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Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº14, año 2020, pp. 388-392 388 La Prensa según Lisardo el estudiante. Testimonios noticieros en el Fondo Hazañas Inmaculada Casas-Delgado Diputación de Sevila, Sevilla, 2019 182 páginas Reseña por Pilar González Fandos DOI: https://dx.doi.org/10.12795/RiHC.2020.i14.18 Hazañas y la Rúa: de cómo su vida se funde en la historia de Sevilla Existen dos formas de acercarse al conocimiento de un personaje. La más general, quizás la más rápida y fácil, es la entrevista, el tête à tête con el personaje. No sólo lo descubrimos por sus palabras, sino también por sus gestos, sus dudas, sus evasivas y sus silencios. La otra opción es la investigación de los documentos que haya dejado y los testimonios de quienes lo conocieron. Inmaculada Casas Delgado, autora del libro que
La Prensa según Lisardo el estudiante. Testimonios noticieros en el Fondo Hazañas, de Inmaculada Casas- Delgado Revista Internacional de Historiadores de la Comunicación, Nº14, año 2020, PP. 388-392 389 aquí presentamos, ha dispuesto de los dos procedimientos para recrear la figura de don Joaquín Hazañas y la Rúa, sevillano ilustre, con quien tuvo sus primeros encuentros durante la investigación realizada en la elaboración de su tesis doctoral Ecos de la Modernidad y paneuropeísmo en la literatura de cordel española (1750-1850). Catalogación y análisis del Fondo Hazañas, brillantemente defendida en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. No se detuvo aquí sino que profundizó en el tema hasta conseguir el retrato riguroso que nos ofrece sobre su vida, su trabajo, sus aficiones, sus amigos y su ciudad. Ahora usa el segundo método, según confiesa la autora al declarar en la dedicatoria su agradecimiento a … Fernando Oliveres Valera, por permitirme entrevistar a su bisabuelo, Joaquín Hazañas y la Rúa, a través de sus recuerdos. Nos permite seguirle en sus frecuentes apariciones en la prensa local acompañando a ilustres visitantes o como autoridad local o religiosa y también como colaborador en distintas cabeceras de la prensa de la ciudad. Un amplio espectro de una vida dedicada a la investigación y que permite estudiarlo como profesor en la Universidad -fue rector en dos períodosbibliófilo, filólogo, historiador, crítico literario, escritor y publicista. Minuciosa es también la descripción de su biblioteca personal que donó en 1925 a la Universidad: 4840 volúmenes conservados en el depósito de la Biblioteca de Humanidades, catalogados e incluidos en el catálogo online. Más 150 cajas todavía en proceso de digitalización que guardan folletos de la literatura popular, relaciones de sucesos, romances antiguos, canciones… literatura de cordel que se mantuvo activa hasta principios del XX, a pesar de la ínfima valoración que de ella se hizo en el siglo de las Luces. Nos describe su día a día: desde la misa en San Buenaventura, desayuno en el Ateneo y la participación en las llamadas “tertulias matutinas ateneístas” en que además de las discusiones literarias, filosóficas y acaso políticas, se ocupaban de la organización de eventos culturales que contribuían a la entonces activa vida social de la burguesía sevillana. Quienes frecuentaban estas tertulias acudían también a otras vespertinas en casa de los hermanos Pérez de Guzmán y Bouza (duque de T’Serclaes y Tilly y marqués de Jerez de los Caballeros). Pero no se trataba de unas charlas más o menos amenas y divertidas, que al decir de los asistentes así lo eran, sino también una manera de trabajar consultando en la rica biblioteca de los hermanos textos antiguos, manuscritos o impresos raros. Sevilla era sin duda tema recurrente entre los tertulianos, la crema de la “intelectualidad” sevillana, amantes y orgullosos de la ciudad y que hoy son conocidos de gran número de sevillanos pues el Consistorio les ha dedicado algunas calles; por nombrar sólo algunos: Luis Montoto, José Gestoso, Collantes de Terán… Hazañas
Pilar González Fandos Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº14, año 2020, pp. 388-392 390 también tiene la suya en una recoleta zona cerca de la Universidad, que desemboca en la calle Maese Rodrigo, en honor de Rodrigo Fernández de Santaella quien fundara la Universidad de Sevilla en 1505 y de quien Hazañas escribió la biografía. Comenta el gesto serio y algo impostado de Hazañas en las numerosas fotografías en que apareció en prensa, sin duda por el deseo de dar importancia y respeto al cargo que representaba. Sus apariciones eran muy frecuentes en el primer tercio del siglo XX como representante de importantes actividades culturales o como notas de sociedad sobre alguna de las muchas conferencias que pronunció. El que fuera concejal del Ayuntamiento durante dos años no significa que tuviera veleidades políticas; nada se dice de manera explícita pero sus escritos, su profunda religiosidad y la sociedad que frecuentaba muestran a las claras su pensamiento político. La faceta periodística de Hazañas puede seguirse a través de los seudónimos que usó, además de su propio nombre, en los numerosos artículos que publicó (más de 200 señala la autora), tanto en las cabeceras sevillanas como en las de otras ciudades. Lisardo el estudiante, que da título al libro, asegura I. Casas fue el alias que más usó como consta en las numerosas publicaciones que recorrían Sevilla en aquel primer tercio de siglo (revistas de la Universidad, de los Tribunales, Literarias, además de en periódicos como El Porvenir, El Correo de Andalucía, El Noticiero…) ¿Por qué ese seudónimo? La figura de Lisardo tiene su origen en el folclore gallego, hacia finales del siglo XVI, y ha pervivido durante siglos tanto en la literatura culta como en la popular de los pliegos sueltos, hasta el Romanticismo en que Zorrilla y Espronceda dieron de nuevo popularidad a este “galán de monjas”. Faltos de otros datos nos atrevemos a decir que es esa mezcla de lo culto y lo popular, que tan por igual era atractiva a Hazañas, lo que motivó su elección. Destaca la obra Ensayo de una historia de la tipografía sevillana y noticias de algunos de sus impresores desde la introducción del arte tipográfico en esta ciudad hasta el año de 1800, que está en el origen de un profundo interés por los primeros años del establecimiento de la imprenta en Sevilla, así como en otras capitales de España. Desde hace varias décadas este interés ha ido en aumento y son muchos los investigadores que trabajan sobre libros antiguos y sobre unos folletos o pliegos sueltos que recogían los romances o las primeras noticias de carácter bélico, político y sobre todo tipo de actividades que regulan la marcha de una ciudad (decretos, acontecimientos religiosos, incluso “notas de sociedad” comunicando tanto los festejos populares como las fiestas que daba la nobleza). Son las “relaciones de sucesos”; una prensa naciente cuyo estudio no ha parado de desarrollarse en las últimas décadas y que supone un interesante campo de investigación para construir una “historia desde abajo”. Lo que procura I. Casas en su
La Prensa según Lisardo el estudiante. Testimonios noticieros en el Fondo Hazañas, de Inmaculada Casas- Delgado Revista Internacional de Historiadores de la Comunicación, Nº14, año 2020, PP. 388-392 391 rigurosa búsqueda de impresos es que ofrezcan la información histórica que otros documentos no sólo no ofrecen sino que intentan ocultar. Pero no se detiene en los siglos XVI y XVII y continúa indagando en los siglos XVIII y XIX. Este es el tema de la segunda parte de esta monografía. Nos abre las famosas cajas del “Fondo Hazañas”, que tan bien conoce y nos acerca a la historia popular deteniéndose en las informaciones de los folletos que atesoran, de los que llama “romances noticieros” o pliegos de cordel que en el siglo XVIII van paulatinamente sustituyendo a las relaciones de sucesos. Destaca en estas hojillas la “riqueza informativa” a la vez que la celeridad con que transmitían las noticias. Calcula que en las cajas puede haber miles de pliegos sueltos de entre los siglos XVIII y XIX, de los cuales ha seleccionado 107 títulos y clasificado por su temática. Abundan los pliegos de cordel informantes de fenómenos de la naturaleza, siempre catastrofistas, en los que subyace la creencia de que obedecen a un castigo divino. También las hay sensacionalistas, de cautivos, de crímenes en gran parte morbosos y satíricos, a veces escatológicos. No siempre el autor de los pliegos es el recolector de la noticia pues a veces copia lo que ya ha salido publicado en prensa, aunque dándoles un toque de sentimentalismo lo que justifica que las noticias dadas por esos medios, al igual que los romances, permanezcan en la memoria frente a la efímera vida de la noticia dada en prensa que se supone neutral y que carece del poder de difusión de la oralidad. En el epígrafe “Armas de papel y tinta” se explican las diferentes prácticas de lectura entre las clases poco alfabetizadas que, como afirma Chartier, contribuyeron a la difusión de ideas que abonaron el terreno a las revueltas que plagaron estos siglos. Son muchos los folletos relativos a la Guerra de la Independencia, que tuvo gran influencia en la elaboración de la Constitución de 1812 con la permisión de la libertad de prensa que provocó que crecieran de modo exponencial los periódicos publicados en Cádiz y, naturalmente, de las hojas sueltas, conocidas y repetidas por el pueblo, que iban llenando las estanterías de curiosos coleccionistas. No faltan en ellas los improperios ni los motes, ni las canciones satíricas contra los impíos franceses mientras que Fernando VII es narrado como el “Salvador”; al igual que aparece el humor en las publicaciones sobre las Guerras Carlistas. Poco sin embargo sobre la Guerra de África. I. Casas mantiene la hipótesis de que la “lucha de poderes sin armas se traslada a la literatura del cordel”. También hay en esta panorámica de los pliegos un muestrario de los romances de ciego con sus horribles historias de crímenes y ejecuciones públicas mantenidas durante siglos, al pensar de las autoridades, por su valor ejemplizante. Pese a que eran acogidas
Pilar González Fandos Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº14, año 2020, pp. 388-392 392 por el público que disfrutaba del espectáculo con verdadero regocijo. Las coplas que se escribían sobre el caso “enfatizan sobre el encarnizamiento del criminal a la hora de realizar su propósito”, escribe la autora citando a Olympe Puget. Pero su opinión es que estos textos, lejos de ser ejemplizantes revelan más bien la morbosa psicología social de la época. Enriquece su teoría proponiendo un muestrario de los folletos encontrados en las cajas. Una clasificación temática. Hay en estas fichas una descripción física del documento, la signatura y la dirección digital. En suma, es de interesante lectura esta monografía que nos permite percibir la vida sosegada de una parte de la sociedad sevillana a través de la biografía de don Joaquín Hazañas y su amor, no exento de chauvinismo por la ciudad (¿y qué sevillano no la padece?) a la vez que nos acompaña en un paseo histórico en el vehículo de la literatura de cordel.