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Terror en las aulas : el aula, mi miedo

Merino Rosales, Venancio

Abstract

El acoso escolar, o bullying, como se le suele llamar en los medios de comunicación hoy en día, es un término que significa “intimidación” y se refiere a toda forma de actitud agresiva, intencionada y repetida, que ocurre sin un motivo evidente, adoptado por uno o más estudiantes frente a uno u otros. En España, día tras otro vemos noticias sobre casos de acoso escolar, que suelen terminar de la peor manera posible (suicidio) o en casos de hospitalización, pero parece que la sociedad no termina de afrontar la gravedad del asunto. Existe la creencia generalizada de que son “cosas de niños” y hay que desterrar esa idea, porque no es ningún juego. Este reportaje pretende concienciar sobre el problema del acoso escolar y ofrecer una lectura de los diferentes tipos de acoso que se pueden producir, unos más visibles que otros.

Full text

VENANCIO MERINO ROSALES REPORTAJE El Aula, Mi Miedo 1.200 casos de acoso escolar se registraron el pasado año en España, 1.200 vidas marcadas para siempre por insultos, humillaciones y agresiones de todo tipo. Pero, ¿por qué? ¿qué hay qué hacer? ¿quién debe frenar esta pesadilla? ¿se hace lo suficiente? Analizamos este problema en profundidad para que no haya más silencio, más tabúes, pues el daño es incalculable. El acoso escolar contado desde todos los frentes posibles. Una mirada hacia un dolor que la sociedad desconoce. SURGE UNA DESESPERACIÓN POR ENCAJAR EN UN DETERMINADO CÍRCULO EL AULA, MI MIEDO 24 “Cada vez que aparecía por la puerta del aula comenzaba un calvario, insultos constantes, risas continuas, algunos se apartaban de mí porque uno decía que tenía piojos u otra cosa dependiendo del día, empujones, patadas... Para mí ir al colegio era un infierno, mi infancia fue una experiencia que prefiero olvidar.” Dicen que la mejor etapa de una vida es la infancia, en la que no se tienen preocupaciones, los padres quieren, cuidan y se preocupan de mostrar ciertos valores a sus hijos o hijas, es una época de continuo crecimiento intelectual, moral, físico, ético... Posteriormente, llega la adolescencia, una etapa más difícil, en la que las hormonas se revolucionan, surgen los amores y se aprende a ser más independiente. Es una etapa en la que los padres suelen sufrir más en la educación de los hijos y se les hace complicada esa formación. En las primeras etapas de la vida, se recibe la educación en el colegio o el instituto, donde se ofrece una perspectiva que dice “recibirás educación, tendrás amigos y habrás de estudiar duro si quieres llegar a ser alguien en la vida”, pero el problema surge cuando, de repente, una persona se convierte en el blanco directo de las burlas de alguien. Una simple broma es con lo que comienza, o un insulto puede valer, y aquí comienza una pesadilla que, por desgracia, de algún modo, marcará la vida de esa persona. Esa pesadilla se llama acoso escolar, más conocido también como bullying, que en términos generales es acuñado como cualquier forma de maltrato, ya sea psicológico, verbal o físico, producido entre escolares de forma reiterada durante un período de tiempo determinado, más o menos prolongado en el tiempo. Es en la etapa de secundaria donde se producen la mayoría de los casos, según los recuerdos que guardan varias víctimas, como Carlos, de Tenerife: “A partir de esa etapa escolar, se solían meter mucho conmigo porque estaba gordo y tenía bastante pluma, pues ya empecé a descubrir mi homosexualidad.” Es, en este período, donde más frecuentemente un chico o chica puede sufrir cualquier tipo de acoso, pues es una época de desarrollo personal, donde la autoestima no está bien cimentada, cuando uno/a es más vulnerable y sensible a los comentarios de los demás, y surge una desesperación por encajar en un determinado círculo. Está demostrado por expertos en psicopedagogía que se suelen dar más casos de acoso escolar entre alumnos de 11 y 13 años, pues son edades en las que un niño o niña empieza a ver cómo su cuerpo cambia, y se ve con una falsa idea de independencia general, por lo que es difícil controlarlos, como atestigua Yolanda, orientadora en el instituto de San Jerónimo en Sevilla, a lo que habría que añadir el punto de vista de Margarita Rosales, educadora de menores tutelados en Albacete (Castilla La Mancha), que expone que “se da una mayor proporción entre alumnos de secundaria que de primaria, ya que los alumnos de primaria están más controlados que los de secundaria”, “Es todo más complicado en esa etapa de la educación”, explica Ana Cob, profesora de Geografía e Historia y compañera de Yolanda.“Son niños que llevan arrastrando problemas desde el colegio, por lo que es muy difícil tratar con muchos de ellos”, señala Yolanda, jefa de estudios del mismo instituto que su homónima, la orientadora. Pero interesante resulta la aportación sobre este tema que PÁGINA ANTERIOR No al Bullying. Cartel de una campaña para la concienciación y la prohibición del bullying. PÁGINA SIGUIENTE Ejemplos para la lucha. Dos imágenes más: un graffiti en Praga dedicado a las víctimas, y el lugar donde se ha investigado para el reportaje: el Instituto de San Jerónimo (Sevilla). ofrece Antonio, más conocido como Tonyxu, un hombre de 35 años que sufrió acoso escolar en el pasado, que explica cómo el adolescente es más cruel que un niño o niña, que hace por repetición aquello que ve en casa, y el adolescente empieza a crearse un criterio propio. Sin embargo, no es recomendable excluir de esta problemática a los más pequeños, pues entre ellos también se produce este mal, pues en el último año los casos de acoso a menores de 7 años aumentaron un 87%, según datos cosechados en Abril de 2017 por el II Estudio sobre acoso escolar y Ciberbullying de la Asociación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), lo que da que pensar sin duda. Cada persona tiene su punto de vista sobre este tema, no todo el mundo define el acoso escolar de una misma manera. Existen muchas definiciones entre los expertos en educación: Margarita Rosales, educadora de menores tutelados, lo define como “la situación en la que un alumno/a o alumnos/as, están expuestos, de forma repetida y prolongada en el tiempo, por medio de distintas formas de hostigamiento intencionado por parte de otros alumnos y donde el que acosa se encuentra en una situación de inferioridad respecto al acosador”. Por su parte, Jesús Delgado, trabajador social de la Asociación CIMA, lo define como “La reiteración de una actitud individual o grupal a un menor que hace que este imposibilite su correcta integración en el centro escolar, tiene que haber una reiteración de los hechos y tiene que imposibilitar al menor o la menor la capacidad de relacionarse con sus iguales”. Por último, Yolanda, jefa de estudios, supone que es “Hacerle de alguna manera sentir mal a un alumno/a por diversas causas, desde una agresión directa, ya sea física o verbal, o incluso por omisión de relación con él o ella, lo que yo llamo hacerle el vacío”. Todas estas definiciones exponen claramente unos rasgos característicos del acoso escolar: el sufrimiento que llega a padecer una persona, el acoso al que es sometida y la capacidad que tiene de imposibilitar el avance psicológico de una persona, es decir, que su mente se frene, se incapacite, que no llegue a vivir una etapa en su vida que debería ser de aprendizaje y de descubrimiento. Da lugar a una experiencia dolorosa y sufrida. Uno de los interesas que muestra este tema es conocer cómo afronta el acoso escolar la sociedad. En una encuesta realizada en Google, los internautas destacaron que el acoso está basado en “Abusos de autoridad por parte de ciertas personas hacia una u otras debido a su condición social dentro del grupo escolar” o “violencia física o psíquica de una persona hacia otra donde una persona está desprotegida totalmente.” Pero la mayor parte de los internautas que participaron lo tienen muy claro: el acoso escolar es maltrato, vejación, hostigamiento, abuso, en definitiva, hacerle la vida imposible a una persona. Una simple encuesta ayuda a entender que es una lacra, y que por fortuna la sociedad lo sabe. Pero, desgraciadamente, hay cierto tabú, no hay valentía a enfrentarse a quienes lo cometen. Hace años se solía disculpar el acoso escolar con la expresión “son cosas de niños”, como por ejemplo cuando los padres de un alumno/a llegaban al despacho de un profesor/a, que previamente los habría citado, y les contaba que su hijo/a había hecho tal cosa a un compañero, o que él o ella, junto con un grupo, le había causado daños o una broma pesada, y ante esa situación la actitud de los padres pasaba por normalizar o minimizar el acto que su hijo había cometido, con lo que estaban cometiendo un grave error, ya que es como si no quisieran afrontar que su hijo es un acosador en potencia y está amargándole la vida a una persona, porque o bien tienen otros problemas en su entorno, o es que les importa poco la educación de su hijo. Se trata de un problema grave, como cuenta Yolanda, la orientadora: “Hay que pararse ante ciertos momentos y situaciones, es el desprecio hacia una persona que tenemos al lado y lo está pasando mal”. Otra reflexión importante del asunto es la que ofrece Ana Cob, que tiene bastante experiencia con alumnos muy conflictivos y de edades tempranas: “decir que el acoso escolar es cosa de niños perjudica, y mucho, pues aquel que está sufriendo acoso escolar lo sufre en silencio, y muchos adultos no los sabemos detectar porque no nos lo cuentan, tienen miedo, porque se confunde mucho, y pueden permanecer callados para siempre y ello conlleva unas consecuencias nefastas”. En términos muy similares se pronuncia Yolanda, jefa de estudios y compañera de Ana Cob, que expone que “hay que darle su importancia, porque en el momento en que tú lo estás categorizando como un juego de niños, no le das importancia, evitas soluciones, evitas recursos, evitas todo, hay que darle la importancia que de verdad tiene. Ciertas ideas deben ser desterradas”. Quien apuesta por una visión más calmada y técnica es Jesús Delgado, encargado de atender a niños y jóvenes problemáticos o con un entorno difícil, que expone que “hay que ver cada caso, no EL AULA, MI MIEDO 26 “MUCHOS ADULTOS NO LO SABEMOS DETECTAR PORQUE NO LO CUENTAN” se puede generalizar, no hay que hacerlo, qué acoso, cual, de quién, hacia quién o quiénes, hay que investigar todas las partes”. Entonces, ¿cuál es la solución a todo esto? Una adecuada formación e información de qué es acoso escolar hacia los alumnos de un determinado centro escolar y aquellos encargados de poner orden que dominen el tema. Muchos de los casos que se ven en varios centros escolares no suelen trascender a más por fortuna, por lo que la idea de que se escurre el bulto es inexistente. Pero aunque algunos casos no suelen trascender a más, otros por desgracia, sí, y traen consecuencias fatales para quien lo sufre. De ahí la importancia de desarrollar nada más que se detecta o se conoce un presunto caso de acoso escolar, el protocolo pertinente para llegar hasta el fondo del asunto y frenarlo, acabar con él. Sobre este procedimiento, la educadora de menores tutelados Margarita Rosales explica lo siguiente: “Cuando por alguna fuente es denunciada la posible existencia de acoso escolar hacia algún alumno se activa el protocolo y se siguen los pasos que se marcan en el mismo. Por ejemplo, la madre de un alumno observador da la voz de alarma comunicándolo al centro y se pone en marcha la maquinaria que describe el protocolo”. Por su parte, Rafael, profesor de Educación Física en Sevilla, sostiene que se tramita automáticamente a través de jefatura de estudios y a dirección, y el equipo de orientación finalmente inicia un expediente de acoso. Los protocolos ayudan a desentrañar la veracidad de todo caso, porque no todo se puede meter en el mismo saco, hay padres que acuden al centro y dicen que su hijo sufre acoso y, en la mayoría de los casos, es sólo una riña con un compañero/a o un amigo/a, o incluso hay jóvenes que denuncian como venganza personal hacia alguien. Ahí reside la importancia de los protocolos. Se llega al fondo de la cuestión y ayudan a desenmascarar a quienes juegan con un tema tan serio y a que los casos reales no permanezcan silenciados y sean denunciados y frenados. Mediante el protocolo se procede a entrevistar al acosador y acosado por separado, junto con sus respectivas familias, para ayudar al acosado y para que el acosador reflexione sobre sus actos, “pero no es nada fácil, depende de la edad, con jóvenes es muy difícil”, como cuenta Víctor Manuel Ávila, director del Instituto de San Jerónimo en Sevilla. A continuación, comienza la redacción de multitud de informes con testimonios de todas las personas implicadas en el caso, y si el acosado y acosador se encuentran en el mismo grupo y aula, se cambia de clase al acosado, pero de no ser así, se implanta una especie de orden de alejamiento, con la que se avisa a todo el claustro de profesores para que preste especial atención y evite un mal mayor, pero si el caso rebasa límites de gravedad, corresponde entonces a la Fiscalía de Menores hacerse cargo del asunto. La nueva práctica de la orden de alejamiento va dando sus frutos en el instituto que dirige Víctor, que comenzó a llevarse a cabo tras producirse un caso con una alumna de ESO que sufría un acoso constante por parte de una compañera, habiendo entrevistado a todas las partes y puesto el caso en conocimiento de las familias, fue puesta en marcha dicha práctica y con la ayuda de varios profesores, compañeros de la chica y tutora, la acosadora cesó sus actos, y sucesivamente el índice de casos fue descendiendo, dando un ejemplo de lucha y prevención. 27 EN ESTA PÁGINA Echar una mano. Cartel de la National Bullying Prevention en Estados Unidos del año 2011, recalcando la importancia de ayudar a la víctima. “SE ESTÁN CAMUFLANDO MUCHAS COSAS” Los protocolos, por fortuna, ayudan a calmar la alarma social que se crea frente al acoso escolar, pero según defiende Margarita Rosales, la educadora de menores tutelados, cuando se comienza a investigar y se concluye que no se trata de un caso de acoso, “hay que saber diferenciar lo que es una riña de un caso de acoso escolar”. Y es que todavía hay quien no diferencia exactamente lo que es acoso escolar verdadero de un simple caso aislado, como una discusión o una pelea puntuales, que no suelen llegar más allá del sitio en que se han producido, como por ejemplo, el patio del recreo o el aula. Así lo cuenta Yolanda, la orientadora: “Quizá en la actualidad se está usando indiscriminadamente el término de acoso escolar, tanto por alumnos como por padres, lo que no puede ser es que por una situación donde haya habido una discusión o un roce, que vengan aquí al día siguiente los padres o el alumno diciendo que le están haciendo bullying; después está el otro extremo, el que lo está sufriendo de verdad y lo desconocemos, y tenemos dicho que a lo mínimo lo comuniquen a dirección o jefatura de estudios”. La confusión es tal que los profesionales de la educación se ven a veces desbordados por la continua llegada de padres o madres de alumnos/as diciendo que su hijo sufre acoso, o que lo está sufriendo, en el caso de que sea el alumno quien vaya al despacho, como cuenta Yolanda, la jefa de estudios: “Casos de gente diciendo que sufren acoso escolar o padres y madres que dicen que su hijo/a sufre acoso hay muchos; después hay que saber separar y diferenciar lo que es y lo que no es, hay que investigarlo. No siempre todo el que entra por la puerta diciendo ‘estoy sufriendo de acoso’ lo están acosando de verdad, se están camuflando muchas cosas”. ¿Qué hacer entonces para evitar confusiones? Hablar con todos los implicados en el caso. 28 EN ESTA PÁGINA Desesperación. Una niña rompe a llorar en lo que es una imagen desoladora, reflejando el sentimiento de muchas de las personas que sufren acoso escolar. Es importante aclarar según los expertos que a un niño/a que sufre acoso no se le puede decir que se defienda, pues precisamente por no poder hacerlo es una víctima, y no ayuda para nada. El acosado suele tener un perfil diferente al del resto de sus compañeros, le puede gustar un determinado estilo musical, no le gusta jugar al fútbol, o prefiere jugar a lo que gran parte de los niños consideran “juegos de niñas”, suele ser el empollón o la empollona de la clase, son de otra raza o nacionalidad, o muestran una tendencia sexual diferente a los ojos de los demás (transexual, gay o lesbiana. Jesús Delgado lo ve así: “No es tanto el aspecto físico, que por supuesto influye, es más la autoestima, la víctima suele ser una persona con muy baja autoestima. Los niños, cuando pasan a ser adolescentes, entran en una edad muy complicada, se están creando como personas, y entonces tienen muchas inseguridades.” O simplemente, en ocasiones, es que son más tímidos de lo normal, y si en cualquier situación que se le proponga muestra un mínimo signo de flaqueza, u obedece ciertas órdenes, el maltrato comienza, y esa persona desea que el recreo, que se supone es lo mejor del día, llegue lo más tarde posible, o que no llegue nunca, aunque no hace falta que el acoso se produzca en el recreo, basta con que en horario de clase el profesor o profesora no mire y el acosador hace su trabajo. Yolanda, la orientadora, lo expresa con una frase tan cierta como triste: “el acosador sabe muy bien qué víctima elegir”. El II Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying, realizado por la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, demostró que la principal causa por la que una persona es acosada sigue siendo en el 31,6% de los casos las características físicas, mientras que la agresividad del acosador subió desde un 10,7% hasta el 20,5%. EL AULA, MI MIEDO 29 Ciberbullying, una nueva forma de castigar Facebook, Twitter, Instagram... “Vivimos en una sociedad de acosadores, y nos encanta”, dice Hannah Baker (Katherine Langford) en un episodio de la serie de Netflix ‘Por Trece Razones’, que en los últimos meses ha adquirido una importante repercusión social debido a su temática. Las redes que Hannah nombra en los últimos tiempos han hecho más fácil la vida cotidiana, mantener el contacto con las amistades y publicar largos álbumes de fotos. Para muchos es imposible estar cierto tiempo sin mirar los mensajes en WhatsApp, publicar un estado en Facebook o un “tuit”. Pero la adicción a estas tecnologías también tiene sus riesgos, pues en Internet es fácil esconderse bajo un perfil y atemorizar a alguien, y sin sufrir castigo pues puede desaparecer por arte de magia. ¿De qué se habla? Del ciberbullying. El ciberbullying ha endurecido el acoso escolar de forma alarmante, ya no hay que hablar de víctimas de acoso escolar, sino también incluir a las que sufren esta nueva categoría, y los índices de víctimas suben y suben. La víctima no puede resguardarse en casa, el sitio donde nada puede ocurrirle, porque coge su teléfono móvil y ahí está su acosador, que piensa que no le hace el suficiente daño y suplanta su personalidad, publica y difunde fotos comprometidas de su víctima, montajes... “Las nuevas tecnologías han dado paso, sin duda, a una nueva forma de acoso escolar mucho más dañina y difícil de detectar”, cuenta la educadora de menores tutelados Margarita Rosales. Alrededor de uno de cada cuatro casos son ciberacoso. En 2016 se registraron un 36,5% de casos, quizá habría que centrar la mirada en los padres: “La responsabilidad de que niños de 8 años o menos tengan móvil es totalmente paterna, si su hijo no hace un buen uso de esa herramienta deben confiscarsela”, señala Tonyxu, antigua víctima de acoso. El ciberbullying escapa al control del profesorado, pues hay alumnos que dicen “si me quitas el móvil te denuncio”, y ante esta amenaza se ven incapacitados a la hora de luchar contra este problema, según Yolanda, jefa de estudios en un instituto, los acosadores cada vez actúan menos en las inmediaciones del centro. Acechan y maltratan a su víctima mediante las redes sociales, saben que allí no recibirán castigo y se aprovechan de la situación. En estas situaciones, lo mejor es hablar con los padres o responsables legales, y que la policía tome cartas en el asunto inmediatamente. “El teléfono móvil es un arma de doble filo para adolescentes y niños (aunque con menos de 12 años no deberían tener un móvil), causa más prejuicios o problemas que beneficios, te controla la vida totalmente, por ejemplo mi hija tiene uno y le digo que se ande con mucho cuidado, si los jóvenes de hoy en día no tuvieran teléfono móvil, descendería el número de víctimas de acoso, estoy segurísima de ello”, indica Yolanda, orientadora en un instituto de Sevilla. En cuanto al perfil del acosador, suele suceder que en la mayoría de los casos está reproduciendo los patrones de conducta que ve en casa, un padre que ejerce violencia de género sobre la madre; indiferencia tanto del padre como de la madre, que hace que el niño/a interiorice una falsa idea de libertad e inmunidad que hace que piense que puede hacer y lograr lo que sea sin importar las consecuencias. Así lo cuenta Yolanda, jefa de estudios: “El que acosa muchas veces ha vivido situaciones parecidas de algún tipo, tanto dentro como fuera del centro, y entonces su forma de relacionarse, su forma de darse a valer es infravalorar y humillar a otra persona, y eso lo viven por las situaciones que puedan sufrir en casa, lo ven como normal y lo reproducen, aunque no todos tienen por qué ser así”. Los acosadores generalmente carecen de empatía, buscan atención y creen que realizando un acto de acoso lograrán amigos y hacerse respetar, e incluso, muchos de ellos tienen una autoestima igual o más baja que la persona a la que acosan, se crean un escudo protector, quieren sentirse seguros, huir de sus problemas y su única manera de lograrlo es acosar, ir a por el más débil. “El que acosa siempre tiene un problema, sobre todo de tipo familiar, fundamentalmente hay una falta de atención, y también suelen ser muy consentidos por sus padres”, cuenta la orientadora Yolanda. Los acosadores suelen ser más cobardes incluso que los acosados, se ven reforzados por tener a dos o tres amigos detrás, hacen cosas que normalmente no harían de estar solos, buscan adaptarse. Son actuaciones que hacen en grupo, nunca solos. Es lo que se conoce como “efecto manada”, es así como la jefa de estudios Yolanda lo denomina y explica así: “De forma indi- EL AULA, MI MIEDO vidual estos chavales no serían capaces de actuar de una forma negativa sobre alguien de su misma edad o género o rasgo. aunque es verdad que se juntan con unos cuantos y se crecen” y advierte: “Lo digo porque lo he vivido muchas veces en mi carrera como docente, cambian su forma de ser y de actuar con tal de caer bien, y no hace falta en algunos casos que tengan una vida complicada, pueden ser niños de apariencia modélica, simplemente es como un comportamiento tribal”. El que acosa no se atrevería a nada si estuviera solo, o tal vez sí, pero, según los expertos, está muy clara la solución que hay para evitar que una persona sufra acoso escolar, que un niño/a vaya al centro educativo sin miedo, que no tenga que estar a todas horas con el corazón en un puño, y es que aquellos que ven casos de acoso no se acobarden, que frenen enseguida la injusticia que se está cometiendo. Es muy difícil que una víctima de acoso escolar hable, que cuente lo que está padeciendo. Suelen estar bajo amenazas de muerte incluso, creen que si lo cuentan serán etiquetados como chivatos, y entonces el calvario empeoraría. Según datos obtenidos en Marzo de 2017 ofrecidos por el director general de Educación Infantil, Primaria y Secundaria de la Comunidad de Madrid en la campaña AventuraC95StopBullying, un 60% de los niños y niñas que sufren acoso no quieren contarlo, y no parece que lo vayan a hacer nunca. Por ello, lo mejor es estar lo más cerca posible de la víctima. Es algo que muchos profesores intentan con sus alumnos, como cuenta la profesora de Geografía e Historia Ana Cob: “Yo tiendo a llegar a los alumnos, y si veo que cualquier niño o niña lo está pasando mal, automáticamente voy a hacer algo en clase para que sepa que puede tener plena confianza en mí y que si tiene algún problema que confíe en mí; yo intento que los alumnos de alguna manera cuenten lo que está ocurriendo, me gusta dar unas clases muy cercanas”. Jesús Delgado, el trabajador social, asegura que si una persona acude más de tres veces a su despacho, no va a resultar difícil que le cuente lo que le ocurre, Es muy importante hacer sentir al acosado que no está solo, que hay gente que quiere ayudarles, para que sepa que saldrá adelante. Por su parte, la educadora de menores tutelados Margarita Rosales apuesta por una opción que, hasta ahora se había pasado de largo, y es que el acosado pueda tener miedo de contárselo a un adulto, y que recurra a algo más cercano: un amigo de su misma edad, o un familiar incluso, que puede ser desde un hermano o hermana o un primo: “Si por el momento no se atreve a contárselo a un adulto, que busque al menos a un amigo o compañero para explicarle lo que le pasa, le ayudará a desahogarse y a ver las cosas con más claridad, pero sólo es una medida temporal, ya que el amigo o compañero no podrá hacer nada frente al agresor o agresores por sí solo tampoco. Si así se siente más tranquilo, lo mejor es que le acompañe cuando se disponga a contárselo a un adulto”. El acosado no es el único que necesita ayuda, es una persona que está sufriendo y necesita una mano amiga, pero también hay que pensar en el acosador: qué pasa con él/ella, por qué comete ciertos actos, por qué es como es, qué oculta. Quizá sea una persona igual o más sufridora que el acosado/a; por supuesto hay excepciones pero no se puede centrar toda la atención en la persona acosada, sería algo inmoral. Un completo análisis sobre el acoso escolar debe abarcar todos sus componentes, y el 30 Yolanda, que cuenta que “los años de acoso continuo pueden cargarse a esa persona, aunque depende del tipo y de la gravedad, pero al final esa persona debe llevar una carga psicológica importante, porque si día tras día sufre lo que yo llamo una gota constante de acoso, eso, psicológicamente hablando, debe ser fatal”. Otra de las terribles consecuencias del acoso escolar es la fobia social. “Durante años tuve mucho miedo de hacer nuevas amistades, andaba con pies de plomo, tuve que soportar a muchos imbéciles. A partir de que entré en la universidad mi fobia fue desapareciendo, hoy en día la tengo muy erradicada”, comenta Veni. Pero, por mucho que se supere, una víctima de acoso escolar nunca olvida los episodios vividos. Se pueden superar, pero la memoria, esa función del cuerpo tan necesaria como puñetera, en ciertos momentos hace que vuelvan a la mente recuerdos funestos del pasado, y suele suceder que, por cualquier tontería, desde un simple comentario o un episodio de acoso del que se llegue a ser testigo el miedo resurja. Muchas veces, los testigos suelen ser antiguas víctimas que recuerdan viejos traumas: “Cuando veo un programa de televisión sobre el acoso escolar, me da por recordar ciertos episodios vividos, siento como ansiedad y ganas de llorar porque a mi mente vienenmalos recuerdos de una época mala en mi vida, pero obligo a mi cerebro a parar, no es bueno que me quede en el pasado, he de seguir en el presente”, cuenta José María, una antigua víctima de acoso. 37 UNA VÍCTIMA DE ACOSO ESCOLAR NUNCA OLVIDA LOS EPISODIOS VIVIDOS EN ESTA PÁGINA Demostrando su valía. José María, otro de los protagonistas de nuestro reportaje, estudiando para los exámenes del grado en Historia del Arte. “Me decían que no sería capaz ni de sacarme el título de la ESO”, cuenta. EL AULA, MI MIEDO Los expertos se preguntan cómo frenar el acoso escolar, qué soluciones son las más adecuadas para acabar con el acoso, quién o quiénes tienen la potestad suficiente para interceder. El primer campo donde echar el ojo es el político, ¿la clase política debería mostrar más preocupación sobre el tema, adoptar medidas para frenar el problema? En muchas de las comunidades autónomas los protocolos resultan ser insuficientes, es más, en algunas comunidades ni existe, como en las Islas Canarias, donde, según Tonyxu, lo que hay es de prevención, pero no acción, ello produce como consecuencia que muchos de los profesores no saben cómo actuar en casos de acoso escolar, lo que es muy preocupante; de ahí se puede establecer que sea una de las zonas de España con mayor porcentaje de casos registrados el último año, 67 casos confirmados frente a las 156 activaciones del protocolo. En Andalucía, tras haber alcanzado la alarmante cifra de 358 casos, y verlos reducidos a la mitad gracias a ese protocolo que sí existe, dando sus frutos. Por ejemplo, en el instituto San Jerónimo de Sevilla el equipo directivo fue informado de casos, la aplicación del protocolo fue esencial para dictaminar si eran falsos o verdaderos. La mayoría resultaron ser falsos, pero los verdaderos pudieron ser erradicados. Pero pese a estos hechos esperanzadores, Yolanda, la orientadora de ese mismo instituto cree necesaria la aparición de “más recursos personales para que se pueda implantar el protocolo correctamente para un mejor trabajo con el acosado y acosador y el entorno de cada uno; hace falta personal más especializado en el tema.” Y pide lo siguiente: “La mayoría no damos abasto, la Consejería de Educación debería crear un equipo más especializado en el tema”. El rol del periodismo Todas las medidas que se produzcan son buenas, pero son necesarias otras formas de hablar del acoso, de comunicar, y es aquí donde entra en escena el segundo campo: el periodístico. El acoso escolar es un tema muy delicado, el tratamiento a realizar con una noticia u otro género periodístico que hable del tema debe hacerse con sumo respeto y cuidado: “Todas las noticias se contextualizan haciendo una radiografía más general del fenómeno, se buscan testimonios de expertos y se intentan dar las herramientas necesarias para que otras posibles víctimas sepan cómo utilizarlas”, cuenta Isaías Blázquez, director de informativos de Castilla La Mancha TV. Y es que existen opiniones sobre la sensacionalización que medios de comunicación dan sobre el tema: “Es el gran problema actualmente, se está haciendo un periodismo sensacionalista totalmente, las noticias por ejemplo, de casos de suicidio por desgracia venden y dan morbo, dan mucha publicidad a historias que en la mayoría de los casos no están contrastadas, dan visibilidad a ciertos testimonios, se está exagerando mucho en definitiva”, sostiene Yolanda, la jefa de estudios. Más tajante se muestra Tonyxu sobre la problemática de los medios de comunicación: “Los medios de comunicación tienen una función educativa muy importante, la televisión por ejemplo hace muchas veces de educadora cuando los padres no pueden o no quieren, los niños y jóvenes ven programas como ‘Sálvame’ en los que se acosa a una persona y lo ven como normal, y lo reproducen luego en clase”. Los periodistas muchas veces se ven atados a unos medios, no tienen libertad. En la última década se ha visto un bajón en la profesionalidad y en la ética periodística como consecuencia de la precariedad. No hay tiempo a contrastar y se trabaja con prisas. El acoso escolar, al ser un tema recurrente, y de actualidad, del que día a día sale algo novedoso. El trabajo de los periodistas aumenta, pero se escribe con prisas, que dan lugar a equivocaciones, muchas veces inintencionadas. Pero en un tema tan delicado, los periodistas deben extremar la prudencia para evitar el error. Más trabajo en las aulas El tercer campo donde mirar es en las campañas y actividades de concienciación que en colegios e institutos se imparten, ¿son suficientes? ¿cómo habría que hacerlas? ¿hay que cambiar algo? A la primera y tercera pregunta tiene respuesta Tonyxu: “Hay que hacer más actividades y menos charlas, porque las charlas a veces las suelen ofrecer para casi todo el colegio, y lo normal es que la mayoría de alumnos no presten atención. Deberían ser charlas reducidas para un número de alumnos, y hacer más charlas dirigidas a los padres, quienes al fin y al cabo son los principales responsables”. La profesora de Geografía e Historia Ana Cob, cuenta que en el Instituto de San Jerónimo, en el que ella trabaja, están muy concienciados sobre el tema y no sólo hay charlas y actividades sobre el acoso escolar, sino para todos los días importantes: Día de la Paz, Día de la Mujer, Día contra la Violencia de Género... Considera, no obstante, que los medios no son suficientes y que de disponer de los recursos suficientes, se podría disponer, por ejemplo, de personal sanitario en los centros escolares. Todo sirve en este mundo 38 39 para intentar concienciar a los jóvenes, por ejemplo representaciones teatrales, proyecciones de películas sobre el tema (por ejemplo la española ‘Cobardes’), o series de televisión como la exitosa y polémica a partes iguales ‘Por Trece Razones’ o ‘Glee’, en la que en su segunda y tercera temporada trató el tema del bullying en seis de sus capítulos de forma casi pionera, como nunca antes se vio en la televisión americana, reflejando al acosado Kurt Hummel (interpretado por Chris Colfer, que ganó un Globo de Oro por su interpretación) sufriendo acoso por parte de Dave Karofsky (interpretado por Max Adler), logrando por ello un Globo de Oro el primero. Todo vale para que los jóvenes aprendan a respetar, absolutamente todo. El respeto no debe estar condicionado por el sexo, la apariencia, los orígenes, la orientación sexual o incluso el color de los calcetines. El respeto hacia quien tenemos al lado debe ser incondicional. La importancia de tomar consciencia de la gravedad del acoso escolar es enorme. Toda la sociedad debe mentalizarse: hay que ayudar. No se debe guardar silencio ante el acoso, hay que defender a la víctima, ella no puede por sí sola. Muchos han logrado sobrevivir a años de tortura, a momentos en los que pensaban que la vida no tenía sentido, pero ahora, el acoso escolar lo enfrentan de varias formas, como Veni: “A muchos de mis acosadores les sigo viendo por la calle, pero no bajo la cabeza, me niego, he acabado siendo mejor persona que ellos, para mí no son nadie. Soy un superviviente, y espero que mi experiencia demuestre la putada que es que te hagan acoso escolar, que la sociedad por favor lo tome más en serio”. “HE ACABADO SIENDO MEJOR PERSONA QUE ELLOS” EN ESTA PÁGINA No estás solo. Mensaje de apoyo a las víctimas de acoso escolar, junto con el número de teléfono contra el acoso escolar para prestar ayuda a quienes lo sufren, y a sus familias.