scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Un retrato de Ptolomeo III Evergetes, procedente de colonia Patricia (Córdoba, España)

Loza Azuaga, María Luisa; Beltrán Fortes, José

Abstract

Se estudia un herma de un personaje masculino, adquirido por el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba en la década de 1970. Procede de un descubrimiento ocasional en la calle Ángel de Saavedra, en los Altos de Santa Ana. Ha sido interpretado como monarca helenístico o atleta, de manera genérica, así como representación del dios Hermes. En este artículo lo identificamos como retrato idealizado del monarca lágida Ptolomeo III Evergetes, tanto por sus rasgos fisonómicos, como especialmente por el atributo que debió llevar en el centro de la diadema, una hoja o flor de loto, simbolizando su vinculación con Egipto, aunque hoy no se conserva y solo presenta el rebaje y orificio donde se ajustaría. Sería elaborado en un taller oriental (Ática) en época de Augusto.

Full text

Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 Un retrato de Ptolomeo III Evergetes, procedente de colonia Patricia (Córdoba, España) A portrait of Ptolomeus III Evergetes, from colonia Patricia (Córdova, Spain) María Luisa Loza Azuaga Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Junta de Andalucía [email protected] ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-2554-8219 José Beltrán Fortes Universidad de Sevilla. Departamento de Prehistoria y Arqueología [email protected] ORCID iD: https://orcid.org/0000-0001-5841-4140 Enviado: 07-05-2023. Aceptado: 24-07-2023. Publicado online: 20-10-2023 Cómo citar este artículo / Citation: Loza Azuaga, M.ª L. y Beltrán Fortes, J. (2023). “Un retrato de Ptolomeo III Evergetes, procedente de colonia Patricia (Córdoba, España)”. Archivo Español de Arqueología, 96, e12. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 RESUMEN: Se estudia un herma de un personaje masculino, adquirido por el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba en la década de 1970. Procede de un descubrimiento ocasional en la calle Ángel de Saavedra, en los Altos de Santa Ana. Ha sido interpretado como monarca helenístico o atleta, de manera genérica, así como representación del dios Hermes. En este artículo lo identificamos como retrato idealizado del monarca lágida Ptolomeo III Evergetes, tanto por sus rasgos fisonómicos, como especialmente por el atributo que debió llevar en el centro de la diadema, una hoja o flor de loto, simbolizando su vinculación con Egipto, aunque hoy no se conserva y solo presenta el rebaje y orificio donde se ajustaría. Sería elaborado en un taller oriental (Ática) en época de Augusto. Palabras clave: retrato helenístico; dinastía lágida; herma; colonia Patricia Corduba; período augusteo. ABSTRACT: It is analysed a herma of a male person, acquired by the Archaeological and Ethnological Museum of Córdoba in the seventieth of the last century. It was discovered by chance on Ángel de Saavedra Street, in the Altos de Santa Ana. It has been interpreted as an Hellenistic king or an athlete as well as a representation of the god Hermes. In this article we identify it as an idealized portrait of the Lagid king, Ptolemy III Evergetes, both for his physiognomic features, and for the attribute that he must have worn in the center of the diadem, a lotus leaf or flower, symbolizing his connection with Egypt, although today it is not preserved and only presents the recess and hole where it would fit. It would be made in an oriental workshop (Attica) in the time of Augustus. Keywords: Helenistic portrait; Lagide Dynasty; herma; colonia Patricia Corduba; Augustan period. Copyright: © 2023 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). María Luisa Loza / José BeLtrán 2Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 desperfectos en la nariz, así como en labios, mentón y mejilla derecha, además de pequeños arañazos y pérdidas en las cejas y la frente. El busto está fracturado en la parte baja, por lo que no sabemos si el soporte hermaico formaba cuerpo con la escultura o era pieza aparte, lo que parece más probable; además, tiene una fractura en la parte delantera y algunas pérdidas en los laterales. Se aprecian los cortes verticales que tenía a ambos lados, con las típicas entalladuras rectangulares de las formas hermaicas. En la derecha hay un agujero circular, para una espiga metálica que ajustaría el elemento que encajaba en ella. No conserva los ojos, ejecutados aparte, en un material diferente, para incrustar en los huecos vacíos, de forma almendrada; se han marcado bastante tanto los párpados inferiores como los superiores. Representa a un varón, de cara cuadrangular y mandíbulas fuertes y angulares; el ancho cuello y barbilla sugieren una gran fuerza física y vigor. Los cabellos se disponen en pequeños rizos, elevados sobre la frente de manera desordenada, en contraposición al resto de la cabeza, en la que –aunque presenta una peor conservación– se disponen filas más ordenadas de mechones cortos, con puntas curvas, que parten como centro desde la coronilla. El peinado está ceñido por una cinta plana o diadema; en el centro de la parte superior de esta se ha rebajado un espacio rectangular, con un pequeño orificio circular en el centro, para añadir un elemento hecho aparte, que se cogería con una espiga metálica, que ha dejado huella. La frente es estrecha y se dispone inclinada, con un rehundimiento por encima de las cejas. La boca se reconoce entreabierta, con los labios curvados y marcándose en los dos extremos las comisuras. Las orejas tienen un amplio pabellón auditivo, donde se hace evidente su deformación. Pensamos que la concepción plástica de la cara y las facciones, aunque de volúmenes un tanto cúbicos, parecen corresponder a unos rasgos individualizados, que definirían la pieza como retrato de una persona particular, más que como una representación ideal, de un dios, en contra de la opinión de otros autores que ven en él un ideal de belleza, vinculado al deporte, como representación del Hermes Enagonios. En efecto, O. Jaeggi paraleliza la pieza al herma de la llamada Casa del Hermes de Delos, que tiene un caduceo pintado en el estípite y una inscripción votiva dedicada a ese dios (Jaeggi, 2008, figs. 8-9), pero esa evidente identificación no puede generalizarse a todas las representaciones grecorromanas influenciadas o relacionadas con el modelo del Hermes Enagonios1, no siendo tampoco esa única referencia 1 Este mismo autor recogía también la problemática de identificación de ciertas piezas como representaciones de Hermes o retratos de monarcas helenísticos, especialmente lágidas (Jaeggi, 2008, p. 104, n. 8). 1. INTRODUCCIÓN Entre las esculturas de época romana conservadas en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba destaca un interesante herma, elaborado en mármol, que representa a un personaje masculino, de gran calidad (Fig. 1, a-d). Es una obra que ha tenido varias interpretaciones. La dio a conocer A. M.ª Vicent, quien la identificó con un príncipe helenístico, sin más concreción, con base en el análisis de modelos retratísticos de época temprano-helenística (Vicent, 1984-1985, pp. 58-59). En 1993 esta escultura fue objeto de un estudio de uno de los firmantes, quien quiso ver en ella un retrato de corte ideal (con influencias de tipos como los de Hermes Enagonios y, especialmente, de Heracles), según modelos del helenismo temprano, pero elaborado durante el principado de Augusto en un taller foráneo de Hispania (Loza, 1993, pp. 259-265). Posteriormente, pero desconociendo esta última publicación, se insistía en la consideración de la pieza como una representación de Hermes en su faceta de Enagonios, en relación con el deporte y los gymnasia griegos (Jaeggi, 2008); para este autor habría que datar la elaboración de la pieza entre la segunda mitad del siglo II a. C. y la primera mitad del siglo I a. C., en un taller de Grecia o Asia Menor (Jaeggi, 2008, p. 104). Finalmente, A. Peña (2009, pp. 330-331) lo identificaba como retrato de un atleta famoso, realizado en época augustea o tiberiana. En esta ocasión concretamos su interpretación como un retrato de príncipe helenístico, que representaría al monarca lágida Ptolomeo III Evergetes y estaría colocado en un ambiente no bien conocido, quizás doméstico, de colonia Patricia en época de Augusto o muy poco después. La escultura fue adquirida por compra del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba, en 1985, y formó parte anteriormente de una colección particular cordobesa, y habría salido a la luz de manera ocasional en el solar n.º 5 de la calle Ángel de Saavedra, en la ciudad de Córdoba, entre los años 1965 y 1968, junto a otras dos esculturas, un retrato de Tiberio y una escultura de esfinge (Vicent, 1984-1985). Estas se unían a otras piezas arqueológicas recuperadas en ese mismo entorno cordobés en fechas más o menos similares (Vicent, 1973; cfr. Garriguet, 1999; Márquez, 2002a, p. 211 s.). Así, debemos aceptar que el herma procede de ese lugar de los llamados Altos de Santa Ana, de Córdoba (cfr. León, 1999; Duprè, 2004; Baena et al., 2011). 2. ESTUDIO DE LA ESCULTURA 2.1. Descripción De La pieza y anáLisis forMaL Las dimensiones máximas de la pieza son 28 cm de altura, 20 cm de anchura y 17,5 cm de grosor. Muestra un retrato De ptoLoMeo iii EvErgEtEs, proceDente De colonia Patricia (córDoBa, españa) 3Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 Figura 1. Herma romano de colonia Patricia (Córdoba): a. Frente; b. Lateral derecho; c. Lateral izquierdo; d. Parte superior. Museo Arqueológico y Etnográfico de Córdoba (fotografías: museo). María Luisa Loza / José BeLtrán 4Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 Figura 2. Cabeza romana de colonia Patricia (Córdoba). Museo del Louvre (fotografía: museo). iconográfica la que advertimos en la pieza cordobesa. Según ya concluíamos anteriormente: “La individualización de los rasgos físicos y la elección del pilar hermaico como soporte del busto –en cuyo estípite, hoy perdido, pudo ir una inscripción, que identificaría con certeza al personaje allí efigiado– apuntaría a que el representado sea un determinado personaje histórico de los primeros momentos del helenismo, pero asimilado a la figura de Hércules” (Loza, 1993, p. 265). El tipo escultórico es claramente una representación hermaica, con el busto cortado verticalmente a ambos lados, donde se situarían cunei, fijados a las entalladuras; estaría colocado posiblemente sobre un pilar troncocónico invertido, según la forma tradicional, o en una hornacina o soporte de otro tipo. Según ha sido bien estudiado, el tipo hermaico como apoyo para la cabeza de un Hermes se plasma en Grecia en el siglo VI a. C., y mostraba como elemento determinante los genitales y, en ambos laterales, los cunei, aunque a veces solo conservaba las entalladuras donde se colocaban, como en el caso cordobés. En épocas clásica y helenística destacan los Schulterhermen, con retratos de políticos, militares o filósofos, incluyendo a Alejandro Magno y monarcas helenísticos (Wrede, 1985; Stähli, 1992). En época romana deriva en dos formas principales, adecuados para ambientes domésticos (Rodríguez-Oliva, 1985): los hermae-retrato (Portillo, Rodríguez-Oliva y Stylow, 1985) y los hermae decorativos o de jardín (Wrede 1985; Rückert 1998). Los ojos debieron estar realizados aparte en un material distinto, una técnica estudiada bien por V. Hoft (2013 y 2018). En época romana las esculturas en mármol llevaban los ojos pintados, así como las pestañas, para dar una impresión de realismo, acorde con el uso de pigmentos en el resto de la escultura. En esta técnica diferente los ojos se formarían mediante la inserción de las partes del ojo en materiales de diversos colores, como mármoles, pastas de vidrio, piedras preciosas, marfil o esmalte, diferenciando iris y pupila, “dotando de vida” a las esculturas. Ya constatada desde época griega arcaica, su empleo aumenta en época helenística, pero sin que se haya detectado un patrón común o una especial afiliación en relación con alguna escuela escultórica concreta (Hoft, 2013); no obstante, se diferencian diversas formas del orificio para la inserción del ojo. Procedente de Augusta Emerita (Mérida) podemos destacar precisamente un herma-retrato masculino que tiene una cavidad de forma almendrada (Hoft, 2018). De la misma Córdoba procede otra cabeza romana, interpretada como de un atleta victorioso (ya que lleva también la cinta o diadema) o de un Heracles joven (Héron de Villefosse y Michon, 1918), que presenta también los ojos añadidos, pero en este caso conservados en sus correspondientes cuencas oculares (Fig. 2). Se expone en el Museo del Louvre, adquirido en 1912, de la antigua colección Anet (n.º inv. MA 3073), con procedencia genérica de la ciudad de Córdoba (Héron de Villefosse, 1912). Similar en estilo a esta escultura parisina es otra de la Ny Carlsberg Glyptotek dada también como atleta o Heracles joven (Poulsen, 1951, pp. 103 y 117), aunque asimismo ha sido considerada como un “portrait of a prince-athlete” helenístico (Frel, 1978, p. 24, fig. 24), que conserva los ojos, hechos aparte (por el contrario, obra moderna la considera Lehmann, 1980, según criterios estilísticos). Las cavidades oculares tienen perfil en V y los ojos están formados por minerales diferentes: el globo ocular en mármol blanco y el iris en diorita; la pupila no se ha conservado, por lo que pudo ser de piedra o de pasta (Barov y Frel, 1981; cfr., Hoft, 2013, pp. 68-74, figs. 7-12). Para la escultura cordobesa que estudiamos también debemos referirnos a las orejas, que presentan una evidente deformidad o hinchazón, con un aspecto algo protuberante y separación nítida de los lóbulos redondeados del resto del pabellón auditivo; es un defecto que se denomina como orejas “de coliflor” y es propio de los púgiles, según se les representaba en época antigua (Las- un retrato De ptoLoMeo iii EvErgEtEs, proceDente De colonia Patricia (córDoBa, españa) 5Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 chinger, 2009). Las figuras de Heracles-Hércules presentan a veces esa deformidad, lo que se explica porque este asimismo aparece como atleta en ocasiones, en concreto como pancratista o boxeador (Marcadé, 1953, p. 512; Weski y Frosien-Leinz, 1987, pp. 205-206, n.º 82). No hemos podido identificar el mármol en que fue elaborada la escultura. Se trata de un mármol blanco de grano fino, compacto, con tonalidades grisáceas y con una pátina amarillenta, aunque esta ha sido eliminada en muchas zonas como fruto de una limpieza excesiva. Creemos que no se trata de un mármol hispano, que procediera de algunas de las dos más importantes canteras romanas de la Bética, Almadén de la Plata (Sevilla) (Taylor, 2015) y Mijas (Málaga) (Beltrán y Loza, 2003); tampoco parece proceder, de visu, de las canteras lusitanas del anticlinal de Estremoz, cuyos mármoles sí se documentan en territorios béticos (Taylor et al., 2017; Beltrán et al., 2022). A. Peña (2009, p. 330), de visu, indicaba que posiblemente fuera mármol de Luni-Carrara, pero pensamos que –sin las correspondientes analíticas– no se puede concluir ese extremo de forma veraz, lo que sin duda aportaría un dato de gran interés para su estudio histórico-arqueológico. 2.2. anáLisis iconográfico El único elemento iconográfico conservado es la banda alrededor de la cabeza, que puede considerarse como una cinta o diadema plana. Era un símbolo distintivo tanto de diversas divinidades, como de gobernantes helenísticos o de atletas victoriosos (Lehmann, 2012, pp. 180-187), pero que –también debe reconocerse– se usaron en contextos cotidianos para sujetar el cabello (Krug, 1968; Schreiber, 2012). Se dice que en el mundo griego este atributo deriva de las cintas o bandas que llevaban los atletas victoriosos, aunque también presenta otras conexiones como el culto a Dionysos, vinculándose sus orígenes con esta divinidad (Alföldi, 1985). En el ámbi- to de los gobernantes la ciñe por vez primera Alejandro Magno como símbolo de la realeza (Collins, 2012), pero a su muerte alcanzará su máxima difusión, en especial, en relación con la dinastía ptolemaica y, en particular, a partir del reinado de Ptolomeo III, que será el principal impulsor del culto a los miembros de la dinastía lágida (Leclant, 1972, p. 86, n.º 228). Por otro lado, se diferencian distintas formas de llevar este atributo; en general, la manera de colocación de la diadema de Alejandro y de los diádocos difiere de como la llevan divinidades como Dionysos, Hermes o Heracles, así como los atletas. Normalmente, mientras que estos las colocan ceñida bajo la frente, los príncipes helenísticos la llevan más atrás sobre el pelo, colocada por la parte alta de la cabeza (Collins, 2012), aunque no siempre ocurre así. La diadema del ejemplar cordobés debió llevar un aplique seguramente metálico en la parte frontal de la misma, donde conserva un pequeño orificio circular, en el cual encajaría una espiga metálica de fijación, asentando el atributo en el rehundimiento rectangular. Puesto que este ha desaparecido, caben diversas opciones. Ha sido propuesto que correspondiera a un apex, distintivo propio de algunos atletas, según se observa ya, por ejemplo, en el efebo en bronce de Maratón, y que también se usaba con cierta frecuencia en personajes de ambientes de palestra, ya que era una insignia con la que se distinguía a los vencedores de los eventos deportivos (Jaeggi, 2008). Se denomina también como dikella (Schäfer, 1996) y está bien documentado en los repertorios de las cerámicas griegas, así como en representaciones de monumentos funerarios, entre los que podemos citar la estela del palestrista de Sunion, que ciñe su cabeza con una cinta mientras se corona con este controvertido atributo (Schäfer, 1996). En efecto, el atributo en concreto ha sido interpretado también como una hoja de loto y el efebo de Maratón ha sido considerado incluso como representación de un joven Hermes, vinculado a Egipto (Lehmannn, 1988, p. 292, n. 31). Dentro del ámbito helenístico –y romano, como César o Augusto– determinados personajes portan sobre la frente una estrella, como el propio Alejandro Magno personificado como kosmokrator, que se figura con la estrella real de Macedonia (Blázquez, 2001). Así aparece, por ejemplo, en una cabecita en terracota del macedonio conservada en el Museo Nacional de Dinamarca, de fines del siglo III a. C.-1er cuarto del siglo II a. C. (Paul, 1994, p. 19, n.º 36). Los retratos de algunos diádocos presentan atributos que los personifican o relacionan con una determinada divinidad, como ocurre, por ejemplo, con Antígono Gonatas, efigiado como Pan, con los cuernos de cabra sobre su cabeza (Hackens, 1992, p. 188), o con Demetrio Poliorcetes, con cuernos que hacen referencia a Dionysos (Lehmann, 1980; Frel y Pasquier, 1987); pero hay que destacar a Ptolomeo III Evergetes, identificado como Hermes griego o con la divinidad egipcia ptolemaica, el Hermes-Thot2. Así, junto a la hoja de loto, como símbolo de Egipto, se le añaden en ocasiones dos pequeñas alas, que hacen clara referencia al dios griego (Lehmann, 1988, p. 292), en una asi- 2 Aparte de Hermes, este monarca fue identificado con Dionysos, por influencia de la figura de Alejandro Magno, y recibió culto en vida; así se comprueba en la cabeza marmórea de la Ny Carlsberg Glyptotek, que se decía que procedía de Creta y que lleva la diadema y cuernos de toro (Palagia, 2013, p. 148; 2020, p. 72, fig. 5). En las acuñaciones póstumas Ptolomeo III se asocia a Zeus, Poseidón y Helios mediante los correspondientes atributos de la égida, el tridente y la corona radiada (Palagia, 2020, p. 69). María Luisa Loza / José BeLtrán 6Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 milación frecuente, que se reconoce en diferentes testimonios (Queyrel, 1997). También podemos aducir a la decoración de un cofre de Pompeya que dispone parejas de dioses en bronce, en una de las cuales, que representarían a Hermes y Atenea, se ha querido reconocer a la pareja real de Ptolomeo III y Berenice II. La figura masculina lleva en la cabeza una hoja o flor de loto, que relacionaría al monarca egipcio con el culto de Hermes (Queyrel, 1984, p. 280, n. 35, según Chamoux, 1959, pp. 34-36, quien vincula la banda con apex al culto de esa divinidad; cfr. Queyrel, 2002, pp. 32-33). Además, debe reseñarse el grupo broncíneo de luchadores del Museo Arqueológico de Estambul, donde Ptolomeo III aparece representado como vencedor de un adversario seleúcida; el monarca egipcio es asimilado al Hermes griego o, mejor, al Hermes-Thot (Kyrieleis, 1975, p. 170, lám. 26, 6-8; Queyrel, 1984, pp. 280-281, fig. 16, a-b; 2002, pp. 36 ss., figs. 26-27, 73; en general, cfr. La Rocca, 2021, esp. pp. 65 ss.; sobre la problemática concreta de la hoja de loto, ibid., pp. 102-136). En el ambiente ptolemaico en el centro de la diadema se podría añadir el uraeus o bien una flor, capullo u hoja de loto, en momentos en que la representación del monarca adquiría un sentido más alejado del egipcio tradicional, apostando en parte por una cierta iconografía lágida de estilo griego (Queyrel, 1997, 2002, 2012; cfr., Ashton, 1999). Ello enlazaba también con el ámbito divino. El capullo, flor u hoja de loto son símbolos del Alto Egipto (Riad, 1996, pp. 30-31), pero también de los dioses Horus y Osiris, en conexión con la reencarnación. En una terracota en que se representa a Sarapis, el dios lleva la flor de loto sobre la frente, junto con el globo que sostiene y que alude a su papel también como kosmocrator (Hornbostel, 1973, p. 274, n. 1). De forma más inusual también se documenta incluso en algunas representaciones de la diosa Isis (Ashton, 1999, n. 102). Elemento que pasará a ser un distintivo dinástico. En las acuñaciones de mnaieia y de las fracciones de estas monedas áureas, póstumas, Ptolomeo III Evergetes aparece representado con una corona radiada y con la hoja de loto (Iossif y Lorber, 2012). Estas representaciones monetales, que se inician con Ptolomeo IV, continúan con los siguientes monarcas, dentro de un programa iconográfico de finalidad propagandística que hace alusión al carácter benéfico de la dinastía y que proclamaba el papel de los dirigentes como garantes de la abundancia y la regeneración perpetua, a lo que hace alusión el loto, como planta del Nilo (Iossif y Lorber, 2012). Entre los sellos reales ptolemaicos se constata también la representación de la diadema asociada a la hoja de loto, que porta un joven, junto a otros que llevan una diadema y el caduceo, propio de Hermes, apoyado en el hombro; en esos sellos, a pesar del estado de conservación, se ha querido reconocer a Ptolomeo IV Philopator, con una iconografía por tanto muy parecida a la de su padre (Milne, 1916, p. 97, n.º 68-75, lám. V). También a Ptolomeo III correspondería una cabeza de Hermopolis, que se adorna con dos pequeñas alas laterales y en la parte superior del cráneo dispone una pequeña oquedad para recibir la hoja de loto, que habría sustituido al uraeus, y que lo asociaría a Hermes-Thot (Leclant, 1972, p. 86, n.º 228). En otra cabeza del Museo del Louvre, procedente de Egipto y realizada en caliza gris, igualmente se ha propuesto identificar a Ptolomeo III asimilado a Hermes, con dos alas a ambos lados y una hoja de loto, en metal, en el eje de la frente, dentro de un proceso frecuente de asimilación de los soberanos lágidas con la iconografía del dios (Laubscher, 1992; Queyrel, 2002, p. 37; Hoff, 2017, pp. 296-298). Finalmente, en un bronce conservado en el Museo Cívico de Berlín, procedente de Alejandría, se representa a Ptolomeo III de cuerpo entero, con una diadema, pero en este caso con largas ínfulas que caen sobre los hombros, y con el atributo del loto sobre la cabeza (Heilmeyer, 1997; Queyrel, 2002; Maderna, 2005, pp. 258-260). Ello se constata también en el caso de las princesas egipcias. Así, en una máscara en terracota conservada en una colección particular de Berna la cabeza femenina está coronada con una diadema y lleva, en este caso sobre la frente, una hoja de loto; la comparación con la serie de acuñaciones de las primeras princesas lágidas ha llevado a reconocer en ella a Arsinoe III (Jucker, 1975, p. 20, lám. 8, 1 y 3), hija de Ptolomeo III Evergetes y casada con su hermano, el ya citado Ptolomeo IV Philopator (Tyldesley, 2006, p. 194; cfr. Ager, 2006). La hoja (o flor) de loto será un símbolo que se transmitirá a lo largo del tiempo y conservará su significado de renacimiento, aludiendo siempre a Egipto. Así, pudo llevar la flor/hoja de loto y no el uraeus un retrato de Cleopatra VII, de la Villa dei Quintilii, hoy en los Museos Vaticanos (Picón y Hemingway, 2016, pp. 202-203). Ya en época adrianea, también aparece el motivo en el llamado Antinoo Brasci, por la relación del favorito de Adriano con el territorio egipcio, donde murió, y su identificación como Osiris (Bonanno, 1998). El Antinoo Mondragone, del Museo del Louvre, presenta una diadema y, sobre la frente, una pequeña oquedad para la inserción de un atributo, que debe ser la hoja/flor de loto o, en todo caso, el uraeus (Kersauson, 1996, n.º 63). Es interesante destacar, según ya se dijo, que algunas representaciones de monarcas lágidas presentan una relación directa con el ambiente atlético, sobre un retrato De ptoLoMeo iii EvErgEtEs, proceDente De colonia Patricia (córDoBa, españa) 7Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 todo, en el caso de Ptolomeo III Evergetes, asimilado con Hermes y con Heracles. Así, podemos citar un pequeño bronce que representa a un atleta, conservado en el Museo de Stuttgart, en el que se ha retratado al monarca egipcio: efigiado como atleta penthalos y pancratista, presenta sobre su frente, detrás de la diadema, la hoja de loto, flanqueada por dos pequeñas alas –como ocurría en el bronce de Hermopolis–, alusivas al dios Hermes-Thot, asimilándose de esta forma también al Hermes Enagonios (Poliakoff, 1987, pp. 54-63), bajo cuya advocación estaban consagrados los gymmnasia (Lehmann, 1988, p. 292). El mismo monarca aparece en el pequeño grupo broncíneo –ya citado– del Museo de Estambul de dos pancratistas que luchan (Queyrel, 2019, fig. 8.10); el triunfador ha sido identificado como Ptolomeo III Evergetes y presenta una diadema, con el loto sobre la frente y las alas como atributos de Hermes-Thot / Hermes Enagonios (Lehmann, 1988; La Rocca, 2021, pp. 102-117). También se ha atribuido a esta pieza un significado simbólico en clave política, como una alegoría de la victoria del monarca egipcio contra el imperio Seléucida (Kyrieleis, 1975, p. 170). Otro pequeño bronce, conservado en el Museo Británico, de época helenística, parece aludir asimismo a esta victoria; aparece el personaje desnudo, con la piel de un león sobre el hombro izquierdo, por lo que fue interpretado como Heracles, pero más tarde –al pensar que más que la clava sostiene una espada– fue identificado como Ptolomeo III Evergetes (Bailey, 1990). Se debe observar que en esta ocasión la asimilación no sería con Hermes, sino con Heracles, como denota la piel leonina, que es también apropiada para los miembros de la dinastía lágida, asimilándolos al mítico héroe-dios. Así, siguiendo la estela de Alejandro Magno, Ptolomeo I Soter y sus descendientes consideraban que procedían de Heracles. En un medallón de bronce, procedente de Hildesheim, aparece representado en relieve el mismo Ptolomeo III Evergetes con la leonté sobre el hombro y la clava (Kyrieleis, 1975, p. 38, lám. 28, 4), así como en una inscripción procedente de Adulis se menciona en este caso a Heracles como antecesor del mismo Ptolomeo III (CIG, 3, 5127; cit. en Bailey, 1990, p. 109, n. 17). 2.3. propuesta De iDentificación De La pieza corDoBesa Las características formales, faciales, del herma cordobés nos lleva a plantear, como decíamos al principio, que nos encontramos con un retrato, si bien con un alto componente idealizado, que se advierte, especialmente, en el desarrollo del peinado, claramente clasicista, derivado de la escultura griega ideal, en concreto del siglo IV a. C., vinculada a los círculos de Lisipo y, sobre todo, de Escopas. Dentro de este segundo se pueden mencionar obras como el Meleagro o, especialmente, el Heracles Lansdowne, elaboradas hacia mediados del siglo IV a. C. (Stewart, 1977, pp. 142 ss.; Howard, 1978). Asimismo, podemos hacer referencia al grupo de representaciones hermaicas de Heracles del denominado grupo Genzano, en el que la mayor parte de los ejemplares se data en el siglo II d. C., pero que siguen modelos escopásticos del tercer cuarto del siglo IV a. C. (LIMC, s.v. “Herakles”, pp. 784-785, nos 1174-1190). En el caso de Lisipo podemos traer a colación una cabeza broncínea, de caracteres efébicos, pero que ha sido identificada como un Hermes Enagonios (Geschwantler, 1992, p. 194, n.º 52), o una de las esculturas de Anticitera, asimismo broncínea, que representa a un atleta (Bol, 1972, pp. 18 ss.). También de Olimpia puede señalarse una cabeza de hacia el 340 a. C., de cabellos cortos y con una banda, con cuello musculoso y orejas deformes, que ha sido identificada bien como un atleta pancratista o bien como el mismo Heracles (Hermann, 1972, p. 172, láms. 64-65; Schiering, 1980). En ese mismo sentido, hay que referir especialmente la cabeza asimismo interpretada como atleta o como Heracles joven de la Ny Carlsberg Glyptotek, de la antigua colección del conde Tyszkiewicz, adquirida en Roma en 1888, pero que se hace proceder de la Acrópolis de Atenas, y que dispone los ojos añadidos (globo ocular en mármol, iris de diorita y pupilas perdidas, que serían de piedra o pasta) y las orejas deformes (Poulsen, 1951, pp. 103, 117; Frel, 1978, p. 24, fig. 24), como en el caso cordobés, aunque el estilo de ejecución es bastante diverso. De hecho, ha sido considerada incluso una obra moderna (Lehmann, 1980, p. 116, figs. 20-22), aunque parece original, seguramente de taller ático del siglo I a. C., pero reelaborada en parte en época moderna. Para el territorio hispano traemos a colación la cabeza broncínea de un efebo que procede de la localidad cordobesa de Aguilar de la Frontera y que remite también a la tradición escopástica (Arce, 1990, n.º 176), aunque las facciones idealizadas de la misma apuntan a que no se trata en este caso de un retrato, a diferencia de la pieza que analizamos. Debemos destacar la vinculación formal que une a nuestra pieza con una cabeza conservada actualmente en el Smith College Museum of Art, adquirida en 1925 –aunque de procedencia desconocida–, que presentaba las cuencas oculares excavadas para añadir los ojos hechos aparte, pero que no se han conservado. Si bien había sido considerada como cabeza de un atleta, que sigue modelos griegos del siglo IV a. C. (del círculo de Lisipo y, sobre todo, de Escopas, según se advierte, María Luisa Loza / José BeLtrán 8Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 por ejemplo, en el ya citado Heracles Lansdowne), ha sido reinterpretada como un posible retrato de Demetrio Poliorcetes, con base en las efigies monetales, así como en el herma de la Villa dei Pisoni, de Herculano, y la estatuilla broncínea de esa misma procedencia de un joven con diadema y cuernos (Lehmann, 1980, figs. 9-12 y 13-14, respectivamente). Por el contrario, J. Frel la consideró un retrato de un príncipe helenístico asimilado a un atleta, en el marco de su estudio del Bronce Getty, con el que la relaciona directamente (Frel, 1978, p. 24, figs. 20-23). En este último –según este autor– se representaría al mismo personaje retratado en la cabeza –ya citada– de la Ny Carlsberg Glyptotek, que debería ser considerada como un príncipe-atleta helenístico (Frel, 1978, p. 24, fig. 24), lo que nos parece muy sugerente. Su relación formal y estilística con la cabeza cordobesa del Museo del Louvre, ya citada (vide Fig. 2), y con el mismo herma que analizamos aquí puede aportar algún nuevo argumento para esa reinterpretación. En segundo lugar, destaca el único elemento iconográfico que tendría el herma cordobés: la diadema plana con un apéndice metálico en su centro, que interpretamos como la hoja o flor de loto, y que lo relacionaría, por tanto, con la retratística de los monarcas ptolemaicos y, más en concreto, de Ptolomeo III Evergetes (Kyrieleis, 1975 y 2006; Jucker, 1975; Queyrel, 2002 y 2019; cfr. Stanwick, 2003), según ya se ha dicho antes. Frente al modelo de cabellera larga o leonina de Alejandro Magno, los diádocos prefieren el cabello corto, aunque sin duda este elemento en el caso de la cabeza cordobesa es el más disonante para adecuarlo de entrada a los modelos del monarca ptolemaico. Si lo confrontamos con las esculturas conservadas, así como con las representaciones monetales, el cabello del monarca egipcio no se dispone tan corto y, en ocasiones, aparece representado con largas patillas. No obstante, debemos pensar que en el caso de la pieza cordobesa no se trata de una producción de época, sino de más de dos siglos posterior –como se dirá–, que no siguió los modelos conformados en el período helenístico. Por el contrario, las características faciales sí se adecuan a las de Ptolomeo III, a lo que apunta la boca pequeña, entreabierta, el mentón prominente, la frente en diagonal, con el rehundimiento por encima de las cejas, o la nariz ancha; esas características faciales se verían acentuadas en este caso por la adición de los ojos en otro material, que le proporcionaría realismo al retrato. Un buen paralelo formal de las facciones del rostro podemos establecerlo especialmente con el retra- to de Ptolomeo III Evergetes conservado en el Museo de la Universidad de Duke, en Durham, con diadema plana y con las orejas asimismo deformadas, propias del pancratista, si bien difiere en algunos aspectos, como la disposición del cabello, de rizos más abultados, o el que se dispondría en la cabeza la corona de rayos, según demuestran los orificios que se sitúan alrededor del cráneo, donde se insertarían unas varillas metálicas que compondrían la aureola radiada (Jucker, 1975, p. 22; Kyrieleis, 1975, pp. 33 ss., lám. 22, 1-2). A pesar de todo, este retrato es el paralelo formal más cercano para el herma cordobés de entre los retratos considerados de Ptolomeo III. En el mismo grupo se sitúan otros ejemplares de interés, como una cabeza mayor que el natural, trabajada en varias partes, descubierta en el templo de Zeus de Cirene (Jucker, 1975, p. 21, lám. 4,3; Kyrieleis, 1975, pp. 32 y 38 ss., láms. 18, 4 y 19, 1-2). De Apollonia, también en Cirene, procede asimismo otra cabeza de la misma técnica, mayor del natural y con añadidos en estuco, hoy perdidos, elaborada en un taller egipcio, que correspondería a una estatua de cuerpo entero, vestida, y que debió situarse en un santuario local durante el período de reinado del monarca (240- 222/221 a. C.), como ejemplo de un culto regio asociado a la divinidad que allí recibía culto, pero que se desconoce (Laronde y Queyrel, 2001). De menores dimensiones, recogió I. Jucker otras cuatro piezas: una conservada en una colección particular de Berna (Jucker, 1975, p. 17, láms. 4,1; 5, 1; 6, 1; Kyrieleis, 1975, pp. 33 ss., lám. 22, 3-4), y otra del comercio de antigüedades de Múnich (Jucker, 1975, p. 18, lám. 10, 4-5; Kyrieleis, 1975, pp. 33 ss., lám. 23, 1-3), a las que hay que sumar una tercera de la Ny Carlsberg Glyptotek (Jucker, 1975, p. 21, n. 32; Kyrieleis, 1975, pp. 32 ss., lám. 20, 1-4) y una cuarta del Museo Arqueológico de Alejandría (Jucker, 1975, p. 21, láms. 4.2; 5, 2; 6, 2; Kyrieleis 1975, pp. 31 ss., lám. 18, 1-3). Esta última presenta una perforación en el eje de la cabeza, tras la diadema, y, aunque no se ha conservado el atributo que se insertaría, por las dimensiones y colocación de la oquedad se ha descartado que fuera el uraeus, lo que apunta a una flor u hoja de loto (Jucker, 1975, p. 21, n. 34). A este conjunto, suma H. Kyrieleis otros retratos de Ptolomeo III Evergetes: ejemplares de París, de Esparta, otros dos de Alejandría (en terracota), de Múnich, de Colonia, de Dresde, de Yale (con indumentaria egipcia), de Nápoles (un herma de época romana) (Kyrieleis, 1975, pp. 34 ss., n.os C4, C8, C9, C11, C10, C12, C13, C16, C17, respectivamente), así como dos pequeños bronces, de Estambul y de Bonn (Kyrieleis, 1975, nos C14 y C15). Además, en suelo italiano se conserva en la colección de la Abadía de San Nilo, en Grottaferrata, pero de procedencia desconocida, una cabeza en mármol blanco en que se ha representado también un retrato De ptoLoMeo iii EvErgEtEs, proceDente De colonia Patricia (córDoBa, españa) 9Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 a este soberano egipcio; se completaría la parte superior del cráneo con una pieza aparte, en estuco, y es considerada como elaborada en un taller alejandrino durante el siglo III a. C., siendo identificado como retrato de Ptolomeo III (Romeo, 2005 y 2008). Muestra a un hombre joven, con gran realismo, con pelo corto ceñido por una diadema –pero sin atributo añadido–, que se emparenta fisionómicamente con el herma de Córdoba, por los rasgos faciales y la distribución del cabello sobre la frente. En conclusión, el retrato de Córdoba puede relacionarse especialmente con el retrato de Ptolomeo III Evergetes, destacando sobre todo el atributo de la diadema plana con el añadido –perdido, pero que damos por cierto– de la hoja o flor de loto, seguramente metálica. En relación con algunos de los paralelos aportados, faltarían las dos alas que reafirman su vinculación con el Hermes Agonaios, desde su conexión al ámbito atlético; en nuestro caso sería, más bien, con el de los pancratistas, como deja en evidencia la clara deformidad de las orejas. Por ello, también debe tenerse en cuenta su relación con representaciones de Heracles joven, como atleta pancratista. Precisamente a ese ámbito hercúleo parece remitir mejor la disposición del cabello, que recuerda a modelos griegos del siglo IV a. C., del ámbito de Escopas, según testimonian, por ejemplo, las efigies del Heracles Lansdowne. Además, conecta formalmente con piezas tan destacadas como el Bronce Getty (Mattusch, 1997), que –a nuestro juicio– sí se relaciona estrechamente con las dos cabezas ya citadas del Smith College y de la Ny Carlsberg Glyptotek, originalmente consideradas como de atletas, pero que pueden apuntar asimismo al ambiente del retrato ideal helenístico temprano, con la hipótesis expresada de la identificación del primero con Demetrio Poliorcetes (Frel, 1978). Finalmente, citaremos la estatua sedente de Nuceria Alfaterna, que sigue el modelo lisipeo del Heracles Epitrapezios, en la línea, por ejemplo, del joven Heracles del Museo Nazionale Romano, del siglo I a. C., con los ojos ahuecados para su inserción como piezas aparte (LIMC, s.v. “Herakles”, p. 774, n.º 953). La primera corresponde a una figura joven, con el típico peinado corto, en el que se insinúa la anastolé en el centro del flequillo y con la cinta o diadema; frente a su consideración más frecuente como atleta o Heracles joven, fue identificado también en algún momento como un retrato de Ptolomeo III (De Franciscis, 1978). A pesar de que no se trata de una identificación unánime, demuestra la cercanía de las representaciones heracleas a la figura del monarca lágida, mediante los argumentos esgrimidos por este último autor, a los que remitimos. 2.4. fecha y Lugar De eLaBoración La mayor parte de las esculturas que han sido identificadas como retratos de Ptolomeo III Evergetes corresponden al período de su reinado, así como destacan las acuñaciones en que se representa durante el reinado de su hijo y sucesor (Kyrieleis, 1975, pp. 25-31), pero consideramos que el herma cordobés sería realizado en época tardohelenística. O. Jaeggi propuso su elaboración entre la segunda mitad del siglo II a. C. y la primera mitad del siglo I a. C. (Jaeggi, 2008, p. 104), pero pensamos más plausible una datación algo más tardía, durante la segunda mitad del siglo I a. C. –en época de Augusto lo consideramos en una anterior ocasión (Loza, 1993)–. Con respecto al lugar de elaboración aquel autor apuntaba a un taller de Grecia o de Asia Menor, teniendo en cuenta el estilo y que los principales paralelos que aducía eran de Mileto, Delos, Eretria y El Pireo (Jaeggi, 2008, p. 104, n. 3). Por el contrario, A. Peña indicaba que el mármol, de visu, era de las canteras de Luni, lo que invalidaba aquella propuesta y apuntaba a un taller itálico, aunque los artesanos fueran greco-orientales (Peña, 2009, p. 330). Sin embargo, no creemos que se pueda mantener esa identificación del material solo de visu, sin los correspondientes análisis arqueométricos, por lo que también podría ser un mármol de una cantera del ámbito oriental del Imperio, como el pentélico. En todo caso, parece descartarse un origen hispano para el material marmóreo. Pensamos como más plausible que su elaboración tuvo lugar en un taller del Mediterráneo oriental, quizás de Atenas, donde se explicaría mejor la elección del tema de Ptolomeo III Evergetes. No olvidemos que fue el más destacado de los reyes lágidas, con el que Egipto ptolemaico alcanzó su mayor expansión, en Siria, y que intervino de manera importante en las cuestiones políticas de la Grecia continental y, más en concreto, de Atenas (Hölb, 2001). Posiblemente a este monarca se refiere Pausanias (I, 5, 5) cuando indica que tuvo culto como héroe epónimo en el ágora ateniense, por lo que una nueva tribu ateniense recibió su nombre, Ptolemais (Habicht, 1985, p. 98). Precisamente del ágora griega de Atenas procede la cabeza de una posible estatua de culto, acrolítica, que representaría a su mujer Berenice II (Palagia, 2013, pp. 151-152, figs. 9, 4-5; 2020, p. 73). Además, instituyó en Atenas un festival, llamado Ptolemaia (Palagia, 2013, pp. 148-149; 2020: 73), y fundó el “gimnasio de Ptolomeo”, en el que, según dice Pausanias (I, 17, 2) habían hermae de piedra de calidad y una estatua broncínea de Ptolomeo. No sabemos a quienes se efigiaba en los hermae (¿divinidades?, ¿atletas?, ¿otros personajes?), pero es plausible que el referido retrato María Luisa Loza / José BeLtrán 16 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e12 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.12 Sevilla: Universidad de Sevilla. Tesis doctoral. Disponible en: https://idus.us.es/handle/11441/28214. Taylor, R., Ontiveros, E., Loza, M. L. y Beltrán, J. (2017). “Marmora Lusitana en la Bética romana”. DigitAR. Revista Digital de Arqueologia, Arquitectura e Artes, 4, pp. 23-31. DOI: https://doi.org/10.14195/2182-844x_4_3 Tyldesley, J. (2006). Chronicle of the Queens of Egypt. London: Thames and Hudson. Ventura, Á. (1991). “Resultados del seguimiento arqueológico en el solar de c/ Ángel de Saavedra nº 10, Córdoba”. Anales de Arqueología Cordobesa, 2, pp. 253-290. DOI: https://doi.org/10.21071/aac.v0i.11418 Ventura, Á. (1999). “El teatro en el contexto urbano de Colonia Patricia (Córdoba): ambiente epigráfico, evergetas y culto imperial”. Archivo Español de Arqueología, 72, pp. 57-72. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.1999.v72.296 Ventura, Á. (2009). “Las élites de Colonia Patricia, año 5 a.C.: un ejemplo de puesta en escena literaria y monumental”. En: Espacios, usos y formas de la epigrafía hispana en épocas antigua y tardoantigua. Homenaje al Dr. Armin U. Stylow. Mérida: CSIC, pp. 375-395. Ventura, Á. y Stylow, A. U. (2006). “Nuevos datos sobre los antepasados maternos de Lucano y las relaciones familiares de los Annaei cordubenses”. En: El concepto de lo provincial en el mundo antiguo. Homenaje a la Profra. Pilar León Alonso. Córdoba: Universidad de Córdoba, vol. I, pp. 267-278. Vicent, A. M.ª (1973). “Situación de los últimos hallazgos romanos en Córdoba”. En: XII Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza: Ministerio de Cultura, pp. 673-680. Vicent, A. M.ª (1984-1985). “Lote de esculturas de los Altos de Santa Ana”, Corduba Archaeologica, 15, 55-62. Weski, E. y Frosien-Leinz, S. (1987). Das Antiquarium der Münchener Residenz. München: Hirmer. Wrede, H. (1985). Die Antike Herme. Mainz am Rhein: P. von Zabern. Rodríguez-Oliva, P. (1984-1985): “Dos hermae del tipo ‘reyes macedónicos’ de la provincia de Málaga”. Mainake, 6-7, pp. 137-154. Rodríguez-Oliva, P. (1985). “Un nuevo testimonio de los hermas-retratos en la Baetica. La pilastra hermaica de Osqua (Málaga)”. Baetica, 8, pp. 166-170. Romeo, I. (2005). “Un ritratto di Tolomeo III Evergete nella Abbazia di Nilo a Grottaferrara (Roma)”. Bullettino della Commissione Archeologica Comunale di Roma, 106, pp. 105-111. Romeo, I. (2008). “Rittrato di principe ellenistico”. En: Sculture antiche nell’Abbazia di Grottaferrata. Roma: Comitato Millenario Badia Grottaferata, pp. 54-57. Rückert, C. (1998). “Miniaturhermen aus Stein. Eine vernachlässichte Gattung kleinformatiger Skulptur der römischen Villeggiatur”. Madrider Mitteilungen, 39, pp. 176-237. Schäfer, T. (1996). “Dikella, Terme und Tettix: Zur Palästritenstele”. Athenische Mitteillungen, 111, pp. 110-140. Schiering, W. (1980). En: Die Funde aus Olympia. Athen: Kasas, pp. 193-194. Schreiber, T. (2012): “Die Funktionale Binde”. En: Das Diadem der Hellenistichen Herrscher. Bonn: Habelt, pp. 233-247. Stähli, A. (1992). “Ornamentum Academiae: Kopien griechischen Bildnisse in Hermenform”. En: Ancient Portraiture. Copenhagen: University of Copenhagen, pp. 147-172. Stanwick, P. E. (2003). Portraits of the Ptolemies. Greek Kings as Egyptian Pharaohs. Austin: University of Texas. Stewart, A. (1977). Skopas of Paros. New York: Noyes. Stylow, A. U. (1990). “Apuntes sobre el urbanismo de la Corduba romana”. En: Stadtbild und Ideologie. München: Bayerischen Akademie der Wissenschaften, pp. 259-282. Taylor, R. (2015). Las canteras romanas de mármol de Almadén de la Plata (Sevilla). Un análisis arqueológico.