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Economía financiera y pensamiento único. Un análisis crítico del papel de los medios de comunicación social en la actual crisis económica

Masdemont Romero, Juan Pedro

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FACULTAD DE COMUNICACIÓN UNIVERSIDAD DE SEVILLA CURSO 2010-2011 ECONOMÍA FINANCIERA Y PENSAMIENTO ÚNICO Un análisis crítico del papel de los medios de comunicación social en la actual crisis económica Autor: Juan Pedro Masdemont Romero Tutora: Aurora María Labio Bernal Trabajo Fin de Máster Máster universitario en Comunicación y Cultura 2 3 INDICE. I. INTRODUCCION. 5 - Hipótesis. 9 - Objetivos. 10 II. MARCO EPISTEMOLÓGICO: LA ECONOMÍA POLÍTICA DE LA COMUNICACIÓN. 12 - Fundamentos de la Economía Política. 16 - La ruptura con el paradigma clásico. 19 - Corrientes teóricas de la Economía Política. 23 - Economía Política de la Comunicación. 28 III. MARCO TEÓRICO: LA CRISIS Y LA REDISTRIBUCIÓN DE ABAJO ARRIBA. 39 - Los Estados del Bienestar. 41 - Globalización neoliberal del Mercado y las finanzas. 45 - Desregulación, liberalización y privatización. 48 - La financierización económica. 55 - La crisis de las hipotecas basura. 68 - El caso español. 77 IV. MEDIOS DE COMUNICACIÓN FINANCIERIZADOS: SU PAPEL EN LA CRISIS ECONÓMICA. 81 - Un modelo de propaganda. 83 - Pensamiento único. 95 - El papel de los medios en la crisis. 98 - Conclusiones. 101 V. BIBLIOGRAFÍA. 104 4 5 I. INTRODUCCIÓN. La importancia de la crisis económica y financiera en la que estamos inmersos oficialmente desde septiembre del año 2008, momento de la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, la convierte en un hecho histórico con mayúsculas. Ya ha sido comparada con la crisis de 1929, hasta ahora considerada la mayor crisis económica de la historia. Pero las soluciones políticas que hasta ahora se han puesto en práctica para salir de esta recesión económica son totalmente opuestas a las que se implementaron para solucionar la otra crisis mencionada. Lo que fue llamado entonces pacto keynesiano, y que originó los Estados del Bienestar occidentales, supone lo diametralmente opuesto a las políticas que se están implantando ahora, que van en la dirección de desmontarlos. La crisis ha provocado la destrucción de decenas de millones de puestos de trabajo y un aumento de la pobreza en el mundo como consecuencia directa de la crisis calculado en cerca de 60 millones de personas por el Banco Mundial (Torres y Garzón, 2010), debido a la paralización de la actividad financiera, necesaria para la economía productiva que necesita créditos y préstamos para su actividad diaria. El sistema financiero habría quebrado de no ser por la intervención de los gobiernos, ya que estaba en situación de insolvencia (Navarro, Torres y Garzón, 2011). El coste total a nivel mundial de esta intervención se estima a finales de 2010 en 11’9 billones de dólares (trillones en la cuantificación norteamericana), un dato escalofriante cuando es contextualizado y comparado con otros datos macroeconómicos, por ejemplo con la deuda externa que los países de África tienen con los países occidentales, un total de 112.000 millones de dólares, menos del 1% del dato anterior1. Esta deuda no es condonada, pero no se ha dudado en inyectar al sistema financiero esos cerca de 12 billones para evitar la quiebra de numerosos bancos y entidades financieras. Aunque lo más sorprendente de todo es lo que ha pasado después de ese gigantesco “rescate financiero”, lo que ha ocurrido tras ese gasto astronómico pagado con dinero público y que ha provocado un evidente aumento de la deuda pública de nuestros países. Sobre todo tras comprobar en todos los 1 El siguiente enlace muestra una visualización de datos macroeconómicos entre los que se encuentra el mencionado coste global de la intervención para salvar el sistema financiero, y que ayuda de manera brillante a entender la magnitud del dato. Realizada por los responsables de infografía del diario británico The Guardian. http://www.attac.tv/altermedia/2011/01/1235 6 trabajos y artículos revisados que la principal causa del desplome fue el comportamiento especulativo, irresponsable y en la mayoría de las ocasiones fraudulento de la banca y de los operadores del sistema financiero. Tampoco se les ha exigido ningún tipo de obligación ni cumplimiento de responsabilidades profesionales o penales tras el rescate. Es más, si nos centramos en nuestro contexto político, la Unión Europea, nos encontramos con que el aumento de la deuda pública provocado por las inyecciones billonarias de dinero público debe seguir financiándose, como ocurre desde la desaparición de la banca pública, en los “mercados”. Siguiendo a diferentes autores, dichos mercados son los mismos que provocaron la crisis, los operadores del sistema financiero, principalmente los bancos, también las grandes sociedades de inversión especulativa y grandes corporaciones, en definitiva los grandes capitales (Garzón Espinosa, 2011a; Castells, 2011). En lugar de responder por lo que hicieron, se colocan en situación de “chantajear” a los gobiernos que les salvaron con el control de la deuda pública (Torres y Garzón, 2010; Garzón Espinosa, 2011b), que siguen manteniendo a pesar de todo lo sucedido, como otro mercado con el que poder especular. Si los gobiernos quieren financiación, tendrán que cumplir con los deseos de los mercados financieros. En caso contrario, tendrán que pagar intereses desorbitados por financiar su deuda, esto es, en lugar de pagar entre un 4-5% de intereses tendrán que pagar un 9-10%. España es uno de los países que más ha sufrido este “chantaje”, junto con Irlanda, Grecia, Portugal e Italia en los últimos meses; y su caso es escandaloso sabiendo que, como apunta Vicenç Navarro (2011a), la mayoría de esa deuda (55%) está en manos de bancos y entidades financieras españolas. Así pues, estos grandes capitales aprovechan su situación de poder forzando un nuevo “ajuste estructural”, la denominación que se da a las políticas económicas neoliberales que triunfan en todo el mundo desde los años setenta del siglo pasado (Martin y Schumann, 1996; Anisi, 1997; Torres y Garzón, 2010). Con el beneplácito de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), y de la propia Unión Europea, establecieron que los países debían controlar su gasto público (“ser austeros”) para no aumentar su deuda, y facilitar las condiciones más favorables para la inversión de los mercados financieros. Lo primero significa privatizar servicios públicos y recortar el gasto; lo segundo, bajar los salarios y dañar derechos sociales de los trabajadores (Torres y Garzón, 2010; Navarro, 2011b). Nos recuerda inevitablemente a la tesis de Naomi Klein, expuesta en su libro La doctrina del shock: 7 el auge del capitalismo del desastre (2007) y en la película homónima de Mat Whitecross y Michael Winterbottom (2009), que señala cómo han solido coincidir a lo largo del planeta los grandes recortes de derechos sociales y de los Estados del Bienestar con grandes crisis, no sólo económicas, también políticas o humanitarias. En este caso se vuelve a cumplir la ecuación. Esta situación es la que permite entender los mensajes que hemos encontrado en los medios durante estos años, sobre todo los dos últimos, 2010 y lo que llevamos de 2011, en los que políticos y dirigentes de instancias como el mencionado FMI o los bancos centrales justifican estas medidas coincidiendo siempre, en última instancia, en la causa final subyacente a las mismas: se toman para “calmar”, “tranquilizar”, “aplacar” a los mercados. El significado implícito de estos mensajes es claro, los mercados son los que mandan, y debemos cumplir con sus deseos si no queremos que la situación empeore aún más. Es una construcción mítica (Moreno, 2002), en la que los mercados son una especie de dios por encima de todo, fuera de todo control (de hecho son los que tienen el control), al que hay que calmar y aplacar a toda costa haciendo los sacrificios humanos necesarios para lograrlo, que son los derechos sociales y el bienestar de las clases populares (Castells, 2011). Se demuestra así la condición de estos “mercados”, lo que hemos llamado los grandes capitales, es decir, los bancos, los grandes inversores y las grandes corporaciones, como grupos de un poder tal que no sólo son capaces de salir airosos de la enorme crisis que han provocado, sino que dictan las medidas que la clase política debe tomar. Ante todo lo expuesto, parece fundamental examinar el papel de los medios de comunicación en el desarrollo de todo el proceso. Sobre todo de los grandes medios y prensa de referencia, pues son en gran medida creadores de opinión en la mayoría de la población. A pesar de la aparición en los últimos tiempos de medios alternativos y de la facilidad que da internet para acceder a ellos, la mayoría de la gente sigue informándose a través de los medios de referencia. La forma de contar lo que ha ocurrido durante esta crisis y las valoraciones que aparezcan en ellos sobre sus causas, efectos y soluciones, determinarán en buena medida las opiniones de la mayoría de la ciudadanía. Según el postulado democrático (Chomsky y Herman, 1990) los medios de comunicación son independientes y se basan en criterios objetivos e imparciales, lo que asegura la pluralidad del sistema mediático. Sin embargo, en la mayor parte de autoras y autores con una perspectiva de análisis crítica con las realidades sociales, encontramos 8 valoraciones muy negativas sobre los grandes medios. Es más, han desarrollado numerosas denominaciones alternativas para mostrar su punto de vista: medios de propaganda (Moreno, 2002), medios de persuasión neoliberal (Navarro, 2010)… Nos planteamos si existen esas dos características, independencia y pluralidad, en los medios de referencia. En el ámbito académico, desde el pensamiento crítico en general, y desarrollos teóricos como la teoría de la propaganda o la Economía Política de la Comunicación en particular, se ha planteado esta cuestión en muchos trabajos y sus respuestas nos indican una situación diferente. Los medios de comunicación tienen dueños. La economía política se ha preocupado especialmente en mostrarnos las estructuras de propiedad de los medios, su evolución, y sus consecuencias en la actividad mediática o periodística. Hoy en día, atendiendo al contexto socioeconómico y a la dinámica que ha seguido durante las últimas décadas, sabemos que los medios pertenecen a empresas de comunicación que a su vez pertenecen a otras empresas, corporaciones, bancos y/o grupos financieros; y viceversa, que los grupos de comunicación invierten en negocios ajenos a su labor (Chomsky y Hermann, 1990; Labio Bernal, 2006; Reig, 2011). En la dinámica de la “Nueva Economía” (Moreno, 2002; Reig, 2010) el capital tiende a convertirse en red, a diversificarse y a la vez a concentrarse, formando un entramado o tela de araña que envuelve todo el planeta y todos los sectores socioeconómicos. Si además se indaga en ese entramado difícil de seguir y de clarificar vemos que medios con orientación e intereses políticos aparentemente distintos comparten propietarios en muchas ocasiones. Es decir, no es sólo que tengan el mismo tipo de propietarios (grandes corporaciones internacionales, bancos, fondos de inversión…), es que son los mismos propietarios. Entonces debemos atender al siguiente hecho, siguiendo nuestra argumentación: los grupos que provocaron la crisis controlan los grandes medios de comunicación. Por tanto, la lógica nos dice que las informaciones y las líneas editoriales de los medios en relación con la crisis y las medidas políticas y económicas que se han tomado hasta ahora para solucionarla deben coincidir en favorecer los intereses de estos grupos. Más teniendo en cuenta la gravedad del fenómeno, que alude al mismo epicentro de la estructura de poder socioeconómico. Respondía Ignacio Ramonet en una entrevista reciente que el poder mediático es el acompañante del poder financiero, es el aparato 9 ideológico de la globalización2. El fin de este trabajo es comprobar si esta situación se cumple y cómo lo hace. Hipótesis. Nuestras hipótesis de partida son las siguientes:  Los discursos de los medios mayoritarios en España sobre la crisis financiera, sus causas, y las soluciones políticas adoptadas para superarla, son en realidad un discurso único, que silencia los discursos alternativos y críticos, o los deslegitima. Siguiendo los trabajos enmarcados en la Economía Política de la Comunicación, que es la escuela teórica que nos sirve de referencia básica en nuestra investigación, los medios de comunicación mayoritarios tienden a decir lo mismo cuando se trata de asuntos especialmente sensibles para la seguridad del orden establecido, y fundamentalmente los relacionados con el orden económico. En el caso de la actual crisis económica este hecho debe manifestarse claramente, pues alude directamente al funcionamiento del sistema económico y financiero, en el que operan y del que se benefician las corporaciones de todo tipo que controlan dichos medios. Su discurso se uniformiza y aparta otras perspectivas alternativas, que en este caso versarían sobre la regulación financiera y la tasación de las actividades financieras especulativas (Ramonet, 2011), la vuelta de la banca pública y el establecimiento de un sistema fiscal progresivo (Navarro, 2011a), la exigencia de responsabilidades (incluidas las penales) a las personas y entidades responsables de la crisis (Ferguson, 2010), y otras que iremos viendo posteriormente. La siguiente cita de Ignacio Ramonet plasma con sencillez esta tendencia mediática: “…si todos los medios de comunicación afirman que algo es cierto, entonces ¡es cierto! Si la prensa, la radio o la televisión dicen que algo es cierto, pues es cierto, aunque sea falso. Evidentemente, los conceptos de verdad y mentira han variado. El receptor no tiene 2 En Público, 05-06-2011. http://www.publico.es/televisionygente/380186/el-gobierno-debe-oir-al-15- m-en-vez-de-a-los-banqueros 16 presiones y clausura de opciones, como lo hacían Peter Golding y Graham Murdock (Reig, 2010:72). Pero la acción individual y social también puede resistir, luchar y, a veces, incluso traspasar límites. En definitiva puede tener cierta autonomía, y no verse abocada de manera mecánica a la sumisión. Tenemos el ejemplo de los movimientos sociales críticos surgidos en estos últimos años (anti-globalización, altermundismo, y la actual indignación); también podemos mencionar a intelectuales del ámbito de la universidad o de las humanidades en general que con sus trabajos analizan y denuncian la situación actual, apoyan y se relacionan con dichos movimientos. Varios de ellos y ellas serán referencias básicas para este trabajo. Fundamentos de la Economía Política. Pasamos ya a exponer los fundamentos de la EPC, para lo que el trabajo de referencia de Vincent Mosco (2009) nos servirá de guía principal. Al tratar esta cuestión inicialmente tendremos que hablar de qué es la Economía Política, pues el ámbito de la la comunicación no deja de ser un campo de estudio al que aplicar los conocimientos de esta disciplina. Es bien conocido el significado etimológico de ambas palabras de origen griego, y Raymond Williams lo interpretó apuntando que ambas aluden a la idea de gestión, la primera del hogar, la casa, y la segunda de la comunidad, por aquel entonces organizada en las ciudades-estado. Se observa que desde el mismo principio la economía política combina los sentidos descriptivo y prescriptivo, tratando de presentar cómo deben hacerse y gestionarse las cosas, lo que ya introduce un carácter moral que veremos es básico en la disciplina. Mosco aporta dos definiciones, la primera es más concreta, la segunda es más general y ambiciosa. Primero, la economía política puede entenderse como “el estudio de las relaciones sociales, particularmente las relaciones de poder, que constituyen mutuamente la producción, distribución, y el consumo de recursos”3 (2009:24). La disciplina tiende a concentrarse en las relaciones organizadas a partir del poder, o la capacidad de controlar a otras personas, eventos y procesos. Una muestra en el ámbito 3 Cita original en inglés: “… the study of the social relations, particularly the power relations, that mutually constitute the production, distribution, and consumption of resources”. 17 de la comunicación puede ser el análisis del reforzamiento del poder de las empresas internacionales de marketing en el negocio de los medios, habiéndose convertido en productoras primarias de información valiosa sobre consumidores; un proceso documentado entre otros por Armand Mattelart en La internacional publicitaria (1990). Esta definición es un buen punto de partida, aunque tenga sus limitaciones, por ejemplo, asume que podemos reconocer y distinguir entre productores, distribuidores y consumidores con facilidad, lo que no siempre ocurre. La otra definición, más general, la entiende como “el estudio del control y la supervivencia en la vida social”4 (2009:25). Con ella la disciplina se abre a realidades diferentes a las sociedades capitalistas contemporáneas, incluyendo otras especies y el medio ambiente en sentido amplio; lo que permite que entendamos la vida humana como parte de un largo proceso histórico y de una totalidad mucho más amplia. Otra forma de describir la EP es centrar la atención en sus características principales. La mayoría de autores coincide en señalar cuatro ideas o preocupaciones como características centrales: la perspectiva histórica y el cambio social, la totalidad social, la filosofía moral y la praxis. Estas cuatro preocupaciones estaban presentes en el trabajo de los economistas clásicos (que de hecho bautizaron el campo de estudio que estaban creando como “economía política”), los filósofos morales ingleses y escoceses del siglo XVIII, principalmente Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus y John Stuart Mill. En su aproximación epistemológica a los orígenes de la disciplina, Núria Almiron (2009) realiza una interesante defensa de estos autores, que han sido por una parte sobresimplificados por la economía neoclásica, y por otra atacados por la mayoría de perspectivas críticas al haber sido reclamados por el liberalismo económico como referentes teóricos. Siguiendo otro trabajo de Matthew Watson, Almirón comenta cómo el pensamiento de aquellos filósofos morales estaba cargado de postulados críticos y exigencias éticas, y que hay una ausencia de vínculos reales entre ellos y las corrientes neoliberales actuales a pesar de la constante reivindicación que hacen estos últimos de dichos vínculos. Vamos a presentar brevemente estas cuatro preocupaciones, siguiendo a Mosco y Almiron: 4 Cita original en inglés: “… the study of control and survival in social life”. 18 1) La EP ha dado prioridad tradicionalmente a la comprensión de las transformaciones históricas y los cambios sociales. Para los teóricos clásicos de la disciplina como Adam Smith o David Ricardo esto significó comprender la gran revolución capitalista que transformó sociedades basadas en el trabajo agrícola en sociedades industriales basadas en la manufactura y el comercio. Para Karl Marx fue examinar las fuerzas dinámicas en el capitalismo responsables de su crecimiento y cambio. En relación a la perspectiva histórica es importante definir cuál es su posición con respecto a la reproducción de las estructuras sociales. La EP ha tendido a concentrarse en la producción y reproducción de estructuras invariables. Podemos observar esta tendencia en el trabajo de Ramón Reig: “Siempre nos ha llamado la atención este aparente inmovilismo de índole esencial -subrayamos, esencialde la estructura, es decir, su permanencia” (2010:61). Es muy comprensible considerando el enorme poder de estructuras como las grandes corporaciones multinacionales. Pero esto implica considerar la historia como un bucle de reproducción estructural. Otros autores defienden la perspectiva histórica como un proceso constitutivo. En palabras de Rob Connell: “Los grupos que tienen el poder intentan reproducir la estructura que les otorga sus privilegios. Pero es siempre una pregunta abierta si lo lograrán, y cómo”5 (citado en Mosco, 2009:27). 2) Su propuesta es analizar la totalidad social, con un enfoque holístico que abarca cuestiones situadas habitualmente en los compartimentos de distintas disciplinas académicas, donde las relacionadas con clases sociales van a la sociología, las interesadas en el gobierno van a las ciencias políticas, las de mercado a economía… John Stuart Mill consideró la necesidad de aproximarse de manera amplia a la vida social, pues no se podían entender las cuestiones prácticas sólo a partir de premisas económicas. Desde entonces, todas las corrientes pertenecientes a la disciplina a pesar de sus diferencias han mantenido este enfoque. 3) La filosofía moral refiere a valores sociales y concepciones sobre lo apropiado de las prácticas sociales. Peter Golding y Graham Murdock afirmaron que lo que distingue a la EP en su carácter crítico es, principalmente, ir más allá de cuestiones técnicas y de eficiencia para tratar cuestiones morales básicas sobre justicia, igualdad y el bien público. Posteriormente volveremos a ello, pero apuntaremos aquí que esta cuestión supuso una de las principales rupturas entre la EP y la economía: por ejemplo, la opción 5 Cita original en inglés: “Groups that hold power do try to reproduce the structure that gives them their privilege. But it is always an open question whether, and how, they will succeed”. 19 tomada por la economía de definir el trabajo como un factor más de producción, igual que la tecnología o la materia prima, contiene una determinada visión moral implícita, en la que las personas son intercambiables con los demás factores, son piezas o herramientas para los propósitos económicos. Esta crítica es básica en la teoría marxista y en la teoría crítica de la escuela de Frankfurt (Hottois, 1999). 4) La cuarta característica es la praxis, una idea con raíces en la historia de la filosofía, que encuentra su mayor traslación a los estudios de comunicación en el trabajo de la escuela de Frankfurt, sobre todo en Marcuse y Habermas. En la forma más general refiere a la actividad humana, específicamente a la actividad libre y creativa por la cual la gente produce y cambia el mundo y a ellos mismos. La praxis ocupó un lugar central en el trabajo de Kant, Hegel y Marx (para éste último suponía la alternativa al trabajo alienante). El concepto de praxis nos lleva a una visión del conocimiento como resultado conjunto de la teoría y la práctica, de concepción y ejecución. Para la tradición marxista ha significado explícitamente la unión de los roles de intelectual y activista, cuyo caso más célebre es probablemente el de Antonio Gramsci, que creó la idea de intelectual orgánico, educado tanto en las herramientas teóricas de análisis como en la práctica política de lucha y resistencia. En la mayoría de casos los economistas políticos comparten esta vocación de activismo y lo han demostrado; en el ámbito de la comunicación fue muy conocida su participación en el intento de los años 70 del siglo pasado por crear un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (Mattelart, 2003). La ruptura con el paradigma clásico. Para entender las diversas derivas que ha tomado la disciplina hay que hablar de la ruptura con su paradigma clásico. A finales del siglo XIX se produjo una reacción a la economía clásica, en forma de dos teorías económicas alternativas al clasicismo (Almiron, 2009): la de los neoclásicos, que llegará a cambiar la denominación del campo de estudio por el de simplemente “economía” o economics; y la de aquellos autores que conservarán las preocupaciones de los economistas políticos, y con ello no 20 tendrán inconveniente en mantener la denominación de “economía política”, aunque romperán epistemológicamente con ellos. O sea, una división entre aquellos que eliminaron la política (esto es, la dimensión moral) de su campo de estudio y aquellos que la conservaron en su análisis de lo económico. - Los economistas neoclásicos basaron su doctrina en una serie de postulados:  el énfasis en el individuo como unidad primaria de análisis (su atomización);  el mercado como estructura principal de organización;  la sustitución de la dimensión política por la búsqueda de la objetividad;  la investigación empírica del mercado como base de la construcción teórica;  la matemática como el lenguaje de conceptualización principal;  la restricción del trabajo a uno más de los factores de producción, no siendo considerado como el único ni el más importante;  y la eliminación de las cuatro preocupaciones clásicas, de la historia, el análisis global de la sociedad, la filosofía moral, y la praxis o compromiso del análisis con la sociedad. Su intención es considerar a la economía como una ciencia matemática, para lo que abandonaron los vínculos con disciplinas de las ciencias sociales (para ellos disciplinas no científicas) como la sociología, la ciencia política o la historia. Bajo este paradigma los economistas deberían estudiar deseos expresados a través de preferencias en el mercado, y no necesidades determinadas por la filosofía moral. Como señala Almiron, es evidente que esta visión se ha impuesto hasta nuestros días, aunque hayan surgido diferentes ramas de pensamiento dentro de ella. La distinción principal es la que se produce entre los keynesianistas (el propio John Maynard Keynes, Arthur Cecil Pigou, Joan Robinson), menos proclives a aceptar la supremacía del individualismo y del mercado, también conocidos como socialdemócratas; y los monetaristas (Friedrich Von Hayek, Milton Friedman), asesores y defensores de las políticas practicadas y promovidas por los gobiernos más conservadores de Estados Unidos y el Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XX, y rebautizados en los 21 últimos años como neoliberales6. Pero ambas ramas representan lo que hoy en día viene en denominarse visión ortodoxa de la economía o economía ortodoxa. - Frente a los neoclásicos, la corriente de pensadores que mantuvo las preocupaciones de los clásicos a pesar de su ruptura epistemológica con ellos es muy plural. Hay quienes consideran a Marx y los autores marxistas o neomarxistas como los principales miembros de esta corriente, pero para otros la teoría marxista es sólo una más de las herederas de las preocupaciones clásicas. También encontramos a los institucionalistas, los que creen que las instituciones pueden modelar el mercado, y que de hecho lo están haciendo a favor de las grandes corporaciones; los movimientos sociales, especialmente el movimiento feminista y medioambientalista; e incluso autores conservadores no neoliberales, que priman en su análisis el objetivo de expandir la libertad individual pero manteniendo los postulados clásicos. Más adelante trazaremos las líneas básicas de estas corrientes, ahora vamos a apuntar en qué consistió esa ruptura con los clásicos, que tomó dos direcciones: una basada en una crítica radical a su paradigma, y otra que parte de una crítica conservadora (Mosco, 2009). Los dos pilares de la crítica radical fueron el socialismo utópico y el socialismo marxista. Los críticos utópicos (Godwin, Paine, Owen, Saint-Simon…) atacaron la posición clásica por no aplicar su supuesta racionalidad contra uno de los cimientos del capitalismo, la propiedad privada. Consideraban que no podía haber un sistema más irracional que éste, que defiende la exclusión de masas de población de los frutos de su propio trabajo. Marx partió del trabajo como el más importante factor de producción (al igual que los economistas políticos clásicos) situándolo en su marco de análisis de la historia, dialéctico y materialista (Hottois, 1999). Para él la historia significaba sobre todo cómo la gente se hacía a sí misma a través del trabajo. Pero a partir de sus ideas sobre la divergencia entre el valor de uso y el valor de cambio desarrolló su teoría de la explotación; esa diferencia es la plusvalía del trabajo, que se apropia el capital de dos formas, incrementando el tiempo de trabajo (explotación absoluta) o intensificando el proceso de trabajo (explotación relativa). 6 En La doctrina del shock, libro y película (2007, 2009), se relata el importante papel de Milton Friedman y la Escuela de Economía de Chicago en la promoción de estas políticas económicas por todo el mundo. 22 En Contribución a la crítica de la economía política (2009) se encuentra el desarrollo de su crítica. La escuela clásica se interesó por la transición histórica desde el feudalismo hacia el capitalismo, pero cuando se trataba de examinar el propio capitalismo nunca llegó a cuestionarse su esencia, si contenía una tendencia inherente y natural a la desigualdad y la miseria de la mayoría de la población. En este sentido la teoría clásica identificó las fuerzas que dinamizaban el capitalismo (capital y trabajo) pero las naturalizó; Marx reveló las relaciones sociales que subyacen en este sistema, con su teoría de las clases sociales en la que la clase trabajadora vende su fuerza de trabajo sin controlar los medios de producción y es explotada por los propietarios, organizados en diferentes empresas que compiten en los mercados. La competencia dirige a las empresas a maximizar la plusvalía para incrementar la acumulación de capital. Otras ideas de máxima vigencia hoy son el crecimiento constante de la mecanización del trabajo, la concentración del capital, y la periodicidad de las crisis económicas capitalistas. Hay que decir que a pesar de lo expuesto sobre la naturalización del capitalismo por parte de la economía clásica, Marx heredó varias de estas ideas de allí, sobre todo de David Ricardo (Mosco, 2009; Almirón, 2009), como la sociedad dividida en clases, la denuncia de una clase que obtiene más beneficios de la economía que otra, y la convicción de que es el poder político que ostentan las clases más privilegiadas el que les permite mantenerse en esa posición. Por último, debemos mencionar una ruptura de raíz conservadora (Mosco, 2009). Representada por los autores Edmund Burke y Thomas Carlyle, se basa en una crítica a la idea de que el desarrollo económico surge del interés propio de los individuos, que buscan de manera racional maximizar su riqueza. Tomando un célebre ejemplo de Adam Smith, Carlyle dijo que el interés propio del carnicero, el cervecero y el panadero también puede conducirles a destruirse uno al otro. Para estos conservadores la riqueza surge de un orden orgánico que respeta las tradiciones y ofrece a la gente un sentido claro de su rol social y una base moral que los motiva a cumplirlo. - A pesar de esta ruptura, también hubo un tercer grupo que mantuvo el vínculo con la EP clásica en el siglo XX, y que tuvo gran influencia en la EPC. Núria Almiron (2009) cita en particular a dos economistas políticos anglosajones, John Kells Ingram y Robert 23 A. Brady, por su enorme influencia entre los primeros economistas políticos de la comunicación, como Dallas Smythe, Herbert Schiller o Thomas Guback. Ingram fue seguidor de Auguste Comte y su positivismo, creía en la mejora de la sociedad a través de la investigación científica; pero pensaba que esta mejora sólo podía alcanzarse subordinando la economía a la moral, dotando de dimensión moral al capitalismo. De aquí derivan sus cuatro grandes críticas a la economía ortodoxa: el estudio de la economía no puede realizarse al margen del análisis de los aspectos sociales; debería revisarse la tendencia excesiva a la abstracción y a las simplificaciones carentes de realismo de los economistas; el método deductivo, usado prioritariamente, debía ser sustituido por el método histórico; y las leyes económicas y prescripciones prácticas debían formularse y expresarse de forma menos absoluta, pues no son verdades absolutas. Para él la economía era una rama de la sociología y tenía que atender a más dimensiones que la puramente matemática. Su influencia en Dallas Smythe fue fundamental. Brady desarrolló principalmente dos líneas de investigación. Estudió el crecimiento continuo de las grandes corporaciones así como el modelo de racionalización que las impulsaba; y demostró que la formación de estas grandes organizaciones y de sus lógicas de crecimiento había construido una base estructural antidemocrática en la sociedad. Dan Schiller reivindicó la importancia de Brady para los primeros economistas políticos norteamericanos, por su análisis sobre las prácticas simbólicas y económicas autoritarias que habían emergido y el marco de explotación económica en el que se encontraba la sociedad. De este modo conectaba con la corriente marxista, más influyente en Europa, sin beber de ella directamente. Corrientes teóricas de la Economía Política. Tal y como hemos prometido, nos disponemos a presentar las escuelas de pensamiento que han mantenido las preocupaciones clásicas y por tanto son críticas con los postulados de la economía ortodoxa. Todas ellas han aportado interesantes reflexiones a la EP en general y a la EPC en particular. 24 - En la EP de origen marxista podemos distinguir entre corrientes y autores que siguen de manera fiel la construcción teórica de Marx, y otras que han realizado relecturas críticas de sus planteamientos, a las que llamaremos corrientes neomarxistas (Mosco, 2009). En el primer grupo se encuentran autores como Paul Baran y Paul Sweezy, o Michael Mandel, que partieron directamente de El capital para criticar al neoclasicismo, tomando las teorías del valor del trabajo, la explotación y la lucha de clases, la concentración del poder económico, el imperialismo y las crisis. Estos marxistas tradicionales han dado un lugar central en su trabajo al análisis tanto moral como técnico de la irracionalidad (en un mercado que da principal importancia a los beneficios en perjuicio de la educación o el bienestar) y la explotación (absoluta en el tercer mundo y relativa en el primero). Entre los neomarxistas se encuentran construcciones como el marxismo analítico de Cohen, que estando de acuerdo con las críticas a las desigualdades del capitalismo y a su negativa a asegurar el bienestar de la mayoría, ataca a la economía neoclásica en sus propios valores: cuando el capitalismo puede reducir el tiempo de trabajo, elige a pesar de ello el aumentarlo, negando sus supuestos principios al no garantizar un mayor tiempo libre para perseguir la libertad. También se encuentra el socialismo de mercado, que acepta la existencia de principios positivos en la actividad de mercado sin aceptar el capitalismo, con autores como Alec Nove y David Miller. Una posición que establece un puente entre la perspectiva tradicional y la neomarxista es la teoría de los sistemas-mundo. Combinando el análisis de la escuela historiográfica francesa de los ‘Annales’ y la sociología global del norteamericano Immanuel Wallerstein, sus teóricos tratan de desarrollar una comprensión mundial de la totalidad social, a través de la economía global, las relaciones internacionales de clase, las relaciones entre estados y la jerarquía centro-periferia. - En la perspectiva institucionalista es la estructura organizacional de la economía, no el mercado, la que establece la producción, distribución e intercambio de bienes y servicios (Mosco, 2009; Almiron, 2009). El análisis de la estructura organizacional 25 incorpora la historia de las instituciones, la sociología de la burocracia, la evaluación de las oportunidades y las restricciones tecnológicas, y la influencia de las costumbres, las leyes y los aspectos ideales en la construcción social del valor. Su epistemología combina el pensamiento historicista alemán (donde podemos incluir a Max Weber) y el pragmatismo anglo-americano (representado principalmente por John Dewey). Entre los primeros institucionalistas destacó Thorstein Veblen. Describían un mundo en el que las excepciones a la teoría clásica eran en realidad la regla; hablamos de finales del XIX y principios del XX, con la actuación de grandes corporaciones y monopolios que negaban el contenido de los modelos de mercados competitivos propios del neoclasicismo. En La teoría de la clase ociosa, publicada en 1.899, Veblen negó que la racionalidad o el sentido común rigieran las elecciones del consumidor. Para él decidían en base a irracionalidades, como por ejemplo el consumo para tratar de emular a grupos con alto nivel de riqueza o estatus (lo que aquí conocemos como “aparentar”). Entre los institucionalistas contemporáneos John Kenneth Galbraith es el más conocido. Su trabajo continúa el análisis del consumo de Veblen, introduciendo a la industria de la publicidad por su enorme influencia en la construcción social de los deseos. En El nuevo estado industrial de 1.967 volvió al interés tradicional de la teoría institucionalista por la estructura y la tecnología para examinar lo que él llamó la tecnoestructura corporativa, la combinación de fuerza técnica y organizacional que permitió a las grandes corporaciones concentrar el tamaño y el poder necesarios para controlar los mercados libres. Para Vincent Mosco todos los institucionalistas comparten una característica que los separa de las perspectivas marxistas: ellos ven, para bien y para mal, la maximización del poder en las estructuras burocráticas como más importante y decisiva que la maximización del beneficio. - Dentro de la perspectiva conservadora crítica con el mainstream económico (Mosco, 2009), surge una escuela corporativista representada por trabajos como los de Robert Nisbet, que ataca el rechazo de la política llevado a cabo por la economía neoclásica, aduciendo además que de este modo lo político es capturado por los pensamientos liberal y socialista. También ataca la teoría de las expectativas racionales, afirmando 32 Guerra Mundial, hacia un orden mundial liderado por los negocios transnacionales. Varios autores han tratado las dificultades para crear y gestionar políticas globales sobre comunicación sin la existencia de un estado mundial. También fue importante dentro de la investigación internacional el movimiento NOMIC (Labio Bernal, 2006), el intento que se produjo a finales de la década de los setenta de configurar un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación. Surgió de las demandas de gran parte del Tercer Mundo para revisar el sistema económico y mediático: “… se basaba en la eliminación de los desequilibrios y desigualdades, así como en el fin de los efectos negativos de algunos monopolios, públicos o privados, y de las excesivas concentraciones. También se abogaba por la pluralidad y la libertad de prensa e información, y por el respeto a las identidades culturales de los pueblos. Si vamos un poco más allá, nos daremos además cuenta de que los principios a los que aspiraba el NOMIC poco tenían que ver con los que el sistema capitalista pretendía desarrollar” (Labio Bernal, 2006:34) No había entonces, como no la hay ahora, voluntad en los países dominantes de democratizar el sistema. Naciones Unidas respaldó inicialmente la iniciativa, pero ésta quedó congelada tras el sometimiento de la UNESCO a las presiones occidentales. - La investigación en Europa ha estado menos vinculada a figuras fundadoras específicas, aunque existen autores de referencia que se inscriben en otros enfoques teóricos, como la sociología crítica o la ciencia política crítica, pero que contribuyeron al desarrollo en Europa de la EPC (Quirós, 2001; Mosco, 2009). En Gran Bretaña resultó influyente la figura de James Halloran, como reconocen los propios Golding y Murdock. Otras influencias se encuentran en Dieter Prokop, que realizó estudios sobre economía política de los medios desde las posiciones teóricas de la Escuela de Frankfurt; Hans Magnus Enzensberger, que publicó un trabajo de referencia, La industria de la conciencia en 1974, y que enfatizó las relaciones de clase y las características contradictorias y subversivas de los medios de masas; y Kaarle Nordenstreng, que jugó un papel principal en el desarrollo de estudios sobre comunicación internacional y un fuerte activismo político en temas importantes como el NOMIC. 33 Como en Norteamérica, la investigación ha estado por momentos conectada a movimientos por el cambio social, en especial por la defensa de sistemas de medios públicos. La mayor parte de sus trabajos se ha enmarcado en tradiciones teóricas marxistas, tomando dos direcciones principales (Mosco, 2009). Una de ellas, reflejada en el trabajo de los británicos Garnham, Golding y Murdock, ha enfatizado el poder de clase; construida sobre la tradición de la Escuela de Frankfurt y la obra de Raymond Williams, documenta la integración de las instituciones del ámbito comunicativo, tanto de los negocios como autoridades estatales, en la economía capitalista, así como la resistencia de las clases populares y movimientos sociales opuestos a las políticas neoconservadoras que promueven la liberalización, comercialización y privatización de las industrias de la comunicación. La segunda dirección ha hecho hincapié en la lucha de clases, y sobresale entre sus miembros Armand Mattelart, que ha seguido varios desarrollos marxistas como la teoría de la dependencia o los movimientos de liberación nacional, para entender la comunicación como una de las principales fuentes de resistencia al poder. Peter Golding y Graham Murdock han analizado los procesos de concentración a partir de los medios británicos, en los campos de la publicidad, edición, prensa, radio, televisión, cine e industria discográfica; y sus implicaciones, entre ellas la restricción de las opciones de información y ocio. Ya hemos comentado que para ellos el determinismo económico debe ser entendido como el planteamiento de los límites dentro de los cuales se desarrolla la cultura mediada. Consideran que la producción cultural conserva una autonomía real, derivada de la tolerancia habitual en la ideología liberal (Quirós, 2001). Reconocen la influencia del análisis de la industria cultural realizado por la escuela de Frankfurt, como una de las primeras vías que conectan el legado marxista con el estudio de la comunicación masiva, en particular las ideas de Theodor Adorno, que situaba las raíces de la dominación cultural en las dinámicas económicas de la industria cultural. Aunque esto es un punto de partida, y no están de acuerdo con los estudios ‘frankfurtianos’ que consideran todos los productos culturales como instrumentos de la ideología dominante. Destacamos entre su obra el trabajo de 1979 Capitalism, communication, and class relations. Nicholas Garnham también aplaude la teoría de Frankfurt de los inicios, y su forma de relacionar la base y la superestructura en el capitalismo de las industrias culturales, donde los monopolios provocan que la superestructura se vea invadida por la base, es 34 decir, que la superestructura se industrialice y con ello se borre la separación entre ambas (Quirós, 2001). Para él los medios de masas son en primera instancia entidades económicas con un papel económico directo (creadores de plusvalía a través de la producción de mercancías culturales) e indirecto (creadores de plusvalía en otros sectores de producción mediante la publicidad). Pero al igual que sus compatriotas critica a los seguidores de la escuela que no tienen en cuenta la naturaleza contradictoria de estos procesos; aunque el capital controle la producción cultural, no se puede concluir que las mercancías culturales apoyen necesariamente la ideología capitalista. Estos productos pueden llegar a ser profundamente subversivos, y deben ser vistos como el resultado de luchas entre formaciones sociales capitalistas y no-capitalistas (Mosco, 2009). Garnham pone como ejemplo la producción artesanal de libros y películas. Por una parte puede ser vista como coherente con la lógica capitalista, pues el capital controla su reproducción y distribución masiva, se beneficia de su aporte a la diversidad de productos, y le traspasa riesgos. Pero por otra parte la producción artesanal ha sido lugar de resistencias contra la lógica capitalista y defensas de la esfera pública y la ciudadanía frente a la esfera de las corporaciones y el consumismo.11 Mencionaremos como importante su obra Contribution to a political economy of mass communication de 1979. En Armand Mattelart es menor la influencia de Frankfurt, y mayor la de Edgar Morin. Sus introducciones para un trabajo de dos volúmenes que editó junto a Seth Siegelaub, Communication and class struggle, en 1979 y 1983, tienen el tamaño de un libro y se consideran como referencia para la EPC (Mosco, 2009). Basándose en El capital de Marx, Mattelart delimita las dimensiones del modo de producción de comunicación capitalista: producción de instrumentos (máquinas utilizadas para transmitir información); métodos de trabajo (los géneros y sus prácticas específicas, códigos, etc.); y relaciones de producción (relaciones de propiedad, relaciones transmisor-receptor, división del trabajo, y formas y prácticas organizacionales). En cuanto a la posibilidad de resistencia, está de acuerdo con Pierre Bourdieu en que el conocimiento es una forma 11 En la película Wal-Mart: el alto coste de los bajos precios (Greenwald, 2005) podemos ver un ejemplo de producto cultural artesanal y subversivo, y también ejemplos de este fenómeno de resistencia frente al mundo de las corporaciones. Otros filmes que ejemplifican esta tendencia son Corporaciones, ¿instituciones o psicópatas? (Achbar y Abbott, 2003), o El mundo según Monsanto (Robin, 2008). Incluso en películas facturadas desde el mainstream se pueden encontrar mensajes que cuestionan la lógica capitalista (Capitalismo, una historia de amor, Michael Moore, 2009; o Inside job, Ferguson, 2010). 35 de ‘autodefensa’, un instrumento de libre pensamiento que permite a la ciudadanía protegerse contra abusos de poder simbólico, tomen estos la forma de publicidad o de propaganda política o religiosa. Veamos ahora algunas corrientes y temáticas mayoritarias en la tradición europea de EPC (Mosco, 2009). Una tendencia que ha mantenido un fuerte interés para la investigación ha sido el análisis histórico. Esto destaca en la tradición británica, con una gran preocupación por la historiografía, y dentro de ella la historia de la prensa; también en Francia, por ejemplo en la escuela de los Annales. Por supuesto, los procesos de concentración también han sido centrales en la investigación europea. Asu Aksoy y Kevin Robins realizaron una lectura en clave de EPC de la industria de cine y video que documenta estos procesos estructurales. La antigua industria de Hollywood, ejemplo de organización fordista con su sistema vertical de estudios, se ha transformado; las grandes empresas de Hollywood se han convertido en grandes conglomerados mediáticos globales, como Time Warner, Sony y News Corp. De nuevo se constata el aumento del número de compañías pequeñas e ‘independientes’, que absorben los riesgos de determinados productos y los costes laborales, mientras los gigantes mantienen el control sobre las áreas fundamentales de las finanzas y la distribución. Mucha literatura surgida de la EP toma una perspectiva crítica y negativa de las nuevas tecnologías. Muchos autores han producido un enorme cuerpo de investigación sobre las formas en que las TIC han sido utilizadas para ampliar el poder y el control de las empresas transnacionales y para profundizar las desigualdades sociales. Pero también hay quienes advierten de sus posibilidades para promover los intereses democráticos, y tenemos ejemplos muy recientes de uso de las nuevas tecnologías para promover movimientos sociales horizontales, sin concentración de autoridad, que producen alternativas públicas fuera del aparato estatal (movimiento altermundista, movimiento 15-M); incluso de grupos que aprovechan sus habilidades excepcionales usando dichas tecnologías (el colectivo Anonymous). - La investigación en el Tercer Mundo12 (Mosco, 2009) ha cubierto un amplio abanico de intereses, pero la corriente más extensa surgió en respuesta al paradigma 12 Aclaremos, como hizo Mosco, el término ‘Tercer Mundo’, pues puede dar lugar a discusiones. Se creó para englobar a los países menos desarrollados que no formaban parte del ‘Segundo Mundo’ de 36 modernizador o desarrollista que originó en Occidente los intentos por incorporar la comunicación a un paradigma explicativo en consonancia con los intereses dominantes. Según esta tesis los medios eran recursos, que junto a la urbanización, la educación y otros ámbitos sociales estimulaban la modernización y el progreso económico, social y cultural. El crecimiento de los medios es visto bajo este paradigma como un índice de desarrollo. Los economistas políticos de estos países desafiaron las premisas fundamentales de ese modelo, en particular su determinismo tecnológico y su omisión de cualquier interés en las relaciones de poder y de clase que conforman los intercambios económicos y sociales entre las naciones del Primer y del Tercer Mundo (Moreno, 2002; Ziegler, 2003). Para ello partieron de la teoría de la dependencia, de la teoría de los sistemasmundo y otras corrientes de la EP neomarxista. La teoría de la dependencia surgió en contraposición a la teoría de la modernización (Mosco, 2009). Esta aparece en el contexto post-segunda guerra mundial, en el cual los países occidentales encaraban problemas importantes, como los movimientos descolonizadores o las convulsiones políticas en América latina; se presentaban muchos países recién independizados en escena, a los que Occidente pretendía introducir en la jerarquía de los circuitos del capitalismo. Armand y Michéle Mattelart consideraron la teoría de la modernización como una lectura simplista del modelo sociológico clásico de Ferdinand Tönnies que distinguía lo tradicional de lo moderno, lo rural de lo urbano. Uno de sus elementos fue la ‘construcción nacional’, proceso de creación de élites nacionales que pudieran apartar a los movimientos de liberación nacional del modelo socialista que ejemplificaban la Unión Soviética y algo después China, e introdujeran a estos países en la economía de mercado. Los teóricos de la modernización señalaron a los medios de comunicación como un vehículo para conseguir estos objetivos. Una buena aceptación de las tecnologías y de los mensajes mediáticos era vital para muchas cosas, incluyendo la necesidad de cambiar las estructuras familiares extensas, de crear una economía de mercado, y de construir una clase de líderes locales y nacionales que apoyaran estos procesos y la entrada paulatina del modo de vida occidental. naciones alineadas con la antigua Unión Soviética. Tras su desaparición no sería necesario distinguir un segundo y tercer mundo, pero sigue siendo útil para identificar a los países que no forman parte del núcleo de países desarrollados, que serían Estados Unidos, Europa occidental, Japón, Australia y Nueva Zelanda, y los recientes ‘BRICS’ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), estados que han pasado a ser considerados como actores internacionales de importancia análoga a los anteriores. 37 La evidencia de que la ‘modernización’ hizo bastante poco para mejorar las condiciones económicas reales de la gente del Tercer Mundo llevó a la aparición de numerosos críticos con la tesis modernizadora. Estos tuvieron un anclaje teórico fuerte en la emergencia de la teoría de la dependencia, cimentada en el trabajo de muchos autores, como Samir Amin, Paul Baran o André Gunder Frank; para ellos las empresas transnacionales originarias de los países ‘centrales’ (los que forman el núcleo desarrollado), con el apoyo de sus estados, ejercían el control sobre los países ‘periféricos’ estableciendo unilateralmente los términos para las transacciones, la producción y el trabajo. Como apunta Mattelart (2003), es un esquema de relaciones basado en el intercambio desigual. Controlando los términos de intercambio y la estructura de los mercados, el capital transnacional establecía las condiciones de la actividad económica, incluyendo el grado de desarrollo. En el mejor de los casos, el resultado era un desarrollo dependiente; en el peor, el subdesarrollo. En América latina (Mattelart, 2003; Mosco, 2009) la EP ha sido muy aplicada en el estudio de las estructuras y prácticas de los medios. Otro asunto importante que ha tratado ha sido el de las nuevas tecnologías de la información, mostrando cómo tienen un papel central en la integración global del mundo de los negocios. Podemos destacar el trabajo de Omar Souki Oliveira en Brasil durante la década de los 90. A partir de sus estudios concluyó que los sistemas de medios en estos países están controlados por élites nacionales ligadas fuertemente con el capital occidental, del que depende tecnológicamente, y al que apoya promoviendo ampliamente los valores consumistas necesarios y un estilo de vida al que la inmensa mayoría de la población no puede acceder. Para él las mayores amenazas estaban en Estados Unidos y en el Fondo Monetario Internacional, situación que requería alianzas y acuerdos comerciales entre los propios países de Latinoamérica. Durante la última década hemos visto cómo han florecido estos acuerdos tras las repetidas crisis económicas afrontadas por estos países y el consiguiente desprestigio en el que cayó el Fondo Monetario Internacional (Torres y Garzón, 2010). En el siguiente capítulo trataremos más profundamente estas cuestiones. Aunque Latinoamérica haya liderado el desarrollo de la perspectiva económica política, hay importantes ejemplos en África y Asia (Mosco, 1996). Una de las figuras destacadas en África es la de S.T. Kwame Boafo, que describió el presente de la mayoría de sus países de forma sencilla: una lucha de liberación contra un suministro 38 inadecuado de comida, agua, asilo y ropa, una tasa de crecimiento de la población que sigue aumentando, una baja esperanza de vida, alta mortalidad infantil, y continuos conflictos políticos y económicos que crean millones de refugiados. Con él, F.O. Ugboajah y Luke Uke Uche, entre otros, han aplicado la EP a la comunicación, versando sobre cultura popular, nuevas tecnologías e industrias de medios, y han producido afiladas críticas a las consecuencias del colonialismo, los sistemas de medios neo-coloniales, y la necesidad de desarrollar formas populares de resistencia e intervención en la arena política. Si hablamos de Asia (Mosco, 1996), los trabajos se han enfocado principalmente en las nuevas TIC. Los defensores de la modernización citaron a los nuevos países industrializados asiáticos (Singapur, Corea del Sur, Taiwan y Hong-Kong) como el ejemplo del triunfo desarrollista, entrando en una nueva división internacional del trabajo organizándose alrededor de la informática. Desde la EP investigadores como Tessa Morris-Suzuki y Jeong-Taik Lee han atacado esta visión, mostrando cómo esos niveles de crecimiento económico dependían de las economías de los países centrales, en especial de Estados Unidos y Japón y su demanda de productos tecnológicos avanzados. Además requerían medidas de control sobre la fuerza de trabajo para asegurar bajos salarios y largas jornadas de trabajo en condiciones penosas, y una absoluta falta de respeto a la protección ambiental. Y cuando comenzaron las demandas por mejores salarios y condiciones laborales, y la formación de sindicatos, las corporaciones transnacionales buscaron nuevos lugares donde producir a bajo coste. La crisis económica que sufrieron estos países a finales de los noventa demostró la falsedad del desarrollismo. Aquí terminamos nuestro recorrido epistemológico por la Economía Política de la Comunicación. En el siguiente capítulo vamos a enmarcar teóricamente el contexto histórico, político y económico que ha llevado a la actual crisis económica y financiera, así como a las políticas que se están implantando para solucionarla. Tras él, analizaremos cuál es el papel de los medios de comunicación dentro de dicho contexto, y en estos años de crisis. 39 III. MARCO TEÓRICO: LA CRISIS Y LA REDISTRIBUCIÓN DE ABAJO ARRIBA. “Cuando sucede algo tan grave tendemos a pensar que nos encontramos en un hecho novedoso y nunca antes visto, pero no es así. En realidad, las crisis, es decir, esos momentos en que toda la economía se viene abajo, son algo muy antiguo y podríamos decir que consustancial al capitalismo” (Torres y Garzón, 2010: 28). Los economistas críticos Juan Torres y Alberto Garzón argumentan que todas las economías sufren crisis más tarde o más temprano, porque el capitalismo se guía por la búsqueda del beneficio individual, lo que obstaculiza (cuando no lo impide) la existencia de mecanismos que regulen el sistema económico de manera armónica, conjugando los intereses de todos los sujetos. Hemos hablado de cómo el liberalismo clásico pensaba que de esta forma también se conseguía el beneficio general. Pero esta visión olvida la dimensión del poder: todas las personas no tienen el mismo poder, las mismas posibilidades, la misma capacidad de control y de decisión, por lo que la búsqueda individual del beneficio termina imponiendo soluciones muy desiguales. Torres y Garzón dan un ejemplo: cuando un empresario busca únicamente su beneficio individual trata de imponer costes más bajos a su producción, por lo que bajará los salarios de sus trabajadores lo máximo posible. Si todos los empresarios hacen lo mismo la capacidad de compra del conjunto de los trabajadores disminuye, y entonces los empresarios venderán menos. Así, la búsqueda individual de beneficio afecta negativamente a los beneficios globales. La estrategia solo conviene a los más poderosos, a los que disfrutan de condiciones privilegiadas, con lo que dicha búsqueda individual termina favoreciendo los comportamientos orientados a conseguir esa condición privilegiada. Esto explica básicamente la tendencia constante a la concentración de capital, cuyo objetivo es precisamente disfrutar del poder y sus privilegios. Entonces, cuando se generaliza la búsqueda del beneficio individual bajan las ventas, disminuyen las ganancias generales, se pierden puestos de trabajo, y las crisis terminan llegando tarde o temprano. La intervención de los estados permitió durante los años posteriores a la segunda guerra mundial que la tendencia cíclica del capitalismo hacia la crisis se suavizara. No es que desaparecieran los problemas propios de la economía 40 capitalista, como las desigualdades o la tendencia a la concentración, pero sí que existió un periodo más largo de estabilidad económica y crecimiento de la producción. Hasta que en los años setenta el triunfo de las políticas neoliberales llevó a la progresiva disminución de la intervención estatal, lo que ha producido entre otras cosas la multiplicación del número y la amplitud de las crisis por todo el mundo, desembocando en la actual y última crisis, la más importante de estos últimos cuarenta años. Además, todas estas crisis recientes han tenido que ver con asuntos financieros, con el incremento de las actividades de naturaleza especulativa que llevan a cabo en los mercados financieros los poseedores de dinero. Y esto ha sido posible precisamente por la desregulación económica general promovida por las mencionadas políticas neoliberales por todo el mundo, incluyendo la desregulación de los mercados financieros (Martin y Schumann, 1998; Torres y Garzón, 2010). Eso no significa que las crisis financieras no existieran antes. Son un fenómeno muy antiguo, por ejemplo, en el siglo XVII hubo una en Holanda: se la llamó “tulipamanía”, los tulipanes llegados desde Oriente se compraban y vendían revalorizándose hasta tal punto que las familias hipotecaban su casa para comprarlos y revenderlos (Torres y Garzón, 2010:30-31). Es un antiguo ejemplo de especulación financiera. La especulación es una forma de obtención de beneficios económicos que realizan los inversores, distinta a la que tiene que ver con la actividad productiva, que consiste en comprar algo para después venderlo por más dinero. Cuando esta acción se extiende suelen aparecer las llamadas burbujas especulativas, situaciones en las que los inversores creen que una subida momentánea en el precio de algo va a ser permanente (Torres y Garzón, 2010). Entonces se vuelcan en comprar ese bien para venderlo poco después, y su precio continúa subiendo. Mientras la burbuja crece se puede ganar mucho dinero con facilidad. Por ello, volviendo al asunto del poder, a veces los inversores más poderosos e influyentes crean las burbujas. Pero éstas siempre terminan estallando; los precios bajan, los beneficios se convierten en pérdidas para los inversores, y los que dependen de esos beneficios para llevar a cabo su actividad económica (empresarios, trabajadores…) caen junto a los inversores. Es imposible que una burbuja se mantenga eternamente, porque no hay nada real que provoque la subida del precio, sólo la expectativa de los inversores en que lo hará constantemente. 41 La crisis de 1929, considerada hasta el momento la más grave de la historia, fue una de estas crisis. Los altos niveles de producción industrial y beneficios empresariales que tenía la economía de Estados Unidos durante los años veinte generaron expectativas muy positivas en los inversores financieros, que se volcaron en la compra de acciones de la bolsa del país, cuyas cotizaciones crecieron y crecieron incluso cuando en los años inmediatamente anteriores a 1929 los indicadores económicos comenzaban a revelar un agotamiento en la economía norteamericana. La subida en las cotizaciones de las empresas ya no tenía relación con su actividad real, sino con los movimientos especulativos de los inversores. Cuando la burbuja estalló y se produjo el conocido como “crack del 29”, el país entero entró en una profunda depresión económica; tanto bancos como empresas, sociedades de inversión y muchísimos ciudadanos compraron acciones llevados por la burbuja. Todo terminó con el cierre de 9.000 bancos y arrastrando a una crisis general a toda la economía mundial. Los Estados del Bienestar. Al principio el país siguió las ideas liberales dominantes en aquel momento y no se actuó políticamente para resolver la crisis; pensaban que los mercados se autoregularían y resolverían por sí solos el problema. Pero no fue así y la crisis se fue agudizando. Finalmente el presidente demócrata Franklin Roosevelt, elegido por primera vez en 1933, y su gobierno decidieron actuar para salir de la crisis, y lo hicieron siguiendo las ideas del keynesianismo, que como ya hemos visto defiende la intervención del estado en la economía y la regulación de ciertos ámbitos de la misma. Pocos años después estalló la Segunda Guerra Mundial. Cuando terminó el poder occidental tuvo necesariamente que reflexionar (Anisi, 1997). La Unión Soviética suponía un referente muy incómodo, proporcionaba un cierto nivel de bienestar a su población y aseguraba el pleno empleo (a costa de las libertades democráticas); media Europa se adscribió al comunismo tras la guerra. Mientras que en occidente se había generalizado la crisis económica surgida en Estados Unidos y se demostraba que su sistema era incapaz de proporcionar bienestar a la mayoría y generaba poco y mal empleo. Una empresa capitalista por definición despedirá y contratará a su libre antojo 48 pobreza y la exclusión social son de responsabilidad únicamente individual, dejando de ser vistos como problemas colectivos o estructurales, y por tanto su superación dependerá exclusivamente de la propia persona afectada (Torres y Garzón, 2010). Se está produciendo en los últimos cuarenta años “un intento de mercantilizar el mundo y la vida social” (Moreno, 2002:17). A esto es a lo que se refieren los autores que hablan del neoliberalismo como un proyecto totalitario, pues se convierte en una ideología que traspasa todas las dimensiones de la sociedad y se convierte en pensamiento único. El papel de los medios de comunicación ha sido y es esencial en este proceso. Comencemos con todo lo que tiene que ver con la política económica, por lo que hablaremos primero del desmantelamiento de los Estados del Bienestar y del empleo. Seguidamente analizaremos la desregulación financiera y sus consecuencias. Desregulación, liberalización y privatización. El primer lugar del mundo donde se puso en práctica la política neoliberal fue en Chile, tras el golpe de estado, apoyado por Estados Unidos, que acabó con el gobierno y la vida del socialista Salvador Allende. Friedman y sus discípulos de Chicago asesoraron al dictador Pinochet, que implementó esta política económica de forma pionera y experimental. También lo hicieron sus discípulos con otros países de América del Sur, como Brasil, Uruguay y Argentina tras el golpe de estado del dictador Videla (Klein, 2007). A finales de la década llega a Gran Bretaña y Estados Unidos de la mano de los electos gobiernos conservadores de Margaret Thatcher (1979), que reconoce a Hayek como su mentor en materia económica, y de Ronald Reagan (1980), que tiene como asesor a Friedman (Martin y Schumann, 1998). Con ellos el estado pierde todas las funciones que tenía en los Estados del Bienestar. Su discurso afirma que cuanto más libres sean las empresas privadas a la hora de invertir y emplear, mayor será el crecimiento y el bienestar. Siguiendo a Estados Unidos y Gran Bretaña los demás gobiernos occidentales desarrollaron en los años ochenta una carrera por la libertad del capital. Eliminaron controles al comercio y posibilidades de intervención del estado y forzaron a sus países asociados no dispuestos a ello a seguir el mismo camino mediante 49 sanciones comerciales u otros medios de presión. Las consignas eran siempre tres: desregulación, liberalización y privatización. Los productos o servicios pasaron a negociarse libremente por encima de todas las fronteras. Esto, visto desde el lado del empleo, significó que las empresas de todos los tamaños se vieron enfrentadas a la competencia de los países que pagaban bajos salarios. Cada vez más personas dejaron de encontrar un trabajo bien remunerado. El trabajo se vio reducido a un número más en los costes: lo que cuenta es la absoluta ventaja en todos los mercados y países al mismo tiempo. Se impuso la deslocalización: las empresas transnacionales hacen fabricar sus productos allá donde los sueldos son más bajos y los gastos sociales o de protección medioambiental ni siquiera existen. Así el valor absoluto de sus costes desciende. Pero no sólo desciende el precio de las mercancías, también el precio de la fuerza de trabajo. En ocasiones ni siquiera se abren centros propios; por ejemplo, en la industria de baja tecnología de vestido, calzado, juguetes y aparatos eléctricos, corporaciones como Nike o Mattel ya no tienen fábricas bajo su propia dirección, simplemente hacen encargos de producción a fabricantes diversos, de Indonesia a México pasando por Polonia, donde sean más bajos los costes: es decir, sueldos míseros sin prestaciones sociales (Ziegler, 2003). La relación de fuerzas entre capital y trabajo fue modificada radicalmente. El internacionalismo ya no es obrero. A los trabajadores, organizados casi exclusivamente a nivel nacional, se les opone una internacional de los consorcios que asfixia cualquier reivindicación esgrimiendo el triunfo del desplazamiento más allá de las fronteras. “Cuanto mejor se puede disponer sin fronteras de producción y capital, tanto más poderosas e ingobernables se vuelven esas organizaciones, en parte gigantescas, que hoy atemorizan y privan de poder a los gobiernos y a sus electores por igual: los consorcios transnacionales” (Martin y Schumann, 1998:141). Las corporaciones transnacionales, que ya tenían un poder considerable, lo aumentaron aún más en esta nueva fase de la mundialización. Actualmente se disputan más de dos tercios del comercio mundial. A principios de los noventa esta tendencia era ya muy evidente. Pero los gobiernos occidentales siguieron y aceleraron la tendencia. Desde la fundación en 1994 de la organización sucesora del GATT, la OMC (Organización Mundial del Comercio), los 50 gobiernos ya no disputan por las aduanas15, sino por la eliminación de otras barreras al comercio, por ejemplo, los monopolios estatales o las normas técnicas sobre salud o medio-ambiente. Continuó la construcción de la Unión Europea, se firmó la NAFTA (zona de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México), China se adhirió al tratado mundial de comercio, los monopolios nacionales como el de telecomunicaciones fueron desapareciendo, los países de la OMC unificaron las normas estatales para las inversiones de empresas extranjeras al nivel más bajo para que los consorcios pudieran actuar con mayor libertad aún… Y paralelamente a todo esto las cifras de parados fueron creciendo. De la mano de la deslocalización vino el modelo seguido con los trabajadores y sindicatos americanos; de nuevo Estados Unidos marcó la pauta a seguir. Un ejemplo paradigmático del modelo estuvo en la corporación Caterpillar, fabricante mundial de máquinas agrícolas y bulldozers (Martin y Schumann, 1998). A principios de los noventa la firma tenía volúmenes récord de negocio y beneficios, pero declaró la guerra a la plantilla. Los salarios tenían que bajar hasta un 20%, las jornadas de trabajo debían prolongarse… La dirección del consorcio ni siquiera ofreció negociaciones. Adujo que en Japón y México se pagaban sueldos menores a los de Estados Unidos. Cuando el sindicato llamó a la huelga, entre otras cosas, amenazó con sustituir a todos los huelguistas por nuevos empleados, y despidió a todos los funcionarios sindicales de sus empresas. Tras años de conflicto, la dirección se salió con la suya. Las huelgas, aunque duren años y estén acompañadas de campañas y manifestaciones en todo el país, ya no pueden acabar con esta estrategia. En todos los sectores, los directivos diseñaron estrategias para impedir toda representación de intereses de sus trabajadores y acabar con los sindicatos. El propio presidente Reagan dio el pistoletazo de salida, cuando en 1980 expulsó de golpe a todos los sindicalistas de la red pública de control aéreo. Su gobierno redujo varias veces las “rigideces” del derecho laboral, es decir, recortó los derechos laborales, de forma que los dirigentes de las corporaciones pudieron radicalizar las relaciones laborales. Lester Thurow, economista del MIT, afirmó que los capitalistas de América “declararon la guerra de clases a sus trabajadores… y la han ganado” (citado en Martin y Schumann, 15 El GATT, General Agreement on Trade and Tariffs (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) fue creado en 1948 por Estados Unidos y Europa. Funcionaba mediante rondas internacionales de negociaciones. En todas sus reuniones iban acordando un continuo descenso de los aranceles (Martin y Schumann, 1998). 51 1998:150). Algo casi idéntico dijo hace muy poco un miembro de esa clase capitalista, Warren Buffet: “esto es la lucha de clases, y la mía, la de los ricos, la está ganando” (citado en Pisarello y Asens, 2011). Más tarde hablaremos un poco más de él. Lo mismo fue impuesto por la mayoría de las otras grandes empresas norteamericanas. Para aumentar la productividad y reducir los costes, medidas de racionalización y descenso salarial. Se convirtió en el mayor país de bajos salarios de la economía mundial. Desde principios de los años ochenta hasta hoy, los salarios en Estados Unidos se han estancado; el 90% de su población cobra hoy sólo 280 dólares más que cuando Reagan inició su mandato, un incremento de menos de un 1%. Y su riqueza, medida como su Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, ha aumentado en este tiempo, por lo que ha tenido que ir a parar a otro lado: a su población más rica, el 1% que tiene mayor renta, y que en este periodo la ha doblado (de un 9% del total de la renta nacional han pasado a poseer el 20% de la renta nacional). Una impresionante concentración de la renta (Navarro, 2011c). En esa clase alta se encuentran los altos directivos de las grandes empresas: en el año 2.001 cobraban 411 veces más que el trabajador norteamericano medio16. Sin duda, se les paga por rebajar por todos los medios los costes laborales. Otro ejemplo en IBM: entre 1991 y 1995 sus cinco CEOs (Chief Executive Officers, presidentes ejecutivos) redujeron la décima parte del sueldo de los empleados y despidieron a 122.000 personas. El consejo de administración de IBM les premió por su acción con el pago de bonificaciones al margen de salario de 5’8 millones de dólares por cabeza. Lo único que cuenta como medida del éxito de una empresa es el shareholder value, el beneficio de los accionistas. Esta lógica explica por qué los trabajadores de las empresas que tienen beneficios también cuentan con la posibilidad de su despido. Otro ejemplo: cuando la corporación alimentaria ConAgra hizo público en 1996 que despediría a 6.500 trabajadores y cerraría 29 fábricas, se disparó la cotización de sus acciones y su valor en bolsa subió 500 millones de dólares en 24 horas. La conexión entre el mercado 16 Datos de Business Week. Véase una sencilla pero elocuente visualización de esta comparación entre los salarios de CEOs y de trabajadores medios estadounidenses, desde los años sesenta hasta el año 2001. http://processing.org/exhibition/works/inequality/index_link.html 52 financiero y los directivos es inmediata gracias a las nuevas tecnologías, y así prosigue la carrera por abaratar el trabajo17. Otras medidas de “racionalización” son, por ejemplo, la externalización de servicios a subempresas (con salarios más bajos, sin seguro de enfermedad, ni pensión, y con la condición de no organizarse sindicalmente), la transformación de empleados en autónomos o la creación de trabajo a tiempo parcial, de forma parecida a los jornaleros, empleados que vienen cuando se les llama. Los mayores empleadores privados de América no son corporaciones como General Motors, IBM o AT&T, sino empresas de trabajo temporal como Manpower. La transnacional de los consorcios también puso en marcha este modelo en los otros países industrializados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Europa y Japón también siguieron el modelo del american way of capitalism, y la espiral descendente de empleos y salarios continuó (Martin y Schumann, 1998). En Gran Bretaña ocurrió desde los años ochenta, y en los años de Thatcher los salarios y condiciones de trabajo cayeron de forma masiva. Y los otros dos países más poderosos de Europa, Francia y Alemania, resistieron hasta los noventa. En Alemania podemos poner el ejemplo del sector industrial con mayores ingresos del país, la industria química. En 1995 los tres gigantes del sector entonces, Hoechst, Bayer y BASF presentaron los mayores beneficios de su historia empresarial. Sin embargo al mismo tiempo anunciaron otra reducción de personal, después de haber eliminado 150.000 empleos en los años precedentes. Aunque ya sólo se les puede llamar empresas alemanas por tradición y por la sede central de la empresa. Los países donde tienen mayores ventas no son Alemania, y sus accionistas mayoritarios tampoco son alemanes. Lo mismo ocurre con Daimler-Benz, Deutsche Bank… Los que compran acciones de empresas son principalmente fondos de inversión, de seguros y de pensiones. Y para los mercados financieros “son ineficaces aquellas empresas en las que algunas partes del consorcio aportan menos de un 10% de beneficios al capital invertido” (Martin y Schumann, 1998:163). Sólo valen los beneficios de dos cifras como mínimo. Las presiones de los accionistas a las empresas 17 Este año 2011 hemos vivido un buen ejemplo en España con Telefónica: tras obtener beneficios récord en 2010, 10.167 millones, anunció un Expediente de Regulación de Empleo en el que despide al 20% de su plantilla. Cotizalia.com, 14-07-2011: http://www.cotizalia.com/noticias/2011/trabajoautoriza-telefonica-cargo-coste-desempleo-20110714-71297.html 53 son enormes, y la falta de reparos para despedir junto con la mano dura contra los sindicatos promueve las carreras de los directivos. Los sindicatos pierden casi siempre en los conflictos, siempre existe la amenaza de deslocalización, para los trabajadores occidentales y para los de los países donde se deslocaliza; también consiguen los empresarios enfrentar entre sí a sus plantillas, fábrica contra fábrica. Las patronales han ido activando una ofensiva tras otra: poco a poco, de forma más o menos rápida según los países, van consiguiendo recortar los derechos laborales. Horas de trabajo, vacaciones, remuneración en caso de enfermedad, facilidad del despido, salario mínimo, revocación del derecho de huelga… Si hablamos de España, el salario medio era prácticamente el mismo en 2008 que en 1995 (Navarro, 2011c). En este periodo el PIB nacional creció un 69%, mientras que el valor de las acciones y el patrimonio empresarial creció un 468%, y el de los activos financieros un 210%.18 Los Estados del Bienestar controlaban hasta cierto punto la dinámica propia del capitalismo. Desde los años setenta se está produciendo un viaje hacia atrás en el tiempo, hacia la época del capitalismo primitivo. Lo que ocurre desde entonces es exactamente lo que ocurría en la época de Karl Marx: “La tendencia general de la producción capitalista es no elevar el nivel medio de los salarios, sino rebajarlo o presionar el valor del trabajo hasta su límite mínimo” (citado en Martin y Schumann, 1998:15). No debemos culpar de la caída del empleo y los salarios únicamente a las corporaciones y al mercado financiero (que trataremos en profundidad inmediatamente). Como estamos viendo, los gobiernos nacionales continúan favoreciendo esta dinámica (Martin y Schumann, 1998). La mayoría de ministros y partidos de gobierno de los países de la OCDE está de acuerdo en reducir cada vez más la influencia del estado en la economía para que la prosperidad y los empleos surjan por sí mismos. En todo Occidente se han ido eliminando todos los monopolios u oligopolios controlados por el estado y sometidos a límites nacionales. La privatización y liberalización de correos, teléfonos, electricidad, agua, transporte, etc., demuestra que los gobiernos agravan la situación que para combatir fueron elegidos. 18 Periódico Diagonal, 08-04-2011. http://www.diagonalperiodico.net/El-crecimiento-exponencial-de- las.html 54 En todos los casos se demuestra que las compañías públicas eran rentables y proporcionaban a sus trabajadores empleo bueno e indefinido (Garzón Espinosa, 2011a). Por seguir con Estados Unidos (Martin y Schumann, 1998), el ejemplo de la liberalización del transporte aéreo americano por parte de la administración Reagan fue el modelo clásico. Es cierto que bajaron los precios, pero con ellos cayeron también numerosas empresas. Tanto el transporte aéreo como la industria aeronáutica se convirtieron en sectores altamente inestables. De nuevo despidos masivos, además de situaciones de caos en los aeropuertos. En 1996 sólo quedaban seis compañías aéreas. En cuanto a Europa, quitando a Gran Bretaña, durante los años ochenta los gobiernos nacionales no se mostraron muy favorables a las privatizaciones. Hasta que llegó la Unión Europea. Los funcionarios de la Comisión Europea configuraron la mayor parte de la legislación en íntima colaboración con empresas de consulting y organizaciones de lobbies de la industria. La privatización y desregulación de todos los sectores dirigidos o protegidos por el estado fueron parte integrante del gran plan del mercado europeo. Aquí también fue el transporte aéreo el primero: mismos resultados. Después vinieron las telecomunicaciones, un mercado multimillonario con ingentes beneficios. Un ejemplo nos puede permitir entender la lógica, una comparación entre la alemana Deutsche Telekom y la americana AT&T. En 1995, ambas con un volumen de negocio casi idéntico, la Telekom empleaba a 210.000 trabajadores, y tuvo beneficios de sólo 3.500 millones de dólares; AT&T empleaba a 77.000 personas y obtuvo 5.490 millones de beneficios. Hasta el año 2000 la empresa alemana despidió a unos 100.000 empleados y empleadas. Y después fueron llegando los demás sectores. Hay que decir sin dudar que los políticos occidentales mienten cuando afirman constantemente que el paro es su mayor preocupación (Martin y Schumann, 1998). Sus acciones lo demuestran desde la década de los noventa. Tanto ellos como los empresarios y dueños del capital repiten que estas decisiones no se basan en cuestiones ideológicas. Un ex-comisario europeo, Karel van Miert, dijo: “La decisión de liberalizar determinados sectores en los que se ofrecen servicios públicos no es en modo alguno de naturaleza ideológica, sino expresión de una disponibilidad natural a adaptarse a la evolución económica y tecnológica” (citado en Martin y Schumann, 1998:171). Sus palabras ya revelan esa ideología: evolución natural, darwinismo aplicado a lo humano y lo social. Se explica la crisis de empleo como una especie de proceso regido por las leyes de la naturaleza. La globalización es la excusa: la masiva destrucción de puestos 55 de trabajo es consecuencia de un inevitable “cambio estructural”, se dijo y se sigue diciendo a los empleados, electores, etc. Dijo un editorial del Wall Street Journal en 1993: “La competencia en una economía global brutal crea un mercado de trabajo global. Ningún empleo está seguro” (Martin y Schumann, 1998:132). Pero esto no es cierto, no sigue en modo alguno una ley natural, inevitable, sin alternativas. Es el resultado de una política gubernamental de los países occidentales llevada a cabo conscientemente (Navarro, Torres y Garzón, 2011). Los expertos de los gobiernos, apelando a la fe en la teoría neoliberal, prometieron que el descenso en los costes empresariales ayudaría a crear nuevo y mejor trabajo. Pero eso nunca ha llegado. La financierización económica. Dentro de la estrategia de desregulación económica general, también se reformó el sector financiero. El objetivo fue facilitar el movimiento de capital por los mercados financieros de todo el mundo. “En nombre de la doctrina económica del libre mercado ilimitado, desde principios de los años setenta han derribado sistemáticamente todas las barreras que antes hacían gobernable y controlable el tráfico internacional de capitales y dinero” (Martin y Schumann, 1998:63). La liberación del dinero de las limitaciones prescritas por el estado empezó con la revocación de los tipos fijos de cambio entre las divisas de los grandes países industriales en el año 1973, las normas del sistema de Bretton Woods. Poco a poco Estados Unidos, la República Federal de Alemania, Canadá, Suiza, Gran Bretaña y Japón abandonaron los controles a la circulación de capital. Del resto se encargaron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comunidad Europea para aplicarlo al resto del mundo. Los créditos concedidos por el FMI eran vinculados al mandato de hacer convertible la divisa correspondiente y abrir el país al tráfico internacional de capitales19. Poco después, el gigantesco aumento de la industria financiera y de la especulación hizo que los productos que eran tradicionalmente objeto de actividades especulativas (acciones y divisas) se quedaran en 19 Los estados miembros del FMI votan según su poder financiero respectivo, es decir, “One dollar-One vote”, lo que convierte a Estados Unidos en el dominador de la institución (Ziegler, 2003). Junto al FMI, la OMC y el Banco Mundial (BM) forman el trío de organismos internacionales, controlados por las naciones más ricas, que articula la extensión del neoliberalismo por todo el mundo (Labio Bernal, 2006). 56 pocos. Dicha industria desarrolló una serie innumerable de nuevos productos financieros, los llamados derivados. Por su parte, los gobiernos delegaron parte de su capacidad para ordenar la política monetaria, que pasó a manos de los bancos centrales. El establecimiento de los tipos de interés, un mecanismo básico para controlar el ritmo de la actividad económica, sería desde entonces una decisión de estas instituciones, que se declaraban independientes del poder político (Torres y Garzón, 2010). También siguieron la consigna de la privatización en este ámbito, y los bancos y empresas financieras públicas asistieron a su paulatina privatización, de nuevo en condiciones muy ventajosas para el capital privado que los adquiría. Los estados perdieron un instrumento fundamental para enfrentarse a las crisis económicas y garantizar el crédito a la actividad productiva. La consecuencia de este proceso de desregulación es lo que algunos autores han denominado financierización económica, un clarísimo predominio del capital que se mueve por el sistema financiero con un fin meramente especulativo, sobre aquel que se mueve en las actividades productivas. Se ha calculado que 9/10 partes del capital mundial circulante se reproducen en el sistema financiero (Moreno, 2002:39). Así aparece “una especie de universo aparte porque los medios de pago, el dinero, se han divorciado del intercambio y se han convertido en el objeto del propio intercambio” (Torres y Garzón, 2010:50). Los avances tecnológicos han tenido mucha importancia también aquí, pues posibilitaron la realización de operaciones financieras instantáneas entre los mercados financieros de todo el mundo, al ritmo del click de un ratón. Se abrió la posibilidad de poder operar las 24 horas del día, con lo que el sueño de cualquier especulador se hizo realidad: poder rentabilizar su capital de forma continua y sin interrupciones. Han encontrado la forma de obtener más dinero sin necesidad de explotar a las clases trabajadoras mediante la actividad productiva. Con la financierización económica hemos asistido según varios autores a un cambio en la estructura de poder del mundo (Martin y Schumann, 1998; Ziegler, 2003). La naturaleza que han tomado los mercados financieros, libres de controles estatales, ha provocado que sus operadores se hayan convertido en lo que Jean Ziegler ha llamado nuevos amos del mundo. Son llamados inversores institucionales, y son los grupos que tienen mucho dinero, los “oligarcas del capital mundializado” (Ziegler, 2003). Hablamos de los bancos, las compañías de seguros, los fondos de inversión y de 57 pensiones, y las grandes empresas (Garzón Espinosa, 2011b; Castells, 2011); estos grupos poseen más de las tres cuartas partes del total de activos financieros. Realmente no son nuevos; salvo los fondos institucionales de inversión, los otros, las grandes empresas (porque los bancos y las aseguradoras no dejan de ser empresas, y se mueven por el mismo objetivo, la maximización del beneficio), ya tenían mucho dinero y poder. Pero en el proceso de financierización lo han aumentado de manera notoria, además de encontrar una forma rápida de aumentar sus beneficios. Veamos cómo se ha producido todo este fenómeno. Decíamos que el proceso empezó con las divisas. Hans-Peter Martin y Harald Schumann hicieron un visionario análisis del funcionamiento de la industria financiera, porque todo lo que ha ido pasando desde entonces, incluyendo la actual crisis, estaba pronosticado en él. “En su trabajo, los cazadores de beneficios se mueven a la velocidad de la luz por una red de datos con múltiples ramificaciones a escala mundial… una utopía electrónica cuya complejidad es mucho más inabarcable que la complicada matemática que subyace a las distintas transacciones. Del dólar al yen, después a francos suizos, luego una recompra de dólares… en pocos minutos, los traficantes de divisas pueden saltar de un mercado al siguiente, de un socio comercial en Nueva York a otro en Londres o Hong-Kong, y concluir contratos por sumas que ascienden a cientos de millones” (1998: 66). Con la misma velocidad de la luz se trafica ahora con acciones, o con títulos de deuda pública. Al desaparecer la banca pública, los estados se vieron obligados a financiarse en los mercados financieros, por un módico tipo de interés. Para el operador de divisas sólo cuenta el ahora. Los que trabajan el negocio de derivados trafican con el futuro, con los valores que la mayoría de los participantes en el mercado espera que las acciones, empréstitos o divisas tengan dentro de tres o doce meses, uno o cinco años. Por eso se llaman derivados, porque su valor deriva de otros productos anteriores, que son llamados productos subyacentes. Los derivados reciben nombres como Swaps, Collars, Futures, Options, Dingos o Zebras. Esta actividad es un gambling, un juego de apuestas. Por ejemplo, para apostar, los clientes de un banco pueden firmar un contrato de futuros sobre el índice accionarial alemán que promete el pago de un diferencial si el índice sube por encima del valor acordado. A su vez el banco tiene que asegurarse para este caso mediante contra-contratos o mediante una 64 capital, desregulación de todos los servicios financieros, y ahorro en los gastos de los servicios públicos y servicios sociales. Se premia a los gobiernos que crean las mejores condiciones para el fuerte en términos de capital (Martin y Schumann, 1998). De este modo procedieron a acometer reformas radicales de los sistemas impositivos, rebajando la carga fiscal a todos los estratos pero en especial a los más ricos. A pesar de que se justifica dicha medida como necesaria para atraer la inversión productiva, la realidad ha mostrado que todas esas cantidades no recaudadas se destinan a los mercados financieros para revalorizarse a través de la especulación (Torres y Garzón, 2010). Y no es cosa únicamente de “malvados” inversores extranjeros, también los propietarios nacionales de patrimonio “chantajean” a sus gobiernos; al fin y al cabo, también ellos pueden invertir su dinero en otra parte. En Europa fue Suecia, país conocido por su modélica política social, un gran ejemplo. Desde finales de los ochenta empresas y propietarios de patrimonios desplazaron cada vez más puestos de trabajo y capital ahorrado al extranjero. A pesar del descenso de los ingresos fiscales, el gobierno redujo los impuestos sobre las rentas más altas. El déficit presupuestario explotó y forzó a limitar numerosos programas sociales. Pondremos el caso de España en la actualidad para enseñar esta enorme paradoja: los que tienen más aportan menos en los impuestos. Las rentas del trabajo están más fiscalizadas que las rentas del capital (un 45% frente a un 21%, en los casos máximos); los ricos pueden crear una Sicav (sociedades de inversión de capital variable) para poder tributar únicamente un 1%; también utilizan la forma jurídica de las fundaciones para ocultar los patrimonios, o las sociedades patrimoniales para esquivar el tributo sobre bienes inmuebles.27 El sistema fiscal español es uno de los más regresivos de la Unión Europea (Navarro, 2011b). Añadamos que, según los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), las grandes fortunas y grandes empresas evadieron al fisco 42.711 millones de euros en 2.010, un 71% del total del fraude en España28. Para ello utilizan los paraísos fiscales. Las plazas financieras off-shore son más de cien lugares desperdigados por el globo, del Caribe hasta Singapur pasando por 27 Este es un buen artículo sobre la fiscalidad en España, y contiene además una visualización que facilita su comprensión. En Público.es, 18-09-2011. http://www.publico.es/dinero/396933/vias-de-escape-para- que-los-ricos-no-paguen-impuestos 28 LaVanguardia.com, 09-08-2011. http://www.lavanguardia.com/economia/20110809/54198249312/tecnicos-de-hacienda-calculan-que- las-grandes-empresas-defraudan-mas-de-42-700-millones-al-ano.html 65 Liechtenstein, desde los que bancos, compañías de seguros y fondos de inversión administran el dinero de sus clientes pudientes y se sustraen de forma planificada al alcance de sus estados de origen (Martin y Schumann, 1998). Prometen una fiscalidad baja o nula a los depósitos realizados por extranjeros y sancionan toda revelación de la identidad de los titulares de las cuentas, incluso si es a petición de las autoridades estatales. En las islas Caimán, por ejemplo, encontramos que su isla principal, de 14 kilómetros cuadrados y 14.000 habitantes, contiene registrados a más de 500 bancos. El daño causado por el sistema off-shore no puede ser medido con exactitud. Es el mejor suelo para la criminalidad organizada internacional. El rastreo de sus patrimonios, adquiridos de forma ilegal, es prácticamente imposible. No hay modo de saber cuántos beneficios producto de delitos de todo tipo han sido insertados en la circulación monetaria legal a través de los paraísos fiscales. Pero este daño palidece, no obstante, ante las devastadoras pérdidas que la evasión de capital legalmente organizada inflige a las arcas públicas. Martin y Schumann hablan del ejemplo alemán, donde los poseedores alemanes de patrimonio rehúyen al ministerio de hacienda ingresos de decenas de miles de millones cada año, sólo en las sucursales luxemburguesas y fondos de inversión del gremio financiero alemán. Los administradores de los fondos vuelven a invertir la mayor parte del dinero evadido en Alemania, en muchos casos incluso en deuda pública. Con ello el estado se vuelve deudor de aquellos que le estafan en sus impuestos. Otro instrumento de poder son las agencias de evaluación de inversiones de capital. Sus juicios cuestan a los países afectados miles de millones de carga suplementaria en concepto de intereses. En febrero de 1995, en una crisis de fuga de capitales en Canadá, el gobierno intentó detenerla con un nuevo plan presupuestario y recortes de los gastos. Pero antes de que el plan fuera discutido en el parlamento la agencia Moody’s calificó los recortes de insuficientes y anunció un posible descenso de la calificación del bono canadiense. Le costó las elecciones al partido gobernante. Lo mismo pasó en Australia en 1996. Lo mismo que está pasando ahora en la periferia de la Unión Europea. El papel de estas agencias en la actual crisis ha sido clave. No en vano los propietarios de las agencias de calificación forman parte del mismo entramado de poder que estamos denunciando. Uno de los principales propietarios de la agencia Moody’s es Berkshire Hathaway, conglomerado económico presidido por el 66 multimillonario Warren Buffet, asesor económico de Barack Obama. Standard & Poors está controlada por la compañía Mc Graw Hill, principalmente de servicios financieros, aunque también es un conglomerado, y su presidente es secretario general de un poderoso lobby patronal norteamericano. Y la agencia Fitch se debe sobre todo a un grupo francés, Fimalac, también conglomerado, también dedicado principalmente a los servicios financieros; su presidente es CEO de L’Oreal y Renault, y asesor del Banco de Francia (Pisarello y Asens, 2011). Esto nos sirve para ir terminando con la mención a las personas que tienen poder. Si constatamos cómo hay personas que están simultáneamente en puestos de decisión financieros, empresariales y políticos, se puede entender por qué la connivencia de los gobiernos con los poderes económicos ha sido absoluta. Similar telaraña a la de los capitales financieros puede encontrarse en el ámbito de los altos cargos políticos y empresariales. Las opacas interrelaciones entre la economía y la política son intensas. Jeremy Rifkin llama a este fenómeno puertas giratorias (Robin, 2008): las personas que han ocupado cargos públicos pasan a ser altos cargos en empresas privadas, y luego vuelven a la política. Y viceversa. El capital económico se transforma en capital político, y al revés. En Norteamérica, podríamos remontarnos al gobierno de Reagan para comprobar que se eligió como secretario del tesoro al CEO del banco de inversión Merrill Lynch, Donald Regan; y otro economista que trabajaba para la banca, Alan Greenspan, fue nombrado director de la Reserva Federal (el Banco Central de Estados Unidos). Bill Clinton nombró a Robert Rubin, CEO de Goldman Sachs (probablemente el banco de inversión estadounidense más poderoso) secretario del tesoro; siguió en la administración con Bush Jr. y Obama, alternando con su puesto de CEO en el banco Citigroup. Como dice el economista Nouriel Roubini, el poder de Wall Street fue capturando durante estos años el sistema político (Ferguson, 2010). Mientras que los principales dirigentes neoconservadores de la administración de Bush Jr. han salido de los medios petroleros tejanos: el propio Bush Jr., Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice… (Ziegler, 2003; Moore, 2004)29. Veamos algunos casos españoles. Pedro Solbes ha sido ministro, comisario europeo, asesor del FMI, y consejero de empresas como Enel y Barclays Bank. José María 29 La web http://www.theyrule.net demuestra cómo los miembros de los consejos de administración de las empresas de Estados Unidos (entre ellas las empresas de medios) repiten en muchos otros consejos, y también en cargos políticos. 67 Aznar, tras su presidencia española, es consejero de Endesa, y Felipe González lo es de Gas Natural. Eduardo Zaplana tras ser ministro pasó a Telefónica. Rodrigo Rato fue ministro, presidente del FMI (cuando estalló la crisis de las hipotecas basura), y ahora es el presidente de Bankia. David Taguas fue directivo de BBVA, luego asesor del gobierno de Zapatero, y terminó como presidente del lobby de las grandes empresas constructoras españolas. Y muchos más: Narcís Serra, Josep Piqué, Jordi Sevilla… Un 10% de los consejeros de empresas del IBEX-35 han desempeñado cargos políticos relevantes (Moriche, 2011). El último ejemplo que pondremos es muy reciente, y es de ámbito europeo. Mario Draghi fue vicepresidente de Goldman Sachs. Su equipo ideó las técnicas fraudulentas de contabilidad que escondieron la deuda pública griega durante años. Y acaba de ser nombrado presidente del Banco Central Europeo30. Compartimos la opinión de Jónatham F. Moriche: “… precisamente es la plena legalidad de esta íntima relación entre servicio público y enriquecimiento privado la que demuestra hasta qué punto nuestro sistema político está profundamente corrompido por el poder, nunca democrático ni solidario, del gran dinero y las corporaciones y élites que lo manejan. Y explica porqué, a pesar de la profunda gravedad de la crisis y el comportamiento avaricioso e insolente de los actores corporativos, jamás se toman medidas como la intervención pública de empresas estratégicas, un mayor control de las actividades especulativas o más impuestos para las rentas del capital: ¿cómo podría la clase política gobernar contra la mano que tan generosamente está dispuesta a enriquecerles cuando salen de las instituciones?” (Moriche, 2011). Prácticamente todos los autores y autoras referidos coinciden en definir el sistema político-económico en el que vivimos como una dictadura del mercado mundial. Pero la anárquica y anti-estatal mentalidad de quienes dirigen el flujo del dinero se transforma en su contrario siempre que se trata de resolver los accidentes causados por ellos. Son una dictadura con responsabilidad limitada (Martin y Schumann, 1998). De las crisis se sigue encargando la comunidad internacional de estados. Los beneficios son privados, pero las pérdidas se socializan. No hay mejor ejemplo de esta realidad que la actual crisis económica. 30 ElMundo.es, 24-06-2011. http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/24/economia/1308905958.html 68 La crisis de las hipotecas basura. Para comprender la actual crisis había que conocer las condiciones estructurales que promovieron su aparición. También es importante señalar que hubo dos crisis financieras inmediatamente anteriores en Estados Unidos, muy relacionadas con la crisis de las hipotecas basura, y que como bien dicen Juan Torres y Alberto Garzón deben ser consideradas como parte de un mismo proceso crítico. La primera tuvo como núcleo las nuevas TIC. La aplicación de estas innovaciones a los procesos productivos generó altas expectativas de beneficio, produciéndose grandes entradas de capital en bolsa para especular con acciones de las nuevas empresas de base tecnológica, conocidas entonces como empresas punto-com; ya sabemos, buscando la rentabilidad a corto plazo, comprando acciones y vendiendo inmediatamente aprovechando las constantes subidas en el precio de las mismas. Durante los últimos años de la década de los noventa fue formándose así una burbuja especulativa. Además de los grandes inversores muchas familias de clase media participaron de la misma. En el año 2.000 estalló la burbuja y el país entró en crisis. Para incentivar el consumo y ayudar a la recuperación económica la Reserva Federal rebajó los tipos de interés hasta un mínimo histórico de un 1%, y los mantuvo así bastante tiempo. La recesión se dio por superada en 2.003, pero los problemas no acabarían ahí. Efectivamente se incentivó el consumo, pero también se incentivó la creación de otra nueva burbuja, una burbuja inmobiliaria. Con los tipos de interés tan bajos creció la demanda de préstamos hipotecarios, y creció aún más la especulación en este terreno. Entre 1.997 y 2.006 los precios de las viviendas aumentaron en un 130%. Y también aumentó el endeudamiento familiar, conforme los tipos de interés volvían a subir: a principios de década ya llegaba al 100% de los ingresos, mientras que en 2.007 alcanzó el 130%. Comprobamos que se vivía una ilusión de riqueza, que no era más que endeudamiento (Torres y Garzón, 2010). La naturaleza especulativa se demuestra por ejemplo en el hecho de que en el año 2.005 el 40% de las viviendas que se compraron no eran “primera vivienda”, sino que se compraban para especular con ellas. En cuanto a quién especula, otro dato significativo: se calcula que el 1% de las familias posee un tercio de todo el patrimonio inmobiliario 69 estadounidense, mientras que el 50% de familias sólo tiene un 3% de ese patrimonio. Nos encontramos otra vez con ese 1% que lo acapara todo. Ahora podemos entrar en detalle a analizar la crisis de las hipotecas basura. En este contexto de crecimiento de la burbuja a los bancos estadounidenses les iba bastante bien, daban muchos préstamos hipotecarios y hacían mucho negocio. Pero no era suficiente para ellos, siguieron buscando fórmulas de aumentar sus ya de por sí enormes beneficios, y a ser posible a corto plazo (los créditos se suelen devolver a plazos largos). Decidieron multiplicar el número de préstamos hipotecarios a partir de concederlos a personas y familias con pocos recursos económicos. A cambio, los tipos de interés de esas hipotecas son muy elevados. Así se extendieron estos créditos, conocidos allí como hipotecas subprime31. Ya existían antes, pero su número aumentó durante estos años de forma espectacular, llegando a representar el 20% del total de hipotecas en 2.006. Como acabamos de apuntar, los intereses de estos préstamos son mucho más altos de lo normal. Había que convencer a los prestatarios para que aceptaran. Los bancos recurrieron a todo tipo de procedimientos fraudulentos para venderlos. El economista Joseph Stiglitz los ha relatado con claridad (Torres y Garzón, 2010:73). Ofertas y publicidad falsas, ocultación de tipos de interés reales, “letra pequeña”… Los bancos suelen contratar a mediadores o brokers para captar clientes, y los remunera por comisión, es decir, sus honorarios dependen del número de hipotecas contratadas gracias a ellos, por lo que éstos también engañaron y estafaron masivamente. Aunque puede ser peor. Los bancos forzaron a muchos prestatarios a contratar hipotecas subprime a pesar de que sus recursos económicos les permitían acceder a hipotecas mejores, por tanto con menores intereses que pagar. En 2.006 el Wall Street Journal informaba de que un 61% de los prestatarios subprime tenía recursos suficientes para haber suscrito préstamos con mejores condiciones. Y más: muchos bancos discriminaron en función del sexo o la raza a la hora de dar hipotecas. A las mujeres, los negros o los hispanos les negaban las hipotecas de mejor calidad y les concedían préstamos subprime (Torres y Garzón, 2010). Hay otro motivo para que la banca aumentara de esa manera su volumen de hipotecas, que como se comprenderá es muy arriesgada porque es más que probable que los 31 También hubo cientos de miles de casos más extremos que los de éstas hipotecas subprime, los llamados préstamos NINJA, No Income No Job and Asset (sin ingresos, sin trabajo y sin patrimonio). 70 prestatarios dejen de pagarlas. Y es el funcionamiento del sistema financiero, con lo que volvemos al mundo de los derivados. Hemos hablado ya de la titulización: mediante este sistema los bancos comerciales venden el contrato hipotecario a los bancos de inversión, con lo que consiguen beneficio a corto plazo de sus hipotecas. A muchos bancos les daba igual que la gente no pudiera pagar la hipoteca, ya obtenían beneficios inmediatos vendiéndolas, y con ello traspasaban el riesgo al comprador (Ferguson, 2010). Y los bancos de inversión vendían a su vez a otros bancos, a fondos de inversión y pensiones… En 2.006 se titulizaba el 75% de las hipotecas concedidas. Los inversores institucionales se volcaron en estos derivados para especular con ellos; la interdependencia financiera y las nuevas TIC hicieron que se distribuyeran por todo el mundo. Pero los activos subyacentes de estos derivados eran hipotecas con gran riesgo de impago. Así que los bancos trataron de disimular y ocultar el peligro de comprar estos productos. Para ello inventaron unos “paquetes” de inversión en los que se juntaban varias hipotecas, algunas de buena calidad (prime) y otras de mala calidad (subprime). En paquetes más “innovadores” mezclaron activos de diferente tipo: hipotecas, préstamos para coches, préstamos para estudiantes… Creando así unos productos llamados CDO, Collateralized Debt Obligations (algo así como Obligaciones de Deuda Colateralizada). Estos productos son prácticamente opacos, es realmente imposible conocer su contenido, su verdadero valor y riesgo. “Los bancos centrales e internacionales aceptaron la existencia de estos paquetes aún a sabiendas de que se estaba poniendo en los mercados un producto de gran riesgo que en su interior mezclaba lo bueno con lo malo de manera disimulada y fraudulenta. La connivencia y complicidad de las autoridades fue total. Si hubieran actuado de otro modo hubieran evitado lo que vino después, mientras que permitiendo estas operaciones se convirtieron en cómplices de los causantes directos de la debacle” (Torres y Garzón, 2010:80). Aquí jugaron un papel esencial las agencias de calificación de riesgo. Su negocio es precisamente asesorar a los inversores financieros mediante una evaluación, supuestamente veraz y rigurosa, de las posibles inversiones y de los productos financieros para que puedan tener una buena información sobre lo que compran y dónde invierten. Y éstas no dudaron en darle la máxima calificación a la gran mayoría de los CDO y demás productos. Posiblemente se deba a que les pagan los propietarios de los 71 productos que tienen que calificar, los mismos bancos y fondos que venden CDOs pagan a las agencias para que los califiquen. Hay un evidente conflicto de intereses. Y añadamos la importancia de los paraísos fiscales. El 80% de la negociación de los productos financieros derivados tiene lugar en ellos. Y el 60% de los hedge funds tiene su sede en algún paraíso fiscal. Las plazas off-shore son un instrumento fundamental que ha permitido lo que ha ocurrido en las finanzas internacionales durante estos años. Jean Ziegler las ha definido de forma muy elocuente: son las encubridoras del sistema capitalista mundial (Ziegler, 2003). Debemos mencionar otro producto financiero derivado de gran influencia en la crisis. Tiene que ver con las compañías de seguros, y es el CDS, Credit Default Swap (Seguro de Impago de Crédito). Los introdujo en el sistema la mayor aseguradora del mundo, AIG (Ferguson, 2010). Funcionan como un seguro para los inversores que tienen CDOs; si el CDO pierde valor, la aseguradora paga las pérdidas. Pero el asunto no queda ahí: otros especuladores también pueden comprar CDSs, en este caso para apostar contra CDOs que no poseen. Al no estar regulados estos productos, AIG no tuvo que apartar dinero para cubrir posibles pérdidas; lo que hacía era pagar bonificaciones gigantescas a sus agentes por vender este producto. Y si los CDOs llegaban a perder su valor, como así ocurriría, AIG tendría que pagar a todo el mundo, a los que aseguraban sus CDOs y a los que apostaban contra ellos. Entonces nos encontramos con que a partir de una burbuja inmobiliaria norteamericana se produjo una crisis financiera a nivel mundial. Cuando la primera estalló, poco después lo hizo la segunda. Veamos cómo fue el proceso. Los precios de las viviendas comenzaron a bajar, el sector inmobiliario se paró en seco y se perdieron millones de puestos de trabajo. Paralelamente la subida de tipos de interés unida a la dureza de los intereses de las subprime (que recordemos, la mayoría de los prestatarios no era consciente de ella) hizo imposible que se pudieran seguir pagando las hipotecas. Comenzaron los impagos y las ejecuciones hipotecarias masivas, con lo que los títulos financieros derivados de las hipotecas perdieron rápidamente su valor, y sus tenedores comenzaron a sufrir pérdidas multimillonarias. En el año 2.007 comenzaron las quiebras. Los primeros que se hundieron fueron los bancos comerciales, los que otorgan los créditos hipotecarios. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria docenas de estos bancos cayeron. Inmediatamente empezaron los 72 problemas en la industria financiera, que en Estados Unidos tenía ya un nivel de concentración y poder desorbitado (Ferguson, 2010): dominaban la industria cinco bancos de inversión (Goldman Sachs, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Lehman Brothers y Bear Stearns), dos conglomerados financieros (Citigroup y JP Morgan), y tres compañías de seguros (AIG, MBIA y AMBAC). Los espectaculares beneficios a corto plazo de estas entidades en los años anteriores se convirtieron en pérdidas masivas (Torres y Garzón, 2010). Citigroup perdió hasta mediados de 2.008 más de 55.000 millones de dólares, Merrill Lynch casi 52.000 millones, y Morgan Stanley unos 14.400 millones. Otros bancos gravemente afectados fueron por ejemplo Wachovia (22.500 millones) y Bank of America (21.200 millones). Pero no sólo entidades estadounidenses se vieron afectadas por estas pérdidas, siendo un mercado globalizado como hemos visto: bancos franceses (Crédit Agricole, BNP Paribas…), ingleses (HSBC, Barclays Capital…), suizos (UBS, Credit Suisse…), alemanes (Deutsche Bank…), canadienses, japoneses, belgas, chinos, indios… La banca mundial ha registrado más de 2 billones de dólares en depreciaciones y pérdidas como consecuencia de la crisis (Torres y Garzón, 2010:86), pero este dato se nos antoja que se queda bastante corto, viendo el esquema piramidal que configura el sistema, y la cantidad de dinero público que se ha dado a la banca mundial hasta el momento para rescatarla (la última cifra del FMI habla de 11’9 billones de dólares a finales de 2.010, en el 2.011 ha aumentado). Es muy posible que el motivo esté en que las autoridades han modificado normas y reglamentaciones contables para disimular la pérdida de valor de los activos y evitar que los bancos reflejen su verdadero deterioro patrimonial (Navarro, Torres y Garzón, 2011). A pesar de toda esta situación no se reconoció la gravedad de la misma oficialmente hasta septiembre de 2.008. En ese año cayeron entidades como el gran banco hipotecario American Home Mortgage, y en marzo se hundió uno de los grandes bancos de inversión, Bear Stearns, finalmente adquirido por JP Morgan. En septiembre quebraron Lehman Brothers, pasando a manos de Goldman Sachs; Merrill Lynch, absorbido por Bank of America; y la aseguradora AIG, que tuvo que ser nacionalizada inmediatamente (la quiebra de la aseguradora más grande del mundo hubiera tenido efectos impresionantes, como por ejemplo que muchos aviones hubieran tenido que dejar de volar). Ya sólo quedaban dos grandes bancos de inversión, y su situación era también dramática. Ya no pudo seguir ocultándose la gravedad de la crisis; ese mismo 73 mes el ex-presidente de la Reserva Federal Paul Volcker afirmaba que el sistema bancario de Estados Unidos y el Reino Unido estaba en quiebra32. En medio de esta vorágine los bancos dejaron de prestarse entre sí. Nadie se fiaba de la solvencia de nadie. Y no es de extrañar: uno de los cables publicados por Wikileaks, fechado en 2.007 (lo que demuestra que ya había crisis mucho antes de la caída de Lehman Brothers, y que se conocía en las altas esferas), relata una reunión elitista en la que estaban presentes varios altos cargos financieros, junto con un diplomático estadounidense. En ella el gobernador del Banco de Inglaterra reconocía que el problema no era de liquidez, sino que el sistema financiero global estaba en situación de insolvencia33. Y no sólo hicieron eso, sino que cerraron la financiación de modo generalizado. Empresas y consumidores empezaron a sufrir una insostenible falta de financiación externa, sin la cual no pueden funcionar los negocios hoy en día. Enseguida la crisis financiera afectó a la economía real: a la inversión productiva de las empresas, a la creación de empleo, a la producción de bienes y servicios… Los bancos no prestaban a las empresas, y los consumidores no obtenían créditos. Aquí también llegaron las pérdidas masivas, y por supuesto los despidos. La gravedad de la crisis, ahora también económica, alcanzó el grado que tuvo la Gran Depresión, la crisis de 1.929. Otra prueba de que las autoridades conocían la gravedad de lo que estaba ocurriendo ya en 2.007 es que en agosto de dicho año comenzaron las multimillonarias inyecciones de dinero público a las entidades financieras por parte de los bancos centrales. Empezó a mostrarse lo que comentamos con anterioridad, la dictadura con responsabilidad limitada. El predicamento neoliberal sobre la retirada del estado desapareció. Como dicen Torres y Garzón, había que salvar a los banqueros y a los ricos; no se podía permitir la caída de la banca mundial porque con ella todo se vendría abajo, incluidos los ahorros de los clientes. Algo que no es cierto: como veremos, en estos casos siempre se presenta la realidad de forma que no existan alternativas a los intereses dominantes. Se podría haber dejado caer a los bancos mientras los estados aseguraban dichos ahorros, por ejemplo con la vuelta de la banca pública (Garzón, 2011a). Hubiera sido 32 Además de Wall Street, gran parte de la extensión de productos derivados por el mundo proviene de la City londinense (Vidal-Folch, 2011). 33 Se puede consultar el cable en la web de Wikileaks: http://www.wikileaks.ch/cable/2008/03/08LONDON797.html 80 cajas de ahorro y de servicios como el transporte aéreo, dos reformas laborales que facilitan el despido a los empresarios y premian la temporalidad laboral, y una reforma de las pensiones públicas que supone otro gran recorte a su cuantía media además de alargar la edad legal de jubilación. Dejamos para el final la medida más llamativa, una reforma de la constitución española, que con el pretexto de pretender limitar el tope de deuda pública, enmascara su verdadero objetivo: dar prioridad absoluta al pago de la deuda soberana (Torres López, 2011). Como vemos la prioridad está clara, pagar a los bancos alemanes y franceses. Ninguna de estas reformas tiene relación con el origen de la crisis. Y como ya hemos comentado, no mejoran la situación económica, sino todo lo contrario. Finalizando, es difícil considerar cuál fue la causa inicial de los problemas en España, si lo fue la crisis financiera internacional, o el estallido de la propia burbuja inmobiliaria, o la combinación de ambas. Lo que sí parece totalmente cierto es que hubiéramos tenido una grave crisis tarde o temprano, con independencia de que la crisis de las hipotecas basura hubiese estallado o no (Torres y Garzón, 2010). Y que es imposible salir de la crisis sin abordar los males estructurales de nuestra economía. 81 IV. MEDIOS DE COMUNICACIÓN FINANCIERIZADOS: SU PAPEL EN LA CRISIS ECONÓMICA. Raymond Williams sostuvo que el desarrollo de los medios de comunicación en occidente estaba fuertemente ligado a las revoluciones de los siglos XVII y XVIII: la revolución democrática, con la introducción de sistemas democráticos en muchas naciones; la revolución cultural o ilustrada, con la extensión de la alfabetización y la educación; y la revolución industrial, con el aumento de la prosperidad40. Juntas conformaron una “larga revolución” de avance social, en la que se vieron realizadas nuevas potencialidades humanas y sociales (Curran, 2005). Pero Williams afirmó que ese proceso de desarrollo se detuvo cuando se desperdició la tradición popular de los medios, y el periodismo “radical” (2005:34) fue incorporado en la prensa comercial. Con ello se acercó a las ideas sobre el tema propias de la escuela de Frankfurt, en las que los modernos medios de comunicación, bajo la influencia de las relaciones públicas, la publicidad y las grandes empresas, buscaban dirigir al público en lugar de expresar su voluntad, fomentando la apatía y presentando la política como un espectáculo (Hottois, 1999). James Curran explica por qué los medios de comunicación “libres” quedaron sujetos al control de la elite. Buena parte de la explicación “…es que el mismo libre mercado era más un sistema de control que un motor de libertad” (2005:35). El paso de la producción artesana de periódicos a la producción industrial, el aumento de la dependencia de la publicidad y el desarrollo del oligopolio llevaron a la distorsión sistemática del periodismo. En varios trabajos, Curran ha descrito la existencia de una prensa disidente orientada a la clase obrera en el Reino Unido, surgida en la primera mitad del siglo XIX, y con mucha capacidad de recepción. Por ello fue vista por la elite dirigente como una amenaza, y perseguida por el gobierno mediante leyes, fianzas o impuestos, que no tuvieron éxito. Hasta que a partir de la segunda mitad del XIX, “… el mercado logró lo que la intervención del Estado no había podido conseguir” (Chomsky y Herman, 1990: 24). La expansión del mercado libre vino acompañada por una industrialización de la prensa, un aumento de escala de la empresa periodística, con el 40 Esta última revolución, en gran medida, se produjo a costa del expolio del Nuevo Mundo y de las colonias desde finales del siglo XV (Ziegler, 2003). 82 consiguiente e ininterrumpido incremento de los costes de capital, a causa de los adelantos tecnológicos y la creciente presión de los propietarios de dichas empresas por lograr una mayor audiencia. Lo mismo sucedió en Estados Unidos (Chomsky y Herman, 1990; Mosco, 1996). A ello hay que añadir la importancia creciente de la publicidad, que adquirió una autoridad notoria: sin su apoyo los periódicos dejaron de ser económicamente viables. Con el auge de la publicidad los periódicos con anunciantes podían permitirse un precio por ejemplar muy por debajo de los costes de producción, una enorme desventaja para los periódicos sin anunciantes. Peter Bailey consideró que de este modo se dio entrada a un control no representativo de los medios de comunicación, un control basado en el dinero (Curran, 2005). Con ello se privilegiaron los puntos de vista de la derecha política. Y los empresarios en busca de beneficios estaban mejor adaptados a las exigencias del mercado que las organizaciones políticas “radicales”. Los primeros utilizaban estrategias para maximizar las ventas que condujeron a la parcial incorporación de la cultura popular alternativa, y a su desgaste progresivo. De nuevo Williams, entre otros, argumenta que el modelo de periodismo popular moderno combinaba la tradición del entretenimiento moralista con la retórica de la prensa alternativa, pero despojada de todo contenido real. Así se formaba un tono superficialmente alternativo, diseñado para gustar por igual al lector crítico y al no crítico. Lo mismo afirmó Williams que ocurrió con la aparición de los entretenimientos deportivos de masas, gracias a la fusión de la tradición de la solidaridad de clase con los valores del dinero y del estrellato. Algunos historiadores sostienen también que los medios fueron domesticados por el Estado antes, durante y después de la introducción de la democracia de masas (Curran, 2005). Centrándonos en Gran Bretaña, aunque podamos aplicar esto a la mayoría de países occidentales, el enfoque coercitivo del XVIII (leyes represivas y apoyos económicos) cedió el paso durante el XIX a un enfoque más sutil. Se buscaron relaciones amistosas con la prensa mediante la satisfacción de sus necesidades comerciales de información. El moderno aparato estatal de relaciones públicas llegó en el siglo XX, con las oficinas de prensa gubernamentales, una de las principales fuentes de noticias para los medios. La maquinaria publicitaria del Estado creció rápidamente durante el siglo, sobre todo en las décadas de los ochenta y noventa, para diseñar una publicidad que favoreciera una comunicación eficaz para los intereses estatales. Con 83 ello hablamos de un sistema dual de control, por parte del mercado y la gestión gubernamental de las noticias. Philip Schlesinger hizo un celebrado estudio sobre la BBC en los setenta, en el que defendió que su imparcialidad se daba dentro de unos términos definidos por el Estado, un marco del cual no podía salirse. Para él las limitaciones no suelen realizarse mediante censura abierta, más bien mediante una intervención mediada, sobre todo con el estrechamiento de los controles editoriales internos: una autocensura institucional (Curran, 2005). Noam Chomsky y Edward S. Herman (1990) afirman la misma idea, ampliándola. Es autocensura, por un lado, de periodistas y comentaristas que se ajustan a la realidad de los requerimientos de las fuentes y de los medios de comunicación; y por otro lado, de los responsables de alto nivel de dichos medios, “… que fueron elegidos para poner en práctica las constricciones –que en muchos casos han interiorizadoimpuestas por los propietarios y por otros centros de poder, tanto del mercado como gubernamentales” (1990:14). Un modelo de propaganda En Los guardianes de la libertad: propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas (1990), Chomsky y Herman definen con gran detalle su modelo de economía política41. Examinando el tratamiento de la prensa norteamericana sobre noticias internacionales, muestran la existencia de un sistema de propaganda en los medios que funciona sistemáticamente, otra de las principales aportaciones de este trabajo. La mayoría de trabajos sobre propaganda se centran en eventos puntuales (las campañas para unas elecciones, por ejemplo), mientras que ellos ven la función de propaganda como una actividad constante, diaria. Es lo que llaman “fabricación del consenso”. No afirman que los medios se ocupen solamente de la propaganda, pero sí que la actividad propagandística es uno de los aspectos más relevantes de su contenido, sirviendo de este modo para movilizar el apoyo en favor de los intereses que dominan la actividad estatal y privada. Así pueden entenderse mucho 41 También existe una película documental que traduce las ideas de este trabajo, Manufacturing consent. Noam Chomsky and the media (Achbar y Wintonick, 1992). 84 mejor sus opciones, énfasis, omisiones, sesgos, prejuicios, y la selección de noticias que se deriva de todo ello. Los dos autores consideran que los medios de comunicación de masas son un sistema de transmisión de mensajes y símbolos para el ciudadano medio. Su función es entretener e informar, pero también, y más importante, educar, inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad (Ramonet, 2005; Reig, 2010). Y “… en un mundo en el que la riqueza está concentrada y en el que existen grandes conflictos de intereses de clase, el cumplimiento de tal papel requiere una propaganda sistemática” (Chomsky y Herman, 1990:21). Chomsky y Herman hacen un análisis de libre mercado. Hay personas importantes que toman iniciativas reales para definir y dar forma a las noticias, y para conectar a los diferentes medios; estas personas forman parte o representan a los gobiernos, a los líderes de la comunidad, a los propietarios y ejecutivos de los principales medios, a las grandes empresas, y a otros grupos que defiendan los mismos intereses. El número de estos promotores es lo suficientemente reducido como para que actúen al unísono si la ocasión lo requiere, tal y como hacen los vendedores en mercados con una fuerte competencia. Pero en la mayoría de los casos los dirigentes de los medios hacen cosas parecidas porque tienen la misma perspectiva del mundo, y están sometidos a similares limitaciones e incentivos. Por ello suelen presentar historias o guardar silencio todos a una, en una acción colectiva. Es un proceso “natural”, por el que los hechos inconvenientes apenas aparecen o, cuando lo hacen, se someten convenientemente a las asunciones del marco establecido. Los mencionados autores organizan su modelo de propaganda a partir de una serie de “filtros”, características propias de los medios de masas que interactúan y se refuerzan entre sí, filtrando la materia prima de las noticias, imponiendo el marco y los límites necesarios para los intereses dominantes. Veamos cuáles son esos filtros. 1) La publicidad. Ya hemos mencionado la importancia que tuvo el auge de la publicidad en la prensa. Con la publicidad, “… el mercado libre no ofrece un sistema neutral en el que finalmente decide el comprador. Las elecciones de los anunciantes son 85 las que influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios” (Chomsky y Herman, 1990:43). Además ha tenido un papel importante en el aumento de la concentración, influyendo decisivamente en la competencia entre medios. Sumemos que los medios están interesados en atraer audiencias con poder adquisitivo; los anunciantes valoran a la audiencia en virtud del consumo efectivo que haga de sus productos. La idea de que la consecución de grandes audiencias hace a los medios más democráticos es falsa: su equivalente político sería un sistema de voto ponderado por la renta (Chomsky y Herman, 1990:45-46). Comentábamos brevemente en otro capítulo la perspectiva de Dallas Smythe sobre los medios. Para él su función es crear bloques de audiencias para venderlas a los anunciantes, asegurando la propensión al consumo. Como vemos, en su pensamiento es la audiencia la que define a los medios de comunicación de masas. La audiencia no está formada por grupos sociales en el mismo sentido que lo son las asociaciones voluntarias; las audiencias casi nunca se reúnen. Pero tampoco son simples estadísticas, se manifiestan con rapidez para comprar los productos publicitados en los medios, cuyos mensajes serían así incitaciones al consumo, en medio de las cuales se sirve comida gratis (free lunch), o la parte no comercial (Quirós, 2001). Otro asunto es el de la discriminación política de los anunciantes. Lo lógico es que rechacen patrocinar a medios ideológicamente enfrentados y a los que considere perjudiciales para sus intereses. Patrocinan programas de televisión, salvo raras excepciones, cultural y políticamente conservadores: es muy extraño que paguen por programas que aborden serias críticas a las actividades empresariales que comportan daños medioambientales, cuestiones militares o apoyo a gobiernos tiranos del Tercer Mundo y los beneficios que obtienen del mismo (Chomsky y Herman, 1990). Sin duda prefieren los programas deportivos: no hay más que ver un partido de fútbol cualquiera, o las ruedas de prensa de sus entrenadores, para notar la impresionante concentración de publicidad que se produce en cada imagen. Su poder sobre la programación televisiva es evidente: para una cadena de televisión, ganar o perder un punto de audiencia se traduce en cientos de millones de dólares anuales. Antes hemos mencionado el trabajo de Armand Mattelart sobre la industria de la publicidad, La internacional publicitaria (1990), que nos muestra el último paso: la integración de esta industria dentro de todos los demás sectores mediáticos, a través de 86 fusiones, consorcios, joint ventures, alianzas estratégicas y otras formas. El autor belga llama la atención sobre la transformación de la publicidad de una breve pausa comercial en el flujo mediático a un medio fundamental de comunicación y un actor esencial en el espacio público. Se ha producido un enorme crecimiento del propio significado de la publicidad: actualmente significa estudios de mercado, estudios de opinión, ratings de audiencia, consultoría, diseño, promoción de ventas, marketing directo, producción audiovisual, patrocinio, y relaciones públicas. Con ello se convierte en un sistema de persuasión invisible (Ramonet, 2005). “Con los medios más refinados y con ayuda de investigadores de todas las disciplinas (psicólogos, psiquiatras, sociólogos, semióticos, lingüistas, estadísticos, etc.), la publicidad intenta desentrañar nuestros más profundos deseos” (2005:69). Estudian a los consumidores hasta en el más mínimo detalle, utilizando todas las tecnologías posibles, para conocer sus hábitos de compra y preferencias, incluso sus perfiles personales y sociales. Entonces pueden, por ejemplo, asesorar a hipermercados y grandes almacenes sobre cómo organizar sus espacios para maximizar las compras de sus consumidores42, para que además de lo imprescindible, compren lo superfluo (Ramonet, 2005:71). Los sondeos de opinión diseñan el perfil del consumidor medio, y además suponen una forma de condicionamiento: nos recuerdan continuamente el deseo de la mayoría. Y los indecisos tienden a alinearse con la opinión de la mayoría. 2) El suministro de noticias. Chomsky y Herman hablan de una relación simbiótica entre medios de comunicación de masas y fuentes de información poderosas, tanto por necesidad económica como por reciprocidad de intereses. Los medios necesitan un flujo constante de información, y la economía les obliga a que se centren en los lugares donde se suelen producir las noticias importantes. Las instituciones gubernamentales y sus oficinas de prensa son núcleos centrales; también, en el ámbito local, los ayuntamientos o las comisarías de policía. Junto a ellos son asimismo proveedores regulares de historias las empresas comerciales y los grupos industriales (patronales, cámaras de comercio, asociaciones industriales…). Estas burocracias son capaces de hacer circular un gran volumen de material que satisface las necesidades mediáticas, y además se les 42 Un ejemplo de esto: el electrodoméstico suele estar situado a la entrada de los grandes almacenes, por dos motivos: son embalajes grandes que requieren que el carrito esté vacío; y su precio sirve de referencia, todo lo demás parecerá menos caro (Ramonet, 2005:71). 87 presupone la veracidad del material, por su status y prestigio. En parte hablan también de una cuestión de costes: tomando la información de fuentes presuntamente creíbles se reducen los gastos, porque fuentes que no son fiables inicialmente o que despertarán críticas requieren una cuidadosa verificación y una costosa investigación. La magnitud de estos servicios burocráticos, con varios miles de empleados y presupuestos enormes, hace palidecer “… no sólo los recursos de información pública de cualquier individuo o grupo disidente, sino los del conjunto de dichos grupos” (Chomsky y Herman, 1990:52). El sector empresarial dispone de recursos para producir información al mismo nivel que el sector público. Se esfuerzan en facilitar las cosas a los medios, proporcionando instalaciones, programando conferencias de prensa, aportando comunicados de prensa… Con todo ello obtienen un acceso especial a los mismos, y lógicamente un poder evidente. Estas fuentes pueden ofenderse y amenazar a los medios si se hacen eco de informaciones aportadas por fuentes críticas. Y además aprovechan esta rutina para gestionar la información, para crear un orden del día específico, una agenda. Es muy interesante dentro de este apartado la cuestión de los “expertos”. Siempre existen fuentes no oficiales muy respetables que proporcionan puntos de vista diferentes con la autoridad que les da su status (escritores importantes, catedráticos y profesores universitarios…). La mayoría de referencias de este trabajo son un ejemplo. Este problema para los intereses dominantes se mitiga con la “captación de expertos” (Chomsky y Herman, 1990:58), es decir, incluyéndolos en nómina, financiando sus investigaciones, u organizando fundaciones intelectuales para que provean de expertos a los medios y difundan los mensajes pertinentes (Ramonet, 2005:52). De este modo se puede organizar el suministro de expertos en la forma deseada por el gobierno y el mercado, y se mantiene el debate dentro del marco correcto. De esta manera, Vicenç Navarro (2011f) observa cómo el centro financiero de Estados Unidos, Wall Street, ha ido configurando el conocimiento económico universitario en los centros académicos más prestigiosos de aquel país, un tema también tratado en el documental Inside Job (Ferguson, 2010). “La banca, a través de la financiación de congresos, de revistas supuestamente científicas de gran renombre, de financiación de centros de investigación económica, de pagos a famosos economistas que directamente o indirectamente están a su servicio y del establecimiento de cátedras universitarias…” 88 (Navarro, 2011f), ha configurado la ortodoxia neoliberal dominante en el pensamiento económico. Lo mismo ocurre en España, donde Navarro aporta el ejemplo de FEDEA (Fundación de Estudios De Economía Aplicada), fundación financiada por la banca que reproduce el mismo pensamiento neoliberal y que aparece continuamente en los medios españoles a través de manifiestos firmados por sus miembros, en los que apoya las políticas de bajada de salarios, despido más fácil, reducción de las pensiones… Y nunca incluyen en sus análisis el comportamiento especulativo de la banca o la necesidad de una reforma fiscal que devuelva la progresividad. Vincent Mosco (2009) da en el clavo cuando repasa esta misma conexión entre el neoliberalismo y los sistemas de poder político y económico. Esta corriente triunfa en el pensamiento económico convencional porque “… sirve al poder proporcionándole información, consejo, y soluciones políticas que refuerzan al capitalismo”43 (2009: 64). 3) La réplica. Si a pesar de toda la organización descrita en el punto anterior, aparecen informaciones o puntos de vista disidentes e incómodos para el statu quo, los grupos de poder suelen realizar réplicas, a gran escala, que resultan costosas para los medios pues deben defenderse de ellas, en ocasiones ante los tribunales. Según Chomsky y Herman estas respuestas aumentaron durante los años setenta y ochenta debido al creciente resentimiento empresarial con diversas críticas aparecidas en los medios, lo que conecta directamente con la recuperación del “clima” social de la que hablaba David Anisi. La réplica de los poderosos puede ser directa o indirecta: en las primeras podemos incluir solicitudes a los medios de la documentación utilizada para elaborar una determinada noticia o programa por parte de organismos gubernamentales o agencias de regulación de las comunicaciones, o solicitudes de espacio en los medios para poder replicar por parte de empresas o agencias de publicidad; en las segundas podemos mencionar publicidad institucional para quejarse de los medios, o financiación de acciones de corte intelectual para atacarles. La comunidad empresarial norteamericana patrocinó en las décadas indicadas el desarrollo de instituciones creadas específicamente para producir réplicas, como el Media Institute, el Accuracy In Media o la Freedom House. 43 Cita original en inglés: “… it serves power by providing information, advice, and policies to strengthen capitalism”. 89 4) Magnitud, propiedad, y orientación hacia el beneficio. Para que un medio de comunicación tenga una magnitud y una difusión significativas hay que realizar una gran inversión económica, como ya hemos comentado cuando hablábamos de la industrialización de la prensa hace más de un siglo. Los medios son en primera instancia empresas que se mueven en un sistema capitalista, y por tanto han participado de los mismos procesos de concentración y diversificación que el resto de empresas y sectores económicos (Labio Bernal, 2006; Almirón, 2008; Reig, 2011). Aunque haya un gran número de periódicos, revistas, emisoras de radio y televisión, editoriales, etc., la mayoría pertenece a un grupo muy reducido de empresas de comunicación, y las que no lo hacen son de ámbito local y escasa tirada, por lo que dependen de las grandes compañías y las agencias que suministran información para todo lo que no sea local. En su análisis Chomsky y Herman hablaban de 24 grandes empresas de medios de comunicación, pero su libro data de 1.988. La concentración ha seguido su curso hasta hoy, donde encontramos a seis conglomerados mediáticos dominantes (Reig, 2011). Parafraseando el titular de un gran artículo de la revista española La clave (2005), seis imperios de medios son el mensaje. Las empresas de comunicación son gigantescas. Son corporaciones con ánimo de lucro, y pertenecen a los “mercados”. Sus acciones se valoran mucho, pues generan enormes ingresos; cualquiera de los seis grandes conglomerados está valorado en cientos de miles de millones de dólares (La clave, 2005). Dentro de la financierización económica, los bancos, inversores institucionales, grandes empresas y grandes fortunas se han ido haciendo con la propiedad de los grupos de comunicación. Al igual que en los demás sectores la tradición familiar en estos grupos se ha acabado. La consigna es, como hemos visto, centrarse intensivamente en la rentabilidad. La integración de los grandes medios en el sistema de mercado es total, tras la desaparición de las normas que limitaban la concentración (Labio Bernal, 2006), y el control por parte de compañías ajenas a la comunicación. Es más, los grandes medios, como compañías que son, se diversifican e invierten en otros sectores económicos (Reig, 2011), participando del entramado de capital que hemos descrito en el anterior capítulo. E igualmente ocurre a nivel personal con los miembros de sus consejos de administración, ejecutivos empresariales y bancarios que repiten en otros consejos. Además de estas vinculaciones, las grandes empresas de medios negocian con banqueros e inversionistas para obtener 96 la acción política. Las leyes del mercado están supuestamente en un nivel extrasocietario, fuera de la voluntad de los seres humanos, por tanto son inexorables y es preciso adaptarse a ellas. Para paliar sus efectos negativos y colaterales, la solución sería profundizar en todas sus dimensiones, porque serían los obstáculos al mercado los que producirían los conflictos. No se puede controlar al mercado ni confrontarlo. Se convierte entonces, como piensan entre otros Isidoro Moreno (2002) y Tzvetan Todorov (2010), en un proyecto totalitario. El Mercado se ha convertido de este modo en el sacro central dominante (Moreno, 2002:33), sus supuestas leyes son incontrovertibles, se han sacralizado, asumen el mismo papel que tuvieron las leyes de otros sacros: la ley de Dios, las razones de Estado, las leyes de la Razón... Como estamos viendo es una posición que constituye una verdadera ideología, una construcción apriorística que no descansa sobre un análisis válido de la realidad. “… posee también, al igual que aquellos, sus propios mitos y ritos legitimadores, sus espacios sagrados y sus pontífices y funcionarios (a quienes se aplican denominaciones modernas y laicas, como la de expertos, pero que no por ello dejan de ser servidores de la sacralidad y mediadores entre ésta y el común de los humanos). Esto es real, aunque la generalizada confusión que hace equivaler lo sagrado y lo religioso, por una parte, y lo secular y lo laico, por otra, dificulte la visión”. (Moreno, 2002:33) Curiosamente no todo lo que se encuentra en el mercado responde al principio de libre circulación a escala mundial. Un factor económico tan central como la fuerza de trabajo queda fuera de esto (Moreno, 2002:40), en un proceso inverso de multiplicación de barreras a su circulación, como se puede comprobar en la Unión Europea, Estados Unidos o Japón frente a los inmigrantes del Sur. Una contradicción como muchas más de esta lógica, en definitiva todo depende de lo que convenga a los intereses dominantes. Cualquier gobierno, sea supuestamente socialista o de izquierda, sea conservador o de derecha, realiza las mismas políticas, las reformas estructurales. El sistema político se ha autodeslegitimado al aceptar dejar de ser realmente político para convertirse en ámbito de gestión administrativa de las decisiones tomadas en las instancias económicas de la mundialización, que son ahora las verdaderamente políticas (FMI, Banco Mundial, 97 OMC, Comisión Europea, bancos centrales…), sin que los ciudadanos puedan ejercer control o censura alguna sobre ellas (Moreno, 2002). Por tanto el problema principal de los partidos políticos no es la corrupción, aunque exista, o el modelo organizativo, aunque esté obsoleto, sino su contenido y funciones. Siguen siendo partidos (facciones) pero no son realmente políticos, dinamizadores de la acción para la defensa de distintos modelos de sociedad o “formas de hacer” (Moreno, 2002:44). Al igual que su publicidad electoral es intercambiable tanto en formas como en contenidos y está dirigida por especialistas en marketing (Ramonet, 2005), del mismo modo son intercambiables los partidos en el gobierno. Todo ello es la base de la actual crisis de la democracia. La información, siguiendo la doctrina, es ante todo considerada una mercancía (Ramonet, 2005). El informativo de televisión está hecho para distraer. Una sucesión rápida de noticias breves y fragmentadas, que produce un doble efecto de sobreinformación y desinformación. Es el medio más consumido. La prensa escrita adopta las características de la televisión: longitud reducida de los artículos, prioridad a lo sensacional, práctica sistemática del olvido con las informaciones que han perdido actualidad… (Ramonet, 2005:81) La prensa ha simplificado el discurso. Ya no puede distinguirse de los demás medios de información, estos y sus periodistas se repiten, imitan, copian… Son un solo sistema de información. El papel de los medios de comunicación de masas en la estrategia es la repetición constante de este catecismo. Esto “… le confiere una fuerza de intimidación tan grande que ahoga toda tentativa de reflexión libre y hace muy difícil la resistencia contra este nuevo oscurantismo” (Ramonet, 2005:54). Los medios de comunicación social están controlados por los intereses que sirven de base al pensamiento único. Ignacio Ramonet respondió en una entrevista reciente que el poder mediático es el acompañante del poder financiero. Como dijo Herbert Schiller, es una parte del sistema de poder, los “brazos ejecutores” del sistema (Labio Bernal, 2006:14). Ramonet (2005) no duda en llamar al poder político el tercer poder; primero está el poder económico, y luego el poder mediático. 98 El papel de los medios en la crisis. El vínculo entre el sistema mediático y el sistema financiero impide que los principales medios reflejen lo que está ocurriendo en estos tiempos de crisis. Las secciones de información económica y financiera construyen una realidad ajena y parcial. Según la profesora Núria Almiron (2008) el déficit en la cobertura de los medios es mayor ahora que antes, en el momento de supuesta abundancia económica. Centrada en España y en el estallido de nuestra burbuja inmobiliaria, nos enseña cómo los medios “toman la consecuencia por la causa”. Como ejemplo, la noticia sobre la compra a principios de 2.007 de Ferrovial Inmobiliaria por parte de la promotora inmobiliaria catalana Habitat, cuatro veces menor que la adquirida, por lo que tuvo que endeudarse desorbitadamente, fundamentalmente con La Caixa. Los principales medios de comunicación hablaron entonces de un gran paso por parte de esta empresa, y sus expertos afirmaban que era una compra muy recomendable para una empresa familiar, dando por sentado que multiplicaría sus ventas anuales de viviendas. Casi nada se pudo leer o escuchar sobre el riesgo de la operación, en un momento que mostraba ya signos evidentes de desinflamiento del sector, más el riesgo financiero que suponía tal endeudamiento. Dos años después, tras el hundimiento del inmobiliario español, todos los grandes medios acusaban a la crisis de ser la causante de que Habitat se ahogara en una deuda de 2.300 millones de euros. Como dice Almiron, la realidad es justo lo contrario. La crisis del sector inmobiliario no es la causante de la crisis de los actores de este mercado, es al revés, fue causada por ellos, por sus estrategias de crecimiento especulativo y financiación bancaria. La interpretación crítica de este sistema de funcionamiento no aparece en los grandes medios. Tampoco se observa análisis crítico alguno en las informaciones sobre los rescates de las entidades financieras y las inyecciones de dinero público, o sobre la relación de estas entidades con los paraísos fiscales. En la gran mayoría de los casos las plazas off-shore son tratadas como algo ajeno y abstracto, como países que albergan el dinero evadido a Hacienda o que blanquean el dinero ilegal de gente como los narcotraficantes. Pero en las escasas informaciones que los medios dedican a este asunto se olvida que la banca es la que alimenta a estos enclaves, la que los mantiene y explota para beneficio de sus clientes y del suyo propio. Algo más: tras los sucesivos rescates sin condiciones ni contrapartidas con dinero público, los grandes medios siempre pasan página, en esa práctica del olvido de lo que no está de actualidad que hemos comentado. 99 Núria Almiron no quiere dejar pasar que la ciudadanía colabora con todo esto, lo que conecta con el pensamiento único. Para ella la desorientación de ciudadanos y ciudadanas se debe a su educación en los valores del individualismo acérrimo, de la búsqueda de la máxima rentabilidad para su patrimonio y sus ahorros, sin plantearse ninguna cuestión ética al respecto. El papel de los medios en esta educación es, como hemos visto, clave. Otro hecho que apunta la profesora brevemente es el eco que se hacen los grandes medios de las teorías pseudo-psicológicas que la economía neoliberal utiliza para explicar las convulsiones financieras. Ignacio Ramonet lo expresa así: “Efectivamente, los ‘mercados’ funcionan a ciegas, integrando parámetros tomados casi prestados de la brujería o de la psicología barata, como: la economía del rumor, el análisis de comportamientos gregarios, o el estudio de los contagios miméticos.” (Ramonet, 2005:54) De este modo las explicaciones que aparecen en los titulares sobre algo que, como hemos explicado, obedece a la volatilidad del sistema financiero, a que sus beneficios se producen por las variaciones continuas de precios, y a las estrategias de especulación, hablan siempre de “nerviosismo”, “miedo”, “pánico” de los inversores. Lo que ha permitido reforzar la divinización del libre mercado. Tal y como anotan autores como Manuel Castells (2011) estas teorías conducen a la conclusión de que los “mercados” (utilizado como eufemismo que no aclara quién está detrás de ellos) son una especie de dios, fuera de todo control, al que hay que calmar y aplacar a toda costa haciendo los sacrificios humanos necesarios para lograrlo, que son los derechos sociales y el bienestar de las clases populares (Castells, 2011). Las justificaciones a las medidas de ajuste coinciden siempre en la causa final subyacente a las mismas: se toman para “calmar”, “tranquilizar”, “aplacar” a los mercados. El significado implícito de estos mensajes es claro, los mercados son los que mandan, debemos cumplir con sus deseos. Ramón Reig (2010) también se apoya en algunos ejemplos y en el análisis de contenido para analizar el papel de los medios en esta crisis económica, con el foco puesto sobre todo en el receptor de los mensajes mediáticos. En su línea actual de pensamiento complejo, considera que los medios, como herederos actuales de los sacerdotes antiguos que controlaban los mensajes y creaban una realidad acorde a los intereses de la élite, han creado un mito irrefutable, la economía de mercado (es otra interpretación de la ideología del pensamiento único), tras el cual sólo habría caos e inseguridad. La crisis del mito produce miedo, o más bien angustia. Lo propio de los medios es jugar con esa 100 angustia, para que nadie termine planteándose la eliminación del sistema de libre mercado. Aportan una lluvia de datos, que además se acompañan de titulares catastróficos (“el pánico hunde las bolsas”, “semana negra”, “desplome histórico”…), sin la contextualización adecuada, que permita la comprensión de lo que está ocurriendo. Al final la culpa no cae en el sistema de mercado, sino en algunos individuos avariciosos y aislados, que son la excepción que confirma la regla de la validez del sistema. Y nos recuerda la contradicción total que supone la intervención pública para salvar a los que precisamente defienden la ausencia de esa intervención. Por último, los investigadores Roberto Aparici y Carmen Rivas (2010) profundizan en un evento concreto para su aproximación al asunto. Realizan un estudio comparativo del tratamiento que las principales cabeceras españolas realizaron de la jornada de huelga general en España, el 29 de septiembre de 2.010, cuya convocatoria respondió a las medidas que el gobierno español estaba aplicando para solucionar la crisis, a las medidas de ajuste, protestando sobre todo por la reforma laboral que facilitaba el despido a las empresas, pero también por otras medidas como la reforma de las pensiones, que aumentó la edad legal de jubilación de 65 a 67 años, y supuso un recorte medio en la cuantía de las pensiones públicas de un 20%47. En este caso el objetivo a atacar y silenciar era el sindicalismo. Prensa, radio y televisión fueron ocupadas por políticos, economistas neoliberales y representantes de lobbies empresariales para explicar el alcance de la reforma laboral, con la ausencia manifiesta de los representantes sindicales. Las palabras que se asociaban a la palabra “huelga” con mayor frecuencia eran “piquetes”, “liberados”, “privilegios”, “financiación pública”… Muy pocos la asociaron a “derecho constitucional”. Otras “palabras y frases de choque” eran “violencia”, “están desfasados”, “subvencionados”, “liberados igual privilegios”… Incluso “terrorismo”. O frases hechas, tópicos que se repiten machaconamente y la audiencia termina por aceptar: “la huelga es una ruina para el país”, “no es el momento de convocar una huelga sino de arrimar el hombro”, “los sindicatos defienden privilegios”, “los piquetes impedirán el derecho al trabajo”, etc. Los liberados sindicales fueron demonizados y silenciados, se hablaba constantemente de ellos negativamente sin que estuvieran presentes. Las opiniones disidentes desaparecieron de los medios escritos y 47 ElConfidencial.com, 28-01-2011. http://www.elconfidencial.com/en-exclusiva/2011/pensionesrecortaran-sindicatos-20110128-74140.html 101 audiovisuales. Los investigadores observan la omisión de elementos significativos en las informaciones sobre qué suponía la reforma laboral, sobre la ampliación de las causas para despedir, la subvención de despidos con fondos públicos, la afectación mayor en los trabajadores fijos con mayor antigüedad, el despido express sin causa y con indemnización rebajada… Y cuestiones relacionadas con la negociación colectiva y el empleo público. Los autores están de acuerdo en que se produjo una “fabricación de consenso”, según sus palabras un consenso intramedios sobre lo que significaba unirse a la huelga, desde varios días antes de la misma. Terminan comparando las portadas de los principales periódicos el día después del evento. Los medios más supuestamente conservadores utilizaron sin paliativos el calificativo de “fracaso” (ABC, El Mundo, La Razón), mientras que El País habló de “impacto moderado”, y sólo el diario Público ofreció una representación positiva y masiva de la huelga. Ninguno diferenció el seguimiento en las distintas comunidades autónomas y ciudades, en una construcción nacional centralizada. Conclusiones. Hemos repasado tres trabajos de análisis sobre el tratamiento que los grandes medios españoles han hecho y siguen haciendo de la crisis financiera y económica que confirman la hipótesis planteada en nuestro trabajo y la exposición teórica seguida. En un nivel más general, como las propuestas de Núria Almiron y Ramón Reig, o más particular, como el análisis de Roberto Aparici y Carmen Rivas, coinciden en señalar que los principales medios de comunicación social elaboran un discurso único, en la línea del pensamiento único, que no permite a sus receptores comprender los orígenes y las causas de la crisis financiera declarada oficialmente en septiembre de 2.008, y la crisis económica global derivada de la anterior que todavía sufrimos. Tampoco realizan ningún análisis crítico sobre las respuestas que los gobiernos occidentales, siguiendo los dictados de los mismos grupos de poder que provocaron el desastre y de las instituciones internacionales que representan sus intereses y que no han sido elegidas por los ciudadanos ni pueden sancionar de ninguna manera (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial, Unión Europea), 102 han puesto en práctica para la supuesta superación de la crisis, que no tienen nada que ver con el origen de la misma, y que simplemente son una forma de hacer pagar a la mayoría de la ciudadanía los platos rotos, salvando a los culpables de hacerse cargo de sus acciones y manteniéndolos en la misma posición de dominio. Algo que nos preocupa aún más comprobando, como hemos hecho, que el hundimiento del sistema financiero es mucho más grave de lo que la mayoría, nosotros incluidos, puede imaginar, y que la pirámide invertida probablemente requiera para mantenerse en pie años, más bien décadas, de esta estrategia de distribución de abajo arriba. Las alternativas existen, aunque los medios no las presenten, ni den entrada a personas y grupos que las pueden presentar y defender con rigor, salvo casos excepcionales que son utilizados como instrumento de legitimación y que sirven para hacer pensar a su audiencia que son muy pocos y aislados, lo que les lleva a pensar que el discurso omnipresente en todos los medios es por tanto necesariamente el correcto. Pero en realidad no son muy pocos y aislados, de hecho hay bastantes expertos, intelectuales, incluso ciudadanos (como los del movimiento 15-M) que claman por la injusticia de lo que está sucediendo. La práctica totalidad de las autoras y autores de referencia de este trabajo forman parte de ellas y ellos. Nos hablan de regulación financiera, de acabar con las prácticas especulativas o fiscalizarlas, de retomar el control público de la actividad bancaria, de recuperar la progresividad en los sistemas fiscales, de acabar con las plazas off-shore, de exigir responsabilidades civiles y en su caso penales a los causantes de la crisis, incluso de replantearnos la viabilidad de un sistema como el de libre mercado. Pero esto sólo puede ser silenciado o deslegitimado por unos medios que están controlados por los mismos grupos de poder denunciados, por la banca, por las grandes empresas, por los fondos de inversión especulativos, a través de su propiedad, de sus ingresos como anunciantes, del suministro de la información y de los “expertos” financiados por ellos. Como ha apuntado el profesor Reig, nadie tira piedras contra su propio tejado. Por todo ello nos parece de una importancia fundamental continuar el análisis del tratamiento mediático de esta formidable crisis. Es imprescindible demostrar con datos y con hechos contrastados la situación que hemos relatado. Consideramos que hay que estudiar a los medios en todas sus manifestaciones, en prensa, televisión, radio, cine, internet; analizarlos tanto en forma como en contenido, en individual o de manera comparativa, buscando las claves que expliquen el por qué, como pretende la Economía 103 Política, sobre las que Noam Chomsky y Edward S. Herman, pensamos, nos ofrecieron una guía de valor incalculable. Sería importante el análisis en todos los ámbitos, aunque desde nuestro ámbito español y europeo habría que empezar con lo que tenemos más cerca, con los medios que nos rodean de forma visible e invisible. Daremos un pequeño apunte que no queremos dejar pasar: en los tres trabajos desde España repasados, se insinúa que el diario Público es algo diferente a los demás diarios, que ha levantado la voz contra las intervenciones públicas realizadas, que ha realizado análisis plurales sobre ciertos aspectos de la crisis, que apoyó la última huelga general. Es por tanto básico colocar la lupa sobre este diario, comprobar si realmente opera de manera diferente. Y si es así, el motivo, si es una auténtica defensa del servicio público que deberían realizar los medios, o se trata de una estrategia para asegurarse un determinado nicho de mercado, formado por personas de una determinada orientación política. Es solo un pequeño ejemplo. Por nuestra parte, pretendemos continuar el camino trazado en este estudio, pues es más necesario que nunca el desarrollo de un análisis crítico y riguroso. Tal vez ayudemos a colocar en el centro del debate, entre otras muchas cosas relacionadas con el sistema económico totalitario de libre mercado, la cuestión mediática. Nos haremos eco de las palabras de la profesora Almiron: “En este contexto, los medios de comunicación, los actores con mayor potencial para impulsar el cambio, deberían ser de los primeros en ser liberados de la dictadura del mercado, del yugo del ánimo de lucro, que proporciona satisfacciones efímeras a unos pocos e infelicidad permanente a todos”. 104 V. BIBLIOGRAFÍA. Libros: Anisi, David. 1997, Creadores de escasez :del bienestar al miedo, 1a , 1a reimp, Alianza, Madrid. Bourdieu, Pierre. 1991, El sentido práctico, Taurus, Madrid. Chomsky, Noam & Barsamian, David. 2003, Lucha de clases :conversaciones con David Barsamian, Crítica, Barcelona. Chomsky, Noam & Herman, Edward S. 1990, Los guardianes de la libertad :propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas, Crítica, Barcelona. 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