Acta de la sesión pública celebrada en el Ateneo Catalán, el día 30 de diciembre de 1862
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ACTA SESION PUBLICA CELEBRADA *1) Ala) SO Ajü AiómiW) Auü 1861. BARCELONA. ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE NARCISO RAMIREZ, PASAJE ESCDDILLERS, NÚM. 4. 1863.
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. IGNACIO LLASERAYESTEVE, sobornador tío esta provincia. En la ciudad de Barcelona á los 30 dias del mes de di¬ ciembre de 1862, reunióse en sesión pública el Ateneo Cata¬ lán con objeto de adjudicar los premios ofrecidos á los au¬ tores del mejor plano arquitectónico para la construcción de casas destinadas á familias de la clase jornalera y de la mejor Memoria económica para facilitar la construcción de dichas casas y su adquisición por parte de los jornaleros; y con objeto inaugurar además las cátedras y sesiones cor¬ respondientes á1863. Abierta la sesión, el Excmo. Sr. Presidente concedió la palabra al señor secretario general D. Eduardo Gibert y Riera, quien dijo: Que cumpliendo la indicación del señor Presidente iba á leer por ausencia del autor la siguiente
RESEÑA DE LOS TRABAJOS DEL ATENEO CATALAN. Señores: La Junta Directiva, obedeciendo á una práctica ya san¬ cionada , tiene en este momento la honra de presentarse á daros cuenta del cargo que os dignasteis confiarle , y del estado del Ateneo, que, sin vanagloria, podemos llamar próspero y floreciente. Dueño el Ateneo de todos los muebles y efectos que contiene la localidad que ocupa, sostenida con decoro su vida material, cubiertos todos los gastos, atendidos todos los servicios, cuenta con el sobrante de los 32,000 reales adelantados en garantía del arriendo del edificio. Continuando la suscricion á las revistas y periódicos, aconsejando la formación de una biblioteca, disponiendo sesiones artísticas, abriendo cátedras, ofreciendo premios, ora apelando al estímulo, ora á la súplica, ha procurado la Junta Directiva por cuantos medios pudo sugerirle su
<gs( 14 )sg> les no pusieron á discusión ningún punto. La de Agricul¬ tura se propuso estudiar el ramo de guardas rurales, y tratar extensamente del apíovecliamiento de la hilaza de retama en la fabricación de tejidos y otros usos conocidos desde tiempo antiguo en varias comarcas de Cataluña, en¬ cargándose á una comisión que acerca de este último asunto presentase un dictámen. La Sección de Industria se ocupó en sentar las bases para la obtención de la estadística industrial de las cuatro provincias catalanas, empezando por la de Barcelona. Nom¬ bráronse al efecto varias comisiones, y una comisión cen¬ tral. Penden de las respectivas comisiones los dictámenes encargados acerca de la conveniencia de reformar la ley vigente sobre privilegios de invención é introducción, y acerca del proyecto de reglamento sobre establecimientos industriales peligrosos é incómodos, publicado en la Me¬ moria que la Dirección general de Agricultura, Industria y Comercio presentó al Excmo. Sr. Ministro de Fomento. Sobre ambas cuestiones piensa la Sección elevar al Go¬ bierno de S. M. una exposición razonada. Con este mismo objeto se redactó nuevamente y fué aprobado un proyecto de ley sobre propiedad industrial. Finalmente la Sección elevó al Gobierno una exposición contra la libre importa¬ ción del papel de imprimir. La Sección de Ciencias morales empleó gran número de sesiones discutiendo el dictámen sobre la extinción de la mendicidad. Tratábase de una cuestión palpitante que ocupó y ocupa la atención de las Autoridades, y en la que también tomó parte la prensa periódica. El Ateneo, al pro¬ mover esta cuestión y al discutirla con la ilustración y ca¬ lor con que lo hizo, fué el eco de todas las personas cultas, cuyos ojos quedaban continuamente lastimados al con¬ templar en las calles, en las plazas, en los paseos , la os¬ tentación de la miseria, y que no sin fundamento, temen ver expuestos á la granjeria y á la burla de los picaros los santos afectos de la compasión y de la caridad. Árduo el problema', de inmensa trascendencia en cuanto álos prin-
«8*( 15 ja#> cipios á que debían pedirse las soluciones, de no menor trascendencia en la práctica, relacionado con la política y con todo lo que mas hondamente remueve las entrañas de la sociedad, discordes los ánimos; las sesiones debían ser algún tanto agitadas, y por mucha que fuese la cortesa¬ nía de los paladines el combate no podía conservar las for¬ mas de un vano simulacro. El dictámen, impreso por acuerdo del Ateneo, leído de todos los señores socios, elogiado por la prensa, honra á la Corporación, á los señores que tomaron parte en las discusiones, y muy principalmente á la comisjon que lo propuso y al señor secretario de la Sección, que tan acerta¬ damente lo redactó. No se ha llevado el viento la voz del Ateneo, y si algún dia viésemos desaparecer de nuestra culta provincia el asqueroso borron de la mendicidad, aun cuando no se considerasen atinadas nuestras decisiones, no habrían sido inútiles nuestros esfuerzos. No en todas las sesiones ha reinado la misma animación, ni han sido tratados con el mismo interés y calor todos los asuntos. Esto no era posible, ni cabía en las condiciones de esta Corporación, cuyo fin y objeto no debemos perder nun¬ ca de vista. Ni la cuestión abstracta, ni la elevada teoría filosófica, ni la investigación erudita por muy grande que fuere su trascendencia, podrán tener en este lugar la im¬ portancia que tiene todo cuanto inmediatamente se roza con los fugitivos intereses del momento. No constituimos una universidad ni una academia. No están confiadas á nuestro cuidado las tradiciones del arte y de la ciencia. Toda nuestra misión científica se reduce al modesto trabajo de aplicación, de asimilación, de propagación. Por esto al constituirnos no se dió la preferencia al libro, sino al periódico diario y á la revista; por esto la ciencia no se desdeña de presentarse á este sitio vistiendo el sen¬ cillo traje popular, ni teme deponer su gravedad austera engalanándose con los ornamentos de la oratoria y la de¬ clamación; por esto la silla donde nos sentamos para conferenciar con nuestros compañeros no es en el rigor
<$»( 16 )*$> del sentido cátedra, ni tribuna, sino el asiento ofrecido cordialmente por una mano amiga donde venimos á apren¬ der, mas que á enseñar, dondo venimos á pagar una deuda de gratitud, de compañerismo. Y si vuestra benignidad y vuestra tolerancia, así como las del público que nos ha favorecido, no fuesen tan probadas, diria que mas bien que cátedra es el banquillo dél que rogado, é instado, cons¬ treñido, somete humildemente sus pensamientos al severo fallo de un gran jurado. Por esto consideramos la conver¬ sación familiar como uno de nuestros mas eficaces medios, y por esto no hemos cerrado las puertas del Ateneo á la distracción y al honesto pasatiempo. Pero tampoco nos ha reunido la ociosidad, y mucho me¬ nos el vano alarde de ostentación. No hemos buscado un asilo donde matar las horas, ni un espectáculo donde poner en evidencia nuestras personas y nuestrá vanidad. Mucho nos perjudicaría el tener desmedidas pretensiones científicas, y atribuirnos una misión que no nos corres¬ ponde ; pero mucho peor seria mirar á la ciencia y al arte con sobrecejo y desden, abandonar toda iniciativa, renun¬ ciar toda influencia, y extraviados por una humildad vul¬ gar, que muchas veces no es mas que la máscara del orgullo impotente, dejarnos llevar de la corriente del acaso, abandonados á la desidia, sin ser nada, sin aspirar á náda, ocupados en murmurar y zaherir, ahogando en su cuna toda noble ambición y todo generoso estímulo. En las discusiones, en las conferencias, no podemos, no debe¬ mos exigir aparato académico, ni pomposa oratoria, ni retocadas formas literarias: la observación sencilla no bebida en los libros, hija de la propia experiencia, expuesta familiarínente, puede ser tan útil para ilustrar una cues¬ tión , como el inflexible principio abstracto que intenta arrollarlo todo. Un pueblo dotado de tan buen sentido práctico como el catalan, no ha nacido para sofista ni para espadachín de la palabra. Nuestro Ateneo no debe brillar por el ruido, ni fascinar á la muchedumbre con el espec¬ táculo dramático de los combates de la pasión y del inge-
<g*( n )«$> nio. No nos ha llamado Dios por ese camino, y quizás donde algunos otros conquistan demasiado codiciados laureles, podríamos tropezar nosotros con el ridículo. Afortunadamente no nos amenaza semejante peligro. Mas bien debemos precavernos contra el peligro opuesto, no menos ocasionado que el primero,,porque son igualmen. te viciosos todos los extremos. No hay que ocultarlo: tanto en el trato social, como en todas nuestras manifestaciones así políticas como científicas, llevamos nuestro amor al fon¬ do y el desden por las formas hasta un extreiflo, que cuando mas ligeramente se nos observaba, inducia á formar una idea equivocada de nuestro carácter y de nuestra apti¬ tud científica y artística. Reputándonos tal vez egoístas y descorteses, se nos llamaba ásperos y huraños , y hasta la lengua de Ausias March y de Mosen Corella corrió nuestra fortuna, y sigue siendo víctima de tan equivoca¬ do juicio. En política no se nos consideraba mas que como un elemento de perturbación, llamábannos ingober¬ nables los que no sabían gobernarnos, y ahora mismo nuestras fábricas son reputadas como enorme roca que oprime el pecho de la nación española. No hace tanto tiempo que en el Senado y en algunos círculos literarios personajes muy sesudos y muy preciados de ver á largas distancias se manifestaban tristemente alarmados porque en Barcelona se reunían unos cuantos literatos para pre¬ miar poesías escritas en catalan; y aquellos personajes que encontraban poco menos que digna de compasión la idea de cultivar una lengua viva, rica de gloriosos prece¬ dentes históricos y literarios, aquellos conservadores que á la luz del dia así pensaban, ¡ aberración increíble ! eran los mismos que nos están aderezando la prometida lengua universal. Pues bien, alguna parte de responsabilidad nos cabe en semejantes extravíos. Nuestro desprecio por las formas ha traspasado no pocas veces los límites de lo razonable; nuestra franqueza catalana, no parecía tal á compatricios nuestros, adornados de prendas de carácter distintas de las 1 3
«8*1 18 )s§> nuestras, y que tampoco sabíamos apreciar. Algo merece fijar vuestra atención el hecho de que, siendo Barcelona la primera capital de España alumbrada por el gas, la pri¬ mera que puso á sus puertas un ferro-carril, la ciudad en que el espíritu de asociación está mas arraigado, pueda decirse que ha sido poco menos que la última en fundar un Ateneo, y la única tal vez en que una Corporación de esta naturaleza haya principiado por obrar y callar, y en la que los grandes discursos no absorvan toda su actividad. Algo significa también, el que, sin que ninguna otra ca¬ pital española pueda tacharnos de rezagados en política ni en ciencias, ni aun en bellas artes, contemos con tan es¬ casos oradores en el Parlamento y con tan pocas personas de alta influencia en la gobernación del Estado. Al contemplar los deplorables abusos de la palabra, nos espanta el nombre de orador. Se nos acomete con la pala¬ bra , y en lugar de defendernos, hacemos un gesto de mal humor, y nos encerramos en casa. Ni faltará entre noso¬ tros mismos quien, temeroso de ver convertidas en es¬ grima y exposición pública de estudiadas frases las discu¬ siones y cátedras del Ateneo, nos profetice grandes males ó cuando menos lamentable pérdida de tiempo. Pero ¿debe arredrarnos semejante temor, no del todo infundado? ¿Tan grave desgracia seria el que en este salón hiciesen algunos su aprendizaje, para presentarse algún dia armados de to¬ das armas en los grandes torneos y en los campos de bata¬ lla? Como nuestra imaginación no se extinga, como nuestro corazón no cese de latir, como no se transforme nuestra naturaleza, la elocuencia (valiéndome de la feliz expre¬ sión de uno de los primeros trágicos de la antigüedad, que por cierto vivía rodeado de sofistas), será siempre la reina de las almas. Reina que por desgracia se ha prostituido al¬ guna vez , como se prostituye la ciencia, como se prosti¬ tuye el arte, como se prostituye lo que no puede nombrar¬ se en este sitio. Procuremos, sí, que la palabra no tiranice al pensamien¬ to, que no sea enemiga de la acción; mas no arrojemos el
% <g*( 19 )*2> arma que hiere y mata, pero que también defiende. No hablemos por hablar ; mas no hagamos gala del silencio, ni virtud de la i nhabilidad, de la pereza ó del miedo. Sigamos como hasta aquí, siendo tolerantes no solo con las opiniones, sino también con las clases, con los carac¬ teres, con los gustos. No abramos jamás las puertas del Ateneo á la murmuración pretenciosa é insipiente; pero aceptemos con amor la crítica cortés y razonada. Alente¬ mos á los tímidos, solicitemos álos retraidos, obliguemos á todos con la amenidad del trato familiar y con la pru¬ dencia en los labios. Obrando de este modo es como hasta ahora ha prosperado nuestro Ateneo, y la semilla que la tierna planta ha producido, llevará mañana en grande co¬ pia los sazonados frutos que ya empezamos á recoger. Los ferro-carriles, estrechando los lazos que unen á las diversas provincias, contribuirán á rectificar muchos jui¬ cios equivocados. No es poco lo que, bajo este concepto, puede intentar el Ateneo Catalan con sus actos y con su palabra. Terminada esta lectura, el Excmo. Sr. Presidente con cedió la palabra al Sr. D. Ramón Torrents y Ricart, quien como Secretario del Jurado de Premios leyó el siguiente DICTAMEN. Dos son las partes de que consta el programa del con¬ curso extraordinario abierto por el Ateneo Catalan en 27 de diciembre del año próximo pasado. Por la primera se pregunta cómo ha de construirse una casa [de modo que sea á propósito para una familia de la clase jornalera, y por la segunda se trata de buscar los medios mas rea¬ lizables para la construcción de casas que tengan el objeto indicado y para facilitar su adquisición á las mismas fami¬ lias que las habiten. Los arquitectos y los economistas han sido llamados á dar solución á estas cuestiones.
<g»( 20 )«S» A los autores de proyectos arquitectónicos se les im¬ pusieron las condiciones de que cada casa esté des¬ tinada á la habitación de una sola familia, compren¬ diendo un espacio para patio, huerto ó jardin, y que el coste total del terreno y edificio no exceda de doce mil reales en el supuesto de que el valor del primero sea de veinte y seis reales por metro cuadrado; y en la redac¬ ción de las memorias económicas no se ha debido perder de vista la circunstancia de que las familias que hayan de habitar las casas y de consiguiente las que las hayan de adquirir han de ser precisamente de la clase jornalera. Trece son los trabajos que se han presentado; nueve proyectos arquitectónicos y cuatro memorias económicas. Los lemas de los nueve proyectos son como sigue: Al filantrópico Ateneo Catatan. Barcelona (y una señal compuesta de dos triángulos cruzados). La caridad es hija de Dios; la filantropía es engendro 'del presupuesto nacional: agüella consuela , esta ofende . Ser útil. Honor á la clase jornalera. La sencillez no excluye la lelleza. Sineproprid re grataque domo, non fit familia. En la practica esta la verdad. La disposición de la vivienda del oír ero puede contriluir d su moralización. Y los lemas de las cuatro memorias económicas son estos: La existencia de renta es la demostración de capital . Luego si hay inquilinos hay capitales. La propiedad se adquiere con el tralajo y la economía. Todos los intereses son armónicos. Lalore et parcimonid, simúl ac fldd spe, assurgam. Honrados los infrascritos con el difícil encargo de cali¬ ficar estos proyectos y memorias, tributamos ante todo un sentimiento de gratitud á cuantos han tomado parte en el concurso, y admiramos y aplaudimos ese noble es-
<£>( 21 )* 3 > tímulo y afan con que han secundado las miras dql Ate¬ neo , y se han presentado animados, no del deseo de ad¬ quirir un justo premio, no del de conquistar un legitimo título de orgullo literario, sino de otro mas puro y desinte¬ resado, del de contribuir á hacer el bien de sus semejantes. Mas de otra parte no hemos podido transigir con la severidad de la obligación que nuestro cargo nos impone. Cumple al honor y al lustre del Ateneo que todo premio que él otorgue, sea rigurosamente merecido. Bajo esta impresión hemos procedido al formar nuestro juicio, no separándonos un punto de las bases del progra¬ ma y desechando en consecuencia todo trabajo, cualquiera que sea su mérito, que no se halle exactamente ajustado á las prescripciones establecidas. Al escribir los lemas, los hemos colocado por el órden inverso del mérito relativo que, según nuestro humilde parecer, tiene cada trabajo á que el lema alude; y al pasar á indicar los motivos en que este juicio se ha fundado, lo hacemos también empezando por los trabajos inferiores, siguiendo el mismo órden de menor á mayor, y calificán¬ dolos no solo en razón de su mérito relativo, sino además cada uno según su mérito absoluto. Respecto de los proyectos arquitectónicos, desde luego los dividimos en tres grupos, de tres proyectos cada grupo. Los comprendidos en el primero se apartan de las con¬ diciones del programa, y son los que mas distantes se hallan de llenar el objeto propuesto. El designado con el lema Al filantrópico Atento Catatan, carece de condiciones higiénicas, presenta un pobre aspec¬ to y es poco feliz en la distribución interior de la casa. El del lema Barcelona, excede del presupuesto desig¬ nado y la construcción que presenta no es adaptable á nuestros usos y clima. Y el del La caridad es hija de Dios; la filantropía es engendro del presupuesto nacional : aquella consuela , esta ofende , se separa del programa, haciendo una división que no se considera conveniente entre célibes y casados, y
■ < g»( 22 )s§> además de presentar los planos incompletos, deja mucho que desear en la distribución. Los autores de los proyectos que tienen los lemas Ser útil, Honor á la dase jornalera, y La sencillez no excluye la belleza llenan las condiciones del programa; pero otros hay que resuelven el problema con mas acierto. El primero de estos tres proyectos presenta una dis¬ tribución muy aceptable y prueba que el autor conoce las construcciones que del género que nos ocupa se han hecho en países extranjeros. El Ateneo debe agradecer al autor del segundo proyec¬ to el trabajo inmenso que se ha tomado en el pensamien¬ to, y la bellajejecucion de los seis pianos presentados. Juz¬ gamos muy recomendable la distribución de sus manza¬ nas, particularmente en las casas agrupadas; pero con sentimiento hemos de señalar algunos lunares en una obra cuyo mérito dejamos al propio tiempo consignado. La dis - tribucion del interior de las habitaciones , si bien reúne buenas circunstancias, es poco económica; las piezas son reducidísimas, y ofrece inconvenientes el punto donde se hallan colocadas las aberturas: no puede aprobarse la cir¬ cunstancia que se nota, de tener que concurrir á un mismo patio muchos vecinos; y finalmente no es bastante caracte¬ rizado el aspecto de las fachadas. La del tercer proyecto de este segundo grupo, tanto en su conjunto como en algunos de sus detalles, presenta cier¬ to aspecto muy agradable y adecuado al objeto á que se destina; mas no puede decirse otro tanto respecto de la distribución interior, por ser poco cómoda, faltándole ade¬ más luz y ventilación. Los proyectos que corresponden á los lemas Sine pro - priare, grataque domo, nonJitfamilia, En la'práctica está la verdad , y La disposición de la vivienda del obrero puede contribuir á su moralización forman el tercer grupo, y pre¬ sentan indudablemente cualidades que los distinguen ven¬ tajosamente de los demás. Descendiendo á su análisis, he¬ mos encontrado en cada uno de ellos condiciones tan apre-
<g*( 23 )«S> ciables, que nos han hecho vacilar un momento para deci¬ dir á cual debíamos dar la preferencia. Sin duda alguna hubiéramos escogido el primero de los tres á no mediar un inconveniente gravísimo. .Reconoce¬ mos los prolijos estudios que bajo todos conceptos ha he¬ cho su autor; la valentía, severidad y buen método que en todo el proyecto se nota ; la manera con que se concilia la sencillez con la belleza en las fachadas, y hasta la elegan¬ cia y buena ejecución material que se observan en todos los planos. No puede negarse que la habitación del obrero, tal cual se presenta, reúne todas las condiciones de salubri¬ dad y bienestar apetecibles, y que descendiendo á detalles, vense en las plantas buen órden , regularidad y formas limpias y determinadas. Aunque el autor del proyecto no hubiese presentado mas que las dos primeras fachadas, ha sido tal el acierto con que ha sabido introducir elemen¬ tos de arquitectura árabe, aun en nuestras mas modestas construcciones, que esto solo le haria acreedor á los mayo¬ res elogios. Esto no es decir que el referido proyecto sea una obra perfecta: una crítica severa le señalaría mas de una falta, como por ejemplo, que para un obrero la habita¬ ción en general es demasiado lujosa, que las bóvedas del piso bajo pueden considerarse como innecesarias, y que la escalera, la cubierta y algún otro detalle de los edificios necesitarían modificaciones. Pero, á decir verdad, un incon¬ veniente mas grave que todos estos es el que nos ha retraí¬ do con justo motivo de elegir el proyecto del lema Sine propria re grataque domo nonfit familia como el mas dig¬ no de ser premiado. El coste del edificio, hecho con los ma¬ teriales por nosotros conocidos , según confesión del mis¬ mo autor, no bajaría de cuarenta mil reales, cantidad exor¬ bitante para esta clase de habitaciones, y que se separa enormemente de la señalada por el Ateneo; y si bien el au¬ tor asegura que con los materiales, cuya muestra ha pre¬ sentado, podría construirse dentro del presupuesto del programa, existe la imposibilidad de admitir nuevos pro¬ cedimientos de construcción, cuyos buenos resultados son todavía problemáticos.
«gt( 30 )«§> La cantidad de dos mil reales que se señala para entrar á ocupar una casa, añadida á los quince reales treinta y ocho céntimos por semana, no está al alcance de la gene¬ ralidad de nuestros jornaleros, y por consiguiente el gran número de adquirentes no pertenecería á esta clase, sino á otras que puedan contar ya con algún mayor desahogo; con lo cual no se cumple la expresa y terminante condición del programa. Este es el concepto que hemos formado de los trabajos que se nos han sometido á exámen. Si paraello nos ha fal¬ tado la copia de luces suficiente, no han dejado de animar¬ nos un instante los deseos de corresponder de un modo digno á la honrosa confianza que se nos habia dispensado. Barcelona 24 de setiembre de 1862.—El Presidente, Juan Agell.—Antonio Barran.—José de Letamendi.—Juan Tor¬ ras.—José Borrell y Monmany.—Antonio Gnsi.-José Samlly Sahat.—Francisco J?adrol.—Ramón Ferrer y Garcés.—Roblo Mild.—Ramón Torrents y Ricart , secretario. Acto continuo el Excmo. Sr. Presidente dió órden de que se abriese el pliego que contenia el nombre del autor del plano premiado y que se quemaran públicamente los demás, y abierto dicho pliego el señor Presidente leyó en alta voz el nombre de la persona premiada, proclamando como autor del plano á D. GERONIMO GRANELL. Quemados los restantes pliegos, el Excmo. Sr. Presi¬ dente concedió la palabra al Sr. D. Ramón Anglasell, Pre¬ sidente del Ateneo Catalan, quien dijo;
Señores: El acto que acaba de tener lugar señala un nuevo período en la vida del Ateneo Catalan que basta abora tiene la fortuna de contar sus años por los nuevos medios de fomento que deja establecidos. Tres son los que lleva de existencia, y cada uno de ellos ha sido inaugurado con un acto de igual naturaleza: en el primero estableció las discusiones: en el segundo abrió las clases: en el tercero instituye concursos y concede premios, y pone con ellos en acción el último de los medios de que puede disponer según los Reglamentos. Lo que han sido y continuarán siendo las discusiones y las clases, os lo ha dicho hace poco nuestro ilustrado Secretario; lo que son y lo que deben serlos concursos que abren, y los premios que conceden las corporaciones popu¬ lares, al modo del que acabamos de otorgar, voy á consig¬ narlo brevemente. Roto el sencillo y poderoso resorte del poder absoluto por el irresistible empuje de los últimos siglos , el décimo nono ha tenido que sustituirlo en el mecanismo social con otros resortes, que si bien de menor fuerza reúnen entre todos la bastante para reemplazarlo; y entre ellos no son
<&( 32 }£> los menos eficaces los constantes esfuerzos con que los par¬ ticulares contribuimos, ya directa, ya indirectamente, á la gobernación del Estado. A los medios indirectos que la iniciativa particular aporta al común acervo de las fuerzas públicas correspon¬ den los concursos y los premios de las corporaciones po¬ pulares, cuya acción comienza donde la de la ley acaba y se hace sentir mas allá del círculo de las funciones guber¬ nativas en otro de mayor alcance que abarca todas las per¬ sonas , todas las ideas, todos los sentimientos y todos los hechos humanos. Concursos y premios para estimular los estudios, los adelantos científicos, artísticos é industria¬ les; las acciones públicas y privadas grandes y heróicas, ' y las humildes, generosas y desinteresadas; los hechos ve¬ rificados , las ideas emitidas y las invenciones llevadas á término feliz; ó los hechos, las ideas y los inventos que el amor del premio inspiran, son los instituidos por aquellas corporaciones, que, sin acuerdo prévio, han llegado á constituir en los presentes tiempos un sistema completo, del cual son síntesis y última expresión los concursos y los premios de las exposiciones universales. Cuán distinto sea el carácter y varia la influencia de estos premios y de los establecidos en las sociedades anti¬ guas, aparece claro con solo compararlos. Era el poder Real en la generalidad de las sociedades el único dispensa¬ dor de grandezas y mercedes: los títulos de nobleza, las órdenes de caballería, las pensiones remuneratorias y los altos puestos públicos, entre los cuales deben contarse los que se concedian á los miembros de las corporaciones lite¬ rarias privilegiadas, constituian el codiciado tesoro que distribuian con largueza al mérito los monarcas buenos y entendidos, al favoritismo y á la adulación los malos é igno¬ rantes; casi todos solamente á los vasallos afortunados que tenian ocasión de ponerse al alcance de su vista en los campos de batalla, ó bajo los rayos del sol de la Majestad en los ricos salones de los impenetrables alcázares. En nuestros dias, aparte de la acción del Estado que popula-
<£t( 33 )o§> rizándose se ha extendido felizmente, los particulares lle¬ van los premios á nuevas y olvidadas regiones, limitando el estímulo á lo único que cabe en la esfera de su actividad, á saber: las recompensas pecuniarias y la pública esti¬ mación. Y así miéntras que los premios que el Estado continúa otorgando son todos por su carácter oficiales, y por su na¬ turaleza permanentes, siendo algunos ademas por su trans¬ misión hereditarios, por sus consecuencias motivo de en¬ vidia y resentimiento y tal vez pesada carga para los no favorecidos; los que ofrecen las corporaciones populares son simples declaraciones del mérito adquirido, títulos de crédito cuya permanencia y duración dependen de la con¬ ducta ulterior del que se ha hecho digno de ellos, recom¬ pensas eminentemente personales que tienen de grande y eficaz el ser actos de virtud pública, y manifestaciones de una idea civilizadora de algunos ciudadanos que, sin age¬ no perjuicio, premian las virtudes públicas y las ideas ci¬ vilizadoras de otros ciudadanos; siendo al propio tiempo el medio que emplea nuestro siglo para proclamar la distin¬ ción del mérito sin menoscabo de la igualdad, para levan¬ tar la aristocracia olvidada del talento del seno de la misma democracia, para instituir la nobleza de la virtud al lado de la hereditaria, poniendo á la vista del pueblo los ejem¬ plos dignos de imitarse; y finalmente para dar forma á sus tendencias á personificarse en los mas virtuosos y en los mas sabios. La influencia que estos esfuerzos de todos ejercerán en la sociedad será buena ó mala según la dirección que á los concursos se imprima y la clase de estímulo que con los pre¬ mios se comunique. Si sin hacer advertencia al alto fin de los premios y al límite en que deben mantenerse, se llama á concurso lo usual y corriente; y léjos de circunscribirse á las ideas y hechos que en cada edad admira el pueblo y la religión santifica, se premian las ideas vulgares, los ade¬ lantos comunes y los sentimientos y hechos ordinarios; si
<&[ 54 )<$> la naturaleza del premio es tal que contribuya á excitar la codicia, en perjuicio y menoscabo del desinterés laudable; y premios y concursos convierten las distinciones en pre¬ cio y las inspiraciones del talento y de la virtud en mer¬ cadería, no podrán dejar de producir desastrosos efectos, porque acabarán con todas las ideas puras y con todos los sentimientos generosos. Mas si por el contrario, las corporaciones populares hacen de los concursos ocasión de que se ostenten pública¬ mente los buenos entendimientos y las raras prendas del espíritu, y establecen los premios á la manera de liga entre el interés y la virtud sin falsificarla, impulsarán á muchos á cumplir los deberes sociales que carecen de los atracti¬ vos de los deberes de familia, y á hacer aplicación de sus estudios á los intereses públicos á los que no atraen los naturales estímulos del interés privado; unirán á las cla¬ ses con los santos vínculos con que el premio enlaza al que lo otorga y al que lo recibe; acostumbrarán á los po¬ derosos á dispensar la protección que no deben negar jamás á cuantos la merecieren ; inspirarán confianza en la bondad de los hombres y en la acción bienhechora de la sociedad, combatiendo con hechos las doctrinas que des¬ carrian á muchos de los que por su talento, por sus traba¬ jos ó por sus virtudes son dignos de mejor suerte; desper¬ tarán á los ingenios dormidos; y llevarán á unos al buen camino, y darán perseverancia á otros; porque el que una sola vez ha sentido como vibra el corazón á la voz del pueblo que aclama al mas digno, cómo enno¬ blece la distinción, cómo ata el crédito, cómo obligan al hombre su propia dignidad y decoro, no .dejará sin duda de hacer todos los esfuerzos posibles para sostenerse en el puesto distinguido en que la pública opinión le hubie¬ se colocado. Esto es lo que deben ser los concursos que las socieda¬ des populares instituyen; porque así establecerán la com¬ petencia del bien sobre la competencia del mal; enlazarán el progreso material con el progreso moral; contrabalan-
«g»( 35 )$> ceando los móviles económicos con los morales, purifica¬ rán la atmósfera del estadio público, excitarán en los espíritus el amor á la gloria, la emulación y la esperanza; y empleando los premios, como dice un Jurisconsulto distinguido, ála manera de palancas que mueven á muchos con solo aplicarse á uno, dirigirán suavemente á la socíe - dad por medio de nobles estímulos, en vez de empujarla brutalmente con el aguijón de la fuerza y el innoble temor del castigo. He aquí, señores, los buenos efectos que debemos espe¬ rar de los concursos y de los premios que el Ateneo Catalan ha inaugurado en el presente año, á juzgar por el que aca¬ ba de cerrarse, que bien puede ser considerado, sin propia vanidad y lisonja, como modelo, así por el género de obras que ha provocado, como por la especie de premios que ha establecido. Un trabajo artístico de general interés que, por exigir largas vigilias en favor de los pobres jornale¬ ros, no podia ser jamás objeto de particular remunera¬ ción; un premio reducido á un título de honra de escaso valor material no son en verdad nada propios ^ara excitar ninguna pasión bastarda, ninguna mira egoísta, ningún sentimiento que no sea benévolo y desinteresado. Por esta razón no puede caber duda de que los trece opo¬ sitores que se han presentado han venido á nosotros atraídos por el amor de las clases desvalidas, por el deseo de alcan¬ zar la general estimación y por la laudable ambición de ri¬ valizar en la grande obra del adelantamiento de nuestra patria, feliz, señores, cada vez que se presenta ocasión de gozarse en las obras de tantos y tan distinguidos hijos. Permitidme pues, que, en conclusión, ya que no me es dado tomar el nombre déla patria, tome el del Ateneo para dar las gracias á cuantos han contestado á su llama¬ miento ; permitidme que dé el parabién á todos sin exclu - sion alguna; aunque dirigiéndome especialmente al ar¬ tista venturoso que ha obtenido los honores del triunfo: permitidme que felicite además en nombre de la Junta Di-
«&( 36 )«$* rectiva á los señores sócios que tomaron liberalmente la iniciativa en este concurso, y que extienda también mi fe¬ licitación á todos vosotros por el crédito que supone el número de opositores que se han presentado, y el lisonjero éxito que en este primer concurso hemos obtenido; el cual puede decirse en verdad que ha sido también para noso¬ tros un triunfo: el triunfo de nuestro desinterés, de nues¬ tro patriotismo, de nuestros buenos deseos ya de público reconocidos. Preludio es este triunfo de otros que nos esperan y que no son de difícil augurio para quien sabe que no se limitan á los concursos los medios que constantemente utilizamos con objeto de alcanzar los fines que al asociarnos nos propu¬ simos. Los que al constituir el Ateneo discurrimos y acorda* mos se enlazan, señores, en nuestras manos y unos á otros se complementan: buscamos la verdad y el bien en las dis¬ cusiones, los enseñamos en la cátedra, los premiamos en los concursos, los enaltecemos en todos nuestros actos; y nues¬ tra voz que es la voz de Cataluña inspirada por el presen¬ timiento de los dias grandes que se van acercando, nos impele á todos á marchar velozmente para salirles al en¬ cuentro. No* nos detengamos pues ; y ya que el porvenir venturoso que aguarda á nuestra patria es para esa ge¬ neración de jóvenes que levanta tan alto el nombre Cata¬ lán, aliénteles el Ateneo, y atráigales á sí, no cejando en sus tareas, sino por el contrario reanudándolas desde el instante en que la respetable Autoridad que honra todos los años con su presencia nuestra sesión inaugural, decla¬ re abiertos los trabajos del presente año . — He dicho. Acto continuo el Excmo. Sr. Presidente manifestó que quedaban inauguradas las sesiones y las clases del Ateneo Catalan correspondientes á 1863. Y levantó la sesión. El Presidente, El Secretario general, Ramón Anglasell. Eduardo Gibert y Riera.