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Ayesta - Ferraté(r) : La conexión barcelonesa

Suárez Fernández-Miranda, Eduardo

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48 Ayesta - Ferraté(r) La conexión barcelonesa EinstEin on thE BEach Por Eduardo SuárEz FErnándEz-Miranda La fortuna editorial de una novela a veces depende de una sola persona que, a lo largo del tiempo, ha tenido con ella una especial relación. Es el caso de Helena o el mar del verano, del escritor y diplomático gijonés Julián Ayesta (1919-1996). Su única novela —quizás pensara como Italo Calvino que «en el fondo, el primer libro es el único que cuenta, tal vez habría que escribir ése y nada más»— se publicó por primera vez en la prestigiosa Colección Ínsula en 1952 bajo los auspicios de Vicente Aleixandre, quien, ya en los años cuarenta, había sentido gran interés por sus relatos aparecidos en las principales revistas literarias de la época: Acanto, Garcilaso o Destino. En 1958, la novela formó parte del catálogo de Ediciones Arión, del editor Fernando Baeza, amigo de Ayesta y contertulio del Café Gijón en los años de posguerra. Tendrían que pasar dieciséis años hasta que, en marzo de 1974, Seix Barral publicara de nuevo la novela en su mítica colección Biblioteca Breve, lo que supuso el inicio de la vida barcelonesa de Helena o el mar del verano. Pere Gimferrer, que en ese momento era el director literario de la editorial, en una carta a Joan Perucho se quejaba de la poca información que había sobre Julián Ayesta: «Para la solapa del libro en proyecto no consta en ninguna de las cuatro ediciones de Quién es quién de las letras españolas ni en el Diccionario de autores […]. Como escritor nada de nada». Recordemos que Joan Perucho y Julián Ayesta se habían conocido en el Colegio Mayor César Carlos mientras preparaban oposiciones y que Helena… había causado una gran impresión en el poeta catalán, cuya primera narración, Diana i la mar morta, recibió fuertes influencias del escritor gijonés. Finalmente, Pere Gimferrer solicita al propio Ayesta que le envíe un pequeño texto autobiográfico y señala que «sería muy conveniente que nos mandara también un ejemplar de la obra, puesto que no tenemos ninguno. Si usted sólo tuviera un ejemplar, lo fotocopiaríamos y se lo devolveríamos inmediatamente […]» para que pudiera ser editada. Aunque Pere Gimferrer conocía la novela por haberla leído años atrás de un ejemplar prestado por Felicidad Blanc, viuda del poeta Leopoldo Panero, no fue él quien propuso su publicación, si no el crítico y editor Joan Ferrater. Al poco tiempo de la trágica muerte de Víctor Seix en Fráncfort, Carlos Barral abandona la editorial Seix Barral y le sustituye, según recuerda en sus memorias, «mi viejo amigo Juan Ferrater, que había heredado mi sillón direccional en Seix Barral tras haberme engañado acerca de sus intenciones». Entre los años 1970 y 1973, Ferrater ocupa el cargo de director general de Seix Barral; uno de los contratos que llevará a cabo será la publicación de Helena o el mar del verano. La novela se editaría un año después, tras abandonar Ferrater la editorial para continuar su labor docente en la Universidad de Alberta (Edmonton, Canadá). Tras su regreso a Barcelona colabora con Jaume Vallcorba, quien a finales de los años setenta había fundado la editorial Quaderns Crema. Cuando en otoño de 1987 el editor inicia su nueva aventura en castellano con Sirmio —el nombre de la editorial, de inspiración catuliana, fue a iniciativa de Ferrater—, el crítico catalán propone de nuevo la publicación de la novela de Julián Ayesta; Helena o el mar del verano aparece en el primer número de la colección Biblioteca Menor. En 1999, ya desaparecida Sirmio, Jaume Vallcorba, tratando de consolidar un catálogo en castellano, funda la editorial Acantilado. Un año después, Helena o el mar del verano regresa al catálogo de la nueva editorial. Desde ese momento no ha dejado de reeditarse y ha tenido la fortuna de pertenecer a una de las editoriales que más cuidado ponen en el aspec- to formal del libro: «impreso en papel offset satinado ahuesado con pH neutro de 80 g. Cosido con hilo vegetal, está encuadernado en rústica, con solapas y 49 guardas de papel de pura celulosa natural, de 100 g, rojo fuego, marcado al fieltro por ambas caras, y con cubierta de cartulina estucada a una cara, también de celulosa natural, fabricada en medio neutro». Según recordaba Jaume Vallcorba, «quiero que mis libros perduren quinientos o seiscientos años». Quizás también sea ese el destino de la novela de Julián Ayesta. Joan Ferrater, que conoció Helena o el mar del verano desde que la editara Ínsula, fue uno de los primeros críticos en realizar una reseña de la novela. Curiosamente, el análisis que efectúa en un artículo para el número 20 de la revista Laye de 1952, ha sido considerado por la crítica posterior como uno de los escasos juicios negativos que ha tenido la novela a lo largo de los años. Sin embargo, una lectura atenta de la reseña de Ferrater desmiente esta afirmación. Si bien es cierto que en la primera parte de su crítica trata de identificar la novela de Ayesta con esa escuela literaria cuyo «estilo es una mezcla peculiar de puerilidad e ironía […] cuyo objetivo es la ñoñez sentimental, y es su definición: “estilo memo”», esas palabras son, en parte, un guiño hacia unos cuantos amigos, entre ellos Jaime Gil de Biedma, quien, años más tarde, todavía recordaba entre risas las palabras de Joan Ferrater, según cuenta el poeta y editor Jordi Cornudella, albacea literario del crítico barcelonés. La segunda parte de la reseña de la revista Laye no deja lugar a dudas. Describe a Julián Ayesta como «un escritor admirable. Su dominio del tema es absoluto y lleno de ironía. […] Se halla penetrada de lucidez gracias a una técnica de contrastes muy simples y muy sabiamente repartidos». Y termina la crítica resaltando sus influencias del Ulises o El artista adolescente de Joyce en «la sensibilidad para el tema y la selección dirigida por ella en la realidad de los datos que han de ser transfigurados literariamente». Julián Ayesta tuvo la suerte de contar con grandes editores que intuyeron desde el principio la calidad de su obra. Y entre ellos cabe destacar a Joan Ferrater como su principal valedor. A través de los años mantuvo a Helena o el mar del verano viva en su memoria, lo que supuso dar a conocer a un escritor que, al igual que Francesc Trabal, buscaba «contribuir […] a fixar el punt dolç de la vida a través d’un punt de vista personal». Este artículo es una traducción del publicado en el número 719 (noviembre de 2019) de la revista Serra d'Or.