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Conjeturas acerca de la caverna como arquitectura

Parra Bañón, José Joaquín

Abstract

El río Guadiaro es un paso natural que ha sido utilizado históricamente como conexión entre el Estrecho de Gibraltar y el interior peninsular, a través de la Serranía de Ronda. La línea de ferrocarril Bobadilla-Algeciras realizada por la Algeciras-Gibraltar Railway Cia entre los años 1890-1892, aprovechando el cauce del río, estableció una conexión que llegó a tener una dimensión internacional ya que puso a ciudades como Ronda, Algeciras o Tánger, al alcance de viajeros procedentes de Europa. En el entorno de la Sierra de Líbar, abiertas en las laderas orientales que se asoman al Guadiaro, y en las proximidades de la localidad de Benaoján, se sitúan dos de las más importantes cuevas prehistóricas del sur de la Península Ibérica como son las cuevas de La Pileta y El Gato. Estas cuevas fueron escenarios de una serie de exploraciones e investigaciones de las que ha quedado un rico conjunto de imágenes y textos que van desde la pintura paisajista del romanticismo decimonónico andaluz, a los primeros estudios del arte parietal prehistórico, la paleontología y la ingeniería hidráulica, entre otros. De la mano de M. Barrón, H.Breuil, H. Obermaier, W. Verner, J. Cabré, J. Bullón, etc., es posible descubrir un patrimonio exquisito que se suma al propio valor de las cuevas y el paisaje serrano. La trascendencia que tuvieron estos trabajos en el arte y la cultura contemporánea, al descubrirse que la huella dejada por los humanos primitivos no estaba tan lejos de los asuntos que agitaban la modernidad, son expuestos en algunas conexiones habidas entre las obras de Breuil, Le Corbusier y el escritor George Bataille

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DOCUMENTOSdeARQUITECTURAyPATRIMONIO ENTRE CUEVAS PAISAJE PREHISTORIA Y CONTEMPORANEIDAD eDap08 diciembre 2015 eDap 08 eDap. Documentos de Arquitectura y Patrimonio. Nº 08. AÑO 2015 Revista de periocidad anual Dirección: Juan José Vázquez Avellaneda Dirección www.arquitecturaypatrimonio.com: Ferran Ventura Blanch Secretaría técnica: Laura Carreño Naranjo Comité Científico: Juan Agudo Torrico. Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Sevilla Nuria Álvarez Lombardero. AA. Londres Santiago Cirujeda Parejo. recetasurbanas Román Fernández-Baca Casares. Director IAPH José Morales Sánchez. ETSA. Universidad de Sevilla Eduardo Mosquera Adell. ETSA. Universidad de Sevilla Samira Oudihi. UDA. ENA de Rabat Antonio Pizza de Nanno. ETSA-UPC de Barcelona Teresa Rita Lopes, FCSH Universidade Nova de Lisboa Alfredo Rubio Díaz. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Málaga José Ramón Sierra Delgado. ETSA. Universidad de Sevilla Miguel Ángel Tabales Rodríguez. EUAT. Universidad de Sevilla Ahmed Tahiri. Presidente de la Fundación al-Idrisi Comité editorial: Laura Carreño Naranjo Julia Clara García Ferrón Rosa Estrada López Pablo Marqués Monsalve Juan José Vázquez Avellaneda Ferran Ventura Blanch Producción y Diseño: © taller de jva Edita: avellaneda & ventura editores Departamento de Proyectos Arquitectónicos. ETSA. Universidad de Sevilla ISSN: 1888-8836. Depósito Legal: SE-3321-2008 eDap08 DOCUMENTOS de ARQUITECTURA y PATRIMONIO www.arquitecturaypatrimonio.com Sumario 5 Editorial 6 EXPLORACIONES 8 Arquitectura vernácula vs ciudades sostenibles, por Ferran Ventura Blanch 16 Conjeturas acerca de la caverna como arquitectura, por José Joaquín Parra Bañón 28 Iconografías. De La Pileta y El Gato en Benaoján, por Juan José Vázquez Avellaneda 40 Tacet. Tacet. Tacet, por Julia Moreno Campos y Lucía Leva Fuentes 46 Una propuesta de intervención: Manifestaciones prehistóricas en el entorno de la antigua Laguna de La Janda, por Ramón Cao Rondán y Pablo F. Luque Guillén 56 Una oportunidad milenaria. Centro de Interpretación de la Prehistoria de Andalucía. Musealización de la Cueva del Tesoro y Parque Arqueológico. Rincón de la Victoria. Málaga, por Luis Machuca Casares y Blanca Machuca Casares 3 66 La venganza horizontal. Exordio al metraje, por Bruno Delgado Ramo 92 ARCHIVO ECP entre_cuevas_paisaje 94 Archivo ECP_Revisitando “La Pileta a Benaojan”, por Julia Clara García Ferrón 100 Archivo ECP_Acciones en La Pileta y El Gato, por Laura Carreño Naranjo, Rosa Estrada López y Pablo Marqués Monsalve 114 Archivo ECP_En Montejaque-Benaoján, por Laura Carreño Naranjo, Rosa Estrada López y Pablo Marqués Monsalve 122 Créditos 17 eDap 08 Conjeturas acerca de la caverna como arquitectura José Joaquín Parra Bañón Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. Julio Cortázar en el Capítulo 73 de Rayuela Cuevas, grutas, cavernas: Arquitecturas La cueva, una tura; la gruta, otra tura; la caverna, otra nomenclatura con tura: la arquitectura, pura conjetura. Las conjeturas acerca de la caverna como arquitectura (arquitectura sin arquitectos, arquitectura negativa) comienzan con la detección de que la teoría arquitectónica, salvo contadas excepciones, no le ha prestado una atención especial al asunto de la cueva en la creencia de que quienes de ella deben de ocuparse son las disciplinas afines a la prehistoria, la paleontología, la arqueología o la antropología. La historia universal de la arquitectura, a menudo, se inicia después de la cueva, en la cabaña o en otras formas de cobijo construidas con estructuras leñosas, y a partir de ellas se formula la dudosa idea de progreso arquitectónico, del hombre que mejora a cada paso y cada vez con mayor eficacia un medio ambiente que es agresivo hacia él con la intención de adaptarlo a sus conveniencias, a sus necesidades o a, en las sociedades opulentas, sus deseos. No pocas historias culturales de la arquitectura son narradas como un proceso de selección natural y de domesticación, sometido a inexorables leyes de evolución que hacen avanzar a formas y a técnicas elementales desde la simplicidad de lo imprescindible hasta la inabordable complejidad de las sobras del presente; hipótesis que intentan demostrar que el Renacimiento no puede conducir a otro lugar que al Barroco, que la cabaña es la humilde antepasada del palacio o que el grutesco es una reinterpretación lúdica de las cuevas calcáreas enriquecidas con estalagmitas y estalactitas de escayola policromada. En la historia académica y oficial de la arquitectura no tiene cabida aquello que no sea consecuencia del proyecto: en ella es, en consecuencia, inadecuada, inoportuna, impertinente la cueva: la caverna, una obscenidad. No le interesa, por tanto, el hecho arquitectónico que es, por ejemplo, elegir una piedra en la que sentarse, un árbol al que subirse para mirar el horizonte o un lugar en el que realizar un sacrificio. No le interesan, si no hay evidentísimas transformaciones formales, las arquitecturas naturales que son usadas por el hombre tras provocarles cambios inapreciables, mínimas adaptaciones, como puede ser el caso de algunas cuevas, aunque la idea de la cueva, de una u otra manera, disimulada o puesta de manifiesto, haya estado siempre presente en la arquitectura. 18 DOCUMENTOS de ARQUITECTURA y PATRIMONIO Tal vez hasta el momento en el que el fuego no entró en la cueva (o en la gruta para transformarla nominalmente en cueva según las convenciones del ámbito patrimonial), la casa no empezó a entenderse o a llamarse hogar. Marco Lucio Vitruvio al inicio de Los diez libros de arquitectura asocia el origen del lenguaje y el de la arquitectura al descubrimiento y al dominio del fuego; también en otros mitos se propone esta vinculación. El fuego controlado y sus señales son indicios inequívocos de la arquitectura habitada: la chimenea es uno de los símbolos de la casa; el humo conducido es uno de los primeros signos del espacio confortable. La cueva es el sitio germinal del fuego; de la llama protegida de los vientos; de las pavesas a salvo de la lluvia; de las cenizas y los rescoldos con los que calentar la noche; de los tizones y las teas para transportar la luz. La cueva es el primer sitio de la fragua, la casa del herrero, la fábrica de Hefestos, y luego de Vulcano, la residencia de los transformadores de la materia de los que, a través de Dédalo, sugiere Piero di Cosimo en Vulcano y Eolo (h.1485-1490, National Gallery of Canadá, Ottawa), y vindica Mircea Eliade en Herreros y alquimistas, procede la arquitectura en la mitología mediterránea. La cueva natural (a la que en la teoría disciplinar sobre el patrimonio llaman gruta), prehistórica, es arquitectura desde el momento en que es elegida para habitar por la especie, desde que opta por establecerse y lentamente comienza allí dentro a ser humana: la cueva es el útero de la humanidad, el lugar arquitectónico de la gestación de la especie en la que nos estamos convirtiendo. La cueva es el primer lienzo, el soporte de la primera huella intencionada de una mano: el primer suelo y el primer techo con los que se establecieron relaciones afectivas, el primer medio ambiente que se acondicionó, el escenario en el que se situó la primera puerta. Solo cuando las cuevas naturales fueron insuficientes o parecieron inadecuadas, comenzó la excavación, la perforación horizontal del suelo, la arquitectura como destrucción, el artificio y la desnaturalización del exterior. La cabaña es la forma de habitación que sucede a la cueva primigenia, a la cavidad genética que por el uso se transformó en caverna. Nomenclatura de las cavidades Aunque los diccionarios generales no se extienden en la definición del sustantivo cueva (los diccionarios técnicos que se ocupan de la arquitectura ni siquiera lo incluyen) y se limitan a hacer referencia a su carácter de cavidad subterránea, sin considerar cuál es su origen, si natural o si artificial, ni atender a cuál es su función o su forma, prescindiendo de cuestiones esenciales relativas a su tamaño y a otros asuntos de la geometría, cual es la proporción entre el ancho y el largo, cualquier conocedor de los rudimentos esenciales y de la terminología de los orificios sería capaz de añadirle algunas características adicionales a las cuevas que permitieran diferenciarlas de, por ejemplo, los pozos o los túneles, de las minas y de los cráteres. Con la cueva latina, con «cavus», asocia el castellano lo hueco. La cueva es, ante todo, una oquedad subterránea, una ausencia que puede llegar a adquirir la consideración Fig. 2. Álvaro Siza Vieira, Estación de metro São Bento, Oporto, 1997-2005. 19 eDap 08 arquitectónica de habitación; es un vacío vinculado a lo cilíndrico, delimitado inferior, lateral y superiormente (envuelto) por una única superficie continua (carece de aristas), que tiene al final una obstrucción que cierra el paso y que comienza con una abertura que hace a ese vacío frontalmente accesible. Es consecuencia de la supresión de una masa lineal de materia terrestre causada, entre otros posibles agentes, por un venero de agua, por un desplazamiento tectónico (aunque es entonces cuando se debiera denominar gruta) o por una perforación humana intencionada. Si una cueva es una cavidad producida en la tierra, la gruta es una oquedad practicada en la roca: una y otra, cueva y gruta, interiores, hilos de espacio enterrado, ausencias vermífugas sepultadas en el seno terrestre. No cualquier abertura practicada o producida en la materia se puede definir con la palabra agujero: término que proviene de aguja, que deriva del objeto que provoca la cavidad y que responde a su forma. Para que el sustantivo sea oportuno es necesario que la abertura, al menos en su origen, tenga un contorno de apariencia redondeada y que dimensionalmente prevalezca la longitud sobre el ancho, si es que se está llamando longitud a lo que en función de la posición del agujero se podría llamar profundidad u hondura, y ancho a lo que, si fuera estrictamente circular, debiera denominarse calibre. No toda cueva es, según lo anterior, un agujero, aunque la mayoría de ellas tengan algo que ver con él; tampoco es un orificio, como sí lo es una puerta o un esfínter. Para distinguir entre un agujero y un orificio algunas definiciones recurren al origen y a la regularidad formal de la abertura (de los labios, por llamarlos metafóricamente, de la oquedad que inauguran). Así, un agujero, contradiciendo su filiación con la aguja, sería una abertura generalmente producida por una causa natural o por una razón accidental, y que por no responder ni a una intención ni a un deseo de la razón, presenta bordes imprevistos e irregulares: un perímetro en el que resulta dificultoso o imposible reconocer la forma elemental que lo regula, en cuyo trazado es complicado reconocer una curva o un polígono reglado. Un orificio, sin embargo, es o bien una abertura intencionada derivada del pensamiento geométrico (consecuencia del proyecto, producto de la ideación), y en consecuencia, que es artificial y está causada por una acción humana, sea o no practicada con la intermediación de alguna herramienta, o bien una abertura que aunque tenga un origen no atribuible a una mentalidad destructora, se produce para cumplir un fin predeterminado o un pequeño conjunto de funciones específicas. Un orificio es entonces, desde su consideración formal, más regular que un agujero y, cultural y lingüísticamente, según aclaran algunos diccionarios a mano, así el de la Real Academia de la Lengua Española como el de María Moliner, menos vulgar. Arquitectónicamente un orificio es consecuencia de un proyecto, mientras que un agujero es consecuencia de un accidente o, de acuerdo con Marcel Duchamp, a propósito de la fractura de su Gran vidrio, de la participación productiva del azar. Por esta razón no es casual que la palabra orificio se la hayan apropiado, en gran medida, las ciencias técnicas y aquellos saberes que más tienen que ver con la biología, y que hayan renunciado a usarla con propiedad las disciplinas que se ocupan de la conformación terrestre, bien sea la cartografía o la espeleología, resultando imposible tanto encontrar un mapa del norte de la provincia de Almería en el que leer Orificio de Los letreros en vez de Cueva de Los letreros, nombre con el que comúnmente se alude a este lugar, aunque tampoco de una cueva se trate sino de una cavidad de profundidad despreciable frente a la desmesura dimensional de su fachada, cavidad que es apenas un socavón en una pared rocosa, como igualmente es difícil oír a un espeleólogo referirse a los peligros del orificio por el que acaba de dejar caer la cuerda para bajar a profanar algunos misterios telúricos. Si en vez de al espeleólogo, que siempre que piensa en orificios no se le ocurren más que los orificios humanos, no los abiertos por los seres humanos sino los que en los cuerpos de los humanos están abiertos desde que nacen, unos para que el primer aire aspirado los haga vivir, otros para que ese aire primero les permita llorar, y así cada uno de ellos programado para cumplir con una misión genética que le posibilite traficar con el mundo, misión o cometido que, es innecesaria su demostración, a menudo se tiende a violar imponiéndole el 20 DOCUMENTOS de ARQUITECTURA y PATRIMONIO cumplimiento de funciones para las que no estaba inicialmente previsto; si en vez de al espeleólogo o a la espeleóloga se espía ahora al minero, tampoco se le oirá decir que entra al orificio a excavar o que desciende al agujero a extraer minerales, salvo que piense que la mina, que es como a diario la llama, también podría convertirse en su sepultura y entonces, por despecho y para ofenderla, la llame despectivamente agujero. Y sin embargo una mina, cualquier mina corriente que algunos horadaron o que alguien abrió para sacar lo que estaba escondido en el subsuelo, al igual que los túneles, aunque con otra intención, tiene más de orificio que de agujero. El orificio artificial responde a una causa pronunciable, a un motivo que lo origina, como es el pasar de un lugar a otro, en el caso de los túneles, perforando lo que se interpone entre los extremos, o dejando un hueco, interrumpiendo en un lugar la continuidad de la materia para que, por ejemplo, sirva de puerta. Un túnel es una puerta profunda que, sabiendo que se trata de un túnel porque acaso desde el inicio, incluso antes de entrar, puede verse al fondo, recortada en la oscuridad, su salida, tampoco nadie podría llamar con propiedad cueva, al igual que no es aconsejable llamar cueva a la mina si se ve emerger de ella a alguien empujando una carretilla con las manos y la cara tiznada de negro. Aunque no obstante, ni la artificiosidad ni la intencionalidad, y ni siquiera la funcionalidad, son preceptos suficientes para evitar llamar cueva al túnel o a la mina, que en su esencia son modalidades de cueva porque de la definición de cueva, aunque parcialmente, participan. Cosa distinta es la costumbre, o como en este caso, la fertilidad del lenguaje cuando inventa palabras más precisas que permiten eludir lo genérico y diferenciar entre diversos tipos de cavidad, como es el caso de las cuencas, mineras o no. Una sima es una cavidad grande y muy profunda abierta en la tierra que, por su desmesura, puede recordar a los abismos y, por la verticalidad de sus paredes, a los precipicios. Un socavón no es una sima pequeña, porque si así fuera adjetivada dejaría en ese instante de ser una sima, sino un hoyo resultante del hundimiento del suelo por haberse producido una oquedad subterránea; también es la denominación de una cueva excavada en una ladera. La sima y el socavón, para serlo, tienen que haber sido provocados por causas naturales, por un desprendimiento o por una depresión accidental. Un cañón es un tipo de tubo y, en consecuencia, una forma que tiene que ver con los cilindros huecos. Si el tubo es corto, se le llama caño, que como la caña, la cánula, el canuto, el canal, el canalón y la cañería, deriva de la «canna» latina; no así el cañón que alude a los caminos estrechos entre montañas que generalmente discurren por los cauces de los ríos. Una cueva no es un tipo de tubo porque la misión principal de los tubos, al igual que la de los pasillos, es comunicar, servir de conducto para que la materia pueda pasar de un sitio a otro, mientras que la función de la cueva no está relacionada con la comunicación de los extremos sino con el acceso y con la estancia. Los tubos conectan, como los túneles, aquello que se encuentra en cada uno de sus extremos: a Thomas Bernhard, cuenta él mismo en El aliento (1978), le conectaron uno al pulmón para trasegar los humores infecciosos desde su cuerpo hasta un tarro de pepinillos en vinagre. El latín llama fístula al tubo; el español académico define fístula como cañón por el que pasa el agua y también como conducto ulcerado, acepción que las ciencias médicas precisan diciendo que para ser fístula, sea congénita o adquirida, el conducto ha de ser una comunicación patológica que ponga en contacto anormal dos órganos entre sí o con el exterior. Las fístulas son una advertencia sobre los peligros de las comunicaciones innecesarias, sobre los riesgos de excavar cuevas aleatorias: al abrirlas sin prevención, que es como decir sin proyecto, pueden liberarse a la superficie las fuerzas infernales recluidas (contra su voluntad, proponen los mitos y las religiones celestes) en el subsuelo, o se puede despertar a los espectros de su sueño y a las alimañas de su hibernación, o haciendo ampliaciones en el sótano de “El Centro”, es posible encontrar, como le sucedió a José Saramago en el vigésimo apartado de la novela del año 2000 que tituló La caverna, con los habitantes, aún en vigilia, de la caverna platónica. Las cavernas son competencia de la arquitectura (Giovanni Battista Piranesi, Fernando Higueras, Álvaro Siza, Peter Zumthor, Félix de Azúa 27 eDap 08 rio y así preservar sus secretos. Lo importante de la caverna de la Sibila no es la forma ni la cuantía del espacio, sino la certeza de que se está allí y de que es precisamente en ese punto del universo donde puede suceder lo que se va buscando. Es en ese punto, en ese recinto cuya estrategia es la de disolver los límites impidiendo saber donde se encuentran, donde únicamente puede manifestarse lo oculto. Durante un tiempo el filósofo (el arquitecto que proyectó Atlántida) no les permite a sus personajes conocer lo de dentro, el interior en el que residen. Han sido privados de la curiosidad: emasculados de la capacidad analítica, del libido de conocimiento. Son insensibles a todo lo que acontece fuera de su campo óptico, a lo que no aparece como representación delante de sus ojos: para ellos no tiene sentido la palabra detrás ni alrededor. Para ellos, que ni siquiera saben que están dentro de esa conjetura denominada caverna, no sucede o nada significa la arquitectura: esa cortazariana “tura de turas”. 28 DOCUMENTOS de ARQUITECTURA y PATRIMONIO Fig. 1. Letrero informativo en el interior de La Pileta. /jva/ Resumen / Abstract El río Guadiaro es un paso natural que ha sido utilizado históricamente como conexión entre el Estrecho de Gibraltar y el interior peninsular, a través de la Serranía de Ronda. La línea de ferrocarril Bobadilla-Algeciras realizada por la Algeciras-Gibraltar Railway Cia entre los años 1890-1892, aprovechando el cauce del río, estableció una conexión que llegó a tener una dimensión internacional ya que puso a ciudades como Ronda, Algeciras o Tánger, al alcance de viajeros procedentes de Europa. En el entorno de la Sierra de Líbar, abiertas en las laderas orientales que se asoman al Guadiaro, y en las proximidades de la localidad de Benaoján, se sitúan dos de las más importantes cuevas prehistóricas del sur de la Península Ibérica como son las cuevas de La Pileta y El Gato. Estas cuevas fueron escenarios de una serie de exploraciones e investigaciones de las que ha quedado un rico conjunto de imágenes y textos que van desde la pintura paisajista del romanticismo decimonónico andaluz, a los primeros estudios del arte parietal prehistórico, la paleontología y la ingeniería hidráulica, entre otros. De la mano de M. Barrón, H.Breuil, H. Obermaier, W. Verner, J. Cabré, J. Bullón, etc., es posible descubrir un patrimonio exquisito que se suma al propio valor de las cuevas y el paisaje serrano. La trascendencia que tuvieron estos trabajos en el arte y la cultura contemporánea, al descubrirse que la huella dejada por los humanos primitivos no estaba tan lejos de los asuntos que agitaban la modernidad, son expuestos en algunas conexiones habidas entre las obras de Breuil, Le Corbusier y el escritor George Bataille. The Guadiaro River is a natural crossing that throughout history has been used as a connection between the Strait of Gibraltar and the interior of the Iberian Peninsula, through the Ronda mountain range. The railway line Bobadilla-Algeciras, built by the Algeciras-Gibraltar Railway Cia between 1890 and 1892, taking advantage of the riverbed, established a connection that went on to have an international scope, since it made cities such as Ronda, Algeciras, or Tangier accessible to travellers coming from Europe. In the surroundings of the Líbar mountain range, opening on the Eastern mountainside near the town of Benaoján are two of the most important prehistoric caves in the South of the Iberian Peninsula, La Pileta and El Gato caves. These caves were the settings of a series of explorations and researches of which a rich combination of pictures and texts has remained, ranging from the landscape paintings of the Andalusian nineteenth-century Romanticism to the first studies on the prehistoric parietal art, palaeontology and hydraulic engineering, among others. Through M. Barrón, H. Breuil, H. Obermaier, W. Verner, J. Cabré, J. Bullón, etc., it is possible to discover an exquisite heritage adding to the value of the caves and the mountain landscape. The importance that these works had on the art and on the contemporary culture, since it was discovered that the trace left by the primitive humans was not too far away from the affairs that shook the modernity, is exposed on several connections found among the works by Breuil, Le Corbusier, and writer George Bataille.