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Espacios revolucionarios de Mayo del 68 al 15M

Gómez Gutiérrez, Juan José

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PONENCIAS Seminario Política Poética. De mayo del 68 al 15-M Víctor Gómez Pin Pedro G. Romero Santiago Eraso Juan José Gómez Amador Fernández-Savater Amaranta Garre José Ignacio Candón Isabel Escudero Ríos Miguel Benlloch Susana Oviedo PN03/12 El Centro de Estudios Andaluces es una entidad de carácter científico y cultural, sin ánimo de lucro, adscrita a la Consejería de la Presidencia de la Junta de Andalucía. El objetivo esencial de esta institución es fomentar cuantitativa y cualitativamente una línea de estudios e investigaciones científicas que contribuyan a un más preciso y detallado conocimiento de Andalucía, y difundir sus resultados a través de varias líneas estratégicas. El Centro de Estudios Andaluces desea generar un marco estable de relaciones con la comunidad científica e intelectual y con movimientos culturales en Andalucía desde el que crear verdaderos canales de comunicación para dar cobertura a las inquietudes intelectuales y culturales. 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Activista 22 Mesa de debate: De mayo del 68 al 15-M Amaranta Garre. Socióloga. 15-M Cataluña José Ignacio Candón. 15-M Sevilla Isabel Escudero Ríos. Poeta. 15-M Madrid Miguel Benlloch. Artista. Activista 40 Poemas para el 15-M Que por mayo era por mayo Susana Oviedo Actriz. Dramaturga. Cantante 13 Espacios revolucionarios de Mayo del 68 al 15M Querría abordar la cuestión ¿Qué queda del mayo del 68? desde el punto de vista de la actualidad de las estrategias políticas y culturales relacionadas con los procesos revolucionarios de la década de los 60. Son años en que el optimismo de la posguerra y la reconstrucción parece exhausto en las sociedades occidentales. A la victoria del antifascismo y el desarrollismo de los planes de reconstrucción sucede la crisis económica, crecientes desequilibrios sociales y la división del mundo entre modelos de perfección política que, apoyados en formidables aparatos militares y de propaganda, sostienen relaciones de dominación a escala planetaria: la bomba atómica, el imperialismo, la guerra de Vietnam, la discriminación racial, la primavera de Praga... La quiebra del consenso postbélico descubre un mundo controlado por sistemas de representación antagónicos, excluyentes y, sin embargo, coincidentes en su carácter de sociedades de consumo donde la mercancía se convierte en sinónimo de felicidad y en el centro de la vida comunitaria. Un año antes de los acontecimientos del 68 en Francia, Guy Debord publica La sociedad del Espectáculo , texto clave del situacionismo y quizá la descripción más influyente sobre los procesos sociales de los sesenta. Para definir el espectáculo, Debord se apoya en el concepto de Marx de fetiche de la mercancía, que opera en el ámbito de la ideología y desde el cual dirige el conjunto de la vida social. Marx se refiere con este término al proceso psicológico mediante el cual, en la economía de mercado, el producto del trabajo, dirigido anteriormente a satisfacer necesidades humanas reales, adquiere un estatus autónomo de forma que el conjunto de la vida humana queda subordinada a él. Las relaciones entre personas se sustituyen así por las relaciones entre las cosas que estas producen y el mercado impone su ley sobre todos ellos. El espectáculo es precisamente la ilusión del estatus autónomo de la mercancía como algo exterior a la naturaleza humana que la ha creado y a sus necesidades. Es decir, la apariencia del mercado como algo real, necesario, independiente de las personas y rector de su actividad, que queda así sometida a la lógica capitalista. Seamos realistas, pidamos lo imposible A diferencia de otras revoluciones “con programa positivo”, la revolución del 68 es un movimiento nihilista e iconoclasta, característico del mundo controlado por el espectáculo. Se trata de una revolución de la utopía concebida como lo radicalmente otro, como negación del topos en su momento histórico concreto (del lugar y las relaciones que se establecen en él). Un año después de los acontecimientos de Francia, Herbert Marcuse publica Un ensayo sobre la liberación , una crítica del estado del bienestar burocrático y su deriva represiva, donde afirma que “lo que se denuncia como «utópico» no es ya aquello que «no tiene lugar» ni puede tenerlo en el mundo histórico, sino más bien aquello cuya aparición se encuentra bloqueada por el poder de las sociedades establecidas.” Discurriendo sobre el “sujeto revolucionario” de esos años, Marcuse argumenta que la clase obrera tradicional, en cuadrada en organizaciones monolíticas y jerárquicas, tiende a integrarse en el capitalismo avanzado, al plantear el progreso social solo en términos de incremento indefinido del nivel de vida. Mientras tanto aparece una constelación de movimientos liberadores «en acto», incluyendo los estudiantes, los movimientos de liberación del tercer mundo, los habitantes de los «ghettos» de las ciudades, los intelectuales no conformistas, etc. Todos ellos coinciden en lo que llama el «Gran Rechazo» del sistema en su conjunto como estrategia común de liberación. Se trata pues de una liberación de agentes diversos, aliados en la crítica radical del presente, y no de la “militancia partisana” en torno a un programa político positivo, característica de los activistas de los cuarenta y los cincuenta. La 14 política del 68 no es política de programas, partidos y acceso al control de las instituciones, sino de liberación de la vida cotidiana, por parafrasear a Raoul Vaneigem.1 Es una revolución que se conduce en la calle, ocupando y rescatando espacios públicos de la lógica de la mercancía mediante estrategias de destrucción de su valor simbólico. La barricada cierra la calle pero abre la vía Los situacionistas describen el espacio urbano de su revolución como construcción de dominantes, jerarquías, mapas cognitivos en gran parte ordenados por el tráfico y la organización racionalista de la ciudad en torno a la producción y el consumo. Debord definía la psicogeografía en los años cincuenta como estudio de estos procesos y mecanismos, “de las leyes precisas y los efectos específicos del entorno geográfico, organizados conscientemente o no, sobre las emociones y el comportamiento de los individuos”.2 Más tarde, Vaneigem y Attila Kotanyi discurrirían sobre las políticas y contrapolíticas del espacio urbano en su “Programa elemental del urbanismo unitario”: “El desarrollo del medio urbano es la educación capitalista del espacio. Representa la elección de una cierta materialización de lo posible, excluyendo las demás […] Toda planificación urbana se comprende únicamente como campo de publicidad-propaganda de una sociedad, es decir: como organización de la participación en algo en lo que es imposible participar.”3 La ciudad es, para los situacionistas, una construcción represiva-administrativa de átomos aislados que se desplazan para actividades de trabajo y consumo y de ahí deriva la práctica revolucionaria de la manifestación y la ocupación: el happening y la dèrive , es decir: la aparición masiva en un espacio público de sujetos “que no deberían estar ahí”, actuando de modo incongruente con el uso convencional de ese espacio, y el tránsito aleatorio o inconsciente entre lugares, equiparándolos a todos y mostrando sus jerarquías como meras ilusiones. Bajo los adoquines, la playa Cuando personas libres ocupan el espacio público, eso es el ágora. En sociedades jerárquicas este mero hecho adquiere una significación política fundamental. Ortega y Gasset, por ejemplo, lo llamaba apocalípticamente el “lleno” en La rebelión de las masas , refiriéndose a la aparición en lugares públicos de agrupaciones numerosas de sujetos que antes solo venían caracterizados como grupo por su mera pasividad y ahora retan el derecho de las élites. Los situacionistas no citan a Ortega, pero sí tienden un hilo rojo desde su tiempo hacia, al menos, la comuna de París y a los “consejos” como forma de organización política de estos espacios disputados al poder. Consejo en ruso es soviet ; pero el consejismo es una forma de acción política efímera, localizada y no mediada, gobernada por un impulso meramente destructivo y desmitificador, en contraposición a la objetivación de la revolución en programas y jerarquías. Aparece cuando la liquidación de los efectos represivos del espacio “sobre las emociones y el comportamiento de 1 Raoul Vaneigem, La revolución de la vida cotidiana , 1967 2 "Introduction a une critique de la geographie urbaine", Les Levres Nues , #6, 1955 3 Attila Kotanyi y Raoul Vaneigem, “Programa elemental del urbanismo unitario” Internationale Situationniste, nº 6, 1961. Traducción extraída de Internacional situacionista, vol. I: La realización del arte, Madrid, Literatura Gris, 1999. 15 los individuos” da lugar a un caos benéfico, a una suerte de “estado de naturaleza” urbano que libera al “buen salvaje” de la hipnosis del espectáculo capitalista y le permite manifestarse en todo su esplendor. La Comuna ha sido la fiesta más grande del siglo XIX. Se encuentra en ella, en su base, la impresión de que los insurgentes se han convertido en dueños de su propia historia, no tanto a nivel de la decisión política "gubernamental" como de la vida cotidiana en esta primavera de 1871· (“14 Tesis sobre la Comuna”, Internationale Situationniste, nº 7, abril, 1962) El consejismo toma muchas formas históricas concretas y es, a la vez, una constante histórica de la práctica revolucionaria. De la Comuna de París a los comités populares en la Revolución Cultural china, la autogestión de las empresas y las asambleas de las universidades europeas, o el autogobierno de las comunidades negras que propugnaban los Black Panthers. #tomalaplaza De ahí ¿quizá a Sol y al 15 M?. Democracia real convocó las primeras movilizaciones con un manifiesto muy escueto y hasta el momento no se le ha dejado de reprochar su falta de programa. El caso es que a mi entender tampoco lo buscaba. Lo que en realidad hizo DRY fue producir una situación, crear las condiciones del encuentro de átomos urbanos en un espacio del que se adueñaron inmediatamente como sociedad libre, retando al poder. La percepción de la mera posibilidad de un espacio liberado, donde ninguno de nosotros estuviese solo con nuestros problemas, hizo que se extendiese rápidamente el movimiento. La ocupación de la Puerta del Sol tenía aquí un valor fundamental como lugar-símbolo del poder y a ella siguió la ocupación de más espacios simbólicos en otras ciudades. Después continuó en Internet con campañas como #nolesvotes, por el voto en blanco o a partidos minoritarios independientemente de su programa o ideología, que evidentemente no buscaban apoyar a un candidato o un programa concreto, sino una acción de masas regeneradora de la democracia, mediante la creación del caos en el proceso electoral, que es el espacio formal de la representación y un claro ejemplo de abuso de poder y adoctrinamiento. El sistema respondió con brutalidad al intento de extensión del movimiento a nuevos espacios simbólicos como el Parlamento Catalán, buscó convertir el 15 M en simple mercancía electoral. A la explosión de espontaneidad siguió la articulación de un mapa cada vez más rígido de enlaces en internet, de conexiones, referencias, burocratización de las asambleas, interminables comisiones y un declinar general hacia el aburrimiento acompañado del empeño nada inocente de los medios de comunicación de sistematizar y encuadrar el fenómeno dentro de los límites de lo políticamente correcto. Dicen que el 15 M no ha sobrevivido por su falta de concreción programática pero, a ojos del 68, en realidad parece haber concluido su ciclo vital. Aquí resulta oportuno recordar de nuevo las tesis situacionistas sobre la Comuna: 1.- "Hay que reemprender el estudio del movimiento obrero clásico de una forma desacostumbrada […]. Los éxitos aparentes de este movimiento son sus fracasos fundamentales (el reformismo o la instalación en el poder de una 16 burocracia estatal) y sus fracasos (la Comuna o la revuelta de Asturias) son hasta ahora sus éxitos abiertos, para nosotros y para el futuro".4 Y aquella frase de Marx en La Guerra Civil en Francia : "la mayor medida social de la comuna fue su propia existencia en actos. París, todo verdad. Versalles, todo mentira.” Quizá a la pregunta “¿qué queda del mayo del 68?” y si el 15M es su heredero, haya que responder con una pregunta nueva: ¿qué sucederá al 15M? 4 “14 tesis sobre la Comuna”, Internationale Situationniste , 7, abril, 1962