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La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia comercial

de la Peña Barroso, Efrén

Abstract

Los estudios sobre las enfermedades y epidemias urbanas del Antiguo Régimen han bebido principalmente de fuentes oficiales, anales y crónicas de ciudades o de la literatura médica de los profesionales que tuvieron que combatirlas. Sin embargo, en muy raras ocasiones se ha prestado atención a los testimonios contenidos en la correspondencia, sobre todo a aquella de carácter mercantil y comercial.Este trabajo pretende reconstruir el brote pestífero de 1568 en Sevilla a través de la correspondencia enviada al mercader Simón Ruiz Embito, estante en Medina del Campo, por sus agentes comerciales en aquella ciudad. La información contenida en estas cartas, ciertamente original y, en ocasiones, alejada de las versiones y fuentes oficiales, hacen de la correspondencia una fuente de primer orden para estudiar aspectos particulares de la historia social.

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HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 HID 51 (2024) Copyright: © Editorial Universidad de Sevilla. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 (CC BY-NC-ND 4.0) LA PESTE DE 1568 EN SEVILLA: UNA EPIDEMIA A TRAVÉS DE LA CORRESPONDENCIA COMERCIAL1 THE PLAGUE OF 1568 IN SEVILLE: AN EPIDEMIC THROUGH BUSINESS CORRESPONDENCE Efrén de la Peña Barroso Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos [email protected] ORDID: https://orcid.org/0000-0003-0686-366X A Elena, por haberme revelado la grandeza de su ciudad Resumen: Los estudios sobre las enfermedades y epidemias urbanas del Antiguo Régimen han bebido principalmente de fuentes oficiales, anales y crónicas de ciudades o de la literatura médica de los profesionales que tuvieron que combatirlas. Sin embargo, en muy raras ocasiones se ha prestado atención a los testimonios contenidos en la correspondencia, sobre todo a aquella de carácter mercantil y comercial. Este trabajo pretende reconstruir el brote pestífero de 1568 en Sevilla a través de la correspondencia enviada al mercader Simón Ruiz Embito, estante en Medina del Campo, por sus agentes comerciales en aquella ciudad. La información contenida en estas cartas, ciertamente original y, en ocasiones, alejada de las versiones y fuentes oficiales, hacen de la correspondencia una fuente de primer orden para estudiar aspectos particulares de la historia social. Palabras clave: Enfermedades; epidemias; pestes; correspondencia; Sevilla; mercaderes; Simón Ruiz Embito. Abstract: Studies focused on urban diseases and epidemics of the Ancient Regime have relied mainly on official sources, annals and chronicles of cities or on the medical literature written by the doctors who fought against them. But, on Recibido: 12-03-2024; Aceptado: 07-07-2024; Versión definitiva: 03-09-2024 1. Abreviaturas utilizadas: AHNOB = Archivo Histórico de la Nobleza; ASR = Archivo Simón Ruiz; CC = Casa de Comercio. 352 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 very rare occasions, attention has been paid to the testimonies contained in the correspondence, especially that of a commercial and mercantile nature. This work aims to annalyze the pestilence outbreak of 1568 in Seville through the correspondence sent to the merchant Simón Ruiz Embito, settled down in Medina del Campo, by his commercial agents in that city. The information contained in these letters, certainly original and, at times, far from the official sources and versions, make this correspondence a first-rate source for studying particular aspects of social history. Keywords: Diseases; Epidemics; Plagues; Correspondence; Seville; Merchants; Simón Ruiz Embito. 1. Introducción La ciudad de Sevilla fue durante el siglo XVI la principal plaza comercial de la Corona de Castilla. En las riberas del río Guadalquivir, ese “galán de las dos orillas”, junto a la Torre del Oro y frente al barrio de Triana, se cargaban y descargaban los barcos que llevaban y traían productos de todo el Mediterráneo, de los mares del norte de Europa y, sobre todo, del Nuevo Mundo. No en vano, la Corona había concedido a la ciudad el monopolio del comercio americano, posibilitando que Sevilla pasase de ser una ciudad con mera importancia regional a finales del siglo XV a verdadera metrópoli con influencia mundial durante el siglo XVI. La actividad mercantil en esa “gran Babilonia de España” llevó al dominico fray Tomás de Mercado (ca.1523-1575), bien conocido por su obra dedicada al comercio y las mercaderías, a decir: Así los negocios de la casa de Contratación de Sevilla son de los más célebres y ricos que hay en el día de hoy en todo el orbe universal. Es el centro de todos los mercaderes del mundo, porque, a la verdad siendo antes Andalucía y Lusitania el extremo y fin de toda la tierra, descubiertas las Indias, son ya como el medio. Por lo cual, todo lo mejor y más estimado que hay en las otras partes antiguas, incluso de Turquía, viene a ella, para que por aquí se lleve a las nuevas, donde todo tiene tan excesivo precio. Por eso arde la ciudad en todo género de negocios. Hay grandes y reales cambios de moneda para todas las ferias, así dentro del reino como fuera, ventas y compras al fiado y al contado de gran suma, muy grandes cargas de muchos millares y millones, que ni Tiro ni Alejandría en sus tiempos se le igualaron2. La frenética actividad comercial y la notable opulencia hispalense se tradujo, entre otros aspectos, en un desarrollo socioeconómico sin precedentes visible en la mejora de su morfología urbana, en el enriquecimiento artístico interior y exterior de sus edificios y, en definitiva, en el progresivo embellecimiento de la 2. Mercado, Tomás de 2017, pp. 36-37. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 353 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 ciudad3. Sin embargo, todo ese esplendor del Quinientos sevillano convivió con otras sombras tenebrosas, sobre todo en su vertiente higiénico-sanitaria. Es verdad que casi todas las calles de la bulliciosa ciudad, aunque tortuosas y estrechas, estaban empedradas o enladrilladas. Pero el deambular de carruajes y bestias provocaba hoyos y zanjas que raramente se reparaban. Es más, la basura se acumulaba durante días en esos agujeros del pavimento y en los laterales de las vías; los despojos de animales muertos se pudrían al aire libre atrayendo todo tipo de animales (principalmente roedores), gérmenes y bacterias; el estiércol y las aguas fétidas y contaminadas liberadas por los vecinos formaba charcos de profundidad variable; la red de alcantarillado, de origen almohade, era incompleta y adolecía de un mantenimiento regular; etc. A esto se unían las inundaciones recurrentes y el agua estancada de las numerosas lagunas diseminadas por la ciudad, que ya a mediados del Dieciséis el doctor Luis Suárez aconsejaba desecar precisamente para evitar las pestilencias4. Así que, en definitiva, este era el ambiente hediondo por el que debieron deambular no solo los habitantes de Sevilla, sino también los de otras ciudades europeas, ya que estas mismas condiciones higiénicas de bajo perfil se daban en la mayoría de urbes de la época5. En estas circunstancias era relativamente normal que los brotes pestíferos se sucediesen con cierta regularidad en muchas ciudades6. Y eso fue lo que ocurrió en el año 1568 cuando un brote de peste bubónica barrió la ciudad de norte a sur. Pero lo verdaderamente interesante y excepcional de este enésimo episodio pestífero en Sevilla no fue su contexto higiénico-sanitario sino que sus estragos fueron relatados de manera precisa por algunos de los mercaderes que residían en la ciudad. 3. Morales Padrón 1977, pp. 12-13, resumió acertadamente que “la Historia de Sevilla en el siglo XVI no es una historia local, ya que a través de ella ingresa una economía que directa o indirectamente apuntaló la política imperial que Carlos I y Felipe II desarrollaron. A través de Sevilla hay que ver lo que el Nuevo Mundo significó para el Viejo y viceversa”. 4. Este vívido panorama de la ciudad está recogido con más detalle en Morales Padrón 1977, pp. 34-42. Cuando el agua estancada se retiraba, “las calles quedaban impregnadas de un lodo viscoso y fétido que provocaba la elevación de unos vapores putrefactos que contaminaban la atmósfera y producían efectos nada beneficiosos para la salud de sus habitantes”. En López Díaz 1993, p. 158. No debe olvidarse que, según los conocimientos médicos de la época, la inmundicia y las aguas fétidas eran considerados como los precipitantes inmediatos que motivaban la corrupción del aire y la presencia en el ambiente de los temidos miasmas, efluvios malignos y pegajosos que propagaban la enfermedad de la peste. En Carmona García 2004, p. 17. 5. López Villalba 2021. 6. La peste era una vieja conocida del hombre mediterráneo. En su modalidad bubónica, la peste apareció por primera vez en Europa durante los años 540-541 d.C. con la llamada peste de Justiniano, alcanzó su máxima virulencia en el año 1348 con el brote de Peste Negra y desapareció a principios del siglo XIX cuando fue sustituida por otras enfermedades como el cólera. Véase Alfani, Murphy 2017; y Alfani 2024. La peste aparecía regularmente en distintos momentos y lugares y los golpeaba con mayor o menor virulencia. En concreto, “el siglo XVI estuvo dominado por la presencia de la peste, enseñoreada prácticamente en todas las riberas del Mediterráneo de forma casi endémica”. En Pérez Moreda 1980, p. 247. 354 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 2. La compañía comercial de Simón Ruiz Embito y su correspondencia Como decía, la extraordinaria importancia comercial de Sevilla7, ciudad donde “latía el corazón del mundo” al decir de Fernand Braudel, motivó que los principales mercaderes europeos enviasen allí a sus agentes, factores y corresponsales tanto para contratar en las condiciones más ventajosas como para obtener la información necesaria para emprender otros negocios de mayor riesgo8. Entre estos grandes mercaderes se encontraba Simón Ruiz Embito (ca.1525- 1597), nacido en Belorado (Burgos) pero afincado desde muy joven en la villa ferial de Medina del Campo (Valladolid). Su figura ha sido y sigue siendo objeto de numerosos trabajos de investigación y de divulgación9. Pero en este punto interesa destacar su infalible sentido del negocio, su infatigable dedicación comercial y su permanente atención hacia las operaciones mercantiles, a las que consagró su vida y la de los suyos. Para ello, este inteligente mercader, como el resto de sus homólogos europeos, creó una tupida red de agentes y corresponsales en las principales plazas comerciales españolas, europeas e incluso indianas, que le proporcionaban noticias actualizadas sobre transacciones económicas, intercambios comerciales y otras noticias que, en ocasiones, nos adentran en el complejo universo de las relaciones cotidianas. Ante esa evidencia, y animado por el beneficio comercial que pudiese obtener, Simón Ruiz decidió enviar a Sevilla a un representante permanente de su compañía, primero a Jerónimo de Valladolid, entre 1560 y 1565, y después a Francisco de Mariaca, desde el 30 de abril de 1565 hasta finales del año 1572. Sin embargo, parece que Simón Ruiz nunca tuvo esa plaza en demasiada estima, pues el mercader tuvo en ella muy malas experiencias al intentar recuperar las elevadas sumas de dinero que fiaba a otras personas lo que, a la larga, le hizo abstenerse de traficar con Sevilla. Y es que Simón Ruiz “siempre conservó un cierto menosprecio hacia sus habitantes, considerándoles poco formales en el cumplimiento de sus compromisos financieros”10. Quizá por eso ambos agentes estuvieron muy mediatizados desde Medina, carecieron de libertad de acción y debieron solicitar el visto bueno de la compañía antes de cerrar cualquier negocio. Esas circunstancias, unidas a los inevitables plazos del correo, perjudicaron notablemente las ganancias de la compañía en la plaza sevillana11. 7. Sobre el mundo mercantil sevillano puede leerse a Pike (1978), pp. 103-129. 8. Hace años presenté una comunicación en la que llamé la atención sobre la riqueza de la correspondencia comercial para conocer diferentes aspectos de la vida cotidiana de Sevilla. Véase de la Peña Barroso 2015, pp. 927-941. 9. Véase, por ejemplo, la obra clásica de Lapeyre 2008; o la compilación coordinada por Sánchez del Barrio 2016. En cualquier caso, la bibliografía más completa y actualizada puede verse en el sitio electrónico de la Fundación Muso de las Ferias, en Medina del Campo: https://www.museoferias. net/bibliografia-simon-ruiz/. Además, esta Fundación realiza constantemente proyectos de alta investigación y actividades de difusión de diverso signo. 10. Madariaga 1966, p. 326. 11. Lorenzo Sanz 1986, pp. 430-431. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 355 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 De los dos representantes de la compañía, nos interesa ahora la figura de Francisco de Mariaca porque fue quien presenció el episodio de pestilencia de 1568. Mariaca fue un mediano mercader que se entregó por completo a los negocios de la compañía en Sevilla12, tal y como se aprecia por la prolijidad de asuntos tratados y resueltos que refleja su vasta correspondencia. Sabemos que residía en la cal de Francos13, muy cercana a la Plaza de San Francisco y centro neurálgico de la contratación hispalense, así como que estuvo auxiliado por sus criados Gregorio de Villamizar de 1567 a 1569; y Llorente de Angulo desde 1570 hasta que fue despedido de manera fulminante a finales de 1572. Curiosamente, sus relaciones con la compañía matriz acabaron muy mal, ya que con el tiempo se le acusó de negligencia en la cobranza de deudas, de dar un trato favorable a sus amistades y de no pagar la cantidad de 4.000 ducados que debía a la sociedad. En cualquier caso, la correspondencia enviada a Simón Ruiz Embito por Francisco de Mariaca o, en su defecto, por su criado Gregorio de Villamizar, fue regular en cuanto a envíos, copiosa en cuanto a volumen y extremadamente rica en cuanto a asuntos tratados. Ambos personajes no solo comunicaron noticias relativas al tráfico mercantil más variopinto, al cambio de moneda o al cobro de letras de cambio. Sus misivas también estuvieron salpicadas de jugosas noticias sobre la realidad cotidiana que nos introducen de lleno en la peculiar sociedad sevillana que más tarde retratarían los escritores de nuestro Siglo de Oro. Desde el año 1560 un correo “ordinario” semanal por sistema de postas se encargaba de cubrir la ruta Sevilla-Medina del Campo. Las cartas, cuyo porteo ascendía a un real por cada una14, tardaban en recorrer el trayecto entre siete y quince días, aunque lo normal era que no superasen los ocho días. Empero, los peligros y circunstancias adversas que podían sufrirse en el camino hacían imposible lograr una puntualidad exacta. Aun así, parece que en general el correo ordinario entre Sevilla y Medina funcionó de forma muy efectiva, como lo demuestran las escasas quejas de los usuarios del servicio15. Como he anticipado, la correspondencia enviada desde Sevilla por Francisco de Mariaca y Gregorio de Villamizar durante el año 1568 permite reconstruir la evolución del brote de pestilencia en la ciudad. Del medio centenar de cartas conservadas que fueron enviadas desde Sevilla a Medina del Campo en el año 1568 por el agente o por otras personas estantes en Sevilla, las referidas al episodio de peste que azotó la ciudad no superan la decena. Además, la información referida a la epidemia está mezclada con otra de carácter comercial propia de este tipo de correspondencia y presenta la peculiaridad de que repite asuntos y no sigue un orden cronológico en lo relativo al desarrollo de la enfermedad. Con todo, las noticias sobre la epidemia manifiestan el punto de vista personal de un testigo presencial 12. Francisco de Mariaca fue enviado a Sevilla para impulsar la venta de lencería y la cobranza de deudas. En Lorenzo Sanz 1979, vol. 1, p. 317. 13. A esa dirección le remitieron una carta el 9 de junio de 1568. ASR, CC, C. 7, D. 108. 14. Para todo lo relativo a las rutas, los tiempos del correo y los porteos es fundamental el trabajo de Alonso García 2004, pp. 70-128. 15. Lorenzo Sanz 1979, pp. 27-28. 356 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 de la misma que, como decía al principio, complementa y enriquece la visión oficial de otro tipo de fuentes. Las ocho cartas de desigual extensión conservadas y relativas a los meses centrales de ese año16, período de máxima virulencia y propagación de la infección, aportan una visión original de los acontecimientos que, cotejada con la que aportan las fuentes cronísticas ya conocidas, nos proporcionan un conocimiento más completo, personal y sensible sobre este episodio pestífero que tanto perjudicaba a los intercambios comerciales. Tabla 1. Correspondencia relativa a la peste de Sevilla del año 1568 Fecha Signatura Remitente Recibida Respondida 15 de mayo ASR,CC,C.7,D.131 Francisco de Mariaca 22 de mayo 23 de mayo 30 y 31 de mayo AHNOB,VIVERO,C.17,D.24 Francisco de Mariaca 8 de junio 15 de junio 9 de junio ASR,CC,C.7,D.108 Cristóbal de Cortázar No expresada No expresada 15 de junio ASR,CC,C.7,D.134 Francisco de Mariaca 23 de junio 1 de julio 30 de junio ASR,CC,C.7,D.135 Francisco de Mariaca 8 de julio 17 de julio 30 de junio ASR,CC,C.7,D.149 Gregorio de Villamizar 8 de julio 17 de julio 15 de julio ASR,CC,C.7,D.137 Francisco de Mariaca 23 de julio 31 de julio 15 de julio ASR,CC,C.7,D.150 Gregorio de Villamizar 23 de julio 31 de julio 3. La peste de 1568 en Sevilla 3.1. Aparición y diagnóstico de la epidemia Los testimonios contemporáneos coinciden en señalar que este brote pestífero se inició en la parroquia de San Gil, al norte del casco urbano, durante la primavera de 156817. Las crónicas refieren que el día 11 de abril, Domingo de Ramos, se infectaron nueve personas en una casa en la Ropa Vieja18 (antigua calle de Tintores y actual calle Joaquín Guichot, que desemboca en la plaza de San Francisco). Sin embargo, la primera noticia relativa al “contagio de San Gil” que se menciona en la correspondencia enviada a Simón Ruiz data del 15 de mayo de 1568, más de un 16. La información utilizada para realizar este estudio se ha extraído de la correspondencia del Archivo Simón Ruiz, custodiado en la Fundación Museo de las Ferias de Medina del Campo; como de la conservada en el archivo de los vizcondes de Altamira de Vivero, depositado en el Archivo Histórico de la Nobleza, en Toledo. La catalogación de la documentación de los Ruiz Embito en este último fondo fue publicada por de la Peña Barroso, Pinto Jiménez 2015. 17. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 530. Poco tiempo antes de que la infección llegase a Sevilla se había producido otro brote pestífero en la cercana localidad de Utrera, a unos 30 kilómetros al sur-este de esta ciudad. 18. Carmona García 2004, p. 108. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 357 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 mes después de las primeras infecciones. En esa fecha, Francisco de Mariaca avisó tímidamente de que aquí andan temerarios los desta ciudad del rumor de peste19 y rogaba que Dios nos libre de tanto daño20. Es probable que la tardanza y vacilación del agente al informar a Medina estuviese provocada porque las autoridades de las ciudades afectadas por pestilencia solían ser reticentes a la hora de confirmar el brote de una epidemia, fundamentalmente por dos motivos: el primero, por las consecuencias económicas negativas que de ello podían derivarse, en especial para una ciudad eminentemente comercial como era Sevilla. El segundo, porque podía comprometer el prestigio de los propios médicos, ya fuese porque errasen en el diagnóstico de la enfermedad o porque fuesen incapaces de proporcionar a los afectados los remedios curativos requeridos en estos casos21. En un primer momento, el propio Francisco de Mariaca no creía en la gravedad del episodio e interpretaba que yo no entiendo que haya habido cosa contagiosa, más de que lo afirman los médicos22. De hecho, el agente comentaba que, en torno al 24 de mayo, don Francisco Hurtado de Mendoza, conde de Monteagudo y Asistente de Sevilla, hizo juntar muchos médicos y a un astrólogo que llaman Chaves23, quienes descartaron que se tratase de un brote de peste porque no eran landres ni el aire estaba corrupto24. El agente insistía que el 31 de mayo las autoridades de la ciudad todavía no estaban seguras de que la epidemia fuese o no de pestilencia, ya que quieren hacer notomía de un hombre, una mujer y un muchacho para ver si es peste25. Ni él mismo acababa de convencerse de que la enfermedad fuese peste, e insistía en que yo para mí no me puedo persuadir que sean landres26. Aún el 9 de junio, en una carta escrita a Mariaca desde la localidad de Gelves, a unos 5 kilómetros de Sevilla, se decía que toda esta tierra se arde de la fama 19. ASR, CC, C.7, D.131. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de mayo de 1568. 20. ASR, CC, C.7, D.131. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de mayo de 1568. 21. López Díaz 1993, pp. 161-163. 22. ASR, CC, C.7, D.131. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de mayo de 1568. 23. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. Seguramente se refiera al erudito Jerónimo de Chaves (Sevilla, 1523-1574), que fue cosmógrafo, astrólogo y piloto mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. Hay que tener en cuenta que, en la mentalidad de la época, se creía que la peste podía proceder de conjunciones astrales de signo negativo o del resultado de las acciones de determinados fenómenos celestes como eclipses, tormentas, paso de cometas, etc. Agradezco esta información a Miguel F. Gómez Vozmediano. 24. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. Para que una enfermedad fuese considerada como pestilencia era necesario que el aire se hubiese corrompido. 25. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 26. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 358 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 que dicen que hay de peste en esa ciudad 27, de donde se deduce que tampoco en esa fecha se conocía exactamente qué tipo de enfermedad asolaba la ciudad. Hubo que esperar aún veinte días para que, por fin, el 30 de junio de 1568 y más de dos meses y medio después de los primeros rumores del brote pestífero, Francisco de Mariaca confirmase a la compañía de Medina que este mal es verdaderamente pestilencia, que sólo para no lo ser formada le ha faltado no se haber corrompido el aire28. 3.2. La huida de la ciudad Una de las primeras medidas tomadas por los vecinos de cualquier localidad ante un episodio pestífero era la huida a otros lugares. No era casual que el consejo dado por el médico romano Claudio Galeno (129-ca.201/216) ante la pestilencia fuese Fugere cito, longe et tarde redire, es decir, “huye rápido, lejos y regresa tarde”. Las semanas de indeterminación que existieron entre los primeros contagios y la certeza de que la ciudad sufría un brote de pestilencia fueron aprovechadas por muchos vecinos suficientemente previsores para abandonar la urbe y dirigirse a lugares más saludables. El temor de los sevillanos debió ser de tal magnitud que Francisco de Mariaca mencionaba en una de sus cartas que la ciudad se iba despoblando29 y que había salido de ella más de la mitad de la gente, así de principal como mediana y de toda broza30, hasta el punto de que las autoridades tuvieron que mandar pregonar que nadie saliese, porque si no se hubiera mandado no hubiera ya casi gente31. Sin embargo, las localidades de los alrededores tampoco querían asumir riesgos innecesarios y pusieron reparos para no acoger a los vecinos huidos de la ciudad infectada32. De este modo, Mariaca informaba que en todas las comarcas no dejan acoger a gente de esta ciudad, estamos harto atribulados33. De hecho, 27. ASR, CC, C.7, D.108. De Cristóbal de Cortázar a Francisco de Mariaca. Fechada el 9 de junio de 1568. 28. ASR, CC, C.7, D.135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. 29. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 30. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 31. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 32. El control sobre los movimientos de población que se realizaba en lugares cercanos a un brote pestífero era una medida muy extendida en la época. Todavía eran aplicados de forma escrupulosa en determinadas zonas de Italia durante los episodios pestíferos de finales del Quinientos y los dos primeros tercios del Seiscientos, los peores sufridos en Europa desde los tiempos de la Peste Negra. En Alfani 2020, p. 202. 33. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 359 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 el agente especificaba que en los pueblos de la ribera del Guadalquivir, como ocurrió en Gelves, hay tanta guarda que no dejan entrar a ninguna persona que venga de Sevilla, ni aunque sean del pueblo, ni dejan ir a hombre a Sevilla porque de vuelta que vengan no les dejan entrar34. Mariaca aseguraba que, aunque él mismo quisiese abandonar la ciudad, a mí no me dejarían pasar en Brenes, ni Cantillana, ni Cazalla35. Es cierto que, en un determinado momento, tuvo la posibilidad de huir a Morón de la Frontera junto a su amigo el canónigo Juan de Urbina36, pero prefirió acordar con un primo hermano suyo que vivía en Guadalcanal y que se encargaba de traer la plata de las minas del rey, que de tres a tres días me ha de enviar un mensajero para, si fuere menester, que venga aquí con bestias e irse conmigo37. También le ofrecieron cobijo desde la localidad de Gelves, donde su amigo Cristóbal de Cortázar38 le escribió que si por caso vuestra merced por acá acordare de venir estaremos en la bodega, en el campo, ya que no se puede hacer otra cosa39. Cortázar se lamentaba de la oportunidad perdida que cuando yo vine nos viniéramos juntos, porque entonces, aunque había guardas, no estaba la gente tan alborotada40. Pero es que la actitud de las autoridades de Sevilla e incluso de los miembros de algunas instituciones religiosas de la ciudad no fue diferente a la del resto de vecinos, al menos durante los inicios de la epidemia. De hecho, el día 21 de mayo Mariaca relataba que enviaron el regente y jueces e inquisidores a la Corte por licencia para salirse de la ciudad e irse a donde les pareciese, que decían querían irse a Constantina y asentar allí la Audiencia41. 34. ASR, CC, C.7, D.108. De Cristóbal de Cortázar a Francisco de Mariaca. Fechada el 9 de junio de 1568. 35. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 36. Este canónigo debió tener cierto poder dentro del cabildo catedralicio, como lo demuestra su participación en las embajadas enviadas ante el monarca o su oficio temporal como alcaide y alcalde mayor de la villa de Umbrete. Véase Civale 2002; y Pineda Alfonso 2015. 37. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 38. Cristóbal de Cortázar era vecino y regidor de la mina de Guadalcanal y estaba encargado de llevar a Sevilla la plata extraída de esta mina. En Pérez Macías 2021, p. 72. 39. ASR, CC, C.7, D.108. De Cristóbal de Cortázar a Francisco de Mariaca. Fechada el 9 de junio de 1568. 40. ASR, CC, C.7, D.108. De Cristóbal de Cortázar a Francisco de Mariaca. Fechada el 9 de junio de 1568. 41. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. Constantina es un municipio situado a unos 80 kilómetros al noreste de Sevilla, en la comarca de la Sierra Norte de Sevilla. 366 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 ante el aumento del número de afectados, por lo que pronto tuvo que habilitarse también el Hospital de las Cinco Llagas, situado en el espacioso paraje extramuros situado frente a la puerta de Macarena90. Es importante advertir que este hospital, conocido entre los sevillanos como Hospital de la Sangre, solo era empleado para la convalecencia de enfermos de pestilencia en ocasiones excepcionales, ya que sus constituciones fundacionales rechazaban el ingreso de enfermos con afecciones contagiosas91. En cuanto a la segunda medida acordada, las autoridades solicitaron el auxilio de médicos especialistas como el doctor Andrés de Zamudio de Alfaro (-1599), que ejercía como médico en la ciudad, o el doctor Francisco Franco (ca.1515- ca.1569), que era catedrático de Prima de Medicina en la universidad hispalense92. Seguramente, ambos profesionales formaron parte de las juntas de médicos mencionadas en las cartas de Francisco de Mariaca. El concejo también estipuló que los jurados de la ciudad debían informarse a diario acerca de las personas que estaban contagiadas en su distrito para proceder a su traslado al corral de San Bernardo. Un alguacil se ocupaba de supervisar los traslados, ya que los enfermos solían poner reparos a su ingreso en este lazareto93. Se sabe que los convalecientes eran llevados por dos hombres de palanca, y en su colchón, si lo tenían, y si no en un cañizo94. Estos dos porteadores, que después fueron aumentados a cuatro, estuvieron apostados en San Salvador para que allí los hallasen en caso de ser necesitados. Además, el concejo determinó que debían vestir de chaqueta y caperuza de paño amarillo95 con el objetivo de que fuesen perfectamente reconocibles. Los efectos de la epidemia comenzaron a suavizarse desde el día de San Juan, según información de los corresponsales. Hubo un breve lapso en que al creciente de la luna comenzó otra vez a sacudir96, pero después que ha entrado la menguante con unos aires frescos ha ido mejorando mucho97. A ello debieron ayudar las lluvias torrenciales del día 14 de julio. Los corresponsales mencionaban unos grandes nubarrones que cubrieron la ciudad y de los cuales procedió gentes más pobres tenían más oportunidades de supervivencia en los lazaretos que aquellos pacientes con más recursos económicos. En Alfani, Bonetti, Fochesato 2023. 90. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 530. Más información sobre este hospital en Calderón Berrocal 2016. 91. El hospital para afectados de peste no se estableció definitivamente en este lugar hasta la epidemia del año 1599. Véase López Díaz 1993, p. 162. 92. Carmona García 2004, p. 104. 93. Carmona García 2004, pp. 109-110. 94. Carmona García 2004, p. 110. 95. Carmona García 2004, p. 111. 96. ASR, CC, C.7, D.137. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 97. ASR, CC, C.7, D.150. De Gregorio de Villamizar a Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 367 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 tanta agua que no se ha visto en Sevilla mayor ni tan durable, que lo fue toda la tarde sin cesar a toda furia98. Pero la alegría duró poco, ya que desde mediados del mes de julio los contagios volvieron a intensificarse. Diego Ortiz de Zúñiga (1636-1680) recoge en sus “Anales eclesiásticos y seculares” que hacia el 16 de julio fue el tiempo en que picava más vivo el achaque99. Mariaca decía con sagacidad: tenemos experiencia que los días que hace grandes calores caen muchos de este mal y, al contrario, cuando hace tiempo más templado hay mejoría, por donde creemos que como comience a resfriar habrá más salud100. Y, en efecto, Gregorio de Villamizar informaba de que entraban en el hospital cada día de veinte a treinta heridos y morían algunos101. En concreto, el día 14 de julio llegaron cerca de 470 infectados al Hospital de la Sangre, donde se curan y llevan los que caen102. Los cadáveres de los fallecidos eran sepultados de forma anónima en dos fosas colectivas abiertas en las inmediaciones del prado de San Sebastián, con la única presencia del cura de San Bernardo y del sacristán con la cruz103. Es interesante resaltar que nuestro informante achacaba la expansión descontrolada de la pestilencia por la ciudad a la dejación de funciones de las autoridades sevillanas y a la gestión inadecuada de la epidemia104. Así se deduce de su comentario sobre la malísima orden que hay en esta ciudad, así en señalar las casas heridas como en hacer quemar o tapiar la ropa de los muertos105. 3.5. Los mercaderes ante la epidemia Los mercaderes, como sector económico diferenciado del resto de la población, tuvieron una visión muy particular sobre la peste. Estos hombres, dedicados en exclusiva a la compra-venta de productos, al crédito, al cambio de moneda y a cualquier otra actividad mercantil que pudiese reportar beneficios106, dejaron 98. ASR, CC, C.7, D.150. De Gregorio de Villamizar a Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 99. Ortiz de Zúñiga 1677, p. 530. 100. ASR, CC, C.7, D.137. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 101. ASR, CC, C.7, D.150. De Gregorio de Villamizar a Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 102. ASR, CC, C.7, D.137. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 103. Carmona García 2004, p. 110. 104. Ortiz de Zúñiga, 1677, p. 530 que es una fuente oficial, recogía justamente lo contrario: “el atento cuidado del Cabildo y de su Asistente, el Conde de Monteagudo, relevó en mucha parte la calamidad”. 105. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. 106. El paremiólogo sevillano contemporáneo Juan de Mal Lara resumía así la vida del mercader de una gran ciudad: “Que en una calle de una ciudad populosa bivía un mercader rico y un pobre 368 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 constancia del perjuicio que causaba la epidemia en sus labores comerciales y en su correspondencia. El propio Mariaca, por ejemplo, reconocía que se hallaba muy congojado por las cosas que se me representan que an de subçeder con esta peste107, y deseaba que la flota que se preparaba para Tierra Firme fuese próspera en mercaderías si esto de la pestilençia no lo estorbase108. Durante la epidemia de 1568 los mercaderes se debatieron entre permanecer en la ciudad junto a sus mercancías o bien escapar a lugares más seguros. Ya hemos visto lo complicado que era abandonar una ciudad en tiempos de peste. A pesar de ello, cualquier mercader podía lograr la huida si tenía los contactos apropiados. Mariaca reconocía que si el mal fuere adelante creo me acogerán en Guadalcanal o Écija, digo en su término109. También tuvo la posibilidad de ir a Morón de la Frontera junto a su amigo el canónigo Urbina, quien había llevado allí a toda su casa. En el caso del canónigo, antes que el duque le mandase acoger estuvo no sé qué días en un cortijo padeciendo harto trabajo110. De todos modos, la compañía matriz había comunicado previamente a Mariaca que les parece que habiendo de salir de Sevilla no me aleje de cuatro leguas arriba, o a Cádiz o Sanlúcar111, aunque el agente respondió que en Cádiz ni Sanlúcar no acogen ni por imaginación. Y en los lugares comarcanos en los más ha dado también como aquí. Plegue a Dios que no sea menester salirnos, que si nos hubiéramos de salir no hay parar hasta Écija o Guadalcanal. Y aún plegue a Dios que en estos lugares no cierre el paso112. Sin embargo, Mariaca no quería abandonar la ciudad enfrente de muy diversa vida. El rico venía a comer a las doze del día, o a la una, y aun no podía dormir sobre la comida, porque luego estavan con él los negocios. De allí bolvía a tratar, no cenava hasta media noche rebolviendo el libro de caxa, no tenía vagar de leer las cartas de los negocios, de tal manera que ni él podía bivir con aquella diligencia, que se llamará desasossiego de ánimo, ni sin ella, porque por una parte se perdería la hazienda y el ser rico; por otra parte, ývase consumiendo”. En La Philosophía vulgar, Sevilla, Imprenta Hernando Díez, 1568, fol. 272v. Debo esta referencia a Miguel F. Gómez Vozmediano. Hay edición moderna a cargo de Pepe Sarno, Reyes Cano 2013, p. 1324. 107. ASR, CC, C.7, D. 134. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de junio de 1568. 108. ASR, CC, C.7, D. 134. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de junio de 1568. 109. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. Dos semanas antes el agente había manifestado que “ansí no sé qué me hazer, que aún a Guadalcanal que quise yr ya no podré porque no me acogerán”. En ASR, CC, C.7, D. 134. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de junio de 1568. 110. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. Se refería a don Pedro Téllez-Girón y de la Cueva, I duque de Osuna (1537-1590). 111. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. 112. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 369 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 por la gran falta que hacía a los negocios en tal coyuntura, aunque los más de los negociantes se han salido, especialmente los burgaleses, aunque he sido persuadido muchas veces, pero yo quiero aventurar la vida y no desamparar los negocios113. El agente quería permanecer en la ciudad todo el tiempo que fuese posible. En otra carta explicaba que intentaría cuidarse y que hasta que vea que se abrasa todo no haré ausencia ni faltaré mi deber si no faltare la vida, y aunque me muera hallarán vuestras mercedes hacienda mía y deudas no ninguna. Y ha buena cuenta, ha fe, que yo haga testamento antes de 50 horas114. La decisión era inútil, pues como informaba Villamizar, me dicen que casi no se halla ninguno de los más con quien se ha de negociar115. Y, efectivamente, el agente reconocía que con este alboroto de la peste no ay honbre con honbre ni se aquerdan muchas bezes de hazienda116. Pero a pesar de eso Mariaca entendía que su proceder era el más adecuado para la compañía. Por eso escribía en una de sus cartas: no quiero que por esto me rindan vuestras mercedes gracias. Sólo quiero que consideren que quien aventura la vida, aventuraría lo que es menos117. Así que llegó un momento en que nuestro agente debió reconsiderar la situación y decidió estar a la mira de aquí al día de San Juan, y si biere que se ba enpeorando me saldré a donde pudiere, que ya no sé dónde, y dexaré aquí la mejor horden que pudiere porque con la vida todo se alcança. Y perderla es la mayor pérdida118. En cualquier caso, la peste no solo anuló la mayoría de las operaciones comerciales. También propició el aumento de la delincuencia en la ciudad ante la imposibilidad de las autoridades de controlar la situación y administrar justicia. De hecho, durante los meses de la epidemia se constató que los ladrones se organizaban en bandas para entrar y robar en las casas de los fallecidos por la enfermedad y de aquellos que habían abandonado la ciudad en busca de refugio en lugares más 113. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. 114. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 115. ASR, CC, C.7, D. 149. De Gregorio de Villamizar a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. Unos días antes Mariaca decía que “ningún honbre de la naçión ni contratante a parado en la çiudad, que todos se an ydo”. En ASR, CC, C.7, D. 134. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de junio de 1568. 116. ASR, CC, C.7, D. 134. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de junio de 1568. 117. ASR, CC, C.7, D. 135. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 de junio de 1568. 118. ASR, CC, C.7, D. 134. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de junio de 1568. 370 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 saludables119. Así que Francisco de Mariaca, en un alarde de ingenio y movido por su diligente servicio hacia la compañía, resolvió salvaguardar sus mercaderías de una manera brillante: decidió alquilar un aposento en el convento de San Francisco, una muy gentil pieza con sus puertas fuertes120, donde metió cerca de 300 fardeles de ropas y los cerró con sus candados. También pensaba meter otras cosas de menajes pesados121. Eso sí, Mariaca aseguraba que la plata y libros y papeles llevaré conmigo si caso fuere que todos se hayan de salir [de Sevilla]122. El agente prefería llevar con él todo el metal precioso y la documentación comercial a pesar de las garantías de custodia que ofrecía el espacio sagrado del convento. Esta ingeniosa solución, decía el agente, me ha sido harto envidiada de toda la gente de la Contratación123. Y, en efecto, la ocurrencia fue tan acertada que, pocos días más tarde, el mercader Francisco de Salinas copió la idea de Mariaca y acordó con los frailes del convento que le permitiesen meter sus mercaderías en el espacio que quedaba libre de dicho aposento. Salinas metió allí otras 300 piezas de todo género, cerrándolas también con su candado. Para que no hubiese duda sobre la pertenencia de las mercancías, Mariaca aclaró a la compañía en Medina que cada uno tendrá su llave, aunque podría ser que pusiésemos cada uno su hombre de guardia124. Y que, dado que la sala donde estaban las mercaderías debió quedar totalmente llena, hombre de Sevilla no meterá en él ropa ninguna125. Por último, el agente también informaba de que si caso fuere que nos hayamos de salir de Sevilla, quedará todo inventariado y entregado al convento126. La seguridad ofrecida por los frailes debió mover a Francisco de Salinas a tomar la decisión de ausentarse de la ciudad. Mariaca informaba a mediados del mes de julio de que Salinas llevaba fuera más de mes y medio,y ha escrito que por causa del mal desamparó sus negocios y ajenos, pero que volvería para lo que fuese menester127. Estos testimonios demuestran que la peste paralizó por completo la actividad comercial debido a la ausencia de la mayoría de los mercaderes de la ciudad. No solo no pudieron intercambiarse mercaderías sino que tampoco podían requerirse 119. Sobre el hampa sevillano, véase Pike (1978), 200-220. 120. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 121. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 122. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 123. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 124. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 125. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 126. AHNOB, VIVERO, C.17, D.24. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 30 y 31 de mayo de 1568. 127. ASR, CC, C.7, D.137. De Francisco de Mariaca a Francisco de la Presa y Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 371 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 deudas de ningún tipo128. Así que la única opción posible era esperar a que acabase la pestilencia y que todo volviese a la normalidad129. 3.6. El final de la epidemia El paso del tiempo y los efectos de las medidas tomadas fueron paliando los efectos de la epidemia. Diego Ortiz de Zúñiga recoge en sus Anales que se hicieron muchas rogativas y procesiones durante todo el tiempo que duró la peste, pero que fue concretamente la procesión celebrada el día 16 de julio la que terminó con la calamidad. El cronista cuenta que, ese día, las imágenes de las santas Justa y Rufina se sacaron del convento de la Santísima Trinidad, donde estaban, y se llevaron a la catedral con toda solemnidad. Al día siguiente los cabildos eclesiástico y municipal participaron en otra procesión en la que predicó el doctor Zumel y que terminó con la devolución de las dos imágenes a su convento de origen. La intercesión de ambas santas hizo que la epidemia cesase casi por completo, por lo que se mandó guardar su festividad desde ese año en adelante130. Lo cierto es que parece que, efectivamente, la epidemia remitió desde finales del mes de julio de 1568. Así lo recoge también Gonzalo Argote de Molina, quien además informa de que el día 29 de julio don Francisco Hurtado de Mendoza, Asistente de Sevilla, despidió a los médicos diputados para las colaciones porque estos manifestaron que ya no había personas infectadas en sus parroquias. El domingo 1 de agosto, el Asistente ordenó además que no se llevasen nuevos enfermos al hospital sino que estos se curasen en sus casas131. Las noticias sobre la epidemia enmudecieron durante todo ese mes. Y, de hecho, las cartas enviadas en Sevilla desde mediados del mes de julio en adelante por los corresponsales de Simón Ruiz no mencionan noticia alguna sobre la pestilencia. Sabemos que el domingo 5 de septiembre se organizó una procesión solemne desde la catedral hasta el convento de San Francisco en la que se reunieron de nuevo los cabildos eclesiástico y municipal, todos los clérigos de la ciudad, los cantores y los ministriles, cantando el Te Deum Laudamus, dando loores a Nuestro Señor Jesucristo porque había quitado la pestilencia de esta ciudad 132. Esta ceremonia puso fin al brote de peste de manera oficial. 128. “A los negocios es muy notorio daño por los muchos deudores que están fuera y no se puede ir a solicitarles ni hacer diligencia hasta que vengan”. En ASR, CC, C.7, D.150. De Gregorio de Villamizar a Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 129. “Lo mejor [es] aguardarlos aquí [a los mercaderes], que de fuerza han de acudir a sacar sus haciendas los que la tienen en la Casa de la Contratación”. En ASR, CC, C.7, D.150. De Gregorio de Villamizar a Simón Ruiz. Fechada el 15 de julio de 1568. 130. Ortiz de Zúñiga, 1677, p. 530. El doctor Pedro Zumel era doctor en Teología por la Universidad de Alcalá de Henares y canónigo magistral de la catedral de Sevilla (antes lo había sido de la catedral de Málaga). Era conocido por sus profundos conocimientos de Teología, que le llevaron a estar presente en muchas de las sesiones del Concilio de Trento. Véase Reder Gadow, p. 556. 131. Carmona García 2004, p. 115. 132. Carmona García 2004, p. 115. 372 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 4. Conclusiones La información proporcionada por la correspondencia mercantil de Francisco de Mariaca permite acotar la duración de la pestilencia de Sevilla del año 1568 a un período de dos meses, fundamentalmente entre mediados del mes de mayo y mediados del mes de julio. Los testimonios de los testigos oculares de esta epidemia evidencian el pavor de los habitantes de la ciudad ante esa enfermedad, que sin duda era la mayor maldad del mundo133 porque en verdad que se pierden los pueblos y todo el trato de ellos, que no hay hombre que camine de un pueblo a otro134. El balance de víctimas de la epidemia de 1568 es difícil de calcular debido a la inexistencia de padrones completos y de otras fuentes demográficas fiables. Las fuentes mencionan que durante la epidemia del año 1568 fallecieron en Sevilla y Triana más de seis mil personas, mozos, niños y viejos, y hubo día de más de cien personas135. No sabemos si esa cifra se refería solo a la letalidad de este brote pestífero o también incluía a los fallecidos por muerte natural y otras enfermedades. Pero sí que, casualmente, el número de bajas fue pronto compensado por la llegada de unos seis mil moriscos procedentes de las Alpujarras entre 1569 y 1570136. Si tenemos en cuenta que, según los cálculos de los especialistas, la población total de Sevilla en torno a 1568 era de unos 100.000 habitantes137, se concluye que el brote de peste de ese año produjo una mortandad del 6 por ciento de la población. Este porcentaje ha llevado a algún autor actual a ponderar que esta pestilencia no fue de alta letalidad, sino más bien de incidencia moderada138. Pero lo que nos interesa destacar en estas conclusiones es la originalidad e importancia de la correspondencia comercial como fuente de información. Ya hemos señalado que la peste paralizó la actividad comercial, pero también que los mercaderes, acostumbrados a gestionar las mercaderías y caudales de sus compañías matrices, tuvieron la suficiente capacidad de adaptación e ingenio ante las nuevas circunstancias. Además, los agentes demostraron su alto concepto de la fidelidad hacia sus patronos y los negocios de las compañías a las que representaban139. 133. ASR, CC, C.7, D.108. De Cristóbal de Cortázar a Francisco de Mariaca. Fechada el 9 de junio de 1568. 134. ASR, CC, C.7, D.108. De Cristóbal de Cortázar a Francisco de Mariaca. Fechada el 9 de junio de 1568. 135. Carmona García 2004, p. 112. 136. Carmona García 2004, p. 118. 137. La fuerte expansión económica de la ciudad de Sevilla a lo largo del siglo XVI llevó aparejada un incremento de su población, que pasó de los 47.000 habitantes en 1535 a los 120.000 en 1587, aproximadamente. En González Mariscal 2015, p. 355. 138. “Seis mil muertos tras el brote de peste de 1568, en relación con un contingente humano que superaría la citada cifra de alrededor de cien mil personas que tendría Sevilla en 1565, no nos parece en verdad una cantidad excesiva de víctimas”. En Carmona García 2004, pp. 112-113. 139. Todavía no conocemos el alcance económico real de esta epidemia pestífera más allá de los lamentos de los propios mercaderes. Guido Alfani sostiene, por ejemplo, que la peste de 1629-1630 comprometió gravemente el desarrollo económico de la economía de las zonas de Italia que se vieron afectadas por ella. Véase Alfani y Percoco 2019. Aún estamos lejos de poder extraer conclusiones La peste de 1568 en Sevilla: una epidemia a través de la correspondencia... 373 HID 51 (2024) 351-375ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 Los datos, comentarios, pensamientos y opiniones personales sobre el brote pestífero contenidos en la correspondencia enviada desde Sevilla durante el año 1568 revelan la importancia de esta documentación para perfeccionar el estudio no solo de este episodio o de otras enfermedades o calamidades sanitarias, sino también de cualquier otro aspecto relacionado con la vida cotidiana. Se echa de menos una mayor cantidad de noticias y cartas sobre este episodio, pero debemos tener en cuenta que la peste también afectaba al correo por cuanto este perdía la regularidad acostumbrada y en general funcionaba de forma inadecuada140. Aun así, la correspondencia constituye una fuente original de primera magnitud para complementar la información ofrecida por las crónicas o las fuentes oficiales sobre la vida cotidiana de un determinado lugar. Por consiguiente, es de presumir que las casi 60.000 cartas conservadas en el Archivo Simón Ruiz supondrán una fuente de información socioeconómica de enormes posibilidades no solo de la mayoría de lugares de España, sino también de otras plazas europeas e incluso americanas. 5. Bibliografía citada Alfani, Guido; Murphy, Tommy E. (2017), “Plague and Lethal Epidemics in the Pre-Industrial World”, The Journal of Economic History, 77/1, pp. 314-343. 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Fechada el 9 de junio de 1568. 374 EFRÉN DE LA PEÑA BARROSO HID 51 (2024) 351-375 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2024.i51.13 Alfani, Guido (2024), “Epidemics and pandemics: from the Justinianic Plague to the Spanish Flu”, en Diebolt, Claude y Haupert, Michael (eds.), Handbook of Cliometrics, 3ª edición, Springer Nature Switzerland, pp. 1931-1965. Alonso García, Fernando (2004), El correo en el Renacimiento europeo. Estudio postal del Archivo Simón Ruiz (1553-1630), Madrid. Basas Fernández, Manuel (1965), “Mercaderes burgaleses en la Sevilla del siglo XVI”, Boletín de la Institución Fernán González, 164, pp. 483-502. (En red: http://hdl.handle.net/10259.4/1715 [consulta: 12/06/2021]). Calderón Berrocal, María del Carmen (2016), El Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla: historia y documentos, Universidad de Huelva, Departamento de Historia II y Geografía (tesis doctoral). 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