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La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios

Payán Fierro, Humberto

Abstract

En este trabajo se analizaron los recursos literarios de diversas crónicas periodísticas del siglo XXI. Se seleccionó el libro titulado Antología de crónica latinoamericana actual, del editor Darío Jaramillo Agudelo (2012), debido a que su labor de compilación está fundamentada en un criterio explícito: la calidad literaria de los textos reunidos, que originalmente se publicaron en revistas culturales, literarias, suplementos y otros tipos de publicaciones, incluyendo las autodefinidas como de periodismo narrativo. De la antología, se privilegió, para su estudio, aquellas crónicas donde la construcción verbal del espacio es tan importante que adquiere un carácter simbólico. Para la base teórica de la investigación se retomaron, principalmente, los lineamientos de la narratología y la hermenéutica analógica. El examen de los espacios simbólicos develó, a su vez, algunas de las facetas individuales y colectivas de quienes habitan las comunidades citadinas y rurales.

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DOCTORADO INTERNACIONAL EN COMUNICACIÓN Y CULTURA EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Presentado al Departamento de Periodismo II de la Universidad de Sevilla en cumplimiento de los requisitos para la obtención del DOCTORADO: LA CRÓNICA PERIODÍSTICA LATINOAMERICANA: RECURSOS LITERARIOS Por: Humberto Payán Fierro Departamento de Periodismo II Facultad de Comunicación Universidad de Sevilla Directora: Dra. Pastora Magdalena Moreno Espinosa Departamento de Periodismo II Universidad de Sevilla España Chihuahua, Chih. Septiembre de 2016 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 3 AGRADECIMIENTOS A la Dra. Pastora Moreno por sus valiosos comentarios y su invaluable apoyo emocional. A Susana Argelia Gutiérrez, Angélica Rey y Eufracio Bojorquez por sus importantes aportaciones y su inapreciable disposición. A mi esposa e hijas por todo ese tiempo robado. Para ellas, todo mi amoroso agradecimiento. RESUMEN En este trabajo se analizaron los recursos literarios de diversas crónicas periodísticas del siglo XXI. Se seleccionó el libro titulado Antología de crónica latinoamericana actual, del editor Darío Jaramillo Agudelo (2012), debido a que su labor de compilación está fundamentada en un criterio explícito: la calidad literaria de los textos reunidos, que originalmente se publicaron en revistas culturales, literarias, suplementos y otros tipos de publicaciones, incluyendo las autodefinidas como de periodismo narrativo. De la antología, se privilegió, para su estudio, aquellas crónicas donde la construcción verbal del espacio es tan importante que adquiere un carácter simbólico. Para la base teórica de la investigación se retomaron, principalmente, los lineamientos de la narratología y la hermenéutica analógica. El examen de los espacios simbólicos develó, a su vez, algunas de las facetas individuales y colectivas de quienes habitan las comunidades citadinas y rurales. Palabras clave: crónica latinoamericana; periodismo; teoría narrativa; recursos literarios; espacio simbólico. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 6 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 7 INDICE AGRADECIMIENTOS.................................................................................................. 3 RESUMEN ...................................................................................................................... 5 INDICE ............................................................................................................................ 7 CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN .............................................................................. 10 I.1. DELIMITACIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO........................................... 10 I.2. OBJETIVOS ....................................................................................................... 13 I.2.1. Objetivo General ......................................................................................... 13 I.2.2. Objetivos Específicos .................................................................................. 13 I.3. HIPÓTESIS ........................................................................................................ 15 I.3.1 Corpus hipotético: ........................................................................................ 15 I.4. JUSTIFICACIÓN .............................................................................................. 16 I.5. METODOLOGÍA .............................................................................................. 21 I.6. ESTADO DEL ARTE ........................................................................................ 32 CAPÍTULO II. APROXIMACIONES: LA CRÓNICA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XXI .......................................................................................................... 43 II.1. PROBLEMÁTICA DE LAS DEFINICIONES ............................................. 44 II.2. SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR CRÓNICA LATINOAMERICANA 55 CAPÍTULO III. PERSPECTIVAS TEÓRICAS ....................................................... 63 III.1. ESPECICIFICACIONES SOBRE EL MODELO DE ANÁLISIS ............ 65 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 8 III.2. PROPUESTAS TEÓRICAS: LA DIMENSIÓN ESPACIAL DEL RELATO ................................................................................................................... 79 III.3. SÍMBOLO, MITO, ESPACIO....................................................................... 99 CAPÍTULO IV. EL NARRADOR ............................................................................ 119 IV.1. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL NARRADOR........... 120 IV.2. ENUNCIACIÓN NARRATIVA Y CARACTERIZACIÓN DEL NARRADOR EN EL MODELO DE ANÁLISIS PROPUESTO POR PIMENTEL ............................................................................................................. 137 IV.3. SOBRE LA ESTRUCTURA VOCAL DEL RELATO.............................. 147 CAPÍTULO V. ANÁLISIS DE LAS CRÓNICAS ................................................... 151 V.1. ANÁLISIS DE “UN FIN DE SEMANA CON PABLO ESCOBAR”, DE JUAN JOSÉ HOYOS ............................................................................................. 153 V.1.1. Consideraciones preliminares ................................................................. 153 V.1.2. La voz narrativa ....................................................................................... 155 V.1.3. La construcción del espacio simbólico ................................................... 161 V.1.4. La hacienda Nápoles ................................................................................ 177 V.1.5. Espacio y violencia ................................................................................... 195 V.2. ANÁLISIS DE LA CRÓNICA “MUXES DE JUCHITÁN”, DE MARTÍN CAPARRÓS ............................................................................................................ 205 V.2.1. Consideraciones preliminares ................................................................. 205 V.2.2. La voz narrativa ....................................................................................... 217 V.2.3. La construcción del espacio simbólico: el mercado de Juchitán ......... 221 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 9 V.3. ANÁLISIS DE LA CRÓNICA “EL PUEBLO QUE SOBREVIVIÓ A UNA MASACRE AMENIZADA CON GAITAS”, DE ALBERTO SALCEDO RAMOS ................................................................................................................... 239 V.3.1. Consideraciones preliminares ................................................................. 239 V.3.2. La voz narrativa ....................................................................................... 243 V.3.3. La construcción del espacio simbólico ................................................... 252 CAPÍTULO VI: CONCLUSIONES ......................................................................... 270 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ..................................................................... 278 ANEXOS...................................................................................................................... 311 ANEXO A ................................................................................................................ 311 Mapas de zonas mencionadas en las crónicas ...................................................... 311 ANEXO B ................................................................................................................ 320 Fotografías, notas y artículos de las crónicas ....................................................... 320 ANEXO C .................................................................................................................... 340 Crónicas analizadas ................................................................................................ 340 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 16 I.4. JUSTIFICACIÓN Podría afirmarse que el gran contexto, en el que se ubica la crónica latinoamericana del siglo XXI, correspondería a ese campo donde se estudian las relaciones entre literatura y periodismo. Sobre el cual existen muy diversos y abundantes estudios. Algunos de ellos tan notables que se han convertido en lugares obligados de referencia como el texto de Albert Chillón (1999), Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas o el título de Norman Simms (1996), Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal, por citar sólo un par de ejemplos. A sus voces, se suma una serie de autores cuyas aportaciones son esenciales pues articulan criterios encaminados a dimensionar de manera muy distinta las concepciones tradicionales del periodismo y sus líneas divisoras con la literatura. Los estudios han continuado apareciendo: ya sean nuevas ediciones actualizadas o trabajos que presentan otras perspectivas. La fructífera producción de estudios da la apariencia de que es equiparable a la gran cantidad de crónicas que se publican a diario. Actualmente, en México, y en general en Latinoamérica, la crónica es objeto de sumo interés. Es considerable la lista de revistas, tanto impresas como electrónicas –y de librosque las difunden. Entre las posibles explicaciones acerca de la gran difusión, se debe, precisamente, a que “. . . la crónica latinoamericana tiene características propias que la ubican más próxima a la literatura” (Lago y Callegaro, 2012, p. 32) y por ello, las crónicas se publican en revistas literarias, culturales y otras que explicitan su autodefinición en el ámbito del Periodismo Narrativo. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 17 Al respecto, en su preciso trabajo de investigación, Crónica latinoamericana. Cruce entre literatura, periodismo y análisis social, Lago y Callegaro (2012) elaboran una lista de revistas que consideran las más representivas: El malpensante, Etiqueta negra, Gatopardo, Replicante, Rolling Stone, Lamujerdemivida, Marcapasos, Pie izquierdo, Orsai, Sábado, Paula, Letras Libres. Asimismo, especifican brevemente, datos muy concretos sobre cada una de las publicaciones como los temas que abordan, el país latinoamericano donde se edita, los diferentes directores, los autores renombrados. Entre las mencionadas, Gatopardo, fundada en Colombia y con domicilio actual en la Cd. de México, merece atención especial debido a que “. . . vio la luz como la única revista latinoamericana de crónicas y reportajes bajo la convicción de que hay cronistas en el continente con grandes capacidades y lectores interesados en los temas de toda la región” (Lago y Callegaro, 2012, p. 33). Su circulación es muy amplia: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, Venezuela, Uruguay. Así como en Estados Unidos: Miami y Nueva York. Y no está demás, nombrar algunos de los colaboradores: Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Antonio Tabucchi, Martín Caparrós, Juan Villoro, Leila Guerriero. La creciente circulación y los cambios del ejercicio periodístico, entre otros factores, han contribuido a renovar diversos enfoques sobre las relaciones entre el periodismo y la literatura; pero no únicamente se ha renovado el viejo debate de dichas relaciones, también ha resurgido la perspectiva, cada vez más notoria, que emparenta la labor del literato con la del periodista. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 18 Los recientes testimonios de periodistas –sin excluir algunos buenos ejemplos de épocas anterioreshablan por sí solos de su modus operandi al momento de trabajar sus textos. En la Antología, Jaramillo Agudelo (2012), en una especie de presentación titulada “Collage sobre la crónica latinoamericana del siglo veintiuno” cita las palabras de Leila Guerriero: Escribir un artículo me lleva de veinte días a un mes y medio, con jornadas de doce, quince o dieciséis horas. Eso, sin contar la etapa de investigación previa. Conozco a otros cronistas que trabajan como yo. Que después de meses de reporteo, bajan las persianas, desconectan el teléfono y se entumecen sobre el teclado de un computador para salir tres días después a comprar pan, sabiendo que el asunto recién comienza. (p. 30) El aislamiento y el tiempo dedicado al oficio son consideraciones que en el ámbito de la literatura han sido analizados con sumo cuidado pues representa un alto grado de interés para estudiar la obra del autor en cuestión. Por ello, la cita referida al oficio del cronista abre una perspectiva muy interesante para subrayar la afinidad, desde el ángulo del proceso creativo, entre la obra del periodista y la del literato. Sin duda, la importancia de la crónica latinoamericana es más que evidente. Retomando la presentación titulada “Collage sobre la crónica latinoamericana del siglo veintiuno”, en el primer párrafo, el autor expresa no únicamente su pasión por dicho género sino una valoración sumamente provocativa: La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 19 La crónica periodística es la prosa narrativa de más apasionante lectura y mejor escrita hoy en día en Latinoamérica. Sin negar que se escriben buenas novelas, sin hacer el réquiem de la ficción, un lector que busque materiales que lo entretengan, lo asombren, le hablen de mundos extraños que están enfrente de sus narices, un lector que busque textos escritos por gente que le da importancia a que ese lector no se aburra, ese lector va sobre seguro si lee la crónica latinoamericana actual. (Jaramillo Agudelo, 2012, p. 11) Aunque las palabras anteriores puedan considerarse como debatibles, lo que interesa aquí resaltar es el lugar privilegiado que ocupa la crónica. La escritura, la publicación y la difusión de la misma se encuentra en un momento de tal auge, de acuerdo con Jaramillo Agudelo (2012), que retoma el “boom latinoamericano” únicamente para expresar que la posible continuidad de ese fenómeno se esté produciendo con la crónica en el contienente americano: “Los cronistas latinoamericanos de hoy encontraron la manera de hacer arte sin necesidad de inventar nada, simplem ente contando en primera persona las realidades en las que se sumergen sin la urgencia de producir noticias” (p. 11). Como se ha expuesto, el breve panorama sintetiza la importancia y la difusión de las crónicas latinoamericanas del siglo XXI. Ante dicho panorama, existe otro que presenta una aportación muy desigual. Los estudios que se realizan en Latinoamérica son muy escasos. Existen varios trabajos que tratan el contenido temático pero muy La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 20 pocos los que analizan específicamente los elementos o los recursos literarios usados por los cronistas. Hay que reconocer las aportaciones muy valiosas como la ya citada investigación de María Cristina Lago y Adriana Callegaro (2012), Crónica latinoamericana. Cruce entre literatura, periodismo y análisis social que analiza, a partir de un enfoque discursivo narratológico, lo relativo al narrador, a la polfonía, al tiempo y al espacio. Es indudable que las investigaciones de tal naturaleza permiten una mayor comprensión de los textos. Sin embargo, se considera que es necesario la realización de más trabajos dada la continua producción. Por todo ello, con esta investigación se pretende realizar un análisis que se incorpore al corpus de las obras que tienen como tema específico la crónica latinoameircana del siglo XXI. El estudio del narrador y, concretamente, de la construcción de los espacios citadino y rural, así como el carácter simbólico de los mismos, constituyen la posible contribución. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 21 I.5. METODOLOGÍA A finales de la década de los setentas y principios de los ochentas, aparecieron, en Latinoamérica, una serie de textos que algunos académicos clasificaron con el rubro de “Narratología Latinoamericana”. La serie de obras tienen como denominador común el estudio de la narración con base en un enfoque teórico semiótico. Los trabajos han continuado apareciendo. Cronológicamente, algunos de los títulos, con los que se puede ejemplificar son La estructura del relato y los conceptos de actante y función (1978), de Luisa Puig; El lenguaje narrativo (1979), de Renato Prada Oropeza; Metodología del análisis semiótico (1980), de Desiderio Blanco y Raúl Bueno; Análisis estructural del relato (1982), de Helena Beristáin; La voz y la mirada (1997), de María Isabel Filinich, El relato en perspectiva (1998), de Luz Aurora Pimentel; Iniciación a la narratología (2001), de Manuel Correles Pascual, entre otros. La muestra, que no se puede considerada representativa, permite deducir que los estudios de narratología latinoamericana han ido cobrando un mayor interés paulatinamente. De las diferentes propuestas de narratología latinoamericana, para la realización de esta tesis se considera como el fundamento teórico principal al modelo de análisis propuesto por Pimentel (2005). Concretamente, su estudio de teoría literaria titulado El relato en perspectiva debido, principalmente, a dos razones: la primera es que el modelo tiene como finalidad última proporcionar un método de análisis narrativo que facilite a los lectores una mayor comprensión de los relatos y “. . . como consecuencia práctica, una posibilidad de penetrar aquellos mundos narrados que traman nuestra vida La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 22 cotidiana” (p. 7–8). La segunda razón es que la autora propone el término de relato como “. . . la construcción progresiva, por la mediación de un narrador, de un mundo de acción e interacción humanas, cuyo referente puede ser real o ficcional” (p. 10). Con esta definición, se expresa que el concepto de relato comprende tanto una simple anécdota como una crónica, un cuento, una novela, una biografía. El concepto que enuncia la autora se suma a las definiciones expresadas con anterioridad por muchos otros teóricos. Es necesario subrayar que el modelo narrativo de Pimentel (2005) está fundamentado “. . . en un presupuesto capital: es por la mediación de un narrador que el relato proyecta un mundo de acción humana. Tal presupuesto, debo insistir, subyace en la división de base entre el mundo narrado y el narrador” (p. 12). Al respecto, sobre la distinción entre autor y narrador. Anderson Imbert (1999) es muy concreto. En su conocido texto Teoría y técnica del cuento dice que una persona, durante el acto de la escritura de un texto de ficción, pasa de un plano real a otro, que es el plano estético. En otros términos, la persona representa un papel, el de escritor. Por ello, la voz que habla en el cuento no es la del autor, sino la de su desdoblamiento en narrador. La aclaración que hace Anderson Imbert (1999) es aplicable a otro tipo de textos además del cuento. Esto es, lo mismo se puede considerar para la novela y la crónica. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 23 Con base en las dos razones expuestas, el modelo de Pimentel (2005) es susceptible de ser aplicado no únicamente a textos literarios sino a cualquier otro tipo de relato. Precisando: se considera que el fundamento teórico expuesto es viable para analizar la selección de crónicas latinoamericanas del siglo XXI que integran el objeto de estudio de este trabajo. El modelo presenta un sustento teórico para estudiar, además de otros recursos literarios, los dos elementos considerados de mayor relevancia para el corpus hipotético planteado en nuestra investigación: el narrador y el espacio físico. Con el fin de analizar la voz narrativa de las crónicas latinoamericanas, se retoma el apartado en el que Pimentel (2005) aborda lo relativo al narrador y la enunciación narrativa por medio de dos subtemas: la identidad del narrador y la unidad vocal del relato. El fundamento esencial del que parte la autora consiste en considerar que en cualquier texto narrativo entran en juego dos factores. Uno de ellos lo representa el enunciador, que, por lo general, es el narrador principal quien realiza la función. El segundo, lo enunciado, el contenido. Por lo tanto, lo que el lector va conociendo en un relato, se debe a la intermediación que hace el narrador. La autora teoriza desde el narrador que habla en primera persona, totalmente identificable, hasta aquél cuya ausencia hace creer en esa “ilusión” de que no existe un narrador y que simplemente los acontecimientos están ocurriendo ante nosotros. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 24 La concepción de Pimentel (2005), en cuanto al narrador, sigue las directrices del teórico francés Genette, quien subraya que, en sentido estricto, toda narración, en realidad, se realiza en primera persona. Para el estudio de los espacios rurales y urbanos donde se desarrollan los acontecimientos que presentan las crónicas, se parte del apartado en el que se plantea lo relacionado con lo que ella llama “la dimensión espacial del relato”. En la cual se expone una serie de procedimientos que son utilizados en los relatos para la construcción verbal de los espacios interiores y exteriores, ya sean rurales o citadinos. Al abordar la temática, Pimentel (2005) hace un señalamiento de gran importancia y utilidad: cuando se escribe sobre un lugar, en los textos narrativos, en realidad se produce una “ilusión”. En otras palabras, los diversos procedimientos, entre los cuales resalta la descripción, que utilizan los escritores crean únicamente la “ilusión” de un espacio donde suceden los acontecimientos de la narración. Al respecto, las ideas de la autora concuerdan con las de otros estudiosos como Bonfill, citado en Camareno (1994), quien sostiene que el arquitecto es aquél que entiende la organización espacial realizada por el hombre. Asimismo, agrega, en la arquitectura, como noción teórica, confluyen lo humano y los objetos del mundo, los cuales pueden ser representados o referidos por medio de las artes pero esto es algo muy distinto del objeto mismo. En otro de sus libros, El espacio en la ficción, Pimentel (2001) desarrolla con La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 25 mayor profundidad y extensión lo relativo a la dimensión espacial y su representación en las obras literarias. En la primera parte de su libro, trata de los aspectos teóricos relacionados con la descripción, además de otras cuestiones: los sistemas y las configuraciones descriptivas, la representación verbal de un objeto. Y en la segunda parte, presenta una serie de ensayos en los que aborda el análisis de los sitios de diversos relatos de ficción. En términos generales, el trabajo contiene ejemplos muy precisos y desarrollados de cómo correlacionar los aspectos teóricos y su aplicación. El resudado de ello, es una lectura que interpreta los espacios donde se desarrolla la trama. Como la dimensión espacial es el centro de mayor interés, el texto titulado Descripción, de María Isabel Filinich (2011), constituye una base teórica, fundamentada en la semiótica, que complementa los lineamientos expuestos. El libro de Filinich (2011) presenta, entre otros propósitos, demostrar que los procedimientos descriptivos son usados tanto en textos literarios como en los de diversas disciplinas. Dicho objetivo apuntala más la intención de analizar los lugares donde suceden los hechos cotidianos - que forman parte de lo que comúnmente se le denomina realidadque presenta la crónica latinoamericana, de la misma manera como se analizan los espacios en textos literarios. El examen del espacio conlleva el estudio del tiempo. La coordenada espaciotemporal está considerada como inseparable desde muy diversas disciplinas. Sin embargo, el texto de Filinich (2011) presenta la conceptualización de un término que facilita estudiar el espacio sin que se requiera de un estudio pormenorizado del tiempo. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 32 I.6. ESTADO DEL ARTE En este apartado se realiza una revisión de aquellas investigaciones o artículos que contienen planteamientos relacionados, de alguna manera, con el tema principal estudiado en la presente investigación: los recursos literarios de las crónicas latinoamericanas, específicamente, la dimensión espacial. A continuación, aparecen algunas de las reseñas de textos que se destacan ya sea por sus valiosas incursiones teóricas, por los diversos enfoques o por el tratamiento temático. Como una especie de nota, se aclara que no hay propiamente un criterio de orden de aparición entre uno y otro texto revisado. A lo máximo, se inicia con las publicaciones que aparecieron en años anteriores y se termina con las más recientes. Sin embargo, el seguimiento cronológico no se obedece con absoluta rigidez debido, principalmente, a la temática tratada por algunos textos. En primer término, un sugestivo análisis titulado “Escritura, espacio, arquitectura: una tipología del espacio literario”, de Camarero (1994), quien se apoya en la definición de “taxonomía”, tomada de Greimas y Courtés, para realizar una lectura interpretativa del texto de Penec, La rue Vilin, al que califica como un homenaje al espacio. Dice que la calle Vilin ya no existe pues se ha transformado y lo que permanece es, paradójicamente, su representación. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 33 Entre sus observaciones, destaca la problemática que supone el tránsito del espacio referencial, constituido por tres dimensiones, a las limitantes del espacio textual que sólo comprende dos. Su valiosa investigación parte de la definición de espacio y luego trata la contraposición espacio-tiempo. En la reflexión de carácter histórico que hace sobre la crónica hispanoamericana Ángeles Mateo (2001), plantea, en su artículo “Crónica y fin de siglo en Hispanoamérica (del siglo XIX al XXI)”, publicado en la Revista Chilena de Literatura, el resurgimiento de la crónica latinoamericana en nuestra época. Su texto comprende un breve panorama histórico, pero muy preciso y documentado, que va desde los cronistas e historiadores de Indias hasta los recientes autores de crónica latinoamericana. Elude revisar el debate de considerar o no al periodismo como literatura y prefiere determinar las similitudes entre ambos géneros centrándose, para ello, en la época modernista pues sostiene que es cuando surge la nueva escritura llamada crónica. Sus contribuciones se suman a la de otros estudiosos quienes afirman que la crónica modernista hispanoamericana anticipa el nuevo periodismo norteamericano. El estudio de Rossana Reguillo (2000), “Textos fronterizos. La crónica, una escritura a la intemperie”, trata de la narrativa melodramática y su contexto histórico en América Latina así como el género periodístico de la crónica. La autora parte de la idea de que el melodrama ha tenido como función contar y darle sentido al mundo. Entre las formas del relato, de la narrativa melodramática, cita como ejemplos el cine, la La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 34 radionovela, el bolero. Sostiene que una constante de fin siglo es la crisis en las formas del relato. Según ella, esto significa que no es posible reducir las complejidades de la vida social actual a unas formas específicas del relato. Para narrar lo complejo, afirma que la crónica relata lo que no se deja encajonar en los parámetros de un género. Así mismo considera que en la crónica convergen el periodismo, la literatura y las ciencias sociales. También dice que la crónica latinoamericana es el medio que recurre al lenguaje cotidiano para oponerse al discurso oficial. En términos generales, se trata de un texto sumamente crítico y el cual presenta una caracterización de la crónica y su función social. En el libro de la editora Graciela Falbo (2007), Tras las huellas de una escritura en tránsito: la crónica contemporánea en América Latina, reúne el trabajo de reconocidos periodistas, escritores y académicos con el fin de responder a la interrogante sobre la posibilidad de determinar las características de la crónica, a la cual se concibe como una manera de testimoniar la compleja realidad social de América Latina. El estudio, en su conjunto, va desde el rigor metódico del crítico hasta las reflexiones vivenciales del cronista. Entre las posturas asumidas y generalizadas, sobresale la de considerar a la crónica como un discurso autónomo. En los capítulos se abordan diversas temáticas como la violencia en las ciudades latinoamericanas del siglo XXU, el papel de la crónica en las sociedades contemporáneas, la cuestión de la estética en ciertos cronistas La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 35 como Lemebel, asimismo, se tratan casos muy específicos como el desplazamiento de mujeres campesinas a causa de conflictos armados en Colombia, entre otros. Por otra parte, Poblete (2007) en su texto “Crónica y ciudadanía en tiempos de globalización neoliberal: la escritura callejera”, que forma parte del libro Tras las huellas de una escritura en tránsito la crónica contemporánea en américa latina, dice: “El género crónica goza en estos momentos de muy buena salud. Es cada vez más usado para describir productos textuales y de hecho se enfrenta hoy a su institucionalización cultural” (p. 71). Fundamenta este tipo de aseveraciones con la organización del Primer Premio de Crónica Seix Barral, en 2006, entre otros reconocimientos semejantes. Enfatiza que el primero en recibirlo fue un escritor argentino radicado en Estados Unidos, Hernán Iglesias, por su trabajo Golden Boys de Nueva York. Lo toma como ejemplo notable, entre otros, para deducir las nuevas territorialidades de lo latinoamericano, el mundo globalizado, y también para indicar un cambio temático de la crónica, el de los poderosos jóvenes yuppies que desde Nueva York enfrentaron y, tal vez, manipularon la crisis económica argentina. En su investigación, propone que la crónica latinoamericana, cuyo origen lo sitúa como una mediación entre Europa y América, investiga las fisuras y las posibilidades de las manifestaciones sociales en un contexto global neoliberal. En este sentido, su trabajo sigue pautas muy precisas y coherentes: principia con las conexiones entre literatura y ciudadanía nacional; luego, se aboca a la definición de ciudadanía y su La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 36 relación con la juventud. Finalmente, analiza la obra cronística de dos autores: la del mexicano/salvadoreño/estadounidense Rubén Martínez y la del chileno Pedro Lemebel. Por su parte, Anna de Fina (2007), en el texto “Cruzando fronteras: tiempo, espacio y desorientación en la narrativa” examina, partir de las ideas de Labov y Waletzky sobre el concepto de “orientación”, la construcción del espacio y el tiempo utilizando los datos provenientes de trece crónicas hechas, durante entrevistas, por inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. El objetivo primordial del análisis consiste en demostrar que la orientación y su papel en los relatos dependen de la experiencia vivida, de la situación social y de la interacción entre narradores e interlocutores. En términos generales, su formulación está dirigida a reconsiderar el trabajo tradicional de los analistas en relación con la orientación. Es notable, que la autora explicita, con suma claridad, las fases de su metodología para sustentar sus argumentaciones. En el artículo “La crónica: la narración del espacio y el tiempo”, realizado por Virginia Rioseco Perry (2008), transita de los cronistas indianos a los de América finisecular y luego a los actuales. A lo largo de texto, va formulando una serie de preguntas que van dirigiendo el sentido de su trabajo. Al igual que muchos otros investigadores, considera a la crónica como un género híbrido que se desplazó de los escritos propios de la Conquista de América hacia otras disciplinas como la literatura y La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 37 el periodismo. Sostiene que la crónica ha registrado los tiempos diversos y sus correspondientes espacios por los cuales ha transitado la humanidad. Entre sus interesantes valoraciones, destaca que considera a la narración, al igual que la poesía y el diálogo, como una transgresión del lenguaje rutinario. Finalmente, es preciso señalar que parte de sus reflexiones se apoyan en las ideas de Ricoeur, Benjamín y Giannini. Sobre este último, retoma su obra La “reflexión” cotidiana: hacia una arqueología de la experiencia, en cuyo prólogo, Ricoeur lo valora como un planteamiento sumamente innovador. La investigación titulada Crónica latinoamericana: cruce entre literatura, periodismo y análisis social, de Lago y Callegaro (2012), tiene como finalidad replantear un registro más actual de la crónica, distante del registro clásico. Sobre la crónica latinoamericana estudiada, con un enfoque discursivo narratológico, sostienen que: . . . revisten un interés particular pues refieren historias reales en un registro más cercano a lo literario que a lo periodístico, en el que la subjetividad del enunciador-cronista-narrador tiñe descripciones y acontecimientos o bien da paso a la subjetividad de los protagonistas y actores de dichas historias, mediante la elección de puntos de vista múltiples que lejos de distanciarse de los acontecimientos, buscan poner de relieve la presencia de un enunciador periodístico involucrado afectivamente con lo narrado. (p. 89–90) La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 38 Entre las conclusiones, las autoras presentan un cuadro, sumamente esclarecedor, en el que se comparan las principales categorías, nueve en total, que diferencian a la crónica hegemónica de la crónica latinoamericana. Las características de la crónica hegemónica son las sigientes (entre paréntesis las de la crónica latinoamericana): tratamiento objetivo (tratamiento subjetivo); interés por gente reconocida (interés por gente anónima); pretensiones de abarcar una totalidad (no se renuncia a ello pero se parte de detalles); soportes tradicionales (soportes no convencionales como blogs, etc); fuentes con autoridad (testigos, protagonistas): construcción cronológica (técnicas como el montaje, lo fragmentario); labor periodística ajustada a un horario y poca extensión para el escrito (trabajo de campo y mayor extensión); recolección de datos precisos en función de la verosimilitud (desinterés por cifras, nombres, etc.) y paradigma del consenso (paradirma del conflicto). Esta última categoría se refiere, en el consenso, a que niega el conflicto con base en suponer que las diferencias son algo natural. Por el contrario, el otro paradigma, toma muy en cuenta las relaciones entre las clases y sus disputas. El análisis discursivo que realizan comprende elementos como el narrador, la polifonía, el tiempo y el espacio. En este contexto, el otro enfoque que las autoras estudian es el socio-cultural. Al respecto sostienen, entre sus aportaciones, que la crónica latinoamericana: . . . se rebela contra el discurso del periodismo hegemónico que aborda estereotipadamente las representaciones de los nuevos sujetos sociales La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 39 desclasados a partir de las políticas neoliberales de los 90. Decimos entonces que la crónica latinoamericana inaugura otra mirada que intenta romper con las voces legitimadas, las representaciones autorizadas y las narrativas de control social sobre los sectores populares. (Lago y Callegaro, 2012, p. 94) En suma, la investigación en su conjunto reviste una singular importancia por sus novedosos enfoques y sus aportaciones relativas a la crónica latinoamericana. Otro de los trabajos considerados es el de Miquel Ángel Limón Pons (2013), quien, en su tesis doctoral titulada “El menorquín Esteban Amengual, pionero de la crónica de viajes: análisis redaccional de sus aportaciones 1861-1872”, hace una contribución para la historia de los géneros periodísticos al abordar el estudio de la obra de un marinero mercante español, originario de Menorca. El marinero realizó una cronística de viajes conformada por ciento veintitrés textos producto de sus recorridos por América del Norte, el Caribe, Europa y Filipinas. La investigación rescata una obra desconocida de un autor al que se le puede considerar como pionero de las crónicas de viaje del periodismo español. A diferencia de los otros textos revisados, cuyo contenido es evidentemente latinoamericano, la anterior tesis parece que no presenta una relación muy cercana con ello. Sin embargo, su interés estriba en la temática de los viajes. En muchas de las crónicas latinoamericanas del siglo XXI, el viaje, ex profeso, es sumamente común. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 40 Por otro lado, Jorge Tirzo (2013), quien, en un texto titulado “¿Nueva? crónica latinoamericana”, cuestiona el boom de la crónica latinoamericana y lo compara con el de la literatura. Asimismo, reconoce la importancia de Gabriel García Márquez y su legado, la FNPI (Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano). El texto es sumamente reflexivo y con una visualización muy interesante con respecto al futuro de la crónica. Recapitula lo sucedido en el 2012 como un año muy prometedor para la crónica: la publicación de dos antologías (Mejor que ficción, de Jorge Carrión, y Antología de crónica latinoamericana actual, de Darío Jaramillo Agudelo), así como el encuentro de Nuevos Cronistas, celebrado en México. Ante las expectativas que no se cumplieron, su sugestiva postura señala hacia un cambio radical: del cronista de la era de papel, que usa recursos comunes a la literatura, al cronista multimedia que puede valerse de recursos como redes sociales, cine, fotografía, etc. Beatriz García Torres (2013), en su tesis doctoral titulada “La crónica mexicana contemporánea a través de los textos de Juan Villoro y José Joaquín Blanco”, presenta como objetivo estudiar determinadas características de la crónica: sus relaciones con la realidad, los enlaces con la ficción, su carácter político y literario, la subjetividad que la diferencia de la historia y de otros géneros periodísticos, entre otros. La investigación comprende algunos cambios significativos de la sociedad mexicana desde la década de los setentas hasta la actualidad. Para ello, analiza varios La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 41 libros de crónicas de Blanco y de Villoro, a quienes considera maestros del género. En su trabajo considera, también, las obras de ficción de dichos autores con el fin de lograr una mayor comprensión de la producción cronística de los mismos. Por lo que respecta al ámbito literario, en el texto “Rutas y encrucijadas: cronotopos de la narrativa contemporánea latinoamericana”, de Estefanía Bournot (2015), se realiza un breve recuento histórico de cómo se planteaba anteriormente la dicotomía entre campo y ciudad. La autora, con base en dichos antecedentes, formula su propuesta de que en la actualidad han aparecido obras de ficción que plantean espacios mundiales. Su trabajo está centrado en las obras de autores latinoamericanos que proponen escenarios espaciales basados en una dimensión global transnacional: Hotel DF (2011), de Guillermo Fadanelli, Una vez Argentina (2003), de Andrés Neuman y Volverse palestina (2013), de Lina Meruane. El texto de Susana Cerda Montes de Oca (2015), “Perspectivas quijotescas en la crónica urbana actual”, publicado en la revista de la Red de Hispanistas en Europa Central, Colindancias, tiene como finalidad investigar la representación de lo que ella denomina perspectivas quijotescas en las crónicas de Villoro, Caparrós, Guerriero y Wiener. Retoma la consideración que se hace sobre El Quijote como la primera novela La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 48 a no considerar noticia” (p. 609); “La información (tal como existe) consiste en decirle a muchísima gente qué le pasa a muy poca: la que tiene poder” (p. 610); “. . . Pero sospecho que el periodismo cultural que más me interesa es el que crea una cultura, no el que habla sobre la que ya existe. Eso, creo, es la crónica” (p. 607). De igual manera como los dos escritores mencionados, otros tantos presentan una inventiva que señala hacia la reflexión, tales como Villoro, Salcedo Ramos, Boris Muñoz, etcétera. La especie de introducción titulada “Ornitorrincos. Notas sobre la crónica”, de Villoro (2005), quizá sea una de las más citadas debido a su afortunada expresión de “el ornitorrinco de la prosa”, para referirse a la crónica con un símbolo más complejo que el usado por Alfonso Reyes para identificar al ensayo, el centauro de los géneros. Villoro (2005) recurre, emulando a Reyes, a un animal considerado por muchos especialistas como el mamífero más extraño de la naturaleza. Las razones para usarlo como símbolo se deben a la composición misma de la crónica que el escritor apunta: . . . De la novela extrae la condición subjetiva –el mecanismo de las emociones-, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear una ilusión de vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los datos inmodificables –la “lección de cosas”, como anunciaban los manuales naturalistas del siglo XVIII-; del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 49 final que lo justifica; de la entrevista, los diálogos, y del teatro moderno, la forma de montarlos; del teatro grecolatino, la polifonía de testigos, los parlamentos entendidos como debate: la “voz de proscenio”, como la llama Wolfe, versión narrativa de la opinión pública cuyo antecedente fue el coro griego; del ensayo la posibilidad de argumentar y conectar saberes dispersos; de la autobiografía, el tono memorioso y la reelaboración en primera persona. El catálogo de influencias puede extenderse y precisarse hasta competir con el infinito. (p. 14) La última frase de la cita enfatiza muy bien la confluencia heterogénea de elementos conocidos y también de los no nombrados. Aunque se parte de una definición simbólica, pocos autores han sido tan claros como Villoro (2005) para precisar las relaciones que guarda la crónica con otros escritos y que la caracterizan como un género de naturaleza híbrida. Entre otras propuestas, de carácter más académico, se encuentra la de Rotker (2005) quien apunta las características del género: selecciona temas entre los hechos de actualidad, de manera principal los que se relacionan con la ciudad, la política internacional, la cultura, los descubrimientos recientes o grandes acontecimientos. Aparece dentro de los periódicos y debe presentar una coherencia comprensible y atractiva para el lector. La condición de la crónica modernista implica una postura imparcial aunque en general es crítica hacia el poder institucional y la burguesía; tiene un estilo que mezcla recursos para lograr la expresión de cada idea en imágenes, cuida La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 50 la forma y peso de cada palabra. Se somete a la prueba de la propia experiencia con textos autorreferenciales que incluyen a menudo reflexiones sobre la escritura en sí. Sus aportaciones son esenciales, en el contexto de la crónica latinoamericana, pues no sólo remiten a la complejidad de las conceptualizaciones, sino que muchos otros estudiosos han seguido sus ideas. De acuerdo con Chillón (2014), la influencia de la académica Rotker (2005) ha suscitado en América Latina, en años recientes, el uso indiscriminado de la palabra “crónica” para referirse, prácticamente, a cualquier texto periodístico-literario como reportajes, ensayos, retratos, entre otros. Además, critica que, debido al florecimiento de la crónica latinoamericana, se le quiera considerar, presuntamente, como un género distinto al periodismo literario practicado en Estados Unidos y Europa ya que no encuentra ninguna diferencia de carácter cualitativo. En resumen, la argumentación de Chillón (2014) tiene como fundamento la teoría de los géneros literarios, a la que suma las propias del ejercicio periodístico. El rigor académico que muestra en sus conjeturas es evidente. En este sentido, Chillón (2014), seguramente, que tiene muy presente a autores que han abonado en la teoría de los géneros periodístico, cuyos trabajos son sumamente reconocidos, como Martínez Albertos, José María Casasús, Lorenzo Gomis, entre otros. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 51 Otro autor muy conocido, Grijelmo (2013), cuyo texto se ha convertido en un referente de mucho éxito, así lo demuestran sus numerosas ediciones, ubica a la crónica entre esos géneros que combinan la información con la interpretación, tales como la entrevista-perfil y el reportaje interpretativo. Entre paréntesis pone una nota muy significativa que interesa citar porque se relaciona mucho con lo expuesto por Chillón (2014). Anota Grijelmo (2013): “(En algunos países de América que hablan español la terminología cambia: se llama reportaje a la crónica, y viceversa)” (p. 89), dice sin entrar en mayores detalles. Al respecto, la postura de Casals Carro (2005) es sumamente convincente. Señala que los géneros periodísticos son estructuras comunicativas que regulan el ejercicio del profesional pero que no restringen su libertad de expresión. Asimismo, le indica al posible lector el tipo de texto que va a recibir. Sus palabras más esclarecedoras son cuando apunta que: . . . el problema está en concebir la existencia de los géneros periodísticos como si se tratara de una taxonomía dogmática. En todo caso, esa rigidez es una actitud humana, un defecto de carácter, que nada tiene que ver con la existencia de los reportajes, las noticias, las crónicas, las entrevistas, los editoriales, etc. (p.432) La crítica que dirige hacia las posturas dogmáticas no le impide valorar la importancia de los géneros. Al contrario, los considera como macroestructuras discursivas cuya utilidad atañe tanto al periodista como al lector. Pero sostiene que: La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 52 . . . Sería absurdo (aunque a veces ocurre con algunos profesores o teóricos) intentar definir estrechamente cada género y lo que no encaje despreciarlo o quemarlo en la hoguera de los anatemas . . . Pero la versión contraria, que es negarlo todo porque el periodismo puede vivir sin necesidad de reflexión, también resulta una postura muy chocante. (p.432) A partir de tales ideas, la autora cita algunos ejemplos y critica diversas posturas de periodistas así como también valora las de otros. La problemática de los géneros requiere de una investigación específica para ello. Aquí se alude únicamente porque varias definiciones de crónica se apoyan en dichas teorías. Retomando las reflexiones de Grijelmo (2013): sobre la crónica, a la que considera tal vez el género más difícil de lograr, sostiene que conjuga elementos propios de la noticia, del reportaje y del análisis. Y que se diferencia de estos dos últimos por privilegiar lo noticioso; y se aparta de la noticia, por incluir la visión individual. Asimismo señala, que en los diarios de prestigio, la labor de cronista está encargada únicamente a determinados expertos en la materia. Lago y Callegaro (2012) enuncian a varios autores que hacen oportunas observaciones y valoraciones acerca del tema en cuestión. Por mencionar uno de ellos: la periodista y antropóloga Rossana Reguillo argumenta que la crónica inaugura nuevos La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 53 puntos de vista. Sostiene que el cronista abre el control de la voz única del periodismo basado en fuentes autorizadas para “. . . romper el silencio de personas, situaciones, espacios, normalmente condenados a la oscuridad del silencio porque este género ha traído una forma de registro en la que ha podido contarse una historia paralela que pone en crisis el discurso legítimo” (Lago y Callegaro, 2012, p. 15). Otras aportaciones coinciden con lo anterior, por ejemplo, se dice que a través de la crónica es posible tener acceso a los hechos que el informador, como testigo, presenta desde su visión particular, evidentemente, en su debido contexto. Además, entre otras características de la crónica, se señala el vínculo que se establece entre el cronista y el lector, sólo comparable, en términos periodísticos, al que entablan los columnistas con sus asiduos lectores (Moreno Espinosa, 2001, julio–agosto); tales observaciones finales de esta cita, en lo que respecta a la crónica, remiten, a lo que en teoría literaria se conoce como estética de la recepción. En el contexto latinoamericano, dichas observaciones de la autora, representan un capítulo inexplorado o muy pocas veces analizado. Si se considera que es evidente que el grueso de los lectores de crónicas incluye a los propios cronistas y a los académicos y se revisa la existencia de investigaciones al respecto, se tendrá por resultado un vacío palpable. Para finalizar, en su revisión bibliográfica, Lago y Callegaro (2012) concluyen que “. . . intentar definir la crónica de forma unívoca parece un desafío inalcanzable y, La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 54 muy probablemente, poco productivo . . .” (p.16), por eso ellas proponen cavilar sobre las analogías y metáforas que la aluden o, también, estudiar las relaciones que tiene con diversas disciplinas. Nuestro trabajo, podría decirse, comparte con las investigadoras esa inclinación hacia otras direcciones del estudio de la crónica. Sin duda, aunque de manera indirecta, el análisis que proponemos del espacio constituye una forma de enfocar las relaciones entre literatura y periodismo que se conjuga en la escritura de dicho género. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 55 II.2. SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR CRÓNICA LATINOAMERICANA Así como los literatos han expresado por medio de diferentes medios como entrevistas y ensayos, por citar unos ejemplos, acerca de los pormenores del oficio, también los cronistas han tratado el tema, la cual incluye una serie de relaciones. Correa Soto y Mondragón (2015), citan a Luis Tejada, el “Príncipe” de los cronistas colombianos, quien en el periódico El Espectador, el 19 de marzo de 1922, deja por escrito que el mejor cronista es quien encuentra siempre lo maravilloso en lo cotidiano, que proyecta lo pasajero en trascendente, y que, además, puede ponerle la mayor eternidad posible a cada minuto que pasa. Según los autores, los cronistas con estirpe tienen claro que su primordial función es lograr presentar la imagen de su época utilizando, sin escatimar, todos los recursos posibles de la escritura creativa para recrear los acontecimientos y los personajes de sus historias. Muy similar a las declaraciones que Jaramillo Agudelo (2012) selecciona de Salcedo Ramos: Mi nirvana no empieza donde hay una noticia sino una historia que me conmueve o me asombra. Una historia que, por ejemplo, me permite narrar lo La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 56 particular para interpretar lo universal. O que me sirve para mostrar los conflictos del ser humano. (p. 29) En muchos sentidos, estas declaraciones coinciden con las de autores de ficción. En estricto contexto del proceso creativo, no existe ninguna diferencia entre los testimonios de quienes escriben ficción y no ficción. Por ejemplo, de la cita anterior, se infiere que el entorno del cronista juega un papel esencial debido a la actitud que él muestra. Al respecto, Aguilera Garramuño (2005), afirma que el cuentista “. . . vive pendiente de las posibilidades de la existencia, de los juegos del azar, y aunque viva en una realidad anodina, la vive iluminado, la vive potenciado, de modo que le resulta una veta fecunda, interminable” (p. 23). En realidad, lo que explican ambas posturas es el origen de donde surgen las historias que van a convertirse en textos. Es notorio que los cronistas abordan temas tan diferentes entre sí que no hay pautas para enmarcarlas, por el contrario se encuentra una gran gama de tramas que representan las decisiones personales de quienes escriben, ligadas a sus peculiares visiones del mundo y lo que quieren conocer de él. Así lo afirman Correa Soto y Mondragón (2015), a partir de su investigación de la crónica universitaria realizada en Colombia, situación muy semejante a la de otros países latinoamericanos. Sin embargo, sostienen que la violencia y sus diferentes manifestaciones aparecen como un tema recurrente en los textos de los jóvenes que se apegan, en contenido y forma, a las pautas de los llamados nuevos cronistas de Indias. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 57 Muy pocos escritores han abordado una explicación sobre las razones de dicha recurrencia temática. Una de ellas es la periodista Leila Guerriero (2012) quien expresa que existe más compromiso con el mundo de los marginados, con los que, cronistas y editores, se siente más en deuda, y que un motivante mayor del cronista latinoamericano es la tragedia: . . . nadie puede dudar que la crónica latinoamericana tiene oficio y músculo entrenado para confrontar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento, lo asesino, lo suicida . . . pero en cambio tiene cierto déficit a la hora de contar historias que no rimen con catástrofe y tragedia. Puede ser que las buenas historias con final feliz no abunden y que contar historias de violencia dispare la adrenalina que todo periodista lleva dentro. (p. 623) La periodista coincide con otros autores en que uno de los motivos principales que tienen los cronistas son los temas relacionados con la violencia. Pero señala una importante confusión que los mismos periodistas han contribuido para ello: atribuir un valor excesivo a la función del periodismo de investigación hasta llegar a considerarlo como el único periodismo serio. Lo cual conlleva, a su vez, a que el periodismo equivalga, erróneamente, a una forma de hacer justicia. Por ello afirma categóricamente que “. . . los periodistas no somos la justicia, ni la secretaría de bienestar social, ni la asociación de ayuda a la mujer golpeada, ni la Cruz Roja, ni la línea de asistencia al suicida” (p. 624); con toda esta enmarcación que realiza, contundente, sintetiza el contexto social de la profesión, los resortes del proceso creativo y la función específica del cronista. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 64 teóricos de hermenéutica analógica de Beuchot, estudia la simbología que se genera en torno a la conceptualización de la ciudad. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 65 III.1. ESPECICIFICACIONES SOBRE EL MODELO DE ANÁLISIS Para la realización de la presente investigación, se ha tomado el modelo de análisis narrativo propuesto por Luz Aurora Pimentel (2005) en su texto El relato en perspectiva. Y aunque se consideran diversos aspectos de su modelo, los apartados sobre la “Dimensión espacial del relato” y el relativo al narrador y sus “Formas de enunciación narrativa” constituyen el centro de atención principal. En la “Introducción” que realiza Pimentel (2005) a su texto El relato en perspectiva hace una serie de aclaraciones que contribuyen a una contextualización muy precisa de su trabajo. Explicita la finalidad de su planteamiento, define la terminología empleada, determina su modelo de análisis, cita a los autores cuyas teorías ha usado. Para la realización del análisis de las crónicas latinoamericanas, dicha “Introducción” reviste de una singular importancia por dos razones, primordialmente: por la manera como entiende el concepto de “relato” y, sobre todo, porque su modelo de análisis se puede aplicar a muy distintos tipos de textos, entre los cuales se encuentra la crónica. Sobre este punto, lo relativo a que el modelo de análisis se pueda aplicar a diversos textos, coincide con otros estudiosos. En la “Introducción” de su trabajo titulado Descripción, Filinich (2011) dice explícitamente que entre los propósitos de su trabajo se encuentra estudiar diversos textos, además de los literarios, que utilizan la descripción y que pueden ser analizados por medio de sus fundamentos teóricos. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 66 Y aunque los lineamientos de Filinich (2011) se fundamentan en una concepción semiótica, se pueden conjugar elementos de ambos modelos ya que, como se puede apreciar, las dos autoras coinciden en señalar que sus propuestas pueden ser aplicadas a otro tipo de textos además de los literarios. Pimentel (2005) sostiene que la finalidad de su trabajo es hacer una reflexión sobre la narratividad y proponer un modelo de análisis narrativo “que no sólo permitiera abordar analíticamente los relatos del mundo para conocerlos mejor, sino que ofreciera al lector como consecuencia práctica, una posibilidad de penetrar aquellos mundo narrados que traman nuestra vida cotidiana” (p. 7–8). Para la autora, el concepto de relato está presente en nuestra cotidianeidad “a diario narramos y nos narramos el mundo. Nuestra memoria e interés nos llevan a operar una incesante selección de incidentes a partir de nuestra vida, de la vida de los otros del mundo que nos hemos ido narrando” (p. 7). La conceptualización del término y su estrecha relación con la vida cotidiana le permite a Pimentel (2005) proponer una reflexión sobre el relato, no aislada de lo que entendemos comúnmente por “realidad”, “sino como una posibilidad de refinamiento de nuestra vida en comunidad, de nuestra vida narrativa” (p. 7). Sobre la noción de relato, es pertinente recordar aquella famosa introducción escrita por Roland Barthes (1982), en el libro Análisis estructural del relato, donde La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 67 cuestionaba seriamente la poca importancia que se había dado al estudio de los relatos, a los cuales consideraba como parte intrínseca de la misma historia del ser humano. El crítico sostenía que “el relato puede ser soportado por el lenguaje articulado, oral o escrito, por la imagen, fija o móvil, por el gesto y la combinación ordenada de todas estas sustancias; está presente en el mito, la leyenda, la fábula . . . (p. 7) y un larguísimo etcétera que abarca desde las noticias de la “nota roja” hasta la plática cotidiana. De acuerdo con las ideas del crítico, las formas del relato son prácticamente innumerables. Los planteamientos hechos por Barthes (1982), a lo largo del tiempo, han sido retomados y seguidos por muchos especialistas, así como también cuestionados. En este sentido, Pimentel (1998) difiere en algunos aspectos tal como se planteará más adelante. La autora sustenta su modelo en la teoría narrativa o narratología, como también se le conoce. Y la define “como el conjunto de estudios y propuestas teóricas que sobre el relato se han venido realizando desde los formalistas rusos, y en especial, desde el trabajo seminal de Propp” (Pimentel, 2005, p. 8). Las directrices de análisis de Pimentel (2005) se basan, esencialmente, en la teoría narrativa de Gérard Genette pero ella realiza modificaciones considerables, “matizándola y modificándola de tal manera que sea posible recoger y recuperar, al abordar cada uno de los distintos aspectos de la realidad narrativa, algunos de los conceptos teóricos que considero más fecundos para el estudio de la narrativa” (p. 9). La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 68 Genette (en Pimentel, 2005), al reflexionar sobre los diversos enfoques de la narratología, concluye que básicamente existen dos tipos de estudios de narratología: unos estudios se centran en lo temático, lo cual significa que analizan la historia, los contenidos narrativos; y, los otros, se enfocan en el estudio formal del relato, o sea, considerando el modo de representación (oral, escrita, cinematográfica, etc.). Asimismo, es necesario, continúa la autora siguiendo a Genette, diferenciar entre la narratología y los estudios genéricos del relato. En un estudio narratológico se pueden estudiar aspectos como la situación de enunciación, los planos temporales, la perspectiva, entre otros. En cambio, en un análisis genérico, se revisan las líneas temáticas y se atiende a la serie de características formales que determinan las distinciones entre novela, cuento, leyenda, autobiografía. La autora sintetiza la distinción asegurando que “Los estudios genéricos se ubican en el cruce de los temáticos y los de historia literaria; la narratología, en cambio, se sitúa en una dimensión más abstracta” (Pimentel, 2005, p. 8–9). Las distinciones que ha retomado Pimentel (2005) son esenciales para precisar el enfoque de su modelo de análisis: El presente estudio habrá de restringirse al análisis de la narrativa desde una perspectiva modal y no genérica. En términos generales no abordaré la dimensión puramente temática de la narrativa que orienta el análisis de la historia o contenido narrativo, en sus articulaciones lógicas o funcionales, a menos que esa dimensión temática entre en relación directa con una dimensión más abstracta, o bien cuando se presente como componente fundamental de las La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 69 articulaciones ideológicas de un relato. Y ya se verá que estas articulaciones se dan en todos los aspectos de un relato: la velocidad a la que se narra, la secuencia elegida, la cantidad de detalles con los que se describe un objeto, su composición, la perspectiva que se elige para narrar… en fin, que las estructuras narrativas en sí son ya una forma de marcar posiciones ideológicas. (p. 9) Una vez que ha especificado las directrices de su modelo de análisis, traza la definición de relato que considera la más pertinente. Como es sabido, el término de relato ha sido utilizado desde muy distintas perspectivas. Asimismo, una serie de estudios han abordado la problemática de su definición. Pimentel (2005) lo define, “de manera sucinta, como la construcción progresiva, por la mediación de un narrador, de un mundo de acción e interacción humanas, cuyo referente puede ser real o ficcional” (p. 10). La definición, que propone, incluye en el concepto de relato una serie de textos muy variada. Pero lo que es sumamente pertinente enfatizar, para los fines de esta investigación, es que con dicha definición se consideran tanto a los escritos de ficción como aquellos textos basados en la realidad (lo que comúnmente se entiende por “realidad” para evitar entrar en reflexiones de otra índole ya que no es el tema de interés en este punto específico). La misma teórica menciona algunos ejemplos que pueden ser considerados como relatos “Así definido, el relato abarca desde la anécdota más simple, pasando por la crónica, los relatos verídicos, folklóricos o maravillosos y el cuento La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 70 corto, hasta la novela más compleja, la biografía o la autobiografía” (Pimentel, 2005, p. 10). Con base en la citada definición, y desde la perspectiva del modo de enunciación, Pimentel (2005), dice que el relato puede dividirse, en términos de análisis, en dos apartados esenciales: mundo narrado y narrador. Y, a su vez, en el relato, considerado como un texto oral o escrito, pueden identificarse tres aspectos de la compleja realidad narrativa que la autora retoma de Genette. Al respecto, Rimmon (1996), en un excelente estudio que resume algunas de las teorías de Genette, dice que el crítico francés propone la siguiente terminología, lo que comúnmente se le llama modelo triádico: la historia; quiere decir, el contenido de la narración; el discurso, o sea, el texto narrativo; y el acto mismo como se da la producción narrativa. Antes de proseguir, es indispensable señalar que sobre las cuestiones teóricas existe toda una serie de diversos enfoques que tratan de explicar la problemática de las relaciones entre las acciones que se narran y el acto mismo de narrar. De tal manera que muchos críticos usan su propia terminología al mismo tiempo que fundamentan las razones para ello. Como es natural, un mismo teórico, de un texto a otro, puede retomar sus anteriores reflexiones y realizar modificaciones menores o mayores. En este contexto, los lineamientos teóricos expuestos por Pimentel (2005), independientemente de los teóricos en que sustenta su modelo, se consideran los más apropiados para revisar La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 71 las voces narrativas y los modelos descriptivos presentes en las crónicas latinoamericanas. Sobre la historia, o contenido narrativo, Pimentel (2005) refiere que se trata de una serie de sucesos, ubicados en un universo espaciotemporal, la cual ha sido tratada doblemente desde un criterio de temporalidad. Por una parte, los acontecimientos han sido dispuestos en una determinada cronología. Y por otra, su ordenamiento está orientado hacia “una finalidad, una totalidad significante” (p. 19); y, después de la lectura, la serie de acontecimientos se recombina en la memoria del lector para quedar ordenada como una secuencia que conlleva a posteriores consecuencias. Entre paréntesis, se aclara que acerca de ese universo diegético, Pimentel (2005) se basa en el término de diégesis que propone Genette: es el universo espaciotemporal que aparece en el relato. El universo diegético comprende las acciones de los personajes, los lugares, los objetos. Todo ello en un plano de realidad únicamente posible en ese mundo propuesto. Al respecto, Beristáin (1988) señala, a partir de la conocida oposición que hizo Platón entre diégesis (narración) y mimesis (representación), una serie de teóricos y los términos con que conciben la diégesis: Todorov (historia), Barthes (relato), Rimmon (contenido narrativo), Hjelmslev (plano del contenido), Jakobson (nivel de los hechos relatados), entre otros. Y claro, al propio Genette, al que le dedica el mayor espacio debido a su detallada explicación. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 72 El segundo aspecto, el discurso o texto narrativo, la autora dice que “le da concreción y organización textuales al relato” (Pimentel, 2005, p. 11). Cabe señalar que, de los tres elementos que constituyen la realidad narrativa, el discurso, -subraya ella y cita a Genette, es el único que es susceptible de ser analizado textualmente. Sobre el mismo aspecto, es conveniente citar la definición de discurso que se propone en el texto que se titula Descripción, de Filinich (2011), pues, como se había mencionado, algunos de los elementos se utilizarán para analizar las crónicas latinoamericanas. Y también para ejemplificar la complejidad que representa la definición del término discurso debido a la enorme variedad de proposiciones provenientes de muchas disciplinas y de los diversos enfoques de las mismas. En un apartado subtitulado “Una definición de discurso”, Filinich (2011), antes la dificultades que representan las diferentes acepciones del concepto de discurso, se inclina por definir que . . . el discurso, en el sentido que aquí se asume, ocupa –como lo propone Parret (1987)– un lugar intermedio entre el concepto de lengua, entendida como el conjunto de articulaciones del sistema, y el de habla, en tanto realización individual de la lengua por parte de los hablantes. Entre ambos extremos, uno que da cuenta del sistema abstracto y otro que registra las variaciones concretas e individuales del uso, puede ubicarse una zona intermedia, un lugar de tránsito (que va de la competencia abstracta a la ejecución particular de un acto de habla), lugar que posee sus propias regularidades, sus estrategias, sus dimensiones. (párr. 2) La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 73 La conceptualización que asume se comprende mejor al adentrarse en los niveles del discurso. Ella sostiene que se precisa distinguir los dos niveles que conforman el discurso: el del enunciado y el de la enunciación: “el nivel del enunciado, que atiende a lo dicho, lo informado, el objeto del discurso, y el de la enunciación, que remite al proceso por el cual lo dicho es atribuible a un yo que apela a un tú” (Filinich, 2011, párr. 5). Como se podrá apreciar, aunque hay diferencias entre los enfoques -y por ende, en las conceptualizacionesque proponen Pimentel (1998) y Filinich (2011) pueden retomarse ciertos elementos que, en un proceso de análisis, a su vez, se conjugan para enriquecer la comprensión de los textos a estudiar. En relación con el tercer aspecto, el acto de la narración, Pimentel (2005) explica que es el que permite una relación de comunicación entre los tres elementos esenciales: el narrador, el universo diegético y el lector. Asimismo, el acto de la narración se vincula, de manera directa, con la situación de enunciación del modo narrativo. En cuanto a la concepción del mundo narrado es imprescindible realizar algunas precisiones que Pimentel (2005) propone en su modelo de análisis. Sobre el término de relato, la autora lo redondea de la siguiente manera: La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 80 proporciona una serie de elementos que, en palabras de la propia autora, permiten una mayor comprensión de los relatos. Sobre el estudio del espacio, Filinich (2011) hace una aclaración muy pertinente. Tanto en la “Introducción” como en el capítulo “Semiótica del discurso descriptivo” propone un fragmento de la novela Yo, el Supremo (1974), de Augusto Roa Bastos, con el fin de ejemplificar, de una manera muy didáctica, que el lector común puede identificar entre las partes narrativas y las descriptivas. Sin embargo, aclara, que para la comprensión de los procedimientos descriptivos se requiere de diversos medios para su análisis. El estudio del espacio, en términos literarios, es relativamente reciente. Y no sólo eso, son muy pocos los estudios que se ocupan de él. Enric Sullà (1996), en su Teoría de la novela. Antología de textos del siglo XX, presenta una “Bibliografía General” que se destaca por un brevísimo comentario ya sea descriptivo o valorativo sobre aquellos textos que él considera pertinentes. En su conjunto, la antología de Sullà (1996) aspira a ser un texto que presenta una visión representativa de la técnica novelística. Por ello, considera su índice temático como una herramienta de trabajo. Retomando la “Bibliografía General”: en ella incluye la obra titulada Espacio y novela (1980), de R. Gullón. Al respecto, su comentario es brevísimo y preciso: “Uno de los pocos estudios sobre el espacio” (Enric Sullà, 1996, p. 329). La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 81 Y aunque en años más recientes han aparecido diversos trabajos relacionados con el espacio y la literatura –planteamientos teóricos, novedosos ensayos, tesis doctorales, estudios críticos–, siguen siendo una cantidad mucho menor si se le compara con las investigaciones dedicadas a otros aspectos del fenómeno literario. Ante este panorama, el modelo de análisis de Pimentel (2005) presenta una opción viable para analizar los lugares citadinos y rurales en las crónicas latinoamericanas. Sin que ello signifique, necesariamente, una valoración de carácter teórico, entre éste y las mociones de otros autores. Al tratar el apartado subtitulado “La dimensión espacial del relato”, asegura que, en un relato, el narrador utiliza diferentes sistemas descriptivos para especificar los lugares, los personajes, los objetos. El narrador logra representar, como tradicionalmente se le conoce, o significar, como prefiere llamarle la autora, los lugares, los actores, los objetos. El descriptor crea, además de una imagen, “un cúmulo de efectos de sentido” (Pimentel, 2005, p. 25). Al comparar la narración de acontecimientos con la descripción de un lugar, la autora señala una diferencia que permite esclarecer lo que sucede con las descripciones. Por lo que respecta a la narración de acontecimientos, ésta se presenta por medio de relaciones lógicas y cronológicas establecidas en el proceso de selección. En cambio, en la descripción de un espacio diegético aparece un problema distinto: La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 82 . . . la descripción de un espacio diegético se enfrenta a contracorriente con el problema de significar lo simultáneo, y lo sensorial, particularmente lo visual, con medios esencialmente temporales. ¿Dónde debe comenzar la descripción de un lugar, o de un objeto, dónde terminar? ¿Cuántos detalles han de ofrecerse para generar el efecto de sentido que reconocemos como una “imagen”? En teoría, no hay nada que pueda poner coto a la proliferación descriptiva, nada, es decir, inherente al tema descriptivo mismo. (Pimentel, 2005, p. 25) En las primeras líneas de la cita, se señala la problemática que conlleva lo simultáneo. Un aspecto de las intrincadas relaciones de lo espaciotemporal (o espaciotemporal, pues los teóricos usan indistintamente ambas formas). En el subtítulo “Alcances del concepto de descripción”, del capítulo “Semiótica del discurso descriptivo”, Filinich (2011) retoma el concepto de simultaneidad temporal para distinguir entre una narración y una descripción. Por medio de la comparación propone las diferencias que distinguen a cada una de las formas de organizar la materialización verbal. Por lo que respecta a la narración, sostiene que “la narración modela el material verbal sobre el eje de la sucesión temporal y pone en escena una interacción entre narrador y narratario” (párr. 2). La anterior apreciación de la narración coincide mucho con otras definiciones más elaboradas. Para Pozuelo Yvancos (2003), en un apartado, donde retoma la idea de que el mayor problema del relato lo constituyen la narración y el narrador, sostiene que “Narrar es administrar un tiempo, elegir una óptica, optar por una modalidad La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 83 (diálogo, narración-pura, descripción), realizar en suma un argumento entretenido como la composición o construcción artística e intencionada de un discurso sobre las cosas” (p. 140). Haciendo una comparación, el único elemento que no aparece citado es el narratario. Lo que resalta la importancia que Filinich (2011) le imprime. Y por lo que concierne a la descripción, la autora retoma del texto Introducción al análisis de lo descriptivo, de P. Hamon, los términos de descriptor y descriptario y del texto Hablar de literatura, de R. Dorra, el concepto de simultaneidad temporal. Conjuga la terminología de dichos autores para sostener que “la descripción dispone el material verbal basándose en el criterio de la simultaneidad temporal e instala en el discurso la presencia de un descriptor y un descriptario” (Filinich, 2011, párr. 2). Filinich (2011), citando a Dorra, dice que se pueden plantear dos maneras de apreciar las relaciones lógicas. Una, correspondiente a la narrativa, que es la de asociar elementos por medio de la sucesión; y, otra, correspondiente a lo descriptivo, que es la de asociar por medio de la simultaneidad. También, Filinich (2011) explica detalladamente que no debe suponerse una correspondencia entre narrativo-descriptivo con presencia-ausencia de temporalidad pues . . . si la narración se funda sobre la sucesión temporal, la descripción sustrae al objeto del encadenamiento temporal, de la sucesión, y lo presenta como una duración temporal, como instalado en un tiempo suspendido pero no negado. En este tiempo suspendido y profundizado, en este tiempo espacializado, los objetos comparten su temporalidad, existen simultáneamente, aunque el discurso por su La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 84 propia naturaleza deba ordenarlos sucesivamente (y aquí “sucesivamente” significa más bien “orden espacial”, esto es, disposición sucesiva en el espacio material del texto… (párr. 7) Dadas las complejidades que existen entre los elementos espaciales y temporales, sin duda, la propuesta de simultaneidad temporal constituye uno los lineamientos teóricos más ilustrativos para realizar el análisis de los modelos descriptivos que presentan las crónicas latinoamericanas. Con base en ella, se puede determinar, con suma claridad, lo que sucede cuando en un escrito narrativo se intercala la descripción. Al centrarse el estudio en ésta, a su vez, se determina una explicación sustentable de lo que ocurre con la temporalidad. En relación con el examen de las crónicas, muy pocos estudiosos han relacionado las coordenadas espaciotemporales de la vida cotidiana con dicho género. Una de ellas es Reguillo (2012), quien subraya la función periodística afirmando que “Si el aceleramiento espacio-temporal es una de las constantes de la época, no resulta extraño que sea la crónica la que adquiera un estatuto privilegiado en las formas del relato en tanto ésta es deudora de la vieja crónica de viajeros” (p. 63). Con lo cual resalta la relevancia del género e, indirectamente, el análisis de la dimensión espacial. A partir de la definición de evidentia que propone Lausberg, y haciendo una serie de adecuaciones a la terminología del mismo, Filinich (2011) propone los elementos esenciales que comprende la descripción: en el nivel del enunciado, los La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 85 procedimientos descriptivos se realizan considerando la simultaneidad entre los objetos descritos. Y en el nivel de la enunciación, quien funge como testigo u observador, articula los procesos descriptivos, los cuales, también se sustentan en el eje de la simultaneidad; en cuyo caso, no se da la simultaneidad entre el observador y la voz del descriptor, la cual, como se dijo, se articula en el tiempo presente continuo de la enunciación. Filinich (2011) sostiene que, en un fragmento eminentemente descriptivo, el narrador, quien relata desde un presente, asume una función de descriptor. Y a su vez, el descriptor “delega” en un observador que se encuentra en condiciones de simultaneidad entre él, que percibe, y lo percibido. En resumen, con la configuración teórica de Filinich (2011), se cuenta con una base muy útil para estudiar la serie de elementos que intervienen en una descripción como el narrador, el descriptor, el observador. Y todo ello, en un marco temporal muy preciso. Regresando a la cita de Pimentel (2005), sobre las preguntas que formula acerca de dónde inicia y termina una descripción y de cuántos detalles se requieren, puede asegurarse que en cada texto que se analizan los fragmentos descriptivos se replantean dichos cuestionamientos. Y cada respuesta conlleva, a su vez, diferencias entre un texto y otro. La advertencia que expresa la autora es por demás válida al momento de realizar la aplicación del método de análisis. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 86 La serie de preguntas son respondidas de manera muy personal. Dicho de otra manera, la realización de una descripción, como el mismo acto de escribir, es una actividad estrictamente individual (válido también para aquellos casos de coautoría). En este sentido, el filósofo Fernando Savater (2013), en un artículo periodístico titulado “Son de lo que no hay” -que trata sobre su afición a la literatura fantástica y de ciencia ficción-, afirma que Es más, la descripción minuciosa y esforzadamente fiel de la realidad es insuficiente para comprender la realidad misma. Ocurre que lo auténticamente significativo nunca sucede fuera de nosotros, en el escenario fotográfico y pedestre, sino dentro, que es territorio fantasmagórico. (p. 60) Si se relaciona la contundente explicación del filósofo con el acto de escritura de las crónicas, se facilita la comprensión del sello individual que un autor le imprime a su trabajo, independientemente de las personas gramaticales que utilice. Y, por supuesto, también es susceptible de aplicarse al viejo debate periodístico de lo objetivo-subjetivo. Reanudando los aspectos del modelo de análisis, Philippe Hamon (1996), en un texto titulado “La descripción”, sostiene que ésta es el resultado, por lo general, de la interacción que se da entre uno o más personajes con un espacio determinado: ya sea un paisaje u otro lugar, un ambiente o con una serie de objetos. Asimismo, el autor especifica que el ambiente constituye el tema introductor de la descripción, el cual, a su La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 87 vez, desencadenará una serie de subtemas, de una nomenclatura, de una especie de red cuyas unidades constitutivas se encontrarán estrechamente relacionadas entre sí. Pimentel (2005) retoma dichas ideas, así como la de otros teóricos, y las recrea para estructurar su aportación teórica. Entre los términos esenciales que presenta se encuentran el de nombre, serie predicativa, tema descriptivo y modelos de organización. La terminología, además de ser fundamental para la comprensión del modelo, se presenta con una coherencia a tal grado que se puede transitar de un término a otro como una relación lógica. De acuerdo con Pimentel (2005), el “rasgo distintivo de la descripción es la puesta en equivalencia de un nombre y una serie predicativa” (p. 25). Con lo cual formula los componentes básicos para iniciar el estudio de los modelos que organizan una descripción. Da la impresión de que se trata de algo sumamente obvio. Sin embargo, para el lector común de periódicos no resulta tan evidente. Y menos para el estudio de algo tan “simple” como regularmente se le considera, en este contexto, a lo descriptivo. El nombre del objeto, que se va a describir, al ser enunciado anuncia el inicio de una descripción. Por el sólo hecho de ser enunciado el nombre, éste se constituye inmediatamente en un tema descriptivo. El tema descriptivo incluye una serie de detalles, de características, de partes. Y esta serie de características van conformando o La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 88 “dibujando” el objeto. El término que utiliza Pimentel (2005) para calificar mejor a esa serie es “ilimitada” p. 25). El calificativo acerca de la serie descriptiva es en extremo valiosa para la aplicación del modelo de análisis. Si la serie es “ilimitada”, significa que el narradordescriptor tiene absoluta libertad para utilizar desde unos cuantos rasgos para determinar un objeto, un lugar o un personaje hasta un larguísimo inventario. Lo ilimitado presenta sus problemas para el narrador-descriptor. Y para el análisis, implica que cada texto presenta sus propias series descriptivas. Es evidente que el narrador-descriptor podrá ser sumamente breve o, en el otro extremo, extenderse demasiado. La brevedad, el caso de algunos escritores como Borges, forma parte de un estilo excelso. Mario Vargas Llosa (1997) en un texto titulado Cartas a un joven novelista, en la parte IV, titulada “El estilo”, al hablar de Borges -del escritor que considera, tal vez el más original prosista de la lengua española del siglo XX-, sostiene que “El color y la gracia de ese estilo está sobre todo en su adjetivación, que sacude al lector, que sacude al lector con su audacia y excentricidad” (p. 45). Para ejemplificar la prodigiosa adjetivación, cita las primeras frases del cuento titulado “Las ruinas circulares”. Cita la frase y pone en itálicas el adjetivo que desea señalar: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche” (Vargas Llosa, 1997, p. 45). Sin duda, el rasgo distintivo del estilo borgeano, la adjetivación, produce en el lector un efecto desconcertante, y, a su vez, fascinante, sorpresivo, inquietante. Borges es, pues, en este contexto, un ejemplo de rigor de escritura, de economía excepcional. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 89 Continuando con los principios teóricos, de acuerdo con Pimentel (2005), los modelos de organización crean la ilusión de que los límites son inherentes a lo descrito. Asimismo, podría hablarse de una tipología de los modelos: lógíco-lingüístico, taxonómico, temporal, cultural. Ante lo expuesto, puede hacerse una lectura de que hay una correlación entre la serie descriptiva y los modelos de organización. De acuerdo con las ideas de Pimentel (2005), si la serie descriptiva es ilimitada, entonces, la tipología relativa a los modelos de organización, también podría presentar cierta correspondencia. Al referirse a los ejemplos sobre éstos, sostiene que “La lista desde luego no es exhaustiva; cualquier forma de organización de nuestro conocimiento o percepción del mundo es susceptible de una utilización descriptiva, convirtiéndose en el sistema de referencia y principio de organización del texto” (Pimentel, 2005, p. 26). Los modelos de organización elegidos por el narrador-descriptor, además de facilitar el orden de la descripción, propician la sensación en el lector de que se trata de una descripción “natural”, “necesaria”. También, por medio de ellos, el narrador estructura una unidad temática de carácter descriptivo con una continuidad semántica “incluso si aparece de manera fragmentaria en la organización textual de un relato” (Pimentel, 2005, p. 26). La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 96 contundente es la desaparición del mismo después de una tragedia. El título del texto apunta hacia la parte final, la reconstrucción del espacio rural. Los lineamientos teóricos son esenciales para revisar las resignificaciones que el narrador impone en cada uno de los momentos. Según Pimentel (2005) en cada nombre se sintetizan los espacios y las mitologías. Cita a Hamon, quien sostiene que los nombres propios “permiten la economía del enunciado descriptivo, asegurando un efecto de lo real global que trasciende incluso toda descodificación de detalle” (p. 34). Sin embargo, sostiene Pimentel (2005), para que se produzca la ilusión de un espacio “real”, además de los lexemas y los nombres propios, se requiere de los modelos descriptivos, los que ella define como . . . principios organizadores del discurso descriptivo que provienen del discurso del saber de una época dada: modelos lógicos, taxonómicos y culturales, entre otros, que organizan nuestro conocimiento del mundo. La descripción acude a estos modelos para organizar la presentación verbal de un personaje, un objeto o un lugar. (p. 34) Al respecto, Anderson Imbert (1992), en un contexto estrictamente literario, formula varias funciones que cumplen los marcos espacio-temporales. Primera, dotar de verosimilitud a las acciones; segunda, la de proyectar el estado emocional del narrador y acusar la sensibilidad de los personajes y, tercera, liar los elementos de la La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 97 trama. De las tres funciones, únicamente la primera interesa ya que las dos restantes conciernen más al plano de la ficción y difícilmente aparecerían en un texto como la crónica (aunque pudiera suceder, tal vez, como un recurso intertextual). Sobre la función de la verosimilitud, afirma categóricamente que “Bien, la función más efectiva del marco espacio-temporal de un cuento es la de convencernos de que su acción es probable” (p. 233). En este sentido, hay un punto de coincidencia entre ambos autores. Entre paréntesis, se puede decir -sin la intención de incursionar en el debate teórico-, que Andeson Imbert (1992) contradice abiertamente las ideas de Genette en la distinción que éste propone sobre la narración como acciones sucesivas en el tiempo y la descripción como una simultaneidad espacial. La refutación está basada en un cuento, “El abandono y la pasividad”, de Antonio Di Dibinetto, donde los personajes son invisibles y nada más aparecen descritas las cosas. Esta brevísima pauta sólo tiene el fin de exponer, someramente, las posibles dificultades que conlleva profundizar en la teoría literaria, lo cual no es la intención de nuestra investigación. A lo sumo, se ha recurrido a modelos de la narratología que explícitamente señalan que pueden ser aplicados a otras disciplinas. Como se mencionó, los ejemplos son citas provenientes de la literatura. Por lo que respecta a escritos de carácter realista, también ella recurre a autores de ficción, pero debido a que el efecto que quieren producir, el de verosimilitud, pueden compararse con los procedimientos que usan los cronistas. En los textos realistas, dice Pimentel (2005) que La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 98 . . . la descripción de lugares, objetos o personajes estará asumida por la perspectiva de uno de los actores cuyas coordenadas espaciotemporales estarán claramente definidas. De este modo no solo se “naturaliza” la descripción sino que se la transforma en narración: es decir, en una descripción focalizada: el acto contemplativo en sí como un acontecimiento. Por lo tanto, en una descripción focalizada, el punto cero de la dimensionalidad será siempre el observador-actor que asume el contenido y forma de la descripción (aunque no necesariamente su enunciación). (p. 35–36) Como colofón ante la exposición teórica, puede enfatizarse que el concepto de relato, propuesto por Pimentel (2005), comprende una gran diversidad de textos. Y que su modelo de análisis, específicamente lo concerniente a la dimensión espacial, es aplicable al estudio del espacio de las crónicas latinoamericanas. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 99 III.3. SÍMBOLO, MITO, ESPACIO La evocación del relato en la imaginación del lector, cuando se lleva a cabo el proceso de lectura, fija siempre en su mente una imagen construida a partir de lo que el relato mismo describe. La imagen se encuentra cargada de una fuerte energía simbólica. En tanto que heredero de un amplio bagaje, producto del proceso evolutivo, el ser humano constante y espontáneamente crea símbolos a partir de sus experiencias, mayoritariamente de forma inconsciente (Jung, 1995). Dichos símbolos forman parte de cierto lenguaje a través del cual se aplica el conocimiento adquirido de generaciones anteriores y se hereda nuevamente a generaciones futuras. La percepción de símbolos para el ser humano tiene un carácter instintivo: el símbolo contiene tal significado que atrae y logra que el hombre se identifique con él y que, por tanto, sea aplicado a su vida diaria. La misma observación es postulada por Beuchot (2007) cuando afirma que el símbolo . . . es imprescindible para el ser humano. Es lo que le representa sus valores, lo que le da una identidad fuerte, sobre todo una identidad cultural. Es, sobre todo, lo que lo vincula con su grupo, lo que más le da sentido de pertenencia, pues compartir los símbolos es más unidor que cualquier otra cosa. (p. 13) Para lograr una aproximación más precisa del concepto al que el símbolo alude, Beuchot (2011) insiste, en primera instancia, en la reflexión sobre la dualidad de significados que el símbolo contiene, y advierte que se puede percibir en su naturaleza La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 100 un concepto literal y otro más profundo en dónde se da la vinculación e identificación de quien lo percibe con una comunidad y que, en consecuencia, hace referencia a un sentido más profundo y, por tanto, significativo. Es a dicho significado al que el símbolo señala y, para descubrirlo con mayor eficacia, Beuchot (2011) propone un método hermenéutico analógico. Cuando se percibe un símbolo comienza un proceso de comunicación. El símbolo guarda un mensaje que debe ser interpretado, por lo que Beuchot (2011) identifica una necesidad hermenéutica a la hora de aproximarse a su significado oculto. La hermenéutica como herramienta en el análisis del simbolismo es apuntalada por Paul Ricoeur en su obra El simbolismo del mal en la década de los sesentas (Simms, 2003). En ella, además de la necesidad de una interpretación más allá del sentido literal, Ricoeur plantea la búsqueda de un sentido motivado por la postura del autor ante la realidad. El sentido constituye una modalidad que puede ser abordada con una certeza objetiva: los textos se hayan constituidos por actitudes morales en tanto que el autor forma parte de una cultura (Simms, 2003) y, del mismo modo, todo siempre significa algo para el receptor ya que éste se haya inserto también en una comunidad cultural. La hermenéutica, como práctica de interpretación, parte de la noción de que los textos dicen algo que los trasciende, esto es, se constituye más allá de su sentido literal en forma de discurso. En su libro de Teoría de la interpretación: discurso y excedente de sentido, Ricoeur (2006) describe el momento decisivo en la historia en que el discurso, al dejar de ser una transcripción del habla y ser vertido directamente en forma La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 101 escrita, fomenta una “disociación del sentido verbal del texto y la intención mental del autor” (p. 42). Así, la acción de la escritura representa “la autonomía semántica del texto” (p. 42), la construcción de un mundo independiente que puede ser cohabitado por el lector y que Ricoeur llama el mundo del texto, el mundo propio de un texto específico que es irrepetible (Simms, 2003, p. 41). Ya que todo texto constituye un mundo del cual el lector se apropia para comprender el suyo, el proceso de la interpretación hermenéutica es en sí un proceso de auto-comprensión (Simms, 2003, p. 43). Beuchot (2011) espera esto precisamente de la hermenéutica, la obtención de un beneficio para el ser humano, ya que en su práctica son captadas “sus necesidades y sus justas aspiraciones” (p. 138). Beuchot (2011) propone, asimismo, una hermenéutica analógica para interpretar los símbolos debido a que el significado oculto del símbolo es la analogía, una semejanza que conlleva a la relación de dos objetos. Existen dos tipos de posturas interpretativas que Beuchot (2011) denomina como extremas, una en que el símbolo es unívoco y otro donde es equívoco; el crítico encuentra la necesidad de una hermenéutica analógica para permitir el análisis e interpretación de los símbolos desde un punto intermedio en donde sea posible captar su doble significado de la manera más completa posible, dado que la vivencia del símbolo “. . . es requisito para interpretarlo, y mientras más se vive mejor se interpreta”(p. 140), pero, al mismo tiempo, dicha vivencia siempre dependerá de la particularidad de la La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 102 persona que experimenta; la mejor manera de interpretar los símbolos será desde la universalidad y la individualidad de lo analógico. El mismo autor afirma, además, que la hermenéutica justa para la interpretación de símbolos debe ser, además de analógica, icónica, puesto que es a través del ícono que el símbolo adquiere un sentido de universalidad: El símbolo remite a otra realidad, que no se ve a primera vista en su significar. El acto del habla simbólico es el más complejo. Como remite a otra cosa, tiene un aspecto de iconocidad. Pero el ícono es, según Pierce, el signo que con un fragmento nos remite al todo, nos hace conocer la totalidad de la que forma parte. Por eso el símbolo tiene una función metonímica: hace pasar de la parte del todo, esto es, sirve para universalizar. (Beuchot, 2011, p. 142) El símbolo es presentado por Ricoeur como un signo pero de una riqueza especial por lo que se destaca de otros signos, esto significa que “no todo signo es símbolo” (en Beuchot, 2007, p. 16) ya que el símbolo tendrá siempre un doble sentido, el que se denomina como literal y el que tiene un sentido analógico que considera “cargado de figuración”. Asimismo, asegura que todo símbolo presenta ciertas características: inagotable, polisémico e infinito. En el símbolo Beuchot (2007) encuentra la revelación de la significación de la vida de una comunidad. Este sentido más allá del literal, es mostrado parcialmente por el símbolo: “Muestra una cosa y esconde otra. Es como un iceberg. Se ve su punta, que es lo que flota por encima del agua; pero lo más grande es lo oculto, lo que se hunde en el mar” (p. 18). La expresión La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 103 simbólica para Ricoeur (en Kohák, 1996, p. xxx), sin embargo, no consiste en una simple sustitución de una serie de signos por otra, sino en una peculiar relación de representación “pars pro toto”, una segunda capa de significación que engloba al sentido literal. Así, como la vida en comunidad es revelada desde lo simbólico, es posible entender el mundo en que nos desenvolvemos como un texto. La hermenéutica concibe la relación del individuo con el mundo a través de la mediación del discurso: el mundo no es aprehendido directamente, sino a través de textos (Simms, 2003). El mundo para el hermeneuta es textual debido a que bajo su óptica la existencia humana se expresa a través del discurso, y el discurso es la invitación a la interpretación entre individuos (Simms, 2003). En este mismo sentido, Milton Aragón (2014) encuentra cierta relación entre la persona que vive el espacio y dicho espacio, la ciudad misma. Con base, de manera principal, en la hermenéutica analógica de Beuchot (2008), Milton Aragón (2014), en su texto Ciudad, símbolo e imaginario: reflexiones sobre vivir el espacio urbano, parte del cuestionamiento de cómo el observador, desde sus imaginarios, interpreta y da sentido a la ciudad. Entre la ciudad y el observador, Aragón (2014) estudia dos posibles relaciones de una miríada de interacciones por determinar. La primera relación, que denomina “palabra”, es la que se articula en el habla cotidiana cuando se comunican entre sí los La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 104 sujetos. En este contexto, Aragón (2014) sostiene que “. . . la ciudad es el significante que envuelve a la esfera del lenguaje de quien la habita, dotando de sentido por medio de la palabra a los símbolos que en ella se encuentran abiertos y equívocos, que son: palabra, espacio y lugar” (p. 9); de acuerdo con esto, a través de la palabra se conoce lo urbano en la narración de los imaginarios. La revelación de la ciudad por medio de la palabra puede ser comparada con la caracterización de la relación del hecho literario con la vida cotidiana sugerida por Tynyanov (en Torop, 2009): todo sistema literario es un ámbito de funciones en constante interacción con otros ámbitos. A decir de Torop (2009), los ámbitos referidos por el crítico formalista están constituidos por las dimensiones de lo cotidiano, lo cultural y lo social. Para Tynyanov, la literatura posee una función verbal en tanto que se relaciona con la vida diaria en su dimensión del habla y, en reciprocidad, la literatura ejerce un influjo en lo cotidiano que se manifiesta en una función social. Bajo esta perspectiva es posible rastrear una relación desde la palabra, la mera función verbal que colinda inmediatamente con lo literario, hasta lo cultural a partir de los elementos estructurales de una obra, los cuales reflejan la actitud del autor ante su texto. Por otra parte, en lo que respecta a la relación del observador con la imagen, Aragón (2014) retoma la idea de Ricoeur, quien concatena la imagen con un “proceso” en lugar de un “contenido”. A partir de esta idea de imagen, Aragón (2014) la relaciona con el observador: La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 105 Un proceso en el que se encuentra inmersa la interpretación que realiza el observador urbano sobre la imagen que emana de la morfología de la ciudad. Construyendo una relación de imagen entre quien percibe e interpreta la imagen en sí. Así como el lenguaje es el sustento material por medio del cual se significa la ciudad, las imágenes sustentan los imaginarios. (p. 10) El razonamiento encuentra eco en la semiótica de Lotman (2009) y su descripción del espacio simbólico del sueño. Como es sabido, en el ámbido de lo onírico, las categorías verbales propias del discurso son vertidas en el orden de lo visual. Sin embargo, al ser referidas en el vida diaria, las formas visuales características del sueño son refundidas en una estructura narrativa (Lotman, 2009). La trasnfiguración de imagen en narrativa, la cual practicamos cotidianamente, es la manera en que los textos se originan. Sin embargo, la descripción semiótica del sueño está lejos de terminar ahí. Una vez que se organizan verbalmente por medio del relato, la relación del sueño es guardada, finalmente, en la memoria de nuevo como imágenes. Por medio de la estructura que resulta del tortuoso proceso es como conectamos nuestro sentido de la realidad con las posibilidades gramaticales de la irrealidad, interacción que se convierte en material potencial para la creación artística (Lotman, 2009). De igual forma, Aragón (2014) asegura que la experiencia urbana transformada en discurso puede remitir tanto a la realidad como a la ciudad “. . . de lo imaginario o de la fantasía” (p. 45). A partir de la forma material de la ciudad, a lo cual Aragón denomina “lo urbano” (p. 46), el observador construye una narrativa a través de La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 112 distribución de un cuerpo humano, de animales por medio de metáforas maquinistas. Esta concepción la lleva a argumentar lo siguiente: Siendo ya el cuerpo algo material, la nueva referencia a la consonancia de los materiales (se entiende de los materiales mostrados), atiende a todas sus cualidades y no sólo a la fundamental de ser materia impenetrable. Colores, tonos e intensidades de luz reflejadas, texturas, dureza o suavidad, absorciones o repulsas sonoras –lo mismo que los significados que estas cualidades adquieren, también al remitirnos a su origen natural o no–, son considerados en cuanto al diálogo que entre sí establecen. . . . Y sin embargo ese diálogo sólo se establece en aquella persona, en su interioridad; los materiales son identificados y la persona cuenta también –para captar la armonía del conjunto– con formas y funciones, con recuerdos y fantasías. (p. 52–53) Al respecto de la constitución del imaginario de la “ciudad”, el “espacio urbano” y el “transeúnte” que vive inmerso en dicho espacio, cabe mencionar a Gilberto Giménez (1994) y su teoría de la región, en la que, de entrada, expone el concepto de “región”, en específico, como correspondiente al espacio sociocultural que comparte una comunidad. De esta manera, el autor pretende evitar ambigüedades por las muchísimas aplicaciones que el término puede recibir. La idea de la región dentro del marco de lo sociocultural, para Giménez (1994), tiene su base en la historia compartida por un grupo de personas asentado en cierta ubicación geográfica y que por tanto han experimentado La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 113 . . . las mismas vicisitudes históricas, afrontaron los mismos desafíos, tuvieron los mismos líderes y se guiaron por modelos de valores semejantes; de aquí el surgimiento de un estilo de vida peculiar y, a veces, de una voluntad de vivir colectiva que confiere su identidad a la colectividad considerada. (p. 165) Aunque es posible que una región no presente características homogéneas o armoniosas y por tanto contenga pequeñas esferas sociales que se difuminan dentro de la región misma (algo así como mini-regiones o mini-culturas), 1 desde una perspectiva sociocultural, una región se define como una red de relaciones que se forjan dentro de una estructura colectiva que provee a dicha colectividad de distinción y, consecuentemente, de unión (Giménez, 1994). Con fin de entender de manera más sencilla una terminología sociocultural del espacio, para Gilberto Giménez (1994) el territorio puede dividirse en tres secciones: la más grande sería la nación, la cual integra un grupo elevado de matrices o “matrias” que también podrían identificarse como las grandes urbes y que están conformadas por esferas más pequeñas, las regiones, que presentan características propias pese a formar parte de una misma matriz. 1 Al contrario de lo que podría pensarse de manera convencional, es decir, que la región es sinónimo de homogeneidad, es característico del término, como es concebido por el autor, que exista una pluralidad de hábitos y usos. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 114 Al igual que con las ciudades, en las regiones se producen, según el autor, simbologías a partir de la vivencia del espacio (aunque este fenómeno sea producto de lo que identifica como una pluralidad ideológica, puesto que, al ser las regiones tan numerosas, variadas y presentar todas características tan únicas y propias). La producción simbólica va íntimamente ligada a la identidad regional de los habitantes que se encuentra en “. . . el relieve de sus montañas, la profundidad de sus valles, sus selvas húmedas, sus costas marítimas, sus paisajes tropicales, etc., todos ellos elevados a la dignidad de símbolos” (Giménez, 1994, p. 168), y a la manera en que viven sus tradiciones, en que producen su lenguaje, en cómo significan y reproducen lo anterior en sus discursos políticos, líricos, narrativos, periodísticos, etc. El concepto de espacio y la forma en que se define, percibe y estudia, según Patricio De Stefani C. (2009), surgió en la arquitectura cuando a ésta se le definió como “. . . el arte de dar forma al espacio, de organizarlo” (sección “El espacio en la arquitectura”, párr. 1). Según De Stefani C., Schmarsow, bajo el influjo de las teorías de la psicología moderna, considera en su perspectiva la necesidad de empatizar con el espacio. Dicha empatía sería producto “del movimiento y la experiencia subjetiva de quien lo recorría” (sección “El espacio en la arquitectura”, párr. 2). De Stefani C. también menciona a De Solà-Morales, quien reconoce que el discurso arquitectónico se desplazó “. . . desde el arte como mímesis del pasado o la naturaleza” (sección “El espacio en la arquitectura”, párr. 3), a un momento histórico en que lo central era la perspectiva de los sujetos que habitaban un espacio, la manera en que su impronta psíquica era proyectada en la arquitectura. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 115 La ciudad para Aragón (2014) es constituida como un símbolo en tanto que quien la observa la interpreta con base en una serie de características previamente establecidas, pero con la intervención de su propia actitud emotiva. Como tal, el autor distingue en la narrativa de la ciudad dos aspectos, uno simbólico que presenta la dualidad de sentido literal y oculto, y otro icónico, el cual se halla en el cruce del “elemento físico” que coincide con el símbolo, la ciudad en sí. Ambos aspectos se encuentran unidos por una semejanza que a los ojos del observador se manifiesta como metáfora que media entre el imaginario simbólico de la ciudad y el espacio icónico literal de lo urbano. La diversidad de sentidos, unión de lo simbólico y la vivencia cotidiana en la analogía, constituyen una realidad que va más allá de lo literal y a través de la cual se constituyen los mitos. Para Beuchot (2007) está claro que dentro del símbolo existe un concepto que trasciende, que sobrepasa la humanidad del intérprete y con ello le ayuda a trascender a él, al transmitir la información que está recogida en el símbolo, ya que no sólo se comparte conocimiento sino la experiencia de la vida misma. Ya señalaba Jung (1995) que el hombre en su naturaleza finita busca la manera de explicarse lo infinito, lo que va más allá de su comprensión, y es en la representación por medio de símbolos que lo logra (p. 21). En este mismo sentido Beuchot (2007) hace mención de la finitud más grande del hombre: su condición mortal. Ya que no existe manera en que el hombre pueda superar a la muerte, se vale de símbolos para trascender estas barreras tanto temporales como geográficas a las que la vida lo tiene ligado. Por medio de los La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 116 símbolos las generaciones actuales siguen en comunicación con civilizaciones antiguas y, por tanto, nunca se deja de aprender de ellas. El medio que Beuchot (2007) identifica para que los símbolos viajen intactos a través del tiempo y el espacio son los relatos, los mitos, que universalmente se dirigen a toda la humanidad puesto que “tienen ciertos contenidos que aluden a todos los hombres de todas las culturas” (p. 21). El mito es, para Beuchot (2007) al igual que Ricoeur, el mejor ejemplo de los alcances del símbolo, ya que además de la significación tan profunda que tiene, se destaca y diferencia de otros signos por su riqueza. De acuerdo con Ricoeur (Raynova, 2010), en la polisemia del símbolo convergen tres dimensiones esenciales, la cósmica, la cual refiere los signos de lo sagrado, la onírica que hace referencia a los arcaicos símbolos del inconsciente, y la poética, la cual es la emergencia de lo sagrado y lo onírico en el lenguaje. Para Ricoeur, la esfera de lo poético fusiona el discurso metafórico con el narrativo: mientras que la metáfora resignifica una realidad a la que no tiene acceso la descripción directa, la narración mimética aplica la referencia simbólica a la esfera de la acción humana. Así, el mito, para él, es “un símbolo desarrollado en forma de relato, y articulado en un tiempo y en un espacio imaginario, que es imposible hacer coincidir con los de la geografía y de la historia críticas” (Beuchot, 2007, p. 18). El mito se interpreta y su significado nunca es literal sino alegórico. Expone, de manera indirecta, realidades de la raza humana que aunque trágicas, asignan una nueva noción que trasciende lo trágico y “da un sentido, brinda una señalización, orienta para La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 117 vivir en ellas, o entre ellas, sin perderse” (Beuchot, 2007, p. 62). El mito del alma exiliada, por ejemplo, implica la transformación del cuerpo en una fuerza escatológica: la supervivencia del alma luego de que el cuerpo muere nos hace darnos cuenta de que lo infernal de un castigo en realidad consiste en la repetición de la vida misma (Simms, 2003). Ricoeur (1985) resalta en el crítico literario Frank Kermode esta noción de estructura significativa que el mito da a la vida. Para Kermode el mito del Apocalipsis sobrevive en la ficción secular para dar un sentido simbólico a nuestra realidad: la Biblia es el imponente trama de la historia del mundo. Todo trama literario es una suerte de versión en miniatura que conjunta al Génesis con el Apocalipsis. La noción del mito permite a Ricoeur dar una extensa explicación fenomenológica del viejo problema filosófico de la existencia del mal. Para Ricoeur (Simms 2003), la única posibilidad de confesar el mal es a través de su imaginería poética. La caracterización catastrófica típica de relatos como el Apocalipsis es, de acuerdo con Ricoeur (Kohák, 1966), una expresión inconsciente que retrata las condiciones de la existencia humana. La ambigüedad de la existencia humana, que navega entre lo voluntario y lo involuntario, implica una fragilidad esencial en su naturaleza, su potencial para ejercer la maldad. A decir de Simms (2003), esta debilidad es tan inherente que, sin ella, el hombre dejaría de ser hombre. La simbólica del mal, la cual permite el ejercicio de la confesión, parte de tres fuentes principales, la corrupción, el pecado y la culpa. La primera de ellas, la corrupción, descansa en la imaginería de una macula simbólica que nos hace perder lo que nos constituye como seres. La imaginería de esta primera fuente descansa en una La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 118 noción de una contaminación, la analogía con una enfermedad que invade la pureza del cuerpo. El pecado, por su parte, trata de un orden que se ha transgredido, de incumplimiento. Las metáforas más comunes que lo representan son la del camino tortuoso, el extravío o la revuelta entre otros. La culpa, por último, es la anticipación del castigo que comienza a pesar sobre la conciencia (Simms, 2003), lo cual implica la interiorización del pecado. Las ideas expresadas por críticos como Beuchot (2007) remiten a una reconsideración sobre la importancia del mito, sin importar la época de que se trate. Independientemente de lo debatible de las ideas, lo obvio es que los textos de ficción, y los de otras disciplinas, recurren a los mitos. La recurrencia a los mitos constituye una enorme importancia en el estudio de los espacios de las crónicas latinoamericanas. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 119 CAPÍTULO IV. EL NARRADOR El capítulo comprende cuatro apartados. En el primer apartado se presenta un panorama general de las escuelas críticas de la ficción que, a lo largo de la historia, han estudiado las funciones del narrador. Sobre los tres apartados subsiguientes, se siguen las bases teóricas del modelo de análisis propuesto por Luz Aurora Pimentel (2005). En el segundo apartado se presentan las características y los rasgos que determinan la identidad del narrador y se examina la importancia que éste ejerce sobre el mundo narrado. Por lo que respecta al tercer apartado, se tratan los diferentes grados de mediación que existen en cualquier narración verbal. Asimismo, se señalan las diferencias, en cuanto a unidad vocal, que se pueden considerar en las narraciones homodiegéticas y heterodiegéticas. Y en el cuarto apartado, se hace referencia al concepto de perspectiva narrativa que señala Pimentel (2005) y a los diferentes puntos de vista que incluye su razonamiento: el del narrador, el de los personajes, el de la trama y el del lector. Y a los planos que conllevan cada uno de los puntos de vista: el espaciotemporal, el cognitivo, el afectivo, el perceptual, el ideológico y el estilístico. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 120 IV.1. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL NARRADOR El presente apartado pretende enfocarse en las funciones que ha ido adoptando el narrador a través de la historia de las diferentes escuelas críticas que centran su interés en la narrativa. Cuando se aborda un texto narrativo de forma crítica, de una manera u otra, se tenderá a estudiar las distintas funciones de quien narra. El narrador, debido a que constituye un eje para la estructura de lo narrado, es un elemento de cuyo planteamiento depende el impacto de la historia. En palabras de Antonio Garrido Domínguez (1996), “Se trata de una realidad reconocida de forma explícita por la inmensa mayoría de las corrientes teóricas interesadas en el relato, aunque no todas coincidan en el papel y capacidad asignables al narrador” (p. 105). A través de la historia de la crítica de la ficción narrativa se ha percibido el papel del narrador de distintas formas tales como fuente de información, organizador; posteriormente, como observador silencioso y luego, como locutor y también como enunciador. Cada una de dichas formas, así como la idea sobre la factibilidad de la existencia de un relato sin necesidad de un narrador presente, será abordada y explicada con más detalle. Asimismo, se hará énfasis en la relación del autor con el narrador de sus textos, los diferentes papeles que puede desempeñar un narrador en la diégesis de un relato, así como algunas peculiaridades como la figura del autor y el lector implícito en el texto, el narratario y el lector real. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 121 De acuerdo con Nicholas Royle (2003), la historia del estudio de la ficción narrativa gira en torno a la manera en que la crítica aborda o decide evitar la desconcertante situación que plantea toda narración al representar pensamientos, sentimientos u opiniones que jamás han sido enunciados por personaje alguno: la noción de la omnisciencia es uno de los términos más utilizados por la crítica literaria por más de dos siglos. La caracterización se basa en la relación del narrador con un conocimiento totalizador, por lo que Royle (2003) localiza el origen del término crítico en la jerga del discurso religioso. El Romanticismo, de acuerdo con él, procuró la exaltación del autor al mismo rango que la figura del Dios judeocristiano. Royle (2003) utiliza el ejemplo de Friedich von Blanckenburg para ilustrar la antigüedad de la noción de narrador omnisciente. En su estudio de la narrativa Versuch über den Roman, publicado en 1774, Blanckenburg considera vergonzoso que cualquier escritor finja no conocer por completo el “mundo interno” en que se desenvuelven sus personajes, ya que todos los aspectos de su personalidad fueron concebidos por él. Se trata de una incipiente formulación del concepto, el cual establece que el narrador domina el conocimiento de lo que acontece en el mundo ficticio porque su voz es la misma que la del creador de carne y hueso del texto. Royle (2003) considera la noción resultado de una falta de agudeza que no distingue al narrador del autor. Sería hasta el siglo XX que la crítica literaria desarrolló una sensibilidad respecto a la distinción entre la voz que narra la historia de la persona La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 128 un proceso comunicativo que incluye siempre a un emisor y a un receptor. Sin embargo, pese al éxito de las teorías expuestas por Jakobson, el enfoque con mayor influencia sobre la figura del narrador sería la de Benveniste y la lingüística de la enunciación, sobre el que se basan los trabajos que identifican al narrador como locutor. La enunciación implica, a resumidas cuentas, el acto del hablante en el que se hace uso de un sistema lingüístico para posicionarse como protagonista del discurso y con ello la conversión “de la lengua en signo” (Garrido Domínguez, 1996, p. 108). Al respecto, es pertinente citar a Benveniste (1999), con el fin de comprender su pensamiento sobre lo real y lo ficticio: “Lo que en general caracteriza a la enunciación es la acentuación de la relación discursiva al interlocutor ya sea éste real o imaginario, individual o colectivo” (p. 88). El narrador o locutor adopta un papel organizacional del mensaje y todas sus dimensiones, incluyendo la temporalidad y el espacio. Lo característico del discurso, de acuerdo con Benveniste (en Garrido Doínguez, 1996) es “su naturaleza dialógica, esto es, su carácter de realidad volcada sobre el destinatario o alocutorio” (p. 108). Como contexto histórico, cabe señalar que en el conocido Círculo Lingüístico de Praga, cuya fundación data de 1926, fue donde se dio el desarrollo de las teorías estructuralistas del lenguaje. Entre algunos de los lingüistas, destacan los nombres de Mukarovsky, Trnka, Jakobson, Trubetzkoy, Martinet y, Benveniste (De Aguiar e Silva, La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 129 1984). Retomando: Benveniste adopta una hipótesis afín a la de los teóricos norteamericanos, ya que, además de la idea del narrador como el encargado de la enunciación, concibe “la existencia de relatos sin narrador” (Garrido Domínguez, 1996). A pesar de la afinidad, la teoría de Benveniste hace una distinción entre las modalidades básicas del enunciado de historia y discurso, con lo que se aleja de los conceptos de los estudiosos americanos de showing y telling presentes en buena parte de la producción literaria de la “generación perdida”. La distinción hace evidente la diferencia entre el discurso, cuya constitución depende totalmente de quien lo enuncia, y la historia, que se representa como todo lo enunciado de manera impersonal. Así es cómo “. . . el sujeto de la enunciación borra del enunciado toda huella que pueda denunciar su presencia y se limita a una presentación aséptica, descomprometida del objeto; es el dominio de la no persona” (Garrido Domínguez, 1996, p. 109). De esta manera se logra el efecto de hallarse ante un mensaje sin enunciador. 4 Para contrastar a los estudios de Benveniste, Garrido Domínguez (1996) expone 4 Cabe mencionar la advertencia de Garrido Domínguez (1996) que distingue entre la lengua hablada y escrita, puesto que en la lengua escrita, quien enuncia puede convertirse en varias personas a través de enunciantes delegados, es decir, “. . . personajes de un relato que, en un momento determinado, asumen funciones narrativas” (p. 108). La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 130 las hipótesis de Ann Banfield, quien estipula la singularidad de la lengua en la que no siempre se cumplen las funciones comunicativas. Añade que debido a la subjetividad presente en un sistema lingüístico, sería necesario hacer una doble separación de usos, uno ajustable a las convencionalidades del mecanismo, o sea, meramente comunicativo, y otro que se presentara ajeno a la norma responsable del mensaje de la conciencia, o simplemente expresivo. De la distinción se desprenden los conceptos de hablante y conciencia dentro del discurso narrativo. La conciencia puede ser representada por medio de un personaje al que el narrador permite resaltar al minimizar totalmente su voz narrativa, con lo que permite el mero testimonio de la conciencia, vivencias y experiencias de dicho personaje. En resumidas cuentas, menciona Garrido Domínguez (1996), para Banfield existe la posibilidad de una narración sin narrador, aunque su idea se aleje de lo postulado por Benveniste. Otra cuestión importante en el desarrollo de la crítica narrativa, menciona Garrido Domínguez (1996), es el papel del autor con relación al narrador del texto. La idea de que la existencia de un texto implica forzosamente la existencia de un autor se hizo presente de manera tan significativa “. . . que desde finales del siglo XVIII y, muy en especial, en el XX se observa un denodado esfuerzo por parte de los creadores tendente a disimular o escamotear cada vez más su presencia” (p. 111); y ésta fue la razón, añade el autor, por la que Ricardau cree que los escritores de aquella época pretendían conseguir una asepsia narrativa, esto es, el tipo de relato que parece ser contado sin necesidad de un narrador. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 131 Garrido Domínguez (1996) define, en el proceso de la elaboración de un texto, la relación entre autor y narrador como vicaria, ya que, aunque el texto necesita de quien lo escriba, no precisa de un autor para ser comprendido, pues esta función, encargada de dar orden y existencia al relato, lo ocupa el narrador. Por tanto, como es evidente en las teorías de Kayser, Barthes, Todorov y Booth, los únicos con privilegios dentro del universo narrado son tanto los personajes como el narrador en sí, y se reconoce a éste último como el poseedor de la máxima jerarquía. Como consecuencia del auge de la eliminación del narrador junto con la figura del autor, escuelas presididas por Foster y Booth pretendieron el resurgimiento de la imagen del autor dentro del texto con el concepto del autor implícito. Booth define al autor implícito como el otro yo del autor de una obra (Rawlings, 2007). En otras palabras, cuando se le da lectura a un texto, la persona que lleva a cabo dicha lectura se crea una imagen del autor a partir de lo que lee y que puede diferir completamente con la figura del narrador. El autor implícito es alguien distinto de la persona real que escribió la novela, al cual Booth denomina el autor de carne y hueso (Rawlings, 2007). Por su parte, Garrido Domínguez (1996) señala que el autor implícito puede entenderse como un alter ego del autor que entabla una conversación con el lector, que explica sus ideas y valores aunque éstas entren en conflicto con las propias ideas y valores del narrador de la historia. Garrido Domínguez (1996) señala las estrategias narrativas del autor para obtener la mayor credibilidad posible, como el recurso de atribuir el material de la La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 132 narración a una fuente oral o escrita que podría haber servido como inspiración para el relato. Cita como ejemplos de este recurso a Lejeune, que habla del relato autobiográfico o el que es planteado como testimonio, ya sea directo o que es obtenido por medio de la investigación de la historia narrada. El particular interés de Lejeune, continúa el autor, por definir el género autobiográfico lo lleva a la hipótesis del reconocimiento de parte del lector de una relación que vincula al autor con el narrador y el protagonista, en función de que se trata de una narración en primera persona y, por tanto, que expone una vivencia real. Garrido Domínguez (1996), recordando a Kayser y a Barthes, señala que es preferible estar conscientes de que, aun y con el nivel de credibilidad que da al narrador una historia desarrollada desde el plano autobiográfico, no se debe identificar al narrador como si éste fuera el autor real, puesto que el narrador siempre será un personaje ficticio, una herramienta por medio de la cual el autor da a conocer un mensaje narrativo. Sin embargo, la postura que considera la noción de un distanciamiento entre narrador y autor fue, según García Landa (1998), en ocasiones llevada al extremo, como en el caso de Wolfgang Kayser, quien afirma que el narrador es un personaje de ficción en el que el autor se transforma o el de Eïjenbaum, para quien el artista no puede ser recreado a partir de su creación. A decir de García Landa (1998), el crítico debe ser consciente de que un narrador es creación del autor, por lo que “negar la voluntad configuradora del autor sería ignorar un aspecto fundamental del fenómeno literario” (p. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 133 282). La teoría crítica de Bajtín se dedica a explicar precisamente la correlación entre el autor y los personajes, la dominación que el autor ejerce sobre el universo narrativo por medio de la cual logra trascender a cualquier personaje dentro del relato. Para el crítico soviético, detrás de la figura de un personaje se encuentra la cosmovisión del autor (Garrido Domínguez, 1996). Bajtín señala que la perspectiva es reconocible en las voces de los personajes y del autor más que por otros elementos en el texto. La construcción de las voces de los personajes como instancias independientes pero interrelacionadas (“polifonía”), hacen que el narrador sea un participante más en un diálogo en el que no tiene la última palabra (Vice, 1997). La novela polifónica para Bajtín, de la cual la obra de Dostoievsky representa el culmen, constituye un alejamiento de la narrativa omnisciente para la cual los personajes son objetos a los que puede manipular y sobre los cuales construye un juicio. Los actores en las obras polifónicas se encuentran en el mismo nivel que el narrador: la información que el lector llega a conocer respecto a ellos es lo que cada uno expresa del otro (Vice, 1997). Sin embargo, el hecho de que los personajes de una narración polifónica hallen esta independencia que los libera del narrador no contradice el que exista como obra del autor que les dio vida, ya que dicha libertad depende de la estrategia artística del mismo texto (Vice, 1997). La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 134 Para J. K. Abrams (García Landa, 1998), entender el texto como un acto de habla implica el reconocimiento de la existencia de un emisor ficticio, el narrador, y un emisor real, el autor que ha configurado la obra. Asimismo, Garrido Domínguez (1996) habla de tres categorías adicionales que se correlacionan con el responsable del mensaje narrativo, “los conceptos de lector implícito, narratario, y lector real” (p. 118). De igual manera, que el autor implícito es aquel que el lector imagina al acercarse a un texto y que es distinto al autor real, la imagen idealizada del lector potencial, a quien el autor dirige el texto, se denomina lector implícito. Booth dice que a diferencia de la imagen del autor implícito, cuya existencia no es siempre consciente en el proceso creativo, la imagen del lector implícito es una constante en la mente de quien escribe y puede llegar a convertirse en un factor importante en la dirección que un autor decide dar a la composición de su obra. Iser también identifica al lector implícito como una realidad interna del texto, noción paralela a la de Eco del lector-modelo como parte crucial para las estrategias adoptadas en el texto, según Garrido Domínguez (1996). Y agrega que Ayala concibe a un lector implícito como “una realidad ficcionalizada” (p. 118), y el mismo tratamiento le da a la existencia del narratario, un lector ficcionalizado cuya correspondencia con el narrador sirve para orientar al lector real sobre la mejor manera que pueda adoptar ante el texto que se le presenta. Al respecto, Prince declara que “el narratario es el destinatario del mensaje La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 135 narrativo, aunque no siempre se encuentra formalmente representado en él” (Garrido Domínguez, 1996, p. 119). La posición del narratario se encuentra en el mismo nivel que la del narrador dentro de la diéresis, por lo que puede existir más de uno en el relato. Para ejemplificar esto, Garrido (1996) menciona los constantes vuestra merced del Lazarillo y el lector carísimo o desocupado lector del Quijote. Se trata de un personaje ajeno a la historia y que, de acuerdo con lo identificado por Pozuelo Yavancos, Genette y Tacca (Garrido Domínguez, 1996), puede hacer las veces de intermediario entre el lector y el narrador, causar intrigas o dar seguimiento a una ya comenzada, relacionar temas diversos, ser portavoz moral o determinar el marco narrativo de la historia. A diferencia del narratario y el lector implícito, el lector real es una persona verdadera, parte del mundo real del que forma parte también el autor real y que es además “una realidad extratextual” (Garrido Domínguez, 1996, p. 119). La precisión de la distinta naturaleza de los actuantes, es la que ha permitido a la crítica pasar de la simple caracterización del narrador, de acuerdo con la categoría gramatical de persona o al grado de omniscencia, a comparaciones tan complejas como la que propone García Landa (1998) que toma “en consideración la distancia moral, intelectual, etc., existente entre los diversos sujetos participantes en el fenómeno literario: entre narrador y personaje, entre autor textual y narrador, etc.” (p. 292), entre otros elementos. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 136 En suma, el panorama expuesto tiene como finalidad proporcionar un marco muy general de las diferentes directrices teóricas que abordaron la problemática del narrador a través de distintas etapas y sus correspondientes enfoques. El contexto presentado, a su vez, permite visualizar con mayor claridad los lineamientos teóricos de Pimentel (2005), cuyo trabajo teórico es esencial en nuestra investigación. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 137 IV.2. ENUNCIACIÓN NARRATIVA Y CARACTERIZACIÓN DEL NARRADOR EN EL MODELO DE ANÁLISIS PROPUESTO POR PIMENTEL Luz Aurora Pimentel (2005) puntualiza la importancia de saber identificar quién narra a la hora de construir un relato, puesto que “. . . la figura del narrador no es algo optativo sino constitutivo del modo narrativo” (p. 134). En otras palabras, es de la persona que relata la historia de quien depende la construcción total del universo narrativo. La perspectiva sobre cualquier historia que se genera en la imaginación del lector depende por completo de la manera en que le sea presentada dicha historia y la responsabilidad recae completamente en el narrador. Una vez esclarecido el papel del narrador en la historia y para lograr una mayor aproximación de la manera como éste efectúa su labor, es necesario estudiar los diferentes aspectos y características que presenta la historia con relación al narrador: . . . por una parte, los grados de presencia/ausencia, y por ende, los grados de subjetividad y confiabilidad de un narrador; por otra la unidad o fragmentación de la información narrativa como resultado o bien de la información única, ‘autorizada’ que nos ofrece un solo narrador, o bien de la información ‘relativa’ proveniente de varios narradores delegados. (Pimentel, 2005, p. 135) Por otra parte, y antes de profundizar en el tema sobre la identidad del narrador, Pimentel (2005) explica cómo a pesar de existir la denominación de narrador en primera y tercera persona, es necesario saber que la diferenciación de términos no debe aplicarse La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 144 Es inevitable, como lectores, llegar a desconfiar de la versión de la historia de Carraway, puesto que aunque el relato es sobre Gatsby, lo conocemos a través de los ojos del narrador y no del testimonio del mismo Gatsby. Desde que Carraway expresa su desprecio por la forma de vida de Gatsby ya se puede advertir cierto filtro moral que no permitirá una versión objetiva de la historia, sino “contaminada” por los sentimientos y valores que el narrador-personaje tiene: una versión subjetiva de la “realidad”. Pimentel (2005) destaca que el elemento más subjetivo en la narración homodiegética se encuentra en un fenómeno propio del narrador que es a su vez personaje de la historia. Dicho fenómeno consiste en la ficcionalización de la narración misma: el narrador no está fuera de la historia, su participación activa dentro de la diégesis lo elevan a él y a su relato a un nivel metanarrativo. La narración misma como acto se convierte en parte de la historia, por tanto, “. . . no sólo la forma sino el acto mismo de narrar se torna en un componente importante de la acción del relato” (p. 141). El narrador homodiegético, dice Pimentel (2005), adquiere la característica distancia temporal que separa al personaje que narra del personaje narrado. Su relación con los sucesos ficcionales es variable y con esto adquiere una importancia para el relato que no se encuentra en ninguna narración heterodiegética: cuando se narra “desde fuera” es menos perceptible el transcurso del tiempo con relación a los acontecimientos del relato; cuando se narra “desde dentro” la temporalidad es más palpable puesto que no sólo conocemos la historia sino los actos que la construyen. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 145 Una vez abordadas todas las peculiaridades que puede presentar el narrador homodiegético, es posible ahondar sobre las que presenta el narrador heterodiegético. Al contrario de la narración homodiegética, advierte Pimentel (2005), la narración de tipo heterodiegética se caracteriza porque su narrador no se encuentra dentro del universo narrativo: no hay participación dentro de la historia y por medio de esta ausencia es que el relato cobra un sentido de mayor objetividad. Antes de proseguir es inevitable hacer algunas observaciones. En algunos de los trabajos más recientes, los investigadores que utilizan las propuestas de Pimentel (2005) suelen denominar al modelo como Genette-Pimentel. La denominación es bastante válida, pues, como se ha visto, la teórica retoma muchos de los lineamientos del crítico francés para realizar sus aportaciones. Sin embargo, en nuestra investigación, se ha preferido denominar al modelo excluyendo el nombre del teórico francés. En las siguientes líneas, aparecen algunas de las ideas que aporta Pimentel (2005). Genette (1989) define al narrador heterodiegético como absolutamente ausente pero con grados de presencia; sin embargo, Pimentel (2005) afirma que “. . . esos grados de presencia/ausencia pueden observarse en distintas zonas de un relato y no únicamente en la diégesis” (p 142). Según la autora, pese a que el narrador homodiegético está dentro de la historia y su participación es evidente en la acción de la diégesis, la presencia del narrador heterodiegético también es perceptible aunque en el discurso de lo narrado, puesto que a través de opiniones o juicios es posible distinguir La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 146 los momentos en los que el narrador toma una pausa en su relato para compartir sus propios pensamientos. Para ejemplificar, la autora se vale de la narración del Quijote argumentando que el narrador no sólo se detiene a emitir opiniones, “. . . sino que incluso se enfrasca en discusiones ficticias con el ‘autor’ original, Cide Hamete Benegeli, o con el traductor” (p 142). Además, Pimentel (2005) destaca el uso de la “voz autorial” como técnica para lograr una “narración transparente”, lo cual implica un esfuerzo por enfocar la total atención del relato en un personaje y sus pensamientos. La narración se vuelve neutral con el mero objetivo de que la construcción del relato se haga ilusoria, o sea, que dé la apariencia de que no existe narrador alguno contando una historia y que la historia que se lee o escucha simplemente está apareciendo ante nuestros ojos. Esto, explica ella, es obviamente en un grado ilusorio puesto que forzosamente debe haber alguien narrando para que la historia tenga lugar. Concluye Pimentel (2005) entonces que, en efecto, un narrador heterodiegético puede estar presente en el discurso de lo narrado, aunque de forma gradual, y que en la medida en que la presencia del narrador es más perceptible, su personalidad es mejor definida y mientras más ausente se encuentre, el relato cobra un mayor sentido de objetividad y, por tanto, se percibe como más confiable. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 147 IV.3. SOBRE LA ESTRUCTURA VOCAL DEL RELATO La unidad vocal de un relato se refiere a la uniformidad o inestabilidad con la que la forma narrativa transcurre a lo largo de una historia, es por ello que Pimentel (2005) expone de entrada que aunque el fenómeno de mediación existe en toda narración verbal, no significa necesariamente que cualquier relato presente el mismo grado de mediación. Si bien el lector tiene acceso al universo narrativo por medio del acto mismo de la narración y de los diálogos o monólogos de los personajes, “. . . nuestro acceso narrativo al mundo ficcional está mediado por ese narrador único” (2005, p. 143). Pese a que en el caso de la narración homodiegética, dice Pimentel (2005), existe cierto nivel de subjetividad y que un narrador testigo puede presentar la historia de manera poco confiable, eso no es motivo para que el lector dude de que la historia que se le presenta realmente haya ocurrido. Sin embargo existe cierto grado de aceptación o rechazo dependiendo de cómo se presente la historia. En otras palabras, ya sea que se trate de un relato que presenta unidad vocal (una narración uniforme de la que se generan dudas escasas o nulas), o uno que presenta cierto grado de inestabilidad narrativa y que genera un estadio de subjetividad “. . . suscitando con ello desacuerdos y rechazos por parte del lector” (Pimentel, 2005, p. 143), el narrador es siempre la fuente máxima de información, y aun cuando la recepción sea precaria o bienvenida, la historia en sí no se pone en duda. Pimentel (2005) señala entonces que se podría decir “. . . que el relato a cargo de un solo narrador La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 148 tiene, en el peor de los casos, una especie de unidad en la distorsión” (p. 143). Acerca de esto, Anderson Imbert (1999), hablando en general del narrador, tanto del que se conocen sus rasgos físicos como del que no tiene rostro, sostiene que éste ejerce la mayor autoridad y sobre él se apoyan las estrategias discursivas de los personajes: “Monólogos y diálogos tienen sentido porque resolvemos dar crédito al mundo que el narrador postula, por inverosímil que ese mundo sea si lo examinamos con un criterio de verdad que es lógico, extraestético” (p. 45). Ahora bien, profundizando en la narración homodiegética, encontramos que, en sí, es el modo de narración con un nivel de unidad vocal más uniforme puesto que las novelas autobiográficas tratan básicamente de la vida del narrador, por ello la probabilidad de inestabilidad narrativa es muy baja o nula. La narración autobiográfica no puede resultar confusa puesto que su narrador es también su protagonista y por tanto su construcción es constante. Asimismo, las narraciones heterodiegéticas proveen también la misma sensación de uniformidad, ya que el relato es presentado por medio de un narrador que “. . . conoce la historia en su totalidad, o bien que es él quien la ha inventado” (Pimentel, 2005, p. 144). En contraste, en los relatos testimoniales (homodiegéticos) y epistolares (heterodiegéticos) que pueden presentar varias perspectivas de la misma historia, o cualquier forma de narración en la que existan múltiples voces narrativas, es donde se encuentra un grado alto de inestabilidad narrativa, con lo que según Pimentel (2005) se La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 149 provoca el principio de incertidumbre (p. 144), lo cual pone en evidencia el grado de conocimiento de la historia por parte de los narradores. Al existir varias perspectivas a partir de las cuales se forma el relato, se ofrecen versiones distintas de una misma historia y todas ellas “. . . relativizan el mundo ficcional creado, y reducen considerablemente la ‘autoridad’ del que narra” (Pimentel, 2005, p. 144). La sensación, continúa la autora, de que la información por medio de la cual se dio a conocer la historia estuvo incompleta surge constantemente y con ello, “. . . el efecto de relativización del mundo narrado” (p. 144). Al respecto, algunas de las crónicas presentan una variación vocálica como estrategia discursiva. Un ejemplo notable es el texto de Salcedo Ramos (2012) cuyo narrador homodiegético va reconstruyendo la historia de los acontecimientos sumando las diferentes voces de quienes vivieron los hechos. Cuando el narrador pierde autoridad, agrega Pimentel (2005), adquiere también un grado más alto de subjetividad y con ello la incertidumbre del lector aumenta. Este tipo de narración tiene como estrategia variar las formas de acceso a la información por medio de las cuales se conoce la historia y convertir al acto mismo de la narración en un hecho incierto. La presencia de múltiples voces narrativas permite que dentro del grupo de narradores exista uno de ellos con mayor conocimiento sobre la historia, lo que trae como consecuencia “el fenómeno de narradores delegados” (Pimentel, 2005, p. 145). La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 150 La autora hace mención de relatos, como Pedro Páramo de Juan Rulfo, o El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, en los que las voces de los mencionados narradores delegados proporcionan trozos de información como si éstos fueran las piezas de un rompecabezas que son, a su vez, presentadas al lector en un juego laborioso que caracterizó a la narrativa del siglo XX, y que “. . . parecía traer a un absoluto primer plano ideológico el principio de incertidumbre no sólo de nuestro conocimiento del mundo, sino incluso de las formas de acceso a él” (Pimentel, 2005, p. 146). La suma de voces en la ficción puede producir un efecto de incertidumbre, sin duda. Pero en la crónica, no es lo que se pretende. Pudiera decirse que se trata más bien de visualizar los hechos desde diferentes perspectivas para acceder a ellos. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 151 CAPÍTULO V. ANÁLISIS DE LAS CRÓNICAS El capítulo comprende el análisis de las crónicas. A partir del libro titulado Antología de crónica latinoamericana actual, del ed. Darío Jaramillo Agudelo (2012), que comprende un total de cincuenta y una crónicas, se eligieron, para su estudio, las siguientes: “Un fin de semana con Pablo Escobar”, de Juan José Hoyos; “Muxes de Juchitán”, de Martín Caparrós; “El sabor de la muerte”, de Juan Villoro y “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas”, de Alberto Salcedo Ramos. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 152 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 153 V.1. ANÁLISIS DE “UN FIN DE SEMANA CON PABLO ESCOBAR”, DE JUAN JOSÉ HOYOS V.1.1. Consideraciones preliminares La crónica trata los pormenores de una entrevista entre el periodista Juan José Hoyos y el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria realizada un fin de semana de enero de 1983, en la hacienda Nápoles, en Puerto Triunfo (municipio de Colombia, en el departamento de Antioquía). La entrevista fue publicada en 2003 -veinte años después de que se realizó-, en el núm. 44 de la revista El Malpensante. En términos de contenido, la crónica puede dividirse en tres momentos: los detalles previos y la concertación de la entrevista; la visita del periodista y su familia a la propiedad de Pablo Escobar, la hacienda Nápoles, y el resultado periodístico del cronista. Aunque se pueden identificar estos tres momentos en la crónica, no significa que estén desarrollados en un orden cronológico en la misma. Los juegos temporales permiten al cronista imprimirle a su material narrativo una dinámica que mantendrá el interés del lector en los acontecimientos. Por lo que respecta al primer momento, la entrevista que realiza Hoyos se debe a su labor periodística en El Tiempo. Enrique Santos Calderón, quien dirigía, en esa época, la edición dominical del periódico, fue quien le pidió a Hoyos que la realizara y posteriormente, sería el propio Santos Calderón quien impediría que se publicara. En La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 256 Sin que haya un nombre de por medio y sólo se le identifique como la cancha de fútbol, es posible afirmar que constituye el símbolo, cuyo sentido podría denominarse “comunitario”, que unifica a la comunidad. Como se ha visto, antes de la masacre, en toda la crónica, no aparece ningún lugar simbólico tan significativo como éste. Se ha dicho que gran parte de la matanza se escenifica en la cancha de fútbol. En ese mismo lugar, el primer guía le relata al narrador los pormenores de lo que fue testigo: Mi acompañante cuenta entonces que en este punto en el que estamos ahora, más o menos aquí, en la mitad de la cancha de fútbol, los paramilitares torturaron a Eduardo Novoa Alvis, la primera de sus víctimas. Le arrancaron las orejas con un cuchillo de carnicería y después le embutieron la cabeza en un costal. Lo apuñalaron en el vientre, le descerrajaron un tiro de fusil en la nuca. (Salcedo Ramos, 2012b, p. 101) El narrador se desplaza a su “yo” descriptor para indicar las coordenadas espaciotemporales desde las cuales su guía le cuenta la historia de la masacre. Después, desde su perspectiva como visitante, recrea el lugar: En los alrededores desolados de este campo de microfútbol apenas hay un par de burros lánguidos que se rascan entre sí las pulgas del espinazo. Sin embargo, es posible imaginar cómo se veían esos espacios aquella mañana del viernes 18 de febrero del año 2000, cuando los indefensos habitantes de El Salado se La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 257 encontraban apostados allí por orden de los verdugos. (Salcedo Ramos, 2012b, p. 101) En la cita, la perspectiva narrativa corresponde a la focalización interna; esto significa que las limitaciones del narrador están supeditadas a su propio conocimiento de las circunstancias. También se da un desplazamiento de la focalización: el “yo” del narrador se focaliza en el “yo” del tiempo donde se encuentra con su guía. La focalización también es variable. Es otras palabras, el “yo” narrador que imagina cómo sucedió la masacre, corresponde al “yo” de aquella ocasión en que sucedió el encuentro con su acompañante. Desde la perspectiva del narrador-descriptor, la cancha de fútbol, como tema descriptivo está caracterizada por la desolación de los alrededores. Y para remarcarla, señala la presencia de dos burros a los que caracteriza de manera negativa. El cúmulo de efecto de sentido negativo, el narrador-descriptor lo correlaciona con lo sucedido mucho tiempo atrás, específicamente con la fecha de la masacre. En otras palabras, la selección de los elementos conlleva una resignificación individual con el propósito de ligarla a otro plano temporal. A uno de los lados de la cancha, se encuentra la acumulación de arena donde los paramilitares hicieron que se sentara la gente. El guía le habla al narrador en términos coloquiales y el narrador-descriptor realiza la descripción a partir de modelos de organización: “-Casi toda la gente estaba sentada en ese costado -dice Montes, mientras La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 258 señala un montículo de arena parda que se encuentra perpendicular a la iglesia, a unos veinte metros de distancia” (Salcedo Ramos, 2012b, p. 101). El narrador evidencia implícitamente su trabajo periodístico entre esta cita y un párrafo posterior. En la cita da la impresión de que es la primera vez que se encuentra en ese lugar, la tarde del mismo sábado con el que se inicia el relato de la crónica. Pero, esa misma mañana ya lo había visitado en compañía de otra pueblerina que también hizo alusión a ese montículo de arena. Con el modelo descriptivo matemático, el narrador-descriptor determina la exactitud de las líneas perpendiculares que cruzan el montículo y la iglesia. Asimismo, señala la aproximación, en metros, entre ambos. Muy cercano un espacio del otro. La información referente a la Iglesia constituye un vacío en toda la crónica pues aparece mencionada en muy pocas ocasiones. En la cita, con una sola palabra, iglesia, se evoca la existencia del lugar. No aparecen detalles. Más adelante, el narrador sumará otro dato: una especie de denuncia cuando enlista la carencia de maestros, de médicos y de sacerdotes en El Salado, después de la masacre: “. . . y ni siquiera un sacerdote dispuesto a abrir la iglesia cada domingo” (Salcedo Ramos, 2012b, p. 108). La ausencia de la perspectiva de la religión es, quizá, uno de los vacíos más “presentes” en todo el texto. Como es sabido, en Hispanoamérica, debido a la enorme influencia, es imposible pensar en la fundación del más pequeño pueblo hasta la ciudad con mayor número de habitantes sin la participación de la Iglesia. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 259 La voz narrativa, extremadamente sutil, evoca la religión cuando los paramilitares continúan con sus asesinatos: “Luego ametrallaron, sucesivamente, a Pedro Torres Montes, a Marcos Caro Torres, a José Urueta Guzmán y a un burro vagabundo que tuvo la desgracia de asomar su hocico por aquel inesperado recodo del infierno” (Salcedo Ramos, 2012b, p. 102). En la perspectiva del narrador, esto que sucede a unos cuantos metros de la iglesia, representa, implícitamente, el mayor abandono por parte del clero. Todo ello, también se refleja en que ni siquiera indirectamente sus interlocutores la aluden. Dicho de otra forma, a todos los personajes que entrevista el narrador, ninguno expresa una palabra que aluda a la Iglesia. La otra mención que el narrador hace de la iglesia se refiere al asesinato de Nayibis Osorio: “En la lista, después de Novoa Albis, seguía Nayibis Osorio. La arrastraron prendida por el pelo desde su casa hasta el templo, acusada de ser amante de un comandante guerrillero. La sometieron al escarnio público, la fusilaron” (Salcedo Ramos, 2012b, p. 102). Como se puede apreciar, el templo aparece mencionado sin que haya ningún otro detalle. Se puede interpretar que a ella la mataron en el templo pero no hay una certeza. En general, éste es el tipo de alusiones con que el narrador se refiere a la religión. Por otra parte, existe una marcada tendencia del narrador para que los personajes no sean anónimos. Es sumamente cuidadoso para citar los nombres completos de cualquier personaje que involucra en su relato, lo cual refuerza su acérrima crítica contra los periodistas que “crean” héroes con una intención más mediática que de La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 260 compromiso social. En este sentido, el narrador, en todo su trabajo periodístico, y siguiendo a sus convicciones explícitas, menciona cada uno de los pobladores aludidos con su nombre y apellido. Otro aspecto que se destaca entre las estrategias discursivas, es la manera como se enlazan las diferentes historias. Por ejemplo, el narrador combina lo que le platica Édita Garrido con el relato de José Manuel Montes. Conjuntar una historia con la otra, le permite al narrador realizar un juego de planos temporales para evitar contar los hechos de la masacre en estricto orden cronológico. Édita Garrido le había dicho que los paramilitares llegaron al pueblo alrededor de las nueve con un gran alboroto: En seguida arrancaron a los pobladores de sus casas y los condujeron como borregos de sacrificio hacia la cancha. Allí –aquílos obligaron a sentarse en el suelo. En el centro del rectángulo donde normalmente es situado el balón cuando va a empezar el partido se plantaron tres de los criminales. Uno de ellos blandió un papel en el que estaban anotados los nombres de los lugareños a quienes acusaban de colaborarle a la guerrilla. (Salcedo Ramos, 2012b, p. 102) En la cita, la cancha constituye el tema descriptivo el cual es caracterizado por unos cuantos elementos físicos como el suelo, el rectángulo, el balón. Con los personajes y su caracterización el narrador crea un efecto de sentido: a los pobladores los compara con borregos que van al sacrificio. Y a los paramilitares los nombra como criminales. Representan la violencia colectiva que proviene del exterior. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 261 En la cita, hay, además, otro recurso que llama mucho la atención. Son los dos adverbios usados por el narrador: “allí” y “aquí”. En el primer caso ese “allí” se remonta al momento en que se dio la masacre, aquella mañana del 18 de febrero de 2000, y forma parte del relato que le platica Montes al narrador. En cambio, el “aquí”, aunque es el mismo lugar, corresponde a la perspectiva del narrador y a sus coordenadas espaciotemporales. El “aquí” se refiere a esa fecha indeterminada en la que el narrador visitó El Salado, que, como ya se había dicho, puede ser entre el período de 2002 al 2007. El énfasis del narrador se debe a que la cancha de fútbol, más que ningún otro espacio, simboliza el lugar de la masacre: “Hubo más muertes más humillaciones, más redobles de tambores. Hacia el medio día, varios tramos de la cancha se encontraban alfombrados por el reguero de cadáveres y órganos tronchados que había dejado la carnicería” (Salcedo Ramos, 2012b, p. 103). En términos de análisis descriptivo, el narrador-descriptor en todo el fragmento se centra en producir una sensación general de cantidad con el fin de dimensionar los resultados de la masacre. En su estrategia discursiva, reitera el adverbio “más” para producir dicho sentido. Lo cual es reforzado por las palabras que selecciona –“alfombrados”, “regueros”- para dar una imagen del lugar con una gran suma de víctimas, dando la apariencia de que son incontables. Después de la masacre, al día siguiente, cuando se marcharon los paramilitares a media tarde, los lugareños fueron a recoger los cuerpos de sus muertos. El descriptor detalla cómo encontraron la cancha de fútbol: “. . . estaba convertida en una cloaca de matadero público: manchones de sangre seca, enjambres de moscas, atmósfera pestilente. Y, para rematar, los cerdos callejeros le caían a dentelladas a los cadáveres, La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 262 corrompidos ya por el sol” (Salcedo Ramos, 2012b, p. 104). El narrador-descriptor resignifica la cancha de fútbol como una “cloaca de matadero público”. En su descripción, menciona cinco elementos que la componen. Inicia con una parte constitutiva muy característica de una muerte violenta, la sangre. Luego, señala los elementos propios de la descomposición de los cadáveres a la intemperie: las moscas, el fétido olor y, como un agregado más a la desgracia, los cerdos. Con todo ello, en el contexto de la simbolización de la convención social, el narrador resignifica la cancha de fútbol: deja de ser el sitio de convivencia social para convertirse en el lugar público de la masacre. Posteriormente, los lugareños -mejor, los sobrevivientes-, abandonan EL Salado. La repoblación, dos años después, constituye uno de los apartados más significativos en términos de análisis descriptivo. En toda la reconstrucción del poblado, la cancha de fútbol ocupa, de nueva cuenta, un lugar preponderante. Oswaldo Torres es quien le cuenta al narrador los pormenores del regreso. La naturaleza ya se había apropiado del lugar: Cuando llegaron –cuenta- El salado se hallaba extraviado bajo un boscaje de dos metros de alto. Uno de los paisanos se encaramó en el tanque elevado del acueducto para precisar dónde quedaba la casa de cada quien. En seguida se entregaron a la causa de rescatar al pueblo de las garras del caos. Un día, tres días, una semana enfrascados en una lucha primitiva contra el entorno agresivo, como en los tiempos de las cavernas: corte un bejuco por aquí, queme un panal La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 263 de avispas furiosas por allá, mate una serpiente cascabel por el otro lado. La proliferación de bichos era desesperante. (Salcedo Ramos, 2012b, p. 106) En la descripción, se menciona la perspectiva de Oswaldo Torres y su visión del enorme cambio que hay en el pueblo, el cual, prácticamente ha desaparecido entre el enorme crecimiento de las plantas. Lo relativo al tiempo aparece en aumento: desde un día hasta una semana. Con la forma de presentar la temporalidad se genera una sensación del transcurso del tiempo para, a su vez, señalar el esfuerzo realizado de los pobladores por rescatar a su tierra. La imagen generada, en su conjunto, es la que se remonta a los tiempos primitivos en los que el hombre representaba una lucha contra la naturaleza. Como se trata de una narración homodiegética, la voz del narrador surge desde su propia subjetividad. Y aunque el narrador presenta el relato desde la perspectiva de Oswaldo Torres, es sumamente complicado distinguir si los términos utilizados en la cita corresponden a las palabras de Torres o al efecto de sentido que quiere imponer el narrador-descriptor. Más adelante, el narrador relata que los repobladores dormían en unas cuantas casas contiguas debido a que tenían miedo del regreso de los paramilitares. También señala que subsistían debido a la caridad de los pueblos cercanos: Canutal, Canutalito, El Carmen de Bolívar y Guaimaral. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 264 En seguida, aparece uno de los fragmentos descriptivos que más destacan por su tratamiento literario: Cuando terminaron de segar la maraña, cuando quemaron el último montón de ramas secas, se dedicaron a poner en su sitio, otra vez, los elementos perdidos del universo: el caney del patio, el establo, la burra baya, el garabato, la alacena de las hojas de tabaco, el canto del gallo, el ladrido de los perros, los juegos de los niños, los amores furtivos en los callejones oscuros, la ollita tiznada del café, la visita del compadre. (Salcedo Ramos, 2012b, p. 107) El fragmento contrasta enormemente con el resto del relato debido a que se ocupa de la “recreación” del mundo y ya no de la destrucción del mismo. Para ello, el narrador-descriptor indica unos cuantos detalles nimios que constituyen, y generalizan, el fin del caos. En este sentido, la “maraña” y “las ramas secas” evocan los últimos vestigios de la intromisión de la naturaleza en todo el pueblo. Luego, sigue un modelo descriptivo que corresponde a un registro de once elementos. La lista no sigue un orden determinado. Lo mismo son elementos propios de los espacios externos que internos. Los dos primeros de la lista corresponden a espacios cuya función es la de guarecerse, los hombres y su ganado. Después nombra la burra y el garabato. Es decir, elementos muy propios del campo. La alacena evoca una de las principales cosechas a las que se dedican los campesinos. Seguidamente utiliza figuras retóricas para referirse a los gallos y a los perros. Las últimas palabras de lo enlistado apuntan hacia la convivencia social. Hay un aparente orden en las frases finales que remiten a la niñez, a la adolescencia y a la madurez. La secuencia corresponde a esas tres etapas del ser humano. El narrador- La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 265 descriptor caracteriza cada una ellas con el juego, el amor y con una relación entre familias. Entre los encuentros amorosos y la relación entre familias intercala el elemento más propio de la convivencia que se produce en El Salado, el café. En general, el efecto de sentido que genera en todo el fragmento es que el pueblo está volviendo a realizar sus labores cotidianas. Sobre este mismo punto, de tratar de restablecer el orden cotidiano anterior, la música juega un papel muy importante ya que la masacre se realizó teniendo como fondo la música de gaitas y tambores. El narrador relata que los repobladores evitaban escuchar música y cualquier otro tipo de festividad, tanto privada como colectiva, pues no se organizaban ni las fiestas en los patios de las casas ni las carreras de caballos. En términos de lectura, lo que sugiere al lector un luto riguroso. A petición de un terapeuta profesional, los habitantes realizaron una especie de ceremonia de liberación: Pero en cierta ocasión un psicólogo social que escuchó sus testimonios en una terapia de grupo les aconsejó exorcizar el demonio. Resultaba injusto que los tambores y gaitas de los ancestros, símbolos de emancipación y deleite, permanecieran encadenados al terror. Así que esa misma noche bailaron un fandango apoteósico en la cancha de la matanza. Fue como renacer bajo aquel firmamento tachonado de velas prendidas que anunciaban un sol resplandeciente. (Salcedo Ramos, 2012b, p. 106) Es evidente que para el narrador la relación entre la masacre, la música y la sobrevivencia conlleva una importancia esencial pues remite al título de la crónica, “El La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 272 2. Los trabajos propios del periodismo narrativo, enfocados en un espacio específico – sean pueblos o ciudades–, resignifican valores culturales que, posteriormente, son comparados con los valores de otros espacios que pertenecen al mismo país e, incluso, al ámbito internacional. Las estrategias discursivas basadas en la comparación permiten reconocer los valores sociales desconocidos, olvidados, relegados o reprimidos de ciertas culturas. Como el caso de algunas comunidades que prefiguran modelos de vida que hoy se pueden considerar “adelantados” debido a las tendencias actuales de concebir las relaciones íntimas entre diversos sexos. En este sentido, las crónicas cuestionan los trabajos académicos realizados previamente e, indirectamente, señalan hacia otros parámetros de investigación o, en su caso, reconsiderar las ya realizadas. El periodismo narrativo puede constituir una fuente de información esencial para trabajos de mayor envergadura académica. 3. El continuo cambio de planos temporales, a lo largo de las crónicas, conlleva, a su vez, una reconstrucción histórica de los espacios tratados. Por medio de la simbolización, el espacio es recreado desde una visión que incluye los cambios sociales o, al menos, refiere a otros hechos similares ocurridos en otros espacios. El continuo juego de las coordenadas espaciotemporales implica una concepción dinámica de los espacios acorde con la perspectiva de quienes los habitan. La reconstrucción histórica de los espacios, con un notable carácter simbólico determinado por la colectividad, permite apuntalar las resignificaciones asentadas en la crónica a partir de los acontecimientos propios de cada época. Ya que, en aquellos espacios con una larga tradición simbólica, una de las maneras de actualizar los La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 273 acontecimientos trascendentales que afectan una colectividad es por medio de nuevos símbolos espaciales. 4. Simbolizar los lugares conlleva la imposición del narrador de una mayor credibilidad de los hechos tratados en la crónica. Esto se debe a que la realización verbal del espacio simbólico requiere de la perspectiva individual y de las convenciones colectivas. Los sitios simbólicos permanecen en la memoria del lector ya que conjuntan los hechos sorprendentes, inverosímiles, dramáticos con los lugares, pueblos o ciudades, donde suceden los acontecimientos. El carácter simbólico permite que las historias no pasen, de un día para otro, y que los lectores relacionen los hechos con los lugares. El resultado de ello es que la credibilidad de las historias impresiona, paradójicamente, por lo aparentemente inverosímil y sorprendente de lo que sucede en espacios transitados cotidianamente. 5. El espacio simbólico, en la crónica latinoamericana del siglo XXI, por sí mismo, constituye, en muchos de los casos, un hecho de denuncia ante las autoridades correspondientes, presentes y pasadas. En este contexto, lo simbólico, con signo positivo o negativo, representan lo individual y lo colectivo de una sociedad que devela sus costumbres, tradiciones y cambios. En su mayoría, las crónicas tratan los temas que fueron noticias, en su momento. La crónica rebasa, por mucho, lo inmediato y se circunscribe en la permanencia. En términos más precisos, en una denuncia permanente. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 274 6. La intertextualidad representa una de las características más presentes en la estructuración de diversas crónicas. En la construcción de los espacios simbólicos los cronistas hacen alusión a diversos textos por medio de frases, pasajes o metáforas, en el sentido amplio del término. En todo lo concerniente a la intertextualidad, la Biblia representa una de las fuentes de referencia más aludidas en las crónicas latinoamericanas. Desde alusiones de diversos pasajes bíblicos hasta expresiones y términos de uso cotidiano como “exorcizar”, “demonios”, “infierno”, entre otros. En suma, el referente bíblico va desde expresiones de uso común hasta construcciones sumamente complejas de carácter simbólico. 7. Entre los cronistas existe una marcada diferencia en lo relativo a representar la labor periodística en el contenido de sus escritos. En algunos casos especifican abiertamente, aunque sea en unas cuantas líneas, que están realizando una labor propia de su ocupación. Lo cual significa que, en la misma estructuración de la crónica, señalan, indirectamente, hacia un género periodístico y, a su vez, a un gremio con el cual se sienten identificados. La inclusión de su trabajo periodístico permite, igualmente, derivar temas como los riesgos, la reflexión introspectiva, algunas de las ventajas (como el acceso a personalidades conocidas y anónimas), el traslado a espacios emblemáticos o desconocidos, y, también, la crítica hacia los propios colegas y, por extensión, a la profesión misma. Por otra parte, hay autores que prefieren no explicitar absolutamente nada de su labor periodística en el mismo contenido. En otros términos, no existe ningún señalamiento acerca del tipo de texto La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 275 donde se les pudiera clasificar. La falta de especificación en el discurso, sobre alguna labor periodística, conlleva a que dichos escritos –dependiendo de su contenido– pudieran formar parte de otros trabajos afines al periodismo narrativo. 8. La subdivisión interna, que caracteriza a las crónicas, básicamente, se encuentra señalada de dos maneras distintas: una de carácter tipográfico y otra, por medio de subtítulos. Las subdivisiones realizadas por medio de recursos tipográficos, como espacios en blanco o asteriscos, requieren de una lectura analítica para determinar los criterios de las mismas. Las subdivisiones con subtítulos, por lo regular, anticipan la temática que van a desarrollar. En su conjunto, los dos tipos de subdivisiones conllevan la introducción de diversos elementos como cambios temáticos, diferentes perspectivas, variación de los espacios y de otros planos temporales. Sin que importe la extensión de las crónicas, desde las más breves de cuatro páginas hasta las más extensas que promedian las quince páginas, las subdivisiones recrean coordenadas espaciotemporales en función de una propuesta de lectura que interese, sorprenda, cautive al lector. 9. En términos generales, el lenguaje utilizado en las crónicas es bastante accesible pues están dirigidas para un lector de periódicos. Esto mismo se aplica para la construcción del espacio simbólico, aunque se trate de un recurso sumamente complejo y que, por ello, requiera de un análisis con el fin de una mayor comprensión. Entre los dos extremos, desde un lenguaje familiar hasta la La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 276 complejidad de elementos literarios, las crónicas presentan al menos dos lecturas posibles: la que realiza un lector común para informarse, entretenerse y reflexionar sobre el contenido del texto y otra, la que exige un lector capaz de identificar determinados recursos, como la intertextualidad y otros, lo cual conlleva hacia una lectura mucho más connotativa. 10. En el discurso de las crónicas hay autores que explicitan las fechas de la realización de su labor periodística como parte esencial de la estructuración del texto mismo; así también, otros autores omiten deliberadamente estos datos como parte de su estrategia de escritura. Sin lugar a dudas, los dos tratamientos de la temporalidad conllevan el interés de los cronistas por precisar u ocultar las fechas con fines muy variados que van desde los propios de la profesión, como la censura, hasta otros de carácter más personal. En algunos casos, existe un periodo enorme entre la labor del periodista sobre un suceso determinado y la fecha de publicación de la misma. En otros casos, se da lo contrario: la crónica se publica con cierta inmediatez. Es obvio que las expectativas de los autores, para una posible publicación, está determinada por múltiples factores. La diferencia más notable, en este sentido, es que en el mismo contenido de las crónicas se presentan las posibles explicaciones de la problemática de la publicación. Y esto mismo, a su vez, se convierte en una estrategia discursiva para señalar hacia la profesión y hacia la credibilidad. Y los autores que no aluden a su profesión, o que se refieren a los medios de comunicación como parte de la vida cotidiana, se basan en la credibilidad de su testimonio. Las dos estrategias discursivas son sumamente convincentes. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 277 A manera de conclusión general, se puede destacar, a partir del corpus hipotético planteado inicialmente, que el modelo de teoría narrativa constituye una vía de acceso para una comprensión más plena, en este caso, de las crónicas latinoamericanas del siglo XXI. Y que en particular, ciertos elementos de la narratología relacionados con otros tantos de la hermenéutica analógica, sin excluir otros postulados teóricos, permiten sustentar una posible interpretación de la compleja simbolización que subyace en el discurso de tal género; el cual no escatima ningún recurso literario. En suma, cuando las crónicas incorporan elementos literarios como el símbolo, exigen, inevitablemente, principios teóricos para la realización de una lectura analítica más acorde con la envergadura creativa de su propuesta. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 278 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Abril, G., Lozano, J. y Peña-Marín, C. (1993). Análisis del discurso: hacia una semiótica de la interacción textual. México: Red Editorial Iberoamericana. Acero, J. J., Bustos, E. y Quesada, D. (1985). Introducción a la filosofía del lenguaje. Madrid: Cátedra. Águilar, M. A. y Soto Villagrán, P. (Coords.). (2013). Cuerpos, espacios y emociones. México: Porrúa; México: Universidad Autónoma Metropolitana. Aguilera Garramuño, M. T. (1995). De dónde salen los cuentos. En L. Zavala (Ed.), Teorías del cuento II. La escritura del cuento. (pp. 117-123). México: UNAM. Aínsa, F. (2006). Del topos al logos: propuestas de geopoética. Madrid: Iberoamericana. 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Hoyos Anexo B-3 Fotografías de “Muxes” de Juchitán Anexo B-4 Artículos relacionados con la comunidad “Muxe” Anexo B-5 Fotografías de “El Salado” Anexo B-6 Artículos relacionados con “El Salado” y la masacre La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 321 Anexo B-1 Fotografías de la Hacienda de Escobar Pablo Escobar aparece en Forbes Autos de Escobar en Hacienda Nápoles La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 322 Piscina con serpiente Entrada a Hacienda Nápoles La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 323 Helicóptero dentro del aeropuerto de Hacienda Nápoles Noticias de la semana. (Mayo de 2016). Noticias de la semana. 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Obtenido de http://www.elespectador.com/noticias/nacional/el-cuidador-de-mascotas-de-pablo- escobar-articulo-554630 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 327 Pablo Escobar, siete años seguidos en el ranking de Forbes Petovel, P. (Mayo de 2016). Merca2.0. Obtenido de http://www.merca20.com/pabloescobar-siete-anos-seguidos-en-el-ranking-de-forbes/ La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 328 ANEXO B-3 Fotografías de Muxes de Juchitán Muxe El Semanario. (Mayo de 2016). El Semanario. Obtenido de http://elsemanario.com/ Amaranta Gómez Regalado Salazar, R. (Mayo de 2016). Sin etiquetas. Obtenido de http://sinetiquetas.org/2015/10/27/amaranta-gomez-y-la-cultura-muxe-en-mexico/ La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 329 ANEXO B-4 Artículos relacionados con la comunidad Muxe Enciclopedia de los Municipios de México Mexican textiles. (Mayo de 2016). Mexican textiles. Obtenido de http://www.mexicantextiles.com/library/zapotecismo/juchitan.pdf La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 336 ANEXO B-6 Artículos relacionados con “El Salado” y la masacre Autodefensas Colombia Insight Crime. (Mayo de 2016). Insight Crime. Obtenido de http://es.insightcrime.org/noticias-sobre-crimen-organizado-en-colombia/auc-perfil La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 337 La expansión: el nacimiento de las Autodefensas Unidas de Colombia (1997-2002) Verdad abierta. (Mayo de 2016). Verdad abierta. Obtenido de :http://www.verdadabierta.com/la-historia/la-historia-de-las-auc/130-expansion-de-las- autodefensas-unidas-de-colombia La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 338 Masacre de El Salado 2000 Rutas de conflicto. (Mayo de 2016). Rutas de conflicto. Obtenido de http://rutasdelconflicto.com/interna.php?masacre=78 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 339 Años después de la masacre Quiroz, E. (Mayo de 2016). El Universal. Obtenido de http://www.eluniversal.com.co/regional/sucre/canutal-y-canutalito-despues-de-16-anos- siguen-llorando-sus-victimas-219328 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 340 ANEXO C Crónicas analizadas Índice Anexo C-1 Publicación de la crónica “Un fin de semana con Pablo Escobar” de J. J. Hoyos Anexo C- 2 Publicación de la crónica “Muxes de Juchitán” de Martín Caparrós Anexo C-3 Publicación de la crónica “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas” de Alberto Salcedo Ramos Anexo C-4 Antología donde se localizan las crónicas Anexo C-5 Crónica “Un fin de semana con Pablo Escobar” de J. J. Hoyos Anexo C-6 Crónica “Muxes de Juchitán” de Martín Caparrós Anexo C-7 Crónica “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas” de Alberto Salcedo Ramos La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 341 Anexo C-1 Publicación de la crónica “Un fin de semana con Pablo Escobar” de J. J. Hoyos Un fin de semana con Pablo Escobar. Obtenido de El Malpensante (septiembre de 2016):http://www.elmalpensante.com/articulo/1920/un_fin_de_semana_con_pablo_esc obar La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 342 Anexo C-2 Publicación de la crónica “Muxes de Juchitán” de Martín Caparrós Muxes de Juchitán. Obtenido de Revista Surcos en América Latina (septiembre de 2016): https://surcos.wordpress.com/2007/07/30/muxes-de-juchitan/ La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 343 Anexo C-3 Publicación de la crónica “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas” de Alberto Salcedo Ramos El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas. Obtenido de revista SoHo (septiembre de 2016): http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/el-pueblo- que-sobrevivio-a-una-masacre-amenizada-con-gaitas/10614 La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 344 Anexo C-4 Antología donde se localizan las crónicas Portada de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Escaneado del original. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 345 Página legal de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Escaneado del original. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 352 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 3 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 353 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 4 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 354 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos.Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 5 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 355 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 6 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 356 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 7 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 357 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 8 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 358 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 9 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 359 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 10 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 360 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 11 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 361 Un fin de semana con Pablo Escobar, por J.J. Hoyos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 12 de 14. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 368 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 5 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 369 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 6 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 370 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 7 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 371 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 8 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 372 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 9 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 373 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 10 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 374 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 11 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 375 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 12 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 376 Muxes de Juchitán, por Martín Caparrós. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 13 de 13. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 377 Anexo C-7 Crónica “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas” de Alberto Salcedo Ramos El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas, por Alberto Salcedo Ramos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 1 de 10. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 384 El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas, por Alberto Salcedo Ramos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 8 de 10. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 385 El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas, por Alberto Salcedo Ramos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 9 de 10. La crónica periodística latinoamericana: recursos literarios Humberto Payán Fierro 386 El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas, por Alberto Salcedo Ramos. Obtenido de Antología de crónica latinoamericana actual (2012). México: Alfaguara. Darío Jaramillo Agudelo. (Ed.). Obtenido de la antología original. Página 10 de 10.