El prestigio del epígono: (la Arquitectura en Europa)
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EL PRESTIGIO DEL EPÍGONO (LA ARQUITECTURA EN EUROPA) La escasa viabilidad de la utopía en lo que fueron propuestas especulativas de la vanguardia arquitectónica parece haberse transformado, en estos finales de siglo, en un proyecto interrogativo cuyo desenlace se sitúa entre dos polaridades muy precisas: fracaso del arquitecto para construir los lugares de la metrópoli y búsqueda a cualquier precio de la novedad formal. El reciente trabajo de los profesores Liane Lefaivre y Alex Tzonis en torno a la arquitectura europea después de 1968, publicada por Destino, nos introduce en una visión sin duda subjetivizada del construir europeo. Acotado el libro entre las dos últimas décadas y a través de una secuencia de textos críticos complementarios al de los autores, redactados por F. Nevmeyer, J. L. Cohen, P. Rice y L. Burckhardt, es un intento de abordar con una pluralidad de criterios los supuestos teórico-constructivos en los que militan las últimas tensiones del pensamiento arquitectónico. Estas últimas van desde el mundo de los «inmateriales» a las demandas de los verdes, junto a los constructores y diseñadores de tecnologías de punta, afanados en el duro ejercicio de la conquista de los grandes proyectos que se construyen por las ciudades europeoas y las fatigas de su ejecución material en una comunidad que padece una aguda crisis económica. El marco teórico-crítico que plantea el libro consiste en una revisión de nombres y obras de arquitectos que circulan habitualmente por los medios de difusión técnica internacional, junto a una recopilación de conversaciones con los autores de las obras, fragmentos de escritos preparados por los propios arquitectos y un texto de introducción al panorama internacional, mediante un encuadre de la fragmentada y dispersa producción arquitectónica europea: populismo, la llamada al orden, neo-rigorismo, rigorismo de la piel, regionalismo crítico, realismo, son algunos de los apartados estudiados en este nuevo jardín de las delicias por donde se pasean con diferentes atuendos los epígonos del fin de siglo. Una ojeada reposada a las imágenes y documentos técnicos arquitectónicos que nos presenta este trabajo, se podía entender como un canto a la especialidad que construye el fragmento arquitectónico. El edificio es una imagen compuesta por una suma de fragmentos, y el fragmento se ha de transformar en icon para que pueda ser recibido como signo de la última modernidad. Un «océano de signos» (R. Barthes) parecen representar los espacios de la Europa urbana, comunitaria y consumidora: calles como páginas iluminadas representan LXXXVII ASTRAGALO, 01 (1994) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1994.i01.12 Antonio Fernández Alba. Profesor-arquitecto. Universidad Politécnica de Madrid. Dirige el estudio de arquitectura Antonio F. Alba y Asociados
los paisajes fragmentados de una metrópoli poblada de prismáticos caleidoscopios que pretenden difuminar las viejas aspiraciones de las décadas anteriores al mayo del sesenta y ocho; términos como «producción», «alineación», «codificación», «democracia directa» o «supervivencia» quedaron similados e integrados, según los autores, en los nuevos edificios que hace patente la ciudad mediática, cuya arquitectura se identifica ciertamente como mediadora iconográfica de la «ideología de la clase dominante», ideología productivista y de consumo de masas. El papel de esta arquitectura sin otros referentes críticos, será el de tener en cuenta la cobertura del cambio de imagen que caracteriza a las fases del hipercapitalismo tecnoburocrático actual. En ocasiones estos edificios vendrán apoyados en construcciones que tratan de diseñar los espacios con un marcado carácter populista, en expresión de Tzonis y Lefaivre, como el centro Pompidou (París 1971 ). Dentro de esta terminología populista también podrían incluirse la cadena de experiencias participativas en cooperativas de vivienda llevados a cabo en Centroeuropa, de resultados tan dudosos tanto en sus propuestas formales, como en la viabilidad de su gestión económica en un «estado del bienestar» preocupado fundamentalmente por la presión fiscal de sus súbditos. El Grado cero de la arquitectura Sin duda, las transformaciones más acusadas en la espacialidad de los últimos treinta años como queda patente en este libro, se deba al impacto de la alta tecnología ( «high tech») liberando el espacio como lo hiciera el gótico de la dependencia del muro y el soporte. De ahí la veneración hacia aquellos arquitectos o ingenieros, apasionados morfologistas de la segunda naturaleza técnica (Piano, Rogers Foster, Arup ... ), que responden con sus obras a la doble solicitación que demanda el proyecto pragmático de los noventa: ofrecer unos espacios liberados de ciertas servidumbres constructivas, mediante la ingeniosidad de los dispositivos mecánicos y, y atender la expresividad iconográfica que encierra en sí mismo el rico alfabeto tecnológico y mediático de estas construcciones. Así muchos de estos objetos arquitectónicos de alta tecnología los podemos entender como el grado cero de la expresión arquitectónica compositiva, como «un signo despojado de la ausencia de signo, del que conocemos perfectamente el valor » (G. Seneth). Dos cambios manifiestos se pueden percibir en las recientes actuaciones urbanas y metropolitanas europeas. Los cambios que se podían denominar de identidad urbana, motivados s in duda por la incorporación de las tecnologías del tráfico que invaden la ciudad: autopistas, trenes elevados, pasos subterráneos, aparcamientos, donde el espacio urbano se manifiesta como un tejido fragmentado en permanente tr ansformación. La segunda consideración estaría ligada al cambio de perspectiva fragmentada para poder entender hoy la ciudad, frente a la percepción homogeneizadora del mirar y proyectar renacentista s, con un centro dominante hacia el que confluía todo el acontecer en las relaciones urbanas. Esta visión atomizada característica de la metrópoli moderna requiere una construcción mental diferente a las maneras tradicioinales de entender y contemplar las ciudades. «La ciudad LXXXVIII
surgida de la movilidad, de personas y cosascomo señala F. Newmeyer-, sólo puede entenderse virtualmente en movimiento, como una secuencia de imágenes aisladas que, al ser relacionadas en la mente del espectador, revelan su sentido y su significado» (página 27). Esta mirada inédita que nos ofrece la ciudad del movimiento continuo explica en parte el proyecto obsoleto de algunos arquitectos, epígonos del siglo XX, empecinados en diseñar los edificios aun con las limitaciones de la perspectiva serliana, en una época en que el espacio es continuo y su contemplación panorámica. Ya Sorgel en 1929, contemplando el desarrollo colosal de la ciudad de Nueva York escribía: «el vocabulario de los estilos y formas de la metrópoli es de todo punto irrelevante y obsoleto, el gran ritmo de la metrópoli es totalmente indiferente a que un edificio sea gótico renacentista o de cualquier otro estilo» (página 27). La última arq uitectura urbana europea se esfuerza por mantener entre los privilegios corporativos de los arquitectos el control de la imagen de los grandes artefactos urbanos, proyectos y diseños que corresponden más al enorme y sofisticado potencial tecnológico de la ingeniería de la arquitectura, que a la pequeña rapiña de la emblemática de sus formas coo queda patente en el trabajo de Tzonis-Lefaivre. Los invernáculos de prestigio Los no lugares de la ciudad, aeropuertos, estaciones, centros culturales ... , los espacios neutrales y uniformes, sólo alterados por la carga poética de los lenguajes tecnológicos y mediáticos, son proyectos que provienen de la frustración que significó la derrota de la utopía en la que estuvo comprometida la arquitectura positiva de la ciudad ruante el siglo XX. En definitiva refleja el fracaso de una creencia, la «razón de progreso», pero el «espíritu nuevo» que alumbraba el siglo no sólo era muy postulado, ataviado como creencia, sino que albergaba una idea, la idea de la conciencia moderna. Y las ideas son proyectos que preparan el futuro. Estas obras europeas construidas en las últimas décadas, si algo tienen de cierto es el haber contribuido a levantar unos edificios cuya arquitectura comenza y concluye en sí misma, sin mayores espectativas, pero también sin mayor pretensión de utopía. Sus edificios ac uñan, como muchos de sus dibujos, el «esplendor barroco fin de siglo» y son auténticos escenarios de la derrota de la mal herida «conciencia moderna». Son arquitecturas colo- ni zadas por las formas análogas y por la abulia de tantos arquitectos que siguen aferrados al dogma de la falsificación, como única guía para la inspiración, en los cerrados «invernaderos del prestigio». Los espacios que se pueden contemplar en las ciudades de la Europa fin de siglo vienen ligados a su tiempo, de aceleradas injusticias, y a su precio, de irracionalidades intransigentes, junto a no podas detritus de los tres imperios: la neutralidad decadente de la vieja Europa, el presente del «yo-grandioso» norteamericano y la agresiva promesa oblicua del Japón. Las acotaciones críticas que valoran esta publicación dejan al descubierto, aunque sea de manera velada, la reflexión y la esperanza en el pensamiento creador de algunas miradas, más allá del delirio de esta metamorfosis espa- LXXXIX ASTRAGALO, 01 (1994) ISSN 1134-3672
cial que ofrecen muchos de estos arquitectos en la Europa de finales del siglo XX, preocupados por hacer elocuente el prestigio del epígono (A . F. A.). -- \ • ALEXANDER TZONIS y LIANE LEF AIVRE: La Arquitectura en Europa desd e 1968. Ed. Destino. Barcelona, 1993 (edición original, 1992), 312 páginas. • ZAHA M. HA DIO 1 Centro de Medios Zollhof !-' . 3 (DusseldorL Alemania 1. XC