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La valoración social del multiculturalismo y del monoculturalismo en Europa

Bericat Alastuey, Eduardo

Abstract

Partiendo de la tesis sostenida por Verena Stolcke, que advierte de la existencia de un cambio en el discurso mediante el que las poblaciones autóctonas rechazan a los inmigrantes, se ha realizado una investigación empírica con el objeto de verificar si, en efecto, los discursos basados en un fundamentalismo cultural están sustituyendo a los explícitamente racistas o xenófobos. El fundamentalismo cultural alerta del peligro que supone la entrada masiva de inmigrantes para la homogeneidad e integridad cultural de la nación. Mediante análisis multivariables realizados con datos de la European Social Survey, se ha elaborado una tipología de europeos según su grado de monoculturalismo (valoración de la homogeneidad cultural), o su grado de multiculturalismo (valoración de la diversidad cultural). En esta tipología también puede distinguirse entre aquellos europeos que defienden el mono o el multiculturalismo por razones pragmáticas, y aquellos otros que argumentan desde una concepción esencialista de la cultura. Tomando como base la clasificación en cuatro tipos, se determina el posicionamiento de cada uno de los países europeos, así como las correlaciones existentes entre el grado de monoculturalismo y tres importantes variables de identificación socio-cultural: nivel educativo, posicionamiento ideológico y posicionamiento religioso.

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DOCUMENTO DE TRABAJO. S2007 / 01 La valoración social del multiculturalismo y del monoculturalismo en Europa EDUARDO BERICAT ALASTUEY Centro de Estudios Andaluces El Centro de Estudios Andaluces es una entidad de carácter científico y cultural, sin ánimo de lucro, adscrita a la Consejería de la Presidencia de la Junta de Andalucía. El objetivo esencial de esta institución es fomentar cuantitativa y cualitativamente una línea de estudios e investigaciones científicas que contribuyan a un más preciso y detallado conocimiento de Andalucía, y difundir sus resultados a través de varias líneas estratégicas. El Centro de Estudios Andaluces desea generar un marco estable de relaciones con la comunidad científica e intelectual y con movimientos culturales en Andalucía desde el que crear verdaderos canales de comunicación para dar cobertura a las inquietudes intelectuales y culturales. Las opiniones publicadas por los autores en esta colección son de su exclusiva responsabilidad © 2007. Fundación Centro de Estudios Andaluces Depósito Legal: SE-256-07 Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Centro de Estudios Andaluces Documento de Trabajo Serie Sociología S2007/01 La valoración social del multiculturalismo y del monoculturalismo en Europa Eduardo Bericat Alastuey Centro de Estudios Andaluces y Universidad de Sevilla RESUMEN Partiendo de la tesis sostenida por Verena Stolcke, que advierte de la existencia de un cambio en el discurso mediante el que las poblaciones autóctonas rechazan a los inmigrantes, se ha realizado una investigación empírica con el objeto de verificar si, en efecto, los discursos basados en un fundamentalismo cultural están sustituyendo a los explícitamente racistas o xenófobos. El fundamentalismo cultural alerta del peligro que supone la entrada masiva de inmigrantes para la homogeneidad e integridad cultural de la nación. Mediante análisis multivariables realizados con datos de la European Social Survey, se ha elaborado una tipología de europeos según su grado de monoculturalismo (valoración de la homogeneidad cultural), o su grado de multiculturalismo (valoración de la diversidad cultural). En esta tipología también puede distinguirse entre aquellos europeos que defienden el mono o el multiculturalismo por razones pragmáticas, y aquellos otros que argumentan desde una concepción esencialista de la cultura. Tomando como base la clasificación en cuatro tipos, se determina el posicionamiento de cada uno de los países europeos, así como las correlaciones existentes entre el grado de Centro de Estudios Andaluces monoculturalismo y tres importantes variables de identificación socio-cultural: nivel educativo, posicionamiento ideológico y posicionamiento religioso. Palabras clave: Multiculturalidad, multiculturalismo, valores sociales, cohesión social, cohesión cultural, cultura, inmigración, racismo, xenofobia, discriminación, minorías. ABSTRACT Following Verena Stolcke’s Thesis, which defends that a change on the discourse through which native population rejects immigrants, an empirical research has been carried out attempting to verify if the discourses based on cultural fundamentalism are replacing those explicitly racist or xenophobic. Cultural fundamentalism warns against the risk for the homogeneity and cultural integrity of the nation that massive immigration implies. A new typology of Europeans based on their Monoculturalism (valuation of cultural homogeneity) or their multiculturalism rate (valuation of cultural diversity) has been created through of multivariable analysis using data from the European Social Survey. This typology also allows for a distinction between those Europeans who defend Monoculturalism for pragmatic reasons and those who argue from an essentialist conception of culture. Considering a classification into four types, the orientation of each of the European countries has been determined, as well as the existing correlation between the degree of Monoculturalism and three important variables for socio-cultural identification: education level, ideological orientation and religious orientation. Keywords: Multiculturality, multiculturalism, social values, social cohesion, cultural cohesion, culture, immigration, racism, xenophobia, discrimination, minorities. Centro de Estudios Andaluces 1 LA VALORACIÓN SOCIAL DEL MULTICULTURALISMO Y DEL MONOCULTURALISMO EN EUROPA1. Eduardo Bericat Alastuey Centro de Estudios Andaluces. Universidad de Sevilla. 1. Cultura e inmigración. Europa se ha convertido ya en una sociedad multi-étnica y multicultural. Incluso en España, un país de inmigración reciente, y según el Observatorio Permanente de la Inmigración, se contabilizaron, al día 30 de Junio de 2006, un total de 2.804.303 extranjeros con tarjera o autorización de residencia. La procedencia de estos extranjeros es muy diversa: 619.341 proceden de la Europa comunitaria; 336.301 del resto de Europa; 661.066 de África; 983.919 de Iberoamérica; 17.814 de América del Norte; 182.991 de Asia; y 1.746 de Oceanía. Así pues, extranjeros de los cinco continentes, procedentes de muchos países, habitan nuestras ciudades y pueblos aportando una diversidad cultural hasta hace poco impensable. Todos ellos, al desplazarse físicamente llegan con su cultura portando lenguas, religiones, modos de vida, visiones del mundo, valores sociales, costumbres y tradiciones que se distinguen, en mayor o menor medida, de las pautas culturales vigentes en la sociedad receptora. A partir de ese momento, la homogeneidad cultural podrá convertirse en un 1 Este trabajo forma parte de una investigación, titulada “Identidad y fragmentación moral en Europa: religión, valores sociales y conflicto cultural”, financiada por la Fundación Centro de Estudios Andaluces y por la Fundación BBVA, al obtener una de las “Ayudas a la Investigación en Ciencias Sociales” de la Tercera Convocatoria. Centro de Estudios Andaluces 2 objeto del deseo, pero en cualquier caso habrá dejado de ser ya (si acaso alguna vez lo fue) una realidad. El extranjero que llega se enfrenta a la dificultad de vivir en un medio cultural que le es extraño, se enfrenta al riesgo de experimentar en sus propias carnes un cierto grado de alienación vital. También se enfrenta a otros muchos riesgos: a la soledad, al desempleo, a la nostalgia, a la explotación en el mercado de trabajo, al sacrificio, a la carencia de derechos sociales, al trabajo duro o a la falta de vivienda. Y puede que hayan de enfrentarse, además, al simple y atávico recelo de quienes ven en el “otro diferente” un peligro para la integridad y para la identidad cultural de la población autóctona. El rechazo al extranjero/inmigrante puede estar alimentado por múltiples conflictos de intereses, sean percibidos o reales. La población autóctona puede pensar que los inmigrantes quitan puestos de trabajo a los nacionales, que absorben gran parte de las prestaciones sociales disponibles, que incrementan las tasas de criminalidad, que reducen el nivel de los salarios o que elevan el precio de la vivienda. Pero cada día podemos observar también que en muchos casos este rechazo se basa exclusivamente en razones culturales. El rechazo a los inmigrantes fundado en razones culturales puede adquirir muy diversas formas. Típicamente, se expresa en un fundamentalismo ideológico que valora en grado sumo la homogeneidad cultural de la sociedad receptora. Desde esta posición, se cree que una entrada masiva de inmigrantes pondría en peligro la “homogeneidad de la nación”, así como la esencia de su “cultura” y de sus “valores” fundamentales. La ruptura de la integridad cultural del país, de su modo de vida, sus tradiciones, su lengua y sus costumbres, resquebrajaría la cohesión cultural y social, descomponiendo el consenso nacional considerado imprescindible para el mantenimiento del orden y de la paz social. Así, la fragmentación social y moral de los países abriría la puerta a múltiples frentes de conflicto culturales e identitarios. Atendiendo al creciente fundamentalismo cultural que se observa en las sociedades europeas, Verena Stolcke sostiene la tesis de que se ha producido un cambio en el discurso mediante el que la población autóctona rechaza a los inmigrantes. Este rechazo, que ha dejado de expresarse en términos Centro de Estudios Andaluces 3 explícitamente racistas o xenófobos, se expresa hoy poniendo de relieve el peligro que supone la entrada masiva de inmigrantes para la homogeneidad e integridad cultural de la nación (Stolcke, 1995). En el ámbito europeo, la necesidad de construir una Idea de Europa basada en las raíces de una cultura europea común (Amin, 2004), capaz de otorgar una identidad colectiva que trascienda la procurada por las diversas naciones europeas, intensifica aún más este deseo de uniformidad cultural. La intensa valoración de la uniformidad cultural en el interior de los países, a la que podemos denominar monoculturalismo, no sólo afecta a los inmigrantes por cuanto son “seres de cultura” diferentes, es decir, “otros” que la población autóctona puede percibir como un excluyente “ellos” ante un “nosotros” incluyente, también les afecta en la medida que tales inmigrantes conforman minorías en la estructura social de las sociedades receptoras. Su condición de minoría diferenciada culturalmente les expone al riesgo, no sólo de la discriminación y de la exclusión, sino también a la falta del adecuado respeto interindividual y del adecuado reconocimiento colectivo. Cuando esto sucede, sobre todo cuando la explotación y la humillación se dan la mano, las minorías reaccionan potenciando sus vínculos comunitarios y sus símbolos identitarios. Es entonces cuando la fragmentación social y moral de la sociedad aumenta, y cuando comienzan a aparecer intensos conflictos culturales, expresivamente simbólicos, bajo los que también subyacen justificables lógicas de defensa del propio interés. Es entonces cuando las minorías culturales intensifican el grado de monoculturalismo interno como forma de resistencia y oposición al intenso monoculturalismo existente en el entorno. Los continuos y graves conflictos culturales que emergen por toda Europa, bien conocidos por todos, expresan las contradicciones de una compleja dialéctica, material y simbólica, entre un “NOSOTROS/ellos” excluyente y entre una “MAYORÍA/minoría” dominante. En esta situación de tensiones prácticamente irreductibles, tan perniciosas para la dignidad y para las condiciones de vida de los inmigrantes, como para el logro de un modelo de cohesión social y cultural que tenga en cuenta la diversidad, es decir, la multiculturalidad de hecho presente en las Centro de Estudios Andaluces 4 sociedades europeas, no ha de extrañarnos que el multiculturalismo normativo ocupe un lugar privilegiado en el núcleo mismo del gran debate existente en torno a un nuevo modelo de sociedad capaz de articular la justicia en unas sociedades cada vez más fragmentadas moral y socialmente, cultural e identitariamente. El trabajo que presentamos en este artículo aborda, pues, un sólo aspecto de la relación entre “cultura e inmigración”, si bien creemos que, a tenor de lo dicho, es un aspecto muy relevante para la población inmigrante, para las sociedades nacionales receptoras, y también para el destino común de Europa y de los europeos. En concreto, nuestro objetivo ha consistido en estimar, a través de los datos procedentes de la European Social Survey realizada en el año 2002, en qué medida la población europea se adscribe, bien a valores sociales monoculturales, o de defensa de la uniformidad cultural en el seno de los países, bien a valores multiculturales, o de defensa de la diversidad cultural. En primer término, nuestra estrategia analítica ha consistido en localizar aquéllas preguntas cuyo contenido semántico estuviera relacionado con la valoración de la homogeneidad o heterogeneidad cultural del país. En segundo término, mediante la aplicación de un Análisis de Componentes Principales Categóricos, hemos obtenido con todas esas variables una dimensión de valor que corresponde al grado de monoculturalismo o de multiculturalismo al que se adscribe cada uno de los europeos entrevistados. Ahora bien, de este análisis exploratorio llevado a cabo con un total de siete preguntas clave, hemos llegado a obtener una solución factorial en la que aparece una segunda dimensión que califica el grado de mono o de multiculturalismo. Esta segunda dimensión, según nuestra interpretación, discrimina entre dos diferentes concepciones de la cultura, una esencialista y otra pragmatista. La concepción esencialista de la cultura se corresponde con la idea de cultura tal y como aparece en la obra de Herder y en la tradición del Romanticismo alemán, mientras que la concepción pragmatista está vinculada a la obra de Montesquieu y a la herencia intelectual de la Ilustración francesa. Centro de Estudios Andaluces 5 El descubrimiento de esta segunda dimensión nos ha permitido elaborar una tipología de adscripción valorativa en torno a la diversidad cultural que va más allá de la mera consideración del grado cuantitativo de mono o de multiculturalismo. Así, mediante el cruce de ambas dimensiones, encontramos la existencia de cuatro tipos básicos: un monoculturalismo esencialista, un monoculturalismo pragmático, un multiculturalismo pragmático, y un multiculturalismo esencialista. La mayor parte de los debates públicos en torno a esta fundamental cuestión se dirimen en el sentido de definir, monotónicamente, la propia posición en términos de mayor o menor multiculturalismo. Sin embargo, esta simple consideración monotónica no refleja adecuadamente la estructura básica de posiciones ideológico-morales presentes en la opinión pública o en los discursos de los europeos. Como veremos en la síntesis final del artículo, en la que se tratan de articular culturalmente las “posiciones valorativas” y las “consecuencias prácticopolíticas” de cada uno de los cuatro tipos morales, todos ellos han de enfrentarse a su propios demonios, esto es, a sus propias paradojas y contradicciones. Y esto es lo que explica el hecho de que tras un debate aparentemente simple, y libre de fuertes compromisos (defender o no la diversidad cultural), se esconda una profunda complejidad ética, social y política, un laberinto de cuya resolución depende el futuro de Europa. Empecemos, pues, por lo simple, esto es, viendo los datos. 2. La discriminación de los inmigrantes por razones étnicas, económicas y territoriales. El hecho de que ahora las lógicas de exclusión, como sostiene la profesora Stolcke, se sustenten y legitimen más en un fundamentalismo cultural que en un racismo explícito, no significa que la discriminación por razones étnicas haya desaparecido completamente. La “Encuesta Social Europea, 2002” contiene una batería de pares de preguntas especialmente aptas para estimar la medida en que los europeos manifiestan explícitamente actitudes de discriminación por razones étnicas. En concreto, se formula la siguiente pregunta: ¿Hasta qué punto cree Vd. que “su Centro de Estudios Andaluces 12 Cuadro 2.a. Cohesión cultural: criterios de entrada de inmigrantes. Importancia Criterios Nada (0-1-2) (3-4) (5) (6-7) Muy (8-9-10) Ns/Nc Hablar la lengua del país 9,4 7,8 11,0 20,2 50,4 1,4 Proceda de país cristiano 43,6 13,5 14,3 12,0 14,2 2,4 Adoptar el modo de vida 5,6 5,0 9,5 19,3 59,0 1,6 Ser de raza blanca 61,5 11,3 11,0 6,7 7,4 2,1 Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. El bajo índice obtenido por el criterio de proceder de un país de traidicón cristiana (IOP=31,5), nos habla de la existencia de consenso europeo a la hora de considerar la reducida importancia del criterio religioso. El índice todavía inferior alcanzado por el hecho de ser de raza blanca (IOP=15,9%) señala la existencia de un gran consenso a la hora de determinar la poca importancia de este criterio. Por último, el contraste entre los tres criterios culturales (lengua, modo de vida y tradición religiosa) y el criterio de la raza avalaría la tesis de Stolcke en el sentido de que el discurso de la discriminación ha dejado de ser explícitamente racista o xenófobo, y se está conformando como un discurso puramente cultural. Lo cierto es, sin embargo, que todavía un 15,9%, o un 22,0% de la población europea, según la estimación más sútil elaborada en el epígrafe anterior, siguen explicitando una clara discriminación racista. Datos incostestables y apabullantes que en modo alguno avalan la tesis de que el discurso racista en Europa es un discurso público dormido o reprimido. Tomando como referencia el segundo bloque de opiniones valorativas (Cuadro 2.b.), cuyas preguntas de origen no hacen referencia explícita al fenómeno de la inmigración, sino directamente al de la homogeneidad cultural del país, podemos observar que la valoración de la uniformidad, salvo en el Centro de Estudios Andaluces 13 ámbito cultural de la religión, sigue predominando sobre la de la diversidad. En el ámbito de la lengua lo que observamos ahora es un consenso absoluto (IOP=97,3%) a la hora de manifestar que es mejor que casi todo el mundo comparta la misma lengua. También se observa un alta grado de polarización, pues el 42.2% de los europeos optan por la respuesta extrema, es decir, por señalar que están muy de acuerdo con esa afirmación. Cuando se pregunta sobre la conveniencia de compartir costumbres y tradiciones el índice se mantiene relativamente alto (IOP=66,4%), alcanzando la cota del consenso, si bien en este caso el grado de polarización es bajo, ya que tan sólo un 15,3% señalan estar muy de acuerdo, mientras que un 35,6% elije la respuesta moderada del simple acuerdo. Así, en este caso, nos encontramos con un consenso escasamente polarizado a favor de la uniformidad de costumbres y traidiciones. En términos de valores sociales, una polarización escasa puede interpretarse como una baja implicación de los individuos o como una baja carga emocional asociada a la defensa de este valor. Además, es importante subrayar el alto nivel de indecisos, ya que un 21,6% de la población europea manifiesta no estar ni de acuerdo ni en desacuerdo. Por último, con respecto a la convivencia de gentes de distinta religión, nos encontramos con una situación fáctica de disenso social (IOP=42,2%), si bien con un balance escorado hacia la pluralidad religiosa (IOP=57,8%). Aquí volvemos a encontrarnos con un menor grado de polarización, y con con mayor grado de indecisión, ya que casi uno de cada tres europeos (29,5%) no tiene una opinión definida sobre si es mejor o no para el país que convivan gentes de distintas religiones. Ahora bien, teniendo en cuenta el arraigo que tiene en Europa el principio de libertad religiosa, así como el intenso proceso de secularización, éste disenso puede estar indicándonos más la escasa relevancia que hoy otorgamos a la adscripción religiosa, que una débil valoración de la uniformidad cultural. Dado la impronta cultural de la modernización y el cambio social, idénticos argumentos podrían esgrimirse respecto al valor de la uniformidad de las costumbres y tradiciones, Centro de Estudios Andaluces 14 Cuadro 2.b. Cohesión cultural: uniformidad y diversidad cultural. Grado de acuerdo Tipo de uniformidad Muy de acuer do Acuer do Ni Ac. Ni Des. Desacuerdo Muy Desa c. Ns/Nc Es mejor hablar todos al menos una misma lengua común. 42,2 48,6 5,7 2,2 0,3 1,1 Es mejor compartir todos mis-mas costumbres y tradiciones 15,3 35,6 21,6 21,4 4,4 1,6 Es mejor que convivan gentes de distintas religiones 6,3 31,8 29,5 22,8 6,5 3,1 Empo b (0-1- 2) (3-4) (5) (6-7) Enriq u (8-9- 10) Ns/Nc Los extranjeros: empobrecen o enriquecen la vida cultural 11,0 13,6 22,0 25,5 22,6 5,1 Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. La creencia de que los extranjeros que vienen a residir al país enriquecen nuestra cultura puede ser considerada como un indicador de valoración de la diversidad cultural. A la inversa, quienes piensan que cualquier incorporación, penetración, hibridación o alteración de la cultura nacional supone un empobrecimiento de la misma, expresan con esta opinión una Centro de Estudios Andaluces 15 preferencia por la homogeneidad cultural, por evitar en lo posible cualquier contaminación. En este sentido, los datos muestran un consenso social en el que se expresa una baja preferencia por la uniformidad (IOP=33,8%), si bien no es desdeñable el hecho de uno de cada tres europeos con opinión expresen que la presencia de otras culturas empobrece o contamina la propia. Es de notar el alto porcentaje de europeos que optan por la indecisión (22,0%). También es interesante el hecho de, con respecto a la pluralidad religiosa, las posiciones extremas reciban un mayor número de respuestas, lo que indica un relativamente mayor grado de polarización. Cuadro 2.c. Cohesión cultural: políticas de inmigración. Grado de acuerdo Tipo de política Muy de acuer do Acuer do Ni Ac. Ni Des. Desacuerdo Muy Desa c. Ns/Nc Para evitar problemas/tensiones se debe poner fin a inmigración 11,0 29,1 23,7 24,6 6,9 4,7 Posibilidad, si lo desean, de que eduquen en escuelas separadas 5,5 24,3 15,4 33,2 18,4 2,9 Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. La primera pregunta incluída en el Cuadro 2.c contiene la idea subyacente de que la presencia de extranjeros en el país hace inevitable la aparición de conflictos tanto sociales como culturales. Corresponde a una actitud profundamente pesimista a la hora de abordar los problemas de convivencia multicultural y multiétnica, ya que la única solución concebible es cortar de raíz los flujos migratorios. Pues bien, los datos expresan la existencia en la opinión pública de un disenso, con escasa polarización, orientada hacia el polo pesimista (IOP=56%), si bien hay que considerar que el porcentaje de Centro de Estudios Andaluces 16 indecisos también es muy alto (23,7%). En cualquier caso el resultado pone de manifiesto el sólido trasfondo de temor y de pesimismo que alimenta la valoración de la homogeneidad cultural. Cuando se pregunta a los europeos si las “comunidades de personas” que han venido a vivir aquí deberían poder “educar a sus hijos”, “si así lo desean”, en “escuelas separadas”, lo que observamos en un ligero consenso en contra de que las comunidades culturales puedan socializar a su miembros en escuelas separadas, es decir, en contra de la segregación educativa, incluso voluntaria (IOP=36,6%). La interpretación de esta pregunta es muy compleja, pues en su respuesta concluyen algunas de las más importantes claves ideológicas que afectan a la valoración de la uniformidad o de la diversidad cultural. Así, por ejemplo, la defensa de la segregación educativa podría estar justificada por la alta valoración que el entrevistado concede a la diversidad cultural. Sin embargo, esa misma defensa podría estar basada en una nítida actitud excluyente, en la voluntad de que los extranjeros vivan espacialmente aquí, pero que vivan segregados socialmente. A la inversa, el rechazo a la segregación educativa podría estar justificado por el deseo de no discriminar educativamente a los niños de las diversas comunidades culturales, pero también podría deberse a una voluntad integracionista o asimilacionista que pasa por la rigurosa aplicación de una política educativa universalista. En cierto modo, esta pregunta nos enfrenta de lleno con las más importantes paradojas y contradicciones morales que subyacen al debate público del multiculturalismo y del monoculturalismo. De ahí que dar una respuesta éticamente coherente a esta pregunta comporte, salvo para los ingenuos morales, una extrema dificultad. Recapitulando los índices de opinión pública orientados a la defensa de la uniformidad cultural, hemos visto que tanto la homogeneidad “lingüística” (IOP=80,4 y 97,3), como la referente al “modo de vida” (IOP=88,1), alcanzan una altísima valoración, llegando a constituir grandes consensos, casi absolutos, de la cultura europea. En segundo lugar, hemos visto que la valoración de la homogeneidad cultural referente a “costumbres y tradiciones” es también bastante alta (IOP=66,4), lo que demuestra la existencia de un Centro de Estudios Andaluces 17 sólido consenso a este respecto. La homogeneidad religiosa es bastante menos valorada, aunque por término medio es defendida por uno de cada tres europeos (IOP= 31,5 y 42,2), cantidad nada despreciable teniendo en cuenta el grado de secularismo de la cultura europea. Por último, una gran parte de los europeos entiende que la entrada de extranjeros enriquece nuestra cultura, si bien el porcentaje de quienes piensan que la empobrece tampoco es nada despreciable (IOP=33,8). En suma, sobre el trasfondo de una valoración generalizada de la uniformidad cultural por parte de los europeos, se dibujan importantes variaciones que afectan a los distintos elementos de la cultura. En el epígrafe siguiente trataremos de ahondar en la interpretación de estas variaciones, pero desde una primera inducción analítica intuimos que algunas de las diferencias pueden estar relacionadas con las características asociadas a cada elemento de la cultura. En primer lugar, existe un contraste entre rasgos superficiales o epidérmicos y rasgos profundos de la cultura. Así, es obvio que admitir el enriquecimiento de la diversidad cultural no tiene la misma relevancia que admitir la presencia en el interior de un país de diferentes lenguas o modos de vida. En segundo lugar, también existe un contraste entre rasgos instrumentales y rasgos expresivos de la cultura que pudieran estar en el origen de algunas variaciones en la valoración de la uniformidad cultural. Así, es obvio que el idioma o el modo de vida presentan un grado de instrumentalidad que contrasta con el fuerte contenido expresivo que puedan tener las costumbres y tradiciones o la misma adscripción religiosa. 3. Monoculturalismo y multicuturalismo. Según hemos visto en el análisis univariable de las diez opiniones valorativas, podemos suponer que las respuestas dadas por cada entrevistado a este conjunto de preguntas tendrán alguna coherencia, es decir, que tales respuestas vendrán determinadas en parte por la general adscripción del individuo a valores mono o multiculturalistas. Al mismo tiempo, hemos observado variaciones en las respuestas que parecen estar relacionadas con el contenido semántico de las mismas, es decir, con las características o rasgos Centro de Estudios Andaluces 18 del componente cultural referido por la pregunta. Pues bien, para comprobar que, en efecto, existe un valor general o dimensión valorativa que subyace a este conjunto de opiniones, y para comprobar hasta qué punto las variaciones observadas dependen de algún factor subyacente vinculado a la naturaleza de los diversos elementos de la cultura, hemos realizado una exploración multivariable, analítico-interpretativa, aplicando la técnica del Análisis de Componentes Principales Categóricos3. Tras una fase exploratoria, se alcanzamos una solución factorial en la que, utilizando siete de las diez variables analizadas, se extrajeron dos factores o dimensiones. Cuadro 3. Análisis de componentes principales categóricos: Saturación de los componentes. Dimensiones Variables D1 (Grado) D2 (Tipo) Mejor si casi todo compartimos costumbres y tradiciones. -0,720 -0,238 Mejor si hay variedad de diferentes religiones. 0,529 0,472 Mejor si casi todos hablan el mismo idioma. -0,350 0,628 Inmigr.: importancia hablar mismo idioma. 0,582 -0,509 Inmigr.: importancia proceder de país de cultura cristiana. 0,602 0,281 3 La estrategia metodológica es similar a la utilizada en E. Bericat y J. del Pino (1998), Valores sociales en la cultura andaluza, CIS, Madrid. Frente al uso común de la técnica factorial, en la que se introducen un gran número de variable con un alto grado de diversidad en su contenido semántico, mi estrategia consiste en introducir en el análisis variables con un contenido semántico similar. Esto permite obtener una dimensión común subyacente a todas ellas, así como profundizar en el análisis de los matices o diferencias tanto semánticas como pragmáticas que incorpora el conjunto. Como ejemplos interesantes del uso más extendido de la técnica factorial pueden verse: (Cea D’Ancona, 2004) y (SORA, 2001). Centro de Estudios Andaluces 19 Inmigr.: importancia compro-miso con el modo de vida. 0,663 -0,413 Inmigr.: enriquece o empobrece vida cultural. -0,600 -0,331 Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. La primera dimensión obtenida explica un 34,6% de la varianza total, mientras que la segunda explica un 18,5% de esa misma varianza. Así pues, la varianza explicada por ambas dimensiones es del 53,1%. En el Cuadro 3 se han incluido los autovalores o grado en el que cada una de las siete variables satura cada una de las dos dimensiones. En los datos de este cuadro puede observarse, primero, que todas las variables, salvo una, muestran altos grados de saturación del primer factor y, segundo, que las variables saturan con muy diversos grados la segunda de las dimensiones. El primer hecho puede interpretarse en el sentido de que, en efecto, existe una dimensión subyacente a todas las variables. El hecho de que las dos variables referidas a la homogeneidad lingüística sean las que más saturen la segunda dimensión (0,628 y -0,509) nos indica la existencia de un factor subyacente que discrimina según la naturaleza del elemento cultural considerado. Ahora bien, la interpretación teórica de ambos factores se pone de manifiesto con mucha mayor claridad en el Gráfico 2, gráfico en el que están representadas las puntuaciones medias que obtienen en cada uno de los factores el conjunto de entrevistados que han elegido una determinada categoría de respuesta. Analizando las posiciones de estas categorías, podemos concluir que la primera dimensión (eje horizontal) puede interpretarse como una medida del grado de valoración de la uniformidad o de la diversidad cultural La segunda dimensión constituye una media del tipo de valoración mono o multiculturalista que realizan los entrevistados. Centro de Estudios Andaluces 20 Gráfico 2. Grado y Tipo de valoración mono y multiculturalista. (Puntuación de las categorías). 2,01,51,00,50,0-0,5-1,0-1,5-2,0 Multiculturalismo Monoculturalismo 2,0 1,5 1,0 0,5 0,0 -0,5 -1,0 -1,5 -2,0 Pragmatismo Esencialismo Disagree strongly Disagree Neither agree nor disagree Agree Agree strongly Disagree strongly Disagree Neither agree nor disagree Agree Agree strongly Disagree strongly Disagree Neither agree nor disagree Agree Agree strongly 11 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 11 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 11 10 9 8 76 5 4 3 1 11 10 9 8 76 54 32 1 Diferentes religiones Misma lengua Mismo modo de vida Hablar el idioma Inmigr. enriquece cultura Mismas constumbres tradiciones De cultura cristiana Interpretamos que la Dimensión 1 se corresponde con el grado de monoculturalismo o de multiculturalismo que manifiestan los europeos respondiendo a las siete preguntas incluidas en el análisis multivariable. Proyectando la posición de las categorías de respuesta sobre el eje horizontal, veremos que en la parte derecha del gráfico se ubican las categorías de las siete variables que están asociadas a una valoración positiva de la uniformidad cultural (valores positivos de la dimensión 1). Así mismo, las categorías asociadas a la defensa y valoración positiva de la diversidad cultural se ubican Centro de Estudios Andaluces 21 en la parte izquierda del gráfico (valores negativos de la dimensión 1). Desde esta perspectiva, resulta muy interesante observar con más detalle las posiciones que ocupan en el gráfico las categorías de respuesta, pues cada una de ellas implica un grado muy diferente de mono o de multiculturalismo. Así, por ejemplo, responder que, como criterio de entrada, es muy importante (posición 11 de la escala) que el inmigrante proceda de un país de tradición cristiana equivale a un altísimo grado de monoculturalismo. Sin embargo, haber respondido estar “muy de acuerdo” en que casi todo el mundo hable la misma lengua equivale a un grado moderado de monoculturalismo. Interpretamos que la Dimensión 2 se corresponde con dos tipos de mono y de multiculturalismo que están vinculados a dos diferentes concepciones de la cultura, una pragamatista y otra esencialista. Observando la panorámica general que nos muestra el Gráfico 2, podemos comprobar la existencia de dos haces o grupos de variables. En un racimo se encontrarían las dos variables que refieren la homogeneidad lingüística y la que alude a la homogeneidad en el modo de vida. En el otro encontramos la valoración de la uniformidad de costumbres y tradiciones, la dos variables que hacen referencia a la religión y, por último, la que alude a si los extranjeros/inmigrantes enriquecen o empobrecen la cultura. Así comprobamos que, en efecto, el segundo factor discrimina según la naturaleza del elemento cultural incluido en la pregunta. Ahora nos queda interpretar el sentido de tal discriminación. En una primera aproximación teórica, podríamos decir que la defensa de la homogeneidad tanto “lingüística” como de “modo de vida” deben interpretarse como indicadores de una mayor consideración de los aspectos prácticos, instrumentales y funcionales asociados al valor de la uniformidad cultural. Sin un adecuado conocimiento del mismo idioma la interacción sociofuncional entre personas resulta mucho más difícil y complicada. Por tanto, la homogeneidad lingüística puede contemplarse como un mero requisito funcional del sistema. Por otro lado, el concepto de modo de vida remite a las pautas culturales y de comportamiento tal y como aparecen en el tiempo presente de un determinado sistema social, de ahí que también pueda considerarse que la diversidad de modos de vida dificultaría funcionalmente Centro de Estudios Andaluces 28 Gráfico 3. Posicionamiento de los países europeos, según grado y tipo de valoración de la uniformidad cultural. 1,00,80,60,40,20,0-0,2-0,4-0,6-0,8-1,0 Multiculturalismo Monoculturalismo 1,0 0,8 0,6 0,4 0,2 0,0 -0,2 -0,4 -0,6 -0,8 -1,0 Pragmatista Esencialista Eslovenia Suecia Portugal Polonia Holanda Luxemburgo Italia Irlanda Hungría Grecia Reino Unido Francia Finlandia España Dinamarca Alemania Rep. Checa Bélgica Austria Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. Proyectando las posiciones de cada país sobre el eje horizontal, comprobamos que Suecia (-0,42) es el país con mayor grado de valoración del multiculturalismo, mientras que Grecia (0,87) constituye el país con la mayor valoración del monoculturalismo, una valoración próxima al “1,0”, lo que significa que, por término medio, los griegos tienen un perfil de respuestas parecido al tipo “muy monocultural” expuesto en el Cuadro 5. Las diferencias nacionales en el grado de pragmatismo o esencialismo a la hora de concebir la cultura también son reseñables. Vemos que en la parte superior del gráfico (polo esencialista) se ubican un conjunto de países, como Portugal, Italia, Polonia, España e Irlanda, caracterizados por una fuerte tradición católica. Si bien comparten una concepción esencialista de la cultura, su grado de multiculturalismo es muy diverso. Observando sus posiciones relativas, puede Centro de Estudios Andaluces 29 decirse que, en el contexto de los países católicos, un mayor grado de esencialismo parece estar correlacionado un grado mayor de monoculturalismo. A este respecto vemos que España ocupa una posición singular, bastante diferenciada del resto, pues siendo un país católico y monoreligioso, presenta un relativamente alto grado de multiculturalismo y un relativamente bajo grado de esencialismo, lo que nos remite al intenso y rápido proceso de modernización cultural que está siguiendo el país, así como al profundo proceso de secularización que está afectando a su cultura. En la parte inferior del gráfico no se encuentra ningún país con fuerte tradición católica, salvando la excepción de Francia que, como puede verse, constituye el país con una concepción cultural más pragmatista (excluido Luxemburgo). Sin duda, el posiciomiento de los franceses puede interpretarse como el persistente reflejo de una tradición iniciada en el Siglo de las Luces, condensada culturalmente en la Ilustración y plasmada políticamente en la Revolución Francesa y en su modelo republicano. Como es bien sabido, este modelo político está íntimamente conectado al modelo de integración ciudadana que Francia aplica a los inmigrantes, modelo en el que apenas existen políticas de reconocimiento a ninguna comunidad cultural. Así, la concepción pragmatista de la cultura puede entenderse en el marco de este complejo político-cultural típicamente francés, y típicamente “moderno” y “europeo”. Desde una perspectiva ilustrada y moderna, la cultura no contiene una esencia inalterable que se perpetúa a través del tiempo por medio de las costumbres, las tradiciones y la religión, sino que constituye el concreto y particular despliegue de un modo de vida que los individuos acuerdan mediante un contrato social actualizado permanentemente en el marco de la legalidad democrática y de la interacción social de individuos libres e iguales entre sí. La negación de los derechos colectivos y comunitarios forma también parte de este ethos cultural, alejado de supuestas esencias colectivas que puedan imponerse a la libre y actual decisión de los individuos. En el gráfico, la posición de Francia forma una especie de conglomerado con otros dos países, Holanda y Alemania. Pese a la diferente naturaleza de la inmigración en Francia y Alemania, y pese a sus diferentes tradiciones Centro de Estudios Andaluces 30 culturales, la población de ambos países parece compartir una misma concepción de la cultura y un mismo grado de monoculturalismo. En ningún caso presentan un alto grado de multiculturalismo, y en todos ellos su concepción de la cultura es bastante pragmatista, lo que explicaría su la debilidad o ausencia de adecuadas políticas de reconocimiento orientadas hacia las comunidades culturales, étnicas o identitarias. Los Estados se preocupan de integrar al inmigrante, en la medida de sus posibilidades y con muy diversos grados de éxito, en tanto ciudadano universal o en tanto trabajador, pero nunca en cuanto sujeto de cultura e identidad que ponga el peligro, mediante diversas segmentaciones sociales, el universalismo desde el que opera el Estado. A este respecto, la posición del Reino Unido difiere sensiblemente, de ahí que ocupe una posición central en el gráfico. Su grado de multiculturalismo es similar al de Francia o al de Alemania, pero su concepción de la cultura se orienta más hacia el esencialismo. De ahí que en el modelo de integración del Reino Unido exista cierto lugar para el reconocimiento de la diversidad cultural tal y como puede manifestarse colectivamente en su vertebración comunitaria, étnica o identitaria. 4. Posicionamiento ideológico y multiculturalismo. Desde la perspectiva del multiculturalismo del miedo, defendida por Jacob T. Levy, es evidente que los mayores peligros para una coexistencia multicultural pacífica proceden de las prácticas crueles y/o humillantes que puedan llevar a cabo mayorías o minorías con el propósito de alcanzar en su seno altos grados de monoculturalidad fáctica. Suponemos que estos propósitos estarán vinculados a un alto grado de monoculturalismo normativo, esto es, a una valoración extrema de la uniformidad cultural. Tanto en la literatura académica como en los debates públicos, estos riesgos parecen estar siempre asociados, bien a algún tipo de nacionalismo xenófobo, bien a algún tipo de fundamentalismo religioso. De aquí que tenga gran interés conocer las relaciones que, en el ámbito de la opinión pública europea, puedan establecerse entre diversos posicionamientos ideológicos de la población y su grado de multi o de monoculturalismo. En concreto, estamos interesados en verificar hasta qué punto un alto grado de religiosidad está asociado con la Centro de Estudios Andaluces 31 adscripción a valores monoculturales. Con el objeto de establecer un adecuado contraste con otras importantes variables culturales, así como también de poder controlar la asociación manteniendo costantes otros posicionamientos, hemos incluido en el análisis las variables de ideología política y de nivel educativo. Inicialmente analizaremos las asociaciones bivariables y, en un momento posterior, elaboraremos un análisis multivarible. Así, según los datos, los europeos que dicen pertenecer a alguna religión muestran un grado positivo de monoculturalidad, siendo menor la monoculturalidad de quienes dicen no pertenecer a ninguna (europeos laicos). Entre los primeros, los protestantes son menos monoculturales (D1=0,10) que los católicos (D1=0,13), y ambos muchísimo menos que los ortodoxos (D1=0,79), lo que explicaría la posición de Grecia. La concepción cultural de los católicos es claramente esencialista (D2=0,26), mientras que la de los protestantes es claramente pragmática (D2=-0,23). La de los ortodoxos (D2= 0,37) es bastante más esencialista que la de los católicos. Sin embargo, la realidad es algo más compleja, pues resulta que los europeos que pertenecen al resto de religiones muestran elevadísimos índices de valoración multicultural. Este es el caso de los judíos (D1=-0,88), musulmanes (D1=-0,95), religiones del Este (D1=-0,96), otras religiones no cristianas (D1=-0,36) y otras religiones cristianas (D1=-0,20). Considerando que los grupos minoritarios tienden a instituir estructuras comunitarias con altos grados de homogeneidad cultural, estos altos índices de multiculturalismo podrían resultarnos paradójicos, al menos a primera vista. Ahora bien, estimando los grados multiculturalismo de colectivos europeos que se sienten discriminados por algún motivo, sea por motivo de su lengua (D1=- 0,76), de su étnia (D1=-0,69), de su religión (D1=-0,62), de su nacionalidad (D1=-0,42), o del color de su raza (D1=-0,29), se comprueba que todos ellos se adscriben intensamente a valores multiculturales. Una correcta interpretación empírica exige tener en cuenta que las siete preguntas incluidas en el índice toman como referencia básica el ámbito nacional, de ahí que los grupos minoritarios se expresen siempre en el mismo sentido defendiendo la multiculturalisdad en el seno de las naciones, algo que es muy distinto a Centro de Estudios Andaluces 32 defender esa misma pluralidad cultural en el interior de sus comunidades. Ahora bien, la interpretación normativa de mayor alcance social es que estos resultados constituyen una prueba irrefutable de la gran relevancia que tiene, para los grupos minoritarios o discriminados, el hecho de que las culturas nacionales o mayoritarias en las que viven se adhieran a valores multiculturales. La dialéctica entre mayorías y minorías muestra aquí uno de sus efectos más paradójicos, pues cuanto más diferente sea la cultura de una minoría, y cuanto mayor sea su homogeneidad interna, mayor será su necesidad de que imperen los valores del multiculturalismo en el contexto nacional. La relación entre minorías y multiculturalidad nos conduce al centro del problema moral implicado en el debate, lo que nos lleva a considerar la relación entre el posicionamiento ideológico de los europeos y su grado de mono o de multiculturalidad. Los tres siguientes gráficos nos muestran la relación bivariable entre, por un parte, el grado de religiosidad, la ideología política y los años de educación formal y, por otra, el grado y el tipo de valoración de la uniformidad cultural. Gráfico 4.a. Grado y tipo de valoración de la uniformidad cultural, según grado de religiosidad. Muy religioso 987654321No religioso Grado de religiosidad 0,4 0,2 0,0 -0,2 -0,4 Multiculturalismo Monculturalismo Grado de valoración Muy religioso 987654321No religioso Grado de religisoidad 0,4 0,2 0,0 -0,2 -0,4 Pragmatista Esencialista Tipo de valoración Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. Centro de Estudios Andaluces 33 Según los datos del Gráfico 4.a., podemos constatar que existe una relación positiva entre grado de religiosidad y grado de monoculturalidad. Los europeos que se ubican en el extremo laico de la escala (posiciones 0,1 y 2 de la escala) están orientados hacia la multiculturalidad, mientras que los ubicados en el extremo religioso, sobre todo los ubicados en la posición más extrema, alcanzan un elevado grado de monoculturalidad. Con respecto a su concepción cultural, los laicos resultan ser más pragmáticos, mientras que los religiosos son más esencialistas. Cabe resaltar que los laicos ubicados en la posición extrema, muestran un elevado grado de pragmatismo. Gráfico 4.b. Grado y tipo de valoración de la uniformidad cultural, según autoposicionamiento ideológico. NCNSNCDcha987654321Izda Posicionamiento político 0,5 0,2 0,0 -0,2 -0,5 Multiculturalismo Monoculturalismo Grado de valoración NCNSNCDcha987654321Izda Posicionamiento político 0,6 0,4 0,2 0,0 -0,2 -0,4 Pragmatista Esencialista Tipo de valoración Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. Según los resultados del Grafico 4.b., existe una relación positiva entre el posicionamiento ideológico de derechas y el grado de monoculturalismo. Puede destacarse el hecho de que los más izquierdistas, posición “0” de la escala, no son los más multiculturales, sino quienes se ubican en la posición “2”. En el ámbito de la derecha, la relación sí es continua, es decir, cuanto más derechista, más monocultural. Por lo que respecta a la concepción de la cultura, observamos que la relación, aunque intensa, sólo se produce en casos muy particulares. Los izquierdistas más extremos son excepcionalmente pragmáticos, mientras que los “apolíticos” son muy esencialista. Centro de Estudios Andaluces 34 Gráfico 4.c. Grado y tipo de valoración de la uniformidad cultural, según años de educación formal. 3029282726252423222120191817161514131211109876543210 Años de educación 1,0 0,5 0,0 -0,5 -1,0 Multiculturalismo Monoculturalismo Grado de valoración 3029282726252423222120191817161514131211109876543210 Años de educación 1,0 0,5 0,0 -0,5 -1,0 Pragmático Esencialista Tipo de valoración Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. Según los datos del Gráfico 4.c, existe relación positiva entre el nivel educativo de las personas y su grado de multiculturalismo4. Esta relación general no es continua, pues presenta pautas diferentes en los diferentes tramos según años de educación. Hasta los diez años de estudio el grado de monoculturalismo es prácticamente constante; entre los diez y los veinte años, el grado de multiculturalismo crece con cada año de estudio adicional; a los veinte años el grado de multiculturalismo alcanza su máximo, pero a partir de ahí permanece constante. Con respecto a la concepción de la cultura, se observa que quienes no han cursado al menos diez años de estudios son más esencialistas. A partir de los diez años cambia levemente la tendencia, alcanzando su cota máxima cuando se han cursado veinte años de estudios. Las relaciones bivariables analizadas hasta ahora entre religiosidad, ideología política, nivel educativo y grado de monoculturalidad nos han informado en qué medida los europeos laicos o religiosos, de izquierdas o de derechas, y de bajo o de alto nivel educativo se adscriben a valores monoculturales o multiculturales, y en qué medida conciben la cultura en términos pragmáticos o esencialistas. Ahora bien, en el marco de un trabajo de 4 Introducimos esta variable en el análisis por cuanto, sin ser una variable estrictamente ideológica, es sin duda una variable cultural, ya que el proceso educativo constituye proceso fundamental de socialización mediante el que se introyectan valores sociales. Centro de Estudios Andaluces 35 sociología cultural, adquiere la máxima importancia tratar de revelar las afinidades culturales que, en el sentido weberiano del término afinidad, mantengan las diversas ideologías con los valores mono o multiculturales. Esta afinidad ideológica no puede captarse mediante los análisis bivariables precedentes porque tan sólo muestran correlaciones brutas que, en parte, pueden ser debidas al efecto de terceras variables. Dicho de otra manera, no podemos saber si, por poner algún ejemplo, los religiosos son más monoculturales debido a que su nivel educativo medio es menor, o si los laicos son más multiculturales, no por el hecho de ser laicos, sino debido a que los laicos son más de izquierdas. En suma, lo que nos interesa conocer es si el “laicismo”, en tanto complejo ideológico-cultural, resulta ser más afín a la multiculturalidad que el “izquierdismo” o el hecho de haber recibido más años de educación formal. En términos estadístico, esta afinidad cultural puede ser explorada aplicando análisis multivaribles que midan el efecto de cada una de las variables independientes sobre la dependiente, habiendo controlando o mantenido constante el resto de variables independientes. Por ejemplo, el efecto que tiene ser religioso o ser laico, independientemente del nivel educativo que unos y otros tengan, e independientemente de lo izquierdistas o derechistas que éstos sean. Dado que buscamos relaciones entre posiciones culturales, hemos optado por aplicar una técnica logarítmica de dependencia, apta para variables categóricas o cualitativas, conocida como Logit. La estrategia de contraste seguida para la estimación de los parámetros, que miden el efecto de cada posición ideológica en el grado de mono o de multiculturalismo, ha consistido en comparar cada una de las dos posiciones ideológicas extremas (valores 0,1,2 y valores 8,9 y 10 de la escala), con las posiciones ideológicas centrales (valores 3,4,5,6 y 7). En suma, los parámetros del modelo logit saturado que se incluyen en el Cuadro 6, nos indican hasta qué punto es más o menos probable pertenecer al tipo “muy monocultural”, o al tipo “muy multicultural”, cuando se es “izquierdista” o “derechista”, en comparación con la probabilidad de quienes Centro de Estudios Andaluces 36 ocupan la parte central de esta escala ideológica. Idéntica estrategia se aplica a las otras dos variables independientes5. Cuadro 6. Modelo logit: estimación de parámetros. Posiciones culturales Muy Monocultu ral Muy Multicultu ral Monocultu ral Esencialis ta Laico Religioso -0,095 0,330 0,548 -0,002 -0,557 0,334 Izquierda Derecha -0,210 0,843 0,521 -0,564 -0,043 0,343 E. Univ. E. Primar. -0,949 0,270 1,121 -0,844 -0,314 0,604 Laico-Izdas. -0,388 0,133 -0,314 “ -Dchas. 0,362 -0,413 0,076 Religioso- Izdas. -0,240 0,561 -0,055 “ - Dchas. -0,313 -0,157 -0,108 Laico-Univ. -0,008 -0,224 -0,165 “ -Primar. 0,301 0,215 -0,375 Religioso- Univ. 0,138 -0,148 0,001 “ - Primar. 0,229 -0,276 0,020 Izquierda- Univ. -1,696 0,514 -0,798 “ - -0,004 -0,034 -0,108 5 La estrategia de estimación de los parámetros basada en el contraste entre posiciones ideológicas extremas se justifica sociológicamente porque, en primer lugar, estos individuos suelen tener un mayor protagonismo tanto en los debates culturales como en los conflictos sociales vinculados con ellos. En segundo lugar, porque suponemos que la afinidad ideológica se manifestará de modo más evidente en estas posiciones ideológicas extremas. Centro de Estudios Andaluces 37 Primar. Derecha- Univ. 0,504 -0,573 0,492 “ - Primar. 0,134 -0,063 -0,158 Laico-Izda- Univ. 1,647 -0,246 -0,037 “ - “ - Primar 0,801 0,328 0,738 “ -Dcha- Univ. -0,180 0,122 -0,322 “ -Dcha- Primr. -0,273 0,552 0,396 Relig-Izda- Univ. 0,368 -0,125 -1,230 “ - “ - Primar 0,676 -0,034 -0,201 “ -Dcha- Univ. -0,112 0,278 0,135 “ -Dcha- Primr. -0,236 0,425 0,148 Fuente: ESS, 2002. Elaboración propia. Sin abundar más en las características de esta técnica multivariable6, expondremos sucintamente las principales conclusiones que pueden derivarse de la estimación de los parámetros univariables, es decir, los incluidos en las seis primeras filas del Cuadro 6. Considerando los efectos netos univariables de cada uno de los posicionamientos ideológicos sobre el hecho de pertenecer al tipo “muy monocultural”, que son, desde la perspectiva del multiculturarismo del miedo, los de mayor interés sociológico, comprobamos que la ideología política de derechas muestra la mayor afinidad con la defensa extrema de la 6 Una de las virtudes de los modelos logit es que no estiman sólo los parámetros univariables, sino que también calculan los efectos que se producen por la interacción de categorías pertenecientes a dos o más variables. En el cuadro 6 también se muestran estos parámetros. Centro de Estudios Andaluces 44 esencia o substancia cultural conformada intersubjetivamente a través de la historia y que, por tanto, ha de tener su referencia primordial en el pasado, en las costumbres y en las tradiciones de cada pueblo. La concepción esencialista se corresponde con la moderna idea objetiva de cultura, frente a lo que sería una idea subjetiva o subjetual de la misma (Bueno, 1996). Se corresponde con el concepto de cultura en tanto opuesto al de civilización (Lamo de Espinosa, 1995b). “Ningún individuo se ha hecho hombre por sí mismo, dice Herder, por tanto, todos los hombres se forman gracias a la ‘generación espiritual’ que llamamos educación” (Bueno,1996:58). Lamo de Espinosa sintetiza las difrencias señalando que “el contraste entre Montesquieu y Herder, como el contraste entre civilización y cultura tiene, pues, múltiples dimensiones”: el rechazo o la sublimación de las tradiciones; los derechos individuales vs. los derechos colectivos; una orientación al futuro o hacia el pasado; la tensión entre uniformización y respeto a la diversidad” (Lamo de Espinosa, 1995:40). Concepción cultural pragmática: la existencia en el individuo de un mecanismo universal, la razón-naturaleza, mediante la que los seres humanos se adaptan a las circunstancias específicas con las que tienen que enfrentarse en la vida, alude a la circunstancialidad última de cada constelación cultural, en la que no existe esencia alguna, sino más bien proyecto pragmático de desarrollo orientado desde la condición presente hacia el futuro. Para Gustavo Bueno, la idea subjetual de cultura es muy antigua y está relacionada con la paideia griega, que remite al proceso de cultivo y de aprendizaje que logra tanto transformar la “naturaleza” originaria de un individuo, como alterar su “herencia”. Mediante este proceso el individuo adquiere cultura y se convierte en una persona “culta”. La conciencia y valoración de la diversidad cultural implícitas en la obra de Montesquieu, insertas en el marco de una Razón- Naturaleza que opera pragmáticamente según la circunstancias, no entra en contradicción con el proyecto civilizador y universalista de la Ilustración francesa. “Las costumbres de otros pueblos pueden ser contrarias a las nuestras, pero esto no significa que sean contrarias a la razón, pues la naturaleza de los hombres es la misma aunque se exprese en costumbres diferentes o incluso opuestas, debido, en parte, a las diferentes condiciones en Centro de Estudios Andaluces 45 que los seres humanos tienen que desarrollar su vida” (Lamo de Espinosa, 1995:37). Las claves ideológicas descritas, así como ambas concepciones acerca de la cultura, establecen importantes matices a la hora de determinar el contenido cultural y moral de los cuatro posicionamientos básicos: monoculturalismo esencialista; monoculturalismo pragmático; multiculturalismo pragmático; y multiculturalismo esencialista. Monoculturalismo esencialista: la adscripción a este monoculturalismo extremo se corresponde con una defensa a ultranza, radical y cerrada, de la homogeneidad cultural, esto es, a un fundamentalismo cultural que observa con mucho recelo la entrada de “otros” que puedan poner en riesgo la integridad y la identidad nacional. La presencia del diferente, en sí misma, constituye una fuente de inseguridad ontológica, cultural, moral y social. El otro siempre resulta absolutamente incomprensible e ininteligible, por ello peligroso. La valoración de las otras culturas, y de la diversidad cultural en sí misma, es nula, cuando no explícitamente negativa o despreciativa. El fundamentalismo cultural, en palabras de Stolcke, invoca una concepción de la cultura contradictoriamente inspirada tanto por la tradición del universalismo ilustrado como por el romanticismo germánico que marcó gran parte del debate nacionalista durante el siglo XIX (Stolcke.1995:8). Su traducción política consiste en la aplicación de una estrategia de asimilación o integración total del otro. Desde la perspectiva de un monoculturalismo esencialista, que cosifica y objetiva nuestra cultura en sus elementos identitarios más tradicionales, la incorporación de otras tradiciones culturales a la propia supondría necesariamente, bien una degradación civilizatoria, bien una contaminación que reduce la pureza de nuestra esencia cultural. Monoculturalismo pragmático: este es un tipo de monoculturalismo moderado que no está basado en la defensa, a veces desesperada y numantina, del centro de gravedad esencial que anima y da sentido a las culturas nacionales. En este posicionamiento, la defensa de las esencias culturales permanece como telón de fondo del discurso, sin adquirir un papel ni protagonista ni Centro de Estudios Andaluces 46 relevante. Lo que importa mucho es el mantenimiento de las pautas de vida y de los modos básicos de organización social vinculados al funcionamiento de la interacción social y al logro de los desempeños del sistema. No tiene por qué presuponer la superioridad de la cultura nacional, ni apoyarse en un etnocentrismo declarado. En su orientación de política positiva, el monoculturalismo pragmático esgrime una defensa de los prerrequisitos funcionales del sistema social, en el sentido parsoniano del término. En su orientación de política negativa, la coexistencia de comunidades monoculturales diversas contiene unos riesgos de violencia, de sufrimiento y de crueldad social que hay que evitar. La posición pragmática de J. Rex, en la que el otro tiene que y debe de integrarse, por meras razones funcionales, en el modo de vida de la sociedad receptora, constituye un ejemplo de orientación monocultural funcionalista de carácter positivo. Rex combina una asimilación funcional en el ámbito de lo público, con un respeto esencialista hacia las culturas en el ámbito de lo privado. Jacob T. Levy, con su multiculturalismo del miedo, representaría la orientación negativa del monoculturalismo pragmático. Levy se centra en el desarrollo de una teoría política liberal orientada a mitigar los peligros, la violencia, la crueldad y la humillación que pueden surgir de la gestión política del contacto entre homogeneidades culturales diversas. Multiculturalismo pragmático: la adscripción a este tipo de multiculturalismo implica, en sentido general, una valoración positiva de la existencia de diversidad cultural en el seno de una sociedad nacional. Este reconocimiento implícito de las culturas no es, sin embargo, absoluto. Así, Lamo de Espinosa habla del “respeto a las identidades culturales, no como reforzamiento de su etnocentrismo, sino al contrario, como camino, más allá de la mera coexistencia, hacia la convivencia, la fertilización cruzada y el mestizaje (Lamo, 1995:18). Las dos claves del discurso multicultural pragmático son el reconocimiento del ser humano como “ser de cultura”, y la necesidad del diálogo intercultural. Este diálogo entre culturas no es sólo instrumentalmente necesario para la convivencia, sino que nos aporta la posibilidad de un aprendizaje y de un reconocimiento. También contiene un claro imperativo ético: “cuando defendemos la diversidad estamos invitando a escuchar al otro” (Jahanbegloo, 2006). Una versión diluida del multiculturalismo pragmático nos Centro de Estudios Andaluces 47 llevaría a la mera “exaltación cosmética de la diversidad cultural” (Isar, 2006:374), así como a un aprovechamiento epidérmico de las potencialidades de enriquecimiento implícitas en el diálogo intercultural. En esta versión diluida se descomponen las culturas hasta hacerlas aptas para el consumo individualista de una cosmopolitismo banal, al que hace referencia Amin aludiendo a Beck. Esto es, “mezcla e hibridación, en el ámbito de la vida cotidiana, y fundamentalmente a través de prácticas de consumo, de múltiples rasgos culturales, múltiples identidades y múltiples sentidos de identificación territorial” (Amin, 2004:8). Multiculturalismo esencialista: este tipo de multiculturalismo establece un absoluto respeto por todas las culturas y una valoración positiva de cada una de ellas en tanto producciones singulares desarrolladas históricamente por la humanidad. Comporta una exaltación no epidérmica de la esencia de cada cultura considerada sintéticamente como un todo que no admite la descomposición de sus elementos constituyentes básicos. Todas ellas cobrarían sentido y valor en función de un “centro de gravedad” esencial, según la terminología de Herder, que las define. Además, al considerar que la cultura constituye una producción necesariamente grupal, va más allá de la mera aceptación de “diferencias culturales”, llegando al pleno reconocimiento público e incluso político de cada identidad social. La pertenencia del individuo al grupo constituye un bien primario y natural que es necesario preservar. En suma, el multiculturalismo esencialista implica una concepción comunitaria y una idea objetiva, y hasta cierto punto cerrada, de las culturas. El pluricentrismo y el pluralismo moral caracterizarían en gran parte a esta posición, si bien ello no tendría que abocar necesariamente en un absoluto relativismo cultural, aunque sí en un rotundo rechazo a la aplicación de cualquier moral universalista desde la que se pretenda juzgar al resto de las culturas. Desde un multiculturalismo comunitarista, que valora las virtudes derivadas del cierre cultural, social e identitario que instituyen las comunidades, la clave de la coexistencia estaría, según Waldrom, en el establecimiento de un derecho cosmopolita (Levy, 2000:64) constituido por un conjunto de normas y leyes orientadas a regular y ordenar las interrelaciones, potencialmente cooperativas o conflictivas, entre las diversas comunidades culturales. Centro de Estudios Andaluces 48 La dialéctica social que establece el doble contraste entre nosotros/ellos y entre mayoría/minoría a la hora de definir el posicionamiento de cada individuo frente al reto de la multiculturalidad todavía hace más complejo y paradójico el campo de los discursos morales. Muchos individuos aplican a su propia cultura unos principios que en ningún caso aplicarían a una cultura ajena. Así, pueden defender la homogeneidad de la esencia cultural propia sosteniendo al mismo tiempo la destrucción de la esencia cultural ajena. Muchos individuos se adscriben a unos u a otros valores dependiendo de si forman parte de una mayoría o de una minoría. Así, pueden defender el multiculturalismo en el ámbito nacional y estar aplicando un férreo monoculturalismo en el ámbito particular de su comunidad cultural. Ahora bien, hemos de considerar seriamente que un discurso asimétrico nunca puede llegar a ser un verdadero discurso moral. El multiculturalismo, considerado como respuesta moral al reto de la multiculturalidad, debería resolver también otro dilema básico. Aquél que se cierne entre una valoración meramente pragmática y una valoración puramente esencialista de la diversidad cultural. Unas comunidades culturales extremadamente cerradas, que exijan un reconocimiento público en tanto tales, que impidan la coalescencia social y cultural de sus miembros, que preserven contra viento y marea los rasgos esenciales de su cultura, y que se orienten en exclusiva hacia el pasado y hacia la tradición, serán capaces de mantener el orden de la cultura, pero serán incapaces de establecer los cauces por los que fluya un auténtico diálogo intercultural. A la inversa, una valoración exclusivamente pragmática de la diversidad, una cultura perfectamente individualizada sin apenas sustento grupal, o totalmente abierta y descompuesta en un conjunto inconexo de rasgos, nos conduciría a un profundo proceso de vaciado cultural y, por ende, a un fútil diálogo intercultural, convertido así en mera cháchara. Entre la versión más desleída de multiculturalismo pragmático, es decir, entre el cosmopolitismo banal, y el más extremo y cerrado multiculturalismo esencialista o comunitario, deberían poder encontrarse posiciones morales intermedias en las que se establezca un Centro de Estudios Andaluces 49 profundo respeto a los seres humanos como seres de cultura y, sobre todo, un profundo respeto a los seres humanos como seres humanos. Bibliografía: Alsayyad, N. y Castells, M. (eds) (2002): ¿Europa musulmana o Euro-Islam? Política, cultura y ciudadanía en la era de la globalización, Madrid, Alianza. Beck, U. 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