Noticias sobre el Colegio de San Ildefonso de Manila y el desarrollo de las artes en Filipinas durante el siglo XVIII
Abstract
El Colegio de San Ildefonso, actualmente más conocido como iglesia de Santa Cruz de Manila fue una de las fundaciones más importantes de la Compañía de Jesús en el archipiélago. Su subasta tras la expulsión de la Compañía de Jesús generó una importante documentación inédita hasta el momento. De esta colección se conserva un inventario que muestra cómo muchos documentos hacían referencia a las distintas actividades artísticas y arquitectónicas promovidas por la Compañía en Filipinas, así como las relaciones mantenidas con las misiones portuguesas y francesas en China.
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Noticias sobre el Colegio de San Ildefonso de Manila y el desarrollo de las artes en Filipinas durante el siglo XVIII Pedro Luengo Gutiérrez* Resumen El Colegio de San Ildefonso, actualmente más conocido como iglesia de Santa Cruz de Manila fue una de las fundaciones más importantes de la Compañía de Jesús en el archipiélago. Su subasta tras la expulsión de la Compañía de Jesús generó una importante documentación inédita hasta el momento. De esta colección se conserva un inventario que muestra cómo muchos documentos hacían referencia a las distintas actividades artísticas y arquitectónicas promovidas por la Compañía en Filipinas, así como las relaciones mantenidas con las misiones portuguesas y francesas en China. Palabras clave Pintura, marfil, platería, textiles, fortificación, Manila. Abstract San Ildefonso Colleague of Manila, nowadays known as Santa Cruz Church was one of the most important foundation of Society of Jesus in the archipelago. It was auctioned after the sending-off of the Society out of the Spanish territories which created an important amount of data unknown until at present. In this collection a lot of documents referring to different artistic and architectonic activities promoted by the Societaty of Jesus in the Philippines have been inventoried. In addition, information about the relationships among the Jesuits in the archipelago, Portuguese and French Missions in China, can be found. Key words Painting, ivory, silver hood, textiles, fortification, Manila. * * * * * Las distintas órdenes religiosas llegadas al archipiélago fueron construyendo conventos encargados de la administración de los indios, paralelamente al ascenso demográfico sobre todo de los chinos, conocidos como sangleyes y en menor medida de japoneses. El Colegio jesuita de San Ildefonso extramuros de Manila y su iglesia de Santa Cruz forman parte de estas construcciones religiosas que se desarrollaron en los arrabales de la capital del archipiélago durante la presencia española. Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 * Becario del Programa de Formación de Profesorado Universitario en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. Dirección de correo electrónico: [email protected].
632 PEDro LUENgo gUtIérrEz Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 El barrio que se desarrollaba en sus alrededores quedaba separado de Intramuros, el barrio poblado por los españoles, por el curso del río Pasig. Su desarrollo como asentamiento de la población china dependió del ritmo con el que la economía de la urbe ascendía requiriendo mayor abastecimiento. La arquitectura jesuítica en Filipinas, y con ella otras manifestaciones artísticas vinculadas a la Compañía, ha sido ampliamente tratada por Javellana.1 Para la aproximación que realiza al caso concreto de Santa Cruz se basa en documentación de dos archivos, el Ateneo de Manila Archives [A.M.A.] y el Archivum Romanum Soecietatis Iesu [A.r.S.I.], por tanto fondos distintos a los que han sido utilizados en esta investigación, y por ello complementarios. En ella se hace uso de la documentación correspondiente a la expulsión de la Compañía de Jesús del archipiélago, un acontecimiento fundamental en la historia de los monumentos jesuíticos.2 Los archivos de los distintos conventos jesuitas de Filipinas, al igual que muchos de sus objetos de culto e incluso sus edificios, fueron debidamente inventariados antes de ser enviados a la península y dispersarse entre las colecciones de distintas instituciones. El inventario referente al Colegio de San Ildefonso se encuentra hoy en el Archivo Histórico Nacional de Madrid [A.H.N.], en su sección Códices, y supone una fuente de máxima importancia para conocer un fondo documental hasta ahora perdido.3 Su contenido no se limita a un simple inventario de legajos, sino que incluso resume el contenido de algunos documentos, salvándose de este modo gran parte de las noticias. El interés del documento aumenta cuando se tiene en cuenta que, según algunos autores, San Ildefonso contaba antes de la expulsión con lo que se llamaba el Archivo del Japón, es decir, legajos procedentes de las posesiones jesuitas portuguesas de las que habían sido expulsados con anterioridad. Actualmente este último fondo se encuentra en gran parte en la real Academia de la Historia (Madrid), por lo que la localización del inventario de San Ildefonso servirá para facilitar su contextualización.4 1 Javellana, R. B., Wood & Stone for God´s greater glory. Jesuit Art & Architecture in the Philippines, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 1991. Con un carácter más general puede consultarse De la Costa, H., The Jesuits in the Philippines (1581-1767), Cambridge-Massachusetts, Harvard University Press. Más concretamente sobre el caso de Santa Cruz se ha publicado un estudio de divulgación al que aún no se ha tenido acceso: Harper, B., Santa Cruz Church: a living heritage, Manila, Santa Cruz Parish, 2004. 2 Lorenzo García, S., La expulsión de los jesuitas de Filipinas, Alicante, Universidad de Alicante, 1999. 3 Inventario de los papeles que se ocuparon en el Colegio de San Ildefonso de la Compañía de Jesús, del pueblo de Santa Cruz, extramuros de Manila (Filipinas), en virtud de las temporalidades de dicha orden [Archivo Histórico Nacional (A.H.N.), Códices, L. 340]. 4 Schütte, J. F., El “Archivo de Japón”, Madrid, rAH, 1964.
NotICIAS SoBrE EL CoLEgIo DE SAN ILDEFoNSo DE MANILA... 633 Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 La historia del templo dedicado a Santa Cruz es mucho más conocida que la del colegio adjunto. Alrededor de 1571 parece ser que los jesuitas habían recibido la administración de la zona de Meyhaligue y Santa Cruz, lo que se reducía a un pequeño asentamiento en las riveras del rio Pasig. Los jesuitas construyeron la iglesia en 1619, teniendo a la Virgen del Pilar como devoción principal a partir de 1643, cuando llegó la imagen desde España. En 1625 el provincial de la Compañía había trasladado la residencia habitual a San Ildefonso dejando su anterior sede en Intramuros. La población según Colin era mayoritariamente china, aunque también residían en el barrio tanto indios como negros. Las distintas órdenes vieron la posibilidad que suponía para los religiosos recién llegados a un territorio tan exótico como Asia, tener un previo acercamiento a la población oriental.5 El solar donde más tarde se fundaría el convento fue adquirido de manos del presbítero Juan de Aranguren por la Compañía, representada por el hermano Pedro Martínez, el 15 de octubre de 1622 en 225 pesos.6 El mismo documento ya afirmaba que el terreno, aunque adquirido en nombre de la Provincia, no pasaría a titularidad del Colegio de Manila, sino al que había mandado fundar Alonso Fajardo de la tenza.7 Con esto puede modificarse ligeramente la información proporcionada por Javellana, que situaba la fundación del colegio el 9 de enero de 1624. A partir de este momento y durante gran parte del siglo XVII, el Colegio se afanó en la compra de tierras de labor y casas. Entre 1636 y 1639 los jesuitas se encargaron de la administración del cercano pueblo de Quiapo, tradicionalmente perteneciente al clero secular. A partir de 1645 comienza el pleito entre la iglesia secular y la Compañía por la administración de Santa Cruz. El conflicto se prolongó pasando por distintos estamentos de la jurisdicción española, recayendo repetidamente la razón en los jesuitas. Los terremotos de mediados de siglo afectarían sin duda al templo, aunque no se ha podido constatar si continuaba siendo una construcción lígnea, o si por el contrario se había renovado en cantería. 5 Sobre las relaciones entre jesuitas y China puede consultarse Mungello, D. E., The Great Encounter of China and the West, 1500-1800, Nueva York, rowman & Littlefield Publishers, Lanham, 1999. 6 El título de pertenencia fue firmado por el escribano real Juan de Cabrera y garcés. Inventario…, op. cit., A.H.N., Códices, L. 340. 7 Sobre este personaje puede consultarse Rodríguez Pérez, G., “El general Fajardo de tenza, Señor de Espinardo y gobernador de Filipinas”, Militaria, Revista de Cultura Militar, Vol. 16, 2002, pp. 165-170. La cita de la Fundación del Colegio, con fecha de 1 de junio de 1735 fue publicado en Lorenzo García, S., La expulsión…, op. cit., pp. 72 y 101.
634 PEDro LUENgo gUtIérrEz Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 En 1688 se daría comienzo a la iglesia de piedra de Santa Cruz, aunque habría que esperar hasta 1715 cuando se notificase la finalización, o quizás ampliación de este templo. Pocos son los datos que se tienen sobre el mismo hasta que en la segunda mitad del siglo XVIII el obispo Basilio Sancho de Santa Justa y rufina (1767-1787) no realizara distintas visitas en 1769, 1778 y 1783.8 De la información por ellas suministrada puede saberse que se trataba de un templo de tres naves separadas por columnas, lo que era excepcional en los arrabales de la capital.9 Adosada a una de las naves laterales se ubicaba la capilla bautismal, quizás sirviendo de base a la torre del templo, como ha podido documentarse en otros ejemplos contemporáneos filipinos. Según se desprende de esta misma documentación el colegio también estaba construido en cal y canto.10 En 1746 la Audiencia de Manila informaba al Consejo de Indias de la intención de la Compañía de Jesús de fundar un colegio de religiosos en Santa Cruz para atender a los naturales y comerciantes extranjeros que lo habitan.11 La fundación iba tomando cuerpo ante una situación interna de la Compañía muy compleja. Durante el siglo XVII se comenzaron distintas propuestas de fundación de colegios extramuros de Manila. El más antiguo sería el dedicado a San Francisco Javier o también a San Felipe en la zona sur, conocida como Bagumbayán.12 A este, conocido en muchos documentos como Colegio de japones habría que añadir el Colegio de Nuestra Señora de la Concepción, y por último el que finalmente reuniría a todos ellos, el Colegio de San Ildefonso.13 Con gran visión de futuro los jesuitas prefirieron un ámbito mucho más poblado y con mejores perspectivas económicas, antes que el baldío que debía ser el frente sur de Manila. Es posible que esta medida permitiera a los jesuitas afrontar la construcción en piedra de un nuevo colegio, lo que fecharía la obra en los años centrales del siglo. Si se da por buena esta datación, habría que plantear las distintas posibilidades de autoría a la luz de los profesionales conocidos en la ciudad en ese momento. Los jesuitas contaban con un personaje escasamente conocido como era el padre Joaquín Mezquita, 8 Archivo general de Indias (A.g.I), FILIPINAS, 622. Citado en Díaz-Trechuelo Spínola, M.ª L., Arquitectura española en Filipinas, 1565-1800, Sevilla, EEHA, 1959, pp. 280-281. 9 Luengo, P., “Notas sobre arquitectura y retablos en las iglesias de los arrabales de Manila en 1782”, Actas del III Congreso Internacional del FEIAP, zaragoza, FEIAP, 2010. 10 Aprobación del entarimado que se había hecho de la iglesia. En dos hojas en Inventario…, op. cit., f. 450 r. 11 Carta de la Audiencia sobre fundación de un colegio en Santa Cruz (8-VII-1746. A.g.I., FILIPINAS, 182, N. 12). 12 Inventario…, op. cit., ff. 1 r y 8 v. 13 Ibidem, ff. 9 r y 10 v.
NotICIAS SoBrE EL CoLEgIo DE SAN ILDEFoNSo DE MANILA... 635 Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 seguramente una mala transcripción de Mesquida, quien informó sobre la construcción de la nueva catedral en 1749 junto al ingeniero tomás de Castro y Andrade y al caballero de Santiago, Antonio Quijano.14 otro posible candidato para la atribución, en este caso algunos años más tardía, sería Juan de Uguccioni, teatino italiano encargado de dirigir la obra de la catedral manileña y bien relacionado con la Compañía de Jesús. De todas formas, el Colegio de San Ildefonso no contaba en su archivo con ningún plano de la obra, lo que parece extraño en alguien tan preparado como el italiano y sí más cercano a Mezquita, del que no se conocen obras gráficas. Además de estos dos personajes, cabe la posibilidad de que la obra fuera dirigida por un ingeniero militar como tomás de Castro o el propio Antonio Quijano, sin olvidar la potencial subasta pública de la construcción a una cuadrilla sangley, como ocurrió en otros casos contemporáneos.15 El edificio del colegio no había podido documentarse hasta el momento. Nuevas fuentes localizadas en el Archivo Histórico Nacional permiten reconstruir en cierta medida el edificio original a partir de un inventario de materiales realizado por Manuel garcía, superintendente de obras reales, tras la desaparición de la Compañía.16 Las dependencias de los jesuitas debieron tener una planta con forma de L, correspondiente a una esquina del viario, lindando en un extremo con el crucero de la iglesia, y ubicándose en el otro la casa del oidor Francisco Enríquez Villacorta.17 Las dos galerías abovedadas que formarían el Colegio, citadas en el documento como cañones, tenían dimensiones distintas y debían diferenciarse en los materiales de construcción. Para mayor facilidad a partir de ahora se hará referencia a las mismas como Galería este, entre el crucero y la esquina, y Galería norte, entre la esquina y la casa del oidor. Desgraciadamente garcía no facilita la superficie de cada una ellas, aunque este dato puede concluirse por otros medios. Se sabe que los tejados medían diecinueve y veinticinco metros de largo respectivamente. El ancho, quince y ocho metros, no resulta útil, ya que según cita el propio documento se 14 Morales, A. J., “Una catedral para Manila”, en Morales, A. J. (coord.), Filipinas: puerta de Oriente: de Legazpi a Malaspina, San Sebastián-Manila, SEACEX, 2004. 15 Incluso pudo darse la combinación de ambas como en la obra contemporánea del convento de San Francisco de las Lágrimas de Manila donde Antonio Quijano dirigió las obras efectuadas por cuadrillas sangleyes. 16 Testimonio de la tasación de la Casa primera del Colegio de San Ildefonso del pueblo de Santa Cruz, que se haya en la traza de Manila, y calle, que va del Cementerio del Convento de Agustinos Recoletos al del Colegio de Santa Potenciana hecha por Don Manuel García cabo intendente de las Obras Reales de esta Plaza tasador de ellas, y de particularidades (A.H.N. Clero, jesuitas). 17 Esta figura corresponde además con la ofrecida por un plano de la capital del ingeniero Feliciano Márquez fechada en 1767, A.g.I., MP-FILIPINAS, 51.
636 PEDro LUENgo gUtIérrEz Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 tienen en cuenta el rebase con respecto a la fachada, además del propio plano que está inclinado. Por ello se han preferido las longitudes de las vigas, aún sabiendo que son datos aproximados. Es posible que contara con más de seis metros de ancho en la nave gracias a una hilera de pilaretes en el centro. Una diferencia sustancial entre ambas galerías era sus fachadas a la calle. Probablemente era la Galería norte la que contaba con un total de cuatro balcones de gran desarrollo, mientras que la este tenía seis ventanales por su mayor longitud. Esto hace plantear la posibilidad de que las fábricas pertenecieran a etapas distintas. El informe de Manuel garcía cita además de los dos cañones, otras dependencias como la cocina, la escalera, el batalán y el aljibe, así como unas caballerizas. A priori debe considerarse que solo las dos últimas se encontraran fuera del cuerpo principal del edificio, mientras que el batalán debía tratarse de algún tipo de módulo adosado, habida cuenta de su funcionalidad. La palabra batalán, muy comúnmente utilizada en los informes sobre conventos barrocos en Filipinas, tiene un origen tagalo. Su significado según un vocabulario contemporáneo es el de descanso antes de entrar en la casa.18 Esto podría llevar a pensar en un sinónimo de portería para el caso de un convento, pero según puede desprenderse de otras descripciones, parece referirse a un pequeño espacio que comunicaba las huertas, o en este caso el jardín con el edificio. En el de San Ildefonso tenía una planta rectangular de siete metros y medio por cinco. El aljibe tenía unas dimensiones de dos metros cuadrados. El desarrollo de la arquitectura hidráulica en Manila tuvo su máxima expresión en la década de los sesenta y setenta del siglo XVIII. Los de San Ildefonso son los más antiguos documentados en la zona y en la propia descripción de garcía se evidencian las carencias que se observaban en los mismos pocas décadas más tarde. La documentación localizada permite un mejor acercamiento a un edificio que ha sido profundamente intervenido con posterioridad. Hoy día la iglesia sigue en pie, aunque muy alterada, especialmente en lo que se refiere a su fachada e interior. Las vicisitudes a la que ha sido expuesto, al igual que el resto del patrimonio filipino, lo convierten en un exponente de la historia de la ciudad más que en una estructura original de la presencia española y su interacción con la población oriental. 18 La palabra también se utiliza con un sentido menos concreto. Por ejemplo, en el mismo texto la definición de banlag es batalan donde se recogen las gallinas. De Noceda, J., Vocabulario de la lengua tagala: compuesto por varios religiosos…, Manila, p. 42.
NotICIAS SoBrE EL CoLEgIo DE SAN ILDEFoNSo DE MANILA... 637 Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 El colegio de San Ildefonso, además de uno de los edificios más sobresalientes del cinturón que rodeaba Intramuros, debe considerarse como un centro artístico de primera magnitud según puede interpretarse de nueva documentación localizada. El traslado del Procurador general de la Compañía a las instalaciones de Santa Cruz y con él la documentación generada por su cargo, ha permitido valorar su papel en el control y desarrollo de las artes en todo el archipiélago e incluso las vinculaciones con otros territorios vecinos. El archivo de San Ildefonso sería inventariado tras la expulsión de la Compañía incorporando pequeñas descripciones del contenido de cada una de las cartas. Por un lado, en contra de lo que podría parecer a priori el repertorio de informaciones va desde las obras de fortificación y defensa hasta la importación de piezas de porcelana como contenedores de chocolate o té, pasando por piezas de bronce, plata, marfil, seda, pinturas o esculturas. Por otro lado, el inventario ofrece sucintas descripciones que no permiten tratar cada uno de los ejemplos en profundidad hasta que este fondo se localice. Según parece, el Procurador solía hacerse cargo no solo de ayudar a la construcción de distintos templos de la provincia, sino que en algunos casos ha podido documentarse el envío de maestros canteros que debían Fig. 1. Manila. Iglesia de Santa Cruz. Fachada. Estado actual.
638 PEDro LUENgo gUtIérrEz Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 hacerse cargo de los materiales recogidos por la comunidad.19 Incluso en alguna ocasión el abastecimiento también corría de parte de la procuraduría, controlando los precios con respecto a la capital.20 Lo que parece generalizado es el férreo control que la Provincia hacía de cualquier obra afrontada en cualquiera de sus posesiones, fueran colegios e iglesias, o haciendas y fuertes. Ejemplos de esta circunstancia es el permiso solicitado por el Colegio Máximo de San Ignacio en Intramuros para levantar un nuevo cuarto en 1727, o poco más tarde los problemas con la reurbanización de un sector de la ciudad que afectaba al mismo colegio.21 La Provincia también participó económicamente en la construcción de algunos edificios. Por ejemplo existen partidas destinadas a la fábrica del nuevo templo de la Virgen de Antipolo en 1748.22 La imagen mariana acababa de llegar del que sería su último viaje a bordo del galeón tras más de un siglo de travesías cargadas de sentido artístico, especialmente musical.23 Lejos de la capital, en San Mateo en 1752, se permitía el gasto en la fábrica no solo de la iglesia y colegio sino también de una presa.24 Los misioneros también informaban desde las haciendas de las obras de casas y otras instalaciones.25 Más extraña en este campo de la arquitectura parece la noticia sobre la obra de la propia catedral, en la que el arzobispo Vizarrón, desde su sede mexicana ya como virrey, envía en 1738 la suma correspondiente a las vacantes del arzobispado filipino, solicitando el cabildo su uso en los reparos de la fábrica material de la citada Santa Iglesia.26 La construcción y mantenimiento de iglesias en algunos territorios de las islas suponía un problema de seguridad manifiesto. Los misioneros 19 Para el caso de la Hacienda de Payatas, en 1757 se dice: hubiera comenzado con la obra si el sangley cantero hubiera llegado. Que los materiales se hallaban prevenidos y que para la conducción de maderas necesitaba de dineros por haberse acabado los treinta y cinco pesos que tomó en Mariquina (Inventario…, op. cit., f. 78 r.). 20 Pagase a el portador de los ladrillos su conducción (ibidem, f. 77 v.). también existe documentación sobre sillares y tablillas en f. 79 r., sobre la construcción de un horno de cal en la misma obra en, f. 78 r.; sobre la compra en Manila de ladrillos de China en, ff. 105 v. y 107 v. Sobre los precios parece interesante como incluso los aserradores negociaban con la provincia para que sus trabajos fueran valorados igual que en la capital (ibidem, f. 78 v.). 21 Ibidem, f. 285 r. Carta de Ignacio Fernández, cabo superintendente de las obras reales informa de la composición de una casilla de Intramuros, f. 127 r. 22 Ibidem, f. 37 v. 23 Brillantes-Silvestre, M.ª P., “reliving the Music in the Journeys of Nuestra Señora de la Paz y Buen Viaje: Aspects and Impressions of Antipolo Baroque to twentieth-century Manila”, Musika journal, 5, Center for Ethnomusicology, Universidad de Dilima, 2009. 24 Superior orden original en que se le concede al mismo común [de Naturales del Pueblo de San Matheo] los citados residuos [de su caja de comunidad] para la composición de la iglesia, escuela, y fábrica de una presa. Enero veinte y uno de mil setecientos cincuenta y dos (Inventario…, f. 193 r.). 25 Avisándole sobre la obra, o composición de la casa de dicha hacienda, y compra de materiales que había hecho (ibidem, f. 77 r.). 26Ibidem, f. 189 r.
NotICIAS SoBrE EL CoLEgIo DE SAN ILDEFoNSo DE MANILA... 639 Artigrama, núm. 25, 2010, pp. 631-644. ISSN: 0213-1498 solían conservar un buen número de armas, que ante el desuso quedaban inservibles. El miedo llevó incluso a solicitar a la provincia la fundición de una antigua campana que sirviera para realizar armas.27 Una vez los templos se terminaban la principal necesidad era mantenerlos en pie ante distintos ataques, por lo que las solicitudes de armas y pólvora se multiplicaban.28 Un capítulo independiente merecen las obras de ingeniería y defensa delegadas por los gobernadores del archipiélago tanto a la Compañía como a los recoletos.29 El Fuerte de Nuestra Señora de la Concepción del triunfo en Misamis, hoy ozamiz city (Misamis occidental), es sin duda el que mayor interés suscitaba desde Manila. Ducos, uno de los jesuitas más cercanos a estas obras militares, sabía ofrecer al gobernador soluciones suficientes para el control de una zona estratégica.30 Igualmente enviaba información gráfica suficiente para satisfacer las exigencias de la metrópoli.31 En este sentido el gobernador Pedro Manuel de Arandía solicita en no pocas ocasiones la remisión de un dibujo para enviar a la corte, reeditando y ampliando la información ofrecida por la Relación de plazas, que llevara a la prensa su antecesor Fernando Valdés y tamón.32 Además de Misamis, el documento trata de otras obras de ingeniería en las islas. Por ejemplo, en enero de 1756 se considera necesario abordar la reconstrucción del Fuerte de tandag (Surigao), seguramente tras los ataques piratas que se alargarían hasta la década siguiente.33 En marzo de 27 Ibidem, f. 72 v. 28 En el caso de tanauan (Leyte), en mayo de 1758, se pedían pertrechos para la defensa de la iglesia, pues ya estaba dispuesta su fábrica (ibidem, f. 98 r.). En otros casos las solicitudes de campanas a la capital se completaban con otras piezas como pedreros o lantacas, fórmula joloana de referirse a las culebrinas de poco calibre (ibidem, f. 67 r.). 29 Uno de los capítulos en los que está dividido el inventario se titula: Papeles y providencias relativas al armamento del presidio de Misamis cuyos intereses corrían por cuenta del padre José Ducos religioso que era de la Compañía como encargado por el Superior gobierno de las islas Filipinas (ibidem, f. 177 r.). El estudio de las fortificaciones del archipiélago han sido abordadas recientemente en Javellana, R. B., Fortress of empire: Spanish colonial fortifications of the Philippines 1565-1898, Makati City, Bookmark, 1997. 30 Que Misamis antes era para todo y las embarcaciones que ahí se mantenían tenían lo necesario, para sus composiciones, el fuerte cuanto había menester para su obra, que se redujo a una estacada y lo que sentía era las certidumbres que había dado a la corte, pero se conformaba con que no fue el padrón para asegurar el pensamiento (Inventario…, f. 180 v.). 31 Con igual fecha acusa el recibo de dos cartas con la inscripción de la ensenada de Pangil y lo beneficioso que sería a el bien de las armas para el refugio de las embarcaciones y estorbo del corso de los moros la formación de un fuerte en la punta de Misamis y aunque para iguales deliberaciones era necesaria la figuración hecho cargo de la situación por el mapa resolvía se empezase el pensado fuerte en el paraje propuesto para lo que remitía dos mil pesos (ibidem, f. 179 r.). 32 En 1759, Pedro Manuel de Arandía informa que en cuanto a la conclusión del fuerte de Misamis todos se interesaban, pues se había noticiados a la corte. Además insiste en que no había recibido el mapa de la galeota aunque la que deseaba era el del fuerte de Misamis (ibidem, f. 182 v.). 33 Aprueba la recuperación de la fuerza de Tandag su reparo, nueva guarnición y de más necesario para su defensa (ibidem, f. 180 r.).