Solidaridad universal en el supermercado espiritual
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Solidaridad universal en el supermercado espiritual Luis Manuel Martinez DomInguez 1. Solidaridaden una era de grander logros humanisticos. Cuanda nos ha amos alas puertas del tercer milenia muchos son 10s que plantean un discurso catastroista sobre lo que est& siendo nuestra civilizacibn en las Gltimas dkcadas. Sin embargo, seria faltar a la verdad el no considerar tantos aspectos positivos que galardonan nuestra sociedad. Estamos ante una civilizacibn que recapacita, que no se satisface con sobredosis de placer y entiende, que tanta capacidad de razonar, de crear, de mar, de abrigar esperanza no puede estar al semicia de la nada. Entre 10s valores emergentes encontramos a la solidaridad como uno de 10s m6s predaminantes. Todas queremos ser solidarios y sobre todo que sean solidarios con nosotros. Sin embargo, la prictica delata que no siempre somos solidarios. Las personas den y ante las enfermedades sociales, crhicas o episddicas que aquejan a 10s humanos, suele remrrirse a la solidaridad coma tbpico o ensalmo milagroso, y que se malversa reducikndola a una especie de esthtica de la compasibn, a una caridad secnlarizada y pseud~~rogresista que no delata ni hurga en las verdaderas causas que desvertebran a la humanidad. De este modo, para poder entcndemos, hbri quepurificar el thrmino rolidaridad de aquellar connataciones legalistas e ideolbgicas para insuflarle eco de amistad, donacibn, lnterresponsabilidad, cooperacibn e interayuda, asi es coma el sustantivo abstract0 solzdaridad cobra resonancias de virtud humana con lo que adquiere operatividad verdadera. Hay quienes se apuntan al carro de la solidaridad parque est& de moda, porque (lquedas biem. Ad, de la solidaridad lo bortante es aparentar oara alimentar el amor pro- . . pio. Esto puede estar mhs arraigado en algunas personas pero todos podemos caer en esta acritud si no rectificamos consrantemente la intencibn. Tambihn pueden surgir movimientas de solidaridad en la persona a rdz de un sentimiento: de compasibn, de pena, etc., pero ese sentimiento dura poco y si no va acompdado de un proyecto, de un cornpromiso, queda en una simple manifestacibn de buenas intenciones o en una estkril lamentacibn. De la moda, del gusto, del orgullo o del mero sentimiento no puede prosperar ma authntica solidaridad. Sblo se puede vivir con tendencia solidaria cuanda hay amor, un amor verdadero que surge de saber cud es el sentido de mi vida: un conocimiento profunda de la iealidad del hombre y su trascendencia, lo que 10s cliicos denominaban cwerdadera sabidurian. A este saber puede acceder cualquiera: Culto o analfabeto, pues no nace de la kstigacibn cientifica sino de la sinceridad de vida, aunque por supuesto, 10s ertudios ayudan a consolidar y profundlzar en este saber . . A de este conocimiento, profundo y fresco a la vez, acnia la valuntad -no s61a el sentimientopara asi, libremente, enfocar mi vida, la hica que tenga, al servicio de lor demis. La solidaridad no debe confundirse con esa caricatura arrogante del poderoso que da sus sobras al que no tiene, sino se entiende coma aquel, que teniendo poder, se pone al servicia de 10s demis dando induso lo que no le sobra. Aqui no se exduye a nadie por-
que poder tenemos todos, es decir, todos podernor ser solidarios en cada momento. La solidaridad verdadera est6 en la relacidn vital entre amor y poder que se sintetiza en: . A .querer es poder.. Es cl&ico en nuestro entorna observar la reivindicaci6n de universitarios, por ejemplo, que no tienen oficio ni beneficio e interpelan a 10s poderosos para que sean solidarios, y quk curiaso, muchos de esos exaltados cuando pasa el tiempo y consiguen su oficio y el beneficio se olvidan de las reivin&caciones que hacian a sus predecesores en Ins cargos, se vuelven -comprensivos,, con ellos. Ser solidario no depende de tener mucho para poder dar, sin0 que consiste en darse a si mismo con tado lo que somos y tenemos en cada instante. Estamos hablando de un modo de ser y de compromiso, de estar y de convivir, de dar y de recibir los unos de 10s otros. No son meros actos espor6dicos y vistosos, sino una labor callada y continua de libertad que lleva a renunciar a ciertos privilegios y bienes por el bien comb, por el bien de los demks, oor el bien del .tG*. Y surgela pregunta ipor quk tengo que ponerme a servir a los demks? <En nombre de quk voy a emplear mi tiempo, mi esfuerzo, mis canacimientos, mi dinero ... en beneficio ae otros? iq"k gano yo c& todo esto? Esta es la dave, todos queremos ser solidarios ipero en quk fundamentar la solidaridad? La solidaridad es un riesgo que nos lleva a renumciar a otros objetivos individuales apetitosos pero incompatibles, y ademis, con el sobrepeso de no encontrar con frecuencia, correspondencia solidaria en las demks. 0 se tiene camo fundamento una verdad absoluta y trascendente, o a la primera contrariedad encontraremos justificante para cmbiar de actitud, que si no es de insolidaridad por lo menos ser6 de hdiferencia, que algunos llman tolerancia y con alarde. Nadie da nada por nada, por lo que una persona sblo seri solidaria en la medida que ade por ~,algon que sea de mayor valor que ~~mi-ya-actual,,, es decir, por algo que le enriquezca. En el -bit0 material, es decir, en lie1 plano del tenern, la conducta solidaridad codleva apriori, pkrdidas o cuanto menos reduce ganancias o logros. Asi, desde un planteamiento Duramente materialista no ouede orosoerar una verdadera solidaridad. Quiz& . . se padria kanifestar meriormente -; de hecho se manifiestacomo estrategia comercial o politics, pero no deja de ser una forma refinada de hipocresia y manipulad6n. L; autkntlca solidariddad oraeresa tanto en cuanto v&os abriendo ias ouertas al . u espiritu -el plano del ser-, que no supone renunciar a lo material, sino al coAtrario, lo espiritual eualtece lo material recubriendo su dgaridad y finitud con candor de eternidad. Por tanto, debemos hablar de la armoda entre materia y espiritu en la unidad corpdrea de la persona, sin hacer separaciones que en realidad no son aunque sean Gtiles para dar explicaciones. este modo, observamos camo nuestra cultura propone un renacimiento de lo espirimal, dimensihn que habia quedado en las Gltimas dkcadas eliminada o restringida a liprivado. Ante este xboomn debemos actuar con cautela. Asi como buscamos la autkntica solidaridad, debemos identificar en quk consiste la autkntica espiritualidad porque de lo contrario, no encontraremos ese soporte shlido e imperecedero donde construir la cultura de la solidaridad. 2. Rebajas divinas en el supermercado espiritual. La vida trae consigo experiencias gratificantes pero a su vez, ya sea en segundo tkrmino o en primer piano, el dolor siempre nos acompda. Ante esta realidad el ser huma-
58 SociedadMult~ultural. Artnr del XXX Congrgrgrgr Uniu'97. Sevilla, 1997. no se da cuenta que la mejor forma de afrontarlo en siendo solidarios los unos con 10s otros, pero esto supone un esfuerzo, y por desgracia, las posturas fundamentadas tan ~610 en mativaciones de orden humanitario son sumamente frkgiles. Estaremos en condiciones de esforzarnos por ser solidarios en la medida que tengamos la conviccibn de que ksta actitud da sentido a mi vida y me conduce a mi fin como persona. Un chispazo de solidaridad lo tiene cualquiera, lo dificil, dehido alas propias limitaciones de la candicibn humana, es perseverar hasta el final. Par tanto, si realmente queremas ser solidarios no hasta con tener argumentos rationales, es menester acudir a un motivo mprarracional. Ser solidario conlleva el compartir alegrias pero tambikn el dolor y las dificultades. Mis ah, la solidaridad se demuestra en 10s momentos &ficiles. En consecuencia, $610 si encuentro sentido al sufrkniento convinikndolo en un camino de alegria, ser solidario. Es el sufrimienta quien llama a la solidaridad y a su vez, nos proporciona una sonara hofetada existencial. La Dostura hedo~sta incita a1 escapismo, sin emharzo, se demuestia que a la larga, no es poiible escapar estando vivos. - El ser humano insatisfecho reacciona en busca de sentido para su vida, no ohstante, quien no quieie salir de los mismos parhetros del "todo es relatives, y del consumisma, acaba en el iuperrnercado espiritual huscando una oferta existencial. En este supermercada del alma es frecuente encontrar el planteamiento que algunos han llamado relipidn a la carta. Desde este suouesto. cada uno conserva Dara si lo aue de . L valuntad del sujeta. ~'omo si Dios fuese un kedio entre otros, a placer, para lograr la realizacibn de si mismos. Desde esta oostura no ~uede vivirse la autkntica solidaridad Doraue ~recisamente lo . .. que se busca es la comodidad, el minimo esfuerzo, es lo que podriamos llamar una mpiritualidad de todo a veinte durosn. Desde este planteamiento tado es cutre, no sblo se elude la solidaridad sino que ademis, se rapi6aia de otros, pues aunque sea un religiosidad al antajo, suele suceder que estos sujetos sobreviven como .parLitos espirituales,, de organizaciones o instituciones de la Iglesia Catblica u otras organismos religiosos. Hay que aclarar que al usoplarn sobre estas hechos no tenemos intencidn de (Gapagar la llama que humea~ sino al contrario, tratamos de que reaccione y prenda con m6s vigar. Pero sigmas con las *gangas. del supermercado espiritual, Partiendo del planteamiento aendstico o esckutico, el ser humano se siente como abandonado en el munda, perdido y time que encontrarse. Muchas contemporkneos quieren nencontrarse a si mismos,, y nuestra cultura trata de satisfacer esa demanda sin necesidad de salir del planteamiento hedonists del <<todo es relativom. Asi, desde una postura meramente rnaterialista se avanza hacia el encuentro con lo espiritual sin cambiar de intereses: la satisfaccibn inmediata del propio hienestar psiquico y corporal. Se demanda una espiritualidad que Ilene el vacia interior del sujeto pero sin necesidad de dogmas, exigencias ni compromises. Se muestra una preferencia por lo exbtico, por las religiones orientales o precristianas, y se acude a la astralogia con su redescuhrimiento simhblico del cosmos, a la nueva ciencia halomltica, al esoterismo gnbstica, a la
parapsicologia o al psicologicismo, al acultismo, la quiromancia y todo tip0 de supersticiones y prdcticas espiritistas, de adivinacidn, de magia, yoga, tantra, zen, etc ... Es una reli~iosidad aue no oarte de una revelacidn de Dios sino de la nronia exoe- ~~C . . rjcnaa tnrcriur Se rrata hr qur;a~.t uno uti1l.r n15 proplus rt,curqo< rrpirlttt.~lri, pcro nad~ nlcc sablcnrlo. L)c crtc mudo, nor cnconrrmio, n~ulrlrod Jt capenoi ~IIJA~CS dispuestos a mostrarte 10s secretos de tu interior por un mddico precio. Tambihn puedes llegar al mds alM haciendo una compra pox fasciculos en N hosco m6s cercano, y en la entrega de la prdxima semana iCD gratis!. Salvando el sentido irdnico de nuestras palabras, nos consta la existencia de grandes profesionales en este mundo de la psicaterapia, pero tambihn nos consta el abuso de muchos impomores que manipulan alas personas indefensas con planteamientos irracionales y sectaries. Umberto Eco en una aproxirnacidn a este contorno lo define como rreligiosidad del inconsciente. del Torbellino. de la Ausencia del Centro, de la Diferencia, de la Alteridad Absoluta o del Abismo, que ha atravesado el pensamiento modern0 como contrafigura subterrhnea de las insemidades producidas por las ideolo~ias ochocentistas del progreso v del iueeo dclico de ias crisis e;ondmicas~~! , - IIiv qulcn hahi1 dc una nmrl rr,, dc r,plrrtullida.i ). >r prr,<ur.l comc un plrnrc?. rnlcnr rnulucultor.tl, una dtcr~ra~v~ en ards dc iwr,:?rrr 11111 ,~urrn~t.~ ILLIC~~CIO~ espiritu, una nueva era de amor, de solidaridad, y una mayor expansidn de la conciencia. Sin embargo, con frecuencia, en este reencuentro con lo espiritual se prolonga el cardcter individualista que se pretende combatir, generando el tipico individuo narcisista obcecado por el mito de la autonomia radical y la emancipacidn de todo encuadramiento trascendental o social, cuasidioses que hablan sin reparos de <<mi verdad*. Se trata de nersonas iforientadas hacia dentro,,, inclinadas como deciamos, a buscar en el interior su; propios recursos espirituales, sin embargo, re compmeba que esta aparente autonomia espiIimd es caldo de cultivo para la proliferacidn de senas y todo tipo de movimientos oararrelieiosos Nos encontkamos ante una espiritualidad difusa en la que el grito de guerra inicial es: *iEspiritualidad si, monoteismo no,,, es un no al Dios personal; un no a la instimcional-obietual v doemdtico'. La reoresentacidn de Dios o la divinidad ahora sue- , - dan diluidos ed estados de conciencia superior, en energia macrocdsmica o fuerzas de maestros interiores. La tarea cespiritualr, del hombre seria conectar con la realidad cdsmica impersonal para sumergirse en ella y disolver la propia individualidad abismhndose y fusionkdose - - con el Todo. Esta religiosidad apunta hacia una ~lreligidn-sin-Dies,,, hacia una wspiritualidad-sin- espiritun. El grito c<JesGs si, Iglesia no., de hace un par de dhcadas es sustituida en esta nueva religiosidadpor el de ireligidn si, Dios no,,; al menas no al Dios personal del cristianismo. Frente al cristocentrismo de la creencia cristiana, un cosmocentrismo neopaganr' \ pr,ar Jr la prxhma unlvcr5.d ilc ,u inlv.>n. 11 iirri.~ pro\-cc;~(rr rnls ampll.t qu~ VI proplo 6i-m~rmo, quc trrc inill\.lJu.tl~irn<, n.lrartir., c,< .I~AL JL. ~CIIC~,I~, C\ LI "II1ll.h1- ' Citado en CUETO, J.(1982): Mitoiogiar de lo modemidad, Salvar, Madrid, p.41. ' SUDBRACK,J.(1991): Lanueva rrligioridzd, Paulinai, Madrid, 1991. 'D~EZ DELRio, 1. (1993): Portmodmiddy numrriigionci, Religi6n y CulturaXXXIX, pp. 55-91.
grupo de idknticosa de caricter, naturalmente, narcisista. Obviamente esta ~~comunidad emotional,) no tiene por meta otra finalidad mas imponante para el individuo que el poder encontrar en ella la propia xautorrealizacibn,, personal a travks de la inmediatez emotional qne proporciona la comunidad de individuos que comparten una misma cosmovisibn. En este cam, la solidaridad queda restringida y dependenre del estado emocianal, que a su vez, dgunos hacen depender del period0 astral. 3. AutCntica espiritualidadpara la solidaridad autintica. El carLter esplritual da la capacidad al ser humano de la donacidn -el amor espiritual-'. Esta donacibn no implica perdida de facultades: Quien da dinero deja de tenerlo, el sabio pede transmitir su sabiduria conserv6ndola integramente, y si hablamos de amor, sbio se tiene mando se da. Que el hombre desea es un hecho de experiencia, pero el hombre no es hicamente un ser deseante, yqu; puede haber m6s all6 de la tendencia a poseer y de la poresibn misma?riLa donacibn, pues donar es un dar sin perder, lo que es atribucidn exclusiva de la criatura espiritual. Esto mismo es tambihn expresado par Pieper, que dice que en el amor encontramos ccpor uq lado, conmocibn que tiende a poseer y a gozar, y por otro, actitud de entrega y donacidn que se olvida de si misma, que no busca las cosas prapiar,,6. Esto se entiende muy f6cil cuando se cree en el Dios personal que nos ha creado a su imagen. ~~Santo Tomi de Aquino entiende la creacidn como una donaci6n del ser, pues la criatura no es parre de Dios -Dios no tiene paner~~7. La solidaridad no se concibe sin expresi6n o ejercicio que se traduce en donaci6n y servicio. De este modo, en comprensible que el nirio aprenda lo que es la solidaridad fundamentalmente en la vida familiar: lugar donde se nos quiere por lo que somos y no simplemente por la que valemos. La persona que no aprende lo que es la solidaridad en el seno de su familia, difichente sex6 luego solidaria con aquellos que no conoce. Esto concuerda perfectamente con la exigencia propia de la naturaleza social humana: el hombre es un ser constimtivamente social, y por ello no puede lagrar su plenitud ontol6gica -su finmis que saliendo hera de si, atendiendo a sus iguales 10s hombres. .El hombre es persona anteriormente a toda comunidad, pero personalidad, es decir, personaplenamente desarrollada, sblo puede serlo m ypor la comunidadu'. La grao maravilla de la autkntica solidaridad est6 en que uno da lo que posee enriqueciendo a 10s otros y a su vez, enriqueciCndose a si mismo. Asi, a la pregunta de porquh o para qu6 ser solidario, no cabe m6s respuesta que porque quiero, llporque me da la gana*. En esta actitud se encuentra la felicidad. Nos parece interesante llamar la atenci6n sobre algo que confirma lo dicho, y es un hecho recogido por Pieper; la anbcdota se refiere a Teresa de Calcuta: we dice que un periodista que le asegur6 que kl no podria hacer, por un suelda de mil d6lares diarios, lo * WLHELMSEM, F(1964): Ln metafiica del omor, Ridp, Madrid. ' POLO, L.: T-y dar, Ridp, Madrid, p.225. PIEPER, J.(1972): Elamor, Rirlp, Madrid, p.38. POLO, L.: Tmoydar, p.225 FERRER ARELLANO, J.(1963): Filorofi de lar rekionejuriiicar, Estudio General dc Navarn, Pamplona, p.198.
~~~i~d~dMulruultu~al. Acta delXYXCongrero Univ'97. Sevilla, 1997. 61 erio se le preguntara callar, hjese: spor amor hs, ahora s6lo queda que nor demos cuenta por quC. ' Op. cit. PIEPER, J.: Elamor, p. 210.