El problema del cambio lingüístico como cambio filosófico
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7676 Pragmática histórica del español. Formas de tratamiento, actos de habla y construcción del diálogo Silvia Iglesias Recuero (coordinadora) Colección Lingüística Editorial Universidad de Sevilla ISBN 978-84-472-2251-3
PRAGMÁTICA HISTÓRICA DEL ESPAÑOL
COLECCIÓN LINGÜÍSTICA DIRECTORES DE LA COLECCIÓN Cano Aguilar, Rafael. Universidad de Sevilla López Serena, Araceli. Universidad de Sevilla. COMITÉ CIENTÍFICO Anscombre, Jean-Claude. CNRS y Université Paris 13 Borreguero Zuloaga, Margarita. Universidad Complutense de Madrid Cabrillana Leal, Concepción. Universidad de Santiago de Compostela Crespo Güemes, Emilio. Universidad Autónoma de Madrid Donaire Fernández, María Luisa. Universidad de Oviedo Fierro Bello, Mª Isabel. CSIC Geeraerts, Dirk. Universidad de Lovaina Girón Alconchel, José Luis. Universidad Complutense de Madrid Kabatek, Johannes. Universidad de Zúrich Larreta Zulategui, Juan Pablo. Universidad Pablo de Olavide Martínez Vázquez, Montserrat. Universidad Pablo de Olavide Moreno Cabrera, Juan Carlos. Universidad Autónoma de Madrid Peña Martín, Salvador. Universidad de Málaga Pompei, Anna. Università di Roma III Schierholz, Stefan. Universidad de Erlangen-Nürnberg Simone, Raffaele. Università di Roma III Torrego Salcedo, Esperanza. Universidad Autónoma de Madrid CONSEJO DE REDACCIÓN Bruña Cuevas, Manuel. Universidad de Sevilla Carrera Díaz, Manuel. Universidad de Sevilla Comesaña Rincón, Joaquín. Universidad de Sevilla Falque Rey, Emma. Universidad de Sevilla González Ferrín, Emilio. Universidad de Sevilla Martos Ramos, José Javier. Universidad de Sevilla Ruiz Yamuza, Emilia Reyes. Universidad de Sevilla Salguero Lamillar, Francisco José. Universidad de Sevilla
PRAGMÁTICA HISTÓRICA DEL ESPAÑOL Formas de tratamiento, actos de habla y construcción del diálogo SILVIA IGLESIAS RECUERO (COORDINADORA) Sevilla 2022
Colección Lingüística Núm.: 76 Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito de la Editorial Universidad de Sevilla. © Editorial Universidad de Sevilla 2022 Porvenir, 27 - 41013 Sevilla Tlfs.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443 Correo electrónico: [email protected] Web: https://editorial.us.es © Silvia Iglesias Recuero (coordinadora) 2022 © De los textos, sus autores, 2022 Impreso en papel ecológico Impreso en España-Printed in Spain ISBN: 978-84-472-2251-3 Depósito Legal: SE 1437-2022 Diseño de cubierta de la colección: notanumber Maquetación y realización de cubierta: Referencias Cruzadas. referencias[email protected]om Impresión: Masquelibros COMITÉ EDITORIAL: Araceli López Serena (Directora de la Editorial Universidad de Sevilla) Elena Leal Abad (Subdirectora) Concepción Barrero Rodríguez Rafael Fernández Chacón María Gracia García Martín María del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Manuel Padilla Cruz Marta Palenque Sánchez María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda José-Leonardo Ruiz Sánchez Antonio Tejedor Cabrera Esta publicación ha sido posible gracias a la subvención del MINECO al Proyecto de Investigación I +D + i Pragmática y gramática en la historia del español: la expresión de la cortesía en el español clásico (Ref. 2014-53113P).
Índice INTRODUCCIÓN Silvia Iglesias Recuero......................................................................................... 9 Primera Parte CAMBIO LINGÜÍSTICO Y FILOSOFÍA DE LA LINGÜÍSTICA EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO Araceli López Serena........................................................................................... 27 Segunda Parte PRAGMÁTICA DE LOS TRATAMIENTOS DERROTEROS Y RUMBOS EN LOS ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIA DEL ESPAÑOL EN AMÉRICA. DE LA LENGUA A LAS COMUNIDADES COMUNICATIVAS Virginia Bertolotti................................................................................................. 61 EL PRONOMBRE INFORMAL USTED EN LA HISTORIA DEL ESPAÑOL María Teresa García-Godoy............................................................................... 85 FORMAS DE TRATAMIENTO EN LA NOVELA ECUATORIANA DE LOS SIGLOS XIX Y XX: UN ESTUDIO DE PRAGMÁTICA REGIONAL HISTÓRICA Daniel M. Sáez Rivera.......................................................................................... 107 TRATAMIENTOS NOMINALES Y PRONOMINALES Y TRADICIONES DISCURSIVAS: LA DEMANDA DEL SANTO GRIAL Eugenio Bustos Gisbert....................................................................................... 137 Tercera Parte ACTOS DE HABLA Y CORTESÍA LA CORTESÍA VERBAL EN TEXTOS MEDIEVALES ESPAÑOLES: UNIVERSALIDAD, HISTORICIDAD Y TRADICIONALIDAD Angela Schrott ..................................................................................................... 161 BUENOS DESEOS REGALADOS: EL AGRADECIMIENTO EN ESPAÑOL CLÁSICO Lorena Núñez Pinero........................................................................................... 189
PETICIONES CON MERCED YSERVIR EN EL ESPAÑOL ÁUREO O EL ESTILO CORTESANO DE LA CORTESÍA LINGÜÍSTICA Silvia Iglesias Recuero......................................................................................... 215 Cuarta Parte LA CONSTRUCCIÓN LITERARIA DEL DIÁLOGO CONVERSACIONAL ENTRE GÉNERO Y TRADICIÓN DISCURSIVA: LA ESTRUCTURA DE LA CONVERSACIÓN EN EL DIÁLOGO TEATRAL DEL SIGLO DE ORO Y DE LA EDAD MODERNA Santiago del Rey Quesada................................................................................. 249
Índice INTRODUCCIÓN Silvia Iglesias Recuero......................................................................................... 9 Primera Parte CAMBIO LINGÜÍSTICO Y FILOSOFÍA DE LA LINGÜÍSTICA EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO Araceli López Serena........................................................................................... 27 Segunda Parte PRAGMÁTICA DE LOS TRATAMIENTOS DERROTEROS Y RUMBOS EN LOS ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIA DEL ESPAÑOL EN AMÉRICA. DE LA LENGUA A LAS COMUNIDADES COMUNICATIVAS Virginia Bertolotti................................................................................................. 61 EL PRONOMBRE INFORMAL USTED EN LA HISTORIA DEL ESPAÑOL María Teresa García-Godoy............................................................................... 85 FORMAS DE TRATAMIENTO EN LA NOVELA ECUATORIANA DE LOS SIGLOS XIX Y XX: UN ESTUDIO DE PRAGMÁTICA REGIONAL HISTÓRICA Daniel M. Sáez Rivera.......................................................................................... 107 TRATAMIENTOS NOMINALES Y PRONOMINALES Y TRADICIONES DISCURSIVAS: LA DEMANDA DEL SANTO GRIAL Eugenio Bustos Gisbert....................................................................................... 137 Tercera Parte ACTOS DE HABLA Y CORTESÍA LA CORTESÍA VERBAL EN TEXTOS MEDIEVALES ESPAÑOLES: UNIVERSALIDAD, HISTORICIDAD Y TRADICIONALIDAD Angela Schrott ..................................................................................................... 161 BUENOS DESEOS REGALADOS: EL AGRADECIMIENTO EN ESPAÑOL CLÁSICO Lorena Núñez Pinero........................................................................................... 189
PETICIONES CON MERCED YSERVIR EN EL ESPAÑOL ÁUREO O EL ESTILO CORTESANO DE LA CORTESÍA LINGÜÍSTICA Silvia Iglesias Recuero......................................................................................... 215 Cuarta Parte LA CONSTRUCCIÓN LITERARIA DEL DIÁLOGO CONVERSACIONAL ENTRE GÉNERO Y TRADICIÓN DISCURSIVA: LA ESTRUCTURA DE LA CONVERSACIÓN EN EL DIÁLOGO TEATRAL DEL SIGLO DE ORO Y DE LA EDAD MODERNA Santiago del Rey Quesada................................................................................. 249
31 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO lingüística de los hablantes, que nuestra disciplina toma como materia de estudio. Por lo que respecta al saber de primer orden, este se refiere a la teorización científica propiamente dicha. En nuestro ámbito de conocimiento, se ubicarían aquí las diversas teorías lingüísticas de las que dispongamos para el desempeño de nuestra labor investigadora, así como los métodos de análisis, las hipótesis, los principios, etc., vinculados con tales teorías o modelos teóricos. Por último, por encima de este saber propiamente teórico, se situaría un saber de segundo orden –y, por ende, un saber de naturaleza metateórica–, entregado a la dilucidación de los fundamentos que subyacen a la teorización científica, que, en nuestro caso, es teorización específica sobre el lenguaje. De este tipo es, justamente, el contenido de las presentes páginas, que constituyen, por tanto, una aproximación de segundo orden al problema del cambio lingüístico. Como acabamos de señalar, el cometido específico de la filosofía de la lingüística es dar cuenta de las peculiaridades epistemológicas que presentan tanto la actividad de teorización lingüística como las teorías resultantes de tal actividad de teorización. Sin embargo, a veces la filosofía de la lingüística es víctima de una confusión que tiende a igualarla con la filosofía del lenguaje. Esta última es, en realidad, la rama de la filosofía que se ocupa, en relación con el problema del significado, de las relaciones entre el lenguaje, el conocimiento y la realidad; de ahí que se pregunte, por ejemplo, si es o no posible diferenciar claramente entre estos tres dominios, además de indagar en la naturaleza del propio lenguaje como tal. Por lo que respecta a la filosofía de la lingüística, su campo de acción no es la reflexión sobre las relaciones entre el lenguaje, el conocimiento y la realidad, sino la aprehensión metateórica, epistemológica o filosófico-científica de los fundamentos de la lingüística como disciplina científica. Dicho de otro modo, y tal y como se pone de relieve en la figura 2, en la que se destacan en cursiva los objetos de estudio de la filosofía del lenguaje y de la filosofía de la lingüística respectivamente, mientras que el objeto de estudio de la filosofía del lenguaje es, como también en el caso de la lingüística, el propio lenguaje –al que se suman en la filosofía del lenguaje como objetos de interés también el conocimiento y la realidad–, el objeto de estudio de la filosofía de la lingüística es, como su propio nombre indica, no, de nuevo, el lenguaje, sino la teorización sobre el lenguaje que lleva a cabo la ciencia lingüística.
32 ARACELI LÓPEZ SERENA Filosofía del lenguaje Filosofía de la lingüística Nivel 2: FILOSOFÍA reflexión sobre las relaciones entre el lenguaje, el conocimiento y la realidad dilucidación de los fundamentos que subyacen a la elaboración de teorías específicamente lingüísticas Nivel 1: CIENCIA —teorías lingüísticas Nivel 0: MATERIA DE ESTUDIO lenguaje conocimiento realidad lenguaje Figura 2. Filosofía del lenguaje frente a filosofía de la lingüística La mayoría de los filósofos de la ciencia afronta, en algún momento, la cuestión del carácter descriptivo o prescriptivo de su disciplina. Y es que, en la medida en que la filosofía de la ciencia versa sobre la justificación de la legitimidad de los conocimientos y procedimientos científicos, la pregunta sobre su naturaleza descriptiva o prescriptiva resulta inevitable. ¿Debe la filosofía de la ciencia conformarse con describir lo que para tales y cuales ámbitos de la investigación científica se entiende por procedimientos legítimos y por conocimiento justificado? ¿O debe tratar de prescribir de acuerdo con qué criterios ha de realizarse la labor científica a fin de que esta pueda considerarse propiamente tal? O, tal y como lo expone Antonio Diéguez, ¿ha de entenderse la filosofía de la ciencia como una disciplina capaz de dictar normas acerca del modo en que debe procederse para hacer ciencia de forma más eficiente o más racional, con independencia de que esas recomendaciones sean oídas o no por los científicos? ¿O debe limitarse, por el contrario, a decir simplemente cómo ha sido hecha en realidad la ciencia hasta el momento? (Diéguez 2005: 27). Para Díez y Moulines (1999: 20), «[c]aracterizar la naturaleza de la filosofía de la ciencia en el contexto de la dicotomía ‘descripción/prescripción’» constituye una falsa disyuntiva (cf., a este respecto, también López Serena 2015): En nuestra opinión, este modo de plantear la cuestión es completamente confundente. En primer lugar, descripción y prescripción aplicados al análisis de la actividad científica no son excluyentes. No se trata de dos cuernos de un dilema, sino de las dos caras de una misma moneda. […] Contra lo que muchas veces se ha sugerido, descripción y prescripción no siempre se oponen. En concreto, no se oponen cuando son relativas a las prácticas convencionales: las prácticas convencionales se atienen a convenciones o reglas, y la descripción de tales convenciones tiene implicaciones normativas. […] Una actividad convencional es pues una actividad que está regida por normas seguidas implícita o inconscientemente por los que llevan a cabo dicha actividad. Pero las convenciones son normas y por tanto las actividades convencionales son susceptibles de llevarse a cabo correcta o incorrectamente,
33 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO siguiendo las reglas o no […] [; de modo que] describir normas o convenciones en cuyo intento de seguimiento consiste una actividad es a la vez dar criterios de evaluación sobre la realización correcta o incorrecta de dicha actividad (Díez y Moulines 1999: 20-22). De esto se colige, que, tal y como estos mismos autores ponen de relieve, «[u]na filosofía de la ciencia que quisiera permanecer limitada a aspectos descriptivos tendría que renunciar al uso directo de conceptos normativos o valorativos como ‘justificado’, ‘racional’, ‘confirmado’, ‘verdadero’, etc. Y es difícil ver cómo podría seguir siendo entonces filosofía de la ciencia (cf. Rodríguez Alcázar 2000, cap. 1)» (Diéguez 2005: 28-29). De acuerdo con lo anterior, a lo largo de los próximos cuatro epígrafes se asumirá con naturalidad el carácter descriptivo-prescriptivo de las consideraciones epistemológicas que se efectúen. De hecho, como se verá en el apartado inmediatamente posterior a este, el principal motivo por el que la filosofía de la ciencia hermenéutica aboga por reconocer la existencia de diferencias significativas entre ciencias humanas y ciencias naturales que afectan, entre otras disciplinas, a la lingüística, está relacionado con el hecho de que también, en parte, la propia lingüística posee una naturaleza descriptivo-prescriptiva análoga a la que manifiesta la filosofía de la ciencia. Ello se debe a que, al igual que ocurre con la práctica científica, que es, como acabamos de ver, una actividad convencional regida por normas seguidas implícita o inconscientemente por quienes llevan a cabo dicha actividad, también la interacción lingüística es una actividad convencional sujeta a normas o convenciones y susceptible de realizarse correcta o incorrectamente, siguiendo las reglas o no. 3. La oposición entre ciencias naturales y ciencias humanas: principios de una filosofía de la ciencia hermenéutica Describir cómo se determinan las condiciones que debe reunir una teoría para ser científicamente legítima, internamente consistente y externamente adecuada con respecto a la naturaleza propia de su objeto de estudio no es una actividad epistemológicamente objetiva o neutral, sino que implica un posicionamiento previo con respecto a cómo se conciben, por una parte, la actividad y el conocimiento científicos y, por otra, la naturaleza de la realidad que se desea aprehender científicamente. En relación con la ontología del objeto de estudio –o naturaleza de la realidad que se desea aprehender científicamente–, en multitud de circunstancias he tenido ocasión de llamar la atención sobre los motivos por los que, a partir de la constatación de diferencias ontológicas evidentes entre los objetos del mundo físico y los «objetos» humanos resulta obligado establecer una distinción entre ciencias humanas y ciencias naturales. Con el paso del tiempo, he terminado por configurar un esquema específico para exponer dichos motivos. Este esquema se reproduce como figura 3.
34 ARACELI LÓPEZ SERENA En efecto, tal como manifiesta la figura 3, la diferente naturaleza del objeto de estudio de ciencias naturales y ciencias humanas y la diferente relación que el sujeto de la investigación establece, en uno y otro tipo de ciencias, con tales objetos, obliga a que el tipo de explicación que se emplee en uno y otro ámbito haya de ser también, necesariamente, disímil. En concreto, para establecer la relación causal que se instituye entre dos hechos físicos es necesario recurrir a la observación externa. Sin embargo, en lo referente a las acciones humanas, las relaciones, no de causalidad, sino de finalidad, que ligan tales acciones con las razones que subyacen a su realización se experimentan internamente, de forma directa, en la medida en que la comprensión de las acciones ajenas está basada en experiencias propias similares. Si trasladamos estas consideraciones al ámbito específico de la lingüística, debemos admitir que cuando se describe bien la propia lengua materna, bien una lengua sobre la que se posee una competencia prácticamente nativa, la «recolección de datos» consiste, no en experimentación y observación, sino en tratar de recordarse a sí mismo algo que uno en principio ya se sabe. La filosofía y la lingüística se han referido a este procedimiento con términos como anamnesis (Platón), Las razones por las que resulta obligado diferenciar entre ciencias humanas y ciencias naturales son, fundamentalmente, cuatro: la naturaleza manifiestamente desigual de sus respectivos objetos de estudio. Así, mientras que los fenómenos humanos poseen un carácter eminentemente normativo (social) –cuyas reglas es perfectamente posible violar–, las leyes naturales son de carácter necesario. En ellas los contraejemplos no se conciben como violaciones de las reglas, sino como refutación de las leyes. Por tanto, podemos decir que esta oposición está basada en: el carácter universal de los fenómenos naturales (α) sujetos a leyes de causalidad y necesidad (β) y susceptibles, por tanto, de predicción, en contraposición con la condición socio-histórica o normativa de lo humano, donde priman (α) la libertad o libre albedrío de acatar o violar las reglas (β) y las explicaciones finalistas, y no causalistas; la distinta relación entre sujeto y objeto de investigación en uno y otro tipo de ciencias: independientes en las naturales y coincidentes en las humanas, en las que el hombre es a un tiempo sujeto y objeto de la investigación; el distinto procedimiento (acto epistémico) que se requiere para alcanzar el conocimiento: observación en el caso de las ciencias naturales e intuición en el caso de las ciencias humanas; la certeza del conocimiento lingüístico frente a la incertidumbre del conocimiento en las ciencias naturales. Figura 3. Factores que determinan la oposición entre ciencias naturales y ciencias humanas
35 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO comprensión (Verstehen) (Kant), reflexión inmanente (Wittgenstein), re-representación (re-enactment) (Collingwood), resucitación o reanimación (Sornicola), saber originario (Coseriu), empatía (Itkonen, Kabatek), explicación racional (Itkonen) o intuición (Itkonen). En el caso de la lingüística, el recurso a la intuición, la empatía o al saber originario, es, como expone Coseriu, inexcusable, en la medida en que, como señala este autor, «el lingüista no puede eludir el hecho de que tiene experiencia del valor simbólico de los signos lingüísticos, por ser él mismo un individuo hablante: el científico no puede excluirse a sí mismo como hablante de su experiencia objetiva de los hechos lingüísticos» (Coseriu 1954 [1973]: 142; la cursiva es mía). Dado que la comprensión, la reflexión inmanente, la re-representación, la resucitación o reanimación, la explicación racional, la empatía, la intuición y la activación del saber originario son procedimientos extraños a las ciencias naturales, que por lo general se consideran las ciencias por antonomasia, en la historia de la lingüística son frecuentes las actitudes, que podemos denominar metodológicamente monistas, de acuerdo con las cuales se prefiere importar a nuestro ámbito los métodos habituales en las ciencias fisicalistas, antes que desarrollar métodos propios realmente adecuados con respecto a la naturaleza propia de un objeto de estudio no regido por la causalidad. En este sentido, podríamos hablar de la contraposición entre un principio epistemológico monista y un principio epistemológico de adecuación al objeto de estudio. En el primer caso, se da preponderancia al método por encima del objeto. En el segundo, se considera que es prioritario respetar la ontología específica de los objetos de investigación humanos. Monismo metodológico Filosofía hermenéutica Principio epistemológico de partida ANTEPOSICIÓN DE LA METODOLOGÍA A LA ONTOLOGÍA ANTEPOSICIÓN DE LA ONTOLOGÍA POR ENCIMA DE LA METODOLOGÍA Consecuencias epistemológicas Seguimiento de la metodología propia de las ciencias naturales, que se considera la única válida para todos los tipos de ciencias, independientemente de que ello obligue a desvirtuar la naturaleza propia del objeto de estudio Desarrollo de una metodología propia para las ciencias humanas, adecuada a la naturaleza propia de su objeto de estudio Figura 4. La preeminencia del método frente a la preeminencia del objeto en la oposición entre monismo metodológico y perspectiva hermenéutica
36 ARACELI LÓPEZ SERENA En lo que sigue, adoptaremos el segundo de estos principios, que hemos llamado de adecuación, para abordar, en primer lugar, en §3, de qué manera, desde este mismo punto de vista, que es, en definitiva, el de la filosofía de la ciencia hermenéutica3, se enfrenta Coseriu al problema del cambio lingüístico como problema filosófico. En segundo lugar, la misma perspectiva nos servirá para poner al descubierto, en §4, las inconsistencias epistemológicas que caracterizan a los acercamientos deliberadamente naturalistas –es decir, monistas– al cambio lingüístico. 4. El problema del cambio lingüístico como problema filosófico para Eugenio Coseriu En Sincronía, diacronía e historia, afirma Coseriu: Muchos lingüistas, celosos de una autonomía impropia, consideran con desconfianza a la filosofía, que es la ciencia misma de los principios. Debido a este estado, por un lado, de dependencia inoportuna y, por el otro, de lamentable aislamiento, en la lingüística se siguen planteando como «actuales» viejos problemas ya resueltos hace mucho tiempo, o eliminados como inconsistentes, por la filosofía o por las demás ciencias del hombre (Coseriu 1958 [19883]: 217, n. 63; la cursiva es mía). A su modo de ver, «tal autonomía es imposible, y el pretenderla es en sí mismo un contrasentido» (Coseriu 1958 [19883]: 199); de ahí que su propia obra lingüística esté repleta de reflexiones filosóficas. Así, tal y como él mismo señala, «[p]roblemas de filosofía del lenguaje (sic)4 se encuentran tratados en varios trabajos de Coseriu – en particular, en Forma y sustancia (Coseriu 1954 [1973]), en Logicismo y antilogicismo (Coseriu 1957 [1973]), en “Determinación y entorno” (Coseriu 1955-56 [1973]) y en Sincronía, diacronía e historia… (Coseriu 1958 [19883])–» (Coseriu 1968 [1977]: 342). Para Coseriu, que en alguno de sus trabajos dejó constancia de su interés por la epistemología, al afirmar que «en el conocer, lo que importa es la cualidad científica del conocimiento, aparte si nos conduce a un sí o a un no» (Coseriu 1953 [1977]: 262; la cursiva es mía), es preciso distinguir entre tres clases de ciencias: 1. La ciencia como historia (eine Wissenschaft als Geschichte) 2. La ciencia de lo general (eine Wissenschaft vom Allgemeinen) 3. La ciencia en el sentido de la Filosofía (eine Wissenschaft im Sinne der Philosophie) (cf. Coseriu 1972: 3-7) 3. Cf. Bleicher (1980), Itkonen (1993). 4. En realidad, de acuerdo con la precisión que se ha hecho en §1, se trata tanto de problemas de filosofía del lenguaje como de problemas de filosofía de la lingüística.
37 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO De acuerdo con su planteamiento, a cada una de estas clases de ciencias le corresponden preguntas diferenciadas: Ciencia (Wissenschaft) wissenschaftliche Fragen) 1. Preguntas históricas (historische Fragen) 2. Preguntas científicas generales (allgemein) 3. Preguntas filosóficas (philosophische Fragen) Figura 5. La distinción entre preguntas históricas, preguntas científicas generales y preguntas filosóficas (cf. Coseriu 1972: 3-7) La aplicación, por parte de Coseriu, de esta tricotomía al problema del cambio lingüístico lo lleva a diferenciar tres problemas diversos del cambio lingüístico, que a menudo se confunden: a) EL PROBLEMA RACIONAL DEL CAMBIO (¿por qué cambian las lenguas?, es decir, ¿por qué no son inmutables?) [pregunta filosófica, que compete a la TEORÍA DEL LENGUAJE]; b) EL PROBLEMA GENERAL DE LOS CAMBIOS, que, como se verá, no es un problema «causal», sino «condicional» (¿en qué condiciones suelen ocurrir cambios en las lenguas?) [este es un problema de LINGÜÍSTICA GENERAL]; y c) el problema histórico de tal cambio determinado [LINGÜÍSTICA HISTÓRICA] (Coseriu 1958 [19883]: 65-66; cursiva original; los añadidos entre corchetes y la versalita son míos). Dispuestas en forma de tabla, las diferencias que acabamos de mencionar quedarían tal y como refleja la figura 6, en cuya última columna se ofrecen los ejemplos del tipo de pregunta característico de cada una de ellas que proporciona el propio Coseriu: a) Teoría del lenguaje (y Filosofía) Problema racional del cambio: problema teórico de la mutabilidad de las lenguas ¿por qué cambian las lenguas? ¿por qué no son inmutables? b) Lingüística general Problema general de los cambios ¿en qué condiciones suelen ocurrir cambios en las lenguas? c) Lingüística histórica Problema histórico de tal cambio determinado ¿por qué surgió el futuro romance? Figura 6. Las tres clases de ciencias y los tres problemas del cambio lingüístico de acuerdo con Coseriu (1958 [19883])
38 ARACELI LÓPEZ SERENA Con respecto al problema racional del cambio lingüístico, que nuestro autor también denomina «el problema teórico de la mutabilidad de las lenguas», Coseriu afirma que, «en cuanto problema teórico, depende, ciertamente, del conocimiento de los “hechos”, pues toda teoría es teoría de la experiencia (o sea, de lo real)». Epistemológicamente, sin embargo, lo más importante a este respecto es, por un lado, que «su solución no es de ningún modo mera generalización de varias soluciones parciales» (Coseriu 1958 [19883]: 66). Más bien al contrario, como también señala Coseriu, el problema teórico de la mutabilidad de las lenguas es «un problema previo, y de su solución depende el planteamiento correcto de los problemas del tipo b y c» (ibid.). Por otro lado, en relación con la dicotomía entre ciencias naturales y ciencias humanas que hemos tratado en §2, Coseriu destaca cómo «[s]u propio planteamiento, como necesariamente ocurre en las ciencias del hombre, se funda en el “saber originario” acerca del lenguaje, es decir, en el conocimiento, anterior a toda ciencia, que el hombre tiene de sí mismo» (ibid.). Aún en relación con este primer problema racional y teórico, y con las confusiones a las que conduce la resistencia a aceptar las diferencias que conciernen a las ciencias humanas y a las naturales, Coseriu advierte de lo siguiente: Uno de los errores que más afligen a la lingüística –y que también procede del considerar las lenguas como «cosas» y de la confusión entre ciencias del hombre y ciencias de la naturaleza– es el de querer reducir los problemas teóricos (racionales) a problemas meramente «generales». En el caso del cambio lingüístico, ese error consiste en creer que el problema de la mutabilidad de las lenguas se resuelve encontrando la «causa», o todas las pretendidas «causas», de los muchos cambios particulares (Coseriu 1958 [19883]: 66-67). Abundando en este mismo argumento, el de los problemas que se derivan de la confusión entre ciencias del hombre y ciencias de la naturaleza y de imponer a las primeras los requisitos de las segundas, en otro lugar Coseriu va a señalar, a este mismo respecto, lo siguiente: [E]N VIRTUD DEL PRINCIPIO DEL NATURALISMO, LAS LENGUAS SE CONSIDERAN, MÁS O MENOS EXPLÍCITAMENTE, COMO SI FUESEN OBJETOS U ORGANISMOS NATURALES, dotados de «evolución» propia [omito nota]. Por consiguiente, se habla de «vida» de las lenguas y «vida» de las palabras, y, sin duda, a menudo se entiende que son metáforas, pero también las metáforas tienen su porqué y reflejan una determinada ideología. Así también, se habla de «lenguas madres» y «lenguas hijas», de «familias» de lenguas, y, en parte, estas metáforas se difunden y enraízan en la terminología corriente, fuera de la lingüística. POR EL MISMO PRINCIPIO, LOS HECHOS LINGÜÍSTICOS SE INTERPRETAN DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA CAUSALIDAD, Y SE PREGUNTA, POR EJEMPLO, CUÁL ES LA «CAUSA» DE TAL O CUAL CAMBIO LINGÜÍSTICO. Así, puesto que la «evolución» constituye el problema básico, al observarse que, en la historia, se
39 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO pasa de un estado de lengua A a un estado B, se plantea el problema de las «causas» que han determinado tal «evolución». Es decir que no se considera como hecho primario la producción de las lenguas, o sea, la creatividad lingüística como tal y su objetivación histórica (el llamado «cambio»), sino, en cada caso, el estado de lengua, que –como los objetos naturales–, sin causas, no debería cambiar. En cuanto a las causas mismas, se estima que podrían ser análogas a las comprobadas en el mundo natural; y se ha hablado hasta del influjo del clima y del ambiente geográfico sobre las lenguas, así como, en la historia literaria, Hipólito Taine pretendía explicar el desarrollo de la literatura por determinaciones e influjos varios, incluidos los del ambiente geográfico (pero, afortunadamente, también los del ambiente social) (Coseriu 1981: 48-49; cursiva original; la versalita es mía)5. Y, en el mismo sentido: EL PRINCIPIO DEL NATURALISMO SIGNIFICA, EN PRIMER LUGAR Y EN SENTIDO GENERAL QUE TODOS LOS HECHOS SE REDUCEN AL TIPO DE LOS HECHOS NATURALES […]. En consecuencia, se estima que todos los hechos –también los que pertenecen a la esfera propiamente humana, como el arte o el lenguaje– están sujetos a los principios de causalidad y de necesidad que valen en el mundo de la naturaleza. Es decir que también LOS HECHOS CULTURALES SE CONSIDERAN COMO SI FUESEN HECHOS NATURALES Y COMO DEBIDOS A «CAUSAS» Y GOBERNADOS POR LEYES DE NECESIDAD. El corolario metodológico de esto es que la ciencia natural se toma como modelo ideal de toda ciencia y que también a los hechos culturales se aplican planteamientos y métodos «naturalistas». Por ello, lo que se busca son las causas de los hechos y las leyes de su «evolución», una legalidad suya de tipo natural, exigencia, ésta, satisfecha cuando se logre descubrir las leyes que determinan y regulan los hechos y, en particular, las leyes de su desarrollo. Además, de acuerdo con el principio formulado por Augusto Comte, «savoir pour prévoir afin de pourvoir», se estima que el conocimiento de los hechos y la generalización nos permitirían establecer leyes de carácter general que, a su vez, consentirían prever desarrollos futuros. Por lo tanto, se considera que una ciencia cualquiera es propiamente tal y ha alcanzado su madurez en el momento en que es capaz de prever (Coseriu 1981: 40; versalita es mía). En sintonía con lo que ya se expuso en §2, para Coseriu ATODAS LAS ACTITUDES CAUSALISTAS Y A LAS CONFUSIONES QUE ELLAS IMPLICAN, HAY QUE OPONER LA DISTINCIÓN –CLARAMENTE ESTABLECIDA DESDE KANT– ENTRE EL «MUNDO DE LA NECESIDAD» Y EL «MUNDO DE LA LIBERTAD». Asimismo, a los intentos declarados o no declarados del positivismo viejo y nuevo de reducir toda ciencia a ciencia física, HAY QUE OPONER LA FUNDAMENTAL DIVERSIDAD ENTRE LOS HECHOS NATURALES Y LOS CULTURALES y, por lo tanto, entre las ciencias físicas y las humanas. Esto no implica ningún desdén por las ciencias físicas que, naturalmente, son las únicas adecuadas a su objeto. Pero implica entender que sus postulados y métodos (salvo 5. Sobre el peligro de las metáforas naturalistas, cf. también Winter-Froemel (2013-2014 y 2014).
40 ARACELI LÓPEZ SERENA por lo que atañe a la descripción material) no son aplicables a los objetos culturales, puesto que en éstos lo exacto, lo positivo, lo que efectivamente se da y se comprueba, son la libertad y la intencionalidad, la invención, la creación y la adopción libres, motivadas sólo finalísticamente. EN LOS FENÓMENOS DE LA NATURALEZA CORRESPONDE, SIN DUDA, BUSCAR UNA NECESIDAD EXTERIOR, OCAUSALIDAD; EN LOS FENÓMENOS CULTURALES, EN CAMBIO, LO QUE CORRESPONDE BUSCAR ES UNA NECESIDAD INTERIOR, OFINALIDAD (Coseriu 1958 [19883]: 193-194; cursiva original, la versalita es mía). De ahí que, en su opinión, En el fondo, LA PERPLEJIDAD FRENTE AL CAMBIO LINGÜÍSTICO Y LA TENDENCIA A CONSIDERARLO COMO FENÓMENO ESPURIO, PROVOCADO POR «FACTORES EXTERNOS», SE DEBEN AL HECHO DE PARTIR DE LA LENGUA ABSTRACTA –y, por lo tanto, ESTÁTICA–, separada del hablar y CONSIDERADA COMO COSA HECHA, COMO ERGON, sin siquiera preguntarse qué son y cómo existen realmente las lenguas y qué significa propiamente un «cambio» en una lengua. DE AQUÍ TAMBIÉN EL PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA DEL CAMBIO EN TÉRMINOS CAUSALES, puesto que los cambios en las «cosas» desligadas de la intencionalidad de todo sujeto se atribuyen, precisamente, a «causas». PERO LA LENGUA NO PERTENECE AL ORDEN CAUSAL SINO AL ORDEN FINAL (Coseriu 1958 [19883]: 29; cursiva original, la versalita es mía). Naturalmente, para Coseriu, el hecho de que la lengua no pertenezca al orden causal, sino al final tiene implicaciones epistemológicas. En concreto, las que ya se señalaron en §2: la finalidad, en cuanto «causalidad subjetiva», no puede conocerse (reconocerse) más que subjetivamente, mediante una EXPERIENCIA INTERIOR, ya que no se trata de un hecho exteriormente comprobable. Por lo tanto, el problema que debe plantearse en cada caso particular no es: «¿por qué [por cuáles circunstancias empíricamente objetivas] ocurrió tal cambio?», sino: «¿para qué [con qué finalidad] yo, disponiendo de tal sistema determinado y hallándome en tales y cuales circunstancias históricas, cambiaría A en B, abandonaría el elemento C o crearía el elemento D?» (En nota: […] Ello no ocurre sólo con los cambios, sino con todos los hechos lingüísticos, que no pueden entenderse como tales más que mediante una reinterpretación interior […]) Más aún: no sólo así debe hacerse, sino que cabe decir que, en realidad, y por debajo de la eventual terminología causalista, así se hace y así se ha hecho en cada caso en que el problema de un cambio particular se ha planteado con sentido y, en lo esencial, correctamente (Coseriu 1958 [19883]: 205-206 y 206, n. 45; cursiva original, la versalita es mía). Pese a que las fechas de los trabajos de Coseriu que se han traído aquí a colación no son, en absoluto, recientes, las denuncias hechas por este autor contra el hábito de tomar la ciencia natural como modelo ideal de toda ciencia y de aplicar a los hechos culturales planteamientos y métodos monistas o naturalistas han
47 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO circunstancias históricas, cambiaría A en B, abandonaría el elemento C o crearía el elemento D. Para justificar esta afirmación que acabo de hacer, conviene prestar atención a la manera en que se expone exactamente este itinerario de gramaticalización y comprobar si dicha exposición admite su reformulación en términos de re-representación. En los primeros ejemplos que toma en consideración, Octavio de Toledo señala cómo, en consonancia con los valores propios del subjuntivo, que «[d]esde los orígenes del español […] ha servido para expresar las actitudes del sujeto hacia la existencia del evento, aportando contenidos evaluativos (desconocimiento, duda, probabilidad, posibilidad…) o subrayando el compromiso ilocutivo del hablante con su realización efectiva (deseo, voluntad, exhortación, mandato…)» (Octavio de Toledo 2001-2002: 49), ya en testimonios como la General Estoria es posible encontrar usos de vaya con este segundo tipo de valor: (1) Cresca como lluvia el mio ensañamiento, decenda como rucio la mi palabra, e la mi razón ASÍ vaya como lluvia sobre yerva e como destellos d’agua sobre yerbas, ca el nombre de Dios llamo (AlfX, GEI, 28.3.934, apud Octavio de Toledo 20012002: 49; cursiva original, la versalita es mía). En relación con este segundo grupo de valores, que Octavio de Toledo identifica como característicos del subjuntivo libre en oraciones independientes, este mismo autor señala que «incide[n] sobre la capacidad del hablante de instigar y/o controlar la producción del evento», de manera que entre ellos cabe ubicar también «el valor de aceptación, que responde a una operación intersubjetiva en la que se plantea un conflicto potencial entre el evento expresado por uno de los participantes y el reconocimiento (o control de su validez) por parte del otro» (Octavio de Toledo 2001-2002: 49-50; cursiva original): (2) —Señora, la siesta entra muy caliente; aquí dormiréis hasta que venga la fría. Y en tanto embiaré a Gandalín aquella villa y traernos ha con que refresquemos. —Vaya –dijo Oriana—; ¿mas quién gelo dará? (Amadís, 1.35.573; apud Octavio de Toledo 2001-2002: 50; la cursiva es mía). Para Octavio de Toledo, mientras que en intercambios dialógicos o pares adyacentes de este tipo en cuyo segundo miembro hay un venga «el hablante acepta un desplazamiento que lo implica –por cuanto culmina en la posición que el propio hablante ocupa– y expresa, por tanto, cierta empatía hacia la culminación del evento […]; con vaya, en cambio, el hablante se limita a admitir la producción de un evento en cuyo desarrollo no toma parte y en el que, por tanto, no se involucra personalmente, por lo que es posible que haga explícita su reticencia» (Octavio de
48 ARACELI LÓPEZ SERENA Toledo 2001-2002: 50; la cursiva no preceptiva es mía). Dicho en términos finalistas, es decir, de acuerdo con el esquema de la explicación racional: mientras que el uso de venga puede ser considerado como un medio adecuado para la expresión de un desplazamiento que implica al hablante, el de vaya, en la medida en que manifiesta la aceptación de un evento en cuyo desarrollo no toma parte el propio emisor, es susceptible de ser interpretado tanto por este como por los receptores de su mensaje como un medio adecuado para la expresión de ciertas reticencias. De hecho, como señala el propio Octavio de Toledo, en el ejemplo que aquí se ha reproducido como (2) la adversativa que introduce mas parece apuntar también en esa misma dirección de expresión de reticencias. Una vez que admitimos la posibilidad de que vaya asuma valores de expresión de aceptación reticente en contextos como el de (2) –es decir, de que pueda ser considerado, en la lengua española de esa época, un medio adecuado para la expresión de tal valor–, resulta asimismo factible su interpretación, por parte de los hablantes de ese tiempo, como un medio adecuado, no solo para la finalidad de expresar «una aceptación remisa o resignada por parte del hablante […] del desplazamiento concreto, sino de las circunstancias de la enunciación que se le propone» (Octavio de Toledo 2001-2002: 50): [T]al parece el caso en [3], donde el subjuntivo déselo ya permite presuponer la autorización de un desplazamiento cuyo resultado sea la entrega del dinero, y vaya funciona más bien como un refuerzo que indica, de paso, la contrariedad que suscita en el hablante el acto de aceptación8, del mismo modo que el imperativo andá de la oración siguiente sirve más bien como fórmula genérica de exhortación que como mandato referido al evento de andar (Octavio de Toledo 2001-2002: 50). (3) [Jodío] El platero da seis solamente […], y aun dice que vos me habéis de pagar mi fatiga o corretaje. Y dijo que tornase luego […] [Lozana] Dé siete, y págueos a vos […] [Jodío] D’esa manera, ocho serán […] [Rampín] Vaya, déselo, que estos judíos, si se arrepienten, no haremos nada. Andá, Trigo, daldo y mirá si podéis sacalle más (Lozana, 16.85, apud Octavio de Toledo 2001-2002: 50-51; la cursiva es mía). Así las cosas, parece claro que, para construir su explicación, Octavio de Toledo ha debido ser capaz de imaginar cómo vaya se pudo explotar, en primer lugar, a partir de los valores de compromiso ilocutivo del hablante con la realización 8. O, lo que es lo mismo, vaya es interpretado, por el emisor y por los receptores de este enunciado como un medio adecuado para la expresión de refuerzo que indica, de paso, la contrariedad que suscita en el hablante el acto de aceptación.
49 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO efectiva del evento ‘ir’ formulado en subjuntivo, primero un valor de aceptación y, después, un valor de aceptación remisa. Y, para ello, no ha podido actuar como un sujeto investigador absolutamente externo al objeto investigado, sino que ha debido ponerse en el lugar de los hablantes innovadores y de los receptores de los valores innovadores inferibles de los ejemplos analizados. Por tanto, si acudimos, en nuestro análisis metateórico, a la oposición entre observación y comprensión que se introdujo en §2, debemos admitir que el acercamiento de Octavio de Toledo a la gramaticalización de vaya parece un caso evidente en que comprensión equivale a explicación, ya que, al hacer comprensible para sí mismo el paso expresión de deseo > marca de aceptación reticente de un desplazamiento > marca de aceptación reticente, el autor da este cambio por explicado. 6.2. La gramaticalización de AD > a como marca de caso objetivo Por su parte, el trabajo de Company (2003) sobre la gramaticalización de AD > a como marca de caso objetivo en español se enfrenta al siguiente problema: ¿Cómo es posible la gramaticalización de AD > a como marca de caso objetivo en español? A este respecto, su autora propone la siguiente solución: El valor locativo originario de dirección hacia una meta locativa [que poseía AD > a y] que incorpora seres humanos se extiende analógicamente para marcar una entidad que es de alguna manera alcanzada por la acción del verbo, esto es, un objeto indirecto (OI), meta de la transitividad (Company 2003: 18). El avance de esta marca prepositiva continuó y se extendió analógicamente a marcar una entidad que es afectada por la acción verbal, esto es, el objeto directo (OD). Se trata de una segunda gramaticalización, mediante la cual la preposición, que ya marcaba la meta última de la transitividad, pasa a codificar otra meta de la transitividad, pero esta vez la meta inmediata afectada por ella (Company 2003: 19). A su modo de ver, «[e]l proceso puede resumirse en el siguiente camino diacrónico: 1: preposición directiva hacia una meta locativa → 2: meta última o destino de la acción verbal: OI → 3: entidad afectada, meta inmediata de la acción verbal: OD» (ibid.). De hecho, para ella, «[c]omo consecuencia del avance de esta segunda gramaticalización a OD inanimados, la marca prepositiva está perdiendo sus antiguas restricciones semántico-sintácticas, está dejando de ser una especie de clasificador asociado a la clase semántica OD humano, ya no es más ‘a personal’ como la definiera Bello (1847/1978), y se está convirtiendo en un verdadero marcador gramatical de caso objetivo» (ibid).
50 ARACELI LÓPEZ SERENA Desde la óptica que guía al saber de segundo orden, de nuevo podemos identificar aquí una explicación alcanzada por empatía, mediante la adopción de la posición del hablante, en la que el lingüista se imagina cómo podrían haber (re)interpretado los hablantes una determinada construcción. Una vez más –insisto en ello–, si no pudiéramos imaginarnos a nosotros mismos llevando a cabo un supuesto proceso de gramaticalización, lo rechazaríamos. La gramaticalización de AD > a como marca de caso objetivo conforma un itinerario de gramaticalización A ≠ B ≠ C ≠ D con usos entre los que a priori no parece haber relación alguna. ¿Qué relación puede haber entre una preposición locativa y una marca de caso objetivo? Sin embargo, se asume un continuum porque el lingüista es capaz de imaginarse a sí mismo llevando a cabo cada uno de esos pasos: del uso de una preposición directiva que apunta hacia una meta locativa al uso de esta preposición para señalar la meta última o destino de la acción verbal (el OI); y, por último, a su empleo para indicar la entidad afectada por la acción verbal (la meta inmediata OD). Nos hallamos, pues, ante un nuevo un caso en que comprensión equivale a explicación. Una vez que Company ha hecho comprensible para sí misma el paso marca de meta locativa > marca de meta o destino de la acción verbal > marca de meta inmediata de la acción verbal, entonces, eo ipso, lo ha explicado. En otras palabras, una vez que ha sido capaz de argumentar con qué finalidad un hablante que deseara marcar la meta o el destino de la acción verbal podría valerse, con este fin, del recurso de una preposición que ya servía para marcar una meta locativa, Company ha explicado la primera de las dos gramaticalizaciones que le interesan, y una vez que ha sido capaz de argumentar con qué finalidad un hablante que deseara marcar la meta inmediata de la acción verbal se podría valer, a este propósito, de una preposición que ya servía para marcar la meta o el destino de la acción verbal, también ha explicado la segunda de las gramaticalizaciones que afectan a a en la historia de la lengua española. 6.3. La gramaticalización de por cierto como marcador epistémico En el trabajo más reciente de los que se analizan aquí, y que fue objeto de un estudio específico en López Serena (2018), Silvia Iglesias Recuero (2015) acomete el cambio experimentado por la combinación por + cierto desde su significado composicional primigenio a su valor epistémico, en el que se convierte en marcador y desarrolla el significado ‘ciertamente’. Para Iglesias, se trata de un cambio derivado de la ampliación de los usos descriptivos a los que estaba originariamente ceñida la combinación por + cierto, en formulaciones del tipo «tengo por cierto que…», hacia usos performativos. De acuerdo con esta autora, en los usos descriptivos «el sujeto del enunciado no tiene por qué coincidir con el de la enunciación», puesto
51 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO que «[e]l hablante transmite», en su mensaje, creencias o afirmaciones de otro, con las que no tiene por qué estar de acuerdo» (Iglesias Recuero 2015: 283) (cf. el ejemplo4). Sin embargo, en los usos performativos, «al coincidir sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación, la cualificación epistémica, esto es, el grado de compromiso con la verdad, es responsabilidad única del sujeto de la enunciación» (Iglesias Recuero 2015: 283) (cf. ejemplos 5, 6, 7). (4) Era obispo de Eliopoleos, que es la cibdad del sol o seyé ell ídolo en que dava el sol sus respuestas a los pueblos de los gentiles QUE TENIÉN ELLOS POR CIertas (Alfonso X, GE, Parte I, 100v, c. 1275 [CORDE], apud Iglesias Recuero 2015: 283; la versalita es mía). (5) Et estas figuras connOSco yo muy bien. ca so del so linnage & SÉ POR ÇIERTO que los fijos & los nietos destos ouieron uerdadera mientre el saber dellos (Alfonso X, GE, ParteII, 26v, c. 1275 [CORDE], apud Iglesias Recuero 2015: 283; la versalita es mía). (6) E Nuestro Señor Dios metrá tamaño espanto e tan grand miedo de vós por toda aquella tierra por ó avedes a andar que todos se esparzerán e foirán ante vós, así como vos lo prometió él.EOY VOS DIGO YO POR CIERTO que la vuestra bendición e la maldición en el vuestro alvedrío es e en vuestra mano yaze, e será cual quisiéredes (Alfonso X, GE, Parte I, 326v, c. 1275 [CORDE], apud Iglesias Recuero 2015: 284; la versalita es mía). (7) Mas cuand’ verná aquell tiempo, enfermo seRÁS, TENLO POR ÇIERTO (Vida de Santa María Egipciaca, 96, c. 1215 [CORDE] apud Iglesias Recuero 2015: 284; la versalita es mía). Tal como señala Iglesias Recuero (2015: 285), «en tales construcciones se produce una especie de redundancia epistémica [debida a que] en el propio significado léxico de los verbos epistémicos y de aserción se inscribe el compromiso del hablante con la verdad de la subordinada». Esto lleva una situación en la que por cierto funciona «más bien como reforzador –retórico– de la aserción, y consecuentemente, del grado sumo de convicción del hablante en la verdad de sus palabras, destinado a asegurar el efecto perlocutivo de convencer al destinatario», con lo que se propicia «la salida de por cierto del ámbito intraoracional y su conversión en modificador oracional epistémico» (Iglesias Recuero 2015: 285). ¿En qué se basa la explicación del paso uso descriptivo > uso performativo > reforzador retórico de la aserción o, en términos sintácticos, el cambio modificador adverbial epistémico > modificador oracional epistémico? Tal como yo lo veo, al igual que hemos visto que ocurría en los estudios de Octavio de Toledo y Company, también en este caso Iglesias ha debido adoptar la posición de los hablantes innovadores para explicarse de qué manera ha sido posible interpretar una forma lingüística de tal modo que se hayan extendido sus usos a contextos en que antes
52 ARACELI LÓPEZ SERENA no se empleaba. A la hora de dar sentido a sus datos, Iglesias ha sido capaz de imaginarse a sí misma produciendo e interpretando usos performativos de por cierto a partir de los usos descriptivos previamente existentes, es decir, ha sido capaz de imaginar con qué finalidad ella, disponiendo de usos descriptivos de por cierto y hallándose en unas determinadas circunstancias históricas y discursivas, podría haber deslizado hacia los usos performativos esta misma expresión y, con ello, de explicar el origen del valor epistémico de por cierto. O lo que es lo mismo: ha comprendido por qué para un hablante del s. XIII pudo tener sentido considerar un uso performativo de por cierto como un medio adecuado para el fin de reforzar una aserción. 7. Conclusiones Los trabajos de Octavio de Toledo, Company e Iglesias que se han traído a colación en este epígrafe final ilustran con claridad cómo, de acuerdo con el patrón que se puso de manifiesto en la figura 3 supra, cuando los filólogos, aunque sea implícitamente, y sin llevar a cabo una reflexión epistemológica específica, respetan el carácter socio-histórico de lo humano, producen explicaciones finalistas en las que asumen con naturalidad su doble condición de sujeto y objeto de la investigación y recurren, por tanto, al uso de la empatía. Con ello, dan muestra de que, en lo referente a las acciones humanas, las relaciones, no de causalidad, sino de finalidad, que ligan tales acciones con las razones que subyacen a su realización, son experimentadas internamente,de forma directa, por parte del investigador, en la medida en que la comprensión de las acciones ajenas está basada en experiencias propias similares, lo que significa que, en su actividad investigadora, subyace el tipo de explicación que Collingwood denominaba re-enactment. De acuerdo con Martin (1977: 47), An explanation by re-enactment is complete, and satisfactory, when the investigator assembles the elements of the agent’s thoughts through the «interpretation of evidence» and then, in Dray’s phrase, «displays the rationale of what was done» by showing the performance in question to be, on balance, the most plausible course of action relative to these elements. Inductive reconstruction and empathetic deliberation are the two logical dimensions of Collingwood’s theory of explanation by re-enactment. We might say that inductive reconstruction provides the element of chronicle in the historian’s account and the empathetic deliberation provides the element of narrative. Empathy completes reconstruction by showing the plausability of what has happened, but an explanation, though plausible, cannot be correct unless the inductive component is true. The ideal in history is to provide a narrative connecting facts (Martin 1977: 47, apud Anttila 1992: 26-27).
53 EL PROBLEMA DEL CAMBIO LINGÜÍSTICO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO En los trabajos analizados, el objeto de estudio no era ni el problema racional del cambio lingüístico, del que se ocuparía la teoría del lenguaje, ni el problema general de los cambios, que concentraría los esfuerzos de la lingüística general. Se trata, en todos los casos, de problemas históricos de cambios determinados, es decir, de problemas de lingüística histórica. Dado que, como se expuso más arriba, la lengua no pertenece al orden causal, sino al final, los tres investigadores generan experiencias interiores (re-enactments) que les ayudan a interpretar con qué finalidad cada uno de ellos, si hubiera estado en el lugar de los hablantes innovadores, hubiera dispuesto de tal sistema determinado y se hubiera encontrado en tales y cuales circunstancias históricas, habría producido el cambio A en B. Dicho en los términos que emplea Martin, los tres investigadores recurren, tras el imprescindible análisis de los datos, a deliberaciones empáticas en sus reconstrucciones. Si recordamos, para terminar, que la reflexión metateórica posee un carácter descriptivo-prescriptivo, no podemos descartar que los procedimientos de investigación y los esquemas de explicación seguidos por tres especialistas del prestigio de Octavio de Toledo, Company e Iglesias sean tomados como modelo por otros historiadores de la lengua, especialmente, por los que se encuentren aún en formación. En este sentido, la utilidad de una contribución como la presente, que se proponía recordar cómo el cambio lingüístico no es patrimonio exclusivo de la lingüística, sino que constituye también un problema filosófico, estribaría en haber ofrecido a esos investigadores noveles –y quizás, incluso, a algunos ya experimentados– una descripción epistemológica –esperamos que convincente– de las características distintivas de la historia de la lengua como ámbito de investigación y una fundamentación metateórica adecuada a la realidad de sus procedimientos de investigación explicación y argumentación. Referencias bibliográficas Anttila, Raimo (1977): Analogy. La Haya: Mouton. Anttila, Raimo (1992): «Historical explanation and historical linguistics», en Garry W. Davis y Gregory K. Iverson (eds.), Explanation in Historical Linguistics. Ámsterdam: John Benjamins, 17-39. Arens, Hans (1975): La lingüistica. Sus textos y su evolución desde la antigüedad hasta nuestros días. Madrid: Gredos. Versión española de Enrique Wulff a partir del original Sprachwissenschaft. Der Gang Ihrer Entwicklung von der Antike bis zur Gegenwart. Friburgo: K. Alber, 1955. Bello, Andrés (1847 [1978]): Gramática de la lengua castellana. Madrid: Edaf. Bernardo Paniagua, José María (1995): La construcción de la lingüística. Un debate epistemológico. Valencia: Universidad (LynX, Annexa 9).
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