De juicios y advertencias de traductores españoles de letras francesas del siglo XVIII: Feijoo, Lista, Marchena, Maury, Moratín
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DE JUICIOS Y ADVERTENCIAS DE TRADUCTORES ESPAÑOLES DE LETRAS FRANCESAS DEL SIGLO XVIII. FEIJOO, LISTA, MARCHENA, MAURY, MORATÍN CARMEN RAMÍREZ GÓMEZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA La milenaria cuestión de la compleja y críptica esencia de la traducción nutre prólogos, advertencias, notas o apuntes varios con los que traductores accidentales, a sueldo o profesionales, más allá de la tópica captatio beneuolentiae, tienen a bien iniciar, adornar, enriquecer o concluir sus obras. Constituyen valiosos documentos en los que vierten opiniones y juicios desde los cuales es posible reconstruir, o en su defecto, por ser demasiado fragmentaria la información, aproximarse a las ideas sobre la traducción. La secular retórica de los prefacios (D'Hulst 1990: 103) proporciona testimonios conducentes a revelar en la doble perspectiva sincrónica y diacrònica, el pensamiento de una época, y a poner de manifiesto el efecto pendular de la traducción: esto es, la incidencia -en nuestro casode autores franceses en las letras españolas así como la influencia de autores españoles en el ámbito francés. En este singular trasiego de ideas y sensibilidades que confronta al estudioso de la historia de la traducción con un amplio elenco de autores y obras, en lo que concierne a la época finisecular del siglo XVIII y principios del siglo XIX, ostenta un lugar de especial relevancia el utrerano abate Marchena.1 Ilustre figura andaluza, a caballo entre estos dos siglos, insigne por su biografía tanto como por su bibliografía estrechamente vinculadas a Francia, a su historia y su literatura y a cuya difusión y conocimiento concurre, entre otras actividades,2 desde el quehacer del traductor. Los datos compilados en sus publicaciones, las obligadas referencias a otros traductores, críticos y literatos contemporáneos, relativas a las ideas sobre la traducción y temas anexos permiten perfilar el estado de la reflexión crítica, contribuir a escribir la historia de la traducción en España en relación con Francia, y recomponer la historia de los trasvases culturales, artísticos, estéticos, filosóficos, etc. Se evidencia sobremanera el fundamental papel de la traducción como medio de difusión del pensamiento y del mundo, desde la peculiar fuerza centrífuga con la que trasciende pueblos y lenguas, dejando sin alcance la búsqueda de una koiné y de lenguajes únicos ya sean naturales, artificiales o virtuales. 1 Al ponerse de manifiesto la ineludible relación entre Marchena, Feijoo, Maury y Moratín, además de Lista, decidimos aplazar el estudio relativo al cordobés Dionisio de Solís inicialmente previsto en el presente trabajo.
José Marchena contribuyó de forma notable y notoria a la circulación de las letras y de las ideas tanto francesas como españolas, como así lo prueba la estela de su variada y extensa obra.3 En 1811, en la advertencia de El hipócrita avisa Marchena de la importancia de versionar en una lengua patria pura, "que no está escrita en lengua franca", es decir libre de cualquier galicismo, reivindicando la necesidad para traductores y autores de dominar su lengua, y en este sentido precisa que "el castellano se aprende en los castellanos" (Marchena 1811: advertencia, s. p.). Un año después, en el prólogo de La escuela de las mujeres (1812) hace referencia a sí mismo como excelso traductor y más especialmente anuncia una Poética de la comedia -de la que no se conserva testimonio en la actualidad-4 en la que trataría de la comedia francesa -a cuya traducción pretende dedicarse-, y del teatro cómico en general. Contiene asimismo un alegato sobre las excelencias de su traducción al idioma patrio afirmando que dicha obra significa para el público español poseer "el más perfecto dechado de la buena comedia"; y para los extranjeros, junto a las comedias de Moratín y otros, sirve para que "enseñe el habla castellana sin resabios de idiotismos ó afrancesados ó tudescos, y en todo caso bárbaros, que ésta desconoce" (Marchena 1812: prólogo, s. p.). Pero es en la primera edición de las Cartas persianas (Nímes, 1818),5 en la conocida "Advertencia del traductor" en la que Marchena expone su concepto de traducción: No es traducir ceñirse a poner en una lengua los pensamientos o los afectos de un autor que los ha expresado en otra. Débense convertir también en la lengua en que se vierte el estilo, las figuras; débesele dar el colorido y el claro oscuro del autor original. Una buena versión es la solución de este problema: ¿cómo hubieran versificado Racine, Pope, Virgilio, Teócrito, Homero, en castellano? ¿Cómo hubieran escrito Wieland, Addison, Montesquieu, Voltaire, Buffon, Cicerón, Tácito, Tucídides, Demóstenes en nuestro romance? La respuesta práctica a esta cuestión ha de ser la versión de aquel de los autores que al público se diere; la solución teórica requiere un tomo entero; aquí lo único que diremos es que el profundo conocimiento de ambos idiomas, cosa tan indispensable, es todavía una mínima parte de tantas como no son menos indispensables. Añadiremos que ninguno es buen traductor sin ser excelente autor, y que todavía es dable ser escritor consumado y menos que mediano intérprete. Verdad es que solamente los dechados perfectos son los que se deben traducir. (Marchena 1818: 323)6 2 La extensa obra de Marchena incluye escritos políticos, artículos periodísticos, poesía, una tragedia en verso y ensayos. Existe al respecto una extensa bibliografía específica de la cual citamos sólo una parte en las referencias citadas supra. 3 De hecho Marchena es más conocido por su obra política, literaria y crítica que por su faceta de traductor y periodista. 4 Amador de Castro señalaba cómo "muchas de sus obras debieron perderse, entre otras la traducción completa de Molière y una historia del teatro español que anunciaba, en sus Lecciones de filosofìa, etc., como próxima a publicarse" (Marchena 1897: vm). 5 La edición de 1819 cuenta con una advertencia del traductor al final y está firmada a 14 de enero de 1819; en la edición de 1821 no existe ninguna referencia a la traducción 6 Esta edición reproduce una advertencia del traductor al final y está firmada con fecha del 14 de enero de 1819.
Según este sucinto articulado, para el "abate" de Utrera la traducción se organiza básicamente en torno a los siguientes puntos: 1, no es asimilable a un ejercicio de transposición literal; 2, no basta entender el sentido y conocer la forma, interesa además traducir el estilo del autor; 3, el conocimiento de las lenguas no es un fin sino un medio; 4, no es un acto de "trans-escritura", sino una práctica de creación artística; 5, no todos los autores son dignos de ser traducidos. Los argumentos aducidos pertenecen a la amplia tradición que ha teorizado en torno a la traducción,7 mas por recurrentes no dejan de ser explícitos y definitorios de un planteamiento cualitativo que podemos sintetizar en cuatro categorías éticas y estéticas: la libertad, la idiosincrasia, la perfectibilidad y la pertinencia. A esta serie cabe añadir la literalidad para determinados tipos de obras -así también lo dictan numerosos textos teóricos a lo largo de la historia-. Respecto del Contrato social (1799), en este mismo prólogo Marchena alude a la literalidad como necesario proceder para lograr la traducibilidad de las obras de carácter abstracto y metafisico (Marchena 1990: 116). En cuanto a la dicotomía fidelidad/libertad, Marchena -conforme al espíritu clásico imperante de las belles infidèlesopta como otros traductores españoles por versionar libremente las obras originales. A lo cual se suma Moratín como así queda recogido por su editor en el prólogo de La escuela de los maridos: Ha traducido a Molière con la libertad que ha creído conveniente, para traducirle en efecto y no estropearlo; y de antemano se complace al considerar la sorpresa que debe causar a los criticadores la poca exactitud con que ha puesto en castellano las expresiones del original; cuando hallen páginas enteras en que apenas hay una palabra que pueda llamarse rigurosamente traducida. (Fernández de Moratín 1812: 17-18)8 Similares consideraciones expone Alberto Lista en la "Advertencia" de El enfermo de aprehensión (1812). Además de ser el primer trabajo que presenta en este género,9 el autor ofrece una traducción libre al castellano de la comedia de Molière:10 En esta traducción he suprimido los intermedios de baile y música,11 que son bastante impertinentes a la acción. En las primeras representaciones que se han dado de ella en el 7 Huelga señalar la vasta bibliografía existente relativa a la historia de la traducción, a las antologías de textos clásicos de teoría de la traducción o traductología. 8 En el ejemplar consultado de esta edición, a continuación del título, en letra manuscrita se aclara que ha sido "donné à la Bibliothèque du Roi par M. Moratín le traducteur". 9 En efecto, humanista afrancesado, político, hombre de letras brillante y gran profesor que ejerció en varias ciudades españoles tradujo, entre otras obras relevantes, Calixto de Colardeau, Catilina de Crébillon, y la Historia universal del conde de Ségur. Así mismo se le relaciona con la traducción del Poder de la imaginación de Delille y de varios anónimos: A un árbol, El sueño, Epigramas, La despedida y La fácil. Méndez Bejarano (1922: 379) le atribuye dos comedias de Molière cuyos títulos no precisa -probablemente se trate de El hipócrita y La escuela de las mujeres-. 10 Esta traducción, representada en Sevilla en enero de 1812 y dedicada al mariscal Soult, duque de Dalmacia, quedó inédita hasta su publicación en 1891 por M. Gómez Imaz (véase Lista 1891). 11 Los intermedios quedaban sujetos a una rigurosa legislación como así consta en memoriales, disposiciones, células y otras disposiciones reales. Véase a este respecto Cotarelo (1904).
teatro de Sevilla se consideró el final del recibimiento de un médico: pero considerando que esta escena recibe todo su mérito de circunstancias locales que no existen ni aún en Francia, y por otra parte que nuestros cómicos no han podido darle toda la expresión y gracia necesaria para asegurar su buen éxito, me he resuelto a suprimirla y darle a la acción un desenlace más sencillo y menos estrepitoso. Si acaso mi trabajo tiene algún mérito, es el de ser protegido por un hombre ilustre, y el de haber complacido con el a un amigo estimable, que deseaba ver esta pieza sobre nuestro teatro. He procurado evitar los galicismos tan comunes en nuestras traducciones y tan fáciles de cometer en el escrito familiar por la poca correspondencia que hay entre los modismos familiares de diferentes idiomas. Me juzgo acreedor a alguna indulgencia, por ser el primer trabajo que presento en este género, tan contrario al que he cultivado hasta ahora. (Lista 1891:79) La verosimilitud y el realismo escenográfico dictan los cambios con respecto al original: es preciso suprimir el "color local" y evitar el afrancesamiento. Se trata pues de soslayar cualquier tendencia a la transposición, motivada por los contrastes y resuelta usualmente por la práctica de los calcos. Comprobamos cómo Marchena coincide con Moratín y Lista en la particular cruzada contra la lengua del intruso, abanderados los tres de la traducción libre como garante del ideario del autor y de la traducibilidad en una lengua patria digna y exacta. Abundan las referencias en este sentido como así las relativas a la defensa de las excelencias de la lengua castellana, especialmente de parte de los autores españoles que tuvieron relación directa con el país galo.De la extensa nómina existente, destacaremos la figura de Juan Maury de Castañeda cuya obra en francés Espagne poétique (1826) mereció encarecidas alabanzas de quienes la leyeran.12 En términos similares a los de sus compatriotas reflexiona en torno a la traducción, si bien aplicándose a la traducción al francés: Par ces raisons nos poètes originaux présenteront souvent au traducteur une question délicate à résoudre: faut-il modifier ou tout rendre? Leur doit-on plus d'égards qu'au lecteur? Nous nous sommes décidés pour ceux-ci: nous avons en général abrégé. Il y a des pièces traitées sous ce rapport assez librement, et nous en demandons pardon à qui cette liberté pourra déplaire. Mais avec l'impossibilité d'offrir les beautés de détail, il y avait trop de danger à risquer des longueurs sans compensations. A cela près, nous nous sommes appliqués de notre mieux à rendre les copies ressemblantes,13 tâchant de conserver les traits et même l'allure, si nous pouvons nous exprimer ainsi; les pièces originales, produites à la suite, mettront les amateurs de la langue espagnole à même d'en juger. (Maury 1826: 38-39) 12 Véase los extractos de varios periódicos recogidos en su propia obra. 13 El topos de la traducción comparada con la pintura se reducía a menudo al símil de la copia y del modelo (Batteux, Marmontel, Maury, etc). Así también la imagen del tapiz que encontramos en Cervantes (cap. LXII de la segunda parte del Quijote) y retomada por Marmontel quien tacha de burda tal comparación y prefiere asimilar la traducción a los trazos y colores de la pintura (Marmontel 1819: xv, iv, 328).
Fidelidad, literalidad, paráfrasis o adaptación centran la problemática de una correcta práctica traductiva. Maury no es una excepción y su elección recae sobre la versión libre y el uso de una lengua española depurada. En este orden de cosas, resulta difícil no citar a Feijoo quien con fórmulas parecidas expresa idéntico sentir al referirse a paralelismos y diferencias existentes entre los idiomas francés y español, así como al reflexionar en torno al innecesario "afrancesamiento" tanto de los gustos como de los vocablos españoles. Señala Feijoo que: El empréstito de voces que se hacen unos idiomas a otros es sin duda útil a todos, y ninguno hay que no se haya interesado en este comercio. Pero cuando el idioma nativo tiene voces propias, ¿para qué se han de sustituir por ellas las del ajeno? [...] No hay que admirar, pues la introducción del lenguaje forastero es nota indeleble de haber sido vencida la nación a quien se despojó de su antiguo idioma. Primero se quita a un reino la libertad que el idioma. Aun cuando se cede a la fuerza de las armas, lo último que se conquista son lenguas y corazones. (Feijoo 1863: 48) En estos términos sentencia la defensa de la lengua propia y la inexorable primacía del criterio idiosincrásico frente a cualquier otro de índole formal o lingüístico, coincidiendo pues con los autores antes citados. Para Feijoo, "lenguas y corazones", es decir, la palabra y el alma, esto es lo decible y lo indecible, custodian la auténtica esencia de los pueblos y su libertad. Sin duda, tendría en mente la célebre frase de san Jerónimo en su prefacio a la traducción del libro de Ester: "Transportó el sentido hacia su lengua, como si de cautivos se tratara, conforme al derecho de conquista/Sed quasi captivos sensus in suam linguam victoris jure transposuit" (Steiner 1978: 250). Así mismo advertimos en el resto de su reflexión la oposición ante actitudes exacerbadas a favor o en contra de la propia nación, en este caso Francia y la lengua francesa. La modernidad del pensamiento de este ilustrado contrarresta el tenaz histrionismo hispánico frente a lo extranjero, y más especialmente ante el intruso. El europeísmo del polígrafo no es óbice para no denunciar el abusivo afrancesamiento de las voces, pero lo plantea desde un espíritu crítico integrador y consensual que resume de la mejor manera al afirmar que no está "reñido con la curiosa aplicación a instruirse en las lenguas extranjeras" (Feijoo 1863: 45). Contraviene de esta guisa uno de los prejuicios que siempre han perseguido a los españoles como imposiblemente versados en el estudio de las lenguas extranjeras, así como en el conocimiento y reconocimiento de la suya propia.14 Pero las referencias teóricas en torno a la naturaleza y la práctica de la traducción no siempre hallan eco en las obras de los traductores. Así en la extensa producción de 14 Capmany lo expresó clara y gráficamente: "Estos bastardos españoles confunden la esterilidad de su cabeza con la de su lengua, sentenciando que no hay tal o tal voz, porque no la hallan. ¿Cómo la han de hallar si no la buscan, ni la saben buscar? ¿Y dónde han de buscar, si no leen nuestros libros? ¿Y cómo los han de leer, si los desprecian? ¿Y no teniendo hecho caudal de su inagotable tesoro, cómo han de tener a mano las voces que necesitan?" (Moratín 1825: advertencia del editor, s. p.).
Marchena, los textos consultados15 permiten comprobar que tales apéndices críticos no son habituales ni regulares. Es el caso de los títulos siguientes en los que no se incluyen referencia alguna: Emilioy o de la educación (1817), Manual de inquisidores (1819),16 La Europa después del Congreso de Aquisgrán (1820), Julia, o la nueva Heloisa (1821). En otras obras, como por ejemplo, De la libertad religiosa (1820), la nota del traductor destaca sólo el contenido doctrinal de la obra que se justifica por fijar los principios de la religión católica, religión oficial y única de la nación española y cuyas relaciones actuales con el estado tanto importa por consiguiente fixar con exactitud (Marchena 1820: 506). Estas líneas delatan a un heterodoxo retornado hacia los parajes de la ortodoxia y a un traductor convertido motu proprio en relator crítico. Espíritu libre donde los haya, y polemista infatigable, Marchena no pierde ocasión de opinar.17 Su obra cumbre, Lecciones de filosofía moral y elocuencia (1819), cuenta con nutridas referencias a la traducción así como al tema del erróneo afrancesamiento de nuestra lengua que tanto Cienfuegos y Quintana practican, como así también Meléndez,18 de quienes declara en el "Discurso preliminar" que: se han dejado llevar de la fatal manía de querer afrancesar nuestra lengua. Un estadista no menos instruido en nuestra sana literatura que en materias políticas, el marqués de Almenara,19 me decía un día que habiéndose probado a traducir al pie de la letra, en castellano y sin cuidar ni la colocación de las voces, algunos trozos italianos o ingleses, había sacado un castellano puro y conforme a las reglas de nuestra gramática, mas que nunca pudo salirse con la misma con ninguna versión del francés. (Marchena 1819: I, xcn) Prosigue Marchena abundando en la crítica del afrancesamiento: Dejo aparte que es risible empeño el de enriquecer tan abundante idioma como el nuestro con otro que lo es mucho menos, como el francés, y me ciño a apuntar el 15 Los títulos citados en la bibliografía constituyen el corpus de traducciones revisadas para el presente trabajo. 16 El abate Morellet extrae del Directorum inquisitorum de Nicolas Eymerich, su Abrégé du manuel des inquisiteurs ( 1762). El título completo en la edición de 1819 así lo refleja: Manual de inquisidores para uso de Lis inquisiciones de España y Portugal o compendio de la obra titulada Directorio de inquisidores de Nicolao Eymerico, inquisidor general de Aragón. Traducida delfrancés en idioma castellano, por Don J. Marchena; con adiciones del traductor acerca de la Inquisición de España. 17 En 1802 en el "prefacio del traductor" correspondiente a Coup d'oeil sur la force, l'opulence et la population de la Grande Bretagne du Docteur Clarke, expresaba su particular visión de la felicidad de la humanidad basada en el elogio de la propiedad privada, la defensa del liberalismo y la crítica a la confiscación de los bienes llevada a cabo por la Asamblea Legislativa. 18 Maury hace alusión a estas manifestaciones en su Espagne poétique, algunas de cuyas páginas se ocupan de José Marchena, tanto del implacable crítico como del falso Petronio. 19 Le dedica su traducción de El hipócrita. En esta ocasión al dirigirse al ministro del Interior, Marchena no escatima encomios al vanagloriar los parabienes del público hacia el dramaturgo, como hacia sí mismo "por el acierto con que dicen que logró trasladarla (la comedia) a nuestro idioma" (Marchena 1811 : s. p.) .
precepto tan sabido, desde Horacio acá, que los idiomas por remediar sus necesidades han de acudir a su primitiva fuente; y siendo la del nuestro el latín, mezclado con el árabe, de la lengua latina, de la griega, madre de esta, y de la arábiga, hemos de derivar los idiotismos y locuciones que necesitaremos adaptando a la índole del castellano. (Marchena 1819: i, xcii-xcm) Aseveración que no deja de ser curiosa de la pluma de un "impío y apóstata" - como lo llama Capmany20- que abrazó todas las causas políticas de Francia, las revolucionarias y las josefinas, y que predica desde el pulpito de los apologistas la fiel defensa de la lengua castellana, y la necesaria adaptación de un idioma a otro, sin menoscabo del español, particularmente si del francés se trata. Los ejemplos en este sentido se podrían multiplicar pero baste citar las palabras de un editor en relación a la traducción de algunas obras de Moratín: "Las comedias del Señor Moratín tienen entre otras prendas, la de ser tan exclusivamente españolas, la de estar escritas en locución tan castiza, que una gran parte de su mérito debe desaparecer necesariamente en cualquier traducción; y mucho más si la traducción es francesa" (Fernández de Moratín 1825: advertencia del editor, s. p.).21 En efecto, la lengua francesa se encuentra en el centro de una fuerte controversia que alcanza al traductor, obrero primero del quehacer en dos idiomas, al simple hablista y al literato. Sus detractores la condenan por ser la lengua del intruso; la menosprecian por considerarla inferior a la lengua castellana; la rechazan por desvirtuar el idioma patrio y le reprochan su grado de dificultad por ser sumamente diferente a la lengua cervantina. La valoración negativa del afrancesamiento de la lengua española paradójicamente preside el pensamiento del afrancesado Marchena y rige la práctica de la versión libre adaptada en sus traducciones. Así se trasluce en las Novelas de Voltaire (1819), en la edición revisada y completada por Amador de Castro (véase Marchena 1897): el resultado es una traducción que algunos tildan de inexacta e incompleta. Y si bien Menéndez Pelayo no duda en calificarla de volteriana al concluir que "casi compite en gracia y primor con el original" (Marchena 1897: v), Amador de Castro cauteloso pero certero, dota el texto de un denso aparato crítico surtido de comentarios varios, reseñas de olvidos y añadiduras del traductor. Sirvan de ilustración los dos ejemplos siguientes: a pie de página indica que: En la traducción del abate Marchena no había títulos de capítulos, que hemos puesto en esta edición, con arreglo a las ediciones francesas. También faltaban algunos pasajes del 20 En la tertulia del mismo Quintana conoce a Capmany, que lo retrata del modo siguiente: "Allí conocí al impío y apóstata Marchena, renegado de su Dios, de su patria y de su ley, fautor y cómplice de los franceses que entraron en Madrid con Murat" (Marchena 1897: viii). 21 Así mismo el editor se queja de las malas traducciones y critica el desprecio por la lengua española, a costa incluso de "formar un lenguaje obscuro, y bárbaro, compuesto de arcaísmo, de galicismo y de neologismo ridículo" (Moratín 1825: advertencia del editor, s. p.).
original que hemos traducido e intercalado en sus correspondientes lugares (Marchena 1897: l,n. 1). Así mismo en el capítulo XXX, "Donde da fin a la historia", la nota 1 advierte que "Don Rodrigo, D. Alvaro de Luna no figuran en el texto; los ha agregado el traductor" (Marchena 1897: 255).Comprobamos una vez más que Marchena en ningún momento incumple su preceptiva de traducción literaria libre, que obra tanto por exceso como por defecto. En verdad, las omisiones, voluntarias o inconscientes, ya habían sido objeto de atención en 1808. En el "Aviso" que precede su traducción de Voyages aux Indes Orientales,22 los editores presentan a Marchena como a un autor negligente y olvidadizo. En 1802, M. Levrault adquiere el manuscrito de una traducción francesa hecha por M. M*** - supuestamente, Marchena- y se la propone a Anquetil du Perron23 para que proceda a su revisión. Du Perron: ne tarda pas à reconnaître que la traduction avait beaucoup de négligences; conserva même les expressions inexactes ou fautives du traducteur et se contenta de les rectifier en mettant entre des parenthèses celles qu'il croyait devoir leur substituer, ou réservant pour ses observations, les corrections les plus importantes. (Marchena 1808) Resulta asombroso que destacando Marchena por ser ilustrado en lenguas clásicas descuidara las voces griegas, como así lo manifiesta el corrector-traductor: "La même négligence a eu lieu pour les noms grecs, omis ou employé mal-à-propos l'h, et substitué l'i à l'y grec" (Marchena 1808). Al fallecer Levrault, Silvestre de Sacy se encarga de terminar el tercer volumen (18 de enero de 1805) y en el aviso introductorio declara lo siguiente: J'offre au public un ouvrage où se trouvent les fautes de français, ou plutôt j'en ai presque fait une nouvelle (Marchena 1808). Si Marchena es realmente el autor de la traducción, estos comentarios suscitan variadas interpretaciones: por un lado, se desluciría la calidad de su trabajo como translator; por otro lado, se confirmaría el principio de traducción libre; y finalmente, el desmerecido rigor lo justificaría la urgencia de los encargos a los que acostumbró, sobre todo en la última parte de su vida. En cuanto a la obra de Constantin-François Volney, Las ruinas, o meditación sobre las revoluciones de los imperios (1822), el título completo indica que se trata de una nueva traducción en castellano, realizada por Marchena a partir de la última edición del original francés. Existen al menos dos traducciones anteriores: una fechada en 1817,24 22 El título de esta edición comprende la noticia siguiente: "Le voyage du père Paulin, Carme déchaussé, Missionnaire Apostolique de la côte Malabar en 1796, est publié en plusieurs langues et dédié au pape Pie VI". 23 En el "Aviso", los editores redactan una breve noticia biográfica de Abraham Hyacinthe Anquetil Du Perron: "Voyageur aux Grandes Indes, interprète de France pour les langues orientales, ancien membre de l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, et de l'Institut National, décédé à Paris le 28 nivôse an 13 (18 janvier 1805)".
sin nombre de autor, y la segunda en 1821:25 Del cotejo de las dos versiones se deduce que han sido elaboradas a partir de la misma edición, caracterizada por abundantes notas explicativas, las cuales elimina Marchena. Hace referencia a las notas finales del volumen y añade un asterisco explicativo inexistente en las dos anteriores. Esta reseña al final del primer párrafo remite a una nota a pie de página que indica lo siguiente: "En 1784: Se suplica al lector que no se olvide de esta época. Véanse las notas al fin del tomo" (Marchena 1822). A falta de una comparación exhaustiva de las distintas versiones, una primera aproximación autoriza a pensar que José Marchena conocía perfectamente la lengua francesa así como su lengua materna. Para ilustrar esta tesis incluímos a continuación unos ejemplos harto elocuentes. El primero fragmento reproducido pertenece a la edición francesa (1791): L'espèce humaine s'améliorera-t-elle? - A ces mots, oppressé du sentiment douloureux dont m'accabla leur sévérité: "Malheur aux nations! m'écriais-je en fondant en larmes; malheur à moi-même! Ah! c'est maintenant que j'ai désespéré du bonheur de l'homme!" (Volney 1791: 91). Seguidamente transcribimos las aportaciones de las dos ediciones de 1817 y 1821: ¿Se mejorará la especie humana? Al terminarse estas palabras, me sentí oprimido del dolor que me causó su severidad y exclamé, innegando en llanto: "¡Desgraciadas de las naciones! ¡Desgraciado de mi mismo! ¡Ay! ahora es cuando desespero de la felicidad del hombre". (Volney 1817 & 1821: 83) Este último fragmento corresponde a la versión de Marchena: ¿Si se mejorará el género humano? Oyendo yo estas razones, abrumado del dolor que causó en mí su severidad: ¡Ay de las naciones! exclamé deshecho en llanto, y ¡ay de mí también! Ahora sí que desespero de la felicidad del hombre. (Marchena 1822: 79-80) La traducción de Marchena sobresale en orden a un mayor rigor y un esmerado estilo, por lo que se pueden emitir reservas con respecto al juicio negativo de no pocos de sus detractores. A la luz de los datos recabados y de los juicios expuestos que no sólo no agotan la imagen del hombre ni el perfil del autor sino que pretenden rendirle un justo homenaje encaminado a prosperar en otros estudios relativos a su figura y a su obrase evidencia que José Marchena no es un simple personaje anecdótico, demasiado tiempo encorsetado 24 Esta edición carece de tabla de materias. 25 La noticia necrológica se corresponde con una nota relativa al conde de Volney, leída en la Cámara de los Pares en la sesión del 14 de junio de 1820 por el señor Daru (Volney 1821: 31-33).