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Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente

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Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente PH cuadernos 29 (c) JUNTA DE ANDALUCÍA. Consejería de Cultura Edita: JUNTA DE ANDALUCÍA. Consejería de Cultura Coordinación de la edición: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico Dirección: Román Fernández-Baca Casares, director del IAPH Colabora: El Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio Natural y Cultural ha colaborado en esta publicación a través de sus incentivos 2010 a grupos de investigación seleccionados entre las universidades andaluzas participantes Coordinación científica: Carmen Guerra de Hoyos, Mariano Pérez Humanes y Carlos Tapia Martín, grupo de investigación Out_Arquías [HUM853] Investigación para los límites en arquitectura. Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla Autores de los textos: Carmen Guerra de Hoyos, Mariano Pérez Humanes, Carlos Tapia Martín, Josetxo Beriain Razquin, Juan Agudo Torrico, Antonio Pizza, Carlo Emilio Piazzini Suárez, Andrés Perea, Marta García de Casasola Gómez, Manuel Almagro Jiménez, Juan Arnau, Fernando Zalamea Autor de las imágenes que preceden los bloques y artículos: José Antonio Flores Año de edición: 2012 Diseño y maquetación: Manuel García Jiménez, María Rodríguez Achútegui Equipo editorial: María Cuéllar Gordillo, Cinta Delgado Soler, Carmen Guerrero Quintero, Jaime Moreno Tamarán Cubierta: tratamiento de Manuel García a partir de una imagen elaborada por el grupo de investigación Out_Arquías [HUM853] Impresión: J. de Haro Artes Gráficas, S.L. ISBN: 978-84-9959-107-0 DL: SE 2817-2012 Esta obra está bajo una licencia Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España Creative Commons. Usted es libre de copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra bajo las condiciones siguientes: - Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador. - No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales. - Sin obras derivadas. No se puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta obra. Al reutilizar o distribuir la obra, tiene que dejar bien claro los términos de la licencia de esta obra. Alguna de estas condiciones puede no aplicarse si se obtiene el permiso del titular de los derechos de autor Los derechos derivados de usos legítimos u otras limitaciones reconocidas por ley no se ven afectados por lo anterior. La licencia completa está disponible en: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/ Temporalidades contemporáneas : incluido el pasado en el presente / [coord. de la ed., Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico ; coord. científica, Carmen Guerra de Hoyos, Mariano Pérez Humanes y Carlos Tapia Martín ; autores, Carmen Guerra de Hoyos ... (et al.)]. -- Sevilla : Consejería de Cultura, 2012.-- 147 p. : il. bl. y n. ; 24 cm. -- (PH Cuadernos ; 29) Incluye referencias bibliográficas Texto en español; resúmenes en español e inglés DL: SE 2817-2012 ISBN: 978-84-9959-107-0 1. Patrimonio cultural 2. Tiempo-Aspectos sociales 3. Sociología de la cultura 4. Espacio y tiempo 5. Percepción del tiempo 6. Tecnología y civilización- Edad contemporánea I. Guerra de Hoyos, Carmen II. Pérez Humanes, Mariano III. Tapia Martín, Carlos IV. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico 7.025 316.7 316.663:006.92 114/115 008”18/19”:6 http://www.iaph.es/web/canales/publicaciones/cuadernos/ PH cuadernos Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Colaboran: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico CONSEJERÍA DE CULTURA Consejero de Cultura Paulino Plata Cánovas Viceconsejera de Cultura Dolores Carmen Fernández Carmona Secretario General de Políticas Culturales Bartolomé Ruiz González Director del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico Román Fernández-Baca Casares Consejo Rector del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico PRESIDENCIA Consejero de Cultura Paulino Plata Cánovas VICEPRESIDENCIA PRIMERA Viceconsejera de Cultura Dolores Carmen Fernández Carmona VICEPRESIDENCIA SEGUNDA Secretario General de Políticas Culturales Bartolomé Ruiz González VOCALES Director del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico Román Fernández-Baca Casares Secretaria General Técnica Concepción Becerra Bermejo Directora General de Bienes Culturales Margarita Sánchez Romero Director General de Museos y Promoción del Arte Miguel Castellano Gámez Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas Julio Neira Jiménez Directora General de Relaciones Financieras de las Corporaciones Locales de la Consejería de Hacienda y Administración Pública Eva Mª Vidal Rodríguez Director General de Trabajo de la Consejería de Empleo Daniel Alberto Rivera Gómez Directora General de Investigación, Tecnología y Empresa de la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia Mª Sol Calzado García Representante de la Federación Andaluza de Municipios y Provincias Leocadio Marín Rodríguez SECRETARÍA DEL CONSEJO Jefa de la Asesoría Jurídica de la Consejería de Cultura Mónica Ortiz Sánchez Presentación Román Fernández-Baca Casares Director del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, dentro de su empeño en fomentar las condiciones que permitan elucidar las claves de nuestro tiempo, desarrolla y difunde actividades de investigación. Así, los PH cuadernos (línea Pensamiento) son unos instrumentos al servicio de quienes trabajan continuadamente en la construcción de la reflexión patrimonial, pero también se encuentran a disposición de un amplio campo de profesionales, docentes e investigadores de todas las áreas del conocimiento. La condición de integración de conocimientos, su salto transdisciplinar, se promueve desde la constitución de cada número editado pero, también, en la búsqueda de contrastes con los lectores que proveerán, en el seno de una cultura, un entendimiento y manejo plenos de una sociedad que quiera establecerse como tal. Desde distintos ángulos, con cada volumen presentado, el territorio patrimonial es enfocado extrayendo de él lo más destacado para aproximarnos a la forma de nuestro presente. Regularmente hay que particularizar el enfoque por el que nos preguntamos no ya qué hay en nuestra época, sino por el propio concepto de tiempo, escurridizo, complejo, manipulable y subjetivo. Algunas publicaciones del Instituto abordaron anteriormente esta reflexión, pero ahora se trata de hacerlo con la singularidad de preguntarnos, porque el diagnóstico así lo ofrece, la razón por la que tantos autores reflexionan sobre el pasado que está pasando, por el presente que es tal al “presentizar” lo pasado. No es sencillo dar una respuesta, pero sólo pensarla abre vías que pueden acabar en protocolos de intervención, políticas a medio plazo o argumentos para la formación especializada de los cada vez más interesados en el patrimonio en y de nuestra comunidad y fuera de ella. La pregunta por el sentido del tiempo, de Aristóteles a Einstein, ha ido configurando perfiles, formas de entender lo que somos y, hoy por hoy, no puede hacerse sin nuestra relación con el pasado. El equipo de investigación de la Universidad de Sevilla OUT_Arquías. Investigación para los límites en arquitectura se ha encargado de coordinar esta publicación, convocando a destacados especialistas de distintos ámbitos e instituciones internacionales que han traído a este PH cuaderno un amplio debate que espero que no se detenga con la, en todo caso, ilusionante y fértil lectura de sus páginas. Reflexiones sobre el pasado que está pasando Índice Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 015 255-264). Algo de ello hay en el texto del Andrés Perea que traemos a esta antología con el título “Construir el tiempo”. En él, este arquitecto se debate sobre cómo construir el tiempo, o mejor, sobre el tiempo en la construcción, llegando a plantear cuatro categorías diferentes: tiempo detenido, tiempo mutacional, tiempo virtual y tiempo inherente. Para ilustrar esta relación entre los procesos constructivos y el tiempo tomará diversos modelos de la arquitectura: arquetipos vernáculos, que muestran el tiempo en el proceso de evolución y depuración de las ingenierías; modelos del Gótico y del Renacimiento, para desvelar el papel -protagonista o secundarioque desempeña la técnica constructiva respecto a la forma; o el caso de un asentamiento de Mali, para explicitar la relación del proceso constructivo con los rituales. La segunda parte de esta antología la hemos denominado “Cartografías del tiempo”. A la hora de cartografiar el tiempo, de representarlo, no podemos dejar de recordar las palabras de Heidegger -citado en Maurice Merleau-Ponty- que rompen definitivamente con la linealidad cronológica: “la temporalización no es una sucesión (Nacheinander) de éxtasis. El futuro no es posterior al pasado ni el pasado es anterior al presente. La temporalidad se temporaliza como un futuroque-va-al-pasado-viniendo-al-presente” (MERLEAUPONTY, 1975: 428). En esta línea el filólogo Manuel Almagro nos ayuda a comprender la dificultad de fijar coordenadas o de trazar mapas para intentar fijar una imagen que sea capaz de representar el tiempo. Con el postmodernismo como telón de fondo, Almagro se adentra críticamente en el quehacer de la periodización -como constructo diacrónico y sincrónicopara ir mucho más allá de esa problemática y explicarnos, de la mano de diversos autores de la literatura moderna, las rupturas producidas en nuestra concepción temporal postmoderna, que posee en el texto y la intertextualidad dos de sus pilares básicos. La consideración del postmodernismo como un espacio habitado por diversos objetos de diferentes temporalidades (Hassan), la inversión de la secuencia cronológica en el quehacer artístico (Eliot), o la ruptura de la linealidad de los significados en los textos literarios, entendidos ahora como espacios a-históricos (Frank) o como espacios multi-dimensionales, plurales y sin origen único (Barthes) nos aproximan ahora a una perspectiva todavía abierta e incierta, pero enormemente más acorde con los tiempos que vivimos: de la inestabilidad histórica de los conceptos literarios pasamos al reconocimiento de una cartografía inestable, donde las posibles genealogías que se emprendan -sea en la disciplina que seaestarán llenas de múltiples relaciones y de posibilidades infinitas. En continuidad con esta lógica plural y abierta planteada por Almagro, la arquitecta Marta García de Casasola realiza una aproximación a lo patrimonial utilizando la interpretación como herramienta y aceptando las diversas miradas y distancias de todos los posibles intérpretes. En su texto “Mobilis in mobili: moviendo el tiempo pasado” ensaya una definición de lo patrimonial a través del tránsito que han sufrido los objetos al re-actualizarse en los nuevos paisajes contemporáneos. En el ensayo resuenan las voces de Latour, Sloterdijk y Groys, entre otros, para aceptar una realidad ineluctable: que humanos y objetos formamos parte de una compleja red de relaciones, que estamos en el mismo barco, en continuo desplazamiento, y que los “cuasi-objetos cuasi-sujetos” -inacabados y dilatados en su sernos reclaman una responsabilidad de diálogo y de disolución disciplinar para proyectar el futuro de lo patrimonial. Las estrategias del parlamento de las cosas (Latour), el archivo cultural (Groys) o la hiperpolítica (Sloterdijk) aparecen así como líneas guías para abordar este pasado en continuo movimiento, al tiempo que nos ayudan a visualizar una cartografía y una teoría de intervención en el patrimonio que, como no podía ser de otra forma, se proponen in progress. Con un cierto atrevimiento, nuestro grupo de investigación, a partir de lecturas, reflexiones, investigaciones y los aportes recibidos desde el resto de autores de este compendio, ha querido hacer una representación gráfica del tiempo-ahora. Su finalidad es de amplio espectro, yendo, desde la iniciación a través de una bibliografía básica muy seleccionada, a situar contextualmente cada unos de los atributos de la temporalidad a partir de un lexicográfico de palabras connotadas por el sesgo que le han impreso autores en volúmenes imprescindibles, y terminando con un dibujado de trazas de tiempo, basado en lo que Minkowsky, Zubiri, Cacciari, Castro-Nogueira y demás pensadores in- 016 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente sertos en las lexías ya anunciadas han propuesto para delinear las posibilidades de la realidad. Partiendo de la descomposición de una imagen del precursor del cinematógrafo Étienne-Jules Marey, psicólogo que impulsó junto con muchos otros lo que se conoce como la cultura del tiempo en el estrato temporal del primer tercio del siglo XX, se examinan y resitúan las distintas manifestaciones de percepción que compondrían un instante de ese presente que sentimos como ineludible, pero del que cada vez tenemos menos certezas. En la tercera y última parte del libro hemos querido reflexionar sobre los posibles sentidos culturales del tiempo, reconociendo con ello la necesidad de localizar, de situar el conocimiento y la oportunidad de la comparación intercultural e interdisciplinar. En ella, el astrofísico y filósofo Juan Arnau, como contrapunto al discurso occidentalista, nos ofrece un enfoque diferente desde la revalorización y puesta al día de las cosmologías antiguas indias, haciendo hincapié en su actualidad, para vislumbrar un nuevo-viejo tiempo presente. En su texto titulado “Orientar el tiempo”, tras realizar un didáctico recorrido por las diversas concepciones temporales desde la antigüedad, acaba decantándose por la orientación de la cosmología india, argumentando cómo los valores éticos de tal concepción pueden ayudarnos a comprender mejor nuestro universo: la elevación del nivel de conciencia a un primer plano, la revalorización mental y física del ser humano y la reorientación de la vida hacia una acción del presente; son algunas de las razones que hacen, de esta invitación al conocimiento y puesta en práctica de esta cosmología, una oportunidad única. Frente a los discursos derrotistas y desesperanzados de la crisis mundial, el cierre de este libro apuesta, sin ingenuidad, por las infinitas posibilidades de nuestro tiempo. Tal vez por ello no es casual que hayamos situado al matemático Fernando Zalamea en esa clausura-apertura de esperazas. Desde un punto de vista lógico-matemático, Zalamea nos introduce en la complejidad de las redes del tiempo sin caer en el relativismo o el individualismo de algunas corrientes postmodernas. De la mano de Peirce -el escritor colombiano es un reconocido especialista del mismoexplora esas redes del tiempo, esos entrelazamientos amplios y universales que trascienden contextos determinados y acotados, defendiendo no sólo esa capacidad de trascendencia sino su transvasabilidad, constrastabilidad y correlacionalidad sin tener que recurrir a lo absoluto. Con el título de “Lógicas del tiempo”, Zalamea nos muestra las posibilidades de las diversas lógicas en este cambiante mundo contemporáneo. Así, sostiene que la “lógica intuicionista es una lógica especialmente bien adaptada para el estudio de lo variable, de lo construible en gestación, no acabado o determinado desde un comienzo”. O que la lógica abductiva es enormemente adecuada para asimilar esos tiempos singulares donde una configuración dada puede ser entendida desde nuevas perspectivas. En definitiva, un artículo de cierre que, ofreciéndonos una panorámica teórica sobre el tiempo desde su campo, es capaz de recoger el debate que hemos querido suscitar y que expande con creces el ámbito disciplinar matemático. Los tres bloques son recorridos por los tiempos del fotógrafo José Antonio Flores, que ha articulado una maraña compositiva de fulgores temporales, instantáneas que impresionan la retina como un velo a contraluz: se percibe la urdimbre, se excitan las figuras. Su mirada impone una sensibilidad equivalente a la de cada uno de los textos, a cada intencionalidad traída a forma, a cada recuerdo personal convertido en memoria colectiva. Este es el recorrido que el cuaderno que presentamos propone, para pasar por las variables temporales que pueden alimentar eficazmente la comprensión y la actuación patrimonial. Si durante bastante tiempo la relación con los testimonios del pasado ha estado cargada de culpa o de un sentido de deuda con ellos, pensamos que se debe reconsiderar este tipo de relación del presente con el pasado y el futuro porque, como dice Peter Sloterdijk, “el tiempo de la culpa está marcado por la persecución del delincuente por las consecuencias de sus actos, tiempo que finaliza, lógicamente, cuando ha cumplido las penas que se derivan como consecuencias de los hechos. Mientras tanto, tener deudas no significa otra cosa que vivenciar una época durante la cual se está obligado a la cancelación. Pero mientras que la culpa deprime, las deudas alegran, siempre que se presenten en alianza con las energías empresariales. Culpa y deudas muestran un distintivo Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 017 conector decisivo: ambas procuran que la vida del empeñado o inculpado permanezca ligada a un hecho en el pasado. Juntos crean una obligación de relación retroactiva por la que lo pasado conserva su supremacía por lo venidero. […] A este respecto, el pensamiento económico se transforma en ontología y la ontología en ética. Ser: eso es lo que significa aquí la suma de las transacciones que aseguran el equilibrio entre lo prestado y lo devuelto” (SLOTERDIJK, 2010: 42). Enriquecer nuestra comprensión de los sentidos del tiempo en la contemporaneidad podría ayudarnos a encontrar modos, alternativos a la culpa o la deuda, de relación con el pasado y con el futuro, enraizando la acción patrimonial en un suelo cultural amplio y fértil, que nos alimente sin depredarlo ni encadenarnos. Sólo nos queda agradecer a los autores su colaboración y su tiempo y al Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico la oportunidad que nos ha brindado para hacer converger estos magníficos trabajos en esta compilación. Notas 1 Este PH cuaderno ha sido posible gracias a la colaboración del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y al proyecto Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio Cultural y Natural. El grupo de investigación OUT_Arquías. Investigación en los límites de la arquitectura fue uno de los 10 grupos de la Universidad de Sevilla galardonados en 2010 para desarrollar acciones en ese campus de excelencia, de la que esta publicación es una de ellas. A modo de resumen, habría que decir que el proyecto Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio Cultural y Natural nace de la alianza estratégica de ocho universidades andaluzas cuyos contenidos docentes y líneas de investigación están estrechamente vinculados a materias relacionadas con el patrimonio cultural y natural. Son las Universidades de Cádiz (UCA), Córdoba (UCO), Granada (UGR), Huelva (UHU), Internacional de Andalucía (UNIA), Jaén (UJA), Málaga (UMA) y Sevilla (USE), todas ellas ubicadas en un territorio con un extenso y rico patrimonio tanto cultural como natural que ha contribuido a la experiencia y capacidad formativa e investigadora que acumulan, y que otorga potencialidad y viabilidad a este proyecto. Posteriormente el grupo se ampliaría a diez universidades con la entrada de los dos centros públicos restantes, la Universidad de Almería (UAL) y la Pablo Olavide de Sevilla (UPO). 2 Sobre la relación entre la contemporaneidad de la virtualidad y la actualidad ha reflexionado Paolo Virno en “El fenómeno del dejá vu y el fin de la Historia”, capítulo de su libro El recuerdo del presente, donde nos hace ver que “hay un presente percibido y un presente del cual se tiene memoria” (VIRNO, 2003: 22) y cómo ambos son simultáneos. 3 Esta obra se expuso en la muestra colectiva CTRL [SPACE], retórica de la vigilancia desde Bentham al Gran Hermano. 2001-2002, en el ZKM de Karlsrule, Alemania. Aquí Graham reflexiona sobre las cámaras de vigilancia y nos introduce en un bucle de observador y observado del que nunca acabamos de salir. 4 Malcolm Gladwell es autor del superventas Inteligencia intuitiva (2005) donde hace una apología del conocimiento intuitivo y de nuestro inconsciente adaptativo, mostrando casos habituales donde nuestra capacidad inconsciente responde de manera rápida y eficaz a partir de muy poca información e incluso de fragmentos de experiencia. Para Gladwell la prisa ya no es mala consejera, las primeras impresiones son las que valen y lo instintivo es lo más certero: toda una coartada para seguir viviendo tranquilamente en este mundo sin molestarnos en pensar. 5 Antonio Pizza lleva décadas abordando la problemática del tiempo en la arquitectura. Entre sus libros sobre el tema destacamos La construcción del pasado (PIZZA, 2000). Bibliografía AGAMBEN, G. (2010) Ninfas. Valencia: Pretextos, 2010. 53 p. (Pre-textos; 1067) BERIAIN, J. (2008) Aceleración y tiranía del presente: la metamorfosis en las estructuras de la modernidad. Rubí, Barcelona: Anthropos; México D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, 2008. 222 p. (Autores, textos y temas. Ciencias sociales; 61) GADAMER, H.-G. (1996) Estética y hermenéutica. Madrid: Tecnos, 1996 (Colección Metrópolis) GLADWELL, M. (2005) Inteligencia intuitiva: ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos? [Madrid]: Taurus, [2005]. 293 p. (Pensamiento) MERLEAU-PONTY, M. (1975) Fenomenología de la percepción. Barcelona: Península, 1975, p. 428 (Serie Universitaria. Historia. Ciencia. Sociedad; v. 121) MAFFESOLI, M. (2004) El tiempo de las tribus. El ocaso del individualismo en las sociedades contemporáneas. México: Siglo XXI, 2004 PIZZA, A. (2000) La construcción del pasado. Madrid: Celeste, 2000 SLOTERDIJK, P. (2010) Ira y Tiempo. Madrid: Siruela, 2010 VIRNO, P. (2003) El recuerdo del presente: ensayo sobre el tiempo histórico. Buenos Aires: Paidós, 2003. 208 p. 01_Lo intempestivo y lo atemporal Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Carmen Guerra de Hoyos, Mariano Pérez Humanes, Carlos Tapia Martín Desaceleración social y elogio de la lentitud Josetxo Beriain Razquin El tiempo de las identidades híbridas Juan Agudo Torrico El patrimonio histórico entre el tiempo de las ruinas y las ruinas del tiempo Antonio Pizza Arqueología: una máquina del tiempo para una prehistoria del presente Carlo Emilio Piazzini Construir el tiempo Andrés Perea El fotógrafo José Antonio Flores desgrana a lo largo del contenido del libro percepciones propias, afinadas y singulares del sentido del tiempo, desde la óptica de su cámara, en una secuencia autónoma y, sin embargo, envolvente y sugestiva para cada texto. No se encabezan los ensayos, son dos argumentaciones en paralelo, que se ponen en confrontación. 022 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente “En las postrimerías de esta centuria ha sido posible, por primera vez, vislumbrar cómo puede ser un mundo en el que el pasado ha perdido su función, incluido el pasado en el presente, en el que los viejos mapas que guiaban a los seres humanos, individual y colectivamente, por el trayecto de la vida, ya no reproducen el paisaje en el que nos desplazamos y el océano en el que navegamos. Un mundo en el que no sólo no sabemos adónde nos dirigimos, sino tampoco adónde deberíamos dirigirnos”. Hobsbawm (1995: 26) Probablemente pocas épocas como la nuestra oscilen tan violentamente entre el encuentro continuo de certezas y la constatación de la pérdida de referencias, de la incertidumbre del suelo donde creemos apoyarnos. Desde esa conciencia de claroscuro cultural, el diagnóstico de Hobsbawn, independientemente de su adscripción ideológica, acompañando el fin del siglo XX, nos parece un anclaje del dictamen de la situación en el problema temporal, que había perdido su posición central en el debate cultural progresivamente a lo largo de ese mismo siglo. Un siglo que marca importantes giros en la cultura como es, en primer lugar y casi en sus inicios, lo que se vino a denominar, por influencia de Saussure, el giro lingüístico1. A gran escala, cada conocimiento empezó a asumir su propio papel diferencial y localizado en relación a su posición en el sistema general de la cultura; a pequeña escala, cada disciplina se plantea la articulación desde su propio código artificializado y normalizado. Este impulso empieza a descongelar progresivamente el sentido temporal y acumulativo del conocimiento. La referencia al origen, como explicación mayor de causas y efectos, empieza a verse difuminada por un proceso de redefinición estructurada del sistema de conocimiento, que encontrará en el Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Carmen Guerra de Hoyos, Mariano Pérez Humanes, Carlos Tapia Martín Dpto. de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas, Universidad de Sevilla La oportunidad de volver a reflexionar sobre el tiempo se produce en plena expansión del giro espacial de la cultura contemporánea. Esto no supone asumir una dirección contracultural sino el reconocimiento de que los modos de experiencia temporal, la historia y la memoria han sufrido transformaciones trascendentales en este desplazamiento de la cultura hacia la componente espacial. Es necesario, por tanto, realizar un acercamiento a estas nuevas dimensiones de la temporalidad y sus efectos en la sociedad desde perspectivas muy diferentes, para poder empezar a comprender los alcances de los cambios culturales en los que estamos inmersos: desde la densificación y complejización del presente, hasta los cambios en la relación del pasado con el presente (y por lo tanto con el patrimonio), y del futuro con el presente. Además estamos en un momento donde los replanteamientos sobre el ciclo cultural de la modernidad nos ofrecen un nuevo repertorio de herramientas conceptuales que no desdeñan las implementaciones que la tecnología ofrece, y que merecen ser examinadas e incorporadas al debate. En estas coordenadas queremos movernos en esta exploración teórico-práctica que proponemos al lector. Contemporary sense of time, the past included in the present It seems rather paradoxical thinking the time over while the spatial turn in contemporary culture is expanding all over. This is not a counter direction but the recognition that modes of temporal experience, history and memory have suffered radical changes in this shift in culture towards spatial component. It is necessary to make an approach to these new dimensions of temporality and its effects on society from different perspectives, to begin to understand the scope of the cultural change in which we operate. From the densification and complexity of present, to changes in the relationship of past and present (and therefore heritage) and of future and present. Our cultural cycle is still rethinking modernity, offering a new set of conceptual tools, and technological implementations, that deserve to be incorporated into the debate. In these terms we want to move in this discussion both theoretical and practical that we propose for the reader. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 023 paradigma de la ciencia de sistemas su definición más clara y precisa. Podríamos pensar que esta primera desviación del interés por lo temporal hacia la explicación lingüística supone ya una primera “espacialización del conocimiento”. Esta hipótesis quizás pueda parecer demasiado aventurada puesto que lo que se vendrá a denominar giro espacial en la cultura realmente no va a tener lugar hasta que vean la luz las tesis de Jane Jacobs, Henri Lefevbre y Michel Foucault, ya adentrados en la segunda mitad del siglo. Pero es precisamente la lectura socioespacial de los problemas culturales que realizan estos autores la que confirma el desplazamiento en el debate que apreciamos con el giro anterior. Se trataría entonces de un movimiento continuado, que se ha ido consolidando durante todo el siglo, por el que la comprensión de la realidad se produce desde una conjunción de estrategias en la que la temporalidad de los fenómenos es un factor a incluir entre un campo mayor de interacciones. No es exagerado calificar el impacto de este giro en la cultura contemporánea como trascendental. Realmente la dilatación del horizonte del conocimiento que supone el giro espacial en disciplinas como la sociología, la filosofía, la antropología o incluso la misma disciplina del conocimiento histórico es innegable, por no hablar del impacto de este giro en las prácticas específicamente espaciales como la geografía, la arquitectura o la escultura, que han reformulado y ampliado sucesivamente su campo de actuación en el último siglo, aunque evidentemente, de maneras muy diversas. ¿Por qué entonces, en pleno apogeo y desarrollo de este vector, empiezan a levantarse un número creciente de voces que advierten sobre mutaciones en el modo en el que nos relacionamos con el tiempo? De esta pregunta arranca nuestra reflexión que no ignora ni devalúa en absoluto la importancia de la referencia espacial en el conocimiento contemporáneo para cualquier disciplina. Sin embargo, nos parece necesario detectar y situar los cambios que se están produciendo en el marco de referencias temporales de la cultura porque, en ese suelo de incertidumbre al que hacíamos mención, no podemos prescindir de ninguna coordenada que nos ayude a situarnos. Además, porque una buena parte de los diagnósticos recientes sobre la cultura contemporánea lo que aprecian, en primer lugar, es una especie de distorsión en los modos en los que experimentamos la dimensión temporal. Según Giacomo Marramao “existe una determinada patogénesis de la temporalidad inherente a la experiencia propiamente moderna, derivada de la desproporción entre la riqueza de posibilidades que el proyecto técnicocientífico de dominio de la naturaleza (y de racionalización de los procesos evolutivos sociales) proporciona al individuo y la pobreza de su experiencia. Se produce así el fenómeno de la aceleración..., por el cual el tiempo se escinde en una incesante proyección hacia el futuro y en una atrofia y museificación del pasado, que sustrae progresivamente al presente el espacio de su existencia” (MARRAMAO, 2009: 86). Dicho de otro modo, como consecuencia del propio desarrollo tecnológico de la modernidad, se produce el fenómeno de la aceleración, por el contraste entre las infinitas posibilidades de acción y la limitación del horizonte vital concreto en el que nos movemos. La densificación del presente, en el que se amontona el pasado recobrado y reinterpretado, incluso tematizado en ocasiones, y en el que apremia la previsión y la organización del futuro inmediato, hace que podamos decir que estamos enfermos de tiempo, puesto que parecemos incapaces de vivir el nuestro propio. Sin embargo, también parece evidente que estamos en un momento donde los replanteamientos sobre el ciclo cultural de la modernidad nos ofrecen un nuevo repertorio de herramientas conceptuales que no desdeñan las implementaciones que la tecnología ofrece y que merecen ser examinadas e incorporadas al debate. En estas coordenadas queremos movernos en esta exploración teórico-práctica que proponemos al lector. La puesta a prueba de los diagnósticos que diferentes especialistas de disciplinas muy diversas efectúen con las nuevas metodologías de operar y leer el pasado puede ayudarnos a encontrar nuevos sentidos en la comprensión de la realidad que nos rodea. 024 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente LO INTEMPESTIVO Y LO ATEMPORAL, LO HISTÓRICO Y LO QUE ACONTECE “¿Qué es el tiempo? Si no me preguntas, lo sé; si quiero explicarlo a quien me pregunta, no lo sé... Nosotros medimos tiempos. Pero, ¿cómo se puede medir lo que no existe? El pasado ya no es más, el futuro no es aún. ¿Y qué hay del presente? El presente no tiene duración… En el orden en que podemos comparar una sílaba corta y otra larga, ambas han de haber muerto. Así que yo no mido las sílabas por sí, sino las imágenes de dos matices en mi memoria. Así que cuando mido el tiempo, mido impresiones, modificaciones y consciencia”. San Agustín, Confesiones , Libro XI, cap.172 Escribía Vattimo hace unos años que la enfermedad histórica es precisamente eso, una patología (o patogénesis en el sentido de Marramao en el recorrido de las temporalidades). Si el volumen que aquí presentamos, como integración de una plana amplia de campos singularizados -pero sin remedio conectados hasta, en algún caso, su disolución o indiferenciación-, gravita sobre la frase de Hobsbawn es porque en su manual Historia del siglo XX, 1914-1991 se denota abrumadoramente la capacidad asignada a los indicios, las señales, los síntomas3. Ello ha sido caracterizado por disímiles autores en ese mismo siglo de distintas formas. Para un africano, colonialismo y descolonialismo sujetan su existencia en esa centuria. Para un europeo es quizá más complicado, por abierto, por indeterminado, como describe Todorov (2002), permitiendo comprenderse a sí mismo como un ciudadano de esta parte del planeta resultado de desarrollos tecnológicos, aperturas de liberación feminista, sexual, por el sometimiento de la mortalidad o por ser responsable indolente de la crisis mundial por la demografía y el aparente individualismo rampante. Sin embargo, Todorov se inclina por hablar de nuestro pasado siglo desde los totalitarismos, como aquello que mejor define lo que aún se mantiene, aún deslocalizado en el presente -ya- milenio. El libro de Todorov es un texto interesante. Cada capítulo es el siglo de alguien (de adelante hacia atrás: Romain Gary, Primo Levy, David Rousset, Margarete Buber-Neumann, Vassili Grossman) dando así idea de tantas versiones como unidades de medida comparativa queremos asociar. Siglo extenso o concentrado, enrevesado o paradójico, el XX se configura como el más convulso periodo conocido, con los mayores males jamás acaecidos pero con una intensidad en el desenvolvimiento del concepto “humane”, que incluso ha llegado prácticamente a su conclusión. Ligado al tiempo, nuestro momento se debate en los frentes “post”. Postmoderno, si tratamos de ubicarnos, y será por ello un lugar y no un tiempo; posthumano, si evaluamos la condición humana que migra desde los espectros de la utopía al ser de naturaleza inorgánica. La clínica deleuziana (basada en la sentencia de Anaximandro4 “aus den Fugen, aus der Fuge” con esas palabras que traducirían a Hamlet -acto I, escena V- y son reelaboradas por Derrida) define el tiempo actual como Out of Join, como subordinación del movimiento al tiempo, lo que significa que ya no registra el tiempo a la realidad, sino que la realidad del movimiento imprime e impone el carácter de lo que debe ser el tiempo. Se asemeja por ello más a un espacio abstracto con una condición de acto que hace emerger tiránicamente la del tiempo. Volviendo al historiador británico Eric Hobsbawm, judío y marxista, la catástrofe es la característica sintomática de ese periodo y se reafirma en ello basándose al inicio de su libro con algunas respuestas a preguntas formuladas a distintos representantes de tiempos y lugares sobre qué es ese siglo. Destacamos una contestación sobre las demás: “Los historiadores no pueden responder a esta cuestión. Para mí, el siglo XX es sólo el intento constantemente renovado de comprenderlo” (HOBSBAWM, 1995: 27). Es la contestación del historiador Franco Venturi. Gianni Vattimo se aventuraba a diagnosticar con síntomas como el citado del reconocido cronista italiano, especialista en la Ilustración y en historia rusa, precisamente porque “el exceso de conciencia historiográfica destruye la capacidad de crear nueva historia” (HOBSBAWM, 1995: 27). ¿Es posible aún concebir una creación de la historia? Dejada atrás la superación de la Historia, en el sentido de Fukuyama, tal vez podamos atisbar un sentido del 032 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Desaceleración social y elogio de la lentitud Josetxo Beriain Razquin Dpto. de Sociología, U. Pública de Navarra La búsqueda en pos del tiempo, tanto del ganado como del perdido, constituye el deporte popular número uno en nuestra sociedad. Diariamente tomamos una dosis de esa poción mágica llamada aceleración que nos lleva a ganar unos segundos en esa carrera frenética contra el reloj en que hemos convertido nuestras vidas. Cada día tiene 24 horas, 1.440 minutos y 86.400 segundos, que comprimimos, como maximizadores de tiempo, en modos de vida urbanos hiperacelerados, con el resultado de que dos tercios de las personas que habitan en las sociedades desarrolladas padecen la enfermedad de la prisa, el estrés y la hiperestimulación. En esta tesitura, la administración del tiempo, política, económica y culturalmente, se convierte en una forma moderna de expectativa de salvación secularizada, a la que todos rendimos veneración, y que a todos nos intimida porque nos puede llevar a perder aquello que más valoramos: a nosotros mismos, no por insuficiente administración del tiempo sino por todo lo contrario, por un exceso de presión, de contracción del tiempo presente. Social slowdown and praise of slowness The quest for the time, both when found and lost, is the most popular sport in our society. Daily we take a dose of that magic potion called acceleration, which leads us to gain a few seconds in this frantic race against the clock, in which we have turned our lives. Each day has 24 hours, 1.440 minutes and 86.400 seconds, that we compress, maximizing time in hiper-acelerated urban lifestyles, with the result that two thirds of people living in developed societies suffer from hurry, stress and overstimulation. In this situation, time management, politically, economically and culturally, becomes a modern form of secular salvation, which yield all reverence, and which we all fear, because may lead us to loose what we value the most: ourselves, not by inadequate time management but on the contrary, by excessive pressure, generated from the contraction of the present time. LAS PARADOJAS DEL TIEMPO ACELERADO: EL CONCEPTO DE MODERNIDAD EN J. W. GOETHE La búsqueda en pos del tiempo, tanto del ganado como del perdido, constituye el deporte popular número uno en nuestra sociedad. Diariamente tomamos una dosis de esa poción mágica llamada aceleración que nos lleva a ganar unos segundos en esa carrera frenética contra el reloj en que hemos convertido nuestras vidas. Cada día tiene 24 horas, 1.440 minutos y 86.400 segundos, que comprimimos, como maximizadores de tiempo, en modos de vida urbanos hiperacelerados, con el resultado de que dos tercios de las personas que habitan en las sociedades desarrolladas padecen la enfermedad de la prisa, el estrés y la hiperestimulación (GEISSLER, 1998: 225 y ss.). En esta tesitura, la administración del tiempo, política, económica y culturalmente, se convierte en una forma moderna de expectativa de salvación secularizada, a la que todos rendimos veneración, y que a todos nos intimida porque nos puede llevar a perder aquello que más valoramos: a nosotros mismos, no por insuficiente administración del tiempo sino por todo lo contrario, por un exceso de presión, de contracción del tiempo presente. En una carta del 6 de junio de 1825, a Zelter, un compositor contemporáneo suyo, J. W. Goethe afirma que: “Hoy todo es ultra, todo se trasciende irresistiblemente, en el pensamiento y en la acción… Riqueza y rapidez son eso que maravilla y mueve el mundo; ferrocarriles, telégrafos, barcos de vapor y todas las facilidades de la comunicación son eso a lo que aspira el mundo, con el objetivo de superarse, de ir más allá de toda medida alcanzada”1. En el post scríptum a una carta de noviembre de 1825 a juristas y abogados en servicio prusianos, Goethe, cuya percepción del tiempo se orientó a desvelar las paradojas de la velocidad moderna entre otras cosas, creó un neologismo para dar cuenta de la aceleración de los medios de transporte, de los medios de comunicación Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 033 y en general del ritmo de vida, al que llamó: “constructo veluciferino”, surgido de la ingeniosa unión de la velocidad y del diablo, Lucifer, algo que denota la gran ambivalencia de la aceleración del tiempo en la modernidad. Por una parte, permite acortar el tiempo de realización de tareas, pero, por otra, crea una dependencia, una adicción, a un producto social cuyo consumo genera efectos secundarios peligrosos como son el estrés y la ansiedad. Así se expresa en la mencionada carta: “Como la mayor desgracia de nuestro tiempo, que nada deja madurar, debo constatar que en el siguiente instante lo previo se consume, el día se desperdicia, y siempre disponible por la difusión pública sobrevive esa fuerza titánica (de cambio transgresor), sin traer algo previo. Tenemos ya las hojas para los tiempos de todos los días, una buena cabeza podría interpolar unos y otros. Así será todo, lo que alguien hace, mueve y proclama, aquello que se propuso, será arrastrado a la esfera pública. Nadie se permite gozar ni sufrir, sino sólo matar el tiempo y así saltar de una casa a otra, de una ciudad a otra, de un reino a otro y, finalmente, de una parte del mundo a otra, todo veluciferino” (J. W. Goethe, Sämtliche Werke: Briefe, Tagebücher und Gespräche, cit. en OSTEN, 2003: 33). De la unión de Fausto -elemento positivo, pero pasivocon Mefistófeles -elemento negativo, pero activosurge la tragedia. Aunque Mefistófeles tenga la apariencia del demonio, no es exactamente el ángel caído del que nos habla la religión cristiana, sino más bien una encarnación del espíritu que avanza negando siempre (por falsación, diría Popper). Fausto está siempre avant la lettre, quiere más, sabe más. Comparece como el moderno guerrero relámpago con la misión de colmar los deseos y pretensiones de una sociedad basada en la aceleración del tiempo que lo quiere todo y al instante (GEISSLER, 2005: 115 y ss.). Esto significa que lo rápido es para él, en sentido moderno, algo constitutivo vinculado siempre a un más. Y esto está relacionado con las paradojas de la experiencia de lo veluciferino que, a través del más y más rápido, omnipresente en la producción, la comunicación y el transporte, no suponen una ganancia de tiempo neto y afectan negativamente al tiempo del mundo de la vida a pesar de que la aceleración es el proceso predominante en todos los ámbitos de la vida. Fausto anticipa con sus ideas de más y más rápido una interdependencia entre la velocidad y el crecimiento cuantitativo, algo que Marx ha descrito sistemáticamente en sus análisis de la economía capitalista. El desencadenamiento acelerado de las fuerzas productivas que mueve al Fausto que ha perdido la vista en el último acto de la tragedia, ha llevado a Marx y Engels a caracterizar el tiempo de la burguesía capitalista en el Manifiesto Comunista como un tiempo de “eterna inseguridad y movimiento” (ewige Unsicherheit und Bewegung): “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales… Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una eterna inseguridad y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo jerárquico y estable se desvanece en el aire (Alles Ständische und Stehende verdämpft)…” (MARX; ENGELS, 1975: 22-23)2. En la base de este proceder está una nueva orientación hacia el mundo, distinta a todas las anteriores, como apunta Weber: “El racionalismo occidental moderno se basa en un dominio racional del mundo” (WEBER, 1983: 435). Para la liberación de estas fuerzas desatadas socialmente se contrae el pacto con Mefistófeles. Éste debe producir para Fausto, siempre más rápido y siempre más. Y a lo que Lucifer, alias Mefistófeles, sirve no es otra cosa que a la impaciencia, a la prisa, a la precipitación de Fausto, utilizando instrumentos veluciferinos de desencadenamiento de la aceleración generalizada de la modernidad, como la espada o la pistola rápidas, el amor rápido, el poder rápido, el dinero rápido y, last but not least, la muerte rápida de Filemón y Baucis, cuyas formas de apariencia a comienzos del siglo XXI conllevan otros nombres y otras caras -ya no aparece el Lucifer con cuernos y rabo del medioevo, sino la fuerza desatada y febril de un Charles Foster Kane, tal y como Orson Wells lo imaginó en su obra maestra-, pero cuyos objetivos siguen siendo los mismos -la voluntad de saber y de poder, que producen como efecto no deseado, la ansiedad que lleva a la desesperación. La aldea global de Fausto servida por la gracia de Mefistófeles se nutre perfectamente de 034 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente acelerados mundos virtuales digitales. Este arsenal digital se extiende desde la Noche de Walpurgis hasta el exterminio televisado de las nuevas guerras, desde las arcaicas profundidades de las madres del primer Fausto hasta el “desierto de la virtualidad real” de Matrix. Siempre hay secuencias de imágenes rápidas y cambiantes portadoras de una cultura de la aceleración con Lucifer como el artífice omnipotente de una sociedad del goce y del entretenimiento, que se divierte dando muestras de una grandiosa superficialidad y que busca, sin éxito, una perfecta administración del tiempo mal orientado hacia la muerte. La gestación de una nueva forma de esclavización moderna se manifiesta inexorablemente en la dictadura de la prisa, en la obligación de adaptarse a una percepción acelerada de la realidad y a la creencia en una dinámica de progreso ilimitado. Kafka, visitando la casa de Goethe, escribió: “La impaciencia es lo que expulsa a los hombres del paraíso y lo que los aleja de él” (cit. en OSTEN, 2003: 32), de hecho, y como reza una señal en un sendero montañoso tirolés: “Dios creó el tiempo, pero sobre la prisa no dijo nada” (cit. en REHEIS, 1998). Nietzsche se manifiesta en términos semejantes a Kafka cuando afirma en Humano, demasiado humano: “La carencia de tranquilidad lleva a nuestra civilización a una nueva barbarie” (NIETZSCHE, 1954: cap. 285, p. 620). Fausto se equivoca porque se precipita, porque en el fondo de su impaciencia es incapaz de ver el verdadero sentido de la experiencia del tiempo y toma siempre el camino del progreso acelerado a través de la acción precipitada, del activismo veluciferino, proclamando: “¡Lancémonos a la embriaguez del tiempo en el rodar de la contingencia!” (GOETHE, 1992: 1320). Fausto está preso de una creación propia, de un modo de vida permanentemente acelerado, odia el pasado, sólo el futuro presente le ofrece horizonte para realizar los sueños de la impaciencia. Frente a este mundo desbocado del protagonista de su tragedia, que es, a fin de cuentas, la tragedia de la modernidad, ya que Fausto es el héroe moderno por antonomasia, Goethe propone una cultura de slow motion que recibe su inspiración de los ritmos de la naturaleza. “Con la naturaleza hay que ir despacito y sin apremios, si algo se le quiere sacar” (GOETHE, 1991: 1168). Frente a la cultura dirigida por el espíritu fáustico del tiempo, Goethe propugna una cultura del espíritu del espacio, es decir, frente al concepto de tiempo espiritualizado (acelerado) de su época, Goethe desarrolla una cultura retardada de la mirada, de la contemplación. Así confronta a dos protagonistas: al Fausto, activista veluciferino, frente al Linceo más apacible y sereno; frente al no ver que no ve más allá de la velocidad, aunque mira, de Fausto propone el mirar que ve, sosegadamente, de Linceo. En la contemplación paciente de los fenómenos, Goethe intenta ampliar el espacio del presente, anticipando otros tipos sociales que no tardarán en aparecer en escena al final de ese mismo siglo como el flanêur mentado por Baudelaire. Goethe ha comprendido a la naturaleza como ese contra-mundo frente al constructo veluciferino que penetra el espíritu de la época, como el último bastión frente a la movilización total del mundo por la velocidad del espíritu fáustico del tiempo. Años más tarde Nietzsche confirmará esta posición goethiana en Humano, demasiado humano: “Nosotros, todos reconocemos con Goethe que la naturaleza es el único medio de apaciguamiento del alma…” (NIETZSCHE, 1954: cap. 3, p. 522). También esta cultura que elogia la lentitud llega hasta nosotros, aunque a veces no somos capaces de verla en medio del huracán y las turbulencias que genera el progreso acelerado. En medio de una movilización total, cuyas señas más características se esbozan en la superación de cualquier límite a los procesos de aceleración social, surge una paradoja que se alimenta de una serie de tendencias a contracorriente que afloran dentro de la propia alta tecnología, pero esta vez no favorecedora de la aceleración sino de su contrario, la des-aceleración. Algunos ejemplos al respecto son el despliegue de sistemas que reducen, que frenan, la aceleración o que seleccionan, de forma automática, entre aceleración o des-aceleración: el airbag de los automóviles, los sistemas ABS de corrección de la frenada, los sistemas automáticos de visualización de objetos en marcha, los sistemas de reparto de tracción en caso de peligro, la reducción de la velocidad en todas las carreteras del mundo, la limitación de la potencia de los motores en la Fórmula 1; en el mundo del arte en el siglo XIX, junto a las tendencias aceleradoras como las de Marinetti, surgen otras tendencias que abundan en un tiempo más lento como la música de Bruckner o el Parsifal de Wagner; en el mundo de la literatura, cabe mencionar la prosa lenta de Adalbert y su continuación por Peter Handke; en el cine hay ejemplos que Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 035 resultan paradigmáticos sobre el manejo de la lentitud, así el cine de Yasujiro Ozu, el de Robert Bresson, el de Luchino Visconti y sobre todo el cine de Carl Theodor Dreyer, en donde la lentitud adquiere dimensiones de trascendencia y se convierte en obra de arte, alejados todos ellos de aquella seducción que ejerció la velocidad en los primeros creadores de las Slapstick Comedies de las primeras décadas del siglo pasado. ELOGIO DE LA LENTITUD Y DE LA PLURALIDAD DE TIEMPOS Siguiendo con los ejemplos, Karlheinz Geissler (1998: 226-227) trae a colación un relato que circula por las grandes sabanas africanas, pero que, sin duda, sirve también para las sociedades desarrolladas. Según el relato: “Cada mañana despierta en África una gacela. Sabe que debe correr más rápido que el león para evitar ser devorada” y, al mismo tiempo, “cada mañana despierta en África un león. Sabe que debe ser más rápido que la gacela más lenta si no quiere morirse de hambre. No importa si eres gacela o león: cuando sale el sol debes correr”. Este relato, que conlleva un gesto cuasi religioso, señala que la rapidez es nuestro objetivo más preciado. Probablemente por eso, porque no tenemos otros objetivos. Ecológicamente (gacelas y leones) y económicamente (empresarios y asalariados) esto sería un desastre, sobrevivir en medio de esta lucha descarnada por la supervivencia se convierte en una locura. La alternativa para asegurar la supervivencia apunta a la introducción de una mayor complejidad en el relato: “Cada mañana despierta en África una gacela. Sabe que sólo sobrevivirá cuando se percata de los tiempos en los que los leones se dedican a buscar sustento. Al mismo tiempo, cada mañana despierta en África una leona que sabe que sólo evitará pasar hambre si se percata de los tiempos en los que las gacelas se dedican a saciar su sed. No importa si eres leona o gacela. Cuando sale el sol, debes comprender y controlar algo, los tiempos de otros seres vivos”. Esto sirve para la sabana africana y para las ciudades de los países desarrollados. Esto de ninguna manera significa que debamos renunciar a la rapidez. No, es necesaria, pero no porque siempre sea buena. La rapidez en sentido moderno es “buena” allá donde crea valor añadido, económico, político, deportivo, etc. Y esto no ocurre en todos los casos. La rapidez conlleva, y esto lo podemos averiguar de muchas maneras, también potenciales destructivos. Quien acelera todo en una empresa, en una universidad, en un hospital, en el sistema circulatorio rodado y aéreo, en Internet, puede acabar produciendo rendimientos decrecientes y fracasar en última instancia. En la dinámica entrelazada de los distintos sistemas de acción se entremezclan procesos de aceleración con otros de des-aceleración, como vamos observando. Veamos otro ejemplo, el funcionamiento de un hotel. Ahí está el transcurso del negocio, que se puede acelerar y haciéndolo, conseguir que se incremente la ganancia, pero, sin embargo, hay ámbitos que producen efectos contraproducentes cuanto más aceleración introducimos. Por ejemplo, los huéspedes desean obtener la llave de la habitación en la recepción relativamente rápido pero, por la mañana, no desean la misma rapidez al dejar la habitación. Los mismos huéspedes desean ser atendidos rápidamente a la hora de ordenar su comida; sin embargo, los mismos huéspedes desean disfrutar de la comida sin prisa y relajarse. Con mucha ironía aborda Groucho Marx su papel en el film Una noche en Casablanca, en el que interpreta al manager de un hotel del que esperan algunos cambios en la gestión y el servicio del hotel, tras el fallecimiento repentino de los tres directores anteriores. Preguntado sobre si en su nueva posición cambiaría todo responde: “¿Más tiempo? Los huevos de cuatro minutos serán hervidos en tres minutos, los de tres minutos costará hervirlos sólo dos minutos, los de dos minutos hervirán en sólo un minu- to… y ¿luego? Luego, saldrá el pollito del cascarón”. Para que algo funcione hay que combinar momentos de rapidez con otros de espera paciente; de hecho esto es lo que siempre ha proporcionado el ritmo al tiempo social, como hemos visto a lo largo de este trabajo. Quien trabaja y desea que se le pague el producto de su trabajo con dinero, debe ganar tiempo, pero, por el contrario, quien ama y quiere recibir amor en reciprocidad, debe perder el tiempo. A veces, más lento, significa mejor. Esperar es mucho más que renunciar a la acción y a menudo es más productivo 036 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente que el puro activismo moderno. Hay que saber esperar el momento adecuado para introducir un nuevo producto en el mercado; para atacar en atletismo de fondo, en ciclismo y en casi todos los deportes competitivos, hay que saber esperar; para lanzar una consigna política que tenga éxito, para comprometerse a vivir en pareja, para obtener resultados fiables en cualquier ámbito de la investigación científica. La creatividad necesita tiempo libre. Hay cosas en la vida que no se pueden acelerar, que no se deben acelerar. Hacer una pausa puede resultar creativo, así se puede juzgar si hemos acertado o nos hemos equivocado actuando como lo hicimos. De hecho, sólo podemos experimentar lo nuevo si interrumpimos el curso de lo viejo, paramos y observamos. Quien como Sísifo ininterrumpidamente continúa su labor, nunca verá el horizonte de expectativas de superación de su situación actual. Quien acelera, sólo se fija en un objetivo permanente, muchas veces, sin reparar en los medios para alcanzarlo; sin embargo, quien se toma tiempo, tiene ante sí tal fin, pero también otros medios y otros fines alternativos. Frente a Benjamin Franklin, tenemos que decir que el tiempo no siempre es dinero, a pesar de que este último intenta denodadamente ponerse en lugar de todo y de todos. Por tanto, cuanto menos piensas en cómo reducir el tiempo de… y así ganar tiempo, más tiempo tienes. Existen una serie de límites naturales y antropológicos al incremento de velocidad. Algunas cosas no podemos acelerarlas, por ejemplo, procesos físicos como la velocidad de percepción o el proceso de información de nuestro cerebro o el tiempo que cuesta reproducir una gran parte de los recursos naturales que precisamos. A modo de ejemplo, consumimos más y más cantidades de petróleo, pero no podemos incrementar la cantidad de petróleo disponible en la misma medida. “Los hombres siempre han pensado igual de bien”, afirmaba Claude Lévi-Strauss en el Pensamiento Salvaje, es decir, desde el primer homo sapiens hasta hoy el tamaño del cerebro y las consiguientes capacidades cognitivas no han experimentado un incremento de velocidad, a pesar de haber incrementado la velocidad de la comunicación un 107, la velocidad del transporte personal un 102 y la velocidad de procesamiento de datos un 106, todas ellas aceleraciones “externas”. No obstante, existen nichos territoriales y culturales, “islas de des-aceleración” (ROSA, 2005: 143-158), que no han sido penetrados por las dinámicas de modernización y aceleración. Digo islas porque existen grupos rodeados, o mejor asediados, por el vendaval de la aceleración social, que permanecen anclados en ritmos de vida tradicionales, como los isleños de islas perdidas a lo largo del planeta o indígenas que sobreviven dentro de modos de vida ancestrales en el interior de zonas, prácticamente inexpugnables, de la selva, de la sabana, o de los grandes desiertos. También se encuadran en este enfoque otros grupos como los amish de Pennsilvanya que viven anclados en el siglo XVII. Ellos sobreviven en estos “oasis de des-aceleración” protegiéndose deliberadamente contra las grandes corrientes de la aceleración social. También existen fenómenos de des-aceleración como una consecuencia no deseada de los propios procesos de aceleración social. Esto comporta formas disfuncionales (Merton) o patológicas (Durkheim) de desaceleración, por ejemplo, los atascos de tráfico, las colas de espera en las terminales de los aeropuertos, los trabajadores excluidos de la esfera de producción, que han sido privados de su trabajo debido a que no han podido hacer frente a los procesos de “flexibilización” de mano de obra y a la incapacidad de mantener la velocidad vertiginosa que requiere el modo de vida. Estos fenómenos en muchas ocasiones producen casos de desempleo de larga duración. Los periodos de recesión económica, o también llamados periodos de des-aceleración, crean fenómenos de anomia, de los que Durkheim ya nos avisó en las conclusiones de su División del trabajo social. Contrariamente a estas formas de des-aceleración no deseada existen formas intencionadas de desaceleración social que incluyen a movimientos ideológicos contra la aceleración social. Estos movimientos han existido desde el principio como formas defensivas y hostiles contra la aceleración tecnológica representada por el motor a vapor, el ferrocarril, el teléfono y el PC, que después del triunfo de estos dispositivos técnicos han desaparecido. Por una parte, a nivel individual hay gente que decide tomarse un time out en un monasterio o un rest from the race para tomar un curso de yoga que per- Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 037 mita restaurar la auto-confianza quebrada por las sobrecargadas demandas de los procesos de aceleración social. Estas “moratorias” de la aceleración en muchos casos son salidas funcionales, reparadoras, para regresar nuevamente al tren de la aceleración social. Por otra, parte, existen actitudes no ya defensivas sino claramente proactivas, las representadas por grupos fundamentalistas, antimodernistas, que tratan de subvertir las reglas de juego, incluso con el recurso a la violencia. El elenco es muy amplio, desde los grupos fundamentalistas religiosos, pasando por grupos políticos ultraconservadores, movimientos anarquistas y también grupos ecologistas fundamentalistas partidarios del crecimiento cero. En cierta medida, la des-aceleración se convierte en el nuevo catalizador ideológico de las víctimas de la modernización (GLOTZ, 1998: 75-89). Frente a los defensores de un cierto progreso (al menos los creyentes en el progreso inevitable), que ahora experimentan un retroceso debido al anquilosamiento de las energías utópicas que durante los dos últimos siglos han funcionado como mejoramiento, perfeccionamiento, desarrollo, están aquellos defensores de un cierto fatalismo nihilista, que propugnan que a pesar de la multiplicación de opciones, de la apertura ilimitada de horizontes de expectativas que supone la aceleración social, sin embargo, el cambio “real” ya no es posible debido a que la hiper-aceleración del sistema social produce una “parada” del sistema o una “inercia polar” como consecuencia de la escasez de tiempo a nivel individual y como consecuencia de la de-sincronización de esferas funcionales de acción en el nivel colectivo. Los nombres de Paul Virilio (1998: 117-132), Jean Baudrillard (2005) y Francis Fukuyama (1992) se situarían en esta posición. No existe en las sociedades modernas un único ritmo social que marca, al estilo de las sociedades tradicionales, el pulso social, el latido de la sociedad, como una unidad funcionalmente estructurada, sino que dentro de la sociedad confluyen temporalidades de aceleración con otras que se apoyan en la lentitud, temporalidades de progreso con otras de declive, temporalidades sagradas y profanas, etc. Como decíamos en la introducción a este trabajo: el tiempo habla, pero con distintos acentos. Notas 1 La cita de Goethe (J. W. Goethe, Sämtliche Werke nach Epochen seines Schaffens. Munich, 1998) procede del texto de Manfred Osten (2003), excelente monografía dedicada al estudio de la aceleración y la lentitud en el escritor alemán. 2 Introduzco algunos elementos nuevos en la traducción propia, sobre todo el que corresponde a la frase final, deudora del texto de título homónimo de Marshall Berman. También ha desarrollado esta perspectiva D. S. Landes en su influyente trabajo: The Unbound Prometheus. Technological Change and Industrial Development in Western Europe from 1750 to the Present (Cambridge, 1969). Relacionando a Prometeo y Fausto, tiene interés el trabajo de Dominique Lecourt: Prométhée, Faust, Frankenstein (París, 1998). Bibliografía BAUDRILLARD, J. (2005) The Intelligence of Evil or the Lucidity of Pact. Oxford: Berg, 2005 FUKUYAMA, F. (1992) The End of History and the Last Man. New York: Free Press; Toronto: Maxwell Macmillan Canada; New York: Maxwell Macmillan International, 1992 GEISSLER, KH. A. (1998) Wer zu schnell ist, den bestraft das Leben. En BACKHAUS, K.; BONUS, H. (ed.) Die Beschleunigungsfalle oder der Triumph der Schildkröte. Stuttgart: Schäffer-Poeschel, 1998 GEISSLER, KH. A. (2005) Alles. Gleichzeitig. Und zwar sofort: unsere Suche nach dem pausenlosen Glück. Friburgo: Herder, 2005 GEISSLER, KH. A. (1998) Wer zu schnell ist, den bestraft das Leben. En BACKHAUS, K.; BONUS, H. (ed.) Die Beschleunigungsfalle oder der Triumph der Schildkröte. Stuttgart: Schäffer-Poeschel, 1998 GLOTZ, P. (1998) Kritik der Entschleunigung. En BACKHAUS, K.; BONUS, H. (ed.) Die Beschleunigungsfalle oder der Triumph der Schildkröte. Stuttgart: Schäffer-Poeschel, 1998 GOETHE, J. W. (1992) Fausto. En CANSINOS ASSENS, R. (ed.) Obras Completas. Madrid: Aguilar, 1992, vol. 3 GOETHE, J. W. (1991) Conversaciones con Eckerman. En En CANSINOS ASSENS, R. (ed.) Obras Completas. Madrid: Aguilar, 1991, vol. 2 MARX, K.; ENGELS, F. (1975) Obras Escogidas. Madrid: Ayuso, 1975, vol. 1 NIETZSCHE, F. (1954) Menschliches Allzumenschliches. En SCHLECHTA, K. (ed.) Werke. Munich: Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellsachaft, 1954, vol. 1 OSTEN, M. (2003) “Alles veloziferisch” oder Goethes Entdeckung der Langsamkeit: zur Modernität eines Klassikers im 21. Jahrhundert. Frankfurt am Main; Leipzig: Insel-Verl, 2003, p. 11 REHEIS, F. (1998) Die Kreativität der Langsamkeit : neuer Wohlstand durch Entschleunigung. Darmstadt: Wiss. Buchges, 1998, XIV ROSA, H. (2005) Beschleunigung. Die Veränderung der Zeitstruktur in der Moderne. Frankfurt: Suhrkamp, 2005 VIRILIO, P. (1998) Polar Inertia. En DER DERIAN, J. (ed.) The Virilio Reader. Malden, Mass.; Oxford: Blackwell, 1998 WEBER, M. (1983) Ensayos sobre sociología de la religión. Madrid: Taurus, 1983-, vol. 1 (Ensayistas; 236) 040 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente El tiempo de las identidades híbridas Juan Agudo Torrico Dpto. de Antropología Social, U. de Sevilla El tiempo cronológico no es sino el soporte matemático de los tiempos sociales, culturales, en los que desarrollamos nuestra vida individual y colectiva. Sin embargo, estos tiempos sociales no son uniformes, sino que estarán marcados por referentes simbólicos discontinuos que son los que en realidad pautan nuestra percepción de los ciclos anuales o periodos históricos. Unos referentes calendáricos que no sólo tendrán esta finalidad de marcar el ritmo del paso del tiempo, sino que también se convierten en referentes identitarios de los colectivos que los adoptan. De ahí también la diversidad de interpretaciones de estos tiempos en consonancia con la diversidad de culturas que pueblan la historia y el presente de la humanidad. En la construcción de esta percepción del tiempo, y en su plasmación en los calendarios precisos en los que se manifiesta, ha influido por igual la permanencia de viejas interpretaciones del pasado (historia) como los modos de vida del presente (tradiciones y modelos socioeconómicos dominantes). The time of hybrid identities Chronological time is nothing but a mathematical support of social-cultural time, in which we develop our individual and collective life. However, these social times are not uniform, but marked by symbolic, discontinuous references that pattern actually our perception of historical periods or annual cycles. Calendar concerning, which not only have the purpose of setting the rhythm of time, but also turn into standards of identity for the groups that take them. So are the diversity of comprehensions of these times, in relation with the diverse cultures that populate the history and present of mankind. Building this perception of time, and its manifestation in the concise timetables in which it manifests itself, influence both the permanence of the same old senses of the past (history) and present ways of life (dominant traditions and socio-economic models). Por híbrido, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, se entiende aquello que es producto de elementos de distinta naturaleza. Dicho así no podría ser aplicado al concepto de tiempo en su acepción newtoniana, interpretado como constante precisa acorde con las reglas de la física. Sin embargo, sí existe un notable acuerdo entre quienes se han aproximado al estudio del tiempo como construcción social en su condición, tal y como lo percibimos en nuestro entorno social, de que constituye una compleja interpretación cultural en la que sí tendría cabida esta acepción de “tiempos híbridos”. En estos análisis siempre se reseña la diferencia entre nuestra percepción, vivencia, de “los tiempos” individuales, personales, en relación con la organización y percepción de los tiempos sociales en los que se inserta, caracterizados por una aparente secuencia de idénticos ciclos temporales inalterables. El ritmo de nuestra vida cotidiana o de nuestra biografía personal no es uniforme, aunque esté inserto en unas secuencias temporales uniformes (horarios laborales, organización diaria o semanal de nuestras actividades, etc.). Es bien sabido y continuamente referenciado que nuestra percepción del tiempo personal dependerá de “cómo lo vivamos”, del nivel de satisfacción que obtengamos de la actividad que desarrollemos, o de la implicación actitudinal que tengamos en ella (concentración, esfuerzo). De estas variables dependerá que el tiempo se nos haga “largo” o “corto”. Asimismo, otra de las características de esta percepción e interpretación de nuestros tiempos y acciones personales es la dificultad para prefijar con exactitud las duraciones e incluso los momentos en los que se producen estos acontecimientos de nuestro acaecer cotidiano en las secuencias cronométricas de los días. Y lo mismo podríamos decir de nuestras vivencias Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 047 allá de los hechos objetivos (históricos) o imaginarios (tradiciones) con los que se vinculan. La tradición, al igual que la historia, se hace desde el presente hacia el pasado (LENCLUD, 1987) seleccionando en el transcurso de unas a otras generaciones qué referentes culturales desean o pueden seguir recreando como tradiciones (a la vez que se crean otras nuevas), y cuáles se van a ir perdiendo. E igual podríamos decir de los procesos de interpretación de estas tradiciones: del mismo modo que en la historia siguen fundamentando los imaginarios identitarios de las diferentes comunidades. Si la historia, en su interpretación y gradación interesada de los hechos que jalonan el pasado, fundamenta los procesos de construcción de estas identidades, las tradiciones serían la expresión (preferente) viva de las mismas, emanadas y ancladas en este pasado, dando como resultado algunos de los referentes decantados como principales señas de identidad de cada colectivo17, a través de las cuales se manifiestan o simbolizan sus modos de vida: valores, creencias, prácticas sociales. Unidos ambos factores, imagen de continuidad pero selección de contenidos, la tradición cumple un papel fundamental en cada presente que, según hemos dicho, no es sino ser el permanente punto de contacto transitorio entre pasado y futuro, generando el sentimiento de continuidad al que nos venimos refiriendo. Pero al contrario que en la historia, no existe intermediación para recrear y dar vida a la tradición. En teoría las tradiciones viven en un permanente tiempo presente (o pasado según lo interpretemos), se transmiten de una generación a otra, se recrean periódicamente para reforzar el referido sentimiento de continuidad atemporal. Y sin embargo, el valor de estas tradiciones radica en su capacidad adaptativa, en su capacidad para absorber y, en cierta medida, orientar estos procesos de cambio dotándolos de esta imagen de continuidad. El mundo del ritual, por su condición paradigmática como expresión de estas tradiciones, constituye un magnífico exponente de lo que estamos diciendo. Con frecuencia desconocemos sus orígenes detallados e incluso las razones por las que surgieron, pero nos consta su origen ancestral, fundamentado con frecuencia en acontecimientos mitificados: apariciones de imágenes, sucesos ocurridos a la comunidad que amenazaron su existencia, etc. Lejanía en el tiempo y certeza de un origen avalado por esta misma antigüedad y por su continuidad a través del tiempo; una permanencia que queda de manifiesto en los referentes simbólicos que cada año justifican y dan sentido a estos rituales: imágenes, fechas de celebración, referentes sensoriales que crean el clímax y contextos específicos de estos rituales como son las indumentarias, música o danzas, gastronomía con las que se asocia, etc. Y sin embargo, los mismos rituales van a ir permanentemente dando cobijo a cambios, a veces bastante radicales (sistemas organizativos, protagonismo de los diferentes agentes o grupos sociales, etc.) en su conformación o desarrollo. Es el caso, en el presente de nuestros rituales, por citar algunos de sus aspectos, de lo que está ocurriendo con el reconocimiento de la igualdad de derechos e incluso creciente protagonismo de las mujeres en prácticas rituales de las que hasta ahora habían estado excluidas, la modificación en los tiempos y ciclos rituales impuesta por su adaptación a los nuevos calendarios laborales, protagonismo simbólico de agentes sociales antes desconsiderados (costaleros), etc. Y sin embargo, de ahí el valor de estas tradiciones como un sentimiento vivo compartido, cualquier objeción historicista/tradicionalista a estos cambios, no mengua su “autenticidad”; precisamente porque su valor no radica en el hecho que testimonia formalmente, sino en los valores comunitarios con los que se asocia, y estos valores, polisémicos18, se irán adaptando a los cambios sociales sin dejar de ser tradicionales. EL TIEMPO PATRIMONIALIZADO Hubo una época en la que el tiempo de la tradición marcaba también el tiempo ordinario, las pautas entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso (VELASCO, 1982); vinculado este último casi sin excepción a tiempos sagrados19 que cumplían diferentes funciones socioeconómicas: ocio, encuentros, comercio…: “la observación establece que estos puntos de referencia indispensables en base a los cuales son clasificadas en el tiempo todas las cosas son tomados de la vida social. Las divisiones en días, semanas, meses, años, etc., corresponden a la periodicidad de los 048 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente ritos, fiestas y ceremonias públicas. Un calendario da cuenta del ritmo de la actividad colectiva al mismo tiempo que tiene por función asegurar su regularidad” (DURKHEIM, 1982: 9)20. Así ocurría en España, y más en concreto en el mundo rural, hasta bien entrado el pasado siglo XX. Sin embargo, salvo en una memoria campesina que se va perdiendo lentamente, poco queda ya de aquellos calendarios en los que los días de determinadas advocaciones orientaban las faenas agrícolas, el comienzo y fin de los contratos de trabajo, o cuando el tiempo en los campos se detenían y quienes los habitaban acudían a ermitas y pueblos, donde se celebraban rituales, fiestas y mercados. Tiempos sagrados y profanos se confundían e integraban. Después, el desarrollo de nuevas tecnologías, que acortaron las distancias, favoreció el comercio y abastecimiento diario, y, sobre todo, unos cambios sociales que no sólo hicieron efectivos los ciclos de descansotrabajo diarios y semanales (ya no se trabajaba de sol a sol y se descansaba en los días de fiestas), sino que incluso se incrementaron estos tiempos de ocio con periodos vacacionales, modificándose por completo el ritmo, percepción y funciones (económicas y sociales) del ciclo del calendario anual, tanto a nivel individual como colectivo. Los tiempos tradicionales perdieron buena parte de sus funciones y significados: ya no pautaban los tiempos de ocio-trabajo, ni propiciaban o regulaban las actividades económicas de mercado y ferias, o tiempos de ocio comunitarios propiciatorios de unos encuentros sociales con importantes repercusiones en la autoreproducción de la colectividad (encuentro entre jóvenes, manifestaciones grupales, etc.). En consecuencia, en los años sesenta del s. XX se produjo un significativo descenso en el número de celebraciones festivo-ceremoniales21, al tiempo que las consecuencias sociales (emigración y despoblamiento del mundo rural, desaparición de los modelos productivos del pasado, tanto rurales como urbanos, basados en lo que hoy denominamos oficios artesanos y actividades tradicionales) ocasionadas por la generalización de importantes avances tecnoeconómicos terminan por imponer, aún en el más recóndito lugar, los calendarios y tiempos modernos. Unos tiempos ahora sí formalmente estructurados en ciclos cortos de semanas y meses, entre los que aparece también como un referente fuerte el tiempo vacacional22 que articula, tanto a nivel individual como colectivo, el ciclo anual que engloba a los otros dos. Progresivamente, en un mundo globalizado el tiempo también se reordena, se organiza en calendarios en los que las particularidades territoriales, culturales, se subordinan cuando no sencillamente desaparecen, a favor de la imposición de unos calendarios estructurados a nivel mundial, regidos por unos criterios meramente astronómicos que regulan un tiempo estandarizado23. En este contexto, significativamente, si antes eran los festejos y rituales tradicionales los que marcaban los tiempos de ocio/encuentro, ahora son estos mismos festejos y rituales tradicionales los que se han de adaptar a los tiempos de ocio impuestos por los nuevos calendarios industriales, desplazándose a los fines de semana o periodos vacacionales. Se trata de un tiempo, de una organización del ritmo calendárico “nueva”, en función del definitivo predominio de un determinado sistema capitalista: “la función social de computar y designar el tiempo como un medio necesario para coordinar la actividad social fue el verdadero estímulo hacia los sistemas temporales astronómicos, cuya introducción se hizo imprescindible a resultas de la inadecuación de los sistemas locales, tras la generalización de los contactos y la interacción organizada y la consiguiente falta de uniformidad en los ritmos de las actividades sociales. El tiempo astronómico, como ‘tiempo esperanto’, es una emergencia social. Este proceso fue acelerado por la urbanización y la diferenciación social que envolvió, con la extensión del espacio social multidimensional, la organización de las que, de otra manera, habrían sido actividades caóticas y variables caso por caso. Los sistemas temporales locales son cualitativos, llevan la impronta de significados locales diferenciados. Un sistema temporal que aspire a subsumir esos diferentes sistemas locales tiene necesariamente que abstraerse de las cualidades individuales de los múltiples sistemas” (SOROKIN; MERTON, 1992: 85)24. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 049 Sin embargo, en esta era en la que tal y como hemos dicho la mulfifuncionalidad de los ciclos calendáricos marcados por los tiempos ritualizados de la tradición han perdido su sentido, se vuelve a enfatizar el valor de lo que nos queda de este tiempo tradicional, pero ahora en clave patrimonial (AGUDO TORRICO, 2009): tiempos y actividades o acontecimientos con los que se vinculan o rememoran se han convertido en señas de identidades colectivas, su funcionalidad en el presente es recordarnos el vínculo y continuidad con el pasado, pero, sobre todo, propiciar unos tiempos de encuentro donde autopercibirnos como comunidades. Una vieja, tal vez la única, función sociocultural que nos queda del pasado vinculada a los tiempos tradicionales marcados por antiguas celebraciones o rituales. Pero si con anterioridad eran los rituales u otras actividades tradicionales (fiestas, ferias) arbitrariamente distribuidos en determinadas fechas los que daban sentido a estos días seleccionados, ahora los tiempos y las actividades tradicionales con las que se vinculan adquieren un valor por igual: se valora como bien patrimonial tanto el hecho de que se sigan conservando estos acontecimientos cíclicos como los tiempos (ya tradicionales) en los que se celebran, su regularidad y continuidad, precisamente porque con ello se quiebra la estandarización impuesta por los tiempos industriales, desarrollándose pese a los obstáculos (laborales, comerciales) que ello supone25. Esta es la función de los festejos y tiempos rituales que nos quedan del pasado, y que siguen marcando simbólicamente cada año el ritmo de la vida social. Ello explica la fuerza de por qué, en un tiempo en el que abunda el ocio social, las sociedades son más laicas, y ya no es preciso aprovechar los tiempos de fiesta para satisfacer o encubrir otras diversas funciones socioeconómicas, se mantienen e incluso se “recuperan” festejos y rituales del pasado (o se crean otros a su imagen). La respuesta a esta revitalización de los viejos tiempos tradicionales está ya dada en el título de este artículo: la percepción del tiempo es el resultado de una construcción cultural determinada, compleja. Los calendarios son marcadores de este tiempo, lo cuantifican y organizan matemáticamente, pero el ritmo de estos tiempos sociales no está marcado por los ciclos monótonos del tiempo ordinario, sino por el modo en como cada sociedad, cultura, lo pauta. Vamos a reseñar determinados días o periodos como referentes simbólicos que van a ser los que en verdad nos permitan percibir el transcurrir de estos tiempos sociales, no astronómicos: las celebraciones que se esperan de un año para otro en cuyo desarrollo interactuamos a nivel social con especial intensidad, las fechas-símbolo que indican acontecimientos que recuerdan o rememoran eventos especialmente significativos en nuestra historia colectiva. Y en la medida en que sean asumidos como tales referentes comunitarios, pasan a formar parte de lo que hoy denominamos patrimonio cultural: el tiempo también se patrimonializa, se asocia y forma parte de los propios actos que se celebran en los días señalados, de los acontecimientos que ocurrieron en las mismas fechas de tiempos pasados. Notas 1 Texto originalmente publicado en 1909, por F. Alcan, con el título Mélanges d'histoire des religions [Texte imprimé] : de quelques résultats de la sociologie religieuse, le sacrifice, l'origine des pouvoirs magiques, la représentation du temps. 2 También a nivel individual. El transcurrir de nuestra vida no se hace coincidir con las fechas del calendario ordinario sino con las celebraciones cíclicas de los días que rememoran acontecimientos que pautan nuestra existencia: cumpleaños, aniversarios relacionados con diferentes hechos. 3 Al contrario de la opinión más extendida por la que se trata de relacionar incluso las creencias olvidadas de los pueblos del Neolítico con la obsesión por acompasar los cómputos temporales sociales con los astronómicos, diferentes investigaciones han puesto de manifiesto cómo la distribución de este tiempo no se ha atenido a ciclos astronómicos precisos sino a razones socioeconómicas. Así los ciclos semanales se adaptaron con frecuencia a los tiempos de mercado, a la periodicidad con la que deben abastecerse aquellas sociedades con limitados recursos tecnoeconómicos para el almacenaje de alimentos o la elaboración de otros productos. Como resultado, la duración de las semanas ha variado sustancialmente de una cultura a otra, oscilando entre los tres y diez días; diversidad que es igualmente aplicable a la duración de los meses (Colson y Webster, citados por SOROKIN; MERTON, 1992: 82) 4 Aunque en un mundo crecientemente laico y dominado por un sistema capitalista en el que el propio tiempo de descanso (ocio) se ha mercantilizado, las fechas de celebraciones anuales más destacadas siguen estando marcadas por fuertes referentes simbólico-religiosos: Semana Santa o Navidades en buena parte 050 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente del mundo cristiano, fiesta del Ramadán entre los musulmanes, o la fiesta del Yom Kipur en el judaísmo. 5 A decir verdad fueron las otras dos religiones-calendarios posteriores (y que mantendrían enmascarados otros muchos aspectos del calendario litúrgico hebreo) las que procuraron marcar, como emblemática diferenciación identitaria la elección del día de la semana dedicado al culto-descanso, primero la cristiana respecto al judaísmo, y luego la musulmana respecto a las otras dos religiones que le precedieron. 6 Texto originalmente publicado en 1981, por University of Chicago Press, con el título Hidden rhythms: schedules and calendars in social life. 7 “Cada generación reescribe su historia (y su historia es la única historia del mundo de que dispone). Aunque los datos científicos mantengan una cierta uniformidad en el seno de esas historias (lo que nos permite identificarlos como datos), su significado depende de la estructura de la historia tal como cada generación la escribe. No hay entramado de datos. Los datos son abstracciones de las cosas y han de recibir su ubicación en los pasados constructivos de las comunidades humanas antes de que se puedan convertir en acontecimientos” (MEAD, 1992: 69). El capítulo The nature of past, de George Herbert Mead, se publica en 1929, en J. Coss (comp) Essays in Honor of J. Cewey. 8 www.rae.es 9 Véase al efecto la permanente polémica sobre los contenidos de los libros de texto de historia, en el énfasis que se pondrá en determinados periodos históricos o personajes de una a otra comunidad autónoma en el Estado español. O en la significativa selección de los días elegidos para celebrar las conmemoraciones de estas autonomías, en algunos casos remontados al s. XVI (Castilla y León) o al s. XVIII (Cataluña), y en todos los casos con rememoraciones que ponen en cuestión las imágenes unitaristas de la historia de España imperantes en el franquismo. 10 Sin entrar ahora en la polémica sobre la mundialización de unos modelos culturales que se siguen fundamentando en las culturas occidentales, sobre la base del predominio económico-político que aún conserva el mundo occidental. Si bien a la hora de reseñar esta interpretación también hay que acudir al concepto de “glocalización” que pone de manifiesto, en el ámbito cultural y político, la creciente reafirmación de las identidades diferenciadoras colectivas frente a la maquinaria amorfa de esta tendencia uniformadora culturalista auspiciada por la globalización económica. En este contexto se interpreta el reconocimiento de la diversidad étnica que subsiste en los diversos estados-nación, pero también la compleja eclosión de identidades que se está dando en sociedades industriales aparentemente más homogéneas, y que está llevando a la revitalización de otros modelos identitarios regionales e incluso localistas (BECK, 1999: 77 y ss.). 11 Valga como referencia la polémica siempre presente de cuando este pasado comienza a ser historia; de qué tiempo ha de transcurrir para que los hechos sean analizados con la “objetividad de la historia”, sin ser vistos con el “apasionamiento” de las miradas interesadas o emotivas de quienes los vivieron. Buen ejemplo de lo dicho (también de la permanente revisión de la historia) en nuestro presente, es la polémica sobre la recuperación de la memoria histórica en relación al legítimo derecho de que se resarza la memoria histórica de quienes fueron asesinados o indiscriminadamente represaliados por la dictadura franquista. También como referente no menos interesante se puede ver el formalismo jurídico-burocrático que se sigue para convertir unos documentos administrativos en históricos y, por la tanto, de libre consulta y análisis histórico, como ocurre con los archivos de protocolos o la “desclasificación” de las documentaciones de las administraciones públicas. 12 Véase la referencia hecha en la nota anterior a la recuperación de una memoria que fue vilipendiada, falseada, e incluso negada por la dictadura franquista e historiadores que la exaltan o exaltaron. 13 Es lo que ocurre, como ejemplo del presente, con la selección que realizan las diferentes autonomías del Estado español (y con anterioridad algunos de los movimientos nacionalistas surgidos a fines del s. XIX) de un pasado antes común y ahora matizado para fundamentar estas autonomías en “realidades culturales diferenciadas”: ya sean haber sido antiguos reinos, contar con rasgos culturales diferenciadores como son la lengua, música, costumbres, paisajes, etc. En el caso de Andalucía no deja de ser sorprendente el énfasis puesto en el periodo mitificado del Al-Andalus islámico, mientras casi sigue olvidado el periodo varias veces centenario que sigue a la conquista castellana, considerado un largo paréntesis hasta que se comience a reivindicar la recuperación de esta identidad perdida a comienzos del s. XX; aunque ahora esta “recuperación” se haga sobre la realidad de nuevas circunstancias socioeconómicas, para entonces, acorde con los ideólogos de este movimiento, fundamentado en las reivindicaciones agrarias, revisión del papel jugado por Andalucía en la distribución del trabajo a nivel estatal, etc. 14 Dicho en términos relativos y si nos referimos a una recreación “objetiva” y “auténtica” de este pasado, como la que podemos encontrar en el cine, “novelas históricas”, o en determinados espectáculos, siempre hipotéticas y permanentemente cambiantes (como la cambiante valoración que de unos mismos personajes, acontecimientos o periodos históricos se ha hecho a lo largo del tiempo). Aunque de hecho los tiempos, mitos y rituales tradicionales están llenos de referencias a acontecimientos o prácticas del pasado. En ocasiones de forma muy explícita (caso de los rituales de moros y cristianos en los que se rememora viejas luchas) pero, aún en estos casos, lo que observamos en las costumbres en las que participamos son el resultado final, siempre inconcluso, de sus continuas reelaboraciones a través del tiempo; de su adaptación a los permanentes cambios sociales hasta hacer difícilmente identificables sus orígenes, así como las razones de sus permanencias a través del tiempo (CARO BAROJA, 1974). En todo caso las tradiciones no tienen por qué responder a la “verdad” de los acontecimientos recreados ni a una interpretación “objetiva” de los mismos, los rituales de moros y cristianos a los que acabamos de referirnos sería un ejemplo paradigmático de la interpretación ideológica sesgada de viejos hechos. 15 De hecho, permanentemente se están perdiendo tradiciones, cuando desaparecen los detentadores de la memoria viva que las sostienen. Es el caso de los oficios artesanos si no han podido ser transmitidos a otras generaciones o cuando son del todo inviables con las nuevas prácticas tecnoeconómicas. Lo mismo podríamos decir de prácticas sociales vinculadas a valores del pasado que pierden la categoría nominalista de tradiciones para quedar como costumbres que se van perdiendo por el propio deseo de la Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 051 colectividad de que así se haga: costumbres funerarias, modos de vestir, etc. 16 “Las grandes declaraciones de los derechos del hombre tienen también esta fuerza y esta debilidad de enunciar el ideal, demasiado olvidado a menudo, del hecho de que el hombre no realiza su naturaleza en una humanidad abstracta, sino dentro de culturas tradicionales donde los cambios más revolucionarios dejan subsistir aspectos enteros, explicándose en función de una situación estrictamente definida en el tiempo y en el espacio” (LÉVI-STRAUSS, 1993: 50). 17 Empleamos el término colectivo como un concepto amplio que engloba desde su acepción cultural más abarcadora de las comunidades étnicas, a las múltiples fragmentaciones en las que éstas se articulan: regionales, locales, grupales. Según que contexto las tradiciones pueden representar desde los niveles de integración más amplios (étnicos) a los segmentos más reducidos: los modos de expresión rituales pueden tener características étnicas pero sus prácticas concretas matizarán e identificarán a los sectores más reducidos que las desarrollan, desde lo local a otras agrupaciones relacionadas con actividades profesionales, género, etc. Sin embargo, en todos los casos resulta significativo cómo al compás de la eclosión de identidades a la que asistimos, crecientemente los referentes identitarios (señas) con las que se asocian no son ya las imágenes historicistas fuertemente unitaristas de los viejos estados-nación (acontecimientos históricos, personajes, edificaciones emblemáticas, etc.) sino referentes sacados de la cultura tradicional: música, habla, gastronomía, paisajes, arquitectura, tradiciones orales, rituales, artesanías, etc. 18 Manteniendo como ejemplo la referencia a los rituales tradicionales, hoy nadie cuestiona que junto a los valores explícitos que los justifican (creencias y prácticas religiosas) van a ser, sin embargo, determinantes para su continuidad los valores sociales implícitos que les dan sentido: solidaridades y manifestaciones grupales, identificaciones de los iconos como símbolos comunitarios (poblaciones, barrios), tiempos de encuentro que propician (festejos). 19 Los tiempos marcados por estos rituales sagrados no tendrían por finalidad medir el tiempo sino marcar el ritmo del mismo (HUBERT, 1992), hasta terminar por convertirse en pautas referenciales que en muchos casos actúan como fechas de convocatoria para la autopercepción como grupos sociales diferenciados, ya sea en los niveles más elementales como son los grupos familiares (ejemplo de las fiestas de Navidad), comunales (fiestasrituales relacionados con cultos patronales), etc. 20 Texto publicado por primera vez en fráncés, en 1912, con el título Les formes élémentaires de la vie religieuse. 21 Por diferentes razones, al tiempo que se imponían los criterios de “racionalidad” en el uso del tiempo (crítica a las numerosas fiestas que alteraban el orden de los días laborales ahora regulados semanalmente, y que incluso eran consideradas un derroche de tiempo y recursos económicos), e incluso se cuestionaban las prácticas tradicionales con las que se asociaban las “fiestas populares”, se irán expandiendo los modelos de organización económico-social y temporal impuestos por el capitalismo industrial, a la vez que se reducen los calendarios tradicionales pautados por fiestas y rituales a los que nos venimos refiriendo. 22 Las vacaciones (pagadas) han supuesto, desde su generalización en la segunda mitad del s. XX, un cambio radical en la percepción sociocultural de los ciclos calendáricos anuales, convirtiéndose, más que otras fechas simbólicas (por ejemplo las navidades y fiestas de fin de año) en verdaderas articuladoras de estos ciclos, tanto a nivel de percepciones individuales como colectivas. 23 Al menos en teoría. Aunque es verdad que actualmente hay celebraciones, como la llegada del año coincidente con el calendario occidental-gregoriano, que parecen generalizarse a nivel mundial, siguen subyaciendo escalas de valores en estos calendarios que mantiene fuertes referentes tradicionales, y en todo caso en esta estandarización siguen vigentes determinados patrones nada neutrales relacionados con las sociedades occidentales que los impusieron: regulación temporal de actividades financieras y mercados que siguen el patrón de las semanas y periodos vacacionales occidentales. 24 Artículo por primera vez publicado en American Journal of Sociology, n.º 42, 1937, pp. 615-629, con el título Social time: a methodological and functional análisis. 25 Haber conservado la “fecha tradicional”, sea cual sea el día de la semana en el que caiga, es hoy un valor añadido en la reafirmación de determinados rituales como bienes patrimoniales. En el mismo sentido la disparidad en la aceptación del traslado de la fiesta del Corpus al domingo siguiente o su preservación en el jueves correspondiente, establece una significativa valoración en la percepción de este ritual como fiesta señera en el sistema de rituales tradicionales local o como mera fiesta “religiosa” carente de este significado. Bibliografía AGUDO TORRICO, J. (2009) De rituales festivo-ceremoniales a patrimonio intangible. Nuevas recreaciones de viejas tradiciones. En Fiestas y rituales. X encuentro para la promoción y difusión del patrimonio inmaterial de Países Iberoamericanos. Bogotá: Dupligráficas Ltda., 2009, pp. 51-66 BECK, U. (1999) ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Barcelona: Paidós, 1999 CARO BAROJA, J. (1974) Ritos y mitos equívocos. Madrid: Istmo, 1974 DURKHEIM, E. (1982) Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid: Akal, 1982 HUBERT, H. (1992) Estudio sumario sobre la representación del tiempo en la religión y la magia. En RAMOS TORRE, R. Tiempo y sociedad. Madrid: CIS, 1992, pp. 1-33 LENCLUD, G. (1987) La tradition n´est plus ce qu´elle était... Terrain, 9. pp. 110-123 LÉVI-STRAUSS, C. (1993) Raza y cultura. Madrid: Cátedra, 1993 MEAD, G. H. (1992) La Naturaleza del pasado. En RAMOS TORRE, R. Tiempo y sociedad. Madrid: CIS, 1992, pp. 63-71 RAMOS TORRE, R. (1992) Tiempo y sociedad. Madrid: CIS, 1992 SOROKIN, P. A.; MERTON, R. K. (1992) El tiempo social: un análisis metodológico y functional. En RAMOS TORRE, R. Tiempo y sociedad. Madrid: CIS, 1992, pp. 74-87 VELASCO, H. (ed.) (1982) Tiempo de fiesta. Madrid: Tres- Catorce-Diecisiete, 1982 ZERUBAVEL, E. (1992) El calendario. En RAMOS TORRE, R. Tiempo y sociedad. Madrid: CIS, 1992, pp. 361-395 054 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente El patrimonio histórico entre el tiempo de las ruinas y las ruinas del tiempo Antonio Pizza Dpto. Composición Arquitectónica, U. Politècnica de Catalunya Como se resume ejemplarmente en un ensayo de F. Choay, el concepto de patrimonio monumental y la necesidad de su tutela surgen con claridad sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, en una época consagrada a la identificación de una axiomática capaz de establecer distinciones entre los restos del pasado, atribuyendo valores y decretando criterios -potencialmente compartiblesde protección. En efecto, hasta este momento habían sido los coleccionistas o los anticuarios los que se ocupaban de los hallazgos de épocas anteriores; ellos, sin embargo, actuaban siguiendo dictámenes estéticos subjetivos, permaneciendo desprovistos de cualquier finalidad práctica que no fuese guiada por sus intereses personales. Con el siglo XIX, en cambio, el acicate esencial para el cuidado de los monumentos será dado por el respeto a la existencia histórica como tal: mientras menguaba la fe en los ideales del iluminismo y se abrían camino las diversas manifestaciones del proceso de industrialización, la cultura contemporánea se confió en conjunto a un espíritu nuevo, “histórico”, dirigido a ensayar una experiencia temporal inédita, que dotara de identidad original a las nociones de pasado, presente y futuro. Historic heritage, between the time of the ruins and the ruins of time As summarized in an exemplary essay of F. Choay, the concept of heritage and the need for its protection emerge clearly in the second half of the eighteenth century, a time devoted to find axiomatic rules, able to establish distinctions among the remnants of the past, attributing values and principles for protection. Indeed, until this moment, antiquaries or collectors had been those dealing with the findings of the past, however, they acted with subjective aesthetic opinions, remaining devoid of any practical purpose except for their own personal interests. In the nineteenth century, however, the essential command for the caution of monuments will be given from the respect to the proper historical existence: the waning faith in the ideals of the Enlightenment and the growing forms of industrialization, made the whole contemporary culture was entrusted to a new spirit, historic, testing an unprecedented temporal experience, which will provide original identity to the notions of past, present and future. Como se resume ejemplarmente en un ensayo de F. Choay (1992) el concepto de patrimonio monumental y la necesidad de su tutela surgen con claridad sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, en una época consagrada a la identificación de una axiomática capaz de establecer distinciones entre los restos del pasado, atribuyendo valores y decretando criterios -potencial- mente compartiblesde protección. En efecto, hasta este momento habían sido los coleccionistas o los anticuarios los que se ocupaban de los hallazgos de épocas anteriores; ellos, sin embargo, actuaban siguiendo dictámenes estéticos subjetivos, permaneciendo desprovistos de cualquier finalidad práctica que no fuese guiada por sus intereses personales. Con el siglo XIX, en cambio, el acicate esencial para el cuidado de los monumentos será dado por el respeto a la existencia histórica como tal: mientras menguaba la fe en los ideales del iluminismo y se abrían camino las diversas manifestaciones del proceso de industrialización, la cultura contemporánea se confió en conjunto a un espíritu nuevo, “histórico”, dirigido a ensayar una experiencia temporal inédita, que dotara de identidad original a las nociones de pasado, presente y futuro. Si, siguiendo cuanto ha estudiado Choay, nos referimos al ejemplo de Francia, podemos constatar que ya durante el período postrevolucionario -cuando la Constituyente expropia y nacionaliza los bienes patrimoniales del clero, de la aristocracia y de la coronaserán devueltos al mercado un conjunto de propiedades inmobiliarias que, más allá de haber sido posesión exclusiva de algunas clases sociales, se habían incluso transformado en factor de ennoblecimiento y legitimación de sus antiguos propietarios. Esta imprevista avalancha de arquitectura del pasado obligó a los nuevos poderes estatales a su catalogación, además de intentar establecer directrices para una correcta gestión pública de los mismos. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 055 El monumento histórico, tal y como se va gradualmente configurando, comienza por tanto a ser el portador de una serie de valores1: en primer lugar aquellos “nacionales”, que inducen la representación, en estas “emergencias” del transcurrir, de un mundo de virtualidades positivas pertenecientes a un universo de todos modos circunscripto, propio de una nación; en segundo lugar, se hace portador de valores cognoscitivos, dado que, como obra relevante, vehicula una sabiduría histórica que se debe transmitir a la posteridad; y, como último aspecto, en una coyuntura en la que se comienza a valorar positivamente el llamado turístico que ciertos testimonios de otras fases de la civilización puedan suscitar en los visitantes de hoy, se perfila con toda evidencia la conveniencia económica -de parte del estadode invertir en el cuidado de estas reliquias. Consideraciones que, finalmente, confluyen en el reconocimiento de la vertiente artística de estos edificios, de cuanto resulta dotado de una belleza descriptible, en un momento en el que emerge en la cultura de la época el concepto de “estético”. En consecuencia, el monumento histórico -definición acuñada con extrema lucidez por A. Riegl, como veremos luego-, dado que se inserta en un conjunto objetivado e institucionalizado del saber, exige su conservación. La necesidad de esta práctica será inaugurada por Guizot (autor de Essais sur l’histoire de France) que, siendo elegido ministro del interior en 1830, funda el cargo de Inspector de Monumentos Históricos. En 1887, además, es dictada la primera Ley sobre monumentos históricos, mientras pocos años antes, en 1877, W. Morris había fundado en Inglaterra la Society for Protection of Ancient Buildings. El crecimiento del interés por parte de las entidades políticas y culturales respecto a la arquitectura del pasado coincide, no obstante, con una época de máxima exteriorización de los efectos traumáticos de la industrialización, sea por sus implicaciones ambientales (y por tanto arquitectónico-urbanísticas), sea por su evidente influencia sobre la organización del pensamien- to: la conciencia de estar delante de un cambio con profundas consecuencias, un cambio que estaba revolucionando en conjunto las condiciones existenciales, comporta, quizás por primera vez, la percepción del pasado como de algo definitivamente transcurrido. Vale decir que se instaura en la cultura la conciencia de que algunas experiencias pertenecen a un patrimonio ya escindido de la continuidad del devenir, llevando a cabo un real y verdadero salto epistemológico. La fractura con cuanto precede, que el desplegarse del tiempo inexorablemente exhibe, contribuirá decididamente a relegar el campo de los monumentos históricos al ámbito de una perfección sin nombre, y a depositar estas cúspides de otra temporalidad en el recinto de lo “artístico”, constituido en el ínterin como un territorio disciplinar autónomo. En efecto, en torno a la mitad del siglo XVIII coinciden algunos factores que llevan hacia una decantación de los ámbitos profesionales y de las respectivas competencias: si con Winckelmann surge la “historia del arte” -como historia de una actividad particular, ya desvinculada de las biografías de impronta vasariana-, al mismo tiempo la reflexión filosófica sobre lo bello se proyecta en la “estética” -gracias a la obra de Baumgarten-, mientras los comentarios en la prensa sobre las frecuentes exposiciones públicas de obras pictóricas, gráficas y escultóricas (en los Salones del Louvre) darán lugar a una actividad inédita: la de la crítica de arte. Y fue también en el siglo XVIII cuando el interés arqueológico por las ruinas empezó a centrar actitudes, juicios y escritos en una medida realmente novedosa. No obstante, esta impresionante recuperación de su valor admonitorio caracterizó a una época que intentaba remontarse a un pasado de gloria, no tanto para actualizar sus creaciones, como para conmemorarlas. Y de hecho, esta tensión hacia los signos de un tiempo ya lejano sigue una doble orientación que representará, por una parte, el retorno ético a lo positivo del pasado frente a lo negativo de la actualidad y, por otra, la reducción de las herencias clásicas a un aparato “paisajístico” de efecto puramente escenográfico. Cuando W. Goethe (1786), durante su viaje por Italia, extasiado ante los restos de la antigua Roma, observa: “...es cosa aceda y triste tener que ir sacando a pellizcos la antigua Roma de la nueva, aunque no 056 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente hay más remedio que hacerlo, con la esperanza de una inestimable satisfacción final. Encuéntranse huellas de una magnificencia y una destrucción que sobrepasan nuestras ideas. Lo que los bárbaros dejaron en pie hanlo aniquilado los arquitectos de la nueva Roma” (GOETHE, 1973: 98); no sólo reafirma una veneración habitual hacia las huellas de una civilización de la que, por desgracia, no podemos experimentar la “armonía” alcanzada entre cultura y potencia; el autor, aquí, también nos propone una dialéctica de oposición entre el hoy y el ayer, de acuerdo con la nostálgica y radical polarización entre las formas del mal y del bien. El recurso frecuente a las atmósferas crepusculares de las que están embebidos los lugares en los que se acumulan restos de otros tiempos, a las evocaciones epidérmicas de auras misteriosas y proféticas que envolverían estos fragmentos vetustos, introduce una práctica figurativa que, de hecho, engendra un vaciamiento semántico con tendencia al pintoresquismo, si bien queda aún subordinada a juicios de valor. La conciencia del pasado como algo que ya difiere en profundidad de las coordenadas del presente estimula, por consiguiente, una actitud hacia aquello irremediablemente perdido que combina, de manera más o menos complementaria, el estudio científico con la evocación nostálgica. Hacia la mitad del XVIII se desarrollan, de hecho, importantes investigaciones arqueológicas; y la difusión de las reproducciones gráficas de los hallazgos de la civilización clásica consentirá un conocimiento más detallado de los monumentos antiguos: en 1750 J. G. Soufflot y G. P. M. Dumont levantan los templos dóricos de Paestum; en los mismos años, como fruto de una expedición guiada por J. Dawkins y R. Wood, serán publicados The Ruins of Palmyra (1753) y The Ruins of Balbec (1757), mientras en 1738 comienzan las excavaciones de Herculano, con la publicación de un primer estudio en 1751. Por otra parte, en el curso del siglo XVIII se había podido asistir en Inglaterra a la consolidación de la teoría del pintoresquismo en la arquitectura, que refleja un nuevo interés respecto a las cuestiones ambientales: este último avanzó simultaneándose con una creciente pasión por las ruinas, que pueden encontrar su pun- to de inicio en el famoso Memorandum, redactado por sir John Vanbrugh (1709), en defensa de las ruinas de Woodstock Manor en el parque de Blenheim; según el autor, estos edificios debían ser conservados porque: “mueven a más vivas y agradables reflexiones (que la Historia puede hacer sin su ayuda) sobre las personas que los habitaron; en los notables hechos ocurridos en ellos, o las ocasiones extraordinarias en que se erigieron (...). Como el parque de Blenheim tiene poca variedad de objetos (...), necesita toda la ayuda que se le pueda dar: edificios y plantaciones. Esto, adecuadamente dispuesto, suplirá todas las carencias de la Naturaleza en ese lugar. Y la más agradable disposición es mezclarlas, para lo cual esa vieja mansión da tan feliz ocasión de hacerlo; así el recinto lleno de árboles promiscuamente distribuidos para que crezcan en una espesura silvestre de tal modo que todos los edificios dejados puedan aparecer en dos elevaciones entre ellos, lo cual haría uno de los más agradables objetos que los mejores pintores paisajistas pudieran crear” (The Complete Works of Sir John Vanbrugh, 1928, p. 30, cit. en MIDDLETON; WATKIN, 1989: 34) Fue ésta una fase en la cual la actividad constructiva se revistió de alusiones evocativas y connotaciones literarias, siendo considerado -lo edificadocompo- nente esencial de una entidad más vasta: el paisaje o, más genéricamente, la naturaleza y su esquema orgánico de crecimiento y desarrollo serán activamente incorporados en el proceso proyectual, bajo la óptica de una armonización ideal entre mundo natural y mundo artificial. La contemporánea y difundida pasión por las ruinas constituía, además, una confirmación de predisposiciones tendientes a revelar, en una realidad tectónica, los aspectos que trascienden cuanto le viene asignado por razones áridamente funcionales o abstractamente formales, atribuyendo, en definitiva, a los edificios unos significados ajenos a una elemental realidad constructiva. Estos procedimientos remitían a la escuela pictórica paisajista del siglo XVII (C. Lorrain y N. Poussin) y a su buscada coincidencia entre una naturaleza “construida” (he aquí la importante presencia de las ruinas de Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 063 en las labores cotidianas-, y el tiempo de las grandes metáforas de la organización civil, de la retórica representativa, de la puesta en escena de las grandilocuentes empresas de la historia. Polifonía del pasado destinada, por otra parte, a chocar contra una simétrica divergencia del presente; mas lo “moderno”, aún vinculado con la ideología del progreso unilineal, parece por su naturaleza implicar la museificación de lo antiguo. En un orden temporal basado en una tridimensionalidad fundacional, el pasado es, de hecho, englobado en el presente y lanzado a la conquista de una salvación venidera, reduciendo el legado histórico a testimonio silencioso, transformado en estereotipo a-problemático por la p erspectiva soberana de una irreversible “flecha del tiempo”. Sólo un trabajo esmerado sobre el resto monumental o arqueológico, analizando sus constitutivas relaciones con los aspectos del “tiempo” -no sólo de su ejecución, sino también de su recepción- y del “espacio” en el cual se cumple su objetualidad, puede crear válidas coordenadas para una acción proyectual, en todo caso desvinculada de una normativa unívoca y sujeta, más bien, al relativismo de las ocasiones concretas, a su historicidad. Y, tal vez, el único aspecto sobre el cual parece inevitable la formulación de un juicio negativo sería aquel referido a la reconstrucción pedante de cuanto ya no existe: acto que puede encontrar una justificación única en la impotencia de la arquitectura contemporánea y en el uso populista y demagógico de lo que (la “historia”) debería en cambio servir para poner en discusión el pasado, para cuestionar su carácter prescriptivo y poder irradiar hacia el futuro la capacidad transformadora del hombre artífice. Notas 1 En el libro anteriormente citado de F. Choay (1992), véase principalmente el capítulo de las pp. 96-134. 2 Este tema, acompañado por numerosos extractos del texto de Riegl, está tratado a fondo en el libro de Margaret Iversen Alois Riegl: Art History and Theory (Cambridge; London: MIT Press, 1993). 3 De Heinrich Wölfflin véase sobre todo: Psicologia della architettura. Venezia: Cluva, 1985. 4 Además de las variadas obras (arquitectura, muebles, diseño gráfico, etc.) realizadas por van de Velde, es oportuno remitirse a su actividad teórica: Hacia un nuevo estilo. Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 1959; Formule de la belleza architettonica moderna. Bologna: Zanichelli, 1981. 5 Wilhelm Maximilian Wundt (1832-1920), psicólogo alemán, tuvo el gran mérito de sintetizar los resultados de diversas investigaciones en ámbito filosófico y científico, que le llevaron a teorizar acerca de una “psicología de los pueblos”, y a fundar, en 1879, el primer laboratorio de psicología experimental. 6 “Mientras el valor de antigüedad se basa exclusivamente en la destrucción, y el valor histórico pretende detener la destrucción total a partir del momento actual (...), el valor rememorativo intencionado aspira de modo rotundo a la inmortalidad, al eterno presente, al permanente estado de génesis. (...) El postulado fundamental de los monumentos intencionados es, pues, la restauración” (RIEGL, 1987: 67). Bibliografía CACCIARI, M. (1985) Tradizione e rivelazione. Il Centauro, n.º 13-14, 1985 CHOAY, F. (1992) L’allégorie du patrimoine. Paris: Seuil, 1992 GOETHE, W. (1973) Obras Completas. Madrid: Aguilar, 1973, Tomo III MIDDLETON, R.; WATKIN, D. (1989) Arquitectura moderna, 1. La tradición racionalista en Francia e Inglaterra. Madrid: Aguilar, 1989 RIEGL, A. (1987) El culto moderno a los monumentos. Madrid: Visor, 1987 RUSKIN, J. (1988) Las siete lámparas de la arquitectura. Barcelona: Altafulla, 1988 SCARROCCHIA, S. (1995) Alois Riegl: Teoria e prassi della conservazione dei monumenti. Antologia di scritti, discorsi, rapporti 1898-1905, con una scelta di saggi critici. Bologna: CLUEB, 1995 SIMMEL, G. (1981) La rovina. Rivista di estetica, n.º 8, 1981 TAFURI, M. (1984) La esfera y el labirinto Vanguardias y arquitectura de Piranesi a los años 70. Barcelona: G. Gili, 1984 VIOLLET-LE-DUC, E. (1982) L’Architettura ragionata. Milano: Jaca Book, 1982 066 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Este ensayo tiene que ver con la arqueología como una práctica de producción de tiempos y espacios a partir de materialidades y no en el sentido tradicional de una disciplina confinada al estudio de épocas remotas reflejadas en huellas y artefactos prehistóricos. Tampoco se parte de la existencia de unos tiempos y espacios dados, en los cuales se ubican y ordenan las evidencias arqueológicas y los conocimientos que se derivan de su estudio, sino del tiempo y el espacio como producciones. En esta perspectiva, el tiempo es el producto de prácticas discursivas y no discursivas que propician la configuración de sentidos sobre la experiencia humana del devenir, como la duración y el “desgaste”, la causalidad y la contingencia, las cronologías y las teleologías, y a partir de ellos, la elaboración de recuerdos, memorias y futuros. Igualmente, el espacio es producto de percepciones y concepciones acerca de las distancias, las adyacencias, las separaciones y relaciones entre actores humanos y no humanos, que dan lugar a topologías tan diversas como los lugares, las fronteras, los territorios, los paisajes, las cartografías, las redes, entre otras. En estas dinámicas espaciotemporales, se considera que las materialidades juegan un rol activo en cuanto hacen posible la configuración de determinadas topologías y experiencias del devenir. Desde esta postura, la arqueología encuentra su singularidad en el estudio de aquellas “exterioridades” que los demás campos de conocimiento han considerado generalmente como aspectos secundarios a la hora de explicar la vida social: artefactos y huellas que son producto de actividades humanas pero que pueden adquirir ellas mismas capacidad de agencia. El relieve de esa particularidad puede ser advertido a propósito de la manera en que partiendo de las materialidades la arqueología produce discursos proclives a conformar, sustentar o reproducir determinadas percepciones y concepciones sobre el tiempo y el espacio Este ensayo tiene que ver con la arqueología como una práctica de producción de tiempos y espacios a partir de materialidades, y no como una disciplina confinada al estudio de temporalidades remotas reflejadas en la distribución geográfica de artefactos. Es decir que no se parte de la existencia de un tiempo y espacio dados, en el cual se ubican los objetos de estudio y las prácticas de conocimiento que pretenden dar cuenta de los mismos. Por el contrario, se propone que el tiempo en tanto experiencia humana del devenir es una producción que no depende en sentido estricto de la teleología histórica o la de la causalidad y “desgaste” de la termodinámica, sino que se conforma de manera contingente, plural y desordenada. Igualmente, que el espacio no constituye una extensión geográfica que sirve de soporte y escenario a los científicos y sus objetos de estudio, sino que es una producción. Se revisa la relación de la arqueología con narrativas globales y su potencial para cuestionar las lecturas establecidas desde el poder político-territorial, evaluando la genealogía de la relación entre la visión arqueológica y la histórica. For the archaeologies of the time This essay concerns the archaeology as a practice of production of time and space from materialities, and not as a discipline confined in the study of remote temporalities reflected in the geographical distribution of objetcs. Hence, it does not born form the existence of a time and space given, in which objects of study and their current practices of knowledge are located. On the contrary, it is proposed that time, as human experience of becoming, is a production that does not depend strictly on historical teleology or on causality and “burnout” of thermodynamics, rather than made up of contingent, plural and disorderly ways of being. Equally, space does not constitute a geographical extension that serves as support and stage the scientists and their objects of study, but it is a production. It reviews the relationship of archeology with global narratives and its potential to challenge established politicalterritorial comprehensions, evaluating the genealogy of the relationship between archaeological and historical vision. Arqueología: una máquina del tiempo para una prehistoria del presente Carlo Emilio Piazzini Suárez Investigador Grupo Estudios del Territorio, INER, Universidad de Antioquia Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 067 como por ejemplo los esquemas evolutivos o la distribución del mundo en particulares entidades culturales o territoriales, para señalar dos de las más frecuentes aplicaciones. Pero esta singularidad ha sido opacada por la remisión de la arqueología a temporalidades remotas y, con ello, a una posición poco menos que impertinente para la comprensión del presente. Retando la lógica moderna del tiempo y la cartografía epistemológica de los saberes que le es funcional, en este ensayo quiero esbozar la pertinencia de una “prehistoria del presente” que, sin confinarse a los terrenos de una arqueología disciplinar, permita hacer visible cómo las materialidades activan particulares percepciones del tiempo y el espacio, en una estrategia de especial importancia para trabajar en campos tan diversos como los estudios sobre la ciencia, la tecnología, el consumo y las modas, los espacios y las memorias, así como los procesos de patrimonialización. Desde diferentes ámbitos del pensamiento contemporáneo se han venido enfatizando el tiempo y el espacio como producciones, esto es, espacialidades y temporalidades cuya pluralidad desborda el modelo tradicional del espacio como extensión cartesiana y del tiempo como eje cronológico (HARVEY, 1998; KOSELECK, 2001; LE GOFF, 1991; LEFEBVRE, 1991; SOJA, 1989). Igualmente se ha señalado la necesidad de reconfigurar las relaciones epistemológicas y ontológicas entre los pensamientos del tiempo y del espacio de una manera equilibrada y articulada, en torno a lo que sería la comprensión de las diferentes formas de espacio-tiempo que anteceden, confluyen y resultan transformadas en el presente (GIDDENS, 1994; MAY; THRIFT, 2001; WALLERSTAIN, 1997). Espacialidades y temporalidades, entendidas como experiencias y concepciones del espacio y el tiempo, se concretan y articulan en prácticas que estructuran sincrónica y diacrónicamente las relaciones sociales (GIDDENS, 2003). Las prácticas discursivas y no discursivas del espacio contribuyen a definir y mantener el lugar de los sujetos al interior de la organización social, así como la intensidad de sus interacciones en términos de distancia, acceso a recursos, naturaleza de los intercambios económicos y simbólicos y su adscripción territorial. Estas prácticas espaciales (sensu Harvey) pueden ser percibidas (ambientes construidos, caminos, cultivos, casas, mercados, espacios públicos, monumentos) o concebidas (cartografías, sentidos de lugar, territorialidades, nacionalismos), pero cualquier dicotomía entre espacios tangibles e intangibles se resuelve en cuanto ambos confluyen en última instancia en espacios vividos, esto es, aquellas formas de producción del espacio que virtualmente pueden realizar el encuentro entre seres humanos, artefactos y espacios imaginados, constituyendo en última instancia el espacio que es políticamente dominado, o que ofrece condiciones para la resistencia y constitución de nuevas espacialidades (LEFEBVRE, 1991). Espacios percibidos, concebidos y vividos conforman una trialéctica espacial (SOJA, 1989), que puede conducir tanto al mantenimiento de un orden social y político establecido, como a su transformación. De forma paralela, a estas prácticas espaciales corresponde lo que proponemos llamar prácticas temporales: aquellas que definen los ritmos, la duración y periodicidad de las relaciones sociales, así como su anclaje respecto de la memoria. De tal modo que al “donde” del espacio se corresponde el “cuando” del tiempo (GIDDENS, 1994: 29; RICOEUR, 2003: 196). Como en el caso de las espacialidades, las prácticas no discursivas y discursivas del tiempo sostienen una relación dialéctica de mutua incidencia: percepciones del tiempo cósmico, de la duración de la propia vida y de las cosas que nos rodean, de los ritmos cotidianos y de eventos extraordinarios como la muerte, afectan y resultan a su vez afectados por las memorias conceptualizadas por medio de narraciones. La articulación entre prácticas espaciales y temporales se hace particularmente visible a propósito de las memorias espaciales y los lugares de la memoria. La organización espacial de los recorridos, las actividades y los encuentros cotidianos no sería posible sin una regulación temporal de la repetición y periodicidad de las prácticas sociales. Por su parte, la memoria social requiere un anclaje espacial en los lugares de la memoria (materializados por excelencia, pero no únicamente, en cementerios, monumentos, templos y espacios públicos), lo que conlleva a configurar sentidos de continuidad y pertenencia. 068 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente En general, puede decirse que espacialidades y temporalidades se configuran mediante prácticas materiales y atendiendo a relaciones sociales que aseguran la reproducción social (HARVEY, 1998: 228), pero a su vez, “la estructuración espacio-temporal de la vida social define cómo las acciones y relaciones sociales son materialmente constituidas, concretadas” (SOJA, 1989: 129). Esta dialéctica implica que las experiencias y conceptualizaciones del espacio y el tiempo están estrechamente ligadas a los procesos de cambio social. Tal como ha señalado Harvey: “La historia del cambio social está capturada en parte por la historia de las concepciones del espacio y el tiempo, y los usos ideológicos para los cuales se esgrimen aquellas concepciones” (HARVEY, 1998: 243). Atendiendo a enunciados recientes que enfatizan el papel activo de la cultura material en las prácticas sociales (BUCHLI, 2002; MILLER, 1998; THOMAS, 1999), se puede considerar que la vida social combina procesos de materialización y desmaterialización que se relacionan de forma compleja con el cambio sociocultural. La transformación o persistencia de las formas en que un grupo social produce, consume, destruye o descarta artefactos, no son un simple reflejo de sus ritmos de cambio o relativa estabilidad sociocultural. Por el contrario, en los distintos momentos que componen la “biografía de las cosas” (sensu KOPITOFF, 1991), incluyendo lo que antecede y sucede al proceso de materialización que resulta en la existencia de los artefactos, se ponen en marcha tensiones entre dinámicas tendientes al cambio o la continuidad. Determinados materiales, saberes, técnicas, sistemas de distribución y prácticas de descarte o reutilización de artefactos, que forman parte de procesos de reproducción de ciertas lógicas sociales, entran en relación de simultaneidad con otras que tienden a su transformación. Pero más allá de esta tensión entre diferentes ritmos en los procesos de materialización, es preciso tener en cuenta, además, que las materialidades en tanto actores (sensu LATOUR, 2001) que intervienen activamente en las relaciones entre humanos y no humanos tienen un rol activo en la generación de concepciones de cambio o continuidad entre los miembros de un colectivo. En efecto, las condiciones de durabilidad o decadencia, de fijación o movilidad espacial de un artefacto o conjunto de artefactos, pueden servir a la constitución de imaginarios proclives a la ruptura o la continuidad histórica y a la generación de sentidos de pertenencia o exclusión. En este esfuerzo de re-conceptualización acerca del espacio, el tiempo y las materialidades, y de indagación por la forma en que se establecen relaciones entre los términos de esta triada, se ofrece la posibilidad de una arqueología que, sin confinarse a los imaginarios del pasado remoto, aporte a la descripción y comprensión de las prácticas espaciales y temporales del presente. LA ARQUEOLOGÍA COMO MÁQUINA DEL TIEMPO El viaje a través del tiempo constituye un recurso narrativo de reiterado empleo en la literatura, la música y el cine, quizá porque permite explotar y recrear aquella ensoñación moderna de querer conocer de primera mano lo que sucedió en el pasado y lo que será el futuro. Este tropo se materializa bien en La máquina del tiempo de H. G. Wells: un ingenioso vehículo gracias al cual un viajero en el tiempo avanza hasta el año 802.701 para maravillarse inicialmente con lo que cree pueda ser la edad de oro, pero que finalmente reconoce como el ocaso de la humanidad. Los eloi y los morlocks, esos seres antagónicos descendientes evolutivamente degradados de las clases ociosas y trabajadoras del Londres del siglo XIX, respectivamente, protagonizan una sombría lucha por la supervivencia en un mundo que había olvidado el fuego y la escritura, que pese a la esperanza del progreso nuevamente se había sumido en la prehistoria. Aun cuando Wells trata fundamentalmente con una percepción lineal del tiempo, el cual considera como la cuarta dimensión de un espacio geométrico, gracias a su creatividad literaria logra torcer esta lógica para predecir lo que en el futuro podría llegar a ser el olvido del pasado. El protagonista del cuento, el viajero en el tiempo, divagando por un paisaje del futuro se encuentra con un palacio de porcelana verde en donde aún se perciben las huellas de lo que alguna vez fue un grande y completísimo museo. El viajero reconoce Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 069 entre las ruinas indicios de lo que fueran las secciones de paleontología y mineralogía así como galerías en donde reposaban los restos de antiguas maquinarias, armas y compuestos químicos. También una biblioteca y lo que ha debido ser la sección de arqueología, en donde logra ver una exposición de ídolos polinésicos, mexicanos, griegos y fenicios... Aquí el viajero en el tiempo practica nada más y nada menos que una prehistoria del futuro que hace visible la persistencia de un doble olvido: el que pretendía ser conjurado cuando en alguna edad se construyó el magnífico museo y aquel que finalmente lograron imponer la decadencia de la humanidad y la entropía, convirtiendo en ruinas las ruinas mismas que transitoriamente habían adquirido la dignidad de monumentos en un museo. Pero en Wells la verdadera máquina del tiempo es su cronotopo discursivo, no aquel extraño ensamblaje de metal y cuarzo que viaja “a través” del tiempo. La máquina del tiempo es en realidad aquella que “produce tiempo”. Igualmente, podemos decir, la arqueología no opera como un vehículo de conocimiento que gracias a sus recursos metodológicos y discursivos transita por el tiempo hacia el pasado, sino que es ella misma una máquina que produce tiempo. Lo que ocurre es que, al igual que el lector de Wells en beneficio del disfrute literario considera verosímil que exista una máquina del tiempo, quienes asisten a los museos, leen libros u observan documentales arqueológicos, por lo general, conceden a estos dispositivos el poder de transportarlos hacia el pasado. No se trata aquí, como a primera vista podría pensarse, de efectuar una correspondencia narratológica entre los trabajos de la ficción literaria y la arqueología, sino de recalcar la capacidad de producción de tiempos que esta última posee en virtud de las particulares operaciones que tienen lugar en su tratamiento de huellas, artefactos y espacios. Desde el siglo XIX la arqueología ha recreado, tal vez como ningún otro saber, las teleologías del progreso y la evolución, porque estudia las diferentes etapas de desarrollo que conforman la imagen moderna del tiempo lineal o porque dibuja, con su interés en el pasado remoto y la pre-historia, el negativo de la imaginación moderna de civilización y desarrollo. Igualmente, en relación con las narrativas del estado-nación, la arqueología ha suministrado claves para fundamentar histórica y territorialmente la idea de soberanía, elemento central a la geografía política de consolidación y expansión de los estados modernos. Esta espacialización del poder que territorializa las ruinas y los artefactos antiguos se hace visible por excelencia en los museos: la eficacia estética y discursiva de las exposiciones museográficas, las representaciones gráficas, los textos y las imágenes producidas por los arqueólogos, han sido capitalizados por la imaginación geográfica de la modernidad para re-presentar el ordenamiento espacial del mundo mediante las llamadas exposiciones internacionales y para naturalizar la jerarquía escalar de los estados, las regiones y los lugares, en las exposiciones locales. En fin, la arqueología, por su capacidad de producir tiempo a partir de las materialidades y del espacio, por la manera en que, al desplegar su discurso, permite hacer visible y tangible esa categoría abstracta que es el tiempo, ha participado de forma activa en el ordenamiento de aquellas experiencias del espacio que se encuentran involucradas en los procesos de constitución de relaciones coloniales, de conformación de los estados nacionales y de distribución de los poderes globales. Esa capacidad se hace particularmente visible en tres elaboraciones clásicas de la arqueología: las tipologías, las estratigrafías y las cartografías, dispositivos que han permitido la producción de tiempos y espacios de manera más o menos independiente de aquel recurso clásico para conocer el pasado, como son las exégesis de textos bíblicos e históricos. Desde el siglo XIX la arqueología ha sido sinónimo de tiempos prehistóricos, pero los discursos sobre el origen y antigüedad de la humanidad encuentran referentes anteriores. Durante el Renacimiento, sobre el fondo de concepciones acerca del pasado basadas en la lectura de documentos escritos, la arqueología fue abriendo un espacio para la producción de tiempos que previamente no existían. La colección y estudio de ruinas y antigüedades contribuyeron a parte del interés de las nacientes burguesías mercantiles del mundo mediterráneo por exaltar la grandeza de las civilizaciones clásicas, tarea en la cual fue fundamental efectuar una interpretación de los textos bíblicos y 070 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente los manuscritos griegos y romanos, así como estudiar los logros desde el punto de vista estético (TRIGGER, 1992: 43). Durante los siglos XVII y XVIII ya se hablaba de una “arqueología clásica” compuesta por dos perspectivas: la “arqueología histórica” y la “historia del arte”. Mientras la primera servía básicamente a los propósitos de recrear lo dicho en los textos bíblicos e históricos mediante referencias a ruinas y antigüedades, la historia del arte permitió un desarrollo más o menos autónomo de la interpretación de los restos materiales (TRIGGER, 1992: 46). Esta autonomía frente a las narraciones escritas ganó espacio cuando algunos anticuarios se interesaron por visitar monumentos y coleccionar objetos arqueológicos que no habían pertenecido a las civilizaciones clásicas o bíblicas. Animados muchas veces por suministrar firmes bases históricas a proyectos políticos encaminados hacia el establecimiento de estados nacionales, anticuarios ingleses, suecos, daneses, alemanes y franceses se arriesgaron a describir y ordenar los restos materiales de sociedades sobre las que existía poca o ninguna documentación escrita. En este contexto se inventa el método de seriación arqueológica, cuyos rudimentos se deben al danés Christian Thomsen, y el cual constituye una forma de producción de tiempo a partir de la observación comparada de artefactos. Mediante la seriación fue posible establecer sistemas de periodización con base en tipologías derivadas de la observación de continuidades y discontinuidades en las formas, funciones y decoración de los artefactos (TRIGGER, 1992: 77). Este procedimiento se combinó eficientemente con las leyes de la estratigrafía geológica desarrolladas especialmente por Charles Lyell, para establecer temporalidades de manera independiente a los sistemas de datación de los historiadores (HARRIS, 1991: 25). Las discontinuidades observables en la superposición de diferentes capas de roca y sedimentos, así como en los contenidos arqueológicos allí “atrapados”, se constituyeron en la figura por excelencia de la sucesión temporal prehistórica, por lo menos hasta el desarrollo posterior de las dataciones de radiocarbono y otros métodos de análisis físico-químico, las cuales, sin embargo, nunca llegarían a prescindir por completo de la estratigrafía. Las periodizaciones generadas a partir de la seriación de artefactos y la estratigrafía fueron funcionales al evolucionismo, de la mano del cual se produjo una operación con grandes repercusiones: las distancias en el espacio fueron interpretadas como distancias en el tiempo, de tal forma que se instauró el principio de negación de la contemporaneidad (FABIAN, 1983). Bajo este principio, la comparación de artefactos prehistóricos con herramientas en uso por parte de comunidades indígenas en regiones lejanas dio lugar a la ejemplificación de cómo “todavía” vivían los primitivos y más tarde dio pie al desarrollo de la etnoarqueología. De otra parte, entre finales del siglo XIX e inicios del siguiente, la incorporación del trabajo de campo a los protocolos de investigación y de la observación in situ, como uno de los requisitos para soportar la autoridad epistémica de los arqueólogos, conllevaron a especializar una práctica que hasta entonces se desarrollaba fundamentalmente en los museos. Salir afuera, recorrer y registrar las evidencias directamente en sus lugares de proveniencia se constituyó, conjuntamente con la tipología y la estratigrafía, en condición de posibilidad para avanzar en una interpretación sólida de los significados de dichas evidencias. Las expediciones y las excavaciones ya no sólo se realizaban con el ánimo de recoger piezas y monumentos para producir tiempos y espacios en los museos, sino que eran condición necesaria para conocer las claves de su antigüedad y, en correspondencia, ordenarlas de conformidad con series temporales. Este fue un cambio radical en el manejo del espacio en arqueología, que conllevó una estrecha relación con los protocolos de campo de la geología y la geografía, a la vez que permitió producir cartografías más detalladas. El afán por confeccionar cartografías arqueológicas tuvo un fuerte impulso a partir del enfoque históricocultural, muy popular en la primera mitad del siglo XX. Se trataba de una visión “centrada en la definición de las culturas arqueológicas y en el estudio de sus orígenes en términos de difusión y migración” (TRIGGER, 1992: 195), tres aspectos que no podían expresarse prescindiendo de la geografía. De hecho uno de los conceptos claves del enfoque era el de “área cultural” acotado por Friederich Ratzel para referirse a “conjuntos de material Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 071 arqueológico prehistórico geográfica y temporalmente restringidos y su identificación con los restos de diversos grupos étnicos” (TRIGGER, 1992: 157). Esta correlación entre culturas y regiones geográficas permitió confeccionar mapas arqueológicos caracterizados por un mosaico de áreas sombreadas sobre la silueta geográfica de regiones, países y continentes. Estas cartografías, al igual que su proyección hacia los itinerarios de las exposiciones museográficas, han sido y en muchos casos siguen siendo formas básicas de espacialización de la relación entre el conocimiento arqueológico de la prehistoria y las soberanías territoriales del presente. Precisamente en algunos países europeos y americanos (Alemania, Italia, España, México y Perú), la idea de vincular la geografía con el espíritu de un pueblo, es decir, con una cultura específica, se articuló con proyectos identitarios y nacionalistas asociados al establecimiento o fortalecimiento de los estados-nación, de tal modo que lo “histórico” hacía referencia fundamentalmente a la incorporación de las temporalidades prehistóricas dentro de las memorias y la conciencia nacional, más que a la adopción de un método histórico particular y, mucho menos, a una trascendencia de la oposición epistemológica entre prehistoria e historia. Al cabo de medio siglo de tratamiento de un espaciotiempo relativo, asociado fundamentalmente a las premisas de la geografía humana y el particularismo histórico, la arqueología retornó a la senda del espaciotiempo uniforme de las ciencias físicas y naturales. Durante la tercera década del siglo XX el aporte de la ecología aplicada a la arqueología escandinava, el ejemplo de la arqueología soviética y el rechazo del difusionismo por parte de los etnólogos de Europa occidental fueron condiciones que propiciaron la adopción del enfoque funcional en arqueología (TRIGGER, 1992: 230). Aprovechando el desarrollo paralelo de las técnicas de datación absoluta, notablemente el radiocarbono, se trataba de establecer contrastaciones entre cortes sincrónicos correspondientes a diferentes temporalidades, para evaluar procesos de cambio en aspectos ecológicos, económicos, demográficos y políticos. La precisión que requerían estos cortes sincrónicos conllevó a una implementación de análisis espaciales mucho más detallados que en el pasado, entre los cuales cabe mencionar el establecimiento de los patrones de asentamiento. La distribución en el espacio cartesiano y biofísico de determinados tipos de artefactos y concentraciones al interior de un yacimiento, al igual que la distribución de diversas clases de yacimientos en una región dada, eran condiciones necesarias para tratar de reconstruir los sistemas sociales y su interacción con el medio ambiente. Estas condiciones posibilitaron el surgimiento de un movimiento a favor de la arqueología como ciencia positiva, cuyos protocolos de investigación deberían adecuarse al modelo hipotético nomológico con pretensiones de aportar a una teoría general del cambio y la evolución cultural mediante la búsqueda de leyes del comportamiento humano. Esta “nueva arqueología”, como fue denominada, se vinculó de manera estrecha con los desarrollos metodológicos de la ecología, la geografía, la teoría general de sistemas y la estadística. Es de destacar la similitud que poseen los planteamientos teóricos, las críticas a los trabajos antecedentes y los objetivos perseguidos, entre esta nueva arqueología y la “nueva geografía” que casi de forma paralela se desarrollaba sobre todo en Norte América. La nueva geografía se proponía estudiar la organización del espacio, entendida como “la disposición y distribución de los fenómenos sociales en la superficie terrestre”, recuperando la idea del espacio como dimensión geométrica, como contenedor de carácter mesurable, con contenidos cuantificables y vaciado de las dimensiones subjetivas (ORTEGA, 2000: 271). La extensión espacial de la existencia humana que la nueva arqueología se propuso explorar era precisamente la del espacio-contenedor de la nueva geografía. Frente a los sencillos mapas de distribución de rasgos culturales que había desarrollado el enfoque histórico-cultural, y los primeros análisis espaciales que procuró la mirada funcionalista, la nueva arqueología permitió la incorporación de un tratamiento del espacio mucho más complejo en términos matemáticos, geodésicos y de representación gráfica. Modelos de análisis espacial desarrollados fundamentalmente por la ecología botánica y la geografía, como los mapas de distribución aleatoria y regular, la teoría del lugar central, la jerar- 072 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente quía de asentamientos, entre otros, fueron incorporados al trabajo de campo y laboratorio. En cuanto a la extensión temporal de la existencia humana, se trataba evidentemente de una temporalidad no histórica, sino de carácter evolutivo. Así, por lo menos hasta la década de 1980, la arqueología en sus diferentes perspectivas teóricas había logrado consolidar un arsenal de dispositivos para la producción de tiempos y espacios, fundamentalmente prehistóricos, que incidieron poderosamente en la percepción general de los públicos acerca del pasado de la humanidad. Se trataba, hay que decirlo, de un tratamiento de las temporalidades y las espacialidades del pasado que podría denominarse más “etic” que “emic”. Es decir, que se avanzó fundamentalmente en el desarrollo de un saber positivo acerca del tiempo como eje universal sobre el que se sitúa el devenir humano y del espacio como extensión geométrica en la cual se localizan los recursos y las actividades humanas. Sólo a partir de las más recientes arqueologías interpretativas y críticas se comenzarían a reelaborar estas categorías de tiempo y espacio, haciéndolas menos generales y más relacionadas con trayectorias sociales específicas, en donde particulares redes de significados habrían producido determinadas formas de percepción y concepción del tiempo y el espacio (BENDER, 1992; CRIADO BOADO, 1999; HASTORF, 2003; HODDER; CESSFORD, 2004; SHANKS; TILLEY, 1987; 1994; THOMAS, 1999; 2001). Ahora bien, es posible considerar que esa particular capacidad de la arqueología para producir tiempos y espacios a partir del tratamiento de las materialidades, que aquí hemos querido hacer visible de manera muy breve a propósito de las tipologías, la estratigrafía y las cartografías, podría ser puesta en función del análisis mismo acerca de cómo se han configurado y se conforman en el presente esas articulaciones espaciotemporales, más que restringirse a la tarea de agenciarlas y recrearlas desde un ámbito puramente disciplinar. Para ello es menester habilitar una concepción de la arqueología que no se encuentre confinada a determinados periodos o lugares, que se proyecte críticamente no sólo a los espacios y temporalidades de la historia, sino incluso hacia el presente. PARA UNA PREHISTORIA DEL PRESENTE Aun cuando la arqueología emerge con anterioridad al concepto de prehistoria, desde el siglo XIX se la suele asociar al estudio de una fase anterior a la historia que, en ausencia de documentación escrita, sólo puede apelar a la interpretación de los restos materiales para acceder al pasado humano. En el marco de conformación y consolidación de las teleologías del progreso y la evolución, sólo una mirada dirigida al gran distanciamiento temporal que supone una alteridad llevada a los extremos del origen, de lo remoto y de lo exótico, esto es la prehistoria, podía permitirse el tratamiento de las materialidades para dar cuenta de lo social. Las sociedades prehistóricas, es decir, aquellas que no tienen historia porque no desarrollaron aparatos escritutarios ligados a proyectos políticos similares a los estados nacionales del siglo XIX, aquellas a las cuales se las identificó con ritmos lentos o cuasi-está- ticos de cambio, similares a los de una naturaleza que las domina, eran virtualmente las únicas susceptibles de ser estudiadas mediante las “expresiones” materiales de su existencia. La arqueología se situó así en el umbral entre el tiempo de la naturaleza y el de la historia, pero también entre la inconsciencia de la materia (el olvido) y la consciencia del espíritu (la memoria). En efecto, la estructuración del espacio-tiempo de la modernidad implicó que en el proceso de reordenamiento de los saberes y las positividades acaecido en el siglo XIX la arqueología quedara alineada en el polo de las exterioridades dentro de un sistema jerárquico de oposiciones. En primer lugar, sin dejar de ser fiel a la hegemonía del tiempo, se situó más cerca de la naturaleza que de la historia, de los tiempos geológicos, biológicos, cíclicos e inmutables; se encontró en la esfera del pasado “inconsciente”, de las “sociedades sin historia” y, en esa medida, del olvido. En segundo lugar, quedó alineada del lado de las espacialidades, cerca de la praxis geográfica y de los protocolos de investigación de campo que, por lo general, se refieren a un distanciamiento en el espacio que quisiera corresponder a un viaje en el tiempo. En tercer lugar, opera en el ámbito de la materia y, por lo tanto, se dirige, fundamentalmente, al mundo de los objetos, las huellas, los cuerpos y las técnicas. 080 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente La percepción del espacio, de la forma y de la figuración, la arquitectura, actúa sobre la memoria subjetiva según un complejo sistema de estímulos y respuestas que se manifiestan desde el efecto “eco”, o memoria nemotécnica instantánea, que por su propia condición de inmediatez puede reforzar o amainar la percepción recibida, y lo hace más eficazmente cuando aquélla se produce en el tránsito entre lugares hasta los recuerdos diferidos a corto, medio o largo plazo, que son oportunidades inefables para incrementar la complejidad perceptiva de los atributos dimensionales del espacio. Largo, ancho y alto no son el único repertorio en la construcción de la cultura arquitectónica. Sobre la memoria a largo plazo podemos urdir relatos superpuestos, capaces de añadir cargas conceptuales venidas de los históricos del sujeto. Referentes a su pasado social o personal; a la historia de la cultura o a referentes del propio lenguaje disciplinar o a todos ellos en conjunto. La memoria a corto plazo intensifica la experiencia ponderada de lo que se percibe, con otras suficientemente próximas en tiempo y espacio o relacionadas a través de la vivencia del sujeto en su contexto existencial. Constructing The Time The perception of space, form and figurative architecture of subjective memory acts as a complex system of stimuli and responses what occur from the effect of “eco” or mnemonic memory snapshot, which by their condition can reinforce or abate immediate perception received, and makes it more effectively when it occurs in transit between locations until the delayed recall in the short, medium or long term, as opportunities to increase the complexity ineffable of the perceptual attributes in dimensional space. Length, width and height are not the only repertoire to build the architectural culture. On the long-term memory can concoct stories overlapping concept able to add loads coming from the historical subject. Regarding his social or personal to the cultural history of the language itself or related discipline or all together. The short-term memory intensifies the weighted experience of what is perceived, with other close enough in time and space or related through the experience of the subject in its existential context. Construir el tiempo Andrés Perea Arquitecto EL TIEMPO SUBJETIVO COMO MATERIAL CREATIVO La percepción del espacio, de la forma y de la figuración, la arquitectura, actúa sobre la memoria subjetiva según un complejo sistema de estímulos y respuestas que se manifiestan desde el efecto “eco”, o memoria nemotécnica instantánea, que por su propia condición de inmediatez puede reforzar o amainar la percepción recibida, y lo hace más eficazmente cuando aquélla se produce en el tránsito entre lugares hasta los recuerdos diferidos a corto, medio o largo plazo, que son oportunidades inefables para incrementar la complejidad perceptiva de los atributos dimensionales del espacio. Largo, ancho y alto no son el único repertorio en la construcción de la cultura arquitectónica. Sobre la memoria a largo plazo podemos urdir relatos superpuestos, capaces de añadir cargas conceptuales venidas de los históricos del sujeto. Referentes a su pasado social o personal; a la historia de la cultura o a referentes del propio lenguaje disciplinar o a todos ellos en conjunto. La memoria a corto plazo intensifica la experiencia ponderada de lo que se percibe con otras suficientemente próximas en tiempo y espacio, o relacionadas a través de la vivencia del sujeto en su contexto existencial. La memoria a largo plazo va a operar en el marco de la contextualización de lo percibido con el complejo entramado intelectual y existencial del sujeto. ¿De qué modo una potente experiencia espacial, formal, etc., va a incorporarse a la vida cotidiana entre ciudad y arquitectura del ciudadano? Cuestión que no debería ser ajena en la mesa de decisiones del proyecto. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 081 EL TIEMPO OBJETIVO MATERIAL CREATIVO DE LA ARQUITECTURA Está por escribir la historia de la cultura a través de la relación entre el conocimiento humano y el tiempo y en qué medida la actividad humana fluye con el tiempo o, por el contrario, se resiste tenazmente al devenir de la existencia. El doctor Antonio Piga describe el tránsito del Paleolítico al Neolítico como la primera gran revolución del ser humano y en qué modo el cazador-nómada, que sobrevive en un entorno incontrolado e incontrolable, desarrollando habilidades de eficacia inmediata, el tiempo “on-line”, en el que la memoria individual o colectiva apenas va más allá de la memoria instantánea, en términos generacionales, será transcendida cuando los primeros recolectores del Neolítico asienten sus bases, en las que la forma de vida sedentaria transforma las propias estructuras matrilineales en patrilineales, cuando la reserva de bienes para épocas peores da lugar a la propiedad privada, y ésta se extiende no sólo a los bienes de producción y consumo sino al propio suelo productivo y habitacional. El patriarca y la estirpe familiar se vinculan a la propiedad privada y a la hegemonía de unos sobre otros, de los que más tienen sobre los que menos. Los muertos y el tiempo detenido que se abandonaban en el camino ahora permanecen en el entorno que se habita…, de los privilegios de la estirpe al culto a los muertos no debieron mediar especiales circunstancias. Del mismo modo en que la existencia se fragmenta, entre real y virtual, y la relación entre ambas ya no se resuelve en rituales mágicos que invocan a las fuerzas del orden cósmico, para que nos sean propicias en esta existencia, sino que se articulan en relatos de diversa carga moral, según los cuales los comportamientos humanos nos harán merecedores del tránsito al deseado, por sensual o ingrávido, más allá. Quizás se trata sólo de una promesa de un tiempo estático, o finalmente de un no tiempo. Que en las sociedades nómadas, donde en la fertilidad es esencial el tiempo, es relativamente importante, pero que en las sedentarias es medida esencial de los acontecimientos vitales para la supervivencia tales como la siembra, la recolección, etc. La propiedad privada y las técnicas de producción van a condicionar las cuatro dimensiones geométricas (superficies, volúmenes,…) y el tiempo en lenguajes y en culturas, en definitiva, a través de las que el ser humano intervendrá en su entorno. Las dimensiones geométricas son dominadas y manejadas expertamente con una cierta eficacia pero la dimensión temporal, especialmente en la cultura occidental, no se entiende bien, y sobre todo no se acepta su devenir incontrolable en la vida humana y en relaciones sociales. Las pirámides faraónicas son paradigma de un fracaso en esa numantina resistencia al fluir del tiempo en determinadas culturas que nos son próximas. Lo que Napoleón veía: 40 siglos contemplándonos, para nuestra mirada contemporánea representan el proceso de deterioro, lento pero en progreso, de un proyecto imposible fracasado. Detener eternamente el tiempo, construir el no tiempo. Pero la cuestión de fondo no será el imposible proyecto de no construir el no tiempo, sino el más accesible de representar el no tiempo. En la arquitectura occidental este asunto ofrece un hilo conductor para entender de qué modo se jerarquizan las clases sociales, y de qué manera este objetivo se exalta por encima de consideraciones funcionales, culturales e incluso éticas. Por un lado las instituciones y clases dirigentes, especialmente en Occidente, se empeñan en ese objetivo, en tanto que la construcción cotidiana, ésta sí y sobre todo, al servicio de los requerimientos de supervivencia, se esmera en generar procedimientos eficaces de construcción, en la rapidez de respuesta, economía de medios y recursos y utilidad habitacional y productiva. Estas reflexiones se prueban en el modo en que la arquitectura del siglo de Pericles culmina la transformación a piedra de procedimientos de construcción venidos de arquitecturas de lo cotidiano, y al hacerlo trasciende forma y figuración en un nuevo lenguaje sofisticado y difícilmente accesible al no iniciado, y del 082 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente modo en que la arquitectura griega versiona los materiales perdurables en los procedimientos constructivos que había habilitado para la supervivencia humana, que evidencia lo expuesto. EN TIEMPO COMO INGENIERÍA CONSTRUCTIVA Contraponer cómo el tiempo se suspende melancólicamente en la arquitectura institucional; o cómo el tiempo sustenta ejemplarmente procesos y tecnologías eficaces a partir de las categorías que Semper establecía; excavar, apilar y tejer como habilidades antropológicas del hombre para transformar el medio (en la yurta de Mongolia, la tienda de Gabia Tuareg, el igloo, el innuit, etc.), que han pervivido durante milenios una vez alcanzada la excelencia. Todo esto permite abrir un debate dialéctico oportuno del que pretendo avanzar ciertas cuestiones. Los biólogos están habituados a trabajar sobre el fluir del tiempo (en palabras de Elisa Herranz, “a tomarle el pulso al tiempo”), de modo que la ciencia que los ocupa contempla la vida como un fenómeno en continua mutación, desde la célula primordial a las especies evolucionadas y en evolución actuales, y de cómo la existencia es inexplicable si no es como acontecimientos a largo, medio y corto plazo; el principio, el tránsito y el fin de cada individuo, entendido en el inmenso arco desde el principio, el tránsito y el fin de su especie y de cómo el individuo es el test puntual, y sólo eso, de un coste infinitesimal del proceso. Una mirada análoga a la del biólogo sobre el proceso evolutivo de una especie arquitectónica nos mostraría, en primer lugar, la heteronimia respecto del medio, muy similar a la que determina las mutaciones selectivas de las especies animales según el medio, los recursos, etc., y la sabiduría con que esa especie arquitectónica ha concluido en una genética ejemplar. Construir el proceso evolutivo de la yurta de Mongolia, paralelamente a la tienda nómada tuareg, y su especificidad medioambiental, ejemplarizaría claramente lo dicho. Ambas son resultado de un proceso de optimización tecnológica; mínimo peso-máxima eficacia. En los dos casos se utilizan los recursos a la mano; pieles de animales del medio y varas de la foresta disponibles para cubrir, atar o coser. Sin embargo, la respuesta al clima define resultados racialmente diferentes. En tanto la yurta es esencialmente un cobijo hermético, o bolsa de calor humano y animal, la tienda de jibia y similares son un sombrajo ventilado que, ocasionalmente, permite clausurar el espacio humano frente a las tormentas del desierto. Muestran el tiempo en el proceso de evolución y depuración de la ingeniería como podríamos leer en una bicicleta. No un tiempo directo, aquel que se ha empleado en construir y montar las piezas, sino el tiempo transcurrido en el proceso evolutivo, desde la rueda primigenia, de piedra o madera maciza, y su costoso aligeramiento por los radios hasta el cambio de la forma de trabajo de compresión a tracción en una larga mutación hacia el objeto (antropológicamente hablando) que permite al ser humano multiplicar varias veces su capacidad biológica de trasladarse sobre la superficie de la tierra. Una posible organización de estos conceptos expuestos correspondería a hablar de: • Un tiempo detenido; construir el no tiempo. Imposible propósito de la cultura occidental y periférica. • Un tiempo mutacional que depura y perfecciona los artefactos que el ser humano emplea para habitar en el medio. • Un tiempo virtual nutrido del conocimiento humano en el que se recogen las experiencias vitales e intelectuales de la humanidad construyendo un lenguaje superpuesto a la actividad del homo faber sobre el espacio en el que opera. • Un tiempo inherente a la operación edilicia y a sus procesos. Esta última perspectiva da lugar a un amplio repertorio de asuntos proyectuales a disposición del arquitec- to y se refiere directamente a los estados intermedios del proceso constructivo. El profesor Salvador Pérez Arroyo resume que en la historia de la arquitectura, simplificando, en unos pe- Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 083 riodos la construcción va por delante de la forma y en otros la forma por delante de la construcción, y lo explica sobre el periodo gótico en el que la construcción es el objeto del proyecto colectivo… Espacios mayores, con huecos mayores y mayores luces en todos sus tramos, y lo refiere al Renacimiento italiano, en el que desde sus inicios (Santa María del Fiore de Brunelleschi), la forma se anticipa a la construcción, lo que significa un ambicioso proyecto de anticipación espacial y formal al precio de una construcción y una figuración vasalla de aquélla. Interesa reflexionar sobre la condición intensamente dinámica de la percepción temporal de ambos ejemplos. Una catedral gótica del siglo XIII es un espacio cinematográfico tanto interna como externamente. La fachada principal, cuando la hay como tal, es tratada con una intensidad comedida porque lo que interesa no es la arquitectura como representación del espacio, en términos del profesor A. Fernández Alba, sino la arquitectura como problema de construcción del espacio. En la arquitectura gótica el proceso constructivo es extremadamente transparente, alcanzando un poder didáctico altísimo a pesar de su complejidad. La cúpula del Duomo de Florencia responde a entender la arquitectura como problema de representación del espacio, según el citado profesor Fernández Alba. Esta obra maestra del proyecto cultural renacentista, radicalmente subversiva respecto del largo periodo monárquico clerical medieval, supone apostar por un documento de “fotofinish” de espacio y forma en el que, de modo magistral pero evidente, han sido simplificados los problemas constructivos encomendando a zunchados ocultos la resolución de los esfuerzos horizontales de la pieza protagonista del proyecto. Mientras que para informar del gótico es preciso una cámara cinematográfica, para la arquitectura renacentista, es suficiente un buen encuadre fotográfico. Los estados intermedios de los procesos constructivos y de otros mecanismos relativos a la construcción ofrecen una amplia oferta de contenido cultural para la función arquitectónica sobre los que conviene reflexionar. Efectivamente, la belleza de la arquitectura gótica (sin detrimento de otros estilos y periodos) radica de modo particularmente intenso en el perfil de “obra inacabada” con que nos llega. No es casual que eran asuntos transgeneracionales con trascendencia histórica tal que generarán formas de asociación productiva, estructuras urbanas aledañas y transmisión horizontal del conocimiento y del comercio. El propósito colectivo, y repito transgeneracional, era la construcción, la pura y dura construcción del espacio arquitectónico. Construcción en progreso, de modo que sobre el modelo precedente el consiguiente avanzaba, más o menos, en conceptos tectónicos, ambientales, etc., pero rara vez interesaban los objetivos retóricos de una arquitectura, representando algo más allá que el propio éxito colectivo del ser humano. Sobre esa empresa, complejamente entramada con la economía, la sociedad, los gremios, etc., algún maestro era convocado para implantar una capilla, una portada, un transparente, etc. Y todo ello pervive con suficiente evidencia en el resultado que hemos heredado. Sobre su fábrica podemos leer cada paso de la historia en su contexto. No está el tiempo detenido en la forma, sino sobre todo en la belleza de sus estados intermedios. Los estados intermedios de la construcción del espacio contienen la genética del proyecto sobre la que concurren, explícita o implícitamente, todos los condicionantes y propósitos del proyecto arquitectónico. La habitual cultura de los esfuerzos tecnológicos por construir una “fotofinish”, aunque con ello se oculte el 90% de la tecnología que lo hace posible, o la cultura del “empapelado” arquitectónico, ocupado en envolver en pieles de vidrio, de piedras (imitando sillerías), de falsas lamas de madera, etc., dirigen lamentablemente el discurso arquitectónico a la amígdala cerebral, habilitada para percibir los estímulos más simples e infantiles… Los estímulos políticos frente al discurso dirigido al córtex, a la superficie del cerebro, desarrollado por el ser humano, capaz de asimilar los mensajes sofisticados de la cultura compleja y evolutiva del homo faber. 084 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Mantener que la arquitectura que proyectamos es sólo un “flash” instantáneo en un amplísimo arco, desde la era en la que la materia prima se cocía en el magma terrestre, hasta que lo que con ella manufacturamos y organizamos en el espacio vuelva al nicho ecológico. Mantener que el tiempo en el que el artefacto que construimos es un breve periodo hiperdinámico, donde todo (uso, propiedad, materia, etc.) fluye, y mantener, en fin, que la arquitectura tiene fecha de caducidad, y que ésta está más próxima que nunca del tiempo de nuestras decisiones de diseño, quizás nos indujera a proyectar con el objetivo esencial de cómo se desmontan y reciclan nuestras decisiones de proyecto, y sobre todo nos sacaría de nuestros estándares para desarrollar en nosotros el rol, casi antropológico, del arquitecto de campo. EL TIEMPO: RITUAL EN LA CONSTRUCCIÓN La arquitectura y el urbanismo dogon, etnia de Malí, responde esencialmente a rituales mágicos concernientes, fundamentalmente, a la fertilidad. Sobre la importancia de lograr un espacio habitable flota la trascendencia del proceso constructivo como invocación a las fuerzas del cosmos para que sean propicias. El proceso constructivo deviene en una lenta y minuciosa ceremonia chamánica de sortilegios, augurios y auspicios sobre la que, precisamente, se modela el resultado arquitectónico del que su habitabilidad es asunto adjetivo. Una vez establecidas sus características dimensionales y programáticas, definidas por el número de tatamis que la conforman, la arquitectura doméstica zen obedece a sofisticados rituales constructivos. Desde su arranque en contacto con el suelo o el establecimiento de la línea de flotación de su uso hasta la selección, uno por uno, de todos los elementos a utilizar o su más o menos intenso tratamiento que, en algunos casos, llega a niveles de sofisticación increíbles. Es en esa ceremonia espacio-temporal y es el ritual constructivo el que garantiza la durabilidad y eficacia habitacional, tanto en el plano biológico como en el cultural de la arquitectura, de tal modo que el palacio imperial de Katsura sólo será una gran vivienda de cientos de tatamis, sólo eso, pero todo eso. En el templo sintoísta de Ise, el más importante de Japón, un pabellón del amplio complejo ocupa alternativamente dos solares rectangulares idénticos. Cada 20 años se desmonta el templo y se apilan ordenadamente sus componentes. Imaginamos que serán sustituidos los ya inservibles (como el mango del viejo martillo indispensable para el anciano carpintero) y mañosamente será construido en el solar alternativo. Este ritual se entiende como purificador del templo ¿o de sus monjes? Ciclo de 2 décadas que viene repitiéndose desde hace siglos. Tan presente es el templo real construido como el espacio expectante colindante y la medida de espacio y tiempo construyendo intensamente el lugar. Templo de Ise (Japón). Prefectura de Mie. Dibujo de Kazuo Hozumi (1983). Fuente: NISHI K.; HOZUMI, K. (1983) What is the Japanese Architecture? A survey of traditional Japanese Architecture. Tokyo: Kodansha International, 1983 Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 085 02_Cartografías del tiempo Mobilis in mobili : moviendo el tiempo pasado Marta García de Casasola Gómez Cuando el espacio entra por la puerta el tiempo sale por la ventana: Postmodernismo e interdisciplinariedad Manuel Almagro FiloAtlas breve, sobre el manejo del tiempo Grupo de investigación OUT_Arquías. Investigación para los límites en arquitectura Una fotografía es siempre un reflejo de la muerte. Un interespacio entre el pasado y el futuro, que se presenta al ser observada. Fragmento amable y áspero, estereotipo del todo. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 095 e inherente. Se trata, por diferencia, de entender que las restituciones no son la descongelación de la sabia auténtica del edificio, sino lo que su autenticidad, su ipseidad, sin salirnos de Heidegger, se encuentra cuando deja de reconocerse como cosa entre las cosas, cuando se adelanta siempre a sí mismo como proyecto o como cuidado. Proyecto, no es la instrumentación para la intervención, sino lo que se proyecta hacia delante. Como dice el tándem Morin / Baudrillard, asimismo desde Heidegger, ‘el origen no está detrás de nosotros, está delante de nosotros’. Ahora, proyecto, si está en condiciones de hacerse cargo del problema del tiempo. Y es que es fácil superar el pasado, pero no superar lo que hace superar el pasado” (GUERRA DE HOYOS; TAPIA MARTÍN, 2008: 194). Esta aclaración sobre la autenticidad proporciona un giro en el sentido hacia el que se dirige la mirada, de tal forma que adquiere especial protagonismo la acción de proyectar sobre las cosas que se había perdido en gran parte de los posicionamientos patrimoniales consolidados a lo largo del siglo XX. Incluso se define autenticidad como ipseidad, mismidad5, aquello que tiene que ver con la identidad, en este caso identidad de los bienes culturales con toda la ambigüedad que implica el concepto. De este modo, se detecta la imposibilidad de conservar la autenticidad de los objetos patrimoniales sobre la que insiste la mayoría de las cartas y textos internacionales de referencia, reconociendo la complejidad que implica proyectar sobre los mismos para seguir construyendo esa autenticidad que está por-venir. La aproximación a lo patrimonial, por lo tanto, implica situarse en un terreno movedizo, aparentemente situado en el presente. En un presente que no existe, sino que se caracteriza por ser un estado en transiquímica antropología turismo salud comunicación geografía geología biología arqueología arquitectura historia arqueología / arquitectura Modelo de pensamiento del siglo XX en relación a lo patrimonial Modelo de pensamiento contemporáneo en relación a lo patrimonial. Patrimonio s. XXI: patrimonialistas produciendo discursos genéricos, no específicos El objeto es una sección (NAVARRO BALDEWEG,2001). Croquis de la Ensenada de Bolonia. 2003 096 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente ción entre el pasado y el futuro. El reconocimiento del pasado que está pasando nos conduce a dos situaciones: aquella en la que el presente se define a partir de un pasado que se actualiza -que al ser comprendido desde una posición contemporánea implica una necesaria traslación de lo que ha ocurrido y que ahora se desplaza-, y aquella en la que se entiende el pasado como posible futuro, en el sentido de aquello que se proyecta. A propósito de esta idea de estar en movimiento dentro de algo que se mueve, P. Sloterdijk, en sus conversaciones con Hans-Jürgen Heinrich en El sol y la muerte, perfila el concepto heideggeriano de “desasimiento”, como una actualización de esta idea de búsqueda de quietud después del movimiento, que ahora desemboca en un reconocimien- to de que “la quietud es posible en el movimiento”6. Esta es una de las múltiples reflexiones que se hacen para caracterizar a la complejidad contemporánea que, en este caso, se realiza a partir de un fragmento de un pasaje de un discurso acerca del tiempo de un sacerdote zen de la primera mitad del siglo XIII, Eihei Dogen, y que termina así: “Todo Ser en el conjunto del mundo es Tiempo separado en un continuo. Y puesto que el Ser es Tiempo, yo soy mi Ser Tiempo”. La propuesta, a partir de la cual se pretende reconocer la metodología de lo que se ha denominado proyecto patrimonial7, consiste en reflexionar sobre si esta definición de lo patrimonial está relacionada con la conceptualización del objeto como “cosa”, con su evolución y con la necesidad de representar realidades complejas constituidas por objetos que no tienen límites. Una mirada deconstructiva posibilita la definición metodológica que viene a resolver el punto de encuentro, ese escenario de trabajo difícil de definir al que la arquitectura debe incorporarse (desde lo contemporáneo). Para ello se acepta la propuesta que Navarro Baldeweg nos hace en la definición del objeto contemporáneo como sección8, Cartografía contemporánea que pretende visualizar la evolución de la definición del objeto patrimonial desde la cronología de los siglos XX-XXI, incorporando diferentes capas que van desde la arquitectura al conjunto de textos y cartas internacionales de referencia, así como la bibliografía que construye el suelo teórico sobre el que se soporta la investigación. El establecimiento de relaciones empieza a generar interpretaciones que, a modo de diagnóstico, ofrecen una lectura del tiempo capaz de dar cuenta de este presente en continuo cambio Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 097 trazando una definición que trasciende lo físico, en el que tiene cabida lo inmaterial, así como los diferentes estratos que entran en juego, y que requieren de una aproximación a diferentes escalas, resolviendo la delimitación del bien a través del horizonte (representado en la línea de tierra que tiene cualquier corte transversal). La aproximación a lo patrimonial implica, por lo tanto, la definición de herramientas de visualización de las investigaciones aportadas, capaces de producir mapificaciones y cartografías que representen la superposición de capas (temporales y espaciales) que caracterizan a un elemento del pasado. Asimismo, esta lectura representa el siglo, en el sentido de que la ubicación e interpretación de estos estratos, en la mayoría de los casos, constituye una genealogía capaz de dar cuenta de la teoría de intervención en patrimonio en la que estamos inmersos9. Esto viene a reforzar la idea de que lo patrimonial no puede aislarse y debe ser entendido en relación con la arquitectura, como respuesta, primero, a la globalización y, segundo, a una sociedad en crisis. MAPA DEL PASADO QUE ESTÁ PASANDO En el último cuarto del s. XX se ha consolidado lo que se ha denominado la “teoría de la restauración monumental” que viene a visualizar la experiencia patrimonial de los últimos años, aportando un suelo teórico capaz de superar el debate inicial Violletle-Duc/Ruskin. Se trata de dar cuenta de todos los posicionamientos que se han ido sucediendo y que han sido descritos por numerosos autores ofreciendo las bases para la construcción de una teoría de intervención en lo patrimonial para el siglo XXI (RIVERA BLANCO, 2008). Lo que se propone ahora es aceptar que esa teoría de intervención en patrimonio no puede entenderse como algo ajeno a lo ocurrido a lo largo de la histo- [TRANSVERSALIDADES] 0.- DEL OBJETO AL PAISAJE: LOS ARCHIVOS CULTURALES (O CONFIGURACIONES PATRIMONIALES). 1.- INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PATRIMONIO (1980-1990). 2.- RECICLAJE: _espacios interculturales para un nuevo siglo. 3.- EL OBJETO DEL SIGLO: _ la conmemoración de la ausencia. 4.- SOBRE LO NUEVO: LO PATRIMONIAL. 5.- INDUSTRIAS HIPERMODERNAS 098 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente ria de la arquitectura del s. XX, más aún cuando nos encontramos en una situación cultural/social que demanda más que nunca la recuperación del pasado como mecanismo sostenible pero, sobre todo, como mecanismo de incorporación de lo que ya no está y quiere recuperarse. El mapa del pasado que aquí se presenta (sintetizado)10, parte de una cartografía trazada sobre una cronología del siglo XX, basada en la identificación de cinco capas de trabajo. La metodología desarrollada construye una genealogía de la definición del objeto patrimonial, entendida como ejercicio de comprensión de lo patrimonial. Para ello se establece como base la cronología en la que, a partir del debate inicial ya mencionado, se introducen aquellas teorías de la restauración que se han ido sucediendo a lo largo del siglo y que en la mayoría de los casos se trazan como lecturas de las anteriores y desarrollo de las mismas. Se construyen dos líneas que estructuran la genealogía: 1ª. La evolución de la definición del objeto patrimonial, construida a partir de la evolución del objeto artístico. 2ª. La teoría de la restauración monumental aceptada y desarrollada por numerosos autores a lo largo del siglo XX (capa 1: Legislación, cartas y textos; capa 2: instituciones del patrimonio histórico/especialización). Sobre ellas se superponen las siguientes: • Cronología de la arquitectura del siglo XX centrada en aquellos proyectos que presentan un punto de partida común: intervenir sobre el pasado e incorporar la transferencia de conocimiento como parte del proyec- to (capa 3: arquitectura). • Inserciones, acontecimientos relacionados con la historia y la cultura del siglo XX que se consideran determinantes para comprender el mapa que se está dibujando (capa 4: inserciones). En el caso de la historia, los períodos de entreguerras, la caída del muro de Berlín, el 11S y 11M, son considerados como los grandes acontecimientos a partir de los cuales se reconoce la conmemoración de la ausencia como mecanismo de proyecto y como respuesta contemporánea. La cultura del siglo XX se representa incorporando referencias a las vanguardias (fundamentalmente el papel desempeñado por los ready-made), así como otros acontecimientos como la primera emisión de TV o el inicio de internet civil a finales de los 80. La bibliografía (capa 5) traduce el soporte teórico en el que se sustenta la investigación y que se alimenta fundamentalmente del campo de la teoría de la arquitectura y de la teoría de intervención en patrimonio. Diagnóstico del s. XXI. El patrimonio se sitúa como actor que construye respuestas para la vida, participando en la generación de un “código base de los efectos sobre la vida humana" _turismo _medicina _política _patrimonio _ _ _VIDA El presente se representa reconociendo la aproximación que se produce entre la historia de la arquitectura y el patrimonio, campos de trabajo especializados inicialmente ajenos Arte Patrimonio Arquitectura DIAGNOSTICO del PRESENTE Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 099 LECTURAS PATRIMONIALES PARA UN NUEVO SIGLO La traslación de estos datos a la cartografía proporciona nuevas lecturas patrimoniales que sirven de diagnóstico o punto de arranque sobre el que trazar propuestas futuras. De esta forma se puede reconocer una periodicidad en la comprensión de lo patrimonial que nos ayuda a esbozar el diagnóstico de un presente, en el que apoyados en una “nueva teoría”, nueva alianza entre conocimiento y vida, reubiquemos a lo patrimonial como respuesta contemporánea. Situados en un tercer período que ya se acaba y que comienza en los 90, alcanzando su verdadera efervescencia en la primera década del s. XXI, reconocemos dos anteriores, el primero situado a principio del siglo XX y el segundo que arranca en 1945 para llegar hasta finales de los 80. Es aquí donde se desarrolla con intensidad la construcción de la teoría de restauración monumental a la que se ha hecho referencia y que transcurre de forma aislada en relación con el resto de desarrollos paralelos, en el que germinan algunas de las cuestiones que serán responsables de la situación actual, en la que la crisis demanda de un nuevo estadio en el que lo patrimonial adquiere presencia. El mapa de las páginas 96-97 permite visualizar, entre otras, las siguientes lecturas: 1. El desplazamiento (deslizamiento) que existe entre la teoría de la restauración monumental y la historia de la arquitectura del siglo XX. La arquitectura contemporánea se construye hoy a través del discurso patrimonial reconocido puntualmente en el segundo período. De esta forma, el proyecto patrimonial se consolida como posible herramienta contemporánea. 2. La “institucionalización” del patrimonio a lo largo del siglo XX y su intensificación en torno a los 90. 3. El reconocimiento de la influencia de lo patrimonial en el tercer período (1990-2010) que se ofrece como experimentación metodológica clave para abordar el papel de la arquitectura en el siglo XXI (así como su transformación en el panorama profesional). Lo patrimonial es transversal por definición, ésta es su ventaja respecto a otros posicionamientos contemporáneos. La representación de este diagnóstico del presente permite definir nuevos escenarios de trabajo que demandan de una redefinición profesional en el que las disciplinas deben realizar aperturas en relación a los campos de acción, incorporando al ciudadano como principal actor. Se trata de reivindicar ahora más que nunca el papel de lo patrimonial en la arquitectura contemporánea, ofreciendo rigor en los procedimientos aprendidos y posibilitando la incorporación de lo nuevo, de la creatividad inicialmente perdida en estos procesos, como principal aportación. Las condiciones han cambiado, y van a seguir cambiando11. Ante este panorama, en el que lo patrimonial se ha convertido en posible respuesta ante la vida, la aproximación al problema debe seguir ejerciendo la lectura crítica capaz de generar conocimiento, innovando sobre el pasado que está pasando. Notas 1 “Tan pronto como estamos sobre la pista de un cuasi-objeto, éste se nos presenta unas veces como una cosa, otras como un relato, otras como un vínculo social, sin quedar nunca reducido a un simple ente (…) De los cuasi-objetos cuasi-sujetos diremos simplemente que trazan redes. Son reales, muy reales, y nosotros los humanos no los hemos fabricado. Pero son colectivos puesto que nos ligan unos a otros, porque circulan en nuestras manos y definen nuestro vínculo social mediante su misma circulación. Son discursivos, sin embargo; son narrados, históricos, apasionados y poblados de actantes con formas autónomas. Son inestables y arriesgados, existenciales, y jamás olvidan al Ser. Este acoplamiento de los cuatro repertorios en las mismas redes, una vez que están oficialmente representados, nos permiten construir una morada lo bastante amplia como para alojar al Imperio de la Tierra Media, la auténtica casa común del mundo no-moderno y de su Constitución” (LATOUR, 1993: 134). 2 La reflexión que aquí se realiza pretende proporcionar un nuevo título para esta “nueva teoría cultural” que se inicia, que no debe cerrarse a partir de la definición de restauración, de forma que se propone la consideración del archivo cultural (GROYS, 2005) como definidor del objeto patrimonial, capaz de dar respuesta a las diferentes escalas y soportes que representan nuestro pasado y que proporcionan un escenario para dar cuenta de la definición de patrimonio que hemos atribuido a Sloterdijk y sobre la que ya se ha hecho referencia. A propósito de una reflexión sobre la creación y sobre la concepción de la vida, en las últimas páginas de su ensayo En el mismo barco, en la tercera parte del ensayo 100 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente titulada “El imperio ausente y la hiperpolítica. La metamorfosis del cuerpo social en los tiempos de la política global” dice: “Esto, para la percepción que la sociedad tiene de sí misma, produce consecuencias apenas apreciables; una sociedad de nuevos y últimos se ve a sí misma como una pandilla sin sustancia, como un espacio de incalculables vectores. En ella, el futuro apenas sí puede definirse como el continuar escribiendo lo recibido. De ahí que los descendientes tendrán una manera de heredar, y de dejar en herencia, distinta a la del mundo tradicional; de los mayores se adoptan menos las cualidades que las cantidades, y mejor oportunidades de partida que virtudes concretas; en casos de legados, se pregunta nueve veces cuánto y una vez qué. Los testamentos se transforman en un encogerse de hombros: ¿quién va a querer creerse que los que vivirán en el futuro lo tendrán mejor y lo harán mejor? En todas las partes los hombres están por convertirse en vacuidades –o en marcas registradas” (SLOTERDIJK, 2002). 3 “Una república de espacios, o un parlamento de las cosas”, en el que mediante una disolución de lo disciplinar entren en juego las diferentes actores del conocimiento para generar respuestas transversales. 4 “Se reformula, entonces, el estudio y la gestión del patrimonio, no solo como conservación y consagración de piezas con valores extraordinarios, sino como participación en los dilemas cognitivos, éticos y sociopolíticos de la interculturalidad” (GARCÍA CANCLINI, 2010: 97). 5 Según la definición de la Real Academia de la Lengua: 1. f. Fil. Condición de ser uno mismo. 2. f. Fil. Aquello por lo cual se es uno mismo. 3. f. Fil. Identidad personal (www.rae.es). 6 Esta idea radicalmente moderna de la movilidad se visualiza por Sloterdijk con referencias al capitán Nemo y su conocido “mobilis in mobili”: “Esta co-movilidad, esta marcha conjunta, este hacer surf ante la ola del ser es el desasimiento, al que consecuentemente, le es inherente una cualidad terapéutica.” (SLOTERDIJK; HEINDRICHS, 2004: 344). 7 El proyecto patrimonial está suficientemente trabajado en las sucesivas ediciones del Master de Arquitectura y Patrimonio Histórico (MARPH), dirigido por Eduardo Mosquera y José Ramón Moreno, y ensayado desde la metodología del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. 8 “Un objeto es una sección, es una porción definida en un espacio abierto de coordenadas físicas. Pensar en un objeto como sección en la masa indiferenciada de estratos materiales hace difícil una distinción convencional entre el contexto y su propia e inherente estructura, hace difícil asociar formas a límites, y refuerza, a su vez, la noción de diversidad constitutiva. En consonancia con esa materialidad diversa y diferenciada, los componentes de un objeto arquitectónico obedecerán a leyes constructivas, a geometrías y a impulsos figurativos que gozarán de autonomía, de una incondicional independencia. Podemos justamente denominar elementos, elementos de proyecto, a esas porciones particulares extraídas de la continuidad de unos estratos ilimitados. Como en el universo acumulativo de Brancusi, como en la multiplicidad gráfica de Hiroshige, los elementos convivirán libremente, sueltos. Muchas decisiones de proyecto tienen que responder a la necesidad de hallar un equilibrio entre la vitalidad de las formas que obedecen a sus propias leyes, de las formas que surgen y existen separadas, y aquellas que por fuerza ha de orientarlas a un fin común. En el proyecto, tal equilibrio se manifiesta en la tensión entre la vida independiente de las partes que intervienen en cada nivel físico y un designio unitario. Proyectar es como erigir una de esas festivas pirámides humanas cuyo momento culminante se cifra en el trepar de un niño a lo más alto. Al llegar arriba, en pie sobre el último anillo humano, el niño mira en torno suyo y nos hace ver cómo se ha adueñado de todo el espacio al alcance de su horizonte. Un obra, una suma de equilibrios, resultará tanto de lo fortuito como de lo necesario, pero parecerá estable y fácil, y hará suyo lo que se encuentra a su alrededor. Cada elemento, cada forma particular, poseerá su plenitud y deberá manifestarse así, conviviendo con otras, en una apariencia gobernada por la equidad. La equidad nos dice que estos elementos merecen un mismo trato; que han de ser empujados hacia delante para estar igualmente presentes, como ojos bien abiertos. He hablado de exaltación de la diferencia, pero también de equidad o sumisión a una ley de presencias medidas por una máxima apertura: tensión entre lo diferenciado o contrapuesto y lo homogéneo, tensión entre la excitación y la calma. Y en la percepción esto, a su vez, dará lugar a una ambigüedad oscilante entre lo aparente y lo latente” (NAVARRO BALDEWEG, 2001: 43-44). 9 “La lectura suscita sin embargo una cuestión crítica de mayor alcance, en la medida en que todo indica que tiende a ser incompatible con el diseño cronológico-causal que suele prevalecer en la exposición historiográfica. La lectura es extemporánea de raíz. Lo que significa que, lejos de atenerse –cuando se “deja llevar” en lo posible por la dinámica de los textos- a un patrón temporal prefabricado o a un esquema etiológico impuesto desde fuera, el acto de lectura produce sus propias trayectorias temporales y propicia algo semejante a una coalescencia de lo sincrónico, lo diacrónico y lo anacrónico. (…) Y para insinuar, entre otras cosas, que cuanto se podrá leer después, a pesar (o tal vez en razón) de las aparentes limitaciones del vector histórico señalado, no pretende en el fondo sino rastrear en el pasado pretextos que permitan hablar del presente evitando incurrir en el más craso actualismo o en la celebrada costumbre, hoy universalmente extendida, del ‘diagnóstico epocal’ (CUESTA ABAD, 2010: 9). 10 Este mapa forma parte de la investigación que se está llevando a cabo para la redacción de la tesis doctoral que tiene como título Memoria, Tiempo y Autenticidad: tres ficciones pare interpretar e intervenir en Patrimonio. 11 “Una época distinta se inaugura así en la historia del Patrimonio, en la que tanto sus categorías, axiomáticas, procesualidad, gestión e instrumentación deberán ser re-visadas -¿desrestauradas?- como paso previo a un último encaje -dócil o alternativo- en la cultura del espectáculo” (MORENO PÉREZ, 2008: 146). Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 101 Bibliografía BUCI-GLUKSMANN, C. (2007) Estética de lo efímero. 1.ª edición 2003. Madrid: Arena, 2007 CUESTA ABAD, J. M. (2004) Juegos de duelos: la historia según Walter Benjamín. Madrid: Abada, 2004 CUESTA ABAD, J. M. (2010) La transparencia informe. Madrid: Abada, 2010 CHOAY, F. (2007) Alegoría del patrimonio. 1.ª edición 1992. Barcelona: Gustavo Gili, 2007 DIDI-HUBERMAN, G. (2010) En la noche de la historia. Iluminaciones, Revista de arquitectura y pensamiento, n.º 1, 2010, pp. 7-10 EISENMAN, P. (1986) Moving Arrows, Eros, and Other Errors: An Architecture of Absence. London: Architectural Association, 1986 FERNÁNDEZ-BACA CASARES, R. (2004) Patrimonio cultural: contexto, valores e intervención. Neutra, n.º 11, 2004, pp. 22-25 FERNÁNDEZ-BACA CASARES, R. (1996) La Ciudad Patrimonial. PH: Boletín del IAPH, n.º 14, 1996, pp. 88-95 FOUCAULT, M. (1983) El orden del discurso. 1.ª edición 1970. Barcelona: Tusquets, 1983 FREIRE, J. (2011) Ecosistemas de aprendizaje y tecnologías sociales (en línea) Ponencia impartida el 19 de mayo de 2011 en el primer encuentro TEDxUIMP organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Madrid. <http://tedxtalks. ted.com/video/TEDxUIMP-Juan-Freire-Ecosistema> (consulta: 30/01/2012) GARCÍA CANCLINI, N. (2010) La sociedad sin relato: antropología y estética de la inminencia. Buenos Aires: KATZ Editores, 2010 GONZÁLEZ SANDINO, R. (1996) La dificultad de leer una obra de vanguardia. Material inédito. Apuntes de clases de Teoría de la Arquitectura. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla (Curso 1996-97) GROYS, B. (2005) Sobre lo nuevo. Ensayo de una economía cultural. 1.ª edición 1992. Valencia: Pre-textos, 2005 GUERRA DE HOYOS, C.; TAPIA MARTÍN, C. (2008) Restauración y Arquitectura contemporánea: posibilidades, alternativas y cuestionamientos. En ACTAS de la III Bienal de Restauración Monumental. Sobre la des-Restauración (Sevilla, 2006). Sevilla: Consejería de Cultura, IAPH, Academia del Partal, 2008, pp. 191-195 LAHUERTA, J. J. (1989) 1927. La abstracción necesaria en el arte y la arquitectura europeos de entreguerras. 1.ª edición 1984. Barcelona: Anthropos, 1989 (Colección Pensamiento Crítico/Pensamiento Utópico) LATOUR, B. (1993) Nunca hemos sido modernos. Ensayo de antropología simétrica. 1.ª edición 1991. Madrid: Editorial Debate, 1993 LIPOVETSKY, G.; CHARLES, S. (2006) Los tiempos hipermodernos.. Barcelona: Anagrama, 2006 (Colección Argumentos) MORENO PÉREZ, J. R. (2008) Del trato de las cosas cubiertas por las cenizas del tiempo. Sobre la desrestauración de lo patrimonial. En ACTAS de la III Bienal de Restauración Monumental. Sobre la des-Restauración (Sevilla 2006). Sevilla: Consejería de Cultura, IAPH, Academia del Partal, 2008, pp. 143-146 MORENO PÉREZ, J. R. (2004) Impacto máximo, obsolescencia inmediata: re-ciclaje. 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Barcelona: Paidós Ibérica, 2008 VELA CASTILLO, J. (2011) Ruina, archivo, fecha. (Y el tiempo) de la arquitectura. Iluminaciones, Revista de arquitectura y pensamiento, n.º 3, 2011, pp. 36-47. WAJCMAN, G. (2001) El objeto del siglo. 1.ª edición 1998. Buenos Aires: Amorrortu, 2001 104 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Hablar de postmodernismo o postmodernidad significa, implícitamente, estar hablando sobre un determinado periodo de la cultura occidental. Es decir, significa estar invocando el concepto o el proceso de periodización, algo que cada vez más se ve cuestionado. Precisamente desde el postmodernismo se nos ofrecen instrumentos e indicaciones sobre la conveniencia de cuestionar la compartimentación de la progresión cultural en términos de diferentes épocas y sucesivos periodos o movimientos. Este proceso de cuestionamiento implica reconsiderar la naturaleza de un texto o de cualquier otro objeto cultural que también pudiéramos calificar como texto (un cuadro, un edificio, una película, un evento histórico). Asimismo nos daría pie a cuestionar la identidad del texto en razón a, por ejemplo, una supuesta filiación estética cerrada y claramente definida. Igualmente nos permitiría re-evaluar las posibilidades de interacción entre diferentes textos, tanto en el sentido específico convencional como en el más amplio que acabo de sugerir. En última instancia podríamos pensar que también aquí, con la imprescindible presencia de un lector que actúa a la manera de un atractor extraño, es posible a partir de material de diverso origen organizar patrones de representación de los cuales se pueden extraer algún significado. When space comes in at the door, time flies out of the window: Postmodernism and interdisciplinarity To speak about postmodernism or about postmodernity means, implicitly, to be speaking about a certain period in Western culture. It thus invokes the concept and/or the process of periodization, something which has been increasingly brought into question. In this regard, postmodernism offers us instruments and indications about the convenience of questioning the compartmentalization of cultural developments in terms of different epochs and successive periods, or movements. This process of questioning implies reconsidering the nature of a text or of any other cultural object that might also qualify as text (a picture, a building, a movie, a historical event). This would also lead us to question the identity of the text in terms of, for example, a closed and clearly definite aesthetic affiliation. Similarly, this would allow us to re-evaluate the possibilities of interactions between different texts, both in the specific conventional sense and in the wider sense suggested earlier. Ultimately, with the essential presence of a reader acting as a strange attractor, it would be possible to organize patterns of representation out of materials of diverse origin from which some meaning could be extracted. Cuando el espacio entra por la puerta el tiempo sale por la ventana: Postmodernismo e interdisciplinariedad Manuel Almagro Jiménez Dpto. de Filología Inglesa: Literatura Inglesa y Norteamericana, U. de Sevilla Hablar de postmodernismo o sobre postmodernidad es hablar de periodización: para empezar la propia etiqueta utilizada mayoritariamente por la crítica ya alude a un término fijado dentro de la tradición cultural occidental, modernismo, y además se nos anuncia que este otro no es más (¿ni menos?) que un “post”, un añadido, un después que le sucede cronológicamente. De esta manera, incluso en el caso de que se quisiera evitar la catalogación del postmodernismo como entidad histórica, dicha catalogación se vuelve imposible por esa doble referencia. El prefijo “post” parece además asignarle una posición secundaria, referida a otra cosa, de la que no se puede esperar en cualquier caso nada nuevo, y no olvidemos en este punto cómo el concepto de “lo nuevo” (resumido en el dictum de Ezra Pound, Make it New) marcaba de manera profunda el modernismo. Pero el proceso de periodización, y la consecuente división del transcurrir del tiempo en una determinada actividad cultural, es algo que cada vez más se ha ido viendo como la materialización de un constructo, otro más, en muchas ocasiones útil para el crítico cultural o el historiador aunque inevitablemente falsificador de lo real representado. Como en otras ocasiones, el mapa, para que sea operativo, no debe ser una reproducción exacta del terreno mismo. También desde las filas de la crítica que ha establecido una cartografía del postmodernismo se ha sido consciente de esta falsificación que se produce. Ihab Hassan, en su ya clásico Toward a concept of Postmodernism, es un ejemplo de cómo, al tiempo que se establecen coordenadas que ayudan a entender el postmodernismo, se advierte de su carácter limitador y artificial, de cómo dejan problemas por resolver, y, sobre todo, de que no podemos hacer nada al respecto. Hassan, entre esos problemas sin resolver, 112 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente FiloAtlas breve, sobre el manejo del tiempo Grupo de investigación OUT_Arquías. Investigación para los límites en arquitectura, Universidad de Sevilla Este filoatlas consta de un perfil gráfico, sección temporal instantánea (longitudinal y transversal) dentro de una representación espacial, una bibliografía de referencia sobre el tiempo, de la que se nutre la representación gráfica, y unas lexías, términos básicos para el entendimiento del tiempo-ahora. La representación gráfica se basa en una descomposición de una imagen de Étienne-Jules Marey (cronofotografía “Salto sobre el obstáculo”, 1886) y se sitúan sobre ella las investigaciones que sobre el tiempo ha realizado el grupo de investigación OUT_Arquías [HUM853] de la Universidad de Sevilla. Acontecimiento Pero si pensamos no sólo en la guerra del Peloponeso, sino también en la construcción de la Gran Muralla de China, en la peste negra, en la lucha de los bantúes contra los hamitas -es decir, en todos los acontecimientos del pasado-, las consecuencias acumuladas del principio de rebote del tiempo adquieren un peso mucho mayor. Todo lo que en el pasado les ocurrió a algunos hombres afecta virtualmente a todos los hombres de hoy. Cosa que no siempre fue verdad. En resumen: toda la historia se echa sobre nosotros y, paradójicamente, esta misma diferencia subraya nuestra ruptura con el pasado. Así, se altera fundamentalmente el alcance del cambio. A través del espacio y del tiempo, el cambio tiene, en esta octingentésima generación, una fuerza y un alcance como no los tuvo jamás (Alvin Toffler). Aperçu Breve sinopsis, intuición, idea primera que podemos hacernos de algo al verlo repentinamente. Arquetipo Un personaje, motivo, símbolo o tema que aparece frecuentemente a través de diferentes períodos literarios y que se convierte en un elemento reconocido; un tipo de símbolo universal o tradicional. Por ejemplo: Don Juan, la Madre Tierra. Cambio En la tremenda complejidad del universo, incluso dentro de una sociedad dada, se produce simultáneamente un número infinito de corrientes de cambio. Todas las “cosas” -desde el virus más diminuto hasta la mayor galaxia- son, en realidad, no cosas, sino procesos. No hay punto estático, una inmutabilidad feliz, que sirva para medir el cambio. Por tanto, el cambio es necesariamente relativo. (...) Sin embargo, necesitamos un patrón que nos permita comparar unos procesos sumamente diversos, y ese patrón es el tiempo. Sin el tiempo, el cambio nada significa. Y sin el cambio, el tiempo se detendría. El tiempo puede concebirse como los intervalos durante los cuales ocurren los acontecimientos (Alvin Toffler). Continuum Si volver presente se entiende como la repetición que restituye gracias a un sustituto, nos reencontramos con el continuum o la coherencia semántica entre la representación como idea en el espíritu que enfoca la cosa (por ejemplo, como “realidad objetiva” de la idea), como cuadro en lugar de la cosa misma, en el sentido cartesiano o en el sentido de los empiristas, y por otra parte la representación estética (teatral, poética, literaria o plástica) o, en fin, la representación política (Jacques Derrida). Cronología Es la ciencia cuya finalidad es determinar los acontecimientos históricos; forma parte de la disciplina de la historia. Cultura Una cultura es un conjunto de saberes, saber-hacer, reglas, estrategias, hábitos, costumbres, normas, prohibiciones, creencias, ritos, valores, mitos, ideas, adquirido, que se perpetúa de generación en generación, se reproduce en cada individuo y mantiene, por generación y re-generación, la complejidad individual y la complejidad social. La cultura constituye de Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 113 este modo un capital cognitivo, técnico y mitológico no innato (Morin). Deconstrucción La deconstrucción, como lectura capaz de leer el fondo del cuadro sin mirar la figura es, en cierto sentido, una interpretación del fondo mismo de virtualidades de toda significación. Deseo de pasado Develando la acción del mercado y los medios no hemos tocado fondo, hay algo aún detrás: la obsolescencia acelerada y el debilitamiento de nuestros asideros identitarios nos están generando un incontenible deseo de pasado que no se agota en la evasión. Aunque moldeado por el mercado, ese deseo existe y debe ser tomado en serio como síntoma de una profunda desazón cultural, en la que se expresa la ansiosa indigencia que padecemos de tiempos más largos y la materialidad de nuestros cuerpos reclamando menos espacio y más lugar. Todo lo cual nos plantea un desafío radical: no oponer maniqueamente la memoria y la amnesia sino pensarlas juntas (cita Martín-Barbero). Devenir Según Deleuze, no es alcanzar una forma (identificación, imitación mímesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya no quepa distinguirse de una mujer de un animal o de una molécula: no imprecisos ni generales, sino imprevistos, no preexistentes, tanto menos determinados en una forma cuanto que se singularizan en una población. Diacrónico/sincrónico/anacrónico El acto de lectura produce sus propias trayectorias temporales y propicia algo semejante a una coalescencia de lo sincrónico, lo diacrónico y lo anacrónico (Cuesta Abad). Eón Periodo de tiempo indefinido e incomputable. El es tiempo necesario a la luz para hacer el perímetro del universo. Época axial El filósofo alemán Karl Jaspers definió la Era axial (el periodo que transcurre entre el 800 a. de C. y el 200 a. de C.) como la línea divisoria más profunda de la historia del hombre, durante la cual apareció la misma línea de pensamiento en tres regiones del mundo: China, India y el Occidente. Desde la Era axial, las diferentes regiones de la tierra nunca más tuvieron el mismo paralelismo. Según Jaspers, el humano, como lo conocemos hoy, nació entonces. Él no pudo vislumbrar ninguna conexión para este suceso, y ningún dato prueba una interconexión entre los pueblos mediterráneos, India y China en este periodo. Esfera noológica Constituida por el conjunto de los fenómenos llamados espirituales, es un universo muy rico que comprende ideas, teorías, filosofías, mitos, fantasmas, sueños. La idea aislada y el gran sistema teórico, el fantasma y el mito, no son “irreales”. No son “cosas” del espíritu, son la “vida del espíritu”. Son seres de un tipo nuevo, existente informacionales de dimensión cero, como la información, pero que tienen los caracteres físicos fundamentales de la información e incluso ciertos caracteres biológicos, puesto que son capaces de multiplicarse extrayendo neguentropía de los cerebros humanos y, a través de ellos, de las culturas que los irriga; nuestros espíritus, y más ampliamente nuestras culturas, son los ecosistemas donde encuentran no sólo alimento, sino fortuna y riesgo. Espacio-tiempo Toda época es causa y efecto, a la vez, de lo que podríamos denominar la “curvatura” de su espaciotiempo tanto a un nivel local como global. Nunca ha existido un espacio/tiempo social, ya sea el burgo medieval, la ciudad santa barroca o los modernos bulevares de Haussmann con una curvatura cero. Sin embargo, toda sociedad (y esto es decisivo) se sueña y se postula, imaginariamente, como curvatura cero, o sea, puro plano normal de consistencia, coexistencia espacio-temporal de grado cero, como una suerte de en-sí, autoevidente, de su propia e irreductible espacio-temporalidad. La experiencia espacio-temporal de un ser humano se configura, de este modo, por el cruce complejo y, a menudo, contradictorio entre ambas “curvaturas”, externa e interna (Luis Castro Nogueira). 114 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Espacio topológico El espacio topológico se representa por una superficie elástica, lo que gobierna son las relaciones de entorno o proximidad, de envolvimiento, continuidad, separación y orden. El espacio topológico es un espacio en movimiento, donde priman los términos de recorrido, que permiten explorar en cortos desplazamientos nuevos aspectos del espacio -el laberinto es un prototipo de espacio topológico-. Un espacio secuencial que depende del tiempo, luego en movimiento. Un espacio donde exterior e interior son dos caras de lo mismo y no existen por separado (José Vela Castillo). Evenencialidad Lo que corresponde a una organización constituida por eventos y productora de eventos, es decir, neguentrópica (Morin). Evolución Término general, pero con un doble significado, que sirve para designar los cambios del comportamiento de un sistema. Cuando estos cambios se expresan en función del tiempo reversible, se trata de una evolución interna hacia el equilibrio; pero si son estos cambios los que definen el tiempo irreversible, el tiempo histórico, se trata de la evolución externa hacia el estado estacionario con formas superiores de organización. La ciencia moderna busca leyes unificadoras de esta doble evolución (Nieto de Alba). Época Mientras que el pasado todavía está oculto y espera, por así decirlo, el despertar de sus posibilidades supremas, el presente, en cambio, significa la pretensión de aprehender lo que está en el tiempo. El pensamiento de Nietzsche, referido al pasado, así como su imaginación del futuro, parten de la conciencia que tenía del presente. Pregunta acerca de lo que acontece ahora (Karl Jaspers en "Nietzsche", definiendo la "época contemporánea"). Espacio/tiempo social El espacio/tiempo social parece inextricablemente trenzado, entrelazado, tramado y urdido por una pluralidad de tensores o fuerzas imaginarias, precisamente en la medida en que son reales y materiales. La polis clásica, una ciudad dormitorio del sur de Madrid o un sweat-shop californiano son, en este sentido, plektópoi: espacio/tiempos plegados/clausurados por dimensiones que se enmadejan de un modo tan irreductible como enigmático (Luis Castro Nogueira). Información Hasta épocas recientes, se consideraba la información como mera estadística en un universo material y tangible que existía más allá del territorio gobernado por las leyes de la física y con las cuales era esencialmente incompatible. Este punto de vista es actualmente obsoleto. (...) Considero que mi vida en la física se divide en tres períodos. En el primero estaba casado con la idea de que todo era partículas...en mi segundo período todo era campos... Ahora mi nueva visión es que todo es información (Wojciech Zurek). Filoatlas El Manual para la emigración de los judíos es el tercer volumen de una serie de filo-enciclopedias de orientación en el éxodo por la represión nazi. Ya en 1934 apareció el Manual del conocimiento judío, que se reimprimió cuatro veces hasta el final de 1937. En 1936, el Filo-Lexikon cita las palabras de los judíos. El filo-Atlas fue, finalmente, el último libro publicado por un editor judío. En diciembre de 1938 fueron detenidas todas las actividades de publicación judía. La Asociación Central y de Socorro de la Asociación de Judíos en Alemania participó en la concepción de este manual. El filo-Atlas reseñaba más de 800 palabras, 19 mapas en color, cuadros y gráficos sobre la población, las comunidades judías, teléfono y tarifas postales, el costo de la vida en el extranjero y demás. El atlas muestra, ocultos en diversas palabras-clave, materiales, preocupaciones y temores sobre el futuro, las pruebas y dificultades de los judíos alemanes para emigrar. Aunque cuando se publicó ya denotaba retraso, su intención fue responder marcadamente a las intenciones de una época. No se reseña para un entendimiento genérico de un usuario potencial, sino para aquél que requiere una comprensión concreta por la presión de su momento temporal. Flecha del tiempo Término inicialmente abanderado (1927) por A. S. Eddington para señalar la direccionalidad del tiempo. Se oponía al tiempo cíclico, en perpetuo retorno, que Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 115 tanto estudió, por poner por caso, Mircea Eliade en la historia de las religiones. Flecha psicológica Es la dirección del tiempo en la que nosotros sentimos que pasa el tiempo, la dirección en la que recordamos el pasado, pero no el futuro. Para Hawkings la flecha termodinámica coincide con la flecha psicológica. Flecha cosmológica Es la dirección en la que el universo está expandiéndose en lugar de contraerse. Flecha termodinámica Es la dirección del tiempo en la que el desorden o la entropía aumentan. Genealogía Es percibir la singularidad de los sucesos fuera de toda finalidad monótona; encontrarlos allí donde menos se espera y en aquello que pasa desapercibido por no tener nada de historia -los sentimientos, el amor, la conciencia, los instintos-, captar su retorno, pero en absoluto para trazar la curva lenta de una evolución, sino para reencontrar las diferentes escenas en las que han jugado diferentes papeles; definir incluso el punto de su ausencia, el momento en el que no han tenido lugar (Foucault). Heterocronías Todos los tiempos en un tiempo: el lugar de la modernidad (Foucault). Hinterwelt O trasmundo, una realidad fáctica positiva por detrás de la realidad, una metafísica que cobija nuestra incapacidad de asumir nuestro tiempo sensible. Historia del presente Los alemanes la llaman Zeitgeschichte y Koselleck dice que es un bello concepto difícil de definir. Historicidad Es un término tornado de la filosofía de la historia con el que no sólo se hace referencia al paso del tiempo -1999 viene después de 1998- sino al hecho de que algo ocurre en el tiempo, es decir, que la historia no es únicamente algo que simplemente pasa, sino algo que genera transformaciones, algo no sólo compues- to por fechas sino por acontecimientos, no integrado sólo por intermediarios sino por mediaciones (Latour). Identidad La complejidad de un individuo más su capacidad de anticipación respecto del entorno, es igual a la certidumbre del entorno más la capacidad del individuo para cambiar el (o de) entorno. Analizando los cuatro conceptos: La complejidad mide la variabilidad de estados accesibles al individuo vivo. Es una expresión de su identidad. Se mide en unidades de información. La incertidumbre es la complejidad del entorno. Expresa la variabilidad de estados accesibles al entorno. La capacidad de anticipación de un ser vivo expresa la variabilidad de los estados accesibles (o complejidad) de un individuo vivo, una vez fijados (o conocidos) los estados accesibles del entorno. La capacidad de cambiar el (o de) entorno, una vez fijados (conocidos) los estados accesibles del individuo. Es por tanto otro interesante término cruzado, el término cruzado simétrico. Expresa el impacto ambiental, pero también la manera accesible al ser vivo para introducir modificaciones en su entorno. En esencia hay dos modos: la tecnología (cambiar el entorno) o la movilidad (cambiar de entorno) (Jorge Wagensberg). Imaginación/razón Para Fernando Zalamea, el presente se observa mejor a través de sus rasgaduras, pues en los orificios se multiplican tanto la imaginación (espacio: invención de ramificaciones visuales), con la razón (tiempo: percepción de variedades argumentales). Incluido el pasado en el presente Se trata de estudiar en este libro del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico a Aion frente a Cronos, tiempo del acontecimiento frente al conteo del tiempo y a las temporalidades homo-logadas; Ápeiron frente a Kairós, tiempo en perpetuo movimiento e indefinido frente a tiempo en potencia y oportuno, frente al instantiated time anglosajón: lo subjetivado, hipostasiado, lo que se halla dentro. Dice José Ramón Moreno Pérez: “nunca como hasta ahora se ha tenido plena conciencia de que en 116 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente el presente se pueda ahorificar el pasado, es decir, que el presente sería el momento de una convocatoria del pasado donde éste se viviera de una manera plena -hablando desde una concepción meramente arquitectónica y no desde una concepción cultural-, incluso superior al momento reconstruido. Pero también que la Arquitectura tendría además en esa convocatoria, el poder de hacer cohabitar, en una operación contrahistórica en la misma obra, momentos de distinta procedencia, de distinta datación temporal. Esa cohabitación constituiría, al igual que en el otro caso, la base material sobre la que construir un fundamento, que sólo se hace presente en la propia representación de la obra”. Infancia La infancia… Los poetas la cantan hasta la saciedad. No saben qué recuerdan, nombran un objeto u otro, un lugar, un sabor, lo nombran con nostalgia. Rara vez saben que recuerdan otra cosa, algo que acompañaba aquel trompo, aquel juguete, aquella risa, aquella voz, algo que acompaña aún, leve, inasible, la imagen de los objetos. Y lo que recuerdan es el gozo, el gozo interrumpido que ha quedado atrapado en las imágenes y que aguarda, en la memoria del cuerpo, en los poros del mundo, a que lo recobremos (Chantal Maillard). Intrahistoria La historia concebida como la experiencia del individuo o de la colectividad ante sus circunstancias históricas. Irreversibilidad Evolución de un sistema en un solo sentido, que da origen a una flecha del tiempo. Memoria La memoria no es una facultad del alma, sino el alma un producto de la memoria, a juicio de José Luis Pardo. Sin embargo, según Paolo Virno, “hoy la memoria se manifiesta explícitamente con un desocultamien- to radical; cada momento tiene algo percibido y algo recordado. La memoria pública del modernariato es como un déjà vu, una experiencia donde prevalece la impresión de que el presente carece de dirección y que el futuro está cerrado. La experiencia es la de una detención de la historia porque el presente toma la forma del recuerdo, la sensación de haberlo vivido”. Mesura San Agustín, amalgamando pitagorismo y Biblia indica que “mensura” tiene que ver con el límite, el numerus, con la correspondencia rigurosa entre aspecto sensible y racionalidad intrínseca; el pondus, con la tensión del alma hacia su “lugar natural”, la belleza divina. A mediados del siglo XVIII cada estado tenía una unidad de medida lineal, y dentro de cada país, una misma medida podía sufrir variaciones (legua, milla, línea, pie, etc.), lo que daba lugar a la dificultad de realizar cálculos precisos. Con la aparición del racionalismo, el sector científico tomó la decisión de homogeneizar todos los sistemas de medida, para lo que se definió el sistema métrico decimal y como unidad de referencia el metro. Éste está basado en mediciones muy precisas de las dimensiones de la Tierra. Se puede decir que el metro es aproximadamente la 110.000ª parte de un grado de meridiano. Monumento Si “el monumento” tiene un origen etimológico en la palabra “monumento conmemorativo o memorial”, la noción de historia no lineal constituyó de un modo similar una memoria subjetiva -la nueva y continuada combinación de sus elementos para crear nuevas relaciones- puede conducirnos a una idea más flexible del monumento, que toma aspectos diferentes con relación a temporalidad, visibilidad y escala, y a las posibilidades de relacionar a individuos en un nivel de equivalencia (Atlas of transformation). Muerte La muerte puede verse de dos formas. La primera, como lo imposible de lo posible. La segunda, como lo posible de lo imposible. Luego yo es otro (Jean Luc Godard). Orden Noción que reagrupa las regularidades, estabilidades, constancias, repeticiones, invarianzas; engloba el determinismo clásico (“leyes de la naturaleza”) y las determinaciones. En la perspectiva de un pensamiento complejo, hay que subrayar que el orden no es ni universal ni absoluto, que el universo comporta desorden y que la dialógica del orden y el desorden produce la organización (Morin). Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 117 118 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 119 120 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Mito El mito como sistema simbólico en las grandes representaciones; arquetipos de un pasado no cronológico, perdido en los orígenes, pero objetivado por la narración de las realidades naturales y culturales que hacen parte de lo humano. Modernidad líquida Como dice Derrida: “época provisionalmente liquidada. Una guerra contra la doxa, contra los llamados hoy intelectuales mediáticos, ellos mismos en manos de lobbies político-económicos. Licuefacción como estado entre estados en transformación. Eso es un flujo”. Naturaleza A veces hablamos de la naturaleza como la totalidad de la realidad o al menos de la realidad física. La misma palabra física procede del vocablo griego physis, que significa naturaleza, y las leyes de la física se denominan también leyes de la naturaleza. Los primeros filósofos griegos, los presocráticos, exponían sus teorías físico-metafísicas acerca de la realidad entera bajo el título Peri physeos (Sobre la naturaleza). Es este amplísimo sentido, la naturaleza lo abarca todo. Otras veces usamos el sustantivo naturaleza y el adjetivo natural para excluir la interferencia humana. Los sofistas griegos del siglo V contraponían la physis (la realidad tal y como es de por sí, con independencia de las convenciones humanas) al nómos (la convención, la costumbre, la ley política). Así, la especie o el sexo serían naturales, mientras que el ser alcalde o premio Nobel sería algo convencional. La pubertad es un cambio natural; la mayoría legal de edad, uno convencional. En el siglo IV Aristóteles contrapuso lo natural (como aquello que tiene en sí mismo el principio u origen de su cambio y movimiento) a lo artificial, que sólo cambia o se mueve por la acción de un agente externo que lo mueve o cambia (Jesús Mosterín). Obra "Ser obra significa: instalar un mundo. (…) La obra es, pero no está en el mundo: si los límites de la obra fueran precisos, sería posible determinar sus coordenadas y reconocer su emplazamiento en el mundo. Eso no es así, la obra sólo se conoce desplazada, extemporánea, inacabable, insustantiva: El existir al que intentamos aproximarnos es la misma obra de ser, que no puede expresarse por un substantivo, sino que es verbo” (Heidegger). Origen La búsqueda del origen no provee (...) en absoluto su secreto esencial y sin fechas, sino el secreto de que ellas están sin esencia, o que su esencia fue construida pieza por pieza a partir de figuras que le eran extrañas (Foucault). Paradigma Término tomado de Thomas Khun y que define, para todo discurso que se efectúe bajo su imperio, los conceptos fundamentales o las categorías maestras de la inteligibilidad (conjunción, disyunción, implicación u otras). Patrimonio De los cuasi-objetos cuasi-sujetos diremos simplemente que trazan redes. Son reales, muy reales, y nosotros los humanos no los hemos fabricado. Pero son colectivos puesto que nos ligan unos a otros, porque circulan en nuestras manos y definen nuestro vínculo social mediante su misma circulación. Son discursivos, sin embargo; son narrados, históricos, apasionados y poblados de actantes con formas autónomas. Son inestables y arriesgados, existenciales, y jamás olvidan al ser. Este acoplamiento de los cuatro repertorios en las mismas redes, una vez que están oficialmente representados, nos permiten construir una morada lo bastante amplia como para alojar al Imperio de la Tierra Media, la auténtica casa común del mundo no-moderno y de su constitución (Latour). Patrimonio, entendido como don y leído desde el capitalismo El carácter del don estriba en dilatar el radio de libertad de la parte tomadora, mientras ésta agota el del dador. Este gesto se potencia en ocasiones hasta el derroche solemne, en el que dador y tomador están unidos por un momento por un entusiasmo común, probablemente con consecuencias estimuladoras a largo plazo. Esto estimula el orgullo del receptor a la hora de reflexionar sobre respuestas adecuadas. Alcanza el máximo grado con el donativo a los favorecidos que 128 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente COSMOLOGÍAS En la actualidad la cosmología se considera una disciplina científica asociada a la astrofísica, la física teórica y las matemáticas. Las características generales del universo, su extensión en el espacio y su duración en el tiempo, su origen y desarrollo, constituyen las principales preocupaciones de los cosmólogos. Su principal tarea es la construcción de modelos de universo que sean lógicamente coherentes y, al mismo tiempo, compatibles con los datos empíricos. En este sentido la propia disciplina es quizá la expresión más radical de la tensión entre lo teórico y lo experimental, entre la pizarra y el laboratorio. A principios del siglo XVIII europeo, la cosmología teórica, entonces llamada racional, se consideraba parte de la metafísica y la ontología, e incluía aspectos psicológicos y teológicos. El término sería introducido por Wolff en 1731, con cosmologia generalis, donde la definía como “scientia mundi de universi in genere” y establecía las diferencias entre la cosmología racional y la empírica. Aunque Wolff experimentaría la influencia de la figura de Leibniz a lo largo de toda su carrera, se apartó de su concepto de mónada y reemplazó la idea de la “armonía preestablecida” por la teoría de Spinoza de la correspondencia entre el orden del pensamiento y el orden de cósmico. Una correspondencia que destaca en la mayoría de las concepciones cosmológicas indias. Desde entonces, aunque la tensión entre lo teórico y lo experimental nunca ha decrecido (sobre todo con el auge de la física cuántica en la primera mitad del siglo XX), la física teórica se ha encargado de purgar, con éxito desigual, algunos de los aspectos extracientíficos heredados de las tradiciones metafísicas. Sea como fuere, la cosmología se ha mantenido como una de las escasas disciplinas científicas contemporáneas En la actualidad la cosmología se considera una disciplina científica asociada a la astrofísica, la física teórica y las matemáticas. Las características generales del universo, su extensión en el espacio y su duración en el tiempo, su origen y desarrollo, constituyen las principales preocupaciones de los cosmólogos. Su principal tarea es la construcción de modelos de universo que sean lógicamente coherentes y, al mismo tiempo, compatibles con los datos empíricos. En este sentido la propia disciplina es quizá la expresión más radical de la tensión entre lo teórico y lo experimental, entre la pizarra y el laboratorio. A principios del siglo XVIII europeo, la cosmología teórica, entonces llamada racional, se consideraba parte de la metafísica y la ontología, e incluía aspectos psicológicos y teológicos. Orienting time At present, the cosmology is considered to be a scientific discipline associated with the astrophysics, the theoretical physics and the mathematics. The general characteristics of the universe, its extension in the space and its duration in the time, its origin and development, constitute the principal worries of the cosmologists. Their main task is the construction of models of universe that are logically coherent and, at the same time, compatible with the empirical information. In this sense the proper discipline is perhaps the most radical expression of the tension between the theoretical thing and the experimental thing, between the slate and the laboratory. At the beginning of the European XVIIIth century, the theoretical cosmology, then named rational, was considered to be a part of the metaphysics and the ontology, and psychological and theological aspects were included. Orientar el tiempo Juan Arnau Astrofísico y filósofo, Consejo Superior de Investigaciones Científicas Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 129 donde los aspectos teóricos y especulativos predominan sobre los experimentales, donde la elegancia, coherencia y simplicidad de los diferentes modelos de universo organizan y dirigen la atención hacia su expresión empírica1. Al margen de cómo se resuelva la tensión entre lo teórico y lo experimental (quién debe guiar a quién), es claro que los propios objetivos de la disciplina llevan ya implícitos numerosos presupuestos sobre la naturaleza del espacio y del tiempo, que hacen inevitable la imbricación de lenguaje de la astrofísica con el de la filosofía. No debería sorprender por tanto que las teorías cosmológicas contemporáneas planteen cuestiones que ya fueron tratadas por las cosmologías de la Antigüedad, y que sus modelos se acerquen en ocasiones a sus predecesoras, como en el caso de la idea de una expansión y contracción periódica del universo. Conviene observar que, cuando se examinan las cosmologías antiguas desde la perspectiva actual, generalmente se hace con cierta condescendencia, cuando no con manifiesta impaciencia. La modernidad ha relativizado todas las concepciones tradicionales del cosmos y la antropología se ha encargado de inventariar el modo en que cada cultura (egipcia, babilónica o azteca) edificó pacientemente el modelo de mundo en que vivía, o en el que todavía vive, como en el caso de las cosmologías de India. Pero parece que ese relativismo es tabú cuando hablamos de los modelos cosmológicos contemporáneos, que con frecuencia se consideran definitivos o incuestionables. Las sociedades tecnológicas han logrado ver lo que ninguna otra civilización pudo ver, instalando telescopios en el espacio exterior, observando las señales invisibles del infrarrojo o del ultravioleta, detectando la radiación fósil del big-bang. Y sin embargo, cuando nos acercamos a su lenguaje, encontramos personajes que no despreciarían ninguna mitología antigua, entidades enigmáticas y apenas visibles como la materia oscura, los agujeros negros o vacíos expansivos que se hacen sitio e impulsan al resto de las cosas. En general, las cosmologías modernas tienden a considerar la aparición de la conciencia como un fenómeno tardío en la evolución cósmica, asociada a la materia orgánica que fue sintetizada en los hornos estelares. La cosmología s khya , por el contrario, sitúa la conciencia en el origen mismo del universo y, en cierto sentido, fuera del mundo natural, aunque reflejándose en él. El budismo establece una conciencia en continuidad, engarzada por sucesivos renacimientos, cuyos estados más elevados supondrían el cumplimiento o culminación de lo fenoménico. El cosmos budista es un universo de conciencia. Espacio y tiempo son una fermentación de la vida que percibe y siente. El espacio no se distribuye mediante la gravedad de la materia sino en función de sus estados mentales. La serie de los actos conscientes abre los caminos del espacio y dibuja la curvatura del tiempo. Pensémoslo un instante. En las concepciones modernas lo tosco, la materia y su gravedad, determina la estructura espacial y la evolución temporal del cosmos. Para los antiguos indios era lo complejo y sutil, la conciencia, lo que condicionaba dicha organización y destino. Como contrapartida, en el skhya encontramos cierta nostalgia del origen, eco de la cosmovisión védica, mientras que para el budismo dicho cumplimiento es más una vocación, una aspiración a superar las contingencias del mundo y de la existencia. EL TIEMPO EN LA ANTIGÜEDAD La literatura épica y devocional de la época clásica (Mah bh rata, Pur a) fue consolidando la idea de que, en el proceso mismo de la evolución cósmica, entran en juego periódicas pérdidas y recuperaciones de los valores morales. El universo, desde esta perspectiva, se encuentra “etificado” (GOMBRICH, 1975), configurado por la calidad moral de los seres que lo habitan. En algunas escuelas el tiempo pasaría a considerarse el principio que organiza el drama de la liberación de los seres conscientes, supeditando su estructura a las necesidades de dicha representación. Así se establecen las concepciones clásicas la relación entre el tiempo y el dharma. La decadencia del dharma es la decadencia del tiempo, ambos corren, por así decirlo, en paralelo. Esta sincronía requiere en ocasiones el descenso (avatara) de una divinidad o de un buda con el propósito de contrarrestar dicha declinación. De este modo quedan vinculados los grandes ciclos de recreación y disolución del mundo con conceptos de naturaleza soteriológica, como sa sra, karma y mok a/nirvana. Algunas corrientes de pensamiento como el s khya entenderán la autorrealización como un regreso al origen. Otras, como el budismo del abhidharma, que en algunos 130 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente pasajes de la literatura canónica desaconseja la especulación cosmológica por perniciosa y desorientadora, crearán un mapa de tiempo asociado con diferentes estados de introspección mental, organizados en detalladas cosmologías que son, al mismo tiempo, mapas de la mente. Frente al tiempo lineal característico de las tradiciones occidentales, la Antigüedad india concibió el cosmos como un proceso cíclico de acontecimientos recurrentes en periodos de larga duración. Estas concepciones estuvieron asociadas a los ciclos astronómicos y biológicos cuyas periodicidades regulaban las diferentes actividades sociales y fijaban el calendario ritual. La época védica se ocuparía de inventariar las diferentes unidades de tiempo mediante la observación de las trayectorias del Sol y de la Luna. Los movimientos de los cuerpos celestes revelaban el carácter cíclico del tiempo y por tanto repetible, siendo el tiempo lineal tan sólo un segmento dentro de cada ciclo, afianzando con ello la idea de que el pasado podía servir de modelo al presente. Además, dentro de las concepciones védicas se fue desarrollando la idea del tiempo como una serie o conjunto de percepciones, tiempo interiorizado, que encontraba su fundamento en el devenir consciente de cada individuo. Dicha vivencia interna del tiempo adquiriría después un importante papel, tanto en las upani ad como en el budismo. Lo temporal era vis- to, desde este punto de vista, como una presencia (siempre a punto de ausentarse) no necesariamente subordinada a una eternidad jerárquicamente superior a ella o que fuera emanación de algo inmóvil o atemporal. La doctrina según la cual el universo surge y se disuelve periódicamente tuvo numerosos precedentes en la Antigüedad mediterránea. En la mayoría de ellos el nacimiento del mundo (que era un renacimiento) tenía lugar mediante una condensación extrema, mientras que su disolución era obra del fuego. Tan- to Heráclito, para quien el mundo había surgido del fuego y volvería al fuego, como los pitagóricos y los estoicos, se adherían a la doctrina del eterno retorno. La escuela eleática de Parménides y Zenón fue todavía más radical, negando el cambio temporal de las cosas y considerando sus transformaciones una mera ilusión. Incluso algunos pensadores cristianos, como Orígenes, barajaron la idea de una repetición o vuelta del mundo a un estado anterior. De manera general, podría decirse que desde la Antigüedad las ideas acerca del tiempo se concibieron al menos de tres modos diferentes (o mediante una combinación de éstos): como una realidad en sí misma, independiente de las cosas; como una propiedad de las cosas (especialmente de las conscientes); y como un orden. Realidad absoluta, propiedad o relación. Tres caracterizaciones que también podrían aplicarse al espacio. La época moderna daría representantes de estas tres escuelas. Newton concebía en sus Principia que “el tiempo absoluto, verdadero y matemático, por sí mismo y por su propia naturaleza, fluye uniformemente sin relación con nada externo”. Mientras las cosas cambian, el tiempo no cambia. Los cambios en las cosas son cambios con relación a un tiempo uniforme, perfectamente homogéneo, que es indiferente de aquello que contiene y que se mueve unidireccionalmente en una sola dirección. Frente a esta postura, Leibniz defendería una concepción relacional del tiempo, siendo éste “el orden de existencia de las cosas que no son simultáneas”, no siendo posible afirmar que el tiempo sea algo distinto de aquello que existe en él. Los instantes, considerados sin las cosas, no son nada en absoluto. Kant se fraguaría una idea del tiempo que se haría un sitio entre ambas posiciones. Para el filósofo de Königsberg el tiempo no era un concepto empírico derivado de la experiencia, sino un a priori que subyace a toda nuestra actividad cognitiva. Debido a esta triple caracterización que comparten espacio y tiempo, desde Aristóteles numerosos filósofos han explicado el tiempo mediante el espacio (lo que para Bergson constituía una falsificación de su naturaleza). El lenguaje común contribuye a ello. El tiempo discurre, la edad avanza. La relatividad ha tratado de mostrar que sucesos que se tienen por pasados en un marco de referencia pueden ser juzgados futuros en otro. Dejando constancia de que la distinción entre pasado y futuro no constituye una división ontológica genuina sino que ocurre en una experiencia consciente asociada a un determinado sistema de referencia. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 131 LA HECHURA DEL TIEMPO Podemos hablar de dos tendencias dominantes en la idea del tiempo de la Grecia clásica. En Platón el tiempo se trascendía a sí mismo y apuntaba a lo intemporal: “imagen móvil de la eternidad”. En Aristóteles se orientaba hacia el espacio y, más concretamente, hacia el movimiento. En la tradición hebraica, esencialmente profética, el tiempo se concebiría en función del futuro. Algunas tradiciones de pensamiento indias radicaron el tiempo en el presente, sede del “ahora” de la actividad consciente. El estrecho vínculo entre el tiempo y la actividad consciente se encuentra presente en India durante toda la época clásica, no sólo en la literatura, sino también en los sistemas filosóficos del hinduismo, el budismo y el jainismo. El universo se concibe como un organismo que se desarrolla en paralelo a la evolución espiritual de los seres que lo habitan. La esencia del tiempo, su fuente de alimentación, se encuentra en la actividad mental y física. Un buen ejemplo de esta tendencia lo encontramos en V tsy yana, un filósofo de la escuela ny ya del siglo cuarto. Vale la pena detenerse en su justificación de dicha concepción, que aparece en el capítulo segundo de su comentario a los Ny yas tra . Al explicar el tiempo recurriendo al espacio, se corre el riesgo de quedarse sin presente. Generalmente esto se hace utilizando la idea del movimiento. El ejemplo clásico de la tradición lógica es el fruto que cae del árbol. Mientras viaja hacia el suelo, el espacio por encima del fruto es espacio recorrido (pasado) y lo que hay por debajo es espacio por recorrer (futuro). Aparte de estos dos espacios, no hay lugar para un tercero que sirviera de referencia al propio recorrer, haciendo lugar al presente. Frente a esta opinión, la postura de V tsy yana es clara: El tiempo no se manifiesta con relación al espacio sino con relación a la acción2. El tiempo está en el hacer. La idea de un tiempo pasado (el tiempo que ha estado cayendo el fruto) la proporciona la propia acción de caer (presente), que a su vez garantiza su continuación (futuro). De hecho, el significado de haber estado cayendo se produce gracias al propio caer, y lo mismo podría decirse del seguir cayendo. Tanto en el pasado como en el futuro, el objeto se mantiene inactivo, mientras que en el presente se encuentra imbuido por la acción. Lo que el presente muestra es la unidad de tiempo y acción. La sensación del pasado y la expectación ante el futuro es posible precisamente gracias a ese vínculo. Uddyotakara, un comentarista medieval del ny ya, añade que esa unidad hace posible que, un concepto tan escurridizo como el tiempo, cobre sentido. De este modo, pasado y futuro no tienen una relación meramente relativa, como la tienen grande y pequeño, o largo y corto. Las relaciones entre pasado y futuro se parecen más a las relaciones entre el color y la textura, o el aroma y el sabor. Pasado y futuro no constituyen un par de opuestos. Si lo fueran, se supondría que uno depende completamente del otro, y no habiendo uno, no existiría el otro (no habiendo luz no habría oscuridad, etc.). Vtsy yana concluye que el futuro no puede explicarse exclusivamente mediante el pasado ni a la inversa. Hace falta un presente activo para que dichas concepciones tengan sentido. El presente puede ser reconocido mediante la presencia de las cosas o mediante una serie de actos coherentes. En el primer caso vemos que allí hay un árbol (sustancia), que tiene las hojas verdes y lanceoladas (cualidad), que se agitan por el viento (movimiento). Sin el presente no sería posible concebir nada, ni siquiera el contacto entre los órganos de los sentidos, la mente y el objeto. Si uno de éstos faltara, la percepción no sería posible y sin ella serían vanos los otros medios de conocimiento: la inferencia (anum na) y el testimonio verbal (gama) . En el segundo caso el presente se manifiesta al realizar una actividad que no es meramente perceptiva: se recoge agua, se pone a hervir, se limpia el arroz, se introduce en la vasija, etc. O se repite una acción, se levanta el hacha y se la deja caer repetidamente sobre el tronco. En ambos casos lo cocinado o lo cortado es aquello sobre lo que se actúa, y dicha acción justifica la existencia del presente. De este modo se prueba la existencia y continuidad de la substancia tiempo: como fundamento de la percepción o como expresión de una unidad de actos en la que se encuentran implícitos tanto el pasado como el futuro. 132 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente LA HECHURA DEL ESPACIO Con relación al espacio el pensamiento indio insistió en una idea complementaria a su concepción del tiempo como acto. Se tiende a considerar a la conciencia como el factor que crea el receptáculo donde habitan los seres y no a la inversa, como se entiende en la concepción moderna del espacio. Esta idea será desarrollada fundamentalmente por el s khya , que hará de un principio intelectivo (buddhi) el fundamen- to del espacio y del tiempo, y por los budistas, que asociarán los diferentes ámbitos del espacio a los diversos estados mentales. Ya sea en el caso del espacio o en el del tiempo, las cosmovisiones que presentamos ponen el énfasis en la continuidad frente a la escatología. La idea de un comienzo y final de los tiempos es extraña al pensamien- to indio. Siendo esto así, la cuestión de si el mundo ha sido creado o existe por sí mismo se decanta generalmente por lo segundo. Algunos textos describirán el intervalo entre la disolución del cosmos y su posterior recreación mediante la metáfora del sueño. La energía creativa duerme en estado de semiconsciencia y, al despertar, el universo se despliega de nuevo. La literatura s khya , junto a la budista establecerán las concepciones del espacio y del tiempo que predominarán en la época clásica, ofreciendo una concepción de la vida consciente y del cosmos como un proceso de continuo crecimiento y disminución, de muerte y regeneración. Mientras que el tiempo cósmico es simétrico: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; el tiempo de la experiencia consciente puede ser asimétrico. Esa fue la gran aportación del budismo a la cosmología, que trazaría un mapa del tiempo basado en los estados mentales asociados a la meditación. Cartografiar el espacio es, para el budista, cartografiar la mente. El s khya , postulará una conciencia ( puru a ) acostumbrada a estar siempre por encima de las cosas, pero que no quiere perderse la singular belleza de las transformaciones de la materia. Su virtud está contenida en su prudencia. Asiste y se recrea en una representación cuyo único propósito (según las metáforas habituales) es complacerla. La soteriología mantendrá una contraposición entre la creación del mundo y la liberación del individuo que, como veremos, recorren una misma dirección en sentidos opuestos. Incorporando la idea, quizá de origen budista, de que la rueda de la vida mantiene su giro gracias al impulso de la ignorancia, la sed y la actividad consciente3. Predominando la idea de la liberación como reintegración a la unidad original, aunque el budismo no compartirá esa nostalgia del origen tan representativa de la mitología brahmánica. DOS ORIENTACIONES Lo sensible, según se sabe, permite dos tipos de ensimismamiento, respecto al objeto percibido o respecto al hecho mismo de percibir. En el primer caso quedamos poderosamente atraídos por aquello que nos rodea y, si queremos profundizar en esa dirección, debemos olvidarnos hasta cierto punto de nosotros mismos. En el segundo caso, el mundo exterior sólo colorea y da forma al reconocimiento mismo de la percepción, adquiriendo un papel secundario, auxiliar, a la actividad sensible mediante la cual percibimos. Puede decirse que toda filosofía se recrea en una de estas dos tendencias y, aunque en el pensamiento europeo no faltan buenos ejemplos del ensimismamiento en la percepción (Berkeley, Hume), es ésta quizá la actitud predominante en el pensamiento indio, que también ofrecerá ejemplos de la primera, como en la filosofía de la escuela ny ya . Aun a sabiendas de que no hay modo de salir del círculo de la percepción (“La retina y la superficie cutánea invocadas para explicar lo visual y lo táctil son, a su vez, dos sistemas táctiles y visuales” -Gustav Spiller-), las sociedades tecnológicas modernas se han caracterizado por el desarrollo de los mecanismos de percepción externa. Vemos el rastro que las partículas elementales dejan en las cámaras de burbujas, observamos cómo el fotón atraviesa dos rendijas al mismo tiempo, los radiotelescopios nos permiten escuchar la radicación cósmica de fondo. Y, civilizacionalmente, podría decirse que estos avances no son independientes de un descuido de los mecanismos de percepción interna. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 133 Un buen ejemplo a este respecto lo encontramos en la escuela s khya , y en la metafísica que hay detrás de sus técnicas para la autorrealización. Para el s khya ,el origen está siempre presente, en cada reflexión, en cada acto cognitivo, en cada pensamiento. Plotino decía que el alma abandona el tiempo cuando se recoge en lo inteligible, pues bien, para el s khya , el espíritu (puru a), una conciencia pura y sin contenido, se encuentra fuera del tiempo pero es testigo y fin de cada uno de los esfuerzos del devenir consciente. Y el sujeto, cuando reflexiona, lo hace en y desde el origen. Con el s khya ,el universo se llena de testigos ocultos a los que la materia, en su infinita capacidad de creación y diversificación, trata de complacer. La conciencia se recrea con las escenificaciones de la materia y se deja seducir por ella. Esta conciencia original no es una parte del tiempo pero lo acompaña continuamente. De hecho, los propios objetivos de esta metafísica en cuanto filosofía de la vida consisten en llevar a efecto y a la realidad el origen (el puru a) y el presente (el tiempo) como integridad, logrando así superar las servidumbres de lo temporal. El estudio de las cosmologías antiguas de India permitirá vislumbrar una nueva forma de ponderar el entorno cósmico. No estamos ante mitos pintorescos o especulaciones arbitrarias, ni se nos exige que aceptemos sin reticencias los diferentes mapas del tiempo, simplemente se nos invita a reconsiderar los modelos, algunos ciertamente ingeniosos, que ofrecieron las diversas épocas. Sus intuiciones podrían, en el mejor de los casos, ayudar a reformular o reorientar, la idea del cosmos que tenemos hoy. Notas 1 Esto lleva a postulados del tipo: “Sea el universo una función continua infinitas veces derivable”, que pueden escucharse todavía en las facultades de astrofísica donde se enseña cosmología. 2 Bha ya 2-1-40. 3 Mah bh rata 3.2.67-68. Bibliografía GOMBRICH, R. (1975) Ancient Indian Cosmology. En BLACKER, C.; LOEWE, M. (ed.) Ancient Cosmologies. Londres: George Allen & Unwin Ltd., 1975 136 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente En algunas de las primeras especulaciones de los filósofos presocráticos, el tiempo (cronos) se transforma, pasando de un flujo vago (ápeiron: ilimitado, infini- to) a estados acotados estructurados por el número (kósmos: orden, mundo). Sobre el ápeiron, indeterminado, surgen las flechas temporales, determinísticas, del kósmos. El ápeiron sin tiempo, lo genérico sin marcas, lo primordial se hallan bellamente evocados en Burnt Norton, uno de los memorables cuartetos de T. S. Eliot: "(…) ni desde ni hacia; en el punto fijo, allí está la danza, pero ni detención ni movimiento. Y no lo llaméis fijeza, donde se reúnen pasado y futuro. Ni movimiento desde ni hacia, ni subida ni bajada. Excepto por el punto, el punto fijo, no habría danza, y sólo está la danza." La “danza” de Eliot es el flujo primigenio, sin direccionalidades (“ni desde ni hacia”, “ni subida ni bajada”), sin reposo ni movimiento, sin pasado ni futuro, pero con la intrínseca potencialidad de una evolución dinámica. La progresiva “riqueza” del tiempo se va alcanzando en un doble proceso dinámico: en la evolución física del cosmos, que da lugar a patrones de contrastación allende el ser humano, y en la evolución de la cultura, que da lugar a patrones de contrastación entre sistemas de representación propios de la humanidad. La adecuación y la coherencia entre el exterior y el interior de esos sistemas de representación han sido siempre algunas de las grandes problemáticas alrededor de la idea del tiempo. Es fundamental allí el manejo unitario de la noción de frontera y el poder ligar cosmos y cultura, entendidos como redes de redes semióticas. Entre esas redes de redes, las osmosis no sólo son comprensibles, sino que son necesarias y corresponden a procesos pragmáticos Lógicas del tiempo Fernando Zalamea Dpto. de Matemáticas, Universidad Nacional de Colombia La progresiva “riqueza” del tiempo se va alcanzando en un doble proceso dinámico: en la evolución física del cosmos, que da lugar a patrones de contrastación allende el ser humano, y en la evolución de la cultura, que da lugar a patrones de contrastación entre sistemas de representación propios de la humanidad. La adecuación y la coherencia entre el exterior y el interior de esos sistemas de representación han sido siempre algunas de las grandes problemáticas alrededor de la idea del tiempo. Es fundamental en este punto el manejo unitario de la noción de frontera y el poder ligar cosmos y cultura, entendidos como redes de redes semióticas. Logics of time The progressive “wealth” of time is reached in a double dynamic process: in the physical evolution of the cosmos, which leads to patterns of comparison beyond the human being, and in the evolution of the culture, which leads to patterns of discrepancy between proper systems of representation of the humanity. The adequacy and the coherence between the exterior and the interior of these systems of representation has always been one of the big problematics ones about the idea of the time. It is fundamental there the unitary handling of the notion of frontier and to entangle together cosmos and culture, understood as networks of semiotic networks. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 143 JUAN AGUDO TORRICO [email protected] Profesor del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla y miembro de GEISA (Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía). Las áreas de investigación en su trayectoria académica están vinculadas a la antropología simbólica (rituales), el territorio, el patrimonio etnológico y la arquitectura tradicional. Ha impartido clases en diversos cursos de formación de postgrado, como en Museo y su entorno (organizado por el Museo de América de Madrid), el Máster en Arquitectura y Patrimonio Histórico (del IAPH), y la Maestría en Conservación del Patrimonio (de la UNIA). También ha dirigido diversos ciclos de conferencias y simposios centrados en la problemática del patrimonio etnológico y desde 2000 participa en los cursos de especialización que anualmente, en colaboración con ASANA (Asociación Andaluza de Antropología), organiza el IAPH. Entre sus publicaciones más recientes, su aportación sobre Espacios y cortejos ceremoniales (en Artes y Artesanías de la Semana Santa Andaluza, editado por Tartessos, 2004), y la coordinación de los libros Culturas, poder y mercado (Fundación el Monte, FAAEE, ASANA, 2005) y Mario Fuentes. Medio siglo de fotografía etnográfica (Fundación el Monte, ASANA, CEA, 2005). MANUEL ALMAGRO JIMÉNEZ almagr[email protected] Profesor del Departamento de Literatura Inglesa y Norteamericana de la Universidad de Sevilla. Su área principal de investigación se centra en la literatura y la cultura del modernismo y del postmodernismo, sobre las que ha publicado diversos artículos. Es director del Grupo de Investigación Discursos de la postmodernidad, con cuyos miembros organizó el Second International Symposium on Postmodernism, así como cursos interdisciplinares sobre el mismo área de interés. Los títulos de algunos de sus libros son A Dust of Words: Novela y Postmodernidad (editado en Arcibel, 2010), Brian Crews: Postmodernisms: Those Were the Days? Prospects and Retrospects. (Universidad de Sevilla, 1999), Ezra Pound. Antología de Poemas (Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1991) y James Joyce. Exiliados (Cátedra, 1987). JUAN ARNAU [email protected] Es astrofísico y doctor en filosofía sánscrita. Especialista en filosofías de India, ha sido investigador en la Universidad de Michigan (2000-2006) y es profesor asociado de la Universidad de Barcelona e investigador del CSIC. Desde 2006 es miembro del Consejo Asesor de Casa Asia. Entre sus libros, destacamos los relacionados con el filósofo budista Nagarjuna, Fundamentos de la vía media (Ediciones Siruela, 2004) y Abandono de la discusión (Siruela, 2006), los ensayos La palabra frente al vacío (Fondo de Cultura Económica, 2005), Antropología del budismo (Kairós, 2007), Rendir el sentido. Filosofía y traducción (Pre-Textos 2008) y Arte de probar. Ironía y lógica en India antigua (Fondo de Cultura Económica 2008) y Elogio del asombro (Pre-Textos 2010). Recientemente ha publicado una versión de la Leyenda de Buda (Alianza Editorial, 2011), así como una monografía del filósofo budista Vasubandhu, incluida en el volumen Vasubandhu/Berkeley (Pre-Textos, 2011). Actualmente también trabaja en el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia de Valencia (CSIC-Universidad de Valencia), donde desarrolla un proyecto de investigación sobre la historia de la medicina en India antigua y dirige la colección Pre- Textos Índika, en torno al pensamiento y la cultura de la antigua India. 144 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente JOSETXO BERIAIN RAZQUIN [email protected] Licenciado en sociología y filosofía, actualmente es catedrático de Teoría Sociológica en la Universidad Pública de Navarra. Tiene amplia experiencia académica en distintas universidades, también del extranjero (entre otras, la Freie Universität Berlin, el Center for European Studies de la Universidad de Harvard, la Universidad de Deusto, la Universidad del País Vasco, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador). Algunos de sus libros más recientes son La lucha de los dioses en la modernidad (Anthropos, 2000), Formas cambiantes de clasificación; tiempo, religión y mujer (UCV, 2001), Modernidades en disputa (Anthropos, 2005), Modernidad; Una, ninguna o muchas (Universidad Pontificia Bolivariana, 2005) y Aceleración y tiranía del presente. La metamorfosis en las estructuras temporales de la modernidad (Anthropos, 2008). Ha participado además en otras publicaciones con artículos como Las consecuencias perversas del dinero (Revista Española de Investigaciones Sociológicas, n.º 89, 2000) o Modernidad y violencia colectiva (CIS, 2004) y en la edición de Identidades culturales (Ediciones Deus- to, 1996), Complejidad y modernidad (Trotta, 1998), Para comprender la teoría sociológica (Verbo Divino, 1998), La cuestión vasca: claves de un conflicto cultural y político y Las contradicciones culturales de la modernidad (ambas en Anthropos, 1999 y 2007 respectivamente). JOSÉ ANTONIO FLORES ROJO [email protected] Fotógrafo y docente en la Galería El Fotómata. Comenzó su actividad profesional en la Agencia Efe y ha trabajado en las revistas Campaña, Primera Línea, Nova Actualidade, Eco y El Faro de Vigo. Fundador de la empresa Fototres (fotografía y comunicación audiovisual), donde compatibilizó trabajos propiamente fotográficos con tareas docentes, y realizó dossieres fotográficos institucionales como el realizado para la Dirección General de Asuntos Europeos. Acciones acometidas con Fondos Feder (Sevilla, 2000), el reportaje fotográfico para el Centro Desarrollo Comarcal de Tentudía. Fondos Leader II (Badajoz, 2001) o el archivo gráfico sobre recursos pesqueros para la Consejería de Agricultura y Pesca (Sevilla, 2004). Paralelamente a estas actividades, ha colaborado como fotógrafo en diferentes publicaciones como Las matanzas, viejas y nuevas estrategias domésticas o Historias de una Cabalgata. Reyes en Higuera (ambas publicadas por Diputación Huelva, en 2001 y 2003 respectivamente). MARTA GARCÍA DE CASASOLA GÓMEZ [email protected] Arquitecta por la Universidad de Sevilla, ha realizado el Máster en Arquitectura y Patrimonio Histórico y obtenido el Diploma de Estudios Avanzados dentro del programa de doctorado Arquitectura y Patrimonio: Investigación, Reflexión y Acción, del Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónica de la Universidad de Sevilla del que fue becaria de investigación (2000-01) y en el que ejerce de profesora asociada desde 2004. A partir de 2003 trabaja en el IAPH en el Departamento de Proyectos del Centro de Inmuebles, Obras e Infraestructuras, a cargo de diagnósticos y proyectos de intervención en bienes inmuebles del patrimonio histórico andaluz. Entre otros proyectos, participa en la intervención paisajística de la ensenada de Bolonia (Cádiz) y colabora en el desarrollo de la redacción de un documento metodológico sobre el paisaje histórico urbano de la ciudad de Sevilla. Pertenece al grupo de investigación de la Universidad de Sevilla Composite (HUM-711). En la actualidad desarrolla el proyecto de tesis doctoral Memoria, Tiempo y Autenticidad: tres ficciones para interpretar e intervenir el patrimonio. Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 145 CARMEN GUERRA DE HOYOS cguerr[email protected] Profesora del Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, ha sido miembro del grupo de investigación Composite (HUM-711) y desde 2007 investigadora del grupo Out_Arquías. Investigación en los límites de la arquitectura (HUM-853). También imparte clases en el Máster de Ciudad y Arquitectura Sostenibles, del Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción (Universidad de Sevilla) y en el Máster de Innovación en Arquitectura: Diseño y Tecnología. Ha participado en diferentes ediciones de los congresos de la red RESE (Red de Estudios Socioespaciales) y del Simposium latinoamericano de ciudad y cultura contemporánea (SILACC). Entre sus publicaciones, destacan los libros El presente de los procesos socioespaciales: soportes para lo común y lo identitario (2009), El territorio como Demo: demo(a)grafías, demo(a)cracias y epi-demias (2011), Sobre la situación actual de la arquitectura: genealogías, diagnósticos e interpretación (2005). Ha impartido conferencias en universidades como la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe, Argentina), la Universidad de Antioquía (Medellín, Colombia) y la Universidad de São Paulo (São Carlos, Brasil). ANDRÉS PEREA aper[email protected] Nacido en Bogotá, obtiene el título de arquitecto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid donde imparte clases desde 1967 como profesor asociado, labor docente que ha continuado desde entonces hasta el año 2009. Ha ampliado su actividad pedagógica en numerosas universidades y organismos, tanto dentro como fuera de España, como profesor invitado y conferenciante (Pavía, Barcelona, Madrid, Pamplona, Granada, Roma, Londres, Chicago, Buenos Aires, Bogotá, Medellín, Berlín, Seúl, Sao Paolo, Manila, etc.). Actualmente es profesor ad honorem de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, de Proyectos en la Universidad Europea de Madrid y de PFC en el Centro de Estudios San Pablo CEU. Ha recibido menciones y premios en concursos internacionales (entre otros, el Concurso Capital Plaza en Taipei –Taiwan- o los concursos para la Nueva Ciudad Multifuncional Administrativa, The Performing Arts Center en Seúl, Asian Culture Complex –Corea-) y ha sido seleccionado en varias bienales de arquitectura española. Tiene su obra y textos publicados en numerosas publicaciones internacionales y obras distinguidas con premios y catalogaciones. También es miembro fundador de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura (ASA). MARIANO PÉREZ HUMANES marianoper[email protected] Doctor arquitecto por la Universidad de Sevilla con la tesis Implicaciones: sobre la situación de la arquitectura en el mundo de la imagen. Ha sido miembro del grupo de investigación Composite y, a partir de 2007, de Out_Arquias. Investigación en los límites de la arquitectura. En este grupo es responsable de la línea de investigación Arquitectura y Cultura visual. Profesor en el Departamento dede HTCA de la Universidad de Sevilla de Teoría de la Arquitectura, Composición Arquitectónica, Arquitectura y Medio Ambiente y de los Master CAS y MIATD (Universidad de Sevilla). Pertenece a dos redes internacionales de estudios de problemáticas contemporáneas: RED PUC, con sede en Argentina, y RED RESE, con sede en Colombia. Entre sus últimas publicaciones y artículos, destacan: Sobre la situación actual de la arquitectura contemporánea (Universidad de Sevilla, 2005), Patrimonio o Imagen (Escuela Universitaria Francisco Maldonado de Osuna, 2004), Patrimonio y Espectáculo. Imagen y Desaparición: Olvidar y Recordar (Universidad Pablo de Olavide, 2007), La Ciudad: Una 146 • PH CUADERNOS • Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Imagen Difícil de Imaginar (E.E de São Carlos, 2007) y La imagen Poética de la Ciudad Contemporánea: entre la Ausencia y el Vacío (en Revista República de las Letras, 108, 2008) y An inhuman eco-limit: fear and social-spatial segregation” in Fear within Melting Boundaries (Oxford, 2010: Inter-Disciplinary Press) con Natalia de Carli. CARLO EMILIO PIAZZINI SUÁREZ [email protected].co Antropólogo de la Universidad de Antioquia, magister en historia de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en historia por la Universidad de los Andes. Tiene experiencia como docente, investigador, asesor y autor de publicaciones en los campos de la arqueología, los estudios socioespaciales, la formulación de políticas culturales y la gestión del patrimonio cultural. ANTONIO PIZZA [email protected] Profesor de Historia del Arte y de la Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (UPC). Ha sido comisario y editor de numerosas exposiciones y catálogos, como las más recientes 1958-1975. Desde Barcelona; Arquitecturas y ciudad (Col.legi Oficial d’Arquitectes de Barcelona, 2002), GATCPAC 1928-1939. Una nueva arquitectura para una nueva ciudad (Museu de Historia de la Ciutat, Col.legi Oficial d’Arquitectes de Barcelona, 2006), A.C. La revista del GATEPAC 1931-1937 (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2008) o Arquitecturas sin lugar 1968/2008 (Centre d’Art Santa Monica, Generalitat de Catalunya, 2009). Entre sus publicaciones, Londres-París. Teoría, Arte y Arquitectura en la ciudad moderna. 1841-1909 (1998), P.Scheerbart, la arquitectura de cristal (1998); Arte y Arquitectura moderna. 1851-1933 (1999), La construcción del pasado. Reflexiones sobre Historia, Arte y Arquitectura (2000), Arte y Arquitectura futuristas. 1914-1918 (2002), Viena-Berlín. Teoría, arte y arquitectura entre los siglos XIX-XX (2002), G.Doré y Blanchard Jerrold, Londres una peregrinación (2004), Oriol Bohigas. Epistolario 1951-1994 (2005) y Architettura contemporanea. Spagna (2008). Colabora regularmente en diversas publicaciones nacionales y extranjeras sobre temas del siglo XX, con particular referencia a las interacciones entre arte y arquitectura. CARLOS TAPIA MARTÍN [email protected] Arquitecto y docente investigador desde 1999 en la Escuela de Arquitectura de Sevilla. Obtuvo el título de doctor con la tesis Capturar forma con artes prohibidas y es miembro de la comisión académica del Máster Ciudad y Arquitectura Sostenibles, donde imparte clases. Ha sido asesor del Centro de las Artes de Sevilla y ha publicado numerosos artículos y algunos libros compartidos, como Sobre la situación actual de la arquitectura: genealogías, diagnósticos e interpretación (Universidad de Sevilla, 2005) y Geopolíticas: espacios de poder y poder de los espacios (INER, 2007). Como investigador, ha participado en proyectos con financiación pública como Hibridación y Transculturalidad en los modos de habitación contemporánea o Prototipos para la sostenibilidad a escala pública, social y colectiva. Pertenece al grupo de investigación Out_Arquias, investigación en los límites de la arquitectura (http://outarquias.wordpress.com), en la línea Sintomatología del presente y acción arquitectónica, y al Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción. Trabaja en dos redes de estudios internacionales: RED PUC “Problemáticas urbanas contemporáneas”, con sede en Agentina, y RED RESE “Estudios socioespaciales” con sede en Colombia. Ha sido profesor invitado en distintas instituciones y universidades europeas y latinoamericanas (Italia, Brasil, Colombia, Argentina, México, El Salvador, Cuba). Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente • PH CUADERNOS • 147 FERNANDO ZALAMEA TRABA [email protected] Nacido en Bogotá, es Ph.D. en lógica matemática (University of Massachusetts, 1990) y profesor asociado, desde 1991, del Departamento de Matemáticas de Ia Universidad Nacional de Colombia, en cuya División de Investigación ha sido director (1998-2000). Coordina el Centro de Sistemática Peirceana (www.csp-peirce. org), coligando diversas universidades colombianas. Ha ofrecido numerosos cursos en lógica matemática (lógicas alternativas, lógica categórica) y en cruces con la filosofía (historia de la lógica, estudios sistemáticos sobre Peirce y Lautman). Es autor de una quincena de ensayos, monografías y compilaciones, y cuenta con cerca de setenta artículos sobre matemáticas y crítica de la cultura, así como con un centenar de reseñas sobre temas culturales en la prensa colombiana. Ha obtenido algunos de los premios principales de ensayo en el ámbito hispánico: Premio Jovellanos 2004 (España), Premio Gil-Albert 2004 (España), Premio Kostakowsky 2001 (México), Premio Andrés Bello 2000 (Colombia). PH cuadernos 29 Temporalidades contemporáneas: incluido el pasado en el presente Quizás, en lo hodierno, en su acelerado desarrollo tecnológico y su ambigua relación con la cultura contemporánea, se geste una revolución latente: una reconsideración radical del sentido del tiempo. Un cambio que, por su complejidad y sus alcances, no debe describirse desde una perspectiva única sino desde la confluencia de miradas transdisciplinares surgidas de diferentes campos de investigación. Aún en el diagnóstico centenario de indeterminación que nos afecta, este Cuaderno ofrece un entramado de reflexiones sobre lo temporal que, abarcando desde la sociología hasta la matemática y la filosofía, desde el arte a la antropología, la literatura y la arquitectura, perfilan un atlas para actualizar y reforzar el horizonte de lo patrimonial en nuestro presente. Contemporary sense of time: the past included in the present Perhaps, in the present-day, in its intensive technological development and its ambiguous relation with the contemporary culture, a latent revolution blossoms: a radical reconsideration of the sense of time. A change that, for its complexity and its scopes, must not be described from an unique perspective, but from the confluence of cross-disciplinary views arisen from different fields of investigation. Yet in the centenary diagnosis of indetermination, that affects to all of us, this Cuaderno offers a framework of reflections about Time, including sociology, art, mathematics, philosophy, anthropology, literature and architecture, for outlining an atlas to update and to reinforce the horizon of the heritage in our present. Colaboran: