El mundo del señor Don Quijote y una apostilla crítica a Miguel de Unamuno
Abstract
El artículo trata de enmarcar el fenómeno de El Quijote en la estructura social del contexto español y, más específicamente, manchego. Se trata de dar sentido sociológico al quijotismo/ sanchopanzismo narrado por Cervantes. Como corolario colateral de todo ello debe entenderse, en mi artículo, la parte final. No pretendí desde el comienzo polemizar con Miguel de Unamuno, pero sí caí en tal tentación por efecto de la llamada “serendipidad”, la que comentó Robert K. Merton.
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· 45 · EL MUNDO DEL SEÑOR DON QUIJOTE Y UNA APOSTILLA CRÍTICA A MIGUEL DE UNAMUNO José A. Garmendia (Universidad complutense) ResUMeN el artículo trata de enmarcar el fenómeno de el Quijote en la estructura social del contexto español y, más específicamente, manchego. Se trata de dar sentido sociológico al quijotismo/ sanchopanzismo narrado por cervantes. como corolario colateral de todo ello debe entenderse, en mi artículo, la parte final. No pretendí desde el comienzo polemizar con Miguel de Unamuno, pero sí caí en tal tentación por efecto de la llamada “serendipidad”, la que comentó Robert K. Merton. PALABRAs cLAVe: Don Quijote, siglo XVi, Pobreza ABsTRAcT This paper deals with the social context of M. de cervantes book el Quijote in spain and particularly in La Mancha as well. I tried to find a sociological meaning in the so called and controversial concept of quixotism/sanchopanzism. As a collateral effect should be the final part of my paper understood. As i started it was not my purpose to polemize against Miguel de Unamuno. Nevertheless, possibly as a consequence of Robert K, Mertons “serendipity” i could not finally avoid to become critical. KeY WORDs: Don Quixote, 16th century, Poverty El mundo del señor Don Quijote Si bien Cervantes escribió El Quijote en los comienzos del siglo XvII - concretamente , la Primera Parte se publicó en 1602 y la Segunda Parte en 1612 - , se entiende que el marco temporal de las aventuras relatadas ha de situarse en años del anterior siglo. Por lo mismo, el título de mi aportación se refiere a la sociedad, global y particular, del ingenioso hidalgo en la segunda mitad del siglo XvI. Se hace, al mismo tiempo, mención de algunos rasgos de la estructura social del “lugar de la Mancha”, el Campo de Montiel, arsenal especialmente rico en hidalgos. Esta circunstancia refrendaría la tesis sobre la identificación de aquel famoso lugar. 1. Sobre la España de Don Quijote En los siglos XvI y XvII era tópica la imagen de una España pobre en arbolado y rica en eriales, especialmente por sus agostadas tierras tras la recogida de las Anduli, 7 (2007), 45-52
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 7 – 2007 · 46 · cosechas de cereales. Otras tierras había que, por su peculiar formación geológica, eran yermas por naturaleza. Por otra parte, la población estaba concentrada abrumadoramente, un 75 % , en Castilla la vieja de forma que la situación de despoblación era bastante general, especialmente en Aragón, Extremadura y La Mancha. Sobre esta última región caminaron y caminaron Don Quijote y Sancho, encontrándose con gente únicamente en ventas, caminos y descampados. Barcelona fue el único escenario urbano de la pareja andante. La estructura social giraba fundamentalmente en torno a la propiedad de la tierra, cuya explotación estaba en manos de la nobleza, de la Iglesia y Ordenes Militares (en Castilla la Nueva). El resto era de condición baldía o cultivada en régimen de economía de subsistencia. Entre la nobleza cabe contabilizar un variopinto conjunto de gentes, desde los grandes títulos hasta los hidalgos, bastantes de ellos completamente desposeídos. Es un hecho conocido el gran desarrollo de la agricultura en el siglo XvI porque “los precios agrícolas aumentaron mucho más rápidamente que los de los productos no agrarios.....El productor agrícola español podía aumentar sus ingresos no sólo explotando su tierra y vendiendo productos de primera necesidad – trigo, lana y ganado – sino también elevando el precio del arrendamiento...con la consecuencia de que aquella nobleza, que desdeñaba el trabajo y consideraba degradante la actividad de los negocios, fue uno de los pocos sectores que no se vio afectado por la revolución de los precios “ (Lynch, 2007: 290). Normalmente, aquellos terratenientes aristócratas eran absentistas dejando la administración en manos de sus mayordomos. En una situación de creciente concentración de la propiedad los pequeños propietarios rurales acabarían viéndose obligados a vender sus tierras a los grandes latifundistas, parásitos urbanos de los sufridos agricultores y jornaleros del campo. Naturalmente, esto suponía una subexplotación de recursos, al no haberse facilitado el acceso a la propiedad de la tierra a sus efectivos cultivadores. Fue una lástima que esto no ocurriera, como sí estaba ocurriendo en Inglaterra: es decir, una gradual apropiación campesina de las tierras. Ello habría supuesto un importante factor de desarrollo del campo español y acumulación de capital. De rebote, ese campo habría impulsado la industria gracias a su mayor poder adquisitivo y consecuente mejora de la cartera de pedidos de productos industriales, fundamentalmente textiles. Todo lo cual es un claro ejemplo del negativo impacto de una estructura social rentista-aristocrática en la estructura económica. Si bien se registraron prometedores avances en la industria textil de Barcelona, Segovia y Toledo, ésta acabaría derrotada por la producción extranjera, fundamentalmente flamenca. Castilla siguió, pues, sin salir de su dedicación preferente a la cría de ovejas y la exportación de lana. En un marco culturalmente dominado por los valores aristocráticos y , en consecuencia, el débil atractivo de los valores artesanales e industriales es lógico el escaso desarrollo de las clases medias. El oro procedente de Indias emigraba rápida e improductivamente a otros países europeos para la compra de productos manufacturados, con la trágica consecuencia de su no fabricación en España. El mismo comercio y las finanzas– si bien con las grandes excepciones derivadas de la lana exportada o de los productos importados de Indias – estuvo dominado
· 47 · Artículos · José A. Garmendia por extranjeros. Por supuesto, la situación no era apropiada para el desarrollo de la clase trabajadora y artesanal y, en general, para una mentalidad favorable al trabajo, aunque sí para el aventurerismo, la picaresca, la milicia o la carrera eclesiástica. Y cuando las cosechas empeoraron, a finales del siglo XVI, España se poblaría de mendigos. 2. Sobre La Mancha de Don Quijote “Acertó Don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel” (Anales, 1999: 75). Y, al parecer, era un campo adornado de un paisaje bastante diferente al de hoy, cuya aridez se ha convertido en tópico y, por lo mismo, en exageración. Así, villanueva de los Infantes, del Campo de Montiel, “es tierra de pan, vino tinto y ganados...Es tierra que ha sido muy abundosa de leña.....El monte más común son ençinas, robles, sabinas, enebros, romeros, jaras, madroños, arçollos. Críanse liebres, perdizes en cantidad, conejos. Lobos muchos y raposas. Puercos, jabalís, benados, aunque pocos, corços pocos, gatos monteses pocos”, dicen Las Relaciones, cuya confección en 1575 fue ordenada por Felipe II. Ya entonces el relator se queja de que desgraciadamente “aora ay disposición acabar con la leña si no se pone otro medio”. Cabe mentar aquí la reflexión de Francisco García Pavón: “ Lo que hoy son viñedos y sembradíos, era entonces monte espeso y pasto natural para los ganados... En el Quijote el paisaje es comúnmente un camino terragoso entre bosques o montes bajos que no dejaban ver la desembarazada llanura que hoy es la más característica faz del paisaje manchego” (García Pavón: 14). Bien es verdad que Cervantes exagera los verdes y hasta en alguna ocasión – por ejemplo, aproximándose a su pueblo, “el lugar de La Mancha” – habla de la presencia de hayedos. Ello está en la línea de su afición por introducir escenarios pastoriles y muy bucólicos en su obra. Con todo, el paisaje de La Mancha no ofrecía en verano la actual imagen agostada de los inmensos campos de cereales ya recogidos y cosechados, que además antes eran de mucha menor extensión. Por otra parte, la ganadería tuvo más peso en la economía agraria de aquellas tierras y consecuentemente fue mayor la superficie dedicada a pasto y reservada al monte, poblado de animales, incluido el oso. Refiriéndose al Partido de los Campos de Montiel, J. I. Ruiz (Ruiz, 2001: 42) calcula su densidad demográfica en un pobre 7,1 % , aproximadamente un tercio de la de la Corona de Castilla en su conjunto. Por sectores económicos, un 72 % desempeñaba actividades agrarias (relacionadas fundamentalmente con la producción de trigo, cebada, centeno, vid y ganadería: ovejas, principalmente), empleándose un 15 % en el sector secundario (artesanal y de oficios) y un 13 % en el terciario (pequeños comerciantes, administrativos, clérigos, criados, etc.). Cabe afirmar que se trataba más bien de una economía de subsistencia y con escasa proyección al comercio exterior, del que se excluía la relación con los musulmanes. En general, la gente aseguraba con algún éxito su manutención, vivienda y vestido. Así, según las mencionadas Relaciones, “comúnmente la gente de la dicha villa, villanueva de los Infantes, tienen de comer y de qué sustentar. Ay muy pocos pobres naturales; tiene entre ricos y no ricos una mediana que antes se llegó a poderse llamar ricos
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 7 – 2007 · 48 · que pobres. Las grangerías son de pan y vino y ganados. Y ay personas que viben de tratos, de comprar y bender diferentes cosas” . Es sabido que la ya incipiente decadencia española y la crisis económica en el último tercio del siglo XvI comportó un importante aumento del número de pobres. Sin embargo, este fenómeno se notó más en las ciudades, de forma que el campo – y, por supuesto, el manchego – quedó un tanto al resguardo. Centrándonos en el Partido de los Campos de Montiel, J. J. Ruiz, antes citado, concluye que había un escaso peso demográfico de pobres siendo la estructura socio-profesional la siguiente: clérigos 1 % Hidalgos 4 % Pecheros 94 % De los cuales ( 100 %) ricos propietarios agrarios 2 % pequeños propietarios agrarios 10 % resto (jornaleros, pastores, artesanos y comerciantes, criados, otros) 88 % Pobres 1 % Era un territorio regido por la Orden de Santiago, que gozaba de los ingresos de dos tipos de rentas: las directas o de explotación directa en los campos y las indirectas, relacionadas éstas con los derechos señoriales. Sin embargo, no en todas las partes de La Mancha se vivía con el desahogo indicado. (Sawa/Becerra, 1905: 23), de la Sociedad Geográfica, dicen que “ en cuanto a las habitaciones y viviendas de dicha época (cervantina), en La Mancha, aquéllas eran tan pobres, tan incómodas y miserables, que en algunos pueblos no tenían huecos ni ventanas al exterior; los patios y corrales estaban cercados con ramaje y las cubiertas eran de atocha, retama o carrizo; los muros, sumamente bajos, de tapial o de piedra, quedaban sin enlucir, consistiendo los lechos o camas en poyos o macizos de barro y piedra, colocados a los lados de la cocina”. Tampoco las ventas, escenarios frecuentes de los personajes del Quijote, destacaban por sus comodidades y confort, antes bien por la pobreza de su oferta alimenticia y de alojamiento: “Las ventas de La Mancha, las de estas tierras pobres y rústicas... estaban rematadamente desasistidas de todo acogimiento y comodidad... y en esa precariedad debían de ganar por la mano a todas las del reino...La pobreza y roñería de los venteros, amén de las dificultades de comunicación, impedían todo abastecimiento aceptable” (García Pavón, 20). En un espacio tan marcadamente rural y bastante despoblado se comprende que la acción de los personajes cervantinos y la misma estructura social discurra y corretee más bien por caminos y ventas: mercaderes toledanos que van a comprar
· 49 · Artículos · José A. Garmendia seda a Murcia o murcianos que compran grano en La Mancha, clérigos mercedarios, curas y canónigos, damas principales, muleros con sus mozos extraídos de la picaresca, presos conducidos a galeras, soldados, arrieros muchas veces moriscos, titiriteros, cabreros, barberos, canónigos, duques, hidalgos, caballeros, lacayos, médicos, cuadrilleros, estudiantes, bachilleres, licenciados, cazadores, labradores pobres como Basilio, labradores ricos como Camacho y el Caballero del verde Gabán, pastores trashumantes y residentes, vivos y muertos, prostitutas y cuadrilleros de la Santa Hermandad, a veces camuflada tras el ropaje de un ventero, ....¡ y ningún artesano ¡ Esta ausencia industrial es significativa, seguramente acorde no sólo con la visión cervantina de la estructura social del entorno sino con la misma realidad, escasa en esfuerzo industrializador. Por esas ventas y caminos discurre no sólo la estratificación social sino la étnicoterritorial de vizcaínos, castellanos, murcianos, andaluces, catalanes, asturianos (la asturiana Maritornes), gallegos y portugueses, montañeses, aragoneses, extremeños.... 3. A santo de qué nos vienen con San Quijote Por definición, el ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha gira en torno a un hidalgo, indudable protagonista como indudable antagonista es su escudero. Atreviéndome a dar aquí una interpretación a vuela pluma y, de seguro, temeraria frente a tanto sabio exegeta cervantista, YO OPINO que para Cervantes aquel hidalgo es el mono de feria al que mantear y apalear con ironía y humor, a él y a la estructura social que lo segrega. En la época los hidalgos “se veían inmersos en una decadencia de la que no volverían a recuperarse. Serían ya una entelequia, momias andantes y carentes de sentido, con un elemento común que los mantenía unidos, su ideologota. Su tradicional desprecio al trabajo manual les condujo aún más a la ruina. Las mismas leyes contribuían a esa mísera condición, puesto que cualquier actividad manual les hacía perder la hidalguía....En casi todas las villas del Campo de Montiel había hidalgos y en algunas en gran número” (Anales, 1999: 237). Era un entorno de escasa valoración del hacer algo frente al ser hidalgo, hijo de algo casi siempre heredado. Y así el hidalgo Don Quijote pasaba ratos y “ ratos ocioso, que eran los más del año”. O sea, un ser vacío de obras. En compensación recurre a un enloquecido aventurerismo mesiánico. Esto último para dar cobertura a la vagancia y cubrirla de disimulo. Se precisaba apariencia y hasta soberbia pública, armarse caballero y hacerse valer devaluando a alguien, empezando por su escudero. Consecuentemente, requiere la compañía del villano Sancho, “el labrador vecino suyo, hombre de bien, si es que este título se puede dar al que es pobre” (ibid.: 74), ironiza Cervantes. Aquel ingenioso hidalgo es, sin embargo, compasivo con los menesterosos y, en general, con seres inferiores en la escala social. Y de paso engrandece y justifica su caballería andante, también al impartir sermones y consejos a aquellos seres cuando tratan de escalar posiciones o gobernar una ínsula: “ ...Lo primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 7 – 2007 · 50 · excremento y añadidura que se dejan cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero.....No comas ajos ni cebollas, por que no saquen por el olor tu villanía” (ibid.: 565). Sigue ironizando Cervantes cuando aquella ociosidad significa requiebros y abusos varios con las mujeres. Parece como si se regocijara con sátira en la prolija exposición de las maldades del linajudo y nobiliario Fernando, engañador de Luscinda y Dorotea. Esta, escarmentada, reflexiona en voz alta sobre su desgracia acusando públicamente a aquél recordando pasados lamentos: “Tu vasalla soy, pero no tu esclava; ni tiene ni debe tener imperio la nobleza de tu sangre para deshonrarme y tener en poco la humildad de la mía. Y en tanto me estimo yo villana y labradora, como tú señor y caballero” (ibid.: 202). Se trataba de una sociedad en la que la riqueza estaba manifiestamente supeditada en prestigio a la nobleza, siendo frecuentemente el enriquecimiento mera lanzadera a la hidalguía. Tal es el caso de los padres de Dorotea, “labradores, gente llana...pero tan ricos que su riqueza les va adquiriendo poco a poco nombre de hidalgos” (ibid.: 200). La titulitis en voga debió de dilapidar muchas energías (¿potenciales?), las que podrían haberse encauzado a la ampliación de las explotaciones o la persecución de nuevos negocios . Más que el trabajo, se valoraba a menudo otra ética, la del ennoblecimiento, la cómoda vida del absentista rentista y la ociosidad. El mismo Sancho es preso de esa filosofía ya que ve en el gobierno de su ínsula la fórmula definitiva para vivir de las rentas. Sin embargo, tres siglos más tarde el quijotescamente apasionado y enloquecido Miguel de Unamuno acudirá a su peculiar rescate del sepulcro del ingenioso hidalgo entonando un canto a su ociosidad, la que “le hacía amar la vida, apartándole de todo hartazgo y nutriéndole de esperanzas. La ociosidad debió de hacerle pensar en la vida inacabable, en la vida perpetuadora.....(Y en la ociosidad ), “perdiendo el espíritu” enloquece de pura madurez de espíritu...Por nuestro bien lo perdió, para dejarnos eterno ejemplo de generosidad espiritual” (Unamuno, 1914: 36). Por ello, hay que “ ir a rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón” (ibid.: 13). En la santa cruzada de rescatar el sepulcro de Don Quijote del poder de bachilleres, curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado, Unamuno recuerda la paradoja del personaje - “hizo reir a todo el mundo pero nunca soltó un chiste... porque hizo reir con su seriedad” (Unamuno, 1914: 13). Y esa paradójica seriedad él mismo la traslada a su sociedad contemporánea, donde “la razón de la sinrazón es ya un hecho para todos esos miserables.... con la lógica de que se sirven, la cochina lógica....A sus razones hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos de pasión, con botes de lanza.... y si alguno te viniere diciendo que él sabe tender puentes y que acaso llegue la ocasión en que se deba aprovechar sus conocimientos para pasar un río, ¡fuera con él! Fuera el ingeniero ¡Los ríos se pasarán vadeándolos, o a nado, aunque se ahogue la mitad de los cruzados” (ibid.). En contraste con la exaltación unamuniana, Don Quijote nos – no sólo a mí - causa una gran pena porque ha fracasado en toda línea. En efecto, Cervantes
· 51 · Artículos · José A. Garmendia lo ridiculiza haciendo que no consiga nada – a no ser la ridícula victoria sobre el vizcaíno . No hace triunfar su justicia en el caso de los galeotes o en el del criado Andrés. Tampoco deshace agravios, ni endereza entuertos, ni enmienda sinrazones, ni corrige abusos, y, lo que es el colmo de su desgracia, ni se hace con su enamorada Dulcinea. Es, pues, puro fracaso. Además, por voluntad de su creador Cervantes, sale a menudo apaleado, arañado, manteado, escarnecido y ridiculizado. De qué sirve el heroísmo loco de ese caballero guerrero si, por loco, pierde batallas o haciéndoles cruzar a nado las aguas torrentosas de un río pierde la mitad del escuadrón. Cervantes lo ridiculiza pero Unamuno lo ensalza. Cervantes le hace arrepentirse finalmente de sus locuras pero Unamuno lo exalta religiosamente canonizando su figura y situándolo a la par de San Ignacio de Loyola, ¡y eso, pese a que el “santo” manchego perdió su fe en el lecho de muerte¡ Canonizar a un apóstata, una paradoja más del exaltado autor de La vida de Don Quijote y Sancho. Un autor que lo es también de El sentimiento trágico de la vida ¡Como el mejor Don Quijote, Miguel de Unamuno se toma la vida trágicamente y, como el manchego, seguramente no soltó un chiste en su vida. Ese sentimiento minimiza el valor del ingeniero, aunque te construya un puente para salvarte, como minimiza el valor de las tecnologías y de las invenciones. “Que inventen ellos” es un disparate quijotesco, que no conduce a la regeneración de la España que tanto lamentaba. Bibliografia Anales cervantinos, tomo XXXv, Madrid 1999. Cervantes, Miguel de: el ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha. Empresa Pública Don Quijote, 2005. García Pavón, F.: “La Mancha que vio Cervantes”, CEM, 14/15. Lynch, J.: “Monarquía e Imperio”. el País, Madrid 2007. Ruiz, J. I.: Organización política y económica de la Orden de santiago en el siglo XVii, Diputación de Ciudad Real, Biblioteca de Autores y Temas Manchegos, 2001. Sawa, M. y Becerra P.: crónica del centenario de Don Quijote. Madrid 1905. Unamuno, M. De: Vida de Don Quijote y sancho. Renacimiento, Madrid 1914.