G.B. Vico: de la “ciencia” de Dios al “conocimiento” del hombre
Abstract
El trabajo plantea el paso de una ciencia de Dios (relacionada con la Naturaleza) a un conocimiento sobre el hombre, que con la Ciencia nueva de Vico se resuelve como historicismo.
Full text
G.B. VICO: DE LA “CIENCIA” DE DIOS AL “CONOCIMIENTO” DEL HOMBRE (¿UN TEÓLOGO DE LA HISTORIA?) Francisco Piñón El trabajo plantea el paso de una ciencia de Dios (relacionada con la Naturaleza) a un conocimiento sobre el hombre, que con la Ciencia nueva de Vico se resuelve como historicismo. Palabras clave: Vico, Dios, teología de la historia, historicismo, humanismo. This work examines the passage from a science of God (related to Nature) to a knowledge of man, that in Vico’s New Science is solved by historicism. Keywords: Vico, God, theology of history, historicism, humanism. 1. El horizonte intelectual de Vico, su forma mentis fundamental, es omnicomprensiva: pretende, a partir de un principio fundante, unificar todo el saber humano y divino. Prefiere a Bacon y no a Descartes, el sentido del ingenio y el arte crítica a la razón demostrativa típica de la filosofía cartesiana. Unifica historia, aquello que es visa, con la filosofía (cogitata), presagiando a Croce, y todo en un proceso o devenir histórico de acentos idealistas y platónicos que en su estructura fenomenológica, sin el Buho de Minerva pesimista, es antecedente del devenir–totalidad hegeliano. El hombre no es ni la pura razón, ni se puede explicar o entender acudiendo a las matemáticas o a la geometría. Es objeto de la filosofía, no de la ciencia exacta. En este sentido es anti–positivista ante litteram y practica, a su modo, en su lectura histórica, una “filosofía de la vida” que, creo, desembocará en el historicismo como “idea de la vida” de la Filosofía de Dilthey. Me explico: intento sostener que con Vico en el cuadro omnicomprensivo de una historia en donde la Providencia expresa la ciencia de Dios, se esconde y se encierra, al mismo tiempo, el conocimiento factual, fáctico, del hombre individual, aquel que no tiene conciencia de la ciencia del yo. Por eso está contra Descartes; el hombre sólo tiene la conciencia de la existencia y en esta línea Kierkegaard le sería deudor. Y no sólo el pensador danés, sino también toda esa tradición intelectual cuyos representantes, en oposición al sensualismo y al materialismo de Turgot, de D’Alambert, de Condillac, de Cabanis, de Destutt de Tracy, se denominó “filosofía de la experiencia” y fue sostenida por Laromiguiére, Degérando (1772–1842), Maine de Birán y, ya sin los tintes pseudo–sensualistas, por el pensamiento cristiano del P. Gratry (1805–1872)1. 215©Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Francisco Piñón csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 215
En otras palabras: Vico, es cierto, se encuentra en el horizonte del paradigma idealista de Platón, de Plotino, de san Agustín. Por eso en la Ciencia de Dios está la razón y el intelligere, o sea, el conocimiento perfecto de todo lo creado. Pero al hombre de Vico, tras las huellas de la Docta ignorantia de Nicolás de Cusa, le corresponde el cogitare, o sea, el pensar; es decir, el ir componiendo y produciendo un conocimiento ciertamente imperfecto, que no llega al conocimiento del yo de una manera directa, sino al conocimiento de nuestra existencia. Al conocimiento no de nuestro ser o nuestra substancia, no del ser, y en esto preanuncia los phaenomena de Kant, sino sólo nuestra existencia. Por eso corregiría a Descartes y no diría cogito ergo sum, “Pienso luego soy”, sino, simplemente, “Pienso, luego existo”. Aquí está la modernidad fáctica de G.B. Vico. La ciencia del hombre es, y se construye, en lo que el hombre mismo puede hacer. En lo que fenomenológicamente puede crear. Por eso la historia le pertenece. Es lo único que el hombre hace o produce. Y por lo tanto, en cuanto la produce, la conoce. Verum et factum convertuntur. Es decir, es el fundamento ontológico de la mejor Filosofía de la praxis, y el fundamento pragmático de una buena parte de la moderna filosofía moral de la contemporaneidad. Me refiero a aquellos que no toman en cuenta los fundamentos o principios últimos porque alegan, desde Nietzsche, que “Dios ha muerto”. Por ejemplo, ¿acaso filósofos post–modernos, como Vattimo, no regresan ahora a los viejos valores encerrados en la más antigua tradición religiosa de no buscar para la verdad el paradigma de un racionalismo filosófico de tinte cartesiano-positivista-empirista, sino la autoridad de la humana experiencia, de la palabra, de la creencia, de la espera, en donde no se pretenden las “certezas” de los viejos principios universalistas? Es el “credere di credere” (“creer que se cree”) o “el Dios del Libro” de Vattimo, que no exige la certeza metafísica2. Acordémonos a este respecto de que, para Vico, la verdad es obra de la filosofía por medio de la razón; pero “la conciencia de lo cierto” nos viene por medio de la filología, observando “la autoridad del arbitrio humano”3. Vico, ¿filósofo post–moderno?. No. Simplemente constatación de la fragilidad del cogito cartesiano. Vico, sin sospecharlo, creo que puso las bases de esta nueva racionalidad, por lo menos en un nuevo lenguaje. O expresaba, con su ciencia nueva, la vieja tradición teológico–filosófica de que lo incognoscible, lo insondable, le correspondía a la ciencia divina. Al hombre, por lo tanto, no le quedaba sino su propio mundo, el mundo del hombre. Éste sería el historicismo–humanismo de G.B. Vico. Por lo demás, en Vico, un humanismo que supone y, más aun, exige el deber ser. En Vico no mueren los principios metafísicos, no se celebra ni en atisbos “la muerte de Dios”. La filosofía “considera al hombre tal como debe ser”, como viendo en La República de Platón y no “en el tonel de Rómulo”. Pero, aún así, con toda la idealidad a cuestas, a la ciencia nueva de Vico, le interesan, como al Tebano Cebete de las morales antiguas, “La Tabla de las cosas civiles”. Su metafísica, a fin de cuentas, se erige, como en Giordano Bruno, sobre “el mundo de la Naturaleza”. La mirada de Dios, es, para Vico, el ojo abierto de una metafísica que, extasiada, contempla la belleza del “orden de las cosas naturales”. Tal y como en el Fedro del divino Platón se extasiaba la mirada del filósofo. La ciencia de Dios, es cierto, es Mente y Señora de la Naturaleza, pero, al mismo tiempo, por medio del hombre individuo, la ratio, siguiendo a Tomas de Aquino, y antes al viejo Aristóteles, expresará una naturaleza que no se podrá encerrar en la deísta concepción filosófica de un siglo XVIII, sino más bien en un idealismo hegeliano en donde el Espíritu toma conciencia de sí, precisamente en el hombre. Pero, según Vico, no expresada en el individuo solitario, como Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)216 Francisco Piñón csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 216
en una doctrina del derecho natural solamente individual, sino en una Providencia divina que desemboca en una naturaleza social del hombre; su verdadera naturaleza, según Vico. Por eso, según nuestro filósofo, la ciencia nueva no es otra cosa sino una “teología civil razonada de la Providencia divina”. Así leemos esta otra modernidad en la explicación viquiana del grabado del frontispicio para la introducción de la Ciencia Nueva. 2. La Ciencia de Dios, por consiguiente, no es ajena al mundo de la Naturaleza. El hombre no es un ser extraño a la divinidad, ni la mirada de Dios es el instrumento para desnudar el mundo. Dios y mundo, antes que en Hegel o en el último Kant del opus postumum, se empiezan a entrelazar en la filosofía de la historia de Vico. El “Rayo de la Divina Providencia” con que se adorna la metafísica de Vico no es lineal, ni plana. Es convexo, se refracta y parte en varias direcciones. Por ese rayo divino, Zenón descubrió el hado; Epicuro, la casualidad; y hasta con ese mismo pudieron negar la misma Providencia divina y se llegó a la estatua de Homero con que, como autor de la gentilidad, se pudo valorar la historia de las ideas humanas. Por lo tanto, la ciencia de Dios no termina en sí misma, no es el solitario Señor o Ente que anuncia los tiempos de la muerte de la metafísica, sino, en palabras de Heidegger, el auténtico “Guardián del Ser”. Dios no sería para Vico un ente entre los entes, una idea sublimada del hombre mismo de Feuerbach, sino una esencia comunicable en el pensar humano. Marco Terencio Varrón, el ilustre escritor latino, expresaría esa unidad, según Vico, en su Rerum divinarum et humanarum. Por lo menos, Vico no fracturará la fenomenología unitaria greco-latina. Su filosofía no consistirá en una ratio aeterna alejada de las vicisitudes humanas, sino será una filología, subrayo la palabra, “o sea, la doctrina de todas las cosas que dependen del arbitrio humano, como son todas las historias de las lenguas, de las costumbres y de los hechos, así de la paz como de la guerra de los pueblos”.4 No es, pues, extraño que Vico nos muestre el diseño de una “historia ideal eterna”. Cierto. Pero, al mismo tiempo, ha sido una historia cuyo conocimiento ha producido, según Vico, el “horror de razonar” a causa de una deplorable oscuridad en donde corren las historias de todas las naciones. ¿Pesimismo de Vico?, tal vez. Pero, ciertamente, con él ya se oirían los acentos hegelianos del “aullar entre lobos”, fruto de la anterior siega evangélica del trigo y la cizaña. Para Vico, la mitología griega no era otra cosa sino la misma historia humana vivida y los poemas de Homero, las historias de Herodoto, las fábulas heróicas, la prosa grave de Tucídides, no expresaron sino el rayo de luz de la Providencia divina de la metafísica. Por algo la Scienza nuova será descrita por él mismo como una “filosofía de la autoridad”. Como una “historia de las ideas humanas” mediante el análisis del pensamiento que gira en torno de las “necesidades o utilidades de la vida sociable”. Ésta y no otra es, para Vico “la metafísica de la mente humana”, que comenzó, como ciencia, “en cuanto comenzó la materia”, o sea, cuando los primeros hombres comenzaron a pensar humanamente” y no “cuando los filósofos comenzaron a reflexionar sobre las ideas humanas”5. La idealidad de Vico no consistía en la abstracción o mera especulación sobre las cosas humanas a partir de una ciencia divina, alejada del esplendor y la decadencia griega o del poderío romano. La “humanitas” de los latinos, para Vico, será esa luz metafísica de su Scienza nuova. Los mandatos de Júpiter no estarán ajenos a esa ciencia divina. De ahí saldría el derecho, perCuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 217 G. Vico: de la “ciencia” de Dios al “conocimiento” del hombre csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 217
sonificado por Dike, la hija de Zeus, padre de los dioses. El derecho natural, el ius, tenía, pues, origen divino. Ya podría la filosofía medieval, trámite Sto. Tomás, detectar ese derecho divino expresado e ínsito en la Raio humana en cuanto tal. En la filosofía de la historia de Vico se entretejía y formaba trama estructural la ciencia divina y la historia natural. Peor para la divinidad, pensarán unos. Peor para el hombre, pensaron otros. Pero la dignitas hominis de los renacentistas quedaba salvada y la autonomía del hombre, por lo menos en su relativa facticidad transcultural, comenzaba a gestarse. Historia y Progreso, como tema de la filosofía de la Ilustración, tendría en Vico a un precursor. Plagado de platonismo, es cierto, pero en el fondo será el gran tema de Montesquieu y causará la admiración de Herder, de Michelet o, inclusive, de Comte. Por lo menos, en ese intento de encerrar en la unidad todo el proceso humano. Por algo el tratado sobre Lo Uno, de 1720, retratará ese ansia de Vico por significar una “teología de la historia” como la interpretara Paul Janet, y que, al mismo tiempo, fuese historia ideal de las leyes eternas y también, nacimiento, progreso y decadencia de las naciones. Historia cíclica y unitaria, ciertamente. Agustiniana y tomista, también. La historia seguía siendo el plan de Dios y los hechos humanos no agotaban el sentido de la existencia humana. Pero, al mismo tiempo, como en San Agustín, los Estados o las Naciones no eran la maléfica Babilonia. Había detrás de la filosofía de Vico el mito de las edades del mundo, la tradición paleobabilónica de las cuatro estaciones, los períodos históricos de Hesíodo, la conciencia de Decadencia, ya detectada por Ovidio y Virgilio6y profetizada por el profeta Daniel. La historia ideal de Vico no ignoraba, pues, la teoría de las catástrofes en donde una cultura sería eliminada por la siguiente en innumerables secuencias, tal y como ya se encontraba en Platón y en Aristóteles7. Pero en Vico latía ya una visión cristiana optimista. La temporalidad no se encerraba en un árido y oscuro inmanentismo, sino en una triada, como en Agustín de Hipona, de Paraíso-Caída-Redención. Y el eje de la historia era Cristo, el antes y el después, como nos lo cuenta la crónica universal del historiador Eusebio de Cesárea. Nabucodonosor tiene los pies de barro. Pero el espíritu puede hacer que le nazcan las alas a través de la estatua de Homero. Cierto. Vico bucea en las profundidades y debilidades de la historia. No es ajeno a sus decadencias, las que en la modernidad describirán los futuros Spengler y Toynbee. Su devenir no es el eterno retorno inmanentístico de los griegos o lo que será el final ambiguo de la dialéctica hegeliana. Su concepto de progreso no es el optimista iluminista teñido de utilitarismo del siglo XVIII. Su concepto de evolución de las culturas históricas, es verdad, encierran dentro de sí su propia decadencia, o su comadrona como se diría después en Hegel o Marx. Pero esa decadencia se mezcla con la fantasía, la imaginación, el humor colérico, el lenguaje metafísico y la sabiduría poética. Por algo en la etapa humana, la que sucede a la edad de los héroes, la razón y la imaginación son los que deben prevalecer, sobre todo con el predominio del deber. Y en medio de todo el subyacente y central optimismo cristiano. En su devenir histórico, los dioses no han huido del mundo, ni por lo tanto se anuncia la muerte del hombre. Su historia se nutre de imaginación y poesía. Es anticartesiano y pre-romántico. Al describir la fenomenología de la ciencia nueva no pretende un fin moralístico como Fenelón. Ni intenta justificar una política del derecho divino como Bossuet. Es, ciertamente, un pensador que está situado en un pasado histórico, cristiano de cultura greco–latina y romana, pero su Romanitas no se quedó anclada en el siglo XI medieval, ni tiene los rasgos de autoritarismo y verticalidad del cesaro–papismo. Sí cree que la Providencia rige al mundo, pero no le quita al hombre su libertad, ni lo delinea a una sola dimensión. Su cronología histórica no impide la Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)218 Francisco Piñón csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 218
pluralidad, ni las vicisitudes de corsi e ricorsi en donde los hombres primeramente sienten, después advierten y, posteriormente, reflexionan en una operosa praxis humana. Su horizonte histórico–cultural comprende las corrientes profundas de una historia que no es predominantemente “heroica”, sino popular, en el sentido moderno del término. No es César pasando el Rubicón, ni el Papa León deteniendo los huestes de Atila. O no sólo eso. Pasa a través de los mitos, las leyendas, de la edad de los dioses y de los hombres. Nunca una historia ya hecha de antemano y que puede, sin más, alegarse como Magistra Vitae. Más que seguir a Maquiavelo, anuncia la historia que se va haciendo del historicismo hegeliano. AVico no le gustan los pensadores que él llama “monásticos”, Epicuro y Hobbes, es decir, anclados en los hechos en donde el azar o la casualidad eliminan la libertad. 3. En su Ciencia Nueva, la Providencia regula y orienta, de hecho, la movilidad humana. Pero sin el hado divino que destruye libertad, ni se presenta como una “causa extrínseca y necesaria”, ni como “necesidad intrínseca que mueva desde dentro”. Las historias parciales de los pueblos no están determinadas, como un fatum, a delinear la historia ideal eterna. Dios no es el único agente. Su ciencia divina no entorpece, ni obstruye el conocimiento humano. La Naturaleza, la que en la Edad Media era la Vicaria Dei Officiis (la Vicaria de Oficios de Dios), ya, en Vico, no es el campo de la ciencia humana. Ahora, en la modernidad de Vico, el conocimiento, el único propiamente humano, no está radicado en la creación de Dios, o sea, en la Naturaleza, sino en la historia, que es lenguaje, literatura, leyes, costumbres, política. En una fenomenología de los hechos históricos en donde el Espíritu no se mediatiza o camufla o se aliena como en la filosofía hegeliana y tiene el peligro de convertirse en una mera especulación o ser el único importante sujeto de la historia y, por lo tanto, de poner en peligro la individualidad humana. La Ciencia Nueva compagina idealidad y circunstancias. Ahí sí que era el Espíritu que hablaba por las razas. Por lo menos, de las “razas” de los pueblos conocidos por Vico. Pero era un Espíritu que se revestía de materialidad y casi preparando una incipiente –y marxista– filosofía de la historia. En Vico el arado no sucumbía ante el altar y, precisamente, era la tierra, la arada, la trabajada por el hombre, el “primer altar de la gentilidad”8. Y la unidad llegaba a ser ciudad porque se fundaba “en los campos cultivados”. Y el primer fuego se produjo para talar y reducir a cultivo la tierra, como el primer altar, y encerrar el agua en las fuentes para que pudiese nacer la civilización. El timón del barco no era, tan sólo, un símbolo o instrumento de dirección sino algo más material: “el origen de la trasmigración de los pueblos”9. En Vico, tierra, arado y timón fueron los soportes de un conocimiento humano no suplantado por el hado divino. Después vendrían las “etimologías” de las lenguas, pero dentro de una racionalidad expresada en una muy material fenomenología, sobre todo con relación a las lenguas nativas. Por su expresividad leamos el siguiente texto demasiado revelador del sentido de experiencia histórica, factual, material, a propósito del origen de las etimologías de las lenguas nativas: “Que primero fueron las selvas, después los campos cultivados y los abrigos, después las casitas y las villas, más tarde las ciudades, finalmente las academias y los filósofos”10. El progreso para Vico, por lo tanto, cumplía lo que posteriormente para Hegel significaría, cronológicamente, la filosofía: ¡Algo que llegaba siempre tarde! O sea, para Vico, lo que en el mundo de las instituciones ha sido, no fue producto de los dioses sino de la humana praxis: familia, ciudades, comercio, guerra y paz, extensión del poder y origen de las Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 219 G. Vico: de la “ciencia” de Dios al “conocimiento” del hombre csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 219
repúblicas, no nacieron por compulsión racional de una genérica condición humana, sino de una muy concreta y material necesidad del uso del suelo, de la tierra, del arado, del timón, de la espada. Y también del altar y de lo que significaba. Aunque conviene subrayar que no constituía, en Vico, un pasado idílico, ni, por lo mismo, un orden justo. Sabía el filósofo de la Ciencia Nueva extraer conclusiones drásticas, ahí sí causadas por la así llamada “corrompida naturaleza humana” y debido a que la mayoría de los hombres no pueden hacer lo que la razón les dicta, la Divina Providencia convino el siguiente orden de las cosas humanas: “que, en las Repúblicas, los que usan sus mentes manden y los que usan sus cuerpos obedezcan”11. Pero aún así no sería ley de naturaleza, sino lamentable constatación de Vico sobre la práxis histórica. Total, que el historicismo-humanismo de Vico era, aún en este renglón, extremadamente realista. Era Aquiles, el héroe cantado por Homero, que personificaba el derecho heroico que no era otro sino el derecho de la fuerza12. Era el orden de la desigualdad o de la fuerza, porque, según Vico, el género humano descansaba “sobre la seguridad de los Estados civilizados” como principio de la “justicia exterior”13. Realismo histórico y no especulación. Conclusión que mercerería la crítica de una filosofía moral, ciertamente. Pero que, precisamente para eso, no comportaba vanas abstracciones de lo que la Naturaleza del hombre suele ofrecer. Inclusive, en ese cuadro de la historia humana, pintado por la mente omnicomprensiva de Vico, la Divina Providencia aparece casi como un subterfugio literario y una figura o ratio religiosa que tiene que ser traída a cuento por la fuerza de la forma mentis de la dominante cultura greco-latina-cristiana. Tal es, para mí, el realismo de lo que Vico le imprime al conocimiento humano de la fenomenología del devenir histórico. Seguramente, Hegel y Marx le serán deudores. Por lo menos, en ese su realismo: de que la civitas hominis no estaba hecha de buenas intenciones. Vico, por otro lado, sigue siendo idealista y esquemático. Idealista por ser platónico, lo cual es cierto. Todo lo anima el Espíritu o la primera razón del mundo. Pero en esto también sería aristotélico. Hay quien lo trata de rígido y mecánico en su concepción histórica. En esto último difiero. Una visión realista se puede llevar muy bien –y expresar– por medio del lenguaje mitológico o teniendo como fondo la convivencia entre dioses y hombres. Más aún, la idea de un principio fundante, cualquiera que éste sea y en la forma que se presente puede coincidir con la descripción morfológica de una ciudad del hombre en donde el “aullido entre lobos” lleve la voz dominante. El pluralismo cultural no necesariamente exige un politeísmo, ni una idea unitaria pide la determinibilidad histórica o la negación de variadas formas culturales. Vico, con la historia griega detrás, sería un ejemplo. El De natura deorum de Cicerón podía convivir con su societas omnium bonorum y la guerra entre los partidos de la romanitas. ¿No el mismo Cicerón decía a Ático, que era epicúreo, que no podía discutir con él acerca de las leyes, si no le concedía que eran de procedencia divina? Para Cicerón, nos lo recuerda Vico, la jurisprudencia romana, tan crudamente pragmática, se llevaba muy bien con la filosofía estoica que sostenía, como central, un principio unitario14. El “tiempo fabuloso”, mítico y religioso de Varrón, no era extraño a las luchas agrarias heroicas. Así, la ciencia nueva de Vico no eliminaba las tinieblas de la historia. Por el Descubrimiento del Verdadero Homero, Vico trata de poner en claro lo que él llama “todas las cosas que componen este mundo”, empezando por el Curso de las Naciones15. A decir verdad, Vico, en su devenir histórico, expliCuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)220 Francisco Piñón csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 220
cando la génesis de las instituciones, podría repetir el dictum del filósofo marxista Antonio Labriola: ¡“Las ideas no caen del Cielo”! Por otro lado, en el historicismo de G. B. Vico, la humanitas ocupaba el lugar principal. El hombre, por “la naturaleza definida” de su mente, se convertía en Regla del Universo. Por la filosofía se podría saber lo que el hombre debe ser, sobre todo la platónica. Por la historia, lo que el hombre es, inclusive “revolcarse en el tonel de Rómulo”16. Definitivamente, el hombre de Vico sabía, ciertamente, de cosas divinas, ¡pero el conocimiento del hombre, en su scienza nuova, solamente podía versar de las cosas humanas! Yen este sentido, Hegel y Marx, en cuanto al historicismo, estarían contentos con el Dios de Vico. NOTAS 1. MAINE DE BIRÁN, Essai sur les fondements de la physichologie et sur ses rapports avec l’etude de la nature, Oeuvres, VIII, París, 18 y 127. 2. GIANNI VATTIMO, Dopo la cristianità, Garzanti, Milán, 2002, p. 11. 3. G.B. VICO, Scienza Nuova, Lib. 1, Sec. Segunda, n. X, Ver. J. MARÍAS, La Filosofía en sus Textos, Ed. Labor, Barcelona, 1963, p. 488. 4. GIAMBATTISTA VICO, Principi di Scienza nuova d’intorno alla comune natura delle nazioni, “Idea de la Obra”, en J. MARÍAS, La Filosofía en sus Textos, cit. p. 474-475. 5. Ver Scienza nuova, cit. en pp. 495-496. 6. Geórgicas 1, 125 y 55; Met. 1, 89 55; Píndaro, Olimpiadas 2, 77. VIRGILIO, Égloga 4. HORACIO, Carmen.7. PLATÓN, Timeo 39c; ARISTÓTELES, Metaphysica 1, 14. Saeculare 57. 8. Ver G.B. VICO, Principi..., cit., p. 477. 9. Idem, p. 478. 10. Ibidem, pp. 479-480. 11. Ibidem, p. 479 12. Ibidem, p. 481. 13. Ibidem, p. 482. 14. Ibidem, p. 492. 15. Ibidem, pp. 486-487. 16. G.B. Vico, Scienza nuova, Lib. 1, Secc. 2, n.. VI; en op. cit. p. 488. *** Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 221 G. Vico: de la “ciencia” de Dios al “conocimiento” del hombre csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 221
csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:57 Página 222