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Coincidencias

Real Magdaleno, Enrique

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Hei 2áfe COINCIDENCIAS - C > ENRIQUE REAL MAGDALENO DAS ae E la É Y E 0) TL Li ¡0 Ez O e A mi distinguido amigo, el. laureado escritor D. José Muñoz. San Román, 7 se PRÓLOGO o ori pci Y Os encontrados sentimientos agitan mi espíritu al sentarme delante de las blancas cuartillas que imperturbables esperan, como el arpa de Bécquer, una mano que sobre ellas trace esos minúsculos signos, tan grandes en su pequeñez, puesto que materializan lo más portentoso de la Creación: el mundo de las ideas. Solicítame de una parte el deseo de corresponder en la medida de mi pobreza literaria, vecina de la indigencia, a la fineza del autor de esta obrita, con quien me unen vínculos de una amistad leal y cariñosa, nacida desde los bancos del aula en que juntos recibíamos las sabias enseñanzas de nuestros maestros, en aquella edad inolvidable en que las flores de la ilusión empiezan a cuajarse y la vida se presenta a nuestra mente como un venturoso Edén. De otra parte, me abruma el temor de que mi incorrecta y desmayada prosa ahuyente a 5 PE los lectores que se propusieran saborear las mieles de la poéy tica narración de Real Magdaleno. A graves apuros que a todo mortal cuesta el realizar un trabajo A superior a sus fuerzas. Es El autor de esta obra no es un desconocido en el campo de las letras, y necesitado por ende de presentación. Son muchas las muestras que ha dado de su peregrino ingenio; y, reuntdas en un volumen y desperdigadas por Revistas y periódicos, no muy inferior al melancólico y malogrado poeta cuyo busproducida por una insuficiente digestión del pensamiento y de la técnica de Verlaine, no hubiese hecho tabla rasa con todos los valores poéticos anteriores a la aparición de tan grave y contagiosa dolencia. Como prosista, Real Magdaleno es un modelo de casticismo, no exento de los adornos propios de la época en que vivimos. Profundo conocedor de las lenguas madres a que debe su existencia la maravillosa y por ninguna superada en que q, fué escrito el Quijote, posee un léxico abundante y preciso y 3 una sintaxis limpia de solecismos y anfibologías; y, lo que es > más meritorio en la hora presente, libre por completo de per- | niciosas influencias ultrapirenaicas. No carece de imaginaE ción, aunque en el esta facultad hállase superada por el racioe cinio, como corresponde a quien consagró la mayor parte de su existencia al cultivo de las ciencias abstractas. E ES 6 e Con tales preocupaciones he permanecido indeciso bastante tiempo; pero recordando súbitamente que de ningún cobarh de se ha escrito nada, me decidí, como César en ocasión memorable, a pronunciar el famoso y ya vulgarísimo Alea jac= ta est, pasando, no precisamente el Rubicón, sino los muy | léense numerosas poesías que habríanle colocado en un plano to adorna el Parque sevillano, si el ultraismo, esa neurosis La obrita a que estas líneas sirven de prefacio, es un relasencillo y emocionante de uno de esos episodios amorosos q los protagonistas a situaciones trágicas que ponen espanto en el ánimo de las multitudes. Leopoldo, el joven estudiante soñador y enamorado, es una víctima de la mujer calculadoray fría para quien el amor no es otra cosa que el camino que conduce al matrimonio, aspiración suprema de las que sólo ven en este vínculo el medio de emandiparse de la tutela paterna y disfrutar comodidades durante largo tiempo am- -—bicionadas. No hay quien deje de sentir hondas simpatías por el valeroso muchacho que, después de sufrir una de las más horrendas crisis por que puede atravesar un corazón despedazado por los desengaños, lucha denodadamente hasta alcanzar el doble ideal de su vida: la decorosa independencia profesional y el amor de una mujer, que sien lo físico es un vivo retrato de la perjura, en lo moral sólo pueden asemejársele las palomas de los valles y los ángeles del cielo. Creo firmemente que basta, y aun sobra, con lo dicho para preparar el ánimo del lector a quien supongo ya ansioso de deleitarse con las exquisiteces del estilo de Real Magdaleno, afortunado cultivador de la forma, y en quien la pluma es a las veces mágico pincel que reproduce, realzadas por los prodigios del arte, las maravillas de la Naturaleza. MANUEL CONTRERAS CARRIÓN cepilladito por fuera y zafio, inespiritual por dentro, demasiado servilón, no menos sibarita y nada meticuloso, quería 7 | conducir a Luisa pronto ante los altares, si la rifada soltera, siempre oficiosa y siempre recompensada exiguamente, le admitía relaciones, y hurgando Leopoldo pensativo, tocó 1 algo siniestro, sospechó una maquinación oculta, capaz de sublevar al más adormecido, y desconcertado, cerró los libros. Sufrió, sufrió ilimitadamente, porque su aspiración consistía en labrarse un porvenir envidiabie para ser feliz con su idolatrada. Estuvo en el pueblo, y los suyos le cuidaron desvelados. No se confirmaba el rumor, no hay pesimismo absoluto, y aminorada su inquietud por calmarle la confianza que tenía en la virtud de Luisa, avergonzado de su flojedad, estudió con fruto, y trasladado a la urbe atrafagada, aprobó el curso en la Universidad sin ningún inconveniente. La lucha por la existencia, salva o condena. El administrador del ladino hacendado explanó sus pensamientos a la fatigada muchacha, que no los aceptó, pero oyó reconocida la declaración categórica; y un día, un día, acogió a Leopoldo arrebatadora, hecha un ascua de oro la blonda cabellera, fulgurantes las raptadoras pupilas, entreabiertos los frescos labios que contarneaban un beso enloquecedor, se le querelló de su suerte con voz desfallecida, balbuceó peticiones apremiantes y, por último, le atrajo, abandonándosele con tentadora dejadez. Los grandes ojos negros del agraciado, fosforecieron; musitó turbado palabras incoherentes, la estrechó saltándosele las lágrimas, la besó frenético, y con el alma destrozada, se alejó de aquella casita. 14 | | E | . ¡Qué golpe se le había asestado y qué desesperación la - Suya! Acostóse tiritante, insomne, y púsose después más sosegado a recapacitar que poseía una carrerita, y pudiera en- - lazarse a Luisa, reduciéndose ambos muy embarazosamente a lo preciso, hasta la futura reválida si la familia no se cansaba entre tanto de enviarle la misma asignación de sos- - Tenimiento; aunque de seguro, contrapuesta al ruego, fluiría explícita negativa, impidiendo la consumación de la descabellada ligereza, vivero probable de contingencias perjudiciales; más en las circunstancias entonces concurrentes abochornábale considerarlo, y reputó infame el lazo que se le había tendido, para que prisionero de lo ilícito, encubriese embobado dos infidelidades. La impaciencia de la inconsecuente mujer, su avieso designio de legalizar inmoralidades, mediante el sacrificio de quien tanto la quería, exudaban egoísmo y perversión. Sepultó el desafortunado su disgusto en vitalicio hermetismo, ni siquiera se matriculó, y huyó a su tierra a reponerse. ¡Pobre ave con las alas rotas, pobre desilusionado, que en la tristeza de las cosas se abismaba, llevando clavada inmerecidamente en su pecho, una daga florentina y en su faz descolorida, pronunciadas las huellas de abrumadora postración! A la sombra de perales y cerezos se ensimismaba, el yuelo de los insectos, que zumbadores, rebotaban en el suelo mullido, le hacía sobrecogerse; languidecía su ánimo al oir el tañido de las campanas: de las algazaras jocundas emergían para él remembranzas de la dicha perdida y era el solitario de los berrocales, el que arrellanado por largos ratos 15 en las orillas de las fuentes, emitía suspiros a y moviendo casi imperceptiblemente los labios, canturreaba acongojado la copla amarga de Augusto Ferrán: Las penitas que se cantan Son las penitas más grandes, Porque se cantan llorando, - Y las lágrimas no salen. Sin embargo, torrentes de oxígeno, alimentación nutritiva, delicadezas paternales y el bálsamo del tiempo le fa3 vorecieron, y en enero, ya más entonado, acudió a las clínicas a proseguir por enseñanza libre su preparación. En las tardes de sol, por la plazoleta en que radicaba el domicilio de Leopoldo, bajaban muy compuestos a las afueras, Luisa y su esposo, el tranquilo administrador. La depravación exhibíase vanidosa. El mal, empleando imposturas, mañosas insinuaciones,, compasión fingida y larguezas cautivantes, prosperó. Un maridaje sin vínculos sentimentales es infernal, y el libertino, hambriento de inconfesables delectaciones, invade espacios vedados, creando afrentas y tejiendo dramas. 16 Una mujer de incompleta educación y tipo interesante, blicamente ponderado, no se resigna a oscuridad ahogaa, y su fiebre de superposición y comodidades, atropella scrúpulos y consérvase altiva ante la murmuración acusa- - dora de faltas, sin pruebas materiales de su comisión. Exponía Luisa, que habíala determinado a variar de rumbo, el incalculado desvio de Leopoldo. ¡Sarcasmo repugnante! Sobre ruinas destacábase la nefanda silucta del sátiro - Chismoso y desocupado. 9 Año y medio después, hízose médico nuestro hombre y [en concurso convocado por una compañía minera, obtuvo plaza, empezando a ejercer con plena conciencia de su misión, y por las profundas observaciones que verificó, por sus investigaciones científicas, y sus trabajos experimentales, dignos de alabanzas justas y alentadoras, y también por - los módicos honorarios que cobraba, alcanzó crédito muy sólido: que si hay quien explota y engaña al prójimo, dánse al par caracteres comedidos, sinceros, y culminan sus cualidades beneméritas. Al denudador invierno, sigue la estación delos aires odorantes, de las avecillas cantarinas y los - vergeles multicromos. he - Entre rodales había un chalet, donde residía Emilia de perfil semejante al de Luisa, cutis rosáceo, negros cabellos, AU ojos endrinos y buena estatura. Era hija de un respetable propietario. ; Dos corazones palpitaron gozosos, aproximándose en | una hora espléndida, cuando piaban los gorriones en los aleros, las hojas de las enredaderas chocaban como crótalos sutiles y un efltuvio deslumbrador se mecía en la atmósfera serena. Divisábanse en lontananza montículos cubiertos por la 1 pálida verdura del olivo, cercana vegetación, denunciaba la incipiente poesía de la primavera, tempranos capullos coronaban las macetas, y el aura vagarosa, traía perfumes de las sierras floridas. En resarcimiento de penas desgarradoras, apreciaba Leopoldo en Emilia, figura mirífica, maneras elegantes, abundancia de ideas peregrinas, y acendrada inclinación hacia él. La conversación de Emilia descargaba de pesares el corazón lacerado de su amante, la inocencia de la pulcra joven le embelesaba, y su cariño produciale embriagadora felicidad. Sobre lo tétrico flota la vida, la vida que reconstruye con la alegría del amor. Emilia era una gala abrileña. Tratáronse con intimidad honesta, y coincidieron sus espíritus. Celebraron su matrimonio, y hay que decir en elogio de los casados, que su luna de miel persistía con indicios de luenga duración aun luego de nacerles una niña angelical, niña que tenía la mirada de su padre, y el semblante de la madre, y se desarrolló tan graciosa, tan afable, que a nadie esquivaba, y portándola de mano en mano, ganaba besos y exclamaciones de ternura. 18 - La herencia prolongaba los poemas de su progenitora, e quien deciase, que siendo pequeña con la fantasía pletóica de leyendas referidas al calor de la lumbre, aguardaba la noche en que viajeros encumbrados, colocarian dádivas Originales en el cestillo infantil, y al asegurarle que no ven_drían los reyes orientales, y que no por eso carecería de objetos caprichosos, escudriñó melancólica senderos escarchados, porque adivinaba la compenetración de regalado, sen- - timientos del humano linaje, y ardía en ansias de saborear el esperado altruismo, para que le atasen a los extraños, amarras de bien. Lucen en la cara de la dulce esposa, líneas praxitelescas, astros rutilantes, sedosos pétalos de azucenas y rojos claveles. En lo más recóndito de su sér, albérganse tersos candores, imágenes sublimadas, juicios ecuánimes, amores inefables. E Son visiones suyas, la tierra pensilizada, la familia instruída, el hombre recordando, que ha salido de las entrañas del hombre, y acuciada por su fervor perenne, sueña en un arte triunfador, de trazos imprevistos consustancial a multitudes conscientes, fijadoras de superlativas hechuras, en lienzos y maderas, en piedras y metales. Su vida anterior fué un idilio, que en la alborada entonaba la canción del trabajo, al lado de los humildes tan protegidos por su corazón cristiano, en el intervalo somnolento de la cálida siesta se acogía a la sombrosa enramada, a oir el agua rebotar en cascadas sonantes, porque adoraba los movimientos hermosos, y al esconderse el sol en occidente, sentada sobre rústico banco, como los genios ejecutaba su descanso crepuscular entre palmas y flores. 19 En población castellana, de denso gentío, propusieron a Leopoldo convenio incomparablemente más ventajoso, y marchó allá con su familia, su mobiliario, su biblioteca y su instrumental. Antes que el prestigioso galeno, había llegado al mismo punto una entendida profesora en partos. Era la matrona una preciosidad marchita; era Luisa, cuyo marido murió inopinadamente de un derrame seroso, y expulsada de un hogar, que mercenaria y cruda mancilló excesivamente, decidióse enérgica, y contando con algunos. ahorros monetarios, no obstante antiguas disipaciones, con su propensión incontrastable y su perseverancia, habilitóse oficialmente para las manipulaciones de la seria profesión. Pudo hundirla Leopoldo y fué imparcial su comportamiento. Nadie pensó en que hubiesen mantenido comunicación pretérita, pues ni ella aludió al pasado de él, ni éste al pasado de ella. Por segunda vez iba Emilia a ser madre, y deseando preservar a Leopoldo de otro desbarajuste temperamental, análogo al que le irritó asistiéndola en el primer alumbramiento, y desconociendo la borrascosa historia de los extin20 guidos amores, ordenó due Luisa le auxiliara en el trance peligroso. - Era refractaria, por pudibundez sexual, que reforzó educación muy rígida, a someterse al tratamiento de un tocólogo. Imposible fué a Luisa eximirse y a Leopoldo estorbarlo, porque no les convenía rasgar el velo de lo retrospectivo, enredándose en narraciones comprometedoras para la desmedrada viuda, y dolorosas de todos modos para el honoTable facultativo. Luisa accedió reservada y animosa, no dudando de la prudencia y magnanimidad de Leopoldo, quien no desconfiaba de la competencia de su ex novia. A la casa del médico, que era una vetusta mansión señorial, conducía una avenida, en medio de la cual alzábase un basamento de granito, que remedaba el tronco cortado de un roble y sustentaba soberbia taza de mármol, sobre la que gravitaba una escultura de mujer hermosa, con traje romano y lindos pies, de los que escápanse sendos chorros de agua vital. Las comadres hallaban en Emilia rasgos de la estatua, y es que el acatamiento a las personas agradables, ramifícase notablemente. Manifiestos un anochecer los síntomas inequívocos, entró en la alcoba de la enferma Luisa, quien multiplicándose previsora y maestra, facilitó el natalicio de un niño, que tomó en sus manos y depositó en la falda de una criada, mientras que confortaba a la parturienta y disponiíala para el reposo. Sentóse agitada, ceñuda, recogió el endeble cuerpecito, y al besarle el rostro, la acometió un síncopé y hubo que 21 quitarle de los brazos al tierno infante y sacarla al aireado corredor. Espesa niebla tapaba el cielo; un áspero vientecillo azotaba la virgen maleza, aturdía las flores con broncos ruidos y humillaba las espigas lozanas en los trigales de las vegas. Temblaron los labios y los párpados de la traspuesta, € hizo Leonor que aspirase una leve dosis de éter, y mandó además suministrarle una taza de tila, que la pálida suspirante, bebió poco a poco, a medida que se animaba. A la alta temperatura del dormitorio, atribuían el percance, y no era así; era que la entereza de Luisa se había quebrado; era la cólera de la derrota; era que la ciénaga enviaba desde su tábido lecho vahos mefíticos a la impúdica traicionera; era que le confundía la dicha vengadora de la agasajada pareja. Sensibilizan a las almas esteparias, los insomnios terroríficos; los hechos que arrojan en la conciencia resplandores funestos, la perspectiva de una ruta guijarrosa, bordeada de abrojos y poblada de alimañas. Remordimientos y temores debilitan extraordinariamente. Interesarían muchísimo infinidad de episodios que transcurren inadvertidos; pero sucede, apesar de la indiscreción usual, que la suma de los secretos, excede significativamente a la suma de las franquezas. ; Continuó Luisa por el tiempo necesario cuidando a Emilio y a su hijito. Más adelante anunció un viaje, lo efectuó, y no han sabido más de ella. Fatal destino el de los seres cuyos rastros bórranse sin que su desaparición preocupe. za Sólo Leopoldo recuerda calladamente a la fugitiva, dedindola conmiseración.. - Ala luz del día y en las sombras, la tristeza llora y el lacer ríe; que el escenario mundano es todavía más comlejo que extenso. Haber permanecido hipócrita acá y acullá, haber escuchado improperios y soportada despreciativo silencio e -Tronías justicieras, ser un desecho del hastío ¡qué horror! Sembrando maldades, no se redondean sueños de regalo de triunfo. a Vive el matrimonio contentísimo, con su bonita prole, y algún verano que otro dirígense a las riberas del Cantábrico, a una playa semicircular que bate el mar con albas crenchas, dibujando brava curva nacarada. 7 Sopla allí con dureza el ventarrón furioso y gruesos nubarrones encapotan el firmamento: pero en las tardes despejadas, el azul de la bóveda celeste, el azul del Oceano, y el verdor de las cumbres, A con sus coloridos, cuadro encantador. Retozan los nenes ufanos de su motilidad. El niño muestra una inteligencia despierta, es un manojo de nervios, y un corazón generoso. Otros estíos, van a la aldea natal de Leopoldo, en la que nunca nombran a Luisa, o visitan el territorio minero, 23