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FACULTAD DE FILOSOFÍA GRADO EN FILOSOFÍA EL GENIO EN FERNANDO PESSOA Trabajo Fin de Grado presentado por Pedro Solchaga Márquez, siendo el tutor Juan José Gómez Gutiérrez Pedro Solchaga Márquez Sevilla, junio de 2023
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3 ÍNDICE Resumen ...................................................................................................................... 5 Abstract ....................................................................................................................... 5 1 Introducción: el misterio del genio ...................................................................... 7 2 ¿Quién es Fernando Pessoa? ............................................................................ 13 3 El genio desde otro genio; Pessoa sobre el genio ............................................... 18 3.1 Naturaleza del genio. ................................................................................... 20 3.1.1 Simplicidad en la complejidad; la manía de la duda. ......................... 21 3.1.2 El entorno: genio, loco y talento. ......................................................... 24 3.1.3 El genio como (a)normalidad; el movimiento pendular. .................... 28 3.2 La degeneración ........................................................................................... 31 3.2.1 Sociabilidad y sexualidad .................................................................... 31 3.2.2 Degeneración moderna: el diletantismo .............................................. 37 3.2.3 Génesis de la degeneración; el regreso a lo originario. ....................... 39 3.3 Genio y locura. ............................................................................................. 42 3.3.1 Salud y enfermedad: normalidad y anormalidad ............................... 43 3.3.2 La historia neurótica de la humanidad: histeria, epilepsia y neurastenia. ........................................................................................................ 45 4 Conclusión; dos caras de la misma moneda: genio y loco ................................ 47 Referencias ................................................................................................................ 51
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5 Resumen A través de este documento, se pretende exponer la concepción del genio del poeta Fernando Pessoa. Aquel que se haya aproximado a su obra, conocerá que el autor luso no maneja una teoría del genio como tal, sino que, en base a sus conocimientos literarios y psicológicos, ofrece una serie de observaciones sobre la naturaleza del genio, la locura y la conexión intrínseca entre ambos que dotan, aún más si puede, de una controversia a la pregunta fundamental sobre ¿Qué es un genio? De esta manera la investigación no radica en decidir quién fue un genio. Más bien, se procura abrir el campo especulativo hacia qué clase de individuo es el genio, cómo se configura y llega a convertirse en dicha figura, y con ello problematizar otras cuestiones ocultas en los intentos por definirlo, como la noción de normalidad y anormalidad, así como, las definiciones de salud y enfermedad. En base a esto, el trabajo consiste en destapar las relaciones establecidas por Pessoa entre el genio y la locura, a partir de la siguiente cuestión: ¿Cuál es la naturaleza psíquica de aquellos que han sido considerados como genios? Palabras Claves: genio, anormalidad, irritabilidad, creación, locura. Abstract Through this document, it is intended to expose the conception of the genius of the poet Fernando Pessoa. Anyone who has come close to his work will know that the Portuguese author does not handle a theory of genius as such, but rather, based on his literary and psychological knowledge, offers a series of observations on the nature of genius, madness and the intrinsic connection between the two that provide, even more if possible, a controversy to the fundamental question about what is a genius? In this way the investigation does not lie in deciding who was a genius. Rather, it seeks to open the speculative field towards what kind of individual is the genius, how it is configured and becomes such a figure, and with this problematize other hidden issues in the attempts to define it, such as the notion of normality and abnormality, as well as the definitions of health and disease. Based on this, the work consists of uncovering the relationships established by Pessoa between genius and madness, based on the following question: What is the psychic nature of those who have been considered geniuses? Keywords: genius, abnormality, irritability, creation, madness.
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7 1 Introducción: el misterio del genio Históricamente la identidad del genio ha supuesto un problema filosófico de gran interés. Las concepciones principales que han habitado el pensamiento occidental oscilan desde el daimon platónico, pasando por las síntesis estética del artista, hasta las consideraciones psiquiátricas modernas que sitúan al genio junto a la neurosis. La realidad es que el genio es un arquetipo al que se le han asociado diferentes cualidades. Con la presente investigación, se procura dar a conocer el análisis de Fernando Pessoa, donde se abandona el modelo ideal del genio, en favor de un tratamiento que relaciona las cualidades estéticas con la naturaleza psíquica. En la antigüedad presocrática el genio se asociaba al carácter singular del individuo. Este era su maldición a la vez que su bendición, y marcaba el destino del sujeto 1 . En la teoría dualista platónica, al ser esta voz un intermediario entre el mundo sensible y el mundo de las ideas, pasó a adquirir una representación más impersonal, donde el carácter del que hablaba Heráclito era una especie de demonio, el daimon platónico, que conectaba al sujeto sensible con las ideas absolutas 2 . Esta fuerza no personificada, disponía al sujeto a efectuar acciones con un entusiasmo fuera de lo normal, referidas no sólo al ámbito artístico, y que, en tanto provenían del mundo ideal se dirigían al bien absoluto 3 . En la época latina se mantiene esta connotación pero algo más personificada, identificándose esta voz con la razón. Durante el renacimiento, el genio adquiere un carácter ambiguo, en el que se utiliza comúnmente para referirse al talento de los individuos que destacan en algún tipo de actividad, especialmente, en el ámbito artístico. Desplegando la idea de que la génesis artística se encuentra en el conocimiento subjetivo y prestigioso del artista. Así, conocimiento y arte van de la mano. Esto deriva en el juicio sobre los genios como aquellos que sobresalen frente a lo mundano, siendo el concepto muy disperso. 1 “El carácter es para el hombre su demonio. El carácter es para el hombre su genio. El carácter es para el hombre su destino.” (Heráclito, 2020) 2 “Los demonios llevan el intervalo que separa el cielo y la tierra; son el lazo que une al gran todo. De ellos procede toda la esencia adivinatoria y el arte de los sacerdotes con relación a los sacrificios, a los misterios, a los encantamientos, a las profecías y a la magia.” y dos frases más abajo: “El que es sabio en todas estas cosas es demoniaco; y el que es hábil en todo lo demás, en las artes y oficios, es un simple operario.” (Platón, 1871, pág. 338) 3 Véase Euforión: Espíritu y naturaleza del genio de Antonio Marí (1989)
8 Diderot en la época ilustrada cambia el paradigma, y profundiza en las condiciones de la persona de genio. Abriendo el estudio hacia la comprensión de que el genio es una persona especial, en el sentido de que ostenta una mirada y entusiasmos únicos ante la realidad, lo cual, lo aleja del mundo útil y cotidiano, pero paralelamente, lo acerca al mundo de la vida más que ningún otro, en tanto mira íntimamente a las cosas. Esto sucede tanto en el ámbito científico como artístico. No será hasta el siglo XVIII, cuando el genio se ubique exclusivamente en la región artística y sea identificado como artista y no como un intelectual. Durante la confrontación entre sentimiento y razón, propia del empirismo y racionalismo, nace la disciplina estética, que pretende encontrar, por medio de la razón, las reglas objetivas que rigen la producción y percepción de una obra de arte. Este movimiento objetivador se complica por la vertiente empírica, concretamente con el problema del gusto planteado por Hume en su ensayo Sobre el criterio del gusto (1757), donde se expone la ambigüedad objetiva en los juicios sobre la belleza 4 , en los cuales impera el sentimiento subjetivo de cada uno. Así, la relevancia pasa del objeto que supuestamente es objetivamente bello, al análisis de las condiciones y formas de recepción y producción de la belleza. Aquí, aparece Kant con La Crítica del juicio (1790) 5 . Esta marca un antes y un después en la disciplina estética, en la que la figura del genio pasa a reconocerse creador artístico del arte bello, que en su producción creativa reúne necesidad y libertad, naturaleza y arte. De acuerdo con esto, el genio es sinónimo de originalidad y ejemplaridad, siendo aquel que otorga las reglas al arte 6 . En los inicios de la psiquiatría como disciplina, durante el siglo XIX, surgen las teorías que asocian la génesis de las producciones artísticas a un desequilibrio psíquico. Es aquí donde se establece la relación propiamente dicha entre el genio y la locura, aunque desde la antigüedad, ya se halla concebido intuitivamente su exclusividad con un factor extraordinario. 4 “Los sentimientos de los hombres con respecto a la belleza o la deformidad de cualquier tipo difieren, a menudo, incluso cuando su discurso general es el mismo.” (Hume, 2008, pág. 39) 5 “La naturaleza era bella cuando al mismo tiempo parecía ser arte, y el arte no puede llamarse bello más que cuando, teniendo nosotros conciencia de que es arte, sin embargo, parece naturaleza.” (Kant, 2007, pág. 249) 6 Véase el capítulo 46 “El arte bello es arte del genio” en la Crítica de la Razón pura (2007), edición de Manuel García Morente.
9 De este modo, existe un punto común que se mantiene en todas las teorías sobre el genio: la relación entre este y un elemento exclusivo, el cual es aquel que lo distingue de la denominada gente normal. Como explicaremos esto supone una anormalidad, que se identifica con la inspiración o creatividad, que históricamente ha supuesto el elemento definitorio del genio. Esta consiste en el carácter, la fuerza o el espíritu, ya sea exterior o interior, que dispone espontáneamente al genio hacia la ejecución de su obra o acción. Fernando Pessoa se interrogó sobre la naturaleza anormal del genio a lo largo de toda su vida. Además de sus obras conocidas, redactó y no publicó, como es común en él, una serie de escritos desde 1907 hasta el año de su muerte en 1935, acerca de la naturaleza del genio y su vinculación con la locura. Estos textos fueron recogidos y traducidos por Jerónimo Pizarro en su obra Escritos sobre genio y locura, donde aparecen ordenados en función de ciertas temáticas, como por ejemplo; “Genio”, “locura y degeneración”, “etopatología”, “literatura y psiquiatría”, “sobre el arte y el artista”.. etc. El tono de estos escritos, sugiere que Pessoa no llega a obtener una fórmula exacta de qué es el genio, pero sí consigue, desconozco si voluntariamente, una apertura hacia otras cuestiones que problematizan la figura del genio, en tanto lo recoge de su posición idealizada, y lo arroja al mundo de los mortales. Para el poeta portugués la figura del genio es constitutivamente diferente a las llamadas personas normales. Eso no quita que igualmente sea una persona de carne y hueso, que socialmente ostenta relevancia y significancia, lo que no implica que sea un modelo social para el resto. Lo que significa que puede ser comparado con el resto de personas, y dada su singularidad y anormalidad creativa, con los casos más degenerativos del género humano: criminales y degenerados mentales. Dándose la paradoja de que en los casos de criminales y locos es el factor que los denigra, y en el propio genio supone una de las cualidades que lo diferencia y lo coloca como tal. A primera vista la pregunta que circunda a esta investigación parece sencilla: ¿Quién o qué es el genio?, si concretizamos podría ser ¿Qué singulariza a una persona de genio? De lo que se deduce el siguiente interrogante: ¿Qué diferencia existe entre el hombre de genio y las personas normales?
16 me impone que sea siempre…. Un rayo hoy me deslumbró de lucidez. Nací. (Pessoa, 2013, pág. 369) Como demuestra el apellido de uno de sus primeros, todavía pseudónimo, Alexander Search 11 . Pessoa estaba sumergido en la búsqueda de su estilo literario, y Search no es más que una manifestación anónima de sus ideologías, y sobre todo, de su incipiente miedo a la locura. Es a partir de 1914, cuando Pessoa decide dedicarse por entero a su obra literaria, trabajando lo justo para subsistir y llevando una vida aparentemente monótona y anónima, que le dispuso del tiempo necesario para escribir. El camino escogido lo dirige paralelamente a una preocupación por su salud mental, en tanto temía, y en algunos casos, admite, estar preso de la locura. Esto comienza en su infancia, seguramente a raíz de la convivencia con su abuela Dionisia, que acabó ingresando en un manicomio. Así lo describe en un texto de 1908: “Una de mis complicaciones mentales -horrible más allá de las palabrases el temor a la locura, que, en sí mismo, es una forma de locura.” (Pessoa, 2013, pág. 368) Con la irrupción de su maestro Caeiro, y el nacimiento del resto de integrantes del drama em gente, este temor se tornó en consciencia, hasta el punto de exigir en una carta de 1925 su ingreso en un manicomio: Muy estimado amigo: Creo que estoy sufriendo un acceso -ligero, supongo, y si así fuera, de curablede locura psicasténica. Si estoy en lo cierto en lo que presumo de mí mismo -y, sino lo estoy, es probable que mi diagnóstico de lego sea suave-, entonces sería recomendable la reclusión en un manicomio; como el decreto del 11 de mayo de 1911 permite, en un número cualquiera de uno de sus artículos, que el propio enfermo solicite esa reclusión, quisiera pedirle el favor de que me diga cómo y a quién se debe dirigir la solicitud, y con qué documentos -si tales que algunos son necesariosse debe fundamentar. (Pessoa, 2013, pág. 373) La afirmación sobre su supuesta locura sólo aparece en los autodiagnósticos efectuados por él mismo, donde se define como un histero-neurasténico. Exceptuando las declaraciones de varios psiquiatras portugueses hacia el grupo, del que formaba parte Pessoa y varios compañeros literatos de la revista Orpheu. Es, pues, como bien 11 En inglés Search se traduce al español como buscar.
17 dice una locura vivida e interiorizada: “Mi histeria es apenas interior y solamente mía, en mi vida conmigo mismo tengo toda la inestabilidad de sentimientos y sensaciones.” (Saura, 2015, pág. 14) El temor por volverse loco reside en creerse las verdades enunciadas por sus personajes, siendo él mismo y su maestro Caeiro 12 conscientes de que “el pensamiento abstracto puede derivar en locura si se empeña en olvidar el misterio en el que está condenado a vivir el animal humano.” (Lopez, 2012, pág. 210) Este misterio es la consciencia trágica de la existencia humana, donde la base es la fatalidad y el desasosiego al que está condenado todo sujeto con consciencia, lo contrario sería creerse el fingimiento propuesto por el arte, o la ciencia, como la verdad suprema del universo o del ser humano. Así lo expresa Pessoa: A metafísica pareceu-me sempre uma forma prolongada da loucura latente. Se conhecêssemos a verdade, vê-la-íamos; tudo o mais é sistema e arredores. Basta-nos, se pensarmos a incompreensibilidade do universo; querer compreendê-lo é ser menos que homens, porque ser homem é saber que se não comprende 13 . (Lopez, 2012, pág. 210) Al saber de su tensión entre la locura y el pensamiento trágico enseñado por su maestro Caeiro, le sigue un interés por la figura de los genios de la humanidad, concretamente por su naturaleza, la cual concibe como una variación degenerativa. Así pues, se introduce en la materia desde algunas teorías psiquiátricas del momento, como la Degeneración de Max Nordau (1892) 14 , gran parte de la obra de Lombroso, especialmente L’uomo di genio (1894) 15 , Insanity of Genius de Nisbet (1900), y Tres ensayos de teoría sexual (1905) de Freud. Durante su infancia, leyó a los principales autores de la filosofía occidental, los clásicos griegos así como a Kant y los autores más importantes del idealismo y romanticismo alemán. En base a estas lecturas, entiende que el análisis del genio se ha efectuado desde dos vertientes: en la antigüedad, donde el conocimiento del genio era intuitivo, y su acto creativo se 12 “Mi maestro, Caeiro fue el único poeta del mundo completamente sincero” (Pessoa, 2003, pág. 545) 13 TRADUCCIÓN: La metafísica siempre me ha parecido una forma prolongada de locura latente. Si conociéramos la verdad, la veríamos; todo lo demás es sistema y entorno. Nos basta si pensamos la incomprensibilidad del universo; querer comprenderlo es ser menos que los hombres, porque ser hombre es saber que no se comprende. 14 Véase el capítulo Max Nordau: Entre la degeneración del arte y sus impresiones españolas de Alberto Castán, de la obra Eros y Thánatos (2017). 15 Véase: arte, genio y locura de Lombroso, publicado en la revista Minerva (2009). Y Genio y degeneración en Gina Lombroso, publicado en la revista Frenia (2001).
18 explicaba mediante una especie de entusiasmo que envolvía al sujeto, y, la época consciente-científica, en la que el genio es diagnosticado como neurótico. Frente a esta tradición considera: primero, que el estudio del genio se ha efectuado fragmentariamente, en favor de la búsqueda de una naturaleza unívoca de su figura: “Así, el hombre de genio es individualmente – y para el psicólogo – un loco; rotundamente, un anormal. Tiene valor para el esteta, no para el psicólogo. Para el sociólogo, por último, es representativo y nada más. La naturaleza triple del genio es precisamente ésta.” (Pessoa, 2013, pág. 97) En segundo lugar, está de acuerdo en el carácter degenerativo de la naturaleza del genio, defendida por las teorías psiquiátricas modernas, pero, entiende que no es reducible su identidad a la de un neurótico o psicótico. 3 El genio desde otro genio; Pessoa sobre el genio Al preguntarnos, <<¿Qué es el genio?>>, debemos abordar el problema, desde el inicio, en toda su generalidad. Debemos preguntar: <<¿Qué tienen en común hombres como Shakespeare y Napoleón, Miguel Ángel y Mahoma? (Pessoa, 2013, pág. 286) La obra consiste en una recopilación de textos y cartas, en la que se trata la problemática del genio y la locura. El editor y traductor Jerónimo Pizarro organizó una serie de capítulos, donde el desarrollo de algunos se adecua a la fecha en las que fueron escritas las notas de Pessoa, pero otros, no responden a una ordenación cronológica que nos haga pensar que hubo una investigación metódica del genio. Lo que pretendo con esta breve mención, no es ni mucho menos devaluar la organización del libro de Jerónimo Pizarro, sino, subrayar el desorden procesual con el que Pessoa lleva a cabo la investigación sobre el genio y la locura. Los fragmentos datan de 1906 hasta meses antes de fallecer en 1935. En función del año las anotaciones aparecen escritas en inglés, francés o portugués, siendo estas últimas las más contemporáneas Este caos nos aproxima, dentro de lo que es posible, a la forma de redactar, y sobre todo, a la preocupación que latió en el interior de Pessoa durante toda su existencia. El alto grado de especulación, manifestado con espacios en blanco y en segmentos con varias opciones, así como el tono narrativo directo, aproximan estas notas a las
19 confesiones de un diario. De este modo, la desorganización metódica de estos escritos, no es sino una prueba del carácter íntimo de los mismos, que revela la inquietud que asaltó a Pessoa durante sus investigaciones. Por ello, intentaré nutrir el trabajo con muchas citas para acercar al lector la voz de Pessoa, Así pues, el autor portugués se acerca a la cuestión del genio desde un plano psiquiátrico. Pretende analizar la constitución psíquica y la forma en la que llega a producir las obras o las acciones, que son socialmente consideradas como productos geniales. En este sentido la pregunta radica en: ¿Cuál es la naturaleza psíquica del genio? Posteriormente la cuestión se torna hacia ¿Es el genio producto de una naturaleza degenerativa? De lo que se sigue ¿Qué es la locura y la normalidad? ¿Y la salud y la enfermedad?, y por último, ¿Qué diferencia al loco del genio? A modo de introducción partiremos de este fragmento, redactado en su época más prematura cuando todavía escribía en inglés; “El genio es la mayor maldición con la cual Dios puede bendecir a un hombre.” (Pessoa, 2013, pág. 57) Puede observarse la contradicción, entre maldición y bendición, que concibe el poeta lisboeta en aquellos inspirados, pero a la vez enfermos, que son genios. El tormento y la lucidez de estas personas, que además parecen haber sido elegidas, o mejor dicho, hechas para ello, es el punto clave para tratar al genio. La idea general es que el genio es esencialmente una contradicción, en tanto todo lo que le hace destacar también lo convierte en un extraño. Esto hace referencia a lo que denomina Pessoa como un movimiento pendular. Utilizando las palabras de Pessoa, es una maldición y una bendición, es decir, una suerte de ver con otros ojos, que implica esencialmente un padecimiento mayor al normal. Por otro lado, son varios los escritos y cartas donde Pessoa aparece autoafirmándose como genio y loco. Su constante temor por perder la cabeza, acompañado de una gran consciencia de ello, lo convierte simultáneamente, en un atormentado de sus crisis angustiosas y en un apasionado de su proprio desequilibrio. Así aparece en la obra de Pizarro; [… Con el paso de los años advertí que un abismo aterrador se abría ante mí. Yo era un genio, reconocía la verdad, y comprendía también que, por ser un genio, era un loco.”] (Pessoa, 2013, pág. 365) Desde los escritos pessoanos, el genio y el loco se encuentran naturalmente unidos, y su distinción está sujeta a una cuestión social más que constitutiva. La
20 consideración de un individuo como genio se fundamenta en la relevancia social que produce su obra, mediante la cual una persona “anormal” pasa a convertirse en genio. La anormalidad no es otra cosa que la génesis de lo que llamamos originalidad, porque; ¿Qué es toda acción creativa sino algo más allá de lo normal? Por tanto, todos los genios son anormales en tanto son originales, pero no todos los anormales son genios. Esta última afirmación expone, que aun con el parentesco identitario entre el genio y el degenerado, el genio no se reduce a la originalidad o inspiración, como dirían antiguamente, ni tampoco a una neurosis como formulaba la psiquiatría moderna. El mejor ejemplo de ello es el propio Pessoa 16 , que a partir del conocimiento de su peculiaridad nerviosa y sus anomalías sociales y sexuales, demuestra, mediante su grandiosa obra literaria, el movimiento pendular que constituye a toda genialidad. Ya que, según el mismo Pessoa, ni él, ni Shakespeare, ni tampoco Edgar Allan Poe, ni otros muchos, hubieran sido los genios que fueron sin las anomalías que arrastraban: No me cuesta admitir que yo sea loco, pero exijo que se comprenda que no soy loco de una manera diferente a Shakespeare, sea cual sea el valor relativo de los productos del lado sano de la locura (Pessoa, 2013, pág. 379) 3.1 Naturaleza del genio Como dicta el título del apartado 3.1.1 , el genio es sinónimo de simplicidad, la cual, se configura desde la existencia de un estado neurótico, que acompañado de una conciencia superior que gestione la irritabilidad del sujeto, cuadran a una persona original, superior intelectualmente, y activa en la manifestación de su visionaria idea. El punto comienza con la explicación de la anomalía psíquica, que predispone al sujeto a proyectar asociaciones originales y extrañas. Pessoa lo explica en base a una irritabilidad anómala, que se manifiesta bajo el nombre de manía de la duda. Posteriormente se pasa a comentar los ambientes más proclives para la aparición de personas de genio, y su diferencia con el surgimiento de otras personalidades como la persona de talento. Por ejemplo, dirá Pessoa que la época antigua era más favorable al aparecimiento de personas de genio, sin embargo, ahora lo es de las de talento. 16 De ahí el título del apartado: El genio desde otro genio; Pessoa sobre el genio.
21 Finalmente, una vez diferenciado las personas normales, las personas talentosas, y los genios, se expone la anormalidad que supone toda genialidad. 3.1.1 Simplicidad en la complejidad; la manía de la duda La interrogación perpetua acerca de las causas y razones de las cosas caracteriza a los hombres de genio. (Pessoa, 2013, pág. 17) Una de las características fundamentales de toda persona de genio es el sentido profundo que adopta en sus reflexiones o acciones 17 . Dicho pensamiento trata de una forma de la psicopatología de la duda. Esto significa que la hondura en el cuestionamiento de las causas y orígenes de la realidad, es entendida como una manía, en este caso, como una inclinación obsesiva por hacerse preguntas. Esto sitúa al pensamiento como rasgo distintivo de un animal degenerado. Así lo dicta Pessoa, recogiendo una frase de Rousseau: “El hombre que piensa es un animal depravado”. (Pessoa, 2013, pág. 27) Pensemos en la mayoría de los filósofos. ¿No son psíquicamente maniáticos de la duda, en tanto su búsqueda por el origen de las cosas es continuo? De la filosofía, en concreto, opina Pessoa: “La filosofía es la lucidez intelectual llevada hasta la locura”. (Pessoa, 2013, pág. 132) Dicho de otro modo, pero utilizando los términos pensador enfermo y hombres sano; “El hombre sano siente la necesidad de atribuirle a una cosa un significado. El pensador enfermo busca una y otra vez hacer que el significado de una cosa sea vago, <<profundo>>.” (Pessoa, 2013, pág. 18) El carácter enfermizo de una inclinación, en este caso por obtener una respuesta, reside en su incompatibilidad con la vida convencional. Dentro de las obsesiones existen diferentes grados de intensidad, siendo cada uno jerarquizado en función de la compatibilidad con la normalidad. Pues, por ejemplo, no es lo mismo, en cuanto a los disturbios que provoca en el ámbito social, una manía por ordenar que una manía persecutoria. En esta última, al sujeto se le dificulta, en mayor medida, su afinidad con el resto de gentes normales. El primer ejemplo trataría de una manía de tipo normal y funcional, mientras que el segundo sería el diagnóstico de un enfermo 17 “Al aproximarnos al estudio del genio, debemos tener el cuidado de no hacerlo por ningún lado en especial. Si lo hacemos por el lado literario o artístico, nos podemos sentir tentados a comenzar por definirlo como <<originalidad>>, sea cual sea su significado; pero eso plantearía, de inmediato, la dificultad de reconocer, por ejemplo, el valor del genio militar.” (Pessoa, 2013, pág. 285)
22 mental inadaptado, como el caso de Schreber comentado por Freud 18 . En este caso sería igual, al hombre sano le mueve una manía por encontrar el significado de las cosas, que no perturba sus quehaceres cotidianos, mientras que, al pensador enfermo le asaltan continuamente los interrogantes por el sentido u origen de las cosas, llegando a puntos donde se complica su adaptación a la supuesta vida normal. Ahora bien, no todas las personas gestionan de igual manera esa manía de la duda, la cual Pessoa define como: “La manía de la duda, por cierto, es una intensidad alucinatoria de la percepción intelectual. (Del razonamiento se puede afirmar que es realmente una percepción superior).” (Pessoa, 2013, pág. 19) La manía de la duda comporta un carácter enfermo en tanto es una percepción superior. Esta percepción superior advierte una diferencia en lo que comúnmente entendemos como prestar atención. La manía de la duda no trata de un divagar mental, que en algún punto fija su mirada en un objeto, y luego en otro y en otro… En este caso, se produce una atención falsa, producto de un acercamiento a los objetos externos de manera desinteresada, esto es, sin finalidad ninguna. Es la propia del hombre sano y normal, que tiene como resultado ese divagar transitorio e inconsciente del pensamiento, donde el sujeto puede alcanzar ciertos grados de abstracción, gracias a su consciencia, como expone Pessoa: “Los pensamientos preciosos que no encuentran palabras con las cuales expresarse no son propiamente pensamientos artísticos o literarios: son simplemente pensamientos de una persona consciente.” (Pessoa, 2013, pág. 125) Sin embargo, advierte: “Al igual que hay perversiones, imperfecciones y alucinaciones en los sentidos, también en el razonamiento pueden existir: perversiones, imperfecciones y alucinaciones.” (Pessoa, 2013, pág. 23) Contrariamente, la manía de la duda, al tratarse de una intensidad alucinatoria, difiere de la atención del hombre sano. La atención del maniático sugiere una atención especial a los objetos que se presentan. Focalización que se diferencia con la atención normal, en que esta se encuentra atravesada por una finalidad. Pessoa no la define, no es concreta, es simplemente ese indagar que en última estancia se dirige a la pregunta 18 (Freud, 1932)
23 por el origen y sentido de lo que sea. De modo que, la manía de la duda no es otra cosa que la muerte de la atención normal. Esta atención anormal y verdadera es una atención irreal, en tanto el objeto externo deja de recibir atención, en favor de la focalización de la mente sobre la percepción mental de dicho objeto, es decir, sobre sí misma. En palabras de Pessoa: Lo que esto muestra bien es cómo, cuando un objeto externo parece devorar la mente, ésta se encuentra en verdad totalmente ocupada consigo misma; y cómo cuando más real es esa especie de atención, más irreal es la acción de atender, ya que la atención se focaliza. (Pessoa, Escritos sobre genio y locura, 2013, pág. 21) Por tanto, lo propio de la manía de la duda, y del genio también, es una gran movilidad mental, que se revela como una angustia interrogativa interiorizada. La diferencia radica en la gestión de la anormalidad, y en la mencionada finalidad en la atención, la cual consiste en: “(Desemejanza: la manía de la duda no trata de resolver los problemas; el hombre de genio sí lo hace”) (Pessoa, 2013, pág. 23) Por ello, el genio posee la manía de la duda, pero no se reduce únicamente a ella, sino que gracias a la existencia de otras facultades, se proyecta creativamente a partir de las dudas que lo asaltan. Sin embargo, el maniático queda subsumido en sus preguntas. En función a esto, Pessoa presenta una categorización entre estas identidades: Ahora bien, un grado más arriba se encuentra el hombre maniático de la duda, que se plantea con gravedad problemas más elevados que un hombre normal, pero que se siente confundido por verlos sin claridad. Más allá, el hombre de genio ve claramente esos problemas, construye sistemas, asienta en ellos edificios de pensamiento. (Pessoa, 2013, pág. 27) De manera que el hombre maniático está más elevado que el normal, es decir, accede a cuestiones más profundas que las artificiales e inmediatas tratadas por el hombre sano. En el sentido revelado por Pessoa, el maniático de la duda es más complejo que el hombre sano, sin embargo, estos se parecen más entre sí que al genio: ¿Complejo? Todas las personas son complejas. El hombre de genio, lejos de ser el hipercomplejo, es tan sólo aquel que coloca simplicidad en su complejidad, que ve claro en su complejidad, que no se pierde por causa de ella. (Pessoa, 2013, pág. 46)
24 Todo hombre normal puede degenerar en un maniático, esto es, en un hipercomplejo. El ejemplo más cercano al dudoso obsesivo, expuesto por Pessoa en el mismo fragmento, es el hombre de juicio, este es, un ser atacado por la obsesión de dictaminar qué son las cosas en función del juicio. Por su parte, el genio es un maniático de la duda, pero no se ahoga en ella, sino que es capaz de ver y expresarse con sencillez. Esta idea la muestra Pessoa con un ejemplo algo trivial pero ilustrativo: “Está en su habitación, por ejemplo, y mira el tirador de la puerta. Donde otras personas verían un tirador, él ve un misterio.” (Pessoa, 2013, pág. 47) De este modo, el genio se articula desde el asombro por el misterio de las cosas. A lo que le precede una enfermiza irritabilidad mental, la manía de la duda, que dispone al sujeto hacia una atención anormal sobre las cosas. Desde la profundidad indagatoria de las cosas, brota una visión sencilla sobre su misterio, es decir, una simplicidad en la complejidad de la duda, a lo cual le acompaña también su expresión sencilla. ¿Y qué es lo sencillo? La singularidad, es decir, la plasmación unitaria de lo visto. Por ejemplo, la Ilíada de Homero, o el Quijote de Cervantes. Ambas son creaciones singulares que encierran una visión sencilla, y así lo expresa Pessoa: “El hombre de genio es sencillamente el creador de una nueva simplicidad.” (Pessoa, 2013, pág. 46) 3.1.2 El entorno: genio, loco y talento Del primer punto hemos concluido que, en función de la gestión de la manía de la duda, existen tres tipos de individuos: el maniático, el hombre sano, y el genio. La diferencia del hombre sano con el maniático y el genio, era la profundidad con la que reflexionan, es decir, la diferencia entre la atención normal y la verdadera. Por su parte, el obsesivo y el genio se distanciaban entre sí en la forma de gestionar esa reflexión: “Lo que caracteriza al genio es la facultad de coordinar. Esto es (radicalmente) inexistente en la locura.” (Pessoa, 2013, pág. 122) 19 19 Pessoa asocia este estado maniático a la locura, donde las distinciones entre neurosis y psicosis oscilan en torno al grado de inadaptación y funcionalidad del sujeto respecto a su ambiente social. Por ello, cualquier anomalía respecto a la normalidad se encuadra dentro de la locura, situándose la diferencia en las intensidades y las repercusiones sociales que estas obsesiones o manías comportan: “Ahora bien, las enfermedades mentales que corresponden con el esbozo de esta definición son las psiconeurosis. En la medida que afectan no sólo a los nervios, sino el cerebro, y producen estados mentales anormales.” (Pessoa, 2013, págs. 287-288)
25 En el loco no hay gestión, y queda aislado en sus propias abstracciones. Mientras que en el genio, a partir de una excitación anómala y la existencia de facultades coordinadoras, se produce la expresión de un sentido. Además, es acogida por la sociedad, como explica Pessoa: “Los mayores hombres de genio son los creadores de un entorno.” (Pessoa, 2013, pág. 24) Aun siendo creador de un entorno, se desarrolla en un medio, en tanto es un ser humano. En palabras de Pessoa: “El hombre es, como todo animal, un producto de la herencia y del medio.” (Pessoa, 2013, pág. 131) De acuerdo con ello, somos producto de la herencia biológica. Esta incluye tanto las semejanzas como las diferencias en la constitución psíquica respecto a nuestros antepasados, la peculiaridad nerviosa de cada uno, y, el desarrollo de dicha constitución, que sucede en un medio determinado. Este medio es el espacio donde se da, la herencia pasada, es decir, la cultura recibida por medio de la educación, y, se desarrolla el contacto social directo. Lo cual poco tiene que ver con el contexto socioeconómico 20 . En base a esto, se deduce el siguiente interrogante: ¿Qué tipo de constituciones psíquicas generan las diferentes atmósferas sociales? Pessoa las describe en base a dos elementos proporcionalmente inversos: la vitalidad social y la diferenciación. El caso más extremo de vitalidad social serían las sociedades primitivas, donde no hay individualidad, y existe únicamente la comunidad. Esto implica una mínima vida interior de cada integrante. Sin embargo, con el comienzo de las civilizaciones, aparece la diferenciación, es decir, la individualidad de cada uno. Esta diferencia conlleva menos vitalidad social, esto es, más espacio entre cada uno de nosotros. Sin ambos elementos no puede darse el hombre de genio, de forma que en las sociedades primitivas no existía la persona de genio, ya que no había visiones individuales y todo remitía a un colectivo. Por tanto, para que puede darse una constitución psíquica como la del genio, debe darse un equilibrio entre la singularidad y la vivacidad del ambiente social, aun siendo 20 “La aparición de los hombres de genio en las artes, las ciencias y las letras obedece a leyes más complejas y profundas.” (Pessoa, 2013, pág. 42)
32 el mundo exterior, con los otros hombres; es social, saludable, sexual, práctico, lleno de sentido común, convencional, etcétera…” (Pessoa, 2013, pág. 78) Y también añade: Los llamados hombres normales son individuos que oscilan muy cerca de un cierto tipo hiperreal; no de un tipo ideal, sino de un tipo de hombre perfecto, de acuerdo con la naturaleza, de un hombre con facultades perfectamente equilibradas. (Pessoa, 2013, pág. 193) Esto se conecta con lo dicho sobre la persona sana y normal en el apartado 3.1.2, en el que una baja irritabilidad mental le lleva a preguntarse por el significado de las cosas, no accediendo a la manía de la duda de los metafísicos, logrando así el sosiego con la respuesta adquirida. Mientras que; “El degenerado es antisocial y mórbidamente social, al mismo tiempo. Tiene deseos de castidad y es mórbidamente sexual. (Como Cristo, es asexual, y, sin embargo, siente cariño por los niños). Es criminal y arrepentido; egoísta y bondadoso.” (Pessoa, 2013, pág. 78) En estos fragmentos, lo que destaca Pessoa es el sosiego conseguido del hombre normal. Pero en el caso del degenerado, advierte de la presencia de una doble inclinación contradictoria que, como en el ejemplo de Cristo, predica por una castidad moral, pero, tiene cariño a los niños. O como Rousseau, o el propio Pessoa, que dicen odiar a los hombres y ser unos misántropos, pero, paralelamente aman a la humanidad: Mezcla el amor y el odio en un sentimiento. Por lo tanto es sádico. Como el budismo, relaciona arte con lo repugnante; como los simbolistas, los sonidos puros con las palabras. O asociar el sexo con los muertos y ser un necrófilo. (Pessoa, 2013, pág. 79) Aquí, el degenerado parece tratar de una persona movida por tendencias opuestas, ya sea, entre el amor y el odio, o, el egoísmo y el altruismo. Esto conduce al sujeto a un estado de depresión y tristeza. Y no se explica que ocurra conscientemente. ¿Porque quién quiere encontrarse en ese estado? ¿Es que existe perversidad como expone Allan Poe? 24 , o, como se plantea Pessoa; “¿Todo lo anterior es un resultado de la conciencia o de la inconciencia?” (Pessoa, 2013, pág. 79) 24 (Poe, 1845, pág. 31)
33 Dicha doble inclinación lo hace ser un inadaptado al medio y, en última estancia, no disfrutar de la simplicidad con la que goza el hombre normal. Esto Pessoa lo explica desde dos cuestiones: las fases del proceso degenerativo, y, la prevalencia de las sensaciones internas, frente a las externas, del sujeto degenerativo. El proceso pulsional de cualquier persona responde a las mismas fases que el del degenerado. La diferencia radica en la fuerza con la que se manifiesta el nerviosismo, y, en la forma en la que se desahoga el sujeto. Cada individuo es preso de una pulsión nerviosa, manifestada en un deseo o una inclinación hacia una actividad, que no tiene por qué ser consciente, como la del hombre sano por saber el significado de algo. Esta actividad se dirige a descargar, y de esta forma equilibrar, la irritabilidad del sujeto. Siguiendo el caso del hombre normal, con la consecución de dicho significado se llega al goce de la descarga, el cual es efímero, porque el proceso vuelve a comenzar. En comparación con el hombre sano tendríamos al maniático de la duda, que ante la imposibilidad de obtener una respuesta que lo sosiegue entra en un estado depresivo, donde las preguntas no cesan. El genio también comporta esta anomalía, diferenciándose con el loco en que no termina en la extrema inadaptación. En función del grado de este solipsismo se cataloga como neurosis o psicosis. De manera que el proceso del sujeto anormal también presenta la manifestación del nerviosismo, mediante el deseo hacia un objeto. Al igual que el hombre normal, también busca el desahogo. Sin embargo, concluye en la tristeza. Esto se debe, o, al remordimiento ante el carácter inmoral de lo deseado, o, por la insuficiencia del desahogo que no ha conseguido cesar la fuerza impulsiva del deseo. Para aclararlo, Pessoa expone dos ejemplos, el pervertido sexual y el alcohólico. “La primera etapa corresponde a la irritabilidad anormal, a la tendencia a estallar repentinamente y sin necesidad” (Pessoa, 2013, pág. 71) 25 . Esta irritabilidad se traduce en un deseo, ya sea el alcohol, el sexo, o una respuesta ante el misterio de la duda, que se presenta con una intensidad mayor. Tras la satisfacción del deseo, si es que se produce, “la irritabilidad se vuelve sobre sí misma” (Pessoa, 2013, pág. 71), lo 25 Con sin necesidad, Pessoa se refiere a sin necesidad consciente, en tanto toda pulsión nerviosa que se encuentra en el punto de estallar reclama desahogo, en este caso, mediante el acto sexual o el alcohol
34 cual trata de un sentimiento de remordimiento y culpa, producto de la intervención de la conciencia, concretamente, de la mediación del juicio moral sobre lo hecho. Desde ahí, el sujeto entra en un estado depresivo, arrepentido de su acto, conducido, a extinguir o rechazar el deseo inicial, y con ello, a adoptar tendencias contrarias. Esta situación ambigua, provoca contradicciones internas que, en última estancia, convierten al degenerado en su ser depresivo. Por tanto, la característica principal del degenerado es su estado de tristeza y depresión. “Pero ¿qué es la tristeza? Ensimismamiento con relación a un estado o inclinación mórbida.” (Pessoa, 2013, pág. 85) La tristeza sucede en la repetición de un comportamiento, tomado como desahogo, no concebido como normal, del que se desliga un estado angustioso. En tanto la actividad efectuada no consigue sosegar a la persona irritada, o la lleva a arrepentirse por ser inmoral. Esto degenera en los casos de locura y criminalidad, y, ¿también en el genio?, que son casos depresivos. Por ello, afirma Pessoa; “Los criminales son personas tristes” (Pessoa, 2013, pág. 85) Como vemos, se produce una tensión entre tendencias opuestas, donde el individuo está a merced de su irritabilidad nerviosa, y de las formas en las que escoge desahogarlo, lo cual, en la mayoría de situaciones, no se elige, sino que vienen dispuestas por la sociedad. Estas serían las formas y los grados de desahogo “normales”, que tienen su base en la herencia cultural. De modo que el degenerado se caracteriza por estados depresivos, los cuales, son producto del remordimiento ante otras formas de desahogo que no son las estipuladas como las normales, o también, porque estas no son suficientes para el nerviosismo del sujeto. Como concluye Pessoa: “Por lo tanto, llegamos (¿?) a la conclusión de que la degeneración es una depresión, que tiene entre sus formas la pereza, el agotamiento, la aflicción, la apatía, etcétera.” (Pessoa, 2013, pág. 87) Esta tristeza es de dos tipos: impulsiva, característica de criminales, y reflexiva, aquella propia de pesimistas. El estado depresivo también está sujeto a un predominio de las sensaciones internas sobre las externas. Las sensaciones externas del mundo son las que recibimos por los sentidos, y las sensaciones internas, las que dictan el estado orgánico de nuestro cuerpo. En palabras de Pessoa: “Las sensaciones cenestésicas, es decir, sensaciones de la vida, que son oscuras y realmente semisensaciones…” (Pessoa, 2013, pág. 82)
35 En las primeras impera la finalidad biológica de conservar la vida. Caracterizan a la mayoría de personas, así como a los niños, donde no hay todavía individualidad y las sensaciones no son propiamente singulares. Se dirigen a la adaptación al medio, donde la premisa esencial es la atención hacia la transformación del mundo exterior. Sin embargo, existe un caso donde los roles se tornan, y la atención se dirige a lo interno en vez de a lo externo. Esto es: “cuando estamos enfermos. Ese caso de predominio de las sensaciones orgánicas, de un carácter estorbador -que se sitúa por encima del <<seuil de la conscience 26 -, se llama dolor.” (Pessoa, 2013, pág. 83) Desde esta distinción, Pessoa plantea, que los casos degenerativos son personas constitutivamente enfermas, en tanto, prevalecen en ella las sensaciones que se dan durante la enfermedad, que no se corresponden con estímulos externos, sino, con las impresiones internas de incomodidad y angustia. De forma que la tristeza en el depresivo es honda, en tanto posee una constitución mórbida, donde predominan las sensaciones orgánicas a los estímulos externos. En palabras de Pessoa: Así, al igual que el hombre normal sólo tiene vagas sensaciones de la vida (forjadas en el hábito), el hombre con un sistema enfermo también tiene las mismas sensaciones vagas (construidas por el hábito), pero las suyas son vagas sensaciones de incomodidad, de cansancio, de tedio. (Pessoa, 2013, pág. 85) En el caso del genio, también existe una constitución degenerativa y enferma, que lo arrastra al estado depresivo y triste. Pero como ya comentamos, la diferencia es que en base a este estado mórbido, las formas de remedio y desahogo adoptadas por el genio, plasman un producto singular y original, que además, es comprensible socialmente, lo que lo convierte en normal. Esto nos lleva a pensar, que, en tanto el genio es creador de una nueva simplicidad, y comporta elementos degenerativos, la civilización, es decir, la sociabilidad normal, se funda a partir de un estado degenerativo. En este sentido, las formas artísticas con las que trabaja el genio, son actividades degenerativas. Ya que no basan su existencia en la utilidad y la adaptación al medio, sino que son generadas a partir de la irritabilidad desequilibrada de algunos. Volviendo a la comparativa entre el hombre sano y el maniático de la duda, a este último no le satisface el remedio que calma al hombre normal. De ahí, que, si ostenta 26 En francés seuil de la conscience se traduce al español como umbral de la conciencia.
36 facultades para ello, derive en actividades extra-sociales, y en ese sentido, anormales e inútiles. Así lo advierte Pessoa; Muy pocos han señalado que la poesía es, de todas las actividades humanas, aquélla en la que mejor se observa la cercanía de lo sublime y lo ridículo; la razón es doble: (1) la poesía es la manifestación enferma de la mente humana; (2) el proceso de la composición poética es manifiestamente anormal.” (Pessoa, 2013, pág. 89) Como bien menciona en uno de los poemas del Guardador de rebaños, la poesía es la su actividad por naturaleza: Pensar incomoda como andar bajo la lluvia cuando el viento crece y parece que llueve más. No tengo ambiciones ni deseos. Ser poeta no es una ambición mía. Es mi manera de estar solo. (Poemas de Alberto Caeiro, 1984, pág. 33) En último lugar, Pessoa comenta que el individuo degenerado es altamente susceptible a adoptar tendencias mesiánicas, las cuales se dan en el genio también. Este se ve dirigido a la creación, no por un gusto personal, sino por la sensación vivida de que su creación responde a una finalidad. Esto se basa en la consciencia de sus facultades superiores: “Pero la elección, de la cual está convencido el hombre de genio, es el acto de poder consciente, de un poder que tiene un fin; por lo tanto, si el hombre de genio ha sido elegido, es porque puede realizar algo.” (Pessoa, 2013, pág. 74) De igual manera, esto es una tendencia mórbida, que en el caso de locos, encuentra su justificación en un mensaje de Dios o en la creencia de la exclusividad del propio carácter. En palabras de Pessoa: “Todo el proceso de razonamiento inconsciente mediante el cual una mente se convence del mesianismo es anormal y mórbido; se trata, en parte, de razonamiento metafísico, que es mórbido.” (Pessoa, 2013, pág. 73) Pero en la situación del genio, es consecuencia directa de la consciencia sobre sus facultades superiores y originalidad, y su posibilidad de ejecutar una obra singular.
37 3.2.2 Degeneración moderna: el diletantismo La enfermedad moderna es el diletantismo, y el ateísmo o descreimiento es una de las manifestaciones más evidentes. El diletantismo es esencialmente una incapacidad de aplicar la mente durante largo tiempo a algo, o a cualquier cosa seria o de peso; es un sustituto de la superficialidad, de la imaginación pura. (Pessoa, 2013, pág. 91) Pessoa expone el síntoma decadente de la sociedad actual. El diletantismo, que consiste en la incapacidad para la hondura hacia temas problemáticos, como puede ser el problema de la existencia de Dios. Así, argumenta que tanto el creyente como el ateo, se mueven por corrientes sociales, y no por una profundización crítica del problema. De este modo, impera la inmediatez, lo material, y la lógica utilitarista, que pregunta ante cualquier cosa, ¿Para qué sirve? Así lo expone el poeta luso: “El amor por la civilización material, complementado por el amar la felicidad humana – producto civilizacional inútil – caracteriza bien a una época de decadencia.” (Pessoa, 2013, pág. 66) La causa de la enfermedad moderna, reside principalmente en dos razones: La confusión entre cantidad y calidad, y, la falta de sociabilidad directa. Todo ello implica la principal característica de nuestra época; “si dijéramos que esa característica es la incapacidad de grandeza.” (Pessoa, 2013, pág. 65) Nos encontramos, pues, en un ambiente social que no sabe mirar más allá de las cosas, es decir, pocos, son los maniáticos dudosos que se paran a profundizar en una cuestión, y muchos, los que se acogen a las respuestas dadas por la ciencia. En este sentido, podríamos hablar de que existe una impaciencia por la respuesta, y poca serenidad ante la pregunta. Aconteciendo lo que denomina el poeta portugués como un gran provincialismo europeo; “No se podría describir mejor lo que está ocurriendo, en las almas y en el mundo, que dándole el nombre de provincialización de Europa.” (Pessoa, 2013, pág. 65) Esto consiste en una confusión entre calidad y cantidad, que puede entenderse mejor desde la comparación entre genio y talento: “Hoy existen más personas inteligentes que hace cincuenta años; pero no hay tantas inteligencias superiores.” (Pessoa, 2013, pág. 66) En cuanto a cantidad de personas alfabetizadas, somos superiores a las sociedades antiguas, sin embargo, “Al hacer este juicio, confundimos
38 la cantidad con la calidad, la singularidad con la superioridad, la actividad con la acción” (Pessoa, 2013, pág. 65) Lo que nos quiere decir Pessoa es que más personas educadas, no implica necesariamente una detallada profundización en los problemas. Tampoco, que a más singularización, exista un mejor conocimiento sobre uno mismo. Y de ninguna manera, que un mayor número de actividades útiles conlleve el progreso de la humanidad. Como ahora explicaremos, esta decadencia convoca a la humanidad al abandono de sus raíces. Por otro lado, en nuestros tiempos, ante el desarrollo de la globalización y la comunicación, no existe una sociabilidad directa, como la que pudiera haber en Grecia o durante el Renacimiento: pues como entonces la vida era mucho más sencilla, ellos podían observarla fácilmente en sus movimientos esenciales, es decir, sin que la complejidad de los fenómenos accesorios e insignificantes fuera deslumbrante y les perturbara, como sucede hoy, la firmeza y la claridad de la visión. (Pessoa, 2013, pág. 67) Ese contexto es idóneo para el surgimiento de genios, y en tanto el genio es el creador de un nuevo entorno, la situación de la antigua Grecia o el Renacimiento es favorable a la creación de cultura. Como dice Pessoa; “los hombres de genio son los que crean la civilización y hacen posible lo que en la vida social es supra-animal.” (Pessoa, 2013, pág. 68) De forma que el sentido humano de la existencia, la cultura, es generada por personas de genio, que suelen desarrollarse en las épocas transitorias. Estas se caracterizan por una alta diferenciación, y una sociabilidad directa y vital. Por tanto, Pessoa entiende que la sociedad contemporánea es decadente porque se dirige al fin de los movimientos creadores de cultura. El principal motor son las actividades como la ciencia, sin sentido absolutista y universal, el arte, o la filosofía: “Toda producción artística superior es, por su naturaleza, un producto de la decadencia y de la degeneración.” (Pessoa, 2013, pág. 99) Estas actividades degenerativas colocan al ser humano como un animal mórbido, en tanto son el germen de lo distintivamente humano. De acuerdo con esto, aun con
39 el imperio de la lógica utilitarista, no podrá acabarse con ciertas formas artísticas, debido a su origen humano. Se me ocurrió la idea de que la pintura pueda ser sustituida u día por la fotografía, la escultura por un arte más grosero de fundición, pero algo así no sucedería con tanta facilidad con la música y nunca con la poesía. ¿Acaso ésta no sería una prueba del valor de las artes: la altura dificultaría que se acerquen a las mecánicas? (Pessoa, 2013, pág. 92) 3.2.3 Génesis de la degeneración; el regreso a lo originario El hombre de genio representa una variación extrema, como su hermano el loco. Poco importan las relaciones íntimas entre el genio y la locura. Lo importante es que estos dos tipos de humanos representan variaciones extremas. (Pessoa, 2013, pág. 131) Pessoa plantea en términos biológicos, que la naturaleza degenerativa del loco y el genio, y con ello el origen de la actividad artística 27 , consisten en un fenómeno de regresión, situado como el movimiento contrario a la evolución. De ahí que ambos sean una variación extrema de lo normal. En este sentido tanto anormalidad y normalidad, como evolución y regresión se fundan en base a un entorno. De esta manera lo explica Pessoa: En primer lugar, la anormalidad no existe en la materia <<pura>>, sino en la <<viva>>; tal vez porque – ésta sería la única razón factible – la materia pura no tiene entorno y la materia viva tiene a la primera como entorno. Vemos, así, que las nociones de entorno y anormalidad están asociadas; e instantáneamente apreciamos lo que muchos no han visto con claridad, y si lo han visto, ha sido de manera confusa: que en la idea de lo anormal (entiéndase lo enfermo, lo degenerado) tenemos que tomar en consideración no, como ha sido habitual, el objeto aislado, sino el objeto y sus relaciones con el entorno. La anormalidad es, por lo tanto, un producto de las relaciones del organismo y el entorno. (Pessoa, 2013, pág. 152) De acuerdo con ello, el poeta luso define así al organismo humano: “El hombre es un animal histérico. Esto significa que el hombre es un animal mucho más fácil de impresionar que los otros… cuando decimos <<más fácil>> de impresionar, queremos decir que es excitable, irritable” (Pessoa, 2013, pág. 192) 27 “todo trabajo artístico es mórbido y antisocial – ya que es un producto de la degeneración, y la degeneración involucra un estado sintomático generado por factores psíquicos, por elementos típicamente inútiles o perjudiciales para la vida de la especie y del cuerpo político –. (Pessoa, 2013, pág. 101)
40 Esto conlleva que la esencialidad y diferencia del hombre frente al resto de seres no se funda en su conciencia o lenguaje, sino en la irritabilidad y su relación con el entorno, que lo convierte en un ser susceptible ante el medio. Por tanto, tenemos que el ser humano es un producto de su contacto con el medio en base a su condición histérica, la cual se configura desde la herencia. Esta consiste: La herencia se manifiesta de dos maneras: como herencia propiamente dicha, por la cual un animal se parece a sus padres o antepasados; y por lo que se llama variación, gracias a la cual se diferencia de ellos. El medio, a su vez, opera de dos formas en el individuo resultante: por un lado, se encuentra el medio que incidió sobre los padres y antepasados, y que, en grado y modo variable, se transmite al hombre a través de la herencia y la educación doméstica; y por otro, se encuentra el medio social directo. (Pessoa, 2013, pág. 131) El medio en cuanto ambiente social puede afectar de varias formas, y los niveles en los que el individuo se ve afectado configuran las nociones de normalidad y anormalidad, ya que como dice Pessoa: “En la materia pura no existe anormalidad posible porque no hay ninguna diferencia posible entre la copia y lo original, ya que no existe nada más que el original.” (Pessoa, 2013, pág. 154) Por ende, sólo es posible hablar de anormalidad y normalidad cuando se refiere a un organismo con su entorno. Lo cual guarda relación con la diferencia que se expuso entre las sensaciones externas e internas. Donde en el caso de ser altamente influenciable por el ambiente, en el individuo prevalecen las sensaciones dirigidas a la adaptación al medio, las sensaciones externas. Mientras que en las personas constitutivamente anormales, imperan las internas, donde la susceptibilidad del individuo se focaliza en su padecimiento interno. De modo que un sujeto acorde a la evolución es aquel adaptado a su entorno social, que consiste en “la adaptación de las ideas individuales al sentido común” (Pessoa, 2013, pág. 154) Este medio social se configura a raíz del grado de civilización de un lugar. A más civilización más diferenciación entre los individuos, esto es, menos sociabilidad directa y más casos de inadaptación. Lo cual implica que cuanto más civilizado es el individuo más se singulariza respecto a su herencia, encontrándose paralelamente más condicionado por el medio social, esto es, por las ideas del momento. En este sentido, un individuo civilizado se distancia en mayor medida de su pasado heredado, en favor
41 de una adecuación al ritmo social presente. Y en tanto son organismos adaptados al entorno, son seres normales y evolutivos. En cambio, en el caso del genio y el loco se da una perdición del ambiente social, en base a una constitución enfermiza referida a la prevalencia de las sensaciones internas. Proporcionalmente esta inadaptación comporta una preferencia de lo no inmediato, la herencia. Por tanto, la naturaleza enfermiza de locos y genios, los hace menos irritables a la sociabilidad del momento, y más susceptibles al padecimiento de su condición nerviosa. Sin embargo: “mientras que el loco lo es totalmente, el genio lo es apenas con respecto al medio inmediato.” (Pessoa, 2013, pág. 132) La diferencia trata del grado de inadaptación a la sociabilidad inmediata del entorno. El genio, aun no estando acoplado al ambiente social, es capaz de abstraer de lo concreto lo más universal y puramente humano. Las cuestiones que plasman no atañen a una determinada época, sino a todo el género humano. En palabras de Pessoa: “Ser hombre de genio involucra la dedicación a lo eternamente humano, en detrimento de lo inmediato.” (Pessoa, 2013, pág. 132) Por el contrario, el loco se estanca en la complejidad de la abstracción. De modo que ambos son inadaptados y no se encuadran en el ritmo de evolución, pero entonces, ¿a qué entornos están sujetos? Si la evolución es el hecho esencial del mundo, no es posible concebir que algo se aleje de o se adelante en su camino evolutivo; por eso, sólo se puede concebir que un ser regrese en ese camino. Toda anomalía es, de cualquier manera, una regresión. (Pessoa, 2013, pág. 222) Ante esta pregunta Pessoa se muestra especialmente contradictorio. En un principio entiende que la inadaptación es: Divergir de tal modo de los seres producidos por la influencia de un medio biológico, psicológico y social, que el indiviudo (el ser) se considere débil ante esos medios, inapto para luchar o vivir. (Pessoa, 2013, pág. 223) Según los dos fragmentos, el genio es un ser regresivo, pero, en tanto ofrece una obra singular y social es también un individuo adaptado a su entorno social. Por tanto, el entorno del genio no es ni la sociabilidad inmediata ni un estado pasado, sino una simbiosis de ambas, donde es capaz de nutrirse de su medio social sin ser alienado por él. Ahora bien, la tesis de la degeneración como regresión, en la que el loco se
48 De manera que la inadaptación en el genio no es completa, gracias a que dentro de la variación que supone la naturaleza degenerativa él es otra variación: “El genio es una degeneración en la que hubo, por una reacción biológica/espontánea una inhibición de los fenómenos degenerativos.” (Pessoa, 2013, pág. 98) Partiendo de que todo organismo busca constitutivamente conservar la vida, Pessoa plantea que la inadaptación del loco pueda significar la adaptación a otro medio, quizás, y no se ha comprobado, a un estadio evolutivo anterior. Esto es ambiguo, porque nos lleva a pensar que la consideración de una persona como genio depende de la recepción que tenga su obra, la cual está sujeta a la impresión producida en cierto entorno. Lo que significa que pudo y puede haber genios no comprendidos, y locos que hayan conseguido impresionar a la sociedad. Como el caso de Cristo: Hombres de Occidente, soñadores prácticos, Habéis erigido templos a Cristo. ¡Hombres de Occidente, por veinte siglos habéis adorado a un loco! (pág. 201) Desde la comparativa formal: “Captamos ahora la relación entre éste y la locura. Su asiento es la locura; la enajenación mental es el terreno sobre el cual está construido todo el edificio.” (Pessoa, 2013, pág. 28) Así, el genio no sería propiamente un loco, y, simplemente su desvío psíquico activaría en una elevada intensidad sus capacidades superiores, que en función del grado y el tipo de anomalía, lo dirigen a cierta actividad, ya fuera por su alta sensibilidad, el pensamiento profundo, o un fuerte poder de acción. Por tanto, si seguimos la diferencia analítica, el genio y el loco se sitúan en dos casillas separadas, en función de la inadaptación al medio (al igual que el hombre sano con el maniático de la duda); No advierten que en el hombre superior la inadaptación está asociada a su intuición de futuro, mientras que en el degenerado es una mera inadaptación al medio. El ansia de celebridad del genio es el ansia de transmitir aquello para lo que nació, al paso que la locura no va más allá de un fenómeno de histeria. (Pessoa, 2013, pág. 361) En base a este fragmento, ¿cómo diferenciar entre la tendencia mesiánica propia del loco, y la consciencia del poder creativo en el genio?
49 Al igual que ocurre con los conceptos de normalidad y anormalidad, y, salud y enfermedad, en la realidad estas figuras acaban siendo dos caras de la misma moneda, donde las diferencias de cada uno son graduales; puede haber genios con una alta originalidad, pero con poca capacidad de gestión, en las que sus obras plasmen ese delirio imaginativo junto con una mínima consciencia de ello. En otros, impera más la acción transformadora frente a la creatividad mental, en otros, la consciencia y la organización mental frente a la acción volitiva. O incluso, locos que hayan sido tomados como genios a lo largo de la historia, pero si estos han sido acogidos socialmente, ¿no serían genios? Esta distinción formal nos lleva a afirmar que hay genios más locos que otros, sin embargo no deja de ser una cuestión gradual, de la misma manera que sucede con la dicotomía entre normal y anormal. Así pues, el estudio de Pessoa, donde aúna ideas biológicas, psiquiátricas y estéticas, proporciona otra visión en la que cada persona es dueña de una constitución psíquica singular. De esta forma, solo nos queda hablar de grados e intensidades, y no de identidades, ya que no existen genios, ni locos, ni hombres sanos que sean particularmente eso. En definitiva, el problema del genio y su relación con la locura abre otra perspectiva en torno a la naturaleza humana, posibilitando un terreno para futuras investigaciones. En la que el individuo es un ser regido por la irritabilidad, y su naturaleza psíquica producto de una herencia adquirida genéticamente, que le dispone de un temperamento particular y ciertas facultades, que son desarrolladas en un medio social, cultural y climático. En función de la intensidad del temperamento, del predominio de las facultades de gestión, y de la afección del ambiente habitado, se manifiestan comportamientos o patologías que son la base de la posterior clasificación de cada individuo. En este sentido, el genio y el loco no son otra cosa que intensidades perceptivas, que en última estancia, en el caso del primero, manifiestan singularmente las emociones y sentimientos, o llevan a cabo acciones originales, acogidas por el resto de gentes. Esto sitúa al hombre como un ser disperso y gradual, donde la intensidad de su anomalía psíquica lo particulariza sin atraparlo en una identidad, poniéndolo en tensión continua entre la inadaptación al medio, locura, y, la creación singular, la genialidad:
50 Puesto que la naturaleza lo hace un enfermo y que sólo a través de la enfermedad le da la posibilidad de ser artista, éste debe vivir enteramente su enfermedad, cumplir completamente la voluntad de la Naturaleza, siguiendo con rigor el papel de enfermo que ella le dio en el drama absurdo de la vida. (Pessoa, 2013, pág. 110) Y no hay mejor ejemplo de la no identidad, la dispersión y el misterio de lo humano que la genialidad de Pessoa. Como bien dicta: “El autor humano de estos libros no conoce en sí mismo ninguna personalidad…que este proceso de hacer arte cause extrañeza, no admira; lo que admira es que haya algo que no cause extrañeza.” (Pessoa, 2013, pág. 375)
51 Referencias Crespo, Á. (2007). La vida plural de Fernando Pessoa. Barcelona: Seix barral. Eidelberg, A. (2012). Las múltiples versiones de la "pessoa" llamada Pessoa. IV Congreso Internacional de Investigación y Práctica. Eidelberg, A. (2013). Genio y locura (de cómo una pessoa se inventa multiplicándose). Revista digital de la Escuela de orientación lacaniana. Freud, S. (1932). Observaciones psicoanalistas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descripto (Vol. 12). (J. L. Etcheverry, Trad.) Amorrotu editores. Godoy, R. G. (2019). Síntoma y creación en la obra de Fernando Pessoa. Anuario de Investigaciones de la Universidad de Buenos Aires, 12. Heráclito. (2020). Fragmentos Heráclito. Archivo Digital de Humanidades Ervin Said. Hume, D. (2008). La norma del gusto y otros escritos sobre estética. (M. T. Beguiristain, Trad.) Valencia: Museu Valenciá de la il.ilustració i de la modernitat. Jaspers, K. (2001). Genio artístico y locura Strindberg y Van Gogh. (A. Kovacsics, Trad.) Barcelona: El acantilado. Kant, I. (2007). Crítica del juicio. (M. G. Morente, Trad.) Madrid: Austral. Lomba, A. C. (Ed.). (2017). Eros y Thánatos. Zaragoza: Colección Actas. Lombroso, C. (2009). arte, genio y locura. (I. Bértolo, Ed.) Minerva. Lopez, P. J. (2012). Poesía, ontología y tragedia en Fernando Pessoa. Manuscritos. Marí, A. (1989). Euforión: Espíritu y naturaleza del genio. Madrid: Tecnos. Nietzsche, F. (1872). El nacimiento de la tragedia. (A. Izquierdo, Ed.) Madrid: Edaf. Peset, J. L. (2001). Genio y degeneración en Gina Lombroso. Frenia. Pessoa, F. (1984). Poemas de Alberto Caeiro (Bilingüe ed.). (P. d. Barco, Ed.) Madrid: Visor Libros. Pessoa, F. (2003). Crítica: ensayos, artículos y entrevistas. Barcelona: El acantilado.
52 Pessoa, F. (2013). Escritos sobre genio y locura. (J. Pizarro, Ed., & J. Pizarro, Trad.) Barcelona: El acantilado . Pizarro, J. (2013). Fernando Pessoa: entre el genio y la locura. Aleph, nº164, 16. Platón. (1871). Obras completas de Platón (Vol. 5). (P. d. Azcárate, Trad.) Madrid. Poe, E. A. (1845). Historias extraordinarias. Poemas (II). Barcelona: Planeta. Saura, T. A. (2015). La fascinación de Fernando Pessoa por su enfermedad mental. Revista del Centro Psicoanalítico de Madrid, nº30.