scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Estudios filosóficos y políticos

Azcárate, Gumersindo de, (1840-1917)

Full text

4Z,di co.  -4 1  et. 1 ESTUDIOS 1GOS Y POLITTI SIL Lo POR GUMERSINDO DE AZCÁRATE Profesor en la Institucion libre de Enseñanza, DONATIVO ANGULO LAGUNA MADRID LIBRERÍA DE VICTORIANO SUÁREZ Calle de Jacometrezo, 72. 1877 PRÓLOGO. Cuando una cuestion social ó politica un problema científico, preocupan á la generalidad , el que sobre ellos escribe, se inclina naturalmente á creer que su trabajo puede ser útil, no por lo que en si valga, sino porque quizás despierte en otros el deseo de hacer uno mejor. Tal es el móvil que nos ha inducido á reimprimir estos estudios (1), formando con ellos el libro que ofrecemos al público. (1) Se publicaron antes : el primero, en la Revista Contemporánea; el segundo y el quinto, en la Revista Europea ; el tercero, en la Revista de la Academia matritense de Legislacion y Jurisprudencia; el cuarto y el sexto, en la Revista de España. PRÓLOGO VI Y ciertamente que los temas que son asunto de los mismos , no pueden ser más importantes: el positivismo, doctrina invasora, que va llevando su sentido á las ciencias particulares, despues de haber resuelto con su particular criterio las cuestiones de más alto interés ; el pesimismo, esta enfermedad del espíritu más peligrosa hoy que nunca, ya que en tiempos de crisis y transicion es cuando más son menester la fé en los destinos d e la humanidad y la esperanza de un porvenir mejor ; el municipio de la Edad media , institucion histórica, cuyo mérito y deméri- to son á la vez exagerados desde opuestos campos, cuando se trata de buscar solucion al grave problema de la organizacion local; los partidos políticos, entidades sociales, cuya conveniencia puede ponerse en duda, pero cuyo influjo decisivo, en bien ó en mal, en la vida politica moderna es evidente y manifiesto ; las relaciones entre el De- PRÓLOGO  VII recho y la Religion , y consiguientemente entre la Iglesia y el Estado , cuya lucha secular parece revivir cuando se creia próxima á terminar; y el influjo del principio democrático en el derecho privado, esto es, en el que se refiere á instituciones sociales tan importantes como la familia y la propiedad ; cuestiones son todas ellas de tal trascendencia, que no nos habríamos decidido á dilucidarlas ante el público, si -no nos animara la esperanza de merecer de éste la benevolencia que no niega á quien de buena fé busca la verdad y sinceramente la expone. 1/ r EL POSITIVISMO Y LA CIVILIZACION L Consideraciones generales. II. Positivismo crítico. —III. Positivismo ontológico ó dogmático.—IV. Concepto positivista de la vida.—V. El positivismo y la Religion.—VI. El positivismo y la Moral.—VII. El positi\ismo y el Derecho.—VIII. El positivismo y el problema social. IX. 'Influjo en bien y en mal del positivismo. Es sabido que en el Ateneo de Madrid se ponen á discusion las cuestiones que más preocupan á los hombres de ciencia, dando siempre la preferencia á aquellas que, no sólo interesan á la pura region de las ideas, sino que trascienden inmediatamente á la vida, influyendo en bien á en mal en la civilizacion de los pueblos. No es, por tanto, extraño que en el presente curso (1) haya discutido una de las secciones de dicha corpora- (1) En el de 1875 11, 1876. • 2  EL POSITLS ISAIO cion, si el actual movimiento de las ciencias naturales y filosóficas en sentido positivista constituye un grave peligro pura los grandes principios morales, sociales y religiosos en que descansa la civilizacion. Hacer, con ocasion de la larga é interesante discusion que con este motivo tuvo lugar, algunas observaciones críticas sobre el tema propuesto, es el fin que nos proponemos al escribir este artículo. No desconocemos las dificultades graves con que habremos de tropezar, puesto que, de un lado, los tiempos actuales piden en las investigaciones científicas un rigor de que no nos creemos capaces, y mucho ménos discutiendo con un sistema, como el positivismo, que es en este punto de los más exigentes (1); y de otro, abrigamos la íntima conviccion de que la ciencia es maestra de la vida, y por tanto reconocemos la responsabilidad que acepta todo aquel que se propone dilucidar cualquiera de las importantes cuestiones - que hoy preocupan al pensamiento humano. Bien se nos alcanza que al lado del conocimiento científico encontramos el coma ó vulgar, y que el hombre no obra en la vida guiado por la fria inteligencia, (1) En efecto, preciso es que todos se convenzan de que hoy sirven de poco, si se quiere permanecer en la esfera propia de la ciencia, el d ogmatismo sentimental y el sentimentalismo dogmático. • Y LA. CIVILIZACTON. sino que al lacio de ésta está siempre para impulsarla el sentimiento. Pero hay una gran diferencia entre reconocer que la investigacion rigurosa y reflexiva de la verdad rectifica al sentido Gomun y que este señala los extravíos en que aquella puede caer (1), y considerar como Completamente desligadas la ciencia y la vida, dejando á esta sin luz y sin guía, y convirtiendo aquella en un puro pasatiempo. De igual modo es evidente que el hombre no obra bajo la sola y exclusiva direccion del conocimiento, sino que la fuerza que le mueve y anima á seguir el camino que aquel le traza, no es otra que el sentimien- to; pero constituir á éste en causa única é incontrastable de nuestra conducta, vale tanto como suponer que el hombre se deja llevar por las solicitaciones de un impulso ciego (2). El sentimiento guiado por la razon es la locomotora que, mientras marcha sobre los carriles, salva abismos (1) Ancillon hace notar una de las diferencias que distinguen el conocimiento científico del comun, el carácter reflexivo, diciendo á propósito de la lógica: «Qu'est ce que la logique Izaturelle? C'est la logique artificielle qui s'ignore; et la logique artificielle 9z'est, ' son tour, que la logique naturelle qui se sait.» (2) El Sr. Revilla mantuvo con empeño este punto de vista, que, lleva,n4 consigo la desestima de la ciencia, venía á parar en suponer cosa sin importancia la EL POSITIVISMO lo mo,y en Italia el renacimiento filosófico y literario (1), cunde y se extiende á modo de Mahoma científico que todo lo inunda y lo avasalla; movimien- to sorprendente, del cual puede decirse lo que el ilustre Tocqueville decía de la Revolucion Erancesa: «Religion sin Dios, sin culto y sin la creencia en la otra vida, y que, sin embargo, ha invadido toda la tierra con sus apóstoles y sus soldados.» En medio de la variedad de matices que, segun hemos dicho, se dan dentro del positivismo, debidos á las tradiciones científicas de cada país, á las ciencias particulares que profesan sus adep - tos, á los distintos sistemas filosóficos de que se deriva ó con los que se relaciona, y á la índole misma del sistema, hay dos que son los principa- (1) En España el positivismo está penetrando por dos puertas, abiertas, la una por los dedicados á las ciencias naturales, la otra por los neo-kantianos. Quizás los esfuerzos de los primeros sean más eficaces que lo fueron en otros tiempos los de aquellos que, consagrados á las ciencias médicas, trataron de propagar una doctrina análoga, pues no es posible desconocer que los actuales positivistas disponen de más medios y manejan mejor templadas armas, sobre todo por el carácter y amplitud de su cultura. Sin embargo, nos parece evidente que es mucho más probable la propagacion del positivismo en España bajo el influjo y proteccion del neo-kantismo. Y LA CIVILIZACION.  11 les y que corresponden á problemas cuya solucion viene agitando y agitará p erpétuamente al pensamiento humano : el problema crítico y el problema Ontológico. Por este . motivo, limitaremos nuestro trabajo á examinar el tema propuesto bajo este doble punto de vista, que fué tambien, como no podia ménos, el que apareció en la importante discusion del Ateneo. Es verdad que uno y otro positivismo, el critico y el ontológico, tienen una nota coman, puesto que ambos se declaran enemigos de la Metafísica y de la Teología, ambos clan la preferencia á los hechos sobre los principios, ambos proclaman como único método lógico la observacion y la experiencia, ambos declaran que la Filosofía es tan solo una induccion, una generalizaclon, y ambos afirman que, si más allá de los hechos hay algo, este algo es incognoscible, y que el órden trascendental, si es que existe, no nos es dado conocerlo. La consecuencia lógica de todas estas afirmaciones es suprimir el problema ontológico é imponer respecto de él la más completa abstencion. Pero aquí comienza la diferencia entre uno y otro positivismo, puesto que á la par que los unos, fieles al método propuesto, se abstienen de ocuparse del referido problema por miedo á EL POSITIVISMO 12 caer en el dogmatismo que tanto les repugna, otros, por el contrario, atraidos por la imprescindible necesidad que de resolver aquel tiene el hombre, llegan á afirmar la existencia de una esencia, de un nouinenos, cayendo así en el materialismo. Los positivistas del primer grupo rechazan esta tendencia, puesto que, dicen ellos, viene á concluir en un dogmatismo tan censurable como cualquiera otro; y si bien es cierto que entre uno y otro matiz hay con frecuencia relaciones lógicas que no es posible desconocer, tambien lo es que no hay derecho alguno para atribuir á los que se mantienen fieles al punto de vista meramente crítico las afirmaciones que los otros hacen desde el punto de vista dogmático; y eso que todo el que imparcialmente atienda á este movimiento positivista, encontrará que los más de los que pretenden abstenerse de dilucidar el problema ontológico sienten una secreta simpatia hcia las doctrinas de los que en su mismo juicio son infieles al método propuesto. Por este motivo examinaremos el tema en caestion bajo este doble aspecto, ya que, de un lado, no es licito confundir el positivismo crítico con el ontológico (1), y, de otro, no lo es tampóco dete- (1) De intento damos á este positivismo el calificati- Y LA CIVILIZACION  13 nerse en el problema del conocimiento, porque el hombre necesita para vivir, saber, no solo cómo conoce, sino tambien lo que es el mundo, lo que es la realidad, para poder asi descubrir el puesto que en - ocupa y la obra que le toca llevar á cabo en relacion con todos los séres. Nos proponemos, por tanto, examinar el influjo que en la civilizacion pueden producir las doctrinas de uno y otro positivismo con ladebida separacion, y con la misma vamos á exponer y juzgar brevemente las afirmaciones de ambas tendencias, preliminar inexcusable para estimar luego la relacion de aquellas á la vida, que es el objeto propio del tema. Yo de ontológico ó dogmático y no, corno es frecuente, el de materialista. Aparte de que el darle este último nombre no seria justo respecto de todos los que siguen esta tendencia, nos mueve á no emplearlo la consideracion del sentido que á este término se dá en la vida ordinaria, y que puede ser ocasion á que suscite en el espíritu de las gentes respecto de aquellos á quienes alcance, una idea contra la cual con razon protesta enérgicamente Haekel. Es muy provechoso servirse en las discusiones de ciertas palabras, pero no siempre es lícito. 14  EL POSITIVISMD El positivismo crítico plantea el problema del conocimiento del siguiente modo. El hombre ve y conoce cosas que pasan, cambian y suceden, y las conoce atendiendo á ellas, observándolas; y como nota entre las mismas relaciones de semejanza ó desemejanza, de continuidad, de causalidad, las agrupa y clasifica mediante la asociacion y diferenciacion, reduciendo varios fenómenos á uno más general, y llamando á la sucesion continua ley. Pero al hacer todo esto, nosotros añadimos, vemos ó suponemos algo que no es el hecho mismo, que no es el fenómeno, como la relacion, la continuidad, la ley, la causalidad. Ahora bien: ¿qué es todo esto? ¿de dónde proviene? Esto, dice el positivismo, no es real; solo existe en nuestro pensamiento, y de aqui la estrecha relacion de esta doctrina con la de Kant (1), la cual, mantenida (1) No consienten los límites de este trabajo entrar en el exámen de la doctrina ' de Kant, lo cual valdría tanto como examinar en toda su extension elproblema del conocimiento, como lo hizo con gran lucidez el S. Pisa Pajares en la discusion del Ateneo; pero no podiamos menos de hacer constar la estrecha relacion en Y LA CIVIL T ZACION.  15 de nuevo en su parte más esencial por el neokantisrno, es hoy un elemento que con razon es incluido por muchos dentro de la corriente general positivista. Si aquel elemento del conocimiento, continúa diciendo el positivismo crítico, fuera real, se darla en algo, y no siendo este algo el fenómeno, tendria que ser algo oculto á los sentidos y la observacion, esto es, seria un noumenos. Mas como el elemento componente del conocimiento, que entra en este con el dato de hecho, no tiene realidad y solo existe en nuestro pensamiento, ó no hay nada este punto de los principios del ilustre autor de la Crílica de la razon pura con los del positivismo crítico, ya que fué objeto de debate, principalmente entre los señores Moreno I\Zieto y Revilla, el primero de los cuales sostenia lo contrario de lo que hemos afirmado. En nuestro juicio influia en su ánimo, de un lado, cierta pasion de escuela que le hace ser á veces injusto con el positivismo, y de otro, el comparar la doctrina toda de aquel, con inclusion de las últimas consecuencias á que han llegado los menos discretos, con el conjunto de las doctrinas filosóficas, morales, religiosas y jurídicas de Kant; siendo así que la relacion ha de estimarse atendiendo tan solo al problema del conocimiento; al modo que, no obstante las doctrinas de Herder en otras materias, en la referente á la Filosofía de la historia, sus principios respecto del infijo del medio natura en la vida de los pueblos son los mismos en que ha venido á concluir el positivismo. 1()  El, POSITIVISMO nEls allá del fenómeno, ó si hay algo que de este exceda, es inaccesible á nuestro entendimiento, y es, por tanto, una pura abstraccion el suponer detrás de cada série de fenómenos un noumenos y con todos estos componer el mundo.. El positivismo, colocado en este punto de vista, comienza por incurrir en una inconsecuencia, puesto que lo que hace es negar unos conceptos metafísicos, como los de esencia, sustancia, etc., y afirmar otros, como los de causa, relacion, continuidad, unidad, etc.; olvidando que es arbitraria tal distincion, puesto que, por ejemplo, no es posible atribuir un efecto á una causa sin admitir los principios de identidad y de esencia, ya que sin ellas rte se daria aquella relacion; que admitir la continuidad es reconocer algo sobre lo que subsiste y en lo que se dá la mudanza; que la ley lleva en si envuelta la afirmacion de lo permanente; que la agrupacion de fenómenos supone la unidad como principio de clasificacion, etc.; y por tanto, que lo lógico sería limitarse á declarar que conocemos fenómenos y no más, y abstenerse rigurosamente de emplear idea alguna, categoría ó principio de razon. Se deduce de aquí, que el positivismo crítico no puede detenerse en el puro fenómeno, pues que afirma algo que de él trasciende; solo que niega Y LA CIVILIZACION.  1'7 su realidad, sosteniendo que existe sólo en nuestro pensamiento. Ahora bien; este elemento es copun á toda cosa, y se dá en todo conocimiento. En el exámen de cualquiera clase de fenómenos, nos encontrarnos con los principios de unidad, esencia, continuidad, relacion, semejanza, •ley, etc., y la cuestion, por tanto, es la misma para todos ellos: así que, si hallamos que en algunos este elemento es real como el fenómeno mismo, estaremos autorizados para afirmar su existencia respecto de todos. ¿Hay algo en que esto se verifique? Los positivistas, incurriendo en el error de la escuela escocesa y del espiritualismo francés, confunden la observacion psicológica con las declaraciones ó / j ,ntuiciones de la conciencia (1). Yo no sólo sé, por ejemplo , que pienso ántes, ahora y después, sino que sé que soy ser pensante, que tengo esta propiedad, y que á ella refiero todos mis pensamientos; y no solo sé que tengo esta propiedad y otras, sino que por en- (1) Es tan evidente que la conciencia nos dá testimonio de algo más que de los hechos, que los mismos adeptos de estas escuelas, como sucedió á algunos de los oradores del Ateneo, á seguida de limitar á este órden fenomenal aquella, reconocen que tenernos conciencia de nuestra unidad, identidad, etc., las cuales son pryiedades y DO hechos. I L 18 cima de ellas , conteniéndolas y fundándolas, afirmo la existencia del sér que las tiene; afirmo el sér mismo: yo. De suerte, que respecto de éste, conozco en junto y á la par, el nournenos y y el fenómeno, puesto que no se trata aquí de una cosa exterior á la que añado algo que sólo en mí se dá, sino que lo conocido mismo es amhas cosas; porque, como ha dicho un escritor (1), cuando veo un hecho exterior , digo que hay una causa; cuando se trata de un hecho mio, veo y afirmo la causa al producirse el efecto, ántes y y despees. En este caso, por tanto, no es ni siquiera posible suponer, que de los dos elementos del conocimiento, se dá uno en lo conocido y otro en el que conoce, sino que ambos se dan en lo conocido; puesto que encuentro que por encima de todos los estados ó hechos, trasformaciones ó evoluciones, queda invariable, permanente é inagotable en mi algo que ni muda, ni cambia, ni se disuelve, y en este algo se funda todo lo que de comen y constante se dá en los fenómenos, sin excluir el mudar mismo, puesto que ella es en si una propiedad inmutable. Así, pues, encuentro en mi sér dos órdenes distintos; de un lado, lo esencial, lo permanente, loque 111 (1) Jo uffroy, si no recordamos mal. Y LA CIVILIZACION.  19 siempre es lo mismo; de otro, lo pasajero y mudable; mi pensamiento y mis pensamientos, mi sentimiento y mis sentimientos, mi voluntad y mis voliciones; en una palabra, mi esencia y mi vida, el sér que soy y lo que hago y vivo. Resulta, por tanto, que hay algo que contiene en sí mismo y en lo que se dá realmente eso que el positivismo supone puramente formal; que no es este elemento, como se dice, una creacion de nuestro pensamiento que aplicamos cuando conocernos, ni algo que está dado en nuestro espíritu como para este fin, sino que se dá en él en cuanto es sér y solo como sér, y no en una relacion particular,,esto es, como sér que conoce. Ahora bien, si en el conocimiento de nosotros mismos no pone este elemento el espíritu como conocedor, sino que se dá en él mismo °orno objeto conocido, ¿cómo puede ser otra cosa en los demás conocimientos, ya que estos mismos dos elementos se dan en todos ellos? Dado este punto de vista del positivismo crítico, tenia que concluir necesariamente por proclamar como única fuente de conocimiento la observacion, como único método la induccion (1): (1) Es verdad que escritores como Stuart Mill Cocote rechazan el valor que se pretende dar á las leyes empíricas que se inducen de la historia proclaman la 21)  EL POSITIVISMO El positivismo ontológico tiene de comun con el critico el considerar sólo posible el conocimien- to de los hechos (1), el no reconocer otra fuente que la observacion, ni otro procedimiento, por tanto, para adquirir la verdad , que la induccion; pero se aparta de él en que, infiel á las consecuencias que de tal doctrina se deducen, en vez de abstenerse de investigar qué pueda ser ese algo que trasciende de los fenómenos y que el positivismo critico declara incognoscible (2), afirma una esencia, la materia, incurriendo asi en un dogmatismo, que rechazan los que se colocan en el pun- to de vista que queda examinado. Esta inconsecuencia tiene su explivacion. Y es, que no solo, segun en otro lugar hemos indicado, es imposible al hombre detenerse en el problema lógico y prescindir del ontológico, sino que de tal (1) Buchner pone al frente de una de sus obras estas palabras de un escritor inglés: whtzt 9Ve roan Wd22t faelS lo que ahora necesitamos son hechos. (2) Schiff lleva su abstencion hasta el plinto que rever,-, esta, frase: «yo no digo que sea incowioseiLle lo a)- ;..)0L:te,  esto 1 - -'(•11P Apriorismo.» Y L4 CIVILIZACION.  27 modo se nos imponen las categorías, que, querámoslo ó no, referimos los hechos á una esencia. Ahora bien; los naturalistas, que son los principales mantenedores de este sentido; se encuentran con una que estudian y que no pueden desconocer; lo que hacen es negar que los principios, las ideas, las categorías, supongan la existencia de otra sustancia que aquella, creyendo, por el contrario, que todos los fenómenos que en nosotros y fuera de nosotros se nos ofrecen, son de una misma naturaleza y que están colocados en una série entre cuyos extremos hay gran distancia, pero sin solucion de continuidad entre todos ellos, viniendo así á construir todo un sistema ontológico, el monismo, despues de haber declarado una sana abstraccion el órden metafísico. Prescindiendo de lo que tienen de comun ambas tendencias y que hemos examinado ya, veamos ' las consecuencias más importantes que de esta doctrina se deducen con relacion al hombre y á la realidad toda. Respecto de aquel,- el positivismo ontológico concluye en la negacion del espiritu. No desconoce, en verdad, todo el órden de fenómenos que denominamos comunmente afectivos, intelectuales, morales, etc.; pero, lejos de referirlos á nn sér dis tinto del cuerpo, considera que no hay en el hombre la dualidad que se supone, sino que toda aque- 1'.L POSITIVISMO 2$ 11a série de hechos no es más que la florescencia más pura de la materia, y de aquí que busquen los mantenedores de esta doctrina en la organizacion y modo de ser del sistema nervioso la explicacion de los fenómenos más íntimos y delicados de la conciencia humana, habiendo Ilegal) á formular esta. doctrina uno de sus secuaces, diciendo que al modo que el hígado segrega la bilis y los riiones la orina, el cerebro segrega el pensamiento; sin que los detenga en el camino de sus afirmaciones la dificultad de explicar ciertos hechos de la vida humana, puesto que con la teoría del hábito y de la herencia, y tomando . como cómplice al tiempo, encuentran solucion átodo en los átomos de la materia. Es debido este que consideramos grave error á la confusion, por parte del positivismo ontológico, de dos conceptos que son muy distintos, el de causa y el de condicion. En efecto, todos los argumentos que aducen para negar la existencia del espíritu, los toman en el rico arsenal constituido por las observaciones y experimentos relativos á la relacion y dependencia de aquel respecto del cuerpo. Son bien conocidos los resultados del estudio que á este propósito hacen con entusiasta aran los adeptos de esta escuela, y el cual no es otro que el mostrar por medio de numerosos é interesantes ejemplos Y LA CIVILIZACION.  29 cómo á la supresion ó alteracion de un órgano corporal corresponde la desaparicion ó modificacion de una de las funciones que se atribuyen al espíritu, de lo cual deducen inmediatamente, que, siendo evidente esta correlacion, los hechos que solemos atribuir en nosotros á un sér que no es material, no son sino efecto del cuerpo. Ahora bien; salta á la vista que, como decíamos, aqui se confunde la causa con la condicion. Un mhsico tocará, mejor ó peor un instrumento, segun sea este bueno ó malo; cualquiera de nosotros escribirá de uno ó de otro modo, segun sea la pluma que se ponga en nuestras manos; un industrial .producirá más ó m.énos, segun que tenga ó no mercado para dar salida á los productos que fabrica; y sin embargo, ni el instrumento toca, ni la pluma escribe, ni el mercado produce, sino que en todos estos casos, el hombre es la causa de la música, de la escritura y del producto, siendo solo el mercado, la pluma y el instrumento, condiciones para que el efecto se produzca. La diferencia esencial de estos dos conceptos, es que en el un caso se (111 identidad de esencia entre los (los términos, esto es, entre la causa y el efecto, mientras que en el segundo, léjos de exigirse aquella, puede ser un principio ó un hecho de cierta naturaleza condicion para, que se produzca un EL FOSITIVI; M(1 :30 fenarieno de otra naturaleza completamente distinta (I). Por esto, viniendo al caso presente, entre el hígado y la bilis se dá la relacion de causa á efecto, porque entre ellos existe dicha identidad de ciencia, mientras que esta no se dá, entre el cerebro y el pensamiento. Además, esta correlacion, que pretende ver constantemente y en todas partes el positivismo ontológico, entre el estado del cuerpo y la vida que referirnos al espíritu, lejos de mostrarse con el carácter de necesidad ó de permanencia con que se nos presentaria si ambos términos estuvieran unidos por la relacion de causa á efecto, podernos observar que á veces se interrumpe y que encontramos verdadera contradiccion en vez de esa supuesta armonía. ¿Qué significa, sitió, el que coincidan á veces la alegría espiritual y la pena corporal y al contrario? ¿Qué es el disimulo sino la prueba manifiesta de que existe en nosotros un principio que es capaz de alterar aquella armonía? (1) En efecto; nótese en los ejemplos propuestos que lo esencial y propio de los efectos producidos es algo debido al hombre y no á la naturaleza, puesto que puede decirse que aquel es el que convierte en música el ruido que produce un instrumento, en escritura la mancha que puede causar la pluma, y en producto útil para satisfaccion de nuestras necesidades el objeto natural, antes incapaz de servir á este fin. Y LA CIVILTZACION.  31 ¿Qué explicacion tiene el martirio para la doctrina que estamos examinando, puesto que dentro de ella es imposible dist:ingir el que sacrifica y lo sacrificado? ¿Cómo darnos cuenta del revivir del espíritu de los niños y de los ancianos en la hora de la muerte, cuando vemos que, al mismo tiempo que el cuerpo débil y apenas desarrollado en los unos, debilitado y consumido en los otros, vá á, deshacerse .y desmoronarse, el espíritu parece que recobra la frescura de la edad viril en los segundos y que muestra el desarrollo que no llegara á alcanzar en los primeros? (1) ¿Cómo podríamos explicarnos que en el cuerpo débil y enfermizo del ilustre Kant habitara un espíritu tan poderoso como el suyo, y cómo que, siendo iguales en génio Goete y Schiller, mientras el uno encerrado en su habitacion y respirando los miasmas que exhalaban manzanas podridas producía sus magníficas creaciones, el otro necesitara para las su- (1) Este fenómeno es más notable todavía respecto de los niños que de los ancianos. Pocos habrá que no hayan tenido ocasion de observar los dichos sorprendentes y las palabras tiernas y cariñosas con que algunos de aquellos, distantes todavía de la edad de la razon, se despiden de las personas que los rodean, pareciendo como que vislumbran que no es posible que vaya el hombre, cuando muere, «á caer, envuelto con la sombra de su cuerpo, en el silencioso abismo de la nada.,› EL POSITIVISMO :32 vas respirar en una atmósfera pura y el aire libre del campo? Todos estos hechos demuestran que cuando el mismo materialista pronuncia estas palabras: yo conozco mi cuerpo, no dice meramen te una frase, sino que se las arranca la existencia real y verdadera de esta dualidad de sér que en nosotros se dá y que él niega, pretendiendo destruir los poderosos argumentos con que le contradicen sus adversarios, hasta los relativos á la conciencia y á la libertad. Para demostrar la dualidad de cuerpo y de es piritu se ha hecho notar que éste, á diferencia de aquél, tiene la propiedad de ser consejo, resultando de aquí la posibilidad de trazar entre uno y otro órden una línea divisoria, que el ilustre Jouffroy señaló con gran elocuencia y precision (I), mostrando corno al paso que de los hechos del cuerpo no tenemos conciencia alguna, la tenernos de los del espíritu, pues que mientras yo sé que pienso y lo que pienso, que quiero y lo que quiero, ignoro cómo se verifica en mi estómago la digestion de "los alimentos y cómo circu- (1) Véase la Ex_posicion Histórico-crítica de los sistemas filosóficos modernos, cap. VII, por D. Patricio de Aze(trate, y el discurso leido por el mismo en la Sociedad Económica de Leon sobre el materialismo y el positivismo moderno en el. año 1870. Y LA CIVILIZACION.  23 la la sangre por mis venas. Y de tal suerte es esencial esta distincion, que no tenemos, para conocer todo lo que á nuestro cuerpo se refiere, otros medios que aquellos de que nos servimos para`conocer los cuerpos extraños, siendo así que todos sabemos bien que conocemos directa é inmediatamente nuestros pensamientos y nuestras voliciones, dándose el caso de que muchos hombres terminan su vida en esta tierra sin saber apenas nada de lo que constituye su organismo corporal; y siendo de notar la singular circunstancia de que aquella parte de ese organismo que está en las lindes que confinan con la esfera del espíritu, y que segun los positivistas es la causa de los fenómenos que á aquel referirnos, esto es, el sistema nervioso, es precisamente el que nos es más extraño y desconocido. ¿Qué tiene que oponer á este argumento el positivismo? Lo que podemos llamar la teoría de lo inconsciente, que tan importante papel desempeña en algunossistemas filosóficos novísimos. Dice que en la esfera del espíritu no se dá siempre la conciencia, sino que, por el contrario, pasan para. nosotros ignorados muchos hechos que son de la misma índole y naturaleza que aquellos otros á que la conciencia llega, y que por tanto, léjos de ser una característica que diferencie el órden escr EL POSITIVISMO. 34 piritnal del corporal, es una condicion que dentro de aquel se dá unas veces y no sedá otras, resultando por lo mismo que es esta una propiedad que se adquiere y que no puede servir de límite que separe estas dos esferas. El positivismo ontológico, al argüir de esta manera, olvida una diferencia importante, y es, que lo inconsciente respecto del cuerpo es esencial é imborrable, mientras que en el espíritu corresponde á un estado transitorio, que depende tan sólo del sujeto, y es por lo mismo posible convertirlo ó hacerlo consciente. Ni el esfuerzo individual, ni el poder del hábi- to y de la herencia dan señales de que sea posible al hombre tener conciencia de los hechos que constituyen las funciones de su organismo corporal, mientras que no hay quien deje de reconocer que es conscio de todos los actos que se verifican en su espíritu; sin otra diferencia entre unos y otros que la mayor ó menor reflexion con que á _ellos atiende. Es verdad que parece á veces que somos extraños á las operaciones de nuestro espíritu, corno si estas se verificaran sin nuestra intervencion; pero no lo es ménosque desde el momento en que atendemos y reflexionamos, aquello que parecia inconsciente pierde este carácter. Por ejemplo, con frecuencia no tenemos Y LA CIVILIZACION.  35 conciencia de lo que vemos y de lo que oimos; pero sábemos bien que está siempre en nuestra mano el convertir el ver en mirar, y el oir en escuchar, así como que podemos regir los numerosos movimientos que de ordinario verificamos inconscientemente. Así, pues, este principio, este hecho de la conciencia es un límite infranqueable entre los dos órdenes que constituyen el dualismo que en nosotros se dá, puesto que siempre viene á resultar que sé que tengo un espíritu y lo que él es; que yo sé que tengo un cuerpo, pero no lo que es él. Dado este punto de vista del positivismo dogmático respecto de la naturaleza humana, tenia que concluir necesariamente en' la negacion de la libertad, en el determinismo, y esto por dos razones, una que alcanza tambien al positivismo critico, otra que es propia del ontológico. En efec- to, de una parte, como el único elemento que trasciende del fenómeno, segun los mantenedores de la primera de estas dos tendencias, es la ley que rige á aquellos, deducen de aquí que, siendo las leyes necesarias, se hace incompatible con ellas la libertad; y de otra, el naturalismo, afirmando la materia como única sustancia, claro es que ha de extender á la realidad toda el fatalismo que no alcanza al espíritu, segun opinion de los 42  EL POSITIVISMO afirma r una sola sustancia, la materia, y desde este momento, claro es que, asi como la dualidad de cuerpo y espíritu lleva consigo la afirmacion de un sér que sea razon y fundamento de ambos y de su union, desconocida aquella, no es posible ni hay para qué admitir la existencia de cosa alguna que de la materia trascienda, puesto que los motivos, resuelto, por último, á lo que el interés solicita ó el deber ordena, con la certeza de haber podido querer lo contrario, de poder suspender la resolucion ó la ejecucion, ó deshacer lo hecho y comenzar, del mismo ó de otro modo. Si la pasion vence en nosotros, nuestra voluntad le ha dado la victoria; si el deber triunfa de la pasion, nuestra voluntad se ha puesto de su parte. Con la libre voluntad damos movimiento y eficacia á nuestras demás facultades; movemos el entendimiento á atender y reflexionar, movemos el corazon á inclinarse ó desinclinarse, á amar ó aborrecer, comunicando á la voluntad misma por la simpatía recíproca de todo el espíritu la fuerza del querer; y segun esta misma ley, si la voluntad afloja ó cede, el entendimiento no ilumina, el corazon no calienta, la vida toda marcha tarda y enervada; porque la voluntad va adherida, corno el nervio al músculo, átodas las funciones de la inteligencia y del sentimiento, y nos ayuda á fundar el imperio sobre nosotros mismos, el más alto grado y el. fruto más precioso de nuestra libertad. La libre causalidad con que presidirnos á nuestra vida es hecha, corno todo el hombre, á irnágen y semejanza de Dios, que crea y conserva el mundo para el bien, con libertad divina, en la cual tiene la nuestra su fundamento eterno, sil valor inapreciable y su inviolable carácter» Y LA CIVILIZACION.  43 declarada la unidad de sér en el hombre casi todas las llamadas pruebas. de Dios vienen al suelo. En efecto, si la consideracion del movimiento nos lleva á afirmar un motor inmóvil, ¿por qué no ha de ser éste la Naturaleza? Si el principio de causalidad nos conduce á reconocer la existencia de una causa causarum, ¿por qué no ha de ser esta asimismo la Naturaleza? Si la induccion es la que nos ba de llevar, ascendiendo de grado en grado, hasta Dios, ¿por qué, puesto que es preciso pararse en algun punto, no hemos de detenernos tambien en la Naturaleza ? Si cuanto el hombre produce de ordenado y bello en la vida es producto de su cuerpo, es secreción de su cerebro, ¿por qué atribuir el órden y la belleza del universo á otro sér que á esa misma Naturaleza, en cuyo seno fué engendrado el cuerpo? Así que no es en verdad extraño que el positivismo ontológico, despues de afirmar la unidad de sustancia, atendiendo á la naturaleza é índole de los argumentos aducidos por ciertas escuelas para demostrar la existencia de Dios, haya venido á concluir en la negacion del Sér Supremo, en el ateismo. Un malogrado pensador español (1) ha dicho (1) D. Tomas Tapia en el discurso pronunciado el dia 9 (le Mayo de 1869 en las conferencias dorninicalw,.1 44  EL POSITIVISMO que «el espíritu sereno y reflexivo ve gut el nombre de Dios está escrito en todas partes, en los cielos y en la tierra, en el polvo y en el sol, en la cabeza de los filósofos, en la fantasía de los artistas, en la boca de sus sacerdotes, y especialmente en el fondo de la conciencia humana.» Sí, es verdad, en su conciencia encuentra el hombre este sér, por más que los preocupados no acierten á comprender que en el seno de un sér finito se albergue el que es infinito y absoluto (1). Confundiendo la comprension física con la espiritual, creen imposible esta relacion de presencia, que ellos estiman de continencia, porque olvidan que no llevamos á Dios en la conciencia al modo que los alimentos en el estómago, sino á la manera que llevamos la patria en el corazon. sobre la educacion de la mujer, y en el que desenvolvió con un sentido tan profundo como piadoso y con aquella admirable claridad con que explicaba todas las cuestiones, este tema: la Religion en la conciencia y en la vida. (1) El Sr. Simarro, sincero, discreto é ingenioso defensor del positivismo, reconociendo que acaso la conciencia podria llevarnos á donde por otros caminos no es posible llegar, suscitaba luego, bajo el influjo del prejuicio que expresamos en el texto, la duda de que esto fuera posible, diciendo que le pareció un pedúnculo demasiado ténue para que pueda servirnos de medio de T'Ilion entre el hombre y lo absoluto. Y LA CIVILIZACION.  45 Si atendemos á la conciencia, encontraremos en todas y cada uña de sus esferas la presencia de Dios. En la referente al conocimiento, hallamos al lado de datos particulares, mudables, transitorios, que debemos á la observacion y á la esperiencia, principios inmutables, universales y absolutos; al lado de elementos que pone la actividad de nuestra inteligencia, otros que se nos imponen y que son condicion necesaria para que tenga lugar el conocimiento; y hallamos tambien que en este vemos siempre un más allá; que los objetos y relaciones que conocemos son poca cosa al lado de la infinita realidad y de las infinitas relaciones que unen á los séres que la constituyen. Ahora bien: eso que ni muda ni cambia, que es siempre lo mismo ,y que con soberano imperio se nos impone; ese conjunto de ideas, de principios, de categorías, que penetra en todos los séres y no procede de ninguno, no puede tener su razon y fundamento, sino en un sér que, siendo absolutamente infinito é infinitamente absoluto, sea fundamento y razon de todos ellos. Y de otro lado, si la realidad toda tiene la propiedad de ser cognoscible y en correspondencia con ella ha de darse un sér capaz de conocerla para que así tenga aquella la debida realizacion, no pudiendo el hombre ser este sér, puesto que no EL POSITIVISMO alcanza á. conocer sino una pequeña parte de esa realidad y un corto número dé las infinitas relaciones que unen á los séres que la constituyen, es evidente que ha de existir un sér infinito que reciba en sí la presencia de la infinita realidad. De igual modo, atendiendo á nuestra conciencia, hallamos una série de sentimientos que nos unen á todo cuanto existe; pero encontramos que aquellos constituyen una série ascendente, desde los sensibles hasta los racionales, los unos pasajeros y transitorios , los otros particulares ó incompletos; y por encima de todos ellos tenemos conciencia de uno que ni muda, ni cambia, ni recae sobre un objeto particular, sino que, por el contrario, se nos muestra permanente, siempre igual é infinito; de aquí que, mientras que los primeros aparecen y desaparecen, produciéndonos en el espíritu el gozo ó la pena, el último nos mantiene perpétua é íntimamente unidos á algo que ni es particular ni deja de estar siempre presente en el espíritu, para que el hombre pueda satisfacer la eterna necesidad de amar. Y de tal suerte se diferencia este sentimientode lo absoluto de todos los demás, que, cuando, lejos de encontrar satisfaccion á esta necesidad en nuestras relaciones con los séres particulares, parece que todos se apartan y separan de nosotro%; Y LA CIVILIZACION.  4$7 cuando la naturaleza, bajo el influjo de alguno de sus procesos, en lugar de atraernos, nos repele; cuando el amigo nos es desleal, la mujer que amarnos nos engaña, la familia nos abandona y la sociedad es cona nosotros ingrata, parece como que cerramos los ojos para no ver todos estos desencantos, y volviendo sobre 'nosotros mismos, encontramos allá en el fondo de nuestro sér algo que ni nos falta, ni nos abandona, y al calor de lo cual, no sólo sentimos consuelo en el corazon, sino que á su contacto el alma se templa y vuel- ve al exterior dispuesta á entrar de nuevo en esta relacion de union con todos los séres y á pagarles con amor su ódio y su indiferencia. En la esfera de la voluntad es igualmente fácil encontrar el Dios de la conciencia. Todo el que atienda á si propio, hallará que, en el fondo de.su espíritu, hay perpétuamente un diálogo interior de dos voces que son esencialmente distintas (1). La una nos aconseja la mentira, el ódio, el interés, la conveniencia; la otra, la verdad, el amor, el desin- (1) «Y notareis tambien en ese mundo (el de la conciencia), y esto es lo más precioso y oportuno al caso, una voz interior que os habla consta s ntemente y sin descanso; una. voz clara y penetrante, sin saber quién la pronuncia, ni de dónde viene; voz que no oye .el oido, pero que , penetra el alma; y notareis que vosotros contestais á esta voz que os pregunta, y otras veces sois yo- EL ros y ri vismo terés, el trabajo; la una es tan propia de cada cual, que, mientras yo no revelo por palabras 6 por actos lo que ella me dice, todos lo ignoran; la otra, por el contrario, tan es verdad que dice lo mismo á todos los hombres, que en las relaciones de cada uno con los demás, lo damos siempre por supuesto; la una, á mi conjuro se irrita 6 calla, se levanta, 6 se apaga y muere; Jai otra, siempre igual y la misma, parece la voz del varon justo y fuerte que conserva la serenidad de espíritu en medio de las más graves circunstancias de la vida; la una nos aconseja que nos erijamos en centro del mundo y de la realidad, poniéndolos á nuestro servicio; la otra, por el contrario, que reconozcamos el lugar subordinado que en aquella ocupamos, y que por lo mismo sacrifiquemos nuestro bien particular al cumplimiento del bien uno y todo, del destino universal de los séres. Voz aquella, que nos hace caer y pecar; voz esta que nos redime y nos levanta, que todo hombre lleva dentro de sotros quien le consulta y pregunta y ella os vuelve á contestar; y se dá entre esas dos voces una conversacion animada, un diálogo entre ambas pero en unidad, un diálogo en un monólogo, un diálogo consigo mismo, decimos. y todo esto sin que nadie absolutamente lo oiga ni lo perciba más que nuestra conciencia»  El se -ñor Tapia en el discurso antes citado. Y LA CIVILIZACION.  49 si mismo junto al Adam pecador el Cristo redentor; voz ,aquella, en fin de un Mefistófeles que yo creo y que yo mato; voz, ésta, que es tan sólo eco de una que se hace sentir al mismo tiempo en todas las conciencias, como la accion de la luna se hace sentir á la vez en todos los puertos del Océano. Hé aquí cómo encontramos, segun decíamos, en cada una de las esferas de la conciencia, en el conocimiento, en el sentimiento y en la voluntad, el Dios cuya existencia niega el positivismo ontolo'gico. Y no es este el Dios de una secta ó de una escuela, sino el Dios de ántes, de ahora y de siempre: aquél que proclamaba hace treinta y tres siglos un Código de Oriente, cuando decia al bombre:--«mientras que tú dices: estoy sólo conmigo mismo, en tu corazon reside permanentemente este espíritu: supremo, observador atento y si - lencioso del bien y del mal: este espíritu, que está en tu corazon, es un juez severo que castiga inflexiblemente, es un Dios;» (1) este es el sér (1) «El alma es testigo de sí misma: no desprecieis nunca vuestra alma, que es el testigo por excelencia de los hombres.—Los malos dicen: nadie nos ve, pero les Dioses los miran así como los mira el espíritu que reside en ellos.—¡Oh hombre, mientras que tú dices, etc.!), Las leyes de Mariú (11Ltnoxa,-Dharw-c-,Slasira» traducidas por M. 1,0i;;eletif-Desiosellamps. 1. IV. 240. EL POSTTIVISMO 5o que hablaba en el interior del alma de Sócrates y que le condujo á proclamar su existencia en medio de aquella sociedad politeísta; es el Díos cuyo templo somos y cuyo espíritu mora en nosotros, de que hablaba San Pablo (1); es el Dios, de cuya verdad depone lo que Tertuliano llamaba testimonium animw naturaliter christianw; es el Dios de nuestro ilustre Servet, para quien no era otra co. sa el Espíritu Santo que el principio que habla en el corazon del hombre; es en el que pensaba Scheleimacher cuando afirmaba que el hombre lleva en sí mismo la conciencia de loeterno y de lo infinito, constituyendo el fondo de su sér, y que, por tanto, lo que los detractores de la Religion desprecian es su propio santuario; este es el Dios, «criterio de nuestros juicios, fuente de nuestros amores, norte de nuestra voluntad, piedra angular que no puede ser removida en nuestro espíritu, sin que retiemble y venga abajo todo el edificio intelectual humano, » de que hablaba en ocasion solemne Sanz del Rio (2); éste es, por Ultimo, el Dios que inspiró á Herder la que fué su (1) «,No sabeis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» Epístola primera á los Corintios, cap. 3, v. 16. (2) En el discurso citado. Y LA CIVILIZACION.  51 divisa en vida y despues inscripcion de su sepulcro : luz , amor, vida: luz para la inteligencia, amor para el sentimiento, vida para la voluntad. Si alguna voz blasfema repitiera algun dia la frase que oyó la Francia de 1848: Dios, retirare, podrán huir de la tierra dioses antropomórficos y los que son creacion de la fantasía; pero continuará el hombre oyendo en , su espíritu la voz siempre viva, siempre igual, del Dios de la conciencia. IV. Hemos examinado hasta aquí los principios y afirmaciones del positivismo en sus dos tendencias crítica y ontológica, lo cual era preliminar indispensable para resolver la cuestion contenida -en el tema propuesto. Pero teniendo éste por objeto , examinar el género de influjo que aquella doctrina puede ejercer en la civilizacion, la cual no es otra cosa que la obra realizada por los pueblos en la vida, ocurre preguntar: ¿qué es ésta para el positivismo? ¿Qué concepto tiene de ella? Este punto nos ha dé servir de transicion natural para pasar del aspecto teórico ó filosófico, has- EL POSITIVISMO 58 un noumenos, sólo y único, en el cual aquella se dá, á lo que le sirve de fundamento es tan sólo un principio pensado y sin realidad; si lo uno, desaparece la variedad de séres y de sustancias y queda la única y sola que, segun hemos visto, viene á afirmar el positivismo ontológico, la materia; si lo otro, se viene á concluir en un idealismo subjetivo, y, consiguientemente, en el excepticismo á que lógicamente va á parar el positivismo critico. Por lo que hace al primero de dichos puntos de vista, ya hemos hecho notar en otro lugar que entre el espíritu y la materia se dá un límite, que es infranqueable para la trasformacion y la evolucion, única cosa que nos importa hacer constar ahora, pues no entra en nuestro propósito examinar esta doctrina en su relacion con los séres naturales, mientras que interesa recordar aquí y dar por reproducida dicha distincion para salir al encuentro de aquellos filósofos y natdralistas que, confundiendo 1.3 que nosotros hemos distinguido, suponen que la evolucion enlaza sin solucion de continuidad los fenómenos de la realidad toda, llegando á decir, por ejemplo, uno de ellos, Darwin, que el sentido moral es el grado más elevado de lo que es el instinto social en el animal, de donde se deduciría, entre otras consecuencias, Y LA CIVILIZACION.  59 el determinismo á que es conducidopor varios caminos el positivismo ontológico. Ir  En cuanto al segundo punto de vista, propio del positivismo crítico, que ha utilizado al efecto la enseñanza que se deriva del idealismo subjetivo de Kant y del idealismo absoluto de IIegel, haremos observar que es imposible afirmar la evolucion ó el devenir sin reconocer algo en que esta propiedad se dé; sin que baste decir que todo pasa y todo muda, puesto que siempre resultaria que el mudar mismo era una propiedad permanente, era inmutable; y por tanto, es imprescindible admitir algo en que se asiente por lo ménos esta propiedad que, segun ellos mismos, no pasa ni cambia, puesto que la afirman como ley constante y necesaria. Además, los positivistas, en su empeño de no ver más que hechos y fenómenos, no pudiendo ni queriendo, por tanto, admitir que tras de cada série de aquellos, y en indivisa union con ellos, se dan esencias y sustancias, tienen que borrar los límites que separan á unas de otras, y de aquí el afan con que estudian la historia, así de la Naturaleza como de la Humanidad, con el intento de mostrar que, lejos de tener los séres una esencia que constituye su propia naturaleza y que va determinándose en•hechos sucesivos, los cuales cambian mien- EL POSITIVISMO tio tras que aquella permanece lkmisrna, adquieren, mediante una trasformacion indefinida, nuevas propiedades, así como pierden otras; resultando de aquí que, así como se resuelven unas especies en otras especies, un reino en otro reino, de igual mo f o, lejos de haber sido y haber de ser siempre el hombre lo que consideramos hoy como su esencia propia, la cual ni con el tiempo cambia ni nuestra actividad es capaz de trasformarla, ha ido adquiriendo, á través de los siglos, esas que nosotros llamarnos propiedades esenciales, y que, segun el positivismo, están en continua y perpétua trasformacion, no teniendo, por lo tanto, , un fondo comun el hombre de ayer, el de hoy y el de mañana. Como cada cual sabe bien, atendiendo, no ya á principios racionales, sino tan sólo á la propia experiencia, que el hombre es impotente para mudar la naturaleza misma de los séres, inclusa la suya propia, y que ante aquella se detiene su libertad, esto es, que yo puedo regir mi voluntad y dirigir mi pensamiento, pero no ni en modo alguno suprimir ninguna de estas dos propiedades, sin que la atenta observacion de todos los hechos de mi vida me deje ni siquiera vislumbrar la posibilidad de cambios y mudanzas de este género, los positivistas, tomando, por decirlo así, como .1i Y LA CIVILIZACICP!.  61 cómplice de sus preocupaciones al tiempo, explican esto, que nos parece imposible, por el hábi- to y la herencia. Dejando á un lado el exámen de estos principios por lo que hace á su aplicacion universal y contentándonos en este respecto con hacer notar que así el hábito como la herencia suponen necesariamente la identidad del sujeto en que mediante aquellos se verifica la trasformacion, y en consecuencia un principio de enlace entre los resultados de la misma, veamos cómo esta doctrina es inexacta con relacion al hombre, que es lo que ahora nos interesa. Es verdad que el hábito convierte en segunda naturaleza las obras del hom- Ve, «tejiéndolas en la trama de la vida como hilos de oro ó urdimbre grosera, segun fué al nacer bien ó mal ordenada la voluntad; » pero no lo es ménos que por encima de esta segunda naturaleza que el hábito crea, está la primera y esencial, que sirve de fundamento á la otra y de límite para ella infranqueable; y por esto no hay hombre alguno que deje de considerarse en todo momento capaz de sustraerse á la aparente imposicion del hábito y de afirmar su libertad dirigiendo la vida por otra senda distinta de aquella por la que le viene encaminando la costumbre; y si bien es cierto que á estos cambios precede casi siem- 62  EL POSITIVISNIO pre una lucha, á veces terrible, que produce en la existencia del hombre crisis dolorosas, este mismo hecho es un testimonio vivo y elocuente del carácter subordinado, á la par que de los límites, del hábito. Y por lo que hace á la herencia, haremos observar tan sólo que ella es respecto de la especie, ó si se quiere de la série de los séres, lo que el hábito respecto del individuo, .y por tanto, que es aplicable á la primera lo que queda expuesto con relacion al segundo. Además, la experiencia de todos los dias contradice el supuesto necesario influjo de este elemento en cuanto nos muestra cómo individuos nacidos en iguales condiciones en este respecto son entre sí muy distintos; y por lo que al hombre se refiere, no obstante las investigaciones hechas por los historiadores positivistas, quizás bajo el imperio de este prejuicio, la verdad es que nada se encuentra en la historia del hombre sobre la tierra que autorice para afirmar que con el trascurso del tiempo haya adquirido propiedad esencial alguna que antes no tuvieras. El erróneo concepto que de la vida tiene el po - sitivismo, es una consecuencia ló gi ca de sus principios, puesto que desde el momento enque se afirma sólo la realidad del fenómeno, no es posible ver que la vida se desarrolla y desenvuelve so- • Y LA. CIVILIZ..ACION.  03 bre algo que es permanente, que es el núcleo de que aquella se deriva y el fundamento en que se asienta, y el cual no es otra cosa que la esencia de los séres vivos, que van produciéndola y determinándola, aunque sin agotarla, en la série sucesiva de hechos que constituyen la vida. Admitiendo este elemento inmutable, se explica llanamente el devenir, la evolucion, puesto que no es esta otra cosa que la propiedad que tienen los séres de ir realizando su esencia y naturaleza en posiciones concretas y determinadas que se suceden, para lo cual es preciso que cuando aparece una, otra desaparezca, y de este modo llegue á ser la que antes no era, constituyendo série merced al enlace que entre unas y otras se dá y que tiene por fundamento la identidad del sér en que se verifica. Con lo dicho basta para dar una idea general del concepto que de la vida tiene el positivismo, única cosa que aquí hace al caso; puesto que al examinar en lo que sigue el influjo que la tendencia determinada en las ciencias por esta escuela puede ejercer en la vida religiosa, moral, jurídica y social, tendremos ocasion de desenvolver algunas de las consecuencias que de estos principios generales se derivan. Veamos, pues, el sentido que en cada una de (34  EL POSITIVISMO las esferas expresadas trata de-hacer prevalecer esta doctrina, hoy predominante en el mundo, y cuyos principios filosóficos quedan examinados en todo lo que antecede. y Examinado en todo lo que precede lo referente á las afirmaciones teóricas del positivismo en sus dos matices crítico y ontológico, así como el concepto que de la vida dá este sistema, veamos el influjo que la tendencia determinada por este sentido en las ciencias puede ejercer en el órden religioso, en el moral, en el jurídico y en el social, y así resultará apreciada la relacion entre los dos términos que sirven de epígrafe á este trabajo, y contestado el tema que ha sido ocasion del mismo. Comenzando, pues, per la religion, debemos ante todo hacer notar que no se trata de inquirir el efecto que el movimiento positivista pueda producir en esta ó en aquella religion determinada, esto es, con relacion á un dogma particular, una regla de vida, una práctica piadosa, etc., ni pfl Y LA CIVILIZACION.  65 tampoco de la solucion que deba ó pueda tener el problema religioso en nuestros tiempos. En frente del positivismo, le r , religion misma (1), y no ésta ó aquella, debe decir, como Hamlet: to be or not to be; that is the question; puesto que se trata de saber, si esta vida religiosa es un estado transitorio en la historia de la humanidad, ó si, por ' el contrario, responde á algo quin sea esencial en nuestra naturaleza; si el Sér que sir- ve de base y fundamento á esta relacion es verdaderamente «el punto místico de donde procede y á donde vuelve todo bien en el mundo» (2) (1) Hace unos treinta años, la teocracia arrojaba de sus cátedras por_ medio del brazo secular del Estado; á dos hombres ilustres: Edgard Quinet y Michelet, como en otro tiempo arrojaba de las suyas al doctrinario Cousin y al cristiano Guizot; y sin embargo, Quinet decia «que el hombre camina hácia la religion como el leon al desierto, corno el águila á las cimas de las montañas,» y Michelet, hablando melancólicamente del cristianismo, decia: «la humanidad va dejando desiertos sus altares; pero decidme, si lo sabeis, yo os lo suplico, ¿se han levantado otros nuevos?» ¡Qué diferencia de aquellos á estos tiempos! Hoy pasan por místicos cuantos emplean este lenguaje, como pasaba por tal Roussean, al decir de Madame Stael, en medio del movimiento enciclopedista. Por esto decirnos que lo puesto al presente en euestion es la religion misma. "2) Prólogo del Sr. Salmeron á los Estudios sobre la religiom, de G. Tiberghien. 5 66  EL POSITIVISMO y tiene existencia real, ó es una pura abstraccion, creacion de nuestra mente. Al examinar esta cuestion, procuraremos no seguir el ejemplo de aquellos adversarios del positivismo que se contentan, al contestar á sus observaciones y argu- . mentos sobre este punto, con dar el calificativo de ateos á los partidarios y secuaces de esta doctrina. Basta recordar que los paganos tensan continuamente en boca este epíteto, que lanzaban sobre los cristianos, para ser cautos, teniendo presente que cada individuo y cada pueblo se siente inclinado á suponer que todo aquel que no cree en el Dios que él adora, niega ese mismo Dios, es ateo (1). La religion tiene en nosotros un doble fundamento : de un lado, el sentimiento de , dependencia, y de otro, el de intimidad, ambos conse cuencia de la relacion esencial que se dá entre el sér finito y el Sér infinito. Nace el primero de que, segun en otro lugar hemos visto, el hombre encuentra en todas las esferas de su conciencia algo que ni muda, ni cambia, ni es determinado, sino (1) El célebre escritor inglés Bulwer llama la atencion sobre esto, aconsejando la mayor prudencia en una de sus mejores novelas. Los iUtimos días de Pompeya, á uno de cuyos personajes, el cristiano Olimpus, llaman los paganos á cada momento ateo. Y LA CIVILIZACION  67 que, por el contrario, está siempre presente en su espíritu, le sirve constantemente de guía en la obra de la vida, y léjos de estar á, su alcance el rehacerlo ó reformarlo, aparece como límite y barrera de la esfera en que se mueven su libertad y su actividad.. Procede el segundo de que nos sentimos en íntima relacion con \ la realidad toda, y así consideramos que nuestro destino se auna al de todos los séres, debiendo por lo mismo determinar nuestros actos, no constituyéndonos en centro del mundo y poniendo éste á, nuestro servicio, sino antes bien sometiéndonos y subordinándonos al fin universal de todo cuanto existe, á cuyo cumplimiento por tanto contribuimos y nos asociarños, reconociendo que sólo así la obra que realizamos responde á un tiempo á la energía que nos mueve á desenvolver nuestra propia naturaleza y al sentimiento que nos lleva á no ser una nota discordante en la armonía universal. Por esto, lo primero y fundamental en la religion es que el hombre obre siempre en vista de este sentimiento, de esta intuicion del infinito, puesto que sólo de este modo puede alcanzar la vida un carácter verdaderamente piadoso; es decir, que la religion en este respecto es una forma de aquella, en cuanto todo lo que obramos, todo lo que hacemos, debemos llevarlo á cabo pensan- EL. POSITIVISMO nunca borrarse por completo ninguna de ellas, ni dejarse sentir su influjo en la vida. Nótese, además, que lo más arbitrario de esta concepcion consiste en crear como independiente y en frente de la metafísica, este estado llamado positivo, el cual es tan sólo una tendencia y direccion dentro del movimiento general determinado por la filosofía. Sin más que recordar que una de las conclusiones á que va á parar el positivismo ontológico es, segun en otro lugar hemos visto, la negacion de Dios, bastaría para dejar ver el género de influjo que puede ejercer en el órden religioso. Sin embargo, es justo y obligado distinguir dentro de esta tendencia dos matices: es el uno el señalado por aquellos escritores que, declarándose francamente materialistas, proclaman de igual modo el ateismo, que tanto monta el no reconocer otra realidad ni otro ser superior que la Naturaleza; el otro es el conocido con el nombre de monismo, el cual afirma que así como el hombre, mirado por la lente de la observacion externa, se llama cuerpo, y por la de la interna espíritu, de igual modo la realidad, considerada en su variedad, es el mundo; considerada en su unidad . , es Dios. Ahora bien ; el naturalismo ateo que por sus principios, por su actitud en frente del espíritu Y LA CIVILIZACION.  '75 religioso de la humanidad, tiene grandes puntos de contacto y de analogía _con el ateísmo que brotó á fines del siglo pasado de la filosofía sensualista, no sólo destruye la religion negando la existencia de lo que es su fundamento esencial, sino que toma en esta cuestion una actitud tal de violencia y de encono, que ha valido á sus adeptos la denominacion de les enfants terribles del posi- •  . tivIsmo . Por el contrario, los mantenedores del monismo, aunque para algunos pasan tambien por materialistas y ateos, para otros es su doctrina un panteismo naturalista, y de aquí que conserve cierto sabor religioso que tiene siempre todo panteismo, porque dentro de esta doctrina, no sólo es posible reconocer la dependencia é intimidad que sirve de base á la vida piadosa, sino que antes bien las extrema y exagera, llegando á desconocer el carácter personal y libre de la relacion que une á Dios con el hombre. Resulta, en suma, que ni el positivismo crítico ni el ontológico favorecen en verdad la causa de la religion , sino que , por el contrario, la niega casi en absoluto el uno y socava sus cimientos el otro, declarando éste incognoscible el órden trascendental y por tanto á Dios, no reconociendo aquél la existencia del Sér infinito, ó admitiendo 76  EL POSITIVISMO tan solo en su lugar un commune quid, l a unidad de la universa realidad. VI Al examinar el influjo que la doctrina positivista puede ejercer en el órden moral, debernos comenzar distinguiendo aquél de la religion. De un lado, hay quienes consideran completamente separadas estas dos esferas, concluyendo por proclamar la llamada moral independiente. Otros, por el contrario, las confunden, hasta tal punto, que no admiten otra moral que la que predican y proclaman las religiones positivas. Los primeros olvidan que «el sentimiento moral sólo, sin el sentimiento y el conocimiento de Dios, declina, entre las sombras y luchas de la vida, en una moral empírica, ó en simpatía subjetiva, incapaz de los grandes motivos y sacrificios, de la constante voluntad y universal amor á todos los séres; ó funda, cuando más, una moral secular de la razon, que apenas basta al hombre para regirse en circunstancias favorables; pero no es fuerte para resistir y vences en circunstancias contra- Y LA CIVILIZACION.  77 rías, ni sabe traer ningun motivo ni obra nueva al tesoro de la virtud; no es moral activa, y comprensiva, ni progresiva, porque no es religiosa» (1). Los segundos no tienen en cuenta que sólo cayendo en el escepticismo, puede desconocerse el derecho que la razon y la filosofía tienen á investigar los principios que deben regir la vida humana en este órden, que de otro modo, con ser tau importante y trascendental, quedaria relegado de la esfera de la ciencia. Claro es, por lo mismo, que si de un lado todo lo dicho respecto del influjo del positivismo en la religion es base y complemento de lo que aquí habremos de decir con relacion al punto que nos ocupa, de otro hemos de tener en cuenta que, una cosa es la moral filosófica, y otra la mo- -ral religiosa (2). Un orador del Ateneo hubo. de (1) Sanz del Rio; discurso de apertura leido en la Universidad. (2) Olvidan esta distincion, así aquellos que pretenden mostrar la moral religiosa como un todo lógico y sistemático, lo mismo que los que le hacen un cargo por no reunir estas condiciones. Todo el mundo recuerda la polémica sostenida por dos ilustres filósofos de la nacion vecina, Gratry y Vacherot, y en la cual, dicho sea de paso, tendrian mucho que aprender los que entre nosotros creen que todo está dicho, cuando discuten con un sistema, con apellidarle panteista ó ateo, puesto que podrian ver cómo el primero de dichos es- EL POSITIVISMO olvidar esta diferencia al hacer un paralelo entre la moral cristiana y la que proclama el positivis4 critores guarda á su adversario todas las consideraciones y respetos que exigen las conveniencias sociales y la caridad cristiana, haciendo siempre justicia á la sinceridad del filósofo, cuya doctrina considera, sin embargo, como panteísta, y hasta explicando el sentido en que en otra ocasion habia empleado el término sofistas. Pues bien; esta polémica no podia concluir en un acuerdo, porque pretender, fundándose en que la moral religiosa es perfecta y acabada, que la Filosofía nada tiene que hacer por lo mismo en este grave asunto, es desconocer que, si bien es cierto que por lo que hace al elemento subjetivo no es posible corregir ni completar el principio de la abneyacion y del desinterés afirmado por el cristianismo, se encuentra en distinto caso lo referente al elemento objetivo, esto es, al bien que se ha de hacer y realizar, puesto que él tiene que ampliarse y completarse segun vaya ampliándose y completándose el conocimiento que el hombre adquiere de la naturaleza y esencia de sí propio y de todos los séres, de la cual deduce el destino que estos tienen que cumplir y el bien que á él, le toca realizar. Por ejemplo, ¿quién puede pretender que la vida social y las relaciones internacionales se rijan hoy por los mismos principios y reglas de conducta que hace diez y nueve siglos? Y pretender del lado opuesto que la moral cristiana desmerece, porque no forma un tratado científico como la que formulan los filósofos deduciéndola de principios metafísicos, es desconocer el valor sustantivo, propio é in dependiente de la religion y el de la - filosofía, y el distinto fin que cada una de ellas cumple en la vida, por lo cual ninguna de ellas está llamada á desaparecer Y LA CIVILIZACION  '79 mo, la cual declaraba superior á la primera; afirmacion estraña (1) , que no fué bastante, sin emsiendo sustituida por la otra, como se pretende desde opuestos campos: que no son tipos reductibles Jesús y fi Sócrates. La losofía tiene como esfera propia la del co.- nocimiento y reflexion; en la de la religion campean, por el contrario, la inspiracion y el sentimiento; aquella, obrando inmediatamente sobre una de nuestras facultades, influye sirviéndose de ella en • la vida de un modo mediato; ésta, actuando á la par sobre todas nuestras energías, influye en la civilizacion de los pueblos de un modo directo; y por lo mismo, mientras que la una opera sobre algunos espíritus y mediante estos y á la larga en la sociedad, la otra obra sobre todos y desde luego. De aquí naturalmente la diferencia que hay entre la moral que se deriva de la una y la que procede de la otra. La moral religiosa la constituye una série de máximas y de reglas prácticas, que revela la inspiracion á su fundador y que éste afirma practicándolas y realizándolas en la vida. La moral filosófica la constituyen una série de consecuencias y corolarios, cuyo valor depende tan sólo de la verdad de los principios en que se fundan y de la lógica con que de ellos han sido deducidos. Esto quiere-dar á entender, á nuestro juicio, un escritor inglés, al decir que mientras que la vida y muerte de Sócrates, no obstante ser esta tan dramática. en nada influia en la doctrina socrática, si suprimiéramos la vida y muerte de Jesús, ni se cImprenderia la existencia del cristianismo. (1) Afirmacion extraña en verdad, porque es imposible encontrar una doctrina que esté más en pugna con la moral cristiana que la positivista, ni tampoco encontrar otra que desmerezca más puesta en paran tpn EL. POSITIVISMO so bargo, á sacar de su silencio á los adeptos dB la (escuelaultramon tana ó católica allí presentes. Veamos, pues, con la separación con que lo hemos hecho en el punto anterior, el influjo que, así el positivismo critico como el ontológico, pueden ejercer en los principios de la moral racional. Hay en este órden dos elementos que considecon aquella. Más adelante veremos cómo es incompatible con los principios del positivismo ese desinterés, que carece de base cuando se niega realidad á lo absoluto, lo cual lleva tambien consigo la imposibilidad de afirmar el pretendido principio superior de la especie, que no puede ser en boca del positivismo otra cosa que la mera suma de individuos ó una pura y vana palabra. Pero sí haremos notar que precisamente dos de los principios más puros y divinos del cristianismo son el de abnegacion y el de humanidad: el primero, confirmado, lejos de estar negado, en la conocida máxima «no hagas á otro lo que no quieras para tí; haz á los demás lo que quisieras que hicieran contigo;» propia comoninguna otra para desarraigar de la sociedad en medio de la cual se formulaba uno de los vicios que más la corroian, el egoismo; puesto que aconsejaba como medida jel bien que el individuo debia hacer y producir con relacion á los demás lo que hasta entonces venía el hombre tomando corno criterio del bien que debia procurar á lo que más quería y estimaba, á sí propio. Y en cuanto al principio de humanidad, no es ésta en el cristianismo la mera suma de individuos, corno para la escuela empírica, sensualista ó positivis- LA CIVILIZACION.  81 rar: el subjetivo y el objetivo. Refiérese aquel á los motivos que nos impulsan á obrar , los cuales pide la sana moral que sean puros y desinteresados, excluyendo, por tanto, todos aquellos que, como el interés, por ejemplo, nos llevan á practicar el bien, no por ser bien, sino por razones particulares que sólo puede tomar en cuenta el hombre constituyéndose en centro de la vicia, en ta, ni tampoco una pura abstraccion como lo es para el' humanismo idealista, sino que es, por el contrario, un principio real, cuya base y fundamento radica en la esencia y naturaleza que es comun á todos los hombres y de la cual se deriva el valor y dignidad de cada uno de ellos, que ninguno pierde por muy bajo que caiga, porque siempre queda aquel fondo verdaderamente divino que nos obliga á respetar y amar en cada hombre al hombre; 6 como han dicho los cristianos, ya que Jesus desenvolvió en la vida en todo su explendor aquel fondo divino: debemos amar en todos los hombres á Cristo. «Porque, así corno el cuerpo es uno y tiene machos miembros, y todos los miembros del cuerpo, aunque sean muchos, son, no obstante, un solo cuerpo, asi tambien Cristo. Porque en un mismo espíritu liemos sido bautizados todos nosotros para ser un mismo cuerpo, ya judíos ó gentiles, ya siervos ó libres, y todos hemos bebido en un mismo Espíritu... De manera que si algun mal padece un miembro, todos los miembros padecen con él; ó si un miembro es honrado, todos los miem- Tiros se regocijan con él. Pues vosotros sois cuerpo de Cristo y miembros de rnimbro. (San Pablo, Espíst. 1.' 1;. los Corintios, y . 12 :y 13, 26 y 27.) EL POSITIVISMO vez de subordinar su destino al universal de todos los serés. Mas no basta esta pureza en el origen é impulso de nuestras acciones, puesto que queda aún por averiguar lo que ha de ser contenido propio de aquellas, en una palabra, qué es lo que desinteresadamente debemos hacer, ó lo que es lo mismo, el hombre necesita conocer el bien que debe realizar en la vida, y hé aquí el elemento objetivo. El positivismo crítico destruye el fundamento de que deriva el hombre estos dos datos esenciales del órden moral. Al negar la existencia de lo absoluto ó declararlo incognoscible, hace imposible que el desinterés presida á nuestros actos, porque el hombre que no admite algo superior que se le impone y á lo cual ha de subordinarse, no • encontrando apoyo y guía para la vida fuera de él, se constituye naturalmente á sí propio en fundamento y centro de la misma. De otro lado, al considerar como una abstraccion la esencia de los séres ó suponerla incognoscible, nos falta la base para determinar lo que es bien y lo que es mal. En efecto, el bien lo constituye todo aquello que determinan los séres en la vida de un modo conforme con su propia esencia y naturaleza; y por tanto, el hombre, para obrar el bien, se ajusta á los principios y leyes que de aquellas se Y LA CIVILIZACION  83 derivan; mientras que, á ser cierta la doctrina positivista, no podria afirmar otras reglas de con- Atleta que las inducidas de la observacion de los hechos que constituyen la historia del individuo y de la humanidad, no estando, por lo mismo, autorizado para declarar el sentido en que deba reformarse la vida, puesto que está privado de criterio para distinguir lo que es tan sólo un mal histórico, por larga y constante que sea su duracion, de lo que es ineludible y necesario por ser una consecuencia de la naturaleza misma ,del hombre y de los demás séres. Por fortuna el positivismo crítico es inconsecuente con su doctrina cuando se llega á estas aplicaciones prácticas, como lo son otros sistemas cuando tocan á, este órden moral en el cual más que en otro alguno hace valer sus derechos la sana razon; y así los positivistas, á falta de aquellos principios fundamentales que no son compatibles con las afirmaciones doctrinales que ellos formulan, asientan otros segundos y particulares que los conducen por un rodeo al desinterés á que directamente no pueden llegar, como sucede con el llamado altruísmo; ó entendiendo que el conocimiento impera tan sólo en la esfera de la ciencia, ponen la vida moral bajo el impulso y direccion del puro sentimiento; ó finalmente, ad- EL POSITIVISMO de la vida, la cual ha de trascender y darse de igual modo en el órden social, el positivismo, atendiendo y observando lo que de coman tiene toda la vida jurídica pasada y presente, encuentra que consiste aquello en mantener el órden para hacer posible la convivencia de todos los individuos en sociedad, ó lo que es lo mismo, el procurar la coexistencia de la libertad de los unos con la de los otros, tal como se ha entendido ésta en los distintos períodos de la historia, y de aquí la simpatía que para muchos positivistas tiene la doctrina jurídica de Kant (1). El positivismo dogmático , aunque por lábios de uno de sus principales adeptos (2) ha formulado en este punto su programa, pidiendo libertad, instruccion y bienestar para todos, no puede menos de concluir en un concepto del derecho y del estado análogo al que del sensualismo del siglo pasado dedujo Hobbes. En efecto, si además de negarse la esfera trascendental, y por tanto la justicia corno principio absoluto, se identifican los dos órdenes de realidad que se dan en nuestra naturaleza, haciendo casi imposible la subordina- (1) H. Spencer, Wundt, Helmholtz, Huxley, Draper, etc. (2) Buehner. Y LA CIViLIZACION.  91 cion del corporal al espiritual, la sumision del individuo al destino universal de los séres, no puede pedirse al hombre que la abnegacion guíe su conducta, ni puede impedirse que sustituyan á aquella el interés ó la pasion, y por consiguiente, en vez de decir homo res sacra homini, hay que aceptar con el filósofo inglés como verdades que lógicamente se deducen de tal doctrina el horno homini lupus y el bellum omnium contra o'innes. Y tan cierto es que la lógica lleva al positivismo á estas conclusiones, que precisamente por esto se ha apresurado á utilizar y á hacer suyos el principio de la teoría de la poblacion de Malthus, y el de la lucha por la existencia de Darwin; y así como este iltistre naturalista dice que el estudio de las doctrinas de aquel economista le puso en camino de descubrir la ley que preside á la trasformacion de las especies, de igual modo el positivismo ontológico se ha apresurado á aplicar esta ley al hombre y á la sociedad, cosa para él tanto más fácil, cuanto que no encuentra diferencias esenciales entre aquel y los demás animales. Otras dos consecuencias se derivan lógicamente del conjunto de las doctrinas de esta escuela. Es la una el considerar como lo esencial y característico del órden jurídico la fuerza; otra, el es- 02  EL POSITIVISMO timar el Estado corno un organismo físico some - tido en su desarrollo á leyes fatales y necesarias. Es verdad que la coaccion es un elemento importante de la vida jurídica, porque, constituyendo el contenido de ésta el conjunto de condiciones que son necesarias para que sea posible el cumplimiento del destino humano, cuando libremente no se prestan, el Estado las exige por la fuerza. Pero léjos de ser ésta esencial al cumplimiento del derecho, los individuos pueden realizarlo , y de hecho lo realizan en gran parte , sin su intervencion, y aunque aquella desapareciera por completo, ó como suele decirse, aun cuando los hombres se hicieran ángeles, no por eso perderia el derecho nada de lo que es en él esencial puesto que el elemento de la coaccion forma parte de él como cosa posible, mas no como necesaria. Prueba de que no constituye la fuerza lo propio y lo característico del derecho , es que cuando interviene, no siempre es capaz de imponer la prestacion de las mismas condiciones cuyo incum plimiento ha hecho necesario el apelar á ellas (1). Además, este sentido conduce á la arbitraria se- (1) Como sucede siempre que se sustituye la prostacion de las condiciones mismas por una indemnizacion de daños y perjuicios. Y LA C1VILIZACION.  93 paracion entre el órden jurídico y el moral , del ciudadano y del hombre , segun la cual Ja justicia queda satisfecha con que el individuo obedezca á. las prescripciones legales de hecho , exterior y formalmente, cualesquiera que sean la intencion y los motivos que á ello le impulsan, como si no fuera tan exigido en esta esfera como en las deinás de la vida el obrar por motivos puros y racionales. En cuanto á la consicleracion de organismo físico atribuida al Estado , despees de recordar lo que ,en otro lugar queda dicho respecto del determinismo, de la evolucion y del influjo del medio natural en la vida, nos limitaremos á hacer notar que, si bien es cierto que el positivismo ha prestado un servicio indudable, desarrollando este principio proclamado antes por otras escuelas, contribuyendo así á sustituir con el concepto de organismo el arbitrario mecanismo antes preconizado , olvida que, como ha dicho Arhens, «en la vida social se muestran tambien la sugerir libertad intelectual y moral en que, mediante nuevos principios, comienzan nuevas series de hechos que rehacen las condiciones actuales; en esto precisamente se indica el noble y libre carácter del desenvolvimiento del espíritu por oposicion al de la naturaleza, sujeto á leyes de necesifiad que en va- EL POSITIVISMO no, por una falsa analogía, se han querido trasladar á la vida social» (1). Despues de examinada la doctrina positivista con relacion al concepto del derecho en general, veamos, para concluir, algunas de sus aplicaciones á las esferas particulares que aquel comprende. Por lo que hace á las dos principales instituciones que regula el llamado derecho civ,i, la familia y la propiedad , haremos notar tan sólo , respecto de la primera, que el positivismo, bajo el influjo de los principios transformistas del darwinismo, ha llegado á formular en esta delicada materia soluciones que arguyen el predominio y áun el exclusivismo del órden físico sobre el moral, y que conducen lógicamente á someter la union que sirve de base á la familia próximamente á las mismas leyes que deban tenerse en cuenta en las uniones de los animales para conseguir el progreso y la mejora de las especies. A este mismo principio obedece la crítica que algunos positivistas hacen, así de las instituciones como de los esfuerzos individuales que tienenpor fin amparar á los débiles, en vez de dejarlos que (1) Estado presente de la ciencia política, pár.  traduccion de D. Francisco Giner. Y LA CIVILIZACION.  95 sucumban á manos de los fuertes en la lucha por la existencia, que se proclama como una ley de la vida humana (1) . Y en cuanto á la segunda, no es tan conservador como se ha pretendido el punto de vista del positivismo respecto de la propiedad, puesto que, de un lado, si Littré declara que el 'Socialismo es la religion de las clases desheredadas y Herbert Spencer propone una série de reformas en este órden, patrocinadas en parte por Mr. Laveleye, que no pecan ciertamente de meticulosas, aunque se expongan con la discrecion propia de los pensadores ingleses, de otro, como vamos á ver muy pronto, el sentido que preside á la revolucion social, que unos desean y otros temen, no arguye de parte del positivismo esa actitud pacifica y tranquilizadora que se le atribuye (2). (1) El Sr. Moreno Nieto indicó en la discusion estos puntos; y el Sr. Revilla contestó que la crítica que aquel hacia, inspirada en un artículo publicado á la sazon por M. Caro en la Revue de deus mondes, recaía sobre declaraciones de algunos -de los enjants terribles del positivismo; lo cual no es del todo exacto, pues el escritor francés . cita á algunos positivistas de los más sinceros discretos. (2) Es singular el empeño con que se pretend ió por algunos oradores del Ateneo presentar como conservador y anti-revolucionario el positivismo. EL POS1 TI  -;110 En derecho penal, toda la doctrina de esta escuela tiene que conducir necesariamente á afirmar en ella como único fin de la pena el esca.rmiento y la intimidacion. En efecto, no hay que hablar del principio de la correccion, cuya posibilidad es un problema, cuando se desconoce la energía íntima sobre la que ha de obrar aquella; ni de la necesidad de mantener sin interrupcion el imperio del derecho negando con la pena el delito, puesto que todo procede de un concepto absoluto de aquél que es para nosotros inasequible; y queda tan solo el principio más arriba indicado, en virtud del cual se impone la pena al hombre corno el castigo al animal, para que el recuerdo de la misma aparte al delincuente y á los demás del camino del crimen. Pero no son justos con el positivismo los que le echan en cara este error, y al mismo tiempo defienden, valiéndose del mismo, esto es, de la necesidad del escarmiento y de la intimidacion, penas como la de la muerte, último vestigio de aquella penalidad del siglo pasado, en cuya entrada, decia Ortolan, debla ponerse la célebre inscripcion del Infierno de Dante; de esa pena que, al decir de oro escritor, no espera más que, el soplo de una áurea civilizadora para huir despavorida de nuestros códigos; de esa pena, en Cm, que lleva consigo la Y LA CIVILIZAC1ON. existencia de un sér, á quien, por más que el legislador se empeñe en llamar ejecutor de la justicia, la conciencia pública no le ha dado ni le dará otro nombre que el nombre infame de verdugo. Por lo que hace al derecho político, no es posible reducir á unidad las diversas tendencias que se muestran dentro del positivismo. Augusto Comte, defendiendo el tercer imperio frán ces, y Stuart Mill haciendo lo propio con el sistemá constitucional y parlamentario; Proudhon inspirando el sentido que preside á la revolucion social que se anuncia, y Strauss tronando contra el sufragio universal y el cuarto estado, y Littré diciendo que el socialismo es la religion de éste, pero mostrándose resueltamente anti-revolucionario, nos presentan los matices más opuestos y distantes que es posible observar en la vida política contemporánea. Pero, ¿es verdad que el positivismo es por naturaleza conservador, como decía un orador en el Ateneo y que, como afirmaba otro, es genuino representante del órden sin que nunca haya sido causa de desastre alguno? Ya hemos dicho que el positivismo crítico tiene grandes puntos de contac- to con la escuela histórica, y en tal concepto claro es que, no pudiendo caer en la tentacion de correr tras de ideales en cuya existencia no cree, EL posinvismo ha de ser, no ya conservador, sino empírico y tradicionalista y defensor del statu quo, concluyendo por cerrar la puerta á toda clase de reformas, ya que carecemos de criterio para llevarlas á cabo, dándose por contento con las que imponga el instinto que fatal y necesariamente mueve á las sociedades. Pero aparte de lo erróneo de tal doctrina, es el caso que, segun hemos visto en otro lugar, la ausencia de principios puede producir el efecto contrario, esto es, el continuo é incesante movimiento á que quedan entregados los pueblos cuando se les priva de aquel elemen- to fijo y permanente que les sirve de norma y de guía y que dá estabilidad y consistencia á las civilizaciones. Además, semejantes afirmaciones están contradichas por la historia. ¡ Que el positivismo no ha tenido verdugos, mientras que la religion y la metafísica han derramado la sangre á torrentes! Quien tal dijo (1) olvidaba, no sólo sucesos recientes que es doloroso recordar, sino tambien la obra, en este órden de hechos, del sensualismo del siglo pasado, precedente histórico del moderno positivismo, correspondientes ambos á la misma tendencia y direccion filosófi- (1) El señor Cortezo. Y LA CIVILIZACION.  99 ea (-l). Desgraciadamente, es verdad que la religion y la filosofía han tenido verdugos, pero tambien lo es que han tenido mártires, y estos sólo son posibles cuando hay fé en una creencia, en un principio, en algo superior y trascendental, pues sólo entónces el hombre se siente capaz y obligado á sacrificar su ' personalidad en aras de un bien absoluto y supremo, mientras que en el caso contrario no se encuentra la razon en qué apoyarse para exigir de él que sacrifique su cuerpo á su espíritu, su existencia toda á la verdad, á la justicia, á la humanidad, ó á aquel en quien tienen su razon y fundamento todos estos 'santos principios. (1) Citóse en el Ateneo, por un positivista, la Revolucion francesa, para hacer responsable de sus actos al idealismo metafísico. Precisamente hay en aquella dos períodos bien señalados y distintos: 1789 y 1793; el uno. fecha memorable y gloriosa, no solo para la Francia, sino para la humanidad; el otro, recuerdo doloroso para todos, menos para ciertos radicales fanáticos. Pues bien, á la obra reformista de la Constituyente presidió el espiritualismo de Montesquieu y de Rousseau; á la demoledora de la Convencion, las doctrina sociales del último, pero junto con el sensualismo materialista de los enciclopedistas. Véase sino las leyes dictadas por la una y por la otra. 106  EL POSITIVISMO preso favorable á todos, y quizás más aún á aquellos á quienes tomaba el_ socialismo bajo su proteccion. No es este el sentido de los que podemos llamar economistas positivistas. Mantienen las necesidades de la libertad industrial y • no piden otra cosa al Estado que la consagracion de aquella; pero es porque consideran la sociedad como un organismo físico, el cual, como todos los de este género, se desenvuelve conforme á leyes fatales. Y lejos de creer que la vida que el movimiento expontáneo de los pueblos ha de producir, será la mejor que podriamos apetecer , estima, por el contrario, que la guerra y la contraposicion de intereses son inevitables : en una palabra, que la vid.a humana,, como la animal, está sometida á la que los naturalistas han llamado concurrencia vital y lucha por la existéncia; de donde resulta que si el fuerte aplasta al débil, no solo es esto irremediable, sino á la postre un bien. Esta es al naénos la consecuencia lógica á que conduce el principio biológico que los positivistas afirman con relacion á todo sér orgánico. Ahora bien, importará poco esta diferencia cuando se trata de las soluciones prácticas á que deba llegarse en lo referente á las relaciones entre el Estado y, el órden económico, puesto que unos y otros están conformes en reclamar de aquel tan Gu 1 Y LA CIVILIZACION.  107 solo la libertad; pero no es de poca monta cuando pretendemos organizar libremente esta esfera de la actividad dentro de las condiciones que el Estado garantiza. Ciertamente que no es lo mismo pensar en hacerlo, inspirándose en un optimismo generoso, que en un sombrío pesimismo; pues que en el primer caso parece como que el hombre camina de concierto con las leyes de la vida á la par que con sus nobles aspiraciones á un mayor bien individual y social, mientras que en el segundo viene á estrellar se contra lo que es un conflicto permanente que tiene su origen en la naturaleza misma del hombre y de la sociedad. Pero si queremos ver cuáles son las tendencias generales del sentido con que el positivismo aspira á resolver el problema social, bástanos atender al impulso que mueve á la famosa Sociedad internacional de trabajadores, y al espíritu que se revela en sus soluciones y en su conducta. No participamos, en verdad, de la preocupacion de aquellos que, ofuscados por el espíritu de secta ó de partido, ó por el estrecho y egoista interés de clase, consideran aquella sociedad como una partida de bandoleros, cuya existencia no puede ser reconocida por el Estado y á cuyas pretensiones debe imponerse silencio, y, cuando este no fuere bastante, ahogarlas por la fuerza. Creemos, por el 108  EL POSITIVISMO contrario, que es un deber en todos los partidos y en todas las clases el estudiar con espíritu sereno é imparcial lo que pueda haber de justo y racional en las aspiraciones del cuarto estado en lugar de dejarse dominar por la impresion que en el ánimo producen sus errores y sus faltas, aunque lleguen aquellos al absurdo y estas al crimen. Pero reconociendo en el proletariado su derecho á que la ley respete y garantice sus asociaciones y en la sociedad el deber de atender á las quejas que formula y á los remedios que propone, estimamos que todo hombre imparcial está obligado á discernir , así en 'aquellas como en estos, lo que tiene de justo y practicable y lo que de utópico é injusto (1). Ahora bien; en todo este movimiento socialista se descubren tres caractéres que , son otros tantos peligros que en su seno lleva la democracia moderna. En primer lugar, decia un orador del Ate- (1) Un ilustre representante de la escuela conservadora, el Sr. Moreno Nieto, reconoció en el Ateneo la existencia de cierta imperfeccion en la organizacion social, y la conveniencia de preparar el advenimiento del cuarto estado á la vida social. ¡Ojalá vayan todos convenciéndose de la realidad del problema social y de la necesidad de ayudar á que tenga una solucion justa, pacífica y racional! Y LA_ CIVILIZACION.  109 neo (I), el socialismo moderno es individualista, términos que parecen inconciliables, pero con los que se queda dar á entender que no se trata hoy de sacrificar el individuo á la pátria, por ejemplo, como lo hicieron Esparta y Roma; que el socialismo actual no se inspira en un principio ó idea, no afirma como lo primero el todo social, ante el cual debe desaparecer el individuo, sino que por el contrario, es una agrupacion de estos la que aspira á constituirse en centro de la vida. Ahora bien; esto conforma con el sentido positivista, puesto que lo que hace es sustituir el principio, que es absoluto, con el interés de clase, que es relativo. En segundo lugar, animado por un espíritu revolucionario, el proletariado preconiza la guerra (2), y, mediante ella, espera llegar al logro de sus aspiraciones. ¿De dónde procede esta tendencia? De una parte, de que, desconociendo que la razon puede descubrir al hombre nuevos procedimientos para determinar la Mejora y refor- (1) El Sr. Pisa Pajares. (2) De Maistre, Hegel y Proudhon son los que en primer término han santificado la guerra en nuestros tiempos. El conde de Bismark ha realizado en la práctica los principios de Hegel. ¡Ojalá no haga lo propio el proletariado con los de Proudhon! 110  EL POSITIVISMO ma de las instituciones sociales y económicas, los cuales, aunque no tengan su consagracion en la historia, pueden ser los únicos justos y debidos, se busca enseñanza en el pasado para imitarlo, considerando que la repeticion de un hecho á través del tiempo, autoriza á, constituirlo en ley permanente de la vida ; y como en todo el trascurso de la historia humana-encontramos las luchas de clase y el empleo de la fuerza, de aquí se induce la justicia y la conveniencia de mantener aquellas y servirse de esta. De otra, procede de que se aplica á la:vida social el principio ó ley llamado por los naturalistas, la concurrencia vital, la lucha por la existencia; y se hace esta aplicacion, porque, no sólo se considera la sociedad como un organismo, sino que se le identifica, con los naturales, así como se llega á borrar en el hombre el dualismo de cuerpo y espíritu afirmando una sóla esencia sometida á las mismas leyes, y por tanto á la expresada más arriba. De aquí tambien el tercero y último de los caractéres que muestra este movimiento. El socialismo moderno no pretende que la sociedad vuelva á organizarse constituyendo al Estado en supremo rector de la vida, al modo que lo estaba en el antiguo régimen antes de caer á impulsos de la revolucion; pero afirmando esto y llegando Y LA CIVILIZACION. á veces hasta á proclamar como ideal la anarquía, el hecho es que, en realidad de verdad, lo único que se hace es trasportar la cuestion cambiando tan sólo los términos en que se formula y se resuelve. Si el cuarto estado preconiza la fuerza como medio de destruir la organizacion social existente y de crear además otra nueva, ¿en manos de quién va á depositar este poder, esta autoridad, que ha de mantener la constitu . cion que se pretende dar á la sociedad? Claro es que en el fondo de todo esto no hay más que una tras formacion del Estado, el cual habría de procurar la permanente subsistencia del nuevo órden de cosas que se creara. Y como este, por los principios que le inspiran, y por las soluciones en que se formula, es incompatible con el sentido liberal que ha venido presidiendo hasta aqui á la Revolucion, resulta que es muy de temer que, en vez de concertarse con aquel el que ha de guiar en lo sucesivo la vida política y social de los pueblos civilizados, completándolo y no negándalo, venga á retroceder en cierto modo incurriendo en errores de tiempos pasados, y destruyendo ciegamente y sin discernimiento la obra llevada á cabo por nuestros padres en todo un siglo de lucha y de trabajo. Es decir, en suma, que por ese camino no se líe gará á la apetecida 112  EL POSITIVISMO armonía á que se aspira así en la esfera de la ciencia como de la vida, entre la organizacion, que pide y á que aspira el socialismo, y la libertad que con tanto ardor defiende el individualismo como conquista ya realizada. Examinado el influjo qüe la tendencia positivista en sus dos principales matices ejerce y puede ejercer en la vida religiosa, en la moral, en la jurídica y en la social, nos resta tan sólo, para concluir, examinar en conjunto qué bienes y qué males puede producir para la civilizacion moderna aquel poderoso movimiento, y cuál puede ser en lo porvenir su destino en relacion con otros sistemas y escuelas filosóficas. X o Segun hemos visto, el positivismo es ante todo un método, punto en que están conformes todos sus adeptos, solo que mientras los unos, fieles á esta afirmacion, se encierran en el problema lógico, otros, sabiéndolo ó no (1), plantean y re- (1) La doctrina de la evolucion es en cierto sentida una solucion al problema ontológico; y sin embargo, Y LA. CIVILIZACION.  113 suelven el problema ontológico. De aqui los dos matices que hemos tenido en cuenta en todo nuestro estudio: el positivismo crítico y el dogmático. ¿Qué es lo esencial de la doctrina del uno y del otro? De la del primero el declarar que sólo nos es dado conocer el hecho ó fenómeno, siendo lo que se supone existente más allá de este, el noumenos, ó una abstraccion sin realidad, ó una cosa incognoscible; que, por tanto, no hay para el hombre otra fuente de conocimiento que la observacion, ni otro método que la induccion, ni otros principios que las leyes que por este camino llega á afirmar, ni otra filosofía que aquella cuyo contenido lo constituye el resultado de una generalizacion sobre los hechos. El positivismo dogmático, partiendo de este mismo punto de vista metodológico, se diferencia del crítico en que, en vez de declarar sin existencia ó incognoscible el noumenos, afirma como fundamento de los hechos todos una sola esencia y sustancia, la materia, concluyendo de este modo por negar, así en el hombre, como en la realidad toda, el dualismo de cuerpo y de espíritu, y como consecuencia, el Sér, que es de ámbos razon y. fundamento. muchos de los que la patrocinan pretenden no abandonar el punto de vista crítico. 114  EL POSITIVISMO ¿Qué peligros entraña este sentido positivista? ¿Qué bienes puede producir? Examinaremos uno y otro extremo bajo el doble punto de vista de la solucion que da al problema crítico y á ontológico. Por lo que hace al método, este sistema puede producir un bien real; en cuánto, al empujar la_ investigacion científica por el camino de la, observacion y de la experiencia, presta un gran servicio en varios respectos; primero, recabando para la historia el puesto que le corresponde entre las ciencias; segundo, aprovechando todas las enseñanzas que encierra el pasado de la vida humana para tenerlas presentes al estudiar y tratar de mejorar lo presente; y tercero, sirviendo de ,moderador á la impaciencia de aquellos que pretenden realizar inmediatamente y de golpe, las reformas, sin atender lo bastante al estado actual determinado por los hechos presentes y pasados, que ha de servir de punto de partida para las modificaciones ulteriores conforme á la ley de sucesion y continuidad que rige á la vida en todos sus órdenes. Pero al mismo tiempo el predominio y el exclusivismo de esta tendencia puede acarrear los siguientes peligros: primero, que al desconocer el valor de los principios, se cierra naturalmente el camino á la afirmacion de un Y LA. CIVILIZACION.  115 ideal en todas las esferas de la actividad; segundo, privados de criterio para discernir en la historia lo necesario de lo accidental, podemos fácilmente incurrir en el error de procurar la permanencia ó repeticion de instituciones ú organismos que tuvieron su razon de ser en el pasado y que no la tienen en el presente ; y tercero, que el punto de vista crítico ó escéptico puede conducirá los espíritus científicos á la abstencion, y por tanto, no sólo á la paz , sino al quietismo ; pero no es fácil imponer semejante discrecion á las clases sociales, las cuales, al moverse y agitarse, necesitan inspirarse en algo, y si este algo no es un principio , en su lugar ponen un interés. Más graves son en verdad los peligros que entraña el positivismo dogmático, puesto que además de los que lleva consigo su punto de vista en el problema lógico, igual ó análogo al del positivismo crítico, al afirmar como única sustancia la materia, como único sér real la naturaleza, y al negar, no ya la posibilidad de conocer lo absolu- to, sino qne éste tenga existencia y realidad, ni siquiera deja, á diferencia de aquel, la posibilidad de penetrar en aquel órden trascendental y misterioso bajo el ministerio del sentimiento y de la fantasia. De aquí su enemiga á la par á la t'eh- 122  EL POSITIVISMO Cable coincidencia de nombre, porque aunque pese á sus adeptos, las consecuencias que se desprenden de las soluciones dadas por el positivis- ' mo á problemas trascendentales que tanto importan al hombre, viene á favorecer el vicio notado, puesto que este no consiste en resúmen en otra cosa que en prescindir de los principios en el ré- ( l imen de la vida, y claro está que no es el medio oportuno y adecuado de salirle al encuentro para corregirlo, el proclamar el hecho como única cosa que al hombre es dado conocer. Esta circunstancia obliga á los científicos que siguen esta tendencia filosófica, á mantener siempre abierto el abismo que separa al positivismo doctrinal del positismo práctico, porque así como no es de temer que incurran en el segundo los sábios que generosa y desinteresadamente consagran toda su actividad á las investigaciones científicas, y en cuyo espíritu habla siempre y es escuchada la voz de la conciencia, que obliga al hombre recto y severo á ser inconsecuente con la doctrina que como científico afirma, en cambio es manifiesto el peligro de que en medio de la vertiginosa rapidez con que el positivismo se extiende y desarrolla, con la turba multa que se aliste bajo sus banderas se confundan aquellos qug están siempre espiando las circunstancias que puedan favorecerles Y LA CIVILIZÁCION.  123 para encubrir su menguado egoísmo con la capa de una escuela ó sistema doctrinal (1). Resulta de todo lo dicho, que el positivismo está (1) En este punto es preciso evitar igualmente dos descaminos. Consiste el uno en echar en cara á los mantenedores de un sistema todas las consecuencias que lógicamente se deducen de su doctrina, aunque ellos no las adopten, ni las profesen; presentarlas mostrándose en la vida, áun cuando no hayan descendido á ella todavía de la esfera de la ciencia; y concluir, como resultado de todo, por rodear á la escuela que se combate y á sus adeptos de cierta atmósfera y de cierto colorido, que les procura un descrédito inmerecido, lo cual no es, en nuestro juicio, ni leal, ni lícito. Consiste el otro en pretender contestar á las consecuencias prácticas que se deducen de una doctrina con la conducta de sus mantenedores, que muestran en su vida pura y honrada otras muy distintas, olvidando que esto interesa á las personas, pero no á los sistemas. De Malthus se ha dicho que i/ vaZait mimo que ses idées, y de los positivistas que tenían perdida la cabeza y sano el corazon; y el que esto escribe ha tenido ocasion de oir á un deudo de Darwin hacer un cumplido elogio de las bellas cualidades y prendas de carácter del ilustre naturalista; de lo cual se deduce que para juzgar al individuo debemos atenernos á los hechos que practica y no á los principios que profesa, estimándole por la dignidad de su conducta y no por la secta, escuela ó partido á que está afiliado; pero al mismo tiempo no debe olvidarse que las inconsecuencias de las personas, ni las felices, ni las desgraciadas, pueden influir en el juicio de las doctrinas, ni servir de osbtáculo á que se deduzcan de estas todo cuanto de ellas lógicamente se desprenda. 124  .EL POSITIVISMO llamado á producir bienes reales en la esfera de la ciencia y en la de la vida, y que á la par encierra gravísimos peligros con relacion á la una y á la otra. ¿Será posible que estos desaparezcan viniendo así aquellos á acrecentarse y realzarse? Ciertamente que sí; el positivismo puede servir á la causa de la civilizacion y del progreso, si en vez del punto de vista exclusivo que adopta y de su sistemática desconfianza respecto del opuesto, cede de sus pretensiones y busca la conciliacion entre elementos, principios y métodos, que, lejos de ser antitéticos, pugnan por encontrar una armonía que la humanidad presiente en medio de esta grave y profunda crisis de los actuales tiempos, que, segun hemos dicho, es como la característica de la civilizacion moderna. Dentro de la misma escuela positivista nótanse tendencias á buscar esta armonía y composicion; pues que algunos de sus más ilustres mantenedores, como Hankel, por ejemplo, aspiran á encontrarla en el problema lógico, esto el, entre la induccion y la deduccion; otros, como Lewes, despees de haber declarado cruda guerra á la metafísica, han tomado más tarde su defensa, pareciendo así que se trata de resolver la supuesta antinomia entre la filosofía y la ciencia; y al paso que hay quienes no ocultan su simpatía hácia las soluciones del .4. .4.4 44- Va. ♦ J Yi A/  1.‘J .1• • positivismo ontológico, otros, como Schiff, condenan enérgicamente el dogmatismo materialista y ateo. ¿Qué . indican estas aspiraciones, estas reservas, estas protestas? Que por encima de todas las preocupaciones de escuela y de todos los prejuicios doctrinales, y sobreponiéndose á ellos, se deja oir siempre en nosotros la voz que mantiene vivo en el espíritu del hombre el perpétuo afan de lo infinito, el ansia eterna de lo absoluto. EL PESIMISMO 1 EN SU RELACION Á LA VIDA PRACTICA. (1) 1. Consideraciones generales.—II. El pesimismo en la vida científica.—III. En la vida artística y literaria.— IV. En la económica.—V. En la moral.—VI. En la religiosa. VII. Conclusion. Señoras y señores : Todos habreis oido hablar de dos filósofos de la antigüedad que, segun cuentan, se pasaron la vida el uno riendo y el otro llorando; todos habreisoido, que en tiempos cercanos á los nuestros, un pensador ilustre expuso una concepcion del mundo y de la vida, á que se ha dado el nombre de optimismo, y que otro escritor, de índole muy diversa, pep no ménos conocido, trató de poner en ridícul aquella doctrina en una célebre novela, cu y o protagonista no se convenció de que no es este el mejor de los mun- ( 1 ) C onferencia dada en la hastilucion libre de ense- 'Zona el dia 18 de Febrero de 1817. 128  EL PESIMISMO dos posibles, hasta que los búlgaros se lo demostraron administrándole cuatro mil palos; y todos sabeis, por último; que en nuestros días un filósofo aloman ha elevado á la categoría de sistema una doctrina que proclama el mal invencible, el dolor inevitable, y la muerte, que es el anonadamien- to, como ideal de la vida, en una palabra, el pesimismo. Y es, señores, que estos problemas por necesidad tienen que preocupar en todo tiempo al hombre, , que se pregunta sin cesar si la alegría es una candidez y la perpétua tristeza su destino en la tierra, ó si puede racionalmente aspirar á obtener una felicidad, relativa y limitada al fin, como todo lo humano, pero real y positiva, y por tanto capaz de movernos á obrar con la esperanza de que no corremos tras un sueño y una ilusion. Por esto, al modo que don Quijote y Sancho serán los perpétuos representantes del idealista soñador y del positivista práctico, nos representamos á Dernócrito y Heráclito, áun sin motivos para asegurar la verdad del hecho, representantes de la alegría perpétua y de la perpétua tristeza; encontramos en la Edad media, al lado de la tendencia optimista de ilustres doctores de la Iglesia, el tétrico pesimismo de los que esperaban ja ternainacion del mundo ; contemplamos k4 la EN SU JIELACION Á LA VIDA PRÁCTICA. 12 Edad moderna, la soberbia construccion de Leibnitz, y en frente de ella, la burla sarcástica de Voltaire ; y sentimos en nuestros mismos días , en medio de utopias y delirios que aspiran á procurarnos una felicidad absoluta en esta tierra, la sombría y desconsoladora doctrina de Schopenhauer y Hartmann. Y como á esta clase de problemas procuran dar solucion tambien la Religion y el Arte, desde los más remotos tiempos encontrais asimismo artistas y sacerdotes que respectivamente os enseñan y uestran la vida, ya como el teatro en que ,dstra actividad se desenvuelve, cayendo y le- y antándose, gozando y padeciendo, pero siempre sostenida en sus laboriosas jornadas por la fé en la grandeza de su destino y por la esperanza de realizarlo, ya_ gastando inútilmente nuestras fuerzas, agitándonos en una actividad inútil, persiguiendo un ideal imposible, y corriendo en vano tras una felicidad ilusoria. Hoy mismo pódeis escuchar la voz de Casandra, no sólo en el teatro y en la novela, si que tambien en labios de quienes no aciertan á e l acalzar la suma felicidad de la existencia de ultratumba, sino rebajando y desestimando inde bidamente la vida terrena; pero como estos reconocen la posibilidad de luchar con el mundo .) el demonio y la carne, y dejan abierta la 130  EL pEsimismo esperanza mostrándonos la inmortalidad, no produce su pesimismo las consecuencias de aquel otro literario que, aliándose con la iroWa y el humor, va unido á los nombres de Goete, Byron, Heine, Leopardi, Espronceda, etc. Pues bien, no es mi propósito habl aros de ninguno de estos pesimismos, ni del filosófico, ni del religioso, ni del literario, y sí de otro que nace expontáneamente del seno de la sociedad; que pretende inspirarse en la contemplacion directa de la vida; que se informa en frases, adagios y proverbios de todos conocidos; que aprovecha, sin pararse á penetrar su sentido, las solucione .de aquellos otros pesimismos, utilizando para s4,,, propósito la descripcion que hace el místico de '1 esta vida como un destierro y un valle de lágrimas, la desesperacion que eleva á categoría de sistema el filósofo, el dolor sin esperanzas, sin término y sin consuelo que canta el poeta; pesimismo, en fin, práctico y mundano (pie acoge con una sonrisa burlona todo lo que es accion, entusiasmo , desinterés; que muestra á cada hora el disgusto en medio de la existencia, y que concluye por decir que el amor es una ilusion, la amistad una mentira, el patriotismo una palabra, la piedad una locura, y la esperanza un sueño, no dejando en pié, si acaso, más que EN SU RELACION Á LA VIDA PRÁCTICA. 131 aquel sentimiento contra el cual, decía Aime Martin, son impotentes todos los delirios y todos los extravíos de los pensadores, el santo, el infalible amor de la madre. Favorecen este pesimismo práctico las condiciones propias de la época actual; pues consistiendo la grandeza y los peligros de esta en la lucha entre un mundo que se va y otro mundo que viene, uno que nace y otro que muere, en medio de las ruinas amontonadas y de la polvareda que levantan, mientras los unos tienen siempre fijos los ojos en la estrella que sale ó en la que al parecer se pone, y tomándola como guia trabajan y obran con fé y con entusiasmo, otros, no viendo que «aquí hay algo que se descompone y se disuelve para dar lugar á creaciones alumbradas por un nuevo sol, D no viendo «la luz en medio de las tinieblas de la noche, ni tampoco la vida en el silencio de los sepulcros, » se dejan arrastrar por la corriente, esperando que ella los conduzca, no á la vida, sino á la muerte. Es verdad que, en cambio, el sentido comun y la sana razon protestan perpétuamente contra este pesimismo; y así, á pesar de tan sombrías y desconsoladoras enseñanzas, no sólo continúa el hombre siendo activo, corriendo tras la felicidad, amando la vida, sino que, cayendo en el extremo opues- 138  EL PESIMISMO Ya sé yo que la ciencia pura tiene su propio valor, como tiene el suyo la que directamente se aplica á la vida, y que en suma consiste en el conocer mismo; pero las ciencias más racionales y que más miran á lo eterno, al fin vienen á, inspirar reglas de conducta práctica, mediante la reforma que determinan • y el nuevo sentido que dan á. las que son corno intermediarias entre ellas y las de aplicacion inmediata, viniendo siempre á resultar que el hombre quiere saber para vivir, y vivir es obrar con fin, con criterio, con eficacia, y todo este fundamento de la actividad cien - Idea desaparece cuando se pretende que lo único que vamos á hallar es la inutilidad de nuestros esfuerzos. Tampoco pretendo que el hombre no deba de abrir los ojos á la verdad sino cuando ésta le sea grata; que harto sé que está aquella tan por encima de nuestro gusto y de nuestra conveniencia, que frecuentemente el entrar en posesion de la misma nos cuesta crisis dolorosas que al principio nos hacen vacilar, que luego nos dejan como sin apoyo en la vida, cuando la verdad de ántes se ha desvanecido y la nueva está todavía flotando en el espíritu, y á la postre termina en la paz que al alma procura una conviccion profunda y sincera. Esto seria autorizar á cada cual para EN SU RELACION  VIDA PRÁCTICA. 139 que fantaseara un mundo á su capricho, y á que se encastillara en él con sus ilusiones, cerrando cuidadosamente toda entrada por donde pudiera penetrar la ciencia á arrebatárselas, para que no tuviera luego que llorar, como el Dr. Faustino, la pérdida que le acarreaba esta desdichada trasformacion. Pero una cosa es decir al hombre: si te consagras á la investigacion de la verdad, muchos sueños de tu imaginacion y de tu fantasía se desvanecerán; y otra muy distinta anunciarle que lo que va á encontrar es, que aquello mismo que á un tiempo le revelan el instinto, el sentimiento y la razon, que todo aquello que viene persiguiendo la humanidad siempre, y todos los móviles que le excitan á obrar, todo es ilusion y mentira. En el primer caso, no se ciega toda fuente á la actividad; mientras que en el segundo, no nos queda ni el estimulo de contemplar la belleza de la verdad réal, ni la esperanza de aplicar á la vida útilmente el resultado de nuestros esfuerzos. Y hé aquí el más desastroso efecto del pesimismo práctico con relacion á la vida científica El sabio pesimista, aunque lógicamente debiera concluir en la inercia, su misma vocacion le obliga á ser inconsecuente; pero en la vida coman, esta tendencia aleja del cultivo de la ciencia á muchos que, bajo la inspiraeion de la pereza, fá- 140  EL PESIMISMO cilmente se convencen de que, lejos de tener encanto alguno aquella, sólo puede procurarnos las tinieblas del error, las angustias de la perpét.ua duda ó el acerbo dolor de la desesperacion. Y cuenta con que esto no interesa tan solo á la vida del pensamiento, porque, como ha dicho un poeta, «la alteza de los sentimientos está en razon directa de la profundidad de la inteligencia; el corazon y el espíritu son como los platillos de una balanza; sumergid el espíritu en el estudio y elevareis el corazon hasta los cielos.» Por esto dice otro escritor: «il y ero non solo allarga la mente, ma eleva anche e nobilita il more.» En la esfera del arte y de la literatura, el pesimismo lleva al artista y al poeta á pintar las contradicciones de la vida y no sus armonías. Ve en la Naturaleza el sudario de muerte con que se cubre en el invierno, y no el atavío de flores y verdura que ostenta en la primavera.; el cielo con negros nubarrones, y no el azul trasparente que ensancha el pecho y alegra el ánimo; el sol que quema y agosta, y no el que vivifica y alumbra; el rio que se desborda é inunda, y no el que fertiliza; los desastres y las tormentas, y no aquel como remedo de las bellas artes que encontraba Edgardo Quinet: en las cadenas de montañas, la arquitectura; en las cumbres y los picos esculpi- EN SU RELACION Á LA VIDA PRÁCTICA. 141 dos por el rayo, la estatuaria; en la luz y la sombra, los días y las noches, la pintura; en el can- to de las aves, el murmurio de las aguas, el ruido de la creacion, la música; y en el conjunto de tódo esto, la poesía. Ve en la vida social el sabio que especula con la ciencia, el artista que trabapane lucrando, el sacerdote qne prostituye su elevado ministerio, el político que utiliza poder y autoridad en provecho propio; y no ve ni el científico que sacrifica su existencia al descubrimiento de una ley ó de una idea, ni el poeta que muestra á su pueblo y á su tiempo ideales desconocidos, ni el misionero víctima de su santa abnegacion, ni el patriota que da la vida por la libertad ó la independencia de su patria; ve los pueblos esclavos y no los libres, los que caen y no los que se levantan; los'imomentosA3iara ó de retroceso de la humanidad, y no los de adelanto y de progreso; ve la obra de las pasiones, y no la de la razon. Por esto, sobre el fondo sombrío de sus creaciones se destacan siempre el mal y el dolor, apareciendo el bien y la dicha como accidentes pasajeros, nada más que como sombras del cuadro, mientras que resultan aquellos, irremediable el uno, invencible el otro; por esto, el dolor que canta es un dolor sin esperanza y sin consuelo, un dolor que seca, desanima y abate. 142  EL PESIMISMO ¿Es esta la mision del artista y del poeta? El cultivo de las bellas artes se ha considerado como un poderoso elemento educador , precisamente porque contribuye á despertar ea nuestro interior la armonía, que es la paz del alma, y la idealidad, que mantiene en el espíritu la exigencia de un más allá de perfeccion; y léjos de responder á estos fines cuando á sus creaciones preside un tétrico pesimismo, contraríalos ambos, puesto que la contemplacion de aquellas produce tan sólo la desesperacion en el espíritu. Y no es, como ya sospechareis, que yo crea que la lira del poeta no deba cantar el dolor; no soy de los que dicen que quieren ir al teatro á reir y no á llorar. Pinten en buen hora en el cuadro, en la novela y en el drama los episodios tristes de la vida, pero no se complazcan en mostrárnoslos en galería inacabable, como si quisieran convencernos de que aquellos no son accidentes de la existencia, sino la misma trama de ésta; hágannos llorar ante la vista de los padecimientos y contrariedades que amargan la estancia del individuo en esta tierra, pero no nos conduzcan á la desesperacion procurando mostrarnos que esa es la suerte de la humanidad toda. Entre una y otra cosa hay la misma diferencia que antes notamos entre la tristeza y el pesimimo; y si quereis discernirla, reparad la im- EN SU IIELACION Á LA VIDA PRÁCTICA. 143 presion y el \estado de espíritu que determina en vosotros la contemplacion de las obras de arte en el teatro, por ejemplo, y encontrareis el distinto efecto que en uno y otro caso os producen las escenas de dolor que ante vuestra vista se suceden. Si al mismo tiempo que os arrancan lágrimas, no experimentais congoja y opresion en el pecho; si sentís pena, pero una pena dulce; si el recuerdo de lo que habeis visto no turba vuestro sueño ni os abruma dia trás dia como peso molesto que abate el espíritu; siL en una palabra, deducís de todo que es á veces triste, muy triste, la vida de un individuo, pero no que lo sea la vida misma, entonces la obra del poeta, además de ser bella, es una buena obra. Si, por el contrario, experimentais en vuestro interior como una secreta queja contra quien os ha llamado al teatro á sentir una pena sin compensacion, á contemplar un dolor seco y sin esperanza; si el recuerdo de lo que allí habeis visto se convierte como en oscura lente á través de la cual todo son sombras en el mundo; si sacais en consecuencia que las aspiraciones que parecen más naturales son un sueño, la lucha un trabajo inútil y la esperanza una quimera, entónces bien podeis decir que lo que teneis delante es inspiracion de la tétrica musa del pesimismo. Y como todo depende, en suma, de 144  EL PESIMISMO que el mal y el dolor aparezcan como fondo ó como sombra del cuadro, como esencia ó como accidente, por esto es difícil discernir esta diferencia en vista de una obra aislada, mientras que es fácil hacerlo cuando tienen el mismo carácter todas las de un autor, de una escuela, de una época; porque en el primer caso podeis dudar si lo que teneis delante es un episodio de la existencia de un individuo ó es un reflejo de la vida toda, al paso que en el segundo es evidente el propósito de presentar ésta como una serie no interrumpida de dolores y desastres. ¿Necesitaré deciros cuáles son las consecuencias de este extravío en la esfera del arte? ¡Singular destino fuera el de este y bien menguado el nuestro, si la inspiracion creadora con que Dios plugo dotarnos, en vez de servirnos para fantasear mundos de belleza y armonía y para convertir en oro el barro que tocamos, hubiéramos de emplearla en mostrar al hombre sumido por siempre en un verdadero infierno de males y dolores, de dudas y contrariedades! Tambien en la vida económica encontramos el pesimismo, y bajo dos aspectos: uno que podemos llamar conservador, y otro revolucionario. Asi como hay un optimismo del primer género, el cual consiste en abrir al pobre una cuenta, EN SU RELAC1ON Á LA VIDA PRÁCTICA. 145 en cuyo haber se incluyen todos sus sufrimientos y dolores, quizá no bien apreciados, porque se avaloran contemplándolos desde muy léjos, y en cuyo debe se le cargan todas las ventajas que gratuitamente disfruta, basta la de caminar por calles bien empedradas y el contemplar las mara villas del arte en los escaparates de las tiendas, entre los 'cuales no deben contarse, presumo yo, los de las fondas y restaurants, porque el efecto es contraproducente; así como, digo, hay quienes presentan de tal suerte esta cuestion, que, como decía La Bruyere, si los ricos la plantean, son los pobres los que deben resolverla, otros, por el contrario, reconocen la realidad de los males que á estos abruman y acongojan, y hasta parece que su contemplacion los contrista ; pero al fin y al cabo los declaran irremediables, por la sencilla razon de que siempre habrá en el mundo ricos y pobres , concluyendo por recordar á estos la resignacion que el Cristianismo les aconseja, y cuidándose poco de recordar á aquellos la caridad que el Cristianismo les impone. Pesimismo cómodo y egoista, que no echa de ver que no se trata de que desaparezcan los pobres y sí de que no sean tantos en número y no tan grande la pobreza; que, en vez de aconsejar á los dichosos que alarguen la mano á los desventurados para 146  EL PESIMISMO que puedan flotar y llegar á la superficie en busca de un poco de aire, encuentran mejor matar ó amortiguar los instintos generosos de aquellos, mostrándoles la fatalidad que condena •á los segundos á morir en el fondo del negro mar de la miseria ; pesimismo repugnante, en fin, porque pretende hacer cómplices de sus torpes intentos la ciencia, el derecho y hasta la religion misma fingiendo que trata de proteger intereses sagrados, cuando aspira tan sólo á impedir que venga cosa alguna á perturbar la digestion de los que están hartos. El pesimismo revolucionario presenta la vida económica como el teatro en que domina el ciego interés; entre los varios elementos de la produccion la guerra es inevitable; siempre ha de haber explotadores y explotados; no cabiendo todos en el banquete de la vida, los débiles deben morir; y como en esta esfera es casi imposible la resignacion , porque en ella el mal es el hambre, la inanicion y la muerte, el individuo está condenado á luchar sin tregua ni descanso por el pedazo de pan que ha de prolongar su existencia. Puede creerse que el ilustre Bastiat fué demasiado optimista al trazar las armonías económicas en el precioso libro que todos conoceis, y que la escuela que tiene el honor de contarle entre sus adeptos, EN SU RELACION Á LA VIDA PRÁCTICA. 147 fía demasiado á la accion del tiempo la solucion de problemas á que debe procurar poner término, tan breve como sea posible, la energía individual, la de la sociedad y áun la del Estado; pero la verdad es que la contemplacion de las leyes económicas en el pensamiento, su comprobacion en la vida práctica y la observacion atenta de la historia demuestran lo infundado de las afirmaciones del pesimismo. En ninguna esfera de la vida se muestra tan patente como en esta la ley de la solidaridad, que hace del mundo entero como un inmenso mercado, y esto sería imposible si la lucha y la guerra imperaran en ella; la riqueza crece y aumenta de una manera prodigiosa; su distribucion , aunque no sea siempre la debida, no es seguramente más inequitativa que lo eran pasados tiempos; y en medio de los encontrados intereses de clase y de las opuestas preocupaciones de escuela y de partido , se encuentran y observan, en el órden de los hechos y en el de las ideas, indicios y señales de que el pavoroso problema social ha de alcanzar solucion en el seno de la paz y no por la fuerza y la violencia, como augura el . pesimismo , principalmente si se consigue que cada dia los principios morales penetren y vivifiquen más y más la vida económica. Tambien en la-esfera jurídica encontramos dos 2450  LOS PARTIDOS POLÍTICOS. to del pensamiento público y del sentimiento social, ó violando la que debidamente se ha establecido. De donde resulta, que la revolucion es una pena, es un recurso, á que los pueblos han de apelar en casos extremos , pero no en modo alguno un sistema que erigirla la fuerza y la violencia en una ley constante de la vida ; y por lo mismo los partidos podrán y deberán estar apercibidos para la lucha , por si llegara el caso de tener razon y motivo para apelar á ella; pero no han de olvidar que esto ha de ser por excepcion y por accidente, y que por regla general y como fin esencial de su mision han de organizarse y conducirse, teniendo en cuenta que en el seno de la paz están obligados á moverse y agitarse. Para que todo esto sea posible, esto es, para que los partidos políticos nazcan, se organicen y cumplan su mision, es necesario que el principio en que tienen su razon de sér alcance en el Estado un reconocimiento sincero y completo, ó lo que es lo mismo, es necesario que se deje ámplia libertad á, la forinacion de esas corrientes várias de aspiraciones generales de que son órganos aquellos, á fin de que mediante la intervencion activa de estos en la vida jurídica y política, revista verdaderamente un carácter social la obra llevada á cabo en este órden por los pueblos. Es lo per LOS PARTIDOS POLÍTICOS.  251 esto tan llano que, en nuestro juicio, apenas si merece los honores de la 'discusion la doctrina que lo contradice, clasificando los partidos en legales é ilegales. Si examinamos esta cuestion la luz de los principios, encontraremos que conceder á unos y negar á otros el derecho á intervenir en la gestion de los negocios públicos, vale tanto como privar á un pueblo de su soberanía, puesto que se restan y suprimen los elementos y energías que . no son del agrado de los poderes oficiales, viniendo así realmente á ocupar estos el puesto que corresponde á, la sociedad misma. Y si atendemos á los hechos, á, lo que en nuestro rededor pasa, encontraremos en Austria organizados é influyendo en la política de aquel país á los partidarios del antiguo régimen, los cuales no desaparecieron como por ensalmo cuando hace pocos años se iniciaron por el conde de lIeust las reformas liberales ; en Italia y Portugal hallamos un partido republicano ; en Francia , dentro de la república, en sus mismas Cámaras, hay una minoría imperialista y otra legitimista; en Aleriaania, el socialismo franco y resuelto tiene sus representantes en la prensa y en el Parlamento; y en fin, para concluir, en Inglaterra hay otra cosa más grave : existe un partido que con la bandera del Irme rule aspira á hacer á Irlanda 252  LOS PARTIDOS POLÍTICOS. independiente, y que cuando llega el diez y siete de Marzo da rienda suelta, á sus sentimientos y aspiraciones en sus festines, en sus meetino y sus periódicos; á lo cual seguramente contestarian los conservadores de otros paises con los famosos argumentos de la infantería, la caballería y la artillería, mientras que no logran hacer per- .. der su serena y severa calma á los conservadores ingleses. No digamos, pues, más sobre esta irracional y absurda clasificación de los partidos en legales é ilegales preñada de tempestades y peligros ; contentémonos con recordar á los que con tan mal acuerdo la mantienen estas palabras de Bluntschli: « Si tienen á su favor la fuerza y las circunstancias, se imponen en efecto á sus rivales, á quienes hacen callar; pero callar no es morir, y el mutismo aparente oculta una gran efervescencia interior que no tarda en desencadenarse y en dar al traste con aquel partido... y con sus ilusiones.» Una prueba de lo absurdo que es el pretender proscribir ciertos partidos políticos poniéndoles fuera de la ley, es el género de medios á que hay que apelar para llevarlo á, cabo. Los que tal intentan no tienen en cuenta que un partido es una colectividad y no una asociacion, y que si á LOS PARTIDOS POLÍTICOS.  253 veces, merced á cierta organizacion, alcanza el carácter de persona social, nunca llega á tener el de persona jurídica. De aquí una consecuencia 11,  llana, y es, que puede un Gobierno disolver una fa  asociacion, como, por ejemplo, la famosa Internacional de trabajadores, haciendo una cosa que seguramente sería un grave error y una gran torpeza, pero explicable y posible de realizar, porque bastaria al efecto que los miembros de la Asocíacion dejaran de reunirse como tales, que su junta directiva dejara de funcionar, que la Sociedad dejara de hablar por los que antes fueran sus órganos en la prensa; en una palabra, bastaria que desapareciera la organizacion acabada y completa de aquella persona social cuya existencia tiene su fundamento en un Estatuto Reglamento y cuyos miembros son conocidos, así como es determinado su número. Mientras que, por el contrario, tanto no puede hacerse esto con los partidos políticos, que á nadie se le ha ocurrido hablar de ellos en las leyes, las cuales pueden ocuparse de personas individuales sociales, pero nunca de las coleetividades que de un modo natural y espontáneo se forman en el seno de la sociedad y que están en constante y perpétua transformacion, siendo por lo mismo tan imposible al legislador el alcanzarlos con sus prescrip- 2:4  LOS PARTIDOS POLÍTICOS. clones como lo es aprisionar el agua entre las manos. De aquí que en los paises en que prevalece esta absurda clasificacion de los partidos en legales é ilegales, los Gobiernos no dicen ni pueden decir en una ley electoral, por ejemplo, que al partido tal ó cual no se le reconoce el derecho de ir á los comicios; lo que hace es dar á sus representantes en las provincias instrucciones, que se librará muy bien de estampar en el periódico oficial, para que por toda clase de medios, casi siempre ilegales é ilícitos, impidan que alcance la investidura de representante del pueblo este ó aquel individuo; es decir, que el principio  id es tan absurdo é irracional, que no puede , formularse en una ley, y hay que fiar su aplicacion á la pura arbitrariedad del poder. IV Veamos ahora, para concluir, cuáles son los partidos que hoy luchan en el seno de la sociedad moderna, á fin de juzgarlos conforme al criterio hallado en la esfera de los principios, atendiendo tan solo á sus caractéres generales, pues- to que, sobre ser por extremo difícil, no entra en nuestro propósito descender á la gran variedad de ; iO L LOS PARTIDOS POLÍTICOS.  2;7)5 matices con que se nos presentan en cada pueblo. Desde luego encontramos dos tendencias radicalmente opuestas, que se muestran como una consecuencia natural del carácter eminentemente crítico de la época moderna. Puede decirse que lo esencial en el modo de ser de la actual civilizacion consiste en que en ella luchan un mundo que se va y otro que viene, la vida tradicional é histórica con otra nueva y racional, que pugna por sustituir á la primera. Por esto se nos presenta, de un lado, un partido que niega el valor de las ideas, la independencia de la razon y del Estado y el principio del self-government , afirmando el superior valor de la tradicion, la subordinaron del Derecho á la Religion y las escelencias del antiguo régimen; es decir, un partido tradicionalista, histórico, teológico, monárquico y estacionario. En frente de él encontramos otro, que desestima la realidad, considerándola toda ella impura, que se inspira en principios abstractos, en vista de los cuales trata de reformar con precipitado paso la sociedad, y que aspira á dar al Estado una forma que considera antitética á las hasta aqui conocidas, es decir, un partido idealista, filosófico, republicano y revolucionario. Lindando con estos, encontramos otros dos más 256  LOS PARTIDOS POLÍTICOS. cercanos entre sí y que modifican respectivamente los principios de los dos extremos; en cuanto el uno, afirmando en primer término el valor del hecho, de la tradicion, no se niega en absoluto á reconocer el de las ideas, y á determinar, inspirándose en ellas, los ulteriores desenvolvimientos de la civilizacion; y el otro , atendiendo más á la idea que al hecho, no deja de reconocer la necesidad de respetar la realidad presente , partiendo de ella para llevar á cabo los nuevos desarrollos de la vida. Y de aquí estos dos partidos que podemos denominar conservador y reformista. Entre estos encontramos al que se ha llamado doctrinario, cuyas soluciones no son otra . cosa que transaciones y compromisos ; lo cual es debido á que « tenga ó no clara conciencia de ello, toda política práctica descansa en una política teórica, y toda teoría de un objeto particular se inspira necesariamente en una filosofía.» Esto sentado, la filosofía que inspiraba las opiniones y la conducta de los doctrinarios les impedia, formarse una idea precisa y determinada del Estado. Era el eclecticismo «renegado á poco de nacer por sus mismos apóstoles, aunque mantenido cándidamente bajo el nombre de espiritualismo racional y otros semejantes: filosofía estrecha y meticulosa, asustadiza de la razon; sin fe en nin- LOS PARTIDOS POLÍTICOS.  257 gun principio, retórica y sentimental, amiga del statu quo en el pensamiento y en la vida, y cuya cardinal aspiracion, no á pura y absoluta verdad, sino precisamente á huir de ella y á mantenerse en un cierto término medio entre la razon vulgar y la científica, debla apartarla más y más cada dia de la sincera aplicacion de Maine de Miran y de Jouffroy, para venir á párar, bajo la desastrosa influencia de Cousin, en las declamaciones más vagas, equívocas é insustanciales. Excepticismo acomodaticio, velado con formas misteriosas y plañideras, que juega irreverente con las cosas santas, y que ha soñado que los problemas fundamentales de la razon se rinden al primer advenedizo á cambio de cuatro figuras brillantes. Sistema que es para el pensamiento lo que hoy !a clase media para la sociedad, que ha prestado idénticos servicios, que ha cometido los mismo; pecados mortales, y que, falto de alimento en la metafísica, y harto presuntuoso para el vulgo, tenia que elaborar su obra en el vacío, y buscar apoyo en las camarillas de los salones y academias.» (1) Ahora bien, ¿cuáles son las excelencias y cuáles los defectos de estos partidos políticos juzgados p_ilÍtifo.s. por Francisco Giner. 2:)8  LOS PARTIDOS POLÍTICOS. á la luz de los principios que hemos sentado más arriba, al hablar de los que debían presidir á su organizacion? El tradicionalista aspira á realizar la justicia, pero no reconoce otro derecho que el que va revelando el instinto de los pueblos, ó el que se deduce de los dogmas de una religion positiva; toma por guía una idea, pero léjos de fiar la contemplacion de la misma á la razon, no admite otra que la que viene desenvolviéndose en la historia, y que está siempre latente en la realidad, ó la que es debida á la inspiracion directa de la divinidad, la cual no puede ser depurada ni aun completada; muévele, en general, el desinterés, pero á veces escóndese detrás de sus aspiraciones la conveniencia de una institucion, como la monarquía, ó de una clase, como el sacerdocio; es naturalmente disciplinado, porque ó le impone este carácter la organizaciongerárquica de una Iglesia , ó lo debe al carácter negativo de sus soluciones, el cual tienen siempre las de las escuelas que, desconociendo el valor de los principios, limitan sus esfuerzos á la defensa de la realidad existente; es intolerante con los demás partidos, porque no puede ver en ellos más que una de estas dos cósas: ó la negacion de principios revelados y divinos, ó la afirmacion de ideas abstractas, sin valor y sin subsistencia; por último, aunque por la naturaleza de LOS PARTIDOS POLÍTICOS.  259 su credo debiera ser esencialmente pacifico, pues que ni el sentimiento piadoso autoriza la guerra, ni el sentido histórico consiente las revoluciones, con frecuencia, sin embargo, atiza la discordia, pone en manos de los fanáticos las armas, y encuentra licito hacer h que condena en los contrarios, llevando á cabo las contra-revoluciones. El partido ideolista aspira á realizar un derecho que, sobre ser fruto de la pura razon, pretende vaciarlo de golpe y de una vez en la realidad; toma como guía, unas veces la idea, que á menudo le imponen desde arriba sus directores, otras el sentimiento ó la pasion que las masas imponen á aquellos; desint-cesado en cuanto camina á la realizacion de un idea vago y generoso, cae otras veces en el estrecho egoismo de clase, pretendiendo someter  la:s que hasta el presente han venido dominando en la sociedad ; disciplinado en unas ocasiones, h 1, t a el punto (le entregarse á un César, es en otra discolo y rebelde por listema, desconociendo Li autoridad de sus jefes; afirmando , en gener;,I, los principios del Derecho moderno , que lle;an consigo como consecuencia ineludible el de la tolerancia para con los demás partidos, el ardor de (a lucha llévale con frecuencia á pensar en la pro s cripcion y en la persecucion de éstos ; y po r último, impaciente, aguijo- 266  LOS PAIM DOS roLiTrcos. bido al motor destinado á ejercer en todos los países libres la misma autoridad soberana, y que se llama la opinion pública. » Allí es una verdad el principio del self-government, de tal suerte que se componen y conciertan los dos modos de la actividad social de que en otro lugar hemos hablado, el expontáneo y el reflexivo, ejerciendo por tanto el pueblo su soberanía sin interrupcion alguna, de un modo directo, mediante los hechos y la costumbre, y de otro indirecto, mediante la representacion y el Parlamento; el cual, lejos de atribuirse una como soberanía por derecho propio, sabe bien dónde está la fuente de su poder y autoridad, y por lo mismo, en vez de estorbarlo, facilita el libre curse de las corrientes de la opinion pública, que pone en perenne comunicacion al país con los poderes oficiales. Allí, por .esta mismo, está dada la base esencial para la existencia de los partidos políticos; allí no sueña nadie con declarar á unos legales y á otros ilegales; allí se aspira al poder, no por el poder mismo, sino para llevar á cabo una reforma ó para evitar otra que se estima injusta ó inconveniente; allí, pudiendo organizarse legalmente los partidos extremos, apenas si estos existen; allí los dos partidos medios, el conservador y el reformista, se consideran, se respetan y se esti- LOS PARTIDOS POLÍTICOS.  267 man mútuamente y se suceden en el poder sin producir perturbaciones en la sociedad, y sin tener que apelar á las revoluciones los unos, á los golpes de Estado los otros. ¡Ah! por fortuna suya no pueden aplicarse á Inglaterra las frases que no hace mucho dirigia á su país M. Paul Jánet, y que alcanzan á otros, quizá en primer término á nuestra desgraciada pátria, más querida cuanto más desventurada: « Se pretende que todas las experiencias políticas posibles se han hecho en Francia, y esto no es exacto. Falta por hacer una que es decisiva : la del gobierno del país por sí mismo. Hasta el presente los partidos se han apoderado de éste, y es preciso que en adelante sea él quien se sirva de los partidos. Ninguno de estos, ni el conservador ni el demócrata, tiene un derecho absoluto á gobernar. Los unos se lo atribuyen, porque se estiman representantes de los principios de urden; los otros se creen con igual derecho, porque se consideran únicos representantes del progreso, del porvenir y de la justicia. Unos y otros se engañan, puesto que deben sus servicios al país y no tienen sobre él autoridad alguna. El dia en que acepten sincera y definitivamente la autoridad de este juez supremo , tenemos la conviccien de que quedarán, el espíritu revolucionario 268  LOS PARTIDOS POLÍTICOS. vencido , la causa de la revolucion triunfante.» Lo que en estos momentos (1) está ocurriendo en Francia, muestra que el sentido conservador no ha escuchado el consejo de Mr. Paul Jánet. — 1876 — • (1) Noviembre de 1877. EL DERECHO Y LA RELIGION I. El órden religioso y el jurídico.—II. La Iglesia y el Estado.—III. La libertad de conciencia. Lejos de proponernos examinar todas las cuestiones contenidas en este trascendental problema, que tanto preocupa en la actualidad á los hombres pensadores, á los. Gobiernos y á los pueblos, trátamos tan solo de poner de manifiesto ciertas preocupaciones y ciertos errores que , mil veces contestados y desvanecidos , aparecen sin embargo de nuevo y se reproducen, merced al carácter especial que revisten las cuestiones que se rozan con la Religion. La mútua y respectiva independehcia del órden religioso y del jurídico , ó civil , como suele de- 270  EL DERECHO un u es , principio reconocido por todas las escirse cuelas y partidos, pues que nadie defiende la justicia ni la conveniencia de organizaciones teocráticas como la de los Brahamanes de la India, ó la que llevó á cabo Mahoma con la creacion del Profecta-Emperador ; ni nadie deja de considerar como cosa destinada á perecer el doble carácter de Jefe del Estado y de la Iglesia que todavía revisten el Czar de la Rusia y el Rey de la Gran Bretaña (1). El Cristianismo inició en el mundo la distincion de estos dos órdenes de la vida, afirmando la completa y absoluta independencia del espíritu en la esfera de las creencias y la necesaria é ineludible sumision del ciudadano á la ley del Estado; doctrina, no solo proclamada por Jesús, sino además mostrada en la práctica con ocasion de repetidos actos de su vida. No dejó la Iglesia de invocar esta independencia en los primeros siglos, cuando el Estado, léjos de ampararla y mantenerla en su derecho, la perseguir,, soñando hasta con su exterminio. Alcanzó luego la paz, y cuando hubo convertido todos los pueblos bárbaros al Catolicismo, despues de haber desaparecido los (1) Freeman dice, que despues de la Reina María ningun monarca inglés se ha llamado Cabeza de la Iglesia. Y LA RELIGION.  211 últimos restos de la religion pagana, no contenta con la unidad que habia obtenido tan solo por medios morales, aspiró mantenerla por el ministerio del Estado, exigiendo de éste que se condujera con los infieles y con los herejes de un modo análogo al que con ella emplearon durante tres siglos los emperadores romanos. Entonces aparece aquella doctrina política que va unida á los nombres de Grego rio VII, Inocencio III y Bonifacio VIII, y que aspira á someter el órden temporal al espiritual, considerando aquél como costerrena y pasajera, éste como cosa divina y eterna. Pero los pueblos y los reyes comprendieron instintivamente las consecuencias á que conducía semejantes pretensiones, é iniciaron un movimiento de lucha y de resistencia que, coincidiendo con la consolidacion y exaltacion de la Monarquía, se acentúa en el Re.- nacimiento, y se lleva á cabo durante la época actual, constituyendo lo que se ha llamado secularizacion del poder civil. Parecia que la Iglesia habia renunciado definitivamente á las pretensiones que formulara en aquellos siglos, dando por muertos los que fueron sus ideales durante la Edad media. Pero hechos recientísimos demuestran que, si bien por distintos caminos, aspira á la realizacion de análogos propósitos. Es verdad que se afirma la dis- 2'72  EL DERECHO tincion del órden religioso y del civil, evitando cuidadosamente el que se pueda imaginar que aquella pretende establecer una teocracia al modo de las de Oriente, y procurando mostrar que el sacerdocio quiere permanecer extraño á la esfera entregada por Dios á las disputas de los hombres; en una palabra, que no aspira á que sean los obispos jefes de las provincias, ni los párrocos jefes de los municipios ; pero el hecho es que por otro procedimiento y empleando ciertos rodeos, se pretende hoy lo mismo que en otros tiempos se pretendió. Enfrente de todo el movimiento científico , social, político y religioso de los tiempos modernos, la Iglesia afirma, no sólo sus principios religiosos y morales, si que tambien, como derivacion de ellos, una Ciencia católica, un Arte católico, un Derecho católico, una Economía católica; es decir, que aspira á deducir de sus creencias religiosas y de sus reglas morales las bases en que se han de asentar todos aquellos órdenes de la vida, los cuales adquieren asi naturalmente un carácter dogmático é indiscutible. Despues de fijar estos jalones, de levantar estas vallas, de señalar estos linderos, no es maravilla que diga al hombre y á la sociedad: dentro de ese lecho de Procusto, moveos libremente. Y LA RELIGION. Las consecuencias de esta doctrina son llanas. La Iglesia renuncia en apariencia á intervenir en los distintos órdenes de la actividad, salvo el religioso y el moral; pero resulta que en realidad, no sólo aspira á mantener en estos su predominio mediante la intolerancia, si que tambien en el científico con el derecho de policía é inspeccion que se atribuye con relacion al libro y á la enseñanza; en el literario , con la censura ; en el económico, con la tasa; en el jurídico, con el fuero eclesiástico, con el matrimonio religioso y con la extension de su jurisdiccion en otros puntos análogos. Es decir, que por este camino se llegaria á donde se llegó en la Edad media, invocando el principio llamado de la conexion de las causas, y que olió lugar á que la jurisdiccion de la Iglesia se extendiera como una red que todo lo cubria y á todas partes alcanzaba. Entonces, porque el hombre nacía á la vida religiosa con el bautismo , la Iglesia se atribuyó el registro de nacimientos; porque el matrimonio era un acto sagrado, no consintió otro que el que se celebraba delante de los altares; porque en el testamento habla mandas piadosas, se atribuyó el derecho de intervenir en su cumplimiento; porque en los contratos y en la prescripcion se trataba á veces de discernir si habla ó nó buena fé y esto tocaba á la moral, se creyó tam- 18 bien autorizada á intervenir con este motivo; por- 274  EL DERECHO que el juramento tenia un carácter religioso, en- ¡N tendió en el procedimiento; porque los sacerdotes le pertenecian en alma y cuerpo, creó y extendió de un modo pasmoso el fuero eclesiástico, así en el órden civil como en el criminal; porque el Ponti- , > ficado era autoridad universalmente respetada y coman á todos los católicos, se constituyó, á veces para bien de la civilizacion., en tribunal internacional; todo lo cual, junto con la importante jurisdiccion relativa á beneficios, diezmos, etc., dió. por resultado que en el corazon de la Edad media la Iglesia estaba por completo apoderada de la vida jurídica de los pueblos, y que tenia en sus manos gran parte del poder y autoridad que de derecho corresponde al Estado. Cómo éste ha ido recobrando su independencia, la plenitud de sus facultades, lo muestra claramente la historia. Desde los' últimos siglos de la Edad media comienzan los pueblos y los reyes á luchar con la teocracia política y con la teocracia jurisdiccional; durante la época de la Monarquía absoluta, los reyes llegan , no, sólo á conseguir la independencia del Estado , sino á someter ésta á aquél mediante el sistema de regalías y concordatos; y lo que ellos dejaron por hacer , lo ha llevado á cabo en nuestros dias la Revolucion; en 9 Y LA RELIGION.  275 términos de que dé aquella inmensa autoridad, de aquel ilimitado poder, no queda en los más de los pueblos resto alguno, y en otros solo dura lo relativo al matrimonio. Hecho elocuentísimo, que no puede ménos de convencer, hasta á los más preocupados, de que el camino andado durante seis siglos en este punto muestra con evidencia que la jurisdiccion de la Iglesia en asuntos propios del Estado, despees de tener su período de crecimiento, ha entrado en su ocaso y le falta bien poco para desaparecer. Sería injusto decir -que la Iglesia se propone renovarlo en la forma que ántes revistiera; pero, como -hemos indicado más arriba , pretende de nuevo avasallar, la sociedad contemporánea, aunque siguiendo otro camino y apelando á distintos procedimientos. Hoy no aspira en verdad á formar parte de los Consejos de los Príncipes, á que sus altos dignatarios sean por derecho propio Jegisladores , á que sus tribunales reduzcan casi á la nulidad los del Estado , ni á que los Gobiernos sometan sus diferencias al obligado arbitraje del. Pontífice romano; pero pretende que las Constituciones y las leyes se inspiren, no sólo en la doctrina de la Iglesia, constituida por sus dogmas y principios fundamentales demora', sino tarabien en todas y cada una de las s consecuencias que 282  EL DERECHO cesarla para la vida de todos los elementos, así individuales como sociales, que teniendo un fin propio que han de realizar libremente, necesitan ser mantenidos en su independencia dentro de la esfera de accion propia de cada uno. Por esto el Derecho se relaciona con la existencia de todos ellos, pero sólo por un lado ó bajo un aspecto. Asi, por ejemplo, el individuo entra dentro del órden jurídico pero sólo en una relacion, puesto que dentrG de la esfera que el Derecho le reconoce y consagra, él realiza libremente y por sí mismo los fines de la vida, el científico, el religioso, el económico, etc. De igual modo la familia tiene un aspecto jurídico, en cuanto recibe del Derecho las condiciones necesarias para su nacimiento y existencia; pero fuera de esto y aparte de ello, tiene una esfera propia de accion , en cuanto lleva á cabo por sí misma la obra compleja y trascendental que toca realizar á esta institucion social. En suma, el Derecho penetra en la existencia toda, pero sólo en una relacion, en cuanto suministra á aquella las condiciones necesarias de vida; y por esto es un error suponer, como hacía el antiguo régimen y como hacen algunos filósofos del derecho de nuestros días, que el Estado es el rector de la sociedad y que dá á ésta unidad y carácter, siendo el que determina por sí y en primer término el Y LA RELIGION.  283 desenvolvimiento de la civilizacion de los p t ueblos. Es verdad que la historia nos muestra alguno respecto del cual esto ha tenido lugar hasta cierto punto, como el romano, por ejemplo; pero este hecho sirve al mismo tiempo para poner de manifiesto las consecuencias de dar al Estado una mision que excede de los límites propios de la que en razon le corresponde, puesto que una de las razones que determinaron la decadencia y muerte del Pueblo : rey fué la falta de equilibrio entre el centenido de la vida jurídica y el fondo ético de la vida social, el cual era tan pobre como rico era aquél, habiendo así entre el uno y el otro un abismo que vino á cegar la religion cristiana. En cambio, los preocupados en este punto pueden ver cómo la vida jurídica es la parte, y la vida social el todo, y cómo, por lo mismo, el carácter y modo de ser de la civilizacion de un pueblo no depende tan sólo ni 'principalmente de la accion del Estado, atendiendo á la fisonomía y carácter propio que muestran algunos países en nuestro tiempo, los cuales son consecuencia de la direccion que por sí misma ha tomado en ellos la actividad social; como lo prueban, por ejemplo, el desenvolvimiento de la vida económica en Inglaterra y el desarrollo de la vida científica en Alemania. Resulta, en conclusion, que el Estado es 284  EL DERECHO la sociedad sólo en cuanto se propone realizar el Derecho, y que éste condiciona la vida toda, pero no la determina, puesto que esto corresponde al individuo y á la sociedad misma, los cuales la producen libremente dentro de las condiciones que, para que esto sea posible, son necesarias, y que el Estado reconoce y mantiene. Es otro de los fines esenciales y permanentes de la vida la Religion, la cual es consecuencia del doble sentimiento de independencia é intimidad que une al hombre con el Sér absoluto é infini- to, y que obliga á aquél á cumplir su destino en vista del destino universal de los séres y por tan- to en forma piadosa, y á entrar en mística comunicacion con el Sér Supremo, á fin de alcanzar mediante ella ánimo y aliento para realizar la obra de la vida. Y como el hombre es por naturaleza social y esto le mueve y le obliga á unirse con los demás para realizar *en union con ellos todo aquello que le es comun, los individuos se asocian y organizan para el cumplimiento de este fin, creando instituciones , estableciendo Iglesias. Ahora bien ; estas necesitan, como todas las demás que nacen en la sociedad para el cumplimiento de otros fines y lo mismo que los individuos, condiciones que hagan posible su nacimien- Y LA RELIGION.  285 to, su desarrollo y su vida; pero el determinar el contenido mismo de la-vida religiosa, á la Iglesia y sólo á ella corresponde. Dados aquel concepto del Estado y este concepto de la Iglesia, no es difícil determinar cuáles deban de ser las relaciones entre ambos. El Estado es la institucion propia para el cumplimien- to del Derecho, y por tanto no puede compartir esta mision con ningun otro poder ó autoridad. La Iglesia es la institucion propia para el cumplimiento del fin religioso, y por lo mismo no puede consentir que ninguna otra venga á inmiscuirse en lo que es de su natural competencia. Síguese de aquí que ambas instituciones, ambas sociedades, son independientes, cada cual en su órden respectivo, pero no se sigue que estén separadas y desligadas como si fueran completamente extrañas la una á la otra. Por el contrario, al modo que se relacionan íntimamente en la naturaleza humana las distintas energías y facultades á que corresponden los varios fines de la actividad y de la vida, de igual manera se relacionan en la sociedad las instituciones que en ella nacen y se establecen para la prosecucion de aquellos; y así es indudable que se dan relaciones entre la Religion y el Derecho, y por tanto entre la Iglesia y el Estado, sólo que importa ha- 286  EL DERECHO cer notar que no pueden ser aquellas tales, que vengan á desnaturalizar y contradecir la naturaleza propia de estos fines y el carácter esencial de estas instituciones. Ahora bien; . la Religion influye en el Derecho, en cuanto siendo aquella, además de algo sustantivo, una forma de la vida toda, claro es que ha de ejercer un influjo manifiesto, inclinando al hombre á cumplir con espíritu verdaderamente piadoso los deberes de ciudadano; esto es, los que tiene como miembro de la sociedad jurídica ó del Estado. Y siendo el Derecho condicion necesaria para la realizacion de los varios fines de la vida, no es ménos evidente que puede influir y de hecho influye en el cumplimiento del religioso, facilitando ó estorbando la prosecucion del mismo. Pero cuando la Religion pretende no sólo dar á la vida jurídica aquella forma piadosa, sino además determinar el fondo de la misma, entónces se sale de su esfera propia de accion, penetrando é invadiendo la del Derecho. Y de igual modo, cuando este no se contenta con condicionar la vida religiosa, sino que pretende tambien determinar el fondo de la misma, se excede y sale de la órbita que le señala su propia naturaleza, penetra é invade á su vez la que es propia de la Religion. De todo lo cual resulta que la Iglesia tiene de- Y LA RELIGION.  287 recio á exigir del Estado las mismas condiciones que de éste reclaman para' su vida los individuos y todas las instituciones sociales : reconocimiento de su personalidad, garantía á su libre actividad, respeto de parte de todos los individuos é instituciones; en una palabra, la consagracion de todos los derechos que son condicion necesaria para que pueda realizar el elevado é importante fin á cuya prosecucion está consagrada. De su parte el Estado tiene derecho á exigir de la Iglesia su completa sumision en el órden jurídico, que es por la naturaleza misma del fin á que se refiere un órden de necesidad, á diferencia de los otros que son por esencia libres, puesto que respondiendo el Derecho á la precision de mantener la union y la armonía entre los distintos elementos que constituyen la sociedad, para que la subsistencia de ésta sea posible, no hay otro medio que mantener constantemente y sin interrupcion el imperio del Derecho; pues si la prestaeion de las condiciones que lo constituyen quedara entregada por completo á la libre voluntad de los individuos y de las instituciones sociales, dejarla aquél de cumplir lo que es su verdadera mision y su propio destino. Esta es la doctrina que con más ó ménos propiedad se ha querido expresar en las fórmulas: la Iglesia libre en el Estado libre; la 288  EL DERECHO Iglesia libre y el Estado libre; el Estado y las Iglesias libres en la Sociedad libre. ¿Cuáles son las doctrinas que en contra de esta se dan ó se proponen para la solucion del problema de las 'relaciones de la Iglesia con el Estado? Dos : una radical y otra ecléctica. Aquella es la que iba envuelta en las aspiraciones del Pontificado en la Edad media, y que, aunque cambiando de forma, es la misma que late en las aspiraciones de la Iglesia en nuestros dias, y de la cual nada hemos de decir aquí, puesto que basta con lo expuesto más arriba al ocuparnos de las relaciones del órden religioso con el jurídico. Pero sí debemos ocuparnos de la solucion que, pretendiendo ser armónica entre la que proclama la independencia de la Iglesia y del Estado, cada cual en su órden respectivo, y la que defiende la completa é incondicional sumision del segundo á la primera, es puramente ecléctica. La lucha que emprendió la Monarquía con la teocracia, dió lugar á la celebracion de pactos y convenios conocidos con el nombre de Concordatos, mediante los cuales se estableció un modus vivendi entre ambas potestades. Vino luego la Revolucion, y al llevar á cabo la ernancipacion de la conciencia religiosa, y, sobre todo, al poner mano en la propie- Y LA RELIGION.  289 dad de la Iglesia, se atrajo el Estado la enemistad de ésta, originándose nuevas desavenencias que vinieron á terminarse tambien por medio de los Concordatos. Ahora bien; aquellos que de un lado temen la sumision del poder civil al religioso, y de otro no reconocen la justicia ni la conveniencia de afirmar la respectiva independencia de la Iglesia y del Estado, creen que las circunstancias y condiciones de los tiempos presentes piden la continuacion del sistema que consiste en fundar la soberanía del poder civil, no en la naturaleza propia de éste, sino en las llamadas regalías, y en buscar solucion á las cuestiones que pueden ocurrir entre la Iglesia y el Estado, no en los principios generales del Derecho, sino en los_ artículos de un pacto ó convenio, creyendo de este modo tener á raya á la IG teocracia, cuyas pretensiones los asustan, y mantener en el Estado cierto carácter religioso para huir de que éste alcance una secularizacion completa que les es antipática. Los que esto pretenden no atienden como debieran á las nuevas condiciones que ha alcanzado la sociedad en nuestros tiempos. ¿Cómo pensar que sea el pase regio, por ejemplo, un medio adecuado hoy para poner límites á las aspiraciones de la Iglesia? ¿Cómo atribuir á los Con- 19 290  EL DERECHO cordatos tan grande importancia, cuando sobre haber desaparecido muchas de las cuestiones que • en ellos se resolvían en épocas anteriores, se da el hecho singular de que no hay uno solo que no haya sido roto y violado por una de las partes contratantes ó por ámbas á la par? ¿Y qué carácter religioso reviste el Estado porque los poderes oficiales del mismo declaren y reconozcan como propia una religion, cuando bien puede suceder que con todo y con eso la sociedad sea impía, mientras que, por el contrario, puede un Estado prescindir de hacer semejan te declaracion y vivir sin embargo en medio de una sociedad creyente y religiosa? ¿,0 es que se considera digno y edificante el espectáculo que nos dan ciertos pueblos, donde cada vez que tiene lugar un suceso próspero, aunque no sea para la pátria y si para un individuo, familia, institucion, clase ó partido, ordena el Gobierno á los sacerdotes de la. Iglesia que rezen de Real órden, como si la oracion fuera cosa que así se pueda hacer ó dar por mandato extraño y no por exigencia libre é intima del espíritu? Si atendemos á lo que en general son los Concordatos, encontramos que los únicos puntos que hoy conservan alguna importancia son los referentes á lo que en España se llama ,patronato Y LA. RELIGION.  291 real y al presupuesto eclesiástico . Respecto del primero, no parece que arguya gran consideracion para con la Iglesia, ni gran respeto á su independencia, esta inmixtion del Estado en la organizacion interior de la misma y en la designacion de sus dignatarios, la cual da lugar á la misma serie de hechos lamentables que origina el nombramiento de empleados en los paises en que ha llegado á producir esta cuestion una verdadera calamidad social y política. Y en cuanto al presupuesto, no' puede tener sino uno de estos tres orígenes: ó se considera la obligacion de sostener el culto y clero como una verdadera carga de justicia, con el carácter de indemnizacion por los bienes de que se expropió á la Iglesia; ó se la estima como un subsidio ó auxilio que el Estado presta á aquella para suplir la escasez de los medios facilitados por los fieles; ó es tan sólo un sistema de recaudacion, en el que aquel, sirviendo de intermediario, recibe los tributos eclesiásticos de mano de los miembros de la Iglesia para entregarlos á ésta. Si lo primero, no se comprende por qué tal carga de justicia no ha de revestir la misma forma que todas las demás, en vez de figurar el clero en el presupuesto de un modo que le crea una posición análoga á. la del cuerpo de empleados públicos. Si lo segundo, 298  EL DERECHO la razon, el derecho y hasta por el instinto de los pueblos. La Iglesia, olvidando los tres siglos en que fue perseguida, convirtióse en perseguidora, y del espíritu de intolerancia fueron victimas, primero judíos y paganos, y más tarde los secuaces de las sectas disidentes que salieron de su seno, como los albigenses en el siglo xii y los hugonotes en el xvi. Vinieron luego las terribles guerras religiosas, á que puso término la famosa paz de Westfalia, impuesta por la necesidad y que es como la carta magna de la libertad de conciencia; y, coincidencia singular, los dos únicos pueblos quemantuvieron la intolerancia, España, campeon del Catolicismo en "aquellas luchas, y Suecia, campeon del Protestantismo, han borrado de sus Códigos en nuestros dias y casi al mismo tiempo la intolerancia que todavía mantenian la una contra los protestantes y la otra contra los católicos. Despues de esto, parece que debia ser innecesario tomar la defensa de la más santa de las libertades; y sin embargo, como si nada significara esta marcha de la historia hácia el absoluto y completo reconocimiento de aquella, la Iglesia pretende que las sociedades modernas retrocedan á la intolerancia que pasó para no volver más. Es verdad que al tratar de realizar sus propósitos, se muestra en alto grado inconsecuente, Y LA. RELIGION.  299 puesto que segun los pueblos y segun el distinto favor que sus doctrinas alcanzan en ellos, así pide la libertad de conciencia ó la intolerancia: la primera, donde ella no es predominante; la segunda, donde, por serlo, aspira á ser exclusiva. En efec- to, á los países católicos les dice, que sólo hay derecho y libertad para el bien y la verdad, pero no ni en modo alguno para el error y para el mal, olvidando, al argüir de esta manera, que lo que el Estado reconoce y garantiza al hombre no es el derecho de seguir la verdad ó el error, de practicar el bien ó el mal, y sí tan sólo la facultad de regir su propia vida, de moverse libremente dentro de su propia esfera de accion, siendo de cuenta y responsabilidad de aquél el hacer de ella un uso racional, persiguiendo la verdad y no el error, y realizando el bien y no el mal; de suerte que, al modo que al conceder el Estado al propietario la libre disposicion de sus bienes ,no se entiende por esto que aquél aprueba el uso que de la misma haga éste, empleándolos para fines que pueden ser bastardos y hasta escandalosos, de igual modo el consagrar la libertad de conciencia no equivale á decir al hombre, que queda facultado para hacer lo que le plazca en el órden religioso y moral; dícesele tan sólo con esto que se le reconoce el derecho á formar por sí su conciencia 300  EL DERECHO en este punto, siendo de su cuenta el elevar el puro libre arbitrio á la condicion de libertad racional, la cual sólo tiene verdaderamente este carácter cuando determina la vida en el sentido del bien. Pero la Iglesia no puede naturalmente mantener esta misma argumentacion tratándose de aquellos pueblos en que no predomina su doctrina. Así, por ejemplo, le es imposible invocar el principio de que sólo hay derecho para el bien y la verdad y no para el error y para el mal, cuando pide y exige la libertad de conciencia con todas sus consecuencias para los católicos de Irlanda ó de Polonia, porque, si tal hiciere, los poderes oficiales del Estado anglicana de la Gran Bretaña y los del Estado cismático de Rusia contestarian, que si tal principio fuera exacto, la consecuencia lógica sería negar el derecho á la existencia á la Iglesia católica de Irlanda y de Polonia, puesto que ellas patrocinan el error y el mal, mientras que la anglicana y la cismática mantienen el bien y la verdad. Por esto, cuando la Iglesia se dirige á esos pueblos, no tiene más remedio que invocar los principios racionales y universales de derecho que son á todos comunes, es decir, los mismos que los liberales invocan en los países católicos, cuyo valor y cuya fuerza se niega á reconocer la Iglesia cuando de ellos se trata. 1 Y LA. R,ELIGION  301 Es verdad que aquella dice que, siendo un mal la libertad de cultos, allí donde es irremediable lo acepta, y donde no, se opone á su admision. Pero aparte de que esto no explica la inconsecuencia de reconocer en unos casos el fundamento de justicia de principios que en otros se declaran insubsistentes, hay en aquella razon un prejuicio, por cierto muy extendido, y que consiste en confundir dos cosas que son muy distintas, la libertad de cultos y la diversidad de cultos. Esta es un hecho social que nadie considera bueno, puesto que no hay quien deje de desear que la humanidad toda se convierta á los principios que él estima verdaderos y buenos, lo cual vale tanto como afirmar las excelencias de la unidad, sin que invalide esta consecuencia el concepto más ó ménos ámplio, más ó ménos estrecho, que de ella se tenga, segun que á su lado y bajo ella se admita una variedad más ó ménos rica, más ó ménos extensa. La libertad de cultos, por el contrario, es un hecho jurídico, y no consistiendo en otra cosa, como más arriba queda dicho, que en el reconocimien- to del derecho que asiste al hombre á determinar por sí su vida religiosa, léjos de ser un mal, es un bien. Y tan cierto es que son dos cosas distintas la diversidad de cultos y la libertad de cultos, que la una no implica necesariamente la otra, 302  EL DERECHO puesto que salta á la vista que puede muy bien suceder que en un país, que consagra en sus Códigos la libertad de conciencia, no exista la diversidad de cultos, para lo cual basta que todos libre y expóntaneamente comulguen en unos mismos principios religiosos; mientras que, por el contra-, rio, aunque el Estado afirme en otros la unidad y la intolerancia, si bay realmente variedad de creencias entre sus miembros, podrá estorbarse hasta cierto punto su man ifestacion exterior, pero el hecho social de la diversidad quedará vivo á pesar y por encima de todos los intentos del legislador. No se diga, pues, que los que defienden la libertad de conciencia y de cultos lo hacen por estimar buena la diversidad y Para mantenerla y alentarla, puesto que, léjos de esto, desean y aspiran á la unidad, ó lo que es lo mismo, á que todos los hombres comulguen en unas mismas creencias, pero consideran que ni la razon ni llos tiempos consienten el emplear para ello como medio y procedimiento la fuerza, la coaccion del Estado. Y no sólo es la libertad un principio de justicia, sino que á aceptarlo mueven razones tambien ' de alta conveniencia., que alcanzan en primer término al mismo Cristianismo, y, por tanto, á la vida moral de los pueblos modernos , los cuar' 1 Y LA. RELIGION.  303 les no tienen en este órden hoy , en lo general, otra doctrina en que inspirarse que la de Jesús. El ilustre padre Lacordaire decía : «los males de la libertad nacen de su aprendizaje y no de su esencia; dejan siempre luz, vida, una esperanza á los vencidos, y por encima de todo la sagrada emulacion del bien contra el mal. Bajo el despotismo , el bien y el mal duermen sobre la misma almohada; una degeneracion sorda invade á las almas, porque no tiene lucha que sostener, y el mismo Cristianismo, víctima protegida, expía en inefables humillaciones el beneficio de la paz.» Este célebre orador, que se declaraba católico penitente y liberal impenitente, al escribir las palabras trascritas, inspirábase como sacerdote y como político en principios ,que por desgracia contradice hoy tenazmente la Iglesia y de los que comienzan á desconfiar los Estados. De aqui la lucha trabada en nuestros dias entre éstos y aquella en los más de los pueblos europeos, mientras que allá en América convierte la Iglesia á la República del Ecuador en teatro en que se experimenta el conjunto de su doctrina, ó vive tranquila y pacífica en la República norte-americana , disfrutando los beneficios que lleva consigo la aplicacion sincera del principio de la independencia de la Iglesia y del Estado. Y en 304  EL DERECHO verdad que si, es cierto que el principio de la soberanía social rige hoy más ó ménos en todos los pueblos cultos, la lucha que mantiene el pontificado con los gobiernos ó poderes oficiales del Estado, arguye la existencia de análoga discordia entre la Iglesia y los pueblos. No es de este lugar el inquirir los orígenes y la trascendencia de tales divergencias, pero sí haremos notar que por todos lados se anuncian señales de que bajo esta guerra meramente política están latentes los gérmenes de otra más gra- ve y profunda, como que atañe á los principios, á la doctrina, en una palabra, al mismo problema religioso. Ahora bien , cualquiera que sea la solacion que éste alcance, salvo que triunfe el sentido de aquellos que pretenden hacernos retroceder á los tiempos de Gregorio VII é Inocencio III, es indudable que , si de esa gravísima contienda que se anuncia ha de resultar algun fruto para la civilizacion , es de absoluta é imprescindible necesidad que ella tenga lugar en el seno de la paz y del amor y bajo la inspiracion de la caridad cristiana, condiciones que sólo pueden obtenerse afirmando resueltamente la libertad de conciencia con todas sus lógicas consecuencias. No participamos de los temores de aquellos Y LA RELIGION.  305 políticos que de ella desconfian en los tiempos presentes, y que, preocupados con las tendencias invasoras de la Iglesia, quieren crear un derecho excepcional contra ella, renunciando á reconocer uno mismo para todos los individuos y todas las instituciones. Aparte de que creemos firmemente que Ja humanidad, léjos de retroceder para hacerse de nuevo esclava en ninguna esfera de la vida, ha de caminar á su completa emancipacion timamos que, sea de esto lo que quiera, los principios generales del derecho comun son bastantes para atajar las pretensiones improcedentes de la nueva teocracia y para tener á raya sus propósitos de avasallar al Estado. En efecto, ni la Iglesia misma, ni las instituciones y asociaciones que dentro de ella existen , pueden faltar al respeto debido al Derecho , porque las personas jurídicas no pueden cometer delito , ya que, instituidas para un fin licito y moral, desde el momento en que se salen de la esfera propia del mismo , no es la que llevan á cabo obra real y verdadera de la persona social y jurídica, y sí de los miembros que la constituyen , y de la que , no como tales, sino como individuos , son responsables. De donde se deduce, con aplicacion al caso presente, que el Estado no necesita invocar un derecho especial para castigar los excesos de la clero- 306  EL DERECHO Y LA RELIGION. tracia, puesto que tan pronto como sus miembros y servidores se salen . de la ley , conspirando contra la seguridad del Estado , caen bajo la jurisdiccion de los tribunales de éste como ciudadanos, sin que vaya envuelto con esto la necesidad de atentar á, la existencia, ni á. la libertad, ni á la independencia del instituto ó asociacion á que pertenecen, y ménos á la de la Iglesia de que forman parte. No desconfiemos, no, de la libertad. No demos oidos á intereses de secta, de escuela ó de partí do, que pueden movernos á relajar la inflexibilidad de los principios; preparémonos todos á la lucha decisiva que se anuncia entre la civilizacion moderna y ciertas instituciones y poderes que se han declarado abierta y manifiestamente enemigos de ella, tomando cada cual el puesto á que le llama su conciencia sinceramente consultada; pero dispongámonos á luchar y combatir con la visera levantada, partido el sol, y en el único campo en que puede ser fructuosa la contienda para la civilizacion y para la humanidad, en e 1 campo de la libertad, de la tolerancia , de la paz y del amor. -- 1876 -- INFLUENCIA DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO SOBRE EL DERECHO PRIVADO. I. Influencia del principio democrático sobre el Derecho en general. II. Matrimonio El divorcio.—IV. Condicion jurídica de la mujer casada.—V. Pátria potestad.—VI. Propiedad de la Conclusion. • Con motivo de una solemnidad académica (I), á que habríamos tenido el gusto y el deber de asistir, si las vicisitudes de los tiempos no nos quitaran aquél y nos dispensaran de éste, se ha dilucidado aquel tema por un conocido profesor de Derecho, del cual nos es grato recordar que fuimos compañeros y mucho más aún que fué nuestro maestro. Cada año se deja oir con este (1) La apertura del Curso de 1876 á 1877 en la Universidad de Madrid. :314  INFLUENCIA La persecucion religiosa, el tormento, la prision arbitraria, la innecesaria muitiplicacion dela pena capital, la incuria y la sofistería de los tribunales, las exacciones á los labradores, la esclavitud, la trata, fueron asunto constante de su vivaz sátira y elocuentes disquisiciones.» Pero cualesquiera que sean las causas del procedimiento empleado por el Sr. Gutierrez, el hecho es que en su discurso estudia tan sólo el influjo del principio democrático en el derecho de familia, censurándolo con singular severidad. Véanlos si lo hace tambien con justicia, examinando al efecto los puntos siguientes de que se ocupa en su trabajo; el matrimonio civil, el divorcio, la pátria potestad, la autoridad marital, la organizacion de la propiedad en la familia y las sucesiones en su relacion con la misma. II El Sr. Gutierrez repite, para censurar el matrimonio civil, á que como tantos otros llama consorcio, olvidando que la Iglesia no niega aquel nombre ni al de los infieles, razonamientos y consideraciones que, aunque cien veces contesta- 1 DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  315 das y refutadas, se reproducen de nuevo por los adversarios de aquel. Comienza por asentar que «la familia es una institucion civil, pero tan trascendental, que la Religion la ha bendecido, la ha santificado siempre. El matrimonio, del cual trae su origen, ba sido en todos los pueblos, con excepcion de algunos semi-salvajes, un acto religioso. En los idólatras lo presidía el dios del hogar. Entre los hebreos fué una solemnidad del culto, recuerdo de la sublime ceremonia que tuvo á Dios por autor en los felices dias del Paraíso. En la ley de gracia, de la cual era la antigua imágen y figura, Jesucristo le elevó á Sacramento.» Es preciso distinguir, cuándo, cómo y para qué ha intervenido la Religion en este respecto. En primer lugar, cuando la familia era una verdadera sociedad religiosa y además un Estado, y el único, naturalmente el matrimonio, que significaba el ingreso de la mujer en aquella; tenia un doble carácter que pedia la intervencion del padre, como jefe y sacerdote de aquella comunidad, segun lo han mostrado Fustel de Coulanges y Sumner Alain°, pero más tarde, cuando se 'constituyen las religiones nacionales, léjos de ser los pueblos semi-salvajes log únicos que no atribuyen un carácter religioso al matrimonio, lo encontramos como una institucion 31 6  INFLUENCIA civil á secular en muchas partes; en algunos pueblos primitivos, porque el matrimonio es el rapto ó la compra de la mujer; en otros, como el hebreo, porque lo bendice el padre, no el sacerdote; en Roma, al lado de la confarreatio, propia de los patricios y única religiosa, están la coemptio y el usos, y los jurisconsultos discuten si es verdad que consensos facit nuptias ó es necesaria la deductio in manum mariti, y no sobre cuáles fueran las solemnidades religiosas; y vino el Cristianismo y fue reconocido como religion del Estado, y sin embargo, continuó discutiéndose si lo esencial era el consentimiento ó la cohabitacion, pero en modo alguno se dió tal carácter á la solemnidad religiosa, hasta tal punto que para distinguir el concubinato del matrimonio, se exigía en algunos países la dote, y así el Concilio de Arlés, celebrado el año 524, decia: nullum sine dote fiat conjugium, y una ley del Fuero Juzgo, cuyo epígrafe expresa lo mismo, dice: nam ubi dos nec data est, nec conscripto, quod testimonium esse potérit ni hoc conjugio dignitatem futuram,. Yi á s aún: la Iglesia no consigue que se exijan las solemnidades religiosas hasta el tiempo de Leon el Filósofo en Oriente y de Carlo Magno en Occidente, y todavía despues, los matrimonios clandestinos, llamados á yuras entre nosotros, conti- DEL PRINCIPIO DEAIOCRÁTICO, ETC.  317 núan siendo válidos, aunque ilícitos . , y más tarde el Concilio de Trento los declara nulos, pero todavía, no obstante tales declaraciones, es posible un matrimonio perfecto sin intervencion de sacerdote ni de solemnidades religiosas, como, por ejemplo, cuando hay falta absoluta de aquél 15 si se trata de un país en que no han sido admitidas las disposiciones del Concilio Tridentino. Unase á esto„ de un lado, que la doctrina generalmente admitida, y aun podemos decir la única autorizada, puesto que la contraria ha sido condenada en el Syllabus, respecto de quién es el ministro en este sacramento, e3 la que afirma que lo son los mismos contrayentes y no el sacerdote; y de otro que, segun se deduce de la discusion habida en el Concilio, aquel no es en el matrimonio otra cosa que un testigo calificado, como que basta su presencia. Y, sin embargo, se presenta á los ojos de las gentes como doctrina sana y corriente aquel lla que deja entender que la solemnidad religiosa ' es esencial, como si la bendicion nupcial fuera la que decidiera de la existencia del matrimonio, cuando es tan solo un accidente; y se afirma esta intervencion religiosa como una cosa que cons.k tanternente se ha mostrado en la historia hasta que el Derecho moderno, inspirado por la revolucion, ha venido á establecer el matrimonio civil. 6 ?"` :318  INFLUENCIA Lo que aquella enseña es lo contrario ; pues- to que claramente se vé que durante siglos continuó el Estado legislando sobre el matrimonio, á pesar de estar reconocida la Iglesia; y que si más tarde las disposiciones de ésta sobre la materia tuvieron fuerza de ley , fué porque la recibieron del poder civil; y así como éste ha ido retirando , desde el último periodo de la Edad media, el valor que diera á ciertos Cánones eclesiásticos, y reivindicando toda aquella inmensa jurisdiccion que habia ido dejando en manos de la Iglesia, al arrancar hoy de manos de esta lo último que le queda de la competencia propia del Estado , lo relativo al órden jurídico del matrimonio, no hace otra cosa que completar su obra. Fuero civil y criminal de los clérigos, registro de nacimientos y defunciones, intervencion en testamentos , contratos, procedimientos, etc. , etc.; en una palabra, aquella jurisdiccion que, como dice un jurisconsulto francés, se extendia sobre los pueblos como una inmensa red, todo esto ha desaparecido, y solo queda en algunos pueblos una cosa, último vestigio de tanto poder: el matrimonio. ¿Puede revelar la historia de un modo más claro que, al reivindicar el Estado el derecho á entender en cuanto se relaciona con el aspecto jurídico de esta institucion, lo que DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  319 hace es tan solo dar el último paso en el camino emprendido hace seis siglos? ¿Hace en esto la Revolucion otra cosa que continuar la obra empezada enérgicamente por la Monarquía? Más grave todavía es suponer que hay una antítesis entre f iel matrimonio civil y el religioso, llegando hasta suponer que el poder secular ha inventado aquél para divorciarse de, la Iglesia y con el propósito de secularizar las instituciones. ¡Ah, no! Lo que el Estado ha descubierto, no inventado, es que todo cuanto al Derecho se refiere es de su exclusiva competencia; y que, necesitando el matrimonio, para su constitucion y subsistencia, entre otras cosas, de ciertas condiciones que tienen un carácter jurídico, á él toca determinarlas y hacerlas efectivas. Pero, al afirmar este aspecto , esta parte , ¿niega la existencia de otros , elementos integrantes y esenciales de aquella institucion? Si este fuera su intento, diria: el matrimonio pertenece exclusiva- L,  mente al órden civil, y por tanto, se prohibe á la Iglesia intervenir ni entender en él. Esto ha hec ho, por ejemplo, cuando ha abolido el fuero eclesiástiaco, puesto que no se ha limitado á distinguir la competencia de ambos poderes, sino que resueltamente ha afirmado que todos los ciudadanos están sometidos á los tribunales del Esta- 320  INFLUENCIA do. Mas, respecto del matrimonio, léjos de impedir la celebracion del religioso, lo autoriza y lo ampara: ¿cómo entonces suponer que hay dontradicciones entre éste y el civil? ¿Cómo se dice que se ha inventado éste para divorciarse de la Iglesia? No, el Estado se emancipa de ésta al modo que el pupilo del tutor, porque, habiendo llegado á la mayor edad, no ha menester continuar bajo la tutela que en pasados tiempos tuvo su razon de ser; pero no se divorcia de ella, porque ambas sociedades deben cooperar al bienestar y á la felicidad de los pueblos, procurando la una, que sean justos; la otra, que sean piadosos. «El prestigio de esta institucion no proviene de la ley, ni reconoce por base la voluntad» dice el Sr. Gutierrez; y es verdad. El matrimonio no surge por virtud de la declaracion de juez dé paz, como tampoco por ministerio de la bendicion del sacerdote; la nueva personalidad que se crea, no va ante las autoridades del Estado para otro fin que el de que se reconozca su existencia, lo mismo que cada persona individual que nace se inscribe en el Registro para alcanzar el reconocimiento de su condicion juridica. El Estado no niega el verdadero fundamento ni el elevado origen de esta importantísima institucion social; lo 'que hace es exigir lo único que por su propia DEL PRINCIPIO DEMOCIIATICO, ETC.  321 naturaleza es exigible; esto es, las condiciones jurídicas; todo lo demás inherente al matrimonio, y de lo cual es parte, y solo parte, la consagracion religiosa, lo deja á la libre voluntad de los individuos, á la benéfica accion de las Iglesias y á la sancion eficaz de la sociedad. Por esto no puede decirse con razon ni con justicia, que el matrimonio civil sea antítesis del religioso, y ménos que en ódio á este se haya inventado en los tiempos modernos. Secularizar una institucion no es siempre sustraerla por completo á la accion de la Iglesia: esto lo ha sido respecto de algunas, pero no respecto de otras, en cuyo caso se encuentra el matrimonio. No hay quien deje de admitir que el Estado tiene el derecho de determinar sus efectos civiles, lo cual arguye el reconocimiento de un aspecto jurídico en el mismo. Pues bien; la cuestion queda reducida á determinar la extension de esta competencia, y esto hace, y no más, el llamado matrimonio civil, digase lo que se quiera para atribuirle un carácter alarmante por lo trascendental. Valiera más que los que tanto se afanan por conseguir del Estado la imposicion de ceremonias piadosas, dirigieran sus esfuerzos á hacer que los principios religiosos presidieran al régimen y conducta de la familia en su vida intima, 322  INFLUENCIA para quitar así la razon á un ilustre sacerdote católico que no há mucho preguntaba á los fieles en Francia: «¿teneis por ventura en vuestra casa una enseñanza, un gobierno, un culto de familia?» III Ocúpase luego el Sr. Gutierrez de la delicada cuestion del divorcio, y nada tendria de extraño que lo atacara defendiendo la indisolubilidad del matrimonio; pero llama sobre manera la atencion el modo como expone este punto, así en el órden histórico como en el filosófico. En aquél presenta el divorcio como «rara vez permitido» entre los paganos; «con dificultad y en caso especialisimo» entre los hebreos; solo «cuando, relegadas por inútiles las antiguas solemnidades, el matrimonio descendió á la categoría de simple contra- to» entre los romanos; y «en nombre de la libertad individual» en los tiempos presentes. En la esfera de las doctrinas, no parece sino que el divorcio se mantiene y se defiende sólo en nombre de los principios que rigen los contratos consensuales, é invocando la democracia «la lógica DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  323 y la libertad individual.» ¿Son estos hechos exactos? Precisamente es lo contrario lo que la historia muestra, puesto que no hay pueblo pagano que no admita el divorcio ó el repudio, y por várias causas, algunas de ellas, como la esterilidad de la mujer, por ejemplo, consecuencia del mismo carácter y fin religioso que tenia la familia. Y en cuanto á los hebreos, ¿cómo se dice que sólo se autorizaba el repudio «con dificultad y en caso especialisimo,» cuando se ha hecho notar por los historiadores de Derecho el ancho campo que se dejaba al arbitrio del marido en este respecto con la vaga frase: propter aiiquam fwditatern? Más extraño es aún el error respecto de Roma, pues no parece sino que la con farreatio fué forma de matrimonio usada por todas las clases, cuando algunas no reconocieron otra que la civil; y en tal caso, ¿cómo es que, esto no obstante, habiendo estado autorizado siempre el divorcio, se cita como primer caso el de Calvisius Ruga, que tuvo lugar en el año 533 de la fundacion de Roma, segun unos, y en el 591, segun otros, y no se hace frecuente hasta los últimos tiempos de la República y comienzos del Imperio? Pero aparece el C ristianismo, y aunque, segun el Sr. Gutierrez, la ley evangélica jamás ha tran- 330  INFLUENCIA IV ,r¿La sítuacion de la mujer en la familia será realmente un problema social? ¿Puede producir conflictos una doctrina que tiene por legislador al mismo Dios?» Basta leer estas dos preguntas que hace el Sr. Gutierrez, para comprender hasta qué punto le asustan y repugnan las tentativas llevadas á cabo para reintegrar, á f , la mujer en la plenitud de sus derechos. Quizá tambien en este punto, en vez de atender á las exigencias formuladas por tantos escritores, desde Montesquieu hasta Tocqueville , y desde Maistre hasta Gide y Laboulaye, escribe pensando tan solo en las pretensiones de ciertas emancipadoras norte-ameri- canas. Que la situacion de la mujer en la familia es un problema social, lo muestra el mismo señor Gutierrez, puesto que si «en las primitivas familias, la autoridad marital reconoció por fundamen- to la necesidad del culto, y se explica por la religion; en el pueblo romano toma forma política, y la explicp, el poder; entre los septentrionales es producto - de la superioridad del sexo, y la explica la fuerza!» ¿son hoy, por ventura, en la farni- DEL PRINCIPIO D EMOCRÁTICO, ETC.  331 lia la fuerza, el poder y el culto lo que en aquellos tiempos fueron? Si hoy no hay religion doméstica que trasmitir, ni intereses de aguados que amparar, ni debilidad que proteger, ¿qué tiene de extraño que la legislacion pugne por desterrar de sus Códigos los. últimos vestigios de la supues- to, incapacidad de la mujer, de la manus y del mundium? Y en cuanto á «la doctrina que tiene por legislador al mismo Dios,» ¿es la contenida en las palabras de la ley antigua que cita el Sr. Gutierrez: estarás bajo la potestad del marido y a tendrá dominio sobre ti, ó la de lá ley nueva , que dice por boca de sus sacerdotes al marido: compañera te doy y no sierva? En vano se pretende, en este como en otros puntos, buscar en los libros religiosos solucion á las cuestiones jurídicas. Reconociendo la indudable influencia que el Derecho canónico ejerció en la condicion jurídica de la mujer casada, en cuanto robusteció en buen hora la autoridad marital que no existia en Roma á la aparicion del Cristianismo, la verdad es que en la misma Edad media, cuando más omnímodo era el poder de la Iglesia, encontramos que en los pueblos es distinta la legislacion en este pun- to, segun su origen germano ó romano, llegando hasta darse el caso de que en un mismo país 332  INFLUENCIA variara de una á otra comarca, segun que ¡fine_ raban unos ú otros precedentes, como sucedía en Francia, donde al paso que en las provincias de derecho escrito no entraba la mujer en la potestad del marido, en las de derecho coutumier tenia éste hasta la facultad de castigarla. Hoy mismo las legislaciones que mantienen más m soetida á aquglla son las que, ó conservan más vestigios de los tiempos primitivos, como sucede con las escandinavas, ó retienen más elementos germanos, como la inglesa, la cual atribuir, Cambien al marido un derecho de correccion que en tiempo de Blackstone hacían efectivo todavía los tribunales, no obstante las dudas que respecto de su ejercicio comenzaron á suscitarse desde tiempos de Carlos II. Y hé aquí cómo lejos de haber fijado la Iglesia, «de una manera irrevocable la suerte y el destino de la mujer casada, » la conducta de aquella ha tenido que variar segun los tiempos. El Cristianismo rehabilitó y ensalzó la mujer, escribiendo «su tabla de derechos,» como dice el Sr. Gutierrez, pero conociendo que el teatro en que naturalmente ella vive es la familia y que esta necesita una autoridad como toda sociedad, procuró la organizacion de aquella, atribuyendo el poder al varon, único que podia entonces ejercer- DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  333 lo; y de aquí esa especie de antinomia que resulta entre lo que de Ja mujer dice el Cristianismo y lo que de ella dicen algunos Padres de la Iglesia, pues atento aquél á la mujer ideal, y atentos estos á lo ,que era en su tiempo, los escritores cristianos pensaban unas veces en la madre de Jesiis y otras en la Eva del Paraiso. Pero la tendencia de la -,eivilizacion ha sido desde entonces la de hacer penetrar en el Derecho la consideracion que aquella doctrina pide para la mujer en el órden moral y en el interior del hogar. Asusta el oir pedir que desaparezcan los últimos vestigios de la potestad marital, y no se para la atencion en que de hecho ya no existe, pues es letra muerta en los Códigos. Cuando era real, la acompañaba lo que es una consecuencia natural de la misma: la sancion, el poder de castigar, que en tantos . pueblos antiguos llegaba hasta el derecho de vida y muerte. ¿Por qué los Códigos, que conceden al padre la facultad de corregir á los hijos, no dan al ,marido semejante autorizacion respecto de la mujer? Porque aquél ejerce un poder, mientras que éste no. Y de aquí una cosa singular que se observa en la práctica, y es que el legislador , aspirando á la temeraria empresa de regular ciertos deberes de la mujer en la familia, la obliga, por ejemplo, á, obedecer al ata- 334  INFLUENCIA rido, á seguirle en su domicilio, á no publicar libros sin su consentimiento, etc., y luego resulta que todo esto se rije, como no puede ménos, por la libre voluntad de los cónyuges. ¿Hay posibilidad de hacer efectivas estas obligaciones ante los tribunales? ¿Es sério oir decir á los jurisconsultos franceses, que algunas de ellas se resuelven en una indemnizacion (le daños y perjuicios? La ley puede regular lo relativo á los bienes, pero es absolutamente impotente para hacer lo propio con los mútuos deberes de los esposos. Tanto es asi que, diga lo que quiera el legislador, el hecho es, que marido y mujer comparten la autoridad en el seno del hogar, segun la índole y naturaleza de las funciones, cuando no llegan á desmentir al derecho positivo hasta el punto de ocupar la hembra el puesto que en la familia se atribuye al varon. Además, si es hacedero y conveniente que el Estado prevea todos los abusos posibles, ¿por qué limitar el ejercicio de ciertos derechos y no el de otros? ¿No puede estorbar la mujer los fines del matrimonio, abusando de todos los que como persona tiene, tanto como del de escribir y del de locomocion? Precisamente los limites que respecto de este suelen ponerse, demuestran lo absurdo de semejante intento; pues resulta, por ejemplo , que la DEL PRINCÍPIO DE MOCRÁTICO, ETC.  335 mujer no está obligada á seguir al marido á Bayona, y si lo está á viajar con él todo un año, por montes y por llanos, si le place variar de continuo de residencia siempre que sea dentro de España. Con que se respeten los derechos de la mujer, para que no resulte que, al contraer matrimonio, experimenta una especie de capitisdiminutio; con que se reclame para ella en la familia la posicion que le corresponde como esposa, esto es, como compañera y no como sierva , siendo así que en la familia no cabe ser sino una de estas dos cosas: jefe ó súbdito, como persona mayor unida al marido y no como menor á él sometida; con que se reconozca con los Códigos novísimos que á ella corresponde tambien la pátria potestad, en vez de dejarla en frente de los hijos en una situacion singular , pues no pudiendo ya ser igual á ellos como en Roma, tampoco es superior ; con nada de esto se ataca ni compromete esta santa y fundamental institucion, y lejos de desnaturalizar el carácter y el fin de la mujer, se hace posible que cumpla su destino allí donde tiene en primer término su propia esfera de accion. Claro es, que no es lo principal en este órden de relaciones el derecho externo que á la familia impone el Estado; puesto que despties de éste, y 330  INFLUENCIA con más energía y eficacia, obra el interno que en el seno de aquella se determina bajo el influjo de las costumbres de la casa. Por esto es injusto el Sr. Gutierrez al suponer que «la tiranía reinaba en el hogar doméstico» en Roma, como lo han sido Hegel y Adam Muller por juzgar de la vida íntima de aquel sólo en vista del carácter absoluto de la pátria potestad, segun ha demostrado Savigny recordando un texto de Columeia, en que se hace una pintura del interior de la familia, que contradice tales suposiciones. No fué, por tanto, debido á la autoridad marital el que aparecieran en aquellos tiempos mujeres como Lucrecia y Virginia, como la madre de Coriolano y la de los Gracos; era que entonces: nihil propium conspiciebatur in domo dividuum, nihil quod áut maritus aut fwmina propriurn esse juris dicere, sed in commune conspi • abatur ab utroque. Otro ejemplo que muestra la necesidad de no juzgar solo por el derecho consignado en los Códigos, lo tenemos en Inglaterra; pues en' principio no hay hoy legislacion que subordine tanto la mujer al marido, al modo que sucedia en Roma; y sin embargo, en ninguna parte ocupa aquella en el seno del hogar posicion más elevada. DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  337 No es más justo el Sr. Gutierrez al ocuparse de lo referente á la pátria potestad. Hubiérase limitado á sostener la necesidad de robustecerla, reconociendo á los padres la plenitud de poder que en la familia les corresponde, y con frecuencia la ley les niega, y estaríamos de su lado, invocando por nuestra parte uno de los principios por cuya realizacion más ha trabajado la época moderna: la personalidad, la cual es cualidad así del individuo corno de las sociedades, y por tanto de la familia, que por lo mismo tiene derecho á que el Estado respete su independencia, deteniéndose ante los umbrales del hogar. Mas no es posible estar conforme con el ilustrado profesor, cuando nos presenta . como ideal los tiempos en que el padre era rey y sacerdote; cuando sostiene los principios en que se basaba la pátria potestad en Roma; ni cuando considera como frutos del Derecho moderno la confusion de aquella con la tutela y la emancipacion del hijo por edad. La familia es una sociedad en cuyo seno se cumplen todos los fines de la vida, pues en ella encontrarnos culto, costumbres, educacion científica 2-) 338  INFLUENCIA y artística, bienes materiales, derecho y un poder para hacerlo efectivo. Segun las épocas predominan uno ú otro aspecto, pero siempre aparecen todos más ó ménos desarrollados. Así, por ejemplo, en los tiempos primitivos sobresale el carácter religioso; en Roma reviste uno esencialmente político, de tal suerte, que la familia camina paralelamente á la ciudad; en los tiempos modernos, ha dicho Tocqueville, el amo y el magistrado han, desaparecido, el padre queda. Este ántes, no solo era el jefe de su casa con el poder consiguiente, sino que estaba revestido de facultades propias del Estado, ya porque éste no existía, ya porque conferia sin límite alguno su autoridad al padre; pero á medida que la familia fué perdiendo su índole primitiva, la pátria potestad se trasformó á la par como no porfia menos. En todas partes la encontramos enérgica y robusta en un principio, hasta el punto de que en los más de los pueblos, uno de ellos el hebreo, el padre tenia el derecho de vida y muerte; pero solo en Roma conserva tenazmente este carácter. Los germanos la conocieron en tales condiciones; mas bien a pronto se trasforma, y cuando tiene lugar la invasion, aparece esta institucion como un poder de proteccion, como una forma del mundium. De aquí el contraste manifiesto entre uno y otro mo- DEL PRINCIPIO D EMOCRÁTICO, ETC.  339 do de concebir la pátria potestad; puesto que para los romanos era un derecho reconocido en favor del padre, entre los germanos era un deber, que se le imponia en favor de los hijos; de aquí que en un caso fuera permanente, y en el otro temporal. Durante catorce siglos han estado luchando estos dos principios en la legislacion, predominando ya aquel, ya éste, segun que el Derecho se ha formado bajo la inspiracion del romano ó del de los pueblos del Norte. Y, sin embargo, el Sr. Gutierrez llega hasta considerar como « la aplicacion más desgraciada del principio democrático» la que hace el Código Napoleon al nombrar tutor de los hijos al cónyuge sobreviviente, en vez de reconocerle la pátria potestad. Ciertamente, que esto seria lo debido, y lo que hacen hoy todos los Códigos novísimos, hasta los que se inspiran en el francés; pero ¿por dónde es aquello obra de la democracia? Ahí están Inglaterra y Escocia para demostrar la injusticia de este cargo, puesto que allí el padre, casado ó viudo, no es más que tutor de conformidad con el sentido germano. Más extraña es todavía la censura de que es objeto la emancipacion del hijo por edad. El Señor Gutierrez encuentra excelente la estabilidad que dieron los romanos á la pátria potestad, al no 34(3  INFLUENCIA perdido el derecho de hablar con dignidad de Dios en medio de sus hijos.» VI Queda , por último, lo relativo á. los bienes económicos, que comprende dos puntos tratados ambos por el Sr. Gutierrez: el relativo á la organizacion de la propiedad en la familia y el referente á sucesiones. Nada tendríamos que objetar en cuanto al primero , si no fuera que el distinguido profesor, aunque protestando de que no discute ni censura la _doctrina que en esta materia domina en los Códigos modernos, manifiesta su deseo de que «al constituir una nueva familia, no se la dé por base un principio de desconfianza; que no se amplíe la capacidad jurídica de la mujer á expensas de los derechos del marido como cabeza y jefe de la. casa.» Ahora bien: ¿es exacto que tenga tal significacion y que encierre tales peligros la libertad que conceden hoy muchas legislaciones á los cónyuges en lo relativo á la organizacion de la propiedad de la familia? Las formas con que esta se presenta en la historia del Derecho son tan varias como los modos de DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  347 concebir el matrimonio. Donde la personalidad de la mujer desaparece al contraerlo, quedando por completo sometida al marido, éste adquiere la propieáad de aquella; donde se estima que con el matrimonio nace una nueva personalidad que anula la individual de los contrayentes , surge el sistema de comunidad absoluta; donde se considera, por el contrario , que la union conyugal, sin dar lugar al nacimiento de aquella, deja la de los que contraen dicho vinculo tal como antes era, se mantiene el sistema de separacion; donde, por último, se afirma la coexistencia de ambas personalidades, la matrimonial y la individual, se reconoce la coexistencia tambien de la propiedad de la sociedad y de la de los miembros que la constituyen, y de aquí el régimen de gananciales ó comunidad relativa. Al lado de estos sistemas, que responden á un principio, encontramos otros debidos á circunstancias puramente históricas, como el que nace de la compra de la mujer, la dote romana, el morgengabe germano, etc., etc. Ahora bien; los Códigos modernos se encontraron contodas estas formas de organizacion, aunque predominando unade ellas en cetla pueblo: por ejemplo, en Inglaterra el de apropiacion por parte del marido; en Portugal el de comunidad absoluta; en Rusia y algunas comarcas de Alemania el de separacion; 3 4  INFLUENCIA en Castilla, una combinacion del régimen dotal con el de gananciales; en Francia aquel ó el de comunidad segun las provincias; y en parte, por espíritu de transaccion y en parte por res/Jeto á la libertad de los cónyuges, autorizaron á éstos para que optaran entre uno de los sistemas conservados por el legislador y para que pudieran modificarlos. ¿Arguye esto un principio de desconfían- : a? En modo alguno, puesto que lo único que es- to acusa es el reconocimiento de que, al paso que la ley puede y debe imponer requisitos y condiciones iguales é ineludibles al matrimonio mismo, el cual no puede quedar pendiente de la voluntad de los contrayentes, porque no es un contrato, en lo referente á los bienes es posible tal libertad, puesto que verdaderamente los que sobre ellos estipulan, contratan. De aquí que mientras es universal la tendencia á dejar á la libre voluntad de las partes este punto , lejos de autorizar los Códigos el que sean objeto de pacto las condiciones de la pátria potestad, de la autoridad marital , etc., establecen que á nada de esto pueden tocar los esposos al convenir el modo de organizar la sociedad económica. Por lo demás, es extraño que el Sr. Gutierrez suponga que los legisladores modernos, al obrar así, se inspiran en un principio de desconfianza, cuando DEL PRINCIPIO DE MOCRÁTICO, ETC.  349 precisamente este es el que sirve de base al régimen dotal romano de que es tan partidario, atribuyéndole al mismo tiempo un valor que , á nuestro juicio, no tiene. Basta recordar cómo y para qué fin nace en Roma y atender á su propia índole, para reconocerlo. El Sr. Gutierrez teme que se amplíe la capacidad jurídica de la mujer á expensas de los derechos del marido: ¿es que encuc l atra justa, y conveniente la doctrina contenida en las leyes de Toro relativas á este punto, una de las cuales llega á prohibir á aquella ser fiadora de su cónyuge, es decir , de la persona que más confianza le ofrece en el mundo? ¿Cabe ir más allá en punto á desconfianza? Por lo que hace á las sucesiones en su relacion con la familia, el Sr. Gutierrez, despues de hacer algunas consideraciones históricas, viene á reconocer que «menos las escuelas tradicionalistas, que se conservan fieles al derecho de primogenitura, las demás la combaten (la institucion de las legitimas) á nombre de la libertad considerada como corolario del derecho de propiciad,» y él mismo se pone, al parecer, en frente de aquel régimen cuyos inconvenientes morales y económicos indica; lo cual nos importa consignar, porque como más arriba queda ya apuntado, la libre dispo:sicion de los bienes, así inter vivos coma moras 350  INFLUENCIA causa, es una de las facultades de que más ha menester el padre para ejercer la autoridad que le corresponde en la familia, y es evidente que las escuelas modernas no conspiran contra esta, puesto que se esfuerzan por conseguir el reconocimiento de la libertad de testar. Pero es de notar que, encontrando el Sr. Gutierrez que es preciso restablecer de algun modo el elemento que en los pasados siglos daba estabilidad y. permanencia á la propiedad , facilitaba su acumulacion y la enlazaba además estrechamente con la familia, y que ha desaparecido con el establecimiento de las legitimas , pregunta: 9 . habrá modo de reconstruir este elemento que la legislacion destruye?» y contesta : «el Código no le dá, la ciencia le busca; y como no renuncia á la igualdad, que es una de sus más preciadas conquistas, se echa en brazos del e comunismo y del socialismo, ó propone por todo remedio la forma vaga , indeterminada, impracticable , de la asociacion. » Al ver que por su parte no contesta á la pregunta el autor del discurso, ocurre la duda de si no encuentra realmente solucion á la dificultad; si , descartando la socialista y la comunista, y aun la que podria hasta cierto punto facilitar la asociacion libre, se inclina al derecho de primogenitura, que mantienen los tradicionalistas; 6 si DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  351 estima con M. Le Play, escritor citado en el discurso, que el ejercicio racional de la libertad de testar puede conducir al fin apetecido. Si fuere lo segundo, realmente no es compatible con el principio democrático el restablecimiento de los mayorazgos ; pero si es lo tercero , ¿en qué lo contraría? Reconózcase en el padre el derecho de disponer libremente de sus bienes; ejercítelo, inspirándose en el interés de su familia y en el de la sociedad, no en preocupaciones absurdas ó ridículas, y quedará reconstruido, por ministerio de la libertad, ese elemento que antes imponía la legislacion en todos los pueblos y que hoy no existe en los más de ellos. No hemos logrado comprender á qué fin se trae á colacion con este motivo, como remedio propuesto por la ciencia, la asociacion; porque, con relacion á la hePencia, no vemos qué efecto pueda producir, como no sea contribuyendo á la permanencia de las familias mediante la formacion de lo que llama M. Le Play, la famille-souche, ó aminorando algunos de los efectos que produce la extrema division de la propiedad. Pero séanos permitido lamentar que el distinguido profesor encuentre vaga, indetermiyada é impracticable la forma de la asociacion, cuando así en la esfera científica como en la práctica., se confirma y com- 352  INFLUENCIA prueba cada dia la eficacia de este procedimiento para resolver problemas sociales, cuya dificultad estriba en armonizar dos principios, dos leyes, igualmente fundamentales, de la naturaleza hu-: mana: la libertad y la solidaridad, lo propio y lo comun, lo individual y lo social; y la asociacion, en cuanto tal, responde á lo segundo; en'cuanto libre, á lo primero (1). VII El exámen que hemos hecho de este discurso, demuestra la exactitud de cuanto decíamos al comenzar, puesto que en él se revela claramente el espíritu del autor. A fuerza de tener fija éste su (1) Segun el informe oficial publicado por el Gobierno inglés, habia en Inglaterra y Escocia, en 1874, 1.378 sociedades cooperativas. Sólo 1.026 de ellas, que han remitido á aquel el balance de sus fondos, reunen un capital de 390 millones de reales, y forman parte de las mismas 411.252 miembros. En el informe del Central Cooperative Board se calcula que el número de indivíduos interesados por sí mismos y sus familias en estas sociedades, ascendia ya en 1874 á 2.438.515, lo que representa la catorcena parte del consumo total de Inglaterra. Esto, en verdad, no tiene nada de vago, ni de indeterminado, ni de impracticable. DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  353 3 perspicaz inteligencia en las leyes contenidas en los Códigos, la aparta, sin darse quizá cuenta de ello, de aquellas otras escritas in mente et in arde, desatendiendo así la verdad que habitat in interioni homine; y hé aquí por qué no tiene fé en aquel derecho racional que, siendo superior al positivó, nos sirve de criterio para juzgarlo y para proponer su reforma y mejora; por esto, conngrado á la enseñanza con alma y vida, la desautoriza á seguida, preguntando: ¿qué es la ciencia? y contestando: nada. Al ver como al comienzo de su discurso dice que esta es una vocacion y el profesorado un sacerdocio, y que la libre discusion es un peligro en verdad, pero tambien una necesidad de la época presente, nadie sospechada que habia de concluir afirmando que la única ciencia de que el pueblo es capaz, es la contenida en el Catecismo católico, y proclamando en frente de «esas miserables civilizaciones, que nosotros apellidamos teorías, de ese fárrago indigesto de ideas que nosotros disfrazamos con el pomposo nombre de ciencia,» aquella otra que guiaba á los legisladores antiguos, los cuales, «sencillos, por lo comun, y hasta rudos y groseros, obraban á impulsos de su buen corazon, y guiados por aquel buen sentido, por aquella sesuda cordura que dirigen al padre de familia en el manejo de los negocios 23 :354  INFLUENCIA domésticos. » ¡Singular modo de alentar á la juventud á consagrarse al estudio y á la investigacion de la verdad! ¿Para qué dedicarse con afan y entusiasmo á la ciencia, pidiendo guía y consejo á los profesores y á los libros, si en el Catecismo y en el buen sentido de los padres encuentran todo eso que con generoso anhelo van á buscar 4 la Universidad? Y como si esto no fuera bastante, pregunta el Sr. Gutierrez: «fueron acaso los mejores tiempos de Grecia aquellos en que florecieron Platon y Aristóteles? ¿Tenian los fieros romanos que sojuzgaron al Mundo la cultura que admiramos en el siglo de Augusto?» Parece imposible que siendo tan católico el autor del discurso, haya olvidado, al hablar con tan injustificado desden de los dos filósofos griegos, que el uno fué maestro de San Agustin y el otro de Santo Tomás; y es extraño que al aludir á Roma, no recordara que el Derecho que ella produjo, y de que es el Sr. Gutierrez tan entusiasta admirador, hasta el punto de pretender la eternidad para algunas de sus instituciones, debe su progreso y desarrollo en primer término á jurisconsultos imbuidos en la filosofía estóica. ¿Es que ha querido afirmar tan sólo que al desenvolvimiento científico no sigue necesariamente la prosperidad de los pueblos? DEL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO, ETC.  355 ¡Ah! es verdad; «saber es poder,» decia Bacon, y su compatriota Bulwer ha escrito una de sus mejores novelas para demostrar la inexactitud de tal aserto. La ciencia sola no constituye la vida ni la civilizacion; es tan sólo un elemento de ella, más ó ménos eficaz, segun que caminan ó no á la par con él todos los otros, sobre todo el ético ó moral. Por esto, cuando se requiere que aquella - dé lo que no puede dar, recordamos lo que decia Lerminier de los que tal cosa pretenden: «como no ven que la filosofía tenga en sus manos el cuerno de la abundancia, ni las llaves del Paraíso, la reprueban y condenan.» Otra, cosa digna de ser notada es que, pareciendo el temperamento frio del Sr. Gutierrez una garantía de imparcialidad, sin embargo, para censurar una escuela, una doctrina, una institucion, cae sobre la excentricidad de un grupo sobre el sentido particular de un escritor, y á seguida condena todo un sistema. Así, incurriendo en un error harto frecuente, habla de la filosofía alemana, como si con tales palabras se revelara todo un cuerpo de doctrina, es decir, un sistema, y no una variada série de ellos; y luego, para que la censura sea más fácil, toma, entre las diversas tendencias que se desenvuelven en el pensamiento de aquel país, la izquierda hegeliana!