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Los valores y las TICS en las instituciones educativas

Pariente Fragoso, José Luis

Abstract

La irrupción creciente y acelerada de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) en los ámbitos educativos de todos los niveles en el mundo actual, demandan un estudio responsable y acucioso de los efectos que tienen y pueden tener a futuro en la formación de los educandos. Su utilización, con un elevado sentido ético, es una importante tarea que deben enfrentar los responsables de las instituciones educativas, por lo que es imperioso promover modelos de gestión para las mismas que incorporen valores trascendentes como ejes centrales para su utilización. En el presente artículo se analiza el impacto de las TICs y la formación en valores como tarea impostergable en los procesos educativos contemporáneos y se señala la importancia de la utilización de modelos de toma de decisiones y de gestión que contemplan los valores como guías para su concepción y aplicación en las instituciones educativas contemporáneas.

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LOS VALORES Y LAS TICS EN LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS VALUES AND ICTs IN EDUCATIONAL INSTITUTIONS Pariente Fragoso, J. L. [email protected] Dirección General de Innovación Tecnológica (Universidad Autónoma de Tamaulipas) Resumen. La irrupción creciente y acelerada de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) en los ámbitos educativos de todos los niveles en el mundo actual, demandan un estudio responsable y acucioso de los efectos que tienen y pueden tener a futuro en la formación de los educandos. Su utilización, con un elevado sentido ético, es una importante tarea que deben enfrentar los responsables de las instituciones educativas, por lo que es imperioso promover modelos de gestión para las mismas que incorporen valores trascendentes como ejes centrales para su utilización. En el presente artículo se analiza el impacto de las TICs y la formación en valores como tarea impostergable en los procesos educativos contemporáneos y se señala la importancia de la utilización de modelos de toma de decisiones y de gestión que contemplan los valores como guías para su concepción y aplicación en las instituciones educativas contemporáneas. Palabras clave: Tecnologías de la información y la comunicación, TICs, valores, formación en valores, dirección por valores, valores y nuevas tecnologías educativas. Abstract. The increasing and intensive irruption of Information and Communications Technologies (ICTs) in the educational ambiences in all levels in the modern world demands a responsible and urgent study of the effects that they have and may have in the formation of the students in the future. Their use, with a high ethical sense, is an important task that people in charge of educational institutions must face. For this reason, it is imperious to promote models of management that incorporate transcendent values as essential parts of their use. The present article analyzed the impact of the ICTs and the formation of values as an urgent task in the educational contemporary processes, and it distinguishes the importance of the use of models of decisions and management that contemplate the values as guides for their conception and application in the educational contemporary institutions. Keywords: Information and Communications Technologies (ICTs), ITCs, values, formation in values, managing by values, values and new educational technologies. 1. Introducción. La tecnología nunca ha sido neutral, y menos aún si de asuntos educativos se trata. Para bien o para mal, pensar acerca de la supuesta neutralidad ideológica de la tecnología no deja de ser, en el mejor de los casos, una romántica ilusión, o una peligrosa candidez en el peor de los mismos. “La tecnología, a pesar de mostrarse como una instancia neutral, encarna formas de poder y autoridad, y aún en su diseño se encuentran pautas que van a ordenar la vida social de muy diferentes maneras” (Bustamante, 2001, párrafo 41). Las tecnologías, en especial las relacionadas con la informática y las telecomunicaciones, por tanto, llevan siempre consigo una carga valorativa, y cuando las utilizamos en la educación, esta carga de valores puede ser aprovechada para potenciar sus benéficos efectos, o convertirse en una maléfica y potente arma en contra de los valores trascendentes más preciados por la propia humanidad que les dio vida. Habría que recordar que, desde la aparición de la tecnología, los valores que la representan han estado simbolizados por dos poderosos personajes a los que ya hemos hecho referencia en otro documento acerca del papel de la videoconferencia –sin duda uno de los más potentes desarrollos de las TICs-, en los procesos educativos (Pariente, 2000): el señor Tecnofobia y la señorita Tecnofilia. El señor Tecnofobia siempre ha hecho gala de su liderazgo indiscutible en gayola, al frente del inmenso coro de los marginados tecnológicos, mientras que la señorita Tecnofilia, proveniente de más refinadas familias, no ha cesado de coquetear con la educación para convencerla de sus múltiples encantos. En la escena socio-cultural, la irrupción de la Tecnología siempre ha provocado que las "claques" aplaudan ruidosamente o se unan al coro de la reflicha general. El señor Tecnofobia y la señorita Tecnofilia, son, al fin y al cabo, el Juno educativo, las dos caras de la misma máscara teatral. (pág. 197). Desde mediados de la última década del siglo pasado, los partidarios de la tecnofilia han crecido sin cesar, defendiendo su postura con best-sellers como Road Ahead, de Bill Gate o Being Digital, de Nicholas Negroponte, quien, por cierto, hay que recordar que es también el principal promotor de las computadoras de cien dólares para los niños, denominadas -no sé si eufemísticamente- “computadoras de los pobres”, desarrollada por el laboratorio de medios del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT), y que fue presentada hace apenas un par de semanas, durante la Cumbre Mundial sobre Internet que se realizó en Túnez. En el otro bando, sin embargo, los amantes de la tecnofobia tienen importantes antecedentes. No hay que olvidar que los ataques en contra de la tecnología iniciaron con la destrucción de uno de los primero telares industriales, por Ned Ludd, personaje entre real y legendario, que le diera su nombre a una de las más famosas corrientes de enemigos de la tecnología, los “ludditas”, bandas de individuos organizados, enmascarados y anónimos, cuyo objetivo era destruir la maquinaria usada en la industria textil a principios del siglo XIX en Gran Bretaña. Ya en tiempos más recientes, Clifford Stoll es un buen representante de un neoluddismo electrónico, como bien demuestran los ataques que en contra de la tecnología lanzara este autor en su famoso Silicon Snake Oil en el cual “sataniza el uso de la tecnología argumentando, entre otras cosas, el tiempo valiosos que desperdicia la gente relacionándose con una máquina, en vez de utilizarlo en procesos de socialización con sus semejantes.” (Pariente, 2000, pág. 197). Nuestro actual mundo tecnologizado se ha convertido ya en la aldea global preconizada por McLuhan; en una tecnópolis, por utilizar el término acuñado por Neil Postman (1993) para describir “un estado de la cultura”. El autor lo define también como: . . . un estado de la mente. Consiste en la deificación de la tecnología, lo que significa que la cultura busca su autorización en la tecnología, encuentra su satisfacción en la tecnología y obedece las órdenes de la tecnología. Esto requiere el desarrollo de un nuevo tipo de orden social, y su necesidad conduce a la rápida disolución de mucho de lo que asociamos con las creencias tradicionales. (pág. 71). Consciente de la importancia de los valores, esta tecnópolis global ha tratado, de muy diversas formas, de regular el comportamiento de sus ciberciudadanos, proponiendo para ello desde un simple conjunto de reglas básicas para el uso de los correos electrónicos y la navegación en la red en general, denominado “netiqueta” (Shea, 1994), hasta la propuesta para la Declaración de Derechos Humanos en el Ciberespacio, de Robert B. Gelman (1997), basada en los principios que inspiran la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (Asamblea General de las Naciones Unidas de 1948), y que tiene como importante antecedente la Declaración de independencia del ciberespacio, histórico documento de John Perry Barlow, cofundador de la Electronic Frontier Foundation (Barlow, 1996), proclamado en Davos, Suiza, pasando por los innumerables códigos de ética de las asociaciones profesionales, de los cuales la Carta de APC sobre Derechos en Internet puede ser un buen ejemplo. En este último documento, elaborado por la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), en noviembre del 2002, los autores afirman textualmente que la Carta . . . ha sido desarrollada por los miembros y socios de APC durante talleres de derechos en Internet en Europa, Asia, América Latina y África. Los temas y principios esbozados expresan las visiones y objetivos de nuestra comunidad respecto al derecho de los/as ciudadanos/as y de las organizaciones a utilizar Internet libremente, especialmente en su trabajo, a favor de la justicia social, económica y del medio ambiente. (APC, 2002). La carta analiza siete grandes temas, relacionados en mayor o menor medida, con los valores más trascendentes señalados por la UNESCO, como son la verdad, la libertad, la justicia, la tolerancia, la paz, la responsabilidad y la solidaridad. Los temas contemplados son los siguientes: 1. El derecho a comunicarse 2. Libertad de expresión y de intercambio de información 3. Diversidad de contenidos, propiedad y control 4. Software libre/de fuente abierta, desarrollo de tecnología y derechos de propiedad intelectual 5. Privacidad 6. Gobierno de Internet: internacional, regional y nacional 7. Concientización, protección y ejercicio de los Derechos en Internet Cada uno de ellos tiene importantes implicaciones axiológicas, por lo que analizaremos con un poco más de detalle su impacto en una educación preocupada por la formación en valores. 1.1. La formación en valores. Es común escuchar hoy en día que tenemos crisis de valores, aunque tengo la sospecha de que la queja es inherente a todas las épocas de grandes cambios por las que ha atravesado la humanidad. Si en realidad tenemos hoy una crisis de valores, no es tanto por su presunta desaparición, como dice el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura (2004), sino, . . . por el hecho de que no alcanzamos a orientarnos en un mundo de valores a veces contradictorios y de que estamos buscando un rumbo a seguir. De ahí que la crisis por la que estamos atravesando no sea una crisis de los valores en sí, sino del sentido de éstos y de nuestra aptitud para gobernarnos y orientarnos. Pero, ¿qué son los valores y de dónde provienen? Definir los valores no es tarea sencilla, y como no es éste el propósito central de nuestro trabajo, sólo apuntaremos la conocida definición de Frondizi, en el sentido de que “son propiedades, cualidades sui generis, que poseen ciertos objetos llamados bienes” (1968, pág. 14), o la definición de Cardona Sánchez (2000, pág. 137), para quien los valores son: Convicciones aprendidas mediante experiencias significativas, relacionadas con la responsabilidad del hombre hacia sí mismo y hacia todo lo que lo rodea, en armonía con las leyes de la naturaleza. La segunda parte de la pregunta inicial, o sea, de dónde provienen los valores, tiene también numerosas respuestas; sin embargo, por su claridad y sencillez, adoptaremos para contestarla el modelo organizacional basado en la propuesta de la Dra. Joan McIver Gibson, ex-directora del Programa de Ética Científica de la Universidad de Nuevo México e ilustrado en la Figura 1. Figura nº 1. Las fuentes de los valores. Fuente: Traducido de McIver Gibson, Joan (2001, pág. 19) El modelo ilustrado implica que el tomador de decisiones debe considerar preguntas relacionadas con estas importantes variables, como podrían ejemplificar los siguientes cuestionamientos: § Legales: ¿Qué es lo que requiere la ley? § Científicas: ¿Son las explicaciones coherentes, comprensivas y simples? § Económicas: ¿Es la mejor distribución de los recursos disponibles? § Sociales: ¿Respeta esta política los valores y tradiciones de las personas o comunidades involucradas? § Estéticas: ¿Ensamblan las cosas entre ellas y funcionan de manera suave y eficiente? § Morales: ¿Se están haciendo realmente las cosas adecuadas y correctas? Una formación en valores, por tanto, debe considerar el análisis de este tipo de cuestionamientos trascendentes, preocupación que ha sido reflejada en numerosos documentos publicados por las más altas instancias internacionales. En 1996, por ejemplo, Jacques Delors presentó su conocido Informe Delors, titulado en español La educación encierra un tesoro. El principio fundamental del informe es el aserto de que la educación debe contribuir al desarrollo integral del individuo, en mente y cuerpo, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad social y valores espirituales. La formación en valores se ha convertido, desde entonces, en uno de los asuntos prioritarios en un buen número de escuelas e instituciones de educación superior, como ha sido el caso de nuestra propia universidad, que ha incorporado como una materia obligatoria para todas las carreras de licenciatura el tema de profesión y valores, con la edición de un libro específico para el curso (Amaro y Navarro, 2001) o uno de los proyectos correspondientes al Programa de Incentivos de la Secretaría de Políticas Educativas del Ministerio de Cultura y Educación de la República Argentina, finalizado en 1998 bajo el título de: “La enseñanza de la ética como tema transversal” (Basanta, 2001), por citar sólo un par de ejemplos. Sin embargo, no hay que dejar de insistir en el hecho de que una educación basada en valores no descansa en la enseñanza de materias específicas, aunque sea con estrategias transversales, sino en el currículum oculto, en el propio comportamiento del profesor en el aula, o de las actitudes y acciones concretas de las autoridades educativas, desde el más humilde de los puestos, hasta los cargos de mayor responsabilidad universitaria, como ya sostuvimos en un trabajo anterior, donde analizamos las implicaciones de una educación para la democracia en un sistema educativo que, como el nuestro, presenta profundas contradicciones internas en estos aspectos (Pariente, 2002). 1.2. Las TICs y la formación en valores. Los valores fundamentales de la educación –entre los que podríamos destacar la verdad, la sabiduría, el carácter, la imaginación, la creatividad o la reflexión, etc., etc.–, están siendo sustituidos de manera creciente por los valores que actualmente prevalecen en el discurso educativo oficial: certificación, estándares de calidad, empowerment, procesos de evaluación y productividad, por citar sólo algunos de los más perversos si sólo se trasladan alegremente del ámbito empresarial al entorno educativo. Estamos llegando, incluso, a fabricar medicamentos que tratan de tomar el lugar de los valores y los sentimientos que nos diferencian de los demás seres de la creación. Ahora usamos, por ejemplo, la tecnología Ritalín, para “arreglar” los desórdenes del comportamiento de niños cuyo único problema real es la falta de atención (Monke, 2004), que pudiera ser provocada por un desfase inadecuado entre los requerimientos de los menores y el diseño de los modelos educativos utilizados actualmente, que no contemplan los niveles de atención y la velocidad de respuesta a las que las TICs ya han acostumbrado al nuestros jóvenes escolares. Los valores en la ciencia y la tecnología, por otro lado, tienen que ver, como argumenta Nicholás Resher (1999), en su libro Razón y valores en la era científico-tecnológica, con una serie de consideraciones que, si bien no discrepan con las educativas, sí presentan variaciones importantes de tomar en cuenta para su aplicación, ya que se derivan, de acuerdo al autor, con a) los objetivos propios de la ciencia; b) los valores de la ciencia en cuanto a teoría, como pueden ser la coherencia, la consistencia, la confiabilidad o la exactitud, entre otros; c) los valores de la ciencia en cuanto a procesos de producción, relacionados con los actores mismos, como la perseverancia, la persistencia, la veracidad, la honradez intelectual o la modestia; d) y, por último, los valores de la ciencia en cuanto a aplicación. Se incluyen en este último apartado aspectos como el bienestar o la comodidad. Por otro lado, el uso creciente de las TICs en la educación presenta una tendencia irreversible para la formación de los futuros profesionales, y no hay que olvidar que estas tecnologías de la informática y las telecomunicaciones, llevan también consigo, de manera inherente, su propia carga de valores. Como ya mencionamos en otro escrito: El potencial de las altas tecnologías en la educación es una espada de dos filos: por un lado favorece la expansión del lado oscuro del capitalismo, pero por el otro permite su uso en función de la creatividad y depende de su apropiación crítica el poder trastocarse, convirtiéndose, de un mero instrumento de dominación, en un medio para hacer de este mundo una ciberdemocracia educativa global (Pariente, 2000, págs. 197-198). Esta ciberdemocracia educativa global a la que ya nos encontramos inmersos, para bien o para mal, está también preocupada por los valores por los que debe regirse. Como un ejemplo más de lo anterior, podemos citar un artículo publicado por EDUTEKA (2004), en el cual se señalan algunos de los valores ciudadanos que las TICs pueden promover, y se sugieren diversas actividades educativas que tienen como objetivos específicos promover los valores en las áreas informáticas. Cada uno de ellos va acompañado de su correspondiente definición y de los desempeños que, para evidenciarlos, deben demostrar los estudiantes al término del período lectivo. Los valores que se promueven son los siguientes: 1. Honestidad 2. Solidaridad/Generosidad 3. Tolerancia / Respeto 4. Responsabilidad 5. Perseverancia Incluso, para algunas de las nuevas opciones educativas apoyadas por las TICs, como es el caso de la educación a distancia, se han propuesto ya sistemas clasificatorios para la dimensión axiológica en esa modalidad, como puede ser el esquema desarrollado por Rodríguez Morell y otros (2004), en el que, por cierto, pueden también observarse claras implicaciones ideológicas. La creciente sujeción a las presiones ideológicas y comerciales puede contemplarse, día a día, de manera conjunta con el incremento del poder de los medios. El show de las tragedias de la vida cotidiana, se nos presenta a diario en la televisión, con una mezcla de fácil entretenimiento, muchos comerciales y dramáticas imágenes, pero la mayoría de las veces desprovisto de un análisis reflexivo y bien informado de los hechos. Una de las tecnologías más utilizadas en la educación y por tanto, con mayor posibilidad de análisis de su impacto en la misma es, sin duda, la Internet, la red de redes, como ha sido bautizada en numerosos medios. Tan importante es este tema que ha sido objeto de estudios y opiniones de las autoridades eclesiásticas de mayor nivel. Incluso, el papa Juan Pablo II le dedicó un mensaje especial en las Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En ese documento, afirmó textualmente: En una cultura que se alimenta de lo efímero, puede existir fácilmente el riesgo de considerar que lo que importa son los datos, más que los valores. Internet ofrece amplios conocimientos, pero no enseña valores; y cuando se descuidan los valores, se degrada nuestra misma humanidad, y el hombre con facilidad pierde de vista su dignidad trascendente (Juan Pablo II, 2002, inciso 4). Las nuevas tecnologías dan un importante soporte a los fenómenos de la globalización, con sus enormes posibilidades, pero también con sus lacerantes exclusiones. Internet tiene la capacidad de unir a las personas, pero también de dividirlas. La brecha digital entre los “ricos” y los “pobres” en el acceso a la información se abre cada día de manera más dramática, por no mencionar los más graves problemas de la dominación y el imperialismo cultural. Para los propósitos de nuestro trabajo, podemos tratar de clasificar y analizar, aunque sea de manera somera, algunos de los problemas de mayor impacto relacionados con los valores y el uso de las TICs en la educación. 2. La brecha digital. En la actualidad, y de acuerdo a las más recientes estadísticas de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (ITU por sus siglas en inglés), más de 888 millones de personas en el mundo tienen acceso a Internet desde sus hogares, cifra que si bien se ha incrementado con creces en la última década (de 2000 a 2005, se ha multiplicado casi ocho veces), también muestra que sólo el 14% de la población del planeta está conectada. Con base en estos datos, no puede negarse la dramática y creciente distancia entre los que pueden navegar en el ciberespacio y los marginados digitales, en especial en nuestro propio continente o en lugares como África, que sólo reporta el 1.4% de los cibernautas mundiales, como puede observarse en la Figura 2. Figura nº 2. Distribución de los cibernautas mundiales. Fuente: Unión Internacional de las Telecomunicaciones Sin embargo, es importante recalcar que no sólo la brecha económica entre los países sigue creciendo, sino que también lo siguen haciendo, en parte derivada de estos mismos factores monetarios, las brechas técnicas, las sociales y las culturales, entre las que se encuentran, por ejemplo, las relacionadas con las cuestiones de género y el restringido acceso de las mujeres a estas tecnologías en numerosos países del mundo. Otra brecha quizás no tan estudiada es el analfabetismo informático, que se presenta, incluso, entre los que tienen las posibilidades económicas de contar con las tecnologías más avanzadas. El analfabetismo en este mundo globalizado no es ya sólo funcional o idiomático, sino también informático. Ya sea por pereza, desidia o “temores” mal fundados, los ágrafos informáticos ocupan un importante lugar entre las capas de los de mayor edad y, a menudo, de buen estatus económico en numerosos países del mundo. 3. Valores culturales. Los valores culturales, entre los cuales ocupan un importante lugar los que se refieren a las maneras de pensar acerca de las relaciones sociales, la familia, la religión y la condición humana, ocupan un lugar importante entre las preocupaciones del uso de las redes. Las consideraciones de la multiculturalidad, y en muchos casos su contraposición a lo local, es un asunto preocupante cuando las TICs promueven simulaciones de la vida real normadas por los valores y pautas de conducta impuestas por detentadores de las tecnologías que las producen, como puede ser el caso de algunos juegos interactivos muy usados por la juventud actual, los Sims, por ejemplo; o peor aún, los videojuegos Aryan Test o KZ Manager, en donde con la mayor naturalidad se puede jugar a los campos de concentración y “gasear” a los grupos étnicos considerados “inferiores”, lo que nos evoca reminiscencias de una etapa de la humanidad cuya sola mención sigue provocando horror y repulsa. Ante esta apabullante dominación cultural cobra nueva importancia el diálogo intercultural y la superación de los problemas de las lenguas en el uso de los medios tecnológicos, así como la necesidad, en nuestro caso latinoamericano, del diseño y promoción de sitios educativos en nuestro propio idioma. Sitios que promuevan tanto los valores culturales locales como los que son patrimonio de toda la humanidad. 4. La libertad de expresión La Internet se ha convertido en un gran foro en donde todas las voces tienen cabida. Los intentos por coartar la libertad de expresión en el ciberespacio se han visto frustrados en repetidas ocasiones y sólo han tenido éxito cuando los gobiernos totalitarios restringen o bloquean los accesos a los usuarios. La libertad de expresión es uno de los valores más preciados de las democracias y, como tal, uno de los que más deben exigirse en la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación, máxime cuando de su empleo para fines educativos se trata. La regulación de la red es uno de los grandes temas de debate relacionados con las TICs (Muñoz, 2000). 5. Privacidad y derecho a la intimidad. Directamente relacionado con el tema de la libertad de expresión podemos mencionar los derechos a la privacidad y la intimidad en el uso de las TICs. Sin embargo, hay que dejar bien en claro que en la actualidad no existe ninguna actividad en Internet que garantice absoluta privacidad. Todos los sistemas son vulnerables en mayor o menor medida. La única computadora segura, se dice en el medio, es la que no está encendida ni conectada. No obstante, existen numerosos programas y medidas de seguridad que pueden ayudar a preservar estos importantes valores individuales y una de las principales tareas de los responsables de la gestión de estas tecnologías, en especial en las instituciones educativas, debe ser, sin duda, la de velar porque se respeten estos Comunicaciones Sociales. Consultado en noviembre de 2005: http://www.multimedios.org/docs/d001091/ MATSUURA, K. (2004): ¿A dónde van a parar los valores? La Vanguardia. Consultado en septiembre de 2005: http://www.buzoncatolico.com/pensarymeditar/pensarymeditar098.html MCIVER, J. (2001): Deciding Values. En Perry, Frankie.The Tracks We Leave: Ethics in Healthcare Management. Health Administration Press. MONKE, L. (2004): The Human Touch. Education Next, 4(4). Consultado en octubre de 2005: http://www.educationnext.org/20044/10.html MUÑOZ MACHADO, S. (2000): La regulación de la red. Madrid: Taurus. PARIENTE FRAGOSO, J.L. (2000): Te ven o no te ven. ¿Es esa la cuestión? 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