humana, conmovedora a veces y brutal otras, que adquiere el Minotauro en manos de Picasso constituye una de las obras más interesantes y sugerentes de nuestro siglo. La Corrida de toros perteneciente a la Fundación Thyssen-Bornemisza forma parte de un conjunto de obras (óleos, dibujos y grabados) realizadas en el castillo de Boisgeloup entre los meses de julio y septiembre de 1934. Picasso afirmaba que necesitaría un lienzo tan grande como un ruedo para llegar a plasmar toda la fiesta: “Lo que me gustaría es hacer una corrida tal como es.... Me gustaría hacerla con todo, todos los ruedos, todo el gentío, todo el cielo, el toro tal como es y también el torero, toda la cuadrilla, las banderillas y la música y el vendedor de gorros de papel .... Haría falta un lienzo tan grande como la plaza”. Afinales de agos- to de 1934, el pintor, acompañado de su mujer Olga Koklova y su hijo Pablo, vino a España donde presenció diversas corridas de toros en San Sebastián, Burgos y Madrid; ya de regreso a Francia, a mediados de septiembre, realizó diversos grabados de toros, entre ellos, cuatro con el tema del “Minotauro ciego guiado por una joven” que formarían parte de la citada Suite Vollard. La violencia y el furor que caracterizan a las obras de ese verano de 1934, se hallaban ya anunciadas en escenas similares pintadas también en Boisgeloup durante el verano anterior y ofrecen el aspecto más interiorizado de las tauromaquias de Picasso. En ellas se manifiesta la interpretación más profunda del mundo del toro Fátima Halcón Álvarez-Ossorio 190
que va más allá del puro choque, dolor o violencia física yque le llevó a considerar el rito de la corrida como una parábola del amor y de la muerte. Las obras expuestas se centran en la suerte de varas, el duro enfrentamiento entre el toro y el caballo en el momento de picar, pura encarnación simbólica del combate humano. Unas veces el toro es retenido por el picador mediante su vara, en otras la bravura del toro consigue derribar al caballo, destripándolo. Todas ellas son reflejo de un Picasso desgarrado por los problemas de su vida privada y preocupado por las perspectivas de un atormentado divorcio. La violencia desatada en estas obras se relaciona también con la ira que le producen los últimos y violentos acontecimientos protagonizados por la política. La culminación de esta furia, tendrá lugar tres años después, cuando pinte el Guernica cuyos inmediatos precedentes son las escenas que aquí se exponen. En otras obras presentes en la exposición destaca, asimismo, la figura del caballo, principalmente su cabeza, erguida y tensa en el último estertor de la muerte; esta cabeza, apareció ya en un dibujo de 1917, constituyendo a través de multitud de escenas similares de estos años en el preámbulo del Guernica. También la descoyuntada imagen del toro, su inverosímil anatomía y, sobre todo, la extraña colocación de la cabeza, deriva de las experiencias pictóricas de los años veinte y apunta, igualmente, hacia el Guernica. De esta forma, las imágenes de toros de Picasso irán de una visión dionisíaca y onírica a otra más oscura, cruel y furiosa que concluirán en el terror puro de las escenas realizadas en el verano de 1934 y, posteriormente, en la plasmación de los horrores de la guerra. El artista utiliza siempre cuadros de pequeño formato con el fin de acumular sobre la tela los recursos plásticos más Picasso: Corrida de toros, 1934 191
diversos y de esta forma hacer vibrar al espectador con la furia del toro en plena embestida. Vértices de líneas diversas, negros perfiles, colores apagados nos introducen en una atroz pesadilla. Contraposiciones de planos y figuras fragmentadas nos ponen de manifiesto la imagen de un toro carnívoro y devorador sin piedad de su víctima. En los dibujos aún se acentúa más este carácter feroz del animal mediante grandes trazos negros que enfatizan la violencia de la escena y que tan dramáticamente vio Pablo Neruda: «Aquí está el toro de cuya cola arrastra la sal y la aspereza, y en su ruedo tiembla el collar de España con un sonido seco, como un saco de huesos que la luna derrama». La exposición consta de quince obras realizadas en diversas técnicas (óleo sobre tabla, pluma y tinta china sobre papel, lápiz sobre papel, óleo sobre lienzo, aguafuerte sobre cobre, etc.) y fechadas entre septiembre de 1933 y marzo de 1935. Las obras proceden del Museo Picasso de París, del Museo Picasso de Barcelona, de diversas instituciones y colecciones particulares, entre las que destacan las prestadas por la Galería Jan Krugier de Ginebra, por la Phillips Collection de Washington ypor diversas colecciones particulares de Alemania. Fátima Halcón Álvarez-Ossorio Fundación de Estudios Taurinos Fátima Halcón Álvarez-Ossorio 192