Cómic, cultura y propaganda: los TBO que yo leí
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I 1 PreAmbulo a modo de justificacibn El texto que sigue es una reflexi6n a la que, por motivos que ahora expondr6, me vi obligado en la primaveradel aiio 2001. Los organizadores de las primeras Jornadas de cdmic, comunicacidn y cultura (El cdmic en el nuevo milenio) me pidieron que interviniese como conferenciante. Les respondique no sabia nada de c6mic y que mi relaci6n con el c6tnic habia sido s610 de usuario, de lector, de devorador. A partir de aqui iniciamos una amena y enjundiosa charla sobre las lecturas de mi infancia, mi adolescencia y mi juventud. Tan interesante les result6 que me rogaron que interviniese. Me segui negando. Sin embargo, dias antes de la jornada, acudieron de nuevo a mi rogindome que participase. El motivo no era otro que, para expresarlo en tbminos taurinos, la caida del cartel por razones de enfermedad de nuestro compaiiero Diego Coronado. S610 entonces accedi a sus peticioues y, a marcba forzada, elabori el texto que sigue y que reproduzco literalmente. A pesar de las prisas, quiero agradecer a 10s organizadores que me hayan obligado a pensar en una actividad y en una epoca de mi vida sobre la que jamis volvi y que, ahora, cuando escribo este preitmbulo, observo desde otra perspectiva, nostilgica per0 critica, aiiorada per0 censurada. Si no llega a ser por la presi6n y el inter& de 10s promotores de las Jornadas, jamis hubiera reflexionado sobre 10s TB~S que devore, sobre el veneuo que escondian sus piginas ni sobre la felicidad que obtuve leyendo unas historias quc, si hoy me parecen horrendas (grificamente) y letales (ideo- 16gicamente), en su dia me resultaron asombrosas y fascinantes. 0 tempo, o mores!
El texto Antes de iniciar mi actuacidn quiero tener un recuerdo para nuestro compaiiero y amigo Diego Coronado. En cierto modo, 61 es el origen de este encuentro. Unas veces, animando a 10s alumnos a investigar sobre el cbmic y, otras, di~igiendo tesis sobre este fenomeno tan poco dado alas rigideces acadBmicas, ha logrado indirectamente que hoy en nuestra facultad se celebre estas primeras Jornadas sobre esas tiras de dibujos que hacen las delicias de niiios y adultos. Sin embargo una fatal enfermedad le impide estar hoy con nosotros. Este tiempo que estoy ocupando era suyo. Justo en este momento 61 ten- Ma que estar exponiendo En torno a la reescritura del cdmic y luego vendria yo, como Secretario del Departamento de Comunicaci6n, a clausurar la jomada. Pero a veces la vida se tuerce de una manera inesperada e inconcebible. Y eso es lo que acaba de suceder, lo que esti sucediendo en estos mismos instantes: Que la vida esti tomando un derrotero imprevisto, no deseado, inimaginable. Vaya, pues, para 61 mi recuerdo (nuestro recuerdo) y mi deseo (nuestro deseo) de una pronta recuperacibn. Concluida la primera pane del discurso, lade 10s agradecimientos, felicitaciones y recuerdos, pasemos al meoflo de la cuestibn: iDe qu6 vuy a hablar? A estas alturas del seminario, iquB os puede aportar sobre el cdmic un carroza como yo? iSe dice carroza? No quiero adelantame a 10s acontecimientos per0 carroza seri una palabra que luego emplea6 y no precisamente con el significado de vejestorio, carcarrnal o apergaminado que este caso le asiste, sino con el significado contrario. Bueno, pero no adelantemos acontecimientos. Como venia diciendo iqu6 os puedo aportar sobre el cdmic? Nada. Sohre el cdmic no os puedo aportar absolutamente nada. Sobre todo porque huho un tiempo dorado en el que yo no leia cdmics. En ese tiempo que se pierde en la lejania del recuerdo yo leia TBOS. Y de eso os voy a hablar: De los raos que yo lei. ~ste es el titulo de mi exposici6n. Aunque para ser mis exactos los TBOS no se leen, se ven. 0 al menos yo, en ese tiempo brumoso y lejano en el que era un feliz analfabeto, no leia esas historias fanthticas, porque no sahia leer todavia; quizis tampoco las veia, y no porque no tuviera ojos; sino que las devoraba, porque yo, de pequeiio, era un pequeiio devorador de TBOS. ~ La lectura del TBO iha unido a toda una liturgia, a toda una parafemalia I i sin la cual resultaba imposible zambullirse en aquellas hojas de tacto is- I per0 y color indefinible y aparecer luego en un mundo de heroes invenci- I bles, princesas bellisimas, dragones furibundos y paises de nombres ex6- ticos. Para leer un tebeo habia que reunir dos caractensticas: Afin de
soledad y voluntad de abstracci6n. No vayan a creer que en aquella 6poca yo pensaba que para leer un TBO fuese indispensable afh de soledad y voluntad de abstracci6n. Si lo hubiese dicho o pensado, no bubiera sido un niiio inocente, un adolescente feliz, ni siquiera un devorador de 1.~0~. hubiera sido un monstruo, pequeiio y bajito, per0 monstruo. Esto del afiu y la voluutad lo pienso ahora, en la distancia, muchos aiios despuks. Porque me veo leyendo, durante la siesta, a la sombra de un ciruelo que habia en el patio de mi casa, o una tarde de inviemo junto a una ventanapor la que entraba la 6ltima luz del creplisculo, o en el desvin polvoriento y silencioso de mi casa una maiiana de otofio, antes de comenzar la escuela. Porque me veo leyendo en una casa llena de mujeres enlutadas y hombres exhaustos de tanto trabajar donde la felicidad era una palabra inexistente. Me veo en esa tesitura y pienso (ahora, claro) c6mo era posible que me aislara de 10s gritos de mi madre, que, como todas las madres, me ordenaba comer a gritos, me acariciaba a gritos y, por supuesto, me reiiia a gritos; c6mo era posible que me aislara del tumulto de las muchachas que cantaban por ConchaPiquer o Antonio Molina mientras hacian las camas, pelaban patatas o bm'an la puerta; c6mo era posible que me aislara del trajin y del tumult0 que nacian del negocio del que nos sustentibamos en casa; c6mo era posible que me aislara del incesante irivenir de las vecinas, de las visitas a deshoras, de la llegada de un pariente lejano o de1 mkdico de cabecera. Si pienso ahora c6mo era posible que me aislara de tanto alboroto, bulla y algarabia, creo que tal capacidad de concentraci6n se debia al afin de soledad y a la voluntad de abstracci6n que subyace en toda lectura. La lectura es una actividad solitaria. Y todo devorador, ya sea de TBOS, ya sea de libros, cuando aborda la lectura va pertrecbado naturalmente de dos grandes armas: afin de soledad y voluntad de abstracci6n. Es decir, todo lector desea quedarse solo para zambullirse en esa historia de papel que se trae entre manos. Todo lector desea aislarse del ruido circundante para lanzarse a esa piscina de papel. Todo lector desea superar la cotidianidad para soiiar, para vivir otras vidas, para sufrir o amar o penar o cantar todo aquello que la vida le niega y que curiosamente encuentra en forma de papel. Y eso era lo que yo sentia cuando leia TBOS. Que la vida era m&s ancha, mAs rica, mis exitosa, mis amiesgada, mis triunfal, mis penosa, mis frigil, mis venturosa, mis triste, porque esas otras vidas que yo vivia eran las vidas de mis personajes de 10s rsos. Pero iquk TBOS lei yo? Sus nombres pueden parecer vulgares, tristes, lejanos, sin sentido, incluso fascistas, per0 para mi siempre serin 10s nombres de una etapa de mi vida, de aquella etapa en la que la lectura no era
un act0 mecinico de reconocimientos de signos abstractos para acceder luego a enrevesados conceptos, sino la contemplacibn, el deleite y el goce total de una imagen y un breve texto. jQuC TBUS lei yo? Cada persona es fmto de su tiempo. Y si hago un recomdo por mis lecturas de TBUS creo que se puede poner (casi) en pie una parte minima de la historia reciente de Espaiia, porque no se puede olvidar que cada tpoca tienes sus mitos, sus tbpicos y sus fantasmas, y btos evidentemente se reflejan tambitn en 10s TBOS, y dig0 tambikn porno decirpor suprresto, porque el TBO es una eficacisima arma de propaganda. Luego hablaremos de propaganda. Parafraseando a Ortega y Gasset, puede decirse "Yo soy yo y mis TBOS". Es cierto, cada hombre es fruto de su kpoca y de sus lecturas, pero hay lecturas y lecturas. No es lo mismo leer un TBO con ocho afios, de manera iuocente, no sabiendo uada de la vida, con el corazbn abierto y la mente todavia virgen, que leer un libro con veintitantos afios, voluntariamente, intencionadamente, y sabiendo ya algo de c6mo se las gasta la vida. Son lecturas distintas y ambas influyen en la vida, aunque cada una modela el corazbn de una forma distinta, cadd und potencia uuos valores y silencia oh.os. Por eso puede decirse: "Yo soy yo y mis lecturas". En fin, iquC TBOS lei yo? 0 dicho de otro modo: jcuil es la tpoca que reflejan 10s TBOS que yo lei? Lei TBOS en la adolescencia y cdmics en la juventud. Es decir, en pleno franquismo y en plena transicibn democritica. Cada $oca tiene sus TBOS, y cada TBO, coma ya dije, tiene su ideologia. Ideologia que entonces ignoraba y que, ahora que me pongo a reflexionar sobres estas primeras lecturas, me percato de lo peligrosos que eran aquellos inocentes TBO, de lo pejudiciales que eran aquellas simples historias, de 10s letales que eran aquellas aventuras encantadoras. Menos ma1 que, como otros muchos espaiiolitos, sali indemne de tanta intoxicacibn. El TBO que con mis cariiio recuerdo es El Jabato. jQuitn era El Jabato, os estartis preguntado? Era evidentemente un hCroe, un guerrillero audaz, un luchador impenitente. El Jabato era un htroe y, como tal, su imagen resultaba ser la de un sujeto agraciado tanto fisica como mentalmente. Desde el punto de vista corporal, era fuerte, igil, esbelto y hasta algo bello, per0 de una belleza viril, evidentemente. En esa 6poca no habia lugar para la ambiguedad. Los hombres eran hombres y las mujeres, mujeres. Parece una de las frases ohvias del seiior Aznar, pero no es asi, ya que esta zafia obviedad esconde toda una concepcidn del mundo, una concepcidn maniquea y simplista: hombres y mujeres, buenos y malos. En ese mundo no habia lugar para la tibieza ni para las sutilezas. Desde el punto de vista mental, El Jabato era valeroso, inteligente y astuto, aunque tambien era educado y tiemo cuando las circunstaucias lo exigian. Es de-
cir: Era todo un caballero, todo un htroe. Que para eso son hCroes: para reunir en sf todos 10s dones, todos 10s suefios de sus adrniradores, todas sus frnstraciones. Era El Jabato un adalid dispuesto siempre a combatir el mal. Pero qu6 era el mal, me pregunto ahora. Entonces no me lo preguntaba porque el ma1 estaba claro: El ma1 eran 10s malos. Aside simple. Los malos eran 10s malos y santaspascuas. Como todo hkroe, El Jabato siempre marchaba acompariado de dos amigos: Taurus y Fideo, el dia y la noche, la fuerza bruta y lagracia ingenua. Taurus, con su traje de rayas horizontales y su rostro de gafiin enfadado, era robusto, enorme, grande, era una mole a cuyo paso la tierra temblaba, aunque mentalmeute algo corto. Tambitn temhlaban a su paso 10s taberneros y 10s tenderos. HabrCis adiviuado la rdz6n: Su apetito era insaciable. Fideo, en cambio, con su lira y su ajada corona del laurel, era un tip0 enclencucho y saltadn, siempre corriendo de ac& para all&, siempre diciendo tonterias y siempre sonsacando al tontorrdn de Taums, que, cuando se enojaba, lo perseguia enloquecido y no cesaba en su empciio hasta que el mkico encontraba refugio detr&s de El Jabato. Y el amor. El Jabato tamhi6n tenia su corazoncito, que tiemamente dedicaba a Claudia, una dama hennosa y delicada, compuesta seg6n 10s m&s estrictos patrones de la Cpoca. Quizas haya puesto demasiada emoci6n en ladescripcidn de este htroe y de su tropa. Pero no le prestes demasiada atenci6n. La causa se debe a1 paso de 10s alios, a la nostalgia. Adn sois j6venes y el tiempo no es para vosotros problema. Pero Ilegari un dia, como dijo el poeta sevillano Luis Cemuda, en el que el tiempo os alcanzar6 como una espada flarnigera y os expulsar& del paraiso. El tiempo me arroj6 de mi inocencia infantil, pero ahora que lo pienso las historias con las que alimentaba mi ingenuidad no eran en absoluto inocentes, sino perversas y letales, como ahora os contar6. Eso sf, eran historias maquilladas de bondad y mfadas de candidez. Historias envenenadas, para decirlo en dos palabras. Pero historias, al fin y a1 cabo. Y el hombre vive de historias, de cuentos, de suerios, de ... Volvamos a El Jabato. Sus aventuras tenian como fondo la Roma imperial. El Jabato era un ibero aguerrido y valeroso, intrkpido e infatigable. Observad: era un ibero, es decir, un espariol de rancia estirpe, un espariol antiguo, un espafiol autCntico, un espaiiol no mancillado por ideas ajenas, no contaminado por agentes intemacionales. Estas reflexiones me la hago ahora en voz alta (Bueno, me las hacia dias atrlis frente a1 ordenador), porque cuando era feliz no sabia nada de ideologias, aunque &ariamente devoraba mi raci6n de ideologfa franquista. Y esta palabra (franquista) es
la clave que explicacuanto vengo diciendo acerca de las historias tmfadas. 0 en oms tCrminos: acerca de la propaganda. Vayamos por parte. iEn quC afios lefa yo esos pCfidos mos? Justo a1 final de 10s aiios SO. Franco gobernaha con mano de bierro Espafia, un pais pobre y aislado, un pais destrozado y demediado por ona guerra. En este pafs asolrrdo por la miseria moral y cultural, en este pais gobernado por cientos de Torrentes casposos y cutres hacia faltauna ideologia fuerte que aniquilase cualquier huella de las innovacinnes introdnc~das por la Reptiblica. Habia que bomar la Espaiia liberal, democr6tica. culta y ahierta a Eurnpa con que soiiaron 10s republicanos. Y esa Espafia s61o se podia eliminar con la otra media EspafTa: la Espaiia de cuarteles y sacristias, de toreros y cantaores, de analfabetos y pistolones. En esa $oca leia yo El Jabato. Es evidente que para las autoridades tambiCn habia buenos y malos. Pero yo era un niiio que leia TBOS. LQ&I era, pues, El Jabatn? En la adolescencia, era mi hime indiscntihle. Ahnra, en la distancia, es un genuino representante de 1aEspaiiavence- dnra, trinnfalista y aniquiladora, uu esp6cimeu prntotfpico de una Espaiia que hoy detest0 y que, en mis mos se llamaba Hispania Mayor parecido, imposible. No Iberia, sinn Hispania. Luego, con 10s aiins y 10s libms descubn'que en tiempos de Roma no existia Espaiia, que la invenci6n de Espaiia es muy posterior, jQuC sabia el franquismn de historia! Luego, con 10s aiios y 10s lihm, descubri quiCues eran 10s malos, quiCnes 10s buenos, qu6 em el mal, qu6 el bien. Misteriosamente, todo va encajando. Hurgo en mi pasado y me percato de que todas las cnestiones se van resolviendo. Es como si me hubiese asomado auna ventana a travCs de la cud se ohservara un paisaje. En ese paisaje, como en una escena de tine, me veo de niiio, a la sombra de un kbol, leyendo inocentemente un TBO. Yo, ambatado por la nostalgia, me veo como un ~o feliz, absorto en las aventuras de mi h6roepredilecto. Pero deprontn, dejo de ser un sujeto no pensante y me convierto en un pmfesor de comunicaci6n y, horrorizado, me doy cuenta de que ese nifio, inocente, distraido, sentado en el pradn, esti! sieudo manipuladn par unas historias toscas, por unos personajes simplistas, pnr nnas aventuras ramplonas y reiterativas. ~Qui6n tieue raz6n mi yo nostiilgico o mi yo profesional? Ahora mismo no os lo podria decir. SC que fui feliz leyendo mos y, ahora, tambiCn sC que aqnellos mos era pura pmpaganda, pura propaganda fmqui.sta. Fe- -- -- lizmente 10s libros, 10s muchos libros que luego lei me sirvieron de anti- -- doto. Como a otros muchos espaiioles. Aquellas historias, lejanas yxrac- ., tivas, aquellas historias, sugerente y ap3entFiente inncoas, resultaban ser un armaletal en la me-g niiios. Con aquellas histo~iZs;~i,i /---
COMIC, CuLlvRA Y PROPAGANDA: LOS 700 QUE YO LEI y dircctas, se les iba acostumbrando, desde pequeiiitos, auna ideologia, a unos conceptos, a unos argumentos, a uuas actitudes y a unos hibitos que precisamente no eran inocentes sino calculados para hacer de ellos unas personas con una ideologia, uua actitud y unos hihitos determinados. Dicho de una manera coloquial, 10s TBOS de mi infancia eran "lma puiialada trapera". Es decir, te ofrecfan aventuras intripidas, per0 tras su fachada de hatallas, fugas y mandobles se escondia un vulgar y simple lavado de cerebro, para seguir con los coloquialismos. Y esto es pura propaganda, propaganda en estado puro. Junto a El Jabato habia otros hiroes nacionales: El Capitdn Trueno y El Guerreo del Antifnz. El Capitdn Trueno era un trasuuto de El Jabato (o viceversa)'. En aquellos aiios, 10s niiios bamos apasionados lectores-y defensores de El Jabato u de El Capitin Trueno. Al que le gustaba uno, le desagradaba el otro. Era como si fuesen incompatibles. Recuerdo esta bipolarizaci6n con extrafieza y, aun hoy, cuando hablo con algiin viejo amigo de la infancia, seguimos opinando que era asi, que habia defensores irreductibles de uno y detractores irredentos de otro. No sabemos por qu6 raz6n. Si bien esta incompatibilidad se debia a que eran casi id6nti- cos. Su orga~zacidn era similar: Un h6roe con todos su dones y virtudes (El Capith Trueno) y dos acompaiiantes: Goliat (tan tosco, rudo y forzudo como Taurus) y Crispin (tan metomentodo y canijucho como Fidco). Tambi6n El Capitin Trueno tenia un amor: Sigfrid, princcsa de rubia cabcllera oriunda de la lejam'sima isla de Tules. El Capitin Trueno era, si cabe, mis espaiiol todavia, mis carpetovet6nic0, mis rancio, mh casposo, mis torrentesco podnamos decir, ahora que Santiago Segura, sarcisticamente ha sacado a relucir lo m& grotesco y negro del prototipico espaiiolito de apie. Si El Jabato vivia en tiempos de IaRoma imperial y, en sus aventuras, recoda todo el Mediterrhneo, El Capith Trueno vivia y luchaba en Espaiia, su grito de guerra era "Santiago y cierra Espaiia", y sus enemigos, ya lo habrkn adivinado, eran 10s moros. (Me gusta usar esta palabra para designar a 10s habitantes del norte de ~frica. Frente a la correcci6n politics, que no es sino uua refinada forma de bipocresia, prefiero el vocablo moro, que etimol6gicamente procede de maurus, tkrmino que en latin designaba a 10s indigenas que habitaban en la provincia de MauritaniaTingitaNa -hoy ' Duranteel colaquio quc sigui6 ami intervenci6~. u~odelos expertos en c6mi presentc en mi conferencia, me inform6 de que, visto el exit0 de El Jabaro, la casa editorial dccidi6 repetir laidea y lanz6al mercado El Capitdn Trueno, publicaci6n querepetia 10s esquemas de su modelo, aunque erade inferiorcalidad, tanto g~~cacomo narrativa.
Mauritania y Marmecos-, y de donde deriva tambikn el nombre Mauricio). Las historias de El Guerrero del Antifaz tambikn se desarrollaban en la Espaiia medieval, frente a 10s irabes, en plena guerra entre los reinos cristianos del norte y 10s andalusies del sur. S61o tenia un acompaiiante, Fernando. Para mi, sus aventuras se hallaban a medio camiuo entre El Jabato y El Capitdn Trueno. En mis ~sos infantiles habia otra pareja: Roberto Alccizar y Pedrin, pero no me gustaban. Meresultaban repelentes, chocantes. Se trataba de un detective y su ayudante. Pero no sk par quk no me atraian sus historias, quizas porque me resultaban mas emocionantes la Roma imperial o la Espaiia del medievo que las ciudades modemas en las que estos sabuesos llevaban a cab0 sus pesquisas, quizas porque me atrdan mas las corazas de 10s soldados romanos y los turbantes de 10s guerreros musulmanes que 10s trajes y jerseis de estos policias. No d la razdn, pero lo cierto es que nunca me senti atraido pur esta pareja. Eso no quiere decir que no leyera sus historias. Cuando las aventuras de El Jabato se habiau agotado, ecbaba mano de cualquier cosa. La cuestidn era leer, aislarse, abstraerse. Ahora, en la distancia, me percato de algunos detalles de los que entonces no me di cuenta, evidentemente porque entonces era un niiio feliz y no un profesor de comunicaci6n. La estktica de Roberto Alcazar era claramente joseantoniana. Es decir, de Jose Antonio Primo de Ribera, el lfder de la Falange Espaiiola, el partido fascista espaiiol. El corte de pelo, el peinado, el perfil, la apostura, todo estaba copiado del lider falangista, mirtir nacionalista de la Guerra Civil e icono inevitable de nuestras escuelas infantiles. Pero no s61o era el parecido formal. Su apellido, "AlcA- zar", remitia al alchar de Toledo, lugar de choque entre las tropas repuhlicanas y nacionalistas, y cmblema de la parafernalia franquista2. Y yo sin saberlo. Todo lo que leia era propaganda en estado puro. Tambikn habia otros rsos por cuyos titulos os pod& dar cuenta de cdmo se nos manipulaba, de cdmo se nos envenenaba: El Defensor de la Cruz, El Paladin Audaz, El Capitdn Ldtigo, El Libertadoc Balin, El Puma, Hazarias B&licas ... Pero esta propaganda de la que hablo es s61o la del mundo masculine. Las niiias, futuras mujercitas, leian otras cosas. Y ay del que osara leer TBOS para nitias. Y ay de la que osara leer TBOS para El mismo exverto me indicd que esta identificacidn es una falacia inventada vor RomAn Gubem y sus seguidores y que este parecido (est&tico y nominal) es puracasualidad, queen un caso se debe a 10s gustos de lakpoca y en otro a1 vpellido de un conocido o pariente del dibujante. No he leido 10s tentos de Rom.4" Gubem a1 respecto, pem sigo pensando, igual que antes de mi intcrvencidn, que esa simiiitud (estktica y nominal) no es fortuita sino intencionada