El pacto por la edu-comunicación, paradigma de una ciudadanía visible. La especialización periodística y educativa como alternativa de cambio
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El pacto por la edu-comunicación, paradigma de una ciudadanía visible. La especialización periodística y educativa como alternativa de cambio Concepción Pérez Curiel Universidad de Sevilla (Sevilla-España) La falacia de una sociedad de la información y del conocimiento es difícil de descubrir cuando se dirige a un sector de la ciudadanía que reside justamente en la desinformación y el desconocimiento. Construir una estructura social con estas características es el objetivo de determinados núcleos de poder político, económico y mediático que encuentran en el «factor imagen» un recurso fundamental para conseguir sus fines. La imagen que venden de una sociedad moderna, tecnológica, abierta, solidaria, democrática y global reduce a los ciudadanos a la mínima potencia, como individuos destinados a recibir un discurso persuasivo y manipulador en
el que tienen participación cero. No es una utopía pensar en una sociedad de y para los ciudadanos y de hecho corren aires nuevos, aires de revolución y reacción de un sector de la opinión pública que exige y propone una alternativa de cambio, en la que se rompa la prominencia de unos (instituciones y grupos de poder) y la marginalidad de otros (asociaciones, colectivos, públicos y audiencias) en pro de un nuevo modelo social. El viciado recurso de la imagen quedará en un segundo plano (siempre existe un plano imaginario que impide ver la objetividad y la realidad absolutas) y será el pacto de la edu-comunicación, la propuesta para una ciudadanía visible. Toda investigación valora la observación y la experiencia como aspectos a tener en cuenta. En este sentido, mis estudios en el campo de la especialización periodística así como la trayectoria profesional que me une al ámbito de la docencia y del periodismo pueden ser una coincidencia útil a la hora de debatir sobre el papel de la educación en el nuevo diseño de la comunicación. Hoy, la ignorancia, la moda o la falta de espíritu crítico siguen siendo valores ocultos de una sociedad en red, que a través de las autopistas digitales dice llevar la información a cualquier punto perdido del universo. Sin embargo, en el universo del aula, la etapa de la Tiza a Internet aun es una asignatura pendiente, como además lo son algunos objetivos relacionados o no con el conocimiento que actúan como un pesado lastre en la dinámica del trabajo docente. El entorno familiar y educativo no encuentra respuesta para el desinterés, la apatía o la desilusión de unos jóvenes que se suponen gestores de las generaciones venideras. En este contexto, los medios de comunicación emergen con un mensaje distorsionado, resultado de un proceso de producción informativa controlado por unas determinadas fuentes que imponen en muchos casos al periodista las rutinas de selección, jerarquización y tratamiento de los acontecimientos. ¿Es posible pensar una nueva ciudadanía? El reto de un paradigma de cambio es el pacto por la edu-comunicación. 1. Introducción El ritmo vertiginoso al que corre la comunicación no es directamente proporcional al ritmo al que avanza la educación. Sin embargo, la formación del conocimiento es previa a la acción-reacción con respecto a los mensajes informados a través del periódico, de la radio, de la televisión o de las páginas de Internet. Ser ciudadanos críticos, capaces de analizar un discurso social y mediático en el que los acontecimientos que se convierten en noticia proceden de estrategias desinformativas e interesadas encaminadas a incrementar los
poderes establecidos, es un proyecto al que no se puede dar forma de la noche a la mañana. Cuestionar la actitud de las fuentes institucionales, de los periodistas, de sus empresas... han sido las tesis de múltiples investigadores, deseosos de demostrar a través de análisis cuantitativos y cualitativos una realidad desapercibida no sólo por las capas menos cultas sino también por aquellos sectores más capacitados, imbuidos conscientemente por la dinámica de configuración de la actualidad. Buscar culpables es fácil en un entorno en el que pueden ser pocos pero con un excesivo control en sus manos. Los desiguales flujos informativos que definen la comunicación norte-sur son sólo una evidencia de la injusticia social y del poder de la globalización. Lo complicado reside en que los que dicen ser los inocentes sean capaces de reaccionar. En el caso de los medios a través de la producción de un periodismo más ético, en el que se seleccionen las fuentes atendiendo a criterios de rigor (contraste, equilibrio, validación), se trate la información desde un punto de vista formativo y divulgativo (técnicas especializadas que permitan contextualizar, explicar, analizar y valorar los hechos) y se busquen fórmulas para que la opinión pública, los ciudadanos participen en la construcción de la actualidad como propuesta de democratización del conocimiento. En el caso de los públicos, de las audiencias, abogando por una información más veraz que les permita conocer qué es noticia y por qué se ha considerado el acontecimiento como tal, quiénes son las fuentes directas y qué otras fuentes han influido para que un pseudoacontecimiento1 ocupe un espacio preferente en la programación mediática o que contexto anterior y posterior (principios de causalidad y consecuencia) rodean al hecho. Palabras de Giovanni Cesáreo explican el proceso que genera la conversión del acontecimiento en noticia. (...) cada acontecimiento, en el desarrollo de la realidad, es fruto de un proceso y origen de un nuevo proceso, esto es, forma parte, de una cadena de acontecimientos. Cuando se elige lo que será noticia se corta esta cadena en un cierto momento, a un cierto nivel. El punto en el que se realiza este corte no depende 1 Los falsos acontecimientos, aquellos provocados generalmente por fuentes de poder interesadas (inauguraciones, conferencias, ruedas de prensa...) para publicitar su discurso y que nada tienen que ver con episodios fortuitos como accidentes, catástrofes o noticias de interés humano constituyen un tipo de actualidad sintética que invade nuestra vida cotidiana. Los medios, conscientes del alcance de los pseudoeventos y del pacto previo con las fuentes, destinan un alto porcentaje espacial y temporal a su cobertura. Los efectos que produce en el nivel de la recepción son absolutamente óptimos para garantizar el control de la dinámica social.
tanto-o tal vez no depende en absoluto-de una presunta evidencia natural del acontecimiento seleccionado. Depende, sobre todo, de las referencias culturales y sociales que se adoptan para establecer lo que se tiene en cuenta y lo que no se tiene en cuenta, o de la posibilidad de observar la cadena completa de los acontecimientos. Por consiguiente, depende, ante todo, de la estructura y organización de las fuentes y de los criterios con que una estructura ha sido constituida, se desarrolla y se utiliza. (1986: 61). Esta dependencia de las fuentes puede pasar inadvertida para un público generalista y consumidor más o menos habitual de información, que se conforma con un periodismo de titulares, superficial y apoyado en un alto porcentaje de filtros institucionales, ya sean gubernamentales o no gubernamentales, que codifican los hechos atendiendo a pautas de filtración, rumor o desinformación. Existe sin embargo otro perfil de audiencias, más selectiva (que no de elite) más acorde con el lector modelo que proponía Humberto Eco, capaz de descubrir las marcas discursivas que evidencian la falta de veracidad inherente a la producción de actualidad, pero que a su vez demanda un aprendizaje que le ayude si no a cambiar actitudes ( objetivo en potencia) sí a entender el mensaje en su contexto y descubrir los remas (marcas discursivas) que desarrollen un espíritu más crítico y evaluador de las estrategias de tratamiento informativa intrínsecas y extrínsecas a los medios de comunicación. Es aquí donde adquiere valor el papel de educadores, pedagogos, psicólogos y sociólogos, que en muchos casos se ha visto enturbiado por el protagonismo de fuentes institucionales y de periodistas, que alcanzan el grado social de estrellas de la comunicación. Son muchos los debates abiertos sobre cómo potenciar una generación futura que se acerque a la concepción del verdadero ciudadano, al que se suponen que respaldan unos derechos constitucionales, propios de un sistema democrático elegido por todos. Un ciudadano con derechos y deberes pero sobre todo con una base formativa que le ayude a realizar una lectura crítica de la imagen que los medios de comunicación ofrecen, a menudo deformada y tintada de imposiciones de las superestructuras. 2. Ser o parecer ciudadanos: el compromiso del cambio Foros en los que han intervenido profesionales del ámbito educativo y periodístico estiman necesario el diálogo y la interconexión de ambas esferas que haga posible la proyec-
ción de sujetos activos, críticos y comprometidos con el cambio social, que conduzcan al replanteamiento de las bases que rigen la producción mediática. Sin embargo, no faltan las justificaciones de unos y otros centradas para los periodistas en la distribución del espacio y del tiempo, la presión de las fuentes o en las condiciones laborales y entre los profesores en la escasez de recursos, la influencia del entorno familiar y ambiental y en la desprotección ante la actitud negativa de los jóvenes. En esta tesitura es la propia opinión pública la que se erige como jueza para determinar los errores de periodistas y educadores, poniendo en cuestión un trabajo que sin duda cuenta con dificultades añadidas. Autores expertos en Sociología como Félix Ortega y María Luisa Humanes analizan la esfera social y muestran el modelo de Sociedad Civil que impera (2000:53). La sociedad civil Autoridad política (lógica electoral) clase política Sociedad Esfera pública Mercado (lógica solidaria) (lógica informativa) (lógica capitalista) asociaciones-vida privada periodistas empresas Pero, es innegable el proceso de cambio al que asiste la sociedad del conocimiento, un proceso en el que las microestructuras empiezan a resurgir, a proponer, a exigir una información veraz, rigurosa, producto de filtros múltiples, que muestre el acontecimiento desde diversas ópticas, no sesgada y sobre todo representativa del proceso social. Es posible una esfera pública en la que el protagonismo no resida en los periodistas y en los medios de comunicación, en la que el sector mediático no determine los procesos institucionales, empresariales, educativos y sociales, en la que la opinión pública, la ciudadanía tenga derecho a una respuesta a sus necesidades y demandas. El paradigma del cambio, de la mano de la especialización, no ha hecho más que empezar; tiene todo un futuro prometedor en el que las audiencias ocupan el lugar que merecen como receptores activos del proceso. Es posible entonces pensar en un nuevo modelo de sociedad civil, en el que tengan representación las asocia-
ciones, los grupos sociales y los individuos, por su relación directa y cercana a los acontecimientos, frente al espacio único dedicado sobre todo a la institucionalidad política y empresarial como garante del sistema. La propuesta, lejos de contemplarse como mera utopía, puede ser objeto de premisas e hipótesis de futuras investigaciones científicas, apoyadas desde el campo periodístico y educativo. La nueva sociedad civil Ciudadanía Poder Democratizador Instit. políticas Instit. mediáticas Inst. económicas Poder electoral Poder informativo Poder empresarial Grupos no institucionales Contrapoder Las opiniones de periodistas desde su posición como ciudadanos, algunas de las cuales aparecen en el manual coordinado por Marisa García Cortazar y María Antonia García de León, han sido analizadas por la socióloga Consuelo del Val (2000: 137) y demuestran la variedad de puntos de vista sobre el quehacer periodístico. Los partidos políticos tienen sus propios periódicos, cosa que a mí me espanta, pero bueno, pero la cosa está muy clarificada y está muy limitada y las reglas del juego son así siempre. ¿Qué ocurre en España? Yo creo que en España hay un desmadre total y absoluto y los periodistas nos creemos con bula para todo, podemos hacer lo que nos dé la gana, desde sacar la imagen de un niño, desde utilizar el nombre de cualquier persona, que por ejemplo está imputada en un caso y, sin embargo, ya el proceso se hace en los medios de comunicación, y no sólo el proceso, sino la condena, a mí eso me preocupa muchísimo. Y luego, los periodistas de España pueden hacer lo que quieran, que no pasa nada, absolutamente nada. (Hombre, 40 años). Otros encuestados definen la labor del comunicador como un servicio a la educación de la sociedad, ofreciéndole su actividad reveladora, investigadora, de indagación que consiga desvelar los entresijos ocultos del mundo de la política, de las empresas, etc (ib.: 152). El periodista con vocación de periodista deshace esa vocación de oscurantismo, si se entiende como yo lo entiendo, que
es al servicio de los ciudadanos para que actúen en libertad (Mujer, 54 años). Los educadores cuentan también con sus defensores y detractores. La propia comunidad educativa se somete a un proceso de reflexión ante una problemática diversa (que afecta primordialmente a los comportamientos sociales estereotipados y heredados del alumnado, acordes con el molde de una sociedad capitalista y homogénea). La familia cuestiona a la escuela y viceversa, sin que los expertos puedan encontrar una solución no politizada para el sistema. El argumento barajado por Fourer (1973) expone que todos los ciudadanos deben de estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida en su juventud, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar un juicio propio, para determinar por sí mismos qué deben hacer en las diferentes circunstancias de la vida (...). En definitiva, se trata de una propuesta teórica que no aporta nada nuevo para los profesionales educativos y mediáticos, ya que ambos conocen el qué hacer pero buscan encontrar respuestas al cómo conseguirlo. Las posibilidades de acción-reacción de las audiencias como proyecto compartido por la edu-comunicación se reducen cuando el contexto en el que se enmarcan corresponde a una cultura de masas que imponen los grandes media, las televisiones y la publicidad. Lo que viene a reforzar la homogeneización y la estandarización cultural (la americanización es el aspecto más gráfico) provocadas por el desarrollo capitalista que transforma todo en mercancía, el desarrollo industrial, que estandariza todo lo que integra, el desarrollo tecnoburocrático, que despersonaliza todo lo que cae bajo su poder... (Morin, 1987). La confianza en una sociedad de redes, que ponga en comunicación a los ciudadanos del mundo se desvanece ante la presión de los poderosos por controlar una tecnología que les favorece. Estos focos de poder son el verdadero tumor que deja ver la radiografía social de la actualidad. Un tratamiento efectivo que lo ataque desde la raíz y provoque la reconversión paulatina del sistema reside en la especialización del conocimiento, de los contenidos como estrategia que dote a educadores y periodistas de la capacidad de analizar, explicar, profundizar y valorar los acontecimientos en pro de una labor divulgativa que redunde en la democratización de la información al servicio de los ciudadanos.
3. La educación, el ojo crítico mediático Salvadas de antemano las críticas que recaen sobre los responsables educativos, sobre su modus operandi y sobre una actitud de indiferencia y hastío ante situaciones no controladas, la educación se presenta como única propuesta alternativa de éxito en la configuración de un nuevo modelo de ciudadanía. Convertir a los no ciudadanos en personas críticas es una tarea que tiene su punto de partida en el quehacer diario de los maestros y profesores a través del contacto directo con el alumnado, con sus familias y con el entorno. Hoy, hablar del no ciudadano se asocia con aquella parte de la población que no reúne los requisitos legales para ser considerado como tal (por ejemplo los inmigrantes indocumentados); sin embargo, el concepto abarca una significación más amplia desde el punto de vista de la voz y la participación que las instituciones y los medios conceden a las audiencias en la construcción de la actualidad. Creerse ciudadanos dista mucho de serlo en realidad. La imagen prefabricada de una sociedad democrática y sustentada en los principios constitucionales que rigen los derechos y deberes de los ciudadanos oculta la verdadera realidad y desarrolla técnicas persuasivas que convencen a los sujetos de su derecho a ejercer la ciudadanía. Basta con realizar una lectura superficial (ni siquiera profunda) del discurso mediático para entender la participación cero que distingue a los lectores y espectadores frente a los núcleos dominantes (fuentes políticas, económicas, deportivas, culturales y mediáticas). La posibilidad del cambio es el gran reto de la educación y la comunicación. Ambas esferas se plantean cambiar la dinámica de intervención social modificando actitudes lacayas de docentes y periodistas, también dominados por la presión institucional. Félix Ortega y María Luisa Humanes describen una práctica profesional desde una perspectiva sociológica: (...) el periodista otorga importancia y resalta ciertos aspectos frente a otros. Dada la heterogénea y multiforme variedad de elementos que constituyen la vida social, es necesario continuamente tomar decisiones acerca de cuáles se van a seleccionar para su conversión en noticias. Si el punto de partida es excesivamente simplificador, la selección se convierte en una reducción que no puede ser más que caricaturización y banalización de la
sociedad. Dadas las peculiaridades del trabajo periodístico, sometido a la instantaneidad y rapidez de la producción de noticias, la ausencia de vigilancia sobre las propias concepciones sociales puede llevar a dejarse guiar por las orientaciones establecidas en los canales de los que usualmente el periodista obtiene información. O lo que es lo mismo, convertir la sociedad en lo que las fuentes del periodista quieren que sea, excluyendo así al resto de la sociedad que no tienen capacidad para convertirse en fuente. La impronta que el uso de las fuentes deja en el periodismo tiene consecuencias decisivas en la reconstrucción social que proporciona a sus públicos. Porque, en muchos casos, el periodista no trata con materiales brutos, con el múltiple y libre fluir de la dinámica social, sino que lo hace con ciertos portavoces privilegiados de la misma (2000: 64- 65). El resultado, unos medios mediatizados, valga la redundancia, por el determinismo de las fuentes. En el plano educativo y desde la experiencia docente, el proyecto curricular integra actividades relacionadas con los medios de comunicación, que más que cuestionar su función, imitan y reproducen un molde social ya asumido. El periódico escolar, las revistas escolares, los talleres audiovisuales, las entrevistas a personajes de actualidad... no dejan de ser una buena intención que por supuesto redunda en el interés, la atención y la creatividad de los jóvenes. En su conjunto son actividades complementarias que pueden reforzar materias sobre todo relacionadas con el lenguaje o el conocimiento del medio. Potenciar el espíritu crítico, la capacidad de análisis o la reacción ante la falacia mediática necesita además de una educación integral en la que participe toda la comunidad educativa. El texto periodístico es una fuente de recursos esencial para mostrar a los alumnos la realidad que construyen los medios. Explicar la interpretación que de los hechos hacen las fuentes, observar el lugar que ocupan las noticias en un periódico o en los medios audiovisuales, analizar la selección temática, el tipo de fuentes consultadas y las valoraciones del propio periodista sobre el acontecimiento son un ejercicio de formación crítica para la población que accede a los centros educativos. Además, la utilidad del texto periodístico no puede ceñirse exclusivamente a las materias relacionadas con el comentario y tratamiento del lenguaje sino que es extensible a las matemáticas, la tecnología, la biología o los idiomas. Pero lo más importante es enseñarles a descubrir el sesgo informativo inherente a la producción periodística mediante la comparación, por ejemplo, de una misma noticia en diferentes medios. Es la prueba más clara de un «cuarto poder» reducido al protagonismo de las fuentes (a cambio de intereses pactados).