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Venezuela, Surinam, Jamaica y Uruguay: relevancia de los partidos políticos para la democracia, ayer y hoy

Adama, Natascha

Abstract

El postulado de que los sistemas bipartidistas son más estables es negado por las crisis políticas habidas en Uruguay y Jamaica en las décadas de 1960 y 1970. Los sistemas multipartidistas de Venezuela y Uruguay, en cierto momento histórico, acomodaron la

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Venezuela, Surinam, Jamaica y Uruguay: relevancia de los partidos políticos para la democracia, ayer y hoy Natascha Adama1* Resumen El postulado de que los sistemas bipartidistas son más estables es negado por las crisis políticas habidas en Uruguay y Jamaica en las décadas de 1960 y 1970. Los sistemas multipartidistas de Venezuela y Uruguay, en cierto momento histórico, acomodaron la realización de pactos y alianzas políticas aparentemente improbables, que en tiempos de crisis llevaron a la fragmentación del panorama político y a profundas crisis de liderazgo que continúan determinando la sociedad de hoy. Este artículo sostiene la hipótesis de que los sistemas bipartidistas tienen mayor propensión a la estabilidad política debido a que la agregación de demandas se concentra entre dos contendientes principales y a que las posibilidades de pactos políticos se ven limitadas. La hipótesis mencionada será explorada mediante el examen de: 1) la relevancia de los sistemas de partidos para la democratización, en general y en los casos de Jamaica, Uruguay, Surinam y Venezuela; 2) el papel de los partidos en los países mencionados durante y después de las crisis políticas, y su capacidad para re-equilibrarse y ajustarse ante las presiones del cambio social. Palabras clave: Sistemas políticos, sistemas de partidos, teorías políticas, democratización, liderazgo político Abstract The postulate that two party systems are more stable is negated by political crises in Uruguay and Jamaica in the 1960s and 1970s. Multi-party systems in Venezuela and Suriname have at a certain point in history accommodated pact-making and seemingly unlikely political alliances that in times of crises led to fragmentation of the political landscape and profound leadership crises that continue to determine society today. This paper hypothesizes that two party 1 * Académica visitante del Instituto Nacional de Investigación sobre la Esclavitud y el Legado de la Esclavitud, de los Países Bajos, en el Centro de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Duke, de Carolina del Norte, EUA. Versión al español de Xiomara Peraza Torres y Gustavo Ernesto Emmerich. Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, N° 21. Primer semestre de 2009. Págs. 171-185. Araucaria21-1-.indd 171Araucaria21-1-.indd 171 15/04/2009 12:21:3915/04/2009 12:21:39 172 Natascha Adama systems have greater propensity for political stability because the aggregation of demands is concentrated between two main contenders and because of limited possibility for political pact-making. The aforementioned hypothesis will be explored by examining 1); the relevance of party-systems for democratization in general and in the four cases Jamaica, Uruguay, Suriname and Venezuela ; 2) the role of the parties in the aforementioned countries during and after the political crises, and their ability to re-equilibrate and adjust under pressures of social change. Keywords: Political systems, party systems, political theories, democratization, political leadership Introducción Los sistemas de partido en Sudamérica son refl ejo de experiencias históricas: el caudillismo (Uruguay y, en menor grado, Venezuela) y la economía de plantación y la esclavitud (Surinam y Jamaica). Nuevas concepciones de modernización y desarrollo económico determinaron la democratización después de la Segunda Guerra Mundial. Estas concepciones establecieron las bases para ampliar el derecho al sufragio en Surinam y Jamaica, así como para los acuerdos de compartición del poder en Surinam (Verbroedering2y Venezuela (Pacto de Punto Fijo). El constraste fundamental entre el desarrollo de los sistemas de partidos en Europa y Sudamérica es que la revolución industrial apenas se asomó a esta última. Desarrollos políticos importantes, relacionados con la industrialización, la modernización económica y la redistribución del capital, abrieron la puerta a nuevas batallas y fracturas que impulsaron una reorientación de los intereses y de la política. Al inicio del siglo XX, movimientos de trabajadores y partidos socialistas cambiaron permanentemente los escenarios políticos de Europa Occidental. Los partidos pasaron de ser estructuras de tipo cártel a ser partidos de masas sostenidos por afi liados cotizantes, que les daban tanto una base popular como la necesaria legitimidad (Mair, 1990). En contraste, la ausencia de movimientos socialistas o de trabajadores con una amplia base en Sudamérica dio lugar a la creación de partidos políticos que, a pesar de la expansión del sufragio, permanecieron con estructuras tipo cártel y con fuertes tendencias elitistas y corporativistas. En tal contexto político, el 2 Verbroedering (neerlandés) o política de confraternización: tiene como signifi cado político la cooperación étnica de los dos más grandes partidos, VHP y NPS, entre 1954 y 1967. Esta cooperación fue resultado conjunto de deliberaciones pragmáticas y de estrategias electorales para maximizar cambios en el poder del gobierno. El primer estudio hecho al respecto en 2006 concluyó que la Verbroedering era una cultura política que se ceñía a ciertas reglas no escritas, las cuales establecían cómo las diferentes contrapartes debían comportarse dentro del ruedo político. Otros estudios sobre la política surinamesa escriben exclusivamente sobre el aspecto de la verbroedering que se relaciona con la etnicidad. Ver, por ejemplo, Sedney, 1997; Breeveld, 2000. Araucaria21-1-.indd 172Araucaria21-1-.indd 172 15/04/2009 12:21:3915/04/2009 12:21:39 173 Venezuela, Surinam, Jamaica y Uruguay: relevancia de... margen para la creación de nuevos partidos se hizo bastante pequeño; las redes y los vínculos con la sociedad más amplia permanecieron confi nados a ciertos círculos. Mair (1990: 4) escribe que “la consolidación de los partidos de masas, de hecho, garantizó la estabilización de la democracia de masas”. Las experiencias históricas de los sistemas de partidos sudamericanos explican por qué el sistema tradicional está vacío de una ideología política bien defi nida, como en Surinam y Venezuela, o bien está formado por partidos situados aproximadamente en el mismo lugar dentro del espectro político izquierda-derecha: en Uruguay, los tradicionales partidos Blanco y Colorado son de derecha, y en Jamaica el Partido Nacional Popular (PNP, por sus siglas en inglés) y el Partido Laborista de Jamaica (JLP, igualmente por sus siglas en inglés) son de izquierda Este artículo plantea analizar las diferencias entre los sistemas bipartidistas y multipartidistas en Sudamérica, a fi n de determinar cuál de estos dos tipos de sistemas de partidos tiende más a proporcionar una base óptima para la consolidación democrática. El texto intenta explorar los mecanismos de compartición del poder, de representación y de agregación de demandas, con el objeto de analizar cuál tipo de sistema de partidos promueve más la estabilidad política. Fundamentos teóricos: multipartidismo y bipartidismo, ¿diferencias bien definidas? Los trabajos de Duverger (1954) y de Sartori (1976) sobre los sistemas de partidos y su relevancia para el panorama político tienen fuertes correspondencias con las sociedades occidentales (europeas), donde el establecimiento de los sistemas partidistas dependió de las formas en las que las fracturas políticas fueron resueltas. Según Duverger (1954: 287), los sistemas bipartidistas surgieron en sociedades donde los partidos socialistas atrajeron sus bases de sindicatos y movimientos de trabajadores con débiles tendencias dogmáticas, reformistas o revolucionarias. El multipartidismo, por otro lado, surgió de casos en los que una sociedad tenía que afrontar una serie de antítesis mutuas, rivalidades, facciones y divisiones que no podían ser confi nadas a la esfera de dos partidos duales (Duverger 1954: 259). Sartori (1976: 317) escribe que el número de partidos existentes en una arena política es un indicador bastante preciso de la estructura y del funcionamiento del sistema político, porque describe la dispersión o la concentración del poder, el grado de fragmentación política o la interacción entre partidos. El postulado de Sartori es más general y comparado con Duverger conserva poco del paradigma ideal-típico weberiano; puede, por ello, ser más fácilmente puesto a prueba en la realidad empírica de los sistemas de partidos sudamericanos. Araucaria21-1-.indd 173Araucaria21-1-.indd 173 15/04/2009 12:21:3915/04/2009 12:21:39 174 Natascha Adama El presente estudio presume que mientras mayor sea el número de partidos en un escenario político, más complejo será el sistema y, por tanto, más complicado será afrontar asuntos como el reparto del poder, la representación de intereses y la agregación de demandas. Basado en esta presunción, este artículo argumenta que los sistemas bipartidistas son intrínsecamente más estables. Para vencer el peligro de caer en un discurso político basado en principios duales o en la idea de que la sociedad está organizada de acuerdo a la antítesis del blanco y negro, este documento no sostiene que los sistemas bipartidistas son lo que Daalder (1966: 8) llama la norma política manifi esta. Este artículo quiere conocer si los sistemas partidistas pur sang tienen la cualidad de mantener el equilibrio político, organizar a los ciudadanos, adaptarse a los cambios de la sociedad, minimizar la amenaza de que fuerzas desleales tomen el control, y atraer a los votantes por medio de ideas programáticas para reducir la pobreza y crear empleos. La diferencia entre sistemas bipartidistas y multipartidistas es, en este caso, sólo un indicador de cómo se manifi estan las fracturas en una sociedad específi ca y cómo ellas son expresadas por los partidos políticos. Sartori (1976: 319-321) considera que la exploración del multipartidismo es mucho más compleja porque es imperativo averiguar cuáles partidos son relevantes para la formación de coaliciones, cuáles son sufi cientemente fuertes y grandes para atraer apoyo electoral sustancial, cuáles son capaces de determinar o infl uenciar la creación de políticas públicas, cuáles tienden a ejercer coerción o a intimidar a pesar de su tamaño. Las reglas para contar los partidos relevantes darán respuestas esenciales a la pregunta de cómo funcionan los sistemas multipartidistas. En mi opinión, tales reglas ayudarán a buscar variantes contrastantes entre los sistemas de partidos de Jamaica, Surinam, Venezuela y Uruguay, dado que las mismas reducirán el riesgo de considerar a los sistemas multipartidistas como una mera superposición de varios dualismos (Daalder 1966: 88). Este artículo analizará la dispersión y/o la concentración del poder con base en los resultados electorales de las últimas dos décadas y en datos y tendencias empíricos que podrían indicar desequilibrio político en los cuatro países. Abordaré las siguientes preguntas: ¿Cuál es el papel del sistema de partidos dentro de un marco democrático y cuán grande es su capacidad para impulsar la maduración democrática y expurgar las fuerzas desleales? ¿Es un sistema de partidos capaz de perseguir la moderación programática, de estimular y sostener la estabilidad política y económica, y de fortalecer las arenas democráticas? (Linz y Stepan, 1996; Diamond, 1999; Welzel e Inglehart, 2008). ¿Puede asumirse que los partidos son instrumentales en la consolidación de la democracia? Y si es así, ¿cuáles son los pasos necesarios que deben dar los partidos para ampliar los derechos de los ciudadanos o para abrir las fi las partidarias a los nuevos miembros? Araucaria21-1-.indd 174Araucaria21-1-.indd 174 15/04/2009 12:21:3915/04/2009 12:21:39 175 Venezuela, Surinam, Jamaica y Uruguay: relevancia de... Antes de continuar la discusión sobre los sistemas de partidos quiero abordar primero el papel de los partidos en la democratización. Muchos académicos que han escrito al respecto subrayan la importancia de los partidos políticos para el fortalecimiento de la democracia (Linz y Stepan, 1996; Levitsky y Cameron, 2003). El argumento de que los partidos son fundamentales para la consolidación de la democracia se basa en la premisa de que ellos organizan a los ciudadanos, integran sus demandas y crean programas basados en ideologías. Los partidos funcionan por la existencia de premisas normativas y sistemas de pensamiento que defi nen cómo debe operar una sociedad y de acuerdo a qué principios (Gilpin, 1987: 25). ¿Podemos argumentar que la división entre partidos está determinada por fi losofías intelectuales diferentes, o más precisamente por nociones teóricas de cómo debería funcionar una sociedad o por puntos de vista divergentes de cómo funciona la sociedad? Por consiguiente, ¿qué políticas económicas o sociales tienen la capacidad de transformar o alterar la sociedad? ¿Son los partidos elegidos por un sector representativo de la población o por una clase social específi ca? Daalder (1966) y Sartori (1968 155) advierten que relacionar los partidos políticos con las clases sociales es insufi ciente, porque impide la introducción de una teoría pluralista del confl icto. La evidencia empírica revela que la religión, la nacionalidad y la etnicidad tienen igual propensión a polarizar la sociedad. Daalder (1966: 87) sostiene que los partidos intentan presionar desde distintos fl ancos, a fi n de contrarrestar las tendencias hacia el incremento de la polarización (Rokkan, 1966; Dahl, 1989). Cuando se examinan los casos sudamericanos, es posible remontarse a un análisis general cualitativo de los sistemas de partidos (ver, por ejemplo, Daalder, 1966; Mair, 1990). Sin embargo, el estudio de los sistemas de partidos sudamericanos necesita enfocarse en cómo los partidos expresan las divisiones sociales; y más precisamente en cómo afrontan las fracturas existentes y cómo las representan. El análisis de los sistemas partidarios en América del Sur y cómo expresan las fi suras tendrá lugar en dos etapas: primero, compararé variantes opuestas de sistemas bipartidistas, usando los casos de Uruguay y Jamaica como ejemplos, y también compararé variantes opuestas de multipartidismo, utilizando a Surinam y Venezuela como modelos empíricos. La segunda parte del análisis se centrará en las comparaciones y desviaciones observadas en los cuatro casos. Al fi nal del análisis, desarrollaré el postulado central del artículo. Sistemas bipartidistas: Jamaica y Uruguay El sistema político uruguayo nació de la tradición caudillista y tiene 150 años de antigüedad. Aunque tanto el partido Blanco como el Colorado son de derecha, el primero es más conservador. El sistema de partidos uruguayo mostró Araucaria21-1-.indd 175Araucaria21-1-.indd 175 15/04/2009 12:21:3915/04/2009 12:21:39 176 Natascha Adama en el pasado la más signifi cativa fractura social, que es la del tipo urbano-rural (González, 1991: 14). Los partidos Blanco y Colorado se alternaron en el poder hasta hace muy poco, cuando un cambio electoral impulsó al Frente Amplio (FA) hacia el remolino del poder. El surgimiento del FA como partido gobernante transformó al sistema bipartidista en uno de “dos partidos y medio” (Luna, 2008). Desarrollos recientes en Uruguay muestran un drástico cambio en la concentración del poder; el panorama político se ha alterado en el transcurso de un mandato de cinco años. En 1999, el partido Colorado logró 51.59% de los votos, y en 2004, el FA obtuvo 50.45%, relegando a los colorados al tercer lugar con 10.36%3. Luna (2008: 1) atribuye la victoria del FA a su habilidad para estimular una “compleja transición de un partido urbano de masas y centro izquierda a una organización electoral profesional crecientemente atractiva para distintos sectores”. El triunfo del FA ha balanceado el espectro político uruguayo, vigorizando a la izquierda hasta llegar a ponerla en equilibrio con una fuerte derecha. En contraste, el sistema de partidos jamaiquino es de perfecto tipo bipartidista, creado de acuerdo al modelo británico. Las fracturas no se registran en el eje izquierda-derecha (a diferencia del sistema británico de partidos de clase). Ambos partidos atraen grupos de distinto signo y obtienen su apoyo de un amplio espectro de la población, y políticamente están situados en el centro-izquierda (ver también Edie, 1991). Los partidos políticos jamaiquinos son clientelistas y no tienen bases programáticas (Kirchheimer, 1966). Tanto el JLP como el PNP se apoyan en militantes de base muy comprometidos, provenientes en su mayoría de las masas populares. En el pasado, estos militantes fueron utilizados por sus líderes en luchas callejeras, sea para defender o reclamar territorios políticos. La distribución del poder entre los dos partidos es equilibrada; desde la introducción del sufragio, ambos se han alternado en el gobierno (el PNP ganó 8 elecciones desde 1944 y el JLP, 6)4. A primera vista, uno podría argumentar que el sistema partidista jamaiquino es más democrático que el de Uruguay, porque nunca fue presa de fuerzas desleales. Sin embargo, si se consideran y comparan los recientes desarrollos políticos de crisis y caos político, el argumento debería matizarse. Uruguay ha estado en una serie de crisis económicas tras el fracaso de las políticas de sustitución de importaciones de los años cincuenta, que incrementaron la pobreza y el desempleo a niveles gigantescos desde los años sesenta en adelante. El surgimiento de la insurgencia izquierdista desestabilizó el país y reveló su debilidad institucional y política. Eventualmente, ese movimiento fue el precursor del régimen militar que gobernó con la ayuda de los partidos tradicionales 3 http://pdba.georgetown.edu/ Elecdata/Uruguay/pres94.html; consultado el 17 de junio de 2008. 4 http:// pbda.georgetown.edu/Electdata/Jam; consultado el 9 de julio de 2008. Araucaria21-1-.indd 176Araucaria21-1-.indd 176 15/04/2009 12:21:4015/04/2009 12:21:40 177 Venezuela, Surinam, Jamaica y Uruguay: relevancia de... desde 1972 hasta 1986. El plebiscito de 1986, promovido por los gobernantes militares y ganado por la oposición democrática, proporcionó a los partidos Blanco y Colorado la necesaria legitimidad y confi anza política sustancial para allanar el camino de la democratización y de la maduración de las arenas política y social (Linz y Stepan, 1996: 153). Linz y Stepan (ibid; 156) atribuyen la maduración política uruguaya al “aprendizaje político”: los ciudadanos aprenden de los confl ictos previos y cambian su comportamiento electoral para alterar la composición del parlamento (Lipset y Rokkan, 1967). El sistema político jamaiquino también ha madurado en periodos recientes, debido a que los dos partidos principales han dejado de utilizar a sus bases para reclamar territorio político por medio de la violencia callejera y han abierto sus más altos rangos a nuevos candidatos a cargos públicos. La violencia política ha adoptado una nueva forma, y es actualmente, la mayor amenaza para la democracia en el país5. La principal debilidad del sistema de partidos de Jamaica es su rigidez y su incapacidad para incorporar a nuevos partidos que se establezcan como contendientes de importancia en la arena política. La inmovilidad del sistema político del país es resultado de la forma en que los partidos gobernantes manejan los recursos del Estado con propósitos clientelistas y partidistas. Edie (1991, 47)6 escribe que “el clientelismo es el ancla en la cual descansa la democracia participativa de Jamaica”. Multipartidismo en Surinam y Venezuela La analogía entre los sistemas multipartidistas surinamés y venezolano depende del hecho de que ambos funcionan (funcionaron) como bipartidistas, debido a una desigual distribución del poder. Esto, en un sistema multipartidista, tiene fuertes correlaciones con la concepción del “criterio numérico” de Sartori (1976: 319), que está basada en tres preguntas: 1) cuáles partidos tienen potencial de coalición, 2) cuáles son signifi cativos y 3) cuáles tienen potencial para ejercer coerción y poder de maniobra sustancial para amenazar el statu quo. Por ejemplo, el sistema de partidos venezolano anterior a 1989 es califi cado por Ellner (2003,8) como “bipartidista con mínima diferenciación ideológica”. Los dos partidos mayoritarios, Acción Democrática (AD) y COPEI, gobernaron por medio del Pacto de Punto Fijo (1958), que fue un acuerdo político de facto que estipulaba el reparto del poder y el consenso entre elites diferentes basado en el petróleo como primera fuente de riqueza nacional (ibid). Tanto AD como COPEI fueron partidos atrapa-todo, sin una ideología política claramente defi nida que atrajese a segmentos diferenciados de la sociedad. Partidos de izquierda más pequeños fueron a menudo incorporados a las estructuras 5 Ver Ayers, 1998; www.Worldbank.org, consultado el 9 de julio de 2008. 6 Ver también www.heritage.org/Index/country.cfm?id=Jamaica, consultado el 9 de julio de 2008. Araucaria21-1-.indd 177Araucaria21-1-.indd 177 15/04/2009 12:21:4015/04/2009 12:21:40 178 Natascha Adama de toma de decisiones, prácticas inclusivas que reforzaron el sistema político (ibid)7. Según Ellner (2003: 7), la democracia venezolana funcionaba “casi perfectamente”, aunque esto sólo implicaba que el país satisfacía los criterios teóricos de una democracia consolidada. Una mirada más próxima al sistema revela que hasta 1989 la concentración del poder estaba centrada en AD y COPEI, mientras grandes segmentos de la clase baja venezolana estaban desorganizados, pobres y excluidos del gobierno, en momentos en que el constante fl ujo de ganancias del petróleo enriquecía a las clases media y alta. No obstante, fue la incapacidad de AD y COPEI para brindar soluciones programáticas a las crisis económicas, que continuaron diezmando a la sociedad venezolana durante el caos fi nanciero de los años ochenta, lo que condujo eventualmente al fracaso del sistema de partidos (Gilpin, 1987). Los resultados de la elección de 1993 dejaron al descubierto la profundidad de la crisis política y la parálisis de los partidos tradicionales. El electorado clamó por un liderazgo fuerte y por medidas drásticas contra la pobreza y las políticas neoliberales (López Maya, 2003). Los votantes eligieron al líder individual que podría atraer e interesar a la mayoría. Los comicios de 1998 sellaron la ruina del sistema y revelaron la magnitud de su decadencia. Después de ese año, los partidos políticos ya no importaban, y líderes populistas fuertes como Hugo Chávez –que organizaron a las víctimas del neoliberalismo en movimientos de base nuevos y que fueron capaces de incitar a las masas desorganizadas con promesas de una economía mejor– ganaron las elecciones. En contraste, el multipartidismo surinamés es el legado del colonialismo holandés y de su paradigma sobre el reparto del poder y la sociedad plural (Lijphart, 1968). El multipartidismo en Surinam es un fenómeno complejo que refl eja profundos antagonismos históricos y raciales. Los partidos étnicos tradicionales carecen de una ideología bien defi nida, y su apoyo deriva del uso de la lucha racial para polarizar y reclamar territorio político. El poder está disperso entre diferentes líderes étnicos que hacen campaña en regiones étnicamente homogéneas (Sedney, 1997; Adama, 2006). El escenario político es bastante fragmentario y volátil. El número de partidos oscila entre aproximadamente 10 (elecciones de 1996) y más de 20 (elección de 2000)8, pero sólo los más fuertes –con una base electoral igualmente poderosa o con potencial de coalición y coerción sustanciales– juegan un papel infl uyente en el terreno político (Sartori, 1976; Adama, 2006). Las coaliciones en este país son inherentemente inestables y proclives a la deserción. La distribución del poder y la maquinaria 7 Para mejores ejemplos ver el papel de los partidos comunistas italiano y francés; Sartori (1976: 321); y el papel de los nacionalistas surinameses en la consecución de la independencia en 1975 (Dew, 1977), así como el del Partido Laboralista de Surinam con fuertes conexiones con las organizaciones sindicales (Adama, 2006), pero también el papel del Frente Amplio en los ochenta (Linz y Stepan, 1996). 8 http:// pdba.georgetown.edu/Elecdata/Sur/pres05.html; consultado el 12 de marzo de 2008. Araucaria21-1-.indd 178Araucaria21-1-.indd 178 15/04/2009 12:21:4015/04/2009 12:21:40 179 Venezuela, Surinam, Jamaica y Uruguay: relevancia de... para la negociación que construye las coaliciones, paradójicamente fragmenta, divide y obstaculiza el surgimiento de partidos multiétnicos de bases amplias y con infl uencia (Reiily, 2003)9. El número de partidos que generalmente compiten en coalición fl uctúa entre los 4, después de las elecciones de 2000, y 12, después de las de 200510. Los partidos étnicos tradicionales han entrado en las elecciones desde los años cincuenta como un bloque político gigante, dejando poco espacio para que los más pequeños y con base ideológica, sea de izquierda o de derecha, se convirtiesen en contendientes importantes en la arena política (ver, por ejemplo, Dew, 1978, y Sedney, 1997). El multipartidismo en Venezuela y Surinam, más que nada, estimuló y creó espacio para el elitismo y el corporativismo políticos. Ambos sistemas teóricamente poseían una “cultura política casi perfecta”, que estableció los fundamentos de las “reglas con las cuales se participaba en el juego político” (Almond y Verba, 1983; Ellner, 2003; Adama, 2006). En Venezuela, los partidos políticos pudieron mantener el equilibrio político con base en la proporcionalidad, la institucionalización y el aprendizaje político (Ellner, 2003). En cambio, el consenso surinamés tiene como propósitos esenciales la distribución del poder y la adquisición tanto de recursos estatales como de bienes escasos, a fi n de mantener relaciones clientelistas con las bases. El sistema de partidos venezolano era intrínsecamente frágil. El panorama político surinamés siempre ha sido volátil y golpeado por las crisis, pero antes de la independencia en 1975, el sistema colonial holandés impidió el colapso. Después de la independencia, la democracia dio vueltas en espiral hacia abajo, debido a que algunas fuerzas desleales entraron en la arena política, llevando a la ruptura del frágil sistema de partidos. Esta situación condujo al golpe militar de 1980. El movimiento de los militares estuvo directamente relacionado con la inercia política y la incapacidad de los partidos para buscar soluciones a la aguda crisis económica y social. En Venezuela, el “caracazo” de 1989 marcó la desintegración del sistema de partidos. Ellner (2003: 14) argumenta que los eventos posteriores al caracazo no se relacionan con el colapso total del modelo de consenso, sino que son parte de un constante proceso de democratización. Este artículo no está de acuerdo con la explicación de Ellner, y sostiene que los eventos que llevaron al resquebrajamiento del sistema partidista venezolano, simplemente mostraron la debilidad, la inercia y el fracaso del mismo para funcionar bajo condiciones menos que perfectas. 9 La población surinamesa la constituyen indostaníes (de la India), creoles (de origen mixto en África y Europa), javaneses (de Indonesia), marrones (antes esclavos), chinos, nativos, libaneses, sirios y europeos. 10 Ibid. 6; ver también Sedney (1997: 172 y ss.), con un panorama de los resultados electorales, empezando con los primeros comicios después del derecho al sufragio en 1949. Araucaria21-1-.indd 179Araucaria21-1-.indd 179 15/04/2009 12:21:4015/04/2009 12:21:40