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185 REVISTA ONOBA 2018, Nº 06, 185-203 ISSN: 2340-3047 ELEMENTOS Y PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DEL ANAS COMO FRONTERA EN LA ANTIGÜEDAD: FUENTES CLÁSICAS, REGISTRO ARQUEOLÓGICO Y EPIGRAFÍA* Elements and perspectives for the study of Anas as a boundary in Antiquity: Classical Sources, Archaeological Record, and Epigraphy Pedro Albuquerque FCT, Uniarq (Faculdade de Letras, Universidade de Lisboa) Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla Carlos Pereira FCT, Uniarq (Faculdade de Letras, Universidade de Lisboa) Museo de Cáceres Sílvia Teixeira FCT, Uniarq (Faculdade de Letras, Universidade de Lisboa) RESUMEN Se plantean algunas cuestiones sobre la construcción de fronteras y límites en el contexto de PE'YIRGE&ENEHIP+YEHMEREIRXVIðREPIWHIPWMKPS III a.C. y el siglo I d.C., y sobre los problemas de análisis de las fuentes clásicas (Polibio, Artemidoro, Estrabón, Mela, Plinio, etc.), especialmente cuando mencionan el río como marcador territorial. La MQEKIRXVERWQMXMHETSVIWXEWJYIRXIWRSWIVIñINE IRIPVIKMWXVSEVUYISPÔKMGS]ITMKVÂðGSHIWHIIWXE perspectiva, los datos revelan la posible formación de realidades multiculturales que caracterizan los espacios fronterizos, especialmente, en oppida como Myrtilis. Este estudio requiere una metodología comparativa que puede llevar a una mejor comprensión de los procesos de formación de fronteras territoriales y simbólicas en el Bajo Guadiana entre Baesuris (Castro Marim) y Myrtilis (Mértola). ABSTRACT The aim of this paper is to present some questions about the construction of boundaries in the particular case of the Low Guadiana Valley between the end of 3rd Century BC and the 1st Century AD, as well as the problems associated with the analysis of the classical texts (Polybius, Artemidorus, Strabo, Mela, Pliny the Elder, etc.), especially when they use the river as a territorial marker. The image transmitted by these sources HSIWRSXLEZIEGPIEVVIñIGXMSRSRXLIITMKVETLMGEP and archaeological record: in this perspective, the data reveal the possible formation of multicultural realities which characterizes the frontier spaces, especially in oppida like Myrtilis. This study requires a comparative methodology that should lead us to a better understanding of the processes of the formation of territorial and symbolic boundaries along the Low Guadiana Valley between Baesuris (Castro Marim) and Myrtilis (Mértola). PALABRAS CLAVE Fronteras; Límites; Guadiana; Periodo romano; Epigrafía. KEY WORDS Boundaries; limits; Guadiana; Roman Period; Epigraphy. Recibido: 15/01/2018 Revisado: 16/04/2018 Aceptado: 31/05/2018 Publicado: 29/06/2018 email: albuquerq[email protected]s * El presente trabajo se elaboró en el marco del proyecto O Baixo e Médio Guadiana (sécs. VIII a.C. - I d.C.): Percursos HIYQEJVSRXIMVE%2%PMWI%2%PMWMWðRERGMEHSTSVPE*YRHEÈÄSTEVEE'MËRGMEI8IGRSPSKME*'8GSRPEVIJIVIRGME SFRH/BPD/110188/2015.
186 ELEMENTOS Y PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DEL ANAS COMO FRONTERA EN LA ANTIGÜEDAD ... REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 COMENTARIOS PREVIOS “Estoy convencido de que, si se trata de lugares conocidos, la mención de los nombres ayuda no poco a la memoria. Pero si se trata de lugares desconocidos, su mención desnuda equivale a la pronunciación de palabras sin WMKRMðGEHS UYI TIRIXVER IR IP SÎHS TIVS no hallan soporte en la mente: no se puede relacionar lo dicho con algo conocido, y la exposición resulta confusa e incomprensible. Por lo cual hay que presentar algún método que posibilite a los que hablan de lugares desconocidos llevar a sus oyentes, en la medida de lo posible, a nociones verdaderas y conocidas.” Plb., 3,36,3-4 (Trad. Balasch Recort) )WXIJVEKQIRXSHIYRI\GYVWSKISKVÂðGSHI4Slibio (3,36 – 38) es un testimonio interesantísimo de la representación y conocimiento de los territorios mencionados por un autor y transmitidos a receptores que no los conocen con la misma profundidad (cf. Cruz, 2006, 79). Respectando dicho método, este historiador añade su concepción de los grandes IWTEGMSWKISKVÂðGSW¢WME¢JVMGE])YVSTE]WIñala sus límites en el Tanais (i.e., Don), el Nilo y las Columnas de Heracles, transmitiendo a sus lectores u oyentes una visión menos “oscura” y general de las realidades que, a continuación, describe. Sin embargo, en lo que respecta a la Península Ibérica, WYXI\XSVIñINEPSWRYIZSWGSRSGMQMIRXSWWSFVIPSW territorios a occidente de las Columnas de Heracles. Este pasaje nos informa sobre otros problemas que estos textos plantean, sobre todo cuando se trata de discursos que pretendían describir realidades que, como la Península Ibérica, eran desconocidas para los receptores y poco conocidas por estos autores (cf. García Fernández, 2003, 58-59). Los ríos ]SXVSWIPIQIRXSWKISKVÂðGSWHIWXEGEFPIWIVERIR este sentido, fundamentales para la organización del discurso y para la construcción de los “mapas mentales” que estructuraban la percepción del mundo en la literatura griega y, posteriormente, del Imperium en los textos romanos. Un ejemplo sería el mapa de Agripa, mencionado por Plinio (3.17; cf. Whittaker, 2002, 85ss.; Talbert, 2004; Campbell, 2012, 65), que a su vez es importante para el conocimiento de las representaciones de Hispania en el siglo I a.C., en particular de las fronteras entre las provincias y de la percepción de elementos que HIðRIRPSWZMENIWGSQSYREWIGYIRGMEHIEGGMHIRXIW KISKVÂðGSW En estas descripciones, el Anas, actual Guadiana, se destaca como uno de esos elementos que estructuran estos “mapas mentales” y permiten al receptor tener una idea, aunque siempre muy parcial, de los territorios representados, casi siempre costeros. Resulta interesante constatar que hay un desequilibrio especialmente evidente entre los textos que presentan el Anas como frontera entre la Bética y la Lusitania (Plin., Nat., 3,6; Mela 2,6,8; *MKE]PEVIEPMHEHEVUYISPÔKMGE]ITMKVÂðGEHIPSW asentamientos que se distribuyen a lo largo de sus orillas, o incluso de sus territorios administrativos. En ese sentido, la bibliografía especializada hace hincapié en los problemas de interpretación de las fuentes y de la epigrafía sobre el Guadiana (García Iglesias, 1972; Francisco Martín, 1978; Sillières, 1982; Guerra, 1995, 47; Marcos, 2011) y la ubicación de las mansiones de los itinerarios (Roldán, 1975; Pastor Muñoz, 2004; Carneiro, 2010), algunas de ellas problemáticas. Fig. 1. Límites de la Lusitania romana, según Navarro y Ramírez coords., 2003.
187 PEDRO ALBUQUERQUE • CARLOS PEREIRA • SÍLVIA TEIXEIRA REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 4EVIGIEWÎIZMHIRXIUYIRSWILETVIWXEHSWYðGMIRXIEXIRGMÔREPETSWMFPIXIRHIRGMEHIWMQTPMðGEción de la realidad peninsular en textos como, p.ej., el de Plinio y de Mela, en los que posiblemente no haría falta preseel ntar unos límites que serían incomprensibles para otros que no conocían los pueblos mencionados. Otro tanto puede decirse de la cronología y transmisión de las informaciones de los itinerarios, y de su aplicabilidad al tema de estudio que se propone en este texto (cf. Roldán, 1975). Cabe, por tanto, plantear algunas cuestiones sobre el uso de los ríos como fronteras o elementos de delimitación. Valga como ejemplo el episodio de Julio César cuando cruzó el Rubicón en 49 a.C.: el río marca la frontera entre la Galia Cisalpina e Italia (Cic., Phil., 6,5) y el simple hecho de cruzarlo es un hito, desde el punto de vista de la memoria histórica, del inicio de una guerra civil (Suet., Jul., 31). El río estructura un relato y, al mismo tiempo, es una frontera que puede ser traspuesta con relativa facilidad. Asimismo, en Res Gestae (cap. 26) se GSRWXEXEUYIIWXSWIPIQIRXSWKISKVÂðGSWHIPMQMXER la extensión del poder de Augusto. El Ebro, por su parte, era una frontera diplomática, virtual y temporal que pretendía establecer un límite entre dos hegemonías en 226 a.C., particularmente efectivo en un territorio que en este momento era poco conocido por Roma (Liv., 21,2,7; Curchin, 1997: 67; Cadiou y Moret, 2012, 22-23). Desde un punto de vista militar, un río puede ser una barrera, sobre todo si en sus orillas se instalan estructuras defensivas (cf. Rankov, 2005, con discusión y bibliografía anterior). Por poner un ejemplo, en Caes., B.G. WIWIÒEPEPEHMðGYPXEHTEVE cruzar el Támesis en los puntos que podía vadearse, y el uso de “estacas puntiagudas” en otros puntos, puestas por los enemigos. Todo depende de las condiciones naturales de cada región y de la necesidad de defender, o no, un territorio. Por otro lado, es IZMHIRXIUYIPSWVÎSWWSRIPIQIRXSWKISKVÂðGSWUYI organizan un discurso como, p.ej., las descripciones de Estrabón sobre la historia y la mitología de un pueblo, llegando incluso a denominar provincias (p.ej. la Bética: Campbell 2012: 65) o regiones, si admitimos que el nombre Beturia, más territorial que étnica, es una fusión de Baetis y Urius (Corzo y San Gil, 1992, 165; cf. TIR J-29, s.u. Baetvria/ Baitovria). Es preciso matizar algunas de estas informaciones textuales para desarrollar el estudio del Anas como frontera territorial. Sin embargo, las fuentes pueden transmitir algunos datos sobre los mecanismos de reconocimiento e imposición de límites en las más diversas circunstancias que sí importaría analizar, o la terminología griega y latina que se aplica a este tipo de situaciones. No obstante, la epigrafía y el registro arqueológico son las principales herramientas para una aproximación más completa al tema propuesto. 0EHSGYQIRXEGMÔRITMKVÂðGEHIPWYVHIPXIVVMtorio hoy portugués es una importante fuente de MRJSVQEGMÔRTEVEGPEVMðGEVIWXEWGYIWXMSRIWSTSV lo menos proponer nuevas interrogantes y perspectivas. El estudio de la epigrafía de Myrtilis (Mértola) es en ese sentido necesario por la importancia que esta ciudad tuvo como plataforma comercial y como punto privilegiado para la existencia de un posible escenario multicultural desarrollado con anterioridad (cf. Albuquerque y García, 2017a)1. Desde el punto de vista arqueológico, el análisis del registro presenta dos vertientes: la primera tiene que ver con la comparación entre las realidades materiales de cada orilla y la caracterización de los asentamientos a lo largo del río, con el objetivo de analizar el poblamiento del Guadiana, en el que el río es el centro del discurso, un aspecto que aún no LEWMHSWYðGMIRXIQIRXIZEPSVEHSIRPEMRZIWXMKEción (Albuquerque 2017). Ello es una consecuencia del uso actual del Guadiana como frontera entre países o entre municipios, lo que puede condicionar la investigación. La otra vertiente analiza la construcción de fronteras simbólicas y sociales en estos territorios, p.ej. en lo que respecta a los contextos de consumo y a la diferenciación social (Albuquerque y García, 2017a; b). En este trabajo se presenta, aunque sin mucho detenimiento, la primera vertiente, circunscrita sobre todo al periodo que las fuentes escritas EREPM^EHEWHIWGVMFIRIWHIGMVERXIVMSVIWEðREPIW del siglo I d.C.). 1 Aunque no sea debatido en este trabajo, es igualmente relevante el estudio de epigrafía de los territorios atribuidos a los actuales municipios de Serpa y Moura, ambos en la orilla izquierda del río y con un conjunto interesante de documentos que complementan la información de Mértola, TVIWIRXERHSEHIQÂWWMQMPMXYHIWGSRIPVITIVXSVMSITMKVÂðGS de esta localidad alentejana en diversos aspectos, a saber, los rasgos constructivos de los monumentos y el elevado índice de romanidad de los individuos registrados.
188 ELEMENTOS Y PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DEL ANAS COMO FRONTERA EN LA ANTIGÜEDAD ... REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 1. LAS FUENTES CLÁSICAS El Guadiana es mencionado únicamente en fuentes posteriores al siglo III a.C., señalando una etapa de los viajes marítimos a lo largo de la costa o su cualidad de río navegable que establece los límites de un territorio o de un pueblo. Ello parece evidente en un texto de Marciano de Heraclea (siglo -:GYERHSIPEYXSVEðVQEIRWYPeriplo del Mar Exterior (2,8), que “La longitud de toda la Betica empieza desde la desembocadura del río Anas y termina en el nacimiento del mismo río […]. En el sentido de la latitud comienza en las fuentes del mismo río y termina por el Sur en el templo de Juno.” (Trad. M. Pastor Muñoz, 1978) Conocemos referencias a este río en las obras de Polibio, César, Estrabón, Plinio, Mela, en los itinerarios, en periplos como el de Marciano y en los textos de los agrimensores romanos. La información proporcionada por estos documentos, claraQIRXIMRWYðGMIRXITYIHIWIVGSQTPIQIRXEHEGSR un cuestionario sobre el uso de los ríos como refeVIRXIWKISKVÂðGSWGSQSJVSRXIVEW]GSQSTYRXSW estratégicos de defensa. Esto permite tener una idea general sobre la importancia económica y militar de los ríos y sobre el modo como el ejemplo del Anas se enmarca en otros del Imperium. Hemos preferido dedicar algunas breves palabras a la epigrafía, puesto que estos documentos proporcionan informaciones determinantes para el estudio de las sociedades que vivían cerca del Guadiana o en lugares fronterizos (adscripción a tribus, orígenes, estatus social, etc.) e, incluso, de los límites de las ciudades (Roldán, 1975, 12-13; González, 2004). )PPSLETIVQMXMHSHIWEðEVPEMHIEXVERWQMXMHE en los textos de Mela y Plinio, de que el río separaba PSWXIVVMXSVMSWHI&ÊXMGE]0YWMXERME%PEVGÄSet al., 1990). Véase asimismo la opinión de A. Canto, en ERBC, 28, n. 39; 147, que parece admitir sin más la información de estos autores clásicos. Por otro lado, se destaca la representación del río como elemento KISKVÂðGSUYIHIPMQMXEPSWTYIFPSWGSRSGMHSWTSV Roma. Por ello, no es pertinente defender que tales fronteras se mantuvieron inalteradas a lo largo de los años (Canto, 1989, 151). 0EMQTSVXERGMEHIPSWEGGMHIRXIWKISKVÂðGSWIW evidente cuando se pretende presentar a los receptores una idea general de territorios no pocas veces desconocidos. Estrabón, p.ej., no tenía un conocimiento directo de la Península Ibérica, pero consultó a autores que sí habían estado y estudiado algunos aspectos de la naturaleza o de la etnografía de una Iberia que conocieron e en su tiempo. La posible referencia más antigua a la Lusitania la encontramos en la obra de Polibio (10,7,4-5), escrita a mediados del siglo II a.C., presentándose como la región más occidental del mundo habitado. Este autor habrá conocido la Península Ibérica en c. 151 a.C. (cf. Pérez Vilatela, 2000, 23ss.), acompañando los primeros pasos de Roma en el conociQMIRXSKISKVÂðGSHIIWXIXIVVMXSVMSXVEWPEWIKYRHE Guerra Púnica (cf. Plb., 3,37.10-11; 3.39.4-5, apud García Fernández, 2003, 59). El megapolitano menciona una vez el río para decir que nacía en Celtiberia (34,12 = Str, 3,2,11; cf. Cruz, 2006, 8586), por lo cual no tendrá aquí un comentario más desarrollado. Recientemente, la publicación del Papiro de Artemidoro (Pap. Art.) ha dado pie a una importante discusión sobre su autenticidad y sobre algunos topónimos de Lusitania, como Salacia/ Salakeia (Faria, 2009). Esta obra, fechada entre 104 y 101 a.C., es presentada como un periplo que describe la costa y las distancias entre lugares y fue una de las principales fuentes de Estrabón, directa o indirectamente (por intermedio de Posidonio: Schiano, apud Ruiz y Campos, 2009, 91, n. 7; Cruz et al., 2009, 318-319). De las cinco columnas del papiro, HSWWIVIðIVIREPE4IRÎRWYPE-FÊVMGEHIWXEGÂRHSWI para los propósitos de este trabajo, una posible mención al Anas y a una ciudad supuestamente ubicada en su estuario, Cilibe. Sobresalen de antemano dos problemas: el hidrónimo es una interpretación de dos lagunas en el papiro2 y de Cilibe solo conocemos un etnónimo (Cilibitanos) de una lista de ciudades estipendarias de Lusitania (Plin., Nat., 4,118). El nombre tiene lecturas diferentes según los códices, entre Cilibitani y Cibilitani, predominando la última. Ello permitiría defender, según J.M. Ruiz y J.M. Campos, que esta ciudad se ubicaba en el Cerro de Rocha Branca (Silves) y que el A[rados] (actual Arade) sería el río mencionado en el Pap. Art., quedando así explicada la referencia a dos ciudades, Ipsa y Cilibe/ Cibile (sic), con argumentos basados en los hallazgos numismáticos que ubican IWXEWGMYHEHIWVIWTIGXMZEQIRXIGIVGEHI4SVXMQÄS 2 ta\j A)/n[a a)na]xu/seij ei)sin (Pap. Art. 5, 32 - 33); tw=[n A)/]na e)[kbolw=]n (ibid.: 34).
189 PEDRO ALBUQUERQUE • CARLOS PEREIRA • SÍLVIA TEIXEIRA REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 y Silves (cf. Guerra, 2007, 121-123; Ruiz y Campos, ðK%PEVGÄS Este tema merece una discusión más profunda, sobre todo porque puede ser relacionado con las referencias a Baesuris (actual Castro Marim) o, mejor dicho, con la ausencia de testimonios textuales de su existencia anteriores a los itinerarios, a pesar de la importancia económica que este asentamiento tuvo antes del siglo I d.C.; resulta evidente que Artemidoro pudo haber conocido Baesuris, directa o indirectamente, puesto que en ese momento estaba activa. Otras fuentes señalan que el Anas era un refeVIRXIKISKVÂðGS0ESFVEHI.YPMS'ÊWEVDe Belo Civile, menciona el río como elemento que delimita la acción militar, pero no profundiza en otros aspectos como, p.ej., su importancia para la defensa de los ejércitos (Caes., BC, 38), al contrario de otra ocasión, en la cual el autor anónimo de Bellum Hispanicum destaca esa potencialidad en el Baetis (BH, 5) y, un poco más adelante, menciona la importancia de las torres y de las murallas construidas en lugares deshabitados (id. 8,3, apud Cadiou y Moret, 2012, 39-40). Las obras más detalladas son las de Estrabón, Mela y Plinio. El primero consultó algunas fuentes (p.ej., Polibio, Artemidoro, Eratóstenes, Posidonio) para crear una imagen de la Península Ibérica en su Geografía, destacando, sobre todo – en el caso del Anas – la navegabilidad y los límites de algunos pueblos que cita a lo largo de su libro 3. El testimonio estraboniano es importante para conocer los MRXIVIWIWHIPEVITVIWIRXEGMÔRIXRSKVÂðGEHIPImperium, en particular de Iberia en c. 17 - 18 d.C.; del mismo modo que los textos que señalaremos a continuación, el del amasiano no presenta datos suðGMIRXIWWSFVIPSWTYIFPSWUYIZMZÎERIRPEWSVMPPEW del Guadiana, puesto que tampoco les da demasiada importancia. Entre 43 y 44, Pomponio Mela, nacido en Tingentera, escribió una Corografía en la cual pretendía transmitir a sus receptores algunas informaciones muy generales sobre el mundo habitado. Los primeros párrafos (1, 1-2) dan cuenta de los objetivos del autor y de una obra que pensaba publicar a posteriori con informaciones más completas, pero de esta nada se conoce. En ella quizás hubiese desarrollado más sus informaciones sobre Hispania. Los libros 3 a 6 de la Historia Natural de Plinio el Viejo, por su parte, ofrecen una perspectiva detallada de la organización del territorio del Imperio en general y de la Península Ibérica en particular (libros 3 y 4), señalando los estatutos de algunas ciudades ante el poder de Roma (Talbert, 2004, 24). Los datos que presenta no están exentos de problemas y de discusión, dependiendo de las fuentes del autor o de su conocimiento sobre la realidad peninsular que describe. Ello es evidente en el contraste entre el rigor de las informaciones sobre la Tarraconense (de la cual disponía de datos actualizados) y las otras dos provincias, la Bética y la Lusitania (Guerra, 1995, 19-20; Faria, 1995; 2001). Es decir: algunas informaciones podrían estar ya desactualiFig. 3. El Guadiana entre Baesuris y Myrtilis. Mapa base: Open Layer Plugin (elaborado por Carlos Pereira). *MK¢VIEXVEXEHEIRIWXIXVEFENSGSRMRHMGEGMÔR del Guadiana y ubicación de algunos yacimientos mencionados. Mapa base: Global Multi-Resolution Topography (elaborado por Carlos Pereira).
190 ELEMENTOS Y PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DEL ANAS COMO FRONTERA EN LA ANTIGÜEDAD ... REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 zadas en el momento en que Plinio escribió, sobre todo en lo que respecta a la Lusitania. Los itinerarios son igualmente problemáticos, pero indican la existencia de sistemas de comunicación que pasaban por diversos puntos (o mansionesGY]EMHIRXMðGEGMÔRRSWMIQTVIIWGSRWIRWYEP como parece ser el caso de Fines (cf. ERBC, 147; TIR J-29, s.v. Fines; Ramírez Sádaba, 1994, 347; Navarro y Ramírez, 2003, 44). En algunos casos son los únicos textos que transmiten un nombre (p.ej., BaesurisMHIRXMðGEHSWMRKVERHMWGYWMÔRGSR Castro Marim: Arruda, 1999/2000, 36; TIR J-29, s.u. Baesuris)WXSRSWMKRMðGEUYIPEMRJSVQEGMÔRWIEWYðGMIRXISUYIXIRKEYRIPIZEHSKVEHS de credibilidad. Por ejemplo, uno de los itinerarios entre Baesuris y Pax Ivlia (It. Ant. 425.6 - 427. 3) es uno de los pasajes más problemáticos de toda la obra, en lo que respecta a la secuencia de mansiones (Roldán 1975, 77-78; Carneiro, 2010, 83-85). Por su parte, los textos de los agrimensores transmiten lo que sería la metodología de elaboración de un mapa (forma) de las centuriaciones, lo que parece encontrar correspondencia con una inscripción (Sáez, 1990; Ariño y Gurt, 1994, 60-64), en la cual se menciona explícitamente el territorio de Lacimurga y el Anas. Este tema fue discutido por L. García Iglesias (1970) en el ámbito de sus estudios sobre los límites de la Bética y de la Lusitania (asimismo, Sáez, 1990, 218; Mayer 2004, con YREVIñI\MÔRWSFVIPSWXI\XSWHIPSWEKVMQIRWSVIW UYIHIðRMIVSRPSWQÊXSHSWHIPESVKERM^EGMÔRHI las centuriaciones en comparación con la epigrafía. Todo ello lleva a considerar la cronología de los textos y de las informaciones que transmiten, lo cual es especialmente relevante en el caso de los itinerarios (Roldán, 1975, 20-21) y de las fuentes consultadas por otros autores clásicos en el siglo I d.C., que representan algunas etapas de la administración romana con respecto al Guadiana como frontera entre regiones y pueblos (p.ej., Str, 3, 1.6; cf. Faria, 2001). Sin embargo, en estas fuentes se destaca la importancia de los ríos como elementos que estructuran las representaciones de otros pueblos, GSQSTYRXSWHIVIJIVIRGMETEVEHIðRMVPÎQMXIW]S espacios de transición (una importante discusión en Rankov, 2005, con bibliografía, y Campbell, 2012). 2. ¿EL GUADIANA COMO FRONTERA? “[…] Los límites de la provincia fueron los mismos de las espadas y de los dardos” Cic., Pis., 383 La terminología latina utilizada para contextos fronterizos (OLPHV½QLV, terminus, etc.) no se MHIRXMðGEIRPSWTEWENIWHIPSWEYXSVIWGPÂWMGSWUYI mencionan el Guadiana, sino la idea de que el río era YRVIJIVIRXIKISKVÂðGSUYIWITEVEFEHSWTVSZMRGMEW (Plin, Nat. 3.6: “amne Ana discreta”; Mela, 2,6,87: “LOODV ¾XYLXV $QDV VHSDUDW”). Esta condición de marcador fronterizo podría implicar el uso de un término como ripa (“orilla”, “margen”), aceptando la interpretación propuesta por G. Isaac (1998, 350). Sin embargo, ripa es un elemento de descripGMÔRUYIEMWPEHSRSXMIRIIPWMKRMðGEHSHIJVSRXIVE siquiera natural (cf. Mela 1,10 y 15). Por su parte, )WXVEFÔREðVQEUYIIPVÎSHIPMQMXEPSWXIVVMXSVMSW de célticos, lusitanos (3,1,6) y de Turdetania (3.2.1), revelando una organización del discurso en torno a estos elementos naturales, quizás con el mismo objetivo de transmitir al receptor una idea general del territorio y de los pueblos que describe, sin que para IPPSWIERIGIWEVMSVIñI\MSREVWSFVIPSWQYGLSWQEXMces de estas informaciones (vid. supra). Topónimos como (Mansio ad) Fines pueden igualmente indicar la existencia de lugares fronterizos en la Tarraconense (Ant., 398,5; Rav., 303,10), Bética o Lusitania (Ant., 427,1; Rav. 317.18). En ese sentido, valga como ejemplo Suet., Jul., 31, sobre el Rubicón: “Cuando hubo alcanzado a sus cohortes junto al río Rubicón, que señalaba el límite de su provincia”40EMHIRXMðGEGMÔRHIFines en Vila Verde de Ficalho (Fig. 1; TIR J-29, 69 y 79-80) TIVQMXIEðVQEVUYIIRIWXIGEWSWIVÎEIP'LER^E UYIHIðRÎEPEJVSRXIVE7MRIQFEVKS%'ERXSPII el topónimo como “territorio” (ERBC 1994, 147, n. 86) y J.M. Ramírez (1994, 347) como “límite” (cf. Navarro y Ramírez, 2003, 44). En ese sentido, el hallazgo del miliario de Corte do Alho, fechado en c. 121 d.C., por F. de Lima en 1951 (entre otros, ERBC, 147; TIR, J-29, s.u. Corte do Alho; HEp, 1994, 1001) ha sido determinante para ubicar Fines en Ficalho. 38VEH7ÎPZME8IM\IMVEt?fAðRIWTVSZMRGMEIJYIVMRXUYM gladiorum atque pilorum” 4 Trad. R.M. Agudo Cubas (Picón y Agudo, 2008): t'SRWIGYXYWUYI GSLSVXMW EH 6YFMGSRIQ ñYQIR UYM TVSZMRGMEIIMYWðRMWIVEXu
191 PEDRO ALBUQUERQUE • CARLOS PEREIRA • SÍLVIA TEIXEIRA REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 Dejaremos para otra ocasión la discusión sobre este tema. No obstante, cabe referir la importancia IGSRÔQMGEHIPSWVÎSWREZIKEFPIW]HIWYWEñYIRtes (Str., 3,3,1; 3,2,5; Lopes, 2006; Parodí, 2014). )WXETSXIRGMEPMHEHWIXVEHYGIIRIPñYNSHIKIRXIW productos e ideas en los territorios que mantenían contacto con el río y se repercuten, además, en el contexto del Guadiana. El río separaba, en algunos tramos (quizás entre la desembocadura y Mértola), dos provincias (cf. Infra), pero la mayor parte de los productos consumidos en el sur de la Lusitania procedían de la Bética (Viegas, 2011, 516ss; Pereira, 2014, 447-448), merced del transporte y explotaGMÔRHIPSWVIGYVWSWQEVMRSWPSUYIWIVIñINEIRPE primacía de los contactos con la Bética en detrimento de la capital provincial, Emerita. Hay, en este sentido, una continuidad que no traduce dicha idea de separación y que permite defender en términos muy genéricos la poca importancia de la frontera territorial en lo que respecta a la adquisición y circulación de bienes. Por poner un ejemplo, se constatan grandes similitudes entre el registro funerario de Ossonoba (Faro) y el de Onoba (Huelva), ciudades respectivamente de la Lusitania y de la Bética, a pesar de algunos regionalismos. Esta situación se constata en el restante territorio meridional (Bernardes et al., 2014) y lleva a concluir que el Anas no impuso ningún tipo de aislamiento en época romana (cultural o económico) entre áreas vecinas de larga tradición comercial (Arruda, 2003). De hecho, en el mundo de la muerte es más visible una dicotomía entre litoral/interior que entre Lusitania/ &ÊXMGE(MGLEVIEPMHEHRSWIQERMðIWXEÛRMGEQIRXI en los materiales aplicados en las construcciones funerarias, en la arquitectura o en los productos que acompañaban al difunto: también es visible en los ritos practicados. Los enterramientos infantiles en ánfora, p.ej., es una realidad plenamente constatada en el litoral que no tiene paralelo en el interior (Pereira y Albuquerque, 2018). La epigrafía no contradice este panorama, puesto que se comparten algunos gentilicios entre las elites de la Lusitania y de la Bética. Ello indica la existencia de relaciones de parentesco y/o dependencia entre ellas. Ello puede tener que ver con el ejercicio de la explotación de mármoles en el sur de Lusitania, lo que puede relacionarse con el hecho de que alguRSWQSRYQIRXSWITMKVÂðGSWHIIWXETVSZMRGMESPEW obras públicas estaban construidos con este material en la Bética (Dias y Coelho, 1995-97, 250-252). Los asentamientos litorales, obviamente, son en parte responsables de estas relaciones comerciales, de la llegada de algunos elementos al interior y, por consiguiente, de la integración de estas poblacioRIWIRGMVGYMXSWGSQIVGMEPIWQÂWEQTPMSW*EFMÄS 2009, 58). Sin embargo, muchas modas no llegaron EPMRXIVMSVGSRPEQMWQEñYMHI^UYIWIQERMðIWXE en los asentamientos del litoral (Chic, 2005, 322323), como acabamos de constatar en el ejemplo de los enterramientos infantiles en ánforas y al cual podríamos añadir otros. No obstante, los asentamientos que controlaban las desembocaduras de los ríos, como Castro Marim en el Anas, garantizarían la protección de la circulación hacia los territorios MRXIVMSVIW]WYñYMHI^IRXVISXVSW%VVYHE 2003), en particular hacia Mértola, en el límite de la navegabilidad del río (Albuquerque y García, 2017a; García, Albuquerque y Palma, 2017). A esta función de “carretera” se añade la de defensa, que complementa la protección de poblados. Esta dualidad depende de las particularidades del territorio y de las circunstancias históricas que conducen a que se valore una u otra función. Lo dicho es especialmente válido para la época romana-republicana: los ríos eran vías de abastecimiento de los ejércitos, de salida de materias-primas del interior (Morillo y Salido, 2010, 149-151) y, simultáneamente, importantes barreras naturales en los puntos en que estaban encajados en el paisaje. En resumen, los ríos son determinantes en el dominio y control del territorio en los más variados ámbitos (explotación, comerciaPM^EGMÔRTEGMðGEGMÔRZMKMPERGME)PPSNYWXMðGEPERIcesidad de garantizar su control (César, BG 5.18; BH, 5; cf. Rankov, 2005) y puede explicar el hecho de que los militares debiesen practicar la natación en los meses de verano, puesto que les permitiría atravesar los grandes ríos cuando el ejército estaba en marcha o salvarse cuando la lluvia hacía subir el nivel del agua (Vegetius, Epitoma Rei Militaris, 1.10). En los apartados siguientes señalaremos algunas cuestiones que nos parecen pertinentes para discutir el papel del Anas como elemento fronterizo, en lo que respecta a la separación entre la Bética y la Lusitania (Figs. 1 y 2) y a la navegabilidad del río. Éste puede ser un elemento visible que permite la MHIRXMðGEGMÔRHIPSWPÎQMXIWHIYRXIVVMXSVMSTIVS IWSRSMQTPMGEUYIWIWMQTPMðUYIPEVIEPMHEHLEWXE tal punto que se considera que la margen derecha del río pertenece a la Lusitania y la izquierda a la Bética, como aparentemente señalaron en su tiempo Mela y Plinio.
192 ELEMENTOS Y PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DEL ANAS COMO FRONTERA EN LA ANTIGÜEDAD ... REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 Antes de estos autores, la descripción de las incursiones de pueblos indígenas en territorios dominados por Roma, entre 194 y 151 a.C., permite suponer que no existían fronteras strictu sensu, puesto que no hay referencia a una situación de violación de un espacio delimitado, sino ataques a poblaciones que eran protegidas por la potencia dominante (cf. Livio y Apiano, apud Cadiou y Moret, 2012, 31, n. 40). Se trata por tanto de zonas de frontera, no líneas de frontera, sobre todo en el periodo romano-republicano (Curchin, 1997, )WXEMRHIðRMGMÔRIWYRTYRXSHITEVXMHETEVE cuestionar el momento a partir del cual el Anas es, o no, un elemento que separa o une las ciudades o los pueblos que forman parte de un sistema de TSFPEQMIRXSVIGSRðKYVEHSTSVIPTSHIVVSQERS )RSXVEWTEPEFVEWPEWJVSRXIVEWWSRHIðRMHEWTSV los grupos poblacionales y su importancia depende de las circunstancias históricas. Quizás por ello, el río no es mencionado en las fuentes con ese sentido o como elemento que responde a una necesidad de defensa. 3. EL ANAS Y LAS PROVINCIAS ROMANAS Todo ello induce a pensar que las fronteras interprovinciales correspondían a los límites de los territorios de las ciudades y pueblos que quedaban dentro del dominio de una provincia y, por ende, de Roma. No hay, por consiguiente, que buscar exTPMGEGMSRIWIRYRETIVWTIGXMZEKISKVÂðGEUYITSV lo que podemos observar en todo este panorama, solo es valorada en textos que intentan describir la extensión del poder de Roma (cf. Cadiou y Moret, 2012, 28-29). Asimismo, para Curchin, “the rivers were thus not a line to advance to, but a line to advance along. Accordingly, the frontier did not run along populated river valleys but across the sparsely inhabited wastelands between them” (1997, 67). Hemos visto que las referencias de Mela y Plinio al Anas GSQS IPIQIRXS KISKVÂðGS UYI WITEVEFE la Bética y la Lusitania pueden ser matizadas, y a ello se añade la discusión sobre los límites del territorio de ciudades como, p.ej., Mérida (entre otros, Ramírez Sadaba, 1993; cf. Favory, 2005; Gargola, 2005). Un texto, tardío, del agrimensor Agenio Úbico (Thulin, 1913, 44), atribuido a Frontino por Lachmann (propuesta aceptada, entre otros, por SiPPMÉVIW%PEVGÄSet al., 1990, 322, n. 14), señala que el Anas estaba en medio de la pertica (o forma) de la capital de la Lusitania y que se distribuyeron tierras en sus orillas; es evidente que el río no es en este caso una frontera, sino los espacios ocupados por los colonos: “Sé que, en Lusitania, en el territorio de los emeritenses, una parte considerable del río Ana atraviesa la pértica de la colonia, en cuyos márgenes se asignaron campos hasta donde entonces pareció útil. Dadas las grandes dimensiones del terreno, estableció veteranos en torno casi a la linde extrema, EWÎGSQSPSWGSRðRIWQY]TSGSWNYRXSEPE colonia, y junto al río Ana; el resto había quedado para cubrirlo después”. (Agen., Agrim. 228-229, trad. P. Resina, THA III: 271-272)5 Esto también se desprende de una inscripción catastral publicada por P. Sáez (1990). En ella, se representa una centuración, asociada a Lacimurga, que es atravesada por el río. (v. Fig. 1). Dos termini augustales de Valencia del Ventoso y Montemolín (Ramírez, 1993) indican la existencia de enclaves emeritenses fuera, incluso, del territorio atribuido a Lusitania y lejos del Anas (Fig. 1). Resulta por lo tanto evidente que las fuentes no señalan con rigor cuestiones que tienen que ver con la organización territorial de cada ciudad. A pesar de los problemas de los planteamientos iniciales de Hübner sobre la cuestión de Metellinum (CIL II, 72 y mapa; Guerra, 1995, 48-49; Plin., Nat, 3,6; 4,116; Ptol., 2,5,6), se propusieron diversas interpretaciones de los documentos epigráðGSW+EVGÎE-KPIWMEW*VERGMWGS+YIVVE 1995, 49, etc.), e incluso un cambio en el curso del VÎSHYVERXIPE%RXMKÝIHEHTEVENYWXMðGEVIWXIETVMSrismo (Monsalud, 1897, 488; García Iglesias, 1972, 166). Todo ello revela una primacía de aquellos textos en el análisis de las fronteras territoriales en la investigación, pero esta dependencia se hace cada vez menos visible. Este panorama ha conducido a replantear la 5t7GMSMR0YWMXERMEðRMFYW)QIVMXIRWMYQRSRI\MKYYQ TIVQIHMEGSPSRMEITIVXMGEQMVIñYQIR%REQGMVGEUYSH agrisunt adsignati qua usque| tunc solum utile visium est. / Propter magnitutiduninem enim agrorum veteranos circa I\XVIQYQJIVIðRIQZIPYXXIVQMRSWHMWTSWYMXTEYGMWWMQSW GMVGE GSPSRMEQ IX GMVGE ñYQIR % REQ" VIPMUYYQ MXE remanserat, ut postea repleretur” (Thulin, 1913: 44; cf. Higino, 1.28; Frontino 2.13, sobre las centuriaciones de Emerita y comentarios de Sáez, 1990; Ariño y Gurt, 1994, 45ss).
193 PEDRO ALBUQUERQUE • CARLOS PEREIRA • SÍLVIA TEIXEIRA REVISTA ONOBA, 2018, Nº 06 GSRðKYVEGMÔR HI PE 0YWMXERME VSQERE TEVXMIRHS HIPEVIPEGMÔRIRXVIIPGYVWSñYZMEP]IPVIKMWXVSEVUYISPÔKMGS]ITMKVÂðGS7IGSRGPY]ÔTINUYIPEW fronteras naturales “servent surtout à asseoir les grandes limites administratives dans la mesure où elles forment des barrières géographiques stables et bien repérées, mais elles ne coïncident pas toujours avec la réalité des civitates ou des identités ethniUYIWu%PEVGÄSet al., 1990, 327). En otras palabras, es imprescindible matizar la idea de que una frontera o, en este caso, un río, imponen alguna disGSRXMRYMHEHGYPXYVEP7ITYIHIEðVQEVEYRUYITVSvisionalmente, que las orillas de un río pueden ser elementos estructurantes de poblamiento y formar un sistema de relaciones de pertenencia, independientemente de ser, o no, un elemento fronterizo. 4. ENTRE BAESURIS Y MYRTILIS “El Anas resulta también remontable para la navegación, pero no para tales navíos ni durante tan gran trecho.” Str., 3,2,3 El análisis de estos sistemas estructurados por los ríos, en particular del Guadiana, cobra especial interés si tenemos en cuenta las ventajas de la navegabilidad hasta Mértola (Fig. 3). Admitiendo que PEJVSRXIVEIRXVITVSZMRGMEWWILEHIðRMHSIRXVIPE desembocadura de este río y la desembocadura del Chanza (Fig. 1), donde se encuentra actualmente 4SQEVÄSIWMQTSVXERXIGYIWXMSREVLEWXEUYÊTYRto esta condición tuvo, o no, consecuencias en el XVÂðGSñYZMEPIRXVIBaesuris y Myrtilis y en las estrategias de control de los recursos. Parece obvia la importancia de los asentamienXSWTSVXYEVMSWWMRSWðNEQSWTINIRPEGVIEGMÔR de capitales de civitates en ciudades como Olisipo, Salacia, Balsa, Ossonoba y, por supuesto, Myrtilis (Blot, 2004, 472). Por esta razón, nos detendreQSWIRYREFVIZIVIñI\MÔRWSFVIPEMQTSVXERGMEHI yacimientos como Castro Marim y Mértola. La valoración de Myrtilis es determinante para el estudio de las fronteras: en primer lugar, por su YFMGEGMÔRIWXVEXÊKMGEIRPEGMVGYPEGMÔRñYZMEP]XIrrestre; en segundo, por su capacidad defensiva en la margen derecha del Guadiana; en tercero y último lugar, por su posible función como puesto fronXIVM^SIRZEVMEWÊTSGEW)WXSWIPIQIRXSWNYWXMðGER claramente la importancia de esta ciudad y de su entorno para el estudio de las fronteras territoriales/ físicas y sociales/ simbólicas (cf. Albuquerque, 2017; Albuquerque y García, 2017a; 2017b; García, Albuquerque y Palma, 2017). La información de Estrabón sobre las dos bocas del Guadiana permite tener una idea de cómo sería el paisaje alrededor de BaesurisEðREPIWHIP siglo I a.C. y de su importancia para la circulación ñYZMEP)PPSGSRHYGIEGYIWXMSREVPEWTSGEWVIJIVIRcias a este yacimiento en las fuentes y el porqué de solo ser conocido en los itinerarios, señalándose las comunicaciones viarias con el interior (It. Ant., 425,4; 431,4-8: Esuris; Rav., 305,9: Baesuris; cf. Arruda, 1999/2000, 36, con bibliografía). )WXEGSRHMGMÔRTYIHINYWXMðGEVYREQIRSVMQportancia en el contexto de la circulación a lo largo de la costa. Las descripciones antiguas son esencialmente costeras, y en ese sentido el río es mencionado como elemento que delimita la representación de la costa meridional de Lusitania hasta el Promotorio Sagrado. Baesuris había perdido, ya en el siglo I d.C., la importancia que antes tenía. Estos EVKYQIRXSWTYIHIRWIVWYðGMIRXIWTEVENYWXMðGEVPE ausencia de referencias en dichos textos y, sin emFEVKSRSWSRWYðGMIRXIQIRXIðEFPIWTEVEHIWGVMFMV el panorama arqueológico que en los últimos años WIHMSEGSRSGIVEPEGSQYRMHEHGMIRXÎðGEIRHMZIVsas publicaciones de investigadores de la Universidad de Lisboa6. La ubicación de Castro Marim (Fig. 4) parece WIVHIXIVQMRERXIIRPEGMVGYPEGMÔRñYZMEPHIP+YEdiana y puede ser analizada como parte integrante de un sistema de poblamiento y explotación del territorio del cual Myrtilis (infra) y los Castella formaban parte, a saber, como un punto de contacto entre el litoral y el interior. Baesuris presenta genéricamente la misma cronología de los recintos JSVXMðGEHSWHIPMRXIVMSV]RSTVIWIRXEMRHMGMSWHI una funcionalidad militar. Sin embargo, sus características defensivas indican, del mismo modo que los castellaYRIWGIREVMSHIHIWGSRðER^ESTSVPS menos, alguna necesidad de protección y vigilancia en la segunda mitad del siglo I a.C. La pérdida de importancia de los castella del interior encuentra alguna correspondencia con la secuencia ocupacional de BaesurisUYIEðREPIWHIP 6 La bibliografía citada a continuación no es exhaustiva. Algunos materiales de la Edad del Hierro y del periodo romano de Castro Marim fueron estudiados en el ámbito de XVEFENSWHIðRHI1ÂWXIV]IWXSWTYIHIRWIVGSRWYPXEHSWIR el repositorio de dicha universidad.
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