Propaganda republicana: Discurso pronunciado por el ciudadano Fernando Garrido en el teatro del recreo campestre de Sabadell el 29 de Octubre de 1868
Full text
propaganda republicana 4. mscoBSO PRONUNCIADO POR EL CIUDADANO MÍAJDO,GAEeiD0 EN EL TEATRO DEL RECREO CAMPESTRp DE SAÍADeLL EL 29 DE OCTUBRE DE 1868. Invitado por una comisión de las clases trabajadoras de Sabadell ápasar ádicha villa, para tener una conferencia sobre los grandes problemas políticos ysociales que la nación debe resolver por el sufragio universal, el ciudadano Fernando Garrido, delante de una concurrencia de mas de dos mil personas reunidas en el teatro de los Campos Elíseos, se expresó en estos términos: «Ciudadanos de Sabadell. Grande es mi satisfacción al encontrarme entre vosotros, al poder dirigiros libremente la palabra. Hoy somos libres, tenemos mas libertad que pueblo alguno: nuestros destinos están en nuestras manos, yestamos dando un grande ejemplo de virtud, yprobando con nuestra conducta que somos dignos de la libertad. Cuando teníamos la desgracia de tener rey se decia: ¿Qué seria de España el dia en que llegase ácaer la ,,^«winarqníA? el puos, la desolación de kLSociedad.. el robo, el saqueo, tal seria el espectáculo que ofreceríamos al mundo. El pueblo no está educado para la libertad. Pues bien, bace un mes que somos libres, que el pueblo es dueño de sí mismo, que ha podido ypuede hacer cuanto quiera, ysin embargo nunca la propiedad ha estado mas respetada, ni el órden ha sido mayor; el órden en realidad no ha existido en España sino cuando hemos arrojado álos reyes yderribado el trono, que eran, con su opresión, los verdaderos provocadores del desórden. Pero preciso es no dormirnos; preciso es estar muy alerta yobrar con tanta prudencia como energía para no comprometer la libertad que hemos reconquistado. Las clases^ trabajadoras mas que nadie tienen interés en la conWvacion del órden, porque’es la que mas necesita la libertad. Yo sé bien que no necesitáis estas recomendaciones, trabajadores de Sabadell; pero nectario es qué no olvidéis un momento, que depende la salvación de la patria de vuestra paciencia para esperar ála consolidación de la libertad, que hoy disfrutamos, para ocuparos.de mejorar vuestra suerte, asociándoos para economizar, para consumir ypara producir, para reducir las horas de trabajo, que son excesivas para muchos de vosotros, pues sé que pasan de doce yhasta que ll^an ácatorce,- para algunos, áfin de no complicar las cuestiones, ysobre todo de que para realizar «tas mejoras recurráis álos medios pacíficos ylegales, hoy que la legalidad es tan amplia, bascando con los fabricantes la armonía yel acuerdo en lugar de la lucha; de esta paciencia, repito, depende vuestro porvenir yel porvenir de la patria. Yo sé bien que hay ciertos progresos industríales en la maquinaria, en la mecánica sobre todo, que traen profundas perturbaciones para las clases obreras, yqae estos progresos empiezan haciendo mal al trabajador; pero sé también que e8t« males no se remedian que- .mando máqninas,que son un progreso, un bien para la sociedad yen definitiva para el obrero, sino asociándose para que las máquinas sean instrumento del obrero, ynoel obrero instrumento de la máquina. Los que traten de induciros ádestruir máquinas, esos son enemigos vuestros: desconfiad de ellos. Lo que he dicho respecto al orden yálas medidas legales que debeis emplear para mejorar vuestra suerte en la esfera social, lo apreciaré para la cuestión política. Ciudadanos, hoy no hay nadie mas interesados que los republicanos en la causa del órden; porque solo de la legalidad puede salir la consagración de la Bepnblica en cuyo seno hoy vivimos! Sí; hoy vivimos en plena República, porque ¿qué es una sociedad que no tiene reyes, que los ha aríojado de sn seno, rompiendo y pisoteando las coronas, símbolode la soberanía real, que sé gobierna por el sufragio universal en nombre de de la soberanía nacional? Esa sociedad es una República, yeso es !o que hoy tenemos. ¿Y sabéis cómo podríamos perder este bien precioso? Queriendo darle la consagración de la fuerza, de la violencia. Saliendo ála (alie para imponer átiros la República, armando asonadas ymotines en nombre de la República. Sabedlo. To no temo álos enemigos declarados, álos realistas que salgan ála, calle en nombre de un rey, de un troco, porque estos serian iustantáneamente aplastados como se aplasta un sapo asqueroso, no: esos no son los enemigos temibles de la revolución; los que son de teme.' son los que, realistas encubiertos, tomen la careta de li República para cometer excesos. Aesos, trabajadores republicanos de Sabadell, en nombre de la República eclarles mano; arrestarlos como criminales yentrggajlos^jas autoridades constituidas para que sufran el merwilo castigo. La revolución no debe estar hoy en la callé sino en los comicios, la República la hemos de afianzar no con balas sino con boletines electorales. Orden pues en la calle yrevolución en las urnas. Tal como es, ápesar de sus errores yde su marcha vacilante, el gobierno es después de todo el engendro de la revolución, yaunque no podamos estar satisfechos de su conducta, debemos DO hostilizarlo mientras deje lealmente al pueblo elegir sus representantes para las Cortes constituyentes, yno ecarte luego las facultades soberanas de estos. Queriendo prejuzgar la cuestión en favor del restablecimiento del trono los individuos del gobierno provisional cometen una torpeza, porque su opiniou dicha como gobierno es un acto'de presión sobre la opinión pública, yesta, que es hoy soberana, ni se dejará imponer ni se doblegará ante esa presión; pero por lo mismo nosotros, republicanos, debemos contrarestarla propagando los principios republicanos, organizando sólidamente el partido, ilustrando nuestros concindadauos para no dejarnos encadenar de nuevo al yugo de un rey. Ahora quieren alaeinamos con que el nuevo trono que levantarán será democrático, con qué nos darán una monarquía constitucional democrática ;pero, ciudadanos, eso es una utopia :¿dónde hay, dónde te ve óse ha visto nna monarquía democrática? Esa es una pérfida careta con que quieren ocultamos la vCTdad. Lo cierto es que los monárquicos de España de todo lieneu men« de demócratas, y.que si con la ayuda de algunos ilnsos demócratas restablecieran la monarquía, esta quedaría en pié, pero no la democracia, ála que arrojarían igueminiosamente, después de haberse servido de ella, como de puntal, para levantar el caído trono. No nos dejemos, pu«, engañar ;puesto que la causa democrática estaría vencida con el trono ,yestará segura con la República federal :votemos por la República. La monarquía es esencialmente aristocrática. ¿Quiéa manda con las monarquías, aun las mas liberales? ¿El pueblo, las clases trabajadoras? No :quien manda son los reyes, no son los hombres del trabajo, sino los aristócratas, los aduladores cortesanos, las llamadas altas clases. En sus consejos figuran magistrados, senadores, obispos, generales yencumbrados personajes ;pero nunca el pueblo humilde. ¿Quién manda con la República democrática? El pueblo, las clases productoras de la sociedad, los artistas, los artesanos, los obreros. ¿Queréis un ejemplo? Pues bien, en Nueva York, población riquísima, de 800,000 habitantes, que solo en instrucción pública gasta un millón de duros al año, hay hoy siete carniceros como regidores óalcaldes. ¿Queréis decirme cuándo con una monarquía se verá esto en Madrid? Este gobierno del pueblo por el pueblo mismo, no se puede ver mas que con el sistema republicano. ¿Y qué diremos de lo que cuesta la monarquía yde lo qae cuesta la República? La monarquía constitucional es carísima :con dos mil quinientos millones al año DO tiene bastante. Con mil millones tendrá de sobra la República democrática. La monarquía no podrá pasar sin quintas ni matriculas de mar; por eso el ministerio no las ha declarado snprimidas, ápesar de que todas las juntas lo han pedido ;porque sus miembros desean el restablecimiento de la monarquía, yno quieren preparar al nuevo rey el embarazo de tener que restablecerlas. Solo la República podrá suprímíf en España las quintas ylas matrículas de mar. ¿No bastaría esto para que no queramos el restablecimiento del trono? La República, ciudadanos, es, además, el orden, la prosperiáad yla paz pública. Desde que nos hemos librado de reyes, hay libertad, paz, órden en España ;pero ¿continuará esta situación envidiable si volvemos álevantar el trono? No, ciudadanos, no. Desde que el trono se levante, ese trono anónimo, sin rey ;porque hasta ahora no hay mas qne candidatos vergonzantes que no se atreven á mostrarse; desde que ese trono se levantase, repito, pulularían los pretendientes. Saldrían ála palestra con sus pretensiones, los carlistas, por un lado; Montpensier, por otro; los que quisieran un portugués, por mas allá ;ysabe Dios cuántos mas ;los republicanos también ;yEspaña, hoy tan tranquila, se volvería un campo de Agramante, yla lucha, la guerra civil, volvería con la monarquía. Dejemos, pues, allá bien lejos, álos reyes, ya que tan bien nos encontramos sin ellos, y00 nos ocupemos mas que en organizar la República, en que hoy felizmente vivimos. El gran palenque está abierto, las elecciones van á llegar, ypuesto que en las Cortes constituyentes se va áresolver la suerte de España, decidiendo si tendremos Repúhüea ómonarquía, preparémonos para las elecciones. Organíc«e el pueblo en sociedades patrióticas republicanas por pueblos ypor barrios, yconfedérense estas asociación^ para asegurar el triunfo de los candidatos repubh'canos.- Que no haya confusión sobre todo. La unión era natural entre ios que estaban de acuerdo para derribar á los Borbones; pero desde el momento en que la obra de destrucción está cumplida, yque al tratarse de edificar cada partido quiere construir un edificio diferente, la unión es un imposible. Seria un engaño, una decepmon. Los monárqnicos que canten (¡ne deinuestren las excelencias de la monareptia y(jue voten por ella; los republicanos no debemos votar mas (pie republicanos yde aquellos que tienen bien probado su republicanismo. Para conseguir esta gran victoria, ¿qué nec«ita el pueblo? unirse estrechamente: abandonar, olvidar antiguas disidenrias de grupos yrivalidades funestas; abrazarse todos fraternalmente en nombre ypara bien de la República, éir compactos álas nmas por la República democrática yfederal. Voy ahora, ciudadanos, ádecir cuatro palabras sobre una cuestión delicada para este país, cuestión áque se aprran, como ála desesperada, los enemigos de la República, para apartar al pueblo de la bandera republicana yvolverlo áencadenar. Esa cuestión es la del libre-cambio. Ciudadanos: yo soy líbre-cambista en principio. Yo
oreo que es an derecho, aanqoe eomóimco, no menos inipcnlante qne los derechos políticos, el de poder cambiar libremente sns productos con los de los otros; pero delante de los hechís, delante de los intereses creados, intereses que representan la sobsistencia de centrares de miles de femilias de hombres laboiiosc^, los principien deben enmudecer yno aplicarse sino á medida que sea su práe^ca compatible con la existencia de nuestra industria nacional. Enhorabuena que vayamos al librecambio, pero de una manera que no perjudique los intereses creados; que no deje sin pan á todo un pnddo, áprovincias enteras. Esto sentado, vtómos si República ylibre-cambio son sinénimm, si monarquía yprotección ála industria es la misma cosa. Ciudadanos: dos grandes Repúblicas federales hay, una en Europa yotra en América; los Estados-Unidos yla Confederación suiza, ydigo áesta, gran República, porque lo es ápesar de ser pequeña en territorio yhabitantes. Pues éien, el sistema prot«:tor es el fundamento de su sistema arancelario. La gran República federal norte-americana es francamente proteccionista; no depende en ella de la voluntad de las provincias ó Estados el suprimir las aduanas, sino del gobierno central, del Congreso de la federación, yen Suiza, aunque ha llegado, porque así le tenia cuenta, áun gran librecambio, también el gobierno central es el que se ha reservado el derecho de establecer aduanas federales. Ya se ve, pues, por estos hechos, que puede haber y que hay en las Repúblicas federales mas libres, mas democráticas, aduanas, yno hay razón para que en España no suceda lo mismo. Las monarquías como las Repúblicas pueden ser librecambistas óproteccionistas, yel ejemplo lo tenemos en Inglaterra, monarquía constitucional, donde gradualmente van pasando de la protección al libre-cambio. ¿Qué mayores garantías de que no se irá ála libertad de comercio mas deprisa que con la República nos ofrecen las monarquías? Ninguna; absolutamente ninguna. Pues qué, ¿no se han rebajado los aranceles con la monarquía años pasados? ¿Por qué si la restablecemos no continuarla reduciendo los derechos de los géneros extranjeros? , Lo que debe hacerse, ylo que yo creo que se hara con la República es empezar por rebajar ópor suprimir los derechos de las primeras materias, como el mgodon, el carbón, el hierro en bruto yotras,^ afin de aligerar el fardo de gabelas que pesan sobre la industria nacional, yfacilitar su desarrollo yprosperidad, íPero, ciudadanos, ¿creeis que la República no ofrecerá mas garantía para que se cumplan las leyes que la monarquía, que es de suyo corruptora? ¿Pensáis que os sirvan de' gran .cosa las leyes restrictivas yprotectoras con qne la monarquía caida aparentaba protegeros? Acaso, ysin acaso, ignoráis qne el contrabando hecho ála sombra de la monarquía ha representado basta ahora mas de trescientos millones de reales al año. Los medios que las monarquías emplean para producir el bien, solo mal dan de si, porque la monarquía es ^mieíalmente corruptora. Los empleados de aduanas, ios carabinaos, salvo excepciones honrosas, son cómplices de los contrabandistas. La entrada del confrabando se asegura mediante un módico interfe, y las aduanas son la eaial por donde entra; pero con la libertad absoluta de imprenta, con un giÁienio verdaderamente popular, en el que la reponsabilidad de los empleadla es efectiva, ¿no habrá maj medios de moralizar á1(B guardadores de los intereses públicís? Sin duda mientras tengames aduanas yaltos deredios habrá contrabando. Solo la rebaja gradcal, mas ómenos lenta, de los derechc», podrá impedirlo de una manera completa; pero es indudable que la República, el gobierno del pueblo por el pueblo, fundado en la mas completa libertad yen la intervención del pueblo en la gestión de los negoci(» públicos, ofrecerá tantas garantías de moralidad en este ramo del servicio público, lo mismo que en todos los demás, como de nmoralidad, de corrupción, de impunidad para los enpleados prevaricadores ofrece la monarquía. La proteceán de la monarquía ha sido mala, casi nula ycara; hfde la República será eficaz y barata. Ysobre todo, lunca bajo el régimen monárquico, caro yembruteeedor, llegaria la industria áli-. brarse de las trabas, de los abusos que la impiden competir en baratura con la extranjera, mientras que con la República democrática, esos obstáculos, esas gabelas yabusos, desaparecerán como por encanto. Ciudadanos, voy áconcluir abordando resueltamente la cuestión magna, la gran cuestión, que está encima de todas; la de la libertad religiosa. Hoy que tenemos libertad completa, quiero decir todo lo que sobre esto pienso, porque temeria no poderlo decir mañana. Ciudadanos; la libertad de cultos es la gran conquista de nuestra revolución; la que mas honra áEspaña ante el mundo ciwlizado. Sin ella en realidad son nulas todas las otras libertades, ¿pero la conservaremos si dejamos que se levante de nuevo el negro espectro del trono? No. áj volvemos álevantar el trono ysi colocamos un rey, quienquiera que sea, sobre él, no tendremos libertad de cultos, separación de la Iglesia ydeí Estado, porque los reyes necesitan apoyarse en algo malo, yese algo es el sacerdote que enseña al pueblo áconsiderar álos reyes como representantes de Dios en la tierra. Los reyes no son, en;realidad, mas que instrumentos del sacerdocio. La l^jma de los papas es la verdadera capital de la tiranli política, porque es la gran caverna de la tiranía tewrátic^de la tiranía de la conciencia. Son los saceraífes qúIeBes concibe® eí crimen de la opresión; los reyes son quienes lo perpetran. En realidad, ciudadanos, mientras no nos libremos de la opresión de ia teoéracia no podemos decir que somos real yefectivamente libres. Mucho mal han hecho áEspaña los reyes; peio mas le ha hecho la Iglesia católica, apostólica, romana. Caro nos ha costado el trono; pero mas nos h^ costado el altar; esos dos enemigos irreconciliables de nuestro bienestar, de nu^tra libertad. Roma es la negra caveiia donde va áse{mltarse todo lo qne el pnd)lo gana con el sndor de su frente. Nos toma al nacer, ynes hace pagar dinero por entrar en la vida; bm hace pagar por nniraos ála mujer que amamos; nos hace pagar mas ann si esta mnjer es pariente nnekra, ósi ha sido miqer de un pariente;y no nos deja ni enando estamos muertos, porque hasta entonces es menester pagar por nn^tros cadáveres. ¿Sabéis lo qne nos cnestan ^as nnmerosas legiones negras, sesenta ytantos prelados, tres ócuatro mil canónigos, yotros prebendados ybeneficiados, mas de cincuenta mil curas yde veinte mil monjas, sin contar otros tantos sacristanes? mas de 400 millones de reales al año, entre lo qne el gobierno les paga, yentre lo que pagamos nosotros directa yobligatoriamente. La cu^tioD de la libertad de cultos no es solo ana cnestion moral, una cn^tion religiosa; es una gran cnestion social, que se liga estrechamente con la prosperidad de España. Asegurando de una manera sólida la libertad de cultos, vendrán áEspaña áestablecerse con sus familias miles de extranjeros, que no vienen hoy óqne vienen solos para espacnlar ymarcharse, porque no tienen sis esposas éhijos libertad para practicar su religión. Con esa libertad véndrán ytraerán con sos familias aumen- to de población, de ciencia yde riqueza. Con sns artes éíndnstrias ycon sos capitales. Ellos abrirán canales ypondrán en cultivo las tierras incnitas, ellos importarán nuevas industrias, gracias álas cuales abundará el trabajo bien retribuido. ¿Y sabéis quién nos librará de lí polilla roedora de la teocracia, yáquién deberemos tantos bienes? Ala República, separando la Iglesia del Estado, dejando que el creyente dé libre yespontáneamente al sacerdote lo que quiera; pero dejando también en plena libertad de no darle nada al que no necesite de sus servicios. Trabajadores de Sabadell: solo la República democrática podrá realizar nuestra regeneración, ylibrarnos de una vez para siempre de tantas plagas como debemos ála monarquía. Digamos, pues, unánimamente: Óla República ónada: yconcluyamos dando un viva tan atronador que lo oigan todos los tiranos de la tierra. ¡Viva la República democrática federal!!! Todo el auditorio respondió al grito del entusiasma-* do orador, con uno unánime de viva la República democrática federal, yla reunión que estaba presidida por el teniente coronel del 38 de línea, que está de columna en Sabadell, se separó tranquila ypacíficamente, después de oír con el mayor agrado algunas sentí-; das parabraá de aquel veteíáno, en tas que hizo el merecido elegió de la Junta revolucionaria de Sabadell, eminentemente democrática. IMPRENTA DE MAÑERO, RONDA DEL NORTE, 128. d«l d<l AHIm. n>ri»>. d. p.r .1 mtom. «.Mr. Se .«..eift. e. I„ lifeeri. «e «.ñero, PI~» del T^l^, aúm. í.