Biblioteca de religión o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos. Tomo XIV
Abstract
Contiene: T.I 1826 (XLVI, 34 4p.) -- t.II 1826 (392 p.) -- t.III 1827 (VIII, 224 [i.e. 324] p.) -- t.IV 1827 (388 p.) -- t.V 1827 (230 [i.e. 330] p.) -- t.VI 1827 (352 p.) -- t.VII 1827 (400 p.) -- t.VIII 1827 (332 p.) -- t.IX 1827 (318 p.) -- t.X 1827 (XVI, 322 p.) -- t.XI 1827 (330 p.) -- t.XII 1828 (X, 350 p.) -- t.XIII 1828 (374 p.) -- t.XIV 1828 (IV, 327 p.) -- t.XV 1828 (XXIV, 637 [i.e. 376] p.) -- t.XVI 1828 (415 p.) -- t.XVII 1828 (VII, 388 p.) -- t.XVIII 1828 (380 p.) -- t.XIX 1828 (375 p.) -- t.XX 1820 (404 p.) -- t.XXI 1829 (XXXII, [1], 349 p.) -- t.XXII 1829 (410 p.) -- t.XXIII 1829 (350 p.) -- t.XXIV 1829 (371 p.) -- t.XXV 1829 (VII, 267 p.)
Full text
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a , nó o Jem CAES de obras contra La wecreduledad : JH 2700 de tos ullimos tiempos. E A A O A HA e E TES AA o" Aa É Y A ! a. de a TE ' EZECH. mí. y, 1, A A cs, TOMO XIV. Cor dde Real. MADRID: Aguado, bajada de santa Cruza Imprenta de D. E, me sta ZO Comede volumen istud, et vadens loquere.
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NOTICIA. DE LA VIDA Y OBRAS DE MOZZI, N | E Mozzi, +salio teólogo y nació en Bérgamo el Buiente el autor de la 26 de mayo de 1746. 4 la edad de diez y siete años entró en el colegio: de Jesuitas de la provincia de Milan, obteniendo muy jóven aún la cátedra de Bellas Letras en el Seminario de Nobles , la cual regentó hasta el año de 1773, época de la supresión de su Orden. Habiéndose retirado á su patria , fue Canó migo y Arcipreste de aquella diócesis > y despues nombrado Examinador Sinodal. Intimamente adherido á los verdaderos principios de la Iglesia Católica , com— batió en sus numerosos escritos las doctrinas opuestas, comunicadas , al parecer , por la Francia á la ltalia, en donde el Jansenismo tenia prosélitos. La primera produccion del Abate. Mozzi contra las máximas de Port-Royal fue : (1.) Sus Cartas 4 un amigo acerca de una Disertacion publicada en Brescia sobre el regreso de los Judíos al sen en .Lucques en 1777 en 8.2 El autor de la Diser= tación que salió á luz en 1772), era un religioso sec= tario. de las nuevas doctrinas. Publicó Mozzi sobre el mismo asunto algunos años despues (2.) una Carta familiar de un teólogo á Otro, Viena 1778 en 8.0, á. la que se respondió con » otra Carta de un teólogo á los autores de las Efemérides literarias de Roma, 1778, en 122, y de treinta páginas. El año si Disertacion indicada publicó época” del regreso de los Judíos, al se= sia, Tomó tambien Mozzi por su cuenta o de la Iglesia , impresa otra sobre la noO de la lele
(11) la defensa de los buenos principios ,: cuando diferen= tes escuelas de Italia se manifestaron inclinadas á dos de la Iglesia de Utrecht, y Su piedad , ciencia y servicios hechos á la Relim gion, llamaron la atencion. del. Papa Pio VII, que de llevó á Roma, nombrándole' misionero apostólica del oratorio del Padre Gravina, siendo muchas ve= ces consultado en las discusiones suscitadas entre la Santa Sede y Napoleon, y siendo muy estimadas sus decisiones del Pontífice y del Sacro Colegio. La Aca= demia de los Árcades de Roma » Y Otras varias de Italia le contaron entre sus individuos; pero no bien quedó restablecida en Nápoles la Compañía de. Jesus, cuando voló allá ; y no obstante su edad,. hizo. sus cuatro votos, Habiendo sobrevenido las turbaciones de Nápoles , salió de aquella ciudad , y se retiró á una posesion del Marques .Scotti, cerca de Milan, donde murió á 21 de junio de 1813, y á: dos 67 años de su edad. Ademas de las obras ya citadas, tenemos de este sabia y. piadoso Eclesiástico: (3.) El falso discípulo de san Agustin y de santo 'Tomas convencido de error, Ó Reflexiones críticas y dog= málicas sobre una obra nueva tocante á las doctri= nas corrientes, Venecia 1779 en 8.2 Es respuesta á una traduccion italiana de una obra que se pu= . . blicó en París en el año 1784. , cuyo título era: La Doctrina de san Agustin y de santo Tomas triun=- fante de la de Molina y de los Jesuitas, con las ar= mas que suministra el Hustrísimo Arzobispo de Pa= rís en su Pastoral de 28 de octubre de 1763. No dejaron los Jansenístas de intentar responder á Moz= ai con varios escritos , tales como VOpinamenti, 6 Ensayos sobre la lectura del falso discípulo por el P. Conaglio, capuchino; pero no por eso se desanimó Mozzi, antes bien batió á su antagonista con la (4.) .- 3 A e
(ur) Breve “muestra de la rara sagacidad del Padre - Victor de Conaglio , impresa en Bergamo, 1780 en 12, y en el (5.) Ensayo de una respuesta del Canónigo Mozzi al P.... Carta primera 1781 en 12, (6-) El: Jansenismo:4.las claras , ó ideas del Jan— senismo, Venecia 1781 , a tom, en 8.2 dedicado al caballero * Luis Valenti Gonzaga. (7.) El culto del amor divino, ó la devocion al sagrado corazon de €sus, impreso en Sienne (no en Bolonia ) año de 1782 en 8.2, traduccion de la obra de Mr. Fumel, Obispo de Lodeve. Mozzi la adornó con notas yy la dedicó á la Reina de Portugal , de la que mereció una contestacion muy lisonjera, (8.) Historia del cisma de la nueva Iglesia de Utrecht, dirigido á M..... por D. A. C., Ferrara 1785 en 8,2 Pio VI mani- Jestó al autor lo grata que le habia sido, en un Bre= ve con fecha de 8 de junio de 1 785. (9.) Cartas á un amigo sobre algunas inexactitudes notadas en su Compendio de la Iglesia de Utrecht r Venecia 1787, 3 tom, en 8,9 (10.) Respuesta pacífica al caballero Milanés , autor de las cartas de Utrecht, Venecia 1708 en 8.2 (Este supuesto caballero era el abate Rossi, que en el año 1786 había publicado Los Ca= tólicos de la Iglesia de Utrecht, ó analisis y refuta cion del Compendio ). (11.) Mis cincuenta razones para preferir la lelesia Católica » Basano 1789 en 8.", vbra del Duque Antonio Ulrico Brunswick, tradu= cida del inglés, y anotada por Mozzi. (x2.) Conver— saciones familiares entre una señora Católica y un teólogo Jansenista acerca de la prohibicion de libros, Asis 1790 en 8.2 (13.) Los Proyectos de los Incrédulos para arruinar la Religion, descubiertos en las obras de Federico H, Rey de Prusia. Asís, tercera edicion, 1791 en 8.2, con un Opúsculo in= titulado : El Espíritu del siglo XVII, manifes-
(10) de número de monasterios que llenan sus provincias (3), y la Jacilidad de pagar una mo en el libro 1. contra Joviniann,; pero mejor se= rá que consultemos al 4migo de los hombres, Mr. de Mirabeau, que ha trátado espresamente de la poblacion y del modo de promoverla, y no puede ser sospechoso á nuestros iluminados. “Eu conse »Cuencia, dice este acreditado escritor, del princi- » pio establecido, que no se pueden alimentar nue- » vos habitantes en un Estado, si no hay medios pro= »porcionados para la subsistencia, y que cuanto »mas esta subsistencia se halla voluntariamente li- »mitada entre los que ocupan el terreno, tanto »mas alcanza para suministrar á una nueva pobla— »Cion, mo podrá negarse (dejando aparte cualquie- »ra otra razon) que los establecimientos de las ca- »sas religiosas sean utilísimos á la poblacion nume- »rosa. Que suceda por parte del Rey, ó por par= »te de san Benito y santo Domingo, el que un »gran número de individuos se obligue voluntaria » mente á vivir con la cantidad de solos »dos diarios, siempre es cierto que esta cláse de »institutos ayuda mucho á la poblacion, aunque sea »con solo dejar el terreno para nuevos habitantes; » Y si los Estados Protestantes son mas floridos » poblados que aquellos en que la Disciplina Ecle= »siástica de la Comunion Rómana es Gbservada exac- »lamente , como sucede en la Francia, creo que »podrá darse á esto otra causa diversa de la supre= »sion de las Ordenes Regulares. ” Tratt. della popol. c. 2. Nosotros habremos de repetir nuestras obser= vaciones sobre el mismo argumento, (1) - En los tiempos mas. felicós de la Iglesia, cuando la pálida luz de la filosofía no prevaleció cinco suel= a A e po = gi q > o rs SES EDT - Oria
(41) parte de sus deudas, aplicando á ello los bienes de estas comunidades que no tienen sucesor, se conseguirá, segun yo creo, determinarlos á comenzar' esta reforma(1), y es de presumir que despues de haber gustado de la secularizacion de algunos beneficios, la avaricia los empeñará á seguir hasta acabar con' todos. “Todo entre los discípulos de Jesucristo sobre “las luminosas tinieblas del Evangelio, el número de Regula res era mayor que al presente, y no se tuvo por un abuso. En la Alta-Tebaida solo los discípulos de san Pacomio se habian multiplicado tanto á fines del siglo 1V, que se unian, segun el testimonio de san Gerónimo, cerca de cincuenta mil para celebrar la Pascua; y Rufino cuenta, que en sola la ciudad de Oxyrinque en la Baja-Tebaida habia sobre diez mil Monges y veinte mil Vírgenes; de manera que podia decirse, habia mas religiosos que ciudadanos, y los monasterios ocupaban mas terreno que las ca sas de seculares. Ein el siglo VÍ san Gregorio Magno en la ciudad de Roma solamente alimentaba sobre tres mil religiosas. Un pormenor mas circuns= tanciado es inútil para los que estan instruidos en la historia de la Iglesia, y sería necesario estender— nos mucho para instruir á.aquellos á quienes esta materia fuese desconocida. Añadiremos únicamen-= te, que los mismos hereges han hablado siempre de aquellos siglos como de los dias mas felices de la cristiandad, > (1) Esta era la reforma Tarraconense del señor Villanueya, (Véanse en el tomo 3.2 del Filósofo ancio las Cartas 25 y siguientes, hasta la 32).
(12) » Gobierno que se determine á esta operacion, »será.amigo de la Filosofía, y protector de » todos los libros que atacan la superstición » popular, y el falso celo de los hipócri- »tas (1) que se quieran oponer.” Ped ahí un pequeño. proyecto. que. yo someto. al exámen del Patriarca de Ferney. A el toca como padre de los fieles el rectificarlo. El Patriarc2 40450. Me, preguntará: ¿qué'se. ha de hacer de los Obispos? Yo le responderé, que no es tiempo aún de tocar" á ellos ; que se debe comenzar por los que fomentan el Jfanatismo en el-corazon del pueblo, Dejad que el pueblo se resfrié , y los Obispos vendrán á ser unos monaguillos, de los cuales con' el tícmpo podrán. disponer los Soberanos , segun les parezca. El poder y autoridad de los eclesiásticos está fundado en la opinion y credulidad de los pueblos (2): dlustrad á éstos, y el encanto se desvanecerá, AA ATT os (1) El Papa, los Obispos, los Sacerdotes, los fie= les que no profesan el naturalismo filosófico, todos son hipócritas, en el valor que los Incrédulos quieren dar á esta palabra, M. y Teran en su traduccion impresa en Cádiz, año de Sta. bt 6 El poder $ autoridad de los eclesiásticos está fundado sobre el mérito real de éste estado, y sobre su utilidad religiosa y política. Véasesobre este pro= mn A A A y
(13) “Este proyecto original del Rey filósofo, recibe mayor claridad y” estension en OltaNcani suya escritadalsmismo«Pátriarca de Ferney, “Os remito, le dice; un sueño, el »cual podrá daros por un:momento una sor- >presa agradable... El Papa y los frailes »séguramente van á acabar(1): su caida cai A A pósito el Opúsculo interesante titulado: Paralelle du Sacerdoce chretien avec le sísteme militaire adopté dans la plus grande partie de 1 "Europe pour faire sentir les inconveniens sans nombre de lun es ha entregado las llaves del reino de los Cielos > Y la facultad de at El poder y Quloridad de los eclesiásticos sobre la naturaleza dela está fundado Religion Cristiana: dire aleza de cualquiera Rel; tada por mas de cinco mil años para poder participar de la pretendida luz de los que se llaman filósofos del siglo XVI (1) Esta predicción es de Or lo que hace al P ederico que no acá), masiado avanzada. apa podemos asegurar al gran ará hasta que el mundo acabe. A is.
(14) »no será obra de la razon, sino que perece- »rán. á propofción que las rentas de las gran- » des Potencias se desconcierten. En Francia, »agotados que sean todos los arbitrios para » tener dinero, se verán obligados á seculari- » zar las abadías y conventos; este egemplo »será imitado de los demas, y el número »de capillas quedará en breve reducido á ce- »ro (J). La misma necesidad de dinero su- a A A A ] A El Papa es aquella piedra sobre la cual Jesucristo ha fundado su Iglesia, y la palabra del hombre Dios, mucho mas eficaz que la del Rey filósofo, nos ase= gura que nunca faltará. Considerados en general, + tambien nos atrevemos á asegurar la perpetua sub— ; sistencia de los Regulares. Siguiendo la observacion - del Emmo. de Malines en su carta de 4 de abril de 1782 485. AA. RR. los Gobernadores de la Flandes, la vida religiosa no es otra cosa que und práctica constante y contínua de los Consejos evan= gélicos , y asi considerada bajo este aspecto, no puede faltar, y es esencial 4 la Religion Cristiana, Des. j engañémonos, esto no fue mas que un sueño del — Rey de Prusia. - (1) Un anónimo destinado á verificar la liga de la teología moderna con la filosofía contra la Igle= sia de Jesucristo, en la desgraciada impugnacion - que hace de la preciosa representacion hecha en el año de 1782 por el primado de Hungría á la magestad de José 11, asegura que dentro de 5o años no habrá un solo convento en toda la Europa, Ls-
(15) » gerirá á la Austria la idea de la fácil con- » quista de los Estados de la santa Sede, pa- »ra tener con qué ac udir á los gastos ex- » traordinarios (1). Se asignará una grande a A e ta prediccion está en términos aún mas precisos que la anterior del Rey filósofo. “En efecto, ¡de »qué suerte tan Feliz no gozarán los afortunados vi— »vientes del año de 1832 , cuando habrá desapare— »Cido esá multitud de templos consagrados á un Dios d de sus ministros será Tl£= dividuos aislados, sín con— importancia ; cuando los asi— > 6 á un militar violento; »cuando en lugar de religiosos modestos , sóbrios, servicio de Dios, se vean dominios temporales del Papa es de moda; y todos los Sciolos la profesan como un deber: el voto de los Incrédulos es que el Papa quede despojado de todo su dominio . > Pues por este camino se lisonjean llegar l ruccion total de la Reli- 10Mbres no es de estraRar;
(16) | » pension al Padre Santo..... y entonces, ¿qué : »os parece sucederá?...... La: Francia”, la Es- » paña , la Polonia y ennna palabra, todas » las potencias Católicas no querrán: Tecono-: »cer un Vicario de Jesucristo, vasallo de la » casa Imperial; cada una se formará su Pa- » triarca, se juntarán Concilios acionales; »poco á poco se “separará cada cual dela unidad de la Iglesia, y terminarán con te- » ner cada uno en.su reino, como su idio- » ma particular, así tambien su respectiva pero que teólogos, que quieren pasar por Católicos, tengan este mismo modo de pensar, y participen del mismo deseo , es lo que ciertamente puede sor= prender á cualquiera que no conozca el genio de * la heregía. Opongamos á estos señores los senti mientos del Presidente Henault en su: Compendio cronológico «de la Historia de Francia: “El Papa — »no es ahora como en otro tiempo vasallo del Em=- »perador. Despues que la: Iglesia se ha dilatado por - pel universo, debe responder á todos los que go= »biernan y mandan en él, y por consiguiente nin. 1 »guno debe mandarle. La Religion mo basta para | »hacerlo respetar de tanto Soberano, y Dios ha. » permitido justamente que el Padre comun de los »fieles conserve con su independencia el respeto »que le es debido. Así que,.es bueno y convenien” »te que el Papa tenga el carácter de Soberano term” » poral.?? Así discurren los filósolos Católicos.
(17) » Religion ( 1. No fijando yo época para el » cumplimiento de esta Profecía, ninguno me »podrá acusar de falso profeta; de todas » maneras es demasiado probable que las co- »sas tomarán con el tiempo el curso que he > señalado,” Hasta aquí el Rey de Prusia, uno de los genios mas originales, y de los hombres mas grandes de su siglo, si la manía filosófica no hubiese alterado y obscurecido sus brillantes cualidades, corrompiendo con tanta frecuencia su corazon, y dándole, lo diré así, sentimientos Jndignos de su carácter, y directamente contrarios á los que (1) Separar á los Obispos de la obediencia del Papa, formar de ellos otros tantos Papas, aislar y hacer independientes de la cabeza de la Religion á las Iglesias particulares, es, por testimonio de los mismos Incrédulos, destruir la Unidad de la Igle— sia, trastornar todo el sistema divino de nuestra santa Religion. Reflexiónenlo ciertos teólogos mo-— dernos. Peor sería si éstos por una detestable anglomanía , quisiesen unir en el Soberano las dos Potestades, “La Religion Cristiana » dice el Abate » Terrason en sus Ensayos de moral, siendo comun »á pueblos que viven bajo diferentes dominios, no po— »dria permanecer siempre la misma, si no tuviese una »sola Cabeza, diversa del Príncipe ó-cabeza de cada » Estado. Sin esto, á la Primera discordia de un Es- »tado Cristiano con otro, los Reyes y demas Gefes »querrian distinguirse unos de otros con algun ar— »tículo de fé particular? Lom, X1Iy, ya
(18) le eran naturales, que á pesar suyo dejaba. ver de cuando en cuando en todas sus obras. Resumiéndonos, pues, y reduciendo á algun órden los principios hasta aquí espuestos, resulta claramente que Federico era de opinion: Primero, que los Regulares, generalmente hablando, son los mas fuertes apo-— yos de la Religion: Segundo, que ésta se debilitará ciertamente, ó faltará en un todo. del corazon del pueblo, cuando aquellos sean destruidos, ó al menos se disminuyan: Ter-- cero; por tanto, que es un positivo interés | de la Filosofía persuadir á los Príncipes que | no hay medio mas oportuno para pagar las deudas de la Corona y del Estado, que apli-= car á ese fin los bienes de: alguna rica aba= día, 6 de algunos conventos: Cuarto, que ha=. biendo comenzado á gustar este manjar sa= ] broso, es muy verosimil que, cargados los Príncipes con nuevas necesidades , vengan por finá decretar la total destruccion de to- - dos los Regulares: Quinto, que obrando de este modo, se harán amigos de los filósofos y protectores de la irreligion: Sexto, que la caida de los Regulares traerá consigo la de los Obispos, y abrirá camino para intentar la del Pontificado: Séptimo, que esta operacion comenzará en Francia, por ser esta la
(19) potencia cuya hacienda estaba mas descon= certada, y despues su egemplo será imitado 'en otras; Octavo, que la misma escasez de dinero determivará al Austria á invadir los Estados de la Santa Sede, y hacer del Pontífice un tributario de la casa Imperial: Noveno, que despues todos los otros Príncipes Católicos se separarán de la obediencia del Papa; de donde por último se seguirá necesariamente que, perdida la unidad de la Iglesia por la separacion con su Cabeza, la Religion no sea mas que un negocio de política, y habrá tantas religiones como reinos. Federico no manifiesta aquí sus sentimientos únicamente, sino tambien los de los Filósofos, de los cuales se puede llamar el órgano y testigo. Le veremos volver muchas veces al mismo argumento, que le ha merecido los aplausos de las primeras antorchas de la incredulidad. Una carta suya de 44 de septiembre de 1769 á Mr. D” Alembert, dará nueva luz á todo cuanto se ha dicho, y servirá de confirmacion.
(96) | » Destrúyanse estos conservatorios del error, » y quedarán cerradas las fuentes corrompi-- i » das que mantienen las preocupaciones, acre: Ñ »ditan los cuentos y consejas de la niñez, y » en la necesidad componen otros nuevos ( 114 » Los Obispos por la mayor parte, demasia= » do despreciados por el pueblo (2), no tie= (1) Parece que el. Rey de Prusia queria redu= cir todo el mérito de los Regulares á acreditar en el vulgo las locas Jábulas de que ha hablado ante | riormente. Pero todas las librerías, todas las cien= cias, y estoy por decir, que tambien todas las ar= tes, depondrán sin embargo contra él. Ellos las han — o | conservado en los siglos de la ignorancia, y puede ser que ninguno tampoco les haya dado mas lustre en-los de la luz. Por otra parle se veria muy emba-= razado nuestro Rey filósofo, si tuviese que probar que los frailes han acreditado estas fábulas en el vulgo. Pero descorramos el velo que cubre el yer= dadero significado de esta espresion. Por locas fábulas entiende el filósofo de Berlin , lo que en otrá parte llama fábulas absurdas (Oeuvres posth. t. Y. L, Pp. 156), y tradiciones: mas absurdas aún, mas ne cias y: ridículas que todo: lo nas estravagante que esparcía el Paganismo, es la parte histórica de la Religion Católica. Concedemos voluntariamente que los Regulares acreditan estas historias , y que destruir los claustros, és cerrar en parte las fuentes que — mantienen vivas en el pueblo estas verdades, (2) Federico no siempre' creia que lós Obispos estan: tan despreciádos del pueblo : en otra par=
(27) »men tanta influencia sobre él como: se re» » quiere, para escitar fuertemente sus pasio- » nes; y los curas, atentos á recoger sus diez- » mos, son bastante quietos; y ademas bue- » nos ciudadanos para haber de turbar el »órden de la sociedad. Sucederá, pues, que »los Príncipes, vivamente seducidos de lo que » mueve su codicia, no sepan, ni sean capa- »ces de saber el fin á que los llevarán estos » primeros pasos. Ellos se ¿imaginan obrar “»como políticos, y obran como filósofos.” Es preciso confesar que Voltaire ha contribuido mucho á allanarles el camino. “El ha sido »el precursor de esta revolucion, preparando »los ánimos, derramando a manos llenas el » ridículo sobre los Regulares y sobre alguna » otra cosa mas (1): él ha devastado la piedra, te demuestra que tienen sobre él una autoridad, que exige muchas atenciones y miramientos, si no se quiere esponer al pueblo á tumultos. Mas el que quisiere notar las contradiciones é incoherencias filosóficas de este hombre grande, así especu= lativas como prácticas, necesitaria escribir un gran volúmen. - (1) Qué entienda aquí el Rey filósofo por aque- Mo alguna otra cosa mas, sobre la cual ha espar= cido Voltaire á manos llenas el ridículo, puede in= ferirse de otra carla suya al mismo Voltaire. “Vos
(28) »entorno de la cual trabajan estos ministros, »y sin saber cómo, vendrá á convertirse en »una bella estátua de Urania. ”. Luego segun el testimonio del Rey de Prusia, los Príncipes, apropiándose los bienes de los Regulares, destruyen las trompetas, es decir, los Apóstoles de la Religion entibian el celo de sus ministros, concurren á la estíncion de la fé, y combaten por sus cimientos el edificio de la Iglesia. Ellos no advierten, ni saben el: fin adonde serán conducidos por estos préz METOS pasos: se imaginan obrar como polí A era, »sois, le escribe con fecha 18 de 'junio de 1776, »(t. IX, pág. 327) y vuestras obras son las que »han producido esta revolucion en los espíritus. El »elépole (máquina de guerra usada entre los anti- »guos griegos) de una buena sátira, ha arruivado »los parapetos de la supersticion, que no habia »podido abatir la sutil dialéctica de Bayle.” Y en otra dice: **La supersticion no produce mas que _»yerbas venenosas (1, X, Pág. 24): á vos estaba »reseryado hacerla caer bajo vuestra formidable »clava con el ridículo que descargais sobre ella, y »Ccuyos golpes son mas terribles que todos los ar— »gumentos ; porque hay pocos hombres que sepan ram »ciocinar y y todos temen generalmente la sátira, ” Se ha observado ya otras veces que en el lengua ge de nuestros filósofos, por supersticion debe entenderse la Religion Católica, En efecto, preguntado TARA N A RT PA mn
o (995 ticos, y estan” obrando como filósofos - trabajan, sin saber cómo, con los ministros inferiores en un estátua preparada por Voldaire para el triunfo de la incredulidad. ¿Puede abusarse mas indignamente de la buena 1é de los Soberanos? ¿No habrá alguno que descorra el velo que oculta á sus ojos las fatales Consecuencias de estas insidiosas sugestiones, á que les inclinan los enemigos de la Religion? No podia el Rey de Prusia lisonjearse de que en un año fuesen los Príncipes conducidos á poner mano á la egecucion de su el Rey de Prusia en una carta de 18 de octubre de 1770 áMr. D” Alembert, qué debe hacerse cuando se quiere combatir directamente esta Religion, responde que deben ridiculizarse los dogmas (X1 95), y esparcir pródigamente el ridículo sob cion, La razon de haber de hacerlo dicado arriba; y Mr. carta de 17 de abril re la Super st ia así, la ha in= D” Alembert la confirma en de 1761, en la cual le dice : Ay? , Si puedo valerme de una »espresion médica, son“ el vehículo que sirye para »hacer tragar á los lectores Católicos las cosas mas »fuertes, de que estan llenas (las obras de los In. »Crédulos) , las cuales sin ello, y desnudas de la »gracia de una viveza satírica , Serían desagrada- »bles al paladar de muchos.” A la verdad, nuestros filósofos manifiestan una malisima opinion del talento Y penetracion de sus lectores,
(30) proyecto. Dos años despues le pareció ver. ya los priucipios, Hé aquí como en 176% escribia á Mr. Voltaire: “Ved aquí una nue. » ya ventaja adquirida por nosotros (los Incré? »dulos) en la España (1). Los Jesuitas han »sido espulsados de aquel reino..... Por otrá » parte, Jas cortes de Versalles, de Viena Y »de Madrid han pedido al Papa la supres »sion de un considerable número de con. »ventos. Dícese que el Santo Padre se verá. »obligado á consentir en ello, aunque sed »á su-pesar..... ¡Qué revolucion! ¿Qué no de » be prometerse el siglo que venga despues »del nuestro? La segur está puesta ya á l »raiz del árbol: por una parte la voz de los. » filósofos se levanta contra los absurdos de »una superstición venerada; de otra los 3 »sos de la disipación obligan á los Princi- , » pes á apoderarse de los bienes de estos claus? »trales, que sou el apoyo y el clarin del. » Fanatismo. Este edificio minado por sus ci” ; » mientos, va á caer... y las naciones nota” »rán en sus anales, que Voltaire fue el pro”. » motor de esta revolucion del espíritu hurt » Mano, que se efectuó en el siglo xvur » ¿Quién habria dicho en el siglo XII que. A (1) Tom. 10, pág. 37.
(31) »la luz, que habia d ¡ » naceria de un Pequeño pueblo de la Suiza » llamado Ferney? De este modo es como » los hombres grandes comienzan á hacer cé- »lebres los lugares en que habitan, y los » tiempos en que florecen.” Los proyectos de los Incréd e iluminar al mundo, se. trata, pues, por sus cimientos toda entera la Religion. ará con- Esta no pasará del y este bien se desigo ciertamente su caida, siglo próximo inmediato , bherá al desconcierto de la administracion de las rentas públicas, que obligará á los Príncipes d apropiarse los bienes de los Monacales. ta de 5 de m ayo de. 1767 4'Mr D'Alembert » Se considera igualmente la caida de la Religion COMO CONSECUENCIA inevitable de la Supresion de los Regulares (1). “¡Vivan, dice, (1) Tom, 11> Pág. 21,
(32) 5» vivan los filósofos! Los Jesuitas ya estan ar » rojados de la España..... El trono de la sus. » persticion es minado por sus cimientos, Ñ » caerá en el siglo venidero.” Este es el grans de acontecimiento que escribiendo á Voltais re, é insistiendo en los mismos principios, al”. un tiempo antes le habia anticipado. “Sabed que los Jesuitas acaso podrán: » dar ocasion para ser arrojados de la Es- » paña: ellos se han mezclado en cosas que » no les pertenecian, y la corte trata de ha- »cer ver que han escitado á los pueblos á »la sedicion (1). Aqui en mis confines, la (1) T. 10, p. 28. Ya no hay quien ignore qué esta fue una cabala de algunos Ministros movido*: por los filósofos , Ó filósofos ellos mismos, para ¡in ducir al Rey á su espulsion. Es digno de leerse el parecer fiscal del señor Huerta, que honrará sienA pre á la magistratura española , y donde se vom desyanecidas con un convencimiento, á que no se puede resistir , todas las calumnias inventadas en? tonces, y es sin dificultad una de las mejores apo? logías de la Compañía. ¿Por qué, cuando hasta lo% Prótestañites sinceros han escrito en su defensa, los españoles que deben amarla m:s por ser obél fi fundacion de un español, tienen en silencio y sil publicar sus apologías? Ella honra mucho al Rey! que en su vista se digmó restablecerlos: no sin aut diencia , como mintieron segun su costumbre y 1%
(33) » Emperatriz de Rusia se declara protectora »de los disidentes, y los Obispos de Polonia »estan por esto furiosos (1). ¡Qué siglo tan » desgraciado para la corte de Roma! Se vé > atacada abiertamente en Polonia: de Fran- » cia y Portugal se arrojan sus Guardias de » Corps, y se espera que la España hará otro » tanto. Los filósofos combaten decididamen- »te los cimientos del Trono Apostólico; se »ridiculizan los Libros sagrados; se mofa su » doctrina (2), se predica la tolerancia... 1 »está perdido. Es necesario un milagro para > Sostener la Iglesia. Ha sido atacada de un » terrible golpe de apoplegía y tendreis el » consuelo de acompañarla al sepulcro, y > Poner su epitafio, como hicíste »ocasion el de la Sorbona. El in > ton alargó, segun sus cálculos, » de la Supersticion á 200 años is en cierta glés Woolsla duracion ; nO podia moires depuis la paiz de Habers dla fin du Partage de la Pologne 1775 en el tomo 5.% de les (E “UYTES POSth. del Rey de Prusia. (2) El Cristianismo está aquí tratado del mo= 0 mas indigno, > Lom, X1Y, 3
(34) » calcular él lo que últimamente ha sucedi- »do. Trátase de destruir: las preocupaciones »que sirven de base á este edificio que se » desploma por sí mismo, y ya no puede re- » tardar su caida, Bayle comenzó, siguiéronle »un gran número de ingleses, pero á vos bs iv 1 » estaba reservado el poner el complemento.” - IV. Á pesar de los felices presagios de su real panegirista, Voltaire no pudo ver el cumplimiento de estas predicciones lisonjeras, El Rey de Prusia no fue siempre un profeta veráz, y muchas veces lo fue inconsiguiente. Nosotros estamos ya muy acostumbrados á predicciones de esta especie, que han fomentado la esperanza de los Hereges de to= dos tiempos; pero la Iglesia las ha oido y las ha despreciado: diez y ocho siglos de permanente subsistencia y de triunfos en medio de tantos enemigos, bastan para asegurarnos que subsistirá eternamente, La Iglesia tuvo el consuelo de enterrar al Patriarca de F er-| y ney, pero el filósofo de Berlin halló que el Clero habia correspondido mal en esta ocasion al respeto que habia merecido siempre á Voltaire, Ved como se esplica sobre esto
: (35) con D'Alembert en (1) una carta sin fecha: “¡Buen Dios! ¡qué oprobio para ese Clero » de Francia, haberse ensangrentado tan obs- » tinadamente contra el grande hombre que » hemos perdido (2)! Lo digo y lo diré: el » Clero ha procedido con demasiada ingrati- A (1) Tom. 12, pág. 55, (2) Mr. de Voltaire murió en París el dia 3o de mayo de 1778. Las verdaderas y terribles cir— eunstancias de su muerte han sido últimamente publicadas en Asís en el Opúsculo titulado: L'esiz lo della morte, Se, Compendiaremos aquí lo que dice el mismo D'Alembert en el tom. 15, pág. Sx de las Obras póstumas del Rey de Prusia, omitien= do las impiedades con que estan feamente man-— chadas todas las páginas de su escrito. Á los primeros de marzo tuvo Mr. Voltaire un flujo de sangre en París, adonde habia llegado hacia tres semanas, Algunos dias antes habia preguntado confidencial mente á D'Alembert, qué le aconsejaba en el caso de caer gravemente enfermo en París. D'Alembert le respondió que debia imitará todos los filósofos que le habian precedido, y señaladamente á Fontenelle y Montesquieu, que habian recibido con muc ablar, tenga ó no gusto tengo que confesarme? *e
(42) co no hace misterio de sus ideas, Ved como se espresa en su Exámen del Ensayo sobre las preocupaciones (*), “Vengo ahora (1) ) »(del Ensayo, cuyo examen emprende). El » no lo disimula, antes > noter que se dirige contra las supersticio- »nes de su pais » natural, libre de » herencias (2): sus intenciones p RO A Zarse , y por eso ahorramos este dolor 4 muestros lectores. Véase el tom. 7.2 de la (+) Esta obra, aunque lleva el nombre de Du- '“marsais , salió del club de Holbach. (Véase el t. 9 de la Biblioteca, pág 298). , Se responde, del Cristianisreducir á un puro Deismo) ¡CAT p. 65, 78, «ec .), el dogma, la disciplina (£. 14, p. 132, Go); la Tradicion de iones de los Concilios, las divinas instrucciones de los Apóstoles, en fin, todo culto del Ser Supremo, todo lo que establece al guna relacion entre Dios y los hombres, todo lo que no forme de la Divinidad un argumento inú= til de pura especulacion ó curiosidad, al objeto del autor arecen pu- e
(43) »ras: no quiere que el pueblo sea engaña- »do con fábulas; ni que los impostores que »las esparcen saquen ventaja de ellas, como »los charlatanes de las drogas que venden: » desea, sí, que estos impostores en nada go- » biernen al vulgo imbécil, ni continúen go- »zando del poder, de que “abusan contra el » Príncipe y el Estado. En una palabra, quie- »re abolir el culto establecido, abrir los ojos »de la multitud, y ayudarla á sacudir el yu- > go de la supersticion. El proyecto es grande.” Algunas páginas despues prosigue de este modo (1): “Un sabio que hubiese me- » ditado sobre los males que la Iglesia cau- »sa á su patria, haria ciertamente grandes »esfuerzos para librarla de ellos; desacredi- »taria las fábulas absurdas, que sirven de »alimento á la imbecilidad pública, se le- > vantaria contra la Confesion y las Indulgen- >Clas..... declamaria contra las prácticas este- > tlores..... (2) gritaria contra los asilos de A (1) Tb. p. 308. 2) Luego los Teólogos que contínuamente estan mando contra las absoluciones , las Indulgencias, is Prácticas esteriores , y hacen tantos esfuerzos por esacreditarlas, entran en los designios de los In- Cla
(44) | »ociosos (1) que se Mantienen á espensas de crédulos, y justifican 4 los berse aliado con e sia de Jesucristo, (1) Sería de desear que: nuestros pretendidos Reformadores esplicasen con clatidad qué entienden cuando acusan á los Regulares de ser gente ociosa, que subsiste 4 espens Us de la parte mas laboriosa de la nacion, ¿Hablan de las Ordenes meramente con— templativas, Ó de las que juntan á la contemplacion la vida activa? ¿de las Ordenes mendicantes, ó de las que poseen ? Comencemos á hablar de estas últimas, Se declama contínnamente contra sus riquezas. No nos detendremos ahora en demostrar que se eXageran mucho; pero Supónganse mayores un duplo de lo que realmente SON: ¿cómo podrá decirse que viven á es arte laboriosa, pensas de la p Blas que tantas otras Personas acaudaladas, tantos na vida mo- Ores que pasan u le en vergonzosa inaccion > Y Consumen el dia en ¿ que aquellos que solo se yainmensas para acrecentar la agravar el peso ya inso- EA MOTOS gue E > €N tanto que faltan vo- Ces para ¡ ividuos, los cuales que los acusan de hallos para la destruccion de la Igle= rlas servir a] alivio, al sustento y rescate de los Pobres, de los enfermo MI
(45) »la parte laboriosa de la nacion; contra es- (e 0 y de los cautivos? “A la industria de los Regu- »lares, dice el Abate Velly, en el primer tomo de »su Historia de la Francia, es á quienes debe la » Francia una gran parte de su fecundidad. Estaba » desolada por las incursiones de los bárbaros; no »se veian por todas partes mas que áridas campi- »ñas, vastas selvas , y lagunas pestilentes, Cedien= »do á los religiosos estos bienes de ningun crédito, »se creyó darles muy poco, y se les entregó todo »el terreno que podian cultivar. Como estos santos » penitentes no se habian consagrado á Dios para »vivir en el ocio, lo desmontaban , cababan , de- »secaban, sembraban, plantaban, fabricaban, y »el Cielo prosperó un trabajo tan'inocente. El in- »teres no tenia en él parte alguna; pues eran la » misma frugalidad. La mayor parte de lo que reco- »gian se empleaba en alivio de los pobres? De solo el monasterio Cluniacense se refiere en el tercer libro de las Consuet. Clun. c. 22, que alguna vez dió de comer á diez y “siete mil pobres en un solo dia. Oigamos otra vez al aulor francés de las Re— Hexiones sobre el estado religioso , art. 1.2 “¿Cuá- »lesson las tierras, dice, mejor cultivadas, los co= »lonos menos recargados, y donde la agricultura »ha florecido mas, sino en los contornos, ó en las »posesiones de las Comunidades religiosas ? Las »rentas se consumen allí, el precio del arrenda- -»miento se mantiene en un justo valor, y el dine= »ro vuelye para reproducirse y multiplicarse á las »mismas manos de que habia salido al pasar á las »de los. propietarios. Y qué, los padres de una »humerosa familia, los poseedores lejanos , avaros
| (46) »ta multitud de frailes que, sofocando el ims- o zz »6 disipadores, ¿tendrán las. mismas atenciones, » ni podrán tenerlas con los menesterosos, en las yyesterilidades que cause la intemperie de las esta— »ciones , y otros mil accidentes tan funestos Como »imprevistos? Y los necesitados ¿podrán llegar »confiados á los umbrales de los ricos especulado- »res de nuestros dias ? ¿acudirán á las puertas de »los que se enriquecen con usuras y monopolios á »pedir el auxilio que en pan y vestido se dispensa »en los monasterios á los pobres en tiempo de ca- »restía ? ¿No son los pobres arrojados de estas ha- »bilaciones de la opulencia , los que corren en tro= » pas á las de los Eelesiásticos y monasterios, que los »socorren plenamente con largueza , y los reciben »Con caridad? Sé,-y es una cosa justa y de com »suelo el recordarlo; sé que en el último » (1789) los ricos, y especialmente los Grandes, »han dado heróicos egemplos de generosidad; pera »por otra parte sé tambien que muchos Prelados, los » Prebendados , los Curas del reino, y grandísima » parte de las Comunidades, se han distinguido por »SUus cuidados, su industria y aun su prodigalidad »ya cast indiscreta. ¡Cuántos > movidos de la pre= »sentánea necesidad de la pobreza, han contraido »para aliviarla empeños que los oprimen al pre= »sente, y no podrán satisfacer en el resto de toda »su vida? ¿Cuántas casas religiosas podria citar, PE. se han privado de las cosas mas necesarias, : e con qué socorrer á todos los miserables »que imploraban de ellas 6 paños con que cubririnvierno »se, 6 alimentos con que sustentarse?” En el di= ciembre de 1788 los PP, Benedictinos del monas-
(47) » tinto de la naturaleza, contribuyen en cuanto RN O O Nan terio de Corbia, en la Picardía, reunieron den= tro de su vasto recinto, y proveyeron de comida y vestido por todo el invierno á mas de veinte familias, á las cuales habia consumido el fuego, juntamente con sus casas, cuanto tenian. Véase el diario Eclesiástico, núm. 52 año de 1789. Pero recordemos un hecho aún mas extraordinario, que refieren las Clarisas de Amiens, en una Memo-= ria suya presentada á la Asamblea Nacional de Francia, la cual por merecer bien del siglo que se dice de la humanidad, ha destruido este monasle— rio , como todas las otras Comunidades religiosas. Habiendo referido antes como el señor Le- Blanc, que tenia una hermana en aquel monasterio , queria comprarle la: tierra de Aonville para hacerle una donacion, “encontró, dicen, tantos obstáculos »por parte de su hermana , y de toda la Comuni- »dad , que al fin no pudo realizar su designio, No »pudiendo de modo alguno vencer su delicadeza »de conciencia sobre este punto, quiso al menos »gratificarla con una suma de cien mil escudos. »Con efecto, este dinero fue introducido por el tor= »no en nuestra casa; mas no sirvió para olro fin »que para volver á salir fuera, y distribuirse á los »pobres de todas las parroquias de la ciudad, sin »que el monasterio.se aprovechase de un solo ma- »ravedí” Y esta es una casa religiosa de un Orden mendicante, No es inoportuno oir ademas á los ístados de Hainaut en una representacion al mperador José 11, que se encuentra en el tomo XI del Recueil de représentations , protéstalions , (XC.
(48) »está de su parte á la disminucion de la es- 8 102) “Si por desgracia esta » (Eelestásticas) hubieran sido: destr »volucion que en el siglo XVl q s Comunidades uidas en la rea estruyó tantas otras POr qué otro medio »esta provincia hubiera podido »do desastroso, á que la habian »Cuenta años deguerras casi Contínmas. 1 « Las Comu- »nidades Eclesiásticas han salvado el Pais de la ruj- »na ocasionada por unas calamidades tan largas »repetidas, atrayendo á los cultivadores €Spatriados, »suministrándoles caballos y ulensilios para e] tra= » bajo, levantándoles Sus casas y establos »yéndoles de bestias y de simientes, e en los liempos desoracia- Sal pais: lo son »igualmente en tiempo de paz. La Condicion del Mas próxima ála d de cualquiera otro grande »lario, produce entre Unos y otros amor y reconocimien »el propietario se interesa en | »Coloños, no con la mira de propie— un sentimiento (0, por el cual 2 prosperidad de sus Cxigirles Mayores réatisfaccion de verlos feli- e sé encuentran contentos es hace vivir con alguna »comodidad; y seguros de que sus fatigas no servirán pedirles mayor cantidad 22 Caleramente á toda la esébcul-.. ARICA AAA A e E PP. A SA a e in a —
(49) »pecie humana; alentaria al Soberano 4 liz —_ —_—_ ____—_ _—_—— _— _—_— _—J——————————— »tension de cla industria, y: no perdonan á medio »alguno , ya sea para hacer mas feraz el terreno, > ya para connaturalizar en aquella tierra las plan- »las estrañas, cuyos frutos solo se recibian antes »del comercio. Los otros cultivadores, estimulados »con su egemplo, se esfuerzan por igualarlos ; y »de este modo la agricultura, animada, por la co »modidad y la emulacion, ha llegado y se mantie- > e en un auge de que estaria muy lejos, si no hu— » biese/ sido promovida por la conducta de estas Co- »tounidades.”” No es menos digno de observarse lo que en una memoria de / de juvio de 1787 dije= ron sobre este propósito al difunto Emperador los Estados-Generales del Condado de Namur. “ Es »Cosa notoria, dicen, que, generalmente hablando, » ninguno hace un uso mas ventajoso “al público de »sus réditos, que las Comunidades religiosas; por »cuanto sus gastos se hacen en el lugar de su es- »tablecimiento en favor del pueblo, empleando ope= »Tarios, distribuyendo considerables limosnas , y »con la hospitalidad que jamas rehusan á ninguna > persona decente...... De donde «se ha de concluir, >prescindiendo de cualquiera otro motivo, que la >conservacion de las casas religiosas está unida con »el bien de la: provincia, y forma un recurso muy »vasto para todas sus necesidades, y para las mismas »del Soberano, así en los tiempos ordinarios como »en los extraordinarios de algun apuro,” Todos los Pensadores profundos, que sienten mas la fuerza de a verdad que la de una irreligiosa pasion, raciocinan del mismo modo, y tendríamos que alargar demásia- 9 £sta obra, si quisiéramos producir en ella sus tesli- Tom, XIV; 4
(50) » mitar el poder inmenso de que el Clero A A monios. Ahora, si el vivir de sus Propias. rentas es wivir á espensas de la parte mas laboriosa de la nacion, ¿cuáles serán los propietarios de quienes pueda quejarse menos esta parte laboriosa de la nacion que de. las órdenes Regulares que poseen? Hablemos ahora de las: Mendicantes. Y primeramente, ¿es verdad que ellas viven á espensas de la parte mas laboriosa de la nacion? ¿Por yentura, no son los poderosos los que contribuyen particularmente 4 su mantenimien- to? Y si hoy éstos se han hecho ya menos carita= tivos, por razon de ser mas irreligiosos , Y aquellos tienen que estender la mano: necesitada á los que ganan el pan con el sudor de su rostro, ¿quién es el culpado sino los detractores de los religiosos ? ¿Y los artesanos, los jornaleros, los labradores , los mendigos mismos les prestan tampoco á estos un socorro tolalmente gratuito? ¿No sacan de ellos, como es fácil demostrarlo, un fruto especial y temporal, mucho mas superior? ¡Cuántos Otros men= digos se encontrarán que con mas razon que los Regulares mendicantes, son la carga de la Dacion, y una carga pesada! ¿Y por. qué se calla contra - estos? ¿por qué tanto celo contra los que abrazan= do la pobreza evangélica, prodigaron antes para alivio de la parte mas laboriosa de la nacion*acaso la grande herencia de sus padres? Y los que los echan en cara un pedazo de pan duro, recogido por amor de Jesucristo, ¿quiénes son? ¡Almas viles é ingratas! Acaso vosotros no hubiérais tenido con qué satisfacer el hambre, ó cubrir decentemente vuestra vergonzosa desnudez, si un eclesiástico no hubiese llevado al seno de vuestras familias lo ARI AREA DER NN il ri
5), »hace un uso culpable contra el pueblo y »contra él mismo, á quitarle toda influen- a poco que saca del altar, . sirviendo al altar: si un mayorazgo, si un primogénito encerrándose en un cláustro, no hubiese sacado á vuestros padres de la estrechez miserable de un pobre segundon..... Pero los Regulares, se dice, son unos seres ociosos é in= útiles á la sociedad. Y vosotros que hablais así, ¿qué servicios la habeis hecho? ¿Qué utilidad ha sacado ella de vosotros ? No tratamos ahora de los Religiosos contemplativos: de estos" será oportuno decir alguna cosa en otro lugar. *Hablamos de los . Regulares en general. ¿Cómo ep el siglo de la luz se tiene valor para llamar á sus.casas asilos de 0ci0= sos , inútiles y gravosos á la nacion? Los púlpitos, las cátedras , los confesonarios, las cárceles, los hos+ pitales , las iglesias, las plazas, las regiones bárbaras, igualmente que las ciudades imas cultas, las chozas de los pobres, como los palacios de los grandes, los egércitos mismos desmienten lan grande impostura. ¿Cuántos Regulares no estan el dia de hoy, esto es, en los tristes instantes de su mayor decaimiento, empleados en la educacion de la juventud, en instruir al pueblo, en perfeccionar las artes, y en promover las ciencias ? ¿Cuántos que han consagrado su vida á la asistencia de los enfermos, al mantenimiento de los huérfanos, ó que la han perdido en el servicio de los apestados? Cuando sus casas no sirvieran para otra cosa que para asegurar una honesta subsistencia á tantas perso ¿nas bien nacidas, las «cuales no hubieran podido cultivar de otro modo sus talentos, y hacerlos úti- *
(58 ) | » lucir sus ideas. Y si 4 pesar de tantos impedimentos como los Ministros de la Religion oponian en Francia á las obras de los filósofos , han salido tan » nuestros padres, no se usa de vigilancia y de »rigor sino contra los defensores d » principios, de los derechos de la lo »libertad é inde e los antiguos lesia, y de la pendencia de la fé de los Cristia= e á luz cualquiera obra de esta es- »pecie, hé aquí á nuestros fiscales (habla el Autor )» »todos celadores de una prete que gozan persecu= sus enemigos, ó envidi los paises heterodoxos? e ones ¡LI AAA re ce VA RR % AA PT, ELA IR A A, nn
(59) mer que el Sacerdocio pusiese algun freno á su irreligiosa impudencia O ' Mr. D'Alembert, en una carta escrita desde Paris el dia 3 de noviembre de 1730 al Rey de Prusia, se espresa sobre el particular en términos aun 1mMas significantes (9). “Estos Sacerdotes, Señor, qUe V. M. des- , » precia, porque no tiene, dice, por qué le- » merlos, tienen aquí muy grandes prolec- » tores, y están cada vez mas enfurecidos con= » tra los progresos de la razon y de la luz. '» La obra mas indiferente por Su objeto á 1) Los libros impíos y periódicos que se han publicado bajo los auspicios de la Asamblea nacio= nal de Erancia (y durante el gobierno constitucio= nal en España), prueban hasta la evidencia la necesidad de aquellas leyes y tribunales que velaban y contenian anles ese desenfreno; y al mismo tiem— po lo que pensaban unos y olros legisladores de la que llamaban libertad política de imprenta. Desafiamos á todos los filósofos, y aun á los Jansenistas, padres y oráculos de este cánon (revolucionario), que presenten entre los escritores mas detestables del Paganismo quien haya, no digo vencido , pero ni aun igualado la impudencia cínica é irreligiosa de estos escritores. (Véase el tom. y. de la Biblio= _teca de Religion. Art. Propagación de libros irre= ligiosos y 1 (2) Tom, 15, p. 159.
(60) »esta canalla (1), no Puede ver” la luz del » dia, si no lleva el permiso de los »ticos Ó de sus partidarios; pues la »la hambre se los hace hallar entre » teratos. Esta inquisicion encaden »todos los espíritus (2). Las injuria Eclesiásvileza y los li- a y abate s que des- (1) Si escuchamos á los Incrédulos ((Euor, Posth. t. IX, 189, 369; 15,18, 35; X1, 57, 1515 XV, y ellos deben te nerse por dio e los Católicos, los cuales partici que de hombre: en el campo d ¡ es virtud ada en solos son los profesores los espíritus fuer los filósofos : Sc. ¿Es este el idioma de:la ye de la soberbia, de gUage característico glo XVI Lor ; | (2) ¡Ojalá, y hubiese así” sido cierto 1 No nos veríamos inundados de tantos: libros que minan á la par los cimientos del Altar y del Vróno, fo= mentan 4 un tiempo la irreligion y: el libertinage,
(61) »de el púlpito se vomitan contra la razon y »sus defensores, injurias apoyadas por Ma- » gistrados débiles ó fanáticos, acaban de aba- »tir y de desanimar lo mas ilustrado y esti- A a e A a o A A SS Y para hacer al pueblo filósofo, lo vuelven irracio= nal. ¡Filósofos! dad una ojeada á las revoluciones, á los desórdenes, á los vicios que cubren hoy dia la faz de todas las naciones. Destrozados, misera— lemente por guerras intestinas, por rebeliones fatales, ó por una calamitosa anarquía, no presen tan mas que objetos de horror y de llanto, y pre- Sagios funestos de nuevas desyenturas aun mas desastrosas. ¡ Falsos iluminados del siglo de la luz! ¡hé aquí los tristes frutos de vuestras producciones incendiarias! ¡Príncipes! grita oportunamente el celoso é ilustrado autor del Espíritu del siglo XV 1H, *; Prín- »cipes! si es que acaso teneis aún tiempo», abrid »los ojos sobre los peligros que os rodean, No creais »que las revoluciones que veis en tantos paises de »la Europa son efectos de la política privada , de »las cabalas parciales, ó de la debilidad de los que >» mandan: no; lo son de una conspiracion general >que arruinan vuestros Tronos, y nace de la triple »alianza de esas perversas sectas: procurad confun-- »dirlas y arrancarlas. Restableced el órden en la »Iolesia , y repuesta ésta en su antiguo lustre , con= »Servará la Religion y vuestros Tronos, enseñando »al pueblo á obedecer, no por temor, sino por »conciencia.” Véase en su original este vigorosísimo apóstrofe á los Príncipes, á los Pastores de la Silesia y á los pueblos, digno de la elocuencia de los Demóstenes y de los Cicerones,
(62) » mable que hay en la nacion.” ¡Urbanidades por cierto filosóficas ! Siempre fueron los dicterios las razones de los que no la tienen. Si no es necesario tener Religion para espresarse con decencia, es necesario al menos no estar obcecado por una violenta pasion, En otra' carta escrita el. año siouiénte al mismo Rey de Prusia (3), “ved aquí, di- »ce el mismo Autor, al Obispo de Amiens, » fanático sucesor del que pidió el castigo del » caballero de la Barre (2): hé aquí, digo, 5 5 (1) db. p. 175, : (2) El caballero de la Barre era hijo de un teniente de la marina de Francia (Qluvres pos= thum» t. 9, p. 242). Este, en union con un tal D'Etallonde (t. 10, p. 5), jóven de unos quince años (4, 11, p. 206 ), hijo de un Presidente de Abbeville (£. 14,p.5, 41 el seg. ), llevaron su impiedad hasta el estremo de hacer pedazos un Crucifijo, é insultar públicamente al Santísimo Sacra mento (£. 15, p. 175 y víg. ) en una procesion solemne, y ultrajar la Religion y la honestidad con canciones las mas escandalosas ( Oluóres complet. de Voltaire, edit. 1784, tom. 66, p. 96 y sig. ) Estos y otros escesos, á que diariamente se abandonaban, obligarow á los Magistrados á proceder contra ellos; y con arreglo á las leyes, despues de un maduro juicio fueron condenados á la amputacion de la mano derecha y de la lengua» y á ser arrastrados y quemados yivos, El caballe-
(63) »al Obispo de Amiens, llamado Machavet, ro de la Barre sufrió parte de esta pena , mitigada no obstante en la ejecucion, y D'Etallonde huyó y se acogió á los Estados del Rey de Prusia. Voltaire no conocia á este jóven; pero él habia dado demasiadas pruebas de incredulidad, para que no le tomase bajo su proteccion. Seis años despues, esto es, en 1773, habiendo sabido que servia en Wessel con el grado de teniente en el regimiento de Eichmann , bajo el nombre fingido de Norival, se le puso en la cabeza hacer anular el edicto de los Ma= gistrados de Abbeville, confirmado por el Parla= mento de París, é imploró para esto el favor de Federico. D'Alembert vino á su socorro. Los delitos de aquel impío no eran en sú dictámen sino lige= rezas y puerilidades; y por el contrario, los Magis= trados que osaron vengar los graves insultos hechos al sumo. Dios, fueron “tratados de asesinos jurídicos , de bárbaros feroces , monstruos necios, Jueces infames , execrables , abominables , peores que los Iroqueses , fanáticos , que habian perseguido y 0primido á la inocencia y la razon, cubierto á la "rancia de una mancha vergonzosa , contradiciendo á las leyes del sentido comun, por no sufrir que se les reconviniese de no tener religion, á fin de pa= sar por Cristianós y vindicar la mas necia..... Nuestros lectores nos agradecerán que omitamos los de- Mas horrores de impiedad, los cuales fueron ta= es , que el mismo Federico, aunque Incrédulo y rolestante, llegó á empalagarse. El habia antes aplaudido muchas veces las indecentes declama= “iones de D'Alembert y de Voltaire; pero creyó 1
(64) »hijo' del antiguo inspector general de Adua- a | estarsahora obligado á hablar como hombre desapasionado y racional (segun lo era en verdad, aun= que la manía del moderno filosofismo le degrada— ba), y emprendió justificar á los magistrados de Amiens del modo mas fuerte y mas justo que po= dia esperarse de un escritor Protestante, que por principio de su Religion ni creia la presencia real, ni el culto de las imágenes. Veamos cómo se esplica con Voltaire en una carta que no tiene fecha ((euores posth., tom. 9,p: 374): “ Yo no encuen— »tro la egecucion de Amiens tan horrible como »el injusto suplicio de Calás. No me negareis que »todo ciudadano debe conformarse álas leyes de »su pais. En todas partés hay penas establecidas. »por los legisladores contra los que perturban el »culto adoptado por la nacion: la discrecion, la de- »Cencia, y mas que todo el respeto que todo ciu= »dadano debe á las leyes , le obligan, á mas de no »insultar el culto recibido, á evitar el escándalo »y la insolencia. Son leyes sanguinarias que debe— >TIan reformarse , proporcionando el castigo á la »culpa (la cual ya se vé que para un Protestan—- »le no pudo ser en nuestro caso mas que económi- »cidas en los paises Católicos contra el delito de lesa » Magestad divina); “pero mientras estas leyes estén » en vigor) los magistrados no podrian dispensarse » de conformar á ellas sus juicios.? Y despues en olfa carta (£, 103P. DJy Gha escend cesen »Amiens es trágica; pero ¿no tuvieron la culpa »de ella aquellos mismos que fueron castigados? ' »CA > y por consiguiente inferior á las penas estabile—
(65) »nas, ha publicado un edicto atroz contra »la edicion que se preparaba de las obras de e »¿Se atrevieron á chocar de frente las preocupa- »ciones (acordémonos que el ley de Prusia era »Protestante é Incrédulo) que el tiempo ha consa- »grado en el espíritu del pueblo? Y porque se »quiera gozar de la libertad de pensar, ¿se ha de »insultar tambien á la creencia establecida? Quien »no escila rumores, rara vez es perseguido, Si » vuestros parlamentos han usado de severidad con- »tra ese desgraciado jóven que habia despedazado »la señal que los Cristianos horiran como el Sím- »bolo de su salud, acusad á las leyes del reino. » Todo magistrado, jura juzgar segun estas leyes: »no puede pronunciar ninguna sentencia, sino se=' »gun lo que ellas le prescriben, ni hay otro recur- »so en favor del acusado, que el de probar que mo _»se halla en el caso de la ley.” El Emperador Li - Cinio y Constantino detestaban á los filósofos regeneradores y los cordenaban á muerte, llamándolos el veneno y la peste de las repúblicas. La historia nos hace ver 4 Diágoras condenado á morir en Áte— nas por haber simplemente puesto en duda la exísten= cia de los dioses, y á un Anaxágoras por sospecho= so de un Escepticismo igual, perecer de un modo ín- Feliz, El sensual Alcibíades espió en un destierro una irreverencia que estando embriagado, hizo á la estatua de uno de los dioses subalternos. En Roma un Senado-consulto condenaba igualmente 4 muerte al que quisiese introducir huevos Dioses en la República, y á los que blasfemasen de los ya recibidos, Y cuyas liturgias estuviesen aprubadas por la pública Zom, XIY.
(66) » Voltaire (1). Si se supiese en Francia 1m- » poner silencio á estos machacas rutineros, e 5 A, Sancion. Sí en algun punto convinieron todas las glN= tes para hacer una ley universal de policía, fue en el presente sin duda. No hay en el mundo ni podrá jamás encontrarse una nacion ó pueblo, que deje impunes los sacrilegos atentados que se cometan contra sus dioses Ó contra su culto, (1) Este interesante, docto y juicioso edicto - del Obispo de Amiens, está traducido á la p. 116 de la citada obrita Pesito della morte, Sc. Hé aquí la idea que el celoso y sabio Prelado dá delas obras de Voltaire en este escrito. * No hay un autor, di- =.»ce, que mas malignamente haya hecho uso del »arte de seducir en un siglo tan frívolo y liberti-' » 9 como el nuestro. Para combatir, como ha he- »Ccho,, todos los principios de la Religion y de las »costambres, se ha separado del camino del racioci- »nio, bien convencido de que, ademas de que sería »conocida la insubsistencia, el mayor número de »los que leen no ama el estudio y huye el trabajo »de discurrir. Ha amontonado el ridículo, las cho- »cCarrerías», los epígramas , adornándolos de frases »salíricas y de dichos agudos, y con esto se ha ga- »nado el ánimo de los hombres superficiales, de »las personas díscolas y apasionadas, las cuales quie- »ren mejor despreciar una Religion que les inco- » moda , que examinar con atencion el fundamento »de sus preceptos y de sus amenazas. La soberbia..... »le ha hecho egercitar su pluma en casi toda clase: »de ciencias, dejando. por todas partes señales de »sus estragos, En cuanto á la Religion, si bien al-
(67) »no hubieran tenido tantos. partidarios: ni »imitadores. Acaso se conocerá por fin la ne- »cesidad de reprimirlos por honor de la ra- »zon y de la pública tranquilidad (1). ¿No sería mejor, por honor de la razon y de la Pública tranquilidad, imponer silencio á los filósofos? A lo menos es imdudable que cierlos errores que deshonran á la razon y á la humanidad , son fruto de sus producciones. Oigase nuevamente al Rey de Prusia en una carta de 30 de diciembre de 17754 r. D'Alembert (2): “Vuestros Eclesiásticos, »dice, son mas fanáticos que los del san- A . guna vez se le han escapado espresiones y modos »propios de quien la respeta, no hay cosa alguna »sagrada de que él no haya blasfemado. Por lo que »toca á la filosofía, ha trastornado todos los prin— »Cipios de las buenas costumbres, y todas las rela= >Ciones que unen á los hombres con Dios, con sus >Superiores, y con sus iguales. En sus obras histó- »ricas ha desfigurado la historia con rodeos, con »alteraciones y Con imposturas las mas malignas, »á fin de desacreditar la Religion y los personages > mas insignes en santidad. En la poesía ha pros= »ltuido con frecnencia sus talentos á la impiedad »y á la obscenidad mas infame, 1) Véase lo que sobre este punto queda dicho En tna de las notas antecedentes, (2) “E 11), p. 229. ES
(74) » vencerse que es porque no se puede mas, » Los ministros que ha depuesto eran el hor- »ror de la Francia, y su retiro ha causado »un regocijo general. No soy entusiasta ni. »adulador; pero hago mis votos con toda la » Francia por este Príncipe que se anuncia » de un modo el mas estimable”? Y en la siguiente de 3 de octubre: “Merezco: dis- »culpa, dice, si no he hecho el elogio (1) »del Superintendente general de Hacienda » (Mr. 'Turgot) á Y. M..... Si como parece, el » Rey ama la justicia, la verdad y los hom- »bres de bien (nótese que habla un filóso- »fo ), y detesta los aduladores, los intriganates y Jos hipócritas , espero que de dia »en dia hará mas confianza de este hom- >bre ilustrado y virtuoso, y toda la Fran= »cla Mo. desea por la felicidad de los pue- » blos y. por la gloria del Rey.” Y finalmente, en otra carta de 10 de julio. de 1775 (2): “Nuestro jóven Monarca, es- »ceribe, no quiere mas que el bien, y nada » Omite por conseguirlo, Hace escelentes elec- » ciones, y últimamente ha nombrado por »sucesor del Duque de Urilliere al hombre: (1) T. 14, p. 250, (2) Ibid. p. 273,
(75) »mas respetado acaso, y con justicia, de to- »da la nacion, á Mr, Turgot. Toda la na- »cion está encantada y hace votos por la »conservacion (4) y felicidad del Rey. Solo »los Eclesiásticos hacen bando aparte, y mur- > muran en voz baja sin prodigarle alaban- »zas. Pero el Rey los conoce por lo que »son (2), aunque no fuese mas que por la >educacion que le han dado. Ha recompen- »sado con el cordon de la órden de Sancti- Spiritus al único hombre de bien que tu- $ | (1) ¡Infeliz Monarca! entonces se preparaba la tumba á tu ensangrentado cadáver, cuando se pro= digaban alabanzas á los primeros pasos de tu admi- Mistracion, Tus asesinos fueron antes tus panegirislas, Llegaste al término á que su traidora mano te condujo... ¡Naciones! Ved en esas carnicerías y convulsiones terribles de la Francia la obra de la Pretendida ilustracion. ¡ Príncipes ! Volved los ojos al cadalso en que yace cadáver Luis XVI: apren— ded en su egemplo, vivid alerta, ó temblad, (Mier y Leran). (2) Es digna de leerse, para contraponerla á “Ste dicterio, la victoriosa apología y precioso elo— Sio que hace del Clero de Francia, tan insultado dl Estas palabras, el célebre Burke en sus Refle- o sobre la revolucion de Francia, pág. 18 y $. €s un Protestante y por lo mismo no se le tachará de fanálico, :
(76) » vo entre sus preceptores. Sin duda hará »justicia con los demas, no escuchando sus » consejos, aun cuando ellos quisieran dár- » selos.” ' La mala Opinion que el Clero de Francia tenia de Mr. Turgot, forma contra - él no menor argumento que los elogios que le prodiga su incrédulo apologista... Con efec- to se sabe que era el protector de los Incrédulos. : El Rey de Prusia respondió á estas noticias felicitando á la nacion francesa por la buena eleccion (1) que Luis XVI habia hecho de sus ministros (2), alegrándose de ¿que aquel Rey jóven se hubiese desengañado por propia esperiencia de las preocupaciones que le habían inspirado los charlatañes sagrados (3); y finalmente, en una cartade 9 de septiembre de 1775 á D'Alembert dice: “Malesherbes y Turgot harán ma- »ravillas (4). Ellos serán los apóstoles de la » verdad, que echarán por tierra fácilmente »al error; pero encontrarán erandes obstá- Es) » culos que vencer en las preocupaciones de A a o tn (1) Tomo 9» p. 28. (2) Ibid. 11, p. 235, (3) Tbid. 11, p. 256, (4) Ibid, p. 223, A RR A A O A A NA A
(77) »la educacion? La condicion y conducta de Malesherbes y de Turgot está aqui decidida: el Rey de Prusia los ha declarado apóstoles de la incredulidad. “Sabeis, prosigue, que. »es dificil ser á un tiempo Cristianismo y » Racionalismo. Dejo este ploblema á vues- “»tras ecuaciones algebráicas, por las cuales, »sin duda, lo podreis resolver. Sí, nosotros »lo :resolveremos sin necesidad de ellas.” ¿Se sabe qué significa. en el Diccionario del Rey de Prusia Racionalismo! Cualquiera verá que Cristianismo € Incrédulo implican contradicion. - ja: No obstante estas * bellas apariencias, el filósofo, de Berlin que miraba mas largo que 'sus cofrades, mo se fiaba mucho de lo que éstos le prometian. “Para juzgar del »reinado de un Principe (4), escribia en »octubre de 1774 á D'Alembert, no basta »atender á lo sucedido en los tres primeros » meses. Yo recorreré las acciones de: vues- -»tro Luis XVI, y si las encuentro iguales »en el curso de dos ó tres años, entonces » podré decir lo que pronostico de su rei- »nado. Lo mas seguro es profetizar des- A (1) Tom. 1 , Pp 197.
(78) =» pues del-suceso (4). Y en otra de 5 de » agosto de 1775: “Sa habla de la bondad meo -(x) Si oimos á los Incrédulos (Wuvres posih. 1. IX, 26, 269; X, 28, 939; XI, 57,63, 204; XIV 42,971 XV; 192), el imperio de la ignorancia está para .caer,.... la superstición está ya desenmascarada..... el prestigio destruido..... está para cumplirse la grande revolucion... nosotros ya tocamos este moglo? no: ¿y en el siguiente?..... ¿despues de dos?..... ¿de tres siglos?..... Los profelas no estan acordes entre sí, ni consigo mismos. ... ¡ah! ¿por qué no atenerse siempre á aquella regla del Rey filósoio : profetizar despues del suceso?-No darian lan á menudo materia de reir á sus enemigos. De todos modos el gran Federico merece la alabanza que le corresponde. Él estaba al cabo de toda la cabala y penetraba las cosas. Él predijo, que así como al nacer había encontrado al mundo (XUL, 56) esclavo de la supersticion (ya se sabe cómo debe entenderse este término), así al morir lo dejaria del mismo modo; que la barca aunque vieja, duraría mas que su vida (XIV, 97): que la Francia haria bancarrota (XI, 63 ) antes que el reino de la supersticion fuese abolido: en pocas palabras, que los Incrédu— los tenian un bello modo de apostolizar (IX, 140, 259, 369; X, 18, 139, Gc., Kc, ); pero que la Religion al fin prevaleceria y dominaria. Ya lo sabíamos antes que lo digese, y lo sabíamos por la palabra del mismo Dios : de todas Maneras es muy agradable oirlo de boca de sus enemigos. Otra profecía del Rey. filósofo merece recordarse. En una
(79) »de vuestro Rey (4): me alegro con: tal »que perseyere..... Se alaba mucho la elec- »cion de sus ministros. Por lo que hace »á mí, espero que hayan egercido sus ofi- »cios algun tiempo para juzgar de ellos por »sus acciones.” Con efecto, todas estas be= Mas esperanzas se vieron en breve desvanecidas. Luis XVL era un Principe demasiado: religioso para hacerse prosélito de la filosofía. Todo lo que se pudo obtener de él fue que en Francia se comenzase (2) 4 conocer o A A A RT IRE RA. Li El Carta de 8 de septiembre de 1775, á Mr. Voltaire, - se lee así (IX, 292): “A Baile vuestro precursor »y á vos, se debe sin duda la gloria de esta re- »volucion que se obra en los espíritus; pero para »hablar con verdad, aun no está concluida, Los »devotos tienen su partido, y no se confundirá si- »no por una fuerza mayor. La sentencia debe salir »del gobierno, Los ministros iluminados pueden con »tribuir; mas conviene se una la voluntad del Sobe= »rano (si por fuerza ó por inclinacion, no lo dice el Rey ): Esto sin duda se hará con el tiempo; pe= »ro ni vos ni yo seremos testigos de suceso tan de- »seado.” Voltaire murió en 1778, y el Rey de rusia en 1786, y la grande revolucion del 'rei- Do se siguió en 1789. Dejamos á los lectores ha= Cer otras reflexiones. (1) Tomo IX, pág. 219. (2) Tbid, 1X, 290; X 1, 223; X 11, 18, 23, 295 XIV, 217, 121.
(80) la tolerancia, d pronunciarse sin horror esta palabra, á declamar “contra la revocacion del edicto de Nantes, y promover su restablecimiento (1). Pero el Clero continuó en mear ens II AT MENTA (1) Y el restablecimiento del Edicto de Nantes no era dirigido á otro fin que á promover esta re— volucion. Nosotros profetízamos despues del suceso; - pero mo faltaron políticos reflexivos, que la pronosticaron antes de suceder. Basta leer los opúsculos escritos en Francia por la parte de los Católicos celosos, cuando se comenzó á tratar seriamente de destruir la obra mas. gloriosa de la Religion de Luis el Grande. Oigamos solamente al autor del Discours a líre au Conseil en presence du Rot, par un minis tre patriote, sur le projet d'accordérl 'état civil aux > Protestantes 1787. Seconde partie, p, 22, 24, 25 “Habeis visto, Señor, que los Protestantes han » formado el proyecto de convertir la Francia en »república : ¡qué será cuando se hallen unidos con »el partido de los filósofos! Estos... para hacer odio- »so al gobierno sin comprometerse, han conveni- »do en no llamar al Monarca y Monarquía por sus » nombres; sino por los de déspola y despotismo, Uni- »dos á los Protestantes formarán un cuerpo terri-- »ble, que se engrosará con los revoltosos y descon- »lentos de todas las diferentes clases del Estado. Se= »ñor: la faccion filosófica prepara hace tiempo, en »secreto, un proyecto grande: este plan tiene dos »objetos; aniquilar en Francia la Religion Cristia= »na y la Monarquía. La egecucion de la primera »parte de este designio infernal se promueye con »rapidez, La peste de la irreligion ha penetrado en
(81) formar cuerpo';«y defender bajo la proteccion del: Soberano-á la Religion, haciendo Una guerra inexorable á los Incrédulos. Eslos bramaron de furor ,.y desesperaronpor: »lodas las clases delos ciudadanos , los grandes, los, » pequeños , los nobles y la plebe, todo ha sido in »ficionado con el veneno de la incredulidad. Los » maestros imbuidos en las máximas de lá nneva? » filosofía , envenenan las fuentes de la educacion » pública, corrompen á los jóyenes , siembran en, »su corazon las semillas dela irreligion, y for—- »mando Deistas y Materialistas imberbes , prepa—= »ran para las edades fuiuras una generación de »monstruos. El llamamiento de los Protestantes fa= »vorecerá y verificará la segunda parte del pro= »yecto filosófico; y ved aquí por que los filósofos »tienen tanto empeño por imtroducitlos en el rejnO... A la primera ocasion 'en que los negocios » públicos proporcionen uno de los incidentes «co- > Ines en una nacion voluble y ligera, los filó- »sofos Calvinistas establecerán á viva fuerza sus » pretensiones. Ellos tendrán el arte de fácilitar la »£gecucion con sucesos análogos al espíritu popular »que exalta en este instante todas las cabezas. Es— »las disposiciones parecen: preparar el camino 4 >Una espantosa revolucion, De aqui á poco, Señor... » me detengo..... La prudencia me impone silencio: »dejo este porvenir á las profundas meditaciones »de la sabiduría de V, M.” ¡Desgraciado Principe! espues ya no habias de tener tiempo sino para Probar sus efectos lamentables, Oigamos al mismo ¿1 Un tierno desahogo con Mademoiselle su hija: Lom. XIV. 6
(82) entonces de ver comenzar, bajo los auspicios de un Rey de Francia, sus proyectos. a Cuándo esta hez del género humano, » que vosotros llamais Obispos (1) (¡ qué » horror no deberemos concebir de la incre- » dulidad, cuando la vemos envilecer al mis- » mo Federico el Grande, hasta hacerle adop- »tar un lenguage tan indecente!) cuándo »esta hez del género humano, que vosotros »llamais Obispos, escribia á D'Alembert, lle- »gará á ser racional y tolerante? Temo mu- » cho que sea tan dificil hacer á vuestros Ecle- - »siásticos humanos, como enseñar á hablar “»á los elefantes.” Y enotra de 15 de noviembre de 1774 (2): “Esta detestable su- » persticion está mas arraigada en Francia »que en la mayor parte de los otros paises »de la Europa. Vuestros Obispos y Sacer- » dotes no dejarán tan fácilmente de morder. » No será la razon la que los convierta: una “La santa Religion, le dijo el dia 6 de abril del año de 1790, .€s lo que únicamente me conforta »en mis presentes desventuras..... Son muy crueles » nuestras penas; pero me afligen menos que la de »ver mi reino desolado.....” (Y, Diario Eclesiásti. co, núm. 22, año 1790). (1) Tom, 12, p..54. (2) T. 11, p. 200.
(83) » necesidad que les obligue:á no perseguir, »es el único medio que resta para reducir= »los á la tolerancia. Y en 14 de julio del año siguiente escribia á Mr, de Voltaire (1): Parece que los progresos de la filosofía se hacen sentir mas rápidamente en la Germamía que en Francia. “Y la razon, á mi pa- »recer, es, que muchos Eclesiásticos y Obis- »pos comienzan en Germania á avergonzar- »se de sus supersticiosas costumbres, cuan- »do en Francia el Clero forma un cuerpo » del Estado, y toda corporacion grande per- » manece adicta á sus antiguos usos, aun »cuando conozca su abuso.” Y por último, en fecha de 30 de diciembre de 1782, hablando de la edicion de las obras de Voltaire, prohibida por el Rey de Francia: “No, »escribe (2), por mas que hagan vuestros >Sacerdotes, no resucitarán al fin del siglo *XVIIT la piadosa estupidez de los siglos X »y XL Las personas que piensan y combi- > nan las ideas, estan desengañadas de las fá- »bulas, La Sorbona defiende la brecha abier- »ta en el cuerpo de la plaza de la estupi- »dez, y se' contenta con que la masa imbé- o Tomos p. 203, (2) Ll, Dto,
(90) A pesar de tan bellas protestas y declaraciones, el estrañamiento de los Jesuitas no pudo ser indiferente á los filósofos. Mirábanlos como los Guardías de Corps del Papa, y el antemural de la supersticion; y así cuando fueron destruidos en' Francia , enearcelados en Portugal, arrojados de España, de Nápoles y de Parma , y suprimidos en Roma, se figuraron que los fundamentos del Trono Apostólico estaban suficientemente socabados , puesta la segur á la raiz del árbol de la Iglesia, y vacilante el imperio de la Religion. Así se infiere á las claras de los pasages que hemos referido, y lo demos- .trará mas lo que añadiremos en seguida (*). mm MMMM (*) Séanos lícito: insertar aquí una carta que se lee en la Gaceta Eclesiástica de Firenza, y se decia hallada entre los papeles de un cierto La-Flo- rida, muerto repentinamente en Génova el 1774- Trasladémonos con la imaginacion al año en que fue escrita, y hallaremos que su autor estaba bien en los secretos de la-secta: dice así: Atar Carísimo amigo : nuestro plan progresa de dia en dia. Ya se ha podido lograr poner en con- «tínuos choques á las dos Potestades, Imperio y Sacerdocio. La estincion de los Jesuitas ha sido uu golpe maestro , pues siempre estaban prontos)- por costumbre ya, á sostener los derechos de» las Potestades ¿ y solícitos en conservarlas una y otra en
(91) Los iluminados del siglo XVII no estaban obligados á saber que la promesa hecha por Jesucristo á su Esposa, no fue vinculada en Sus propios límites, y siempre contrarios á nues= tras ideas. Ya mo hay que temerles, antes: bien pensamos sacar de su propia ruina otras ventajas para el sistema; porque habiendo sido ó siendo ellos tan mal tratados por estas Potestades , no ten= drán en lo sucesivo empeño alguno en defender - las; (aquí el bendito autor de la carta juzgaba de los demas por sí mismo, que en caso igual hubiera sin duda procedido así; pero piensan y obran de muy diversa manera los verdaderos Católicos; y los Jesuitas despues de su espulsion «y estincion han da— do, si cabe, mayores. testimonios de su amor á la «santa Iglesia, y de respeto á: los Príncipes : prescin— damos de las locas fábulas del reíno imaginario del “Paraguay, y aquellos egércitos que hacia levantar la maliciosa imaginacion de los filósofos y Jansenistas, Porque la obediencia sumisa y ciega á una simple órden de su Soberano de dejar sus Colegios, tan pron— tamente egecutada, prueba mas que todos los dic— terios de los Impíos ; y: en efecto, ¿para qué querian los egércitos, sí no era para sostenerse , Sc, P- Pres— cindiendo de esto, las innumerables y eruditas obras que despues de aquella desgracia han escrito. en de fensa de una. y otra autoridad, dan un. testimonio que no podrán levantar jamás todos los: Incrédulos Juntos: ¿quién en efecto ha combatido mas esforza— damente en estos últimos tiempos por una: y otra autoridad?: Veinte y un Jesuitas dieron su vida en el Car men de París el 3 de septiembre de 1792 por ro Jurar la Constitucion: civil del Clero, ¡ cuántos otros
(92) un legado que dejase á determinados individuos, ó alguna corporacion en particular. en otras partes!..... Y á la verdad se pueden creer defensores. de los Tronos y la Iglesia á testigos que en defensa de ellos y de la Iglesia se dejan degollar: permaneción muy impresos en su corazon los sentiz mientos de Ginor , veneración y respeto , que los prin=. cipios , leyes, reglas y espíritu de la Compañía les ha= bia siempre inspirado ); y compadeciéndolos por otra parte el pueblo en su desgracia, no podrá menos de aprobar nuestro. sistema de volver á cada uno al estado de una perfecta libertad é independen— cía. = Prosigamos en hacer que se persigan las demas Ordenes religiosas, y aun los Clérigos, De este modo todo-se llenará de descontentos, y nasotros podremos contar com mas medios, ó al menos, no con tantos obstáculos para establecer nuestro y sistema ( porque de un descontento se hace lo quese «quiere, ó al menos toma poco interés en defender á quien lo está vejando y oprimiendo). = Me aprovecho desesta ocasion para deciros que se han mudado al= gunas de las contraseñas para los de nuestras cla= ses, porque con las que habia corria peligro de ser descubiertos. Trabajad en aumentar el número de los que puedan ayudarnos algun dia, = Soy de corazon.... vuestro afectísimo amigo. = M..G.=3 de febrero de 1774. =Valga la verdad , si esta carta no fue genuina » Mo se puede negar almenos que el que la insertó ó hizo insertar en la. sobredicha Gaceta preveia bien de antemano los Sucesos. Aqui tambien puede tener lugar otro: caso que pasó al P. Raflei, y. lo sabemos. de persona que se lo oyó al mismo Padre, Este P. Esteban Rafiei Je-
(93) Comericemos por ver el modo de pensar del Marques D'Argens en carta de 18 A 1 1 o 5 TIN, suita, se hallaba el 1751 de Profesor ó Caledrático de Filosofía en Ancona. Estando un dia en con= versacion con varios señores). entre. los cuales se hallaba un oficial inglés que habia llegado en un barco, hizo casualmente varios movimientos, en— tre los cuales, por lo que se vió despues, algunos eran cabalmente los signos ó señas últimas con que se conocian entre sí los Franc-masones : uno de ellos, recuerdo, era locar con el dedo pequeño la estremidad de la boca, y con el pólice la punta de la oreja derecha. A poco el militar inglés lo llamó aparte, se le descubrió por Mason, y se le ofreció á cuanto quisiese y lo considerase útil, El P. Raflei, que en nada menos pensaba que en esto, quedó sorprendido, y Dios me libre, le dijo, de pertenecer yo á ninguna secta, El Inglés, viéndose descu—= bierto por su imprudencia: por eso mismo, le replicó , por eso, y ese odio que las teneis, serels los primeros quitados de: enmedio: no se pasarán veinte años sin que no haya ya Compañía, y dentro de otros veinte caerán los "Promos: no porque nosotros ó nuestra secta forme alguna estimacion de vuestra Compañía , sino porque vosotros y ella unís á los pueblos con los Keyes Soberanos, y á los Soberanos y Reyes con el Papa, que cs el pun- to diametralmente opuesto á nuestro plan y siste ma,” Aqui cesó la conversacion : nosotros solo repeliremos lo que pocas líneas antes hemos dicho, que si al P. Raffei no pasó, sino que inventó de su cabeza esta anécdota, el resultado fue en' parte como de un Profeta verdadero,
(94) de mayo: de 1762 a) Rey de Prusia (1): “Los Jesuitas, dice, son echados de la Corte » de Francia, sus colegios totalmente supri- » midos, enviados fuera del claustro sus no- » vicios , y se habla de su destierro total del »reino, como de una Cosa cierta, que deberá » suceder para el més de agosto... A la par » ¿qué habrá de hacerse con tantos y tan ve- » MEnOSOS imsectos? Los Príncipes Católicos »os dan buen egemplo.” Cinco años des= pues, esto es, el 14 de diciembre de 1767, escribia D'Alembert al mismo Rey: “Ved » ya verificada en Nápoles la espulsion. de los » Je suitas: se dice que muy en breve serán >tambien arrojados de Parma , porque en aesto todos los Estados de la casa de Bor- » hon Harán causa comun. Parece que V. M. » ha tomado con esta casta de gentes el par- » tido mas sabio y mas justo, que es no ha- »cerles daño, y al mismo tiempo impedir »que ellos lo hagan; pero este partido no »es para todos, Es mas facil oprimir que en- » frenar, y practicar un acto de violencia, >» que uno de justicia. Entretanto la Corte » Romana pierde insensiblemente sus mejo- »res tropas, y sus centinelas avanzadas ya * (1) Tom. 13, p. 26a,
(93) » no existen (1). Parece que ella recoge ya sus » cuarteles, y siguiendo la suerte de su egér= » cito, se dispone á acabar como él. Un bien »que se adquirió mal, «acaba del mismo mo: »do , decia Benedicto XIV, que penetraba »bien el interior de los negocios.” A. esta carta contestó el Rey en los términos siguientes (2): “En cuanto á los talentos de »los Jesuitas..... no se desarrollarán. mas. Ya »estan espelidos de la mitad de la Europa, »y aun del mismo Portugal. Los estableci- » mientos que les restan en las demas par- »tes, me parecen harto precarios, y no sal- » dré garante de lo que sucederá en el Aus- »tria, si la Emperatriz Reina llega á mo- » rir, Por lo que á mi toca, los toleraré mien- »tras que estén tranquilos y no matasen á »nadie (3)... Los ciegos y crueles pueden (e (1) - Les enfants perdus, dice el original, que fSpresa mucho mas. (2) Tom. 11, pág. 24. (3) Alude aqui Federico al pretendido tirani- Cidio atribuido á los Jesuitas: doctrina que él mis= Mo no creia siguiesen, En verdad no podia prole= gerlos tan decididamente, si estuviera persuadido de ello; pero en esto, como en otras cosas, seguia el hu— mor de sus filósofos: si Federico hubiera alcanzado 05 tiempos de la reyolucion francesa , hubiera vis-
(96) »aun perseguir; los hombres ¡ilustrados “y » humanos deben ser tolerantes (1). En 1768 entre las razones que el Rey de Prusia alegaba para probar que el Papa no debia entonces pronunciar cierta escomunion, to bien claramente quiénes eran en realidad los promotores de esta monstruosa doctrina : el cadal— so de Luis XVI habla en alta VOZ á los Soberanos, y dá á conocer quiénes son sus enemigos, El que á tan altas voces no despierte, no solo está dormi— do , sino aletargado. Filósofos, Masones y Janse— nistas: la plaza Delfina de París, el Carmen, la Forcé y la Consergería harán siempre vuestro elerno oprobio: ¡asi nos sirviesen de escarmiento! (1) Es ya cosa observada que los Apóstoles de la tolerancia son ordinariamente intolerantes hasta el esceso. El Rey de Prusia se lo echó en cara mas de una vez. “Estoy persuadido, escribia en 1771 »(tom. 9, pág. 113) á D'Alembert, que un filóso- »fo fanático es el mayor de todos los monstruos » posibles, y al mismo tiempo el animal mas in- »consiguiente que puede producir la tierra” Y en el Exámen del ensayo sobre las preocupaciones (edic. de 1789,t. 2, p. 307) dice claramente que un filósofo perseguidor: sería un monstruo á los ojos de un sabio. Federico predicaba la tolerancia, y es acar so el único de los filósofos que la ha practicado (+. IX, 371, 375, 389; X, 14, 15, 18). Tenia buen corazon , y si la filosofía ofuscó alguna de sus bellas cualidades, no por eso las pudo destruir ni obscurecer del todo, No solo dió un asilo en sus Es-
(97) son dignas de atencion las dos siguientes (1): Que el pueblo no es tan absurdo en el día, como fueron en otro tiempo los hombres consdituidos en elevada dignidad, y que los Soberanos con su propia autoridad han abolido el Orden de los Jesuitas, que servían de Guardias de Corps al Papa. Lo que con fecha de 16 de junio de 1769 escribió á este Príncipe Mr. D'Alembert, no merece menos particular observacion (2). “Por lo que hace al Patados á los filósofos desterrados de Francia, con la condicion de que decantando teóricamente la tole= rancia, no fuesen en la práctica intolerantes; no solo admitió en la Prusia occidental (IX, 285) muchos miles de familias mahometanas; no solo dejó que todos los ministros reformados de Berlin usasen de los nuevos ó de los antiguos cánticos (XL, P. 298, 171), segun mejor les pareciese; sino que Cstendió su tolerancia, ó por. mejor decir, su pro— teccion á los: mismos Católicos (XT, p 203, 216), asta abrirles escuelas en la Pomerania, continuar- €S sus antiguos maestros en la Silesia , conservar tambien los Regulares (11, PÁS. hb.) Ge. ; XIl, 18; XI, 63; AV 3% KC.) y aun erigir una Magnífica Iglesia en Berlin. Esta” es una de las pouísimas ventajas que ha sacado el Catolicismo de a tolerancia filosófica, * Ventajas á la verdad gran 10sas para que tanto las ponderen los impíos. ¡Qué Pentaja : un templo al lado de una Mezquita ! (0) Tom. 11, p. 27, CIAL: p. 85. Zom. XIV. 7,
(98) » pa, se dice que el conventual Ganganeli no » aumentará los privilegios de la Compañía de » Jesus, Y Que san Ignacio morirá regularmen- > te 4/manos. de san Francisco de Asís. Pa- »rece que el Padre Santo, no obstante ser »fraile, va á hacer la grande locura de es-. » tinguir totalmente su regimiento de Guar- » dias por complacer á los Príncipes Católi- » cos. Me parece que este tratado será seme- » jante al de los lobos con las ovejas, cuya » primera condicion fue que éstas entregasen. »á disposicion de aquellos á los perros. No sé »en qué vendrá á parar. De cualquiera ma- » nera, siempre será, Señor, una Cosa singu- “»lar que mientras sus Magestades Cristianí- »sima, Catolicísima, Apostolicísima, y Fi ¿de- » lísima licencian á los granaderos de la santa » Sede, V. M. Heretiquísima sea la única que » trate de conservarlos. Es verdad que des- »pues de haber resistido á cien mil Rusos, »cien mil Austriacos, y á cien mil Fran- »ceses, era preciso haberse hecho muy tí- » mido, para tener miedo de un centenar de » hombres vestidos de sotana. Confieso que »aquí son mas de temer.” Y en otra posterior de 7 de agosto le escribe: “Se ases » gura que el Papa conventual se hace mu- »cho de rogar antes de suprimir á los Je
(99) »suitas (4). No lo estraño. Proponer á un » Papa el destruir esta valiente milicia , es »como si se propusiese á V, M. licenciar su »regimiento de Guardias. Esto no obstante, »creo que en España, Portugal y en Nápo- »les se han de maravillar mucho que el su- »Cesor de san Pedro dispute á V. M. el de- »recho de conservar á los hijos de Ignacio, »Esto parece tan estrañio en este ilustrado » pais , como la aventura de los dos Misales »que se arrojaron al fuego para saber cuál »de los dos era mejor, y ambos fueron he- »chos cenizas con grande asombro de los cir - » cunstantes (2). Mas lo que por un momen. NN (1): Tom. 14, p. 89. (2) Es cosa ya observada por muchos, que en Punto de historia no se puede dar crédito alguno á los filósofos ; porque como ellos se proponen des= acreditar la Religion, . chanto refieren es siempre Ó alterado ó falso. Las obras del Rey de Prusia nos an frecuentes pruebas de ello en cada página ; Pero entre nuestros libres pensadores está adopta» 2 la máxima de Maquiavelo: que la calumnia deja Siempre alguna mancha aun despues de desmentida, Y saben muy bien que una*falsedad asegurada con resolucion en dos líneas, pide luego para ser desepvierta y Contradicha páginas enteras. La anécdo- a de los dos Misales referida por D”Alembert, es una hueya demostracion, El hecho se dice sucedi- *
(106) 5que poco há disponia: casi despóticamente » de las Córtes de la Kuropa. Á vosotros os » pesará con el tiempo (en Francia ) de su »espulsion, y la educacion de la juventud »sufrirá desde los primeros años; y esto es » para vosotros tanto mas inoportuno, cuan- »to vuestra literatura está en decadencia, y » que de cien obras que salen 4 luz, apenas »se encuentra una mediana.” En otra carta de 91 de junio de 1771 escrita á Mr. Voltaire (1), aunque siempre chanceándose , no deja de manifestar su aficion á los Jesuitas, * No se oye aquí, dice, » hablar mucho del Papa. Yo le creo conti- » huamente en conferencia con el Cardenal » de Bernis, para deliberar sobre la suerte »de estos buenos padres Jesuitas. En cuali- » dad de asociado de esta Orden, si Roma tu- » viese la crueldad de suprimirlos, me ha- »ria padecer bancarrota en sus oraciones.” Mas agradable sería la idea de un cuadro sobre este argumento, que poco despues de la-eleccion de Clemente XLV comunicó en carta de 92 de julio de 1769 á D'Alembert, si pudiera desnudarse de las impiedades que contiene (2). “El Papa, di- (1) Tom. 9» p. 249. | (2) ld 11, p. 48,
ce, suprimirá los Jesuitas, (907) como en otra »ocasion uno de sus predecesores abolió el » Orden de los Templarios, Y los Príncipes »Ortodoxos y el Vicario de Cefas..... (1) se »dividirán los despojos , en tanto que un » pequeño Principe herege y tolerante filósofo »ofrecerá un asilo á los perseguidos..... ¡ Qué »cuadro formaria un bábil pintor de estos »sucesos! En una parte pintaria al Mufti, »que restablece á los Obispos Polacos en »sus Catedrales; en otra á los Popes Ru- »sos (2) que combaten por los hijos de Cal- » vino (3). A un lado colocaria á un Prín- » cipe Protestante, que. protege á los Jesui- » tas oprimidos por los Catolicísimos y Cris- » tianísimos Monarcas; y sobre una alta nu- »be á san Ambrosio, 4 Lutero y al Patriar- »cá Focio, en aptitud de que todos tres creen »equivocarse, y nada comprenden de este (y) Al fin habla como herege: el Papa no es itario de san Pedro, sino sucesor: Vicario es de Jesucristo, - . (2) Sacerdotes Rusos, Grricgos, que lleyan este nombre, ; : no) as las turbaciones que entonces haolonia entre los Disidentes y los Católicos , = ; protegidos aquellos por los Rusos, y éstos por los Otomanos, z .
(108) »raro espectáculo. Si este cuadro 'se ejecuta, »será destinado á adornar el gran salon de » la casa de locos de la Europa.” . Los mismos Jesuitas estaban tan persuadidos del afecto que debian al Rey de Prusia, que se arrojaron á dar un paso que dió mucho que reir á sus enemigos. Oigámoslo de él mismo, que se lo refiere á D'A- lembert en una carta de 4 de diciembre de E (1). En medio de todas estas agt- » taciones está para abolirse enteramente el -»Orden de los Jesuitas; y el Papa, despues »de haber vacilado largo tiempo, cede en »fin, segun él dice 4 la importunidad de » los hijos primogénitos de su Iglesia. Yo he »»recibido un Embajador del General de los » Iguacianos, solicitando que me declare abier-: » tamente protector de su Orden. Le he res- » pondido que cuando Luis XV juzgó á pro- » pósito suprimir el regimiento de Fitz-Ja- » mes, no creí que debia interceder por es- » te cuerpo;- y que'el Papa' es dueñó en su »casa de hacer cualquiera reforma que le > parezca oportuna, sin que los Hereges se » mezclen en ello.” Cualquiera puede imaginarse que la respuesta de D'Alembert no se- (1) Tom, 11, p. 162,
(109) ría menos graciosa. Héla aquí fecha en 1. de mayo de 1773 (1): “Es necesario que los » pobres Ignacianos esten enfermos de mu- »cho peligro, cuando han recurrido á UN » médico como V. M., que en efecto no tie- »ne remedio alguno eficaz que ofrecerles. » Yo dudo que hayan quedado contentos »con la respuesta de V, M., ni que esten » determinados 4 hacerle el honor de filiar- »lo en su Orden, como hicieron con nues- »tro grande Luis XIV, que hubiera podido » pasarlo bien sin esta honra, y al pobre mi- »serable Jacobo 1, que éra mas á propósi- » to para Coadjutor y Jesuita, que para Rey. » De cualquier modo que sea, pienso que el » Rey de España, que tan vivamente solici- » ta la destruccion de tales insectos, no ha » de quedar muy edificado con la embajada » que han enviado á V. M. para que los to- »me bajo su especial proteccion. No dudo »que cuando llegue á saber esta nueva 1n- »triga Jesuítica, que por parte de V. M. ha » merecido una befa tan escelente, redoblará »sus esfuerzos con el Santo Padre para ob- » tener su estincion, y dejarnos libres de ellos. »Sé que despues de la. destruccion de esta O (1) Tom, 14, p. 231.
(110) »Orden, la Filosofía y las Letras no se en- » contrarán en mejor estado en la mayor par- »te de la Europa; pero al fin habrá un ni- »do menos de insectos, y de insectos bulli- » ciosísimos y nocivos.” Los votos de D'Alembert fueron por último-oidos, y suprimidos los Jesuitas; pero el Rey de Prusia no varió de opinion, y estuvo firme en quererlos conservar en sus Estados. Hé aquí lo que con fecha de 11 de octubre de 1773, esto es, dos meses despues de su estincion, escribió á Mr. de Vol. taire (1): “He estado.en la Silesia á conso- »lar á mis pobres [gnacianos de los rigores » de la Corte de Roma, á corroborar su Or- »den, y formar un cuerpo de diversas pro- » vincias, donde los conservo y los hago úti- » les á la patria, haciendo servir sus escue- » las á la educacion de la juventud, á la cual » estan enteramente consagrados.” D'Alembert cumplitentaudo al Rey el 10 de diciembre siguiente, no pudo disimular la inquietud que le ocasionaba una resolucion semejante, y pro: curó diestramente iuspirarle desconfianza contra aquellos religiosos, con la esperanza de inclinarle á poner por obra su total destruccion. (1) Tom. 9» Pp. 203, A e e A a A a A A A A A A A AE AE DN O OS
(111) “Hablando, pues, de los pequeños asuns »tos que ocupan á V. M., yo cuento, le »dice (1), en el número de estos la pequeña >» burla que V. M. hace al conventual Gan- »ganeli , recibiendo su guardia Pretoriana » Jesuítica, que él ha “tenido la imprudencia »de licenciar, No sé si esta pequeña jugada » podrá escitar en el Paraiso algun litigio, y »temo que Francisco de Asís é Ignacio de » Loyola vengan á las manos,.... Lo que de= »seo mas seriamente, Señor, es que V. M. » y sus sucesores no lleguen á arrepentirse » Jamas del asilo que habeis concedido á es= »tos intrigantes, que ojalá sean en lo su- »cesivo mas fieles de lo que fueron en la úl- »tima guerra de la Silesia (2), como v. M. (1) Tomo 14, p. 225. . (2) Habiendo el Rey de Prusia invadido de 1mproyiso la Silesia, que estaba bajo el dominio de la casa de Austria, los Jesuitas procuraron con todo esmero mantener fieles aquellos pueblos á su antiguo y legítimo Soberano. Esto irritó mucho á Feerico, y contribuyó no poco á indisponerlo en los primeros años de su reinado contra esta Orden. Pero viendo despues que constituido Soberano le gílimo de: aquella provincia, los Jesuitas le eran tan fieles, cuanto lo habian sido y prometido serlo antes 4 la casa de Austria, depuesta la antigua Prevencion contraria, tomó el carácter de uno de RUS mas celosos y constantes fayorecedores,
- (119) » tuvo la bondad de decirmelo 4:mí mismo, » y que borren con su prudente y sabia con= »sducta el nombre de ¿nsectos maleficos, con » que V. M. los favoreció hace cuatro ó cin=- »co años en una carta que me hizo el ho- » nor de escribir (4). Sería muy curioso pre- »guntar ahora á los Jesuitas, ¿qué piensan »de la Filosofía y de la tolerancia, contra » la que tanto declamaron antes? ¿cómo se »encontrarian en su agonía, si no hubiese »en Europa un Rey filósofo y tolerante?” El juego no le salió á D'Alembert á medida de sus deseos, y en esta ocasion tuvo una respuesta del Rey:un poco picante (2). “ Podeis estar sin cuidado con respecto á mi (1) La carta del Rey de Prusia 4 que alude en este lugar D'Alembert , parece ser la de 24 de marzo de 1765 (*£. XI, p. 6) en la cual dice: t* Acerca de la historia de vuestros Jesuitas, de la »cual os felicito anticipadamente , el Papa ha es- »pedido una nueva Bula por la cual confirma su: »instituto : al punto he hecho prohibir su introduc- - »cion en mis Estados. ¡Oh! ¡qué agradecido me es— »taria Calyino si pudiese estar informado de esta anécdota! Pero no es por amor de Calvino, sino » por no autorizar mas en el pais á esta maléfica »plaga , que tarde Ó temprano tendrá la suerte que »ha tenido en Francia y en Portugal.” (2) Tomo 11, p. 179,
(113) » persona, le escribe con fecha: 7 de enero »siguiente: nada tengo que temer de los Je- »suitas: el conventual Ganganeli les ha cor- »tado las uñas y arrancado los colmillos, y »los ha puesto en un estado en que ni pue: »den arañar, ni morder, sino solamente ocu- »parse en instruir á la juventud, de lo cual -»son mas capaces que toda la masa de Re- »gulares. Es verdad que vacilaron en la úl- »tma guerra; pero reflexionad sobre la na- »turaleza de la clemencia. No se puede eger- » citar esta admirable virtud, sin haber re- »cibido antes alguva ofensa, y vosotros las » filósofos no querreis á la verdad imprope- » rarme, porque trato á los hombres con bon- » dad, y egercilo la humanidad indiferente- » mente con todos mis semejantes, de cual- » quiera religion y sociedad que sean. Greed- »me; haya mas filosofía práctica, y menos »abstracciones metafísicas. Las acciones bue- »nas. son mas ventajosas al público, que las »sistemas sutiles y libres en la apariencia,, »en los cuales de ordinario nuestro espiritu »anda errante sin encontrar la verdad. No »soy yo tampoco el único que haya conser- »vado los Jesuitas. Los inglesés y la Empe- »ratriz de las Rusias han hecho otro tanto, > Y Entre los tres, Lóndres tiene el primer Tomo X1y, 8
(114) » lugar.” D'Alembert hubo de fingir que se sometia 4 las razones del Rey; pero muy persuadido de que aquella maléfica plaga no habia hecho las paces con la filosofía, procuró escitar nuevamente en-el ánimo de su regio corresponsal nueva desconfianza-con-. tra ella. “Soy (4) por tanto, le responde »en fecha de 144 de febrero de 1774, co- » mo el maestro de filosofía del Aldeano Ca- » ballero de Moliere. He leido como aquel »grande filósofo el docto tratado que Se- »neca hizo sobre la ¿ra, y convengo con » V. M. respecto á los Jesuitas, de los cua- » les se hace General, que si no hubiese cul- »pados, no tendria lugar la clemencia. Por otra parte se asegura que los Jesuitas de » Polonia han reparado con su fidelidad el »antiguo agravio de los Jesuitas de la Si- »lesia, y Y. M. no podrá hacer cosa mejor » que asemejarse á Dios, el cual, segun se » dice, no quiere la muerte del pecador, so- »bre todo, cuando se salva con la contricion » perfecta. Efectivamente los creo muy con- »tritos, es decir, muy mal contentos, y tanto » mas mal contentos, cuanto teniendo Y, M. y PP —_-_»>—_—_—_—_—______ A (1) - Tomo 14, p. 232,
(115) »el honor” y la felicidad de ser herege, no » podrán, como reflexiona muy bien, hacer otra cosa que ser útiles en sus Estados, y » jamas. perniciosos, como lo han sido mas »de una vez respecto de algunos Príncipes » que oian misa y confesaban,” D'Alembert y Voltaire conservaban aún una lisonjera esperanza sobre la mal asegurada subsistencia de los Jesuitas de la Silesia y de la Polonia; y era la de verlos puestos por ello en un compromiso con la Santa “Sede, y á la Santa Sede con S. M. “El señor » Guibert (1), así escribió en una de las di- » Chas cartas al Rey: el señor Guibert ha visto > á su regreso al Patriarca de Ferney, que se “»»rie mucho, y lo mismo hago yo, á espensas » del Papa, por el pequeño embarazo en que »V. M. le ha puesto. Porque él, á fuer. de » buen Papa, como lo es, debe escomulgar »á los Jesuitas si os bidegua y, y si los: es- »comulga , la filosofía espera tener una“hue- “na diversion. V, M. se acordará de una » cierta batalla dada en el Paraguay por el » Rey Jesuita Nicolás, en la cual el Padre »Feld-Mariscal vió morir á sus pies tres Ca- a (0) Tomo 14, p. 228.
(122) » cesor de Clemente XIV, será para ellos de » grande interés; pero no dudo que los Prín- »cipes Católicos, que conocen tan bien la » fina habilidad de los Jesuitas, se unirán » para empeñar al Papa futuro á que reser- » ve este tesoro á los Príncipes que no. van »á misa, y no tienen que temer les suceda »al comulgar, lo que á aquel otro pobre Em- » perador, á quien regaló tan sabrosamente, al » hacerlo, el bendito fray Sebastian de Monte »Pulciano (*).” Pero Federico era demagia masónica ,-que no en el colegio de Breslaw, No se imputaron estos falsos delitos á la Compa- Tía, sino porque no habia verdaderos que atribuirles; y porque los que verdaderamente los comeltian, para quitar de sobre sí los ojos del público, y que no los abominase como debian » trataban de hacer caer la odiosidad sobre otros, á fin de que deslum-— brado con sus declamaciones los juzgase á ellos inocentes. Regularmente los que van á robar, entran llamando ladrones á los que roban. ¿Quién no ha oido hablar del agua tofana, tan frecuentemente empleada ? El puñal de Kant está aún humeando. (*) La manía de hablar mal de la Religion, ha hecho adoptar á los Incrédulos las fábulas absurdas, que cualquier espíritu caprichoso ó implo ha querido inventar contra ella, El mismo Federico se dejó arrastrar de ella, al par de los otros espíritus ilustrados. Esta especie, de que el Emperador Enrique VIII hubiese sido envenenado e
(193) siado ilustrado para dar crédito al envenena= miento del Papa, lo que habia sido desmentido públicamente de órden del Sacro Colegio por el médico de cabecera de S, S. Mr. Salicetiz y asi respondió al filósofo de París (XT, 199): * Por una consecuencia de este » Escepticismo, os ruego no deis tan ligera- » mente crédito á las calumnias que se espar- »cen sobre estos buenos Padres. Es una false- »dad lo del veneno del Papa. La verdad es »que él se afligió mucho, porque habiendo »enunciado la restitacion de Aviñon, nadie » se congratuló con él; y de ver cómo una no- » ticia, tan ventajosa á la Santa Sede, se habia »recibido con tanta indiferencia. Una jóven » parece habia profetizado que sería envene- » nado tal dia..... ¿creeis vos que la tal jóven o con una Forma al tiempo de comulgar el dia de la Ascension, per un religioso llamado, no Seastian (que esta gente todo lo equivoca), sino Bernardo Policiano, es una impostura calumniosa esmentida hasta por el mismo Moreri, y que ningun crítico desapasionado podrá jamas adoptar. Pero la crítica de los filósofos de nuestros dias nO Uiene ojos sino para desechar lo que puede ceder A de la Religion y de la Iglesia, y para Joptar cuanto puede infamarla, Es necesario estar 1ed Ciego para no conocerlo,
(124) »estaba inspirada de Dios (*)? El Papa ha »Ímucrio, pero no en consecuencia de esta » profecía, sino de un derrame general de to=' »dos los humores... Se ha abierto y dise- »cado su cadáver, y no se ha hallado. la > menor señal ni indicio de veneno CE >pero sí se le ha improperado la debilidad -(*). Esta Jóven, conocida generalmente con el nombre de la Aldeana de Valentano, se Mamaba Bernardina Renzi; y por los años de 1791 residia en el monasterio del Amor de Dios de la ciudad de Montefalcone. Predijo en efecto la muerle , pero no el tal yeneno de Clemente XIV. Véase la Gaceta Eclesiástica de Florencia del año de 1776, n. 15, p. 119. . (*) La relacion de la enfermedad y muerte de Clemente XIV, escrita de órden de los Cardenales, por el médico Saliceti y los cirujanos que le asistieron, y firmada ademas por Andinolf , médico de cabecera de S, S, , dice espresamente: que una causa solamente interna y no estrínseca , fue la que llevó al: sepulcro al Pontífice ; y en una carta particular dice el mismo Saliceti: no tiene fundamento alguno la voz de que el Santo Padre ha muer- to de veneno; hablar así, es puramente soñar , sin mas que por querer: ni ha habido, ni se ha halla” do el menor indicio, ni vestigio , ni indicante de ver neno ; ni era tampoco necesario andarse buscando causas obscuras é inciertas, cuando. las habia tar palpables y evidentes, suficientísimas para quitar lA vida al Pontífice, como lás espuestas en la Kelacion,
(195) »de haber sacrificado un Orden como el de »los Jesuitas al capricho de sus hijos..... En »los últimos meses de su vida ha estado de »un humor enojoso, y esto unido á..... es lo »que ha contribuido á acortar sus dias. La » Compañía está justificada, y los que de »ella queden aún, no tendrán necesidad de »arsenal para fabricar puñales, ni de Far- » macia para bebidas espeditivas.” Es muy creible que el mismo D'Alemert, como tan despreocupado, tampoco diese crédito á la fábula del veneno; pero le conyenia entonces hablar así; y esa es sin' duda la razon por qué en otra carta de 15 de diciembre del mismo año (XIV, 255), le dice al Rey: “Estamos ya esperando Pa- »pa, y creemos que no dejará mas Jesuitas »que los que hay en los estados de Y. M,, » que quiere tolerarlos: no estrañio que V. M. »uo crea lo del veneno del pobre Pontí- » fice; pues: á creerlo, no podria conservar NcRtica de sí un s0ló% instante tan hábiles »drogueros; pero todas las noticias de Íta- » lia da afirman lan positivamente, y con > tan menudas circunstancias, que es impo- »sible' dudarlo (*). V. M. me pregunta si SEL ro E. ES AA INR (5 Pues que tanto se empeña Mr. D'Alem-
(126) » creo que aquella jóven estuviese inspirada; creo que V. M. me conoce bastante bien » para no sospechar que yo dé asenso á ta- » les inspiraciones. - Lo que sí creo mas fá- »cilmente es, que los bribones que hicieron »» predecir la muerte del Papa, habian to- Z » mado tan bien sus medidas, ó estaban re- » sueltos á tomarlas, de modo que la predic- » cion saliese verdadera (*). Por lo tanto no 0 ELA “bert en que precediese yeneno á la muerte de Clemente XIV, ¿qué fundamento tiene para atribuírselo á aquellos Padres? Su suerte estaba ya decidida..... ademas de que no estando Clemente XIV “tranquilo sobre su supresion, viviendo él podian esperar una revocaciow de sus determinaciones» que era lo que temian sus enemigos: lo que con el mentido veneno se impedia é imposibilitaba, Por otra parte, ¿rodeaban acaso los Jesuitas al Papa? -pregúntese al P. Buontempi, á..... Podíamos estender mucho nuestras conjeturas , pues la revolucion francesa y sus consecuencias nos han hecho conocer muchos misterios. ns (+) Pero en efecto, ¿la prediccion de la muerte del Papa es segura? D” Alembert la dá por in- -contestable, y que los Jesuitas la hicieron predecir» porque lo querian envenenar. ¡Cómo se tragan absurdos cuando se trala de llevar adelante nuestros caprichos! Hasta los niños saben que los vevenos, aun los mas eficaces y activos, obran con más -6 menos prontitud, segun la robustez, complexion»
(127) »lleve 4 mal V. M. que repita siempre con »Caton: Delenda Carthago; conviene acabar »con Cartago; aunque tambien añadiré, que, »esceptuados los envenenadores, y eso cuan- »do estén convencidos de ello, sería una »barbáric hacer infelices, y reducir á la men- »dicidad y desesperacion á las personas que »habitaban en Cartago; y que es necesario » trabajar en convertir en buenos ciudada- »nos á los que, cuando Jesuitas, hubieran »sido siempre ambiciosos é intrigantes. ” Federico no dejó de responder de nue- Vo á esta réplica de D*Alembert, y así el 6 de enero del año siguiente, le dice: “¿Os » habeis empeñado en que el Papa por fuer- A y disposicion de los sugetos; y como de esta no se puede tener humanamente una infalible certeza, tampoco se puede dar del efecto del veneno determi Dadamente. Pero para D' Alembert esto no impor taba nada, Los Jesuitas conocian lo que nadie en el Mundo puede conocer; y sin acercarse ni tratar al Ontífice, tenian conocida tan perfectamente la conslitucion física del Papa, la actividad del veneno, y SUpieron preveer tan bien el momento preciso en que Abia de tomarlo un año despues, que mucho mas £ un año antes pudieron predecir exactísimamenle por medio de aquella aldeana el año, mes, dia Y Aun la hora en que debia morir su ilustre vice Uma, ÁApage putidas fábulas,
(128) »za ha sido envenenado? Yo sé ciertamente » que todas cuantas cartas llegan de Tralia » aseguran que no, y desmienten esa fibu- »la, y no hallan cosa alguna extraordinaria ' »en la muerte de Gangáneli, á no ser que »estos ltalianos tengan dos pesos y dos me- » didas, y cuando escriben á Francia les di- » gan lo que allí saben que puede agradar, » y aquí lo que puede parecer mejor. Yo no »lo entiendo. De todos modos nuestros bue- » nos padres de Silesia es cierto que no han »tenido parte en tales horrores.” Lo que el Rey añade despues merece singular atencion; pues nos descubre el verdadero y primario fin y objeto á donde dirigian los Incrédulos todas sus operaciones. “Por lo que hace á » Cartago, yo os la sacrifico: entiendo que »es la misma que Calvino llamaba Babilo- »nia: será ciertamente un gran bien para »la humanidad libertar á los hombres de la » gerarquía, y de todas las supersticiones que » de ella dependen; pero ni vos, ni yo, ve- »remos dias tan felices. Se necesitan siglos » para que llegue, y aun entonces acaso una » nueva superstición subsiituirá á la antigua; » porque estoy persuadido que la inclinacion »á la superstición es inuata en el hombre” Federico tiene razon en esto, pues Dios ha
(129). impreso en el hombre una ¿nclinacion invencible á la Relgíon, que no pueden su= perar todos los esfuerzos, Y hé aquí por qué no se da un verdadero ateo. Si se desecha la verdadera Religion, se adopta luego una falsa, y cuando se cierran los ojos á la yerdad, se abren luego á la mas ridícula supersticion: los mismos Incrédulos nos estan dando diariamente pruebas incontestables de esta transformacion vergonzosa, X. Ya se habrá notado que el principal fin porque el Rey de Prusia queria conservar los Jesuitas en sus Estados, era la educa= cion de la juventud. No es la única vez en que se ha visto á este gran Príncipe combatir prácticamente los principios filosóficos, que en la teórica habia adoptado. Su alma Daturalmente recta, racional, sacudia en repetidas ocasiones el yugo que le queria im- Poner una Filosofía soberbia, y de este contraste de la verdad con el error, que despedazaba muchas veces el corazon de Federico, nacieron todas sus inconsecuencias prácticas y especulativas. Ciertamente no podia acer cosa mas perjudicial á los progresos C Lom. XIY,
(130) de la incredulidad. Él mismo en el Exdámen del Ensayo sobre las preocupaciones ha: bia observado juntamente con aquel escritor, que para hacer proselitos á la Filosofía (1), el medio mas oportuno era quitar á los Eclesiásticos la educacion de la Juventud de que estaban en posesion, para encargarla á los filósofos, lo cual la preservaria y aseguraria contra las preocupaciones religiosas, en que las escuelas la habian imbuido desde la cuna. Esto no obstante, perseveró en la resolucion de confiar la educacion de la juventud, con preferencia esclusiva, á los Jesuitas, “con las cuales, escribe en agosto »de 1775 (2): Conservo un gran vínculo »de ternura, no como frailes, sino como » maestros de la juventud y literatos, cuyo »establecimiento es útil á la sociedad. ” Y en el diciembre anterior habia escrito á Mr. de Voltaire en los términos siguientes (3): “ Yo mo los he conservado, sino en favor »de la juventud, El Papa les ha cortado la »cola, y ya no podrán servir como las zor= A RRA IR TAE (1) Tomo 2, edic. 1789 , p. 306. (2) 1d. 11, p. 221. (3) ld. 9, p. 20,
(131) »ras de Sanson, para abrasar los campos de »los Filisteos. Por otra parte, la Silesia mo »ha producido padres Guignards, ni Mala- »gridas; nuestros tudescos no tienen las pa- »siones tan vivas como los pueblos meridio- » nales, Si todas estas rázones no os mueven, » prosigue chanceándose irónicamente, os pro- » pondré otra aún mas poderosa. En la paz »de Dresde prometí que la Religion perma- » heceria en mis provincias ¿n statu quo; y »así en las que habia Jesuitas, deben conser- » varse, Los Príncipes Católicos tienen opor- »tunamente á su disposicion un Papa que »los absuelve de sus juramentos, usando de »la plenitud de su potestad: mas yo estoy »obligado á cumplir mi palabra; porque el » Papa se creeria ¿mpuro «si me dispensase, » y se haria cortar los dedos con que hubie- »se dado la absolucion á un maldito herege »de mi modo de pensar, Si no me volveis »á dar en cara con mis Jesuitas, mo os di- »ré tampoco una palabra sobre yuestros..... » Nosotros mos burlamos mútuamente, Mis » Jesuitas han producido hombres grandes, »y aun en este tiempo se cuenta entre ellos »al padre Tournemine, vuestro rector, Los > Capuchinos se lisonjean con san Cucufino, » del cual pueden gloriarse á medida de su *
(138) Pero la Religion del Príncipe, como hemos observado ya, y la influencia del Clero desconcertaron todos los designios de los Inerédulos en la Francia; y por mas que se hubiesen lisonjeado en un principio de convertir en filósofo (1) al mismo Rey, y aun de llegar á «ver, como chanceándose escribia 4 D' Alembert el Rey de Prusia, al mismo D'AJembert limosnero mayor, á Diderot confesor de Choiseul, confesor del Delfin á Marmontel, á Voltaire Arzobispo, Obispo á Juan Jacobo Rousseau, y Abad comendatario al Márques D'Argens; por mas que todavía se lisonjeasen de que la patria de Voltaire (2) no volvería á ser nuevamente en nuestros dias el así: »ra algun dia su destruccion, ó por lo menos debili- »tarlos, debe entretanto impedirse que sean nocivos: »para conseguirlo hay un medio infalible, sin usar »de la violencia, la cual es mecesario evitar aún »con ellos; y será el de renovar las antiguas leyes que »prohiben los votos monásticos antes de los veín- O e , , e] »te y cinco años de edad. ¡Ojalá se conforme el Go- » bierno en esta parte con el unánime deseo de los »ciudadanos ilustrados! En la esperanza de este 3 . » » Monástico desastre y de este bien del Estado, Sec. Este es el pasage de la Historia de D'Alembert, á que parece alude aquí el Rey de Prusia, (1) Tom. 11, p. 3o. (2) ld. 9» P- 326.
(139) lo, y el último atrincheramiento de la supersticion; que la posteridad llegaria indudablemente.(4) á gozar del bien de poder pensar libremente; y tarde Ó temprano serian sesuidos en todas partes los egemplos de un celebre potentado; por mas que la Francia tuviese grandes filósofos, sin embargo nuestros pensadores ¿bres estaban persuadidos de que (2) la mayor parte de la nacion erá aún mas supersticiosa, y estaba menos adelanlada que en cualquiera otro pais de la Europa; que la levadura funesta del fanatismo podria hacer aún que se aumentase el número de supersticiosos, sofocando el de los contrarios (3); que el veneno del fanatismo se estendiese acaso (4) tanto, que hiciese crueles y bárbaros á los Magistrados y ú las leyes, y sofocase el grito de la naturaleza y la humanidad (5). (PA 5 5 (1) Tom. X, p. 287. (2) 1d. XI p. 247; XV, p- 34. (3) Id. IX, p. 260. (4) lb. 280; X, 41; XIX, 42; IX, 284. (5) ¡Oh! si se hubiera verificado esto, no Se abrian visto tantos horrores , tantas acciones ¡m- ES y de barbarie , cuya memoria sola eriza los abellos. Los Ministros de la Religion proscriplos»
(140) Fuera de allí, y principalmente en la Alemania, les parecia adelantar mas, y que las cosas caminaban á medida de sus deseos. Permítasenos seguirlos por un momento en sus triunfos, que despues se ha visto con dolor no eran imaginarios. Recuérdese únicamente que aquí habla el lenguage de la incredulidad (4). Parece que la Europa, decian » Se ilustra al presente sobre todos los ob elos que influyen mas en el bien de la humanidad..... (2). La ra- 200 se desengueloe cada día mas, y los paises mas estúpidos sienten ya sus moyimien- e » A los templos del Señor profanados hasta el estremo de darse adoracion á una prostituta en donde antes se yeneraba al Santo de los Santos; convertidos otros en lupanares, logias, casas de baile, Sc; despedazadas las Imágenes, rotas las Cruces, arrojadas por los suelos las sagradas Formas, degollados y perseguidos los ciudadanos porque-eran Católicos, Kc..... ¡Apóstoles de esa humanidad tan proclamada, dejásteis caer la máscara, y ya no podeis dejar de ser conotidos! Pueblos, volved los ojos 4 la Francia por los años de 1791 y 93, y velad por vuestra conservacion: Príncipes, contened esa falsa Filosofía; no olvideis que las mismas causas producen siempre los mismos efectos, q (1) Tom. 9, p. 358, (2) Ibid, p. 326,
(141) dos... (1). Esto ha hecho caer la venda del error que el escéptico Bayle en parte habza ya Grrancado, Aparecieron en la Francia los Pontenelles y Voltaires ; el celebre Thoma- 0 en Alemania; los Hobbes y Colíns , los Shaftesburys y Bolingbrokes en Inglater= "a. Estos hombres grandes (y tanto mas Srandes á los ojos de los Incrédulos cuanlO menos creyentes ) y sus discipulos , han tscargado un golpe mortal á la Religion Pero ellos ya murieron, y la Religion no ha Acabado ). El Deiísmo tiene buen número de - Sectarios. Con esta religion racional (se entiende para sus secuaces ), se establece la tolerancia, y ya no hay enemigos por. tener Modos diversos de pensar... Ya no hay ce- Antes (2) sino en Francia (así hubiera muchos aun hoy dia.....) La España está tibia... ena se resfría cada dia mas..... (3). En * Supersticiosa Bohemia y en el Austria, “Mtisuo asilo del fanatísmo ( nuestro lector Sibrá tomar en su verdadero sentido estas presiones ) , las personas de carácter coenzan á abrir los ojos : las imágenes de Santos (hé ahi una prueba muy signi. (1) Tom. 9» Pp. 93.
(142) ficante) no gozan ya del culto que en olr0 tiempo st les daba..... (1). El Austria, la Westfalia, y en fin, la Baviera, procuran atraer ú sí algunos rayos de luz..... ( £ilosóftca y bien tenebrosa ). El Papa, que ya eb el año de 1740 (2) no era mas (segun los filósofos ), que el primer Obispo de la Cris” tiandad (3), y ahora es un fantasma viejo é imaginario, un vendedor de..... Basta (4) a (1) Tom. g» p- 326, (2) 1d. 1, p- 86, ás (3) Este primado simplemente de honor favort? ce mucho”á nuestros Incrédulos. Ellos observa? bien que si el Papa es solamente el primero y los Obispos sin alguna jurisdiccion sobre ellos, acabó de hecho la unidad de la Iglesia, y tendría” mos tantas Iglesias como Obispos, y despues y Obispos ni Iglesias, Por esta razon promueve defienden con tanto calor este error, Cuando el au” tor del precioso, y muchas veces citado, librito de La liga de la teología moderna con la filosofía, en” cuentra en los Jansenistas igual y aun mas vivo empeño por sostener este mismo error, ¿nO ten drá razon para sacar de aquí un nuevo y fuer. argumento con que probar su confederacion “% los filósofos en contra de la Iglesia de Jesucri : Si nos vemos precisados á repetir con tanta $ cuencia esta reflexion, la culpa es de quien con misma frecuencia dá motivo para hacerla, y (4) Tom. IX, p. 85; XI, 26, 29, 57,63; 2” 723 83, 97» Kc, RH > O LL DO DL DDD 0 O A DO DO Dx na
(143) las personas bien nacidas no pudieran sufrir que recordásemos ciertos términos que ¡igualmente ofenden á la Religion que á la decencia. ¿No se podrá nunca ser Incrédulo, Sin ser á la par cínico, y.....? “La barca de »san Pedro, continúan llenos de regoci- » o ( 1), hace agua por todas partes, y Y ol >taire es el can marino que trabaja por tras- »tornarla.?? Pero no ha sido trastornada aún; Y cualquiera otro que tome á su cargo esta €Mpresa , será en ella igualmente desgraciado, “Voltaire y sus obras (2) (confesion muy Sienificante y preciosa para quien sabe pe- Sar las cosas en la balanza de la verdad ) »son las que han producido esta revolucion »en los espíritus... (3). Voltaire ha sido el > Belerofonte (risam teneatis) que ha ater- »rado la Quimera ; el Hércules (4) que ha > oprimido bajo sus pies la Hidra fatal del > Panatísmo (5) | ERRE A EE (1) Tom. 14.,.p. 97- 05) ld, 11, p. 57. 3) ld, 10) p. 35. (4) 14, 9, p. 226. 100) No se crea que nuestros, filósofos hablan pre el lenguage de la victoria de que usan aquí, se Ciertas juntas secretas se diria que no saben qué O que los trastoria. Es de creer que sus cosas ,
(144) Pero por mas gloriosa que se quiera 0s- tentar aquí la Filosofía, su triunfo no era completo. Los frailes, los clérigos, los Obispos y el Papa, á pesar de todos sus esfuerzos y los choques contrarios de los bellos espíritus, gozaban aún en la Cristiandad de S f mo estaban verdaderamente en el punto de gloria, en que tan repetidas veces las quieren representar: Sus bravatas son uno de los acostumbrados arliticios de que se valen con ventajas los Generales esperimentados , para aterrar á sus enemigos y disimular su propia pérdida. Sea de esto lo que fuere, á lo menos es cierto, que aunque parezca alguma otra vez demasiado francos y arrojados» obran frecuentemente con mucha circunspeccion ; (Ciuores posth. VIMN, 285; IX, 36, 223, 260» 286; X, 15, 219; 41, 78, 247; XLIV, 42, 185 XV,34, 159» y edic. del. año de 1789» t. > p. 308) y que sus conquistas, mas que ála fuer” za de sus armas, se deben á la sagacidad sutil de la política que los dirige. Muchas veces no han en” contrado por oportuno declararse abiertamente ent” migos de la Iglesia de Jesucristo. Sabian muy bie? que con aplicar en derechura la mano á demoler este viejo edificio, se habrian espuesto Áá caer bajo los tiros de los que le defienden. Se ha fingido pues, no querer quitar mas que algunos defecto5? se ha intentado levantar cerca de él uno nuevo mas cómodo, y se ha esperado que los habitante? del primero se pasasen á habitar el segundo. 2 vez de asestar los caíiones contra sus muros) cir
(145) uu cródito y de una autoridad en estremo molesta á los Incrédulos. Ellos sentian cada vez mas su peso, y por todas partes esperimentaban golpes violentísimos. Es verdad que la Filosofía confiaba reinar al fin victoriosa donde habia tenido su primera cuha , y ver aniquilados á sus mas formidaido minando los cimientos (edic. 1789, tom. II, P.326; edic. 1788, t. IX, p. 286 ). Bajo pretesto de asegurar y dilatar los derechos de sus gefes, se la ha despojado de los soldados, se ha fingido acari= ciar la Religion, y de camino se le ha descargado el golpe en lo mas vivo. De este modo la intredu= lidad ha hecho grandes progresos, la Iglesia ha perdido sus mejores tropas, las mismas guardias avanzadas han sido embestidas por los enemigos, cuando los creian mas remotos, y los cuerpos que cubrian las fortificaciones esteriores, volaron por los aires antes que supiesen que estaban minados. Estas son ventajas efectivas para la Filosofía, y la eligion quedó como consternada. Pero si aquella 0s enunció en aire de triunfo, no se le pudo ocul— tar que sus consecuencias no podian dejar de ser "Muy pequeñas. Revistadas sus tropas, encontró que no tenia mas que doscientos mil hombres con— tra diez y seis millones ((Euores posth. edic, 1788, t. X,30; XI, 57, 65); y aun despues, hecho Mejor el cálculo, confesó no tener mas que mil que Oponer á cada diez millones ((Luores posth, edic.1789» 11, p. 303). La desigualdad es monstruosa, pero nos cousta por confesion. suya. Hubieran sido al Tom. XIV, 10
(146) bles enemigos, es decir, los Regulares, despojada la Iglesia de todos sus bienes, y quitada la jurisdiccion al Papa; pero la revolucion que debia producirle tan grande bien, no estaba aún madura, Otro grande Príncipe pareció prometerle entonces mayor fortuna. Sea ella misma la que por boca de sus €xI—— menos soldados generosos, disciplinados, unidos, fieles y honrados (C£uores posth. edic, 1788, t. LX, 140, 369; AI, 65, 108). Pero no: muchos han descubierto su bellaquería y su desvergiienza, otros deshonraron la divisa con hacerse esclavos de las supersticiones verdaderas, cuando combatian lasimaginarias, como aquel viejo Príncipe de Annalt-Des- sau, que no creía en Dios; pero si yendo á caza, lle= gaba á encontrar tres viejas, retrocedia al: punto, teniéndolo por un malísimo agiiero, y que no empren= día cosa alguna en lunes, porque este era un día in= feliz : como Hobbes , que siendo Incrédulo de dia, no podía dormir solo de noche por temor de los muertos: como el héroe del Marques D'Argens (+. XIII, p. 301) el impío Juliano, que tomando el carácter de espíritu fuerte contra las luces del Evangelio, se aban= donó enteramente á las locuras mas vergonzosas del Paganismo: todos estos por fin, estaban tan discor= des entre sí, que no pueden encontrarse dos (+. XL; 45 y edic. 1789; 1.11, p. 50, edic, 1788; IX, 369) que convengan en la misma opinion, y los maS abandonaron cobardemente el campo, cuando (á 12 hora de la muerte) debieron haber mostrado mayor constancia. Ll mismo Patriarca de Ferney
(147) Doctores nos revele lo que pensaba de él. Su testimonio no podrá tenerse por sospechoso, “Toca al Cesar (1), escribia D'Alembert en » 1775 al filósofo regio de Berlin, toca al Ce- »sar (2) reparar las necedades de los Druidas » y de sus agentes, y dar á su siglo, á un mis- » mo tiempo, lecciones de guerra y de paz, » de humanidad, de justicia y de filosofía.” A la verdad, este Príncipe engañó algun tanto la esperanza de los filósofos, cuando al pasar en 1777 por las cercanías de Ferney, (1. XI, 51; XIV, 86) ha dado muchas veces so— bre este propósito escándalos que han hecho á la incredulidad un daño que no está reparado aún. A los mismos (Generales de la filosofía, que como= cen íntimamente la situacion verdadera de sus egércitos , se les ha visto en muchas ocasiones perder el “valor en el momento mismo en que se creia mas seguro su triunfo (11, 139, 219, 369; X, 10, 15; XI, 57,321,326; 411, 15). El éxito-de la guerra les pareció del todo incierto: tal yez lo re- Putaron por desesperado, y estuvieron á punto de abandonar la empresa. Sin embargo, únicamente abandonaron la idea de revolucionar todo el mundo y de fundar un estado nuevo, y se limitaron á a institucion de una sociedad que fuese la símia de la de los Jesuitas (X, p. 19). Por entonces fue el Parto de los montes. (1). Tom. 14, p. 277. : (2) José U Emperador de Alemania, : *e
(250) AA == CAPITULO Y. Los bienes ó propiedades del Clero no son bienes dados á la Sociedad ó 4 la Nacion toda, sino bienes propios solamente del Clero, lo mismo que los de los particulares. 49. Establecida la aptitud y capacidad del Clero para poseer, por todos los motivos que dimanan de su origen y existencia; probada por los principios del Derecho natural su imprescriptible propiedad sobre sus propios bienes, igual á Jo menos, y tan estable como la de cualquiera otro ciudadano, y aun apoyada sobre base mas sólida y £undamental, cual es el origen y divina 10sti- tucion del Clero: demostrado ademas con testimonios de autores los mas imparciales, Y aun enemigos suyos, en qué consiste el Dominio eminente de los Príncipes ó de las naciones, y la tutela de los Reyes respecto á4 dichos bienes, réstanos examinar si esto5 bienes por su asignacion Ó consignación he: cha por la piedad de los fieles al Clero, 4“
(251) nen alguna afeceion particularó condicion, por la: cual la nacion pueda convertirlos en uso propio suyo, despojando «al. Clero de: dichas propiedades Eclesiásticas, 50... Esto es puntual mente lo. que pretenden los filósofos políticos; pero, como lo han de costumbre, sin dar prueba alguna de ello. Estos bienes y posesiones, dicen, en su principio se dieron al Clero por algunos Cristianos: y ciudadanos «piadosos, para: fijarle una dotacion y subsistencia, y señalar un fondo al culto de la Religion, y por este medio aliviar á-los particulares de la obligacion de mantener por sí los Ministros sagrados, y demas gastos del Culto, Por consiguiente, estos bienes se dieron, y se dotó con ellos al Clero en bien y utilidad de los mismos particulares. La nacion permitió al Clero, en su origen, la adquisicion de fundos, tierras, Y posesiones con el mismo motivo, El Clero, pues, viene á ser como un depositario de los bienes que la nacion, por su .propia utilidad, y el alivio de sus individuos fijó por fondo seguro, y estableció para el Sostenimiento de los Ministros de la Religion, Para los gastos necesarios del culto sagrado, Y socorro tambien de los pobres y.nece- Sitados,
(252) 54. Por consiguiente, la propiedad de los bienes particulares del Clero viene á ser mas bien una propiedad condicionada de la nacion, que del Clero mismo. Añaden mas: los ciudadanos, al hacer sus donaciones, establecieron un fondo en bien de la sociedad entera, con condicion de que el Clero fuese proveido y mantenido sin gravámen de los particulares. Con que cuando la nacion, ó el Soberano que la. representa, verifica la condicion, podrá sin injuria privar al Clero de esta su ereida propiedad, siempre que fije y destine con toda seguridad, y las mayores garantías, lo que se estime necesario para su subsistencia, á la que únicamente el Clero tiene derechó, ínterin exista, por razon de su institucion. No quedan pues defraudadas en cosa alguna las piadosas intenciones de los donantes de estas posesiones, y se cum-- plen los deseos de los fundadores; quedando por una parte aliviados los individuos del grande peso del mantenimiento del culto religioso y sus Ministros; y proveyéndose por otra á la seguridad de la subsistencia del Clero, la cual queda á cargo de la cacon y del Rey. 52, La nacion y los Reyes, añaden, soR el verdadero intérprete de la voluntad de su$
(253) súbditos, que de nuevo, ni mas especificamente, no*pueden declarar cuáles fuerón sus intenciones testamentarias, y lo mismo de cualquiera otra voluntad de los antepasados. Siendo, pues, las piadosas donaciones hechas por los ciudadanos al Clero y á la Iglesia, con el objeto de promover la piedad, y por.un bien que redundase en utilidad de todos, examinando la nacion ó el Soberano cuál de estas utilidades y beneficios es el mejor, destinará para los objetos que sean mas conducentes al bien del Estado las donaciones de aquellos sus individuos que en ellas tuvieron siempre la mira. al bien de los particulares, y la piedad Cristiana. Ásí que, la nacion ó el Soberano podrá por la inspeccion que tiene sobre la felicidad pública / ¿hacer Uso de su Dominio eminente sobre los bienes de un cuerpo moral, cual Jo es el Cle- to, y sobre los bienes destinados para utilidad comun ó del público. = Tales son substancialmente las razones, que llaman ineluctables los falsos políticos, paraautorizar á las naciones al despojo, total, del Clero. 53. Pero ¿quién no vé en estos y con estos, no diré discursos, sino desvaríos, reduciq las disposiciones testamentarias, y todos 9s demas establecimientos hechos bajo la pro-
(234) seccion delas leyes mas sacrosantas, y de la tutela: dela fé pública, 4 un sistema é hiótési filosófica, que sepuede aplicar Segun el capricho” de cualquier filósofo delirante? Es innegable que los particulares reciben larga utilidad, y la nacion! tiene un grande alívio, con'las donaciones * piadosas hechas al Clero en todos aquellos Estados Católicos don- “de dichas posesiones eximen al pueblo fiel del mantenimiento de sus propios pastores y de los demas gastos necesarios al culto de la Religion, y donde el pobre y menesteros? ciudadano halla medios de suplir su necesi” dad é indigencia, recurriendo á la: piedad de la Iglesta y propiedades Eclesiásticas admin!5” tradas¡por Prelados y Eclesiásticos Menos 4% piedad; de humanidad y sólida caridad Gris” tiana. Mas no por eso se crea que todas 11% posesiones y propiedades Eclesiásticas fuerol donaciones de la piedad Cristiana, hechas.p? ra alivio y en descuento, digámoslo así, la obligacion que tiene todo Cristiano de co?” tribuir ó concurrir al mantenimiento de ? Ministros sagrados y del culto: mortodase* propiedades del Clero son donaciones y obren” das piadosas, ni por esa sola razon el Cir es dueño de sus posesiones, Y propietario e gítimo de cuanto ha recibido en Dominio
(255) y conserva en virtud de los contratos ¿mas santos que pueden hacerse donde reina la justicia y el buen órden. Muchas de estas propiedades fueron compradas y adquiridas por contratos legítimos; muchísimas, y particularmente las de los monges, ó que, provienen de ellos, han sido adquiridas por una industriosa agricultura tan útil al bien público, ó por la introduccion y aumento de las artes ventajosas al Estado y á la nacion, ó tambien porque los fundadores de los institutos monásticos cuando se retiraban á los desiertos, Jas llevaron consigo, al fundarlos, para su sostenimiento y el de su congregacion ó sociedad, para no ser grayosos á los ciudadanos (1). Dése una ojeada á la Histo- (1) Esta verdad se hará palpable á todo el que quiera dar una ojeada y examinar las grandes fundaciones monásticas. en los anales Benedictinos. Sin salir de la Italia, en monte Casino los padres de san Mauro y de san Plácido ofrecieron al patriarca de los monges san Benito, juntamente con Sus hijos, el patrimonio de. ellos, del cual, como 05 Sicilianos hubiesen usurpado (que esto de quilar á los monges viene ya de antiguo) una parte, el santo Patriarca envió. inmediatamente para recorarla á san Plácido, que era el dueño de las po- Ssiones usurpadas antes de su monacato,-y.á quien A
(256) ria de los siglos llamados bárbaros y de ignorancia, y se verá claramente cuanto debe la Alemania, la Italia, la Europa toda, á las incansables fatigas de los monges en bien de sus semejantes, por las cuales aumentaron tanto su gloria y sus riquezas. | 54. No creemos necesario responder difusamente á unas objeciones, cuya debilidad se manifiesta por sí misma; tanto mas, cuanto que mil veces han sido rebatidas y. confutadas por hombres eminentes en sabiduría, los cuales han apurado, digámoslo así, la materia, produciendo demostraciones palpables acerca de ellas (1). Sin embargo, A sucedia «en la propiedad su Religion, en cuyo nom bre, y por la cual, fue á revindicarla. San Anselmo fundó en su patrimonio el monasterio de Nonantola, en el cual se contaban, la vez que menos) mil monges. El monasterio de. monte Olivele el. Mayor lo fundó en sus tierras propias el Beat0 Bernardo Tolomei, en las gredosas montañas del Senés , reservándose para sí y para sus monges 1o8 mas espesos bosques, breñales y quebradas mias 19? fructíferas, despues de haber dejado las tierras Mé jores y demas riquezas en beneficio de sus COM” ciudadanos, por los cuales consagró últimamente Y dió la vida en la peste del año 1348. (1) Dritto libero de la Chiesa di acquistaré) S possed. 1769. = De finibus utriusque Potestatis» com
(257) á fin de que en este pequeño Opúsculo ' se hallen á la mano respuestas á dichas sofisterías, y una manual demostracion de su futi= lidad, las refutaremos brevemente sacudiendo y arraucando sus cimientos, «para que: el edificio se desplome mas fácilmente. 55. Se dice, pues, que la nacion en un principio permitió al Clero poseer por utilidad y alivio de los ciudadanos: ¿en qué ta= bla de legislacion se encuentra este beneplácito? Lo contrario se hallará fácilmente; pero una facultad concedida al Clero y á la Iglesia en esos términos desde el principio de sus posesiones, no será tan facil hallarla. Por todo lo que hemos establecido (cap. 2) es evidente que el origen y capacidad de poseer en el Clero y la Iglesia, debe tomarse de la naturaleza misma de la Religion Cristana. Jesucristo autorizó á todo hombre para: hacerse Cristiano, aun' contra la-probibi- cion de cualquiera Príncipe: cualquiera pués Que se ha hecho Cristiano, «está por el mismo Jesucristo mo solo autorizado, sino tam= bien obligado-á concurrir al mantenimiento CHA _— __ _—_—___—__MMMAAA : y a mentarius Lugani, 177914 cap. 14 ad 17. = E Zac» Caria del Celibato Sacro, lib, 3, cap. 1, edic, Ro» Ma 1770 | baii Tom. XIV. 47
(258) “del Clero, aun contra la tal prohibicion (*). En vano estaria obligado á contribuir á ello, si el Clero no estuviese autorizado á poder recibir su sostenimiento, y gozarlo aun contra la prohibicion de cualquiera Príncipe: luego el Clero está autorizado por Jesucristo á recibir de los Cristianos su sustentacion; sinnecesidad de permiso de la nacion, y aun contra la prohibicion de ella 6 del Príncipe que la representa. Esta sustentación podia darse en bienes muebles ,/como v. gr., el estipendio que se da á los soldados, la leche á los pastores , los frutos de la viña al viñtadero, las oblationes del Altar al Sacerdote. Podia tambien, siempre: que no cediese en perjuicio de tercero ó de la sociedad, darse señalando un fondo «inmoble ; y así los fieles, en vez de vender sus tierras y po” ner su precio á los “pies de Jos Apóstoles, pudieron darles las mismas tierras; porque del mismo modo que los Apóstoles pudieron recibir el precio,«lo pudieron hacer de la cosa misma. No :se sabe de: ley alguna qué A e (*) Quien quiere el fin verdadera y eficazmen” te, quiere los medios que conducen al fin. Dios q!" so que hubiese lolesia, pues la fundó; ella no pue” de subsistir sin Ministros ¿con que es preciso que quisiese que tuviesen con qué subsistir,
(259) impidiese á los Apóstoles recibir el precio ó los fundos ; pero se sabe bien que en esta aceptacion no tuvo la nacion parte alguna. Los que abrazaron el Cristianismo fueron particulares , cada uno de los cuales , Independientemente de la nacion, era dueño de lo suyo, y por lo tanto podia, independientemente de la nacion, douarlo 4 quien quisiese, con tal que fuese sin daño-ni detrimento de ella. Luego si al Clero para su subsistencia se le han substituido fundos y bie= nes estables á las cosas mobles , éstos han pasado al dominio y propiedad del Clero ¡ndependientemente de la nacion, ¿Con qué cara, pues, quieren sostener los falsos políticos que la nacion en el principio permitió al Clero las adquisiciones y propiedad? Tan lejos de ser verdad que se haya concedido por estas (las naciones) en un principio el proclamado permiso al Clero y á la Iglesia de poder adquirir, al contrario, se hallan en os primeros siglos de la Iglesia varias leyes ¡Mperiales que le prohibian cualquiera ad- Quisicion, mo menos que á los otros cuerpos ó colegios llamados ilegítimos. Y bien, ¿ dejó Por esto la Iglesia, y con ella el Cléro , de adquirir y poseer” Ciertamente que no, co- Mo ya hemos notado (n. 29 en la nota). e
(266) cuando no estan espresas por los. autores de las propiedades y de los dominios en las donaciones, testamentos y contratos: luego tannpoco las del Clero.=3. La capacidad de adquirir en el Clero tiene un origen sagrado é inviolable, cual es el que resulta de la necesidad de E Religion (n. 28, 29), y por lo tanto no solo es igual, sino mayor que € de las propiedades de los particulares; luego no se pueden quitar al Clero sus propiedades sin vulnerar los derechos sacrosantos de la Religion , y en fin, todos los derechos que se vulnerarian, si se les quitasen á los individuos particulares sus posesiones y propieda* des; y asi como estos no son depositarios, sino propietarios de sus bienes, asi el Clero no es solamente simple depositario, sino dueño propietario de los suyos (n. 38, 46, 47). 58. Ultimamente, no se tallán ni encuentran en las donaciones hechas al Clero las soñadas condiciones en favor de la nacion; luego no hay razon alguna para decir, ni se puede entender, cómo sus propiedades puedan ni deban llamarse condicionadas, cuan” do las tales condiciones no se han puesto po" los autores ó donadores de ellas. La voluntad: de los hombres se manifiesta por sus obras ó palabras: en las dudas es necesaria
(967) la declaracion de uma autoridad interpreta= tiva; pero cuando los dichos no son dudosos, no hay lugar á la interpretacion de la voluntad. Este es un axioma: cum ¿n verbis, dice el derecho, nulla ambiguitas est, non debet admitti voluntatis questio: (l. 25 de legatís 3), y todo archivo del Clero, por mezquino que sea, puede certificar si son claras ó no las disposiciones de los fieles que quisieron dotarle y enriquecerle (*), y... testimonios públicos y: bien patentes á la inteligencia de todos ofrecen ademas las ricas colecciones de Muratori, de Mabillon y de tantos otros que han escrito de diplomática, y reunido estos documentos preciosos, cuyo catálogo solo llenaria páginas y volúmenes enteros. Luego las decantadas condiciones con toda justicia se podrán enumerar entre los sueños de una falsa política y de una filosofía delirante, al . 59. Puede ademas observarse, que en general todas las donaciones hechas á la Iglesia y al Clero, lo han:sido 4 una determinada Iglesia, ó á un determinado cuerpo Eclesiás- a (*) Sea enriquecer y pues ya parece que no se Sueña sino en riquezas, y éstas en el Clero: ¿O Quri sacra fames !
(268) tico, transfiriéndoles la propiedad y el dominio absoluto y libre con precisas palabras espresivas de la traslacion del donador á aquella Iglesia ó cuerpo Eclesiástico, en cuyo favor se dispone, y no á otros que no tienen que ver con aquel Clero ó Iglesia. ¿Cómo, pues, hay valor para decir que la intencion de los fieles y piadosos donadores de la Igle- «sia fue y ha sido el donarlos á la nacion, porque han hecho una donacion que la es tambien útil? Por esta regla todo lo que redunda en utilidad y ventaja de alguno, ¿deberá estar inmediatamente bajo su propie” dad, de manera que á su arbitrio pueda hacer de ello lo que le plazca, con tal que le resulte utilidad 6 comodidad alguna? Estraño modo de pensar por cierto. Pongamos algunos egemplos, y saltará á los ojos el absurdo y futilidad de semejante proposicion y doctrina: supongamos que hay algunas Comunidades, ó sean Ayuntamientos, á quienes han hecho donaciones de/tierras y otros bienes estables algunos ciudadanos, con el objeto de que se mantengan tantos hijos de artesanos en la capital del reino para aprende! los artefactos que no hay en la provincia ó €. las ciudades pequeñas. Hé aquí una verda” ¡dera propiedad condicionada en utilidad de
(969) un tercero. Supongamos, pues, que vinien= do á noticia de los artesanos esta donacion que redunda en utilidad suya, pretendiesen que se les entregasen por los pueblos todas las propiedades y posesiones donadas, validos de que la donacion redundaba en utilidad suya, no obstante que los Ayuntamientos observasen fielmente la condicion impuesta; pregunto: ¿qué se diria á la tal pretension de los artesanos? ¿cómo se recibiria? ¿sería justa? ¿se cumpliria, accediendo á ella, con la voluntad de los ciudadanos que donaron 4 la Comunidad ó municipalidades? En fin, el dueño y propietario de las tierras, ¿sería la Comunidad ó Ayuntamiento, ó el cuerpo ó gremio de los artesanos? Luego que se haya respondido á estas sencillas preguntas, conclúyase, 'si “en último analisis se cum- » plirán los votos. y voluntad de los que do- » naron y dejaron al Clero sus bienes, cuan- » do la nacion se apropie todas sus propie- » dades, proveyendo á su subsistencia, por- » que semejantes propiedades redundan en »bien de sus súbditos.” 60... Las donaciones pias hechas en bien del Clero han producido ciertamente mucha utilidad á los individuos, y aliviado Jas naciones Cristianas del sostenimiento ó pos
(270) sea galardon debido á los operarios y Ministros del Santuario, del necesario dispendio ara el decoro y magestad de los templos y del culto del Señor, de la educacion de la juventud, del socorro de la mendicidad, Xc.: mas no por esto aquellos fundos ó: propiedades, de que resultan estas y otras varias utilidades y ventajas á la nacion y á sus individuos, han sido dadas á la nacion'misma, sino á la Iglesia y á su Clero, y dadas por libre, espontánea y espresa voluntad: por donaciones ¿nter vivos ó testamentarias de los que dejaron las tierras. El primer modo contiene en sí los vínculos sacrosantos de con” trato, el cual obliga y toca á las partes contratantes, y no á otros: el segundo empeña la fé pública, la cual hace inviolable el ac- to en utilidad de aquel solo en cuyo favor ha sido dispuesto. Porque, como se espresa Constantino Augusto: “nada hay mas debi- »do á los hombres, que la libertad de la » última voluntad, despues de la cual ya no » pueden querer otra cosa, y que sea lícito »el arbitrio ó determinacion que no puede repetirse (1). Por tanto, la nacion ni el Lib q (1). Nihil est quod. magís hominibus debeatur, guam ut supremo voluntatis ,' postquam aliud velle
(271) Príncipe no podrán determinar en otra forma las disposiciones otorgadas en favor del Clero, por solo el motivo de que ellas «redun= dan en bien de la nacion misma. 0, 61. Ni podrá tampoco hacerlo por el Dominio eminente que reside en la nacion, por medio del cual se pretende que pueda mejorar estas disposiciones, y hacer los bie= nes del Clero mas profícuos ó provechosos á4 la nacion misma. Hemos ya visto (cap. 49) lo que puede la nacion y el Príncipe por razon del bien público sobre las propiedades de los otros, en virtud deeste Dominio eminente, y cuán equitativa y distributiva debe ser esta razon del bien público respecto de todas las propiedades, y no recaer precisamente sobre las del Clero. Por último, se ha demostrado (n. 39) tambien cuál es, y á qué se reduce ese mayor. derecho. de tutela é inspeccion, que se dice pertenecer al Soberano sobre los bienes de los Eclesiásticos. Por tanto, acerca de las propiedades del Clero y de sus posesiones, no le queda á la nacion en justicia mas que el respetar su derecho, como lo respeta en los otros indivi ——__ - __ __XANLSA E E non possunt , liber sit ata et licitum , quod ilerum non redit , arbitrium, Leg. 1. Cod, de Sacros, Ecolés.
(272) duos, gozar de la utilidad que le resulta de ellas, no tanto por las miras del bien público, que pudieron tener .presentes ó no los pios donadores, como por el desinterés de la Iglesia y sus piadosas entrañas en alivio de los necesitados, y por la religiosa y. cristiana solicitud que ha tenido siempre de emplear sus propios haberes en utilidad de toda la sociedad. Debe en fin la nacion proteger con la fuerza de su autoridad estas posesiones y propiedades de la Iglesia y del Clero, para que no sean robadas y disipadas por la avaricia y codicia insaciable de hombres perversos y. malignos. .xJ— _—_——Q—Í Á———————— CAPÍTULO VI De las propiedades de las diversas corporaciones particulares del Clero, consideradas como pertenecientes ú las distintas partes de todo el; y ú las uniones particulares entre sí. 69. Hasta ahora hemos hablado de la inspección y. superintendencia que, tiene la nacion y el Soberano sobre las propiedades del Clero y de la Iglesia, consideradas en comun, como que caen indistintamente bar
A A o (273) jo: la potestad del imperio de la nacion, en cuyo dominio estan situados dichos fundos y bienes; y hemos hecho ver cuán vergonzosamente se engañan los que quieren hacer de los bienes del Clero un patrimonio privalivo de las naciones. Pero como las Iglesias particulares y las distintas partes del Clero no gozan de sus posesiones promiscuamente, sino que á cada Iglesia y á. cada congregacion ó cuerpo Eclesiástico, tanto secular como regular, está asiguada su determinada propiedad de' bienes; ni habiéndose dejado el domminio de estos bienes y propiedad de los fundos por la piedad de los fieles á la Iglesia y al Clero en general, ó in= bill de lo cual hubiera resultado un dominio casi vago é incierto, sino precisamente á tal ó tal Iglesia, á tal Clero determinado, ó congregacion religiosa ; de aqui es, que-la propiedad de estos bienes, que hasta ahora se ha mirado en general, y como pertenecientes al Sacerdocio entero y al culto universal de la Religion, se puede y debe considerar distintamente tambien en sus partes, en cuanto forman las respectivas propiedades de las Iglesias particulares, de las corporaciones Eclesiásticas distintas entre sí, de las diversas casas religiosas, Xc., Xc: Tom. X1Y, 18
(274) Por este motivo parecerá ámuchos que no es suficiente haber hablado en general de las propiedades todas del Clero , sino que es necesario descender á tratar de las posesiones particulares de las diversas congregacio: nes ó corporaciones Eclesiásticas, 63. Por tanto, si se considera la propiedad toda de la Iglesia y del Clero dividida en sus particulares propiedades y posesiones, se podrá preguntar: si la nacion ó sus representantes pueden al menos transferir la propiedad de los bienes del Clero de unas partes á otras del Clero mismo, de una Iglesia á otra, aplicarlas de un uso á otro; ¿podrá la nacion en la estincion ó abolicion de un cuerpo particular Eclesiástico abolir del todo y secularizar sus propiedades? Los falsos po” líticos , sin detenerse, responden : que es cier- to que el Clero en general, las Iglesias y el culto, son cosas necesarias en una sociedad Cristiana, y no depende de la voluntad de la nacion su existencia y subsistencia; pero que no lo es igualmente el que no dependa: de la voluntad de la: nacion y de la Potestad civil admitir ó mo admitir una congregacion particular de Clérigos, un Cabildo de Canónigos y Prebendados, una Comunidad de Religiosos,- XC, Esto, dicen, nO €5 intrínseca-
(275) mente necesario á la Religion : el Estado y la sociedad cristiana han subsistido mucho tiempo sin muchos de estos cuerpos morales, ¿por qué no podrá tambien conservarse así en lo sucesivo? La nacion admitió estos cuerpos; luego la nacion podrá abolirlos cuando. lo juzgue útil ó conveniente, | 64. Aunque el objeto preciso de este opúsculo no sea hablar de las posesiones particulares divididas, y de las propiedades de las diversas Iglesias y. corporaciones Eclesiásticas y casas religiosas, amiradas por sí solas , sino como comprendidas en la razon general del Clero, sin embargo, para mo dejar nada por tocar, hablaremos tambien, aunque brevemente, sobre este punto, 65. Ante todas cosas, estas corporaciones, sean del Clero Secular ó:del Regular, deben considerarse como de súbditos del Príncipe, y partes integrantes de la nacion, en la cual existen como tales cuerpos morales, y en cuyo territorio se hallan sus posesiones. Cuerpos autorizados por la nacion para existir como tales, es decir, en Cabildos, casas Religiosas, Iglesias beneficiales, Ste. cuyas adquisiciones y propiedades fueron hechas bajo la proteccion delas leyes del Estado. Siendo, pues, estas corporaciones no h *
(282) que aun dada la potestad de abolir los cuerpos parciales en la nacion, las propiedades de los cuerpos abolidos no recaerán en la nacion ni en el Soberano, sino en: el patrimonio. comun del Clero universalmente tomado. Para que estas propiedades pudiesen recaer en la nacion ó en el Soberano, sería necesario estinguir el Clero: esto no puede ser, á no renunciar el ser Cristianos (cap. 1); debe pues deponerse la falsa idea de que la nacion puede ser la heredera necesaria de un cuerpo Eclesiástico, que ella llegue 4 abolir, 70. Observado, pues, que aunque los colegios Eclesiásticos y demas corporaciones que enseña y juzga. El último Concilio general de Trento, dejando ahora otros, nos da una prueba segura y clara con sus decretos de esta legítima po= testad y de este derecho, que como propio suyo, reconocen en sí los Obispos unidos con su Cabeza. A la verdad, ¿cómo podrian sancionar sobre las propiedades, por egemplo de las Iglesias Galicanas» los Obispos italianos, y vice-versa, si las propieda— des de una porcion del Clero y de las Iglesias par” ticulares no fuesen juntamente: propiedades del-Cle- ro todo? ¿Se querrá decir que el Papa y todos los Obispos y los Concilios Ecuménicos se han arro” gado por tantos siglos una autoridad que no 1e5 competia ?
A A (983) religiosas hagan cuerpo por sí, son siem= pre parte del Clero universal, y por consiguiente, que la propiedad de estos cuerpos viene á ser juntamente propiedad del Cle= ro (n. 69), podríamos prescindir de la cuestion de si pueden ó no abolirse dichos cuerpos al arbitrio de algun Príncipe ó nacion, que los admitió para que viviesen como tales colegios, Comunidades y cuerpos mora les. Pues aunque la nacion. los haya admitido á la existencia en forma de colegios ó cuerpos parciales, teniendo sus individuos otra existencia, €s decir, la de Ministros de la Iglesia, con la cual independientemente de la nacion, tienen facultad de adquirir (n. 29, 35), como independientemente de ella tienen la existencia en cualidad de obreros evangélicos Ó Eclesiásticos (n. 16), la prohibicion de existir dada á estos cuerpos y colegios por voluntad de la nacion, no ven-= dria á ser otra cosa que la cesacion de unirse en cuerpos morales en forma de Comunidades, y NO la inexistencia en cualidad de Clero de la Religion, lo que forma la base de toda propiedad Eclesiástica. 74. En vista de esto, aunque se pudiese prescindir de examinar si puede 6 no puede la nacion quitar á los cuerpos parti-
(9284) culares del Clero la existencia civil, que espresa ó tácilamente una vez les fue concedida, sin embargo, no será fuera de propósito hacer algunas reflexiones sobre ello, para que todos conozcan el grave daño que causan á la humanidad y á los ciudadanos esos falsos filósofos y falsos políticos, que tanto. se glorían de amigos de los hombres, y que no” parece respiran otra cosa que amor á la humanidad, ni saben hablar sino de sociedad, derecho de gentes, igualdad, equidad, $tc,, y en virtud de ellas inferir la verdad y buena fé con que proceden en sus discursos, como arriba hemos indicado. Y en primer lugar debe reflexionarse, que al admitirse los cuerpos Eclesiásticos, y en particular los Monasterios y casas Religiosas en una nacion, se hace por ella una aceptacion de ciertos cuerpos que lleva consigo una reciprocidad de obligaciones y de convenciones entre los individuos que se adscriben al cuerpo, y el estado y condicion del cuerpo á que se adscriben. Ademas, que la nacion se constituye garante de estas mútuas obligaciones, pro“ metiendo defender su observancia con las leyes, y castigar su transgresion con la fuerza» Fuera de eso, las obligaciones son de tal naturaleza, que ellos no las pueden rescindir,
A E (285) por sí mismos por una razon que es propia, intrínseca é inherenteá la naturaleza del cuerpo á que se obligan los individuos. Esto supuesto, aunque sea libre á cualquiera el admitir y permitir la existencia de una congregacion, cuya abolición traeria luego perjuicio á los que la componen, no será libre el quitar arbitrariamente la existencia de aquella congregacion que lleve consigo obligaciones irrevocables; á lo menos sin que se resarza el daño que por esta razon les resultaria á los que, bajo la proteccion de las leyes, abrazaron el estado del cuerpo autorizado por la nacion misma, y que ahora se quiere abolir. Este daño no puede resarcirse, porque es producido por obligaciones irrevocables, inherentes y anejas.al estado del cuerpo autorizado por la nacion, á que se adscribieron los individuos; estado, que no cesando, como no cesa, ni acaba con la abolicion del cuerpo y de su union particular, sigue obligando como antes á las promesas contraidas á los individuos del cuerpo: abolido: luego mo pueden ni podrán suprimirse ni abolirse justamente las corporaciones, de cuya estincion:se siguiesen semejantes per- Juicios. Siendo pues. la nacion conservadora de los derechos de todos los particulares, y
(286) nunca debiendo ser autora de daños y per” juicios, no podrá legítimamente despedir 4 los individuos, que con su asenso, y bajo la proteccion de las leyes, se unieron en cuerpos religiosos, + * : 72. Es innegable que con «estas aboliciones se hace un sumo daño á los individuos, pues no hay quien ignore que los que se adscribieron á los cuerpos religiosos y Monasterios, en virtud de esta incorporacion, union y aceptacion, se desprendieron y des” pojaron de sus propiedades, y de muchos derechos que tenian como ciudadanos, sujetándose ademas á obligaciones irrevocables, cuales son los votos y lo anejo á ellos : todo lo cual verificaron por vivir en aquella con” dicion, en aquel estado y tenor de vida, en la tal congregacion, en aquel Monasterio, Y en aquel sistema y órden de cosas; y es bien claro, que si él no hubiese existido, ellos no se habrian privado de sus naturales derechos, ni de las propiedades que gozaban en el siglo, nisujetado á las graves y solemnes obligaciones á que se sometieron abrazando € estado religioso, Pero habiéndolo* verificado todo esto: bajo la proteccion de las leyes, C0% la garantía de la nacion*y del Soberano, * Soberano y la nacion, con la fé pública, de-
(287) ben garantir y asegurar los derechos de qué se revistieron los Individuos al adseribirse en el cuerpo consentido por las leyes: de otra suerte, estas leyes, permitiendo la abolicion de aquella corporacion ó: casa religiosa ( por cuya adscripcion á ella aquellos individuos perdieron tantos derechos, y se cargaron con tantas obligaciones) no defenderian, sino perjudicarian al ciudadano, siempre que esta abo- . licion ó estincion .se hiciese sin un delito probado del cuerpo mismo, ó sin una necesidad real, verdadera y evidente, á la que por ningun otro medio se pudiera satisfacer. Y nótese bien, que debe ser una necesidad evidente, y no como quiera útil; porque á la utilidad pública y bien general deben concurrir no solo los cuerpos Regulares y Eclesiásticos, «sino todos los ciudadanos, qui in civilem cartum cocierunt (n. 41). La nacion, pues, que viene á, ser fiadora de las condiciones de aquel cuerpo que admite, y al que con admitirlo dá facultad de recibir individuos con recíprocas obligaciones, debe con todo el vigor de las leyes defender y protegerlas asi respecto de “unas como de otros, es decir, de ambas partes, ) 73. Podrá sin embargo oponerse, y se opone efectivamente por algunos, que es im-
' (288) -posible sea inherente la propiedad de los bienes á las corporaciones particulares del Clero, pues vemos tantos egemplos y hechos en contrario. Los antiguos y famosos monas” terios, suprimidos ó dados en encomienda; algunas religiones monacales abolidas sin es” trépito judicial, sia forma de juicio; sus bie” nes ó vendidos, ó dados á otros cuerpos: en suma, millares de millares de enagenaciones y traslaciones de dominio, hechas ya subsistiendo Jos mismos cuerpos, ya suprimiéndose éstos y los colegios, y casas religiosas, siM que se hubiese formado antes juicio ni pro” ceso alguno; sin esa necesidad tampoco, que se quiere hacer creer precisa, y sin un de” lito conocido de dichas corporaciones, á las cuales fue quitada la propiedad y la existen” cia civil; todo esto, ¿qué prueba sino que es” tas propiedades caen bajo las reglas y leyes á que estan sujetas las propiedades de los demas individuos ó ciudadanos? 74. Pero cualquiera que se pare un tan- to á rellexionar, adverlirá que aquí hablamos del derecho, y no del hecho; y «por con” siguiente, cuán frívola é insulsa es semejan” te dificultad deducida de una série de hechos» los cuales es bien sabido que. no forman ni establecen derecho alguno. Ln una palabra,
(989) todas estas enagenaciones y traslaciones de dominio y de propiedad de bienes de cuerpos Eclesiásticos, ó fueron hechas por quien tenia derecho y potestad de hacerlas, ó por quien carecia de uno y otra. Si fueron hechas por quien tenia derecho y autoridad para ello, como supremo administrador y disponedor de los bienes del Clero, fácilmente se concederá por todos, que ON legítimas para todas sus partes, como lo son tambien las enagenaciones de las propiedades de los isa que hacen sus dueños y administradores autorizados para ello, y que tienen pleno derecho sobre ellas, Tales son las enagenaciones de los bienes Eclesiásticos y de las propiedades del Clero hechas por sus representantes y los de la Iglesia, cuales son las disposiciones hechas en los Concilios plenarios ó generales: tales son las enagenaciones que se hacen por los reguladores del Clero y de la Disciplina Eclesiástica, por egemplo, los Obispos y los Ordinarios en sus propias diócesis, en sola aquella estension, se entiende, que les está concedida por el q recho Canónico, ley sagrada é inviolable de toda la Iglesia, pero en particular del Clero. Tales finalmente las supremas y venerables disposiciones del Romano Pontífice en Tomo XIY, 49
(990) todo el orbe Católico, de cuya suprema potestad y universal inspeccion no puede dudarse, sino por quien quiera, con los hereges, trastornar todas las leyes Canónicas, y todos los derechos sagrados de la Cabeza de la Iglesia, y su primado real y verdadero. Porque es cosa por sí misma manifiesta que las enagenaciones de las propiedades hechas' en esta forma, y la estincion de los cuerpos morales Eclesiásticos, son hechas por aquellos á quienes incumbe la administracion de ellas, el dar forma y modo á los cuerpos morales del Clero. | 75. Más si lás' enagenaciones de estas propiedades particulares se hicieron por quien no tenia sobre ellas derecho alguno particular y real, entonces no se deben considerar sino como operaciones ilegales y faltas de todo derecho, las cuales por consiguiente no dan ni forman derecho alguno porque hayan sido hechas. Por lo que todos cuantos hechos se puedan alegar, deben considerarsé como úna pura noticia histórica, la cual nada hace á nuestro caso, no tocándonos á nosotros examinar: si justamente , con razon | y derecho, se hicieron y se hacen las públicas y privadas determinaciones acerca de los cuerpos Eclesiásticos; sino únicamente de
(291) qué naturaleza y derecho son las propiedades. todas del Clero. Los particulares no deben mezclarse en examinar las causas y razones por qué obran las supremas potestades. Ahora, á. qué reglas estén sujetas las propiedades del Clero, á distincion de las de los particulares, lo hemos visto ya bastantemente (cap. 4 ); y no hay necesidad de repetirlo de nuevo, Puede, sí, observarse en confirmacion de Jo que llevamos dicho En. 69 ), que en la estincion de las casas de Regulares y de los otros cuerpos Eclesiásticos, las rentas por la mayor parte, y comunmente, han sido aplicadas á otras partes del Clero mismo, ó empleadas en aquellas causas plas y obras de caridad, á que el Clero tenia obligacion especial de concurrir. Esto dá á conocer la persuasion universal en que estan todos los que conservan aún algun rastro de amor á la Religion Cristiana, de que las propiedades de las corporaciones particulares del Clero ,-de las Comunidades, Cofradías, X«c., se refundian á falta: de estas en el total del Clero mismo y de sus posesio= nes, como se unen al patrimonio comun de la familia, segun decíamos antes, las diversas partes de él, cuando llegan á faltar los individuos poseedores de: aquella. »* )
(298) manas, antes, como es claro, lo aumenta y facilita, El Gobierno y la nacion, segun los principios de los políticos, no deben poner límites al libre egercicio de las humanas facultades, cuando evidentemente no sea necesario para asegurar su goce ú los otros; luego no puede impedirse. á los pocos que lo quieren, uniTse en cuerpos morales para el culto religioso, segun nuestros políticos mismos, en sentir de los cuales sería un mandato opresivo de la libertad del hombre, y de sus derechos imprescriptibles, cualquiera límite que se pusiese por la nacion á dicha libertad sin una. necesidad evidente. 82. Para ser los hombres felices , añaden, deben tener libre el egercicio de todas sus facultades físicas y morales. Bien: luego el. que impidiere el egercicio de alguna facultad moral, impedirá la felicidad. Impidiéndose á algunos ciudadanos la voluntad y determinacion de unirse con otrós para formar un cuerpo dedicado al culto de la Religion, se les impide el egercicio de una facultad moral: luego se les impide la felicidad. Es constante que esta union no es nociya, antes sí útil á la sociedad (n. 80), _que'no impide á los otros el goce de sus facultades, antes se lo aumenta (nm, 84 ): lue-
(9299) go el Gobierno, en: los principios mismos d nuestros políticos, ó no deberá impedirlo, ó impidiéndolo, no tendrá. ya. por objeto la felicidad general; Ó será falso que los hombres para ser felices deben ser libres en el egercicio detodas sus facultades físicas y morales. 83. Fuera de esto, el Gobierno , continúan los políticos, «debe garantir, Ó asegurar los derechos imprescriptiblesque per= tenecen 4 todos los hombres , como son la libertad personal, la propiedad., la segurtdad, el cuidado de su propio honor y de su vida, la. libre comunicacion de sus pensa-= mientos , la resistencia de la opresion.=Ahora bien, el unirse algunos ciudadanos en un cuerpo: moral, dedicado al culto religioso, es una libertad personal, para ellos una. mayor seguridad de salvarse, es una comunica: cion de sus propios pensamientos Y acciones: luego el Gobierno lo debe garantir y afianzar. Por consiguiente, segun dicho artículo político, el Gobierno, no solo no puede destrujr estos asilos sagrados del culto religioso, estos cuerpos morales dedicados especialmente al mismo culto, sino que lejos de eso, debe prestarles soda asistencia y proteccion. qué, ¿será proteccion y asistencia confiscar los bienes de la mayor parle, establecer, leyes
(300) por las cuales deban necesariamente perecer y acabarse , como insinúan en todos sus libros y representaciones estos inconsiguientes políticos ? : 84. “Todos los individuos deben tener » espedito el recurso á las leyes, y hallar en »ellas prontos socorros á todos los agravios E injurias que hubiesen sufrido en sus bit” »nes y en sus personas , y para la remo- » cion de los obstáculos que esperimentasen en »el egercicio de su libertad?” Hé aquí otra de sus máximas. Ahora bien: la prohibicion que sin una evidente necesidad se hace á los ciudadanos de unirse en cuerpo para el cul- to de una Religion pura y santa, es un 0bs- táculo que se pone al egercício de su libertad (n. 82): luego los ciudadanos podrán recurrir á las leyes, á fin de que se remueva este obstáculo ; y el Gobierno, que tiene por objeto la felicidad de los ciudadanos, no solo no deberá ponerlo, sino al contrario deberá eficazmente removerlo , y quitar este obstáculo al egercicio de la libertad de los ciudadanos, los cuales tienen derecho de preguntar: ¿dónde está esa evídente necesidad de no servir á Dios , siguiendo los consejos evangélicos ? 85, Es una injuria y un agravio el quí-
(304) tar bienes que se adquirieron legítimamente, en sentir comun de todos los hombres. El Clero ha adquirido legítimamente (cap. 2): los cuerpos morales del Clero mismo tienen un derecho de propiedad, al menos igual al de cualquiera otro ciudadano (cap. 3): luego será una injuria y Un agravio el quitar al Clero y á sus partes sus bienes. Segun el sistema de los falsos políticos, “en todos los agravios, daños é injurias que los ciudadanos, ó los que tienen los derechos de tales, sufren en sus bienes, deben recurrir á las leyes , Y éstas prestarles todo su auxilio y favor: luego el Clero en cualidad de ciudadano deberá hallar la garantía de sus propiedades en las leyes del Estado, no menos que la halla, y puede, y debe hallarla cualquie- “ra otro súbdito ó ciudadano. 86. Teniendo cada miembro de la sociedad derecho á la proteccion del Estado, debe concurrir á la prosperidad de el, y contribuir á los gastos necesarios en proporcion de sus bienes. Hé aquí otra máxima. = El Clero y los cuerpos morales de él son miembros de la: sociedad (n. 36); deberán pues contribuir á los gastos necesarios en proporcion de sus bienes. = Está hien: háganse á Ruestros políticos todas cuantas concesiones
(302) se quieran en esta parte; no se tengan en consideracion en manera alguna la justicia y la equidad de los privilegios que de tiempo inmemorial han gozado los bienes Eclesiásticos sobre todos los otros bienes: de la nacion: al fin, ¿qué resultará? .Que el Clero “y los cuerpos morales del Clero, como miem» bros de la sociedad (nm. 36), deberán con- Aribuir en proporcion de sus bienes á: los astos necesarios, como todo miembro de la sociedad debe hacerlo (n. 41, 42). Mas si todos deben contribuir en proporcion de sus bienes, no se deberán en manera alguna proscribir (*) solos los cuerpos morales del Clero para subvenir á las necesidades del Estado, confiscándoles sus propiedades y fundos, pues que esta ciertamente no sería una contribucion en proporcion á sus bienes com: «parados con los delos otros ciudadanos: luesr a ra a MA A (++) ¡Bellísimo modo por cierto de contribuir en proporcion de sus haberes, es acabar con los haberes y con el que los posee! En un empleado, ¿Sería contribuir en proporcion de su sueldo quitar le todo el sueldo, y quitarle ademas el destino? En un labrador, ¿sería contribuir en proporcion de sus frutos y haciendas quitarle las haciendas? Es- “tos políticos quieren ser iguales, y no saben sel justos. ' ) É
(303) go la proscripcion 6 estincion de los cuerpos morales del Clero, la confiscacion de sus bienes mo podrá hacerse con solo el objeto de concurrir á la prosperidad del Estado, y de contribuir á los gastos necesarios de el. 87. - Nos dilataríamos demasiado si se hubiesen de examinar una por una las lla= madas máximas de gobierno de estos políticos para hacer patentes sus contradiciones : por lo mismo, omitiendo todas las otras, nos limitaremos únicamente:á una: y así como al principiar el exámen de ellas, empezamos por una, en parte falsa y en parte equívoca, que conduce infaliblemente :á" la anarquía, le terminaremos examinando otra no menos falsa, pero mucho mas perniciosa é inicua, «pues arrastra por si misma á la irreligion, la cual dice así: Ninguno puede ser ¿nquietado por sus opiniones religiosas, con tal que se conforme á las leyes, y no turbe el culto público. Proposicion llena de veneno, de dolo y de malicia, que induce á un indiferentismo total de Religion, para borrarla despues enteramente del corazon de los hombres, y conmover de este modo la base mas estable y sólida del Estado y de la soberanía, no pudiendo darse peor ni mas nocivo súbdito, que el súbdito irreligioso é 1mpío.
(304) 88. Pero admitamos por un momento la hipótesi, segun el sentir de nuestros filósofos y falsos políticos, y supóngase admisible esa libertad de opiniones religiosas: para nuestro Caso ¿qué se seguirá? Este sencillo raciocinio lo esplicará glaramente, Unirse en cuerpos morales para el culto de la Religion, pronunciar votos para hacer al Señor un sacrificio de sí mismo y de sus propias facultades físicas y morales, vivir bajo ciertas reglas que conducen á perfeccionar las costumbres, y refrenar las pasiones, son todas opiniones religiosas conformes á las leyes naturales, civiles y divinas, 6 del Evangelio, las cuales no solo no turban el culto de los Cristianos, sino que lo aumentan y favorecen. Ninguno puede ser inquietado en sus opiniones religiosas, segun Ja máxima de nuestros políticos ; luego ninguno podrá. ser inquietado por determinarse á estas opiniones religiosas. La suresion ó éstincion de los sagrados asilos donde los hombres profesan y egercitan estas sus opiniones religiosas, es la mayor 1D- quietud que puede ponérseles á los que las siguen: prohibir é impedir generalmente qué pueden abrazarse estas religiosas opiniones, es inquietar á los ciudadanos todos, e ¿mpedir el egercicio de sus facultades físicas Y
| (305) morales: luggo aun siguiendo.los dictámenes mismos de esta falaz filosofía', no. deberán estinguirse estos: sagrados asilos de opiniones religiosas, ni estas deberán ser impedidas por, los que, para mantener la libertad de los hombres con la sobredicha. máxima, dejan pasar libremente cualquiera error en materia de Religion. e AS 89. Estas breves y sucintas reflexiones acerca de los principios fundamentales de gobierno de los falsos políticos, y sobre la igualdad, felicidad, y derechos libres del hombre y del ciudadano, segun y como ellos los admiten, serán suficientes á demostrar cuán mal corresponden sus teorías á las máximas que querrian ver adoptadas en perjuicio del Clero, y para ruina total de las ór= denes Regulares. Dichas máximas, y aquellas Aeorías estan en tal contradicion, que casi se diria que, 6 los hombres. que se adscriben al Clero y los que abrazan: el estado Religioso no son miembros de la sociedad,.ó que los autores de tales máximas carecen de iodo sentimiento de Religion Cristiana; Ó mas bien, que creen perjudicial á la sociedad, lo que es.necesario á la Religion, y lo que mas fácilmente conduce al cumplimiento de los deberes y obligaciones que ella prescribe, Tom, XIV, 20
(306) 90. Esto es ciertamente á lo que seasi pira queriendo hacer $ suponiendo al hombre libre en todas sus facultades, menos en el determinarse á un estado de vida mas perfecta en servicio de la Religion. Esto parece ser á lo que se aspira queriendo que el gobierno sea garante de todas las propiedades y de la libre comunicacion de los pensamientos de cada uno; es decir, de la libertad de pensar; y por el contrario, proponiendo al mismo tiempo que se quiten al Clero sus propiedades, se proscriba é impida cualesquiera union y comunicacion de vida regular. Finalmente, no se comprende cómo puede ser cristiana una política que, al mismo tiempo que prohibe sea inquietado en sus opiniones religio- 'sas el Judío en su sinagoga, el Calvinista y Luterano en su predica y en su cena, el Mahometano en sus mezquitas y serrallos, imquieta al Católico porque se obliga con votos á vivir con mas perfeccion, porque quiere ayunar y vivir humilde y despreciado á los ojos de los seglares. Con estas máximas demasiado conocidas, procede la filosofía de estos falsos políticos, la cual finge admitir en favor de los ciudadanos los principios que hemos hasta ahora examinado, 91. ¿Pero á qué fin, se dirá tal vez, to-
(307) do este discurso, el cual, cuando mas, prue: ba que no deben molestarse Jos que se han adscrito ya á los cuerpos Regulares, pero no que la nacion, segun los ya espuestos principios, no pueda hacer de los bienes del Clero todo lo que estime conveñiente? Es necesario ser muy iguorante para no conocer la cone: xion que tienen los sobredichosprincipios con la indemnidad de los bienes, de las posesiones, y con la seguridad de la propiedad de las ya existentes corporaciones del Clero. Por lo que hemos visto, la nacion debe garantir la libertad, la propiedad , y todo cuanto puede pertenecer al hombre (n. 83): luego debe garantir la propiedad de los cuerpos Eclesiásticos, los cuales son corporaciones compuestas de hombres y de ciudadanos, como todas las demas; y sus propiedades tan justas y legiítimas, como las de cualquiera otro ciuda: dano (cap. 5).=Pero la nacion, repiten con. desden, hace cesar estas propiedades, estinguiendo aquellos cuerpos. =¿Y con qué derecho, se resporiderá, podrá hacer esto la nacion, en los principios de los políticos? ¿No es libre á todo hombre, segun ellos, el egercicia de sus propias facultades físicas y morales (n..80)? Sí. Luego tres, doce, cien hombres podrán juntarse, reunirse 4 yiyir. como Jes Z a |
(314) ———————_—— ESTRACTO de las Observaciones sobre los bienes Eclesiásticos, leídas en la Asamblea nacional de Francia por el Abate Sieyes en la Sesion del 10 de agosto de 1789, y dadas despues á luz por el mísmo (Giornale Eclesiástico di Roma.=Li 25 Gennajo 1790). Quereis ser libres, y no sabeís ser justos. Obi. á servir en mi discurso á las circunstancias del lugar y al gusto del ¿iem- Po, no quiero meditar sobre los Fundos Eclesiásticos y Diezmos, sino atendidas las ven= tajas temporales del Estado, los principios del Derecho de gentes, y las luces de la ra- Z0N ; y por. estas solas demostraré cuán absurdas son las providencias proyectadas contra los bienes del Clero, y cuán cierto es ese proloquio comun que he tomado por epígra= fe y principio de mis palabras : Quereís ser ¿bres , y no sabeis ser justos. Es un prin= cipio evidente, y no menos sencillo, cuando se trata de dominio de las cosas, que los bze-
(315) .nés pertenecen á aquellos á quienes han sido dados por legítimos poseedores , Ó que los han adquirido segun la disposicion delas leyes. Ninguno ha dudado: hasta ahora, Di. puede con razon dudar, que cualquiera cuerpo moral en la sociedad. es capaz de un -yer- dero y propio dominio, lo mismo que los particulares. De otra suerte ¿qué diríamos, ni qué haríamos de las propiedades que tienen tantas ciudades y villas, y de los bienes pertenecientes á mil establecimientos públicos, como hospitales , casas de educacion , Xe., sin nombrar el Orden de Malta, el de san Lázaro.....? La nación misma, este cuerpo moral y político que comprende todos los otros, ¿cómo se podrá constituir propietario de todos los fandos' Eclesiásticos, si los cuerpos morales uo son capaces de propiedad? Ahora bien, trasladándose el verdadero dominio en el donatario. por la voluntad legiítima del señor de un fundo ó: tierra, Xc., y siendo, como es innegable, capacísimos los cuerpos morales de tal dominio, ¿cómo se quiere negar que el Clero lo sea ? El derecho y la historia nos confundirá siempre: aquel lo hemos visto: todos reconocen que el Clero ha recibido muchas y considerables donaciones ¿n perpetuum: luego el Clero es ver=
(316) daderamente propietario de ellos. Los bienes Eclesiásticos, como todos los otros, pertenecen á los que los donadores quisieron que perteneciesen. Ellos eran libres para hacer de sus bienes cualquier otro uso legítimo; quisieron, y eso bajo la proteccion de las leyes, donarlos, y de hecho los donaron al Clero, y no á la nacion: luego son del Clero y no de la nacion : luego al Clero y no á la nacion pertenecen. Por mas que declareis y hagais declarar á la Asamblea nacional que los bienes Eclesiásticos pertenecen á la nacion, no entiendo de qué sirva declarar un hecho que no es verdadero. El cuerpo legislativo se reune para formar leyes, no para decidir hechos..... no para trastornar las: propiedades. Aun cuando en un favorable contratiempo hiciese declarar, por egemplo, que los bienes del Langiiedoc pertenecen ála Guiena; no entiendo cómo una simple declaracion pueda mudar la naturaleza de los derechos. Lo que únicamente se podrá concederos es, que sí los gascones eran los mas fuertes, y prevaliéndose de su fuerza querian llevar á ejecucion la pretendida sentencia, invadirian la propiedad de los otros, pero nada mas. El hecho seguiria á la declaracion; pero el derecho ni al'uno ni á la otra, La nacion misma , aunque legis”
(317) ladora suprema (*), no me puede quitar mi casa ni mi opinion. Subiendo hasta los principios, se vé que el objeto y fin de toda legislacion es la conservacion y seguridad de las propiedades. ¿ Cómo es posible imaginarse que el legislador me la pueda quitar , si no existe, sino para protegerla ?..... Interin, pues, que haya Clero, él es el único y solo - propietario de sus bienes, y no podeis qui- -tarle las propiedades ni á los cuerpos, ni á los individuos. ¿Quereis heredar estos bienes? Acabad con el propietario, Es necesario, pues, comenzar decretando que la nacion no quiere ya Clero (**). Pero aun entonces, abolido el cuerpo, queda el Beneficiado particular, como individuo usufructuario, é inyestido (bajo la precedente. proteccion de las leyes) 4 título inamovible de su beneficio, el cual no se degiiella ó mata, á la manera que se estingue un cuerpo moral. Es necesario, pues, ó un proceso particular á cada o (*) Habla Sieyes: no hay que estrañar la es. presion. (+4) Es decir, no quiere Religion. No puede haber Religion sin culto: no puede haber culto sin Ministros: con que quien no quiere Ministros, no -Quiere Religion. Novimus intentivnes ejus.
(318) individuo, 'ó la muerte natural. No se pues den castigar cien mil Eclesiásticos porque lo son, pues la ley no habia dicho «que fuese delito el serlo, Dando ahora una ojeada al reino, es un hecho que él ha adoptado y profesa la Religion Católica Romana, Habiendo pues en el reino, segun se dice, cuarenta y cuatro mil parroquias, no contando sino dos Sacerdotes para el servicio de cada una, y computando lo menos posible para su mantenimien- to, de uno con otro, sería necesaria una suma de ciento veinte millones de libras, ¿Y qué será mas útil, pregunto, á los intereses de la nacion, y menos gravoso al pueblo, subvenir á estos gastos dejando al Clero las antiguas propiedades, -ó repartir por via de impuesto este nuevo peso sobre los pueblos? Nuestros antepasados creyeron que el fruto neto de una tierra, en vez de ser consumido inútilmente por un propietario ocioso, podia con mas utilidad de la sociedad transmitirse con el gravámen de hacer un servicio público, Esta idea elemental dió origen á los feudos militares, cuyos poseedores debiendo prestar gratuitamente un determinado servicio en la milicia, venian á aliviar al estado de un salario, que sin esta úl) Í
(319) institucion, hubiera tenido que pagar. El propietario libre, que goza sus tierras sin obligacion de algun servicio público, podrá llamarse mas afortunado que el otro, pero no mas útil ó interesante al estado; y á ninguna persona de razon se persuadirá jamás, que los antepasados que transmitieron sus feudos sin gravámen alguno al poseedor ocioso, miraron mas por el bien público, que los que gravaron á los suyos con un servicio cualquiera en favor de la sociedad, Ahora bien: los poseedores de los beneficios Eclesiásticos pertenecen á la clase de propietarios gravados con un servicio público (el de la Religion); y bajo este aspecto son hoy en dia lo que siempre han sido, á diferencia de los poseedores de los feudos militares, los cuales por una parte han cesado en su servicio, y por otra se han atribuido la propiedad desnuda y sencilla de sus feudos... Afortunados en su usurpacion, ¿quieren acaso culpar á los Eclesiásticos porque no los han imitado? ¿mas qué hubiera sucedido si lo hubiesen hecho? Como hemos dicho ya, al menos habria resultado una imposicion de ciento veinte millones mas sobre los pueblos, ¿Es esta la ventaja del público? De las dos maneras que hay de trans-
(320) mitir los. propios bienes, los fundadores de los beneficios Eclesiásticos eligieron la: de gravar con un servicio público al poseedor de sus fundos. Yo: no: quiero, decia el ciudadano Prico, que mi sucesor en tal posesion, porque con ella tenga con que vivir, sea inútil al público. Ruego pues al pueblo, al Magistrado, al: Obispo, Xc., Xc., que nombre él mismo los herederos de mis propiedades, en proporcion del servicio público que sean capaces de prestar, De este modo resultó un alivio 4 la sociedad, que habria debido mantener al que la sirviese, y en segundo lugar vino tambien el bien de substraer al menos una parte de las tierras de muestros abuelos al derecho devorador de primogenitura (*). Es innegable que esos bienes Eclesiásticos, tan envidiados regularmente, han venido á ser patrimonio de hijos se= gundos de las casas, á los cuales las leyes ó AA PPP ¿5 *) En-un tiempo en que tanlo se clama por los reformadores, contra los mayorazgos, y Se ponderan las grandes “ventajas de la division de las propiedades, nuestros falsos políticos debian haber atendido á esto. Pero la impiedad nuuca fue consiguiente. = Lo mismo quisiéramos recordar á tan= tos ignorantes malignos que en estos dias han vo=
| (321) la preocupacion quita la: herencia directa, y el servicio que deben prestar, los rebabilita para el goce del patrimonio de sus .padres. ¿Y qué? Esta filiacion,* sobre la cual se fundan tantos derechos, ¿creen acaso los legos que deben ellos solos poseerla? Continuamente hablan de sus padres, y: no de los vuestros: ¿y porque ellos han heredado gratuitamente casi la totalidad de sus bienes, deducen que les debe pertenecer igualmente el patrimonio Eclesiástico? ¿pero có- “mo no ven que en tal caso á quien despojan es á su propia posteridad? ¿acaso los bienes Eclesiásticos pueden pasar á otros, que á los hijos de los seglares? Pues qué quieren estos, ¿levantar á sus hijos por envidia contra sus propios hermanos?! Fuera de esto, ¿quién se “queja de las substituciones seculares? ¿pues quién no vé en los fundos beneficiales una especie de A 5 , : ; ; Ú ciferado contra la reserva de la Iglesia , en no per mitir los enlaces matrimoniales entre parientes cer— canos, no advirtiendo que esta determinacion impedia la acumulacion de las haciendas en unas mismas manos. Necios: la Iglesia al mismo tiempo que fomenta las buenas costumbres , mira por el bien es= tar de las sociedades, Tom, X1Y. 21,
(399) substitucion perpetua? En cada vacante el Colador elige el sugeto, que en cierto modo debe ser el heredero mientras viva. = Decís que las propiedades particulares pasan de unas manos á otras. =¿Y las Eclesiásticas, no? Con toda razon se os podrá decir que un beneficio no solamente muda de mano, sino que varía casi en cada vacante hasta de familia. Ciertamente no hay propiedades que circulen mas fácilmente por todas las clases de la sociedad. Y por otra parte, no olvidemos que los bienes del Clero pagan al Erario tanto ó mas que los otros (*), Hay quien en su frenesí añade irritado, que es una ridieulez querer comparar á un Célibe con un Padre de familias. = Yo no hago comparaciones; lo que digo es, que el (*) El Clero en España contribuye con. un Noveno de todas sns rentas, con las Tercias- Reales, con una Lasa mayor Escusada en cada feligresía, con tres Anualidades en las vacantes de las Dignidades, Prebendas y Beneficios, con los Espolios de los señores Obispos, con el Subsidio de diez millones, con las Medias Anatas, Diezmos exentos, Fondo Pio Beneficial, Pensiones, Encomiendas, y con la contribucion de lo que produce la renta de los bie nes patrimoniales libres antes por el Concordato de 1755. Compárese con las demas clases,
(323) encargado de una funcion y servicio público cualquiera, prescindiendo de que sea célibe ó no, es un objeto útil y respetable á Jos : ojos solos de la razon.= Y qué, ¿deberé preguntar entre Católicos si el celibato: Lclesiástico debe considerarse como un bien, 6 como un mal para la sociedad? Si es un mal, ¿por qué la asamblea no ha empezado condenando el celibato de los seglares, que libremente pueden abrazar el matrimonio, y sus tiros se dirigen á condenar el celibato de obligacion? Eso sería asemejarse 4 un legislador que sufriese tranquilo la ociosidad en un hombre libre y espedito del uso de sus brazos, y quisiese castigarla solamente en “ el que los tenia ligados con cadenas. Lo repito: Quereis ser líbres, pero no sabeis ser justos. Desarrollando estos principios y otras razones, que 6 estas añade el Abate Sieyes, no será dificil resolwer ya la interesante cuestion, de si es justo y útil á la sociedad el despojo intentado del Clero. = El célebre decreto de la abolicion de los Diezmos, pro=- puesto por la Asamblea nacional de Francia en el 4 de agosto, dió ocasion á otro discurso del misino en 12 del propio mes , el cual forma la segunda parte de este Opúsculo: no pudiendo darle todo por esten= so, indicaremos solamente algunas de sus ideas, y todo *
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