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El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados

Marchena Hidalgo, Rosario

Abstract

La marginalia está compuesta por aquellos temas de iluminación que no tienen relación con el discurso central ni aportan una clara intencionalidad informativa. Mayoritariamente se ubica en los márgenes del folio, de ahí su nombre, pero también se puede encontrar en el espacio central. En ella, generalmente alojados en la fronda vegetal que sirve de hilo conductor, aparecen los seres animados: animales, tanto reales, próximos o exóticos, como imaginarios, seres humanos, hombres, mujeres o putti, e híbridos en las más variadas actitudes.

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LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 EL MUNDO ANIMADO EN LA MARGINALIA DE LOS LIBROS ILUMINADOS THE MARGINALIA WORLD IN THE ILLUMINATION BOOKS rosarIo marChena hIdalgo Universidad de Sevilla, España [email protected] La marginalia está compuesta por aquellos temas de iluminación que no tienen relación con el discurso central ni aportan una clara intencionalidad informativa. Mayoritariamente se ubica en los márgenes del folio, de ahí su nombre, pero también se puede encontrar en el espacio central. En ella, generalmente alojados en la fronda vegetal que sirve de hilo conductor, aparecen los seres animados: animales, tanto reales, próximos o exóticos, como imaginarios, seres humanos, hombres, mujeres o putti, e híbridos en las más variadas actitudes. Palabras clave: Iluminación, marginalia, temática, drôlerie, babuini. Marginalia are illumination themes unrelated to main plot and they do not provide clear informative intention. Mainly located on page margins –hence its name– but on centre also can be found. Animated beings appear in this illuminations (real or exotic animals, imaginary humans, men, women, putti or hybrid). Keywords: Illumination, margialia, theme, drôlerie, babuini. En los márgenes miniados de los libros y documentos aparecen una serie de elementos completando la iluminación del folio. Tanto si tienen una relación temática con la historia principal de la página o no, han sido considerados tradicionalmente como iluminación marginal. Es su ubicación en el folio lo que le confiere ese carácter. Según esto es marginal toda miniatura que se desarrolle en el espacio periférico que envuelve la caja de escritura sea cual sea su significado. Pero lo marginal no acaba aquí pues, a veces, hay temas ocupando íntegramente el lugar central de la iluminación que nada tienen que ver con el texto al que acompañan pues son un puro relleno decorativo, es decir, su carácter marginal es claro. Un buen ejemplo es el cantoral de Santa Engracia del Monasterio Jerónimo El mundo animado en la marginalia de los libros iluminadosrosarIo MarChena hIdalgo Rosario Marchena Hidalgo62 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 de Zaragoza1 en el que un cazador con su perro persigue a un ciervo dentro de una A de cardina, troncos y flores propias del primer tercio del siglo XVI. Los elementos marginales se localizan en los bordes del folio pero también pueden estar inmersos en el tema principal, darle cuerpo a las letras capitales y situarse en las enjutas resultantes de enmarcarlas en un recuadro, por lo que únicamente su situación no es suficiente para aclarar qué es marginalia. Se hace necesario recurrir a entender su sentido. A ello se han aplicado personalidades de mucho peso que han oscilado entre lo simbólico y lo puramente ornamental. Entre los que han negado su significado concreto destaca Mâle que, aunque no se refiriera estrictamente a la iluminación, lo reiteró en muchas ocasiones2. Algunos insisten en el sentido lúdico de la marginalia, otros en que es una especie de válvula de escape, un divertimento que hace más asequible los solemnes textos a los que acompaña, no faltando quienes piensan que estos temas, generalmente los monstruosos o escabrosos, habrán sido hechos por un loco o los que intentan justificarlos a base de aplicarles las teorías freudianas. Su clasificación, que parte de Baltrusaitis y a la que dedican su atención algunos estudios recientes, siendo interesante al fijar su tipología y origen, tampoco aclara demasiado su finalidad pues los descontextualiza con lo que su vinculación con el tema principal, si la tiene, se pierde. Cada uno de estos intentos de buscar la significación de la marginalia tiene algo de razón pero no se puede dar una finalidad global a toda ella porque es de distintas épocas, de diferentes zonas con tradiciones dispares, porque se ubica en libros y documentos religiosos o profanos con objetivos específicos cada uno de ellos y porque aquellos que van a percibir la imagen poseen unos niveles culturales distintos de los que dependen que sean capaces o no de relacionarla con su significado. Pero, por encima de todo, es imposible dar un único sentido a la marginalia porque es abundantísima, variadísima y en ella caven las más diversas finalidades: puede no significar nada y estar allí por puro relleno del espacio a iluminar, por aligerar o restarle seriedad al mensaje principal con el fin de hacerlo más asequible al lector, por juego, burla, sarcasmo, para provocar escándalo o quizás ser un ejemplo moralizador, catequizador, no solo en el aspecto religioso sino también en el social y político. No se pueden considerar marginalia los temas existentes en los márgenes cuando tienen una clara relación con el principal porque aportan algún significado complementario a la narración. En el Evangeliario, iluminado por Rodrigo de León entre 1517 y 1519, en unas orlas pobladas de elementos lúdicos hay laúreas con el anagrama de Cristo, IHS, PXS, flanqueadas por angelitos, alternando 1 Museo Diocesano de Huesca, folio 4 recto. 2 MÀLE, Emile: Lárt religieuxdu XIIIe siécle en France. Etude sur l’iconographie du moyen age et sur ses sourcesd’inspiration. Paris, 1898, pp. 79 y 81. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 63 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 con el paño de la Verónica3. En las orlas del Evangeliario y Colectario Cartujano, obra de Andrés Ramírez de 1535, aparecen instrumentos de la pasión: cruz, escalera, lanza, dados (Figura 1), corona de espinas, esponja de hiel, martillo, tenazas, aguamanil y farol4. Estos elementos no pueden ser considerados marginales porque están reflejando el discurrir de la pasión de Cristo. El folio 1 vuelto del libro de coro 65 de la Catedral de Sevilla, obra del miniaturista Andrés Gutiérrez de 1529-1530, tiene una gran letra inicial que acoge la Natividad donde aparecen los personajes habituales. La narración continúa en la parte inferior de la orla con el regocijo de los pastores tras haber recibido el anuncio del nacimiento, que bailan al son de la flauta y el tamboril al pie de la Giralda. El tema no es marginal porque está contando cómo se suceden los tiempos tal como lo hiciera el relieve histórico de la antigua Roma. Tampoco la Giralda lo es porque está indicando la propiedad del libro. El tema de los danzantes no es original pues ya en el siglo XIV Jean Pucelle lo incluyó, con un sentido aparentemente lúdico, en el Breviario de Belleville5y lo vemos también en el Libro de Horas de Carlos de Angulema6, obra de Robinet Testard de 1485, si bien en ambas ocasiones el instrumento musical que acompaña al baile es la gaita. Es una muestra de cómo a un mismo tema, según tenga relación con el principal o no, se le atribuye una distinta significación. La barrera entre lo decorativo y lo significativo no siempre es tan clara. Aunque no sea muy frecuente, la iluminación principal también puede estar alojada en el margen. Este es el caso de la Anunciación que se encuentra en la orla inferior del Breviario del Obispo Montoya de hacia 14707. Tampoco se pueden considerar marginalia los escudos que aparecen en los bordes del folio porque están indicando propiedad. Así, generalmente en el lado inferior de la orla, se ven multitud de escudos de los cabildos catedrales, de órdenes religiosas, reales o nobiliarios. El mismo sentido tienen, el ser una nota de propiedad, el yugo y las flechas o las letras iniciales de los nombres Isabel y Fernando, de los márgenes de muchos de los libros y documentos realizados bajo el auspicio de los Reyes Católicos. En la fundación realizada por la reina de Castilla en 1477 para conmemorar la victoria de Toro aparece en el margen, con la clara intencionalidad de hacer presente en el documento a su marido Fernando II de Aragón, una flecha atravesando un pavo real de la orla8. Es el mismo caso 3 Biblioteca Capitular y Colombina (B.C.C.), Sevilla, 59-5-6: folios 7 r., 12 r., 12 v., 13 r, 14 r., 16 r., 17 r., 20 r., 20 v., 25 r., 31 v. y 39 v. 4 B.C.C., Vitrina 4, 53, nº 40: folios 1 v., 87 v. y 90 r. 5 Bibliothèque Nationale de France (B.N.F.), Paris, Lat. 10483-84. 6 B. N. F., Lat. 117, folio 20 v. 7 El Burgo de Osma (Soria). Cabildo Catedral. 8 Archivo Catedral de Sevilla (A.C.S.), Sección II, Mesa Capitular, Libro blanco de las Fundaciones I, folio 148 v. Rosario Marchena Hidalgo64 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 del Libro de Horas Sforza9 de hacia 1517-1521, en donde el retrato del emperador Carlos V y las cuatro K que aluden a su nombre no participan del carácter marginal, puramente decorativo, del resto de los elementos que forman la bella orla. Probablemente el ejemplo más radical de que no todo lo que está ubicado en los márgenes del folio es puramente decorativo se encuentre en la Real Cédula del Emperador y rey Carlos I y Doña Juana para que la chancillería de Granada no pudiera conocer de causas criminales de Sevilla10 pues, rodeando la figura del rey entronizado, aparecen dos virtudes, San Fernando entre San Isidoro y San Leandro, el escudo imperial con las columnas y el Plus Ultra y Santas Justa y Rufina flanqueando una supuesta representación de Sevilla, todo ello con una clara intencionalidad informativa. Así pues ni toda la marginalia se encuentra solo en los bordes del folio ni todo lo que está ubicado aquí es marginalia aunque es cierto que la mayoría de los temas marginales se alojan en las orlas. Por todo lo expuesto parece que el término marginalia se refiere a aquel tipo de iluminación que no tenga relación con el tema principal ni una clara intencionalidad informativa, esté situada en la periferia del folio o en el centro. Pese a la superioridad numérica y el mayor desarrollo espacial de los temas de enmarque, estos apenas han suscitado interés entre los estudiosos. El Libro de Horas de María de Borgoña11, anónimo, de hacia 1470-1480, tiene un número de orlas que superan con mucho sus 64 historias. El Breviario de Isabel la Católica12 del Maestro del libro de oraciones de Dresde, de Gerard David y otros, de la última década del siglo XV, tiene iluminados sus 523 folios en los que las amplias orlas aparecen envolviendo el tema principal y solas además en los 12 folios dedicados al calendario por lo que igualmente que en el caso anterior el número de márgenes supera al de historias. Esto es lo habitual. El Cantorale13, iluminado por Andrés Gutiérrez en 1511, cuenta en sus 79 folios con dos historias y siete orlas. Mucho más exagerada es la proporción existente entre las dos historias que había en origen y las 84 orlas conservadas del Evangeliario. Si se ha aludido a la marginalia en estudios puntuales ha sido con ese carácter secundario que le da el de acompañamiento del tema principal. Fue Lilian Randall, empezando la segunda mitad del siglo XX, la que dio el gran impulso al estudio de la marginalia al dedicar su atención expresamente a este aspecto de la iluminación tratando de encontrarle un significado. En España a fines del siglo XX empieza a haber un cierto interés por la marginalia en sí misma con estudios que, muy lentamente, van ocupándose de épocas o aspectos poco conocidos. 9 British Library (B. L.), London, Additional Ms. 34294, folio 213 r. 10 Archivo Municipal de Sevilla (A. M. S.), Secc. I, carpeta 5ª, nº 99. 11 Österreichische Nationalbibliothek , Viena, Codex Vindobenensis 1857. 12 B. L. Add. 18851. 13 B.C.C. 56-1-21. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 65 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Lo que falta por hacer es un estudio de libros y documentos religiosos y civiles a lo largo de todas las épocas históricas, no solamente de los primeros momentos, sino del fructífero gótico, del bastante homogéneo renacimiento y del ignorado barroco en toda la geografía española. Pero esta es una labor ardua, por la gran cantidad de material existente, costosa, por la dispersión de los fondos, y complicada, pues este material no solo se encuentra en archivos, bibliotecas y centros religiosos de relativo fácil acceso, sino que parte de él está en manos de particulares por no hablar de los que radican actualmente fuera de España. Aunque los temas sean estrictamente marginales siempre aportarán información cronológica, puesto que sus elementos, densidad y hasta color fueron cambiando con los tiempos; territorial, porque, aunque las influencias de los diferentes focos miniaturistas fueron un hecho, siempre se aprecian aspectos específicos de la zona; social; religiosa y política. Por ello su estudio es tan importante pues de él se pueden extraer multitud de datos que ilustran los aspectos citados. Además la decoración de los márgenes puede ser tan aclaratoria de una autoría como lo es el estilo de la miniatura central. Saulnier14, atribuyó un folio con la Asunción15 a Juan de Carrión basándose en la similitud del tamaño y temas decorativos de la orla con la obra de este autor en los libros corales de la catedral de Ávila y en dos hojas existentes en París16 que representan a Ocho Santos y la Crucifixión. Al miniaturista Pedro de Palma que trabaja en la Catedral de Sevilla, el Monasterio de Guadalupe y la iglesia de San Juan de Marchena en el primer tercio del siglo XVI, se le reconoce no solo por las características que aparecen en las historias, rasgos físicos de los personajes, composición..., sino por algunos elementos marginales como una cardina rizada leonada que es como su firma. El margen empieza a estar ocupado por ligeros vástagos o elementos geométricos livianos sobre los que se mueven seres animados formando escenas que arrojan un resultado poco denso. Pronto el tema vegetal, incipiente todavía, se desarrolla de forma cada vez más frondosa, sus hojas de vid o de acanto y sus troncos empiezan a alojar entre ellos a hombres, animales y seres fantásticos. Cada uno de estos elementos cumplió en el margen su papel: unos, según el tipo de libro o documento y la etapa histórica, pregonaron su simbolismo, añadiendo un significado más al folio al ejercer, quizás, un efecto moralizador; otros, trataron desde su descaro y, a veces, desvergüenza, de sorprender, divertir, escandalizar o hacer más llevadero el tedioso texto al que acompañaban y, por fin, otros, los más, aportaron su diseño y su colorido con el único fin de embellecer el espacio marginal. Todo ello se repartió de forma muy irregular según el momento y el tipo de soporte que lo acogiera: son más burlescos, más sarcásticos, más monstruosos 14 SAULNIER, Alix: “Ouvres de l’enlumineur Juan de Carrión”, Revue de l’Art 57. Paris 1982, pp. 58, note 3, y 59. 15 Trieste, colección particular. 16 École des Beaux-Arts, Paris, Masson Collection, 152 y 151. Rosario Marchena Hidalgo66 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 o, sencillamente, más desvergonzados los márgenes de los libros religiosos, principalmente los de coro pues sus amplias orlas se prestaban a ello y los de horas al acoger frecuentemente escenas populares. Son inexistentes estos temas de chirigota en las ejecutorias de hidalguía, quizás porque ya habían pasado de moda para cuando estos documentos fueron más abundantes, los siglos XVI y XVII, o quizás porque un documento oficial que tanto beneficio otorgaba a sus dueños no debía caer en lo bufonesco, lo irreal y lo monstruos ya que refrendaba una deseada y envidiable condición social y económica. Los temas marginales, aunque fueran los mismos, según se encontraran en un contexto u otro, pudieron tener un significado distinto pues en uno su oportunidad al tema principal le hacía inteligible y en otro no tuvieron esa carga simbólica pues fueron simple apropiación usada como elemento decorativo. Por ello, el análisis temático de la marginalia solo es una relación que, fuera de contexto, poco aporta al significado del folio. Su análisis hay que abordarlo considerando si complementa el sentido de la miniatura principal o si aporta datos sobre la propiedad de la obra, en cuyos dos casos no parece razonable tratarlos como temas marginales, o bien ser simplemente un elemento de relleno que puede ser bellísimo pero carente de un significado concreto. A lo largo del tiempo la temática fue variando y con ella su intencionalidad. Ya en los siglos X y XI los manuscritos hispánicos alojan animales con frecuencia perseguidos por perros, leones o guerreros armados con espada o lanza y escudo circular. En el siglo XIII los seres que habitaban los márgenes se hicieron diferentes a los de tiempos anteriores, aunque hundieran sus raíces en ellos, pues nuevos aportes, procedentes de las artes decorativas clásicas, los modificaron. Muchos de estos seres animados se mantuvieron pero su carga simbólica se resintió porque los nuevos tiempos aportaron una valoración de lo real y lo cotidiano que relegaba a un segundo plano lo ejemplificante y moralizador. Simultáneamente los ligeros márgenes anteriores se fueron densificando al acoger una flora, hojas de vid, de acanto, troncos cortados, en la que se mezclaban, quedando envueltos a veces a la manera del roleo animado clásico, una gran variedad de seres vivos tanto reales como fantásticos. El espíritu burlón, gracioso, de alguno de esos seres ha sido el causante de que al conjunto de representaciones se le haya colocado el termino francés de drôlerie al que más que la traducción de gracia o extravagancia le corresponde en español la de bufonada, algo para sorprender y provocar la risa. Pero la drôlerie va más allá del significado que le atribuye el diccionario: puede ser también sarcástica e hiriente. En la temática marginal aparecen frecuentemente monos, justificando el término babuini con que también se conoció a la drôlerie en el siglo XIV, en actitudes con frecuencia humanas quizás reflejando el conocimiento que se tenía de que estos animales encarnaban mejor que ningún otro símbolo la faceta más grotesca, más torpe, del ser humano. La mayor parte de las veces estos monos no tienen una significación especial pues aparecen junto a otros animales, caracoles, El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 67 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 pájaros, mariposas o libélulas. Pero, en ocasiones, el intento de ridiculizar al ser humano, de bajarlo de su pedestal de rey de la creación, produce ejemplares grotescos. En el libro de coro 65 de la Catedral de Sevilla, obra de Andrés Gutiérrez de 1529, un mono, vestido con un capuz y portando un báculo, que lo asimila a la jerarquía eclesiástica, otro mono, con espada, casco y escudo que se enfrenta a un tercer simio y un león que adopta el mismo papel humano ejemplifican perfecta mente lo dicho17. Todos ellos alternan con animales próximos como los gallos o exóticos como los elefantes conducidos por su cornac. Conforman, junto a la frondosa vegetación, el enmarque del folio que acoge la historia de la Resurrección con la cual podrían tener una relación temática: el gallo por simbolizar las negaciones de San Pedro, el elefante por encarnar la bondad, el bien y el león por representar la valentía. Pero más difícil es justificar el papel de dos monos jugando a ser hombres, no hombres de a pie, sino pertenecientes a la jerarquía eclesiástica y nobiliaria. El sarcasmo es evidente y no deja de sorprender lo frecuentes que son este tipo de críticas en los márgenes de los libros miniados. El nuevo estilo procedente de la escuela de Brujas-Gante, surgido a principios del último cuarto del siglo XV, llenó sus orlas, de forma muy apretada, con elementos vegetales como una ancha y rizada cardina plateada, flores cortadas, frutas, de las que las más frecuentes fueron las fresas, joyas y animales, principalmente insectos, que proyectaban sombra sobre un fondo a veces dorado. Las circunstancias económicas de Castilla y la política matrimonial de los Reyes Católicos propiciaron la llegada a la península de ejemplares de este estilo entre los que se distinguen especialmente el Breviario de Isabel la Católica y su Libro de Horas18 de Willem Vrelant, de alrededor de 1460-1480. En España el nuevo estilo tuvo una acogida espectacular y duradera. Pronto se reflejó en libros religiosos de todo tipo como el pequeñísimo Libro de Horas19 que tradicionalmente se ha dicho que perteneció a Isabel la Católica, sin más argumentos que el estilo de la escuela de Brujas y Gante, pues efectivamente en él aparecen todos los elementos habituales: flores, pavos reales, pájaros, mariposas y una cardina rizada, todo ello proyectando sombra sobre el fondo dorado. Una inmediata acogida tuvo el nuevo estilo tanto en libros religiosos como en documentos civiles. Así en la Ejecutoria de Hidalguía de Francisco Vallejo de 151620 los elementos propios de la escuela flamenca alternan con un dragón, reminiscencia del siglo XV, y una laurea que refleja ya los nuevos aires que están llegando de Italia. Los mismos temas de la escuela de Brujas-Gante aparecen también en la Sentencia Ejecutoria de Carlos V sobre la villa de Albaida de 151921. 17 Folio 39 r. 18 Biblioteca del Palacio Real (B.P.R.), Madrid, sin signatura. 19 B. C. C., vitrina. 20 Biblioteca del Museo de Bellas Artes de Sevilla (M. B. A. S.), folio 3 v. 21 A. C. S., Secc. IX, legajo 12, nº 14. Rosario Marchena Hidalgo68 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Tal fascinación causó el estilo flamenco por su brillantez, colorido y representación veraz de la realidad que nunca fue desbancado totalmente por otros llegados con posterioridad con los que convivió en las mismas orlas, siempre con un carácter puramente decorativo. El Breviario de Carlos V 22, en cuya iluminación participaron Bernardino de Canderroa, Juan Correa de Vivar y un maestro anónimo23, pese a la influencia italiana, todavía mantiene algún elemento flamenco: en el folio 1 vuelto del tomo IV la orla superior lleva la cardina gris y los troncos conviviendo en el mismo folio con temas típicamente renacentistas. Más adelante del primer cuarto del siglo XVI, fecha de ejecución de esta obra, la convivencia se va a mantener en libros y documentos tanto del reinado de Carlos V como del de su hijo según ilustra la Real Cédula de Felipe II sobre la jurisdicción y alcabalas de varias villas de la tierra de Sevilla de 1570 y otra de 157024. El prestigio de este estilo flamenco hizo que perdurase, combinado con elementos de estilos posteriores, hasta bien entrado el siglo XVII, como se ve en las Ejecutorias de Hidalguía de don Francisco de Cuenca Utrera de 1602 y en la de don Fernando de Barnuevo Amaya de 160425. Casi simultáneamente a la aparición del estilo flamenco surge el grutesco al descubrirse en Roma en 1480 la Domus Aurea que empezó a dejar sus huellas más tempranas precisamente en la marginalia de libros y documentos iluminados, nunca en el tema central que siguió ciñéndose a modelos centroeuropeos. Seres irreales, fantásticos, que participaban de naturalezas animales y vegetales, esfinges, centauros, sirenas, grifos, alternaron con híbridos y monstruos heredados del gótico. Precursor de este nuevo estilo en la península ibérica es el Salterio y Libro de Horas de Alfonso el Magnánimo26, poco anterior a 1443, en el que dos especie de centauros, híbridos con el torso humano, parte inferior del cuerpo de un extraño animal y cola vegetal, tocan instrumentos musicales para que baile un putto que está entre ellos. La temática, coincidente con la del grutesco moderno a cuya aparición le saca el libro 40 años, se debe a que al ser valenciano, y por tanto conectado políticamente con Italia, en concreto con Nápoles, le llegan en tiempos tempranos los influjos del mundo clásico. De la misma forma que la difusión del estilo flamenco de la escuela de miniaturistas de Brujas-Gante se debió fundamentalmente a los pequeños y fácilmente transportables libros de horas, el grutesco se divulgó, propiciado esta vez por la política imperialista de la corona de 22 B. R. M. E. Vitrinas 4 a 7. 23 DOCAMPO, Javier: “La importación de manuscritos iluminados y su influencia en la península ibérica” en YARZA, Joaquín (coord.), La miniatura medieval en la península ibérica. Murcia, 2007, p. 295. 24 A .M. S., Sección I, Carpeta 6ª, nº 114 y 116. 25 M. B. A. S., Biblioteca. 26 B. L., Add. 28962, folio 281. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 69 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Aragón, por las colecciones de estampas que circularon de forma abundante, por las monedas y por los libros impresos. El siglo XVI mantiene, especialmente al principio, muchos elementos del XV, cardina, roleos formados por ella, lentejuelas de oro con cilicios y muchos seres vivos adscritos todavía al mundo “moderno” aunque alternen con otros procedentes del “antiguo”. El estilo italiano se impondrá definitivamente a partir de la segunda mitad del siglo XVI, manteniendo intactos los temas anteriores, ignutti, putti, clípeos, guirnaldas de frutas, e incorporando otros, tarjas, mascarones, hermas y cartelas. Se combinaron entre ellos compartiendo folio, con frecuencia, con el longevo estilo flamenco. De la misma manera que la iluminación en general, los elementos marginales no se acabaron con el siglo XVI sino que perduraron durante el XVII y en adelante. Su temática se va conformando con la amplia herencia recibida a la que imitan cuidadosamente mostrando su convicción de que mejorarla era imposible. Si es cierto que se reduce su cantidad no por eso desaparecen totalmente, como se da por hecho sistemáticamente en todo tipo de publicaciones. No se puede admitir que las orlas dejen de realizarse con la aparición de la imprenta, que facilitaba un material mucho más barato, pues hubo libros y documentos que se siguieron haciendo a mano bien por su singularidad, como los corales, las ejecutorias y los privilegios, bien por la búsqueda de un efecto fastuoso. Los elementos que se van a sumar en el siglo XVII a los ya existentes en el último cuarto del anterior son unas cartelas con los bordes alabeados y unas hojas trilobuladas que se vuelven dejando ver su envez entre las que se alojan putti, caras y torsos humanos, mascarones y seres fantásticos variados. La evolución de la marginalia se aprecia no solo en la densidad de las orlas y en los temas que acoge sino en la cantidad y calidad del oro empleados en ellas. Prácticamente inexistente antes del siglo XV, en este momento empiezan a poblarse las orlas de lentejuelas, botones, semillas y otros pequeños elementos de oro bruñido que le dan un aire de riqueza, para ir reduciendo su uso en el siglo XVI y, sobre todo, en el XVII, en que el brillo dorado va siendo sustituido por rutilantes colores. El efecto es igualmente espectacular pero mucho más barato. De toda la decoración marginal la más abundante, la que ocupa generalmente más espacio y la que sirve de guía o soporte al resto de los temas es la vegetal: estilizados tallos, pequeñas hojas de vid, cardinas que adelgazan o engordan según el momento en que se realiza la obra, que se mueven sinuosamente o se enroscan sobre sí mismas, troncos y, sobre todo ello, flores de variados tipos que enriquecen con sus brillantes colores el verde del follaje, a lo que también colaboran algunos frutos como fresas o granadas. Estos festones vegetales fueron el hilo conductor que regulaba el resto de los elementos que formaban las orlas. Siendo este tipo de decoración marginal muy importante, no es más que el relleno en el que, a veces, va a prender la vida: animales de todo tipo, grandes o pequeños, próximos o exóticos, reales o imaginarios; seres humanos representados de Rosario Marchena Hidalgo76 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 caza del siglo XVIII están inspiradas probablemente en las que ilustraban el Libro de la Montería80. Muy repetidas también están las escenas de lucha. Pequeñas imágenes de arqueros en actitud de disparar se encuentran en el Vidal Mayor81 que contiene la recopilación de los fueros aragoneses ordenada por el obispo de Huesca Vidal de Canellas entre 1247 y 1252, aunque recientemente su datación se ha retrasado hasta muy finales del siglo XIII. Buena parte de sus miniaturas son escenas de guerra, con todo tipo de armas, espadas, lanzas, ballestas, a pie o a caballo, pero no son un tema marginal pues están ilustrando aspectos de esas normas. Muy ilustrativa es la que muestra al rey Jaime I al frente de su ejército o aquella en la que se enfrentan dos caballeros, el cristiano con lanza y el musulmán con espada82, en un momento crucial de la envestida cristiana contra el islam. No siempre las escenas de lucha son heroicas sino que el personaje aparece ridículo en su actitud o su cabalgadura mostrando lo que parece ser una crítica social. En el folio 4 de la Biblia de Scala Dei83, del tercer cuarto del siglo XIII, un hombre con una maza y un escudo redondo, cabalgando sobre un zorro, se enfrenta a un personaje grotesco. En el mismo lugar otro hombre aparece tensando un arco. En el libro de coro 3184 del Monasterio de Guadalupe un hombre con rodela y lanza cabalga al revés un cerdo. Por si fuera poco la nula prestancia de la caballería, pues probablemente no hay nada más innoble que un cerdo, el caballero monta dejando a su espalda la cabeza del animal lo que hace al grupo mucho más grotesco. No es exactamente lo que se ha llamado el “mundo al revés” pero se aproxima bastante a él. También la lucha popular tiene acogida en la marginalia como nos muestran los dos hombres que combaten a garrotazos en el Evangeliario85. De todas las actividades que pueda realizar el hombre la más castiza es la de la tauromaquia de las que hay varias en los libros de coro del siglo XVI del Monasterio de Guadalupe. En una de ellas el torero, protegiéndose el brazo izquierdo con la capa, empuña una lanza frente al toro, representando la suerte de picar a pie86. En otra, capa en el brazo izquierdo y espada, va a entrar a matar87. Comparte folio con la anterior una escena burlesca pues el torero es un niño que monta un caballito de madera representando la suerte de picar a caballo. Las 80 ARGOTE DE MOLINA, Gonzalo: Libro de la Montería, Sevilla, 1582. 81 J. Paul Getty Museum, Los Ángeles, California. 82 Folio 169 v. 83 Biblioteca del Seminario Pontificio, Tarragona, volumen I, folio 4 r. 84 Folio 1 v. 85 B.C.C., folio 10 r. 86 Libro de coro 11, folio 1 r. 87 Libro 61, folio 50 v. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 77 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 escenas de tauromaquia en los libros de coro del Monasterio de Guadalupe no acabaron en el siglo XVI pues existen ejemplos del XVIII88. Es muy poco frecuente en la marginalia española la representación de mujeres como la que hace Juan de Carrión en una hoja íntegramente iluminada que tiene como tema central a Ocho Santos89 en cuyo margen aparece un torso de mujer vestida y otras dos íntegramente desnudas cuya equívoca anatomía pretende hacerlas pasar por putti. Los anchos márgenes que rodean las miniaturas de Juan de Carrión y otros iluminadores relacionados con él se pueblan de seres humanos que, a veces, son mujeres como la que lleva de la mano a una niña quedando otro niño a su derecha de la Adoración de los Reyes Magos, o la que, tocando un pequeño instrumento de cuerda, aparece en la Piedad, ambas en un Libro de Horas de la British Library90, obras del miniaturista Amise91. En un libro de coro de la Catedral de Sevilla92 Pedro de Palma coloca en 1521 un busto femenino enmarcado por dos monstruos antropocéfalos (Figura 7). En Guadalupe, a una y otra parte de unos ángeles que sostienen el escudo del monasterio, aparece en el margen inferior de un libro del siglo XVI una escena familiar: una mujer desnuda amamanta a su hijo en el hueco de un árbol y un hombre barbado, casi desnudo, sujeta una clava93. Los personajes que, con la posición invertida, reproducen los de “La Tempestad” de Giorgione de 1508, podrían estar aludiendo a la leyenda de Genoveva de Brabante y su marido Siegfreid de Tréveris, en boga por Europa durante mucho tiempo. Las imágenes de mujeres aparecen también en otros lugares sin ser estrictamente marginales como las enjutas que resultan de encajar la letra capital en el recuadro que la aloja. En esa posición se encuentra la mujer desnuda que se mira en un espejo de mano de un coral del Monasterio de Guadalupe94. Únicamente su significación podría eximirla de ser considerada marginalia pues quizás está representando un pecado: la vanidad. En los mismos corales de este monasterio caras de mujeres, algunas bellísimas, han sido usadas para conformar las letras capitales no solo las del siglo XVI sino las del XVII y XVIII compartiendo espacio con mascarones, dragones e incluso otras cabezas humanas95. La ampliación del mundo conocido a partir del siglo XV con los viajes de los portugueses y los castellanos aportó a los temas marginales supuestas representaciones de razas diferentes, que si bien humanas, distaban mucho del grado 88 Libro de coro 73, folio 32 r. 89 École des Beaux-Arts, Paris, Masson Collection, 152. 90 B.L. Add. 5.004, folios 37 v. y 70 v. 91 BOSCH, Lynette: “Iluminación en Ávila y Segovia durante el siglo XV: los libros litúrgicos del grupo Juan de Carrión”. Archivo Español de Arte, 256, Madrid, 1991, p. 480. 92 Libro de coro 33, folio 1 v. 93 Libro de coro 27, folio 24 r. 94 Libro de coro 4, folio 58 v. 95 Libro de coro 4, folios 56 v. y 44 v. y libro de coro82 s/f. Rosario Marchena Hidalgo78 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 de civilización de que disfrutaba Europa. Muchos seres, humanos o no, reales o imaginarios, de los que habían ocupado antes las orlas fueron cayendo en el desuso y su lugar fue siendo ocupado en parte por unos salvajes peludos que manifestaban por esa característica su proximidad al mundo animal. Era el paganismo de los habitantes de las nuevas tierras recién descubiertas lo que les confería ese aire salvaje. Más que un hecho real estaban manifestando una situación espiritual. En las cartas marinas de esos momentos suelen aparecen sobre las tierras en las que supuestamente viven aunque mucho antes ya se habían representado estos inquietantes salvajes peludos en la Biblia del rey Wenceslao de Bohemia (1389- 1400). En un libro de coro de la Catedral de Granada96 un hombre y una mujer de estas características sujetan una laúrea con el escudo del arzobispo Rojas, obra de Juan de Cáceres de entre 1520 y 152397. Los dos salvajes aparecen cubiertos de pelo salvo la cara, los pies, las rodillas, los codos y, en el caso de la mujer, los pechos. Más burlesco es el salvaje peludo, quizás un mono, del Cantorale al que un gallo picotea las nalgas98. Agregan a la iluminación un toque de ternura y gracia infantil los putti, más frecuentes que los humanos adultos a partir del renacimiento. Sus pequeños cuerpecitos, blandos y redondeados, se adaptan magníficamente a todas las funciones para las que van a ser usados que son puramente decorativas. Muchas veces se representan total o parcialmente desnudos, incluso con el sexo explícito99, cumpliendo los más variados destinos: como soporte de cualquier cosa, sosteniendo escudos, laúreas o historias como la de la Anunciación del margen inferior del Breviario del Obispo Montoya, de 1470, atribuido al Maestro de Osma100, tocando instrumentos musicales como la gaita101, la corneta102 o el cuerno103, en escenas de lucha como las que los muestran con escudo redondo y espada enfrentándose a un ave104, con escudo redondo y cimitarra levantada amenazantemente105, con una ballesta106 o con una lanza cabalgando una cierva107. Presentes en los libros y 96 Ms. XIX, coral 54 (24), folio 5 r. 97 ÁLVAREZ DEL CASTILLO, María Angustias: “Los libros litúrgicos: los cantorales” en GIL MEDINA, Lázaro (coord.) El libro de la Catedral de Granada. Granada, 2005, p. 895. 98 B.C.C., folio 56 r. 99 Archivo Capitular de Tortosa, Breviario, siglo XV, codex 7, folio 114 r. 100 El Burgo de Osma, Cabildo Catedral. 101 B.C.C., Ordo Epistolarum, folio 4 v.; Monasterio de Guadalupe, libro de coro 32, folio 27 r. 102 Monasterio de Guadalupe, libro de coro 51, folio 5 r. 103 Idem, libro 32, folio 31 r. 104 B.C.C., Ordo Epistolarum, folio 1 r. bis. 105 Monasterio de Guadalupe, libro de coro 15, folio 51 r. 106 Catedral de Ávila, libro de coro de Juan de Carrión. 107 Monasterio de Guadalupe, libro de coro 27, folio 37 v. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 79 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 documentos iluminados españoles, en ningún sitio fueron más abundantes que en las obras de Juan de Carrión y el grupo de miniaturistas relacionados con él que nos los ofrecen en las más diversas actitudes, tamaños y calidades. El éxito de los putti fue tal que se usaron profusamente durante todo el siglo XVI (Figura 8) y mantuvieron vigentes hasta el siglo XVIII en el que aparecen formando una letra capital, uno tocando el tambor y otro la gaita108. Los seres híbridos, mezcla variadísima de los reinos de la naturaleza, animal, incluido el hombre, y vegetal, es un tema muy antiguo que acoge prácticamente todas las posibilidades existentes. Estos monstruos, cuya tradición fue recogida en la edad media del mundo antiguo, pudieron tener, en los siglos XI y XII, el sentido de ser una llamada de atención sobre el peligro de que el hombre, por un comportamiento de naturaleza pecaminosa, se convirtiera en una bestia pero más adelante la vertiente significativa se fue reduciendo a favor de un sentido estrictamente lúdico. A partir del siglo XIII se plasmaron estos seres híbridos como muestra el que, torso humano y parte inferior del cuerpo de animal, tensa un arco para disparar sobre una especie de dragón del Vidal Mayor de 1248109. Abundantísimos como son estos seres, en ningún libro se encuentran en tan gran número y tan variados como en el Devocionario de Croy110, de principios del siglo XV, en donde la imaginación desbordante de Gerard David, Simon Bening y Gerard Horenbout llenó todos sus folios de estos disparates. A partir de la mitad del siglo XV en las orlas más ricas de libros y documentos realizados en nuestro país o para él, aparecen ya de forma generalizada estos seres irreales. Aunque existen combinaciones de animales de distinta especie, los más inquietantes, por la significación que puedan esconder, son los que tienen el torso humano y la parte inferior del cuerpo de cuadrúpedo, ave o vegetal. Así un torso humano, tocado como un Paris con el gorro frigio, y cuartos traseros de cuadrúpedo inclasificable y otros dos seres extraños con cabeza humana aparecen en el Misal de Sevilla111; muy semejante al primero de estos híbridos citados es el que tiene torso humano, aunque borrado, quizás para evitar la vergüenza de ver degradado a un hombre, y parte inferior del cuerpo de cuadrúpedo disparando un arco en la Fundación de Isabel la Católica en la Catedral de Sevilla112. En algunos de estos monstruos contrasta la ingenuidad del cuerpo, semejante a otros muchos, con el espléndido retrato de la cabeza humana113 (Figura 9). Estos seres híbridos, cuya presencia es constante en la segunda mitad del siglo XV, aparecen realizando las mismas actividades que los hombres, están es reposo, luchan e incluso hacen música como 108 Idem, libro 77, folio 4 r. 109 J. Paul Getty Museum, Los Ángeles, California, folio 72 v. 110 Osterreichische Nationalbibliothek, Viena, codex 1858. 111 B.C.C., folios 13 v. y 194 r. 112 A.C.S., Sección II, Mesa Capitular, Libro Blanco de las Fundaciones I, folio 148 v. 113 Catedral de Sevilla, libros de coro 46, folio 1 v.,y 69, folios 16 r., 17 v. y 21 v. Rosario Marchena Hidalgo80 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 los seres con cuerpo de perro que tocan una trompeta y una pandereta de los libros corales de la catedral de Ávila realizados por Juan de Carrión hacia 1470. Este mundo imaginario de clara raiz medieval no acabó con el siglo XV pues en el primer tercio del XVI Pedro de Palma realiza uno de estos monstruos en el que se suman todos los reinos de la naturaleza, con la cabeza de hombre barbado, torso vegetal y cuartos traseros de équido114. También del siglo XVI, un simio con cara humana y alas de murciélago acecha desde la vegetación compartiendo orla con animales reales o míticos115. En el imaginativo tema de los seres híbridos existen muchos ejemplos como el de los dos seres, cuerpos de grandes aves, gruyas o cigüeñas, larguísimos cuellos que se enroscan uno en otro terminando en dos cabezas humanas, una masculina con gorra y barbada y otra femenina, de largo pelo rubio116. El vástago leñoso en torno al cual se organizan, que termina dividiéndose en dos ramas está rematado por una corona, lo que unido a la situación del motivo, en la orla exterior del libro, la más ancha, a la altura justa de la historia, le confiere una centralidad que nos induce a pensar en algún significado político. De más difícil interpretación, si la tiene, son los dos cuadrúpedos antropocéfalos, con casco y armas, a los que se les ha colocado una segunda cabeza animal en la parte posterior del cuerpo117. No son el único ejemplo de monstruos, que tengan dos caras, aunque en estos casos sean humanas, pues aparecen en el Libro de Horas de Carlos V118 y en el Libro de Horas según el uso de Roma119 en el que la segunda cara aparece en la parte trasera del extraño ser. Menos frecuentes que las combinaciones que acabamos de ver son aquellas en las que el torso de un hombre barbado sale de la concha de un caracol como aparece en el Libro de Horas según el uso de Roma y en un libro del Monasterio de Guadalupe120, ambos ya del siglo XVI. La inmensa mayoría de estos hibridos se encuentran situados fundamentalmente en las orlas aunque también en ocasiones en el tema central sin que le agregue significación alguna con lo que es un elemento marginal. Este es el caso del ser con lanza y escudo, con la parte superior del cuerpo humana y la inferior de águila, encajado en una de las enjutas que deja el escudo de Per Afán de Ribera, comitente de las Postillae in Vetus et Novum Testamentum121. El renacimiento aportó a la marginalia otros tipos de híbridos en los que se mezclaban también todos los reinos de la naturaleza. Unas veces eran putti y otras torsos masculinos o femeninos con la parte inferior del cuerpo vegetal que 114 Monasterio de Guadalupe, libro de coro 53, folio 9 v. 115 Ibídem, libro de coro 16, folio 50 r. 116 Idem, libro de coro 4, folio 56 v. 117 B.C.C., Evangeliario, folio 3 v. 118 B.N.E., vitrina 24.3, folios 157 r. y 158 r. 119 B.C.C., vitrina, folio 49 v. 120 Libro de coro 53, folio 9 v. 121 Biblioteca de la Universidad, Sevilla, tomo V, folio 1 r. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 81 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 se resolvían en roleos enlazando con la decoración que les daba cabida. De la misma forma que la representación de las mujeres es muy poco frecuente en la decoración marginal, también lo es en el caso de los híbridos que están compuestos por torsos de mujeres. Los ejemplos son escasos y surgen a partir del siglo XVI. Hacia 1520 el miniaturista Juan de Carrión realiza varios de estos seres en los libros de coro de la Catedral de Granada: tienen el torso desnudo femenino, alas de pájaro que a veces tienden hacia el mundo vegetal, y la parte inferior de su cuerpo de cáliz floral del que en ocasiones emergen las piernas y que termina por diluirse en roleos, flores y hojas. En todos los casos estos híbridos no tienen más significación que sostener por parejas una laúrea con el escudo del arzobispo Antonio de Rojas122 o clípeos con escenas de la vida de Santa María Magdalena123. La misma función y casi el mismo aspecto tienen los dos seres, torso femenino desnudo y piernas cubiertas de escamas, de un libro de coro de la Catedral de Córdoba124 obra de Diego Dorta de la segunda mitad del siglo XVI (Figura 10). Más imaginativos son el torso masculino, con alas en sustitución de los brazos, con la parte inferior del cuerpo vegetal terminando con una cola de dragón125obra de Diego Dorta de 1568, el torso femenino, con alas en lugar de brazos y parte inferior del cuerpo vegetal126, obra de Juan de Herrera de 1630 o la bella sirena de larguísimo cuello, torso desnudo, sin brazos y remate final de dos colas escamosas entrelazadas127 obra de Fray Francisco de Almoguera, de 1698-1699 todos de la Catedral de Sevilla. El recurso de sustituir las piernas por dos colas con escamas procede de antiguo pues lo usa también un gigante de mármol del siglo IV, procedente de Valdetorres del Jarama (Madrid)128. Pero en los seres híbridos del siglo XVI, XVII y XVIII, pese a todas las alusiones al mundo animal, predominó la vertiente humana y la finalidad puramente decorativa. Nada quedó en ellos del carácter grotesco, sarcástico e incluso hiriente de los monstruos medievales. Los temas animados en la marginalia española existen, igual que toda ella, sobre diferentes soportes, piedra, marfil, metal, tejido, madera, cerámica, pero en ninguno alcanzan la cantidad, variedad y perdurabilidad en el tiempo como sobre pergamino. Fecha de recepción: 1 de septiembre de 2014 Fecha de aceptación: 28 de noviembre de 2014 122 Ms. XVIII, coral 10 (14), folio 4 r. 123 Ms. LXIV, coral 95 (65), folios 5 vuelto y 6 r. 124 Ms. 64, folio 1 v. 125 Catedral de Sevilla, libro de coro 37, folio 1 v. 126 Idídem, libro de coro 25, folio 77 v. 127 Idem, libro de coro 57, folio 57 v. 128 Museo Arqueológico Nacional, Madrid. Rosario Marchena Hidalgo82 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Figura 1. Biblioteca Capitular y Colombina, Evangeliario y Colectario Cartujano, folio 1 v. Andrés Ramírez, 1535. Figura 2. El Burgo de Osma, Cabildo Catedral, De Civitate Dei, primer tercio del siglo XIV. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 83 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Figuras 3 y 4. Catedral de Sevilla, libro de coro 65, folio 39 r. (imagen izquierda), folio 15 v. (imagen derecha) Andrés Gutiérrez, 1529-1530. Figura 5. Catedral de Sevilla, libro de coro 64, folio 1 v., Diego Dorta, 1563-1568. Rosario Marchena Hidalgo84 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Figura 6. Biblioteca Capitular y Colombina, Evangeliario, folio 38 v., Rodrigo de León, 1517-1519. Figura 7. Catedral de Sevilla, libro de coro 33, folio 1 v., Pedro de Palma, 1521. Figura 8. Catedral de Sevilla, libro de coro 67, folios 1 v. y 2 r., Diego Dorta, 1561-1564. Figura 9. Catedral de Sevilla, libro de coro 69, folio 21 v., fines del siglo XV. El mundo animado en la marginalia de los libros iluminados 85 LABORATORIO DE ARTE 27 (2015), pp. 61-85, ISSN 1130-5762 Figura 10. Catedral de Córdoba, Ms.64, folio 1 v., Diego Dorta, segunda mitad del siglo XVI.