scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Ideología y religión en los diccionarios del siglo XIX

Ortiz Roldán, Francisco Manuel

Abstract

Este trabajo profundizará en algunos de los repertorios lexicográficos del siglo XIX para analizar la ideología religiosa que subyace en estas obras. Nos interesa especialmente este periodo por ser una etapa convulsa caracterizada por continuos cambios políticos, sociales y culturales que se reflejaron en la lexicografía, provocando que muchos autores discreparan con la Academia. Así, se pondrá el foco tanto en la macroestructura como en la microestructura de los diccionarios, con el objetivo de comprobar la forma en la que las concepciones religiosas de sus creadores se introducen de forma más general en partes como el prólogo o, más concretamente, de manera directa en las diferentes entradas lexicográficas.

Full text

IDEOLOGÍA Y RELIGIÓN EN LOS DICCIONARIOS DEL SIGLO XIX MÁSTER UNIVERSITARIO EN ESTUDIOS HISPÁNICOS SUPERIORES Francisco Manuel Ortiz Roldán Trabajo Fin de Máster Curso 2023-24 Tutor: Juan Manuel García Platero Ideología y religión en los diccionarios del siglo XIX Francisco Manuel Ortiz Roldán Universidad de Sevilla Resumen. Este trabajo profundizará en algunos de los repertorios lexicográficos del siglo XIX para analizar la ideología religiosa que subyace en estas obras. Nos interesa especialmente este periodo por ser una etapa convulsa caracterizada por continuos cambios políticos, sociales y culturales que se reflejaron en la lexicografía, provocando que muchos autores discreparan con la Academia. Así, se pondrá el foco tanto en la macroestructura como en la microestructura de los diccionarios, con el objetivo de comprobar la forma en la que las concepciones religiosas de sus creadores se introducen de forma más general en partes como el prólogo o, más concretamente, de manera directa en las diferentes entradas lexicográficas. Palabras clave: lexicografía, diccionario, siglo XIX, religión, ideología Abstract. This work will delve into some of the lexicographic repertoires of the 19th century to analyze the religious ideology that underlies in these works. We are especially interested in this period because it is a turbulent period characterized by continuous political, social and cultural changes that were reflected in lexicography, causing many authors to disagree with the Academy. Thus, the focus will be placed on both the macrostructure and the microstructure of the dictionaries, with the aim of verifying the way in which the religious conceptions of their creators are introduced more generally in parts such as the prologue or, more specifically, directly in the different lexicographic entries. Keywords: lexicography, dictionary, 19th century, religion, ideology 1 Índice 1. Introducción 3 2. Objetivos 4 3. Metodología 5 4. Marco teórico y estado de la cuestión 7 5. Los diccionarios decimonónicos y sus autores 15 6. Análisis lexicográfico microestructural 30 7. Conclusiones 44 8. Bibliografía 47 2 1. Introducción El siglo XIX supone uno de los periodos más productivos en la historia de la lexicografía. El aumento de producciones lexicográficas en este siglo se debe, en gran medida, a la aparición de determinados autores no vinculados con la Academia que publicarán una serie de diccionarios en los que una de las novedades principales será la inclusión de parte del léxico especializado que la institución canónica por excelencia había obviado. Desde esta perspectiva, se trata de una época interesante de estudiar debido no solo a las motivaciones lingüísticas, sino también a factores externos culturales, sociales y políticos, que influyen en la construcción de una gran cantidad de repertorios lexicográficos. Incluso, yendo un paso más allá, otro motivo de interés son las evidentes marcas subjetivas e ideológicas que contienen estos diccionarios, aunque en un principio estas puedan pasar desapercibidas por formar parte de lo que se denomina como conciencia colectiva de la sociedad. Es importante también, por tanto, detenerse en un contexto caracterizado principalmente por la decadencia del Antiguo Régimen, con todas las consecuencias que ello conlleva. La consolidación progresiva de las ideas de la Ilustración, así como el asentamiento de una monarquía parlamentaria y constitucional en detrimento de la absoluta contribuyeron enormemente al surgimiento de una nueva sociedad de clases, compuesta por el mundo obrero y la burguesía, a quien la nobleza se vio obligada a ceder parte de su poder. De esta forma, el acercamiento a este proceso de transformación y modernización industrial de nuestro país permitirá, inicialmente, una aproximación a la lexicografía decimonónica de forma más general y así allanar el terreno para un posterior análisis detallado de la influencia ideológica en torno a asuntos religiosos que tienen presencia en los diccionarios de la época. 3 En definitiva, esta nuevo contexto situacional dará lugar a obras como el Diccionario de la lengua castellana, para cuya composición se han consultado los mejores vocabularios de esta lengua y el de la Real Academia Española, últimamente publicado en 1822; aumentado con más de 5000 voces o artículos que no se hallan en ninguno de ellos (1825), de Melchor Manuel Núñez de Taboada; el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, […] (1846), de Vicente Salvá; o el Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1853), de Ramón Joaquín Domínguez. Todas ellas se analizarán con la idea de conocer la forma en la que los distintos autores imponen su sello e imprimen una determinada orientación ideológica en los diferentes diccionarios. 2. Objetivos El objetivo fundamental de este trabajo se centra en mostrar las distintas marcas ideológicas relacionadas con la religión que aparecen en el corpus elegido, proveniente de obras lexicográficas publicadas durante el siglo XIX por parte de varios autores. Además, el estudio de la macroestructura de las obras, poniendo el foco especialmente en los diferentes prólogos, permitirá comprobar si esa ideología religiosa se extiende más allá de la macroestructura y afecta también a la microestructura del diccionario, es decir, a las diversas entradas de la obra lexicográfica. Se analizará la relación que existe entre una y otra estructura, con el fin de determinar si existe consonancia entre lo que se dice en una y lo que aparece en otra o, por el contrario, si la idea inicial del autor no tiene vinculación con lo que se refleja posteriormente en las distintas entradas. Consideramos que esta investigación posibilitará un claro acercamiento al contexto histórico, político y social de la época en la que se publican diversas catalogaciones de indudable interés. De este modo, la comparación entre diferentes diccionarios será una buena medida de análisis de las semejanzas y divergencias que aparecen entre ellos. En ese sentido, los lexicógrafos ofrecen diversas ideas que guardan relación con una ideología religiosa que, en la mayoría de las ocasiones, está directamente vinculada a la religión católica, que se 4 muestra como la verdadera, la única posible. Las creencias ideológicas de los distintos autores se vuelven explícitas cuando aparecen, entre otros ejemplos, ciertos adjetivos valorativos o el uso de la primera persona en las distintas acepciones, que denotan la subjetividad presente en estas obras. En definitiva, este trabajo de Análisis Crítico del Discurso Lexicográfico (ACDL) busca principalmente mostrar la orientación ideológica explícita —pero también implícita— existente en las diversas acepciones del diccionario, para de ese modo intentar erradicar aquellas ideas que fomenten la perpetuación de desigualdades sociales, así como aquellas con un marcado carácter desfasado. 3. Metodología La metodología empleada se basa en la elección de una serie de obras lexicográficas de autores representativos del siglo XIX. El análisis detallado de estos repertorios nos permitirá comprobar las analogías y diferencias que se establecen entre los mismos, con el objetivo de demostrar el modo en el que la ideología religiosa de los lexicógrafos aparece de forma explícita tanto en las distintas definiciones como en las partes iniciales. Siguiendo a Susana Rodríguez Barcia (2012), pueden distinguirse cuatro grandes bloques de estudios que analizan lo que se conoce técnicamente como etnolexicografía, o lo que es lo mismo, los estudios que abordan el análisis conjunto de diccionario, cultura e ideología (Fillmore, 1994; Calero Vaquera, 2010). Dentro de este marco, esta investigación podría encuadrarse, por un lado, dentro de un segundo grupo en el que aparecen “trabajos que presentan una metodología focalizada en la descripción de un corpus elegido arbitrariamente, aunque con aspiraciones de representatividad, y un enfoque generalmente pragmático y más divulgativo que propiamente científico” y, por otro lado, en menor medida, también en el interior de un cuarto grupo donde “se incluirían los estudios que se conforman como un glosario comentado de términos que entrañan cierta polémica ideológica” (Rodríguez Barcia, 2012: 136). 5 Por tanto, aunque en ocasiones se vuelva necesaria la separación de los diferentes elementos de los diferentes repertorios lexicográficos para un análisis más detallado, el diccionario se debe entender como una forma de discurso, como un todo unitario. Esta visión panorámica hace más factible la aplicación de una metodología caracterizada por la descripción y explicación crítica. De esta forma, al margen de las tradicionales, Rodríguez Barcia (2012) atiende a cuatro tipos de modalización discursiva: la modalización epistémica, la modalización deóntica, la modalización volitiva y la modalización valorativa o apreciativa. Todas ellas serán debidamente explicadas, posteriormente, en el apartado de ‘Análisis lexicográfico microestructural’. Se trata, así, de un análisis cualitativo que sirva fundamentalmente de aproximación a los elementos ideológicos que estaban presentes en el siglo XIX tanto en aspectos microestructurales (presencia o ausencia de entradas, definiciones, marcaciones…) como en los macroestructuales (fundamentalmente atendiendo a los prólogos de las obras). En ese sentido, como recuerdan Castillo Carballo y García Platero (2003: 335), no hay que olvidar el papel que desempeña el diccionario como recurso fundamental en el proceso de aprendizaje en el aula: «desde la perspectiva del usuario, el diccionario es una obra total, que lo contiene todo». En consecuencia, también es fundamental para la consolidación de una lengua durante las distintas etapas de formación académica. Tal vez ese carácter pedagógico y didáctico puede conducir en ocasiones a la orientación ideológica en cuestiones religiosas. Por este motivo, el Análisis Crítico del Discurso Lexicográfico (ACDL) debe prestar atención a este tipo de detalles para “revelar relaciones de poder y dominación social a partir de la posición que mantiene el emisor con respecto al mensaje y a su relación con los destinatarios potenciales” (Rodríguez Barcia, 2012: 152). Así, del mismo modo que al Análisis Crítico del Discurso (ACD) se ha interesado por la dimensión histórica y las relaciones estructurales de poder, al ACDL se preocupa por elementos similares, pero con un particular detenimiento en asuntos que atañen a la comunidad de conocimiento panhispánica, donde instituciones como la RAE ha ejercido una influencia ideológica bastante importante. 6 4. Marco teórico y estado de la cuestión Teóricamente los diccionarios deberían ser obras objetivas atendiendo a que una de sus principales metas es intentar definir la realidad. En cambio, el análisis de los distintos repertorios lexicográficos pone de manifiesto que, en la práctica, dicha objetividad choca frontalmente con la ideología del lexicógrafo que lo confecciona y, por tanto, estos son más bien producciones subjetivas por naturaleza. Y es que antes que al diccionario, a la palabra en general se le ha atribuido un especial potencial en la enunciación de la subjetividad en el lenguaje (Kerbrat-Orecchioni, 1986): las palabras son “símbolos sustitutivos e interpretativos de las cosas”. Algo parecido se observa en la reflexión de Forgas Berdet, quien habla de ideologemas (1996: 72): “cada palabra —cada entrada de un diccionario— es, en realidad, un ‘ideologema’, puesto que es a través de la definición lexicográfica que esa palabra se traslada a términos de sentido, o, lo que es lo mismo, a términos de ideología”. En relación con esto, la RAE, en su última actualización del Diccionario de la Lengua Española (DLE) 23.7, define ideología como ‘conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.’. Por su parte, Van Dijk (2005) concreta un poco más definiéndola como creencias que subyacen en las representaciones sociales compartidas por tipos específicos de grupos sociales; esto es, no se refiere a cualquier tipo de creencia socialmente compartida, sino exclusivamente a las axiomáticas, las que controlan y organizan otras creencias. En ese caso, ¿quiénes determinan la ideología preponderante? Los grupos con mayor influencia social, en ocasiones, tienen la capacidad de seleccionar algunos lemas e incluso implementar una carga valorativa a algunas de las definiciones que aparecen en la microestructura de los diccionarios. Todo ello con el fin último de garantizar su perpetuación en el poder. Así, a modo de ejemplo, si el grupo dominante de la sociedad española se constituye históricamente por personas cristianas que se muestran contrarias a otras religiones, esto se va a extender de un modo u otro al lenguaje. 7 Desde el origen de los repertorios lexicográficos “las elecciones, lejos de ser neutrales, conformaron una visión del mundo” (San Vicente, Garriga y Lombardini, 2011). Por tanto, el diccionario posee un enorme poder como obra transmisora de valores habitualmente privativos de determinados grupos sociales. En cualquier caso, cuando se aborda la relación entre diccionario e ideología aparece una serie de problemas difíciles de solventar. En primer lugar, es necesario ser consciente de que la mirada crítica de cualquier estudio, ya sea individual o grupal formada por un equipo de lexicógrafos, también lleva implícita una ideología. Y, en segundo lugar, estas dificultades crecen debido a la inexistencia de una metodología unificada y rigurosa para analizar las diferentes marcas ideológicas presentes en los diccionarios, pues los criterios son muy variados: lexicográfico, intuitivo, diacrónico o evolutivo, de frecuencia y de dispersión, etc. Al menos en los últimos años, los lexicógrafos parecen tener clara su postura de negación en torno a la eliminación de ciertas entradas del diccionario solo porque su significado o parte de él entren en conflicto con determinados colectivos sociales, es decir, porque no parezcan políticamente correctas para un grupo concreto. Si estas piezas léxicas se utilizan, ¿por qué excluirlas del diccionario? Aunque no resulten agradables, eliminarlas del diccionario no supondría una solución, pues hay que recordar que el diccionario no ejerce de juez sino de notario de lo que la gente habla y escribe. Tradicionalmente se había identificado la subjetividad con la presencia de elementos explícitos tales como la prefijación y sufijación apreciativa, el uso del superlativo o de palabras connotativas; pero quedarse ahí sería realizar un análisis simplista, pues la relación entre subjetividad y lenguaje es mucho más profunda y tiene sus raíces en la condición inherente al lenguaje como producto humano. Por tanto, en este marco contextual, pensar en la objetividad de los diccionarios es más que nunca una utopía. Además, tratar de eliminar la subjetividad y la ideología en ellos conduciría sencillamente a su sustitución por otras. Podría llegar a pensarse que el cambio produce la eliminación en un momento determinado, pero en realidad esa tendencia se acabaría convirtiendo en la ideología dominante y así sucesivamente. 8 Este sentimiento de identidad católica de los miembros de la comunidad española generó una polarización inconsciente entre el Nosotros y el Ellos, en la que el diccionario sigue desempeñando un papel fundamental, sobre todo en los primeros años de formación donde la capacidad de influencia es elevada (Van Dijk, 2003). 5. Los diccionarios decimonónicos y sus autores Nuestro corpus está constituido principalmente por seis diccionarios, publicados entre 1825 y 1895. Algunos de ellos contaron con suplementos que se editaron por varias razones, aunque fundamentalmente tenían como objetivo ampliar el vocabulario incluido con palabras que no habían aparecido en los respectivos diccionarios anteriores. 15 Melchor Núñez de Taboada publicó en París en 1825 el Diccionario de la lengua castellana, para cuya composición se han consultado los mejores vocabularios de esta lengua y el de la Real Academia Española, últimamente publicado en 1822; aumentado con más de 5000 voces o artículos que no se hallan en ninguno de ellos, 2 vols. De su vida pocas noticias se tienen más allá de que nació en Galicia y vivió unos años en Bayona, donde se dedicó a traducir y dar clases de español. Posteriormente se trasladó a París y publicó allí un diccionario bilingüe (Morange, 1990: 289) y también el antes mencionado monolingüe. Barbastro Gil (1993: 75) lo caracterizó como un “personaje de sumo interés para conocer la trabazón, en general poco estudiada, entre afrancesados y liberales” y Azorín Fernández (2000: 235) apuntó que “vivía de esta faceta profesional que hoy calificaríamos como ‘mediador lingüístico’”. Su obra fue tenida en cuenta por otros lexicógrafos del siglo XIX, hasta el punto de que incluso desató una polémica que salpicó al Panléxico de Juan Peñalver y al diccionario de Vicente Salvá. Por tanto, como señala Manuel Alvar (2002 [1995]: 44), el Diccionario de Núñez de Taboada parece interesante, más que por su difusión comercial, por su influencia en otras obras lexicográficas incluyendo a la Academia. Así lo detalla también Gloria Clavería (2007: 5): La consulta de las actas de las juntas celebradas en la Real Academia Española en la primera mitad del siglo xix demuestra que la labor lexicográfica de Núñez de Taboada fue, conocida y aprovechada por la Corporación cuando se encontraba revisando distintas ediciones de su Diccionario vulgar. En el Prefacio de su repertorio, aunque inicialmente se refiere al diccionario de la RAE señalando que “esta excelente obra ha servido de basa y fundamento al que ofrezco hoy al público”, pone de manifiesto lo que para él es la gran carencia de este repertorio: “está falto de un muy crecido número de voces pertenecientes á nuestra lengua vulgar; suerte común á todos los libros de esta naturaleza”. Además, ve un obstáculo en el hecho de que la obra académica sea un producto en el que intervengan varias personas en su confección: “este inconveniente, que solo podrá evitarse, confiando la egecucion de esta especie de obras á una 16 sola persona con sujecion á la censura de hombres doctos, dotados de luces especiales, no subsiste en el mio, porque yo solo he trabajado en él”. Núñez también critica las correspondencias latinas argumentando que son “impropias, bárbaras á veces, casi nunca directas, y por lo comun perifraseadas con circunloquios de un latin romanceado que jamas fué, no digo el de Ciceron, pero ni aun el del tosco y poco culto Etnio”. Así, enumera una serie de carencias que percibe en el diccionario académico que aborda para “contribuir á que no se descaste y desfigure la incomparable lengua de los Cervantes en estos tiempos, para ella calamitosos”. También en París, Vicente Salvá publicó en 1846 el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas. 17 Conocido en el ámbito de la filología hispánica por ser el autor de una de las gramáticas más difundidas del siglo XIX, fue otro de los intelectuales liberales que emigraron a Francia. Su labor como lexicógrafo ha sido durante mucho tiempo infravalorada (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1994-1995: 9-10), pese a que en él concurrieron todas las circunstancias que provocaron el auge de esta corriente lexicográfica no académica, sobre todo en la segunda mitad del XIX: “liberal exiliado, intelectual de reconocido prestigio, profundo conocedor de nuestra lengua y, por tradición familiar, de los entresijos del mercado editorial”. Aunque su edición más importante fue la tercera, publicó hasta nueve ediciones desde 1838 hasta 1879. Por tanto, se evidencia la notable difusión que tuvo una obra en la que ya el propio Salvá dejaba constancia de su madurez desde el inicio en la “Introducción del adicionador” (1846: 7): Siempre he creído que el hombre debe estudiar y meditar mucho en los dos primeros tercios de su vida, para poder en el último producir algo que por su sencillez, buen método ó mayor cúmulo de noticias, merezca preferirse á lo que otros han publicado. De esta forma, por más que la intención inicial fuera componer una especie de suplemento que corrigiera las deficiencias que encontraba en el diccionario académico, fue cambiando progresivamente de opinión para, además de rectificar algunas definiciones y correspondencias latinas y añadir voces y acepciones nuevas, terminar construyendo así su propia obra, a través de un sistema de marcaciones que él mismo explicaba así (1846: 21): Son enteramente mios los artículos que llevan la +; en los notados con un * me pertenece todo lo que va incluso dentro de paréntesis cuadrados [ ], y el ¶ denota que se ha mudado el artículo del sitio que equivocadamente ocupaba, ó se ha dado nuevo orden a sus partes, ó se ha rectificado algo la redaccion. Salvá, que mostró un rigor metodológico inusual en la época, expuso sus ideas sobre los contenidos y aspectos formales de lo que era su modelo de diccionario ideal. Uno de sus aciertos es partir de un criterio riguroso a la hora de seleccionar las piezas léxicas del repertorio (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1994-1995: 17-18): 18 Convencido de que el diccionario ha de ser un instrumento eficaz no sólo para enfrentarse a las novedades del presente, sino para acceder también a las dificultades que plantean nuestros clásicos, o a las que se derivan de las diferencias dialectales en el uso de la lengua, nuestro autor plantea un programa de incorporaciones léxicas capaz de satisfacer las expectativas de una variada comunidad de usuarios. Esta amalgama de características sitúan al Nuevo diccionario en el cruce de dos tradiciones aparentemente contrapuestas: la histórica y la descriptiva. Conviene, por otra parte, aludir a la importante presencia de americanismos. Más de 1500, entre voces y acepciones provinciales del español de América, que superan con creces las incorporadas por sus predecesores. Este dato confirma que el propósito inicial de Salvá no se quedó meramente en el título ni en la introducción, sino que tuvo un extenso recorrido también en la microestructura del repertorio lexicográfico. Su crítica a la Academia vino, en parte, motivada por no representar en su obra a los hablantes del español de América frente a los de las diferentes regiones del español. Salvá advierte en varias ocasiones durante su ‘Introducción del adicionador’, como por ejemplo la que aparece en la antes mencionada lista de errores del diccionario académico de 1843: Décimotercio: es casi total la omision de las voces que designan las producciones de las Indias orientales y occidentales, y mas absoluta la de los provincialismos de sus habitantes; y ninguna razón hay para que nuestros hermanos de ultramar, los que son hijos de españoles, y hablan y cultivan la lengua inmortalizada por tantos poetas é historiadores, no sean llamados a la comunion, digámoslo así, del habla castellana con la misma igualdad que los peninsulares. Si el andaluz, aragones, extremeño, manchego, murciano, riojano etc. ven figurar en el Diccionario sus modismos, sus árboles y plantas mas comunes, y la nomenclatura mas generalizada de sus labores del campo y de sus artes y oficios; es una notoria injusticia que el chileno, filipino, granadino, guatemalteco, habanero, mejicano, peruano, venezolano etc. no encuentren en él sus provincialismos, los nombres de los frutos del campo que forman su principal sustento (…) (Introducción, 1846, 14). Para finalizar con Salvá, son interesantes también sus reflexiones sobre la distancia profesional que el lexicógrafo debe mantener en todo momento ante su obra y acerca de la necesidad de redactarla con objetividad: 19 (…) un lexicógrafo nunca debe manifestar sus propensiones ni su modo de pensar en materias políticas y religiosas, ni ménos ridiculizar ó condenar como errores las doctrinas que siguen varones muy doctos, un gran número de personas de naciones ilustradas y la mayoría de algunas muy cultas. (…) Este es el mejor medio para que sea leído por un largo período y por personas de todos los países y de diversas opiniones, y el mas seguro para no equivocarse. (Introducción, 1846, 14). Otro de los autores destacables de este periodo fue Adolfo de Castro y Rossi, quien en 1852 publicó su Gran diccionario de la lengua española, Tomo. Esta obra contiene, como aparece en el título, “las voces admitidas en el trato comun, las anticuadas, las mas usuales en todas las ciencias, en todas las artes y en todos los oficios, todas las marítimas, las de las Américas españolas, las de Filipinas, los proverbios, las noticias de personajes proverbiales, y las maneras de decir mas elegantes de nuestros buenos escritores, así en el género culto como en el picaresco, todo comprobado con las autoridades correspondientes en prosa y verso”. 20 Su pasión por las letras y su voraz afán de conocimiento le llevaron a formar una de las bibliotecas privadas más importantes de la época. Al margen, los principales temas a los que dedicó su estudio fueron los referentes a España durante los siglos XVI y XVII, centrando su mirada en su ciudad, Cádiz, y el conocimiento de la lengua española. Esta variedad temática, unida a la precipitación de redacción de sus publicaciones, provocó que a veces se le restara rigor a sus investigaciones. Para una aproximación más certera al propósito fundamental que el gaditano perseguía, es interesante recoger aquí parte de lo que De Castro expresa en su breve Prólogo: Poco piensa decir sobre su trabajo el ordenador del presente DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Su objeto, como se puede ver, no ha sido otro que hacer un cotejo de todos cuantos libros de esta clase se han publicado hasta el dia de hoy, mas dignos de tenerse en cuenta, para fijar la verdadera significacion de las voces. La mayor parte de ellas van acompañadas de algunos testos de los escritores notables, en donde se hallan usadas segun sus diversas significaciones, único modo de que un Diccionario pueda lograr la autoridad necesaria á sus lectores. Este diccionario inicialmente se comercializó como suplemento del diario Las Novedades, de Madrid, y pronto alcanzó una popularidad bastante alta. Sin embargo, la inestabilidad del proyecto, que se pretendía comercializar durante dos años completos, generó que el Gran Diccionario quedase paralizado en la letra C. Este hecho atrajo la atención de académicos y eruditos, que descubrieron bastantes fallos en la obra de Adolfo de Castro. Posiblemente estas críticas, sobre todo la del artículo Tiquitoc, causaron el frenazo del proyecto, pero también pudo existir otra razón (Ravina Martín, 1999: 70): La publicación del Diccionario se interrumpió abruptamente, como digo, cuando iba por la letra C. No sabemos si hicieron mella en autor y editor las críticas de Tiquitoc, o si hemos de dar crédito a la versión que se contiene en la biografía de Castro que trae el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, publicado en 1886 por la casa Montaner y Simón, fuente que siempre nos ha parecido extraordinariamente fiable porque creemos que procede del mismo Castro o de alguien de su entorno. En ella se manifiesta que abandonó la empresa de este Diccionario y regresó a Cádiz por haber sufrido dos derrames cerebrales. 21 Por otra parte, esta versión del diccionario enciclopédico que empezaba a germinar, como señalaba Manuel Seco (2003), encontró su hueco definitivamente en la obra de Ramón Joaquín Domínguez, otro de los grandes autores de la época, y en su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47), publicado en Madrid y París en 1853. Esta obra lexicográfica “destaca entre las demás de su siglo tanto por la expresión de las ideas del compromiso político y social de su autor, como por la peculiar presencia del enunciador en el texto de la definición” (Quilis Merín, 2014: 142-143). En relación con su lucha política, Cazorla Vivas (2002: 1967) comenta que “su compromiso político fue grande, hasta el punto de que murió en el levantamiento que se produjo en Madrid el 7 de mayo de 1848, cuando contaba con 37 años de edad. Parece que fue uno de los cabecillas de este levantamiento de civiles progresistas contra el gobierno moderado”. 22 Muchos le achacaron que no se rigiera por los parámetros de objetividad impuestos en la época. De este modo, tanto por su subjetivismo como por traspasar “las máximas sagradas de la lexicografía al ofrecer repertorios basados en la opinión personal del autor” (González Salgado, 2007: 78) acabó, en parte, estigmatizado. En el Prólogo del Diccionario Nacional, Domínguez insiste en la idea de que los repertorios lexicográficos deben adaptarse a las novedades que traen consigo los descubrimientos y técnicas científicas que brotan en este momento histórico, recogiendo así una serie de terminología que no encuentra en las obras existentes: Los progresos del hombre hacen innecesarios unos objetos que son reemplazables por otros mas útiles y mas cómodos, y por consiguiente caducan en los idiomas las voces de los unos, se hacen necesarias las de los otros, y cada vez se hace sentir mas y mas la falta de un Diccionario en el que estén consignadas las voces nuevamente creadas, haciendo una breve descripcion de los objetos que representa, si son nombres, de la accion que espresan, si son verbos, del modo de calificar, si son adjetivos, y asi de las demas partes del discurso (…) el que tengo el honor de presentar al público es sin disputa, sino perfecto, el mas completo de cuantos se han publicado hasta el día. En el aspecto religioso, Domínguez deja clara su postura: “la religión cristiana es la verdadera y tiene un alto concepto de Dios y de la Iglesia como institución” (Cazorla Vivas, 2002: 1973). Su lucha no fue tanto contra la Iglesia en sí, pese a lo que pueda derivarse de algunas de sus definiciones, sino contra la involución y contra algunos comportamientos corruptos del clero, manifestando así claramente su posición con respecto a la Inquisición . 3 En lo referente a otras confesiones, es necesario subrayar la objetividad con la que trata términos vinculados con la religión musulmana, el protestantismo o el calvinismo. En ese sentido, es bastante llamativo el artículo biográfico sobre ‘Lutero’, en el que “queda patente la admiración hacia este personaje, aun cuando Lutero defiende principios diferentes a los de su religión, la católica” (Cazorla Vivas, 2002: 1976). Más aún cuando se compara con la entrada ‘papa’ o ‘pontífice’, en la que no realiza valoraciones negativas, pero tampoco alaba su figura como se podría esperar por su religión. Se verá en el apartado de Análisis lexicográfico microestructural. 3 23 A esta lista hay que sumar también el Diccionario enciclopédico de la lengua española , con todas las vozes, frases, refranes y locuciones usadas en España y las Américas Españolas, en el lenguaje comun antiguo y moderno; las de ciencias, artes y oficios; las notables de historia biografía, mitolojía y geografía universal, y todas las particularidades de las provincias españolas y americanas, que fue impreso en Madrid entre 1853 y 1855 por parte de la editorial Gaspar y Roig. Este diccionario aportó como novedad la autoría compartida por un conjunto de redactores, que se organizaron bajo la coordinación de Eduardo Chao. Chao también fue un reformista liberal, perseguido principalmente por el absolutista Nazario Eguía, y estuvo preso durante seis años (1823-1829). En general, este diccionario parece seguir la línea argumentativa de los anteriores, sobre todo si atendemos al inicio de su Prólogo: 24 SAL 1846 * BAUTISMO. m. El primero de los sacramentos de la iglesia, con el 8 cual se nos da el ser de gracia y el carácter de cristiano. Baptismus. CAS 1852 BAUTISMO. s. m. El primero de los sacramentos de la iglesia. 9 Purificación del pecado original por medio del agua. SAL 1846 CATÓLICO, CA, adj. Lo mismo que UNIVERSAL; y por esta calidad se ha dado este nombre á la santa iglesia romana. Catholicus. || Verdadero, cierto, infalible, de fe divina. SAL 1846 *¶ DIOS (…) || Entre los gentiles se dio este nombre á cualquiera de las falsas deidades que veneraban; como el DIOS Apolo, el DIOS Marte; y como eran muchos, se usaba tambien en plural. Deus. GAS 1853 DIOS (…) || —Cualquiera de las divinidades adoradas por los 10 Gentiles, ya fuesen del cielo, de la tierra, de los mares o del infierno. NT 1825 DOGMA, (…) || Verdad revelada por Dios, propuesta por la Iglesia 11 para nuestra creencia. GAS 1853 DOGMA (…) Mas comunmente se da este nombre a cada uno de los principios fundamentales de la relijion cristiana, extendiéndose tambien a los de las demás relijiones o sectas. Nuevo diccionario de la lengua castellana, de Salvá (1846). 8 Gran Diccionario de la Lengua Española, de De Castro (1852). 9 Diccionario enciclopédico de la lengua española, de Gaspar y Roig (1853-1855). 10 Diccionario de la lengua castellana, de Núñez de Taboada (1825). 11 31 NT 1825 GENTILIDAD, s. f. Religion de los gentiles ó idólatras. SAL 1846 GENTILIDAD. f. La falsa religion que profesan los gentiles o idólatras. NT 1825 ÍDOLO, s. m. Figura de alguna falsa deidad á que se da adoracion. DOM 1853 Ídolo, s. m. Figura ó imágen de un dios falso, al que se da culto ó 12 adoracion. DOM 1853 Iglesia, s. f. Sociedad de los adoradores del verdadero Dios. GAS 1855 IGLESIA: s. f. : congregacion de personas reunidas por la profesion de una misma fe, por la participacion de unos mismos sacramentos y por la sumision a los prelados. SAL 1846 MÁRTIR. com. El que padece muerte por amor de Jesucristo y en defensa de la verdadera religion. Martyr. GAS 1855 MÁRTIR: adj. s. : el que padece grandes trabajos y suplicios hasta la muerte en defensa de la relijion. Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47), de 12 Domínguez (1853). 32 SAL 1846 * PAGODA m. [Cuando significa el templo, lo tengo por femenino.] Templo de los ídolos en algunos pueblos de Oriente, También se llaman así los ídolos que en ellos se adoran. DOM 1853 Pagoda, s. fm. Templo pagano donde se rinde culto á falsas divinidades, en ciertos pueblos del Asia, y especialmente en la China, en las Indias y en el país de Siam. Llámese tambien asi al ídolo adorado en estos templos. NT 1825 TOLERANTISMO, s. m. Opinion de los que creen que debe permitirse en cualquier estado el uso libre de todo culto religioso. NT 1825 SECTA. (…) || El error ó falsa religion, diversa ó separada de la verdadera y católica cristiana, enseñada por algun maestro famoso, como la SECTA de Lutero, Calvino, Mahoma. GAS 1855 SECTA (…) —Relijion que difiere en uno o mas puntos de la catolica cristiana y ha sido enseñada por algun maestro famoso. Así se dice: la secta de Lutero, de Calvino, de Mahoma. La modalización deóntica La modalización deóntica se refiere a lo que el individuo modelo de la comunidad epistémica concreta, en este caso la panhispánica, debe o no debe hacer. El verbo deber y las perífrasis de obligación tener que + infinitivo o deber + infinitivo son muy frecuentes en este tipo de modalización. En cambio, el no deber puede manifestarse con adjetivos como indebido o estructuras de negación del tipo no se debe. 33 NT 1825 ADORAR. v. a. Reverenciar á Dios con culto religioso. SAL 1846 ADORAR. a. Honrar y reverenciar con culto religioso; lo que principal y propiamente se debe á solo Dios. Adorare. CAS 1852 ADORAR. v. a. Reverenciar en la religion católica con culto á las imágenes y reliquias. DOM 1853 Adorar, v. a. Tributar, rendir, dar á Dios el supremo culto de latría que le es debido. Solo hablando de Dios se puede usar propiamente. NT 1825 ANTECRISTO, s. m. Impostor que ha de perseguir la Iglesia católica 13 y sus fieles al fin del mundo segun la opinion comun. DOM 1853 ANTECRISTO, s. m. Voz que significa: enemigo do Cristo, el reverso de su medalla, por decirlo así. Este misterioso personaje anunciado en profecías del antiguo y nuevo testamento debe escandalizar a la tierra con un sin número de iniquidades y crímenes horrendos (…). NT 1825 * ¶ AYUNO, s. m. Abstinencia de manjares mandada por la iglesia. SAL 1846 AYUNO. m. Abstinencia de manjares prohibidos sin hacer mas que una comida al dia por precepto eclesiástico ó por devocion. En este caso, la construcción haber de + infinitivo es una perífrasis que expresa obligación. 13 34 ZER 1895 * LATRÍA [Del lat. latrīa; del gr. λατρεία. adoración.] f. Culto que se 14 debe sólo á Dios. DOM 1853 SUPERSTICION, s.f. Culto, veneración respetuosa que se tributa á quien no se debe. NT 1825 PECAR, v. n. Quebrantar la ley de Dios. || Faltar absolutamente á cualquiera obligacion, y á lo que es debido y justo, ó á las reglas del arte ó política. La modalización volitiva La modalización volitiva revela lingüísticamente la posición del emisor frente lo deseable y a lo no deseable. Se trata, así, de un acto de voluntad, que no es tan tajante como la modalización deóntica. El emisor-redactor introduce una serie de marcas lingüísticas para orientar al receptor sobre las actitudes más idóneas y aconsejables. Por tanto, es normal que aparezcan adjetivos como bueno o malo con sus correspondientes variaciones flexivas, pero también puede aparecer mediante la elección de hiperónimos que establecen una escala gradativa de lo recomendable y lo no recomendable o de las virtudes y vicios humanos, entre otras cuestiones. CAS 1852 CASTIDAD. s.f. Privacion de los placeres de la carne ó de los recuerdos de ellos. DOM 1853 CASTIDAD, s.f. Virtud moral o cristiana, que consiste en reprimir y moderar los apetitos sensuales de la carne. Diccionario enciclopédico de la lengua castellana, de Zerolo, De Toro e Isaza (1895). 14 35 SAL 1846 * ¶ DIABLO. m. Nombre general de los ángeles arrojados al abismo, y de cada uno de ellos. DOM 1853 Diablo, s. m. Nombre genérico estensivo á todos y cada uno de los ángeles malos, espíritus rebeldes ó demonios, que fueron lanzados al abismo en castigo de su inaudita temeridad. NT 1825 INFIERNO, s. m. Lugar destinado por la divina justicia para eterno castigo de los malos. DOM 1853 Infierno, s. m. Mansion ó lugar de tormentos, en donde sufriran los malvados, después de esta vida, el eterno castigo que merécen sus culpas. SAL 1846 LUJURIA. f. El vicio que consiste en el uso ilícito ó apetito desordenado de los deleites sexuales. NT 1825 RELIGIÓN, s.f. Virtud moral con que adoramos y reverenciamos á Dios, como á primer principio de todas las cosas || La actual observancia de las buenas costumbres y obras de devocion. 36 NT 1825 SERMON (…) || El discurso cristiano ú oracion evangélica que se predica en alguna parte para la enseñanza de la buena doctrina, para la enmienda de los vicios, ó en elogio de los buenos para la imitación de sus virtudes. La modalización valorativa o apreciativa Por último, la modalización valorativa o apreciativa permite que el lexicógrafo valore la realidad a la que se refiere, mostrando así el aprecio o desprecio por el objeto de su redacción. Las marcas lingüísticas constatables pueden ser el uso de adjetivos afectivos, ponderativos o evaluativos axiológicos y de sustantivos con fuerte carga connotativa, aunque también se aprecian otros mecanismos morfológicos como la sufijación apreciativa o la presencia de superlativos absolutos. SAL 1846 ANTECRISTO. m. Aquel hombre perverso y diabólico, que ha de perseguir cruelmente á la iglesia católica y sus fieles al fin del mundo. Antichristus. GAS 1853 ANTECRISTO : s. m. Rel. : nombre con que se designa un tirano impío y cruel que, segun las creencias cristianas, debe reinar sobre la tierra cuando el mundo toque a su fin, ejerciendo contra los escojidos la última y más terrible de las persecuciones (…). CAS 1852 AQUELARRE. s. m. Lugar donde, según antiguas tradiciones vulgares autorizadas por el Santo Oficio, las brujas y los brujos se juntaban para celebrar sus nocturnos conventículos. Tambien se llama aquelarre al acto de la misma junta. 37 GAS 1853 AQUELARRE: s. m. : sociedad, asamblea de brujas y brujos, que se reunen para sus ceremonias y bailes, segun las opiniones supersticiosas de varios pueblos antiguos y modernos. GAS 1853 ATEO: adj. Rel.: el que no reconoce a Dios, el que niega la existencia de un Ser Supremo, intelijente, fuera de la materia; de una intelijencia superior a la naturaleza humana. El ateo no es, propiamente hablando, el salvaje ignorante, inculto y bárbaro, que no se ocupa mas que en satisfacer sus necesidades físicas, que vive en el aislamiento, que no pretende averiguar su naturaleza, y mucho menos la del Criador; este hombre no piensa en Dios ni encuentra en sí nada que se lo revele; no es ateo porque no niega nada. El ateo es aquel que después de haber recibido toda la instruccion que la relijion puede darle respecto a Dios, pretende que no hay Dios. El ateo lo ve todo en la naturaleza, escepto aquel sin el cual nada existiria. ZER 1895 * BELLEZA [De bello.] f. 1. Propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas. La belleza absoluta solo reside en Dios. NT 1825 COMULGAR, v. n. Recibir la sagrada comunion. DOM 1853 Comulgar. v. n. Recibir la sagrada comunion, el inefable sacramento de la Eucaristía, instituido por el Salvador en la sublime noche de la Cena. GAS 1853 COMULGAR (…) recibir la comunion. 38 CAS 1852 CORAN. s. m. El libro sagrado de los musulmanes. DOM 1853 CORAN, s. m. Libro en que los musulmanes consérvan la ley de Mahoma, con sus ritos y ceremonias. ZER 1895 * ALCORÁN. [Del ár. alcorán, la lectura por excelencia.] m. 1.1 Libro en que se contienen las revelaciones que Mahoma supuso recibidas de Dios, y que es fundamento de la religión mahometana. NT 1825 EVANGELIO, s. m. Historia de la vida, doctrina y obras maravillosas de Jesucristo escrita por uno de los cuatro evangelistas. DOM 1853 Evangelio, s. m. Nombre que significa buena nueva, y representa en uno, como esencialmente conformes, los cuatro libros redactados por los cuatro evangelistas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, y á vista de los hechos, acerca de la vida, doctrina, sacrificios, ejemplos y obras miríficas de nuestro Señor Jesucristo, desde su nacimiento en el portal de Belen, hasta su crucifixion sobre la cima del Gólgota. Es indudablemente la mejor de las historias y de las obras religiosas, humanitarias y aun filosóficas escritas desde que hay mundo, como que conduce directamente á la salvacion del alma (…). SAL 1846 * HEREJÍA. f. Error en materia de fe sostenido con pertinacia. NT 1825 HECHIZAR, v. a. Embrujar, dar hechizos, maleficiar. 39 GAS 1855 HECHIZAR: v. a: segun la credulidad del vulgo, privar uno a otro de la salud o de la vida, trastornarle el juicio o causarle algun otro daño, en virtud de pacto hecho con el diablo y de ciertas confecciones y prácticas supersticiosas. NT 1825 INQUISICION, s. f. (…) || Tribunal eclesiástico establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe. DOM 1853 Inquisicion, (…) || Tribunal eclesiástico, establecido en algunas naciones con el objeto de inquirir y castigar los delitos contra la fe. Los encargados de llenar este objeto, abusáron funestamente de su mision; y hoy por fortuna, nos vemos libres de ellos, si bien nos horroriza todavía el recuerdo de los infinitos y terribles males que han producido (…). GAS 1855 INQUISICION: (…) =Hist.: tribunal establecido en varios paises para inquirir y castigar los delitos contra la fe católica. Este tribunal ha ejercido su sanguinaria jurisdicion por espacio de algunos siglos en España, Francia e Italia, abusando horriblemente de su funesto poder y haciendo morir a millones de personas en los tormentos. DOM 1853 Jesuita, s. m. Miembro de la compañía de Jesus, órden religiosa fundada en 1534, por Ignacio de Loyola, y aprobada, años después, por el pontífice Paulo III. Esta órden, superior en sabiduría a todas las demás , ha 15 producido en todos tiempos hombres muy eminentes por sus virtudes y letras, que se han dedicado con el mayor celo á las predicaciones evangélicas y á la enseñanza de la juventud, como primordiales y sublimes objetos de su Domínguez recurre frecuentemente a esta técnica de doble calificación de las personas o hechos 15 que juzga, en la que expone la parte negativa, mencionando los defectos, pero también la positiva, reconociendo sus logros y virtudes (Cazorla Vivas, 2002: 1974). 40 8. Bibliografía Fuentes primarias De Castro y Rossi, A. (1852). Gran diccionario de la lengua española, Tomo I. Madrid, Oficinas y establecimiento tipográfico del Semanario Pintoresco y de La Ilustración. Domínguez Hervella, R. J. (1853). Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47). Madrid-París, Establecimiento de Mellado. Gaspar Maristany, J. y Roig Oliveras, J. (1853). Diccionario enciclopédico de la lengua española , con todas las vozes, frases, refranes y locuciones usadas en España y las Américas Españolas, en el lenguaje comun antiguo y moderno; las de ciencias, artes y oficios; las notables de historia biografía, mitolojía y geografía universal, y todas las particularidades de las provincias españolas y americanas. Madrid, Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, editores. Núñez de Taboada, M. (1825). Diccionario de la lengua castellana, para cuya composición se han consultado los mejores vocabularios de esta lengua y el de la Real Academia Española, últimamente publicado en 1822; aumentado con más de 5000 voces o artículos que no se hallan en ninguno de ellos, 2 vols. París, Seguin. Salvá y Pérez, V. (1846). Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas. París, Vicente Salvá. Zerolo y Herrera, E., De Toro y Gómez, M. e Isaza Gutiérrez, E. (1895). Diccionario enciclopédico de la lengua castellana. París, Garnier Hermanos. 47 Fuentes secundarias Alvar Ezquerra, M. (2018). El Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de E. Zerolo, M. de Toro y Gómez y E. Isaza, y su versión extractada. Revista de Filología de la Universidad de La Laguna 36, pp. 15-33. Alvar Ezquerra, M. (1993). La lexicografía descriptiva. Barcelona, Biblograf,, pp. 73-77. Álvarez Junco, J. (2001). Mater dolorosa: la idea de España en el siglo XIX. Madrid. Taurus. Álvarez Valencia, J. A. (2006). El diccionario y sus sesgos ideológicos. Interlingüística, 50, pp. 95-115. Anglada Arboix, E. y Bargalló Escrivá, M. (1992). En Ariza et al. (eds.): Actas del II Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española I. Madrid, Pabellón de España, pp. 955-962. Ariza Viguera, M. (2008). Sexo, religión y política en los diccionarios académicos. En Ariza Viguera, M. (2008): Insulte usted sabiendo lo que dice y otros estudios sobre el léxico. Madrid, ArcoLibros, pp. 31-48. Azorín Fernández, D. (1996-1997). La lexicografía española en el siglo XIX: del diccionario a la enciclopedia. ELUA. Estudios de Lingüística, 11, pp. 111-122. Azorín Fernández, D. y Baquero Mesa, R. (1994-1995). De la teoría a la práctica lexicográfica: el «Nuevo diccionario de la lengua castellana» de Vicente Salvá. ELUA. Estudios de Lingüística. N. 10, pp. 9-20. Calero Fernández, M.ª L. (1999). Diccionario, pensamiento colectivo e ideología (o los peligros de definir). En Vila Rubio, M. N. et al. (coord.): Así son los diccionarios. Universitat de Lleida, Universitat de Lleida, Servei de Publicacions, pp. 149-202. 48 Calero Vaquera, M.ª L. (2010). Ideología y discurso lingüístico: la Etnortografía como subdisciplina de la glotopolítica. Boletín de Filología, XLV, 2, pp. 31-48. Cazorla Vivas, M.ª C. (2002). La lexicografía como medio de expresión ideológica. En Echenique, M.ª T. y Sánchez, J. (eds.): Actas del V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, II, Madrid, Gredos, 2002, pp. 1967-1978. Clavería Nadal, G. (2007). Historia del léxico en los diccionarios: la deuda del “Diccionario de la lengua castellana” de la Real Academia Española con los diccionarios de M. Núñez de Taboada. Revista de Historia de la Lengua Española, 2, pp. 3-27. Díaz Rosales, R. (2005). Educando ideologías: algunas notas sobre política y religión en el DRAE. Interlingüística, 16, pp. 311-320. Durán Muñoz, R. (1972). El XIX, siglo de convulsiones políticas en España. Estudios sindicales y cooperativos, 21-22, pp. 260-272. Fillmore, C. (1994). Lexicography and Ethnographic Semantics. En Martin, W., Meijs, W., Moerland, M., ten Pas, E., van Sterkengurg, P. y Vossen, P. (eds.): Euralex, 1994, Proceedings. Fischer Hubert, D. (2006). La publication d’un dictionnaire encyclopédique espagnol à Paris à la fin du XIXe siècle. En Bruña Cuevas, M. et al. (coord.): La cultura del otro: Español en Francia, Francés en España. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 490–500. Fishman, J. (1995). Dictionaries as culturally Constructed and as Culture-Constructing Artifacts: The Reciprocity view as seen from Yiddish. En Kahane, H. y Kachru, B. (eds.): Cultures, Ideologies and the Dictionary. Studies in Honor of Ladislav Zgusta. Tubinga, pp. 29-35. Forgas Berdet, E. (2007). Diccionarios e ideología. Interlingüística, 17, pp. 2-16. 49 Forgas Berdet, E. (1996). Lengua, sociedad y diccionario: La ideología. En Forgas Berdet, E. (coord.): Léxico y diccionarios. Universitat Rovira i Virgili, Departament de Filologies Romàniques, pp. 71-90. García Platero, J. M. (2018). Ideología y sátira en la lexicografía decimonónica. Revista de Filología, 36, pp. 199-226. García Platero, J. M. (2003). La lexicografía no académica de los siglos XVIII y XIX. En Medina Guerra, A. : (coord.): Lexicografía española. Barcelona, Ariel, 2003, pp. 265–280. González Salgado, J. A. (2007). La lexicografía acientífica: algunas notas sobre los otros diccionarios. En Campos Souto, M. (ed.): Historia de la lexicografía española. Anejos de la Revista de Lexicografía, 7, A Coruña, Universidade da Coruña, 2007, pp. 77-86. Hernández Hernández, H. (2018). “La lexicografía, una disciplina con futuro”. Revista de Filología. Universidad de La Laguna, 36, pp. 9-14. Hobsbawm, E. (2011). La era de la revolución 1789-1848. Barcelona, Crítica. Jiménez Ríos, E. (2000). Las marcas diacrónicas en los diccionarios no académico del siglo XIX. Revista de Filología de la Universidad de la Laguna, 18, pp. 155-172. Jiménez Ríos, E. (2023). Observaciones de autores del siglo XIX acerca de palabras que faltan en la lengua y en el diccionario. Revista de Filología, 47, pp. 189-209. Maldonado González, M. C. (2018). Las investigaciones de mercado en lexicografía comercial: un aprendizaje para el mundo académico e investigador. Revista Internacional de Lenguas Extranjeras, 2019, 10, pp. 101-118. Martínez-Atienza, M. (2019). Marcas de ideología religiosa en la lexicografía decimonónica. Zeitschrift für romanische Philologie, 135 (1), 195-222. 50 Moreno Villanueva, J. A. (2018). Reseña de San Vicente, F., Garriga Escribano, C. y Lombardini, H. E. (coords.) (2011): Ideolex. Estudios de lexicografía e ideología, Monza. Revista De Lexicografía, 19, pp. 215–221. Plata Parga, F. (2010). Covarrubias Horozco, Sebastián. Tesoro de la lengua castellana o española. Ed. Ignacio Arellano y Rafael Zafra. Biblioteca Áurea Hispánica, 21, Madrid. Rilce. Revista de Filología Hispánica, 26 (2), pp. 499-502. Quilis Merín, M. (2007). Las tareas lexicográficas en el siglo XIX: los diccionarios de Ramón Joaquín Domínguez. En Campos, M., Cotelo, R. y Pérez, J.I. (ed.): Historia de la lexicografía española, A Coruña, Servicio de Publicaciones de la Universidad, pp. 141-152. Quilis Merín, M. (2014). Ideología en el Diccionario Nacional (1846-47) de Ramón Joaquín Domínguez: la «nomenclatura vergonzante». Boletín de los Hispanistas Helvéticos 23, pp. 141-164. Raab, M. (2019). Ideas políticas en algunas obras lexicográficas monolingües del siglo XIX: en torno a lo liberal y lo nacional. ELUA, Anexo V, pp. 89-106. Ravina Martín, M. (1999). El gran diccionario de la lengua. En Ravina Martín, M. (1999): Bibliófilo y erudito. Vida y obra de Adolfo de Castro (1823-1898), Universidad de Cádiz, Servicio de publicaciones, pp. 66-73. Rodríguez Barcia, S. (2010a). Una patria, una religión. Consolidación del estereotipo nacional católico en los diccionarios de la RAE (1770-1843). En Gaviño Rodríguez, V. y Durán López, F. (eds.): Gramática, canon e historia literaria: Estudios de filología española entre 1750 y 1850, Madrid, Visor Libros, pp. 349-372. Rodríguez Barcia (2010b). Diccionario y racionalizaciones religiosas. Un ejemplo de ruptura de la tradición en el siglo XIX: Adolfo de Castro y Rossi. En Medina Guerra, A. M. y Ayala Castro, M. C. (ed. y coord.): Los diccionarios a través de la historia. Universidad de Málaga, pp. 550-569. 51 Rodríguez Barcia, S. (2012). El análisis ideológico del discurso lexicográfico: una propuesta metodológica aplicada a diccionarios monolingües del español. Verba: Anuario Galego De Filoloxía, 39, pp. 135-159. Rodríguez Barcia, S. (2016). Introducción a la lexicografía. Editorial Síntesis, Madrid. Rodríguez Barcia, S. (2018). De la etnolexicografía a la lexicografía crítica. Revista de Investigación lingüística, 21, pp. 186-206. Rojas Gallardo, D. (2024). Ideología y diccionario. En Torner Castells, S. et al. Lexicografía hispánica The Routledge Handbook of Spanish Lexicography. Routledge, Nueva York, pp. 114-125. Seco Raymundo, M. (1987). El nacimiento de la lexicografía española no académica. En Seco Raymundo, M: Estudio de lexicografía española. Madrid, Paraninfo, pp. 129–251. Trujillo González, V. (2013). Los libreros franceses y el desarrollo de la lexicografía española e hispanoamericana del siglo XIX: difusión e influencia. Études Romanes de Brno 34:2, pp. 9–22. Van Dijk, T. (2005). Ideología y análisis del discurso. Utopía y Praxis Latinoamericana, 10 (29), pp. 9-36. Zamora Vicente, A. (1999). Historia de la Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe. 52 9. Anexo NT 1825 SAL 1846 CAS 1852 DOM 1853 ADORAR Reverenciar á Dios con culto religioso. Honrar y reverenciar con culto religioso; lo que principal y propiamente se debe á solo Dios. Reverenciar en la religion católica con culto á las imágenes y reliquias. Tributar, rendir, dar á Dios el supremo culto de latría que le es debido. Solo hablando de Dios se puede usar propiamente. NT 1825 DOM 1853 ANTECRISTO Impostor que ha de perseguir la Iglesia católica 13 y sus fieles al fin del mundo segun la opinion comun. Voz que significa: enemigo do Cristo, el reverso de su medalla, por decirlo así. Este misterioso personaje anunciado en profecías del antiguo y nuevo testamento debe escandalizar a la tierra con un sin número de iniquidades y crímenes horrendos (…). CAS 1852 GAS 1853 AQUELARRE Lugar donde, según antiguas tradiciones vulgares autorizadas por el Santo Oficio, las brujas y los brujos se juntaban para celebrar sus nocturnos conventículos. Tambien se llama aquelarre al acto de la misma junta. sociedad, asamblea de brujas y brujos, que se reunen para sus ceremonias y bailes, segun las opiniones supersticiosas de varios pueblos antiguos y modernos. 53 NT 1825 SAL 1846 AYUNO Abstinencia de manjares mandada por la iglesia. Abstinencia de manjares prohibidos sin hacer mas que una comida al dia por precepto eclesiástico ó por devocion. CAS 1852 DOM 1853 CASTIDAD Privacion de los placeres de la carne ó de los recuerdos de ellos. Virtud moral o cristiana, que consiste en reprimir y moderar los apetitos sensuales de la carne. NT 1825 DOM 1853 GAS 1853 COMULGAR Recibir la sagrada comunion. Recibir la sagrada comunion, el inefable sacramento de la Eucaristía, instituido por el Salvador en la sublime noche de la Cena. (…) recibir la comunion. 54 NT 1825 DOM 1853 GAS 1853 CORAN/ * ALCORAN El libro sagrado de los musulmanes. Libro en que los musulmanes consérvan la ley de Mahoma, con sus ritos y ceremonias. Libro en que se contienen las revelaciones que Mahoma supuso recibidas de Dios, y que es fundamento de la religión mahometana. SAL 1846 DOM 1853 DIABLO Nombre general de los ángeles arrojados al abismo, y de cada uno de ellos. Nombre genérico estensivo á todos y cada uno de los ángeles malos, espíritus rebeldes ó demonios, que fueron lanzados al abismo en castigo de su inaudita temeridad. SAL 1846 GAS 1853 DIOS || Entre los gentiles se dio este nombre á cualquiera de las falsas deidades que veneraban; como el DIOS Apolo, el DIOS Marte; y como eran muchos, se usaba tambien en plural. || —Cualquiera de las divinidades adoradas por los Gentiles, ya fuesen del cielo, de la tierra, de los mares o del infierno. 55 NT 1825 GAS 1853 DOGMA (…) || Verdad revelada por Dios, propuesta por la Iglesia para nuestra creencia. (…) Mas comunmente se da este nombre a cada uno de los principios fundamentales de la relijion cristiana, extendiéndose tambien a los de las demás relijiones o sectas. NT 1825 GAS 1853 HECHIZAR Embrujar, dar hechizos, maleficiar. segun la credulidad del vulgo, privar uno a otro de la salud o de la vida, trastornarle el juicio o causarle algun otro daño, en virtud de pacto hecho con el diablo y de ciertas confecciones y prácticas supersticiosas. DOM 1853 GAS 1855 IGLESIA Sociedad de los adoradores del verdadero Dios. congregacion de personas reunidas por la profesion de una misma fe, por la participacion de unos mismos sacramentos y por la sumision a los prelados. 56